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El Partido Comunista de Grecia vota contra la legalización del matrimonio homosexual

A mediados de febrero el Parlamento griego aprobó una ley sobre el matrimonio civil entre personas del mismo sexo que contaba con el apoyo de la reacción (Nueva Democracia) y los partidos reformistas típicos de la pequeña burguesia posmoderna, Syriza y Pasok.

En un arranque de coraje poco común, el KKE, Partido Comunista de Grecia, votó en contra porque el verdadero objetivo de la ley es legalizar la comercialización de la gestación subrogada y la consiguiente degradación del papel de la mujer.

La ideología burguesa sigue adelante con su labor de zapa en todo el mundo, esta vez en nombre de la “igualdad” y los “derechos”, ocultando lo que no es más que un negocio que comercializa la reproducción humana y explota el deseo de paternidad de las personas.

Del mismo modo, la burguesía habla de los “derechos de los niños” pero no se lamenta cuando son víctimas de la explotación capitalista o de guerras, como la de Gaza, donde son asesinados por miles con la mayor frialdad.

“La institucionalización del matrimonio civil para parejas del mismo sexo es en realidad una extensión de la institución familiar a estas parejas, allanando así el camino a la comercialización de la procreación y la adopción, incluso ‘encargando’ bebés personalizados que cumplan con requisitos específicos”, dice el KKE en una resolución reciente en la que explica su voto.

Pero los posmodernos no tienen nada diferente que decir sobre lo que es “igualdad” y lo que son “derechos” de lo que dice la burguesía, que no es otra cosa que un individualismo burgués de lo más estrecho.

Como cabía esperar, la pequeña burguesía posmoderna ha reaccionado por su parte contra el KKE calificando su postura de “homófoba”, lo cual también es muy característico porque su ideología “identitaria” es la puerta de entrada del pensamiento burgués en los sectores populares.

El siguiente paso será acusar al Partido Comunista de Grecia de alinearse con la “extrema derecha”.

La población no se identifica en función de su orientación sexual o cualquier otra característica individual, sino por su posición de clase que, en última instancia, se reduce a dos: el proletariado y la burguesía. Lo importante, cabe concluir, es su posición social, no su posición en la cama.

La lucha contra cualquier forma de discriminación basada en raza, género, religión, color, nacionalidad u orientación sexual, está inextricablemente integrada con la lucha entre ambas clases sociales y, lo que es aún mucho más importante: desde su mismo origen el proletariado encabeza esa lucha contra todas las formas de discriminación, a las que aporta su propio sello clasista, que nada tiene que ver con la burguesía, tanto si es grande, como si es pequeña.

Syriza: el final de un camino a ninguna parte

Tras el batacazo de Syriza en las dobles elecciones de mayo y junio de este año, Tsipras dimitió de mala gana. Durante las elecciones internas, presentó a Stefanos Kasselakis como candidato para sucederle.

Ganó con el 56 por cien de los votos una nueva “estrella” que hasta hace poco no era miembro del partido ni tenía ningún vínculo con ningún movimiento progresista. Es un lacayo del imperialismo de manual. Procede de una familia capitalista, creció en Estados Unidos, donde trabajó para Goldman Sachs y se movió entre los armadores griegos. También colaboró con el Partido Demócrata en la campaña en favor de Biden.

Es un político de diseño, de imagen y campaña publicitaria de las grances cadenas de comunicación de Grecia. Durante varias semanas se coordinaron para convertir cada palabra o gesto del lacayo en primicia informativa.

La victoria de Kasselakis fue obra del círculo de los asociados más cercanos a Tsipras, que trata de reconstruir un partido en ruinas con unos ladrillos gastados por el cúmulo de traiciones que acumula.

El plan es asociarse al PASOK, que ya no es tampoco el viejo PASOK sino un refrito de cuatro partidos coaligados que mantienen el nombre de la socialdemocracia griega.

En suma, se van a agrupar dos ruinas helénicas para tratar de aparentar algo nuevo, una coalición de esas que llaman “amplias” y que no tiene ningún signo distintivo de las tradiciones progresistas. Ni siquiera alardeará de ser de “izquierdas”. Puro siglo XXI, puro pragmatismo en una época en la que Grecia está sumida en el fango.

