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¡Policías! ¡Vuestro sitio está en ‘Podemos’!

Juan Manuel Olarieta

Hace sólo dos años Pablo Iglesias era muy radical. Seguía siendo un payaso, lo mismo que ahora, pero muy radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. El 14 de noviembre ante las cámaras de televisión calificó a los policías de matones. Entonces aún le quedaba mucho para trepar hasta donde está ahora. No era diputado sino sólo el presentador del programa de televisión La Tuerka, que es tanto como decir la segunda división del famoseo político.

Iglesias se refería a la detención de una colaboradora de su programa durante la huelga general. Entonces decía cosas como ésta: «A los que gobiernan este país les huelen los pies a franquismo y a muchos policías se les debería caer la cara de vergüenza cuando en lugar de proteger a la gente se convierten en matones al servicio de los ricos».

Al año siguiente ya había ascendido en su fulgurante carrera como estrella de la televisión, pero seguía siendo el mismo payaso radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. En julio de 2013 en el programa «Te vas a enterar» de Cuatro, calificó a los antidisturbios como «pistoleros uniformados cometiendo delitos ante las cámaras» y «dando palizas». El motivo era que aquellos pitoleros uniformados habían cargado contra una manifestación en protesta por los planes de Sanidad sobre reproducción asistida.

En unos pocos meses las cosas han cambiado mucho. A la policía se le ha caído la cara de vergüenza, o por lo menos la careta. Ya no son matones ni pistoleros uniformados. Iglesias ha podido conocerles mejor y, por fin, ahora puede opinar con pleno conocimiento de causa. Conclusión: no se puede hablar en esos términos de la misma manera que antes.

En este país a la hora de lanzar acusaciones contra la policía la gente tiene la manía de generalizar, y es un error. Durante un acto público celebrado el miércoles en Bruselas Iglesias manifestó que «hay policías que quieren poner grilletes a banqueros y corruptos». Lo mismo repitió en su blog: «A la policía no se le paga para que piense, sino para que obedezca. Es indudable que habrá policías crueles que disfruten pegando y policías de extrema derecha encantados de cargar contra gente de izquierdas, pero también es indudable que habrá agentes demócratas y sensibles que preferirían detener a banqueros antes que a la gente que protesta».

No se puede meter a todos los policías en el mismo saco. Es verdad que hay policías de extrema derecha que son, a la vez, unos sádicos que tienen orgasmos múltiples cada vez que agarran la porra con la mano. Pero no todos son así. También los hay sensibles, que son tan demócratas y de izquierdas como los de «Podemos». ¿Os acordáis de aquello del poli bueno y el poli malo? Pues de eso se trata. Como en todas partes, en la policía hay de todo porque, aunque no lo parezca, los policías también son seres humanos. Tienen su corazoncito.

Por eso mismo ayer «Podemos» se dirigió a la policía animándoles a sumarse a su proyecto político, al que califican de «regenerador», al estilo de Joaquín Costa, como si aún estuviéramos en 1900. Por lo menos a mí no me caben dudas de que el mejor lugar para la policía está en «Podemos».

Según estos campeones del famoseo político, «cuando la policía se convierte en guardaespaldas de los poderosos en lugar de en protectores de los ciudadanos es que nuestra democracia tiene un serio problema». Los de «Podemos» conocen bien a la policía, por lo que en su comunicado repiten los mismos consejos sabios de Iglesias: «A muchos de ellos también les gustaría poner las esposas a los políticos y banqueros corruptos en vez de tener que seguir sus órdenes y arrestar a quienes denunciamos esta situación. Hagámoslo posible. ¡Podemos!»

Pero me parece que esto es una contradicción que no acabo de entender: si a los policías no les pagan para que piensen, ¿por qué piensan?, ¿acaso piensan gratis?, ¿piensan por su cuenta?, ¿piensan diferente de quienes les pagan? Es más: ¿cómo podemos saber si los policías piensan realmente?, ¿acaso «Podemos» no sabe sino que sólo lo sospecha, es decir, que «Podemos» funciona igual que la policía, por meras sospechas?

(Al Excelentísimo Señor Fiscal: quien ha llamado matones y pistoleros a los policías ha sido Pablo Iglesias, no yo, que en este artículo me he limitado a reproducir sus palabras. Si quiere meter a alguien a la cárcel, métale a él, joder, que siempre nos toca a los mismos. ¿O hay que salir por la tele para tener carta blanca?)

Teoría de la conspiración

Después de un año del hipócrita escándalo del espionaje masivo en internet, me quedo con las palabras de Obama ante el Senado: «Os aseguro que nadie está escuchando vuestras conversaciones». Muchos creyeron que Obama mentía, como acostumbran a hacer de manera sistemática los presidentes de Estados Unidos, pero no se trataba de eso, como aclaró Dianne Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado: los espías no vigilaban el contenido de las conversaciones sino «sólo» los metadatos. Le faltó añadir lo que todo buen sofista y jurista diría en un caso así: para eso no hace falta autorización judicial.

Ojo al dato: quienes nos espían no tienen los mismos gustos que nosotros, que sólo prestamos atención al contenido de nuestras conversaciones. Ellos prefieren los metadatos a los datos. Es como si en una carta no les interesara el contenido de la misma sino «sólo» el sobre que la contiene, el sello, el remitente, el lugar de franqueo, la saliva con la que se pega la solapa… Sin embargo, las personas funcionamos al revés: cuando recibimos una carta solemos tirar el sobre a la papelera. Eso es lo que no nos interesa. Sólo queremos saber el contenido, no el continente.

Un marxista petardo vería aquí otra de esas famosas y maravillosas unidades dialécticas: la carta y el sobre, contenido y continente, datos y metadatos. Pero las cosas no funcionan así, no hay tal unidad: a unos les interesa una parte del asunto (el dato) y a los otros la otra (el metadato). Sin embargo, en cualquier discusión siempre hay alguien que dice que se atiene a los hechos o a la realidad, o sea, al dato. Pero ¿de qué realidad habla?, ¿qué parte de la realidad le interesa?, ¿los datos o los metadatos?

De eso se trata: ¿en qué nos fijamos?, ¿a qué parte de la realidad le prestamos atención?, ¿qué es lo que nos atrae de los muchos acontecimientos de la realidad? Nada menos que en «El Capital» el mismísimo Marx aborda este asunto cuando se refiere al fetichismo de las mercancías, de las cuales dice que ocultan bastante más (metadatos) de los (datos) que aparentemente vemos. Resulta que las mercancías, como los sobres, guardan un secreto en su interior: donde los demás no veían más que cosas, Marx dice que también hay «relaciones de producción», o sea, relaciones entre personas, obreros y capitalistas, trabajo, plusvalía…

Sin embargo, la ideología burguesa es tan sumamente superficial que se apoya en lemas tales como «no hay más cera que la que arde», «esto es lo que hay» o «no hay buscarle tres pies al gato». Los marxistas vemos fantasmas por todas partes que los demás no ven, no quieren ver o no son capaces de ver. Así funciona la ideología. Cuando alquien saca una carta del buzón caben dos posibilidades. La primera es que no sea capaz de ver nada más que un sobre que, además, no le interesa porque cree que no hay nada dentro. Por el contrario, si no está abducido por la ideología burguesa, supondrá que algo tiene que haber en su interior, tendrá curiosidad y lo abrirá.

Eso debería ser lo más normal, sobre todo sabiendo -como sabemos- que la burguesía vende gato por liebre. Entonces, ¿por qué nos resignamos con lo que hay? ¿Por qué admitimos que nos den gato por liebre? Antes se solía hablar de la «cruda realidad», es decir, de una realidad sin cocinar. Pero ahora vivimos en tiempos de envoltorios, de metadatos, que crean muchos aspectos diversos de la realidad, y eso nos confunde (nos confundimos y nos confunden). Una actitud científica (y por lo tanto marxista) ante la realidad debería tener en cuenta la mayor parte de sus aspectos, tanto si son explícitos como si van disimulados en el interior de un sobre. Esta actitud es fundamental en la lucha de clases contemporánea ya que la política, igual que la mermelada de frambuesa en los supermercados, va dentro de recipientes opacos.

La politiquería institucional es la única política que algunos tienen en cuenta como realidad, a pesar de que sabemos que es justamente la parte más superficial de la política: partidos, elecciones, parlamento… Hasta el más incauto se habrá dado cuenta de que toda esa politiquería está dominada por los portavoces, las ruedas de prensa y los gabinetes de imagen, es decir, por técnicos que la envuelven exteriormente ante los medios de comunicación. Son ellos los que elaboran toda la parafernalia oficial, empezando por el lenguaje, la puesta en escena y el protocolo. Es lo más parecido al teatro. La politiquería burguesa es el fetiche, el sobre que disimula un contenido algo diferente, que es el que un científico (y un marxista) debería tratar de averiguar.

Alguien diría que «las apariencias engañan», pero tampoco es eso: nos dejamos llevar por ellas. Para evitarlo hay que mirar detrás del telón de este ridículo teatro de la política burguesa para ver qué realidad es la que se oculta detrás. Todo el esfuerzo de la burguesía, por el contrario, se encamina a saciar nuestra curiosidad con «la más completa información», pero siempre ocurre lo mismo: lo único que sabemos con certeza es que la versión oficial es mentira. A partir de ahí hay que empezar a buscar la verdad.

El objetivo de la «versión oficial» es impedir que asomes el ojo por detrás del telón. Si te empeñas en fisgar te llaman «conspiranoico» cuando ellos pasan las 24 de horas del día conspirando contra nosotros, como el caso Snowden demostró el pasado año.

El mundo no sólo se divide entre espías y espiados sino entre conspiradores y conspiranoicos. Una de dos: o formas parte de la conspiración, o te esfuerzas por descubrirla.

Los católicos igual que los nazis

El 6 de junio el Irish Daily Mail publicaba (1) que, en la década de los treinta, médicos y científicos irlandeses vacunaron en secreto a más de 2.051 niños en instituciones benéficas gestionadas por monjas católicas. El empleo de niños como cobayas humanas se ha destapado como consecuencia de la aparición de los cuerpos de 800 bebés en una fosa séptica en una antigua casa de acogida en Tuam, en el condado de Glaway.

El primer ministro Irlandés, Enda Kennedy ha ordenado una investigación exhaustiva sobre el escándalo. Los niños abandonados y tutelados en hogares irlandeses de acogida en aquella década se cuentan por miles. De ellos más de 2.000 fueron utilizados como conejillos de Indias en vacunaciones forzadas y clandestinas. La depuración de responsabilidades concierne tanto a los científicos como a las instituciones católicas de beneficencia.

Los niños, recién nacidos muchos de ellos, procedían de familias muy humildes, cuyos padres no podían hacerse cargo de su manutención. En algunos casos fueron acogidos en internados católicos y, en otros, entregados en adopción en terceros países. La investigación se encamina a comprobar si las instituciones católicas eran una tapadera para encubrir experimentos con nuevos fármacos.

La investigación también afecta de lleno a la multinacional farmacéutica Burroughs Wellcome, ahora llamada GlaxoSmithKline. Los viejos historiales médicos que se han logrado conservar muestran que entre 1930 y 1936 en Irlanda 2.051 niños y bebés de los hogares de la beneficencia fueron vacunados contra la difteria por cuenta de Burroughs Wellcome.

Los registros también confirman que no es que no hubiera ninguna clase de consentimiento, sino que ni siquiera se preocuparon de solicitarlo. La estimación de los recien nacidos que fallecieron como consecuencia de los experimentos o de sus efectos secundarios tampoco se conoce exactamente, aunque al menos hay constancia de 800 bebés arrojados a una fosa séptica. Pero podría tratarse de la punta del iceberg. Por ello el primer ministro irlandés, Enda Kenny, ha exigido información sobre si aún hay más fosas comunes con enterramientos colectivos de niños o recién nacidos. Dichas fosas se buscan en terrenos anexos a monasterios, antiguos colegios e internados religiosos.

Las sospechas sobre un escándalo aún mucho más amplio proceden de que una revisión de los archivos públicos de las instituciones sanitarias comarcales y municipales, e incluso en el mismo Dublín, no ha detectado ningún caso de vacunación, ni de campaña controlada o autorizada por las organismos competentes de la Administración, y lo que resulta más sospechoso es que tampoco en la multinacional GlaxoSmithKline hay ninguna constancia de dichas vacunaciones infantiles, ni siquiera en sus dependencias centrales en Londres.

Sin embargo, los informes de los experimentos se publicaron en las revistas médicas de la época. Se llevaron a cabo en paralelo a los experimentos médicos de los nazis en los campos de concentración, que dieron lugar a que en Nuremberg se tuviera que redactar un Código Deontológico sobre la práctica de la medicina. Pero los experimentos médicos con seres humanos no fueron sólo responsabilidad de los nazis, ni se acabaron con la II Guerra Mundial. Así lo demuestra que en 1964 se tuviera que repetir una declaración similar en Helsinki.

La salud es un negocio capitalista como otro cualquiera. El empleo de cobayas humanas en experimentos médicos es, pues, una lacra del capitalismo típica de las multinacionales farmacéuticas, especialmente trágica en los países del Tercer Mundo. GlaxoSmithKline está involucrada en varios casos turbios con vacunas. En 2009 fue la causante -con la complicidad del gobierno británico- del desastre sanitario causado por las vacunaciones masivas con Pandermix contra la gripe H1N1, que provocaron narcolepsia, especialmente en los niños y adolescentes hasta los 19 años de edad, que fueron el 80 por ciento de los vacunados. La narcolepsia causada por el Pandermix es un trastorno del sueño que está resultando incurable y ha obligado al gobierno británico a indemnizar a los afectados por ella (2).

Al mismo tiempo resultó condenada por no haber alertado sobre el riesgo de suicidio asociado al consumo del antidepresivo Seroxat y también ocultó los datos negativos referentes a otro de sus fármacos, Avandia, que se utiliza en todo el mundo para tratar la diabetes. En setiembre de 2010 Europa y Estados Unidos recomendaron la suspensión de la venta de este fármaco.

(1) Thousands of children in Irish care homes at centre of ‘baby graves scandal’ were used in secret vaccine trials in the 1930s, http://www.dailymail.co.uk/news/article-2650475/More-mass-baby-graves-Ireland-Prime-Minister-Enda-Kenny-orders-investigation-memorial-800-dead-babies-planned.html
(2) Brain-Damaged UK Victims of Swine Flu Vaccine to Get £60 Million Compensation, International Business Times, 2 de marzo de 2014, http://www.ibtimes.co.uk/brain-damaged-uk-victims-swine-flu-vaccine-get-60-million-compensation-1438572

Asesinados dos espías israelíes en Bruselas

Juan Manuel Olarieta
El sábado 24 de mayo alguien disparó una ráfaga con un Kalashnikov dentro del museo judío de Bruselas, matando a cuatro personas. El País tituló que se trataba de un «atentado antisemita». Naturalmente se trataba también de una acción indiscriminada, terrorista, en vísperas de unas elecciones europeas.

Sin embargo, el lunes un diario judío de Estados Unidos, The Forward, decía que se trataba de un «asesinato político» (*). The Forward ocultaba algunos detalles de cierto interés, como que dos de las víctimas pertenecían al espionaje israelí. Uno de ellos, Emanuel Riva, trabajaba para Nativ, una organización pública clandestina de Israel encargada de promover la deserción de judíos soviéticos.

Miriam Riva, la mujer de Emanual, también trabajaba para el Primer Ministro israelí, lo que sus vecinos han confirmado a preguntas de los periodistas. Ambos trabajaban camuflados como «contables».

Nativ fue creada en 1952, depende directamente del Primer Ministro del gobierno de Tel Aviv y mantiene relaciones muy tensas con los otros dos organismos de espionaje: Mossad y Shin Beth. Tras la caída de la URSS en 1990 Nativ fue considerada como una reliquia del pasado, algo en vías de extinción. En 2005 el diario Haaretez decía que Natv sobrevivía gracias al empeño del primer ministro Ariel Sharon, recientemente fallecido.

Pero Nativ no sólo no desapareció sino que su carácter clandestino se estrechó aún más, como lo prueba el goteo de información sobre el matrimonio asesinado en Bruselas. El 27 de mayo el diario Israel Hayom decía que en 2009 el matrimonio Riva fue destinado a Berlín por el Ministerio israelí de Asuntos Exteriores, donde vivieron dos años.

Aquel año el ministro de Asuntos Exteriores era Avigdor Lieberman, un ultranacionalista judío de origen soviético y dirigente de la extrema derecha israelí, que está enfrentada tanto al Mossad como al Shin Beth. De 2006 a 2008 Lieberman fue ministro de Asuntos Estratégicos. Al llegar a su cargo retomó la línea de Ariel Sharon, anunciando que pretendía seguir utilizando Nativ para favorecer la emigración de los 200.000 judíos rusos que actualmente viven en Alemania.

Desde hace siete años la directora de Nativ es Naomi Ben-Ami, antigua embajadora de Israel en Ucrania y antigua consejera política de Lieberman. En 2008 le acusaron de provocar una crisis política con Alemania por el empeño de su jefe de forzar la emigración judía hacia Israel.

En enero de 2008 un artículo del diario Jerusalem Post informaba de la dimisión de Lieberman del Ministerio de Asuntos Exteriores presionado por su plan de enviar a dos emisarios de Nativ a Berlín.

Pero un año después Liberman volvió al gobierno y a su puesto al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y fue entonces cuando enviaron al matrimonio Riva a Berlín.

Con el golpe de Estado en Ucrania, en el que Nativ ha participado activamente, el asunto tomó una nueva dimensión. La organización es una cabeza de puente con los antiguos países que formaron parte de la Unión Soviética y sus choques internos con el Mossad son cada vez más evidentes, lo cual es muy pintoresco porque el servicio secreto isaraelí le acusa de «opacidad» y exige el cese de sus actividades.

En fin, que el tiroteo de Bruselas parece un ajuste cuentas interno dentro de la intrincada madeja de espías que Tel Aviv tiene repartidos por el mundo entero. Más que un atentado antisemita parece un atentado semita.

(*) Was Brussels Jewish Museum Attack a Hate Crime — or Professional Assassination?, 26 de mayo
http://forward.com/articles/198889/was-brussels-jewish-museum-attack-a-hate-crime-o/?

En Europa el fascismo está de moda

Juan Manuel Olarieta

Las cumbres europeas son como las bodas; todos visten sus mejores galas para la ocasión, para salir en los telediarios. Lo que ocurre de puertas adentro ya es otra cosa, como la luna de miel en la habitación del hostal. Nadie lo cuenta, pero nos lo imaginamos.

En época de crisis un personaje estelar de esas cumbres es el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schäuble, el tipo mal encarado de la silla de ruedas. Schäuble es a Merkel lo que Montoro a Rajoy, pero con algunas diferencias importantes. Antes de las finanzas Schäuble fue ministro de Interior en dos tramos, el primero entre 1989 y 1991. Nueve días después de la unificación alemana, el 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado. Desde entonces se desplaza en silla de ruedas.

Como entonces el «terrorismo individual» ya había desaparecido en Alemania, dijeron que el atentado lo había cometido un trastornado mental. Es la explicación idealista de siempre. Sólo cambian las atribuciones. Los perturbados de ahora son los terroristas de antes, o ambas cosas a la vez: los terroristas son unos perturbados y los perturbados son unos terroristas.

Tras la formación de la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas, en 2005 Schäuble fue nombrado nuevamente ministro federal del Interior en el gobierno de Angela Merkel, hasta que en 2009 pasó al ministerio de Hacienda. Es un hombre de firmes convicciones cristianas (evangélicas). Si llevara turbante en la cabeza la prensa que le adula diría que es un talibán. Si además supieran que ha estado envuelto en tramas turbias de tráfico de armas, los insultos subirían de tono.

Schäuble defiende lo indefendible. Por ejemplo, ha defendido el uso de la información obtenida por espías extranjeros mediante la tortura de los detenidos y siempre se ha mostrado partidario de la liquidación de terroristas… pero de manera selectiva, es decir, eligiendo muy bien a quién eliminan. Estamos tan habituados a este descaro que ya ni siquiera nos escandaliza, de tal modo que cuando los asesinatos selectivos se conviertan en masivos no nos daremos ni cuenta.

En 2006 el ministro de Defensa Franz Josef Jung se mostró partidario de redefinir el estado de guerra a fin de incluir el terrorismo como un supuesto de hecho que permitiría declarar la ley marcial, es decir, que el ejército se hiciera con las riendas del Estado, que los consejos de guerra sustituyeran a los tribunales civiles, y así sucesivamente.

Un poco antes el gobierno alemán intentó aprobar una ley de seguridad aérea por la cual el ejército podía derribar un avión comercial si sospechaba que pudiera ser utilizado contra la seguridad de las personas en tierra. No hay nada que engendre más inseguridad (en las personas) que la paranoia de la seguridad (en los gobiernos) y por eso en España aprueban leyes tan seguras como las de seguridad ciudadana o de seguridad privada. Gracias a esa seguridad, lo que sólo es posible se transforma en absolutamente cierto; el riesgo de muerte causa muertes seguras.

Las excusas de la burguesía son así de tramposas. Unas veces dicen que lo importante son los derechos de las personas, los individuales, frente al totalitarismo de lo colectivo, de los derechos sociales. Pero otras lo vuelven del revés: lo importante son los derechos colectivos, la sociedad, frente a lo individual, a las personas.

Un Estado criminal como Alemania siempre encuentra un argumento, y el de Schäuble fue el siguiente: en casos de extrema urgencia la protección de la vida de las personas está limitada. Siempre queda en el aire de qué tipo de urgencia se trata, ya que a nosotros nos ponen en el lugar de quien está en el suelo, no del pasajero del avión al que asesinan con un misil junto a otros cientos que se sientan a su lado… pero no hay que preocuparse: eso sólo es posible en casos de urgencia.

Aunque Schäuble puso el argumento, la ley de seguridad aérea no procedía de la derecha sino de la socialdemocracia y Los Verdes, que saben muy bien de lo que están hablando. El antecesor de Schäuble en el Ministerio del Interior fue el verde Otto Schily, quien había sido abogado de la Fracción del Ejército Rojo en el proceso de Stammheim. Más en concreto: Schily fue el defensor de Gudrun Ensslin, una de las dirigentes de la organización armada que en 1977, dos años después del juicio, fue asesinada dentro de la cárcel «selectivamente», junto con otros dirigentes de la misma organización, un crimen colectivo cometido -no hay que olvidarlo- por la socialdemocracia, lo mismo que el de Rosa Luxemburgo 60 años antes.

El Libro Blanco sobre política de seguridad que aprobó el gobierno alemán en el otoño de 2006 dice que es necesario «ampliar el marco constitucional» para poder recurrir al empleo de medios militares con fines domésticos, es decir, en una guerra contra el enemigo interior. Schäuble lo llamó cuasi-defensa, o lo que es lo mismo, cuasi-guerra, y el portavoz del ministro socialdemócrata del Interior, Dieter Wiefelspütz, coincidió con él, exigiendo una nueva interpretación del concepto de «defensa» ya que no importa el origen (exterior o interior) del peligro sino el peligro en sí mismo. La defensa es la protección del territorio nacional cuando la actividad de la policía es insuficiente.

Hasta aquí lo expuesto no es más que un resumen muy apretado de los proyectos represivos en Alemania, que se deben complementar con otros en la misma línea, como el de reabrir los campos de concentración para internar a los sospechosos al estilo de Guantánamo, es decir, sin necesidad de ninguna clase de juicio. A diferencia de los asesinatos, Schäuble ya ni siquiera se tomó la molestia de precisar que se trataba de encarcelamientos «selectivos», por lo que es bastante evidente que se están planeando redadas masivas e indiscriminadas.

Estas medidas aparecen envueltas en una retórica presidida por términos tales como amenaza, peligro o riesgo, es decir, por el vacío. Se trata de medidas que no se pueden justificar con ningún hecho que haya ocurrido realmente sino por puras sospechas carentes de fundamento.

Esa es la Europa a la que llaman «democrática». A partir de aquí hay que imaginar lo que puede ocurrir cuando los fascistas que vienen por detrás se quiten la careta. ¿Qué otra cosa se les puede ocurrir a ellos que no hayan puesto en marcha los «demócratas»? Como en los tiempos del III Reich el papel de los «demócratas» (y socialdemócratas, y progres, y reformistas) es siempre el mismo: dejarlo todo bien preparado para que cuando lleguen los fascistas descarados no tengan ningún contratiempo, no haya nadie que levante la voz, ni escraches, ni pancartas, ni altavoces, ni nada de nada.

Se me ocurre que -como hicieron hace 100 años con Rosa Luxemburgo- los «demócratas» van a empezar asesinando a los revolucionarios para que nadie pueda oponer ninguna resistencia. No perderían votos porque ningún reformista va a levantar la voz. Pero eso no significa que no se esfuercen por hacer pasar a una cosa por su contraria, o que tiren balones fuera, como hacía Schäuble el mes pasado al comparar a Hitler con… Putin. En Europa el fascismo está de moda. En un país o en otro ya nadie deja de hablar de Hitler y de fascismo, es decir, de eso que algunos creían enterrado para siempre.

Es cierto que hay quien aún no sabe poner la trinchera, pero la burguesía sí lo sabe. En 2007 lo dejó bien claro el redactor jefe del diario Die Zeit, Theo Sommer: «Incluso en nuestra parte del mundo nadie puede asegurar de ninguna manera que en el futuro no vaya a haber una revolución». En efecto, en toda Europa no hay más que dos campos: la revolución y la contrarrevolución, los fascistas y los antifascistas. Pero hay algo aún más importante que eso: de aquí en adelante ningún antifascista puede esperar ni la más mínima concesión por parte del reformismo, del legalismo y del pacifismo, que están absolutamente agotados y desacreditados. Cualquier forma de oposición al fascismo está fuera de la legalidad y en contra de la legalidad, por algo que me parece evidente: porque la legislación ya es plenamente fascista.

40 años del ‘Watergate’

(En realidad, cuarenta y dos). En agosto de este año, 2014, se cumplirán cuarenta de la dimisión del presidente Richard Nixon de los EE. UU. como consecuencia de lo que dio en llamarse «Caso Watergate», un hotel con oficinas y apartamentos donde se ubicaba el cuartel general del Partido Demócrata opositor a Nixon en 1972, año de elecciones que, por cierto, Nixon ganara barriendo a George McGovern, revalidando su mandato de 1969.

En la noche del 17 de junio de 1972, un guardia de seguridad del complejo de edificios Watergate, a orillas del Potomac en Washington, advirtió la presencia de alguien husmeando por allí saltándose los controles de seguridad. Llamó a la policía que detuvo a cinco hombres dentro de la oficina del Comité Nacional del Partido Demócrata. Los cinco -luego dos más, siete- fueron acusados de haber entrado en la oficina para robar (sic) documentos, pinchar teléfonos e instalar escuchas electrónicas, esto es, labor de «fontanería», como se dijo entonces. En 1973 fueron juzgados y sentenciados a penas irrisorias de cárcel no superiores a los cinco años. Comenzaron las dimisiones en cadena de los colaboradores más directos del presidente Nixon que amenazaba -comités y comisiones- con interponer un «impeachment» al presidente, es decir, un proceso para incapacitar a Nixon para ejercer la Presidencia.

Resumiendo, Nixon, acorralado, cociéndose en su sarta de mentiras, reconoció haber tratado de encubrir los hechos relacionados con la ilegal entrada en la oficina demócrata en el Watergate y entregar unas cintas grabadas en el Despacho Oval -donde se reúnen los «halcones» con el Presidente-, reclamadas por el Senado norteamericano y que recibió con alguna (cinta) borrada en parte (18 minutos) sin que se sepa qué contenía hasta hoy. Nixon, tramposo paranoico y mentiroso compulsivo. primero quiso entregar unas cintas a fiscales y procuradores previamente «cepilladas», que diría el trilero Alfonso Guerra, y, como no le salió esta jugada, las entrega al Senado, pero «a su manera», my way, que cantara Sinatra. Así y todo, viéndose perdido, presenta su dimisión en la tarde del 8 de agosto de 1974. Su vicepresidente, Gerald Ford -experto en caerse bajando las escalerillas de los aviones-, le sucedió inmediatamente al día siguiente. Lo primero que hizo Ford (quien, por cierto, formara parte de la «Comisión Warren» que dictaminó que a Kennedy lo mató una sola persona, Oswald, y punto pelota) fue indultar -perdonar- a Nixon evitando, así, su incapacitación y deteniendo cualquier procedimiento judicial contra él. Así se las ponían a Fernando VII, el rey felón.

Dice la leyenda que de no ser por dos periodistas del Washington Post -un periódico que presume de ser «local», es decir, del «Este» y no de tirada «estatal» como el New York Times o el Wall Street Journal-, Carl Bernstein y Bob Woodward, Nixon se hubiera ido de rositas. Es posible. Nixon lo creía así. Pero se supone que gracias a sus investigaciones (entonces existía el «periodismo de investigación» de raigambre puramente norteamericana como también el amarillista) y a la fuente secreta que les informaba -sobre todo a Woodward, el Robert Redford de la película «Todos los hombres del Presidente» (Alan J. Pakula, 1976), hombre relacionado con la inteligencia naval antes de ser periodista, algo de lo que jamás habla- , la «Garganta Profunda» que resultó ser -eso dijeron en 2005 en la revista «Vanity Fair»– un director adjunto del FBI, Mark Felt, bajo la presidencia de Nixon. Felt y Woodward se conocían ya antes de esta movida.

La moraleja que se quiso transmitir al mundo («libre», por supuesto) fue que las democracias (occidentales, burguesas) se refuerzan a base de lavar sus trapos sucios. Y, si no los hubiera, no habría democracia. Y es que la corrupción, por ejemplo, es la piedra de toque de una democracia. A mayor corrupción, mayor democracia, siempre que, ojo, destapes algún chanchullo por ahí y de vez en cuando. Y si te cargas al Presidente del Imperio pues no veas: democracia de cojones.

A Nixon no le echaron por mentir ni por hacer cosas malas: ¡¡le echaron por hacerlas mal!! Por manazas, por soberbio, por abusón. De hecho, los «fontaneros» ya habían entrado en mayo de 1972, sin ser pillados, en Watergate. ¿Se sabía esto entonces y no se dijo nada? ¿O tuvo que ser el azar de un guarda de seguridad que los pilló y llamó a la policía y desbarató todo? No nos creemos nada. Y menos después de lo que han sido capaces de hacer con el autoatentado de las Torres Gemelas el 11-S.  O Kennedy. O tanta falsa bandera…

El primer ciudadano del Tercer Mundo

Henri Curiel nació en El Cairo en 1914, cuando las primeras balas de la Guerra Mundial empezaban a silbar. Su cuna fue la de una familia de usureros y banqueros judíos de origen español (sefardí) que llegaron al país en 1800 formando parte de la retaguardia del ejército napoleónico que invadió Egipto, en aquella época una colonia británica.Cuando los egipcios no iban al colegio, los hijos de los colonialistas, como Curiel, aprendían que Egipto se había acabado con los faraones dos mil años antes. Luego llegó el vacío y el silencio, como si las dunas se hubieran tragado al país entero. Si Egipto era un país, en él la familia Curiel eran extrajeros. ¿Egipcios? ¿Árabes? ¿Palestinos? ¿Nubios? ¿Judíos? ¿Que era todo eso? Fuera lo que fuera, era algo que no se aprendía ni en la familia, ni en la escuela, sino en otros lugares, hablando con otras personas, como las que forman parte del servicio doméstico: cocineros, nodrizas, jardineros, amas de llaves, mayordomos, guardeses… El proletariado es para la burguesía una fuente de información, de conocimientos, la que le pone en contacto con el mundo real.

Así le ocurrió al joven Curiel con Rosette Aladjem, la enfermera de la casa, una mujer árabe que le muestra las condiciones de vida de los campesinos del delta del Nilo, incluidos los que trabajan en condiciones miserables en las tierras de su padre. Fue el principio del matrimonio entre un judío y una árabe que se prolongó hasta la muerte de Curiel.

Desde muy joven Curiel supo el origen de su fortuna familiar y de un nivel de vida de lujo que le situaba fuera del mundo real, pero, ¿cómo sublevarse contra un padre ciego, por explotador que fuera? No era un problema personal sino de clase. En Egipto una mula era más costosa que un obrero de las fábricas de algodón que su familia poseía, apenas niños entre 7 y 13 años de edad cuyos pulmones se llenaban cada día con el polvo sofocante de los telares. Como máximo un niño obrero sólo duraba un año en su puesto de trabajo antes de contraer la tuberculosis, o la malaria, o cualquier otra enfermedad que le llevaría a la tumba fulminantemente.

Henri fue de esos comunistas que no pudo escoger su origen de clase, pero sí el destino que quiso para sí mismo y para los suyos, el de aquellos cuya causa había abrazado para siempre. Esa es la única libertad, la de verdad, la que se puede elegir. Por eso desde muy joven Curiel se incorporó a las filas del comunismo, convirtiéndose en uno de los más importantes faros del movimiento anticolonialista de Oriente Medio.

Cuando en setiembre de 1939 estalló la II Guerra Mundial, fundó la Unión Democrática para promover la lucha contra el fascismo. Junto con su hermano Raoul trató de incorporarse al ejército francés de De Gaulle. Entonces Rommel asediaba Egipto y mientras la comunidad judía huyó hacia Jerusalén, Curiel se quedó dentro del país para hacer frente a los tanques del Afrikakorps. Sin embargo, la policía le detuvo e ingresó en prisión por primera vez.

Frente al colonialismo británico muchos egipcios se habían arrojado en los brazos del III Reich, como otros tantos en los países de Oriente Medio. Los independentistas se alían hasta con el diablo. Es pura dialéctica, la negación de la negación. «El enemigo de mi enemigo se convierte en mi amigo». Pero el contraespionaje británico detuvo a la quinta columna egipcia y la envió a prisión, donde coincidieron con Curiel. Tras la previsible victoria nazi, los fascistas y los antifascistas, los judíos y los nazis, iban a servir de moneda de trueque del imperialismo británico. Como siempre.

En la cárcel Curiel se apercibe de la fuerza de la causa anticolonial y, una vez en libertad, al año siguiente funda el Movimiento Egipcio de Liberación Nacional, una organización comunista pionera en la descolonización de Oriente Medio y más allá, hacia las fuentes del Nilo, está las primeras semillas del Partido Comunista de Sudán, un país que entonces formaba parte de Egipto. El Movimiento desempeñó un papel capital en la posguera. Tradujo los textos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, publicó folletos, creó escuelas de cuadros políticos y guerrilleros pero sobre todo, convocó las primeras huelgas y manifestaciones masivas que obligaron al colonialismo británico a evacuar las ciudades de Egipto en febrero de 1946.

La situación se complicó hasta el paroxismo con la proclamación del Estado de Israel y las primeras guerras con los palestinos, que dividieron profundamente a las masas según su origen religioso y nacional, a las que habría que sumar las propias querellas intestinas entre los comunistas egipcios. El imperialismo hizo el resto. Divide et impera. No había egipcios sino musulmanes, judíos, sudaneses, nubios, coptos… ¿No se habían convertido los judíos ahora en la nueva quinta columna del país? ¿Quién entendía eso de que el proletariado no tiene patria? ¿Qué es el internacionalismo? No había posibilidad de crear un partido de clase por encima de otras consideraciones (nacionales, religiosas) allá donde algunos sólo podían ser considerados como extranjeros, aunque permanecieran donde siempre habían estado.

En la posguerra a Curiel le encarcelaron varias veces en campos de concentración y finalmente en 1950 el rey Faruk demostró que Marx y Engels tenían razón: el proletariado no tiene patria y a Curiel le privaron de la suya, de su nacionalidad. Se convirtió en uno de esos parias de la Tierra, a los que se puede expulsar de cualquier sitio porque en cualquier sitio el apátrida siempre será un extranjero. No tener nacionalidad es como tenerlas todas. Los verdaderos internacionales son los sin papeles, los que no tienen un pasaporte que mostrar en la aduana, los que no pueden presentarse en ningún sitio. Como tituló el periódico «Le Monde Diplomatique», Curiel fue el primer ciudadano el Tercer Mundo.

De Egipto se tuvo que trasladar a Francia, donde dos años después le sorprendió la llegada de Nasser al poder. Algunos de los «oficiales libres» que encabezaron la revuelta eran el colmo de las paradojas políticas de Oriente Medio. Habían estado muy próximos a Curiel; formaban parte de aquella quinta columna nazi que había conocido en la cárcel en 1942, lo que provocó una nueva confusión, no sólo interna sino internacional. El movimiento comunista denunció el golpe de Estado de Nasser como «fascista».

Ese «fascismo» era un término viejo para una situación nueva, un comodín que servía para no decir nada y no tener que rectificar luego nada tampoco. Ya había sucedido antes con acontecimientos históricos indigestos, como los de Ataturk o Perón, que no venían en el manual de instrucciones que los comunistas siguen arrastrando de mala manera. Tan pronto son lacayos del imperalismo como antimperialistas, o nacionalistas, o populistas, en fin, un amplio surtido de adjetivos para todos los gustos y situaciones que requieran una etiqueta y no comprometan a nada.

Curiel lo tuvo claro, no sólo porque conocía bien a los «oficiales libres» que, como Annuar al Sadat, habían coincidido con él en la cárcel, sino porque otros habían formado parte de su organización. Una mezcla muy extraña, paradógica, llena de contrastes, signo de unos nuevos tiempos, característicos de unos movimientos también nuevos, como son los del Tercer Mundo. Curiel no sólo entendía esa ambigüedad sino que en Francia siempre formó parte integrante de ella porque el manual de instrucciones exige la clarificación de un proceso que está en plena fase de gestación. ¿Será un niño o una niña? Entonces no había ecografías…

En Francia Curiel ni lee un manual de instrucciones, ni habla de oídas sobre el Tercer Mundo: forma parte de él, de todos sus rasgos característicos. Es un precursor de un fenómeno nuevo que estaba a punto de estallar y que marcaría definitivamente la segunda mitad del sigo XX: el fin del colonialismo. Sólo los ambiguos entienden las situaciones ambiguas. Cuando en Francia los comunistas decían que los «oficiales libres» de Nasser eran fascistas, para Curiel se trataba de un movimiento progresista y antimperialista, cualquiera que fuera su pecado original. Acertó y fueron los demás los que tuvieron que rectificar, tarde y mal. Su posición política le costó enfrentarse a los comunistas franceses y a algunos egipcios. En París le tocó ser tan incómodo como en El Cairo. Él siempre supo, además, que el nasserismo suscitaría un amplio apoyo de las masas, no sólo en Egipto sino en el mundo entero. Es el tipo de situaciones que los comunistas nunca deberían descuidar.

A pesar de su nombre, los movimientos de liberación no eran nacionales sino internacionales, y también ese punto está presente en la biografía Curiel, que a partir de 1957 apoya al movimiento independentista argelino, mientras las posiciones de los revisionistas franceses degeneran a pasos agigantados, lo que le conduce a una ruptura abierta con ellos. Como vasos comunicantes, unos se hunden mientras los otros se desarrollan. Pero hay un matiz decisivo que diferencia a Egipto de Argelia y que empeora aún más las cosas para Curiel y para el Partido Comunista reconvertido en «francés»: Argelia forma parte integrante de Francia, de su propio imperio. Tomar parte por la liberación nacional supone convertirse en un traidor a la propia patria… pero sólo para quienes tienen patria.

Como no es el caso de Curiel, se incorpora a la red Jeanson de apoyo al FLN argelino en París, las tripas de la metrópoli. Cuando en 1960 el contraespionaje francés detiene a Francis Jeanson, asume la dirección de la red, al tiempo que organiza el Movimiento anticolonialista francés. Aquel mismo año le detienen, encarcelándole en Fresnes (París) y ordenando su expulsión de Francia, lo que la policía nunca logró ejecutar.

A su salida de la cárcel organiza el grupo clandestino Solidaridad que aglutinó a los refugiados políticos de los países del Tercer Mundo que vivían escondidos en Francia, y otros represaliados, como los antifranquistas españoles, latinoamericanos, portugueses, griegos y sudafricanos. Otro campo de actividades de la organización fue el apoyo a los desertores estadounidenses que se negaban a colaborar en la guerra de Vietnam.

La solidaridad seguía -sigue- siendo el gran proyecto pendiente. El plan de Curiel era parecido a otros de aquella época como la OSPAL (Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina) surgida en 1957 de la mano del marroquí Mehdi Ben Barka o la Tricontinental del Che Guevara, que se debía inaugurar en 1966 en La Habana. El imperialismo aún no había empezado a tapar sus vergüenzas con las ONG.

De aquella red solidaria formaron parte muchos comunistas habituados al trabajo clandestino desde la época de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia. La red no sólo proporcionaba apoyo sino formación teórica y práctica en organización política, agitación, tácticas de lucha clandestina, tránsito de fronteras, falsificación de documentos de identidad, impresión y transporte de propagada, de fondos…

Algunos de ellos se fueron desligando de las posiciones del Partido Comunista «francés». Otros eran viejos combatientes que procedían de las colonias, como la comunista egipcia Didar Fawzy-Rossano, fallecida en 2011. En su autobiografía, titulada Memorias de una militante comunista (1942-1990), Fawzy-Rossano cuenta que fue Curiel quien la incorporó al comunismo en 1942, junto con su entonces marido Osman, que era oficial del ejército egipcio y participó en el golpe militar nasserista. En 1954 Osman fue nombrado agregado militar de la embajada de Egipto en Moscú. Dos años después Fawzy-Rossano se separó de él y se trasladó a París para fundar el grupo Solidaridad. Fue detenida por la policía francesa pero escapó de prisión y en 1960 logró llegar clandestinamente hasta Argel, ciudad en la que creó un ramal del grupo.

El levantamiento de mayo de 1968 fue como si el movimiento anticolonial rebotara en forma de huelgas en la fábricas y barricadas en el mismo centro de París. Causó un empeoramiento de la situación de una organización clandestina como Solidaridad. La reacción francesa necesitaba contener un movimiento de masas que, lo mismo que en los países vecinos (Irlanda, Italia, Alemania, España) se encaminaba hacia la lucha armada a pasos agigantados, una tendencia que requería poner en marcha todos los resortes sucios del Estado burgués.

Empezando por la prensa. Desde 1976 la prensa francesa fue preparando el asesinato de Curiel con una repugnante campaña orquestada por el periodista Georges Suffert desde la revista «Le Point» bajo un titular sonoro: «El jefe de las redes de ayuda a los terroristas». En la prensa intoxicadora de entonces Curiel fue una especie Bin Laden con el agravante del KGB, es decir, con las peores recomendaciones del momento. Naturalmente la red terrorista internacional (Brigadas Rojas, IRA, Fracción del Ejército Rojo) que Curiel dirigía estaba orquestada desde Moscú.

Las campañas de intoxicación siempre van dialecticamente unidas a la guerra sucia y a las actividades paralelas y parapoliciales del Estado burgués. El contraespionaje francés salió de sus cloacas. El 4 de mayo de 1978 unos pistoleros penetraron en la casa de Curiel en Paris y le asesinaron junto al ascensor de tres disparos percutidos a quemarropa.

No fue un caso aislado. Su asesinato forma parte de otros muchos cometidos en la capital francesa siguiendo el mismo estilo provocador, en el que el contraespionaje francés actúa al unísono con matones de países en los que imperan brutales gobiernos fascistas, como es el caso de la España de la transición. Un año después de Curiel asesinaron en el mismo sitio a Martín Eizaguirre y Fernández Cario, militantes del PCE(r) siguiendo el mismo formato: previa campaña de intoxicación de la prensa franquista, en este caso, de Alfredo Semprún y el diario ABC.

A finales de los setenta del pasado siglo París se había convertido en una ratonera para los revolucionarios que se habían instalado allá huyendo de sus países respectivos, creyendo que Francia seguía siendo la cuna de los derechos humanos, un país de asilo y refugio. En un reciente libro René Gallissot lista la cadena de asesinatos políticos cometidos allá entre 1965 y 1996, que suman un total de 60. No me salen las cuentas; creo que son algunos más…

La investigación del asesinato de Curiel sigue siendo secreto de Estado a fecha de hoy. El Estado se tapa a sí mismo, pero no hay nada que tapar. ¿Como asesinar a alguien tan estrechamente vigilado por la policía francesa? La pregunta desvela la respuesta: quien asesinó a Curiel fue la propia policía francesa.

Tras la mentira, el secreto crea una segunda cortina de humo. A partir de él lo que se convierte en una tarea de investigación periodística es la muerte, no la vida. ¿Quién fue Curiel? ¿Qué fue Curiel? Lo explica Fawzy-Rossano en un documental grabado poco antes de su muerte, cuando le define como un «revolucionario profesional».

Espías y tropas de choque alemanas: de Afganistán al este de Ucrania


El 25 de abril 13 observadores de la OSCE fueron capturados en Slaviansk (Ucrania) por los denominados separatistas pro-rusos. Así lo repitieron infatigablemente todos los medios de propaganda del imperialismo… con excepción de Rusia Today y algunos pequeños medios de información alternativos.

Sin embargo, al dia siguiente de la captura a la presentadora de un programa de la primera cadena de televisión austriaca ORF se le quedó la cara pálida cuando entrevistaba a Claus Neukirch, director adjunto del Centro de Prevención de Conflictos de la OSCE y éste le confesaba que los capurados no eran en realidad ni observdores ni de la OSCE, hasta el punto de que no iban negociar siquiera su liberación. Se lavaban las manos:

“Nosotros no hemos tenido ningún contacto con ellos. Para ser precisos, no son consejeros militares de la OSCE sino observadores militares que fueron allí alegando un mandato de la OSCE. Las negociaciones con Slaviansk no fueron conducidas por la OSCE sino por los ministerios de Defensa y Exteriores de Alemania. Ellos tienen allí tres militares y un intérprete. Es el gobierno de Ucrania el que ha invitado a los expertos”, dijo Neukirch.

Los pro-rusos siempre los calificaron de «espías de la OTAN» pero nadie les hizo caso, ni a ellos ni a la OSCE, a pesar del desmentido casi instantáneo. Se mantuvo la farsa incluso después de que fueran liberados el 3 de mayo.

Dos días después el diario alemán «Süddeutsche Zeitung» reconoció que uno de los cuatro alemanes secuestrados podría tener «ciertas conexiones» con los servicios secretos. Se refería al coronel Axel Schneider. Sin embargo, la noticia apuntaba que no pertenecía al personal del espionaje BND sino al del Centro de Verificación del Ejército Alemán en Geilenkirchen, localidad en la que también hay un centro del BND y del que recibe apoyo.

El embajador de Rusia ante Naciones Unidas, Vitali Churkin, calificó la presencia del espionaje alemán en el este de Ucrania como una provocación. Pero los capturados no eran sólo observadores, es decir, espías, sino una unidad operativa, es decir, que se formaban una tripe mezcolanza de espías alemanes del BND, fuerzas especiales (también alemanas) del KSK (Kommando Spezialkräfte) acompañados de los nazis ucranianos. Como dijo la agencia libanesa de noticias Almanar, se infiltraron «para preparar el próximo ataque contra Slaviansk».

Con 1.100 mercenarios el KSK es la mayor unidad militar especializada en Alemania. Se encuentra en estado de alerta para entrar en acción en cualquier momento y ya ha participado tanto en la ocupación de Afganistán como en los secuestros y torturas de Guantánamo.

Desde 2007 el KSK está siendo investigado por las torturas que padeció en Afganistán el germano-turco Murat Kurnaz, que permenció recluido allá durante 5 años. En una foto Kurnaz identificó a los responsables de sus torturas, que resultaron ser mercenarios del KSK. La fiscalía de Tubinga ha abierto una investigación y se han constituido, además, dos comisiones parlamentarias a causa de la implicación del espionaje. Los acusados podrían ser condenados a penas máximas de cinco años de cárcel.

Murat Kurnaz, turco criado en Alemania, acusó a los miembros del KSK de haberle torturado, amenazado de muerte y humillado en la ciudad afgana de Kandahar. Fue golpeado con la cabeza contra el suelo, le patearon, le aplicaron electroschocks y durante días no recibió comida.

Kurnaz viajó a Pakistán en octubre de 2001, poco después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos en viaje de peregrinación, según afirmó en declaraciones ante una comisión del Parlamento Europeo. Pocas semanas más tarde fue detenido por mercenarios, que, según sus palabras, lo vendieron a los americanos «por precio entre 3.000 y 5.000 dólares».

De Pakistán fue llevado a Kandahar, Afganistán, y entregado a las tropas estadounidenses. En ese período fue interrogado y torturado por los mercenarios alemanes del KSK. En enero de 2002 fue internado en Guantánamo por las sospechas de que pertenecía a Al Qaeda. La sospecha nunca se confirmó por lo que fue liberado en agosto de 2006.

No me gusta que a los toros vayas sin vacunarte

Nicolás Bianchi
 
 El título engaña, no va de toros -tal vez en otra ocasión-, sino de vacunas. En los años sesenta del siglo pasado, en plena guerra fría, acojonaban al personal con el empleo de la «bomba atómica» -una parodia genial fue la película de Stanley Kubrick «Teléfono rojo: volamos hacia Moscú» (Dr. Strangelove, 1964)- que podía ser usada por cualquiera de las dos superpotencias (EE. UU. y la URSS) al más mínimo roce o mosqueo geoestratégico entre ellos y/o sus aliados. No era, ciertamente, cosa de tomárselo a broma (el cinematográfico general norteamericano MacCarthur quería arreglar el «peligro rojo» a base de bombas atómicas), igual que, en la época medieval, la gente creía en el infierno y estaba, como Lutero, por ejemplo, aterrorizada. Hoy te ríes, pero entonces…

No hace mucho era el SIDA y no podías ni follar, ahora dan la vara con el cambio climático y recién las epidemias cual plaga bíblica egipcia que, por supuesto, se curan echando mano de la industria farmacéutica o «Farmafia» y de las vacunas. Resultado: todo dios asustado. No hay año que no sea declarado evento anual contra algo que se supone es una enfermedad, igual que el Año de la Madre, el Padre y Cristo que lo fundó (cosas del Cortinglé).

Todos los años, al acercarse las fiestas navideñas, indefectiblemente se «convoca» -esta es la palabra exacta- a la población ya carrocilla que padecen enfermedades crónicas a vacunarse. Y, si no lo haces, parece que vas a morirte pasado mañana (y, si te mueres, dirán que es porque no te has vacunado, o sea, por bobo y la culpa es tuya, que el Estado, la Administración ya te avisó y veló por tu salud). Y como ves que tu círculo se vacuna, pues tú también, por si acaso y no vaya a ser que… Además, no pierdo nada. Es posible, pero hay quien gana siempre.

Tenemos, pues, las vacunas con efectos taumatúrgicos y de efecto placebo: vacunarse tranquiliza. Y no lo negamos. Lo que afirmamos y declaramos es nuestro escepticismo ante la asunción acrítica de las vacunas como remedio y panacea esencial y metafísica -tarro de las esencias- de la salud pública e individual. Al igual que la propiedad privada que parece que ha existido siempre y no tiene origen ni historia ni desaparecerá jamás, lo que ni Adam Smith decía.

No es que se vacune a la gente a la fuerza, pero casi. Para obligar a vacunarse a alguien, primero habría que demostrar que la vacuna se dirige contra una enfermedad infecciosa, y no causada -como así entiende el stablishment- por una bacteria o un virus, sino que se puede propagar de unas personas a otras, por ejemplo, la sífilis, una enfermedad venérea. El cólera, verbigracia, no es una enfermedad infecciosa. Ni la polio. Esto no se combate con vacunas. Las mejoras en las condiciones socioeconómicas y ambientales de las poblaciones fue y es el elemento clave para disminuir la morbilidad y mortalidad infecciosa. Igual que la mortandad del tráfico se aminora incrementando la seguridad vial y no a base de multas. Al menos, eso.

Las vacunas ya nacieron en el siglo XIX con profesionales en contra de esta práctica médica, que no eran precisamente hechiceros (que tampoco eran, por otra parte, o no siempre, los farsantes carapintadas de las pelis de Jolivú). Ocurre que hacen poco ruido. La conclusión principal es que nos prefieren «clientes» permanentes que no «pacientes» eventuales. Y ello porque las vacunas, las pastillas, la yatrogenización, son la columna vertebral del sistema médico y farmacéutico donde las compañías farmacéuticas ganan lo que no está escrito en vacunas.

Sin novedad en Odessa

 Félix González

Los 46 abrasados en el edificio de Odessa a manos de los fascistas no supone ningún salto cualitativo, ni abre nuevas perspectivas en los acontecimientos, salvo para esa izquierda imbécil y cobarde que aún sueña con revoluciones de colores, a rayas o con indumentaria árabe, según la moda y la época del año. Nada hay nuevo en la matanza sobre todo de mujeres y adolescentes, siempre los mas vulnerables en esas situaciones, mediante el fuego. Ucrania conoció bien estas actuaciones durante la última Guerra Mundial, durante la cual poblaciones y villorrios enteros, visitados por los nacionalistas ucranianos, enrolados o no en las fuerzas invasoras nazis, fueron pasados a cuchillo y luego incendiados. Su culpa era ser polacos, o judíos, o rusos. Daba igual. Ancianos, mujeres y niños eran colgados con alambre de espino de los árboles.

Hoy gobiernan en Ucrania sus sucesores, mediante el golpe financiado por los EEUU y la participación de otros países europeos (como Polonia) que ha entrenado a los grupos armados.

¿Ignora la progresista, ignorante y miserable izquierda española quien fue Stepan Bandera? ¿O es que eso no lo quieren saber? Izquierda engangrenada que, puesta a olvidar, olvida hasta como sus abuelos pedían desesperadamente al mundo ayuda, socorro contra el genocida Ejército español rebelde, recibiendo como respuesta el desprecio y la indiferencia de los denominados países democráticos, que ya colaboraban discreta y eficazmente para la victoria de las fuerzas llamadas nacionales. A esa angustiosa llamada de socorro solamente respondieron algunos miles de hombres y también mujeres, que sintieron el deber de la solidaridad con sus hermanos, y acudieron a nuestro país. Esos miles de hombres y mujeres, y otros que no pudieron acudir a combatir, pero que ayudaron y colaboraron con una pasión que sólo la hermandad de clase puede producir, son los únicos que merecen nuestro recuerdo, junto con los gobiernos de México y la Unión Soviética.

Nada nuevo en Odessa, por tanto. Es lo de siempre. Es el poder del capital, el fascismo en acción, alimentado por esa potencia terrorista denominada EE.UU. y por los intereses ambiguos de la Unión Europea, ambos creadores del monstruo nazi. Ellos han incubado el huevo de la serpiente. Odessa es lo que la putrefacta progresía española quiere ignorar, porque es el espejo ante el que ven su cualidad miserable, su vileza. Hasta puede ser que adivinen el destino que les espera, cuando, andando el tiempo y los acontecimientos, el proletariado español se apropie del poder, y vuelva después de tantos años a tomar el destino del pueblo en sus manos. No es extraño que tengan miedo a la auténtica revolución social. Por eso, hacen como si el asesinato premeditado de 46 antifascistas no fuera con ellos, y prefieren ignorarlo, porque ser conscientes les obligaría a reflexionar y actuar…contra sus propios intereses.

Pero la matanza de Odessa si que ha tenido repercusiones en España, y muchas. ¿Acaso se han producido protestas, denuncias, pésames, solidaridades? ¿Se han expresado deseos de justicia o de venganza? Por desgracia, muy escasamente. La auténtica repercusión está en el tratamiento, en la forma con que los diversos medios han alimentado el conocimiento colectivo de un grave crimen. Esa es la novedad.

Porque ni siquiera durante los gobiernos franquistas se dio tal uniformidad y censura en la transmisión de información. Siempre quedaba esa forma de decir las cosas, esa sugerencia, esa metáfora que para el lector avezado indicaba que la realidad era mas grave o radicalmente diferente de lo narrado en el papel. La similitud en la descripción del asesinato de 46 personas en los principales medios de comunicación sin excepciones es un triunfo de coordinación, que demuestra la cohesión que la clase dirigente española ha impuesto en esos citados medios, y el alto nivel de organización de nuestros enemigos en la guerra social que se lleva a cabo en el Estado español. La descripción de la incineración de 46 personas cerradas en un edificio (rematando a palos a los que salían) como el “resultado de choques” y de “enfrentamientos” con los “rebeldes prorrusos” abre nuevas vías al surrealismo informativo, e incluso a la reescritura de acontecimientos históricos. Sin ir mas lejos, un par de ejemplos. Como ustedes saben, el resultado de los choques entre las fuerzas gubernamentales alemanas y los rebeldes judíos (y comunistas, y socialistas, y disidentes en general) se saldaron con 8 millones de muertos. Y también, acercando el foco informativo a España, ustedes también sabrán que el resultado de los choques entre las cabezas de los guardias civiles y las balas procedentes de algunos nacionalistas vascos produjeron en años pasados una abundante cifra de bajas. En esos choques, por lo general, suelen llevar la peor parte las cabezas de los guardias civiles. Y así. Dejo a la imaginación de los lectores la reescritura de otros conocidos acontecimientos y sucesos: la llegada de Colón al Nuevo Continente, la violación, los malos tratos, la invención de la aviación, los accidentes mortales de tráfico…

La prensa y las televisiones españolas han hecho y están haciendo con motivo de los sucesos en Ucrania un ejercicio gigantesco de falsificación informativa e histórica. Cierto es que a ello están acostumbrados, porque es su labor cotidiana y su deber mercenario. Pero, al contrario que el suceso en sí (que, repetimos, es el nazismo en acción), la información sobre la masacre odesita si que supone un salto cualitativo en los medios informativos de la burguesía española. Han declarado abiertamente su apoyo al gobierno golpista de Kiev, pero también, despojándose de inútiles melindres, su satisfacción con los métodos terroristas. Y no les guardamos rencor por ello, sino que expresamos nuestra satisfacción, (aún venciendo nuestra vergüenza, asco y odio, como dice un compañero), porque han tomado partido por la barbarie y el terror. Y siempre es de agradecer que las cosas estén claras. Y vuelvo a poner un ejemplo, sin ánimo de señalar. Cuando el día de mañana, un tal Mañueco, corresponsal de ABC en Kiev, niegue su colaboracionismo con la canalla nazi, alegando su profundo amor a la libertad y su democratitis de toda la vida, el fiscal (popular, por supuesto) verá facilitada su labor mostrando al jurado (si, también popular) los accesos de alegría desatada con la que el citado corresponsal informaba de los avances de los mercenarios de la Plaza Maidan y el triunfo del gobierno golpista ultranacionalista implantado por la CIA. El fiscal mostrará la cobertura y la manipulación de la información, la propaganda que tanto ABC, como EL PAIS, como LA VANGUARDIA; como EL MUNDO, tutti uniti, expandían, a la manera que Goebbels aprendió de los publicistas norteamericanos y que Hitler aplicó con tanto éxito que la propia prensa norteamericana los puso en funcionamiento tras la II Guerra Mundial. Esos futuros fiscales populares no tendrán dificultades en demostrar como los periodistas del régimen español se alinearon de forma militante en las escuadras del nazismo resucitado que aparece en Europa. Como los curas genocidas en la Croacia de los años 40, lo han dejado por escrito. Ellos sabrán lo que hacen.

Y trabajar es nuestra labor. Poco podemos hacer por los muertos de Odessa. Las derrotas de las clases populares se cuentan por miles, y los muertos por millones. Nada podemos hacer, ni siquiera lamentarnos. Nuestros hermanos encerrados en el edificio incendiado de los Sindicatos de Odessa han pasado a formar parte de las masas anónimas que tuvieron la grandeza de luchar por lo que creian. Poco mas podemos hacer que inclinarnos levemente en señal de respeto y recuerdo; y, después, reflexionar, pensar, planificar, conspirar, organizar, actuar, prever, planear el aplastamiento de nuestros enemigos de clase y el triunfo definitivo sobre el terror del capital. Aplastar, otra vez y para siempre, el huevo de la serpiente.

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