La web más censurada en internet

Etiqueta: Guerra psicológica (página 32 de 94)

El opositor ruso Navalny no ha sido envenenado

Ayer las grandes cadenas de intoxicación aseguraron que el ruso Alexei Navalny había ingresado en el hospital tras haber sido envenenado. Ingresó ayer en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Omsk.

Esta mañana el subdirector del hospital, Anatoli Kalinichenko, ha dicho que no se había detectado ningún rastro de veneno en su sangre. “No se encontró veneno ni rastros de veneno en la sangre ni en la orina”, ha manifestado a la prensa.

Por su parte, el gobierno ha comunicado hoy a la agencia de noticias rusa Tass que no se había abierto ninguna investigación penal sobre el asunto, ya que hasta la fecha no había información sobre ningún envenenamiento.

El político de la oposición Alexei Navalny estaba volando de Tomsk a Moscú cuando se derrumbó el 20 de agosto. El avión se vio obligado a hacer un aterrizaje de emergencia en Omsk y Navalny fue admitido en el hospital, puesto en coma natural, colocado en cuidados intensivos y puesto en soporte vital y en un ventilador.

Ayer los médicos dijeron que luchaban para salvar su vida.

El portavoz de Navalny, Kira Iarmych, especuló en un mensaje de Twitter con que había sido envenenado. “Suponemos que Alexei fue envenenado con algo mezclado con té. Era lo único que bebía por la mañana. Los médicos dicen que la toxina se absorbió más rápidamente debido al calor del líquido”.

Luego Iarmych fue más categórica: “La reacción evasiva de los médicos sólo confirmó que era un envenenamiento. Hace dos horas estaban dispuestos a compartir cualquier información, y ahora, obviamente, están esperando el momento oportuno y no dicen lo que saben”.

La ONG alemana Cine por la Paz alquiló un avión para trasladar a Navalny a Alemania. El presidente de la ONG, Jaka Bizilj, aseguró que el Hospital de la Caridad de Berlín estaba listo para recibir al opositor ruso. La aeronave, según el sitio Flightradar24 citado por la agencia Tass esta mañana, aterrizó en Omsk.

Inicialmente, el jefe del departamento del hospital, Aleksandr Murakhovsky, dijo que los médicos habían juzgado imposible trasladar a Navalny al extranjero, ya que su estado de salud no era suficientemente estable. No obstante, esta tarde los médicos han autorizado su traslado a Alemania, según acaba de informar la agencia Efe.

Excepto los muertos, todo es mentira en esta pandemia

Soy consciente que la tendencia general es endosar a Gobierno y comunidades autónomas ocultamiento, por subestimación, del verdadero número de fallecidos por Covid-19. No comparto totalmente este enfoque y, por el contrario, considero que las defunciones por Covid-19, incluso en infectados “confirmados” (30% de falsos positivos posibles, Sin Hang Lee, “Journal of Geriatrics and Rehabilitation”, 17/07/2020), son menos que las oficiales. Si cabe, esto es aún más grave al apuntar a muertes en exceso de personas no infectadas, fragilizadas y desatendidas. La mayoría de exceso de muertes (respecto a la media de defunciones del mismo periodo de los últimos años) se debe a otras causas.

En primer lugar, el «syndrome de glissement-abandon» (dejarse ir) o muerte «psychogène» (Jean Carrié, 1952) en personas mayores que durante la epidemia se sintieron, con razón o sin ella, traumáticamente abandonas a domicilio, hospital o residencias (fallecen en tres semanas); en segundo lugar, el terror a infectarse en el hospital de personas con patologías graves, para todos los efectos huidas, que al no recibir seguimiento, intervención ni atención urgente fallecieron (y las que fallecerán).

Así las cosas, del Informe n°36 del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), “Situación De Covid-19. Casos diagnosticados a partir 10 de mayo” obtenemos conclusiones demoledoras relativas a la estrategia y directrices de política sanitaria impuestas por el Gobierno y CC.AA. en aras de minimizar el número de muertos causados por la epidemia en curso. Se trata de una encuesta epidemiológica de casos confirmados. Abstracción hecha de falsos positivos, los casos reales, de haberse hecho más test, serían a buen seguro el doble lo cual haría caer mecánica e imparablemente la tasa de letalidad al 0,3%-0,4%.

En la Tabla 4 del susodicho informe (distribución por grupos de edad) confeccionada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) con los casos de Covid-19 por nivel de gravedad notificados a Renave con inicio de síntomas y diagnóstico posterior al 10/05/2020 (23/07/2020, fecha de la extracción de datos) se observa que hubo en total 228 defunciones por 35.482 infectados. Obtenemos una tasa de letalidad de 0,6% (228/35.482=0.006=0,6%). Esta tasa discrepa incontestablemente de la que se obtendría para la población general con el número de fallecidos (casi 45.000 confirmados y sospechosos) por Covid-19 estimados por nuestros colegas de «El País» (26/07). EP, Johns Hopkins University, INE, SCIII, deben revisar sus cifras, al copiarse entre sí repercuten los errores. Hay que orientarse siempre por la tasa de letalidad. La pertinente es la aquí calculada (por exceso).

