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El síndrome de Pinocho

La conferencia pronunciada por el filósofo Carlos París el 17 de octubre de 2013 en el Ateneo de Madrid (del cual fue presidente desde 1997 hasta 2014), tenía por nombre “En la época de la mentira”. Nada más acertado, siete años después de la citada conferencia, para nombrar el esperpento que desde el pasado mes de marzo se está representando en el mundo, y particularmente en España.

Definió, Carlos París, la mentira como “decir o hacer algo que se sabe falso, con intención de engañar a una persona, a varias, o a todo un colectivo. Incluso, como hoy hacen tantos gobiernos, a la totalidad de la ciudadanía. El mentiroso no es un ignorante, sino un sapiente y, por ello, llega a ser alabado”. Nada más cercano a lo que diariamente vomitan los medios de comunicación, los portavoces de los gobiernos central y autonómicos, los dirigentes de los partidos y sindicatos ya sean de derechas o de izquierdas, profesionales a sueldo de las corporaciones farmacéuticas que se la dan de “científicos”, en definitiva una pléyade de embusteros de aquí a la China.

Podemos escuchar las voces de las izquierdas extraparlamentarias, y alguna de parlamentaria, acusando al gobierno de incompetente, ignorante, etc., expresando de este modo no una crítica radical a su actuación, sino una disculpa por la actuación de un ente incapacitado, y por lo tanto podríamos decir que en sintonía con él a pesar de las falsas apariencias de “oposición”.

En la misma conferencia, Carlos París aludía a Marcuse: “Marcuse pensaba que en el siglo XXI los recursos tecnológicos y comunicativos del poder para controlar a las masas llegarían a un extremo de hacer innecesario el uso de la violencia. En realidad, lo que se ha producido es una nefasta simbiosis entre ambos procederes”. Palabras proféticas cuando podemos constatar en la actualidad que además de la gran manipulación mediática en torno al tema de la pandemia, se han puesto en funcionamiento los aparatos represivos, judiciales, policiales y militares para aterrorizar a quienes todavía se atrevan a dudar de las mentiras oficiales.

¿Qué significa la solicitud de que los trabajadores se queden en casa para evitar su contagio? Significa, ni más ni menos que la asunción del fondo de la cuestión y la controversia en torno a la forma de llevarla a cabo. Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos que jamás se había conseguido tan alto grado de consenso alrededor del poder.

Avanzando un poco en el análisis del comportamiento de los voceros gubernamentales y sociales en el transcurso de la pandemia, tal vez podríamos otorgarles el calificativo de terrorismo, puesto que el terrorismo “explota radicalmente la lógica de lo sensacional y sólo funciona porqué el directo es el funcionamiento de los medios de comunicación” (1). Medios de comunicación o mejor dicho la industria mediática produce en masa objetos temporales “que tienen la característica de ser oídos o mirados simultáneamente por millones, a veces decenas, centenas e incluso miles de millones de “conciencias”, esta coincidencia temporal masiva domina la nueva estructura del acontecimiento a la que corresponden nuevas formas de conciencia y de inconsciencia colectivas” (2). Estaríamos pues ante una nueva dimensión del terrorismo, un terrorismo de Estado amparado por miles, millones de conciencias (o inconsciencias) coincidiendo en la extensión del terror.

¿Cómo ha sido posible la coordinación internacional en la que interviene en primer lugar la OMS, seguida del FMI, la OMC y distintos organismos de las Naciones Unidas? En una primera consideración decir que actualmente no existe una lucha de clases a nivel internacional caracterizada por unos adversarios que disponen de los aparatos de Estado. Lo que si existe es una feroz competencia a nivel mundial entre las economías más potentes y fuerzas militares más agresivas.

En esta contienda, para el control de los mercados, hace años se han disparado las producciones y con ellas una acumulación de todo tipo de productos que no disponían de la correlativa “demanda solvente”. Cientos de millones de personas precisan lo más elemental, como agua corriente y depurada, un mínimo de calorías y vitaminas alimentarias y unas condiciones higiénicas de sistemas de alcantarillado.

En todo el mundo, 3 de cada 10 personas, o 2100 millones de personas, no disponen de agua potable al hogar, y 6 de cada 10, o 4500 millones, no disponen de sistemas de saneamiento, según un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la UNICEF (3).

La instalación de un suministro de agua básico y un váter operativo, así como el mantenimiento de los mismos por un lapso de 10 años, puede costar no más de £70 por persona. Cerca de 315.000 vidas infantiles podrían ser salvadas cada año (4).

Las soluciones a las crisis de agua del mundo cuestan mucho menos del que se podría pensar. Una nueva investigación descubrió que asegurar el agua para nuestras sociedades para 2030 podría costar unos 29 centavos por persona, por día de 2015 a 2030 (5).

Enfermedades comunes relacionadas con el agua y el saneamiento: de diarrea, 1,8 millones de personas mueren anualmente a causa de esa enfermedad, más del 90 por ciento (1,6 millones) son niños y niñas menores de cinco años. Se registran más de 120.000 casos anuales de cólera. Alrededor de 400 millones de menores en edad escolar están infectados por ascárides comunes, tricocéfalos y/o anquilostomas. Hay unos 200 millones de personas afectadas por la esquistosomiasis, 20 millones de las cuales sufren consecuencias graves. Cada año se registran unos 12 millones de casos de fiebre tifoidea. Cada año se registran entre 300 millones y 500 millones de casos de paludismo en todo el mundo y la enfermedad causa cerca de un millón de muertes infantiles (6).

Pero la filantrópica Fundación Bill Gates, a través de Moderna, ya están elaborando una vacuna contra el SARS-Cov a un precio por dosis entre 25 y 30 dólares. Ahí está el negocio y no en la construcción de redes de alcantarillado y potabilización de agua.

La inversión para dotar de agua potable y saneamiento a toda la población que carece de ello desde el 2015 al 2030 es el equivalente al gasto oneroso mundial de publicidad previsto para el año 2024. “El gasto mundial en publicidad mantiene una constante de crecimiento que va de los 503.150 millones de dólares en 2012 a los 646.710 millones en 2019 y unas previsiones de 865.120 millones para el 2024” (7).

Hasta aquí llega el cinismo, la mentira, la falsificación de datos y la censura de cualquier investigación científica sobre la cacareada pandemia del SARS-Cov, no subordinada a los intereses de las grandes corporaciones. Hasta aquí llega la mano criminal de los anunciantes y propagandistas de nuevas vacunas, mientras niegan el agua a más de dos mil millones de personas, las cuales son consideradas como “excedente mundial humano”.