Los precios de los alimentos suben a un ritmo del 12 por cien anual. La mitad de los trabajadores ha reducido la compra de alimentos para poder pagar sus facturas de electricidad y calefacción. El 75 por cien de los trabajadores ha reducido el uso de calefacción y la mitad el de agua caliente. Un tercio acusa problemas de salud relacionados con las condiciones de la vivienda.

Por el contrario, la jornada de trabajo se alarga hasta límites insospechados, en un país donde el tiempo medio de trabajo semanal es de los más largos de Europa. Ahora el gobierno ha legalizado el trabajo los 7 días de la semana y abre el camino a una jornada laboral diaria de hasta 13 horas.

Como consecuencia, los accidentes de trabajo se disparan a causa del agotamiento físico y sicológico. Con 122 obreros muertos en el lugar de trabajo, el año pasado se batió el récord de siniestros laborales. Durante los primeros nueve meses de este año ya se ha superado el máximo: 135 obreros muertos.

Lo que menos necesitan los trabajadores para frenar la avalancha es partidos como Syriza y personajes como Kasselakis, especialistas en extender la frustración y la desmoralización.

10 años del ‘rescate’ de Grecia: una catástrofe social

Pocos se acuerdan ya de la crisis de la deuda griega, que comenzó en 2009. Desde entonces, se sucedieron los “planes de rescate”, que incluyeron “reformas” bajo la supervisión de la “troika”: FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea. Si los bancos se han salvado, las consecuencias sociales del “rescate” son catastróficas. Muy empobrecida, Grecia se ha convertido en un gigantesco club donde se han privatizado infraestructuras estratégicas y se han vendido servicios públicos. La población se resigna o abandona el país.

El 20 de agosto Grecia salió de la vigilancia económica de la Comisión Europea. Un día calificado de “histórico” por el Primer Ministro Kyriakos Mitsotakis, mientras que el Presidente de la Comisión Europea elogió la “resistencia” de Grecia y la instó a “mirar al futuro con confianza”. Sin embargo, los resultados de las “reformas” y del programa de “ayuda” son catastróficos.

El sistema europeo de control se creó a raíz de la crisis económica para garantizar que se aplicaran las “reformas necesarias”, es decir, el desmantelamiento del Estado griego para reducir la deuda pública. A cambio de las “reformas”, Grecia recibió ayuda financiera internacional, especialmente de la Unión Europea. El objetivo era reducir la deuda pública, que se consideraba muy elevada. Sin embargo, dada la caída del PIB, es decir, de la producción, la deuda es ahora mucho más elevada que al inicio del programa de supervisión: mientras que el PIB en 2009 era de 237.000 millones de euros, ha descendido a 182.000 millones en 2021. Como resultado, el nivel de deuda, en porcentaje del PIB, sigue siendo mucho más alto que en 2009. A finales del año pasado era del 193 por cien del PIB, mientras que a finales de 2009 era del 127 por cien.

Esa situación catastrófica también se observa en la tasa de desempleo, que pasó del 10 por cien a finales de 2009 a más del 13 por cien a finales de 2021. La lacra afecta especialmente a los jóvenes. La tasa de paro de los menores de 25 años superaba el 36 por cien en abril de este año, mientras que en diciembre de 2009 era del 29 por cien. Como consecuencia, gran parte de los jóvenes, especialmente los más formados, están emigrando: entre enero de 2008 y junio de 2016, el Banco de Grecia calcula que más de 427.000 griegos han abandonado su país, mientras que la población de Grecia es ligeramente inferior a los 11 millones de habitantes.

La tasa de suicidios también ha aumentado, pasando de 3,6 por cada 100.000 habitantes en 2009 a 5,1 en 2019. Los sucesivos recortes en el presupuesto de sanidad son sin duda responsables de ello: el presupuesto de sanidad rondaba el 4,3 por cien del PIB en 2009, mientras que en 2020 fue del 3,6 por cien del PIB. Teniendo en cuenta la caída del PIB entre estas dos fechas, ha habido un recorte del presupuesto sanitario de 4.000 millones de euros. Se trata de algo menos de la mitad de los 10.000 millones estimados que se necesitaban para salvar a Grecia a principios de 2010.

