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Desmantelan un hospital de campaña en Seattle que no ha atendido a ningún enfermo de coronavirus

El hospital de campaña vacío de Seattle
El hospital de campaña construido apresuradamente por el Pentágono en el estadio de fútbol profesional de Seattle ha cerrado sin que tuviera que asistir nunca a ningún enfermo, dijo el gobernador del estado de Washington, Jay Inslee.

La realidad no ha confirmado las previsiones alarmistas y el hospital improvisado se ha desmantelado sólo tres días después de abrir sus puertas a los pacientes. No es necesario ni lo ha sido nunca. Los equipos médicos militares han estado tres días de vacaciones pagadas. El único objetivo del hospital de campaña fue alarmar a la población. Cuando los focos se han apagado, el hospital ha desaparecido.

El equipo médico del Centro de Eventos de CenturyLink Field está siendo devuelto a la FEMA, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, para que se pueda destinar a otros fines disitntos.

El estado de Washington vio la primera muerte por coronavirus en los Estados Unidos el 29 de febrero.

El estado pidió a la FEMA y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército que reconvirtieran el estadio de fútbol en un hospital de campaña “antes de que nuestras estrategias de remoción física se implementen por completo y nos preocupaba mucho que nuestros hospitales se vieran abrumados con los casos de Covid-19″, dijo el gobernador.

Inslee se unió a la alcaldesa de Seattle Jenny Durkan para elogiar el trabajo del 627 Centro Médico del Ejército en Fort Carson, Colorado, que estableció el hospital de campaña.

“Estos soldados pusieron sus vidas patas arriba para ayudar a la gente de Washington en un momento en que más los necesitábamos. Desde entonces, ha quedado claro que otros estados los necesitan más que nosotros”, añadió Inslee.

Durkan dijo que actualmente los hospitales públicos son suficientes para lidiar con el coronavirus. “Estamos tomando la decisión correcta al permitir que otras ciudades tengan esos recursos y capacidad”, dijo. “Aunque Seattle ha luchado mucho por estos recursos, es evidente que otras comunidades necesitan desesperadamente estas instalaciones y personal médico de alta calidad”.

https://www.yahoo.com/news/armys-seattle-field-hospital-closes-165646379.html

Nueva York no está enterrando a las ‘víctimas del coronavirus’ en una gran fosa común

Haciendo gala de su acostumbrada falta de escrúpulos, las grandes cadenas de comunicación llevan varios días divulgando la falsedad de que en Nueva York hay tantos muertos por coronavirus, que han tenido que abrir una gigantesca fosa común en la isla de Hart para enterrar los cadáveres.

Veamos a algunos de estos estafadores en su jugo:

Público: “Covid-19 EEUU Nueva York abre una gran fosa común para los muertos por coronavirus”

El Diario.es: “La isla donde Nueva York entierra a sus pobres se convierte en la gran fosa común del coronavirus”

El Confidencial: “Nueva York abre una gran fosa común en una isla para decenas de víctimas del coronavirus”

El País: “La fosa común para muertos con coronavirus en Nueva York”

RTVE: “Nueva York entierra en una fosa común a los muertos con coronavirus”

CNN: “Abren fosa común en Nueva York para víctimas del covid-19”

– Los perros de la BBC son más hábiles y se tientan la ropa: “Es probable que muchos de los ataúdes contuvieran víctimas de coronavirus, pero no está claro si se trataba de personas que tuvieron el virus”

En efecto, la noticia no es tal. No hay tantos muertos por coronavirus en Nueva York que hayan tenido que habilitar una fosa común. El propio alcalde ha tenido que salir al paso del bulo (*), que no se ha incluido en los listados de embustes y falsedades porque procede de las fuentes convencionales y la prensa rigurosa.

En la isla de Hart se entierran desde siempre los cadáveres que ningún familiar reclama, no a las víctimas del coronavirus, como han pretendido dar a entender.

Así ha venido ocurriendo desde hace 150 años, por lo que en plena histeria, sacar ahora la historia de la isla de Hart es un modelo de intoxicación.

La isla Hart, situada en el extremo occidental del estrecho de Long Island, está gobernada por el Departamento de Servicios Correccionales. Se entierran allí las personas cuya identidad es desconocida en el momento de la muerte y no es posible localizar a un pariente para organizar un funeral, o bien porque la familia no puede pagar el entierro.

El alcalde de Nueva York ha dicho que la histeria no ha cambiado la forma en que el ayuntamiento utiliza la isla Hart.

(*) https://www.independent.co.uk/news/world/americas/new-york-coronavirus-cases-burials-bodies-covid-19-hart-island-a9459956.html

Cómo se están falsificando los certificados de defunción en Estados Unidos sobre la marcha

Lo mismo que en otros países, en Estados Unidos la falsificación de los certificados de defunción también se está imponiendo sobre la marcha porque necesitan de la pandemia imperiosamente. Antes contaban de una manera y a partir del 24 de marzo lo hacen de otra. Esto significa que el fraude es de gran calado y que en el futuro el coronavirus servirá para múltiples usos, tanto sanitarios como políticos.