En un artículo escrito en 2017 hacía referencia al “Síndrome de Pedrarias”, libro escrito por Óscar René Vargas, en alusión a Pedro Arias de Ávila también llamado ”Furor Domini” que fue gobernador español en Nicaragua des de 1527 y 1531 el cual se caracterizaba por la fusión entre el gobierno, iglesia y ejército, ligado al nepotismo administrativo y judicial. A Pedro Arias de Ávila se le apellidaba “el de las tres tiaras” o coronas de poder: religioso, civil y militar. Hoy podríamos añadir una cuarta y quinta tiara: los medios de comunicación y los científicos mercenarios. El poeta Julio Valle en la introducción del ensayo de Óscar René Vargas escribía: “El soñador fácilmente despierta y se reconoce gozando con el síndrome de pedrarias y se abandona sin vergüenza a realizarlo”.

En la actualidad, junto al “Síndrome de Pedrarias” tenemos una epidemia del “Síndrome de Pinocho”, conocido también como “mentira patológica” y “mitomanía”, es el que padecen quienes mienten consciente y compulsivamente para conseguir un beneficio, utilizando cualquier relato fuera de la racionalidad. Síndrome extensamente arraigado, como se está demostrando en el quehacer político diario. Evidentemente, ni el mitómano individual ni el político van a reconocer que mienten, es más, acaban creyendo sus propias mentiras. La única vacuna contra estos síndromes se llama lucha de clases, y está desaparecida de las estanterias de los supermercados poíticos.

Nietzsche dijo que el mentiroso es aquel que usa las palabras para hacer que lo irreal parezca real. La mentira no se derrota en teoría. Se derrota en la práctica.

“Mentir es un arte, y para ser creíble la mentira debe parecer aceptable y organizarse de una manera racional” (8).

(1) Bernard Stiegler. La técnica y el tiempo. Vol.2, pág. 210
(2) íb. Pág. 370
(3) https://www.who.int/es/news/item/12-07-2017-2-1-billion-people-lack-safe-drinking-water-at-home-more-than-twice-as-many-lack-safe-sanitation
(4) https://www.wateraid.org/us/sites/g/files/jkxoof291/files/Water%20At%20What%20Cost%20report%20Spanish.pdf
(5) https://www.wri.org/blog/2020/01/cost-to-solve-global-water-crisis
(6) https://www.unicef.org/spanish/wash/wes_related.html
(7) https://es.statista.com/estadisticas/600877/gasto-mundial-en-publicidad/
(8) https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/autoengano-mecanismo-doble-filo/

La OMS inicia la guerra sicológica contra los negacionistas para preparar la vacunación masiva contra el coronavirus

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha iniciado una campaña contra las herejías sanitarias para preparar las vacunaciones masivas contra el coronavirus. Se trata de fomentar la confianza en las vacunas que las empresas farmacéuticas están elaborando (1).

Para ello cuenta con un equipo especializado en influir sobre la opinión pública en campañas políticas y socavar al mismo tiempo la credibilidad de los antivacunas. Se trata del Grupo Asesor Técnico (TAG) sobre Conocimientos y Ciencias del Comportamiento para la Salud, que forma parte de la misma OMS, al que se sumará Cass Sunstein, director del Curso de Economía del Comportamiento y Política Pública de la Facultad de Derecho de Harvard (2).

Así lo reconoció la semana pasada, el Director General de la OMS, Tedros Ghebreyesus, en dos mensajes publicados en Twitter (3).

Sunstein, que aparece en la imagen de portada, es un especialista en cazas de brujas. Fue director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de Obama, donde supervisó las políticas relacionadas con la “calidad de la información”.

En 2008 escribió un artículo seudocientífico en el que proponía que los gobiernos emplearan equipos de agentes encubiertos para “infiltrarse cognitivamente” en los grupos disidentes de la red y en sitios web que promovieran “falsas teorías de la conspiración” contra el gobierno de Washington. En el artículo, Sunstein destacaba el potencial de la infiltración cognitiva en los “grupos extremistas” para introducir diversidad informativa en ellos y exponer las insostenibles teorías de conspiración.

El gobierno de Washington debía dirigir las operaciones sicológicas de infiltración para aumentar la confianza en su política y en los responsables de la misma, socavando la credibilidad de los herejes que la cuestionan.

También debían mantener un vigoroso “cuerpo de desinformación” para contrarrestar a los grupos de conspiranoicos que se oponen a las políticas del gobierno estadounidense. Para ello, debían introducir en las redes sociales agentes encubiertos, terceros pagados por el gobierno o incluso grupos reales de personas.

Sunstein también abogaba por pagar a “expertos independientes” para que defiendan públicamente al gobierno, ya sea en la televisión o en los medios de comunicación social. Es efectivo porque la población ya no confía tanto en el gobierno como en los comentaristas que aparecen con el marchamo de “independientes”.

Como ya anunciamos en agosto, la OMS ya ha firmado un contrato con la empresa de relaciones públicas Hill & Knowlton, conocida por su papel en la fabricación de falsedades para apoyar la Guerra del Golfo. El contrato quiere “asegurar la credibilidad científica y de salud pública de la OMS para garantizar que se siga el asesoramiento y la orientación de la OMS”.

La OMS ha pagado 135.000 dólares a Hill & Knowlton para sobornar para los personajes influyentes de las redes que promuevan sus recomendaciones en los medios de comunicación social y crear una imagen propia como “autoridad” en materia de coronavirus.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=9jYSb7BgkgM
(2) https://hls.harvard.edu/faculty/directory/10871/Sunstein
(3) https://twitter.com/DrTedros/status/1317032112701267971?s=20
(4) https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1084585

Más información:
– Para lavar su imagen la OMS ha contratado a la misma empresa de publicidad que orquestó el montaje de la Guerra de Irak

El miedo es la vacuna más eficaz para frenar el virus de la protesta

Estamos en guerra, martillean los dirigentes de la mayoría de los países afectados por la pandemia de coronavirus. Por lo tanto, como respuesta médica para proteger a sus respectivas poblaciones, paradójicamente decretan el confinamiento de sus poblaciones, introduciendo toques de queda, con una drástica restricción de las libertades individuales y ordenando el cierre de cafés y restaurantes. Con una retórica de guerra que probablemente inflamará la fibra patriótica, más bien esperábamos una declaración de movilización general para luchar contra el invasor viral.

