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Muere un ‘boina verde’ estadounidense estrangulado por dos ‘navy seals’ en Bamako

Las tropas de Estados Unidos que operan en el Sahel africano acaban de padecer otra baja, esta vez en circunstancias extrañas. Se trata del sargento Logan J. Melgar, estrangulado por otros dos miembros de Navy Seals, las fuerzas especiales de la Marina de Guerra.

Su muerte se une a la de otros cuatro “boinas verdes” muertos durante una emboscada en Níger cuando se disponían a ejecutar a un miembro de las milicias africanas.

El estrangulamiento se produjo el 4 de junio en Bamako, la capital de Mali, pero acaba de conocerse ahora. Se sabe que uno de los asesinos es Anthony E. DeDolph, que antes de alistarse fue maestro de artes marciales.

El silencio se debe a la rivalidad existente desde hace años entre las fuerzas especiales del ejército de tierra, llamados “boinas verdes”, y las de la Armada, conocidos como “Navy Seals”.

Han comenzado las acusaciones contra estos últimos por su indisciplina. Al Equipo 6 de la Navy Seals le acusan de estar fuerza de control, aunque en el Sahel aún no han comenzado los motines, como en Abottabad, Pakistán, tras la operación Neptune Spear que condujo al asesinato de Osama Bin Landen.

El incidente condujo a al muerte de 30 miembros de los Navy Seals que el Pentágono maquilló como si hubiera sido consecuencia de la caída de un helicóptero de transporte tropas.

En 2012 cuatro miembros del Equipo 2 de los Navy Seal fueron acusados de golpear a detenidos afganos, de los que uno murió a causa de la paliza.

Informes de la OTAN y de países aliados de Estados Unidos denuncian que en sus operaciones los Navy Seals se desplazan en vehículos todo-terreno, en camiseta y ataviados con cascos de beisbol.

Los problemas no son menores cuando los miembros de estas unidades retornan a Estados Unidos, donde se incorporan tanto a la policía a organizaciones criminales, provocando numerosos tiroteos bajo los efectos de drogas psicotrópicas.

El bajo índice de reclutamiento de los tres ejércitos de Estados Unidos ha conducido a la reducción de los requisitos para ir a filas que, progresivamente, se han llenado con indeseables, perturbados mentales y delincuentes.

Los jueces no encuentran pruebas de la ‘trama rusa’ que interfirió en las elecciones de 2016

Paul Manafort, jefe de campaña de Trump
Hace unos días la CNN aseguraba que el fiscal especial sobre el “candidato manchú”, Robert Muller, estaba a puntito de acusar a los responsables de la campaña electoral de Trump y que las pruebas eran secretas, lo mismo que los nombres implicados en esa gran conspiración rusa.

La política moderna se teje con ese tipo de filtraciones, que no son otra cosa que insinuaciones y, en el mejor de los casos, rumores, casi siempre sucios, ya que la prensa está por medio, que no es cualquier clase de farsante sino medios de esta catadura:

– Injerencia rusa en elecciones presidenciales es ‘guerra’ (El Sol de Toluca)

– Rusia interfirió ‘descaradamente’ en las elecciones de EEUU, según el ex jefe de la CIA (El Mundo)
– Rusia interfirió en las elecciones de Estados Unidos para ayudar a Donald Trump, dice FBI (Nación)
– Cómo fue el ‘hackeo’ de piratas informáticos de Rusia durante las elecciones de Estados Unidos (BBC)
– La propaganda de la trama rusa llegó a 10 millones de perfiles en Facebook (El País)

Antiguamente a los juristas ese tipo de disquisiciones solía sorprenderles porque, puestos a buscar hechos, lo que aparece es el vacío absoluto. No hay más que informes, todos ellos procedentes de las fuentes más solventes que uno pueda imaginar, tanto más solventes cuanto más arriba se encuentran en la escala de mando.

Un informe no prueba nada, y menos en un juicio, donde hacen falta pruebas. Luego nos enteramos que, además, esos informes habían sido encargados y pagados por el Partido Demócrata, convertido en “juez y parte”.

Uno de los acusados es Paul Manafort, el jefe de campaña de Trump, que tras la acusación formal se entregó al juez voluntariamente. El New York Times publica íntegramente el acta de inculpación, en la que sobre todo se habla de malversación de fondos y fraude fiscal (*). Según el juez, Manafort recibió dinero procedente “de Europa del este”.

En un registro que llevó a cabo en julio el FBI en su vivienda, aparece que Manafort era un lobista no declarado y un consultor del antiguo Presidente de Ucrania Viktor Ianukovich que padeció un golpe de Estado fascista en 2014 porque le acusaban de ser demasiado pro-ruso.

La primera en la frente: los hechos que se le imputan a Manafort no sólo son anteriores a la campaña electoral de Trump, sino anteriores a dicho golpe de Estado. Por supuesto, son absolutamente ajenos a Rusia, al Kremlin y a Putin.