Antes sólo podían hacer referencia a la gripe de 1918 como cortina de humo; lo de ahora está mucho más fresco en la memoria. Será como exhibir el látigo en presencia del esclavo.

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades han enviado a los hospitales de Estados Unidos las instrucciones para imponer una determinada manera de contabilizar los fallecimientos por coronavirus (1).

Los hospitales están obligados a indicar el virus como causa de la muerte, independientemente de que existan o no pruebas reales que confirmen su presencia. Si el coronavirus sólo fuera un factor coadyuvante o si se sospechara que ha causado o contribuido a la muerte, se puede consignar como causa principal de la misma.

El CDI (Catálogo Internacional de Enfermedades y Problemas Sanitarios) establece el código U07.1 para las muertes por infección de coronavirus y existe un código secundario U07.2 para el diagnóstico clínico o epidemiológico de coronavirus cuando el informe del laboratorio no está disponible o no es concluyente, según las directrices de los CDC.

El CDI es un catálogo médico codificado que clasifica las enfermedades y una gran variedad de signos, síntomas, lesiones traumáticas, envenenamientos, circunstancias sociales y causas externas de lesiones o enfermedades. Lo publica la Organización Mundial de la Salud y se utiliza en todo el mundo para registrar las tasas de morbilidad y mortalidad en el ámbito de la medicina.

“Dado que los resultados de las pruebas de laboratorio no suelen figurar en los certificados de defunción en Estados Unidos, el NCHS no tiene previsto utilizar el código U07.2 para las estadísticas de mortalidad”.

La causa subyacente de la muerte depende del apartado que se consigne en el certificado de defunción. Sin embargo, las reglas para codificar y seleccionar la causa subyacente de la muerte establecen que el coronavirus “debe figurar en la mayoría de los casos como la causa subyacente”, según las directrices.

Los CDC inflan artificiosamente la tasa de mortalidad por coronavirus ordenando a los hospitales que hagan caso omiso de la ambigüedad o de otros factores implicados en la muerte. El resultado, por supuesto, será un aumento de la tasa de mortalidad.

Hay una diferencia importante entre una causa de muerte definitiva y el reconocimiento de los factores que también existen o contribuyen a ella. La forma en que estos elementos concluyentes son consignados determina para siempre esa parte del historial clínico del paciente. Habida cuenta del volumen de casos en cuestión, es poco probable que un segundo examen pueda separar las causas de la muerte para obtener una conclusión sobre la pandemia en el futuro.

“El Covid-19 debe figurar en el certificado de defunción de todas las personas fallecidas en las que la enfermedad haya causado o se sospeche que haya causado o contribuido a la muerte. Los certificadores deben incluir la mayor cantidad de detalles posibles basados en su conocimiento del caso, registros médicos, pruebas de laboratorio, etc.”

La orden de los CDC continúa diciendo que “si el fallecido tenía otras afecciones, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o el asma, que también pueden haber contribuido a la muerte, se pueden consignar en la Parte II”.

“No tenemos ni idea de lo que está sucediendo aquí y ahora, y no sabemos lo que la gente va a hacer en el futuro”, dijo Jeffrey Shaman, un epidemiólogo de la Universidad de Columbia, al Washington Post. “Tampoco sabemos si el virus es estacional”, añadió Shaman, cuyo trabajo lo utiliza la Casa Blanca para determinar las tasas de mortalidad (2).

Que nadie sepa es normal. Podemos ponernos a buscar. Pero ese no es el problema. Quieren que nunca podamos llegar a saber lo que está ocurriendo. El coronavirus quedará en el futuro como una “cabeza de turco” al que siempre se podrá responsabilizar de cualquier cosa, como la crisis del capitalismo.

De ahí que no se estén practicando ni pruebas de laboratorio ni autopsias. Es curioso ese esfuerzo de los CDC, pero también de la prensa española, por buscar más carnaza, inflar aún más las cifras de la pandemia. Todo sensacionalismo les parece poco.

Cada vez está más claro que el coronavirus entra dentro del terreno de la psicología de masas, que su objetivo es influir en sus emociones, motivaciones y razonamientos objetivos y, en última instancia, en el comportamiento de los gobiernos, organizaciones, empresas, bancos e instituciones de todo el mundo.

En adelante bastará que el sargento grite “¡coronavirus!” para ponernos firmes a todos. Nuestro servilismo dará verdadera pena a las generaciones futuras.

Hasta el senador por el Estado de Minnesota, Scott Jensen, que es médico, ha manifestado públicamente en la cadena de televisión KX4 que los intentos de los CDC por inflar las cifras de muertos por coronavirus son “ridículos”. Los poderes públicos pretenden controlar a las personas mediante el miedo: “El miedo es un excelente medio de controlar a la gente y eso es lo que me inquieta. Temo que a veces no estemos interesados por el factor que […] como Usted sabe, a veces la capacidad de la gente para pensar por ellos mismos se paraliza si están suficientemente asustados”.

