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Grecia: el capitalismo está perjudicando seriamente la salud síquica de la población

El gobierno de Syriza ha cerrado las puertas de cinco de los ocho psiquiátricos que había en Grecia, mientras que, debido a la crisis del capitalismo, las enfermedades mentales van en aumento.

Los números son alarmantes. Desde que comenzó la crisis en 2008, la tasa de suicidios ha aumentado en un 35 por ciento. El número de depresiones profundas se ha cuadruplicado, y aunque estas cifras siguen siendo las más bajas de Europa, Grecia es el país de la Eurozona donde están aumentando más rápidamente.

“No podemos arreglárnoslas con un 30 por ciento [del presupuesto] menos”, explica el doctor Odysseas Boudouris, ex diputado de Syriza, el partido de Tsipras. Las consecuencias pueden ser dramáticas. “Desde el momento en que la gente está deprimida, tiene enfermedades psiquiátricas, graves o incluso menos graves, está claro que el tejido social funciona peor. Como resultado, la sociedad en su conjunto no funciona tan bien. La economía tampoco está funcionando tan bien. Todo no está funcionando muy bien, así que es una desventaja. A partir de cierto momento, puede ser un peligro”, asegura el siquiatra.

La salud mental es el gran perdedor en la crisis del capitalismo. Grecia estaba muy retrasada en este aspecto. La crisis sólo ha empeorado las cosas porque la pobreza crea una exclusión que conduce a trastornos mentales y es la represión la que interviene. “En muchos departamentos, no hay unidades psiquiátricas en los hospitales, es un problema sistémico. Y cuando no hay ayuda, el peso sobre la familia es demasiado grande”, explica el psiquiatra Stellios Stylianidis. A veces se pide a los jueces o fiscales que desempeñen el papel de trabajadores sociales.

Un escenario común. “Desafortunadamente, este es un fenómeno que con la crisis se está extendiendo mucho”. Una vez más, las cifras son esclarecedoras: “En Francia, el porcentaje de internamientos forzosos sobre el total de internamientos es del 12,3 por ciento, en Portugal, que es otro país en crisis, es del 3,8 por ciento. En Grecia, es del 65 al 70 por ciento. Es un verdadero problema”.

El secretario general del Ministerio de Sanidad oculta el cuadro asegura que los problemas psiquiátricos en Grecia se mantienen “en proporciones aceptables”, aunque a mediados de enero solicitó un informe al respecto. Está claro que la salud mental no es una prioridad para el gobierno griego de Syriza.

https://www.francetvinfo.fr/replay-radio/en-direct-du-monde/grece-la-sante-mentale-grande-perdante-de-la-crise-economique_2526181.html

Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá

La artista canadiense Sarah Anne Johnson siempre conoció a grandes rasgos la historia de Velma Orlikow, su abuela materna. Con la esperanza de recibir ayuda para la depresión postparto, Orlikow ingresó en 1956 en el Allan Memorial Institute de Montreal, un renombrado hospital psiquiátrico de Canadá. Pero después de pasar tres años entrando y saliendo de la clínica, su estado había empeorado, en lugar de mejorar, y su personalidad había sufrido grandes cambios.

Tuvieron que pasar más de dos décadas antes de que Johnson y su familia tuvieran una explicación de lo que había ocurrido y fue mucho más extraña de lo que cualquiera de ellos hubiera podido imaginar. En 1977 se descubrió que la CIA había estado financiando el Allan Memorial Institute para desarrollar experimentos de lavado de cerebro y control mental como parte de un proyecto para toda América del norte conocido como MK Ultra.

La agencia de espionaje estadounidense buscaba mejorar sus conocimientos sobre el lavado de cerebro desde que un grupo de estadounidenses capturados en la guerra de Corea elogiara públicamente al comunismo y denunciara a Estados Unidos. Esa búsqueda llevó a la agencia al norte de la frontera en 1957, donde Ewen Cameron, un psiquiatra de origen escocés, trataba de descubrir si los médicos podían borrar la mente de una persona para introducirle nuevos patrones de comportamiento.

A finales de los 50 y principios de los 60, Orlikow fue una más entre los cientos de pacientes que se convirtieron en víctimas de estos experimentos en Montreal. “Es casi imposible de creer”, dice Sarah Anne Johnson, que tras la muerte de su abuela comenzó a investigar sobre el instituto indagando en los papeles y documentos judiciales sobre Orlikow. “Algunas de las cosas que [Cameron] hizo a sus pacientes son tan horribles e increíbles que parecen pesadillas”.

Los pacientes eran sometidos a electroshocks de alto voltaje varias veces al día, les daban medicamentos para dormirlos durante períodos que podían durar meses y les inyectaban enormes dosis de LSD.

Tras reducirlos a un estado infantil (algunas veces, despojándolos de habilidades básicas como la de vestirse o atarse los zapatos), Cameron intentaba reprogramarlos bombardeándolos con mensajes grabados que se repetían durante 16 horas seguidas. Primero, los mensajes negativos sobre sus defectos. Luego, los positivos. En algunos casos se repetían hasta medio millón de veces.

“No podía hacer que sus pacientes los escucharan lo suficiente, así que instaló altavoces en el interior de unos cascos de fútbol americano y los cerró con llave sobre sus cabezas”, dijo Johnson. “Como enloquecían hasta golpearse la cabeza contra las paredes [Cameron] pensó que podría inducirles un coma para ponerles las cintas todo el tiempo que hiciera falta”.

Además de los intensos ataques del electroshock, a la abuela de Johnson le inyectaron LSD en 14 ocasiones. “Ella decía que eso le hacía sentir como si sus huesos se derritieran. ‘No lo quiero’, decía, y los médicos y las enfermeras le respondían: ‘Eres una mala esposa, eres una mala madre, si quisieras mejorar, harías esto por tu familia, piensa en tu hija’”, contó Johnson.

Cuando Orlikow murió, Johnson tenía 13 años. La experiencia de su abuela, y la profunda huella que dejó en su familia, está presente en su obra como artista. “Ya desde una edad muy temprana, yo sabía que mi abuela no era como las otras abuelas”, dijo Johnson, de 41 años. “Los nervios y la ira estaban siempre a flor de piel. Si alguien se tropezaba con ella o si estábamos en un restaurante y alguien le derramaba algo encima, explotaba sin más. No le hacía daño a nadie, sólo gritaba y tardaba horas en calmarse”.

