La web más censurada en internet

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A partir de ahora sólo va a circular un único mensaje: censuran un vídeo sobre la corrupción de la OMS

Un documental titulado “TrustWHO”, dirigido en 2018 por Lilian Franck y producido por la cadena franco-alemana de televisión Arte, ha sido censurado por la plataforma Vimeo.

El documental analiza la perniciosa influencia de las multinacionales farmacéuticas sobre la OMS

Vimeo eliminó de sus servidores el documental hace unos días tras declararlo “noticia falsa”.

Según el equipo de documentalistas, Vimeo declaró que no apoya “los vídeos que muestran o alientan la autodestrucción, afirman falsamente que las tragedias masivas son un engaño o perpetúan afirmaciones falsas o engañosas sobre la seguridad de las vacunas”.

La Inquisición se ha apercibido ahora, en plena pandemia de coronavirus, de que el documental transmitía “informaciones falsas”.

Según el productor y coautor del documental, Robert Cibis, lo que son falsas son las acusaciones de Vimeo. “Es una investigación periodística basada en hechos y lejos de lo que Vimeo dice ser”.

El documental, dice Cibis, ha sido investigado a fondo durante siete años. Ha sido verificado y aprobado por abogados, expertos en el campo de la medicina e incluso por los principales dirigentes de la propia OMS.

El documental demuestra cabalmente que la OMS no es una organización independiente, planteando cuestiones capitales sobre el ambiguo papel que desempeña el grupo de presión farmacéutico.

También analiza al detalle la influencia solapada de los Estados y las organizaciones “benéficas” donantes de dinero en las decisiones que toma dicho organismo.

Un punto fundamental es que el documental denuncia la labor de propaganda de los medios de comunicación durante la otra “pandemia”: la de gripe porcina de 2009 o gripe H1N1, tan fraudulenta como la actual.

https://www.imdb.com/title/tt6818554/
https://www.tvnz.co.nz/shows/trust-who

Bienvenido a la democracia maestro Goebbels

Darío Herchhoren

Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, era un maestro de la manipulación mediática, y de él han aprendido los democráticos comunicadores de occidente. Entre las perlas que nos dejó Goebbels hay una que explica que «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad» (sic). El imperialismo ha construido un aparato mediático formidable, constituido por agencias de prensa, diarios, emisoras de radio y televisión, tertulianos sesudos, escuelas, iglesias, y en fin toda una legión de deformadores del pensamiento y de la libertad de expresión e información.

Desde hace aproximadamente dos meses todos estos medios vomitan a diario millones de mensajes para anestesiar conciencias y adormecer voluntades para tratar de convencernos de que todo esto es por nuestro bien, y me refiero concretamente a la pandemia que nos agobia todos los días a la cual hay que sumar la pandemia de desinformación que generan estas usinas.

La guerra bacteriológica, química y mediante el uso de gases tóxicos fué en realidad un invento inglés, que los alemanes copiaron y pusieron en valor en la primera guerra mundial. Se utilizó entonces el famoso gas mostaza, que llevó a la muerte a miles de soldados y civiles.

Los japoneses utilizaron insectos infectados en China durante la invasión a ese país y en Manchuria cuando crearon el estado títere de Manchukuo. Los norteamericanos utilizaron bombas de napalm en Vietnam, que era una gasolina gelatinosa que arrasaba en su explosión todo lo que hallaba a su paso. En Cuba infectaron con agroquímicos las cosechas de azúcar, y envenenaron los pozos de agua. Los alemanes utilizaron gases tóxicos contra la URSS en su invasión envenenando el agua.

Ahora aparece el coronavirus en China. Esto último merece un análisis más serio y minuciosos. Toda la información de que disponemos, nos lleva a concluir que China se proponía  duplicar ese crecimiento llevándolo al 11%. La República Popular China le disputa a los EEUU el primer lugar como país más industrializado, y los logros de China apuntan a que estaba a punto de conseguir su objetivo. La locomotora China estaba tirando de una economía que estaba creciendo al 5,5% y se había propuesto crecer en este año al doble, es decir que crecería al 11%. Hay que tener en cuenta que el progreso de China es solo en algunas zonas del país, y que grandes porciones de su territorio viven bajo el umbral de la pobreza, y lo que las autoridades chinas se habían propuesto era un crecimiento hacia el interior, sin descuidar el mercado exterior que es su gran objetivo.

La información de que disponemos, apunta  a que los EEUU y la entidad sionista (Israel) han trabajado juntos para obtener el arma biológica que precisaban, el primero para atacar a China y el segundo para infectar a Irán, su gran y peligroso enemigo.

Y aquí es necesario hacer una digresión para ponernos a meditar sobre que todos los estados que utilizaron y utilizan armas químicas, son estados donde el capitalismo más cruel y despiadado campa a sus anchas. No hay memoria de que alguno de los estados socialistas, antes y ahora hayan utilizado esas armas. Siempre han sido víctimas de las mismas.