(1)
https://www.cdc.gov/nchs/data/nvss/coronavirus/Alert-2-New-ICD-code-introduced-for-COVID-19-deaths.pdf
(2) https://www.washingtonpost.com/health/2020/04/02/experts-trumps-advisers-doubt-white-houses-240000-coronavirus-deaths-estimate/

Más información:
– La falsificación de los certificados de defunción para inflar el alcance de la pandemia
– La salud pública como pretexto para la represión, el control y la vigilancia de masas

La propaganda de Estados Unidos contra China pone a la OMS contra las cuerdas

Como ya anticipamos, Estados Unidos ha iniciado una ofensiva contra China que ahora alcanza a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que acusa de no haber suministrado información clave sobre el coronavirus en Wuhan y, por lo tanto, de haber “privilegiado la política sobre la salud pública”.

La campaña contra la OMS forma parte, pues, de la campaña contra China. Trump ha comenzado a decir que la OMS “ha fracasado” por sus posiciones “muy favorables a China” y ha amenazado con suspender su contribución económica al organismo internacional.

La Casa Blanca asegura que la falta de transparencia de China le ha hecho perder al mundo “un tiempo precioso” y que “las acciones de la OMS también han costado vidas”.

La OMS no declaró la “emergencia de salud pública de interés internacional” hasta el 30 de enero, dice el Departamento de Estado, a pesar de que había sido informada del brote en China en diciembre.

La declaración oficial se esfuerza por remarcar la vinculación entre el virus y China, donde habría tenido su origen, mientras destaca que Taiwan ya había advertido de la gravedad del brote con antelación.

“Nos preocupa profundamente que la información de Taiwan no haya sido compartida con la comunidad sanitaria mundial, como se refleja en la declaración de la OMS del 14 de enero de 2020, en la que se afirma que no hay pruebas de transmisión de persona a persona”, dice la diplomacia estadounidense.

“La OMS ha vuelto a poner la política por delante de la salud pública, como ha hecho con el estatus de observador de Taiwán en la OMS desde 2016”, añade el Departamento de Estado.

Taiwán ha quedado completamente excluido de la OMS en los últimos años por las presiones de China y ha tenido una respuesta ejemplar a la epidemia, a diferencia de China continental, afirma el portavoz.

Las instrucciones propagandísticas del imperialismo han sido asumidas por una parte de los portavoces del progrerío latinoamericano y europeo como si fueran de su propia cosecha.

Más información:
– La propaganda imperialista ya ha impartido sus consignas sobre ‘el virus de Wuhan’ a todas las cadenas del mundo

La salud pública como pretexto para la represión, el control y la vigilancia de masas

Lo mismo que la educación es un vínculo directo entre un profesor y su alumno, la sanidad es otra igual entre un médico y su enfermo. El profesor se debe a su alumno y el médico a su paciente.

Los desastres contemporáneos de la sanidad han consistido en la creación de una burocracia sanitaria en la que el médico es un funcionario que se debe a su Estado, no a su enfermo. Como cualquier otro funcionario, el médico cumple unas rutinas de trabajo, ejecuta unos protocolos y se debe a quien le paga: el Estado.

El médico es un burócrata y el enfermo un robot varado en el taller mecánico. La punta de lanza que está destruyendo la sanidad son las enfermedades llamadas contagiosas, siempre con el mismo pretexto que, por lo demás, es paradógico: el médico ya no debe atender a un enfermo sino a todos los demás, a los que se pueden contagiar, que están por encima del anterior.

Además, de una práctica profesional, la sanidad se ha convertido en una compleja disciplina jurídica. Por encima de la salud hay que cumplir los decretos que la regulan que, en el caso de las epidemias, ponen en marcha una red de instituciones de control y vigilancia que funcionan como las demás que tiene el Estado: de la forma disciplinaria y represiva de la que somos víctimas ahora mismo.

Por ejemplo, un principio fundamental de la medicina ha sido siempre el secreto profesional, que está admitido en la Constitución española, por encima del cual han impuesto la obligación de “notificar” una enfermedad contagiosa.

Las enfermedades son siempre las mismas pero cada Estado no reacciona de la misma manera porque la medicina se rige por normas políticas, no sanitarias. Por eso hay diferentes catálogos de enfermedades contagiosas. Lo que para un Estado es contagioso para otro no lo es. Es fácil deducir que el pretexto de la infección es falso y que las enfermedades no contagiosas que se incluyen en los catálogos como si lo fueran no están ahí por razones de salud sino políticas, es decir, de vigilancia y control.

