La web más censurada en internet

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Arrecian las presiones sobre X/Twitter para que censure las críticas al sionismo

En la guerra actual Israel ha perdido la batalla de la información. X/Twitter se encuentra sometido a fuertes presiones por parte de las grandes potencias para censurar la información independiente sobre la masacre contra Gaza. Los organismos de la Unión Europea han dejado de publicar mensajes en la red y la Casa Blanca acusa a Elon Musk de promover el antisemitismo.

A medida que se intensificaba la agresión militar de Israel contra la población de Gaza, y después del corte de la conexión a internet al comienzo de los bombrdeos israelíes, los palestinos hicieron un llamamiento a Musk para que su red de satélites Starlink restableciera las comunicaciones.

La etiqueta #starlinkforgaza ganó popularidad rápidamente en X/Twitter. A través de su plataforma, Musk anunció que Starlink restablecería la conexión a internet de las organizaciones humanitarias en Gaza.

La iniciativa no agradó en absoluto a los sionistas que acusaron a Musk de apoyar a los “terroristas”. La cascada de improperios fue la misma de siempre: antisemitas, negacionistas, conspiranoicos…

El portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, condenó las declaraciones de Musk, calificándolas de “mentira atroz” y recordando que van en contra de los principios fundamentales de Estados Unidos. Destacó la importancia de rechazar cualquier forma de expresión que dañe la dignidad y la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

Musk decidió responder atacando a la Liga Antidifamación (ADL), una organización que quiere censurar la lucha contra el sionismo. Denunció que las potencias occidentales apoyan al Estado de Israel y sus colonos.

La polémica ha desatado un amplio debate sobre las políticas cada vez más estrictas de censura que las grandes potencias quieren introducir en los medios independientes y las redes sociales para continuar sosteniendo a un Estado de apartheid, como Israel.

Caza de brujas en Google contra los trabajadores solidarios con Palestina

La guerra de Israel contra los palestinos ha creado tensiones dentro de los grandes monopolios, como Google. En una carta abierta un grupo de trabajadores del holding tecnológico denuncian que Google está con los sionistas y exigen a los cabecillas de la multinacional que se posicionen contra la masacre que Israel está cometiendo en Gaza.

En Google impera una política antipalestina e islamófoba. En los centros de trabajo los palestinos, musulmanes y árabes han sido insultados y calificados de “terroristas” y “animales”.

Los cabecillas de Google llegaron a preguntar a los trabajadores solidarios con Palestina si apoyaban a Hamas cuando expresaron su preocupación por las familias palestinas, muchas de las cuales están sometidas a los criminales bombardeos del ejército israelí.

Cuando los trabajadores intentaron recoger dinero para las organizaciones palestinas de solidaridad, los jerifaltes dijeron que no podían apoyar a las escuelas y hospitales de Gaza porque albergaban “terroristas”. La carta también afirma que un directivo de Google estaba a favor de utilizar los vastos recursos de la empresa para espiar a sus trabajadores y acosarlos internamente.

Un ingeniero de programas, Sarmad Gilani, dijo en una entrevista con el New York Times que cualquier crítica al ejército o al gobierno israelí da lugar a acusaciones de antisemitismo por parte de Google.

El Proyecto Nimbus

En 2021 los trabajadores de Google y Amazon también pubicaron una carta abierta en la que pedían a las multinacionales que cancelaran el Proyecto Nimbus. El acuerdo de las empresas tecnológicas con Israel aumentaría la vigilancia masiva de los palestinos y recopilaría datos ilegalmente. La nueva carta reitera muchas de esas denuncias. Los trabajadores piden a Google que deje de hacer negocios con un gobierno que practica el apartheid.

El Proyecto Nimbus es un proyecto de computación en la nube del gobierno israelí y su ejército. El Ministerio de Finanzas de Israel anunció en abril de 2021 que el contrato tiene como objetivo proporcionar “al gobierno, al sector de defensa y a otros una solución integral de computación en la nube”. Como parte del contrato, las empresas establecerán sitios locales en la nube que “mantendrán la información dentro de las fronteras de Israel bajo estrictas pautas de seguridad”.

El contrato es de 1.200 millones de dólares y Google y Amazon han sido seleccionados para proporcionar servicios de computación en la nube a los sionistas, incluidos la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.

Las cláusulas del contrato prohíben a Amazon y Google interrumpir sus servicios debido a las presiones del boicot BDS que se entiende por el mundo. Las empresas de tecnología también tienen prohibido negarse a proporcionar servicios a determinadas instituciones públicas israelíes.

Los trabajadores temen que el Proyecto Nimbus conduzca a nuevas matanzas de palestinos. Les preocupa que la tecnología permita una mayor vigilancia de los palestinos y la recopilación ilegal de datos sobre ellos, facilitando la expansión de los asentamientos ilegales de Israel en las tierras ocupadas.

A Ariel Koren, que trabajaba como director comercial de los productos educativos de Google y se oponía abiertamente al proyecto, le dieron un ultimátum: mudarse a Sao Paulo en un plazo de 17 días o el despido.

En una carta anunciando su dimisión, Koren escribió que Google “silencia sistemáticamente las voces palestinas, judías, árabes y musulmanas que están preocupadas por la complicidad de Google en las violaciones de los derechos humanos palestinos, hasta el punto de tomar represalias formales contra los trabajadores y crear un ambiente de miedo”, reflejando su opinión de que el ultimátum era una represalia por su oposición al Proyecto Nimbus.

La carta de los trabajadores de Google ha desatado una amplia campaña de apoyo con la consigna “No a la tecnología para el apartheid” (https://www.notechforapartheid.com/).

Los ‘trolls’ sionistas inundan las redes sociales de publicidad

Desde el 7 de octubre Israel ha inundado YouTube de publicidad. El Ministerio de Asuntos Exteriores gastó más de 7 millones de dólares en anuncios en las dos semanas posteriores a la incursión palestina. Gran parte del contenido viola los términos de servicio de YouTube, incluidos varios anuncios que mostraban imágenes sangrientas de cadáveres.

El objetivo es ocultar los crímenes de guerra sionistas. Para Israel la batalla por controlar su imagen pública es casi tan importante como su campaña militar. Mientras mata a miles de personas en Gaza, los sionistas gastan millones de dólares en la guerra de propaganda, comprando anuncios en las redes sociales.

El gobierno israelí se ha centrado en los países occidentales ricos, siendo sus principales objetivos Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania y Bélgica. El mensaje general de la campaña fue que Hamas es un grupo terrorista vinculado al yihadismo y que Israel –una democracia moderna y secular– se defiende de una agresión exterior.

En sólo una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó 30 anuncios que fueron vistos más de 4 millones de veces en Twitter. Al igual que con YouTube, la publicidad se dirige especialmente a adultos de Europa occidental.

Uno de los anuncios contiene las palabras “Isis” y “Hamás”, mostrando imágenes inquietantes que se aceleran gradualmente hasta que los nombres de los dos grupos se funden en uno. En caso de que el mensaje no fuera lo suficientemente claro, terminaba con el siguiente mensaje: “El mundo ha derrotado a ISIS. El mundo derrotará a Hamás”.

“Sabemos que tu hijo no puede leer esto. Tenemos un mensaje importante que enviarle como padres. 40 niños fueron asesinados en Israel por terroristas de Hamás (Isis). Así como usted haría cualquier cosa por su hijo, nosotros haremos todo lo posible para proteger al nuestro. Ahora toma a tu bebé en brazos y quédate a nuestro lado”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores también compró una gran cantidad de anuncios en Facebook, Instagram, juegos y aplicaciones como Duolingo.

El bombardeo de la iglesia ortodoxa de San Porfirio

Al mismo tiempo, un ejército de trolls sionistas ha invadido la función “Notas de la comunidad” de X/Twitter, intentando desviar el debate en línea en torno a la guerra y la limpieza étnica en ciernes.