El remedio es peor que la enfermedad

Además de los severos recortes en las pensiones de los jubilados y de los recortes en la administración pública, otra de las “reformas” exigidas era la privatización de infraestructuras clave en el país. El puerto de Atenas, el Pireo, fue vendido al grupo naviero chino Cosco a cambio de una promesa de inversión que hasta ahora no se han cumplido, lo que ha enfurecido a los trabajadores locales. Esta adquisición por parte de un grupo chino también está teñida de una cruel ironía para la Unión Europea, que ha declarado repetidamente sus intenciones de oponerse a China.

El Pireo no es el único puerto que ha sido privatizado. Lo mismo ocurre con el segundo puerto griego, Salónica, mientras que otros puertos regionales, como los de Alexandroupolis e Igumenitsa, parecen destinados a seguir el mismo camino. A la lista de privatizaciones hay que añadir las de 14 aeropuertos regionales en beneficio del consorcio alemán Fraport-Slentel, y las que seguirán este año de la autopista Egnatia (la más larga del país, que une el oeste de Grecia con Turquía) y de las infraestructuras de la compañía de gas DEPA. Sólo se ha impedido hasta ahora la privatización de los yacimientos arqueológicos y museos griegos, que tocaría las raíces mismas de la identidad griega.

Al mismo tiempo, Grecia se ha desindustrializado en favor del sector de los servicios, ya que la proporción del empleo en el sector industrial, en porcentajes del empleo total, ha caído del 22 por cien en 2009 a alrededor del 15 por cien en 2019, mientras que la proporción del sector de los servicios ha aumentado del 67 por cien en 2009 al 73 por cien en 2019. En particular, el sector turístico está en auge, con un número de turistas anuales que ha pasado de 15 millones en 2009 a 34 millones en 2019, cifra que podría superarse este año.

El auge del turismo está poniendo a prueba las frágiles infraestructuras griegas (agua, electricidad), mientras que el coste de la vida, y no digamos de las vacaciones, se dispara para los locales. En consecuencia, una gran parte de ellos se ha visto privada de vacaciones en su propio país.

Todas esas “reformas” se llevaron a cabo con el objetivo de recibir “ayuda” internacional, es decir, de la eurozona y del FMI. En total, mientras que a principios de 2010 eran necesarios 10.000 millones de euros para salvar a Grecia, finalmente recibieron 273.000 millones en “ayudas”.

¿Por qué semejante despilfarro de dinero público y semejante masacre social? Los bancos alemanes y franceses estaban muy expuestos a la deuda griega. En lugar de anular una parte, es decir, hacer que el sector privado sufriera unos cuantos miles de millones de pérdidas, prefirieron verter dinero público. Eso permitió a los bancos alemanes y franceses desembarazarse de los títulos de deuda de riesgo. Fue otro caso de socialización de las pérdidas.

El inicio de la máquina infernal

La crisis de la deuda griega fue una consecuencia de la desregulación financiera iniciada en la década de 1980. Cuando estalló la crisis de las hipotecas de alto riesgo en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, todo el sector financiero mundial se puso en tensión y se bloquearon los flujos de capital. Los gobiernos decidieron inyectar cantidades masivas de dinero público en el rescate de los bancos. Ese fue el caso de Grecia.

Al mismo tiempo, los especuladores pasaron de los activos inseguros a la deuda soberana, que es segura porque los Estados no pueden desaparecer. El principal defecto de esos activos es que no rendían lo suficiente: sus tipos de interés eran demasiado bajos.

Era lo que necesitan los mercados financieros para poner en marcha la máquina infernal. Comienza un ataque especulativo, los tipos de interés de la deuda griega suben. La perspectiva de un impago de la deuda griega se hizo evidente para todos los actores. La “troika” intervino y concluyó un acuerdo en 2010 con Giorgios Papandreu, el primer ministro del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok). Va a aplicar un programa de austeridad destinado a “controlar el gasto público” para reducir el déficit griego.

En 2011, ante un movimiento popular antiausteridad y mientras la “troika” sigue exigiendo la sangría del país, Papandreu plantea la posibilidad de un referéndum. Abandonó la idea al darse cuenta de que Bruselas no dudaría en expulsar a Grecia de la Unión Europea.

