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Etiqueta: Guerra psicológica (página 31 de 94)

Google censura las informaciones alternativas en materia de salud por intereses económicos

Google es una versión mejorada de Bill Gates. Censura las informaciones alternativas en materia de salud pública porque tiene intereses económicos en ella. Bill Gates no es sólo un empresario de la informática y Google tampoco es sólo un buscador sino un enorme holding que, a través de Alphabet, invierte en numerosos sectores económicos.

Uno de ellos es la sanidad y las inversiones las realiza a través de su filial Verily, una empresa de capital riesgo que creó en 2015.

A su vez Verily mantiene acuerdos con los grandes grupos monopolistas del sector. En 2016 creó una empresa conjunta con el gigante farmacéutico GlaxoSmithKline dedicada a las señales eléctricas en el cuerpo humano, una subsidiaria llamada Galvani Bioelectronics.

Con Sanofi también creó otra empresa conjunta, Onduo, para diseñar y desarrollar nuevos dispositivos conectados en el campo de la diabetes.

Verily está asociada al gigante farmacéutico suizo Novartis y el Fondo Europeo de Inversiones. Desde 2017 Google ha invertido 300 millones de dólares en un fondo buitre gestionado por Medicxi, pero también tiene acuerdos con Johnson & Johnson.

Antes Verily se llamó Google Life Sciences y, como su propio nombre indica, invierte en “ciencia” y, más concretamente, en biología, donde la cotización de las acciones y, por tanto, los beneficios, dependen de la información. La circulación de un tipo de informaciones empuja a la bolsa y las de otro tipo la hunden.

La bolsa se mueve por “información privilegiada” y ahí es donde entra el buscador, que impone al 90 por ciento de los internautas del mundo lo que pueden o no pueden leer. Lo que dice Google es “ciencia” y todo lo demás lo deja en manos de inquisidores como Newtral, Maldita y otros mercachifles.

La bolsa necesita informar pero también informarse. Por eso Verily reclutó a Thomas R. Insel, que dejó su cargo de director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos para irse al sector privado.

Son las puertas giratorias o capitalismo monopolista de Estado. Verily también reclutó a Robert Califf, el director de la FDA, la autoridad sanitaria de Estados Unidos que regula lo que es bueno para la salud, lo que se puede comer, los fármacos que se deben tomar y las drogas que perjudican la salud y que, en consecuencia, se deben prohibir.

Google también es propietario de un fondo especulativo llamado GV, que ha invertido en docenas de empresas de nueva creación especializadas en salud, principalmente en Estados Unidos.

Pero para Google los intermediarios no son suficientes y ha creado su propia empresa de biotecnología: Calico.

Varios de sus proyectos son claramente represivos, como el brazalete de seguimiento (1), o las aplicaciones de rastreo de contactos de la pandemia (2), por más que se travistan con motivos sanitarios.

A un gigante especulador tampoco las bolsas les resultan suficientes e invierte en empresas que fabrican medicamentos y no cotizan en los mercados. A través de ellas, Verily y otros fondos buitre captan a los científicos que las dirigen y a los que trabajan en ellas.

En definitiva, lo mismo que las universidades y los laboratorios, los científicos trabajan para los grandes monopolios.

(1) https://www.bloomberg.com/news/articles/2015-06-23/google-developing-health-tracking-wristband-for-health-research
(2) https://www.wired.com/story/google-apple-change-tactics-contact-tracing-tech/

Más información:
– Google no filtra las noticias falsas sino aquellas que el imperialismo trata de silenciar
– La creciente influencia de Google en la política europea
– Google informa a la policía de las búsquedas que haces
– El coronavirus le ha servido a Google para retomar su idea de una gran base de datos genéticos a nivel mundial
– Google introducirá otro espía en tu móvil en la próxima actualización del sistema operativo

La televisión bielorrusa difunde la conversación sobre la falsificación del envenenamiento de Navalny

El canal de televisión bielorruso ONT ha difundido la conversación interceptada entre dos representantes de Alemania y Polonia sobre el envenenamiento de Alexei Navalny. En la pista de audio se escucha que ambos aluden al envenenamiento diciendo que no es importante porque “la guerra está en marcha” y “todos los métodos son buenos”.

La grabación contiene negociaciones entre Berlín y Varsovia por vía telefónica. En ella le preguntan a una persona, que se presenta como un representante alemán llamado Nick, si el envenenamiento está confirmado. El hombre señala que no es necesario porque “en la guerra todos los métodos son buenos”.

“Aparentemente todo marcha de acuerdo con el plan… El asunto Navalny está listo. Será transferido a la administración de la canciller. Estamos esperando su declaración”, dice el hombre que se presenta como representante del gobierno de Berlín.

“¿Se confirma el envenenamiento?”, pregunta el interlocutor, que se presenta como un representante del gobierno de Varsovia llamado Mike en la grabación. “Mira Mike, no importa. La guerra está en marcha… Y durante la guerra, todos los métodos son buenos”, responde el otro.

El 3 de septiembre Lukashenko le informó al primer ministro ruso Mijail Mishustin que la inteligencia de su país había interceptado una conversación entre Varsovia y Berlín que mostraba que las declaraciones del gobierno alemán sobre el envenenamiento de Navalny eran una falsedad. Lukashenko prometió entregar la grabación a los servicios de inteligencia rusos.

En la grabación el representante de Varsovia dice que el intento de Putin de “meter las narices” en los asuntos de Minsk y “abrumarlo” con los problemas de Rusia se tenía que acabar.

“La manera más efectiva de hacerlo es sumergirlo en los problemas de Rusia. ¡Hay bastantes! Además, pronto tendrán elecciones, votando en las regiones de Rusia”, dice el representante de Polonia.

“Esto es lo que estamos haciendo”, responde su interlocutor.

Navalny ingresó en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Omsk, en Siberia, el 20 de agosto. Se desvaneció en un avión con destino a Moscú.

Según las primeras pruebas realizadas por los médicos en Omsk, los trastornos metabólicos causaron una hipoglucemia grave. Más tarde declararon que no se había detectado ningún veneno en su sangre y orina.

Luego fue transferido al Hospital de la Caridad de Berlín. El 2 de setiembre el gobierno alemán declaró que había sido envenenado por un agente tóxico “de tipo novitchok”. Pero eso es una chapuza. En toxicología si no se identifica el veneno es porque no hay tal veneno.

En los medios convencionales presentan al novitchok como un veneno mortífero, pero hasta ahora no ha matado a nadie.

El ejército alemán tampoco ha enviado su informe sobre el envenenamiento a Rusia para que pueda ser comprobado por los expertos de aquel país.

Si el gobierno ruso hubiera intentado envenenar a Navalny, no tiene sentido que le dejaran marchar para que pudiera ser examinado en Alemania, donde deberían haber detectado el tóxico.

Otra teoría de la conspiración ‘buena’: Putin manipula las elecciones de Estados Unidos

El Ministerio de Interior de Estados Unidos (DHS) ya ha lanzado su profecía: Putin manipulará las próximas elecciones presidenciales diciendo que tal injerencia no es más que una suposición.