La función tiene como objetivo prevenir las noticias falsas. Los colaboradores que se registren para esa función pueden dejar notas en cualquier publicación, agregando contexto a declaraciones potencialmente engañosas. Luego, la comunidad vota sobre estas notas y, si suficientes personas consideran que la nota es útil, aparece debajo del mensaje original.

Desde el 7 de octubre el ejército de trolls sionistas se han apoderado de la función y está intentando socavar las publicaciones que muestran a Israel bajo una luz negativa o a Palestina bajo una luz positiva.

A un mensaje de una comentarista política libanesa anunciando que Israel acababa de bombardear la iglesia de San Porfirio en Gaza los trolls le agregaron una calificación que decía “falso”. La Iglesia Ortodoxa de San Porfirio en Gaza informó que no se vio afectada y estaba en funcionamiento desde el 9 de octubre. Pero el bombardeo ocurrió diez días después de publicar esa nota, por lo que cualquier declaración anterior era engañosa. Israel tuvo que admitir finalmente su responsabilidad por la destrucción de la iglesia.

La propaganda sionista en la Wikipedia

Durante más de una década, grupos sionistas bien organizados y financiados se han infiltrado en la Wikipedia para reescribir la enciclopedia, defender la política de ocupación y demonizar las protestas.

Uno de los grupos más conocidos es el Consejo de Yesha, que en 2010 afirmaba tener 12.000 miembros activos. Entre 2010 y 2012 el equipo fue supervisado y coordinado personalmente por Naftalí Bennett, que luego fue primer ministro del gobierno de Tel Aviv.

Los trolls vigilan cuidadosamente los contenidos, eliminando lo que no les conviene y redactando artículos de la manera más favorable para Israel. Aquellos a quienes Yesha considera los “mejores editores sionistas” reciben recompensas, incluidos paseos gratuitos en globo aerostático.

Wikipedia conoce el problema, pero se ha negado a solucionarlo por lo que ya sabemos de su fundador, Jimmy Wales, al que le dedicamos una entrada hace ya cinco años. Quien mueve los hilos es su mujer, Kate Garvey, fue la secretaria privada de Tony Blair, cómplice en la invasión militar de Irak.

Otro grupo proisraelí organizado es Act.IL, una aplicación patrocinada por el gobierno israelí con más de un millón de dólares al año. Act.IL anima a los usuarios a intoxicar masivamente en las redes, dejar respuestas en las secciones de comentarios de los sitios web o impulsar y compartir publicaciones israelíes en línea.

El objetivo es crear una ola aparente de apoyo a Israel en foros importantes para influir en la opinión pública.

La Unidad 8200

Antiguos militares israelíes y miembros del gobierno del Tel Aviv ocupan altos cargos en muchas de las plataformas más importantes del mundo. Emi Palmor, por ejemplo, es una de las 22 personas que forman parte del consejo de supervisión de Facebook. Anteriormente fue directora del Ministerio de Justicia de Israel, encargada de supervisar la supresión de los derechos palestinos. Creó una “Unidad de Política de Internet” que presionó a Facebook para que eliminara el contenido palestino al que se oponía el gobierno israelí. Es ella quien define las reglas de Facebook, decidiendo el contenido que se debe promocionar entre los 3.000 millones de usuarios de la plataforma, así como el que se debe censurar y eliminar.

Palmor es una veterana de la Unidad 8200, la unidad más controvertida del ejército israelí, una especie de Agencia de Seguridad Nacional al estilo estadounidense y una pieza central de la industria de vigilancia de los ocupantes.

La Unidad 8200 espía a la población palestina, recopilando extensos archivos sobre millones de personas, incluidos sus historiales médicos, vida sexual e historiales de búsqueda, para luego utilizarlos con fines de extorsión. Los militares suelen utilizar como informantes a las personas sospechosas de engañar a su cónyuge o de participar en actividades homosexuales. Un veterano admitió que, como parte de su entrenamiento, se le asignó la tarea de memorizar diferentes palabras árabes para “gay” para poder detectarlas en las conversaciones.

Los vigilantes de la Unidad 8200 han diseñado muchas de las herramientas de espionaje más controvertidas del mundo, similares a Pegasus, que luego vendieron a los gobiernos.

Una red de cientos de veteranos de la Unidad 8200 ocupan puestos de dircción en las empresas de tecnología y redes sociales más grandes, como Google, Amazon y Facebook. Por ejemplo, Gavriel Goidel, jefe de estrategia y operaciones de búsqueda de Google, fue anteriormente un dirigente de la Unidad 8200.

El jefe de ciencia de datos de Facebook, Eyal Klein, sirvió durante seis años en la Unidad 8200, donde ascendió al rango de capitán. Después de servir en la unidad, Ayelet Steinitz se convirtió en jefa de alianzas estratégicas mundiales de Microsoft.

Otro personaje que procede de la Unidad 8200, Dov Alfon, es un periodista y escritor israelí, actualmente director de publicación y editorial del diario francés Liberation.

—https://www.mintpressnews.com/pro-israel-trolls-mobbing-twitter-community-notes/286099/

La destrucción de Gaza marca el fin de la propaganda israelí

Gaza ha alterado la ecuación política en Palestina. Además, es probable que las repercusiones de la devastadora guerra en curso alteren el campo político en todo Medio Oriente y reorienten a Palestina como la crisis política más apremiante del mundo en los años venideros.

Desde la creación de Israel en 1948, apoyado por Gran Bretaña y protegido por Estados Unidos y otros países occidentales, las prioridades han sido enteramente israelíes. La seguridad de Israel, la ventaja militar de Israel, el derecho de Israel a defenderse… y mucho más, son los mantras que han definido el discurso político de Occidente sobre la ocupación israelí y el apartheid en Palestina.

Esta extraña concepción estadounidense-occidental del llamado “conflicto”, según la cual el opresor tiene “derechos” sobre los oprimidos y el ocupante tiene “derechos” sobre los ocupados, ha permitido a Israel mantener una ocupación militar de los territorios palestinos que ha durado más de 56 años.

Pero muchos afirman que dura más de 75 años.

Permitió a Israel dejar de lado las raíces del “conflicto”, es decir, la limpieza étnica de Palestina en 1948 y el derecho de retorno de los refugiados palestinos, denegado durante mucho tiempo y totalmente legítimo.

En este contexto, todas las propuestas de paz árabe-palestina fueron rechazadas. Incluso el llamado “proceso de paz”, concretamente los Acuerdos de Oslo, se ha convertido en una gran oportunidad para que Tel Aviv refuerce su ocupación militar, amplíe sus asentamientos ilegales y encerre a los palestinos en espacios similares a bantustanes, humillándolos y sometiéndolos a sanciones raciales y segregación.

Algunos palestinos, seducidos por los regalos estadounidenses o destrozados por una persistente sensación de derrota, se han alineado para recibir los dividendos de la paz entre Estados Unidos e Israel: lamentables migajas de prestigio vacío, títulos vacíos y poder limitado, concedidos o rechazados por el propio Israel.

Sin embargo, la guerra de Israel contra los palestinos en Gaza está cambiando gran parte de este doloroso statu quo.

La continua insistencia del Estado ocupante en que su guerra asesina se libra contra el movimiento Hamas, contra el “terror”, contra el fundamentalismo islámico y todo lo demás, tal vez haya convencido a quienes están dispuestos a aceptar la versión israelí de los acontecimientos tal como son.

Pero cuando los cuerpos de miles de civiles palestinos, incluidos miles de niños, comenzaron a acumularse en las morgues de los hospitales de Gaza y, trágicamente, en las calles, la narrativa empezó a cambiar.

Los cuerpos pulverizados de niños palestinos, de familias enteras que perecieron juntas, son testimonio de la brutalidad de Israel, del apoyo inmoral de sus aliados y de la inhumanidad de un orden internacional que recompensa al asesino y aflige a la víctima.

De todas las declaraciones sesgadas y vergonzosas hechas por el presidente estadounidense Joe Biden, aquella en la que sugirió que los palestinos estaban mintiendo sobre su propio número de muertos fue quizás la más inhumana.