Un primer estudio (26/04) de cuatro investigadores universitarios estimó la tasa de letalidad española en 3,1% contabilizando aproximadamente 38.000 fallecidos en cálculo deslizante. El Ministerio de Sanidad, en el momento de la publicación de la insostenible investigación, proponía 23.822 muertos (28/04). La discrepancia provenía de considerar fallecidos por Covid-19 prácticamente todas las muertes en exceso a partir de los informes del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) elaborados por el ISCIII. Los cálculos eran tan chocantes que con 32 infectados obtenían un fallecido. El estudio nacional de seroprevalencia llevado posteriormente a buen término por el ISCIII es más solvente pero también adolece de graves limitaciones a pesar de haber sido publicado por «The Lancet» (6/07/2020).

Los autores del estudio lo reconocen elegantemente. La tasa de letalidad que obtienen sigue siendo excesivamente elevada (1,14%). Sin embargo, al haber confirmado el estudio del ISCIII la elevada seroprevalencia del personal sanitario disponían de todos los elementos para una estimación robusta. Es cierto que un muestreo aleatorizado, representativo de la población española, debe tener en cuenta criterios de sexo, edad, categoría socioprofesional, región, renta, talla de la aglomeración, etc. Estos criterios no los cumple en su totalidad el colectivo de sanitarios pero se pueden aproximar bastante bien. Con cifras oficiales, la tasa de letalidad entre profesionales sanitarios (52.500 infectados hasta el 25 de junio) puede estimarse en el 0,13% para un rango de edad entre más de 20 y menos de 70 años. Si ponderamos con la tasa de letalidad para la población entre 0 y 20 años obtenemos aproximadamente una tasa de letalidad de 0,11% en el rango 0-70 años. Finalmente, teniendo en cuenta la tasa de letalidad de mayores de 70 años obtenemos una estimación global de 0,5%-0,6%, en consonancia con la que se desprende del informe del CNE arriba referenciado.

Viene ahora lo más inquietante. En la susodicha Tabla 4 se observa que solamente en los rangos 70-79 años y más de 80 se constatan más defunciones que estancias en la UCI. En los de más de 80 años el dato es aterrador: de 781 pacientes hospitalizados solo 20 pasaron por la UCI pero se registran 150 fallecidos. Con una prognosis correcta, dada la sintomatología tan brutal en fase severa (neumonías especificas y «tormentas de citocinas») es dudoso que los 130 pacientes hospitalizados, de más de 80 años, que fallecieron sin pasar por la UCI muriesen por el Covid-19. Habida cuenta que se los reportó infectados se les asignó esa causa de muerte. Además, una cosa es haber sido infectado por el Sars-CoV-2 y otra, bien distinta, morir de ello. Uno puede padecer cáncer y fallecer de un ataque al corazón o una peritonitis sobre todo si ha sobrepasado la esperanza de vida teórica. Entonces ¿de qué fallecieron? Fallecieron del “syndrome de glissement-abandon”: no es el virus el que mata sino la situación resentida. La tristeza, la pena, el desamparo que invade a los mayores en el hospital (o residencias o a domicilio) les resulta fatal, no el virus (o no siempre).

En síntesis, tomando en cuenta falsos positivos, tasa de letalidad discrepante con exceso de muertes por el Covid-19 (confirmadas y sospechosas), muertos por distintas dolencias que en vida, aterrorizados, no acudieron al hospital para no infectarse y fallecidos por “syndrome de glissement-abandon” estimo entre 20.000-24.000 los fallecidos directamente por Covid-19. Siguen siendo muchos, ciertamente, pero no son menos los no infectados que no supimos salvar.

https://www.abc.es/opinion/abci-juan-jose-calaza-excepto-muertos-todo-mentira-202008142141_noticia_amp.html

Más información:
– Dossier coronavirus

Para lavar su imagen la OMS ha contratado a la misma empresa de publicidad que orquestó el montaje de la Guerra de Irak

Hace años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un nido de corrupción y uno de los organismos internacionales más desacreditados. Por eso necesita periódicos lavados de cara, que contrata con agencias publicitarias, cadenas de comunicación y de relaciones públicas.

Una parte del dinero que percibe tiene ese objetivo: limpiar su deteriorada imagen pública.

El 1 de mayo la OMS contrató a la empresa de publicidad Hill & Knowlton Strategies, según un documento publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (1).

El contrato firmado con la empresa de relaciones públicas costó 135.000 dólares y estuvo vigente hasta el 15 de junio de este año.

En 2007 la OMS ya recurrió a Hill & Knowlton para gestionar un “programa de comunicación”, con la finalidad de buscar apoyos y financiación.

Hill & Knowlton es la empresa que en 1990 diseñó el montaje de los bebés kuwaitíes arrancados de sus incubadoras y arrojados al suelo por los soldados irakíes para justificar la agresión imperialista contra el país árabe (2). El presidente George Bush padre recurrió al fraude en varios discursos incendiarios.