A medida que el Estado monopolista es más frágil, necesita un mayor control y el listado de enfermedades contagiosas aumenta. En 1995 había en España 35 y ahora hay 60, casi el doble. Ahora a los listados de la OMS, la Unión Europea, y el Estado central se suman las autonomías que han convertido a los contagios en un laberinto, como se ha puesto de manifiesto con el coronavirus.

Con el pretexto del contagio, el Estado ha puesto en marcha una burocracia paralela, la Red de Vigilancia Epidemiológica, que no trabaja con enfermos sino con números (la estúpida “curva”) y en la que no sólo participan médicos sino también los “cazadores de microbios”, los biólogos. El enfermo queda cada vez más lejos y las enfermedades también. Lo que interesa es la bacteria o el virus, por lo que el peso se traslada de los médicos a los biólogos.

Este tipo de enfermedades se llaman hoy de “declaración obligatoria” y su listado parece sacado de la serie de televisión “House”. Muchas de ellas no existen, es decir, el número de casos es cero (1), pero basta que existiera una para atraer un interés que no tienen otras enfermedades mucho más comunes.

Otras no son contagiosas pero el dispositivo se pone en funcionamiento de la misma manera, como si lo fueran, porque el contagio es el pretexto. De ahí que el Estado central adopte la típica terminología burocrática y aséptica (hipócrita) de llamarlas “enfermedades de declaración obligatoria”, mientras que algunas autonomías y países siguen con la vieja terminología de “transmisibles” (2).

La biología se ha acabado enfrentando a la medicina. La sanidad moderna comienza con el error fatal de asociar los microbios a las enfermedades y después sigue con un segundo error, que es su consecuencia: no hacer autopsias. Lo único que interesa hoy es la “carga viral” y las muertes se imputan siempre al microrganismo, lo cual es anticientífico, como bien saben los patólogos:

“La investigación basada en autopsias ofrece información útil y fiable en estudios sobre prevención y epidemiología en diversas áreas de la medicina. Esta información sobre las causas de la muerte es esencial en el desarrollo de políticas de salud nacional e internacional para la prevención y control de las enfermedades” (3).

Sin embargo, la burocracia impone lo contrario: “Si se sospecha una FHV [Fiebres Hemorrágicas Virales] en un fallecido, no se debe realizar autopsia, dada la elevada carga viral de los fluidos corporales” y el cadáver se debe incinerar (4).

Por lo tanto, la causa de la muerte se ignora y lo que es peor: nunca se podrá saber porque el cadáver se ha incinerado. Es lo que acaba de decir el ministro de Sanidad, Salvador Illa en una rueda de prensa: “Toda persona que da un diagnostico positivo y fallece es considerada un fallecido por coronavirus” (5). La sanidad y las políticas que de ella se derivan, funcionan en base a suposiciones, no a hechos comprobados.

Hubo un tiempo en que las cosas se hacían de manera científica. Por ejemplo, en 2010 en Aragón se notificaron 4 fallecidos por encefalopía espongiforme, una enfermedad que está dentro del listado maldito. Afortunadamente se les practicó la autopsia y sólo una de ellas se confirmó como causa de la muerte. Por lo tanto, el hecho de que se registre una “enfermedad de declaración obligatoria” y el paciente muera no significa, en absoluto, que la misma sea la causa de la muerte.

La campaña que ha iniciado la prensa española para deslizar que el número de fallecidos por coronavirus es mucho mayor de lo que establecen las cifras oficiales es, por lo tanto, una aberración. Dentro de un tiempo, cuando ya nadie se acuerde, las tasas de mortalidad pondrán a cada uno en su sitio.

(1) Para el caso de Murcia: http://econet.carm.es/inicio/-/crem/sicrem/PU_datosBasicos/sec112.html
(2) Es el caso de Extremadura: https://saludextremadura.ses.es/web/enfermedades-transmisibles
(3) Protocolo de actuación forense ante la sospecha de meningitis bacteriana y shock séptico fulminante, Cuadernos de Medicina Forense, núm. 37, julio de 2004, pg.8
(4) Protocolo EDO, pg. 217, https://sanidad.castillalamancha.es/sites/sescam.castillalamancha.es/files/documentos/pdf/20140813/protocolos_enferm_declaracion_oblig.pdf
(5) https://www.elindependiente.com/politica/2020/04/08/el-recuento-de-fallecidos-por-coronavirus-en-espana-genera-muchas-dudas/

La irresistible seducción de la histeria colectiva: la ‘guerra de los mundos’ de Orson Wells

El mayor acontecimiento de la historia de los modernos medios de comunicación tiene varias características singulares. Se produjo en 1938, cuando hacía muy poco tiempo que se habían iniciado las nuevas técnicas de información de masas, fue a través de la radio y fue una ficción, pero está comprobado que las mentiras tienen exactamente las mismas consecuencias que las verdades, es decir, que no es necesario que una información sea veraz para que cause estragos en masa. De hecho, las religiones, que son una gran falsedad, están mucho más difundidas que el ateísmo, que es la única concepción realmente científica.

