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¡Abajo las máscaras!

Quienes no son capaces de diferenciar entre la ciencia y las instituciones de todo tipo que hablan en su nombre, tienen un serio problema porque a menudo esas instituciones entran en contradicción unas con otras y no es fácil decidir si unas unas son científicas y las otras no.

Por ejemplo, la OMS está en contradicción con el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) sobre el uso de mascarillas. Las OMS llegó a decir que “no existen pruebas científicas que avalen que las [mascarillas] fabricadas con materiales sintéticos sean realmente eficaces ante el coronavirus”.

Otras pueden ser contraproducentes, convirtiéndose en un “foco infeccioso”, añadía la OMS.

Los diferentes tipos de mascarillas podrían llenar las estanterías de un supermercado y la OMS no recomienda el uso de determinados tipos de ellas.

Si a ello añadimos quién se las debe poner, cuándo se las debe poner o durante cuánto tiempo, el universo de las mascarillas da para reseñar una amplia bibliografía. La postura de la OMS al respecto es clara y obvia: “no existe una única evidencia sobre el uso de las mascarillas” (1).

En una rueda de prensa el director del organismo internacional propuso alentar “a aquellos países que están considerando el uso de mascarillas entre la población en general que estudien su efectividad”.

En plena pandemia Tedros Adhanom Ghebreyesus admitía que no sabían nada sobre este asunto que debían aprender sobre la marcha.

En Estados Unidos los CDC tienen sus propias normas sobre los distintos tipos de mascarillas (2).

En Europa el ECDC asegura que las mascarillas de tela son menos protectoras que las quirúrgicas porque la penetración de virus es alta, es decir, porque no sirven para nada.

Es más, dichas mascarillas aumentan el riesgo de infección debido a la humedad, la difusión de líquidos y la retención del virus, añade el ECDC.

Los organismos científicos suelen cambiar de opinión de un día para otro por muy diversas razones que, en ocasiones, están lejos de ser transparentes. Por ejemplo, el 9 de abril el ECDC cambió de opinión sobre el uso de mascarillas y publicó un informe para justificarse a sí mismo (3).

Sin embargo, aquel día la ciencia no cambió. No se había descubierto nada nuevo, ni se habían publicado nuevas investigaciones.

No había cambiado nada. Como todos sabían, estaba claro que las mascarillas no sirven para nada y así lo admite la letra pequeña del informe, si se lee con un poco de atención.

Las mascarillas, dice el informe, se usan mucho en los países asiáticos por pura costumbre y nunca han servido de protección frente a la gripe.

Como es obvio, tampoco les sirvió de nada frente al coronavirus, ya que intervienen otros factores, añade dicho informe.

En conclusión, al principio el ECDC no recomendaba el uso obligatorio a toda la población, sino sólo a los trabajadores sanitarios y a los enfermos con síntomas. El cambio consistió en ampliar la recomdanción a los asintomáticos, cuando en una determinada localidad se hubieran detectado muchos casos positivos asintomáticos.

El informe decía que las mascarillas “no sustituyen a las medidas preventivas”, sino que son “una protección añadida y complementaria”.

En España inicialmente tampoco estaba recomendado su uso y no las podían recomendar porque no había suficientes para todos. “El gobierno no puede exigir nada a la ciudadanía que no esté en condiciones de cumplir”, dijo el Ministerio de Sanidad.

La ministra de Hacienda y portavoz del gobierno, María Jesús Montero, dijo que la imposición de las mascarillas a toda la población dependería “de la evolución de la pandemia”, lo cual era absurdo si la cifra de “infectados” remitía durante la desescalada: si se había reducido el número sin ella, estaba claro que en lo sucesivo no serviría para nada.

Por lo demás, Montero hablaba de “recomendación” y no de imposición obligatoria, que es lo que finalmente decidió el gobierno del PSOE y Podemos. No han seguido al ECDC en su cambio de criterio. Han hecho las cosas al estilo fascista de toda la vida: imponiendo la mascarillas a todos y de manera obligatoria.

Las mascarillas también han llegado para quedarse como uno de los primeros fetiches del siglo XXI. Las ampliación del mercado ha creado innovaciones y nuevos diseños para todos los gustos. Las casas de moda preparan pases de modelos de mascarillas, tanto para señora como para caballero, tanto para niñas como para niños.

(1) https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/sanidad-recomienda-generalizado-mascarillas-espacios-publicos_77403_102.html
(2) https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/ppe-strategy/face-mask.html
(3) https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/using-face-masks-community-reducing-covid-19-transmission

El coronavirus ya circulaba por Estados Unidos desde el año pasado

Los registros médicos y los resultados de las pruebas recientes sugieren que el coronavirus ya estaba circulando por Estados Unidos antes del mes de enero, según revela un artículo del Wall Street Journal publicado el jueves en su sitio web (*).

El artículo se titula “Las pruebas de anticuerpos y los problemas de precisión dejan a algunos estadounidenses con más preguntas que respuestas”.

“Armados con una prueba serológica positiva de Covid-19 y un historial de síntomas asociados con la enfermedad, algunos estadounidenses creen que se infectaron ya en el otoño de 2019”, afirma el periódico.

La higienista dental de Nueva Jersey Judy Abram sufrió una grave enfermedad en noviembre pasado que la dejó sin aliento, y dio positivo en la prueba de anticuerpos Covid-19 el mes pasado.