Sin embargo, los temerarios dirigentes de los distintos países, en lugar de alinear un ejército (sanitario) para proteger a la población contra el enemigo (viral) o de pedir a la población que se armara (médicamente) para hacer frente al invasor contagioso, invitan, de manera maquiavélica, a sus respectivas poblaciones a encerrarse en casa, a confinarse, como en la Edad Media, por falta de instalaciones sanitarias diezmadas en los últimos decenios por esos mismos dirigentes, en nombre del rigor presupuestario instituido para reforzar aún más el vigor del capital. Así pues, ante la falta de medios sanitarios y médicos para detener la propagación del coronavirus, los Estados han colocado estratégicamente la respuesta en el terreno militar, como si se tratara de una guerra que debía librarse. Esa lógica belicosa sigue siendo su hoja de ruta hasta el día de hoy.

Con un virus, nunca hay ninguna guerra posible porque la humanidad nunca puede derrotar o erradicar esta criatura viral microscópica. Como dice acertadamente el filósofo italiano Emanuele Coccia: «El virus es una fuerza pura de metamorfosis que circula de vida en vida sin limitarse a los límites de un cuerpo. Libre, anárquico, casi inmaterial, no perteneciente a ningún individuo, posee la capacidad de transformar a todos los seres vivos y les permite realizar su forma singular. ¡Piensa que una parte de nuestro ADN, probablemente alrededor del 8 por ciento, sería de origen viral!”

Los virus son una fuerza de novedad, modificación, transformación, tienen un potencial inventivo que ha jugado un papel esencial en la evolución. “Son la prueba de que estamos en nuestras identidades genéticas, multiespecies que se están manipulando”. En la misma línea, Gilles Deleuze escribió: “Hacemos un rizoma con nuestros virus, o mejor dicho, nuestros virus nos hacen un rizoma con otras bestias” (*).

La lucha contra un virus, que es esencialmente una cuestión médica, una cuestión de salud pública, se libra con inteligencia (ciencia), equipo (sanitario y médico) y previsión (existencias de equipo y camas de hospital), y no con discursos belicosos de incentivo que pueden despertar psicosis en lugar de confianza; con protección médica o de vacunación, esencial para nuestra salud psíquica individual y para la resistencia colectiva, y no por la política de confinamiento debilitante o toques de queda, de infantilización y culpabilidad de los ciudadanos, o peor aún, de criminalización social materializada por medidas de seguridad decretadas generalmente en tiempos de guerra.

Una cosa es cierta: los honestos expertos en salud, incluidos los profesores Eric Raoult, Jean-François Toussaint, Laurent Toubiana, Nicole Delépine y otros científicos anónimos, reconocen la naturaleza benigna de la pandemia de coronavirus. Esta afirmación, en un clima de psicosis de salud marcado por la muerte de un millón de personas, puede parecer provocativa. Pero se basa en estadísticas que arrojan luz sobre la verdad acerca de la mortalidad generada en particular por las enfermedades cardiovasculares: 18 millones de muertes cada año (sin contar los 10 millones de muertes por cáncer y otras patologías letales que diezman a millones de enfermos cada año). Sin embargo, con el coronavirus, hoy hay, a escala internacional, en el décimo mes, 1.000.000 de muertes (esta cifra incluye las 700.000 muertes “ordinarias” de cada año causadas por el virus de la gripe estacional, que se enumeran subrepticiamente en la categoría asociada a “Covid-19”, porque “este llamado nuevo virus está muy fuertemente vinculado al SARS-1 y a otros beta-coronavirus que nos hacen sufrir todos los años de resfriados”, dice el Dr. Beda Stadler, un renombrado inmunólogo de la Universidad de Berna).

Hasta ahora, no ha habido un exceso de mortalidad causado por el Covid-19. El número de muertes relacionadas con el coronavirus (¿hablamos de muertes con Covid o de muertes causadas por Covid? La diferencia es significativa) es relativamente comparable a las muertes causadas por la gripe estacional. Es el tratamiento político y sobre todo mediático el que da una dimensión racional o emocional al hecho social que se pone en conocimiento del público. Y, dependiendo de este tratamiento de los medios, la receptividad de la información y, correlativamente, la reacción colectiva, varían entre el discernimiento filosófico y el miedo histérico.

En realidad, cualquier otro acontecimiento tratado en el mismo registro apocalíptico habría provocado la misma reacción colectiva histérica, alucinatoria y de pánico (terrorismo, contaminación atmosférica, explosión de cánceres u otras enfermedades letales, etc.). Es el tratamiento diferencial de la información lo que causa el choque de los males y da lugar a la carga de aflicción.

¿Cómo podemos explicar que un microscópico ser vivo invisible sea capaz de paralizar la civilización más tecnológicamente equipada de la historia de la humanidad, si no es a través del procesamiento ansiógeno de la información, esa información viral inoculada por los poderosos con el propósito de anestesiar las conciencias y tetanizar los cuerpos colectivos lentos y subversivos? El miedo es la vacuna más eficaz para frenar el virus de la protesta, una vacuna ansiógena desarrollada en laboratorios estatales opacos y administrada por agencias de medios de comunicación en altas dosis de propaganda.

Sin duda, en esta calamitosa gestión de la crisis sanitaria de Covid-19, los medios de comunicación desempeñaron un papel negativamente determinante en la difusión y la percepción de los riesgos y las posibles consecuencias vinculadas al coronavirus. De hecho, los profesionales de la información, especialmente los periodistas, con su tratamiento deliberadamente catastrófico de la información, han contribuido desde el principio de la epidemia al proceso de amplificación de la percepción, que provoca ansiedad, de la crisis sanitaria de Covid-19. Esta es la misión que les han dado los poderosos y los Estados: ¡atemorizar a las poblaciones!

Por otra parte, un reciente estudio de Viavoice, realizado para la Conferencia de Periodismo de Tours en colaboración con France Télévisions, France Médias Monde, Le Journal du Dimanche y Radio France, publicado el 26 de septiembre de 2020, demostró que la opinión de los interrogados hacia los medios de comunicación que cubren la crisis del coronavirus es muy desfavorable. El hallazgo es indiscutible: los medios de comunicación son juzgados severamente por la opinión pública. Son el 60 por ciento para juzgar la cobertura mediática de la pandemia de Covid-19 excesivamente provocadora de ansiedad, indicó el estudio de Viavoice. En cuanto a la forma en que los medios de comunicación cubrieron las noticias, el 43 por ciento de los encuestados consideraron que los medios alimentaban el miedo a la pandemia, y el 32 por ciento pensaron que lo explotaban para ganar audiencia.