El objetivo de la empresa de embustes es buscar “personas influyentes” que puedan difundir las alabanzas de la OMS en las redes sociales. Además, Hill & Knowlton ha buscado “microinfluyentes”, blogs, perfiles de Facebook o cuentas con menos seguidores o más especializados.

“Ha habido críticas y reclamaciones contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la cobertura de los medios de comunicación que podrían socavar a la OMS como fuente fiable y crítica de información sobre cuestiones de salud pública mundial”, escribió la empresa de relaciones públicas. El objetivo es “asegurar que se confíe en el asesoramiento de la OMS y que se sigan las directrices de salud pública”.

La OMS ya cuenta con una serie de “personas influyentes” muy conocidas, algunas de los cuales participaron en un concierto benéfico en abril para recaudar fondos para la organización y para la “lucha contra el coronavirus” en el mundo. Entre las estrellas que participaron en el concierto virtual se encontraban Lady Gaga y Elton John.

(1) https://efile.fara.gov/docs/3301-Exhibit-AB-20200714-38.pdf
(2) https://historico.prnoticias.com/comunicacionpr/541-prcomunicacion-1/20111702-hill-a-knowlton-mentir-para-invadir-irak

Las grandes cadenas de comunicación se pasan al campo de los antivacunas… si proceden de Rusia

Lo venimos viendo desde el principio de la pandemia: en esta marea de locura que han desencadenado no hay ciencia, ni medicina, sino política (en el peor sentido de la palabra).El mundo suspira por una vacuna como si fuera su última esperanza, pero nunca imaginó que la primera procediera de Rusia, es decir, nunca imaginó que Rusia pudiera ser la primera en nada.

Todo lo que procede de Rusia y otros países del Eje del Mal es sospechoso y la vacuna no podía ser una excepción. El principio de precaución que rige la medicina no enciende las alarmas por la vacuna sino por su pasaporte. No hubiera ocurrido lo mismo si procediera de Estados Unidos o de una multinacional farmacéutica.

El pasaporte ha dado un giro completo a los discursos oficiales, que se han convertido en antivacunas rusas, o sea, están en el campo de los terraplanistas, conspiranoicos, negacionistas y demás.

El martes Putin anunció la primera vacuna diciendo a los periodistas que había vacunado a su propia hija. Los médicos y profesores serán los primeros en ser vacunados en Rusia y en enero del año que viene se extenderá a toda la población.

Las pruebas no se han completado, pero eso ya no es ninguna novedad. Estamos ante una carrera, casi una campaña electoral, donde todo son palabras y todo es publicidad, un coto en el que las cadenas de intoxicación se mueven como pez en el agua.

Pero la intoxicación no es la suya, sino la de Putin. El New York Times acusa al Kremlin de manipular las pruebas clínicas para hacer propaganda (1). El contraste con la doctrina previa es llamativo: “Las vacunas salvan vidas, protegen a nuestros hijos y son uno de nuestros mayores logros en salud pública”, dijo un editorial del New York Times en marzo de este año. “La desconfianza en una vacuna contra el coronavirus”, escribió el periódico en julio, “podría poner en peligro la extensión de la inmunidad”.

Hace unas semanas había muchas prisas. El New York Times atacó a Trump porque era necesaria una vacuna lo más rápidamente posible, la única esperanza en medio de una pandemia atroz.

Las prisas sólo son buenas si no proceden de Rusia, ha dicho el gran padrino Fauci.

The Guardian advierte que “las vacunas pueden ser sólo parcialmente efectivas” incluso después de estrictos ensayos clínicos. Incluso las más rigurosamente probadas pueden ser ineficaces en el mejor de los casos, o en el peor de los casos tienen horribles efectos secundarios (2).

Sin embargo, la semana pasada ese mismo periódico se burlaba de las madres antivacunas que creen en las teorías de la conspiración. Incluso estaban dispuestos a considerar como un éxito una vacuna “imperfecta”.

El Washington Post señala que “las vacunas podrían ser perjudiciales o dar a la gente una falsa sensación de seguridad sobre su inmunidad” (3).

Una portavoz del Ministerio alemán de Salud recuerda algo que no sabíamos: en Europa la autorización de una vacuna presupone, además de la prueba de su calidad, que sea segura y eficaz.

“Una vacuna suele tardar unos diez años en desarrollarse”, asegura 20 minutos.

Los expertos de pacotilla se suben al carro de los “nuevos antivacunas”. François Balloux, investigador del Instituto de Genética del University College de Londres, califica el anuncio de Putin como “inconsciente y sin sentido”, argumentando que una vacuna que no ha sido “debidamente probada” podría tener consecuencias desastrosas.