“Hay un problema de tiempo en alguna parte, y por eso estamos tan involucrados”, dijo Judy Abram. “Me sentí tan fuerte. Me hubiera preguntado si la prueba hubiera dado negativo”.

Aunque es posible que el virus haya llegado a Estados Unidos a finales del año pasado, las pruebas serológicas por sí solas no son suficientes para redefinir la línea de tiempo de la transmisión en Estados Unidos, dijo Richard Tedder, profesor visitante de virología médica en el Imperial College de Londres. “No podemos retroceder sin tener muestras de sangre de ese tiempo”.

“Sin embargo, algunas personas creen que los resultados de las pruebas serológicas y los registros médicos muestran que la enfermedad puede haber estado circulando durante meses antes del 21 de enero, fecha de la primera infección conocida en Estados Unidos”, asegura el artículo.

Este mes, el Estado de Ohio informó de 12 casos registrados en enero como probables casos de Covid-19, lo que demuestra que algunas personas tuvieron recientemente anticuerpos contra Covid-19 y recordaron haber estado enfermas ese mes.

Muchas personas que piensan que pueden haber sufrido anteriormente de Covid-19 se han unido en Facebook a un grupo de afectados llamado “Survivor Corps”.
https://www.wsj.com/articles/covid-19-antibody-tests-leave-some-americans-with-more-questions-than-answers-11590670800

El ‘doctor confinamiento’ dimite por romper el confinamiento para echar una canita al aire

Volvemos a rebobinar el culebrón en donde lo dejamos, cuando el Imperial College de Londres fabricó uno de esos modelos informáticos de última generación para asustar al mundo entero e imponer el confinamiento a fin de evitar millones de muertos.

Dijimos que el artífice de aquella tonteoría era el doctor Neil Ferguson, un sujeto que lleva en su pecho muchas medallas académicas y distinciones, entre ellas la de cobrar de Bill Gates.

En Gran Bretaña a Ferguson le llaman “doctor confinamiento” y el montaje iba bien hasta que tuvo que dimitir por no respetar el confinamiento.

Ya saben Ustedes cómo va esto: las normas son para que las cumplan los demás, los de a pie. “Consejos vendo y para mí no tengo”.

Ferguson no sólo utiliza el ordenador para para fabricar tonteorías apocalípticas, sino también para ligar y así es como conoció a Antonia Staats, a quien invitó a pasar una dulce velada, olvidando las estrictas normas de confinamiento que han aprobado para el resto de los mortales.

¿Puso Ferguson en peligro su vida o sabe que el confinamiento no sirve para nada?, ¿qué opinan Ustedes al respecto?, ¿se imaginan a Fernando Simón echando una canita al aire?

Los que nos burlamos del confinamiento hemos sido tachados de irresponsables, pero ¿qué debemos decir ahora de quien lo ha impuesto?, ¿realmente Ferguson cree en el modelo epidemiológico que ha inventado o sabe que es una comedia?

Esta historia de amor epidemiológico no ha hecho más que empezar y la repugnante prensa británica se frota las manos cada día con el culebrón.

Algunos dicen que el gobierno de Boris Johnson no quiere asumir el fiasco de un modelo que no ha acertado ni una y de esta manera se han quitado de enmedio a Ferguson, arrojándole a los pies de los caballos.

Los gobiernos utilizan a los científicos como Ferguson a la medida de sus necesidades políticas y se deshacen de ellos de la misma manera, como si fueran piojos.

Lo bueno del escándalo, que fuera de Gran Bretaña permanece en un discreto silencio, es que está destapando algunos de los entresijos políticos y económicos de la pandemia.

Como el resto del mundo, el gobierno británico se enfrentaba a una crisis de superproducción sin precedentes que sólo se puede paliar con una destrucción masiva de fuerzas productivas.

De ahí vienen todas esas metáforas entre la pandemia y la guerra, que durante el siglo XX fue el medio fundamental de destrucción. La pandemia tiene algunas ventajas sobre la guerra. La primera es que crea una cortina de humo en torno a virus, enfermedades y tratamientos. La segunda es que no causa muertes sino que las evita.

El modelo de Ferguson pronosticaba medio millón de muertos que el confinamiento ha salvado y, en lo sucesivo, los que van a escribir la historia son los que se han librado de la muerte, así que lo más probable es que estén aliviados y agradecidos al gobierno de Johnson.

Serán los dos mantras de los portavoces del imperialismo en el futuro: la culpa de la crisis es del coronavirus (y de China) y hemos salvado cientos de miles de vidas gracias al confinamiento.

Los reformistas venderán la moto con su consigna de que “la salud está por encima de la economía”.

Los unos (capitalistas) y los otros (reformistas) ocultarán que por primera vez se han empezado a tomar decisiones a gran escala no en base a experiencias y datos contrastados del pasado, que es la única manera en la que se puede hablar de ciencia, sino sobre previsiones de lo que puede ocurrir en el futuro y que, por cierto, nunca ocurre.

Más información:
– Bill Gates financió el diseño del modelo epidemiológico fraudulento de coronavirus utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos

‘El coronavirus estaba al borde de la extinción cuando se impuso el confinamiento en Noruega’

La epidemióloga noruega Camilla Stoltenberg

Con los datos observados -cifras de hospitales, número de infecciones, etc.- Noruega está en condiciones de pintar un cuadro de lo que pasó antes del confinamiento y su último descubrimiento es bastante significativo. En marzo nadie sabía realmente cómo iban a resultar las cosas. Se temía que el virus se propagara y que cada persona infectara a su vez a otras dos o tres; también se afirmaba que sólo el confinamiento podía reducir la tasa de crecimiento exponencial (llamada número R) a un nivel seguro de 1. Esta es la hipótesis presentada en varios gráficos por el Imperial College de Londres para Gran Bretaña, Noruega y varios países europeos.