Y esto nos lleva a una segunda reflexión sobre la ausencia de límites morales o éticos del capitalismo, que no vacila en utilizar cualquier medio para seguir en el primer puesto, aún a costa de enfermar a su propia población.

En este caso volvemos a llamar al maestro Goebbels, que lanzó la consigna de «la guerra total». En fines de  1943, cuando ya los generales del estado mayor alemán advirtieron a Hitler que era imposible ganar la guerra, Goebbels para levantar el ánimo de sus militares, puso sobre el tapete lo que llamó la guerra total, es decir que se iba a atacar con la mayor crueldad a población civil, industrias, hospitales, escuelas, iglesias con tal de doblegar al enemigo. Esa guerra total se implementó por primera vez en Coventry, una ciudad mediana de Inglaterra, que quedó reducida a escombros, y luego de eso Goebbels acuño la palabra «coventrizar» la guerra, es decir llevar el exterminio sin piedad contra todos y contra todo.

Estos sentimientos criminales han sido asimilados por occidente, y el resultado es la pandemia que nos agobia y nos mata. Goebbels era un gran maestro, y ha encontrado discípulos aventajados en los Trump, los Johnson y los Macron. Ah, me olvidaba de Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, un sádico payaso a las órdenes del Pentágono.

‘El que aprende debe sufrir’

Juan Manuel Olarieta

“El que aprende debe sufrir”, escribió Esquilo en su tragedia “La
Orestíada”. Quien confunde sus deseos con la realidad cosechará amargas
lecciones. “La letra con sangre entra”. Sólo los burros tropiezan dos
veces en la misma piedra. Si no aprendemos “por las buenas”, tendremos
que aprender “por las malas”. Cuando el amo azota a su siervo con un
látigo en la espalda, lo que le dice es que le está dando “una lección”.
Algunos diccionarios lo llaman “dar un escarmiento”.

La
dominación sólo es pedagogía en ese sentido brutal que ha tenido en
todas las sociedades de clase. Lo único que genera cierta cohesión
social entre dos clases enfrentadas de manera irremediable es, en
definitiva, el terror y, sobre todo, el miedo a quien puede desatar el
terror de manera impune. El siervo sabe que no tiene más remedio que
obedecer ciegamente porque, de lo contrario, empezará su sufrimiento.

Lo
más importante del sufrimiento es que no es necesario que todos sufran,
ni que sufran todo el tiempo. El amo siempre le recuerda al siervo que
se desvive por él, que se preocupa por su situación, por su bienestar y
su salud. Es lo que a veces llaman “la fábrica de consentimiento” o de
“consenso” que nos hace vivir la ilusión de que “todos navegamos en el
mismo barco” y de que “todos debemos remar en la misma dirección”, por
más que sólo algunos tengan callos en la palma de la mano. El timón no
deja esas huellas.

Hay consenso porque aún hay quien cree que, en
efecto, su gobierno, sus diputados y sus funcionarios se preocupan del
paro, del hambre, de la educación, de la sanidad o de la vivienda. Otros
creen que, efectivamente, no se preocupan del paro o de la educación,
pero sí de asuntos como la salud. Casi nadie pone la salud en cuestión,
lo cual demuestra que, en efecto, la sanidad es una “fábrica de
consenso”, que los virus afectan a todos por igual y que la ley marcial
es imprescindible para evitar el contagio.

Es posible que no
sepan lo que es una ley marcial, ni un contagio, ni un virus, ni una
pandemia, a pesar de que las palabras suelen ser suficientemente
descriptivas por sí mismas: una pandemia alcanza a todo el mundo y por
eso las declara la OMS, lo mismo que corresponde a cada uno de los
gobiernos declarar la ley marcial en su territorio.

Las
evidencias no se pueden negar porque brillan con luz propia, según dicen. Por
ejemplo, si uno se sube a un azotea y observa el firmamento de
madrugada, verá que el sol sale por un punto del horizonte justo en el
momento en que la luna se pone por el opuesto. Si hace la misma
observación por la tarde verá lo contrario, de donde deducirá que los
demás astros se mueven a su alrededor. Si sabe que no es así es porque,
además de ojos, tiene cabeza, es decir, porque es de esos que se lo
piensa dos veces.

Si las cosas fueran lo que parecen, la ciencia
no sería necesaria, dice Marx al comienzo de El Capital. Los precios no
son sólo una ecuación de equilibrio entre la oferta y la demanda. En
ellos hay cosas que no se ven, a veces tan abstractas como el “tiempo de
trabajo socialmente necesario”. Las facultades de economía sólo hablan
de las curvas de oferta y demanda porque el pensamiento burgués es
superficial y en su última etapa llega a ser de una vulgaridad
atronadora.

Por el contrario, el marxismo es la crítica por
antonomasia o, en otras palabras, la negación y la negación de la
negación, un término filosófico que hoy la burguesía repudia
salvajemente porque es lo más opuesto al consenso que cabe imaginar. El
siervo deja de serlo cuando le critica al amo y le dice que no. Entonces
se enfrenta a él. Empieza a pensar por sí mismo, investiga, lee, se
documenta. Pone todo patas arriba, profundiza, es decir, se pone a
excavar y busca lo que hay debajo de la superficie.