En Rusia la ciencia es diferente que en el resto del mundo. La investigación biomédica no se ha destacado en Rusia en los últimos años… Los científicos rusos no han seguido todos los pasos para validar su vacuna internacionalmente… Han barrido con todos los usos médicos aceptados…

Si por casualidad el resultado es positivo, el proceso para lograrlo pone fin a un consenso médico, histórico, centenario y aceptado por la comunidad científica, que requiere transparencia y el cumplimiento de un protocolo muy estricto.

Se están llenando la boca de adjetivos, algunos de los cuales nos suenan mucho: una decisión irresponsable, tonta y, sobre todo, peligrosa, no es fiable, una apuesta loca, demagógica, una caja de Pandora, un truco de propaganda, es posible que los rusos hayan manipulado los datos…

“La vacuna rusa llega envuelta en escepticismo”, dice La Vanguardia (4), de donde aprendemos que las vacunas tienen nacionalidad: pueden ser canadienses, peruanas, camboyanas o gallegas.

La eficacia de una vacuna depende, pues, de su origen. A partir de hoy empezaremos a leer este tipo de basura en las televisiones y la prensa española.

(1) https://www.nytimes.com/2020/08/11/world/europe/russia-coronavirus-vaccine.html
(2) https://www.theguardian.com/world/2020/aug/11/russia-approves-coronavirus-vaccine-despite-testing-safety-concerns-vladimir-putin
(3) https://www.washingtonpost.com/world/russia-unveils-coronavirus-vaccine-claiming-victory-in-global-race-before-final-testing-is-complete/2020/08/11/792f8a54-d813-11ea-a788-2ce86ce81129_story.html

(4) https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200811/482788453551/vacuna-rusa-coronavirus-escepticismo-eficacia.html 

Más información:
– Dossier coronavirus
 

 

Los CDC admiten oficialmente la falsificación de las cifras de muertes por coronavirus en Estados Unidos

El diputado Blaine Luetkemeyer
El viernes pasado un diputado de la Cámara de Representantes, Blaine Luetkemeyer, le remitió una pregunta al director de los CDC, Robert Redfield, del que ya hablamos ayer: ¿existe algún incentivo para inflar artificialmente las muertes atribuidas al coronavirus?

La respuesta de Redfield también fue muy directa y clara: hay un incentivo económico, que calificó de “perverso”, para que los hospitales inflen las muertes por coronavirus y no es el único caso, sino que también ha ocurrido en epidemias anteriores.

Esta es la respuesta exacta que dio Redfield: “Creo que [Luetkemeyer] tiene razón, en el sentido de que hemos visto esto también en otros procesos de enfermedad. Realmente en la epidemia de VIH, alguien puede tener un ataque al corazón, pero también puede tener el VIH y el hospital prefiere la [clasificación] por VIH porque hay un mayor reembolso”, respondió.

Como ya hemos explicado en entradas anteriores, debido a la ley Cares aprobada por el Congreso en marzo, los hospitales reciben una prima del 20 por ciento cuando piden que se les pague por los pacientes de Medicare que supuestamente han muerto de coronavirus.

“Así que creo que hay algo de realidad en eso. Pero al final del día, es como el médico lo define en el certificado de defunción y […] todos consultamos esos certificados de defunción”, dijo Redfield.

“Así que creo que es probablemente menos operativo en cuanto a la causa de la muerte, aunque no diría que no hay algunos casos. Pero creo que cuando se trata del reembolso al hospital o a las personas que son dadas de alta, ciertamente podría jugar un papel”.

Uno de los primeros en denunciar la manipulación de las cifras fue el doctor Scott Jensen, miembro del Senado de Minnesota. En una entrevista publicada en abril reveló que había recibido instrucciones del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales de los CDC instándole a clasificar las muertes no relacionadas con el coronavirus como si lo fueran.

La Inquisición se le echó encima, y no fue de tipo político sino de sus colegas del Colegio de Médicos de Minnesota, donde ejerce. A la burocracia sanitaria le interesa tapar las verdaderas causas de la muerte de las personas.

Más información:
– Dossier coronavirus
– Si no hay pandemia los capitalistas se encargarán de inventarla
– Cómo se están falsificando los certificados de defunción en Estados Unidos sobre la marcha

¿Por qué Grecia ha tenido una de las tasas de mortalidad más bajas por coronavirus?

Con una población que no llega a los 11 millones de habitantes, en Grecia el número de muertes atribuida al coronavirus ascendía ayer a 213 personas, una cifra que no permite hablar de pandemia.

En términos relativos, España debería haber tenido menos de mil muertes proporcionalmente. En los Balcanes, en general, y en Grecia, en particular, las cifras de la pandemia son insignificantes.

Como es habitual en esta pandemia, los datos nunca cuadran porque Grecia tiene una de las poblaciones más envejecidas del continente. Los ancianos de más de 65 años suponen casi el 22 por ciento de la población.

El sistema griego de salud pública ha sido, además, literalmente arrasado por los recortes presupuestarios. Desde hace 10 años el número de médicos que ha abandonado el país es de unos 20.000.