Si la creencia en fenómenos, tales como los milagros, está tan extendida, imaginemos lo que puede ocurrir con una información que se viste con una cierta apariencia, por ejemplo, con el respaldo de “todo el mundo lo dice”, o “los expertos aseguran”, o “un primo mío que trabaja en un geriátrico  me ha contado que ayer murieron siete ancianos”.

Los medios de comunicación pueden hacer creer a millones de personas de todo el mundo cualquier cosa que se propongan porque en el mundo moderno los sacerdotes son ellos. El 30 de octubre de 1938 Orson Wells retransmitió en vivo y en directo una invasión marciana y casi todos los oyentes se lo creyeron. Habría algunas excepciones que hoy, paradójicamente, serían acusados de “conspiranoicos” porque ese es otro efecto de los medios de comunicación de masas: invierten la ecuación y tachan de raritos a quienes sostenemos que los extraterrestres nunca han llegado a la Tierra.

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de última hora procedente de la Agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando”. Así empezó Wells su emisión en la CBS, que estaba basada en una novela de otro gigante del siglo pasado: el británico H.G.Wells.

Como ven, la emisión comenzaba con la intervención de un científico, un experto cuyo papel interpretó el propio Wells.

Antes de comenzar, la radio advirtió expresamente que comenzaba una dramatización de la compañía Mercury Theatre de Wells basada en novela “La guerra de los mundos”. Luego Wells sintonizó con la música de la orquesta del Hotel Meridian Plaza de Nueva York con el tema “Stardust” (Polvo de estrellas), para volver a parar a medida que los corresponsales informaban de las últimas novedades de la invasión, en medio de efectos especiales y trucos de sonido.

Unos doce millones de personas escucharon la dramatización y la mayor
parte de ellas fueron presas del pánico, abandonando sus casas y
colapsando carreteras, estaciones y comisarías de policía. Los teléfonos
de emergencia se llenaron con mensajes de personas asustadas que
habían visto a los extraterrestres desde las ventanas de sus casas.
Se multiplicaron las llamadas a los hospitales de personas que querían
acercarse para donar sangre. Unos vecinos dispararon sus armas de fuego
contra el tanque de agua de su pueblo porque creyeron que se había
transformado en una máquina de guerra marciana gigante.

Una mujer denunció a Orson Wells por causarle un ataque de pánico y un hombre recibió una indemnización del propio Wells, que le pagó unos zapatos que tuvo que vender para poder comprar un billete de tren y huir de la invasión alienígena.

A lo largo de la emisión, que duró menos de una hora, la CBS avisó cuatro veces de que era una dramatización, pero en los oyentes el toque de realidad no causó los mismos estragos que la ficción. Cuando los espectadores abandonan apresuradamente un cine porque alguien ha gritado “¡fuego!”, no es necesario que se haya producido un incendio; es suficiente que el animal gregario que todos llevamos dentro salga a relucir, junto a nuestro instinto de supervivencia.

La propaganda imperialista ya ha impartido sus consignas sobre ‘el virus de Wuhan’ a todas las cadenas del mundo

Estados Unidos ha lanzado un programa de intoxicación coordinado por la Casa Blanca y varias instituciones federales para acusar a China de expandir el coronavirus por el mundo y manipular los datos sobre la epidemia (1).

El plan se ha remitido al Departamento de Estado para que, a través de las embajadas, circule por las grandes cadenas de intoxicación.

Se trata de una guía sobre la manera de responder a las preguntas acerca del coronavirus, donde los funcionarios siempre deben mencionar su relación con China.

El programa parece haberse elaborado en el Consejo de Seguridad Nacional porque así figura en un apartado de manera explícita.

En Estados Unidos los principales medios de comunicación ya han comenzado a difundir las nuevas consignas. Una búsqueda en inglés del término “Encubrimiento de China” (China cover-up) arrojaba 2.190.000 resultados a las 13:12 horas de esta mañana.

El 1 de abril los encargados de la intoxicación llamaron a la agencia Bloomberg para reforzar la campaña con un fraude paralelo: un informe secreto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos demostraría que, en efecto, China está encubriendo la cifra real de muertos (2).

Dicho informe no existe porque, según el New York Times, aún se está elaborando. La CIA trabaja activamente para desmentir las cifras oficiales del gobierno de Pekín. “Hasta ahora, para su gran frustración, la Casa Blanca y la comunidad de inteligencia no han podido reunir cifras más precisas a pesar de sus esfuerzos”, concluía el periódico de Nueva York (3).

A medida que pasa el tiempo, la campaña contra China se vuelve contra sus patrocinadores. El 3 de abril The Economist comentó que todos los gobiernos del mundo mienten sobre este tipo de cifras, incluido el de Estados Unidos: “Cuando el huracán María azotó a Puerto Rico en 2017, América informó de sólo 64 muertes. Un estudio reveló más tarde que el número total de muertes fue cercano a 3.000. Muchas ocurrieron en hospitales que no tenían electricidad“ (4).