Vuelve el “candidato manchú”, dice el periódico The Hill: “Los medios de comunicación rusos y otros grupos están ‘amplificando’ intencionalmente la preocupación sobre el voto por correo para socavar las elecciones de Estados Unidos de este año, según reveló el jueves un informe publicado por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS)” (1).

La bola de cristal no le falla a los intoxicadores: “Es probable que los medios públicos de comunicación rusos, los apoderados y los troles de las redes sociales que controlan los rusos promuevan denuncias de corrupción, fallos del sistema e interferencias extranjeras malintencionadas para sembrar la desconfianza en las instituciones democráticas y los resultados de las elecciones”, escribe la Oficina de Inteligencia y Análisis.

“Es probable que las elecciones provoquen violencia y una crisis constitucional”, aseguran el Washington Post (2) y el New York Times (3), porque si no echan a Trump el escenario va a ser de pesadilla.

En unas elecciones hablar de “lo más probable” no es más que un intento de manipular el voto que, naturalmente, nada tiene que ver con Rusia sino con los medios estadounidenses que no aceptaron los resultados electorales de 2016, como tampoco han aceptado los de Bielorrusia del mes pasado.

“Un grupo de personas con información privilegiada del Partido Demócrata y antiguos funcionarios de la época de Obama y Clinton y un grupo de republicanos neoconservadores llamados ‘Never Trump’ han pasado los últimos meses realizando simulaciones y ‘juegos de guerra’ sobre diferentes escenarios para las elecciones del ‘fin del mundo’ de 2020” (4).

En el plan para deshacerse de Trump no sólo está el Partido Demócrata, sino los medios de intoxicación más importantes y las instituciones de inteligencia. Se llama (TIP) o Proyecto de Integridad de la Transición (5).

Los medios de intoxicación dicen que el TIP prepara un escenario en el que Trump pierda las elecciones de 2020 y se niegue a abandonar su cargo, lo que podría conducir a una crisis constitucional.

Sin embargo, las simulaciones y los propios documentos del TIP pronostican una “clara victoria” de Trump en las elecciones que conducen a una crisis constitucional y, como consecuencia de ello Biden tiene que tomar “medidas audaces” para asegurarse la presidencia “independientemente del resultado de las elecciones”.

En román paladino, estamos en presencia de un Golpe de Estado en toda regla, como ya hemos asegurado en otras entradas, y Rusia vuelve a desempeñar el papel de chivo expiatorio que sirve para que los golpistas oculten sus verdaderos planes (aunque tampoco se esfuerzan mucho en ello).

(1) https://thehill.com/policy/cybersecurity/515047-russia-amplifying-concerns-around-mail-in-voting-to-undermine-election
(2) https://www.washingtonpost.com/outlook/2020/09/03/trump-stay-in-office/
(3) https://www.nytimes.com/2020/09/03/opinion/trump-election-2020.html
(4) https://unlimitedhangout.com/2020/09/investigative-reports/bipartisan-washington-insiders-reveal-their-plan-for-chaos-if-trump-wins-the-election/
(5) https://assets.documentcloud.org/documents/7013152/Preventing-a-Disrupted-Presidential-Election-and.pdf

Más información:
– Trump, el candidato manchú, y cómo los rojos se han apoderado de la Casa Blanca
– Dos años de noticias falsas: se acaba la intoxicación periodística contra el ‘candidato manchú’

Todo lo que sale de un científico es ciencia y todo lo que sale de un tribunal es justicia (amén)

Varios centenares de científicos de la Spilf (Sociedad Francófona de Patología Infecciosa) han presentado recientemente una denuncia contra el profesor Raoult acusándolo de utilizar su tratamiento contra el coronavirus a base de hidroxicloroquina y azitromicina sin que haya pruebas científicas de su eficacia.

La batalla contra la hidroxicloroquina llega, pues, a los tribunales y unos científicos demandan a otros… Perdón: se nos ha olvidado decir que estos últimos no son en realidad científicos, sino otra cosa, es decir, que el patrimonio de la ciencia es exclusivo de los demandantes.

Pero, ¿quiénes son esos demandantes que, a modo de nuevos y feroces inquisidores llevan la ciencia ante los estrados de los tribunales?

Es algo que no se le hubiera ocurrido a ningún científico por su cuenta, ni tampoco a una asociación como Spilf.

Este tipo de asociaciones tienen muchas caras y caretas y, dependiendo de la función de teatro que tienen que representar, muestran unas u otras. Incluso a veces también muestran su cara científica (pero sólo a veces).

Lo han adivinado: Spilf está financiada por varios laboratorios farmacéuticos. Dime quién te paga y te demostraré que eres un chapero al que le da igual servir a un cliente que a otro; lo importante es que pague.

En los últimos tres años Spilf ha recibido más de 200.000 euros anuales en “donaciones” en forma de remuneración, prestaciones o convenciones.

La prensa europea ni siquiera se ha tomado la molestia de recordarlo porque es de dominio público: la información está disponible en la base de datos eurofordocs.fr.

La financiación de Spilf por las empresas farmacéuticas crece con el transcurso de los años: 858.000 euros en subvenciones durante veinte años y 610.000 sólo en los últimos tres.

Tampoco se sorprenderán: Gilead es uno de los principales donantes de los científicos de verdad. En 2017 les entregaron 40.000 euros y otros tantos al año siguiente para que pudieran celebrar dos convenciones científicas.

Lo venimos diciendo desde el principio: Gilead quiere imponer su fármaco antiviral, el remdesivir, que compite con la hidroxicloroquina en condiciones muy desfavorables porque es mucho más caro.

El 29 de julio la Comisión Europea firmó un contrato con Gilead que le garantiza el suministro de Veklury, que es el nombre comercial del remdesivir.

En otras palabras: toda la campaña “científica” en la que participan “científicos”, revistas “científicas”, asociaciones “científicas”, prestigiosas universidades y medios generalistas no es más que la competencia de unos capitales contra otros.

Lo nuevo es que ahora se meten los tribunales por medio, que juzgarán al profesor Raoult como juzgaron a Galileo hace 400 años.

Pero en ningún caso deben dudar que si todo lo que sale de un científico es ciencia, todo lo que sale de un tribunal es justicia. ¿Verdad que sí?, ¿o son Ustedes unos malos conspiranoicos?

 

 

La afirmación de Angela Merkel sobre el envenenamiento de Navalny a manos de Putin es falsa

El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko afirma haber interceptado una conversación entre Varsovia y Berlín sobre la falsificación del envenenamiento del opositor ruso Navalny.

Hoy Lukashenko ha declarado que su país ha interceptado una conversación entre Varsovia y Berlín de la que se desprende que la reciente afirmación de la canciller alemana Angela Merkel sobre el envenenamiento del opositor ruso Alexei Navalny es una falsificación.

“Observando los acontecimientos rusos, me di cuenta de que Occidente tiene una nueva característica distintiva: otra vez el novichok, otra vez envenenamiento. Debo decirle que ayer o anteayer, antes del discurso de Merkel —esta dijo que a Navalny le querían cerrar la boca— interceptamos una conversación… Entendemos que Varsovia habla con Berlín”, afirmó Lukashenko durante una reunión en Minsk con el primer ministro de Rusia, Mijail Mishustin.