Una falsa esperanza: Syriza

Hasta principios de 2015 las “reformas” se sucedieron. Paralelamente, creció el movimiento popular contra la austeridad. Finalmente, los oportunistas de izquierda de Syriza, encabezados por Alexis Tsipras, ganaron las elecciones en enero de 2015. En su programa plantearon varias medidas para salir de la crisis: suspender el pago de la deuda, realizar una auditoría para evaluar la parte ilegítima, llamar a la participación ciudadana y decretar el fin de la austeridad.

En 2015 la campaña de Syriza nunca propuso romper con la Unión Europea. El objetivo siempre fue negociar con la “troika”, pero en ningún momento se planteó una salida del euro o de la Unión Europea. Las élites europeas, principalmente el Banco Central Europeo, explotaron esa laguna. Menos de 10 días después de la victoria de Syriza, el BCE cerró la principal vía de financiación de los bancos griegos.

La tensión fue creciendo durante el primer semestre de 2015, pero ni Tsipras ni Varufakis, su ministro de Economía, pondrán en duda la integración de Grecia en la Unión Europea.

La infernal máquina europea aplasta al pueblo griego

Lo que tenía que pasar, pasó. En la noche del 26 al 27 de junio de 2015, tras la negociación de otro paquete de “ayuda” a Grecia, Tsipras anunció su intención de someter el plan propuesto por la “troika” a un referéndum. Si gana el sí, Tsipras aceptará y la austeridad continuará. Si gana el no, Tsípras rechazará el plan. El gobierno promueve el referéndum como una herramienta para continuar las negociaciones y no para salir de la Unión Europea.

Desde el 29 de junio de 2015, 6 días antes del referéndum, los bancos griegos cerraron por un incumplimiento de liquidez provocado por el BCE. A pesar de ello, el voto “oxi” (que en griego significa “no”) ganó sin ambigüedades: más del 62 por cien de los votos emitidos fueron a favor. Entre el pueblo y la “troika”, Tsipras optó por ésta. El 9 de julio, tres días después de la victoria del “no”, envió un proyecto que incluía las principales recomendaciones de la “troika”: recortes en las pensiones, en la administración pública y aumento del IVA.

Otro camino era posible: el de romper con la Unión Europea, abandonándola. Las primeras medidas que deberían haberse tomado son de sobra conocidas: nacionalización de los bancos, salida del euro y adopción de una moneda nacional, control de capitales y devaluación de la nueva dracma, además de satisfacer las necesidades básicas de la población (alimentos, medicinas, combustible, etc.).

Grecia se ve ahora muy afectada por la crisis social y ningún partido parece capaz de encarnar la ira popular. La población está totalmente desilusionada por las renuncias de Syriza. La crisis energética y la dependencia energética de Grecia de Rusia, que ha disparado los tipos de interés de su deuda, han hecho resurgir el fantasma de la crisis financiera.

‘¡Fuera fascistas de nuestros barrios!’, gritaron los manifestantes en Grecia

Con motivo del año transcurrido desde la condena de la organización nazi “Amanecer Dorado”, se celebraron en Atenas manifestaciones antifascistas convocadas por movimientos, organizaciones, asociaciones estudiantiles y sindicatos.

Al mismo tiempo, se celebraron grandes manifestaciones antifascistas en otras partes de Grecia, como Salónica y Patras.

Con el lema básico “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”, las movilizaciones adquieren una gran importancia ya que tienen lugar pocos días después de los ataques fascistas en el EPAL Stavroupolis, los episodios en el EPAL Evosmos y los asesinatos fascistas en el oeste de Tesalónica.

“Un año después de la condena, los fascistas siembran el odio”, dicen las pancartas, mientras se unen al grito “El Tribunal de Apelación fue el comienzo, en Stavroupoli y en todos los distritos, el fascismo será aplastado por las luchas populares”.

Debido a la marcha, la avenida Alexandras fue cerrada al tráfico.

Previamente, la mujer símbolo de la lucha contra el fascismo, Magda Fyssa, habló, subrayando una vez más que no hemos acabado con el fascismo.

“Luchamos contra el fascismo y el sistema que lo engendra”, “Sois la podredumbre de todos a los fascistas de cada barrio”, fueron algunos de los lemas escritos en las pancartas de los manifestantes de Salónica.

La manifestación partió de la estatua de Venizelos y terminó en Santa Sofía, donde tuvo lugar un concierto antifascista.