Por último, el estudio muestra que la crisis sanitaria y su tratamiento mediático que provoca ansiedad, combinado con una constante operación de manipulación de la opinión llevada a cabo conjuntamente con los gobiernos, tendrá consecuencias en la relación de los ciudadanos con los medios de comunicación y con el poder. Ha surgido un verdadero clima de desconfianza hacia los gobiernos y los periodistas.

Más allá de las legítimas controversias políticas sobre la calamitosa gestión del Estado en la crisis sanitaria de Covid-19, responsable del elevado número de muertes, que se produjeron por una verdadera falta de atención médica, todos los especialistas coinciden en la inocuidad del coronavirus en ausencia de patología preexistente. Esta verdad científica queda demostrada por la baja tasa de mortalidad registrada en Corea del Sur, Suecia y Alemania (lo mismo ocurre en China, el Japón y Taiwán), obtenida mediante una política de salud voluntaria y global, apoyada por exámenes masivos y el suministro de mascarillas y otros equipos médicos a la población, sin la aplicación de una política de confinamiento o coacción, excepto en China.

¿Cómo explicar que China, un país-continente de mil quinientos millones de habitantes, haya “resuelto” la cuestión de la epidemia de Covid-19 en el espacio de 8 semanas, lamentando sólo 4.600 muertes, y que desde febrero de 2020 el país haya recuperado su funcionamiento normal, mientras que los países occidentales, enfrentados a una cuestión social candente, siguen sumidos en la “crisis sanitaria de Covid-19”? Todo sucede como si la perpetuación de la crisis sanitaria se mantuviera deliberadamente por razones ulteriores e impías, o más bien por razones políticas y sobre todo económicas: no son algunos dirigentes los que anuncian que la crisis sanitaria está destinada a durar años.

¿Cómo se puede persuadir a miles de millones de personas de que acepten un confinamiento asesino, toques de queda, restricciones a sus libertades, sacrificios sociales, carnicería económica, si no es recurriendo a una campaña de propaganda estatal y mediática que provoca ansiedad y que está diseñada para enmascarar las verdaderas motivaciones que hay detrás de la gestión apocalíptica de la crisis sanitaria de Covid-19: crear un clima de psicosis y asombro para justificar y legitimar la reconfiguración despótica de la economía mundial con el telón de fondo de la militarización de la sociedad.

(*) En la filosofía francesa posmoderna “faire rhizome” es agruparse para crear un ambiente propicio
Mesloub Khider, https://www.algeriepatriotique.com/2020/10/16/contribution-de-mesloub-khider-le-virus-mediatique-ou-la-fabrique-de-la-peur/

Los laboristas británicos colaboraron con la CIA en el derrocamiento de Salvador Allende en Chile

En tiempos del gobierno laborista de Harold Wilson (1964-1970) el IRD, una unidad secreta del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, lanzó una ofensiva propagandística en Chile para evitar que Allende ganara las elecciones presidenciales de 1964 y 1970.

Los documentos desclasificados por el Ministerio británico de Asuntos Exteriores muestran la complicidad de los laboristas en la desestabilización de Chile.

El IRD reunió información destinada a perjudicar a Allende y a dar legitimidad a sus oponentes políticos, y distribuyó documentos a figuras influyentes de la sociedad chilena.

Dicho organismo también compartió información con el gobierno de Estados Unidos sobre las actividades de la izquierda en el país latinoamericano. La embajada británica en Santiago ayudó a una organización mediática financiada por la CIA que formaba parte de un esfuerzo encubierto de Estados Unidos para derrocar a Allende, que culminó con el golpe de estado de 1973.

Un documento del Ministerio de Asuntos Exteriores de 1964 señala que América Latina era “una zona vital de la Guerra Fría y que la lucha contra una toma de posesión comunista aquí es un interés nacional británico, al menos tan importante como la negociación del comercio y el aumento de las exportaciones”.

El informe añadía que a Estados Unidos “le preocupaba que el Reino Unido actuara en la mayor medida posible en el ámbito de la propaganda” en América Latina.

Varios meses antes de las elecciones presidenciales de Chile de 1964, una unidad de la Oficina del Gabinete Británico denominada Grupo de Trabajo sobre América Latina del Comité Antisubversivo aconsejó al IRD que era “importante impedir que la extrema izquierda obtuviera logros significativos” en Chile, “ahora y en el futuro”.

En aquel momento, Salvador Allende se presentaba a la presidencia como dirigente del Frente de Acción Popular contra el demócrata cristiano Eduardo Frei, quien finalmente ganó con el 56 por ciento de los votos contra el 39 por ciento de Allende.

El IRD lanzó su ofensiva propagandística en Chile apoyando secretamente a Frei en los meses previos a las elecciones. Como escribió Elizabeth Allott, funcionaria del IRD durante mucho tiempo, poco después de la victoria de Frei, la unidad se centró en “distribuir nuestra producción más seria a contactos fiables y asegurar la publicación de ciertos artículos de prensa” críticos con Allende y favorables a Frei.

Allott también propuso “una acción política especial con el apoyo de Estados Unidos” para dividir el voto de la izquierda.

Para los británicos las elecciones de 1964 fueron un éxito histórico. “En Chile, ciertamente tuvimos una rara oportunidad”, escribió Allot. “Si pensamos que nuestro trabajo en América Latina es importante, entonces ciertamente hay pocos lugares que requieran tantos recursos y donde haya tanta libertad de acción para nosotros en nuestros roles negativos y constructivos”.

Leslie Glass, Subsecretario de Estado Adjunto de Asuntos Exteriores y ex Director General de los Servicios de Información Británicos, escribió unos días después de las elecciones que era “una victoria sobre los comunistas para presionar al país”, añadiendo que ahora había “un gobierno de apoyo cuya política, si se lleva a cabo de manera eficaz, ofrece lo que probablemente sea la mejor oportunidad que hemos tenido en el continente de privar a los comunistas de su razón de ser”.

Frei gobernó Chile durante los siguientes seis años hasta que el país volvió a las urnas en 1970. En ese momento, Allende encabezó una coalición llamada Unidad Popular, comprometida con la realización de ciertas reformas en Chile.

Las políticas de nacionalización de Allende planteaban una amenaza considerable para los intereses británicos y estadounidenses, en particular en la principal industria de Chile, el cobre, cuyas minas eran en gran parte propiedad de empresas estadounidenses.

Como Allende parecía cada vez más probable que ganara las eleccioines, la propaganda británica se intensificó. “Chile está en la primera línea del comunismo en Sudamérica”, señaló un planificador del IRD en 1969.