Ahora los
medios de comunicación han impuesto la tertulia, la charlatanería y la
vulgaridad, pero en la transición existió -fugazmente- un periodismo de
verdad, llamado “de investigación” y de denuncia, que hoy sería tachado
de conspiranoico y de negacionista porque diría que no a la versión
oficial, que es la del amo.

Esta pandemia ha vuelto a poner
encima de la mesa la maquinaria de fabricar consenso social y, en
consecuencia, a destapar hasta qué punto los alternativos son realmente
alternativos, o sea, hasta qué punto se tragan la versión oficial, hasta
qué punto profundizan. Casi todo ha quedado escrito negro sobre blanco.

Los
alternativos aceptan el calificativo de “radicales” que cada día la
burguesía les arroja encima de los hombros porque el radical -dicen- es
aquel que va a la raíz de las cosas. Pero, ¿hasta qué punto los
radicales han llegado a la raíz de esta pandemia?, ¿en qué momento se
han cansado de excavar?, ¿creen que los gobiernos de todo el mundo han
impuesto la ley marcial porque les preocupa la salud de sus habitantes?,
¿se preocupa la OMS por dicha salud?

Está emergiendo lo que se
podría calificar como un “fascismo técnico”, donde el panóptico, la
maquinaria de control social, no se viste con los ropajes de uno u otro
partido político, sino de las “ciencias naturales”, como advirtió
Dostoievski en su obra “Los posesos”. Los nuevos métodos de educación
son “totalmente lógicos”, escribió. No son discutibles porque sólo la
política lo es; la ciencia es indiscutible. Entonces basta sellar el
terrorismo de Estado con el membrete de un experto para generar consenso social.

El fascismo
técnico y sanitario ya existió en el III Reich, donde los encargados de
separar a los judíos de los los arios eran médicos. La ley judía dice
que son judíos los hijos de madre judía, pero los nazis no podían
aceptar una ley judía como válida, así que impusieron su propio
criterio. Los judíos que habían renegado de su fe, seguían siendo
judíos, y también había otros que no sabían que lo eran, pero que fueron
catalogados como tales por motivos “científicos”.

La ciencia y
la técnica son una manera como cualquier otra de acallar las críticas.
Nadie, ni siquiera el antisistema más furibundo, tiene por qué saber lo
que es un virus, ni un contagio, ni una inmunización, ni una pandemia.
Tampoco está obligado a saber lo que es el estado de alarma, ni la ley
mordaza. La rebeldía frente a la servidumbre empieza por mantener dos
criterios básicos. El primero es la negación: debe empezar a decir que
no, tanto más cuanto que la atmósfera que le envuelve le presiona con
insistencia en la otra dirección. El segundo es aprender. Nadie tiene
por qué saber ni conocer, sobre todo en asuntos como la medicina. Pero
cuando le llega la furia mediática, está obligado a indagar, a
preocuparse y a informarse lo mejor posible.

La consecuencia más
inmediata de aprender es sufrir. El conocimiento es lo contrario del
reconocimiento
. Quien busque ciencia debe prepararse para el
linchamiento y el desprecio de los que le rodean. Tal y como transcurren
los acontecimientos es posible incluso que vuelvan las hogueras para
quemar en ellas a los herejes. No sería la primera vez.

El terrorismo de Estado está desbocado en Gran Bretaña

La semana pasada la policía increpó al periodista Mike Segalov por grabar un incidente en un parque. Rompiendo las reglas de distanciamiento social, la policía le rodeó para intimidarle, gritándole que se fuera a su casa. “Tú, el de azul, vete a casa”, le gritan, seguido de declaraciones asegurando que el periodista estaba “matando gente” (1).

Está lejos de ser un incidente aislado y resulta bastante inquietante, aunque no sorprendente. Impera la ley marcial. A un padre le impidieron jugar con sus hijos en el propio patio de su casa.

A otro le patearon la puerta después de que sus vecinos denunciaran un incidente, cuya exactitud nunca se ha confirmado.

La policía ha difundido imágenes tomadas por sus drones en las que se ve a personas paseando sus perros por el campo, a kilómetros de distancia de otras personas. Sin embargo, la policía considera que infringen la ley, aunque el Ministerio de Interior lo ha desmentido: no hay ninguna ley que impida ir al campo para hacer ejercicio.

Pero quien está en la calle no es el ministro sino el policía de turno, que es quien realmente impone su ley.

El Jefe de Policía de Northhamptonshire ha dicho que próximamente sus esbirros empezarán a registrar los bolsos de la gente para asegurarse de que sólo compran artículos esenciales. Afortunadamente se produjo una importante reacción de protesta que le obligó a recular rápidamente.

Es la ley marcial, el terrorismo y el despotismo de Estado, un pulso para saber hasta qué punto la población es capaz de soportar una humillación detrás de otra.