—https://remonews.com/greeceeng/fascists-out-of-our-neighborhoods-anti-fascist-demonstration-underway-in-athens-and-other-cities/

Churchill aplastó a la guerrilla antifascista en Grecia en 1945 con la ayuda de los colaboracionistas nazis

Cuando el 8 de mayo de 1945 los sucesores de Hitler firmaron la capitulación de Alemania, en Grecia se habían liberado de los nazis seis meses antes. Durante más de tres años, el pueblo griego había mantenido una guerra de guerrillas contra los ocupantes fascistas italianos, búlgaros y, sobre todo, alemanes.

La liberación no fue competa. Un nuevo terror comenzó a golpear el país, ya que mientras los colaboracionistas de los nazis conservaban sus puestos al frente del ejército, la policía y los organismos de poder del Estado, los guerrilleros fueran perseguidos de nuevo, deportados y asesinados. Durante muchos años, hasta 1974, la resistencia griega fue calificada de “criminal” por los sucesivos gobiernos. No fue reconocida hasta 1982 y hoy día su lucha heroica no se conmemora oficialmente, ni siquiera tras el gobierno de Syriza.

“Eres responsable de mantener el orden en Atenas y de neutralizar o destruir cualquier banda del EAM-ELAS [Frente de Liberación Nacional-Ejército de Liberación del Pueblo Griego] que se acerque a la ciudad. Podéis tomar las medidas que consideréis necesarias para el estricto control de las calles y para inutilizar a todos los grupos de alborotadores… Por supuesto, sería mejor que vuestro mando estuviera reforzado por la autoridad de un gobierno griego… Sin embargo, no dudéis en actuar como si estuvierais en una ciudad conquistada en la que se está produciendo una rebelión local… Debemos mantener y dominar Atenas. Sería bueno que lo hicieras sin derramamiento de sangre si es posible, pero no dudes en derramar sangre si es necesario”.

El hombre que escribió estas líneas no fue otro que el Primer Ministro británico Winston Churchill. Era diciembre de 1944. Las tropas nazis seguían resistiendo a los aliados, que avanzaban lentamente en Italia y eran empujados hacia las Ardenas ante la contraofensiva final de la Wehrmacht. Sin embargo, las “bandas” a las que se refería Churchill no eran los colaboracionistas, sino los antifascistas del Frente de Liberación Nacional (EAM), que llevaban tres años encabezando la resistencia armada contra los ocupantes nazis.

El imperalismo británico en el Mediterráneo oriental

A lo largo del siglo XIX, el Mediterráneo oriental fue el centro de la rivalidad imperialista entre Gran Bretaña y Rusia. En octubre de 1917 la revolución bolchevique puso fin a las ambiciones de estos últimos en la región, por lo que a principios de la década de los cuarenta Grecia estaba bajo la influencia británica. El país tenía una importancia estratégica.

En los años cuarenta, el desarrollo de la resistencia contra el fascismo que agrupaba a militantes comunistas con pequeños partidos socialistas, pronto hizo saltar las alarmas en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico. Desprestigiada entre la población y asociada a la dictadura fascista del general Metaxas entre 1936 y 1941, la monarquía griega le parecía a Churchill la única forma de garantizar el mantenimiento del dominio británico.

En marzo de 1941, cuando se hizo evidente la amenaza alemana en los Balcanes, Churchill ordenó a su cuartel general de Oriente Medio que destinara 50.000 soldados a Grecia, una iniciativa que interrumpió la victoriosa ofensiva británica en Libia, pero no impidió la invasión de Grecia por parte de la Wehrmacht al mes siguiente.

El rey griego, Jorge II, se exilió en Londres con su gobierno, que era en gran medida el mismo que bajo la dictadura de Metaxas. Sus tropas se reagruparon en Egipto y lucharon junto a los británicos. Los soldados cuestionaban que la mayoría de los oficiales que dirigían el ejército fueran monárquicos.

En el interior de Grecia se desarrolló rápidamente un movimiento de resistencia antifascista. El Frente de Liberación Nacional, el EAM, nació en septiembre de 1941. Organizó grandes manifestaciones en las principales ciudades y en la primavera de 1942 empezó a crear las primeras unidades guerrilleras bajo la dirección de su ejército popular, el ELAS. Al mismo tiempo, los agentes del Special Operations Executive (SOE) británico -creado por Churchill en 1940 para llevar a cabo sabotajes tras las líneas enemigas en colaboración con los movimientos de resistencia en los países ocupados- desarrollaban sus propios combates con relativa autonomía.