Puede que Washington no se dé cuenta todavía, pero las repercusiones de su apoyo incondicional a Israel resultarán desastrosas en el futuro, especialmente en una región harta de la guerra, la hegemonía, los dobles raseros, las divisiones sectarias y los conflictos interminables.

Pero es en el propio Israel donde el impacto será más fuerte.

Cuando el embajador palestino ante las Naciones Unidas, Riyad Mansour, pronunció un poderoso y conmovedor discurso el 26 de octubre, no pudo contener las lágrimas.

Las delegaciones internacionales presentes en la Asamblea General de la ONU no dejaron de aplaudir, reflejando el creciente apoyo a Palestina, no sólo en la ONU, sino también en cientos de ciudades y en innumerables lugares de todo el mundo.

Cuando el embajador de Israel ante la ONU, Gilad Erdan, que había defendido muchas de las mentiras difundidas por Tel Aviv, especialmente en los primeros días de la guerra, terminó su discurso, ni una sola persona aplaudió. El desprecio era palpable.

La narrativa israelí claramente se ha derrumbado en mil pedazos. Israel nunca ha estado tan aislado. Ciertamente este no es el “Nuevo Medio Oriente” que Netanyahu profetizó en su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre.

Incapaz de comprender que la simpatía al menos abierta hacia Israel se ha convertido rápidamente en un desprecio total, el Estado colono recurrió a sus viejas tácticas.

El 25 de octubre Erdan exigió que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dimitiera porque “no es apto para dirigir la ONU”. El crimen supuestamente imperdonable del primer dirigente de la ONU fue sugerir que “los ataques de Hamás no ocurrieron en el vacío”. Tenía toda la razón.

Sin embargo, cuando se trata de Israel y sus benefactores estadounidenses, no se permite que ningún contexto manche la imagen perfecta que los israelíes han creado de su genocidio en Gaza.

En este perfecto mundo israelí, a nadie se le permite hablar de ocupación militar, asedio, falta de perspectivas políticas, desplazamiento o falta de una paz justa para los palestinos.

Aunque Amnistía Internacional dijo que ambas partes habían cometido “graves violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos crímenes de guerra”, Israel continuó atacándolo, acusándolo de ser “antisemita”. En opinión de Israel, ni siquiera el principal grupo internacional de derechos humanos puede poner en contexto las atrocidades cometidas en Gaza ni atreverse a sugerir que una de las causas fundamentales del “conflicto” es “el sistema de apartheid israelí impuesto a todos los palestinos”.

Israel ya no es todopoderoso, como quiere hacernos creer. Los acontecimientos recientes han demostrado que su “ejército invencible” –imagen de marca que ha permitido a Israel convertirse, a partir de 2022, en el décimo exportador mundial de equipamiento militar– ha resultado ser un tigre de papel.

Esto es lo que más enfurece a Israel. “Los musulmanes ya no nos tienen miedo”, dijo el ex miembro de la Knesset Moshe Feiglin a Arutz Sheva-Israel National News. Para restaurar este miedo, el político fascista genocida pidió que “Gaza sea reducida a cenizas inmediatamente”.

Pero nada reducirá Gaza a cenizas. Ni siquiera las más de 12.000 toneladas de explosivos arrojados sobre la franja durante las dos primeras semanas de la guerra, que ya han incinerado al menos el 45 por cien de las viviendas, según la oficina humanitaria de Naciones Unidas.

Gaza no morirá porque es una idea poderosa, profundamente arraigada en los corazones y las mentes de cada árabe, cada musulmán y millones y millones de personas en todo el mundo.

Esta nueva idea desafía la vieja creencia de que el mundo debe responder a las prioridades de Israel, su seguridad, sus definiciones egoístas de paz y todas las demás ilusiones.

El foco ahora debe estar donde siempre debería haber estado: las prioridades de los oprimidos, no las del opresor. Es hora de hablar de los derechos palestinos, de la seguridad palestina y del derecho –de hecho, la obligación– del pueblo palestino a defenderse.

Es hora de que hablemos de justicia –justicia real– cuyo resultado no sea negociable: igualdad, plenos derechos políticos, libertad y derecho al retorno.

Gaza le dice al mundo todo esto y más. Es hora de que escuchemos.

Ramzy Baroud https://www.middleeastmonitor.com/20231031-turning-gaza-into-ashes-israel-propaganda-vs-the-world/

Un peón del espionaje imperialista: Transparencia Internacional

En 1993 el Banco Mundial creó Transparencia Internacional para denunciar la corrupción del sector público en los países del Tercer Mundo y encubrir los trapos sucios de las grandes potencias occidentales.

La organización está financiada por los grandes monopolios, incluidos los involucrados en corrupción y evasión fiscal a gran escala, como Google, Microsoft y Siemens.

La propia Transparencia Internacional es una organización corrupta. La Radio Pública de Nueva Zelanda ha denunciado que la sucursal local está financiada por los gobiernos respectivos, incluidos los servicios secretos y las centrales de inteligencia.

El director ejecutivo de la sucursal neozelandesa lo reconoció y lo defendió porque las centrales de espionaje, dijo, también “luchan contra la corrupción”, pero su objetivo es desestabilizar a los “gobiernos enemigos” y sustituirlos por otros más amistosos.

En 2013 Transparencia Internacional publicó su primer Índice Anticorrupción en los sectores de defensa de 82 países. Muchos gobiernos subalternos criticaron las conclusiones y la metodología del informe, en el que se formularon 77 “preguntas técnicas” a funcionarios locales y representantes de centros de estudios y universidades.

Como explicó Mark Pyman en respuesta, entonces jefe del programa de defensa y seguridad de Transparencia Internacional en Reino Unido, simplemente no responder a las preguntas era suficiente para otorgar a un país una calificación negativa. Las preguntas iban desde cuestiones frívolas –como si los jefes de defensa de un país “se comprometen públicamente” a luchar contra la corrupción– hasta cuestiones intensivas sobre operaciones y adquisiciones militares.

La organización quería penetrar en los secretos de defensa de ciertos países. Desde entonces el sector de la defensa se ha convertido en una división independiente de Transparencia Internacional, con su propio sitio web, que publica un flujo constante de informes sobre temas de corrupción en el sector.

Los secretos de la OTAN no son accesibles, pero los de los demás países se airean a los cuatros vientos. También pasan por alto el tráfico internacional de armas de los gobiernos y empresas privadas de seguridad de Estados Unidos y Europa.

A mediados de los chenta Reino Unido y Arabia saudí firmaron el acuerdo de Al-Yammah para traficar con armas, que sigue siendo el mayor firmado entre ambos países. El país árabe vendió 600.000 barriles de petróleo y, a cambio, la empresa de armamento BAE Systems firmó contratos por valor de varios miles de millones de libras esterlinas.

Los jerifaltes de ambas partes –así como sus familiares– se beneficiaron del acuerdo e impidieron cualquier investigación al respecto. Pyman escribió al periódico The Guardian en 2006 para echar tierra encima del acuerdo. No se debía “viajar a través de la historia” ya que no era relevante. Mientras tanto, hasta el día de hoy, los sitios web oficiales de muchas embajadas británicas en el extranjero ofrecen consejos a los traficantes de armas para hacer negocios.

Las embajadas proporcionan los contactos locales, la información del mercado e incluso organizan para almuerzos y recepciones comerciales con funcionarios públicos y empresas privadas de defensa. Todo ello, por supuesto, a cambio de una tarifa.

La 77 Brigada de guerra sicológica del ejército británico

El programa de defensa y seguridad de Transparencia Internacional en Reino Unido está vinculado a la 77 Brigada, la división de guerra sicológica del ejército. La edición de invierno de 2017 de Corruption Cable, el boletín trimestral de Transparencia Internacional en Reino Unido, tiene una sección dedicada a ese vínculo, a través del cual miembros de la unidad militar son adscritos regularmente al programa durante un período de tiempo al año.