Lord Sumption, antiguo magistrado del Tribunal Supremo lo ha calificado como “un deslizamiento histérico hacia el estado policial” y una “reacción irracional motivada por el miedo”.

En España el Ministerio de Defensa va a comenzar la Operación Zendal: 750 militares recorrerán las ciudades para hacer el test del coronavirus en miles de domicilios (2) porque la sanidad es un asunto de competencia militar.

Se ha impuesto, pues, el miedo y, por lo tanto, cabe esperar lo peor.

El problema no es el virus. La policía no es inmune al pánico ni a la histeria. Los discursos políticos, las imbecilidades de los expertos y el tono de la prensa han creado una atmósfera turbia que es el peor peligro de la pandemia.

(1) pic.twitter.com/BKXSXbE6Gm
(2) https://elpueblodeceuta.es/art/47239/750-militares-recorreran-espana-para-hacer-el-test-del-coronavirus-en-miles-de-domicilios

Vacunas, ciencia, Bill Gates y otras vergüenzas

Hace aproximadamente una semana nos levantábamos con una controversia a nivel mundial sobre las declaraciones de dos médicos, en la televisión francesa LCI, sobre el tema de realizar ensayos de una posible vacuna contra el coronavirus en países africanos. El asunto en dicha conversación se volvía puntilloso en el momento en que Jean-Paul Mira, médico del Hospital Cochin de París, ponía de manifiesto, en formato de interrogación y con la mayor tranquilidad, su idea sobre que probar la vacuna del covid19 en África podía ser lo más adecuado, dadas las circunstancias del continente.

Como era de esperar, dicha escena televisiva provocó una polémica general y sobre todo una ola de indignación entre los colectivos negros y africanos de todos los continentes. Y es que, llegadas a este punto, toca preguntarse cómo puede ser que, en pleno 2020, un médico proponga en televisión utilizar a personas africanas como cobayas humanas para la medicina, sin cuestionarse lo más mínimo el significado de dicho planteamiento.

Lo cierto es que, como ya han puntualizado varias activistas en esta última semana, esto de utilizar a las personas no blancas como cobayas humanas no es nada nuevo —en absoluto—, como tampoco lo es, por desgracia, el hecho de que la supremacía se beneficie de la ciencia y de la medicina para la masacre y exterminio de las minorías étnicas.

Hay algunos nombres importantes que pertenecen a médicos y científicos que, además de haber contribuido en el ámbito de la ciencia, también contribuyeron a engendrar narrativas históricas de dolor que respondían a un orden de higienismo racial justificado por las mismas ciencias.

J. Marion Sims por ejemplo, torturó entre 1845 y 1849 a once chicas esclavizadas, cuyos cuerpos se convirtieron en el terreno particular de experimentación ginecológica del médico para realizar ensayos clínicos. Estos experimentos se materializaban a través de operaciones sin anestesia y sin el consentimiento de las involucradas y se practicaban en la clínica particular de Sims, en el jardín de su casa, pues según estudios del mismo médico, las personas negras no sufrían tanto dolor como las blancas.

Por otro lado, Taliaferro Clark fue el Jefe de la sección de enfermedades venéreas del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos y es a él a quien se le atribuye el Experimento Tuskegee, llevado a cabo entre el 1932 y 1972 en el hospital de la ciudad de Tuskegee en Alabama. El objetivo del experimento era observar la progresión natural de la sífilis no tratada en 400 hombres afroamericanos, a los que no se medicó. No se les había comunicado ni el objetivo del estudio ni su diagnóstico y, por supuesto, no habían dado su consentimiento. El experimento terminó con 28 hombres muertos, 100 con cuadros médicos muy complicados, 40 esposas de los participantes infectadas y 18 niños con sífilis de nacimiento. Eso sí, Clarks pudo publicar todos sus artículos científicos al terminar dicho experimento.

Además de los mencionados está Margaret Sanger quien, a diferencia de los anteriores, tenía un mecanismo más eficaz de aniquilación racial. Sanger fue una enfermera y feminista reconocida hoy en día por ser defensora de los derechos de la mujer y luchar por la legalización del aborto en Estados Unidos, aunque también pasó a la historia por ser una de las líderes de la aplicación de la eugenesia.

Sanger creó en 1916 la primera clínica de control de natalidad de EEUU en Broklyn, Nueva york, llamada Planned Parenthood. Los principios de la clínica sentaban sus bases en la limpieza racial. Y es que como buena eugenista, Sanager tenía como objetivo el control de la natalidad, específicamente el de la población afroamericana. El aborto era la técnica a través de la cual Sanger materializaba el exterminio racial. La empresa ubicaba sus sedes en los barrios donde había más concentración de población negra.

Estos son tres ejemplos, que representan una parte muy pequeña de la historia del racismo científico: es importante entender que la ciencia no solo ejecutaba respondiendo a las teorías del racialismo, sino que también se convirtió en la doctrina teórica que justificaba ciertos fenómenos. Las teorías poligenistas del siglo XIX y XX, por ejemplo, secundaban la concepción social de que las comunidades no blancas se constituían de personas que formaban parte de especies zoológicas inferiores al hombre blanco, europeo y civilizado. Y fueron estas mismas ciencias las que justificaron fenómenos sociales de masacre y aniquilación de las poblaciones no blancas.