Los británicos intentaron sin mucho éxito crear o fomentar organizaciones rivales del EAM. Pero los dirigentes de los demás partidos no querían resistir activamente. El EAM-ELAS siguió siendo, con mucho, la principal organización de la resistencia, indispensable desde el punto de vista militar. A cambio de su participación en las operaciones de los británicos, sus representantes fueron recibidos en El Cairo en agosto de 1943 para alcanzar un acuerdo con el gobierno griego en el exilio.

Los británicos se dieron cuenta de la importancia que había adquirido el EAM. En la Conferencia de Quebec, en agosto de 1943, Roosvelt no apoyó el plan británico para desembarcar en Grecia. Entonces Churchill bloqueó cualquier posibilidad de negociación con el gobierno griego, envió a los delegados del EAM a casa y redactó el Plan Manna: tras la retirada de las tropas alemanas de Grecia, el Imperio Británico las sustituiría con una fuerza expedicionaria.

A partir de entonces, los agentes británicos trataron de sabotear al ELAS por cualquier medio disponible. Intentaron comprar a sus partidarios, sobornándolos con soberanos de oro. Financiaron pequeñas organizaciones paralelas, incluidas las que se autodenominaban “nacionalistas” que, en realidad, eran cómplices de los nazis. Colocaron a sus propios hombres en el gobierno colaboracionista y en los “batallones de seguridad” creados por el gobierno de Atenas.

Esos batallones participaron en las operaciones de castigo de las tropas nazis, con su estela de masacres y pueblos quemados. En las ciudades, colaboraron en el bloqueo de barrios enteros, rodeándolos por la noche y localizando y asesinando a los guerrilleros con la ayuda de soplones enmascarados.

El doble juego de los británicos sembró la semilla de la guerra civil en el invierno de 1943-44. A pesar de ello, el EAM-ELAS consiguió liberar gran parte de Grecia. Estableció instituciones populares que formaron un poder paralelo. En marzo de 1944 la guerrilla creó un “gobierno de montaña” para organizar las elecciones.

El nuevo gobierno despertó el entusiasmo de las tropas griegas que seguían en Egipto, que exigieron que la guerrilla fuera incluida dentro del gobierno en el exilio. Churchill respondió con una implacable represión. Deportó a los soldados rebeldes a campos en África y creó una Guardia Pretoriana preparada para volver a Grecia con el rey y las tropas británicas tras la liberación.

Al no poder eliminar al EAM por la fuerza en el interior de Grecia, los británicos recurrieron a maniobras políticas a las que los dirigentes de la montaña -que carecían de experiencia- tuvieron dificultades para responder. Atrapados entre su estrategia de unidad nacional y el peligro de un golpe de los británicos y la reacción autóctona, cayeron en la trampa en una conferencia cuidadosamente preparada en Líbano en agosto de 1944.

Tras muchas dudas, aceptaron participar en un gobierno de unidad nacional encabezado por un peón de Churchill, Yorgos Papandreu. Al mes siguiente, los dirigentes del EAM llegaron a reconocer la autoridad del gobernador militar británico, Ronald Scobie, que llegaría a Grecia tras la liberación.

Guerra después de la guerra

La ofensiva del Ejército Rojo en Bulgaria en septiembre de 1944 obligó a la Wehrmacht a retirarse de Grecia, bajo los ataques de los guerrilleros del ELAS. Tras la retirada llegó la fuerza expedicionaria británica, acompañada de Papandreu y demás sicarios griegos. Se instalaron en Atenas el 18 de octubre y exigieron que el ELAS depusiera las armas, al tiempo que rechazaban el desarme de la Guardia Pretoriana que se había formado en Egipto y trasladado a Atenas a principios de noviembre.

No se celebraron juicios contra los colaboracionistas de los nazis y los milicianos de la reacción circularon armados impunemente por Atenas, persiguiendo a los combatientes de la resistencia. Tras intentar obtener garantías durante todo el mes de noviembre, los ministros del EAM dimitieron.