Buscaban borrar las emociones

Johnson pasó mucho tiempo con su abuela. Solía estar en su casa por las tardes mientras sus padres trabajaban. Las dos se sentaban en el sofá y veían la televisión juntas, rodeadas de montañas de libros y de periódicos. Años más tarde, Johnson comprendió los estragos que los experimentos habían provocado en el cerebro de Orlikow: podría llevarle tres semanas leer un periódico, meses escribir una carta, y años terminar un libro. “Pero siguió intentándolo, intentó ser la misma de siempre y hacer las cosas que antes amaba”, dijo Johnson. “Ahora pienso que todos los días en ese sofá ella tenía que enfrentarse a un montón de sus propios fracasos”.

Escenas similares ocurrieron a lo largo de todo Canadá cuando los antiguos pacientes del instituto trataron de regresar a sus vidas. Como dice Alison Steel, cuya madre fue internada en 1957, “contaminó a toda la familia”. Su madre entró con 33 años porque mostraba signos de depresión tras la pérdida de su primer hijo. “En esa época, el doctor Cameron era considerado un psiquiatra milagroso”, dijo Steel. “Se suponía que era maravilloso tratando a personas deprimidas o con problemas de salud mental”.

A Jean, la madre de Steel, le inducían el sueño con productos químicos. Una vez pasó 18 días sin despertar. En otra ocasión, fueron 29 días. La sometían con rondas de electroshocks, le daban inyecciones de drogas experimentales y la acosaban con ataques aparentemente interminables de mensajes grabados. “Dicen que fue una tortura para seres humanos, una tortura humana”, dice Steel, que tenía cuatro años cuando hospitalizaron a su madre. “Lo que intentan hacer es borrar tus emociones. Te despojan de tu alma”.

Después de tres meses en la institución, Jean regresó a casa. El tratamiento habían afectado a su memoria y la había dejado en un estado de nerviosismo y ansiedad. “No era capaz de hablarme de la vida y de cosas normales. No era capaz de bromear y reír”, dijo Steel. A veces, su madre interrumpía inesperadamente las conversaciones para hacer declaraciones que Steel atribuye a los mensajes grabados. “Ella soltaba algo así como: ‘Debemos hacer lo correcto’”, contó Steel.

El psiquiatra detrás de los experimentos, Ewen Cameron, murió en 1967 por un ataque al corazón mientras escalaba una montaña. Pero en las últimas décadas ha habido varios intentos de expacientes y familiares por responsabilizar al Gobierno canadiense y a la CIA.

El Gobierno de Canadá, que había subvencionado la investigación de Cameron desde varias agencias, ofreció en 1992 compensaciones de unos 70.000 euros a 77 expacientes del instituto reducidos a un estado infantil. A cientos de otras personas (entre ellas, la madre de Steel) les denegaron la indemnización. En algunos casos, por considerar que el daño no había sido suficiente.

Steel, que demandó al Gobierno en 2015, llegó a un acuerdo el año pasado por el que recibió 70.000 euros a cambio de firmar un contrato de no divulgación. Según el abogado Alan Stein, representante de varios expacientes y familiares, el acuerdo es uno de los pocos que se han firmado en los últimos años. Sin tener pleno conocimiento del alcance de los experimentos que se llevaron a cabo, el Gobierno canadiense ha dicho que esas compensaciones tienen un carácter puramente humanitario y de compasión. Según Stein, el Gobierno “nunca ha admitido su responsabilidad legal”.

En 1980, la abuela de Johnson y otros ocho expacientes se enfrentaron a la CIA con una demanda colectiva por los seis años en que la agencia financió a Cameron. El desafío legal dejó a su abuela con ansiedad y ataques de pánico, dijo Johnson. “Y entonces ella juntaba, tan difícil como le resultaba, cada pedacito de energía y coraje para afrontarlos”. Los demandantes empezaron pidiendo una disculpa pública y un millón de dólares cada uno en daños y perjuicios. En 1988 llegaron a un acuerdo y recibieron poco más de 80.000 dólares por persona.

El arte se convirtió en la herramienta de Johnson para procesar la dolorosa historia familiar. En una serie de 2009 usa a una ardilla para representar a su abuela, después de que Orlikow dijera que las inyecciones de LSD la hacían sentir como una ardilla atrapada en una jaula. Una videoinstalación de 2016 muestra a Johnson con una máscara hecha a partir de una antigua foto de la abuela y tratando de preparar la comida. “Una tarea imposible, teniendo en cuenta que el médico la desmontó y la volvió a juntar”, dijo Johnson.

La experiencia de Velma Orlikow en el hospital de Montreal le dejó profundas cicatrices pero su lucha por la justicia es un profundo motivo de orgullo para su nieta. Es esa combinación la que Johnson intenta capturar en una obra de 2009 pintada sobre una imagen de su abuela sonriendo mientras balancea a sus dos nietos en el regazo con las manos convertidas en enredaderas y bucles que envuelven con firmeza a los niños.

“Esas enredaderas son un hecho. No son oscuras. No es algo malo”, dijo. “Parece extraño decir esto pero. debido a la terrible experiencia por la que pasó mi abuela y lo de demandar a la CIA después, he crecido sintiéndome parte de una familia que defiende lo que cree. Así que esto forma parte de mí ahora, así es como veo yo el mundo”.

https://www.eldiario.es/theguardian/lavados-cerebro-financiados-CIA-Canada_0_767823894.html

Más información:
— Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
— Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
— 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

La reacción colombiana contrata mercenarios cubanos para atentar contra dirigentes de las FARC

El viernes el cubano residente en Estados Unidos, Raúl Gutiérrez, confirmó que fue contratado por la reacción colombiana para atentar contra el presidente de las FARC, Rodrigo Londoño, y el candidato presidencial Gustavo Petro.

Los propósitos de Gutiérrez fueron frustrados con su detención el pasado mes de marzo en Colombia por presuntos nexos con el Califato Islámico.

Sin embargo, en una entrevista con la radio local desmintió esa versión y aseguró que lo contactaron “el exilio cubano en la Florida y la ultraderecha colombiana”.

“¿Cómo voy a ser yo parte de un movimiento islámico si ni siquiera soy musulmán?”, dijo Gutiérrez a la prensa.

Subrayó que por seguridad no revelaría los nombres de sus financiadores y dijo que pertenecía a un movimiento “encargado de operaciones militares contra los intereses cubanos en el exterior”, y en este caso eran las embajadas cubanas en Bogotá y en Chile, así como a Timochenko, el dirigente desmovilizado de las FARC, señaló Gutiérrez en entrevista con W Radio desde la cárcel La Picota, en el sur de la capital.

Según el diario el Espectador, Gutiérrez se disponía a secuestrar al embajador cubano en Colombia.

Entre sus objetivos estaba también el candidato presidencial de izquierda Gustavo Petro, representante del Movimiento Colombia Humana, y quien, según las encuestas, pasaría a disputar la presidencia en una segunda vuelta con el candidato uribista, Iván Duque.

De acuerdo con El Tiempo, Gutiérrez será sometido a un examen mental para obtener rasgos de su personalidad que puedan llevar a una valoración de sus declaraciones.

http://www.granma.cu/mundo/2018-05-04/ultraderecha-colombiana-y-mafia-cubana-de-miami-planeaban-atentados-en-bogota-04-05-2018-21-05-40

Los accidentes laborales se disparan un 25 por ciento en los últimos cinco años

David Durán
El inicio de la recuperación de los puestos de trabajo eliminados por la crisis del 2007 está llegando acompañado de un considerable aumento del número de accidentes producidos en el entorno laboral. Elevadas tasas de temporalidad y factores de creciente precariedad se encuentran detrás de estas cifras. Entre los cientos de accidentes que se producen de forma diaria, la actividad laboral mata todas las semanas a una media de 12 personas.

Estas muertes no parecen formar parte de la agenda del gobierno ni suponen una prioridad para los partidos políticos. La cuestión suele quedar reducida al ámbito de las corporaciones y los controles que decidan implementar. En todo caso, incluso organizaciones como el PSOE, responsables de aplicar reformas laborales restrictivas cuando se encontraban en el gobierno, reconocen en la oposición que la última reforma del 2012 mata. El Sindicato de Oficios Varios de la CNT considera que “la valoración de los riesgos laborales por las empresas no se hace buscando su erradicación. La productividad y los beneficios son factores que para las empresas están por encima de nuestras vidas”.

Algunas voces podrán argumentar que el crecimiento de estas cifras camina de la mano del aumento de altas en la seguridad social, una suerte de discurso fatalista que prefiere obviar la responsabilidad de instituciones y empresas a la hora de mejorar los aspectos relacionados con la seguridad en el trabajo. En todo caso, desde el año 2013 el número de afiliados a la seguridad social ha subido un 12,85 por ciento, lo que representa solo la mitad del aumento en accidentes laborales.

Pero ni siquiera estos datos reflejan la situación actual, que también esconde una particularidad cada vez más frecuente en los nuevos contratos laborales: la jornada parcial o reducida. El número total de horas trabajadas desde el año 2013 solo ha crecido un 6,33 por ciento, lo que supone la mitad de las altas contabilizadas en la seguridad social. En definitiva, la siniestralidad en el trabajo crece cuatro veces más que el tiempo de trabajo.

Además de la creciente cifra de fallecimientos que arroja cada año el mundo del empleo, la estadística refleja una variedad de accidentes graves que dejan secuelas en la población trabajadora y que se cuentan por miles todos los años. Fracturas de huesos, quemaduras, conmociones, lesiones múltiples… En el último año se han contabilizado hasta 4.837 casos, un aumento del 13 por ciento desde el 2013.

La penúltima vuelta de tuerca del gobierno y la patronal se hizo efectiva con la Ley de Mutuas aprobada en el año 2014. Las Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social son empresas privadas que nacen con el objetivo de controlar el absentismo laboral. Tienen la capacidad de proponer el alta, que ratifica el Instituto Nacional de la Seguridad Social con posterioridad. De esta forma, la institución pública externaliza las labores de diagnóstico de las enfermedades sufridas por la clase trabajadora.

Las mutuas reciben bonus o incentivos por bajos índices de siniestralidad por parte de las empresas. Además, se encargan del pago desde el primer día, por lo que son parte doblemente interesada en que la persona accidentada se restablezca lo antes posible. La gestión de los accidentes laborales por parte de estas corporaciones es denunciada por algunos sindicatos como CNT, que además de señalar el conflicto de intereses a la hora de valorar la duración de las bajas, acusan a estas entidades de no contar con instalaciones médicas ni recursos adecuados para atender accidentes graves.

Los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social ofrecen todo tipo de detalles relacionados con el número de víctimas, tipo de lesión y diferentes segmentaciones por sector de producción, sexo o comunidad autónoma. Sin embargo, nada aparece publicado sobre la situación contractual de la persona empleada o la entidad en la que se sufren los siniestros.

De esta manera, ni se puede relacionar siniestralidad con precariedad y subcontratación, ni se pueden establecer patrones que identifiquen a las empresas donde se produzcan accidentes de forma reiterada.

Las estadísticas oficiales, alarmantes por sí mismas, solamente reflejan una parte de la realidad de los centros de trabajo, puesto que no contabilizan las enfermedades profesionales, ni las bajas por estrés o acoso laboral. Tampoco contemplan ninguno de los accidentes sufridos por las personas que trabajan sin el amparo de un contrato.

https://panoramas.es/los-accidentes-laborales-se-disparan-un-2466-en-los-ultimos-cinco-anos/

Batalla campal de los familiares de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa con la policía mexicana

El martes los familiares de los 43 estudiantes de la escuela rural para formación de maestros de Ayotzinapa se enfrentaron a la policía durante una manifestación en las inmediaciones de Los Pinos, en Ciudad de México, por el caso Iguala.

Los padres de los desaparecidos se encontraban en la zona para exigir una audiencia con el presidente del país, Enrique Peña Nieto, según informó el diario local “El Sol de México”.

La marcha comenzó la mañana del martes en el Centro de Defensa de los Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez para dirigirse a la calzada Chivatito, donde los manifestantes han sido recibidos por funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública de la capital.

Los manifestantes, que portaban carteles con eslóganes como “Vivos los Queremos” y “43 meses sin respuesta del Gobierno federal”, han acudido a un mitin cerca de Los Pinos, la residencia del presidente del país.

Poco después, algunos de los asistentes han lanzado objetos contra la policía, lo que ha provocado una serie de disturbios que se han saldado sin heridos por el momento.

El pasado mes de marzo, el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, informó de la detención de Erick Uriel “N”, presuntamente relacionado con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Los 43 normalistas desaparecieron durante una protesta después de ser perseguidos a tiros y detenidos por policías, que los entregaron a un grupo criminal por causas no esclarecidas. La hipótesis oficial de que fueron asesinados e incinerados en el basurero de Cocula fue refutada por los expertos, que considera que no existen evidencias científicas para sostenerlo.

Forenses argentinos, que han ayudado con la investigación junto a la CIDH y la PGR, han desmentido en diversas ocasiones la versión oficial, alegando pruebas falsas trabas y presiones en la búsqueda de desaparecidos.

http://www.economiahoy.mx/politica-eAm-mx/noticias/9095218/04/18/Mexico-Registrados-disturbios-entre-manifestantes-y-policias-en-Ciudad-de-Mexico-por-el-caso-Iguala.html

Un nuevo libro documenta el papel del imperialismo francés en el genocidio de Ruanda

El capitán Guillaume Ancel
Guillaume Ancel era capitán del ejército francés cuando intervino en Ruanda en junio de 1994, al final del genocidio tutsi (Operación Turquesa). En marzo publicó un libro que precisa todos los testimonios al respecto, completados por su experiencia personal. Muy fáctico, relata lo que él mismo observó o aprendió en su momento; luego, en retrospectiva, lo compara con lo que escuchó de los dirigentes políticos y militares franceses.

El libro está causando mucho ruido en Francia. El punto más destacado es el aspecto agresivo de la Operación Turquesa. Los soldados franceses que en 1994 partieron hacia Ruanda recibieron una orden escrita de reconquistar la capital ruandesa, Kigali, aunque a su llegada al lugar un oficial les quitó el papel, con precauciones inusuales para que no quedara ningún rastro documental.

A Ancel le enviaron a Ruanda para guiar a los cazas y, a diferencia de sus misiones anteriores, nunca recibió una explicación clara y precisa del contexto político y los objetivos de la operación. A finales de junio, no tenía ningún indicio de que su misión fuera humanitaria o de otro tipo. Descubrieron a los fugados tutsis que eran el blanco de la masacre en Bisesero. Sin embargo, la unidad a la que pertenece Ancel, estacionada a pocos kilómetros de distancia, no recibió la orden de intervenir, aunque la unidad era numerosa, estaba bien equipada, desocupada y preparada para la acción.

En la noche del 30 de junio les enviaron a detener al Frente Patriótico Ruandés, cuyas tropas se opusieron al gobierno genocida y lo pusieron fin. Sin embargo, la operación se interrumpió in extremis a primera hora de la mañana del 1 de julio. Ancel interpreta que esta decisión reflejaba una polémica entre los responsables franceses: la operación había sido decidida sin duda por el Estado Mayor Conjunto, mientras que finalmente el Elíseo la había puesto fin. A partir de ese momento la operación adquiere, al menos en parte, un carácter humanitario, que se dará a conocer ampliamente.

Así, en los últimos días de junio, el campo de refugiados de Nyarushishi estuvo protegido por unos pocos hombres de las fuerzas especiales que estaban más preocupados por organizar una misa que por acabar con las matanzas. Según Ancel, hasta principios de julio las fuerzas especiales no fueron relevadas por una gran unidad organizada de manera efectiva, que prohibió explícitamente a sus soldados las relaciones sexuales con las mujeres ruandesas.

También a principios de julio comenzaron las primeras operaciones de rescate para los supervivientes ocultos de los tutsis. Fue también a principios de julio cuando se celebraron los primeros debates en el ejército sobre la necesidad de desarmar a los milicianos. Ancel participó en ellos. Subraya la ausencia de una distinción clara entre los milicianos genocidas, por un lado, y las fuerzas armadas del gobierno que apoya el ejército francés, por otro. Incluso en la zona controlada por el ejército francés, los milicianos siguen dominando sobre vastos territorios, incluso intentando intimidar a los soldados franceses.

A los soldados franceses se les ordenó colaborar con las autoridades civiles ruandesas y gradualmente se dieron cuenta, cada uno a su propio ritmo, de que sus interlocutores tenían las manos manchadas de sangre. Nadie les advirtió del hecho de que habían sido esas autoridades las que habían organizado el genocidio tutsi, hasta el punto de que Ancel descubre asombrado que un teniente francés de las fuerzas especiales había autorizado a un alcalde genocida a conservar sus armas.

Las autoridades civiles y militares ruandesas provocaron el éxodo de la población hacia el vecino Zaire (actualmente la República Democrática del Congo) porque vaciando el país practicaban una táctica de tierra quemada. Al mismo tiempo, disimulaban entre la masa de refugiados a los ejecutores del genocidio y les permitían escapar de las sanciones para reorganizarse en el Zaire para intentar reconquistar Ruanda.

Ancel observa que este éxodo lo provocan las autoridades ruandesas sin que los franceses lo impidan, aunque tenían medios para ello. Las consecuencias humanitarias del éxodo fueron deplorables, con una epidemia de cólera que recibirá más cobertura mediática que el genocidio tutsi.

Ancel recoge los sentimientos del teniente coronel Hogard el día en que tuvo que recibir a los miembros del gobierno ruandés. Acompañó amablemente al Zaire a los responsables de las masacres. Podría haberlos detenido, podría incluso haberlos neutralizado, pero sus órdenes no le dejaron otra opción.

La parte del libro de Ancel que atrae la atención de los medios de comunicación franceses se refiere al movimiento de armas en la zona controlada por el ejército francés. El oficial explica que se le ordenó que desviara la atención de los periodistas para que no vieran un convoy de camiones entregando armas a los militares ruandeses en la ruta hacia el Zaire. Se enteró de que Francia estaba financiando a las tropas genocidas del gobierno y que las rearmó, para convertir los campos de refugiados en una base de retaguardia para futuros combates.

En ocasiones, en lugar de proteger a la población amenazada, las tropas francesas escoltaban a los religiosos e incluso a un obispo que quería salvar sus coches de lujo.

Otra anécdota significativa del ardor guerrero de los colonialistas: para que sus superiores le condecoraran, un oficial se provocó un choque mortal con militantes del Frente Patriótico.

Una noche un suboficial en jefe le pidió que se quedara con él para lograr que los detenidos confesaran bajo tortura. Nadie se opuso, excepto el autor del libro, quien les amenazó a los verdugos con que a su regreso a Francia denunciaría cualquier acto de tortura. Finalmente, el teniente coronel prohibió el interrogatorio.

En una ocasión, el oficial encontró un cadáver en el suelo que parecía enigmáticamente caído del cielo. Tres años más tarde, mientras hablaba con un piloto de helicóptero que quería tranquilizar su conciencia, se enteró de que miembros de las fuerzas especiales habían lanzado al hombre desde un helicóptero, desde una gran altitud.

No es un invento argentino propio de la Operación Cóndor. Hay numerosos testimonios de ruandeses sobre el lanzamiento de personas desde helicópteros, a veces desde altitudes bajas, para asustar más que para matar.

¿Por qué los franceses apoyamos a un gobierno genocida?, se pregunta finalmente el autor del libro. La respuesta es que, además de racista, el imperialismo es sinónimo de crimen y tortura practicado por estas potencias european que tanto presumen de respetar los derechos humanos.

Luego sólo hace falta asegurar el silencio y la impunidad de los criminales. El diputado socialista Paul Quilès, que dirigió la comisión parlamentaria de 1998 sobre el genocidio, le dijo al oficial que no testificara “para no perturbar la visión francesa del papel que desempeñamos en Ruanda”. O sea, para preservar el engaño propagado a través de los medios de comunicación.

Más información:

– El imperialismo francés desató el genocidio de Ruanda en 1994
– El jefe del Estado Mayor del ejército francés fue uno de los defensores de los genocidas ruandeses
– Ruanda abre un investigación sobre la intervención de los imperialistas franceses en el genocidio
– 22 oficiales del ejército francés están acusados del genocidio cometido en Ruanda en 1994
– Acusan al banco BNP de participar en el genocidio de Ruanda
– Ruanda según la Audiencia Nacional: el mundo al revés
– Historia secreta del teléfono rojo en pleno genocidio ruandés

Pistoleros del Mosad israelí asesinan a un científico palestino en Malasia

Ayer el Mosad israelí asesinó a Fadi Mohamad Al-Batash, un ingeniero e investigador palestino afiliado al Movimiento de la Resistencia Islámica de Palestina (Hamas) en Kuala Lumpur, capital de Malasia, informa la agencia palestina de noticias Safa.

Al-Batash tenía 35 años de edad y era originario de la Franja de Gaza. Fue tiroteado por dos motociclistas cuando se dirigía a una mezquita para la oración de la mañana.

Los motociclistas le dispararon más de 14 veces y se dieron a la fuga, asegura el jefe de la policía, Mazlan Lazim. Según imágenes registradas por cámaras de vigilancia, los dos agresores esperaron unos 20 minutos antes de que la víctima saliera de su casa. Lazim asegura: “Él era el blanco”.

La familia de la víctima y Hamas acusan al Mossad de estar detrás del asesinato de Al-Batash. “Culpamos al Mossad por el asesinato del investigador”, acusa Jaled Al-Batash, un miembro del movimiento palestino.

Hamas ha publicado un comunicado en el que destaca las “importantes contribuciones” de Fadi Mohamad Al-Batash a la ciencia y lo califica de miembro “leal” de la formación y de “mártir”.

El asesinato de científicos musulmanes es un modus operandi habitual del régimen sionista para evitar que los países árabes se desarrollen y alcancen nuevas tecnologías.

Al asesinato a finales de 2016 del ingeniero aeronáutico tunecino Mohamad Al-Zawahiri, con vínculos con Hamas, ya puso al Mossad en el foco de mira. El grupo palestino inmediatamente culpó a Israel del asesinato, aduciendo que el ingeniero asesinado supervisaba el programa de drones del grupo.

Israel también ha aplicado la táctica de los asesinatos selectivos contra Irán. El polémico libro titulado “Rise and Kill First” (“Levántate y mata primero”) acusa al régimen de Tel Aviv del asesinato de media docena de científicos nucleares de Irán.

El tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de la OTAN y no de Rusia

El laboratorio suizo de investigación Spitz asegura que el tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de los arsenales del ejército de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN y que nunca ha sido fabricado en Rusia.Según el ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov, el 27 de marzo el laboratorio suizo Spitz (Schweizerisches Institut für ABC-Schutz) investigó la toxina utilizada contra los Skripal.

El laboratorio trabajó sobre las muestras tomadas por la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) en el lugar de los hechos en Salisbury, y ha concluido su informe asegurando que pertenecen al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN:

El informe ha sido remitido a la OPAQ, ha explicado Lavrov. En el curso de la investigación se detectaron en las muestras rastros de la sustancia química tóxica BZ y sus precursores, incluidas dentro de las armas químicas prohibidas por una Convención Internacional.

“BZ es un veneno neurotóxico que causa daño temporal. El efecto psicotóxico se desarrolla entre 30 y 60 minutos después de la ingestión y dura de dos a cuatro días”, dijo Lavrov.

“Esto significaba que pertenecía al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN. En la Unión Soviética y Rusia  nunca se fabricanron tales sustancias químicas”.

El neurotóxico A234, conocido en Gran Bretaña como “Novitschok”, también se encontró en las muestras pero, según los especialistas, la alta concentración de Novitschok causaría inevitablemente la muerte.

El laboratorio militar británico de Porton Down ya había anunciado también que no había podido probar el origen ruso del tóxico.

‘Disparen a todo el que se mueva’: las masacres surcoreanas en la Guerra de Vietnam

Tran Thi Duoc tenía 16 años cuando los soldados llegaron a su pueblo. Vestían uniformes de camuflaje y portaban largos rifles de color negro. Tras ellos, en una cercana aldea hacia el noroeste, ella y otros vecinos podían ver el humo de casas ardiendo a la luz del brillante mediodía.Los soldados, que eran asiáticos pero hablaban un lenguaje que los lugareños no entendían, les ordenaron abandonar sus casas y reunirse alrededor de un pozo en el centro del pueblo. Entonces empezó el tiroteo. Como contó Tran mas tarde a investigadores militares estadounidenses, cayó al suelo e intento hacerse la muerta, pero un soldado la vio y tiro de de ella. “Uní mis dos manos delante de mi pecho, me arrodillé y le supliqué”, dijo. “Pero me disparó”. Las balas rompieron sus dedos, penetraron en sus brazos y en el cuerpo, pero no la mataron. Cuando después de perder el sentido despertó, vio a sus padres y a dos hermanos muertos, y a su hermana de tres meses herida. En total, 69 personas murieron en Phong Nhi y la vecina Phong Nhat aquel día de febrero de 1968, según la investigación estadounidense que se mantuvo en secreto durante décadas. Fue una de muchas atrocidades de la Guerra de Vietnam cometidas contra civiles indefensos que quedarían ensombrecidas por la masacre de My Lai, un mes mas tarde. Al contrario que My Lai, que seria conocida unos años después del hecho, los asesinatos de Phong Nhi y Phong Nhat permanecieron prácticamente desconocidos hasta el siglo XXI.

Fueron presuntamente perpetradas no por tropas estadounidenses, sino por soldados de Corea del Sur, un patrón de comportamiento brutal documentado en cables e informes del gobierno de Estados Unidos, ahora desclasificados, y en los testimonios de supervivientes y veteranos. Las revelaciones sobre las atrocidades surcoreanas durante la guerra de Vietnam, que comenzaron a principios de la década del 2000, encendieron un debate sobre la culpabilidad del país en el conflicto llevado a cabo por Estados Unidos. Este reconocimiento, que se mezcló con la propia historia de abusos a Corea del Sur por parte de potencias extranjeras y asesinatos en masa, aún continúa constituyendo un tema profundamente sensible.

En septiembre de 1965, el presidente Park Chung-hee, antiguo general que tomó el poder mediante un golpe de Estado cuatro años antes, ordenó a miles de combatientes surcoreanos entrar en Vietnam. Formaban el grueso del denominado Free World Military Assistance Forces, una curiosa mezcla de tropas de Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, España y Taiwan. Según un informe de 2016 de la Escuela de Estudios Militares Avanzados (SAMS), “la República de Corea desempeñó un papel crucial en las operaciones del ejército norteamericano, y en 1972 superaban en efectivos a sus socios norteamericanos”. Alrededor de unos 320.000 soldados surcoreanos rotarían en Vietnam durante la guerra, con unos 50.000 en su despliegue máximo, según el informe de la SAMS. Pese a ello, el papel de Corea del Sur es poco conocido en Occidente, en donde la guerra de Vietnam mantiene la imagen universal en la cultura popular de ser una guerra efectuada por tropas norteamericanas, con un apoyo menor de otros países.

El despliegue fue un golpe político maestro de Park, según el historiador Kil J. Yi, en tanto que hizo al presidente necesario para un gobierno de Estados Unidos que dudaba ante el coste de apuntalar a una administración surcoreana que se alejaba de la democracia.

“Corea del Sur estaba bajo una enorme presión para conseguir ayuda económica y militar de Estados Unidos”, declaró Yi a la CNN. “La guerra de Vietnam fue el catalizador para que Washington decidiera continuar la ayuda masiva al gobierno surcoreano”. “La participación de Corea del Sur cambió la forma en que Washington percibía a Corea del Sur y a sus fuerzas militares”, añadiendo que en el curso de la guerra “Corea del Sur se convirtió en un modelo de Estado cliente”.

La ayuda de Corea del Sur fue en aumento desde mediados a finales de los 60, pero poco hizo para girar el signo de la guerra, y a principios de 1968, los norvietnamitas y sus aliados revolucionarios del Sur, denominados “Vietcong” por Estados Unidos, lanzaron la devastadora Ofensiva del Tet, un ataque por sorpresa masivo contra 36 ciudades de Vietnam del Sur incluyendo la capital, Saigón.

En respuesta, Estados Unidos, la alianza Free World y las fuerzas survietnamitas lanzaron una brutal contraofensiva, crudamente presentada al público norteamericano cuando un fotógrafo de la AP retrató al general Nguyen Ngoc Loan ejecutando sumariamente a prisionero desarmado del Vietcong en las calles de Saigón. Según Nick Turse, autor de “Kill anything that moves: The Real American War in Vietnam”, la respuesta a la ofensiva del Tet “se convirtió rápidamente en una orgía de masacres”. En cuestión de meses tendría lugar la matanza de My Lai. Fue también entonces cuando una fuerza de marines de Corea del Sur patrullando cerca del pueblo de Phong Nhat (a veces denominado Phong Nhut) tuvo esporádicos ataques de francotiradores.

Según una investigación militar de Estados Unidos, los surcoreanos respondieron bombardeando el pueblo con morteros, antes de avanzar contra él. Se dirigieron entonces hacia el cercano Phang Nhi, en donde supuestamente masacraron a docenas de habitantes. Las tropas norteamericanas entraron en el pueblo después de que los surcoreanos lo abandonaran. “Los habitantes habían sido agrupados en tres grupos y tiroteados”, según se indicaba en un informe de la embajada norteamericana en Vietnam del Sur. “Algunas víctimas habían sido apuñaladas, y una joven tenía sus pechos cortados… 69 civiles fueron muertos, la mayoría mujeres y niños”.

El teniente J.R. Sylvia vio la masacre desde una posición frente al pueblo, con una fuerza de marines USA y tropas survietnamitas. “Los coreanos negaron permiso para entrar en Phong Nhi”, declaró a los investigadores. “Por ello sólo pudimos esperar hasta que terminaron”. Cuando entraron, “la patrulla vio a dos ancianos enterrados bajo los restos de una casa incendiada, un gran número de cuerpos en una zanja cubierta con hierba, y bastantes otros cuerpos recuperados de los restos, todos demasiado quemados para identificarlos o determinar su sexo”. “Mas adelante en el camino otro gran número de cuerpos se encontraron… con dos mujeres heridas”, declaraba Sylvia. “Una de ellas enseñaba continuamente su tarjeta de identificación por miedo a que la patrulla la matara”. Las fotos tomadas por las tropas norteamericanas, incluidas en los informes de los investigadores, muestran a mujeres y niños disparados a quemarropa y mutilados, y sus casas quemadas.

Una historia del cuerpo de marines estadounidense sobre aquel período sugiere que tales comportamientos eran habituales: el general Rathvon Thompkins dijo a sus autores que allá en donde los coreanos eran disparados “o pensaban que estaban siendo disparados desde un pueblo… se desviaban del camino y arrasaban totalmente el pueblo… constituiría una lección para los vietnamitas”.El comandante de marines, general Robert Cushman, añadía que “tuvimos un gran problema con esas atrocidades que se les atribuían, sobre las que informamos a Saigón”.

Dos meses después de la masacre de Phong Nhi, el comandante de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, el general William Westmoreland, envió una copia previa de la investigación a su equivalente surcoreano, el teniente general Chae Myung-shing, pidiéndole una respuesta urgente, según los documentos desclasificados.

Chae aseguró a Westmoreland que las tropas de Corea del Sur no eran responsables, culpando por el contrario de ello a los comunistas revolucionarios del Vietcong. “El Vietcong, en numerosas ocasiones, ha operado en esta área, disfrazados con uniformes similares a aquellos usados por las tropas de Corea del Sur”, respondía Chae en un cable desclasificado. “Deducimos que la masacre era un acto organizado y sin piedad ejecutado por los comunistas”. El caso no fue más adelante. Frente a una abyecta negación por parte de Corea del Sur, poco podían hacer los investigadores norteamericanos, pese a describir el relato de Chae como “incoherente” con las pruebas de los marines, de las tropas vietnamitas y de los civiles.

Como Turse ha documentado reuniendo docenas de documentos desclasificados, declaraciones en tribunales militares y pruebas de crímenes de guerra, la mayoría de las atrocidades de las tropas estadounidenses y de sus aliados no se investigaron y quedaron impunes, pese a que los asesinatos en masa de los civiles “fueron terriblemente habituales a lo largo del conflicto”.

My Lai fue una rara excepción, tanto porque salto a las portadas de prensa en todo el mundo como porque alguien fue considerado responsable: el teniente norteamericano William Calley. Fue sometido a consejo de guerra y condenado a prisión de por vida. Pero fue liberado en 1974, tras permanecer solo tres años en arresto domiciliario. Ninguno de sus superiores sería castigado.

El horror de My Lai sirvió para ocultar otras atrocidades, que, como Turse escribe, “han desaparecido prácticamente de la memoria popular”. Y ello pese a un esfuerzo de años de civiles vietnamitas, pacifistas, periodistas y veteranos de las fuerzas armadas para atraer la atención sobre el horror de la guerra. Como el que sería Secretario de Estado John Kerry testificó ante el Congreso en 1971, “los crímenes de guerra cometidos en el sudeste asiático no fueron incidentes aislados sino crímenes perpetrados a diario con el total conocimiento de los oficiales a todos los niveles de mando”.

En las audiencias “Winter Soldier” organizadas por Vietnams Veterans Against the War, una transcripción de las cuales fue posteriormente incorporadas a los registros del Congreso por el senador Mark Hatfield, los soldados testificaron, según dijo Kerry, como “violaron, cortaron orejas, cabezas, como conectaban los cables de teléfonos portátiles a los genitales y los conectaban, cortaban miembros, reventaban cuerpos, disparaban al azar contra civiles, arrasaron pueblos al estilo de Gengis Kan, disparaban a perros y gatos por diversión, envenenaban almacenes de comida, y en resumen, devastaron los campos de Vietnam del Sur”.

También testificaron sobre la conducta de sus aliados. Un testigo declaro en las audiencias “Winter Soldier” el trato a cuatro enfermeras de Vietnam del Norte hechas prisioneras por parte de los marines de Corea del Sur. “Ataron sus manos al suelo, las abrieron de piernas y violaron a las cuatro”, continuando la narración de cómo las tropas coreanas mutilaron y asesinaron a las mujeres.

En Estados Unidos, la opinión pública sobre Vietnam se hundió en la medida en que las pruebas de masacres contra civiles empezaron a aflorar, acabando con la publicación de los Papeles del Pentágono exponiendo la naturaleza “sistemática” de los engaños de las diversas administraciones presidenciales sobre la guerra.

Sin embargo, Ku Seu-jong, directora ejecutiva de la Korean-Vietnamese Peace Foundation, dice que “pese al hecho de que la guerra de Vietnam fue el primer y mas masivo combate en el exterior de la historia de Corea del Sur, y tuvo gran influencia en el crecimiento económico del país, todavía es una guerra ‘olvidada’”. “Se prohibía discutir porque Corea del Sur entró en guerra, y lo que hizo”. Desde 1999 Ku ayudó a recoger pruebas de las masacres de Corea del Sur como corresponsal del semanario Hankyoreh 21. En 2001 el presidente surcoreano Kim Dae-jung declaró en una visita a dirigentes vietnamitas que sentía “haber tomado parte en una guerra desgraciada y haber producido involuntariamente dolor al pueblo de Vietnam”. Los conservadores se sintieron ofendidos, y Park Geun-hye, hija de Park Chung-hee y futura presidenta surcoreana, acusó a Kim de dar una puñalada por la espalda al honor de Corea del Sur, según los medios locales.

Las ayudas masivas que llegaron de Estados Unidos con la guerra ayudaron a producir un boom económico que convirtió a Corea del Sur en una de las economías asiáticas destacadas, y reconociendo que el origen de este crecimiento sigue siendo un tema delicado, declara el historiados Yi: “Los surcoreanos en la década de los 80 y los 90 fueron llevados a la creencia de que su transformación económica era un milagro del Rio Han, no el baño de sangre de Indochina”. “Afirmar que uno de los factores contribuyentes fue el envío de 300.000 soldados a Vietnam, algunos de los cuales actuaron muy violentamente, no se compagina muy bien con la historia moderna”.

“Existe un factor de autocensura que impide mirar con seriedad la cara mas oscura y sangrienta de la intervención de Corea del Sur en la guerra de Vietnam”. La discusión de esa guerra sigue siendo un tema delicado también en las relaciones de Corea del Sur con Vietnam, en donde tanto Seúl como Hanoi, ahora aliados muy cercanos, evitan el tema. El pasado año, el presidente Moon Jae-in recibió un poco habitual reproche de Hanoi cuando, en un discurso durante el Memorial Day, alabó la “dedicación y sacrificio de los veteranos de guerra coreanos”, quienes “llevaron a cabo su misión silenciosamente, venciendo dificultades en las junglas y contra las altas temperaturas”. En una declaración, el ministro vietnamita de Asuntos Exteriores exigió a Seúl evitar acciones en el futuro que pudieran “afectar negativamente a las relaciones de cooperación entre los dos países”.

Según Ku “los llamamientos al reconocimiento de la verdad sobre la masacre de civiles survietnamitas” han ido aumentando en los pasados veinte años. La sensibilidad sobre cómo y cuántas disculpas se han de pedir a Vietnam es especialmente delicada, dada la propia experiencia del país bajo la ocupación japonesa, y las disputas actuales sobre las llamadas “mujeres de confort” enroladas a la fuerza por Japón en la Segunda Guerra Mundial, relatos que Japón niega rotundamente.

Muchos de los que presionan en pro de una completa aclaración del pasado de la guerra con Vietnam hacen campaña también en el tema de las “mujeres de confort”, incluyendo artistas como Kim Seo-kyung y Kim Eun-sung, quienes diseñaron una estatua icónica de una “mujer de confort”, y cuyas versiones han sido levantadas en señal de protesta frente a bastantes consulados en Corea del Sur.

El pasado año, los Kim inauguraron una estatua en recuerdo de las víctimas de la Guerra de Vietnam en la isla surcoreana de Jeju, acto patrocinado por la Asociación para la Paz Coreano-Vietnamita. Ku comentó que la estatua, denominada la “Vietnam Pietá”, que toma como modelo el tradicional retrato de la Virgen María con Jesús en sus brazos tras la crucifixión, “está pensada como una petición de perdón por la guerra de Vietnam”. Kim Seo-kyung dice que ella y su marido se inspiraron al ver a japoneses asistir a reuniones para pedir perdón por el trato de su país a Corea durante la Segunda Guerra Mundial, y diseñaron la estatua para pedir disculpas a nuestra manera por la guerra de Vietnam. Los planes eran inaugurar estatuas en Vietnam y Corea del Sur a la vez, pero no se consiguió.

En abril, el Tribunal Público sobre Crímenes de Guerra de las Tropas Surcoreanas durante la Guerra de Vietnam se celebrará en Seúl, centrándose en las masacres de Phong Nhi y Phong Nhat, y los asesinatos en Ha My. Sus organizadores tienen previsto emplear el material recogido en las audiencias no oficiales para ayudar a promulgar una ley por daños contra el gobierno surcoreano a finales de año. El tribunal también presionará al presidente Moon, que ha defraudado a los activistas al no ir mas allá de los anteriores dirigentes, en un viaje en noviembre a Vietnam, limitándose a decir que Corea del Sur “tiene una deuda sentimental” con el país. El gobierno surcoreano no respondió a una interpelación para que comentara este artículo.

“Pensamos que es tiempo de que el gobierno coreano mantenga su responsabilidad, y la acepte, por los hechos de la guerra de Vietnam”, declaró la abogada y una de los organizadores del Tribunal, Boram Jang, añadiendo que dada la continua presión sobre Japón en el tema de las “mujeres de confort” y otros abusos de la Segunda Guerra Mundial “debiéramos pedir perdón de forma oficial a las víctimas de la guerra de Vietnam”. “Nuestro principio en este Tribunal no es el de juzgar o condenar a aquellos soldados coreanos que participaron, queremos escuchar sus historias y no sólo condenarlos. Tal vez aquellos veteranos sean también víctimas”.

James Griffiths, The ‘forgotten’ My Lai: South Korea’s Vietnam War massacres, CNN, 24 de febrero de 2018

Los dirigentes de la Unión Europea asesinan a los africanos con el mismo estilo mafioso de siempre

Sarkozi: el gran padrino de la mafia
En una sociedad dividida en clases, hay dos tipos de personas, como no podía ser de otra forma. Por un lado, los que nos asombramos de que en 2011 los imperialistas destruyeran un país, como Libia, que desde entonces está en una guerra que no tiene un final cercano, ni mucho menos. Nos asombramos de que los franceses asesinaran a un Jefe de Estado, como Gadafi, de la manera más abominable que cabe imaginar, que los países miembros de la OTAN, como España, fueran sus cómplices y que todo ello estuviera bendecido por la ONU.

Por el otro lado está el punto de vista de los asesinos y criminales en masa, como los imperialistas franceses, que se asombran de que el jefe de la banda de asesinos, el Presidente de la República, Nicolas Sarkozi, aceptara unos sobornos por parte de Libia que falsearon las elecciones.

Los grandes asesinos son así. Se preocupan de que las elecciones y las urnas estén limpias, de que no intervengan terceros países en sus asuntos internos, sobre todo si son africanos, de que los políticos de alto nivel no se corrompan… En fin, sólo les preocupa lo suyo: que no se acabe nunca la rutina de las urnas, las elecciones y las votaciones. La guerra, los muertos, los refugiados, la destrucción… eso no son asuntos propios de una buena campaña electoral donde todo deben ser sonrisas.

Al menos ya no cabe ninguna duda de que la tragedia libia tiene un pie en Francia, en donde a Sarkozi le está ocurriendo como a Al Capone: los jueces no le han procesado por asesinato sino por soborno. La muerte de las personas no importa nada en una sociedad como ésta, que no tiene otra ley que el dinero, sobre todo si los muertos mueren en África.

Pero en Libia el hedor de los cadáveres es cada vez mayor, empezando por el de Gadafi. Todas las pistas del horrendo crimen conducen al mismo lugar, a París y a Sarkozi, por lo que las actuaciones judiciales contra el antiguo Presidente de la República tienen un gusto a cortina de humo: el delito menor (soborno) esconde el delito mayor (asesinato).

Jefe de Estado entre 2007 y 2012, Sarkozi ha cometido un magnicidio y ha matado a otro Jefe de Estado, el coronel Gaddafi, a través un pistolero del servicio secreto francés por orden directa suya, según relata el diario británico Daily Mail.

Sarkozy envió a sus pistoleros (léase “agentes de inteligencia”) a Libia para infiltrarse en las bandas yihadistas que intentaban localizar a Gadafi tras el derrumbe del Estado que siguió a la Primavera Árabe, orquestada por la OTAN.

El asesino le disparó a Gaddafi fríamente, de un tiro a bocajarro que le dio en la cabeza, dice el Daily Mail. El asesinato se llevó a cabo para impedir que Gadafi fuera interrogado y pudiera revelar su relación con Sarkozy y otros dirigentes imperialistas.

“Sarkozy tenía todos los motivos para tratar de silenciar al coronel lo más rápido posible”. Antes de que la OTAN lanzara una campaña de bombardeos aprobada por la ONU para derrocar a Gaddafi en 2011, el coronel libio parecía tener estrechos vínculos con varios dirigentes europeos, entre ellos el italiano Silvio Berlusconi y el británico Tony Blair.

En Europa el cínico escándalo mediático no comenzó en 2011 con los bombardeos de la OTAN, sino un año después, en marzo de 2012 cuando se supo que Gaddafi había entregado 50 millones de euros para la campaña presidencial de Sarkozy.

A los autores del magnicidio se les conoce desde el primer minuto. Mahmoud Jibril, que fue Primer Ministro en funciones después del derrocamiento de Gadafi, dijo a la televisión egipcia en 2012: “Un agente extranjero se mezcló con brigadas revolucionarias para matar a Gaddafi”.

En aquella época los medios de comunicación italianos también dijeron que un espía francés estaba detrás del asesinato del coronel libio: “Desde el comienzo del apoyo de la OTAN a la revolución -fuertemente apoyada por el gobierno de Nicolas Sarkozy- Gaddafi ha amenazado abiertamente con revelar detalles de su relación con el ex presidente de Francia, incluyendo millones de dólares pagados para financiar su candidatura a las elecciones de 2007”, dijo el periódico italiano Corriere della Serra, citando fuentes diplomáticas libias.

http://www.middleeasteye.net/news/french-secret-service-killed-gaddafi-sarkozy-s-orders-reports-1614795688



Más información:
– El coronel Gadafi fue asesinado por un espía francés

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