Hoy por hoy nos encontramos aún frente a una industria médica que se plantea los ensayos clínicos de vacunas en personas africanas como algo totalmente ético y normal en un plató de televisión, en horarios de máxima audiencia. Y con la crisis de covid19, se presentan una serie de hechos en relación a la ciencia que nos toca afrontar.

Estamos frente a una industria médica que delega la investigación de las vacunas a la financiación privada. La Fundación Bill y Melinda Gates y el National Institute of Allergy and Infectious Diseases, ambas estadounidenses, son prácticamente las encargadas de financiar toda la investigación mundial de vacunas. La organización mundial de la Salud (OMS), financiada por la industria farmacéutica y por la ya mencionada Fundación Bill y Melinda Gates, es la que decide qué es —o no— emergencia sanitaria mundial. Esta misma OMS también establece el orden de prioridades cuando de decidir el valor de las vidas se trata.

Tenemos frente a nosotros el llamado covid19, cuya investigación médica por una vacuna está siendo financiada por la fundación de Bill Gates, Johnson, Moderna, y varias otras empresas privadas ante la situación de pánico que genera la pandemia. Pero encontramos también algunas enfermedades como el Ébola o el Zika, responsables de miles de muertes que solo se convierten en emergencia sanitaria mundial cuando pasan a ser problemáticas de occidente (contagiados occidentales). Hecho que se traduce en millones de dólares invertidos en la investigación de sus vacunas y también en millones de africanos, latinoamericanos y caribeños muertos antes de haberse convertido en un conflicto occidental.

Por otra parte, también se nos presentan enfermedades como la malaria, que mata a 2 millones de personas al año pero que, por el momento, aún no ha pasado a ser un problema de occidente y que por ello la cantidad de dinero invertida en la investigación de la misma es mucho menor a la que se está invirtiendo en la del covid19, por ejemplo.

Y, paradójicamente, observamos una mayor tasa de afroamericanos muriendo por el covid19 en EEUU, al mismo tiempo que vemos un Bill Gates invirtiendo 400 mil millones de dólares en empresas petrolíferas que causan gran parte de los problemas de salud en Nigeria. Y un Rockefeller colaborando con la fundación Bill y Melinda Gates, que en 1910 formó parte de la creación de la Oficina de registros eugenísticos en New York.

Pues tenemos una industria de investigación y producción de medicamentos que es básicamente un negocio en manos de personas ricas, principalmente estadounidenses, que desde arriba deciden en qué intervienen, dónde intervienen y, sobre todo, quién vive y quién muere. Tenemos también una industria que invierte masivamente en vacunas únicamente cuando cuyas enfermedades afectan a occidente. Y en todo este asunto, la racialización, el higienismo racial y la eugenesia, que juegan un papel fundamental.

Como consecuencia, tenemos una ciencia que se convierte en el brazo derecho de la supremacía y el colonialismo y que, desde hace cuatro siglos, ejerce como extensión de los mismos para manipular determinados cuerpos con fines racistas. Me encantaría poder afirmar que la ciencia es “un sistema ordenado de conocimientos estructurados que estudia, investiga e interpreta los fenómenos naturales, sociales y artificiales”, como define Wikipedia, pero no puedo. Cuanto más investigo, más consciente me hago de que la ciencia es y siempre ha sido un recurso al servicio de la supremacía para mantener la jerarquía racial. La ciencia no está de nuestro lado ni pretende estarlo.

https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/vacunas-ciencia-bill-gates-otras-verguenzas-ensayos-clinicos-personas-negras

Más información:
— Esclavos del Caribe fueron infectados con viruela como parte de experimentos médicos del colonialismo
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (1)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (2)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (3)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (4)
— En Alabama los médicos emplearon a los negros como cobayas humanas en un experimento sobre la sífilis
— 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

Los hospitales británicos tienen cuatro veces más camas vacías de lo normal, según datos oficiales

Hospital Universitario de Birmingham
El 41 por ciento de las camas de los hospitales británicos están vacías, unas cuatro veces el número normal, según cifras oficiales de los servicios de salud (*).

El vaciado es consecuencia de una fuerte disminución de las admisiones y un elevado número de altas de los pacientes hospitalizados.

En Gran Bretaña la política sanitaria consiste en abandonar a unos enfermos en beneficio de otros y el criterio no es la gravedad de la enfermedad. Por ejemplo, se está produciendo una suspensión generalizada de las operaciones quirúrgicas previstas.

El número de pacientes que pasaron 21 días o más en el hospital, los “super stranded patients” (pacientes super fallidos), ha disminuido en un 40 por ciento, según la misma fuente oficial.

Sacan a un determinado tipo de enfermos para llenar el hospital con enfermos de otro tipo: los del coronavirus. Como suponían que estos llegarían en grandes oleadas, se han pasado de rosca. Han vaciado los hospitales más de la cuenta porque no llegan tantos pacientes de coronavirus como calculaban.