El 3 de diciembre de 1944 tuvo lugar una gran manifestación popular en la plaza Syntagma de Atenas para exigir la dimisión de Papandreu y la formación de un nuevo gobierno. La policía abrió fuego contra los iviles desarmados, matando a más de veinte e hiriendo a más de cien. La masacre desencadenó la insurrección del pueblo de Atenas. Era el pretexto que buscaba Churchill para acabar con la resistencia antifascista.

Churchill ordenó a su sicario Scobie que aplastara a los guerrilleros. En plena Guerra Mundial, hasta 75.000 soldados británicos fueron desviados del frente italiano a Grecia. Las propuestas de negociación de la EAM fueron rechazadas.

Mal armados, mal alimentados y en su mayoría muy jóvenes, los partidarios del EAM en Atenas y el Pireo resistieron durante 33 días un diluvio de fuego, enfrentándose tanto a las tropas británicas como a los batallones de seguridad sacados de sus cuarteles y rearmados. El propio Churchill viajó a Atenas a finales de diciembre y logró forzar que el rey Jorge II -que seguía en Londres- aceptara una regencia. Pero se mantuvo inflexible sobre las demás garantías exigidas por la EAM.

Mientras el ELAS seguía presente en el resto de Grecia, sus dirigentes temían imponer más penurias a una población agotada y hambrienta: 1.770 pueblos habían sido incendiados, más de un millón de personas no tenían vivienda y la producción de cereales había descendido un 40 por ciento. La ayuda de los aliados no les llegó a ellos. En el Acuerdo de Varkiza, firmado el 12 de febrero de 1945, el ELAS aceptó la renuncia a la lucha armada unilateralmente.

Pero el EAM no fue destruido y consiguió ganar las elecciones por amplia mayoría. Los imperialistas británicos tuvieron que reaccionar rápidamente. El gobierno laborista que sucedió a Churchill en julio de 1945, mantuvo a las fuerzas de ocupación y contó con la ayuda de los que habían colaborado con los nazis. Los británicos reorganizaron la policía y un ejército griegos. Los partidarios de EAM fueron detenidos, condenados y sometidos a un terror sin precedentes.

El ministro de Asuntos Exteriores británico, Ernest Bevin, ordenó la celebración de elecciones en marzo de 1946. La EAM y las organizaciones antifascistas se negaron a participar y tuvieron que pasar a la clandestinidad para escapar de la persecución.

El 12 de marzo de 1947 Truman pidió al Congreso los fondos necesarios para una nueva guerra en Grecia. Estados Unidos tomaba el relevo del imperialismo británico. La Guerra Mundial se convertía en guerra civil, que duraría -de forma abierta o latente- unos 30 años, con una breve pausa entre 1963 y 1965. Sólo terminó en 1974 con la caída de la dictadura de los coroneles.

Se llama ‘inversión’ cuando interesa a la burguesía y ‘gasto’ cuando interesa al proletariado

En los países parasitarios, como España, que esperan pasivamente que Bruselas les saque de la bancarrota, la verdadera naturaleza de la crisis económica no suscita muchos comentarios, sobre entre los “antisistema” porque son seguidores fervorosos del sistema.

En los países que tienen que poner el dinero encima de la mesa, como Alemania, los debates marchan de otra manera, por razones obvias, lo cual se refleja claramente en las campañas electorales. “¿Cuánto dinero nos va a costar el rescate de los países del sur?”, se preguntan.

Algunos se expresan como el garrulo del Presidente socialista del Eurogrupo dice que “la gente del sur se ha gastado su dinero en mujeres y alcohol y pide a la del norte que pague las deudas que han contraído por ello”.

El fantasma de Grecia vuelve a ponerse sobre el tapete, pero a gran escala. Hay que evitar que la situación de Grecia se reproduzca, dicen en Francia. Para ello hay que recortar el gasto social, las pensiones, los salarios y los servicios públicos.

Lo que interesa a la burguesía es inversión y lo que interesa al proletariado es un gasto, por no decir un despilfarro. Hasta el tendero más humilde sabe que se puede endeudar para invertir, pero no debe hacerlo para gastar.