Otro de los acusados es George Papadopoulos, que ha colaborado lealmente con el FBI en la investigación, es decir, que está jugando el papel de chivato para salvar su propio pellejo involucrando a los demás, lo cual sería suficiente para estimar que su testimonio no se puede considerar como prueba válida.

Pero veamos lo que dice el soplón. Asegura que estaba en contacto con el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores y la embajada rusa en Londres para organizar contactos con el equipo de Trump si éste ganaba las elecciones, algo que, por cierto, ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1945, al menos.

Pero prosigamos: a Papadopopulos no le acusan de eso sino haber mentido al FBI y perjudicar la investigación. No había sido miembro del equipo de campaña sino que era un voluntario que no cobraba por echar una mano, por lo que su papel era insignificante.

Ítem plus: de los documentos aportados por el FBI se desprende que los contactos de Papadopoulos con funcionarios rusos no eran directos. Lo que hizo fue utilizar a un amigo que vivía en Londres, un profesor que tenía “vínculos” con algún miembro de la embajada rusa en Londres para organizar el referido encuentro que, por cierto, nunca se produjo.

Dice Papadopoulos que le presentaron a una sobrina de Putin, de cuya existencia o inexistencia nada más se sabe…

La guerra sicológica sin cuartel que ha empredido la prensa estadounidense sobre la “trama rusa” nada en el vacío más absoluto.
No se corten Ustedes. En lugar de la basura periodística, echen un vistazo al acta judicial a ver si a nosotros se nos ha escapado algo que demuestre esa patética infiltración rusa en la Casa Blanca que llena las primeras planas y abre los informativos de la tele.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2017/10/30/us/politics/document-paul-manafort-rick-gates-indictment.html

‘Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino de Kennedy’

50 años después, Trump ha desclasificado una parte de los documentos sobre el asesinato de Kennedy que estaban clasificados como secretos. No hay gran cosa que sorprenda, salvo volver a constatar que en el mundo moderno las versiones oficiales son (casi) siempre mentira.

Los documentos abundan en lo más típico de la política de Washington, donde siempre aparecen entremezclados eso que aquí llamamos las cloacas y que allí forman la CIA, el FBI, la mafia y la gusanería cubana, involucrados en toda clase de crímenes políticos en nombre de su “libertad”.

No obstante, algunas notas son ciertamente curiosas porque muestran que la preocupación del FBI no era la investigación de lo ocurrido, porque eso ya lo sabían, sino qué es lo que “el público” debía creer al respecto. ¿De qué había que convencer a los estadounidenses en 1963? Esa es la nueva y más importante tarea de la policía: redactar los comunicados oficiales y notas para la prensa.

Un mensaje dirigido al director, J. Edgar Hoover, el 24 de noviembre, el día en que Jack Ruby asesinó al “asesino oficial”, Lee Harvey Oswald, decía: “Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino”.

Otras notas del propio Hoover iban más allá: el verdadero núcleo del asunto era convencer de que Oswald era el único asesino, que no había ninguna conspiración: “Sobre el caso Oswald no hay otra cosa que su muerte”, decía una de esas notas.

Ante la Comisión Warren, el director del FBI fue muy tajante cuando aseguró que no había visto “ni un céntimo de prueba” de ninguna conspiración, algo que repitió posteriormente muchas veces.

La preocupación de Hoover por tapar la conspiración desde el primer momento es muy significativa porque normalmente la policía siempre empieza diciendo que no puede descartar ninguna hipótesis. En el caso de Kennedy sí lo hizo y se esforzaron para que todo el mundo descartara esa hipótesis precisamente, la de la conspiración.

Ese mismo interés de Hoover era compartido por el subdirector de la fiscalía, Nicholas Katzenbach, del que aparecen varias notas tratando de impedir, de todas las maneras posibles, que se difundiera la hipótesis de que el magnicidio era obra de varios autores.

“Habrá elementos de nuestra sociedad que gritarán alto y claro que sus derechos civiles han sido violados, como en efecto ha ocurrido”, admite el fiscal.

50 años después esos derechos civiles siguen violados y lo serán hasta que toda la documentación no sea revelada y el Estado admita lo obvio: que el asesinato fue un “trabajo interior” en el que participaron sus más altas instancias, empezando por el vicepresidente Lyndon B.Johnson.