Pero los noruegos han publicado un informe con una conclusión sorprendente: el virus nunca se ha propagado tan rápido como se temía y ya estaba al borde de la extinción cuando se ordenó el confinamiento (*). “Parece que la tasa de reproducción efectiva ya había descendido a alrededor de 1,1 cuando se aplicaron las medidas más estrictas el 12 de marzo, y que no habría sido necesario mucho para reducirla a menos de 1… Hemos visto en retrospectiva que la infección está disminuyendo ahora”.

El gráfico con el número R en la escala de la derecha es el que se muestra abajo.

Esto plantea una pregunta incómoda: ¿era necesario el confinamiento?, ¿qué logró que no se pudiera lograr con un distanciamiento social voluntario? Camilla Stoltenberg, directora del Instituto Noruego de Salud Pública, concedió una entrevista en la que es franca sobre las implicaciones de este descubrimiento: “Nuestra evaluación actual -y encuentro que hay un amplio consenso sobre la reapertura- fue que probablemente se podría lograr el mismo efecto -y evitar algunas de las desafortunadas repercusiones- si no se confinaba. Pero, en lugar de eso, hay que mantener la apertura con precauciones para detener la propagación”. Es importante admitirlo, dice, porque si los niveles de infección vuelven a subir -o si una segunda ola golpea en el invierno- hay que ser brutalmente honesto sobre la ineficacia de la confinamiento.

El organismo noruego de estadística fue también el primero en el mundo en calcular el daño permanente causado por el cierre de escuelas: cada semana de instrucción en las aulas que se niega a los estudiantes, asegura, frena las oportunidades de vida y reduce permanentemente el potencial de ingresos futuros. Por lo tanto, un país debe aplicar esta medida draconiana sólo si tiene la certeza de que la base académica para el cierre es sólida. Y según Stoltenberg, en esta ocasión “la base académica no era lo suficientemente buena” para imponer el confinamiento.

Los británicos merecen la misma franqueza. Hay una gran cantidad de datos británicos de los que se pueden sacar conclusiones: 999 llamadas, infecciones, datos de hospitales, cifras semanales de infecciones respiratorias y unas 37.000 muertes. A partir de ahí, no será difícil para el gobierno británico hacer lo que los noruegos y suecos han hecho: producir una estimación del número Rs que se remonta a febrero o marzo, y utilizar datos observados -en lugar de supuestos y modelos- para medir el efecto del confinamiento. Los resultados de un estudio así podrían hacer que la lectura de este informe sea incómoda para un gobierno que aún requiere que la policía imponga el confinamiento. Pero estas cosas siempre terminan haciéndose públicas en algún momento.

Puede que haya una historia fuerte que contar. Cuando se reunieron, los datos británicos mostraban que cientos de miles de personas habrían muerto sin confinamiento y que, aunque brutal, fue una medida vital. Pero si los datos indican algo diferente, como es el caso de Noruega, entonces esta discusión vale la pena.

Es hora de restablecer la libertad y pasar a un sistema voluntario. Hay que mantener la cautela y pedir a la gente que use el sentido común. Gran Bretaña está lista para recibir la confianza del pueblo. La cuestión es si el Primer Ministro se siente preparado para confiar en los británicos.

(*) https://www.fhi.no/contentassets/c9e459cd7cc24991810a0d28d7803bd0/notat-om-risiko-og-respons-2020-05-05.pdf

https://www.spectator.co.uk/article/norway-health-chief-lockdown-was-not-needed-to-tame-covid

La última imbecilidad de la pandemia: una pulsera que vibra al vulnerar el distanciamiento social

A veces es complicado mantener la distancia de seguridad. Por eso la empresa belga Rombit ha creado una pulsera digital que garantiza el cumplimiento de la distancia mínima de seguridad.

Rombit ya tenía una pulsera de seguridad, el Romware ONE, al que ha añadido nuevas funciones que ayudarán a que todos nos mantengamos alejados los unos de los otros, dejemos a hacinarnos en locales, evitemos las reuniones tumultuarias y las manifestaciones de masas.

El capataz de la empresa, John Baekelmans, explica que cada vez que nos acercamos demasiado unos a otros recibiremos una señal de advertencia. De esa manera evitaremos saludar a nuestros familiares y amigos, o que nos saluden ellos a nosotros.

Baekelmans no nos tranquiliza cuando asegura que nuestra intimidad está garantizada porque el artilugio no comparte la ubicación u otra información confidencial con terceros.

El brazalete conserva la ubicación de las personas en cada momento y permite el rastreo de los contactos que ha mantenido a fin de que los “gorrillas sanitarios” verifiquen cada uno de sus movimientos y de los demás.

Según los portavoces de Rombit, las aplicaciones para el móvil tienen un mayor margen de error y conducen falsos positivos o negativos. Pero lo más importante es que a menudo no pueden ser utilizadas en los lugares de trabajo.

La pulsera utiliza una técnica que no necesita conexión a internet.

El capataz de la empresa asegura que se están esforzando por lograr que el dispositivo llegue al mercado en grandes cantidades para facilitar el control y la vigilancia de movimientos, antes de que la paranoia del coronavirus se vaya apagando.