Con el viento en contra, el gobierno de de Kyriakos Mitsotakis ha sacado pecho: la pandemia no ha causado estragos gracias a las medidas que adoptaron desde el primer momento: cierre de fronteras, confinamiento estricto…

Pero dichas medidas no son diferentes de las de otros países y no se adoptaron de manera inmediata. Por ejemplo, el confinamiento empezó el 23 de marzo, 11 días después de España.

Antes de que el gobierno anunciara el confinamiento, la Iglesia Ortodoxa avisó que no obedecería la orden y siguió celebrando los ritos religiosos, sin ninguna medida de protección. Los obispos recomendaron a sus fieles que respetaran al gobierno sólo fuera de las iglesias y los ritos religiosos porque es imposible que la adoración de dios transmita ninguna enfermedad.

En Grecia hay otro factor diferencial, que convierte a las cifras en algo aún más sorprendente: las decenas de miles de refugiados que sobreviven hacinados en campos sin ninguna distancia social, sin agua, ni higiene, ni atención médica adecuada.

El 30 de julio a Médicos Sin Fronteras les obligaron a cerrar un centro de aislamiento que habían abierto para prevenir la expansión del coronavirus en la isla griega de Lesbos. Les amenazaron con imponerles multas, e incluso con acusarles de un delito por incumplimiento de las “normas de urbanismo”.

El centro de Moria pretendía atender a unos 16.000 refugiados. Hay otros parecidos en los que, hasta ahora, no se han detectado ningún “caso” de coronavirus. No hay contagios. Para que aparezcan es necesario que haya médicos, que se pongan a realizar pruebas a fin de encontrar lo que buscan.

En Grecia, donde el gobierno lo ha hecho todo muy bien, hay algo en lo que se ha salido del carril marcado por la OMS: apenas realiza pruebas, ni entre los refugiados, ni entre la población. De ahí que el número de contagiados también sea insignificante: menos de 6.000.

Otro factor diferenciador de Grecia es que, a pesar del importante porcentaje de ancianos, apenas hay asilos porque las familias conviven con ellos en el mismo domicilio. Cuando en todo el mundo occidental, los asilos han sumado entre un 60 a un 70 por ciento de las muertes atribuidas al coronavirus, Grecia ha escapado esa carnicería.

El país no tiene nada que agradecer a las medidas aprobadas por el gobierno o por sus “expertos”, que no han servido absolutamente para nada.

El hombre es un lobo para el hombre

La pandemia no sólo es un ejercicio de terrorismo de Estado a gran escala donde ha policía ha encontrado el terreno más fértil para cumplir sus hazañas. Además está provocando más peleas que nunca, en los trenes, los autobuses, los aviones, e incluso en la calle.

Si en un caso funciona la represión, en el otro funciona el miedo. El que se cruza en tu camino es como una bomba ambulante que te puede contagiar y luego a su vez tú puedes contagiar a tu familia, poniendo en riesgo su vida, etc.

Han creado una sociedad dividida entre responsables e irresponsables. Incluso los familiares no se saludan, ni se besan, ni se abrazan; sólo se miran con desconfianza. “El hombre es un lobo para otro hombre”. Se puede decir que las relaciones sociales han desaparecido… salvo a través de un móvil, donde tus contactos los pueden vigilar y rastrear tanto los policías, los médicos y los jueces.

Ayer se produjo una enorme pelea en una playa de Bélgica que, como es habitual, se atribuye a unos jóvenes irresponsables que no cumplían las “normas de seguridad”.

El motivo es bastante diferente. La playa está en un pueblo costero en el que los belgas con dinero tienen una segunda residencia. Pero también se desplazan a ella personas que llegan en medios públicos de transporte, como el tren, para pasar un domingo agradable.

En Bélgica no es obligatorio el uso de mascarillas en lugares públicos, como la playa, pero hay que mantener la distancia social y cuando la marea sube no hay sitio para todos, de manera que alguien se tiene que marchar.

En la disputa interviene la policía, que toma partido por unos, los de dinero, los que tienen arraigo en el pueblo, frente a los veraneantes ocasionales. Los que están obligados a guardar la “distancia social” son los segundos, no los primeros, por lo que la policía trató de echarlos de la arena y se produjo el correspondiente altercado y enfrentamiento a palo limpio.

Los ayuntamientos de la costa han aprovechado la situación para convertir la actuación policial en norma de obligado cumplimiento. A partir de ahora, por motivos de salud pública, nadie podrá viajar a las playas los fines de semana.

Por su parte, la empresa pública de ferrocarriles ha dado la misma orden y no volverá a transportar a nadie a la playa porque, además, los trenes van repletos de viajeros los fines de semana.

Como quienes tienen una segunda residencia no viajan sino que están en la playa, les han arrebatado un lugar de esparcimiento a los sectores populares, que deberán quedarse en su casa pasando calor y aguantando que, además, los otros los califiquen de irresponsables.