El dirigente bielorruso señaló que compartirá la grabación junto con la transcripción con el FSB, el Servicio Federal de Seguridad de Rusia, y también se lo dará a leer a Mishustin. Según Lukashenko, la grabación “claramente dice que es una falsificación: no hubo ningún envenenamiento de Navalny”.

“Que yo entienda, un grupo de especialistas prepararon los hechos para la Administración de Merkel y a lo mejor también las declaraciones que hizo. Lo hicieron para —voy a citarlo— ‘quitarle las ganas a Putin de meter las narices en los asuntos de Bielorrusia’”, declaró Lukashenko.

El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, ha señalado que el Kremlin de momento no dispone de los detalles acerca de los datos de los servicios de inteligencia de Minsk que apuntan que el envenenamiento de Navalny pudo haber sido falseado.

Ayer el gobierno alemán anunció que tenía “pruebas inequívocas” de que Navalny fue envenenado “por un agente nervioso del tipo novichok”.

El 20 de agosto Navalny fue ingresado en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Omsk después de desvanecerse en el interior un avión que iba a llevarlo de vuelta a Moscú desde Tomsk, en Siberia.

De Omsk fue trasladado a un hospital de Berlín, donde el ejército le ha examinado, concluyendo con que la causa de su estado era el envenenamiento.

Un envenenamiento con novichok habría causado la muerte a Navalny y no un coma, según uno de los científicos que desarrollaron el tóxico.

La teoría de la conspiración ‘buena’: Putin ha envenenado a otro de sus opositores

¿Creían Ustedes que sólo había una teoría de la conspiración y una única especie de conspiranoicos? Se vuelven a equivocar porque hay dos, como todo en este mundo: los buenos y los malos. ¿Quiénes son los buenos? Nosotros, claro. ¿Quiénes son los malos? Los que no están de acuerdo con nosotros.

Una teoría de la conspiración “buena” es la que leímos ayer en las cadenas de información del mundo entero: Alexei Navalny, el opositor a Putin, ha sido envenenado por orden del Presidente ruso con un derivado del ya famoso novichok.

¿Cuál es la fuente? Un laboratorio del ejército alemán que le ha examinado. Naturalmente, la fuente que hasta ahora ha dicho lo contrario, que fue una hipoglucemia, miente porque es un hospital ruso.

Apenas hacen falta más pruebas porque, como ha dicho el Washington Post, es un método tradicional con el que Putin elimina a sus adversarios políticos (1), como es el caso de Piotr Verzilov (de los Pussy Riots), Vladimir Kara-Murz y otros que nosotros añadimos por nuestra cuenta: Anna Politovskaia, Alexander Litvinenko, Boris Nemtsov, Serguei Skripal

Seguro que los lectores no han podido evitar escuchar ese tipo de noticias. Tan seguro como que jamás han leído que el dirigente palestino Yasser Arafat fue envenenado con polonio-210, es decir, igual que Litvinenko.

Ahora bien, que Navalny haya sido envenenado por Putin es moneda corriente, pero que Arafat haya sido envenenado por el Mosad es propio sólo de conspiranoicos y por eso los medios nunca han dicho nada al respecto.

En la larga lista de envenenados, El Mundo incluyó a Katerina Yushenko (2), la mujer del Presidente ucraniano de 2005 a 2010 que llamó a “limpiar de suciedad” su país, renunciar a los símbolos “satánicos” del comunismo y mandarlos al “basurero de la historia”. Hasta que los ucranianos no lo hicieran “no podrán recibir el bienestar ni la bendición divina”.

Poco después llegó esa “bendición divina” en forma de Golpe de Estado fascista, pero antes su marido también fue envenenado. Por lo menos eso dijeron los médicos que le trataron en el hospital Rudolfinerhaus de Viena, aunque aquella vez el veneno utilizado fueron dioxinas ingeridas por vía oral.

En 2004 los Yushenko participaban en la campaña electoral que los llevaría a la Presidencia y su enemigo era Viktor Yanukovich, al que sólo barrerían del mapa diez años después con el Golpe de Estado fascista.

Este tipo de batallas no se entablan sólo entre un gobierno y la oposición. A veces todo es mucho más familiar, como en el caso de Navalny: su mujer es hija de Boris Abrosimov, un antiguo jefazo del KGB que ahora ejerce como banquero a cargo de los activos rusos en Londres. Abrosimov es un hombre muy cercano a Alexander Lebedev, antiguo coronel del KGB. En 2008 la revista Forbes lo incluyó entre los oligarcas rusos más poderosos y la 358 persona más rica del mundo. Es propietario de varios periódicos británicos, como “The Independent” o “Evening Standard” y a su hijo le han nombrado recientemente “par” del Reino Unido.

Navalny no es, pues, ningún opositor ruso. Mucho menos los medios le pueden presentar como un campeón de la lucha contra la corrupción en Rusia. Es un peón de la oligarquía, metido hasta las cachas en todos y cada uno de sus tejemanejes. Lo pueden llamar “corrupto” si la palabra no fuera otra cosa que un sinónimo del mismo capitalismo ruso.

En otras palabras: Navalny ha luchado contra la corrupción tanto como Bárcenas.

(1) https://www.washingtonpost.com/world/2020/08/21/why-poison-is-weapon-choice-putins-russia/
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2020/08/20/5f3eb3be21efa0543d8b459f.html

¿Pedagogía o pandemigogia?

La declaración de una pandemia por parte de la OMS en marzo de este año y la subsiguiente actuación de varios gobiernos del mundo cerrando las escuelas, condenando las personas adultas y menores a arresto domiciliario e impidiendo a los niños y niñas relacionarse entre sí, ha tenido, tiene y tendrá repercusiones importantes en el desarrollo mental de las criaturas.

Así lo afirman diversos estudios derivados de encuestas realizadas durante los períodos de arresto domiciliario. Aunque la inmensa mayoría de artículos publicados por profesionales de la psicología y psiquiatría no ponen en tela de juicio las órdenes emanadas desde los órganos ejecutivos y legislativos, sino que se limitan a recomendar lo que deben hacer ante posibles desórdenes de tipo emocional, cognitivo o funcional de los niños y niñas. Todos ellos tratan de explicar cómo convencer a las criaturas que “es por su bien”, cómo entretenerlos, cómo explicarles que no pueden ver a los abuelos o abuelas, cómo aprender a resignarse a estar encerrados, cómo explicar que no se trata de un castigo, etc., etc.

Pedagogía, paidagogeo del griego paidion “niño”, y agogos “guía, conductor”, ha tenido y tiene diversas interpretaciones a lo largo de la historia, de acuerdo a el sistema político-cultural imperante.

Algunas interpretaciones limitan esta ciencia a un mero instrumento técnico de “cómo” educar, otras de “qué enseñar”. Otras lo definen como un acompañamiento en el desarrollo integral, intelectual, físico, emotivo en el proceso del desarrollo de la personalidad, y entre estas últimas, dos grandes escuelas: las que prestan servicio a las clases dominantes y las que están al servicio del proletariado.