Más información:
– Una nueva profesión represiva creada por la pandemia: los ‘gorrillas’ sanitarios
– 60.000 matones sanitarios para vigilar a los apestados en Italia
 

La peste negra y cien años de guerra

Si los libros de microbiología nunca relacionan la pandemia de gripe española de 1918 con la Primera Guerra Mundial, tampoco hacen lo propio entre la peste negra del siglo XIV con la Guerra de los Cien Años.

La peste negra se estudia en las Facultades de Biología (o de Medicina) y la Guerra de los Cien Años en las de Historia. No obstante, lo más probable es que a los estudiantes no les cuenten ni una cosa ni la otra porque en caso contrario harían algo más que alcanzar un título: aprenderían.

Sin embargo, hasta los Evangelios relacionan ambas cosas, las guerras y las epidemias, que, junto con el hambre y la muerte forman los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. En consecuencia, quien quiera saber lo que es la epidemia y la muerte, deberá asociarlas a los otros dos jinetes: la guerra y el hambre.

Por introducir un factor de modernidad en el relato, habría que añadir el quinto jinete, que fue el cambio climático, una drástica caída de las temperaturas, denominada Pequeña Edad de Hielo (1), que provocó malas cosechas, carestía y una hambruna generalizada que se prolongó en el tiempo.

Todos los ingredientes, pues, se reunieron en el mismo cóctel, aunque, por sí mismas las batallas, no causaron grandes estragos entre la población. Lo peor fueron los “efectos secundarios” de la misma, tales como las requisas fiscales, los saqueos, el pillaje y las destrucciones de las cosechas por los ejércitos y las bandas de mercenarios que camparon a sus anchas.

La peste negra asoló Europa entre 1347 y 1352, hasta el punto de que su aparición impuso una tregua en la guerra: el Pacto de Calais. El historiador alemán J.F.C.Hecker escribió en 1832 el libro de referencia sobre la pandemia que tiene muchas connotaciones con la actual, no sólo por su concepción catastrofista y apocalíptica, sino porque consideraba que marcaba un antes y un después en la evolución europea.

Los Fernando Simón de entonces hicieron el mismo ridículo que ahora. Los médicos de la Universidad de París creían que se debía a un cierto alineamiento de los planetas.

En Florencia consideraban que era una zoonosis procedente de los gatos y los perros, por lo que procedieron a sacrificar a los animales en masa.

Muchos médicos practicaron sangrías a los enfermos, lo cual fue contraproducente porque los debilitaba aún más, e incluso mataron a muchos de ellos.

Otros preconizaban los baños calientes, la abstinencia sexual o brebajes elaborados con sangre de víbora.

Hubo quien recomendó quemar maderas fragantes en las viviendas para purificar el ambiente, que se creía el causante de la plaga.

La histeria provoca fanatismo y, ante una muerte inminente, hubo quien convocó grandes comilonas, botellones y orgías colectivas.

Los más enloquecidos partieron a viajar de un lado para otro, flagelándose en público para expiar sus pecados y obtener el perdón divino.

Los curas organizaron procesiones religiosas y rezos colectivos en público.

Los cristianos acusaron a los “sarracenos”, o sea, a los árabes, de haber exportado la peste a Europa.

Los mendigos y los leprosos también fueron acusados de envenenar los pozos de agua potable, produciéndose linchamientos.

Pero cuando se trata de buscar culpables, los judíos suelen llevar la peor parte. La peste negra marca el inicio del antisemitismo, lo que provocó feroces matanzas. Las primeras persecuciones estallaron en 1348 en Tolón, donde 40 judíos fueron asesinados.

Para impedir el exterminio, el papa Clemente VI tuvo que publicar dos bulas eximiendo a los judíos de sus pecados.

Algunas casas, e incluso localidades enteras, fueron tachadas como focos infecciosos, prohibiendo que sus moradores salieran de ellas, es decir, aparecieron los primeros confinamientos forzosos. En Milán incendiaron las viviendas marcadas con sus habitantes dentro.

Durante décadas los “expertos” han pregonado a la peste negra como “una enfermedad del pasado”, hasta que en 2017 la realidad les puso en su sitio: estalló una fuerte epidemia de peste en Madagascar (2) y la OMS la declaró como una enfermedad “reemergente”.

A pesar del tiempo transcurrido, la peste sigue sin estar bien definida en términos médicos. Es casi seguro que no hubo una única peste sino varias diferentes, las principales de las cuales fueron la peste bubónica y la neumónica, una enfermedad respiratoria parecida a la actual.

Parece bastante evidente que varias enfermedades no se propagan de un sitio para otro sino que brotan en varios sitios distintos y tienen sus propios cuadros clínicos diferenciados.

Hace 100 años un médico suizo, Alexander Yersin, descubrió un bacilo que lleva su nombre, Yersinia pestis, al que hoy se atribuye la causalidad de la peste. Yersin investigó la mayor parte de su vida viajando por Asia. Está enterrado en Vietnam y acabaré esta entrada con una frase suya que marca lo que va de ayer a hoy:

“Me gusta cuidar a los que vienen a pedirme consejo, pero no quisiera hacer de la medicina una profesión, es decir, nunca podría pedirle a un paciente que me pagara por los cuidados que le puedo proporcionar. Considero que la medicina es un sacerdocio y un apostolado”.