Como consecuencia de ello, los hospitales no se han llenado sino todo lo contrario. Hay una subocupación hospitalaria que es muy extraña en tiempos de pandemia. De las 91.00 camas disponibles, 37.500 estaban vacías el pasado fin de semana, lo que suponen 4.500 más que las cifras habituales.

Las quejas de los médicos por el abandono de cualquier enfermo ajeno al coronavirus ya han comenzado.

(*) https://www.hsj.co.uk/acute-care/nhs-hospitals-have-four-times-more-empty-beds-than-normal/7027392.article

Los ‘delatores’ inundan a la policía francesa con denuncias telefónicas contra sus vecinos

‘Nos quedamos en casa, haz tú lo mismo’
El sindicato de policía “Alternative” asegura que el 70 por ciento de las llamadas a la policía en las ciudades grandes proceden de “delatores” que vigilan si sus vecinos cumplen el toque de queda.

La palabra ‘delatores’ es una traducción literal del comunicado del sindicato policial, fechado el 14 de abril (1).

Las centralitas de la policía están desbordadas por las denuncias de quienes vigilan del comportamiento de sus vecinos durante la cuarentena. Hay quien remite la denuncia ya prácticamente acabada, con fotos y vídeos incluidos para demostrar que el vecino viola el toque de queda.

La propia Prefectura de París ha pedido a los soplones que dejen de llamar por teléfono a la policía para chivarse. Las delaciones obligan a la policía a intervenir, produciéndose una hipertrofia de denuncias relacionadas con el coronavirus que alejan a la policía de intervenir en los delitos más graves.

El alcalde del distrito 20, Frédérique Calandra, ha dicho lo mismo: que los vecinos se olviden su celo inquisidor.

El alcalde de Saverne ha hecho la misma petición porque los vecinos “denuncian a los niños que juegan en la calle, a un vecino que ha sacado el perro cinco veces a lo largo del día, a los que hacen un barbacoa…”

El diario 20 Minutos habla de una “caza de brujas” que va desde los domicilios a las redes sociales, donde también hay protestas por los mensajes que no respetan el canon doctrinal (2).

Son las secuelas de la histeria, dice la siquiatra Anne Raynaud.

“Alternative” señala que, sin embargo, hay una disparidad según cada región. El porcentaje de llamadas cae al 50 por ciento en Nueva Aquitania, con una tendencia “a la baja”, pero en Burdeos las “delaciones” alcanzan hasta el 90 por ciento de las llamadas recibidas después de las 16 horas.

“En nuestra zona los residentes pasan todo el tiempo en casa y, por lo tanto, también mucho más tiempo en la ventana. Los barrios de narcotráfico son más visibles que de costumbre debido al confinamiento del resto de la población, por lo que todos se sienten justificados para llamarnos. También tienen menos miedo a las represalias que de costumbre. Así que, sí, tenemos un gran aumento en las llamadas de informes. Pero eso tampoco es catastrófico”, dice un alto dirigente de la policía asignado a una comisaría de los suburbios de París.

No será catastrófico para la policía, pero sí lo es para la sociedad, incluso para pequeñas comunidades de vecinos. Este tipo de delaciones permiten saldar viejos ajustes de cuentas, pequeñas venganzas, pequeñas mentiras que pueden amargar la vida a cualquiera. El chivateo destruye para siempre la convivencia entre los vecinos.

En otros casos, los vecinos llaman a la policía para matar el aburrimiento. La tele cansa, la siesta cansa, la ventana cansa… Incluso cansa escuchar el “Resistiré” todas las tardes.

(1) https://www.francetvinfo.fr/sante/maladie/coronavirus/confinement-la-delation-represente-jusqu-a-70-des-appels-dans-certaines-grandes-agglomerations-selon-le-syndicat-
(2) https://www.20minutes.fr/societe/2762167-20200417-coronavirus-pourquoi-denonciations-non-respect-confinement-pullulent-elles

Facebook da otra vuelta de tuerca a la censura

Facebook (y WhatsApp que es uno de sus tentáculos) se han convertido en un repugnante panóptico, una red para vigilar y castigar. No sólo eliminará las cuentas que difundan contenidos heterodoxos sobre el coronavirus sino que, además, amenaza a todos aquellos que pulsen “Me gusta” sobre ellos (*).

Los censores de la red, un papel que en España ejercen los inquisores de Newtral y Maldita, intimidarán a quienes comparten o interactúan con los alternativos que difunden herejías peligrosas para rebajar un poco la histeria.

Newtral es un sitio dirigido por la conocida cazafantasmas Ana Pastor, que se ha concedido a sí misma el papel de Torquemada, convirtiendo a la censura en un nuevo negocio.

La censura borra los mensajes heréticos y conduce a los usuarios a donde no quieren ir: a un nuevo “índice de obras prohibidas” que ha elaborado la Organización Mundial de la Salud, donde explica todo lo que necesitan saber sobre los virus y las pandemias.