Podemos afirmar, sin lugar a dudas que los sistemas paidológicos oficializados en sociedades basadas en la propiedad privada, tienen por objetivo la reproducción del capital (Marx afirmaba que el capital no es una acumulación de bienes materiales, edificios, maquinaria, etc., sino una reproducción de las relaciones sociales en una escala siempre creciente). Dicho de otro modo, su objetivo es poder configurar una pequeña parte de las criaturas como futuros administradores del capital y otra mayor parte para que queden subordinados a él.

Tal operación paidológica se pone de manifiesto en los contenidos curriculares que definen lo que se tiene que enseñar desde la más tierna infancia, con independencia de los últimos avances de la técnica educativa utilizada. Ya advirtió, acertadamente Ferrer Guardia sobre ello: “Del mismo modo que han sabido arreglarse cuando se ha presentado la necesidad de la instrucción, para que esta instrucción no se convirtiese en un peligro, así también sabrán reorganizar la escuela de conformidad con los nuevos datos de la ciencia para que nada pueda amenazar su supremacía” (Francisco Ferrer Guardia. La Escuela Moderna).

Haciendo un breve repaso histórico dos grandes corrientes en el mundo de la pedagogía se han enfrentado tanto en el área capitalista como en lo que en su momento fue un intento de construcción del socialismo. En los sistemas capitalistas han aparecido diversas corrientes, ya sea impulsada por el pensamiento más liberal, anarquista o comunista. Podemos destacar la corriente liberal de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos en España, la pedagogía progresista de John Dewey o Georges Snyders, la pedagogía crítica de Paulo Freire o Peter McLaren, la proletaria de Celestine Freinet, la de Josualdo, Ponce, Vasconi… En fin la lista sería larga y no es el objetivo de este escrito. Tan solo apuntar que en la URSS ya desde los primeros años se desencadenó una intensa polémica en torno a un tipo de pedagogía que rompiera con la tradición progresista de la sociedad capitalista, por un lado la escuela experimental del Comisariado del Pueblo, dirigida por Schatzky y la instrumental promulgada por Kairov, siendo ésta última la que se impuso, con una pequeña excepción al finalizar la segunda guerra mundial en la escuela media de Pavlish dirigida por Vasili Sujomlinski. Asimismo en China, en 1957 se vivió un gran debate, por un lado los defensores de la “Pedagogika” de Kairov, cuyo máximo exponente fue Lu Ting-Yi, y los defensores de la revolución cultural. Al final se impusieron las teorías de Liu Shao-Chi y Lu Ting-Yi.

Frente a las recomendaciones conductistas de los profesionales de la enseñanza o la psicología, Sujomlinski señala: “No se puede concebir la escuela en un ambiente artificialmente creado de asepsia ideológica. Alrededor del niño o adolescente bulle una vida compleja y contradictoria, a menudo aquel se encuentra en la encrucijada de diversas influencias. Y lo que hay que hacer no es ponerle a cubierto de influencias ajenas, sino enfrentarlo a ellas, obligar a su pensamiento escudriñador a analizar autónomamente los fenómenos y las situaciones de la vida”. Añade posteriormente: “No admitimos que el maestro se aficione a estos procedimientos de la enseñanza acelerada basados en la opinión de que la cabeza del niño es un mecanismo electrónico capaz de asimilar sin interrupción. El niño es un ser vivo y su cerebro, un órgano sumamente fino y tierno que hay que tratar con cuidado y prudencia… En el juego se revela ante los niños el mundo, se revelan las aptitudes creativas de la personalidad. No hay ni puede haber sin juego un desarrollo mental pleno. El juego es una inmensa ventana por la que penetra en el mundo espiritual de los niños un torrente vivo de ideas y conceptos sobre el mundo circundante. El juego es la chispa que enciende el fuego de la curiosidad y el ansia de saber… ¿Qué significa ser un buen maestro? Un buen maestro es ante todo una persona que ama a los niños, que encuentra alegría en la comunicación con ellos… Cuando el horizonte del maestro es infinitamente más dilatado que el programa escolar, cuando el conocimiento del programa no ocupa el centro del cerebro, sino que queda allá por algún lado de los sectores activos de la corteza cerebral, entonces, y solo entonces, llega el maestro a ser un auténtico artista, un poeta del proceso pedagógico… La dirección de una escuela es, en primer lugar, dirección pedagógica y, allá en último lugar, dirección administrativa” (Vasili Sujomlinski. Pensamiento pedagógico. Progreso 1975).

Estas consideraciones de Sujomlinski vienen al caso de la situación de terror social propiciado desde el gobierno, pero lamentablemente asumido, e incluso magnificado por los representantes de la llamada comunidad educativa. Haciendo un pequeño repaso a las propuestas y reivindicaciones de los sindicatos de la educación, es de lamentar que su gran preocupación sea garantizar la salud del personal educativo, la rebaja los ratios de alumnado por clase, la contratación de más personal, etc. ¿Pero y los niños y niñas? ¡Ah!, éstos pueden ser peligrosos, tal como se queja Manuel Pulido responsable de educación de Comisiones Obreras: “Estamos muy indignados, no podemos confiar en las instituciones, nos obligan a convertirnos en un foco de rebrotes”. Opiniones semejantes son las expresadas por los demás sindicatos de la enseñanza cualquiera que sea su orientación política, priorizando sus intereses corporativos por encima de cualquier reflexión pedagógica con sensibilidad humanista. Otra central sindical lo expresaba de forma similar: “No entendemos que la prevención sea la principal directriz en todos los ámbitos de la sociedad («distancia-manos-mascarilla») pero que estas ideas de máxima prevención no se apliquen en la educación… Hacer pruebas periódicas a todo el personal de los centros y a los alumnos. Haría más eficaz y rápido el sistema de detección y aislamiento de casos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de niños son asintomáticos, que en un centro educativo puede llegar a haber cerca de 1.000 personas a la vez y que, por lo tanto, puede haber un gran contagio dentro de un centro sin que nadie se de cuenta, que se extenderá al exterior sin control (padres, abuelos, amigos…). Por eso son del todo necesarias las cribas periódicas para detectar positivos”.

Tal vez en lugar de mirar tanto la televisión podrían leer algunas referencias como por ejemplo en British Medical Journal “Large volume screening at a time of low prevalence has the potential to do more harm than good and some of these strategies should be temporarily suspended” (https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808/rr-22). Los científicos recomiendan, en consecuencia, que los gobiernos pongan fin a los tests masivos, porque carecen de sentido en este momento, ya que contribuyen a crear la ilusión de una epidemia y dan lugar a medidas contraproducentes.

Afirmaciones como las enunciadas por los sindicatos de la enseñanza de atribuir a las criaturas el contagio de sus padres y abuelos, y con ello la posibilidad de su muerte a tenor de las noticias propagadas por los medios de comunicación, es propio de mentalidad enfermiza, de patologías relacionadas con el “delirium tremens” o peor, implementando y divulgando una idea de culpabilidad del mal devenir de sus familiares, lo que aboca a las criaturas a una sensación de terror al pensar en que ellos serían los culpables, creando una relación causa-efecto respecto de la posible muerte de sus abuelos o abuelas, padres, madres o amigos y amigas, cuando a ellos les clasifiquen como “contagiados” por indicadores carentes de certeza.