A finales de los años 60 el IRD desplegó un oficial de campo especializado en Santiago, cuyas operaciones estaban dirigidas directamente a frustrar la victoria electoral de Allende.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Asuntos Exteriores envió un agregado laboral a Chile para supervisar la actividad sindical, aunque el agregado fue retirado antes de las elecciones de 1970.

El 13 de julio de 1970, unas semanas antes de las elecciones, Allott informó al embajador británico David Hildyard que “la operación del IRD… se había centrado en impedir la llegada al poder de una alianza de extrema izquierda en las elecciones presidenciales de 1970, y en ayudar a las organizaciones adecuadas que probablemente seguirían existiendo independientemente de lo que ocurriera en las elecciones”.

“El oficial de campo del IRD… tiene contactos muy estrechos con funcionarios especializados del Ministerio [chileno] de Asuntos Exteriores [censurado] y algunas organizaciones estudiantiles. Como en cualquier otra parte de América Latina, podemos cubrir áreas que están fuera del alcance de los estadonidenses”.

Allott también propuso al jefe del IRD, Kenneth Crook, que Gran Bretaña entrenara al ejército chileno en “contrasubversión”. Se refirió en particular a la formación previa del Ministerio de Asuntos Exteriores de la dictadura brasileña, que incluía técnicas de tortura.

Los esfuerzos británicos para detener a Allende fracasaron y las elecciones presidenciales chilenas de septiembre de 1970 llevaron al poder al primer socialista declarado del país.

La acción encubierta británica en Chile se llevó a cabo en colaboración con Estados Unidos, cuyo papel en la desestabilización del país se hizo evidente en los decenios siguientes. Entre 1962 y 1970, la CIA “emprendió diversas actividades de propaganda”, entre ellas “emisiones” de información “en la radio y los medios de comunicación” a favor de Frei y en contra de Allende.

También organizó operaciones de sabotaje contra Allende y realizó una campaña de tres años entre 1970 y 1973 para asesinarlo, canalizando millones de dólares para fortalecer los partidos políticos de la oposición, según un informe del Senado de Estados Unidos.

Los archivos del IRD muestran que a finales de los años 60 los británicos compartieron asesoramiento estratégico e inteligencia con los estadounidenses. Aunque los planificadores del IRD advirtieron a Estados Unidos de que no adoptaran una “línea demasiado extrema” en su propaganda anticomunista, proporcionaron a los estadounidenses una lista de periodistas chilenos que podían difundir contenidos.

Reino Unido y Estados Unidos también intercambiaron información sobre las actividades de la izquierda en Chile, acuerdo que continuó al menos hasta marzo de 1973, como lo demuestran los archivos británicos desclasificados.

El 11 de septiembre de 1973, Allende fue derrocado en un golpe militar dirigido por Pinochet, lo que suscitó una amplia condena internacional. Su régimen se convirtió rápidamente en uno de los más represivos de América Latina en la historia moderna, con miles de opositores políticos encerrados en el estadio nacional de fútbol o en centros de detención secretos.

Junto con la acción encubierta de Estados Unidos, los funcionarios británicos desempeñaron su papel en la preparación del terreno para la toma de posesión de Pinochet en alianza con Estados Unidos.

En octubre de 1970 la embajada británica en Santiago de Chile ayudó en secreto a una agencia de noticias financiada por la CIA, Forum World Features (FWF), a organizar “una cobertura especial de la situación chilena”. Un mes después de la elección de Allende, el Secretario británico de Asuntos Exteriores, Alec Douglas-Home, pidió a la embajada en Santiago que “respondiera a cualquier acercamiento” del FWF después de que su jefe, Brian Crozier, pidiera ayuda con una serie de historias “entre bastidores” sobre el programa de Allende.

La agencia FWF jugó un papel importante en el ataque propagandístico contra Allende. En diciembre de 1973, tres meses después del golpe de Pinochet, el periodista de la FWF Robert Moss publicó “El Experimento Marxista de Chile”, un libro encargado por la CIA que negaba el papel de Washington en el golpe y culpaba a Allende.

El gobierno de Pinochet compró 10.000 ejemplares del libro para distribuirlos dentro de una campaña de propaganda y Crozier recordó más tarde que la obra de Moss “jugó su papel en la necesaria desestabilización del régimen de Allende”.

Hugh Carless, un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores, se mostró de acuerdo, escribiendo en diciembre de 1973 que el libro “nos ayudó a encontrar un equilibrio” sobre Chile.

Rory Cormac, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Nottingham, asegura que los documentos desclasificados revelan que, a medida que la capacidad material de Gran Bretaña ha ido disminuyendo, ha recurrido a la acción clandestina para ayudar a mantener su papel en el mundo.

https://consortiumnews.com/2020/09/25/secret-cables-reveal-britain-interfered-with-elections-in-chile/

Mentiras de alta tecnología

Alto Analytics es una empresa española dedicada a la fabricación de bulos, a pesar de que uno de sus objetivos comerciales es la denuncia de los mismos.

Tiene oficinas en Madrid, Washington y Sao Paulo. Su actividad abarca 125 países y 53 idiomas. Crea una “buena imagen de marca” en las redes sociales para gobiernos, políticos, candidatos electorales, ONG, empresarios y periodistas. Entre sus clientes están la ONU, la fundación de Bill Gates, Ikea, Telefónica o la banca.

El año pasado la patronal de la banca española le confió la puesta en marcha de un sistema de “gestión de la conversación digital” que hay en las redes sociales en torno a los bancos para recuperar su tradicional “buena reputación” (1).

Sin embargo, se ha especializado en situaciones “delicadas” porque también elaboró un informe sobre los “chalecos amarillos” en Francia. Según su página web, “el software y los algoritmos de inteligencia artificial de Alto convierten miles de millones de puntos de datos públicos en ciberinteligencia accionable para una mejor y más rápida toma de decisiones”.

Lo mismo que Maldita, Newtral y demás cazafantasmas, Alto Analytics elabora una realidad a la medida del cliente, intoxica a los medios de comunicación y redacta informes fraudulentos para que los gobiernos puedan justificar determinadas decisiones, como el estado de excepción en Chile en octubre del año pasado.

Para justificar la represión y la censura, Alto Analytics elaboró un informe que culpaba de las protestas populares en Chile a “actores externos”, o sea, a “los rusos”. El informe fue un encargo de la empresa Quiñenco, que forma parte de uno de los mayores grupos monopolistas chilenos: Luksic. La referida empresa puso a Alto Analytics en contacto con el ANI, la central chilena de espionaje (2).