Serie completa: El asesinato de Kennedy 50 años después

— El club de los hijos de puta (1)
— De la alta sociedad a los bajos fondos (2)
— El escenario del crimen: Dallas (3)
— Operación Paperclip (4)
— La aristocracia del espionaje nazi en Estados Unidos (5)
— La camarilla nazi-zarista de Dallas (6)
— El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald (7)
— La infiltración de Oswald en los medios progresistas (8)
— Todos los hilos conducen al mismo sitio (9)
— El asesinato del asesino (10)
— Epílogo para un crimen perfecto (y 11)

Los monopolios famacéuticos provocan una grave epidemia de opio en Estados Unidos

Donald Trump no estaba equivocado. El presidente habló de la influencia de la industria farmacéutica en el Congreso. “Les dan muchísimo dinero a los políticos. No lo sé, Mitch, quizás incluso a ti”, dijo, de pie junto a Mitch McConnell, líder de la mayoría del Senado.

Horas después, su elegido para convertirse en “zar de las drogas”, la persona a cargo de la oficina de control de estas sustancias, Tom Marino, retiraraba su postulación, precisamente por su papel en la aprobación de una ley que limita la capacidad de la DEA de perseguir a las distribuidoras farmacéuticas que alimentan la epidemia de opiáceos en Estados Unidos.

Trump tenía razón en las dos cosas. La industria farmacéutica invierte más que ninguna otra industria en influenciar políticos. En la última década, las empresas farmacéuticas han desembolsado más de 2.100 millones de euros para influenciar y ejercer presión en miembros del Congreso.

Cientos de miles de euros han ido al bolsillo de McConnell, aunque no es el único beneficiado. En Estados Unidos, nueve de cada diez diputados y todos los senadores menos tres han recibido aportes de campaña de empresas farmacéuticas que buscan influenciar la legislación para controlar desde el precio de los medicamentos hasta la forma en que se aprueban nuevas drogas.

El nominado por Trump como zar antidrogas, el diputado Tom Marino, se vio obligado a retirar su postulación después de que se conociera un informe realizado por el Washington Post y el programa 60 Minutos, de la cadena CBS, que remarcaba su papel en la aprobación de una ley que recortaba la capacidad de la DEA de perseguir a las distribuidoras farmacéuticas y las farmacias que venden los analgésicos opioides que constituyen el núcleo de una epidemia que se cobra más de 100 vidas cada día.

La nominación de Marino a encabezar la agencia federal que se supone que tiene que luchar contra la crisis opioide se cayó cuando se supo que había aceptado importantes donaciones de las mismas empresas que iba a tener que controlar.

Los políticos y miembros de grupos de presión (lobbies) del Capitolio reciben cada año cientos de millones de euros por redactar leyes y normativas que permitan que las empresas farmacéuticas obtengan cada vez más beneficios. La industria farmacéutica, que tiene dos cabilderos por cada miembro del Congreso, pagó 128 millones de euros en 2016 por influenciar legislación, según el Centro para una Política Reactiva. El año pasado, las empresas farmacéuticas también contribuyeron directamente con casi 17 millones de euros a distintas campañas políticas. El 60% del dinero llegó a manos republicanas. Paul Ryan, portavoz del Congreso, fue el que más dinero recibió, con un total de donaciones de la industria farmacéutica de 193.224 euros.

Cuando habló de pie junto a McConnell, Trump dio rienda suelta a sus críticas a una industria farmacéutica que “siempre se van de rositas”, cobrando precios más altos en Estados Unidos que en cualquier otro país. Esto es el resultado de una ley de 2003, que en la práctica fue redactada por la propia industria, que impide al gobierno federal pedir presupuestos por la fabricación de drogas y aparatos médicos, un proceso que sí se realiza en otras áreas, como en el gasto de Defensa.

En cambio, las empresas farmacéuticas pueden cobrar lo que quieran por las drogas que le venden a los programas públicos como Medicare y Medicaid, y al gobierno federal no le queda otra opción que pagar.

A su vez, las empresas farmacéuticas dicen que permitir la entrada de drogas importadas podría poner en peligro la calidad y la seguridad de los medicamentos en Estados Unidos. Pero ese argumento empalideció a la vista de la subida en los precios de los medicamentos. Los intentos de algunos diputados de aprobar leyes que bajarían el precio de los medicamentos recetados o que le permitirían a la población comprarlos en Canadá, donde suelen ser más baratos, han fracasado.

Y mientras la presión de la industria ha logrado leyes a su medida, también ha tenido un papel importantísimo en la epidemia de opioides, cuyas muertes se han cuadruplicado entre 1999 y 2015. La industria farmacéutica ha puesto todos sus recursos en culpar a los millones que se vuelven adictos, en vez de en el hecho de que estos poderosos analgésicos se recetan de manera indiscriminada.

Diputados en lucha contra el abuso farmacológico

Un grupo relativamente pequeño de diputados ha luchado contra la epidemia desde varios años antes de que se convirtiera en una cuestión política, y han luchado por aprobar leyes para controlarla.