Maestros de Wikipedia, de TVE, dóciles funcionarios prejuiciosos y sin el conocimiento necesario para realizar una reflexión en torno al mundo de la biología, a sus diferentes concepciones, incapaces de distinguir entre síntoma, signo y síndrome, entre asintomatología, presintomatología y sintomatología, sin saber explicar más allá de la repetición, como loros, del discurso administrativo… Quienes realizan estas afirmaciones sobre la prevención y la seguridad, deberían buscar trabajo en alguna empresa de trabajo anodino y rutinario desvinculado de las relaciones personales, pero no en el mundo de la pedagogía.

El Presidente del Colegio de Biólogos de Euskadi, ha publicado un informe en el que sostiene que los casos asintomáticos de Covid-19 no contagian. “La utilización del término asintomático puede inducir a equívoco con el de «presintomático». El asintomático “no contagia”, el presintomático “muy difícilmente contagia” (se tendrían que dar unas condiciones de relación personal más bien en intimidad) y el sintomático “es difícil que contagie en el exterior”.

Ni un solo interrogante sobre la capacidad inmunizadora de las criaturas, si no padecen alguna patología confirmada, ni una exigencia sobre la necesidad psico-afectiva y de relación humana. Tan solo la preocupación de su estatus docente. Nada nuevo, son funcionarios o funcionarias, y el diccionario define perfectamente que es: “Funcionario: empleado que está al servicio de la administración pública”, algo muy distinto de pedagogo/a que es estar al servicio de las criaturas, por lo tanto no es de extrañar que transmitan el mensaje infodémico emanado de dicha administración pública.

Tal vez habría que plantear en el sistema educativo la sustitución de los funcionarios por pedagogos que tengan como prioridad la relación estrecha vital, física, emocional con las criaturas y, para ello, ser capaces de discernir entre los diversos discursos políticos y científicos alrededor de la apocalíptica pandemia. Si bien es cierto que hay auténticos pedagogos y pedagogas, con amplios conocimientos más allá de los contenidos curriculares dedicados a la enseñanza científica del acompañamiento vital de las criaturas en edad escolar, sus voces quedan censuradas, apagadas por el corporativismo profesional del funcionariado.

“La escuela, en efecto, ha sido siempre el reino de lo cognitivo. Al entrar, a profesores y alumnos se les ha preguntado: ¿qué sabes? A la salida se les ha vuelto a preguntar: ¿qué has aprendido? Pocas veces se pregunta, a unos y a otros: ¿qué sientes?, ¿eres feliz?, ¿sabes expresar tus emociones?, ¿sabes captar las emociones de los demás? Las trabas son la rutina, que es el cáncer de las instituciones, la falta de formación emocional de los docentes, la presión institucional y social sobre el currículum académico. No se puede dar lo que no se tiene” (Santos Guerra: «Una pantalla no es la escuela, la dimensión socializadora exige presencia») ¿En qué han pensado los funcionarios del sistema educativo cuando proponen tomar la temperatura a cada escolar antes de entrar a clase? ¿Se imaginan la sensación de una criatura a la que se le detectan dos o tres décimas por encima de “lo establecido” que se la aparte de los demás como si fuera apestosa? ¿Piensan cual será la reacción de los amigos o amigas a los que se les embrutece su cerebro advirtiéndoles de no acercarse a su amigo o amiga porque alguien dice que “está infectado”? ¿Han pensado lo que la palabra infectado, dicha sin el más mínimo rubor, puede suponer en el consciente y subconsciente de una criatura?

Si en relación a los contenidos de la enseñanza, no dudan en aplicar humildemente los contenidos curriculares emanados de una corrupta Administración al servicio de las clases dominantes, aplican también las órdenes cívico-militares de la guerra contra un fragmento de ARN, en vez de explicar de forma sencilla y clara lo que es un virus, su estructura, su diferencia respecto a una bacteria u otros organismos unicelulares, cuántos millones de virus respiramos y expelemos cada vez… en qué momento pueden causar enfermedad, por qué, cómo debemos cuidar nuestro cuerpo y nuestras emociones… En definitiva, hablar de salud que es la forma natural de los seres humanos, en lugar de transmitir que somos un foco de enfermedad y muerte, lo cual es totalmente falso.

Josualdo, en su trabajo inicial como maestro, se sintió obligado a hacer una fundamental opción: “…o yo respondía con mi trabajo a los intereses de la empresa explotadora de la región (…) o a las necesidades e intereses de los habitantes de la aldea, en su mayoría, obreros y gregarios de la Empresa (…) Desde luego, me decidí por la aldea y los habitantes, porque allí empecé a tener una nueva medida de mis relaciones humanas y el verdadero concepto de las contradicciones sociales que vivía” (Jesús Aldo Sosa Prieto. Vida de un maestro. 1935).

Cuando los asalariados de la enseñanza no recapacitan sobre su labor, mientras el trabajo pedagógico no deje de ser un “modus vivendi” para cualquiera que apruebe unos exámenes, mientras los pedagogos no hagan una apuesta clara de intereses a los que sirven, la destrucción del espíritu crítico y del contenido ético y emocional sobre lo aprendido por las criaturas está asegurada.

La pandemia política y económica, que no un microscópico virus, ha puesto al descubierto la degradación de la sociedad en la cual vivimos. Es más necesario que nunca preguntar qué otro tipo de sociedad queremos, si estamos dispuestos a luchar para conseguirla, y, entonces podremos abordar el tema educativo cuya única preocupación sean las criaturas para ayudarlas a crecer, pensar y actuar de forma crítica con el estado de las cosas.

Reflexiones sobre la nueva campaña de intoxicación mediática contra la okupación

Una vez cada año vuelve a suceder lo mismo. Los medios de comunicación (y los desvergonzados anuncios de empresas de seguridad privada, como Securitas Direct) comienzan una campaña contra la okupación, haciéndonos creer que si nos vamos de vacaciones una semana unos desalmados van a entrar en el piso que tanto dinero nos cuesta cada mes, se van a quedar con él por la cara y nos vamos a tener que ir a vivir debajo de un puente durante un año, hasta que un juez se digne a autorizarnos a volver a nuestra vivienda.

Pues durante el pasado mes de agosto, lo mismo ha vuelto a suceder. Una intensa campaña anti-okupa ha copado incontables horas de los medios de comunicación. En el artículo “Ración diaria de okupas en televisión: cómo convertir un problema en el problema”, Dani Domínguez (La Marea) nos lo ilustra de la siguiente manera:

“Prácticamente cada día les contamos historias de propietarios que tienen sus viviendas okupadas”. Así reconocía Matías Prats el sábado 15 de agosto a mediodía la apuesta informativa de Antena 3 por los casos de okupaciones. También lo hacía Lorena García en Espejo Público el jueves 13: “Hablamos ahora de okupación, un problema que nos preocupa prácticamente a diario en este programa”. Y así fue durante esa semana: en Espejo Público se habló de estos casos de lunes a viernes; en los informativos, tanto al mediodía como por la noche, aunque descansaron el domingo.

El lunes de la semana pasada, los titulares se centraron en la “Alerta okupación” y en los “Okupas impunes”, con declaraciones de varios agentes que aseguraban sentirse “atados de pies y manos” y reclamaban un cambio legislativo. Un cuarto de hora en Espejo Público y prácticamente dos minutos en cada informativo, con noticia en el sumario inicial incluida.