El 12 de diciembre el gobierno de Piñera pasó el informe a la fiscalía, que no se dejó embaucar por la patraña: aquello solo era “humo”. En las movilizaciones masivas participaron manifestantes “que no tenían coordinación entre sí”, dijo la fiscalía (3).

El 21 de diciembre el diario La Tercera reveló extractos del informe (4).

En Chile las redes sociales se mofaron del gobierno y de los autores del informe que, en aquel momento, aún eran una incógnita (5).

En enero La Tercera volvió a la carga y destapó a Alto Analytics como los autores del bulo (6).

Inicialmente la empresa negó haberlo elaborado, hasta que, un mes después, El Mundo se hizo eco de la noticia (7).

El informe se redactó en inglés y desde febrero se puede leer ahora en la propia web de Alto Analytics (8).

Tras conocerse la autoría, el subsecretario del Ministerio chileno de Interior, Juan Francisco Galli, aseguró que la empresa española era “de alto prestigio mundial”.

En su informe Alto Analytics constataba una evidencia: la cadena rusa RT aparece en el noveno puesto en el escalafón de medios influyentes de Chile, por encima de TeleSur y, desde luego de la BBC, Deustche Welle, CNN o New York Times.

Esta influencia informativa desarticula a los medios oligárquicos convencionales, que la reconvierten en “injerencia extranjera”, la misma que ha operado en el Brexit, en Cataluña, en las elecciones que ganó Trump… Todo es culpa de RT y los rusos, sin cuyo exorcismo la población chilena no se hubiera levantado hace un año contra el gobierno.

Aparte de los rusos, decía el informe, Chile es muy vulnerable a las “malas influencias” de gente como el portero de fútbol Claudio Bravo o la cantante Mon Laferte. Para que no ocurran disturbios, además de difundir “buena información”, hay que censurar la “mala”, erradicarlos de los buscadores y de las redes sociales.

(1) https://www.elconfidencial.com/empresas/2019-11-08/aeb-banca-fake-news-alto-analytics_2316704/
(2) https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/01/14/973477/Gobierno-BigData-Quinenco.html
(3) http://www.lanacion.cl/fiscal-guerra-y-la-investigacion-del-estallido-social-informe-big-data-fue-solo-humo/
(4) https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/big-data-del-gobierno-los-detalles-del-informe-estallido-social-entrego-la-fiscalia/947967/
(5) https://www.pauta.cl/nacional/cristobal-huneeus-informe-big-data-gobierno-pinera-kpop
(6) https://www.latercera.com/nacional/noticia/informe-big-data-fue-elaborado-la-empresa-espanola-alto-data-analytics/957097/
(7) https://www.elmundo.es/internacional/2020/02/15/5e47e31321efa09b3a8b460f.html
(8) https://www.alto-analytics.com/en_US/social-unrest-colombia-chile/

Reestructuración demográfica y reorganización del capital: lo que no logró el Club de Roma lo ha logrado el confinamiento y la ‘alarma sanitaria’

Las elucubraciones sobre el destino de la sociedad capitalista, tienen reducido impacto en la vida diaria y el análisis que la izquierda está haciendo. La psicología hu­mana está siendo programada para ser tan cortoplacista que difícilmente podemos concentramos por mu­cho tiempo en problemas que superan un horizonte temporal relativamente corto, hasta que es demasiado tarde. Leer más

El confinamiento está produciendo efectos devastadores en la salud publica a corto y largo plazo

Más de 16.000 científicos y profesionales sanitarios ya han firmado la Declaración de Great Barrington, que aboga por una política sanitaria alternativa para tratar la pandemia de coronavirus, ya que el confinamiento está produciendo “efectos devastadores en la salud publica a corto y largo plazo”.

A la Declaración se han unido más de 150.000 personas particulares.

El nombre de la Declaración procede de la localidad estadounidense en la que fue redactada y se publicó el 4 de octubre en internet (*) y que está accesible en castellano. Entre los promotores figuran tres epidemiólogos y expertos en salud pública de las universidades de Harvard, Oxford y Stanford.

Se trata de Martin Kulldorff, profesor de Medicina en Harvard; Sunetra Gupta, profesor de epidemiología teórica en Oxford; y Jay Bhattacharya, profesor de Economía y Medicina de Stanford.

La declaración sostiene que la política sanitaria implementada hasta ahora conducirá en los próximos años a un mayor exceso de mortalidad, “siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas. Mantener a los niños fuera de las escuelas es una grave injusticia”.

El aumento de la desnutrición en el mundo ha sido otra de las consecuencias del confinamiento. Los cierres de fronteras, las cuarentenas y las restricciones de viajes han interrumpido las cadenas de suministros de alimentos. Esto se refleja en un riesgo de 12.000 muertes por hambre diarias, superiores a los 10.000 muertos por coronavirus que se registraron en todo el mundo el 2 de abril.

Los firmantes defienden el principio de lo que llaman como Protección Focalizada. Dado que una persona en la tercera edad tiene una posibilidad 1.000 veces mayor de morir por coronavirus que un joven, dice la Declaración, una aproximación «estratificada por edades» podría permitir un reparto más adecuado de los recursos para centrarse en los pacientes de alto riesgo y ancianos, permitiendo a las personas sanas mantener abiertos los comercios y a niños y adolescentes seguir asistiendo a escuelas e institutos.

La Protección Focalizada reduciría los “daños colaterales” de los confinamientos, incluyendo las muertes por suicidio, una reducción de la inmunidad en la infancia, y los incrementos en la violencia machista y los abusos familiares.

También permitiría a la población de bajo riesgo mantener su actividad laboral, lo que ayudaría a alcanzar una inmunidad colectiva más rápidamente, reduciendo la duración y la intensidad de los confinamientos.

(*) https://gbdeclaration.org/la-declaracion-de-great-barrington-sp/

El nuevo formato del consultorio radiofónico franquista: Maldita y su interpretación ‘auténtica’ de la pandemia

En 1947 la radio franquista inauguró uno de los programas de más éxito de su historia: el consultorio de Elena Francis. Las oyentes preguntaban por carta y el franquismo respondía a través de Radio Barcelona. En aquellos años las radios eran como hoy las redes sociales y, como vemos, eran más interactivas de lo cabía sospechar.

También era un proyecto más comercial de lo que aparentaba, porque trataba de publicitar de manera encubierta una marca de cosméticos. A lo largo de todo el franquismo los temas se ampliaron luego con los maridos, los niños, la decoración del hogar, las manchas de la ropa y cosas por el estilo. Muchos se criaron creyendo que en la radio había alguien llamada Elena Francis que respondía a sus preguntas sobre belleza. Pero se trataba de un equipo compuesto por siete guionistas. Uno de ellos fue Ángela Castells, miembro de la sección femenina de la Falange. El periodista Juan Soto Viñolo, que se hizo cargo del programa desde 1966, confesó que no sólo se inventó las respuestas, sino también las preguntas. Era publicidad. Se trataba de subir los índices de audiencia.