Los principales componentes de la 77 Brigada comprenden las principales divisiones de operaciones sicológicas y de medios de la inteligencia militar británica. La unidad se ocupa de “utilizar enfrentamientos no letales y palancas no militares para adaptar los comportamientos de las fuerzas opuestas y los adversarios”.

Durante la pandemia esos “adversarios” eran las redes sociales del mundo, cuyos mensajes había que “adaptar” a la propaganda, la manipulación y los subterfugios oficiales.

El conocimiento adquirido por los oficiales de la 77 Brigada durante su adscripción a Transparencia Internacional –que puede incluir respuestas a las preguntas del Índice Anticorrupción– se explota con fines de guerra sicológica. Una serie de documentos internos la relacionan también con Integrity Initiative, una unidad de propaganda negra de la inteligencia británica.

Entre los documentos aparece un programa financiado por el gobierno británico que expone la corrupción en los Balcanes, que nombra nada menos que a Mark Pyman junto con un brigadier del ejército británico que fundó la sección de defensa de Transparencia Internacional y dos veteranos de la 77 Brigada, incluido su fundador y jefe, Alex Aiken.

Aiken fue el encargado de “establecer la relación estratégica con Transparencia Internacional”, una indicación de la importancia del programa. Euan Grant, responsable de la Iniciativa de Integridad, también fue propuesto para el proyecto.

Otros archivos filtrados indican que Aiken urdió una variedad de planes de largo alcance para “operaciones de información”, exponiendo la corrupción pública y empresarial en Rusia. Uno de los proyectos buscaba obtener información sobre las actividades del crimen organizado ruso de importantes instituciones financieras y luego publicar los resultados a través de varias fuentes, como periódicos o el programa de televisión McMafia.

Una de las fuentes de información ofrecida por Grant fue HSBC, un importante banco británico vinculado a todas las formas de corrupción y malversación imaginables a escala mundial. Sus contactos allí incluían a antiguos espías del MI5 y el MI6.

Los chicos de Brasil manipulan la opinión pública

La corrupción de los gobiernos, las empresas, organizaciones e individuos queda expuesta a través de las “operaciones de información” de las centrales de inteligencia.

En noviembre de 2009 se convocó el cuarto congreso de la Asociación de la Policía Federal de Brasil. Entre los oradores se encontraba el juez Sergio Moro, una celebridad por su papel en la lucha contra una importante operación de lavado de dinero, que encabezó un panel sobre la “lucha contra la corrupción y el crimen organizado”. Abogó por cambios en la ley y una mayor autonomía judicial para facilitar los procesamientos de los delitos de cuello blanco.

También estuvo presente la fiscal estadounidense Karine Moreno-Taxman, que entonces trabajaba en la embajada estadounidense en Brasil. Encabezó una comisión que abogaba por que Brasil mantuviera un sistema informal de colaboración con sus homólogos estadounidenses, evitando las estructuras de cooperación formal descritas en los tratados internacionales.

La fiscal enfatizó la necesidad de manipular la opinión pública en los procesamientos de figuras de alto perfil para despertar el disgusto de los investigados. La sociedad debe sentir que esta persona realmente ha abusado de su trabajo y exigir que sea condenada. Si no puedes derribar a esa persona, no investigues.

Cinco años después, Moro y Moreno-Taxman fueron figuras clave en la Operación Lava Jato, presentada públicamente como una cruzada contra la corrupción, aunque en realidad fue un fraude encabezado por la CIA, el FBI y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El objetivo era destruir las empresas más rentables del país e impedir el avance de las fuerzas progresistas.

Durante años, los fiscales de Lava Jato (todos ellos graduados en los programas de formación del FBI y del Departamento de Justicia), así como Moro, que supervisó el plan, fueron elogiados por los periodistas. Moro incluso fue nombrado una de las “100 personas más influyentes” de la revista Time en 2016. En diciembre de ese año, Transparencia Internacional otorgó al equipo de Lava Jato su “Premio Anticorrupción” anual, que “honra a personas y organizaciones destacadas de todo el mundo […] que exponen y combaten la corrupción”.

Ni Time ni Transparencia Internacional reconocieron que, unos meses antes, los medios locales revelaron que Moro había intervenido ilegalmente los teléfonos del equipo de abogados de Lula. Fue una de las muchas tácticas ilegales que utilizaron el juez y los fiscales de Lava Jato.

En Brasil Transparencia Internacional ignoró las ilegalidades y, en cambio, brindó a la Operación una cobertura completa. Siguiendo las instrucciones de Moreno-Taxman, los fiscales de Lava Jato hicieron todo lo posible para demonizar a Lula. En conferencias de prensa periódicas, presentaron ridículos PowerPoints que lo presentaban en el epicentro de una gran y laberíntica conspiración de corrupción regional e internacional a través de la cual Lula estaba íntimamente implicado en todos los delitos graves imaginables.

En julio de 2017 Transparencia Internacional acogió con satisfacción la condena por corrupción de Lula, calificándola de “una señal significativa de que el Estado de derecho funciona en Brasil y de que no hay impunidad, ni siquiera para los poderosos”. Añadió que los fiscales y jueces involucrados en la investigación estaban “enfrentando ataques de todos lados […] prueba de que la corrupción no discrimina entre ideologías o partidos políticos”.

Un regalo de la CIA para Brasil

Desde junio de 2019 era evidente que Lava Jato tenía un carácter fraudulento, por sus vínculos con los servicios de inteligencia estadounidenses. Un fiscal dijo que el encarcelamiento de Lula, que sentó las bases para la victoria de Bolsonaro, fue un “regalo de la CIA”. Rápidamente Transparencia Internacional emitió un comunicado diciendo que estaba “siguiendo de cerca la información”.

En lugar de condenar la forma en que Lava Jato utilizó la corrupción con fines políticos, Transparencia Internacional la elogió. Reconoció que los fiscales debían explicar “las supuestas irregularidades y violaciones de los principios de igualdad de armas e imparcialidad” y consideró que “una investigación rigurosa sobre la violación de las comunicaciones privadas” era “igualmente crucial”.

Transparencia Internacional temía que revelaciones posteriores implicaran directamente a la organización en las maquinaciones de Lava Jato, y así fue. Comunicaciones pirateadas muestran que el director de Transparencia Internacional en Brasil, Bruno Brandao, estaba relacionado con el fiscal principal de Lava Jato, Delton Dallagnol, y era miembro de varios grupos de mensajería en los que participaban varios contactos.

Brandao ayudó personalmente a producir una lista de candidatos respaldados por Transparencia Internacional en Brasil en las elecciones de 2018 que compartían abiertamente la política de Lava Jato, así como una clasificación de políticos basada en sus problemas legales y supuestos compromisos a favor de la democracia.

Brandao ha tratado de distanciarse de Lava Jato, diciendo que él y Transparencia Internacional simplemente cometieron un error “al creer que los cabecillas de Lava Jato tenían credenciales democráticas”.

En abril del año pasado el Tribunal de Cuentas y la fiscalía brasileña intentaron abrir una investigación contra Transparencia Internacional Brasil por colaborar ilegalmente con los fiscales. La organización podría haberse beneficiado económicamente de esta relación y es posible que Brandao –y por extensión, Transparencia Internacional en Brasil– hayan estado involucrados todo el tiempo en la manipulación.

En 2016 hizo decenas de apariciones en medios de comunicación nacionales e internacionales, negando que estuviera en marcha un golpe de estado después de que Dilma Rousseff fuera destituida ilegalmente por falsas acusaciones de corrupción.

Inmediatamente después de dejar el cargo, Brasilia comenzó a subastar sus reservas de petróleo en alta mar a compradores extranjeros. Dos de los mayores beneficiarios han sido Shell y ExxonMobil, ambos donantes de Transparencia Internacional.