Otra característica de la intoxicación es que resulta muy difícil ponerle freno, por lo que incurren en el ridículo. Por ejemplo, el Washington Post recurre a la epidemia para atacar a Irán y asegura que las filas de tumbas recién excavadas en Qom eran “visibles desde el espacio”:

“En Qom, el epicentro espiritual del clero chiíta gobernante en Irán, más de 846 personas han contraído el virus, según las autoridades. Sin embargo, el gobierno iraní no ha publicado el número oficial de muertos en Qom, donde se estima que viven 1,2 millones de personas. Pero los vídeos, las imágenes satelitales y otros datos disponibles del cementerio -un gran complejo a seis millas al norte del centro de la ciudad- sugieren que el número de personas afectadas por el virus allí es significativamente mayor que la cifra oficial” (5).

(1) https://www.thedailybeast.com/white-house-pushes-us-officials-to-criticize-china-for-coronavirus-cover-up
(2) https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-04-01/china-concealed-extent-of-virus-outbreak-u-s-intelligence-says
(3) https://www.nytimes.com/2020/04/02/us/politics/cia-coronavirus-china.html
(4) https://www.economist.com/graphic-detail/2020/04/03/covid-19s-death-toll-appears-higher-than-official-figures-suggest
(5) https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/iran-coronavirus-outbreak-graves/

La salud no puede quedar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro

El lunes la EMA (Agencia Europea del Medicamento) denunció la escasez de fármacos y la causa la pueden dar por sabida. “Riesgo de escasez de fármacos por la epidemia de coronavirus”, titulaba El Español el 18 de febrero (1). Diez días después la FDA, la institución competente en Estados Unidos en alimentación y medicamentos, anunció la “primera escasez” de fármacos “por el brote de coronavirus que se originó en China” (2). La pandemia está causando tal cantidad de enfermos que las medicinas se agotan, lo que antes no sucedía.

La intoxicación mediática oculta detalles que, por sí mismos, son ilustrativos: el año pasado los veterinarios ya denunciaron la carestía de medicamentos para los animales. donde no hubo ni puede haber ningún pretexto de pandemia (3).

En plena crisis capitalista de superproducción, cuando todos los silos de petróleo del mundo están a tope de su capacidad, hay escasez de remedios, por lo que los precios suben y las grandes multinacionales farmacéuticas se llenan los bolsillos. Hay más enfermos que nunca y no llega para todos. Sobra de todo excepto medicamentos, porque vivimos en una sociedad enferma y hay que seguir produciendo fármacos sin parar.

Pero si no hay una “vacuna” para el coronavirus hay que preguntar por qué están medicando a los “enfermos del virus” y qué les están administrando. Ya se lo decimos nosotros: están sedando, tanto a los hospitalizados como a los recluidos en los geriátricos. La Sociedad Española de Medicina Intensiva ha pedido a los médicos que reduzcan la administración de sedantes. Los tienen anestesiados las 24 horas del día por la tensión a la que les han sometido. Los sedantes son, pues, el fármaco de moda y uno de los que más escasea. Vivimos en una sociedad anestesiada y dormida.

Ahora bien, todo lo que concierne al mercado sanitario tiene su trampa, lo mismo que la política sanitaria, porque la escasez de remedios ya se denunció antes de la histeria, aunque ya casi nadie se acuerda tampoco de aquello.

La carestía de fármacos es lo mismo que el colapso hospitalario. El Colegio de Farmacéuticos elabora listados semanales con los medicamentos que tienen problemas de abastecimiento al menos desde junio de 2017, pero entonces aquello no pareció importar a casi nadie (4).

La escasez no sólo concierne a la Unión Europea, sino al mundo entero. Es un problema “complejo”, decía el Boletín de la Organización Mundial de la Salud en 2012 (5).

En 2014 la AARP denunció la carestía en Estados Unidos, y merece la pena reproducir ahora algún fragmento a fin de que tomen buena nota de los extremos a los que está llegando la sanidad: “En algunas partes del país, equipos de atención médica han tenido que utilizar fármacos pasada la fecha de caducidad especificada por el fabricante. Para evitar que algunos medicamentos para tratar enfermedades que ponen en riesgo la vida desaparezcan por completo, la FDA ha permitido que fármacos que se conoce están contaminados permanezcan en el mercado. Desde que en 2009 la agencia encontró partículas de metal en medicamentos usados para tratar un grupo de enfermedades congénitas, por ejemplo, se permitió a la compañía seguir vendiéndolos, con una advertencia para los médicos para que inspeccionaran la solución y estuvieran al tanto de reacciones adversas. Cuando en el 2011 se encontraron partículas de vidrio en muestras de otra medicina —el fosfato de potasio inyectable— los médicos recibieron instrucciones para filtrar el medicamento con una aguja especial antes de agregarlo a la jeringa” (6).