El martes, el leit motiv eran los “Okupas con abogados”, a raíz del vídeo viral en el que una mujer pedía a unos vecinos que se pusieran en contacto “con el abogado”. Poco después, explicó a Cuatro que se trataba de un “malentendido” ya que ella no había usurpado ninguna vivienda, sino que estaba asesorando a una familia en situación muy vulnerable: “Esto era una excepción porque esta vivienda estaba abandonada desde 2013”, argumentó. Tras el acoso que sufrió en las redes anunció este lunes a “El Mundo” que pensaba irse al extranjero.

Ese mismo martes también conectaron con el mundo rural para conocer a los “Okupas en Toledo” que tienen “invadidos” varios pueblos en la región. Casi 20 minutos en Espejo Público y otros dos en cada informativo; de nuevo, sumario mediante.

El miércoles, conexión desde Cubelles (Barcelona). Música de tensión y voces distorsionadas de vecinos que aseguraban estar “viviendo un auténtico infierno”. Uno de ellos rompe a llorar. 12 minutos en Espejo Público –que ese día titula el vídeo en Atresplayer con este caso– y tres minutos y medio entre ambos informativos, que a continuación siguen con información sobre delincuentes que roban a turistas.

El jueves, alternan “Los políticos y okupas” y “Okupan su taller”. Hablan Joan Ribó, alcalde de Valencia, y Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid. El primero propone ir a la raíz del problema para poder atajarlo, poniendo en el mercado vivienda social asequible; Villacís defiende que hay que echarlos. Mismo vídeo del día anterior en el que un señor llora de impotencia. Después, el propietario del taller que da título a la segunda pieza cuenta su lucha por recuperarlo. Nueva noticia: en Badalona, el Ayuntamiento dota a la policía de drones con cámara que lanzarán mensajes y vigilarán a los okupas. Por la noche, antes y después de la ración diaria de okupas, noticias de robos y de asaltos a turistas. Más de media hora en Espejo Público y dos minutos en cada franja de informativo.

El viernes, vuelve el “Dron cazaokupas” y una usurpación durante una reforma. Antes, pintadas vandálicas en los trenes. 27 minutos en Espejo Público y tres minutos y medio en los informativos.

El sábado termina la “semana de la okupación” en Antena 3 con “La batalla legal contra los okupas”, un reportaje en el que los registradores de fincas piden un endurecimiento de la ley. Casi dos minutos.

La razón detrás de la campaña: crisis económica y de vivienda

Tanto tiempo malgastado. Agobia, la verdad. Martín Cúneo escribe respecto de esta última campaña en El Salto en un artículo titulado “El fantasma de la okupación, agítese antes de usar”, en el que dice lo siguiente:

Entre las múltiples mentiras y medias verdades, un hecho aparece como incontestable: nunca desde que se tiene registro la palabra “okupas” había estado tan presente en los intereses de los internautas.

El primer pico de curiosidad por el tema se experimentó el 3 de mayo, cuando diferentes medios de derechas publicaron que el Gobierno permitiría el “empadronamiento de los okupas” para así poder cobrar la renta mínima. La supuesta noticia —que alimentaba el mito de que PSOE y Unidas Podemos legislan para sus “amigos okupas”— no tardó en ser calificada como bulo por diferentes portales de verificación, pero algo de ello debió de quedar, porque pocos meses después, la campaña contra el fantasma okupa volvió con más fuerza.

El verano trajo más titulares y programas sensacionalistas en prime time, un filón que la derecha y extrema derecha no dudaron en utilizar: “Un día de estos os vais de vacaciones y cuando volváis, porque consideran que la casa está vacía, se la dan a sus amigos okupas”, decía Isabel Díaz Ayuso. “Hay que sacarles de una patada en el culo el mismo día”, Santiago Abascal iba más allá. “No puede haber un Madrid tercermundista de okupación”, había declarado Manuela Carmena, entonces alcaldesa de la ciudad, en 2017.

Detrás del sensacionalismo, las medias verdades y el uso interesado del problema, existe un incremento de casos, especialmente desde 2017. Para Lucía Delgado, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) Barcelona, este aumento no es casual sino que corre paralelo a la escalada de los precios del alquiler en las zonas donde más ha crecido la ocupación. “Esto demuestra que la gente no ocupa porque quiere sino porque tiene que vivir en algún sitio”, dice.

El problema de acceso a la vivienda, convertido en crónico desde la crisis de 2008, “va a ir a peor”, sostiene Delgado, por la crisis del covid-19. “Ya está pasando y se va a hacer más visible. Hay ese caldo de cultivo y en vez de ver la ocupación como una consecuencia de las no políticas de vivienda, en vez de afrontar la situación y ver que es una consecuencia de no haber aplicado leyes garantistas, se criminaliza a los de siempre”.

La crisis económica que se viene hará que “mucha gente más no pueda pagar su alquiler o su hipoteca”, dice Delgado. Es en este contexto donde se enmarca la última campaña mediática y política contra la ocupación, que aviva “una lucha entre el último y el penúltimo, una lucha entre el pobre y el más pobre”.

La socialización del miedo

Es decir, el artículo de El Salto identifica como el motor de esta campaña de criminalización la próxima crisis de la vivienda que inevitablemente llegará y la necesidad de allanar el camino ideológicamente contra quienes deban okupar una vivienda para sobrevivir en dicho contexto.

El problema es que el miedo que se socializa no debería corresponder a la mayoría de la población, porque la gran mayoría no se puede permitir tener una vivienda en desuso que se pueda okupar. Cuando compra uno, con el gran esfuerzo que conlleva, suele ser, por ejemplo, para un hijo, para alquilarlo, etc., pero nunca para tenerlo cerrado. Es muy importante entender esto: si alguien entra en la casa en la que vives, no te la está okupando; está allanando tu vivienda. Los delitos de allanamiento y de okupación (llamado “usurpación» en el Código Penal) son tipos penales distintos y su comisión no depende de si alguien está unas horas o unos días fuera de casa cuando alguien accede a su vivienda, sino de la naturaleza del inmueble en el que se ha entrado: si se trata de tu morada, de tu lugar de residencia, estamos ante un allanamiento. Si estamos ante un inmueble en desuso, de una usurpación. En casos de allanamiento de morada el desalojo será inmediato y el morador recuperará su casa inmediatamente.

A esta misma conclusión llega la periodista Elena Herrera en un artículo titulado “La falsa alarma de las okupaciones: la ley ya garantiza el desalojo exprés de los allanamientos de la residencia habitual y la segunda residencia“, publicado en eldiario.es.

Así que se puede afirmar con rotundidad que es falso lo que dice la prensa de que te puedan okupar la casa si te bajas a comprar el pan o si te vas unos días de vacaciones y que no recuperarás la vivienda en varios meses, porque eso no es una okupación. Pero nos quieren hacer creer que sí porque quieren que empaticemos con unas clases altas que sí tienen mucho que perder. Los sectores propietarios usan la okupación como un chivo expiatorio en la gran crisis económica y de vivienda que se empieza a vislumbrar. Los precios del alquiler van a bajar y los rentistas se van a ver perjudicados. Se trata de un conflicto material entre quienes no tienen nada y quienes lo tienen todo.