Con el éxito del programa, la radio buscó nuevos guionistas, cuyas respuestas eran supervisadas por un equipo de sacerdotes antes de emitirse en abierto. El consultorio de Elena Francis fue un gran engaño, tan grande como la transición, por lo menos, y acabó en 1984. Ya no tenía oyentes, pero cuando los autores del fraude lo confesaron, resultó una enorme decepción para sus seguidores.

Hoy los inquisidores de Maldita han renovado el formato del consultorio radiofónico franquista. Los lectores preguntan y Maldita responde. Lo mismo que la radio franquista, responde incluso antes de que nadie le pregunte nada. Los fraudes mediáticos no acabaron en la transición, porque son consustanciales a los altavoces de una clase social explotadora y dominante.

Las respuestas de Maldita también son guiones periodísticos revisados por un Sumo Sacerdote antes de salir a la luz pública para impedir que se filtren herejías. Es un refuerzo de la ideología dominante, a la que no le basta con dominar, como en tiempos de Marx y Engels: aspira a ser un canon, una ideología uniforme y única que se expresa a través de un único portavoz.

Maldita no trata de demostrar la naturaleza falaz de un bulo sino que aspira a convertirse en intérprete de la realidad. Si The Lancet afirma por dos veces que covid-19 no es una pandemia (1), Maldita expone lo que realmente quiere decir la revista, que es muy diferente a lo que hemos leído con nuestros propios ojos.

Sí, no sabemos leer. Hemos sacado el título de contexto, a diferencia de Maldita, que hace equilibrios en el alambre para darle la vuelta a un asunto que no tiene vuelta de hoja (2). No hace falta ninguna interpretación de una frase repetida dos veces que, por su simplicidad, no tiene otra interpretación posible que sus propios términos.

Desde luego que si cupiera alguna interpretación, no le corresponde realizarla a la Maldita Inquisición, que justifica su existencia por desmentir bulos, no por interpretar textos redactados por terceros.

El artículo de The Lancet es un ataque nada disimulado a la OMS, no sólo por su actitud reduccionista, típica de las corrientes dominantes de la microbiología, sino por su retorno a un concepto trasnochado, el de “pandemia”, que quiso abandonar el 31 de enero y no pudo por las presiones a las que está sometida.

Es evidente que si el 11 de marzo la OMS declaró una pandemia con poco más de 4.000 muertos en todo el mundo, hay muchísimas enfermedades que matan más y merecen el mismo calificativo, por lo menos. Pero, como se está demostrando a cada paso, se trata de imponer a los países una política sanitaria uniforme que no disperse su atención en múltiples enfermedades al mismo tiempo. Lo que se les pide es que sólo atiendan a una de ellas.

Una vez que la política sanitaria fija su atención en una parcela muy reducida de la realidad, cualquier desastre es posible, como el de los asilos. Pero esa manera de proceder es imprescindible para justificar la propia realidad de una pandemia, de tal manera que todo el exceso de mortalidad que se está produciendo, especialmente en España, se atribuye a un único motivo.

Hace un par de días OKDiario lo expresó muy claramente: “El exceso de muertes con respecto al mismo periodo del año pasado se eleva hasta esos 56.110 muertos [en España]. Puesto que la única causa extra de mortalidad en esos meses es el coronavirus, la práctica totalidad de esas muertes corresponden, por pura lógica, al Covid” (3).

Las pandemias son así “lógica pura”, o quizá peor: tautologías. Están al principio y al final de la argumentación. Es una profecía que se cumple por sí misma.

No es algo propio sólo de la actualidad. Cuando los historiadores se refieren a las epidemias pasadas, como la “gripe española” de 1918, mezclan patologías muy distintas en el mismo saco y, lo que es peor, suponen que todas ellas tienen una misma causa (4), cualquiera que sea el lugar en el que se produzcan, independientemente de las circunstancias.

Hay que agradecer que, siete meses después, The Lancet se baje del burro y no sólo se refiera a la presencia de enfermedades “no contagiosas” en medio de una delirio de contagios, sino que ponga encima de la mesa los factores sociológicos de las mismas o, en otras palabras, que las enfermedades y las muertes no son sólo fenómenos “naturales” sino que son evitables, al menos en parte, y que quienes no las evitan son responsables de ellas. La lucha de clases tiene, en efecto, este tipo de consecuencias, aunque la izquierda domesticada no quiera hacerse cargo de las mismas.

El artículo de la revista es, pues, un intento desesperado para que la medicina moderna no siga haciendo el ridículo en este punto. Bienvenido sea.

(1) https://mpr21.info/covid-19-no-es-una-pandemia-admite-por-fin-la-revista-medica-the-lancet/
(2) https://maldita.es/malditaciencia/2020/10/05/the-lancet-no-niega-existencia-covid19-no-conspiracionista-cambio-pandemia-sindemia-factores/
(3) https://okdiario.com/espana/datos-del-ine-dejan-evidencia-sanchez-espana-supera-56-000-muertos-coronavirus-6226167
(4) https://mpr21.info/ciencia-e-ideologia-la-arqueologia/

La falsificación de los ataques químicos en Siria en 2018 llega al Consejo de Seguridad de la ONU

Ante el fraude organizado por la OPAQ sobre los ataques químicos en Siria en abril de 2018, el Consejo de Seguridad de la ONU organizó el 28 de setiembre una sesión abierta que fue grabada y que se puede consultar en internet (*).

La OPAQ es el organismo internacional que se encarga de vigilar el empleo de armas químicas prohibidas por el derecho internacional y el año pasado falsificó las evidencias para imputar al gobierno de Damasco el ataque contra el barrio de Duma en 2018 y justificar de esa manera el bombardeo posterior de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra infraestructuras sirias.

Dicho ataque fue un montaje del que son responsables Estados Unidos y sus peones yihadistas sobre el terreno. La OPAQ se encargó de encubrirlo, manipulando el informe original redactado por los inspectores que acudieron al lugar de los hechos.

Si la OMS quedó gravemente comprometida con sus pandemias ficticias, la OPAQ también ha quedado en evidencia y son sus propios miembros los que han comparecido para denunciarlo ante la ONU.