En el 2011 la Associated Press documentó 15 muertes vinculadas a la escasez de medicamentos en Estados Unidos. Nadie sabe cuántas más ha habido, pero se iniciaron varias demandas exigiendo indemnizaciones por las muertes causadas.

Por lo tanto, la carestía de medicamentos es muy anterior a la histeria del coronavirus. Hasta el año pasado el desabastecimiento era puntual, pero a partir de entonces “se convirtió en un problema estatal de calado que afectó tanto a las farmacias como a los hospitales” (7). El año pasado la carestía se había duplicado en comparación con 2015 y el gobierno implementó un plan de choque.

La causa de la carestía es que la sanidad ya es privada desde hace mucho tiempo porque le llega impuesta al mundo por las grandes multinacionales farmacéuticas y sus tentáculos. No se puede hablar de defensa de la sanidad pública sin expropiar la farmacia, es decir, a las grandes empresas farmacéuticas. No hay salud pública sin socialismo. La salud no se puede dejar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro, única y exclusivamente.

(1) https://espanol.medscape.com/verarticulo/5905022
(2) https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/coronavirus-covid-19-supply-chain-update
(3) http://www.diarioveterinario.com/texto-diario/mostrar/1523675/cambia-forma-comunicar-escasez-farmacos-veterinarios
(4) https://www.portalfarma.com/Profesionales/medicamentos/CISMED/Paginas/Listados-de-Medicamentos-con-problemas-de-suministro-Historico.aspx
(5) https://www.who.int/bulletin/volumes/90/3/11-101303/es/
(6) https://www.aarp.org/espanol/salud/farmacos-y-suplementos/info-2014/enfrentar-escasez-medicamentos.html
(7) https://www.eleconomista.es/sanidad/noticias/10362604/02/20/La-falta-de-farmacos-se-duplica-desde-2015-y-el-7-no-tienen-alternativas.html

Durante décadas el coronavirus se ha propagado entre los seres humanos y nadie cayó enfermo nunca

Típica imagen falsa de un virus de colorines
La pregunta sobre “origen” del coronavirus carece de significado científico y conduce, además, a emprender tareas igualmente absurdas, como el “paciente cero”, el “foco” y el “contagio” o expansión del mismo.

Si un virus se expande, como dicen, reeditamos el mito bíblico de Adán y Eva, el Génesis, y vamos a otro mito, el del “paciente cero” que no se pudo “contagiar” de nadie, por lo que hay que empezar a partir de un animal, lo cual es un fenómeno médico extraordinario que a lo largo de las últimas pandemias se esfuerzan en presentarnos como “normal”.

Esta mañana el periódico South China Morning Post ha vuelto a abordar este asunto en un reportaje, que a pesar de sus muchas limitaciones, es interesante reproducir porque rompe el mito que han difundido durante esta pandemia, a saber, que el coronavirus es nuevo y nos ha pillado por sorpresa, por lo que carecemos de “defensas” frente a él (a diferencia del virus de la gripe).

Apoyándose en un artículo publicado en la revista científica “Nature Medicine” el 17 de marzo, el periódico afirma que el virus “saltó” de los animales a los humanos mucho antes de que se detectara el primer caso en Wuhan. Además, un artículo de Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, les permite añadir que el virus no se ha creado en un laboratorio.

Claro que Collins, un funcionario de la Casa Blanca, no es un fuente fiable para hacer una afirmación de esa naturaleza.

Si el coronavirus se ha estado propagado entre los seres humanos durante décadas, la pregunta es por qué entonces no causó ningún tipo de enfermedad, sino tampoco ningún síntoma médico, es decir, por qué se propagó “silenciosamente”, como dice el periódico.

La explicación de los científicos que acoge el periódico es otro tópico: porque contiene una mutación única que no se encontró en los animales anfitriones sospechosos, pero que “probablemente apareció durante infecciones repetidas en pequeños grupos en los seres humanos”.

Esta explicación es un circunloquio que conduce de un mito (“pacientes asintomáticos”, o sea, sanos a los que se pretende hacer pasar por enfermos), a otro: el de las mutaciones virales, las famosas “cepas” o variedades diferentes de un mismo virus.

Pero si un virus es capaz de mutar, entonces nos vamos a la madre del cordero de la virología: ¿son seres vivos los virus?, ¿cómo mutan y por qué?

Cuando a falta de hechos probados, se sustituye una hipótesis por otra, la cadena argumental se transforma en magia, como le ocurre a Collins, para quien el coronavirus pasó de los animales a los humanos “antes de que pudiera enfermar a la gente”. Con el transcurso del tiempo, un virus que no causaba ninguna enfermedad, se convirtió en mortífero, aunque sepamos ni cómo ni por qué.