Es sólo un ejemplo de la destrucción económica de Lava Jato, que creó un clima en el que incluso vagas insinuaciones de irregularidad podrían dañar a grandes empresas, e incluso a industrias enteras. Paralizó la construcción, mientras se perdieron millones de empleos e ingresos fiscales, lo que provocó que el PIB del país se contrajera al menos un 3,6 por cien. Para la CIA, que quería reducir a Brasil a su estatus empobrecido, autoritario y fácilmente explotable de la Guerra Fría, ese era precisamente el problema.

Kit Klarenberg https://mintpressnews.fr/transparency-international-covert-agenda-pawn-western-intelligence/285630/

Los espías y los policías se encargan de ‘moderar’ los contenidos en internet

En mayo del año pasado la policía española detuvo al ucraniano Anatoly Shariy, a quien el gobierno de Zelensky acusó dos veces de “alta traición” por informar sobre Ucrania en su canal de YouTube.

La primera “traición” consistió en publicó un mapa de Ucrania que excluía a Crimea y el Donbas. La policía española ejerció de mamporrero del servicio secreto ucraniano (o seea de la OTAN) y detuvo a Shariy.

La segunda “traición” se anunció en julio: el periodista había proporcionado a los servicios de inteligencia rusos “consejos de filmación”, quizá porque son tan ineptos que no saben sujetar una cámara de vídeo.

Esa detención, y otras, como la de Pablo García en Polonia, ponen de manifiesto la colaboración represiva de las policías europeas con las ucranianas (*), lo cual era algo conocido, y también que internet se está convirtiendo en una especie de ratonera dirigida por los servicios de espionaje de las grandes potencias y las multinacionales tecnológicas.

Ucrania ha elaborado una lista negra de webs, no sólo a efectos de censura, sino para cometer asesinatos o iniciar montajes judiciales a sus administradores, al más puro estilo Assange.

Por su parte, el Pentágono ha subcontrado con la inteligencia británica la censura de ciertos comentaristas, como Max Blumenthal, Aaron Maté o Jeffrey Sachs, a los que imputan la elaboración de mensajes “prorrusos”.

Como es costumbre, el gobierno británico está al frente de la campaña internacional de censura e intoxicación, para lo cual ha subcontratado a Zinc Network, una empresa británica de relaciones públicas que trabaja para las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses.

Una red de expertos y periodistas financiada por el gobierno de Londres recomendó una campaña coordinada para presionar a las empresas tecnológicas y “actores del mercado digital” para eliminar las críticas a los gobiernos alineados con la OTAN.

De la cárcel de Abu Ghraib a las oficinas de Kiev

La estrategia consiste en redefinir el concepto de “desinformación” para incluir las críticas al ejército estadounidense o a la OTAN, y luego presionar a las empresas tecnológicas a fin de que “moderen” ciertos contenidos. El espionaje de los países de la OTAN califica como “desinformación” los reportajes de los medios independientes, que nunca son suficientemente sumisos.

La empresa de relaciones públicas Zinc tiene su sede en Reino Unido y saltó a la fama hace más de dos años por una filtración de documentos que mostraban algo ampliamente conocido: vínculos vergonzosos entre las centrales de inteligencia occidentales y el “periodismo de investigación”. Destaquemos de pasada que los gacetilleros más ineptos llaman de esa manera, “periodismo de investigación”, a lo que no es otra cosa de periodismo de filtración, es decir, a propagar los mensajes que fabrican las propias centrales de inteligencia.

Zinc Network ha cobrado más de 500.000 dólares del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos en Kenia y más de 3 millones de “un subcontratista del ejército estadounidense en Europa y África” a nombre de la empresa de inteligencia estadounidense CACI.

Para que no falte de nada, añadamos que el mes pasado un juez federal admitió una demanda contra CACI por su participación en las torturas practicadas por el ejército estadounidense en la prisión de Abu Ghraib.

11 tinglados diferentes para analizar las noticias sobre la Guerra de Ucrania

En Estados Unidos de la censura sea encarga el Departamento de Seguridad Nacional a través de un “Consejo de Gobernanza de la Desinformación” que ha estado presidido por Nina Jankowicz que, a su vez, es miembro de la junta asesora de la OIP (Open Information Partnership), un tinglado financiado, al menos parcialmente por Zinc entre 2019 y 2021.

La OIP no trabaja con los contenidos sino con los autores de los mismos, especialmente firmas cuyas opiniones tienen difusión en las redes sociales del munto entero.

Desde el inicio de la guerra de Ucrania, Zinc y la OIP mostraron mucho interés por analizar la “desinformación”, una tarea que encomendaron a 11 tinglados diferentes, como la empresa ucraniana de seguimiento narrativo LetsData, que se encargó de analizar los contenidos de las redes sociales. Cada una de las diez regiones de Europa del este fue estudiada por un grupo de “expertos”.

Por ejemplo, el análisis de Ucrania se atribuyó a Detection Media, financiado por la embajada de Estados Unidos en Kiev, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca. Este tinglado se dedicó a identificar el origen de las informaciones “prorrusas” sobre la Guerra de Ucrania, o sea, la fuente inspiradora de todos aquellos que no repiten los partes de guerra de la OTAN.

Es un ejemplo perfecto de eso que ahora llaman “economía circular” en las facultades universitarias: los gobiernos pagan a empresas para que les hablen de lo que quieren oir.

(*) https://jackpoulson.substack.com/p/exclusive-british-government-funded

Israel quiere masacrar a los palestinos en el más absoluto silencio

Israel estaba perdiendo la guerra de la información y ayer cortó el acceso de loa palestinos a internet. Su ejército quiere matar en la oscuridad, sin que el horror trascienda a los medios independientes y las redes sociales.

En días anteriores los ataques aéreos israelíes habían matado al menos a veinte periodistas palestinos y Estados Unidos presiona para amordazar al resto. Las grandes empresas tecnológicas se están coordinando con los sionistas para amordazar a los medios que no es capaz de controlar.

El 25 de octubre, la aviación israelí mató a tres periodistas palestinos een uno de los días más mortíferos desde que comenzó la campaña de bombardeos casi tres semanas antes. A medida que pasaban las horas, las imágenes mostraron el momento en que el periodista Mohammed Farra, radicado en Ramallah, se enteró de que su esposa e hijos habían muerto en un ataque aéreo israelí en el barrio de Jan Yunes, en Gaza.

Durante el día se vieron escenas desgarradoras. En otra parte del asediado enclave costero, un ataque aéreo israelí mató a la esposa, el hijo, la hija y el nieto del director de la oficina árabe de Al Jazera en Gaza, Wael Dahdouh.

Los ataques de Israel contra los periodistas palestinos se produjeron horas después de que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, asegurara que había instado al gobierno de Qatar a moderar la retórica de Al Jazira sobre la guerra de Gaza» durante su reciente viaje a Doha.

Las sospechas de que las fuerzas israelíes habían atacado deliberadamente a la familia de Dahdouh se vieron rápidamente reforzadas por los comentarios del periodista Zvi Yehezkeli. “Conocemos el objetivo”, dijo Yehezkeli a la audiencia horas después del ataque. “Hoy había un objetivo: la familia de un periodista de Al Jazira”.

No es la primera vez que Dahdouh se encontraba en el punto de mira israelí. En 2021 el ejército israelí arrasó la torre de Gaza que albergaba a Associated Press y Al Jazira. Al año siguiente, las fuerzas israelíes asesinaron a la periodista palestino-estadounidense Shirin Abu-Akleh, una veterana corresponsal de Al Jazira en Jerusalén, en un tiroteo que provocó la condena internacional.

El Departamento de Estado ha cambiado su retórica. Ya no pide una investigación independiente ni cargos penales para los que asesinan a los periodistas palestinos. censuran sus voces, los grandes monopolios tecnológicos se han puesto al servicio de la guerra de propaganda sionista. Desde el 7 de octubre varias plataformas han suspendido o desactivado los perfiles de muchos periodistas, defensores de los derechos humanos y militantes palestinos.