Vídeo de los enfrentamientos en la playa:
pic.twitter.com/8Cmrf8Kkcp

El Licenciado Vidriera y otros relatos ejemplarizantes

El extraordinario relato de Cervantes sobre otro de sus “locos” personajes, que creía que todos podían ver en su interior, anticipó el sueño de tantas ONG: poder mirar las tripas de un Estado cada vez más opaco.

Las posibilidades de observar y las de ser observado son cada vez más divergentes. A medida que somos más vigilados, menos podemos vigilar. Esconderse y observar son privilegios de un Estado burgués que en la modernidad está siempre al acecho, agazapado.

Sin transparencia no hay información y sin información no hay democracia, que es una batalla contra las falsas apariencias, contra los que dicen una cosa y hacen otra muy distinta, contra las ruedas de prensa.

Por ejemplo, los Estados burgueses, e incluso los grandes monopolios, alardean de transparencia cuanto más esconden sus trapos sucios. Twitter ha anunciado una lucha por la transparencia, que es para echarse a temblar. No se refiere a su propia transparencia sino a la de sus usuarios.

En las redes sociales como Twitter hay algo que nunca encaja. Correos no vigilaba al remitente de las cartas, ni advertía al destinatario que la había escrito otro. Lo mismo hacia Telefónica: nunca se preocupó de identificar al autor real de una llamada.

Por el contrario, en Twitter están muy preocupados porque el titular de un perfil sea quien dice ser. La justificación es que los Estados no utilicen su red para difundir propaganda política apareciendo como sujetos particulares.

Están creando un mundo absurdo en el que lo importante no es el mensaje sino el mensajero. “¿Quién dice tal cosa?” La noticia cambia según la fuente de la misma. La pandemia está siendo la mejor muestra de lo que cambia la percepción de la realidad cuando llevas a un experto al plató.

La misma frase cambia mucho según quién la pronuncie. Si es un Estado se desvaloriza inmediatamente y si es un Estado como Rusia, la credibilidad cae en picado ante la mayoría, aunque siempre hay quien considera todo lo contrario.

Tal y como están las cosas en el mundo actual, son muy pocas las fuentes que pueden hacer sombra a la gran maquinaria publicitaria del imperialismo, y una de ellas es Rusia, sobre todo con el pretexto de que los medios rusos son públicos, o sea, que los maneja Putin.

Lo mismo ocurre con la BBC, pero a nadie le viene a la cabeza Boris Johnson cuando lee una noticia de la cadena británica. La diferencia entre la BBC (y la AFP o la Voz de América), también financiadas con dinero público, y cualquier medio ruso es que estos no pueden independientes. La sombra del Kremlin aparece por alguna parte.

Ocurre así siempre que leemos una noticia inesperada y chocante que rompe el flujo “natural” del discurso establecido, que cada uno de nosotros ha interiorizado hasta creer que es “nuestro”, es decir, que somos originales, creativos y capaces de tener “ideas propias”.

El mundo está embarcado en una guerra “sui generis”, de un tipo hasta hora desconocido, y los peores no son los medios convencionales, como la BBC, sino los que aseguran que la guerra no va con ellos, que son “independientes”, que están por encima de “unos y otros”.

Sólo hay una cosa peor que los neutrales: los que alardean de serlo.

Una pandemia de informaciones manipuladas para sembrar el pánico en el mundo entero

Dr. Malcolm Kendrick

Nos dijeron esta semana que en Reino Unido, por lo menos, cualquiera que tuviera una prueba de coronavirus positiva y luego muriera -de cualquier enfermedad- sería registrado como una muerte relacionada con un coronavirus. No importa cuándo murieron.

Eso significa que cualquiera que hubiera podido dar positivo en marzo, sin ningún síntoma de coronavirus, y luego muriera en julio, se registraría en las cifras oficiales como muerto por causas relacionadas con coronavirus. Incluso si fue atropellada por un autobús.

Lo que es aún más extraño es que parece no haber límite de tiempo para esto. Así que podría dar positivo en marzo de 2020, luego morir en marzo de 2040, y aún así registrarse como muerto de coronavirus. Dudo que eso suceda, pero podría suceder.

Para ser honesto, sé que algo muy extraño ha estado sucediendo con los datos de Reino Unido durante algún tiempo. Reino Unido no ha proporcionado ninguna cifra sobre el número de personas que se han recuperado de coronavirus. En casi todos los países se proporcionan cifras sobre el número total de casos, el número total de muertes, el número de casos activos y el número de personas que se han recuperado.

En Estados Unidos, por ejemplo, se han producido casi cuatro millones de casos, más de 140.000 muertes y más de un millón de personas se han recuperado oficialmente. En Reino Unido se han producido casi 300.000 casos, 45.000 muertes, y no se ha registrado ninguna recuperación.

En resumen, en Reino Unido nunca te recuperas del coronavirus. Una vez que lo tienes, se acabó, es para siempre. Esta anomalía ya ha sido reportada, por ejemplo, en The Guardian en junio.

Gran Bretaña constituye una excepción a nivel internacional al no comunicar el número de personas que se han recuperado del coronavirus, junto con las estadísticas sobre muertes y el número de casos identificados.