Los datos reflejan esto, como se puede ver en el artículo “¿Qué hay detrás de la campaña contra la okupación?“, escrito por Emmanuel Rodríguez y publicado en Ctxt:

En 2019, el Ministerio del Interior había registrado 14.621 denuncias por usurpación de viviendas (la denuncia es un trámite casi obligatorio para requerir el desalojo). En los primeros seis meses de 2020, el incremento no había sido especialmente significativo, aun cuando desde 2016 existe un crecimiento moderado de las denuncias, tras el descenso que siguió a la fase más aguda de la crisis de 2008-2013. De acuerdo con otra fuente, el Institut Cerdá, en 2017 había en España 87.000 familias viviendo en viviendas ocupadas ilegalmente. Y según Policía Nacional y Guardia Civil, a finales del año pasado en la Comunidad de Madrid estaban okupadas 4.717 viviendas.

Comparemos estas cifras con el número de viviendas existentes, con el conjunto del parque inmobiliario. El resultado es asombroso: de las más de 25 millones de viviendas que existen en España según el censo de 2011, en 2019 fueron denunciadas por usurpación una de cada 3.571 viviendas y, según las cifras del Institut Cerdá, estaban ocupadas ilegalmente una de cada 300. No parece gran cosa. Considérese además que de esos 25 millones de viviendas, 3,5 millones están vacías, no tienen ningún uso, ni como segunda residencia, ni en alquiler temporal, ni de ningún otro tipo (para seguir con las cifras véase este artículo de Jaime Rubio Hancock).

No obstante, 85.000, o incluso 7.000 mil viviendas okupadas, siguen siendo muchas, sobre todo “si es tu casa la que es okupada”. Otra pregunta pertinente: ¿A quiénes afecta principalmente la okupación de viviendas? Y otra sorpresa. Según Policía Nacional y la Guardia Civil, esta vez con datos de finales de 2017, y sobre las casi 4.000 viviendas okupadas que detectaban en la Comunidad de Madrid, solo algo más de 600 eran de particulares. Es decir, solo una de cada 5.000 viviendas en manos de pequeños propietarios de la región estaba okupada. El resto eran propiedad de bancos y sociedades públicas principalmente. Estas cifras no parecen muy distintas de las de Barcelona y otras ciudades.

Como decimos, este fenómeno criminalizador mediático es recurrente. El año pasado (en marzo de 2019, concretamente) publicamos el artículo “Sobre okupación y la penúltima campaña de intoxicación», escrito por un vecino de Hortaleza, que decía lo siguiente:

En mi grupo de vivienda, han venido familias con una orden inminente de desalojo, familias que acaban de entrar en un piso y querían negociar un alquiler social, personas a punto de ser desahuciadas que habían asumido que no tenían otro camino para no verse en la calle, y otras tantas realidades. Por ello, se han peleado desalojos para evitar su ejecución, se ha hablado con bancos e instituciones públicas propietarias, y se han abierto puertas, todo ello siempre en colectivo, no somos una ONG ni nada parecido. Y tengo que añadir que en más de 6 años, podría contar con las manos los casos en los que el propietario de la vivienda era un particular, porque la gente de mi barrio, y de tantos otros de la periferia, no acumula pisos vacíos. Cuando compra uno, con el gran esfuerzo que conlleva, suele ser, por ejemplo, para un hijo, para alquilarlo, etc., pero nunca para tenerlo cerrado. Realmente los que hemos visto son situaciones donde el banco vendía la vivienda okupada a un pequeño propietario, lo cual plantea una serie de interrogantes, pues el comprador se está beneficiando de un suculento descuento, siendo consciente en todos momentos de la situación, por lo que, nuestra empatía y esfuerzo no deja de estar con las personas que se encuentran dentro, asegurando primero su derecho a la vivienda, antes que el interés particular del propietario, que podría haber optado por una vivienda vacía.

Pero no nos desviemos, las personas que andan en la cuerda floja de la precariedad habitacional, son las primeras conscientes de que un procedimiento judicial va más rápido si estamos ante un propietario particular, por ello, aunque sea de forma pragmática, se suele optar por viviendas de fondos buitre, bancos e instituciones públicas, además de que si, aunque no lo compruebes en el registro de la propiedad, entras en la primera que veas, lo más seguro es que sea de ellos, porque son quienes, como decíamos antes, se pueden permitir disponer de pisos acumulando polvo.

Por todo esto, el primer mantra que suelen repetir quienes intentan hacer campaña contra las okupas, es mentira. No son particulares los más afectados por la okupación. Nuestras propias experiencias y los datos de los estudios que hay sobre el tema lo confirman, pero da igual, seguirán erre que erre.

El segundo suele ser el papel predominante de las mafias en la okupación. Evidentemente hay personas que obtienen un beneficio económico a cambio de abrir una puerta, pero de ahí a llamarlo mafia hay un paso, pues suelen ser personas que ni con esta labor escapan de una situación de precariedad económica. Comparar a las auténticas mafias, con sus vínculos políticos, sus operaciones de blanqueo, tráfico y especulación de millones de euros, sus regueros de muertos, etc., con pequeñas redes de personas con ciertos conocimientos de cerrajería, viene a ser como compararme con Messi porque metí un gol en un pachanga con colegas. Del todo es ETA dentro de la disidencia política, al todo es Mafia fuera de los márgenes económicos.

Este artículo de 2019 no es, ni mucho menos, el primero del estilo que hemos publicado en este medio. La criminalización del fenómeno okupa lo hemos explorado en otras ocasiones (como se puede leer aquí, aquí y aquí), pero nunca antes habíamos percibido los ataques con tanta furia.

Burda manipulación

Tal es el nivel de manipulación en torno a este tema que varios jueces (incluso algunos de derechas) se han echado a Twitter a explicar en hilos qué es y qué no es okupación, lo cual les ha servido para llevarse insultos de varios sectores de la derecha.

Pero da igual que hasta la judicatura (estamento dedicado, por definición, al mantenimiento del orden social y el status quo) muestre indignación con el tratamiento mediático que se está haciendo. La derecha está encantada y está explotando la situación a gusto. A finales de agosto, el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, publicó un tuit reclamando “acabar con la ocupación ilegal y proteger la propiedad privada y la seguridad de los españoles“. Un vídeo con una sucesión de escenas de personas entrando en casas acompaña el mensaje. “Mientras Sánchez no hace nada y sus socios alientan la impunidad, reiteramos la propuesta de recuperar las penas de prisión por usurpación de vivienda y los desalojos en 48h“, insiste Casado en el texto.

Una postura muy similar a la ilustrada reflexión de Albert Rivera, ex-secretario general de Ciudadanos y actual abogado, lo cual hace más sangrante su postura (al menos a Casado nadie se le ocurre llamarle jurista, viendo cómo se sacó la carrera y el máster).

Y no hablemos ya de Vox. Hace unos días, la diputada Rocío de Meer (la misma que llamó a los barrios obreros “estercoleros multiculturales“) aprovechó para explotar el miedo que están generando los medios para asegurar que cuando gobierne la ultraderecha los okupas serán desalojados a patadas (lo cual provocó que, de nuevo, una jueza de derechas tuviera que reprochárselo en redes sociales).