Los diputados Hal Rogers y Mary Bono han visto cómo sus esfuerzos por aprobar leyes que controlaban la prescripción de analgésicos han fracasado gracias a la acción conjunta de los fabricantes de medicamentos. En 2010, Rogers y Bono fundaron la Liga Legislativa sobre el Abuso de Prescripción de Medicamentos y durante años propusieron varios proyectos de ley.

Bono, que supo de la epidemia de opioides cuando Chesare, su hijo con el fallecido cantante Sonny Bono, se volvió adicto, afirmó que las empresas que se benefician de la epidemia llevan a cabo una falsa pero efectiva campaña para hacer ver cualquier intento de controlar la prescripción masiva de analgésicos como un intento de privar a millones de personas de su derecho a tener tratamiento legítimo contra el dolor crónico.

“La industria nos lo está poniendo muy difícil. La presión que ejercen es mucha y muy bien organizada”, aseguró. “Claro que la sentimos, a veces indirectamente. No teníamos muchas personas de nuestro lado para ayudarnos”.

Parte de la presión la ejercían grupos financiados por la industria farmacéutica, como el Foro para el Tratamiento del Dolor, que en la última década invirtió 625 millones de euros en presionar a Washington y a las asambleas legislativas de cada estado para evitar que se aprueben leyes que controlen la prescripción de opioides y temas similares.

Uno de los políticos que recibió contribuciones de este grupo fue el senador Orrin Hatch, que se llevó más de 300.000 euros. El senador presentó un proyecto de ley que buscaba desviar un proyecto de Rogers y Bono que proponía un estudio federal sobre el tratamiento contra el dolor. Hatch, que en 2018 se presentará otra vez como candidato a senador aunque había dicho que no lo haría, es el político que más donaciones ha recibido de la industria farmacéutica en lo que va del año, con 176.000 euros.

Bono aseguró que la Asociación Médica Estadounidense jugó un importante papel en parar otra ley, la llamada ley Ryan Creedon, que buscaba obligar a médicos a recibir formación específica sobre los riesgos de los opioides. La Asociación dijo que sería una carga muy grande para los profesionales.

Las farmacéuticas financian campañas electorales

Las empresas farmacéuticas aportaron más de 169.000 euros a la campaña de Jason Chaffetz (que dejó el Congreso recientemente), convirtiéndose en los donantes más importantes de su campaña por la re-elección. Chaffetz, como miembro de la junta del comité de supervisión y reforma gubernamental, lideró los esfuerzos contra los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades que buscaban reducir la prescripción de opioides recomendando a los médicos que primero ofrecieran tratamientos alternativos contra el dolor crónico.

La industria sanitaria en completo ejerció presión y tuvo un impacto importante en la redacción de la Ley de Cuidado de Salud Asequible de Barack Obama, conocida como Obamacare.

El presidente del comité que redactó esta ley, el senador Max Baucus, fue en ese momento el político que más donaciones recibió de la industria de la salud, con 1,3 millones de euros destinados a su fundación política durante el año anterior. Baucus logró que el comité votara por dejar fuera de la ley a las aseguradoras públicas, algo que las aseguradoras privadas veían como una amenaza a sus beneficios.

Baucus era conocido dentro de la industria de la salud por sus fines de semana de golf y sus viajes de pesca a su estado natal de Montana, a los que los cabilderos pagaban por asistir. Otros miembros del comité también recibieron cientos de miles de euros, incluido el senador Pat Roberts, quien en un momento intento retener el borrador de la ley argumentando que los cabilderos necesitaban tres días para analizarlo. La mayor parte de la redacción de la ley Obamacare fue realizada por el ex vicepresidente de una gran empresa de seguro médico, Wellpoint.

En su ataque al dinero de las empresas farmacéuticas en la política estadounidense, Trump olvidó mencionar que estas mismas empresas fueron unos de los principales donantes de su investidura, junto con empresas petroleras y tabacaleras. Pfizer, fabricante de Viagra, fue el mayor donante farmacéutico, aportando 844.000 euros.

http://www.eldiario.es/theguardian/industria-farmaceutica-politicos-alimentan-Unidos_0_698881032.html

Extremistas de identidad negra: el FBI busca nuevos enemigos al agotar a los anteriores

¿Soy yo el siguiente?, pregunta el cartel
La revista Foreign Policy ha publicado un informe de la división antiterrorista del FBI que pone en la picota a un movimiento negro que no lograron aplastar hace 40 años. En el ridículo argot policial lo llaman BIE (“extremistas de identidad negra”), aunque los extremos se ven en función del lugar que ocupe la policía, que suele ser justo el opuesto, por lo que los “extremistas” tienen siempre el mismo sesgo ideológico: son los sectores populares y progresistas.

No cabe duda que el asesinato de Michael Brown, precisamente a manos de la policía, en 2014 en Ferguson, Missouri, ha vuelto a poner en pie de guerra a los negros y a los explotados y oprimidos de Estados Unidos. Entre los objetivos “extremistas” del FBI está el movimiento “Black Lives Matter”.