(1) https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/el-origen-de-la-peste-en-europa-el-cambio-climtico-12984
(2) http://doi.org/10.1016/S1473-3099(18)30730-8

60.000 matones sanitarios para vigilar a los apestados en Italia

Un ministro y un alcalde italianos han propuesto la creación de un cuerpo de “guardianes cívicos” compuesto por 60.000 voluntarios. Entre otras cosas, los voluntarios se encargarían de asegurar el cumplimiento de las normas de desconfinamiento. La idea está copiada de las bandas parapoliciales de la época de Mussolini.

Es la controversia del momento en Italia. Francesco Boccia, Ministro de Asuntos Regionales en el gobierno de Giuseppe Conte, y Antonio Decaro, Alcalde de Bari (Sur) y Presidente de la Asociación de Municipios Italianos (ANCI), propusieron la idea de crear su propio cuerpo de “gorrillas” a la italiana.

Se reclutarían de forma voluntaria a través de un mecanismo de protección civil. Estaría a cargo de la gestión de las milicias que se dedican a vigilar los pasos de sus vecinos. Francesco Boccia y Antonio Decaro también aclararon que los voluntarios serían personas que reciben ayuda estatal o pensionistas, es decir, que trabajarían gratis.

Los matones sanitarios se encargarían, entre otras cosas, de asegurar el cumplimiento de las órdenes de las autoridades en materia de desescalada.

“En esta nueva fase, ayudarán a controlar el acceso a los parques o mercados, contando el número de personas que entran o salen, o explicando las reglas de acceso a las playas cuando se reabran”, dijo Decaro en un comunicado del 25 de mayo.

La propuesta ha provocado una protesta a través de los Alpes. Carlo Calenda, ex-ministro y dirigente del partido Azione (Acción), dijo todas las cosas malas que pensaba en Twitter: “¿Cómo podemos pensar que 60.000 personas encontradas de alguna manera, entrenadas de alguna manera, empiecen a ir por Italia, diciéndoles a los italianos lo que tienen que hacer en base a reglas que nadie entiende? ¿Es eso normal y legítimo en un país democrático?”

Matteo Orfini, diputado y ex presidente del Partido Demócrata tiene la misma opinión: “No necesitamos guardianes cívicos. Necesitamos ministros que hagan ministros, administradores que hagan administradores.

Para los de “Piu Europa” (Más Europa), la propuesta de Francesco Boccia y Antonio Decaro tampoco era atractiva, como señaló Giordano Masini, miembro de la dirección del partido: “Necesitamos médicos, enfermeras, trabajadores sociales, maestros, gente preparada”.

Otros han ido más allá y han denunciado posibles violaciones de las libertades individuales. Este es el caso de Anna Maria Bernini, jefa de los senadores de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi.

Giorgia Meloni, presidenta del partido Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), comparó tal esquema en Facebook con “una milicia autorizada por el gobierno”, a la que acusó de ser autoritaria.

La economista y autora Ilaria Bifarini, por su parte, se refirió a “una dictadura orwelliana basada en el odio y la desconfianza mutua”.

Más información:
– Una nueva profesión represiva creada por la pandemia: los ‘gorrillas’ sanitarios

Primero fueron a por los terroristas y ahora van a por los apestados

En Francia el estado de emergencia sanitaria se ha prorrogado hasta julio. Permite al gobierno limitar los movimientos autorizados e imponer medidas de aislamiento y cuarentena. Este nuevo estado de emergencia recuerda al estado de emergencia de 2015 contra el terrorismo. “Estas disposiciones de emergencia corren el riesgo de convertirse en permanentes”, advierte la jueza Sarah Massoud, dirigente del Sindicato de la Magistratura.

Massoud es miembro de la Red de Vigilancia del estado de urgencia sanitaria y la reacción le ataca públicamente en los medios de comunicación.

¿La ley que prorroga el estado de urgencia sanitaria, tal como se aprobó finalmente el 11 de mayo, parece menos peligrosa para las libertades que el proyecto inicial?

El texto final es menos duro en cuanto a los ataques a las libertades individuales que el proyecto de ley inicial. Sin embargo, existe todavía una filosofía en la ley final que extiende el estado de emergencia sanitaria que permanece, y que nosotros discutimos, la del tropismo de la excepción. El texto se ha modificado en un sentido bastante favorable sobre la cuestión del expediente de seguimiento de los pacientes de Covid, pero debemos permanecer muy atentos a su aplicación (1).

En lo que respecta al aislamiento y la cuarentena, que ya existían en la ley por la que se establecía el estado de emergencia sanitaria (2), estas medidas adquieren un alcance diferente y mayor en el contexto del desconfinamiento. Se trata de medidas de privación de libertad, como recordó el Consejo Constitucional en su decisión de 11 de mayo sobre la ley de prórroga del estado de excepción. Como tal, están acompañadas por un control del Juez de Libertades y Detenciones [JLD], en el que estamos totalmente de acuerdo. La privación de libertad requiere la intervención de un juez. En el texto se prevé la posible intervención del JLD a partir de las 72 horas siguientes a la decisión de poner a una persona en aislamiento o en cuarentena. El JLD debe entonces intervenir si la medida se extiende más allá de 14 días.


¿Saben los jueces de libertad y detención exactamente sobre qué tendrán que decidir? ¿Tienen los medios para hacerlo?

Nos preocupa la aplicación de esta nueva competencia en la medida en que el servicio público de la justicia se ha asfixiado durante años y funciona en condiciones degradadas. Por el momento, no hay información sobre cómo se aplicarán estas disposiciones, con qué medios adicionales o no, sabiendo que la reanudación de la actividad de los tribunales ya es muy difícil. El período de reclusión ha dado lugar a numerosos aplazamientos o cancelaciones de audiencias, que el personal de la justicia tendrá que compensar en condiciones todavía limitadas. Además, no tenemos ni idea de cuántas personas se verán afectadas. Desde antes del 11 de mayo, el aislamiento y la cuarentena ya se aplican en los territorios y departamentos de ultramar, sin ningún control judicial. En los Departamentos y Territorios Franceses de Ultramar, en pocas semanas, 1.500 personas se vieron afectadas.

Las decisiones de poner a las personas en cuarentena o en aislamiento las tomarán los prefectos, a propuesta de los organismos sanitarios regionales, sobre la base de un certificado médico que se presentará a las autoridades judiciales. Aparte de este certificado médico, no está claro en qué consistirán estos procedimientos. Si se establece un paralelismo con la atención sin consentimiento en psiquiatría [en la que el JLD interviene después de 12 días de hospitalización sin consentimiento], una parte nada despreciable de las medidas de hospitalización son finalmente levantadas por los jueces por falta de elementos suficientes. Con estas medidas de salud, los JLD todavía están a oscuras.

¿Su sindicato creyó desde el principio que el estado de emergencia era innecesario, que la aplicación del código de salud pública era suficiente?

Cuando presentamos nuestras primeras observaciones el 25 de marzo, cuestionamos la legitimidad de introducir tal régimen de excepción. Tras varias semanas de estado de emergencia sanitaria, observamos un activismo por parte de las autoridades administrativas que habían emitido una plétora de decretos prefectorales y decretos municipales que infringían las libertades individuales, con contenidos a menudo desproporcionados y desconectados del objetivo sanitario. Este injustificado productivismo normativo ha confirmado nuestros temores iniciales. De ahí nuestra oposición a la extensión de esta “crisis de legalidad”. Consideramos que las disposiciones del derecho común, en el Código de Salud Pública y en otros textos, son suficientes para organizar la respuesta a la crisis sanitaria, incluida la desescalada. Nuestro principal temor hoy en día es que estas disposiciones excepcionales puedan contaminar el derecho común. Hemos experimentado esto amargamente en el pasado. El Defensor de los Derechos Humanos y la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos también lo han dicho (3).

¿Este es el paralelismo que ves con el estado de emergencia antiterrorista de 2015?

Completamente. Con la Ley Silt (4), el derecho común se ha visto completamente contaminado por las disposiciones del estado de excepción “antiterrorista”. La aprobación de la Ley Silt tiene enormes consecuencias en cuanto a las libertades individuales. Tomemos el ejemplo de los perímetros de protección. Se trata de zonas en torno a las cuales y dentro de las cuales se autorizan los controles policiales, porque existe el riesgo de que se cometan delitos relacionados con el terrorismo. Sin embargo, hemos encontrado que estos controles se han llevado a cabo como parte de las movilizaciones sociales, ya sea las manifestaciones del Día del Trabajo, los chalecos amarillos o las protestas climáticas. Estos perímetros de protección y controles policiales se han utilizado para suprimir la protesta social fuera de cualquier objetivo terrorista. La consecuencia es desastrosa en lo que respecta a las violaciones de las libertades fundamentales, como el derecho de manifestación garantizado por la Constitución.

La Ley Silt debe ser revisada antes del 31 de diciembre de 2020. Tememos que se refuerce aún más en esa ocasión. Debemos ser conscientes de que las reformas que se han llevado a cabo desde hace casi 20 años han dado prioridad a la noción de orden público sobre la de las libertades individuales. El dogma de las autoridades públicas es la seguridad, aunque signifique utilizar una retórica basada en el miedo. La figura de peligro solía ser la del terrorista, hoy será la del paciente que ha dado positivo. Dentro de unos meses, la figura a comprobar y localizar puede ser el paciente Covid asintomático. Siempre hay un objetivo que permite a las autoridades públicas, bajo el pretexto de un peligro potencial, aplicar disposiciones que son muy perjudiciales para las libertades civiles. Y el riesgo, ya desenfrenado, es el de acostumbrarse a una legislación de la peor clase.

Sin embargo, hay resistencia de varios grupos y asociaciones, en particular la unión de magistrados…

Pero, ¿nos escuchan? Nuestras posturas centradas en la defensa de los derechos fundamentales se tienen muy poco en cuenta en la labor legislativa. Además, el control parlamentario sobre estas leyes excepcionales se ha secado completamente. Hoy en día es aún más débil que bajo el estado de emergencia antiterrorista. No está prevista ninguna evaluación. Sólo hay dos misiones de investigación, una al Senado y otra a la Asamblea Nacional. No disponen de toda la información que les permita evaluar eficazmente las consecuencias del estado de emergencia sanitaria, en particular en lo que respecta a las violaciones de las libertades. Debido a la inexistencia de esta evaluación institucional, hemos creado una red de vigilancia, obligada a suplir una deficiencia dramática de nuestras instituciones.

En el marco de esta red de vigilancia, ¿cuestiona en particular el delito de vulneración del confinamiento?

Desafiamos este delito (5) en todos los aspectos. Ya consideramos que la represión es inútil para hacer cumplir las normas instituidas por el estado de urgencia sanitaria, sobre todo en un contexto tan específico como el de la actual epidemia. Además, el hecho de incurrir en una pena de prisión porque no se puede presentar un certificado, porque se ha olvidado el certificado o porque se ha salido de casa quizás no por la razón correcta, nos parece totalmente desproporcionado. Cuestionamos la construcción legal de este delito. Es un OVNI legal. Por otra parte, el Tribunal de Casación transmitió el 13 de mayo al Consejo Constitucional las cuestiones prioritarias de constitucionalidad relativas a este delito, por considerar que podría socavar el principio de la legalidad de los delitos y las penas y la presunción de inocencia.

Hay que recordar que durante el encierro se realizaron más de 15 millones de comprobaciones, que dieron lugar a más de un millón de atestados. Este delito también reveló desigualdades sociales que ya se habían observado en otros lugares. Sena-Saint-Denis ha sido objeto de muchos más controles que otros territorios. Esto afectaba a personas que, económica y sociológicamente, tal vez no podían respetar el confinamiento, así como a otras categorías de la población. Este delito se agravó aún más en virtud de la ley por la que se amplió el estado de urgencia sanitaria, ya que se amplió la lista de personas con derecho a informar. No se trata de implicar a los organismos encargados de hacer cumplir la ley, ya que también pueden tener dificultades porque no todos ellos están capacitados para este tipo de control. Es difícil saber qué está prohibido y qué no. Hay muchos textos que salen regularmente, y la comunicación del gobierno es muy errática. ¿Cómo se puede respetar una regla cuando ésta es tan imprecisa y fluctuante? Además, hoy en día, las reglas no son las mismas en las diferentes regiones. El hecho de que este estado de emergencia sanitaria vaya acompañado de una nueva fuerza de policía sanitaria es de gran preocupación para nosotros.

¿También señala el riesgo de que la excepción se generalice en la misma forma en que funciona la justicia?

Estos son peligros que los ciudadanos no necesariamente perciben. En los procedimientos civiles o penales, por ejemplo, las medidas derogatorias [de los derechos y libertades] se justifican hoy en día en tiempos excepcionales: audiencias por videoconferencia, aumento del número de procedimientos escritos. Entendemos esto mientras sea transitorio, en respuesta a las emergencias sanitarias y la necesidad de medidas de contención. Pero nos preocupa mucho ver que estos métodos despectivos de la actividad jurisdiccional contaminan nuestras operaciones habituales. Cuanto más practicamos estos modos degradados, más nos arriesgamos a acostumbrarnos a ellos. Cuanto más nos acostumbremos a ellos, más fácil será para las autoridades validarlos después.

Por ejemplo, esperamos que muchos de nuestros colegas argumenten que la videoconferencia no es tan mala y que, al final, en nombre de la rentabilidad y ante una cancillería que hace oídos sordos a nuestras llamadas de auxilio, se requiere una justicia deshumanizada. Hay que tener siempre presente, y así se ha demostrado en el pasado, que los regímenes excepcionales sirven de laboratorio para la perpetuación de las derogaciones [de los derechos y libertades]. Las derogaciones son un ataque a las libertades individuales.


(1) El sistema de información para el control de la epidemia de coronavirus. En el texto final no se incluyeron los datos sobre los contactos entre las personas. La recolección de datos se limitará, en particular, al estado virológico o serológico de una persona con respecto al coronavirus. No se pueden almacenar más de tres meses y tampoco podrán alimentar la aplicación informática “StopCovid” aprobada en Francia para rastrear a los usuarios de móviles.

(2) El artículo 2 de la Ley de 23 de marzo de 2020 dice: “Ordenar medidas a efectos de cuarentena, en el sentido del artículo 1 del Reglamento Sanitario Internacional de 2005, de las personas susceptibles de estar afectadas; ordenar medidas de colocación y mantenimiento en aislamiento, en el sentido del mismo artículo 1, que se apliquen a las personas que puedan verse afectadas; ordenar medidas de colocación y mantenimiento en aislamiento, en el sentido del mismo artículo 1, en sus domicilios o en cualquier otro lugar de alojamiento adaptado, de las personas afectadas”.

(3) “La CNCDH recuerda el carácter necesariamente provisional de las medidas adoptadas que atentan contra los derechos y las libertades fundamentales. El período actual no se puede utilizar como laboratorio para la experimentación con miras a generalizar medidas ampliamente impugnadas, ni siquiera permitir que esas medidas se apliquen subrepticiamente. También es importante velar por que se ponga fin a este estado de emergencia lo antes posible y que la duración de las medidas no exceda de lo estrictamente necesario”.

(4) Ley de 30 de octubre de 2017 de refuerzo de la seguridad interior y de lucha contra el terrorismo.

 
(5) Es un delito creado por la ley de estado de urgencia sanitario. Establece que a una persona que ha violado más de tres veces el confinamiento en un período de 30 días, será castigo con seis meses de prisión y una multa de 3.750 euros.

La mitad de las pruebas de anticuerpos del coronavirus son erróneas según los CDC

Si como ya se empieza a admitir, las pruebas de coronavirus fallan más que una escopeta de feria, el resto del montaje pandémico corre la misma suerte y las cifras y “curvas” aparecen como lo que siempre han sido: el decorado de una película de terror.

Ahora, sobre la marcha, como es típico en esta pandemia, una nueva guía publicada en el sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos reconoce que la mitad de las pruebas de anticuerpos utilizadas para determinar si las personas han estado infectadas antes con coronavirus son erróneas.

En cualquier estadística eso no se llama error sino chapuza y a partir de aquí el artículo debería acabar, lo mismo que cualquier debate sobre la pandemia porque no hay tal pandemia. Los tests “no son lo suficientemente precisos para tomar decisiones políticas importantes”, reconocen los CDC.

Estas nuevas pautas de los CDC se hacen eco de los consejos de grupos como la Universidad de Minnesota, que advierten contra el uso de pruebas de anticuerpos para tomar decisiones políticas.

Ya ven que los CDC y la Universidad de Minnesota no se esfuerzan por disimular: las decisiones que adoptan son de naturaleza “política” y, además, se han adoptado sobre fundamentos erróneos.

Una vez que el máximo órgano epidemiológico de Estados Unidos, y por lo tanto del mundo, se baja los pantalones, el resto cae por su peso: el confinamiento también carece de justificación. “Los resultados de las pruebas serológicas no deben usarse para tomar decisiones sobre la agrupación de personas que residen o son admitidas en entornos de congregación, como escuelas, dormitorios o instalaciones correccionales”, dicen los CDC en su web.

“Los resultados de las pruebas serológicas no deben usarse para tomar decisiones sobre el regreso de personas al lugar de trabajo”, añaden.

Pero cuando alguien se mete en un callejón sin salida, el remedio es siempre peor que la enfermedad: a causa de los errores, lo que debe hacer un médico es realizar una segunda prueba. Por aquello de la doble negación dialéctica, recomiendan los CDC, dos errores pueden conducir a un acierto. En otras palabras: si fallas con la primera quiniela, insiste con la segunda porque tienes más probabilidades de acertar.

¿Qué pasa si las dos pruebas son contradictorias? El CDC no aconseja nada, pero nosotros recomendamos a los doctores que en tal caso, como en el fútbol, lancen una moneda al aire para encontrar la solución.

Otro de los ágoras de la medicina moderna, la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos) también ha advertido sobre la falta de precisión de las pruebas de anticuerpos del coronavirus.

Es un clamor pero ya verán que ningún medio de intoxicación se va a hacer eco de esta chapuza.

https://cnnespanol.cnn.com/2020/05/27/las-pruebas-de-anticuerpos-para-coronavirus-dan-resultados-incorrectos-hasta-la-mitad-de-las-veces-dicen-los-cdc/

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Atención censura: Nada más publicar este artículo, la CNN ha retirado de su servidor la página web referenciada. Volvieron a activar el enlace por la tarde.

La referencia original de los CDC estaba en este enlace:
> http://https:0//www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/lab/resources/antibody-tests-guidelines.html

El contenido también ha sido reproducido en otros enlaces diferentes:
> https://sumedico.lasillarota.com/especialidades/la-mitad-de-las-pruebas-de-anticuerpos-de-covid-19-son-erroneas-cdc-coronavirus-covid-19-inmunidad/323718 

> https://mundohispanico.com/cdc-pruebas-de-anticuerpos-covid-19-incorrectas/
> https://www.ezanime.net/coronavirus-las-pruebas-de-anticuerpos-contra-el-coronavirus-pueden-ser-incorrectas-el-50-del-tiempo/

El ejército de Canadá que se ha hecho cargo de los asilos se encuentra con un panorama desolador

Las condiciones en los hogares de ancianos de Ontario afectados por brotes de coronavirus son «profundamente inquietantes», según los informes de los soldados canadienses que ayudan en estos residenciales, dijo el primer ministro Justin Trudeau.

El ejército canadiense desplegó tropas en abril en cinco hogares de ancianos en Ontario, la provincia más poblada del país, para cubrir la grave escasez de personal sufrida durante el apogeo de la pandemia.

“Grave escasez de personal” es un eufemisno que en román paladino significa lo siguiente: si hay una pandemia mortífera, el salario de un trabajador no cubre el riesgo asumido.

Los soldados dijeron que se encontraron con un desprecio flagrante por las medidas de control de infecciones y una atención “horrible” de los ancianos, que por momentos rozaba el abuso.

Los informes hablan de distintas formas de maltrato, con residentes “abandonados con pañales en camas sucias”, llorando por ayuda y en otros casos alimentados a la fuerza, causando asfixia.

“Es profundamente perturbador”. Después de leer el informe, “obviamente tuve una variedad de emociones: ira, tristeza, frustración y dolor. Necesitamos hacer un mejor trabajo de apoyo a nuestros adultos mayores, en su atención a largo plazo en todo el país, durante esta pandemia y más allá”, dijo Trudeau en rueda de prensa.

El informe militar dice que un paciente se habría ahogado mientras comía acostado, en un caso extremo donde los intentos por revivirlo fracasaron.

Los soldados dijeron que encontraron contaminación fecal significativa en numerosas habitaciones de pacientes y pañales sucios que a menudo provocaban “ruptura de la piel”.

Las historias clínicas eran inexactas y las familias recibieron información incorrecta.

Las enfermeras y los trabajadores de apoyo no cambiaban sus mascarillas y otros equipos de protección personal durante varias horas, mientras se movían entre las habitaciones de los pacientes.

Los hogares de ancianos representan alrededor del 80 por ciento de todas las muertes imputadas en Canadá el coronavirus, un país de casi 37 millones de habitantes que superó las 6.700 muertes.

Cerca de 300 médicos y enfermeras del ejército fueron enviados a trabajar en los hogares de ancianos de Ontario. Otros 1.500 fueron a residencias de la provincia de Quebec.

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