Los monopolios digitales se han lazado decididamente a la caza de brujas. Han vuelto a modificar los algoritmos para convertir internet en una reedición de las Sagradas Escrituras, la palabra de dios que nadie puede enmendar ni corregir.

A Newtral y Maldita se les ha unido France Press, que hace tiempo dejó de ser una agencia de noticias para convertirse en una agencia de publicidad que cobra de los grandes monopolios del mundo y los gobiernos para mejorar su imagen pública.

Lo mismo que Facebook, France Press no informa sino que vende una imagen, vende mercancías, vende silencio y vende lo que sea a cambio de dinero. El tinglado de Zuckerberg ha reconocido que ha repartido un millón de dólares entre trece equipos censores del tipo Newtral y Maldita en varios países del mundo, entre ellos España.

El objetivo de los cazafantasmas no son, sin embargo, los medios pequeños e independientes. Su creación forma parte de la competencia capitalista. Se trata de desacreditar a los medios que no pagan el canon de la “verificación de contenidos”. Es un chantaje mafioso en toda regla.

Por ejemplo, Facebook ha retirado mensajes en los que se criticaba a los censores. Está prohibido destapar a la mafia Newtral y Maldita.

El periodismo moderno es para vendidos. Lo otro, el periodismo de verdad, el periodismo de investigación, lo llaman de otra manera: conspiracionismo, negacionismo y bla bla bla bla bla bla…

Los vendidos son los que se autocalifican como “independientes” y los que dicen dedicarse a cazar bulos son quienes los divulgan.

(*) https://apnews.com/348d772c8a5e305fb8006aae0a8cab84

Esas epidemias que se ensayan previamente para que luego nada sea una sorpresa: el caso del ántrax

La empresa farmacéutica BioPort fue un chanchullo desde el mismo momento de su constitución. Su único propósito era apoderarse de una empresa pública de Michigan que tenía la licencia exclusiva para fabricar la única vacuna contra el carbunco, llamado ántrax en los países anglosajones, que había sido aprobada por la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos).

Aquí lo llamaríamos amiguismo, puertas giratorias y enchufes, pero el caso es que una vez logrado su propósito en 1996, BioPort quiso expandir el negocio que tenía con el ejército de la mano del almirante William Crowe, antiguo Jefe del Estado Mayor Conjunto, y otros oficiales del ejército que funcionaban como cabilderos.

El chollo duró muy poco tiempo. En el verano de 2001 la empresa estaba al borde de la quiebra por una serie de escándalos de corrupción y porque la vacuna había causado graves problemas de salud a los soldados, algunos de ellos muy graves. Pidió un un rescate de 24 millones de dólares y el Pentágono lo apoyó aduciendo “preocupaciones de seguridad nacional”.

Una auditoría interna descubrió que gran parte del dinero concedido a BioPort no estaba contabilizado. Los problemas de salud causados por la vacuna no se habían resuelto. La empresa no había renovado sus instalaciones de producción y había perdido su licencia.

Estaba al borde de la disolución, cuando el 11 de setiembre de 2001 dios obró otro de sus milagros en forma de atentados a las Torres Gemelas, al Pentágono y… envíos de ántrax por correo.

¿Aún no había una vacuna para aquella plaga? Había que devolver la licencia a BioPort y el Pentágono debía renovar el contrato. Así lo exigieron las grandes cadenas de comunicación, que se encargaron de difundir la correspondiente alarma. Había que dejar al margen los viejos problemillas de los laboratorios de BioPort porque se había producido una situación de emergencia.

Pero a la empresa no le bastaba con volver al punto de partida; quería más. Quería asegurarse una venta masiva de vacunas al Pentágono para que las almacenaran, no sólo para los militares, sino también para los civiles, los trabajadores de correos, la policía y muchos otros que podrían correr peligro si se repitieran los ataques con ántrax.

Uno de los principales promotores de la ampliación de los contratos de BioPort, Jerome Hauer, trabajaba entonces para el el servicio de salud pública. Era un hombre con muchas caras, además de la sanitaria. Por ejemplo, era miembro de la inteligencia antiterrorista. No sólo sabía de antemano que se iban a producir los ataques con ántrax, sino que había participado en la simulación Dark Winter (Invierno Oscuro) que había pronosticado esos mismos ataques tres meses antes.

¿No les suenan familiares esos ensayos previos de “epidemias” que luego se cumplen como si fueran una profecía? La Universidad John Hopkins escribió todo un manual sobre la simulación que se llevó a cabo en la base aérea de Andrews (1). ¿Es sólo pura coincidencia?, ¿qué papel desempeñaba una universidad en un ensayo militar?

Junto Hauer, también participaron en la simulación James Woolsey, antiguo director de la CIA, y una periodista del New York Times, Judith Miller, que fue quien desató en los medios el bulo de las armas de destrucción masiva en Irak.

Unos meses más tarde de todo aquello, Hauer fue nombrado para un puesto de reciente creación dentro del sistema público de salud, supervisando la nueva reserva de guerra bioquímica de la que BioPort se beneficiaría considerablemente.