El 25 de octubre las cuentas de Eye On Palestina desaparecieron de Instagram, Facebook y Twitter, dejando a más de 6 millones de seguidores sin poder acceder a uno de los recursos más socorridos que ofrece imágenes de primera mano de la destrucción de la población de Gaza.

Tras de la aprobación en 2016 del llamado “proyecto de ley de Facebook” destinado a combatir la “instigación digital”, la antigua ministra de Justicia israelí, la fanática Ayelet Shaked, se jactó de que Facebook, Twitter y Google habían cumplido con el 70 por cien de sus peticiones de censura.

En septiembre el periodista palestino Tamer Al Mishal denunció en Al Jazira que Meta se había coordinado con la inteligencia israelí para suprimir los contenidos propalestinos. Después, cuando intentó acceder a su perfil en la red social, el periodista descubrió que su cuenta de Facebook había dejado de existir.

No era el único. La semana anterior, Meta suspendió la cuenta de Instagram del fotoperiodista palestino Motaz Azaiza después de que compartiera imágenes de los restos de su edificio de apartamentos, donde 15 miembros de su familia habían muerto en ataques aéreos israelíes.

“Los periodistas palestinos en Gaza no sólo se enfrentan a la ocupación israelí”, explicó Abdelrahman, un periodista local con años de experiencia cubriendo los acontecimientos en Gaza sobre el terreno. “También tienen que superar mucha censura de Facebook y YouTube”, dijo, añadiendo que “en las redes sociales hay que tener mucho cuidado porque cierran las cuentas”.

“Trabajar como periodista en Gaza no es un trabajo fácil”, dice, no sólo porque estás censurado por las redes sociales, [sino] también porque te causa problemas con las autoridades israelíes, especialmente si deseas salir por cualquier vía israelí”. Si eres franco en tu cobertura, dice Abdelrahman, las autoridades israelíes “te considerarán un enemigo”.

Durante la Gran Marcha del Retorno de 2021, “los periodistas que cubrieron las marchas semanales fueron atacados deliberadamente por Israel”. “A algunos les dispararon en las rodillas, a otros en las piernas. Algunos fueron asesinados”, recuerda Abdelrahman.

En Instagram los usuarios notaron un “fallo” que tradujo temporalmente la palabra árabe para “palestino” a “terrorista palestino”.

Durante una incursión el 26 de octubre en Jenín el ejército israelí destruyó el monumento a Shirin Abu Akleh, la corresponsal de Al Jazira a quien habían asesinado un año antes.

—https://thegrayzone.com/2023/10/27/israeli-assassinates-journalists-big-tech-biden-palestinians/

La BBC cuestiona la existencia de una matanza en el kibutz Kfar Aza

La BBC ha replanteado la existencia de una supuesta matanza perpetrada por la resistencia palestina en el kibutz de Kfar Aza. La noticia decía que el 7 de octubre unos 70 militantes palestinos irrumpieron en el kibutz, una comunidad agrícola de 750 personas, y mataron a decenas de residentes, entre ellos varios recién nacidos.

Ahora la BBC rectifica y sugiere que hay diferentes versiones de la historia y que Jeremy Bowen, el corresponsal de la BBC en Medio Oriente, se limitó a repetir lo que los israelíes le dijeron.

El titular original de la BBC decía: “Hamas rechaza las acusaciones de que sus hombres armados cometieron atrocidades en la aldea israelí de Kfar Aza”. Luego cambiaron el titular, antes de que la noticia fuera eliminada del sitio web de la BBC y luego de YouTube.

Un portavoz de la BBC dijo: “El informe fue rápidamente eliminado de la producción de la BBC porque no cumplía con nuestros estándares editoriales”. Añadió que “no debió permanecer en YouTube, fue eliminado y estamos investigando por qué estuvo accesible”.

Mientras informaba sobre el ataque a Kfar Aza, la presentadora árabe de la BBC, Serena Ghokeh, afirmó que los soldados israelíes habían informado de una masacre, pero que había diferentes versiones de la historia. Presentó el testimonio de una mujer local cuya vida fue salvada por combatientes de Hamas como prueba de que la noticia era falsa.

El corresponsal de la BBC, Jeremy Bowen, pudo entrar en la aldea y acompañar a una unidad militar israelí que regresó al kibutz después de que cesaran los combates. “Según las declaraciones de los soldados, pasaron la mayor parte del día en medio de la destrucción, recuperando los cuerpos de civiles. Le dijeron al corresponsal de la BBC que allí se había producido una masacre que había matado a familias enteras”.

Ghokeh añadió que el comandante de la división militar israelí que fue a Kfar Aza aseguró que algunas víctimas fueron decapitadas. Dijo que había fotografías de combatientes de Hamas que también fueron asesinados y que esas imágenes “reflejan una imagen diferente” de los testimonios israelíes.

Un periodista israelí escribió en Twitter que había visitado Kfar Aza y no encontró pruebas de que hubieran matado a niños. En un comunicado Hamas “rechazó las acusaciones de que había cometido violaciones y añadió que los medios occidentales deben ser precisos y no ponerse ciegamente del lado de la narrativa sionista, que está llena de mentiras y calumnias”.

“Al-Qassam atacó el sistema militar y de seguridad, que es un objetivo legítimo, y los vídeos tomados sobre el terreno, así como los testimonios de los colonos, confirman que los civiles y los niños se salvaron”.

Por lo demás, la BBC está soportando críticas crecientes para etiquetar a Hamas como terrorista, en lugar de “grupo militante”. La emisora ​​se niega a calificar al movimiento de “terrorista”, alegando normas de imparcialidad.

—https://www.telegraph.co.uk/politics/2023/10/15/bbc-must-publish-report-into-bias-against-israel-say-tories/

Necesidades y deseos

Cada época ilumina a los individuos
que responden a su “zeitgeist” o espíritu de los tiempos

No se trata de extraer solo datos, sino de conocerlos a través de la experiencia colectiva y abstraer de estos datos los elementos esenciales que se dan independientemente de las condiciones concretas que han influido en un momento determinado sobre la situación de los mismos (una bonanza económica, una crisis económica, a una situación bélica, etc.) en caso contrario el que tendremos es un estado de ánimo, no un análisis de clases.

Los salarios, no responden ya, como hace dos siglos, a la reproducción simple de la fuerza de trabajo en los países del centro imperialista, responden a esta reproducción mas la cobertura de las “necesidades” creadas que es muy discutible si son favorecedoras de una mejor calidad de vida entendida como la autorrealización personal y colectiva, un incremento de la autonomía y una elevación y desarrollo de las capacidades humanas; o si estas necesidades no son más que las “necesidades” del capitalismo para mantener su proceso de acumulación.

Estamos en una época en que el trabajo, en algunas partes es un privilegio y una maldición, un derecho y una obsesión, un bien escaso y una condena omnipresente que se extiende sobre todo el tiempo de vida. Lo que vuelve escandalosa esta situación es que hoy, técnicamente, “ganarse el pan” estaría al alcance de toda la humanidad sin demasiado “sudor de la frente”, pero el sistema de consumo y exclusión que domina el planeta de una punta a otra determina que unos mueran de hambre y otros pierdan sus vidas corriendo detrás de necesidades creadas por el fascismo publicitario.

Alguien dijo que una construcción muy sencilla junto a otra de igual constituía una vivienda, pero que una construcción muy sencilla junto a un palacio, se convertía en una barraca. Del mismo modo la comparación permanente entre los gustos consumistas de la burguesía y las aspiraciones del proletariado por los mismos gustos, se convierte en una parte importante de las necesidades subjetivas.