¿Por qué alguien querría hacer eso? Uno pensaría que el gobierno haría todo lo posible para reducir el número de muertes de coronavirus. Tanto más cuanto que Reino Unido ocupa un lugar bastante lamentable en los cuadros comparativos internacionales. ¿Por qué inflar deliberadamente sus cifras?

Sin embargo, no sólo Reino Unido está exagerando el número de muertes de coronavirus. Un lector de mi blog me envió un análisis de los consejos de la OMS sobre la certificación de las muertes, que parece ser exacto. En su análisis:

1. Si mueres de cualquier cosa y se sospecha que podrías tenerlo, sin hacer pruebas y quizás sólo porque se supone que todo el mundo lo tiene, entonces el coronavirus aparece en el certificado de defunción como la principal causa de muerte. Básicamente… a menos que el paciente muera de algo que sea repentino y no pueda ser una comorbilidad a largo plazo.

2. Si tiene los mismos síntomas que la gripe o la neumonía, debe figurar en la lista como coronavirus y no como debido a una enfermedad similar a la gripe.

3. Cualquier certificado que sea erróneo de alguna manera con respecto a lo anterior debe ser recodificado para cumplir.

4. Bajo ninguna circunstancia deben corregirse los códigos incorrectos de coronavirus.

Para mí, esto suena como una receta para una inflación sistemática del número de muertes, diseñada para rechazar o eludir el juicio clínico.

En Estados Unidos, el Dr. Scott Jensen, médico y miembro del Senado de Minnesota, fue informado por la Junta de Práctica Médica de Minnesota de que está siendo investigado por las declaraciones públicas que hizo.

Se le acusa principalmente de difundir información errónea sobre la emisión de certificados de defunción y de sobrestimar el número de muertes debidas a coronavirus. Además, comparó el coronavirus con la gripe en términos de gravedad. Este consejo se considera “imprudente”.

Sobrestimar muertes debidas al coronavirus y atreverse a afirmar que el coronavirus no es peor que una mala temporada de gripe, conduce a ser eliminado del colegio de médicos.

El senador Scott Jensen es el objetivo de la Junta Médica de Minnesota por hablar sobre el coronavirus

Así que parece que en todo el mundo vemos las mismas cosas. Un intento aparentemente coordinado de sobrestimar dramáticamente el número de muertes causadas por el coronavirus y lo mortal que es.

Por ejemplo, hace unos días una noticia apareció en los titulares de Reino Unido, advirtiendo de cientos de miles de muertes este invierno.

Según los científicos, Reino Unido podría ver alrededor de 120.000 nuevas muertes por coronavirus en una segunda ola de infecciones este invierno.

Cuando se les pide que modelen un escenario “razonable” del peor de los casos, sugieren un rango de 24.500 a 251.000 muertes relacionadas con el virus sólo en los hospitales, con un pico en enero y febrero.

¿De dónde viene esto? Era un modelo, usando exactamente las mismas suposiciones que el creado por el profesor Neil Ferguson del Imperial College de Londres en marzo, que advirtió de 500.000 muertes en Reino Unido. Sólo una décima parte de eso. Probablemente mucho más, porque muchas de las muertes registradas como debidas al coronavirus fueron simplemente erróneas.

¿Hasta qué punto fue precisa su predicción de 120.000 muertes? El profesor Stephen Holgate, que presidió el informe en su momento, dijo: “No es una predicción sino una posibilidad”. Una posibilidad… Tal vez debería ser publicado en el Journal of Possibility Medicine. Un diario en el que la gente simplemente inventa hechos y luego ve cuánta gente corre por ahí aterrorizada.

Lo que está sucediendo ahora mismo es extremadamente inquietante. El coronavirus era ciertamente una enfermedad grave, pero las epidemias de gripe de 1957 y 1967 fueron igual de graves, si no peores, en términos de mortalidad total. Ambos superaron el millón, y al coronavirus le queda un largo camino por recorrer para igualar ese número.

Además, durante estas epidemias, muchos más jóvenes murieron. Con el coronavirus, si tienes menos de 15 años de edad, la probabilidad de morir es de aproximadamente una en dos millones, que es tres veces menor que la probabilidad de ser alcanzado por un rayo.

En toda Europa, el exceso de muertes simplemente ha desaparecido. En ningún lugar se produce un aumento de la mortalidad. Mientras escuchamos sobre las epidemias de muerte por coronavirus en diferentes ciudades, la tasa de nuevas infecciones en estas “epidemias” es menos de una sobre mil. Lo cual no es realmente una epidemia en absoluto.

A pesar de esto, el uso de mascarillas es obligatorio. Cuando el coronavirus despegó, nadie usaba máscara en mi unidad a menos que estuviera ayudando a un paciente, y no había distancia social entre el personal. Hoy en día, se ha decretado que las mascarillas deben ser usadas en todo momento y el distanciamiento social se impone sin piedad. Ahora suena una alarma, y tenemos que limpiar todas las superficies delante de nosotros…

La realidad es que el coronavirus casi ha desaparecido en Reino Unido y Europa. El lento pero inexorable aumento en el número de muertes en Reino Unido se debe al hecho de que cualquiera que dé positivo para coronavirus y muera se registra como muerto por coronavirus.