En pocas palabras, el FBI está dispuesto a que nada ni nadie se mueva en las calles (salvo ellos) y que sus crímenes y el terrorismo de Estado queden impunes. Vuelven los tiempos de Cointelpro, de fichar a los molestos y la “carta blanca” para vigilarlos, molestarlos, perseguirlos y… ¿por qué no? ¡matarlos!

A los sabuesos del FBI no le engañan fácilmente, ni los comunistas, ni los anarquistas, ni los negros, ni los antisistema. Se llamen como se llamen, los han puesto en el ojo del huracán no por nada sino por su ideología política. A eso el FBI le llama ahora “identidad”, como en España le llamaban “tribus urbanas” hace unos años.

Lo que la policía considera como “identidad” no es el ADN, ni el DNI sino la ideología. La represión clasifica a las personas, las “ficha” y discrimina por su pensamiento político, religioso y social.

Todo procede de Descartes, cuando dijo aquello de “pienso luego existo” que alguien tradujo mal. Lo que Descartes escribió en realidad fue “pienso luego soy” lo que la burguesía (mal)interpreta en un sentido idealista: soy aquello que pienso, lo que me identifica es mi pensamiento.

¿Por qué la burguesía y sus secuaces policías cometen ese deliz? Por lo mismo que se suele decir de alguien que “lucha por sus ideas”, o que existen esos fantasmas llamados “delitos de odio”, o esa detenida en Palamós que se “radicalizó” porque entraba en foros yihadistas de internet.

En este último caso, la detención no tiene misterio; España siguió las instrucciones del FBI, pero el comunicado del Ministerio del Interior no tenía desperdicio cuando aludía a que había sufrido un “proceso de autoradicalización virtual” porque consultaba en internet “productos propagandísticos de grupos yihadistas con contenido extremadamente violento”.

El tipo que redacta los comunicados del Ministerio del Interior no necesita tener muchas luces. Le basta recurrir a las tautologías. Si los internautas visitan páginas anarquistas se convertirán en anarquistas. Si las páginas son violentas, se convertirán en sujetos violentos y si las páginas son muy violentas, su personalidad se hará también mucho más agresiva.

En España copian literalmente al FBI, que tampoco se caracteriza por su ilustración. El problema del odio, el extremismo, la radicalización y la violencia es acabar con las páginas web del mismo carácter, luego con los libros, la música y todo aquello que enaltezca el terrorismo.

El documento del FBI menciona seis ataques contra policías estadounidenses posteriores al asesinato de Ferguson como precedentes de “la amenaza negra”. Mica Johnson mató a 11 policías en Dallas influenciado por la “ideología BIE”, asegura el FBI.

En España los catalanes no son negros y el Ministerio del Interior busca otras excusas.

El FBI manipula las películas de Hollywood para aparecer como héroes

El FBI asesora a Hollywood en sus producciones, con el fin de controlar y decorar su imagen pública ante la sociedad a través de la industria del cine, revela BuzzFeed News citando documentos desclasificados (*).

En los últimos 5 años, la Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos del FBI ha jugado un papel importante en la producción de cientos de películas, programas de televisión, documentales e incluso telenovelas. Fuentes de esa dependencia no proporcionaron cifras exactas del número de producciones en las que han participado, pero indicaron que la cooperación del FBI con las empresas de entretenimiento avanza a un ritmo acelerado.

“La mayoría de las personas forma su opinión acerca del FBI, basándose en la cultura popular y no en una noticia”, señala uno de los documentos desclasificados. La Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos atiende cientos de solicitudes de cineastas, productores o compañías cinematográficas o medios de comunicación de masas que piden asesoramiento para realizar sus trabajos de manera que “sean más realistas”.

Para los cineastas el asesoramiento es gratuito, y las consultas varían desde un intercambio informativo a través de correo electrónico hasta sesiones de varios días en la sede del FBI en Washington. Pero el buró no solo responde a las inquietudes de los cineastas, sino que también asume un papel proactivo en las cintas cuando surge la oportunidad de promover sus propios intereses.

Además, la publicación señala que la relación del FBI con Hollywood data de hace ocho décadas, y esa estrategia de marketing ha sido “notablemente” exitosa. Los documentos sugieren que el personaje ideal del FBI que tiene que aparecer en pantalla es la de una persona abierta, educada, y la de una agencia amigable que no espía, no realiza escuchas telefónicas ni viola los derechos civiles. En caso contrario, el buró niega su asesoramiento a menos que se corrija el guion.

(*) https://www.buzzfeed.com/arianelange/fbi-in-hollywood

En Washington arrecian las presiones para forzar la dimisión de Trump

Las elecciones presidenciales no llevaron a la Casa Blanca al candidato políticamente correcto, por lo que desde diciembre hay un golpe de Estado en marcha que ya ha conseguido muchas cosas, entre ellas que Trump no pudiera cumplir con lo que había prometido, lo cual tampoco debería extrañar. En los Estados burgueses nadie cumple lo que promete.

Washington es un cocedero de rumores, camarillas y reuniones al más alto nivel. Lo único cierto es que los más allegados están tratando de convencer a Trump de que dimita por su propia iniciativa.

Las expresiones no son suaves precisamente. El senador Bob Corker ha dicho que la política de Trump hacia Corea del norte llevaban a Estados Unidos a la Tercera Guerra Mundial, una frase que hay que poner en su contexto: Corker es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

“La Casa Blanca es una guardería de adultos”, ha añadido el senador, porque Trump necesita una vigilancia constante.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha confirmado lo que ya sabíamos: que Trump es un “cretino”. En junio durante una reunión con altos oficiales del Pentágono, Trump propuso multiplicar por diez el arsenal nuclear, según la cadena NBC.

Vanity Fair asegura que Trump ha confesado que destesta a todos en la Casa Blanca, aunque quizá podría hacer alguna excepción. Por su parte, media docena de consejeros de Trump admiten la crisis en la Casa Blanca, donde tratan de “contener” a un Presidente, alque califican como “disperso”.

En privado, sus ministros, incluido Mattis, el de Defensa, debaten su reacción en el caso de que Trump les ordenara lanzar bombas nucleares sobre Corea del norte. ¿Pulsarían el botón si se lo ordenaran?

Algunos periódicos, como el Washington Post, aluden a la posibilidad de invocar la 25 Enmienda que permite la expulsión del Presdente por el voto mayoritario del Gabinete, si no se encuentra bien mental o físicamente de manera que le impidan ejercer sus funciones correctamente. “¿Qué hacer con un Presidente inapto?”, pregunta el periódico en un editorial. Paul Waldman, del mismo periódico, escribió el miércoles: “Probablemente el impeachement no nos librará de Trump, pero la 25 Emienda podría”.

Una maera de fondo de esas dimensiones muestra las profundas divergencias entre las camarillas políticas de Washington y, en definitiva, son indicadores de una desorientación y una crisis de decadencia que no tiene precedentes en Estados Unidos.

Ain, el arquitecto más peligroso del mundo también era comunista

El arquitecto Gregory Ain
Lo admitió el mismísimo director del FBI, J. Edgar Hoover, en persona: Gregory Ain (1908-1988) fue el arquitecto más peligroso del mundo. Es posible que el lector haya leído muchas veces lo fea que es la arquitectura soviética (stalinista), pero nunca le hayan contado que los mejores y más innovadores arquitectos trabajaron precisamente en la URSS, empezado por el comunista brasileño Óscar Niemeyer, el deseñador de toda una capital como Brasilia.

Pero sobre Niemeyer hablaremos en otro momento. Otro arquitecto, Ain, nació en Pittsburgh, murió en Los Ángeles y llenó los archivos del FBI de sospechas sobre sí mismo y sus amigos, todos ellos rojos al más puro estilo estadounidense.

Su vida se conoce a la perfección gracias a la vigilancia de los sabuesos, que no dejaron de anotar cada uno de los pasos que dio en su vida. Creció en California en una especie de colonia experimental de “okupas” de hace más de cien años, por lo que fue sospechoso desde el principio, antes de que se creara el FBI.

En Las Ángeles Ain descubrió al arquitecto Rudolf Schindler y a su obra, producto de una escuela europea, la de Viena, por lo que se inscribió en la Escuela de Bellas Artes, aunque su espíritu inquieto no le ayudó a permanecer sentado en el pupitre durante mucho tiempo.

Trabajó y aprendió con varios arquitectos hasta que en 1935 creó su propio estudio, en el que empezó a diseñar casas absolutamente novedosas, flexibles o con las cocinas abiertas.

Entre sus primeros clientes estuvo Harry Hay, el creador de los primeros movimientos homosexuales militantes del mundo. La casa que Ain le construyó en 1939 se convirtió en un centro de reuniones que atrajo la curiosidad del FBI desde que le dieron los últimos brochazos a las paredes.

Al año siguiente comenzó a estudiar la manera de crear casas prefabricadas y al entrar Estados Unidos en la Guerra Mundial le nombraron ingeniero jefe de Carles y Ray Eames, para quien inventó algo que ahora vemos en todas las tiendas de Ikea y viviendas del mundo: el contrachapado de madera.

Las innovaciones de Ain fueron de largo calado en la construcción, tanto de edificios como en la decoración de interiores y jardines, hasta que tras la Guerra Mundial llegó la “caza de brujas” del senador MacCarthy, el borracho que pasó a la historia por su paranoia contra cualquier cosa que tuviera que ver con los comunistas… como los arquitectos.

Acusado de ser comunista, Ain entró en las listas negras; se quedó sin encargos y sin trabajo. Le expulsaron del “Case Study Houses”, una serie de casas experimentales que los Eames y otros edificaron en California.

Tuvo que marchar de la costa oeste para dar clases en la Universidad de Pensilvania, en cuya facultad de arquitectura acabó como decano en 1963.

Hasta 1967 no pudo regresar a Los Ángeles. Para entonces ya no podía desarrollar el mismo trabajo creativo. Cuando murió en 1988, los cínicos de siempre se echaron a llorar, entre ellos el diario Los Angeles Times, que le calificó como un “héroe de la arquitectura”. Toda su imaginación creadora la había puesto al servicio de los trabajadores, para construir para ellos viviendas acogedoras que pudieran pagar con un salario modesto.

Ahora una organización californiana que se dedica a la conservación del patrimonio urbanístico de Los Ángeles le describe como un “militante social” y un arquitecto “visionario” (2).

Los expertos se lamentan de que una legendaria vivienda que construyó en 1950 para una exposición del Museo de Arte Moderno de Nueva York fuera arrasada en un intento de borrar del mapa cualquier vestigio del comunismo y de los comunistas en Estados Unidos (3).

(1) https://archive.org/stream/reportofsenatefa1949cali#page/688/mode/2up
(2) https://www.laconservancy.org/architects/gregory-ain
(3) https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-most-dangerous-architect-america-built-house-vanished

Las torturas de la CIA fueron mucho más brutales de lo que se ha admitido

Las torturas utilizadas por la CIA contra los detenidos fueron “mucho peores” de lo admitido hasta ahora, y los espías ocultaron información clave al Congreso y la Casa Blanca, afirmó un informe del Senado estadounidense en diciembre de 2014.

En la introducción del documento, la senadora Dianne Feinstein, dirigente del Comité de Inteligencia, no dejó dudas sobre el resultado de las investigaciones: “Es mi conclusión personal que, en cualquier acepción del término, los detenidos de la CIA fueron torturados”.

El demoledor informe de 525 páginas, con numerosos párrafos cubiertos con tinta negra para ocultar información confidencial, es apenas un resumen de una versión de más de 6.000 páginas que se mantienen en secreto.

El texto toma mucho cuidado de utilizar la palabra “tortura” y prefiere el eufemismo de “técnicas reforzadas de interrogatorio”, que había sido adoptado en el gobierno de Bush.

El documento que se presentó públicamente afirma categóricamente que los métodos de interrogatorio aplicados por la CIA fueron “brutales y mucho peores” de lo que se había admitido hasta el momento. Además, apunta el documento, esas torturas “no fueron una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos”, aunque la CIA insistía en la eficacia del sistema.

Al analizar los argumentos de la CIA sobre la eficacia de la tortura, el comité investigador “revisó 20 de los más frecuentes ejemplos de éxito antiterrorista que la CIA atribuyó al uso de técnicas reforzadas de interrogatorio, y llegó a la conclusión que estaban equivocados en aspectos fundamentales”.

De acuerdo con la investigación, la CIA “no estaba preparada cuando comenzó a operar su Programa de Detención e Interrogatorio, más de seis meses después de haber recibido autorización para mantener detenidos”.

El estudio del Senado también denuncia que la CIA “no dirigió un recuento meticuloso o preciso del número de personas que detuvo, y del número de detenidos que no reunían el mínimo de condiciones de ser detenidas”.

Además, los programas de “métodos mejorados de interrogatorio” fueron diseñados por dos psicólogos contratados. “Para el año 2005, la CIA dependía mucho de operaciones tercerizadas ligadas al programa”, apunta el documento.

El texto acusa también a la CIA de haber presentado “información incorrecta” entre 2002 y 2007 al Departamento de Justicia sobre el alcance y los efectos de la tortura, e impedir que el Congreso logre supervisar la aplicación de ese método de interrogatorio. De esa forma, “la CIA impidió la supervisión por parte de la Casa Blanca y la toma de decisiones”, añade el informe.

La propia administración del programa de interrogatorios por parte de la CIA “complicó, y en algunos casos impidió” la acción de otros departamentos del gobierno.

Un párrafo del informe también señala que “la CIA coordinó el filtrado de información clasificada para la prensa, incluyendo información incorrecta sobre la eficacia” de los interrogatorios bajo tortura.

https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/torturas-mas-brutales-de-cia-articulo-532179

Cuba: la mentira de los ataques sónicos

Jesús Arboleya

No existe un lugar más seguro para los diplomáticos norteamericanos que Cuba. Es común verlos correr por el Malecón, comer en los restaurantes más famosos o bañarse en las playas. Aquí nunca han tenido el temor de que los maten o secuestren, como ocurre en la mayor parte del mundo. Nada explica que esto haya cambiado, mucho menos que ocurriera debido al sinsentido de misteriosos “ataques sónicos” contra funcionarios de ese país.

Científicos de todas partes niegan la posibilidad de que algo como esto ocurra, el propio gobierno norteamericano asume su ignorancia en la materia y reconoce carecer de pruebas para culpar a Cuba, lo que explica menos que se tomen medidas contra el país.

El único argumento es que Cuba debe proteger -nadie sabe de qué- a los diplomáticos norteamericanos. Si Estados Unidos aplicara esta norma al resto del mundo, tendría relaciones con muy pocos países. Además, hay poca moral para decirle esto a un país cuyos diplomáticos sí han sido asesinados y atacados de la manera más brutal en territorio norteamericano.

Quizás la diplomacia y la objetividad periodística obligan a hablar usando términos como “supuestos”, “no identificados” o “no comprobados” para referirse a los pretendidos ataques sónicos, pero cualquier persona medianamente informada y con dos dedos de frente sabe que se trata de una soberana mentira. En Cuba hay ruido, quizás demasiado, pero no es ultrasónico ni infrasónico, más bien es lo suficientemente evidente y democrático, para afectarnos a todos por igual.

El asunto entonces es determinar la razón que impulsa al gobierno norteamericano a mentir de esta manera y utilizarlo como excusa para tomar medidas que dañan aún más el estado de las relaciones entre los dos países.

La primera hipótesis es que las agresiones a los funcionarios, sónicas o no, resultaron del uso de medios técnicos para labores de inteligencia por parte de Estados Unidos. Un cable de AP del 17 de septiembre, al que llamativamente la prensa no le dio mucha atención, cita a un funcionario de la NASA diciendo que el problema fue originado por equipos LRAD-RX, diseñados por la empresa American Technology Corporation (ATC), para las comunicaciones de la CIA con sus agentes.

Según esta fuente, cuando se conoció el daño a la salud que producía el uso de estos equipos se decidió su desmontaje, para lo cual era necesario suspender los servicios consulares y otras actividades de la embajada.

Primero se utilizó como excusa los daños causados por el huracán Irma, pero todo indica que después se ajustó al cuento de la protección de los funcionarios.

Esta versión no excluye otra mucho más integral, a tono con las características de ese gobierno. Para Donald Trump, la política exterior de Estados Unidos consiste en meterle miedo al mundo.

Su estilo de negociación nos recuerda al Padrino: si haces lo que digo voy a ser condescendiente contigo, sino, le corto la cabeza a tu caballo preferido.

No debe ser casual que individuos como el mexicano Jorge Castañeda, bien informado de los recovecos de la política norteamericana, declare que solo la intervención de Cuba puede conducir a la destitución del presidente Nicolás Maduro en Venezuela.

Es de suponer que presiones sobre Cuba se han ejercido en este sentido, pero Cuba no ha dejado de insistir en su apoyo al gobierno bolivariano. Que no le hagan caso molesta hasta el delirio a Donald Trump y está demostrado que no hacen falta ataques sónicos, para limitar su capacidad de escuchar a tanta gente que trata de controlar sus desboques.

El tercer elemento a tener en cuenta son las presiones de los sectores anticubanos ubicados en el Congreso. A Trump le sale barato complacerlos, a cambio de un apoyo que se torna desesperado en otros aspectos de la política doméstica y exterior de Estados Unidos, así como para la supervivencia de su propio gobierno, acusado e investigado por todas partes.

En resumen, los “supuestos” ataques sónicos han venido de perilla para desencadenar una tormenta perfecta contra Cuba, que incluye atemorizar a los viajeros norteamericanos y la cancelación indefinida de otorgamiento de visas, lo que coloca a Cuba, sin que se diga explícitamente, entre los países vetados para que sus ciudadanos viajen a Estados Unidos.

Esto ocurre cuando Cuba transita por una difícil situación económica, agravada por los enormes destrozos provocados por el paso del huracán. No es de extrañar que no haya habido un solo gesto solidario por parte del gobierno norteamericano hacia el pueblo cubano, sino todo lo contrario. En realidad el sistema estadounidense no está diseñado para ayudar a resolver crisis, sino para agudizarlas, hasta el punto que los países afectados no tengan otra alternativa que rendirse a sus pies. Al parecer, esa es la lectura que están haciendo del caso cubano.

Contrario a lo que podía pensarse hace solo unos meses, la convivencia con Estados Unidos se torna cada día más complicada para Cuba. Paradójicamente, la razón estriba en la debilidad de un gobierno como el de Donald Trump, incapaz de lidiar con sus propias limitaciones y actuar con la altura que dignifica la política, incluso en el caso de los imperios.

https://nuevatrinchera.wordpress.com/2017/10/03/cuba-eua-la-mentira-de-los-ataques-sonicos/

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