Según Collins los virus “evolucionan” exactamente igual que cualquier otro ser vivo. “A través de cambios evolutivos graduales a lo largo de años o quizás décadas, el virus finalmente adquirió la capacidad de propagarse de un humano a otro causando una enfermedad grave, a menudo mortal”, dijo en un artículo publicado el jueves pasado en la página oficial de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

https://www.scmp.com/news/china/science/article/3077442/coronavirus-pathogen-could-have-been-spreading-humans-decades

Los ataúdes llenan las calles de Guayaquil porque los familiares no pueden pagar los elevados gastos funerarios

Las imágenes de los féretros en las calles de Guayaquil, en Ecuador, en medio de la pandemia mundial, han impactado al mundo entero que, por asociación de ideas, supone que habrán muerto de lo único que se mueren hoy las personas: por culpa del coronavirus.

Los medios van de un engaño a otro. Hace ya un año, al menos, que los vecinos decidieron abandonar los ataúdes de sus difuntos en las calles porque la muerte es otro negocio privado y la población no puede pagar los exorbitantes gastos funerarios.

No hay dinero ni siquiera para morir tranquilo. Desapareció aquello del “Descanse en paz”. Sólo descansas si puedes pagar el coste, que oscila entre 600 y 3.000 dólares, según los deudos quieran un agujero con vistas al mar o a la montaña. En Ecuador casi nadie puede pagar esos precios, por lo que desapareció el RIP (“Requiescant In Pace”) de los cristianos sin que el Vaticano haya alzado la voz.

De Guayaquil no se sale nunca; no se puede ir ni al cielo ni al infierno. Una cremación cuesta 600 dólares.

Naturalmente, hace un año ningún medio publicó la noticia, que ahora están rescatando convenientemente en un contexto diferente, para seguir con el cuento de la pandemia.

El diario “El Universal” contaba (1) la historia de un anciano fallecido que pasó cuatro días en el velatorio porque sus vástagos no podían costear un entierro. Cuando el hedor del cadáver se hizo insoportable, los vecinos no lo pudieron soportar más, reunieron el dinero necesario, alquilaron una furgoneta entre todos para trasladar el cadáver a la morgue, donde permaneció casi tres meses.

Finalmente, los restos fueron enterrados en el cementerio de Lomas de Sargentillo. La subida de los precios del mercado mortuorio en Guayaquil desplaza las tumbas a dicho lugar, donde son más asequibles.

Algo parecido ocurrió un mes atrás en la ciudadela Kennedy Vieja, en el norte. Un ataúd en cuyo interior estaba el cuerpo sin vida de una mujer fue abandonado por su hijo en la puerta de una vivienda. El hijo pretendía que fuera su hermana quien pagara los 500 dólares del funeral, como ocurrió finalmente.

Este tipo de noticias son corrientes en los periódicos ecuatorianos desde antes de la pandemia:

“Donaron dinero para sepultar a vecino por hedor en Nueva Prosperina”
https://www.eluniverso.com/noticias/2019/03/29/nota/7256879/donaron-dinero-sepultar-vecino-hedor-nueva-prosperina

“En Guayaquil, sepultaron cadáver de hijo luego de siete días”
https://www.eluniverso.com/noticias/2018/01/08/nota/6557445/guayaquil-padres-velan-8-dias-su-hijo-casa-no-tener-dinero

“Abandonan féretro con el cuerpo de una mujer en el norte de Guayaquil”
https://www.eluniverso.com/noticias/2019/03/14/nota/7232870/abandonan-feretro-cuerpo-mujer-norte-guayaquil

“Los entierros en Guayaquil van de $ 1.700 a $ 30.000”
https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/entierros-costos-guayaquil

Ahora vean los titulares de los periodistas canallas que hay por aquí y juzguen Ustedes mismos:

La Vanguardia: “Los cadáveres se amontonan en Guayaquil por el coronavirus” (2).

Público: “El coronavirus golpea la ciudad de Guayaquil. En la provincia ecuatoriana del Guayas el colapso a causa de la covid-19 ha empeorado por la imposibilidad de enterrar a muchas personas que han fallecido en sus hogares, donde han permanecido durante días” (3).

El Mundo: “La pandemia ha transformado a Guayaquil en una gran morgue al aire libre, sitiada por el pánico al contagio del coronavirus” (4).

¿Necesitan más ejemplos de la intoxicación?, ¿hay algún medio que se salve del fraude? ¡Cómo se ríen de nosotros, especialmente todos esos cazadores de “noticias falsas”!

El cuento de la pandemia también oculta la miseria en la que vive la población ecuatoriana.

(1) https://www.eluniverso.com/guayaquil/2019/04/08/nota/7274486/gastos-mortuorios-oscilan-600-3000-urbe https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/entierros-costos-guayaquil
(2) https://www.lavanguardia.com/internacional/20200402/48275164261/cadaveres-amontonan-guayaquil-ecuador-coronavirus.html
(3) https://www.publico.es/internacional/coronavirus-ecuador-cadaveres-abandonados-calles-covid-19-golpea-ciudad-guayaquil.html
(4) https://www.elmundo.es/internacional/2020/04/01/5e84d472fdddffd4618b45c6.html

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