Mientras una mayoría de personas en el mundo tenga que trabajar diez o doce horas para asegurar solo su reproducción y supervivencia; y una minoría de personas también trabaja ocho, diez o doce horas para cubrir unas “necesidades” que no tienen nada que ver con la reproducción o la supervivencia, y las obsesiones de la cual no sean las de conseguir más tiempo para organizarse socialmente a fin de acabar con el sistema que los maltrata, sino de conseguir más dinero para acumular más necesidades, será extremadamente difícil modificar las bases del sistema capitalista y habrá que esperar que caiga por sí mismo, puesto que dispone de los medios para asegurar este incremento cuantitativo de las necesidades, sean de uno u otro tipo; de lo que no dispone es de los medios para permitir que los explotados dispongan de veinte horas en el día para dedicarlas a organizarse y acabar con el sistema.

Pero mientras esto se deja de lado, parece que la dedicación principal queda centrada en un ¿Qué somos?

Este qué somos, forma parte de un exhaustivo informe realizado por La Confluencia Movimiento Feminista que tiene por título “Las Leyes trans y el modelo afirmativo en España”. En Cataluña el crecimiento de este fenómeno “trans” es del 7.000 por cien entre 2012 y 2021 y las guías de atención sanitaria prohíben derivar a salud mental como requisito previo al inicio de la terapia hormonal o de las intervenciones quirúrgicas en adultos. Cifra muy superior a la del Reino Unido en que el número de solicitudes de niñas y chicas adolescentes que se habían dirigido a la Clínica Tavistock-Portman a solicitar una “transición de sexo” se disparó un 4.400 por cien en la década de 2010 a 2020, y que ante estas escalofriantes cifras el gobierno inglés tomó la decisión de cerrar esta institución y establecer otros centros en los cuales prevaleciera la cordura y la salud por encima otras consideraciones (1).

Este informe basado en los datos que han querido proporcionar las diferentes comunidades autónomas nos acerca a un panorama extremadamente preocupante, tal como plantean en la introducción del citado documento (pg.5): “Las ideas y las leyes transgeneristas, además, necesitan instalar la idea que existe una “infancia trans” para conseguir sus fines y para lo cual disponen de un enorme apoyo financiero por parte de quienes están obteniendo el mayor beneficio. El aumento de los beneficios de la industria médico-farmacéutica de la identidad de género ha sido ampliamente documentado, aunque cuente con un aparato de propaganda que oculta sus fines espurios con discursos de apariencia progresista que, sin embargo, están basados en valores individualistas y deseos subjetivos inducidos por el mercado”.

Los deseos

Gilles Deleuze, en Anti-Edipo introdujo el concepto de “máquina deseante” al referirse a las personas (es decir, nosotros) que actúan como una enorme máquina de producir deseos, mientras que la máquina social es un sistema económico-político de producción. Establecer un alejamiento de la maquinaria social conviene enormemente al sistema imperante, sistema que ya no produce para el consumo sino que precisa el consumo para poder continuar produciendo. No es el deseo el que se apoya sobre las necesidades, sino al contrario, son las necesidades las que se derivan del deseo. Cómo señala la web de Apple respecto a Steve Jobs que decía: “No vendas un producto para satisfacer una necesidad, véndelo para cumplir deseos” (2).

Estas máquinas deseantes, personificadas y enaltecidas sobre todo en la llamada izquierda woke, exigen que cada uno de sus caprichos individuales sean reconocidos, amparados y legislados por más esperpénticos que resulten. Así, de acuerdo y perfecta simbiosis entre poder y “contrapoder” en amplias zonas del mundo occidental, hemos podido comprobar la aparición de Leyes, Órdenes, Decretos y Reglamentos que dicen ser para “proteger” ciertas personas, las cuales son definidas como vulnerables.

¿Se trata de un contagio? Hasta no hace mucho se consideraba que el factor más importante para determinar si una idea se extenderá a un individuo, era cuántas personas que el individuo conociera ya habían sido expuestas a esta idea. Es decir, cuánta más gente, más posibilidad de contagiarse. Pero en la actualidad, los adolescentes y jóvenes tienden a unirse en Facebook no por la cantidad de amigos que ya están en la red, sino por el número de diferentes grupos sociales a los cuales pueden enlazar. A mayor diversidad de grupos, mayor probabilidad que una persona se una en Facebook. Estos resultados, tienen implicaciones prácticas para el desarrollo de políticas que pretendan difundir comportamientos en la población (3).

En 1895 Gustave Le Bon, el Maquiavelo de la psicología social, escribía en Psychologie des Foules: “El poder de las palabras es tan grande que basta con elegir bien los términos correspondientes para conseguir la aceptación de las cosas más odiosas”. En el mismo libro dedica un apartado al contagio. Lo expone de la forma siguiente: “Cuando se trata de hacer penetrar lentamente ideas y creencias en el espíritu de las masas se recurre principalmente a los tres procedimientos siguientes: afirmación, repetición y contagio… La afirmación pura y simple, desprovista de toda prueba, constituye el medio seguro para hacer penetrar una idea… Cuanto más concisa es la afirmación, cuanto más desprovista de pruebas y demostración, tanta más autoridad posee… Cuando una afirmación ha sido bastante repetida, con unanimidad en la repetición, se constituye aquello que se llama corriente de opinión e interviene el potente mecanismo del contagio… El contagio no exige la simultánea presencia de individuos en un solo punto; puede verificarse a distancia, bajo la influencia de determinados acontecimientos” (4).

Y así aparecen un conjunto de nuevas expresiones, palabras y conceptos que, como he escrito en otras ocasiones es copia íntegra del lenguaje impuesto por el régimen nazi alemán a partir de los años 30 del siglo XX, tal como lo explica Víctor Klemperer en el libro escrito en 1947 (LTI. La lengua del Tercer Reich): “El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de manera mecánica e inconsciente… las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no sufrir ningún efecto, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico” (5).

Una pregunta es necesaria: ¿Cómo han incorporado estas expresiones, palabras y conceptos en todas las esferas de la vida cotidiana empezando por la escuela primaria?

Podría decirse que todo se remonta a Edward Bernays, el sobrino de Sigmund Freud que mediante su libro Propaganda, escrito en 1928, en el cual adaptó la teoría de su tío sobre las motivaciones de los deseos ocultos de las personas, al consumo tanto de cosas materiales como espirituales, tanto a las modas como las elecciones de cargos públicos. Convenció a las corporaciones que si creaban un excedente de deseos dentro de una sociedad, estos deseos no solo serían satisfechos con consumibles, sino que si estos consumibles se vincularan a los sentimientos de las personas, los objetos irrelevantes se convertirían en poderosos símbolos emocionales de adoración.

Empieza este libro con las siguientes palabras: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que posee el verdadero poder que rige el destino de nuestro país. Quienes nos gobiernan, modelan nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas, son en gran medida personas de las cuales nunca hemos oído hablar. Esto es el resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática. Grandes cantidades de seres humanos tienen que cooperar de esta suerte si es que quieren convivir en una sociedad funcional sin sobresaltos…

Y casi al final del libro: “Los deseos humanos son el vapor que hace que la máquina social funcione. Salvo que los entienda, el propagandista no conseguirá controlar el inmenso mecanismo de engranajes más o menos unidos entre sí que es la sociedad moderna”. Añade una recomendación que en la actualidad la vemos plasmada en los contenidos curriculares de nuestras escuelas. “La escuela de magisterio tendría que formar al educador a fin de que este entienda que su trabajo es doble: educar como maestro y educar como propagandista” (6). Y así lo están haciendo, propagando en los cerebros infantiles las trampas de la diversidad y las órdenes emanadas del Foro Económico Mundial.

Dustin Broadbery, en referencia a las apariencias progresistas, la ideología de género busca destruir las calidades matizadas de la identidad existencial adquiridas a lo largo de toda una vida de experiencia práctica aplicada, señala que: “Bajo la rúbrica LGBTQ, ya no se trata de quién eres, de que estás hecho, el contenido de tu carácter, se trata de todo lo que imaginas que eres, pero no eres. Cómo te sientes sin rumbo de un día de inactividad a otro, flotando en el aire como las hojas del otoño” (7).