Grecia ha sido y es un país consumido por las deudas y, cuando se trata de un país mediterráneo, es inevitable pensar que dichas deudas se han dilapidado en gastos superfluos, una especie de lujo del que se puede prescindir.

Sin embargo, pongamos un ejemplo de gasto por antonomasia, como es el gasto militar. A pesar de pertenecer a la OTAN, la situación en el Mediterráneo oriental muestra que Grecia es un país en guerra latente con Turquía, otro país de la OTAN.

A pesar de las reiteradas peticiones de todos los gobiernos griegos desde 1981, tanto la OTAN como los países europeos se han negado siempre a garantizar las fronteras de Grecia. Si Grecia hubiera gastado tanto como otros países europeos en su defensa, su gasto público total habría estado por debajo de la media de todos los países de la zona del euro.

Los presupuestos militares griegos son de 85.000 millones de euros. Sin ellos, en 2012 la deuda griega habría sido de 215.000 millones de euros, en lugar de 300.000 millones, lo que supone el 72 por ciento del PIB, es decir, menos que Alemania en la misma fecha (83 por ciento).

Ni la OTAN ni la Unión Europea garantizan la seguridad de Grecia porque los vendedores de armas son los acreedores, es decir, Alemania, Francia y Holanda con sus bancos respectivos. Para seguir manteniendo sus compras de armas, Grecia ha tenido que reducir su PIB un 27 por ciento, aumentar el paro en el mismo porcentaje y eliminar todas y cada una de las conquistas sociales.

Grecia puede decir que la deuda no ha aumentado, en efecto, pero como el PIB se ha reducido, en términos relativos, el endeudamiento es hoy mayor que antes: 180 por ciento del PIB, una quiebra que se sostiene a base de parches para mantener la ficción.

El país sigue debiendo dinero y las deudas se siguen pagando de la misma manera, con recortes sociales, con menos pensiones, más impuestos, la venta de los aeropuertos a una empresa pública alemana a precio de saldo, la privatización de las empresas básicas…

Pero no se confundan: este artículo no trata de Grecia sino de los países mediterráneos que siguen el mismo camino. Váyanse preparando porque esto no ha hecho más que empezar. ¿Para qué creen que han inventado el estado de alarma y el confinamiento?, ¿para qué creen que han puesto al PSOE y Podemos al frente del gobierno? Para hacer lo mismo que Syriza.

Tambores de guerra entre Grecia y Turquía: las fuerzas armadas griegas han sido llamadas a filas

Las Fuerzas Armadas griegas están en alerta máxima en tierra, mar y aire, siguiendo de cerca los movimientos turcos en el Mediterráneo oriental, según los medios griegos. Después de que Turquía reiniciara el mes pasado la prospección de petróleo y gas en un área que se superpone a la plataforma continental de Grecia, Grecia desplegó buques de guerra entre las islas de Chipre y Creta. Desde entonces, las tensiones se han disparado. Leer más

Soldados turcos han invadido una porción del río Evros en territorio griego

Según ha denunciado el Ministerio de Asuntos Exteriores de Grecia, tropas turcas han invadido y ocupado el pasado viernes una pequeña porción de tierra griega en Grecia.

Unos 35 soldados marcharon ayer a un sitio de llanura aluvial en la orilla este del río Evros, en Melissokomeio.
Los soldados turcos y las fuerzas especiales de la policía han consolidado durante el fin de semana una presencia sólida dentro del territorio heleno, y han acampado en las inmediaciones, informa el sitio griego Army Voice.
En el campamento ahora hay una pequeña bandera turca en lo alto de un árbol, y las tropas han rechazado los avisos de los guardas fronterizos griegos de retirarse.
Esta incursión se produce semanas después de que miles de refugiados sirios no lograron ingresar a Grecia, por el cierre de las fronteras decretado por el gobierno de Alexis Tsipras.

Los medios turcos afirman que la invasión es en respuesta a una anexión anterior del ejército griego, de 1,6 hectáreas, como parte de los planes para expandir la valla fronteriza que mantuvo a los refugiados fuera.

Turquía se niega a reconocer que parte de la tierra en el lado oriental del río Evros todavía pertenece a Grecia, incluso si el río cambia su curso natural.

Las tensiones entre los dos países han crecido bajo la línea dura del presidente Recep Tayyip Erdogan, aunque todavía no hay fuego entre ambos.

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