El principal testigo ha sido Ian Henderson, miembro del equipo que investigó en Duma, asistido por el físico Ted Postol, profesor emérito del MIT y antiguo asesor del Pentágono. Se trata de científicos con más de 25 años de experiencia en la OPAQ.

Además de inspeccionar el lugar del supuesto ataque, Henderson entrevistó a docenas de testigos, hizo mediciones, examinó los cilindros de gas encontrados, tomó muestras y cientos de fotografías.

A su regreso de Siria, el equipo redactó un informe exhaustivo de sus hallazgos que exculpaba al gobierno de Siria.

Dicho informe fue modificado en secreto para alterar las conclusiones, con tan mala fortuna que ambas versiones, la original y la manipulada, fueron publicadas por Wikileaks.

El informe original no concluía que se hubiera producido un ataque químico y presentó la posibilidad de que las víctimas de Duma hubieran muerto en un incidente “no químico”.

Cuatro expertos de un Estado miembro de la OPAQ y la OTAN realizaron un examen toxicológico y concluyeron que los síntomas observados entre las víctimas de la Duma “eran incompatibles con la exposición al cloro, y no se pudo identificar ninguna otra sustancia química conocida que causara los síntomas”.

Las pruebas químicas sobre las muestras tomadas en el lugar indicaron que, en efecto, se habían detectado compuestos clorados en un rango de partes por billón. La mayoría, si no todos, podían ser el resultado del contacto con productos domésticos corrientes, como la lejía, o del agua clorada o los conservantes de la madera.

Las muestras de control tomadas por los inspectores para contextualizar los resultados del análisis nunca fueron analizadas.

Los inspectores que viajaron a Siria y redactaron el informe original protestaron ante los jefes de la OPAQ por la alteración del informe y denunciaron que antes de la publicación del informe falsificado, una delegación de Estados Unidos visitó la OPAQ a fin de que dejara claro que el gobierno de Damasco había atacado Duma con gases de cloro.

La visita de dicha delegación se produjo antes de que las conclusiones se hubieran publicado, por lo que se suponía que nadie tenía conocimiento de su contenido. Por lo tanto, se había producido una filtración de la OPAQ a Estados Unidos.

En virtud de la Convención Internacional de Prohibición de Armas Químicas, los Estados firmantes se comprometen a respetar la imparcialidad del organismo, lo cual no se ha respetado.

Tras las presiones llegaron las destituciones. Si unos expertos no dicen lo que los imperialistas quieren oír, recurren a otros. El equipo cambió y nombraron otro para falsificar el informe que se hizo público el año pasado. En dicho equipo no había nadie que hubiera viajado a Siria, con excepción del conductor de la ambulancia.

La OPAQ, capitaneada por el pelele español Fernando Arias que aparece en la foto de portada, publicó el informe falso en marzo del año pasado, con conclusiones diametralmente opuestas al anterior: había “motivos razonables” para creer que se había producido un ataque con armas químicas en Duma y que “el producto químico tóxico era probablemente el cloro molecular”.

Los medios del mundo entero acogieron la falsificación en un lugar destacado de sus noticiarios.

Ni los cazadores de bulos, ni Maldita, ni Newtral, han denunciado el fraude.

Todo lo contrario. Tras un fraude hay que “matar al mensajero”, hay que pasar a atacar al que lo denuncia. Desde su sillón, el pelele Arias comenzó una campaña contra Henderson y otro de los inspectores que redactaron el primer informe.

(*) http://webtv.un.org/search/security-council-arria-formula-meeting-syria-chemical-weapons/6195494067001/

“Hay que martillear la verdad con constancia porque la falsedad sigue difundiéndose, no sólo entre algunos sino entre una multitud de personas. En la prensa y en los diccionarios, en las escuelas y universidades, por todas partes la falsedad impera, muy cómoda y feliz de saber que la mayoría está con ella” (Goethe)

El maccarthismo posmoderno ya no dice el nombre de sus enemigos

El Parlamento Europeo ha creado un “comité especial” encargado de destapar las “influencias extranjeras” que amenazan la integridad democrática de la Unión Europea y los fundamentos de nuestras sociedades libres.

Hace tiempo que la caza de brujas campea a sus anchas por el Viejo Continente, otra de esas olas de histeria de la que se encargará el eurodiputado Raphaël Glucksmann. Se buscan bichos raros, herejes incómodos, de esos que a cada paso sacan los pies del tiesto.

“La era de la ingenuidad europea ha terminado”, dice Glucksmann y él es el mejor ejemplo. Las audiencias comenzaron el 23 de setiembre.

En tiempos del senador MacCarthy eran los comunistas, pero ahora no nos dicen los nombres, aunque tampoco es necesario si recordamos que Glucksmann fue consejero del Presidente georgiano Mijail Saakachvili.

Sí, en efecto, hablamos de Rusia y de sus redes de injerencia, su RT, su novichok y sus numerosos agentes esparcidos por las redes sociales. Una quinta columna que busca la destrucción de la democracia europea.

La misión del nuevo maccarthismo se expresa en el lenguaje de la OTAN. Consiste en “evaluar el nivel de las amenazas, ya sean campañas de desinformación, financiación de partidos políticos o campañas, o ataques híbridos”.

También estudiarán “la transparencia de la financiación de los partidos y las campañas, comprobando las acciones y normas nacionales en este ámbito, así como las influencias externas a través de las empresas, las ONG o la tecnología”.

¿Se refieren a los terroristas kosovares?, ¿a los Cascos Blancos?, ¿a los yihadistas moderados?, ¿a los nazis ucranianos?, ¿a los bielorrusos quizá? No. La Unión Europea no investigará sus propias redes de influencia porque trabajan en pro de una buena causa.

El Comité Glucksmann se centrará en perseguir al Eje del Mal, sus ciberataques y su desinformación, así como a la Quinta Columna, los cómplices, el enemigo interior, que son aún más peligrosos que el otro. El objetivo es identificar las campañas “dirigidas por organizaciones y actores europeos […] que podrían perjudicar los objetivos de la Unión Europea, o influir en la opinión pública para complicar la elaboración de posiciones comunes”.

Glucksmann y sus inquisidores publicarán un informe. El nombre del editor ya circula por los mentideros de Bruselas: la letona Sandra Kalniete, que fue sucesivamente Ministra de Asuntos Exteriores de su país, y luego Comisaria Europea, antes de aterrizar en Estrasburgo. Es hija única por lo que explica en un libro autobiográfico: “Mis padres no querían ofrecer otros esclavos al poder soviético, no tenía hermanos ni hermanas”.

Así están las cosas por Bruselas.

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