Y este “flotar en el aire” que alude Broadbery, lo podemos relacionar con la definición de individuo flotante que realiza Marino Pérez Álvarez: “Las redes sociales vienen a suponer la apoteosis del yo, es decir, su ensalzamiento y divinización. Tal pareciera que las tecnologías que están en la base de las plataformas de las redes sociales estuvieran diseñadas para la gloria y la alabanza del yo: su exhibición y búsqueda de seguidores y de aprobaciones. El individuo flotante no es pues el resultado formal de la aglomeración, ni del descenso del nivel de vida (las dificultades del individuo que busca trabajo no producen normalmente la despersonalización, sino que, por el contrario, pueden constituir, dentro de ciertos límites, un campo favorable para imprimir un sentido personal en la vida de este individuo).

Y aquí nacen las modernas heterías, (del griego hetaireia: asociación aristocrática de cariz político) las heterías soteriológicas, que según el diccionario de la RAE las define en la religión vristiana como la doctrina referente a la salvación, y que en el plano sociológico, sería lo siguiente: “Constituirse como una asociación o cofradía de individuos relacionados entre sí que asume la misión de salvar a los individuos a quienes se supone extraviados, a escala precisamente antropológica, de personalidad y de su entorno” (8).

En lenguaje plano y comprensible para todo el mundo la expresión más adecuada sería la de sectas. Sectas laicas por supuesto, llenas de expertos que cumplen las funciones de los curas de antaño disfrazados ya sea tanto de modernos “influencers”, políticos al servicio del capital o académicos con manto científico.

Patricia Calefato profundiza sobre las modas y los contagios sociales de este modo: “La moda tiene que ver explícitamente con la imitación, es decir, con la asunción más o menos consciente de un modelo al cual conformar las opciones estéticas individuales que permiten al individuo sentirse parte de un grupo, habitar en cierto modo un espacio compartido. Las modas se han interpretado a menudo como locuras contagiosas, estados de excitación o autosugestión que conducen a tomar decisiones irracionales, a veces autodestructivas” (9).

La antropóloga boliviana Viviana Carrión reflexiona seriamente sobre estas modas: “Si un niño de cinco años manifiesta que quiere ser un superhéroe, suponemos Superman, su madre, padre, maestra u otro adulto a su cuidado no alentará hasta el ridículo esta fantasía, posiblemente le comprará el disfraz de este personaje, pero si el niño pretende lanzarse por la ventana de un tercer piso para imitar al superhéroe, el adulto le hará entender la realidad explicándole que ningún humano posee estos poderes, que es solo un personaje de ficción y que de intentar saltar por la ventana lo único que conseguiría es darse un golpe tan fuerte que muy probablemente perdería la vida, si la obsesión del niño es muy grande y persiste en la fantasía, seguramente lo llevarán a un psicólogo para que trate el problema. Sería inimaginable que los padres, maestros o profesionales de la salud le digan al niño que algún día podrá ser Superman y le suministren fármacos para que desarrolle musculatura y se asemeje a las características físicas del superhéroe, porque en este caso seguramente los padres perderían la custodia de su hijo y los especialistas su licencia profesional, puesto que además de exponer la integridad del niño haciéndole creer una mentira, se entendería que estas personas no están óptimas en sus facultades mentales.

¿Pero por qué sí lo hacen cuando se trata de la transexualidad?, ¿Por qué alentar a un niño o a una niña o al menos no frenarlos cuando están llevando sus fantasías identitarias hasta el extremo?, ¿Por qué la sociedad, cada vez más, ve estas fantasías como una realidad y las denomina derechos humanos? Hay muchos factores que explican esta problemática, todos enmarcados en una ideología que está arruinando irreversiblemente la vida de niños, niñas y adolescentes por todo el mundo” (10).

Seguramente acierta Diego Fusaro cuando afirma que la rebeldía pseudo anárquica de la izquierda de colores postmarxista no se opone al poder neoliberal, sino que lo apoya y lo santifica ideológicamente: “La domesticación de toda pulsión revolucionaria antisistémica se lleva a cabo mediante la distracción propiciada por los conflictos de la ‘diversidad’… Con los caprichos de consumo ‘Arco Iris’, además de favorecer la distracción de las masas respecto de la cuestión social y la lucha contra el capital, promueve la disolución de la sociedad en un atomismo de “máquinas deseantes”. De este modo, la izquierda se convierte en Lifestyle-Linke, que sitúa la centralidad no en el trabajo y los derechos sociales, sino en los estilos de vida individuales liberalizados. ¿Qué mayor éxito del poder neocapitalista que el obtenido provocando que los explotados homosexuales y los explotados heterosexuales luchen entre sí en lugar de cooperar desde abajo contra el explotador, ya sea homosexual, heterosexual o quimera?” (11).

Este discurso articulado tiene dos pies de barro: los derechos humanos y el victimismo. Pero, ¿cuál es el victimismo que proclaman? No es un victimismo basado en la lucha de clases, en la cual hay ciertamente verdugos/as y víctimas, poseedores/as y desposeídos/as, explotadores/as y explotados/as, sino en una amalgama interclasista en la cual el concepto de víctima se atribuye a una persona no por el lugar que ocupa en el proceso productivo, sino en base a su personalísima definición como prototipo perfecto de máquina deseante.

Niños, niñas, adolescentes, adultos/as, impregnados por el discurso fabricado en los laboratorios financiados por las grandes corporaciones, y difundido desde los centros escolares a partir de la infancia, olvidan posteriormente cualquier relación antagónica relativa a la lucha de clases entre capitalismo y proletariado. Flotando en un espacio etéreo, conciben el antagonismo no como una relación política, económica social y cultural, sino como una relación basada en las percepciones individuales integradas en cualquier secta laica, objetivo de la cual es el enfrentamiento con los individuos ajenos a estos círculos.

Seguramente, estas cuestiones nos tienen que hacer reflexionar sobre la necesidad de educar en una cultura proletaria, desmarcada de las pautas impuestas por el capital. Una educación que no la encontraremos en las redes sociales, ni en las escuelas, tanto públicas como privadas, sino que tendrá que ser fruto de una educación política al margen de los sistemas controlados por el capital. He aquí la importancia de la formación política con contenido de clase, de clase proletaria por supuesto. Y, he aquí la importancia de aunar esfuerzos para intentar coordinar las diferentes escuelas de formación que en teoría aparecen anunciadas en los programas de las organizaciones que se reclaman del comunismo.

Una tarea inmediata, urgente, imprescindible, tiene que ser recuperar el color rojo intenso frente los que lo quieren diluir en colorines, del mismo modo que quieren ahogar el cerebro proletario en un océano de expresiones, palabras y conceptos que hagan olvidar su papel de subordinación a los deseos del capital. Y organizar la resistencia para contribuir a establecer la conexión entre los fines a largo plazo y los planes colectivos que nos acerquen a la superación de la sociedad mercantilizada, del Imperialismo S.A.

(1) https://theobjective.com/espana/politica/2023-02-05/informe-trans-multiplicado-espana/
(2) https://www.applesfera.com/apple-1/12-lecciones-marketing-steve-jobs
(3) https://creatividadinnovacion.wordpress.com/2012/09/24/contagio-social-en-redes/
(4) Gustave LeBon. Psicología de las masas. Ed. Morata. 1986. pgs.93-94
(5) https://archive.org/details/VictorKlemperer.Lti.LaLenguaDelTercerReich
(6) https://ia601808.us.archive.org/35/items/edward-bernays-propaganda/Edward por cien20Bernays por cien20- por cien20Propaganda.pdf
(7) www.thecogent.org
(8) https://www.filosofia.org/filomat/df309.htm
(9) Patrizia Calefato. Modas y contagios sociales https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8837367
(10) https://critica.cl/ciencias-sociales/ideologia-transexual-el-peligro-que-acecha-a-ninos-y-ninas-en-nombre-de-los-derechos-humanos
(11) Diego Fusaro. Lifestyle-Linke: la izquierda de los estilos de vida mercadizados

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