Sin embargo, a medida que coronavirus desaparece, el enmascaramiento y el distanciamiento social se imponen como nunca antes, y la perspectiva de una segunda ola mortal se agita como una mortaja negra, con advertencias de cientos de miles de muertes por venir.

Un científico biomédico de Reino Unido me envió un correo electrónico hace dos días sobre las pruebas que habían realizado: “Durante la semana del 9 al 16 de julio, realizamos 2.800 pruebas de PCR (en tres plataformas diferentes: principalmente en Hologic Panther, pero también en las cefeidas GeneXpert y Biomerieux BioFire) y sólo obtuvimos cuatro resultados positivos. Estos 4 positivos eran todos los pacientes que ya habían dado positivo. No tuvimos ningún caso nuevo, y después de unas semanas de comprobación, los únicos positivos que tuvimos fueron de muestras repetidas de estos mismos 4 pacientes, actuaron casi como muestras de control de calidad para asegurar que nuestras pruebas funcionaban realmente bien”.

2.800 pruebas y ninguna de ellas dio positivo. Este científico contactó con otros laboratorios y encontraron lo mismo. Me puse en contacto con dos laboratorios de patología del NHS vecinos y me informaron de los mismos hallazgos que nosotros: ningún o casi ningún caso nuevo durante varias semanas.

https://drmalcolmkendrick.org/2020/07/25/covid-fear/

Más información:
– Dossier coronavirus
 

Han inflado la cifra oficial de muertos atribuidos al coronavirus en Inglaterra y el gobierno abrirá una investigación

El 17 de julio el ministro británico de Salud, Matt Hancock, ordenó la apertura de una investigación sobre el recuento fraudulento de las muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra de manera oficial (1).

El fraude fue destapado por un artículo científico que revelaba que uno de los organismos encargados de recopilar las estadísticos de víctimas del coronavirus, el PHE (Public Health England), había inflado las cifras.

El PHE ha estado cotejando las notificaciones de defunción con una base de datos de resultados de pruebas positivas al virus, de tal manera que una persona que diera positivo al test y muriera por otra causa meses después, sería contabilizada dentro del número de muertes diarias anunciado oficialmente por el gobierno de Londres.

La falsificación fue destapada por un artículo de los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford, titulado “Por qué nadie puede curarse de Covid-19 en Inglaterra. Una anomalía estadística” (2).

Según el artículo, una persona que diera positivo al coronavirus en el mes de febrero, se curara y luego fuera atropellada por un autobús en julio, el PHE lo registraba como una muerte atribuida al coronavirus.

“Cualquiera que haya dado positivo en el test de Covid pero haya muerto posteriormente, sea cual sea la causa, será incluido en las cifras de mortalidad de PHE Covid”, según los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan.

“Un paciente que haya dado positivo pero que haya sido tratado con éxito y dado de alta del hospital seguirá siendo considerado como una muerte Covid aunque haya tenido un ataque cardíaco o haya sido atropellado por un autobús tres meses después”, añadían.

El fraude estadístico también significa que los casos asintomáticos, las personas infectadas y luego curadas, pero también los falsos positivos vinculados a las pruebas de PCR, han sido contabilizados falsamente como muertes causadas por el coronavirus.

Algunos países imponen un límite de tiempo entre la fecha de la prueba positiva y la de la muerte para contabilizar esta última entre las estadísticas de fallecimientos por coronavirus. Escocia, por ejemplo, tiene un límite de 28 días y Suecia de 31 días, pero el profesor Carl Heneghan propone un límite un poco más reducido: 21 días.

Como no podía ser de otra forma, lo más chistoso es la explicación con la que el PHE trata de salir del apuro: “Esta es una enfermedad nueva y emergente. No conocemos las implicaciones a largo plazo, por lo que no establecemos un umbral para contar las muertes”.

Afortunadamente hay países donde los científicos de verdad aún tienen posibilidades de destapar las versiones oficiales. Incluso hay periodistas que cumplen con su función de mostrar los criterios de unos y de otros, así como de exponer los que contradigan a “la autoridad” establecida.

No es el caso de España, donde la censura es absoluta, como corresponde a un país en que ha pasado de la Inquisición al fascismo sin solución de continuidad. Aquí a los “expertos” y a la intoxicación mediática los muertos les parecen pocos y lo que buscan es inflar aún más las cifras. Puro amarillismo.

(1) https://www.standard.co.uk/news/uk/matt-hancock-review-coronavirus-deaths-miscounted-a4501466.html
(2) https://www.cebm.net/covid-19/why-no-one-can-ever-recover-from-covid-19-in-england-a-statistical-anomaly/

Más información:
– Dossier coronavirus
 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies