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Ya no se habla de otra cosa que de las guerras que nos aguardan

Los “expertos” ya no hablan de otra cosa que de la guerra; no de las que ya existen sino de las que están por venir, asegurando que serán peores que las que ya han comenzado. La semana pasada un columnista del New York Times, Nicholas Kristof, se preguntaba si la ansiedad estadounidense por la guerra podría convertirse en una profecía autocumplida.

Irán es un país que tiene todas las papeletas para ser víctima de la próxima guerra, aunque los “expertos” le dan la vuelta al asunto: Irán será el causante de la misma.

Uno de esos “expertos” con bola de cristal para hacer sus propios vaticinios, Michael McFaul, no se conforma con Irán y apuesta por una “guerra ampliada” contra Rusia. McFaul es un profesor de la Universidad de Stanford al que Obama nombró embajador en Rusia.

Después de un viaje a Lituania la semana pasada y de múltiples reuniones con las pandillas dirigentes, este “experto” concluye que si Putin logra anexionarse más territorio ucraniano, quedará muy satisfecho. Porque Putin no ha hecho más que empezar. Ha transformado a Rusia en una economía de guerra y la posibilidad de una guerra “directa y convencional” con la OTAN es más que inminente, escribe.

No obstantge, hay un factor esperanzador para creer en la paz: el ejército ruso fracasó el año pasado en cuanto los ucranianos le hicieron frente y, además, las perspectivas a largo plazo de su economía son muy débiles, afirma el académico.

Además, la frontera occidental de Moscú está salpicada de miembros de la OTAN, así como de una organización que ha aumentado significativamente su destreza militar. Durante el año pasado, la OTAN aumentó su gasto militar en casi 200.000 millones de dólares, casi igual al presupuesto anual de defensa de Rusia. Es un buen argumento para que a Rusia no se le ocurra emprender acciones militares en Occidente contra cualquiera de los miembros de la OTAN.

“Kim Jong-un ha decidido ir a la guerra. El peligro ya va mucho más allá de las advertencias rutinarias de Washington, Seúl y Tokio sobre las provocaciones de Pyongyang”, escriben Robert Carlin, un analista del Departemento de Estado, y Siegfried S. Hecker, el antiguo director del Laboratorio de Los Alamos.

Evidentemente no lo saben. Se lo han sacado de su calenturienta imaginación. Sin embargo, Corea del norte nunca iría a ninguna guerra sin el respaldo de Rusia, de China o de ambos.

El antiguo embajador alemán en Corea del norte, Thomas Schafer, tiene una interpretación mucho más solvente. Dice que Pyongyang recurre la tensión para negociar un acuerdo antes de que Trump vuelva a la Casa Blanca.

Sin embargo, al hablar de la tensión en el Extremo Oriente hay que destacar que nadie ha contribuido más a echar leña al fuego en la región que Estados Unidos, manteniendo una política de no reconocimiento de Corea del norte, que deja poco margen para la diplomacia y demasiado para recurrir a la fuerza. Muchas de las pruebas de armas de Corea del norte se producen tras ejercicios militares entre Estados Unidos y Corea del sur.

“La guerra podría estallar en cualquier momento”, escribe Lyle Goldstein, otro “experto”, en referencia a un ataque de China contra Taiwán. En realidad, las relaciones entre China y Estados Unidos han mejorado bastante en los últimos meses y el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, ha hablado en privado con el ministro chino de Asuntos Exteriores.

Pero el belicismo está causando estragos, sobre todo, en los medios de comunicación de Estados Unidos. Quieren guerra y abogan por el uso de una mayor fuerza militar por parte del Pentágono.

En los últimos días, por ejemplo, el Washington Post ha publicado editoriales titulados “Corea del norte va de mal a peor” y “Estados Unidos debe golpear a Irán y hacerlo inteligentemente”.

El New York Times ha publicado un bulo caraterístico de la intoxicación mediática del momento. Se titula “Una OTAN preocupada se prepara para una invasión rusa” y asegura falsamente que Rusia “podría invadir un país de la OTAN dentro de la próxima década” y que la OTAN “podría tener que enfrentarse a sus fuerzas [las rusas] sin el apoyo de Estados Unidos”.

La bola de cristal del New York Times es basura. Lo comprobaremos… dentro de diez años.

El ‘conflicto israelo-palestino’ y otras tergiversaciones de los sionistas

Un grupo de presión prosionista con sede en Washington, Proyecto Israel, contrató a Frank Luntz, un estratega político republicano, para mejorar la imagen de Israel en los medios. La misión de Luntz era lograr que las principales cadenas de comunicación adoptaran el vocabulario israelí como propio.

Sus propuestas fueron publicadas en un informe reservado de 112 páginas titulado “The Israel Project’s 2009 Global Language Dictionary” (*) y desde entonces han contaminado los reportajes y documentales sobre lo que llaman “el conflicto israelo-palestino”. A través de Estados Unidos, la retórica de Luntz es un canon que se ha extendido al resto del mundo.

La retórica del “conflicto” presenta una especie de balanza entre dos poblaciones, palestinos e israelíes, con parecidos recursos políticos y militares. Pero no hay ninguna simetría. Israel es un Estado y los palestinos son una población colonizada.

Luntz recomienda a los propagandistas del sionismo que adapten sus discursos a las diferentes audiencias y busquen las palabras y frases adecuadas que deben usar, así como las que deben evitar.

Lo más importante es hacer frente a las declaraciones palestinas y fingir compasión por ellas. Hay que ir de buenos. En primer plano siempre debe figurar que el deseo de Israel es la paz.

También es importante utilizar el manoseado “ciclo de violencia” que -supuestamente- ha estado azotando a Palestina durante miles de años. Es un “conflicto bíblico” en el que ambas partes tienen alguna parte de culpa.

Los derechos humanos son estupendos, pero el mundo debe tener en cuenta que Israel “necesita seguridad” porque de esa manera los israelíes siempre aparecen como víctimas inocentes, mientras que los palestinos son los “terroristas”.

Para ello es necesario asimilar a los palestinos con Irán, Hezbollah y Hamas, de donde sólo hay paso para llegar a un “fundamentalismo” que siempre da miedo al oyente. Por eso, al hablar de Hezbollah, Hamas o Ansarollah, es necesario repetir que están “vinculados a Irán”, cualquiera que sea lo que eso signifique.

No existe el ejército de ocupación israelí sino IDF o el Tsahal, o sea, fuerzas de autodefensa o de seguridad. Por el contrario, los palestinos “atacan” a los pacíficos pobladores de los asentamientos israelíes.

Lo mismo ocurre con el vocabulario político: a diferencia de sus vecinos árabes, Israel es un Estado democrático, moderno, donde hay elecciones periódicas…

Pero de la misma manera que hay un vocabulario que aparece siempre en los medios, hay otro que no aparece nunca. Por ejemplo, la palabra “ocupación” que convierte al Estado de Israel en lo que es desde el punto de vista histórico: un injerto, un Estado creado por emigrantes en una tierra que no era la suya.

(*) https://www.docdroid.net/fa9h/the-luntz-report-the-israel-projects-2009-global-language-dictionary-pdf

Fracasa la maquinaria sionista de relaciones públicas

Un término hebreo asociado a los esfuerzos de propaganda global de Israel, “hasbara”, ha fracasado en contrarrestar la narrativa propalestina en la Guerra de Gaza. Como herramienta de primera línea de la estrategia de seguridad nacional de Tel Aviv, la pérdida de la batalla publicitaria equivale a la pérdida de su ventaja militar cualitativa.

“Israel condena la decisión de Sudáfrica de actuar como abogado del diablo. La historia juzgará a Sudáfrica por su complicidad criminal en la masacre más sangrienta de judíos desde el Holocausto, y la juzgará sin piedad”. El portavoz del gobierno israelí, Eylon Levy, expresó con estas palabras su consternación ante Sudáfrica por presentar una demanda ante el Tribunal Internacional de Justicia por el genocidio que ha matado a más de 24.000 civiles en Gaza.

Mientras la guerra de Gaza entra en su cuarto mes, Israel lucha por moldear la opinión pública internacional mediante su enorme maquinaria de propaganda “hasbara” y un considerable presupuesto asignado a actividades de “diplomacia pública” a escala mundial. El Estado ocupante está perdiendo la guerra de propaganda, cediendo la imagen de “víctima” que ha cultivado durante mucho tiempo a la de autor de horribles crímenes de guerra.

Tras el 7 de octubre Israel intensificó sus esfuerzos en los medios y la diplomacia digital, junto con sus acciones militares y de seguridad. Consciente de la importancia de enmarcar estos acontecimientos para moldear la percepción pública, Israel ha hecho todo lo posible para construir narrativas imparables que etiquetan las acciones de la resistencia palestina como “terrorismo”, tanto a escala nacional como internacional.

Pero ante la escala sin precedentes del activismo propalestino en las redes sociales y sobre el terreno, en forma de protestas mundiales, Israel y sus aliados occidentales han colaborado para suprimir estas contranarrativas con el fin de crear apoyo para el ejército de Tel Aviv.

El libro de Greg Shupack, “La historia equivocada: Palestina, Israel y los medios”, destaca tres marcos centrales que forman las bases de la narrativa de Israel hacia Occidente: poner la responsabilidad en ambos lados por igual, presentar a los “extremistas” como el principal obstáculo a los esfuerzos de paz y socavar las voces moderadas, e insistir en el derecho de Israel a la “autodefensa”, incluso frente a protestas desarmadas, sin tener en cuenta los derechos de los palestinos.

Este marco guía la cobertura de los medios occidentales sobre el “conflicto israelí-palestino”. Además, Israel explota los reclamos históricos sobre tierras palestinas y las acusaciones de antisemitismo para dar forma a su narrativa y atraer la simpatía occidental.

“Hasbara” utiliza varias estrategias para influir en la narrativa de los medios occidentales. La primera es apelar a la conciencia occidental: tanto a escala oficial como popular, eso implica asociar a Hamas con el Califato Islámico (“El mundo ha derrotado al Califato Islámico y el mundo derrotará a Hamas”) y presentar el 7 de octubre como “el 11 de septiembre de Israel”. Esta táctica tiene como objetivo crear una conexión emocional para reducir lo que podemos llamar la “brecha emocional”.

En segundo lugar está la falsificación de hechos y la fabricación de mentiras. Esta estrategia juega un papel importante al aprovechar la “distorsión de anclaje”, que implica presentar una versión de los hechos que influye en la manera de percibir la información posterior, como la famosa acusación, ahora negada, de “40 bebés decapitados”. Utilizando esta estrategia, el presidente israelí Isaac Herzog, por ejemplo, afirmó que los combatientes de Hamas tenían instrucciones sobre la fabricación de armas químicas.

En tercer lugar, el uso de publicidad pagada y de personas influyentes. En poco más de una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel transmitió 30 anuncios vistos más de cuatro millones de veces en X/Twitter.

En cuarto lugar, establecer la idea de diferencia cultural. Al deshumanizar a los palestinos y asimilarlos a “otros”, Israel busca enfatizar su conexión exclusiva con la civilización occidental. Las declaraciones de funcionarios israelíes, como la referencia del Ministro de Defensa, Yoav Gallant, a los “animales de lucha” y el llamamiento de Netanyahu al mundo civilizado a luchar contra los “bárbaros”, firman parte de esa técnica.

La guerra de la información da un giro dramático

La operación “Inundación de Al Aqsa” constituyó un salto cualitativo para la causa palestina en el ámbito mediático, si creemos en los resultados obtenidos gracias a la interacción masiva de la población mundial y a las grandes protestas en muchos países, elementos que poco a poco se han infiltrado en la cobertura de los medios, incluso en la de las grandes empresas.

A pesar de las grandes disparidades entre palestinos e israelíes en términos de medios, tecnologías, recursos materiales y alcance de los grandes medios de comunicación, las redes sociales se han convertido en el gran factor de paridad en esta guerra informativa, haciendo cada vez más difícil la tarea de los medios oficiales de ignorar el discurso palestino sobre los acontecimientos.

Reconocer la eficacia de la narrativa palestina en la guerra de la información es igualmente importante para el fracaso de “hasbara”.

Los israelíes ahora se ven obligados a perseguir a sus aliados clave para ayudar a salvar su narrativa, como cuando el presidente Herzog se quejó ante el Primer Ministro británico Rishi Sunak por no definir a Hamas como una organización terrorista. El grupo de noticias más grande de Europa, Upday, había pedido a su personal que priorizara el punto de vista israelí, minimizara la cobertura de las muertes palestinas, evitara titulares propalestinos y formulara comentarios de los políticos israelíes de una manera que deshumanizara a sus oponentes. Este tipo de revelaciones han hecho que los espectadores de todo el mundo tomen a sus medios con cautela.

Aún más instructivo es el creciente número de periodistas y figuras políticas que han abandonado sus organizaciones en protesta contra el discurso forzado a favor de Israel y que muchos famosos han sido despedidos por posturas públicas que favorecen el punto de vista palestino.

Las interpretaciones de los medios de comunicación occidentales e israelíes han debilitado la confianza del público en el discurso israelí-occidental a escala mundial, particularmente después de acusaciones descabelladas y sin fundamento que ahora se ha demostrado que son falsas. Según ellas, supuestamente Hamas “decapitó a 40 bebés” y dirige sus operaciones desde un centro de comando ubicado debajo del hospital Shifa y quiere adquirir armas químicas. La confirmación por parte de Biden de que los bebés habían sido decapitados, basándose en “fotos auténticas”, también influyó en el cambio.

Los profesionales de los medios y los políticos están socavando cada vez más el discurso israelí al utilizar el término “genocidio” en lugar de “autodefensa”, en gran medida porque las organizaciones internacionales han intervenido para proporcionar hechos y cifras que demuestran que Tel Aviv está matando civiles indiscriminadamente, en cantidades mucho mayores en número y con mayor poder de fuego que en cualquier otro conflicto de este siglo.

Incluso han comenzado a refutar su propio y trillado argumento de que el “antisionismo” es “antisemitismo”, y los dirigentes políticos occidentales se apresuran a diferenciar la coalición de Netanyahu del resto del cuerpo político israelí, aunque principalmente es para deshacerse de esa coalición para rehabilitar la imagen de un Israel en la posguerra.

Los propalestinos alcanzan 4.800 millones de visitas

Al mismo tiempo, la narrativa palestina enfatiza la resistencia a la implacable opresión de Israel y ha logrado contextualizar los acontecimientos del 7 de octubre como una resistencia justificable de Gaza, “la prisión al aire libre más grande del mundo”, contra 75 años ininterrumpidos de opresión inhumana –una opresión que el mundo ha llegado a comprender mejor a través de tres desgarradores meses de genocidio en X/Twitter, Instagram, TikTok y Facebook.

Debido a que los principales medios de comunicación han tenido que restablecer cierto “equilibrio” frente a las noticias más importantes del momento, el contexto histórico palestino se ha extendido a las noticias, como lo demuestran innumerables entrevistas, como la del embajador palestino en Gran Bretaña, Husam Zomlot, que ayudan a ampliar la comprensión pública más allá de los acontecimientos recientes.

A pesar de los denodados esfuerzos de Israel por suprimir la narrativa palestina en los países occidentales, las protestas propalestinas han aumentado y etiquetas como #StandWithPalestine continúan dominando las plataformas de redes sociales. La etiqueta alcanzó más de 4.800 millones de visitas, superando a #StandWithIsrael en TikTok, a pesar de las numerosas restricciones vigentes.

Al intentar preservar la simpatía mundial basada en los acontecimientos del 7 de octubre, las tácticas de desinformación y mentiras de Israel a través de su aparato mundial “hasbara” sufrieron considerables reveses y reacciones violentas, que podrían haberse evitado por completo si no hubiera destrozado la Franja de Gaza.

El asesinato y la mutilación de decenas de miles de civiles palestinos –principalmente mujeres, niños y refugiados– durante la casi alegre demostración de furia de Tel Aviv, ha trastocado permanentemente la narrativa israelí de “David contra Goliat”. Sus aliados occidentales sufrieron la misma suerte en el mundo de las redes sociales, ya que cada historia refutada por Israel se repitió palabra por palabra en las principales capitales occidentales.

Sin duda, Gaza ha vuelto a poner la causa palestina en el centro de atención, obteniendo un apoyo popular que rara vez se logra a escala mundial, aumentando la presión sobre los gobiernos, las ONG y los medios de comunicación para que reconozcan y combatan el genocidio israelí en curso.

Dadas las ahora evidentes dificultades que enfrenta Tel Aviv para lograr sus objetivos militares declarados, ni siquiera una victoria nominal de Netanyahu puede compensar el colapso de “hasbara” en el país. Es un desastre de seguridad nacional que supera con creces las pérdidas militares. Para Israel, esta guerra se perdió en el momento en que arrojó bombas sobre los habitantes de la Franja de Gaza.

—Ali Choukeir https://new.thecradle.co/articles/israels-well-oiled-pr-machine-collapses

Las ‘armas de destrucción masiva’ explotan en Londres con 20 años de retraso

Los británicos tienen suerte porque a los veinte años se levantan los secretos oficiales y, aunque con mucho retraso, pueden conocer los embustes de sus gobiernos. Lo malo es que, después de tanto tiempo ya nadie se acuerda de lo que pasó entonces y de lo que mintieron unos y otros.

Los últimos que se han destapado ahora conciernen a la Guerra de Irak, que vuelve a la polémica y los ajustes de cuentas. En 2003 Bush no logró formar una de sus ya famosas “coaliciones internacionales” y pidió voluntarios. Se presentaron dos, Aznar y Tony Blair. Juntos subieron al escenario como el Trío de las Azores.

La imposibilidad de formar una “coalición internacional” ya demostró que, entre bastidores, la oposición a la guerra iba a ser muy extensa, como se demostró en las calles de Europa y, singularmente, en España. La cortina de humo de las “armas de destrucción masiva” se destapó demasiado pronto.

Con los papeles en la mano, el antiguo portavoz del gobierno británico, Alastair Campbell, se ha querellado contra la BBC por la cobertura que el canal hizo de la guerra, denunciando que en Irak no había “armas de destrucción masiva”. El Partido Laborista había falsificado los informes sobre las armas irakíes.

Campbell fue uno de los asesores clave de Blair y en una carta que le dirigió entonces expresaba su descontento con la información. “Si la BBC continúa siendo beligerante, creo que la retórica se debe intensificar hasta el punto de amenazar con poner el asunto en manos de los abogados”, escribió.

Nunca se materializó la amenaza y, junto con Blair, envió mensajes para presionar a la cadena y sostener las mentiras del gobierno laborista.

La fuente de la BBC, David Kelly, un funcionario del Ministerio de Defensa, se suicidó. Campbell tuvo que dimitir. También dimitieron el director general de la BBC, Greg Dyke, y el presidente del canal, Gavyn Davies. Se abrió la típica investigación que no investiga nada.

Los documentos desclasificados muestran que a Blair le advirtiron de que la oficina de prensa del gobierno había perdido toda credibilidad debido a la actitud beligerante de Campbell. El secretario privado del Primer Ministro le manifestó que cada vez más Downing Street era percibida como una “maquinaria política de manipulación”.

El ejército israelí intoxica a la población con cuentas falsas en las redes sociales

Las leyes israelíes prohíben al ejército intoxicar a la población con embustes y bulos en los medios de comunicación. Eso se puede hacer con el resto del mundo, pero no con los propios israelíes. Sin embargo, el diario Haaretz ha descubierto una cuenta del ejército israelí en Telegram dedicada a la intoxicación propagandística (*).

La cuenta la dirige el Departamento de Influencia de la Dirección de Operaciones del ejército, responsable de las operaciones de guerra sicológica. El canal se llama “72 Virgins Uncensored” y muestra contenido exclusivo de la guerra en Gaza. Ha publicado más de 700 mensajes, imágenes y vídeos de palestinos asesinados, a los que califica como “terroristas”.

Un alto oficial militar ha confirmado al periódico que el ejército es el responsable de la publicación. Su primer mensaje apareció el 9 de octubre, dos días después del inicio de la guerra, bajo el nombre de “Los Vengadores”. Al día siguiente, el nombre fue cambiado a “Azazel”, haciéndose eco de la pronunciación hebrea de “Gaza” y, al mismo tiempo, un término del Antiguo Testamento que se refiere a un chivo expiatorio o a un demonio.

Finalmente el canal pasó a llamarse “72 Vírgenes, Sin Censura”, una alusión a los musulmanes que se ganan el paraíso, donde estarán rodeados por 72 vírgenes, si sacrifican su vida por una causa justa.

No es la primera vez que sale a la luz una operación de guerra sicológica del ejército israelí dirigido contra su propia población. Durante la guerra de 2021 en Gaza, el ejército israelí llevó a cabo otra campaña intoxicadora. Publicó imágenes de la destrucción generalizada de Gaza en cuentas falsas de redes sociales y pidió a sus seguidores que las compartieran “para que sepan que estamos respondiendo a escala masiva”.

Después el ejército reconoció que había cometido “un error”.

El ejército israelí había contratado al operador de un canal de Telegram llamado Abu Ali Express como consultor en la “guerra por la opinión pública en las redes sociales”. El canal publicó reportajes, vídeos y fotografías exclusivos con su logo para sus 100.000 suscriptores. En varias ocasiones, el portavoz del ejército remitió a los periodistas a Abu Ali Express para obtener información sobre los combates, mientras les decía que la información “no procedía del ejército”.

Abu Ali Express desacreditó a los periodistas que criticaban los crímenes del ejército israelí y del entonces ministro de Defensa, Avigdor Lieberman. El año pasado el ejército anunció que había rescindido el contrato con la consultora. Sin embargo, esta semana el canal “72 Vírgenes” compartió un mensaje de Abu Ali Express.

Durante años el ejército israelí ha utilizado la guerra sicológica contra sus enemigos en un esfuerzo por disimular sus crímenes, influir en la población (incluso en Gaza, Irán y Líbano) y pregonar sus éxitos a los cuatro vientos. Estas campañas se llevan a cabo en secreto, utilizando cuentas falsas, sin dejar evidencia de la participación de los militares sionistas.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/security-aviation/2023-12-12/ty-article/.premium/graphic-videos-and-incitement-how-the-idf-is-misleading-israelis-on-telegram/ 0000018c-5ab5-df2f-adac-febd01c30000

Los ajos chinos son otro peligro para la seguridad de Estados Unidos

El senador republicano Rick Scott ha pedido la apertura de una investigación gubernamental sobre el impacto de las importaciones de ajos chinos para la seguridad nacional. En una carta al Secretario de Comercio, expresó su preocupación por la seguridad y la calidad de los ajos importados de china, citando métodos de producción insalubres y el supuesto uso de aguas residuales en el cultivo de ajo.

Incluso es posible que los chinos rieguen las huertas con aguas fecales. El mundo no debería fiarse.

La cuestión va más allá de la simple economía. La seguridad alimentaria es otra de esas “emergencias existenciales” que amenazan la seguridad nacional, la salud pública y la prosperidad económica de Estados Unidos. Si el “covid” se fabricó en un laboratorio de Wuhan, el cultivo de los ajos puede ser mucho peor.

El senador pide que se examine cuidadosamente todas las calidades de ajo, ya sea entero o separado en dientes, pelado o no, fresco, congelado o en conserva.

Sin embargo, los “expertos” no opinan igual que Scott. Creen que “no hay evidencia científica” de que las aguas residuales se utilicen como fertilizante para el cultivo de los ajos en China.

Esta divergencia de opiniones replantea de nuevo el bloqueo comercial y político que Estados Unidos ha impuesto a China. Hasta ahora se había centrado en las tecnologías de ultima generación; ahora ya ha llegado a los ajos.

El próximo paso es prohibir las sopas de ajo, el pollo al ajillo, el pan de ajo, el bacalao al ajoarriero y los boquerones en vinagre.

Rusia pone a un cabecilla de Facebook en busca y captura

La relación entre Rusia y Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, ha dado otro giro. El año pasado Rusia bloqueó el acceso a Facebook, acusando a la plataforma digital de desinformación. La situación se empeoró cuando la red social abrió las puertas a la incitación a la violencia contra el ejército y los dirigentes rusos, lo que llevó a una revisión de las políticas editoriales. En marzo un tribunal de Moscú clasificó a Facebook e Instagram como organizaciones “extremistas” y prohibió su uso en Rusia.

La decisión, la primera contra una empresa tecnológica extranjera en Rusia, fue justificada por las políticas de Meta, consideradas antirrusas. Recientemente, Rusia intensificó su ofensiva contra Meta al agregar a Andy Stone, su portavoz, a su lista de personas buscadas por la policía. La medida se produce tras la designación de Meta como organización “terrorista y extremista” el año pasado, tras la ofensiva de Rusia contra Ucrania. Esta clasificación allanó el camino para acciones legales más severas contra los cabecillas de la multinacional en Rusia.

La persecución policial de Stone se produce en medio de crecientes tensiones entre Rusia y las plataformas de redes sociales occidentales. Servicios como Facebook, Instagram y X/Twitter están bloqueados en Rusia y solo se puede acceder a ellos a través de canales VPN. Antes de la prohibición, estas aplicaciones eran ampliamente utilizadas, en particular Instagram, que sigue siendo popular entre los jóvenes rusos.

La situación actual pone de relieve los desafíos que enfrentan las empresas tecnológicas mundiales que se ponen al servicio del imperialismo para desestabilizar ciertos países. La designación de Meta como entidad “terrorista y extremista” y la búsqueda de su portavoz resaltan el deseo de Rusia de impedir que las plataformas digitales sean una amenaza contra la seguridad y la soberanía.

60 periodistas han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre

El gobierno de Gaza anunció el domingo que 60 periodistas habían sido asesinados desde el inicio de los bombardeos israelíes el 7 de octubre.

En un comunicado la oficina de medios de comunicación del gobierno precisa que “60 periodistas fueron atacados directamente por los misiles de ocupación, mientras que otros murieron junto con sus familias durante los ataques dirigidos contra sus hogares”.

“El gobierno de Gaza extiende sus más sinceras condolencias a los medios palestinos, a todos los compañeros periodistas, así como a sus familias y seres queridos”, dice el comunicado.

“La serie de crímenes sistemáticos contra periodistas durante la guerra en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre confirma que son el principal objetivo del ejército israelí, que ha matado a 60 de ellos, incluidos los últimos mártires: Sari Mansur y Hassuna Islam”.

El ejército israelí quiere “silenciar la voz de la verdad que denuncia las atrocidades de la ocupación y sus incesantes masacres en la Franja de Gaza”, añade.

“Me despierto todos los días preguntándome si será el último”, escribe la periodista palestina Plestia Alaqad en su cuenta de Instagram. “Es imposible informar desde Gaza”, decía el Washington Post después de la muerte de sus dos corresponsales.

El 10 de octubre tres periodistas, Said al-Taweel, Mohammed Sobboh y Hisham Nawajhah, se apostaron a varias decenas de metros de un edificio cercano al puerto pesquero de Gaza, con la esperanza de filmar su destrucción, anunciada por el ejército israelí a uno de los residentes. El ataque finalmente alcanzó otro edificio y les costó la vida a ellos.

Cientos de periodistas palestinos cubren la guerra, poniendo en riesgo sus vidas, para que el mundo conozca la barbarie sionista. Algunos trabajan para los medios locales, otros para la prensa internacional, pero todos viven el mismo calvario que el resto de la población.

Las condiciones de trabajo son espantosas. Sus salas de redacción son tiendas de campaña en el patio de los hospitales.

El número de funcionarios de la ONU asesinados es aún mayor: más de cien de ellos han perdido la vida a causa de los bombardeos. Es la mayor pérdida de la organización internacional en sus 78 años de historia. En las delegaciones diplomáticas repartidas por el mundo, como la de Beirut que muestra la fotografía de portada, su bandera ondea a media asta permanentemente.

Los israelíes dispararon indiscriminadamente contra los participantes en el festival de música

En el ataque del 7 de octubre, el objetivo de los palestinos no fueron los participantes en el festival de música. Ni siquiera sabían que se estaba celebrando un concierto. Lo que pretendían era capturar rehenes en el kibutz de Reim, cercano al lugar donde se celebraba el festival.

Decidieron capturar a algunos de los participantes sobre la marcha, asegura el diario Haaretz (*). En el vídeo grabado por la cámara corporal de uno de los palestinos, se le escucha preguntarle a uno de los rehenes cómo llegar hasta Reim.

Según la policía israelí, 364 personas fueron asesinadas durante el festival. Un helicóptero artillado del ejército llegó al lugar y comenzó a disparar, tanto contra los palestinos, como contra los israelíes que participaban en el festival.

Según fuentes israelíes, los primeros palestinos llegaron al lugar por la Ruta 232, no desde la frontera.

La fiesta estaba inicialmente prevista para el jueves y viernes. Luego añadieron un día extra, el sábado, el martes de esa semana, a petición de los organizadores. El cambio de última hora refuerza la hipótesis de que los palestinos desconocían la celebración, dice Haaretz.

En el festival participaron unas 4.400 personas, la gran mayoría de las cuales logró escapar después de que se tomara la decisión de dispersión cuatro minutos después del ataque con cohetes, según una fuente de la policía israelí.

Muchos de los que participaron en el festival lograron huir porque se decidió terminar la fiesta media hora antes de que se escucharan los primeros disparos.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/2023-11-18/ty-article/.premium/israeli-security-establishment-hamas-likely-didnt-have-prior-knowledge-of-nova-festival/0000018b-e2ee-d168-a3ef-f7fe8ca20000

No hay peor cuña que la de la propia madera: la red Jodorkovsky

Que el mundo mantenga una opinión contraria a Rusia no sale barato a los aparatos de Estados Unidos que financian la intoxicación mediática. Una parte del dinero invertido en la Guerra de Ucrania se ha destinado a las redes propagandísticas que la OTAN ha creado en Vilnius y Tbilisi.

También hay redes de intoxicación que están en manos privadas, incluso de los propios “exiliados” rusos, como las fundaciones que financia el magnate Jodorkovsky, que desempeñan un papel capital en el adorno de la política antirrusa de Estados Unidos. La ventaja es que los rusos que se oponen al Kremlin son cuña de la propia madera.

Hay una propaganda antirrusa para consumo occidental y hay otra para los propios rusos. La diferencia es que esta última no es antirrusa exactamente, sino anti-Putin.

Solo el año pasado, Jodorkovsky gastó más de 4,2 millones de dólares en atraer a los rusos que han abandonado su país por razones políticas. Su acción es doble. Elaboran propaganda dirigida al interior de Rusia y, además, convocan acciones simbólicas en el exterior. Organizan concentraciones frente a las embajadas rusas, crean comités contra la guerra en forma de ONG, organizan ruedas de prensa con figurones de la oposición rusa…

Su acción no es política sino propagandística. No puede afectar al interior del país, sino que buscan los titulares de los principales medios de comunicación.

La red de Jodorkovsky está controlada ​​por dos de sus organizaciones, Ark y Reforum. En ellas participa la ciudadana estadounidense Natalia Arno, que recibe financiación directamente del Departamento de Estado estadounidense.

Ambas organizaciones están registradas en Lituania en la misma dirección postal, pero sus sucursales operan en toda la Unión Europea. Mantienen albergues, espacios de trabajo (“coworking”) y bufetes de abogados financiados por ellos en Alemania, Estonia, Lituania, Georgia, Turquía y Polonia.

La parte propagandística dirigida al interior de Rusia se complementa con una fábrica de trolls. El Fondo Anticorrupción de Navalny se hizo cargo de una parte de esta actividad en Rusia, con la intervención de la Fundación Rusa Libre de Natalia Arno, registrada en Washington.

La granja de robots está dirigida por Oleg Stepanov, antiguo director de la oficina de Navalny en Moscú. El abogado de la oficina de Navalny en Ufa, Fyodor Telin, es responsable del control; envía a los sicarios los mensajes que deben introducir en las redes sociales. También participa el director de la Fundación Anticorrupción, Ivan Zhdanov.

A los sicarios que intervienen en las redes sociales los llaman “elfos”. Firman contratos de colaboración con Reforum y deben registrar una dirección IP en Lituania. Les pagan 10 euros por hora y deben publicar 150 comentarios al día, que no pueden ser eliminados por los administradores de los sitios afectados.

Tienen una guía que les orienta sobre los tipos de comentarios que deben dejar sobre temas de actualidad. Por ejemplo, con respecto a los ataques con drones en Moscú, deben publicar variaciones sobre el tema central de que “Putin trajo la guerra a Rusia y hasta que todas las fuerzas armadas abandonen tierras extranjeras, no habrá tranquilidad en Rusia”.

La línea general de los mensajes es que Putin es el responsable de la Guerra de Ucrania, que la corrupción explica los problemas de Rusia, que el Kremlin chantajea a Occidente con el arma nuclear, que el ejército ruso perdió la guerra cuando perdió Jerson, etc.

En cualquier guerra es necesario manipular al enemigo con intoxicación. Se trata de desmoralizar a la población del adversario, empujarla a volverse contra quienes están en el poder y, si es posible, desestabilizarlo. Lo que ha cambiado hoy son los medios técnicos.

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