En definitiva, estamos asistiendo a una campaña mediática impulsada por los más privilegiados, que buscan que interioricemos su miedo y pensemos que, si nos vemos en la calle, será por culpa de okupas y la gente pobre, y no por la especulación inmobiliaria. La derecha política está explotando el miedo que se está generando y prometen actuar de forma implacable contra esa ficticia amenaza. Y la izquierda, por su parte, no destaca por hacer una defensa de esta práctica. La mayoría de sus representantes cuando no la criminalizan (no olvidemos que la ex-alcaldesa Manuela Carmena también cayó en la moda de decir que prácticamente si salías a tomarte un café te podían okupar la casa y quedarse tu perro), guardan silencio ante los ataques, o se limitan a decir que la ley actual es suficiente para atajar el “problema».

El por qué de la okupación

Lo que ningún medio está haciendo es entender por qué hay personas que deciden okupar como medio de obtener una vivienda. Por ello, reproducimos a continuación el texto “Vecinas Okupas“, escrito por la extinta Oficina de Vivienda y publicado en este medio hace seis años.

Durante los años de la burbuja inmobiliaria, la vivienda se convirtió en una excelente mercancía con la que especular. Bastaba con dar una vuelta por cualquier barrio para ver aparecer nuevos edificios todas las semanas, en una maniobra de enriquecimiento de unos pocos que parecía no tener fin. Madrid era una ciudad tomada por las grúas, el hormigón y el ladrillo. Sin embargo, en algún momento, alguien decidió llevarse la fiesta a otra parte y la burbuja estalló.

El resultado fue un espectacular aumento del paro, cientos de miles de familias atrapadas en hipotecas trampa y tres millones y medio de viviendas vacías. Hoy, seis años después del estallido oficial de la burbuja, las consecuencias de aquella estafa son más claras que nunca: cada día se producen casi doscientos desahucios y la vivienda se ha convertido en un lujo inaccesible. En este contexto, la okupación de viviendas es una práctica cada vez más extendida.

Aunque no es un fenómeno nuevo –siempre ha existido gente que ha sabido arreglárselas muy bien con esto de la vivienda-, la crisis social en que vivimos ha hecho que recurran a ella muchas personas que hasta ahora no se lo habían planteado. El perfil del okupa ya no es esa imagen estereotipada que algunos siguen teniendo en la cabeza: hay tantas okupaciones como ocupantes y motivos para hacerlo. En realidad, cualquier motivación es válida, desde la de familias que no tienen otro lugar para vivir o que han sido desahuciadas a la de las personas que lo hacen como una opción política. Abrir una casa vacía para habitarla no solo permite que la persona que lo hace pueda encontrar un lugar donde residir, sino que también tiene beneficios para el resto de vecinas. Las viviendas vacías producen una gran cantidad de problemas, tanto para el edificio como para el resto de la sociedad. Cuando no están habitados, es mucho más probable que los pisos tengan problemas de humedad y salubridad que cuando tienen habitantes, ya que no hay nadie que se preocupe de su mantenimiento. Además, en los casos en los que los bancos son los dueños de las viviendas –por ejemplo, porque se ha producido una ejecución hipotecaria- estos se niegan a pagar los recibos de la comunidad, haciendo que estas se arruinen y se vean obligadas a cortar servicios esenciales. En cambio, la mayoría de las personas que okupan una vivienda hacen lo posible por contribuir a estos gastos, ya que también necesitan esos servicios y comprenden la situación de la comunidad. Pero además, la okupación también tiene beneficios para el conjunto de la sociedad. La existencia de viviendas vacías que permanecen cerradas mantiene elevados los precios de los alquileres y las hipotecas, ya que todas esas viviendas no salen al mercado. En cambio, cuando existe un movimiento fuerte de okupación, los propietarios de pisos se ven obligados a bajar los precios, ya que de otra forma no pueden alquilarlos.

Así, las personas que optan por la okupación no solo rompen con el círculo que les obliga a pagar precios enormemente elevados para tener una vivienda, sino que también contribuyen a luchar contra un sistema cruel e injusto. De hecho, esta ha sido siempre una de las principales motivaciones de la okupación, que es una herramienta fundamental de lucha contra un sistema económico que tiene en la propiedad privada su base fundamental. Las personas que okupan, sean cuales sean las razones por las que lo hacen, están atacando dos de los pilares que sustentan el capitalismo: la propiedad privada y el sistema legislativo. Hemos internalizado la dominación hasta tal punto que nos parece admisible que alguien que no posea ninguna vivienda tenga que pagar una cantidad de dinero al mes –un alquiler- a otro que tiene varias, cuando lo lógico sería que esas desigualdades no pudiesen existir o que, al menos, las personas que tuviesen más no pudiesen explotar impunemente al resto hasta el límite de obligarlas a vivir en la calle. Al okupar,estamos cuestionando un sistema cruel, injusto e ilegítimo que permite que existan casas vacías mientras hay gente que carece de ellas. Por eso, la okupación no es solo la respuesta a una situación concreta de necesidad, sino también una elección política. Mantener una vivienda vacía excluyendo a otra gente de su uso por el simple hecho de tener un papel de propiedad no es legítimo ni respetable.

Siempre estaremos del lado del que lucha contra un sistema que permite que existan cinco millones de viviendas vacías y cientos de miles de personas sin casa. En tanto que ataca a un sistema injusto y se niega a obedecer las leyes que lo protegen, toda okupación es un acto político.

A pesar de los falsos mitos que ha interesado difundir, las personas que okupan una vivienda no son diferentes del resto de vecinas. De hecho, es muy posible que algunas de tus vecinas sean okupas y ni siquiera te hayas dado cuenta, desde la familia con dos niños del segundo a la chica con pinta de universitaria del tercero ola pareja con perro del quinto. El ejemplo más reciente es el caso de Jorge, padre de una familia de tres hijos que habitaba una vivienda en el distrito de Usera hasta que fue desahuciado por el banco propietario del inmueble.

Al contrario de lo que alguna gente cree, las viviendas recuperadas no son focos de problemas o suciedad: las personas que las habitan las cuidan porque son sus hogares, y además, para mantenerlas el mayor tiempo posible es imprescindible tener buenas relaciones con las vecinas. Por ello, las personas que okupan una vivienda tratan de molestar menos aún que el resto. Además, de todas formas, si surgen dificultades de convivencia se pueden resolver entre las vecinas, como se hace en cualquier otro caso. Lo único que diferencia a las personas que okupan delas demás es que han comprendido que las injusticias no se van a resolver por sí solas, sino que hay que ponerse manos a la obra. Que sus vidas están en sus manos y que no van a esperar a que nadie decida por ellas. Que van a tomar las casas vacías y las van a llenar de vida.

Por fortuna, no todo son malas noticias. Algunos colectivos, como por ejemplo Distrito Catorce (Moratalaz) han decidido plantar cara contra la campaña anti-okupación mediante la difusión de carteles, panfletos y consignas que aportan datos reales y hacen de contrapeso a la intoxicación mediática que procura envenenar las mentes de la población.

https://www.todoporhacer.org/campana-okupacion/

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