Pero era necesario maquillarse un poco y en 2004 BioPort cambia el nombre por Emergent Biosolutions, que siguió contratando sicarios dentro de los servicios públicos de salud, ente ellos el propio Hauer, que hoy es uno de los cabecillas de la empresa.

La farmacéutica forma parte del holding CEPI (Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias), es decir, que cuenta con el apoyo de Bill Gates y trabaja en la fabricación de una vacuna contra el coronavirus.

La nueva Emergent Biosolutions se ha beneficiado de la fuerte adicción a los opiáceos que causó “la mayor crisis sanitaria de la Historia reciente de Estados Unidos”, según El Mundo (2). La empresa tiene la patente del único medicamento aprobado para el tratamiento de las sobredosis y está llevando ante los tribunales a quienes producen genéricos porque el beneficio capitalista no está en curar ni en salvar vidas, sino en la patente.

(1) http://www.centerforhealthsecurity.org/our-work/events-archive/2001_dark-winter/Dark%20Winter%20Script.pdf
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2019/01/06/5c30e18121efa0d70f8b466a.html

https://www.mintpressnews.com/how-emergent-solutions-plans-corner-covid-19-cure-market/266615/

Muertos de miedo: la crisis, la histeria y el confinamiento conducen al suicidio

La histeria desatada a escala mundial está causando verdaderos dramas humanos. En un reportaje publicado la semana pasada, el periódico Ouest France relata “la angustia oculta de los héroes enfrentados al coronavirus” (1), una descripción que parece extraída de la Segunda Guerra Mundial.

El pánico alcanza a la población, pero también a los trabajadores de la sanidad, hasta el punto de que Francia está creando equipos de ayuda psicológica para apoyar al personal de enfermería que lucha contra su propia angustia en unas condiciones de trabajo realmente crudas. Son enfermeros, conserjes y médicos a quienes se les ha puesto en el ojo del huracán de la manera más miserable que cabe imaginar.

El periódico cuenta la historia de una videoconferencia en presencia de un psiquiatra. “De repente, en medio de la videoconferencia, se reunieron a varios cientos de médicos de emergencias, como una ducha fría. Gélidos, incluso. El evento no llegó a los titulares ni a los médicos del CHU [hospital universitario]. ‘Tuvimos una enfermera que se rebanó la garganta’. Fue hospitalizada en emergencia absoluta. Creyó que había contaminado a su marido, que estaba teniendo ataques de tos’. Pierre Vidhailhet, psiquiatra del Hospital Universitario de Estrasburgo, susurraba estas palabras”.

Un drama que no es noticia y que se desarrolla en el silencio de los hospitales, dice France Ouest.

El médico de 60 años del club de fútbol del Stade de Reims, Bernard González, se suicidó el 5 de abril en su casa. El médico había estado confinado en su casa con su esposa desde el anuncio del gobierno y dejó una nota en la que explicaba que había “contraído el coronavirus”.

Las reacciones han ido en aumento. El alcalde de Reims, conmocionado, dijo a la prensa: “Estoy conmovido por su desaparición porque es alguien que conozco desde hace años […] Más allá del médico del Stade de Reims, era el médico de mucha gente en Reims y era conocido por sus cualidades humanas y profesionales. La familia del fútbol y la gente de Reims le echarán de menos”.

Thomas Schaefer, el ministro de finanzas de Hesse, en Alemania, se suicidó el 29 de marzo. Tenía 54 años y estaba muy comprometido con la lucha contra el coronavirus. Estaba casado y tenía dos hijos. Le encontraron muerto cerca de las vías del ferrocarril.

La fiscalía de Wiesbaden ha indicado el suicidio. “Hoy podemos asumir que estaba profundamente preocupado”, dijo un político cercano a Angela Merkel y miembro de la CDU como Schaefer.

En Italia ya se han suicidado tres enfermeras. Una de ellas dejó una nota en la que decía que había dado positivo en las pruebas y que no quería contaminar a nadie.

En el hospital de Galdakao, en Bizkaia, un ingresado con un diagnóstico positivo de coronavirus se arrojó por la ventana desde un octavo piso el 25 de marzo.

En Londres una joven autista de 19 años, Emily Owen, se suicidó porque no soportaba el impacto síquico de la cuarentena.

En California los sicólogos advirtieron del riesgo de suicidio asociado a la crisis económica, la histeria y el confinamiento, situaciones que generan ataques de pánico, angustia y preocupación en amplios sectores sociales, incluidos los niños (2).

En contra los tarados que dirigen la sanidad en Estados Unidos, los sicólogos recomiendan fomentar al máximo las relaciones sociales.

(1) https://www.ouest-france.fr/sante/virus/coronavirus/coronavirus-dans-les-hopitaux-l-angoisse-cachee-des-heros-confrontes-au-covid-19-6803662
(2) https://www.efe.com/efe/usa/sociedad/psicologas-alertan-de-posibles-suicidios-y-efectos-en-la-salud-mental/50000101-4200078

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