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¡ Vivan las caenas !

El Tribunal Constitucional ha dictaminado una obviedad: que el estado de alarma vulnera las garantías y libertades fundamentales. Cualquier demanda que se interponga en un organismo judicial europeo ante los múltiples atropellos propiciados con la excusa de la pandemia, dictaminará lo mismo, porque estamos ante un Golpe de Estado como nunca se había conocido a lo largo de la historia.

Como en España dicho Golpe de Estado lo ha propiciado un gobierno del PSOE y Podemos, y como el demandante ha sido la organización fascista Vox, el jueguecito de los reformistas está servido. Les ha faltado tiempo para mostrarse agarrados al cargo para defender lo indefendible con uñas y dientes, como vienen haciendo desde hace un año.

Han matado a 80.000 personas a lo largo del estado de alarma y gentuza como Ione Belarra no tienen empacho en decir que lo hicieron para “salvar vidas”.

Ahora ya no respetan las decisiones judiciales como antes. Se han dado cuenta de que los magistrados del Tribunal Constitucional son fascistas, mientras que los del Tribunal Supremo que condenaron a los encausados del “procès” por sedición, no lo eran; y los de la Audiencia Nacional, tampoco.

Hemos llegado a tal punto de confusión que, por fin, hemos empezado a hablar de fascismo, pero ya no sabemos quiénes son fascistas y quiénes no. Hace 200 años los revolucionarios salían a calle gritando “¡Libertad!”, mientras a la clerigalla le gustaban las cadenas y grilletes. Ahora la situación ha dado una vuelta de 180 grados.

A los “progres” de pacotilla les ha entusiasmado ver encerrados a 200 jóvenes en un hotel de Mallorca por orden administrativa, que es como el ejército israelí encierra a los palestinos sin cometer ningún delito.

La demagogia reformista consiste en decir que los fascistas son los de Vox. Los del PP sólo son conservadores. Pero todos participan en la misma farsa institucional. Al comienzo Vox criticó al gobierno del PSOE y Podemos porque no había impuesto el estado de alarma y, después de la primera prórroga, en la que votaron a favor, lo siguió criticando por lo contrario.

Suele ocurrir muy a menudo entre los bocazas. Vale todo.

Lo realmente preocupante es que España ha vivido más de un año bajo una ley marcial impuesta por un gobierno reformista, algo que no tiene precedentes. Durante el franquismo los estados de excepción, normalmente, eran de sólo un mes y jamas pusieron un bozal en el hocico de las personas de manera masiva, ni las mantuvieron semanas encerradas en sus casas.

Este gobierno de farsantes, que sacó votos con el engaño de la derogación de la ley mordaza, la aplicó masivamente, imponiendo 1.400.000 multas, lo que tampoco tiene ninguna clase de precedentes históricos.

De esta manera los reformistas son quienes han impuesto el terrorismo de Estado y han dejado la calle para los fascistas, ostentando la bandera de la “Libertad”. Luego se extrañan de que en los barrios populares no les votan y del “auge de la ultraderecha”. Se lo han servido en bandeja.

La sentencia del Tribunal Constitucional es otro fracaso del montaje orquestado en torno a la pandemia y cada día seguirán llegando más, de todos los tipos diferentes, no sólo en forma de papeles, de sentencias judiciales o de artículos científicos, sino de movilizaciones en la calle.

En todo el mundo los estados de emergencia han profundizado una crisis económica anterior que ya no se refleja sólo en despidos masivos, sino en hambre y en familias arrojadas de sus viviendas. Los que han permanecido confinados en sus casas junto a la estufa y al ordenador, deberían pensar en cojer la pancarta y salir a calle de nuevo, como ayer en París.

¿O seguirán con la tontería de que los que salen a calle a protestar contra los pasaportes sanitarios y la vacunación obligatoria son la famosa “ultraderecha”?, ¿seguirán aferrados a las cadenas y quieren que todos hagan como ellos?

El Pentágono trabaja con Moderna para fabricar vacunas a la carta que se puedan vender en la próxima pandemia

Uno de los motivos para prolongar esta pandemia indecentemente ha sido la rehabilitación del buen nombre de la terapia génica, que fue repudiada hace 20 años por su letalidad. No es causualidad que la mayor parte de las vacunas que se han puesto en marcha en occidente, sean de esa misma factura, porque tienen el apoyo financiero del ejército de Estados Unidos, lo mismo que Moderna, una empresa creada ex novo con ese mismo fin.

Hablar de Moderna es lo mismo que hablar del Pentágono. Ahora ambos se han embarcado en el Proyecto Dart o Tecnología de ARN Acelerada Desplegable. Un equipo de 15 científicos del centro de investigación de Moderna en Norwood, Massachusetts, lleva unos meses trabajando con el Pentágono para miniaturizar la producción de vacunas de ARNm.

En el mercado actual los remedios van por delante de las enfermedades. No conocemos la próxima pandemia, pero ya están trabajando para adelantarse a los acontecimientos. Habrá pandemia y tendremos una vacuna preparada.

Seguirá el modelo de la comida rápida: tenemos un amplio menú de fámacos contra cualquier enfermedad que a Usted le diagnostiquen y se lo servimos a domicilio por mensajería casi instantánea. El propio trabajador de reparto le pondrá la inyección intravenosa, sin coste adicional.

Las unidades experimentales Dart se están diseñando para que el proceso de fabricación quepa en un cubo de dos metros y produzca 500 dosis de una vacuna contra prácticamente cualquier virus. Solo hay que introducir el código genético del bicho que se quiere aniquilar, y si aún no se conoce el código genético, no se preocupe: se lo inventan con un ordenador y una base de datos que nadie de dónde ha salido.

Antes una vacuna tardaba ocho años en fabricarse; con el coronavirus hemos pasado ya a ocho meses, según dicen, porque parece que ya estaban preparadas de antemano. La comida rápida no espera a que Usted tenga hambre. El repartidor ya tiene la pizza de aceitunas en su bicicleta antes de que Usted llame por teléfono.

Las fábricas de vacunas serían muy simples y se podrían dispersar por todo el mundo para llevar vacunas en cuanto un “experto” detecte un virus en las aguas fecales de una alcantarilla, o una depuradora, o en los retretes de un bar. Los rastreadores de virus serán un nuevo y prometedor oficio para hurgar en los excrementos y las meadas, en busca de los malvados virus que dejan los usuarios de los inodoros.

Moderna anunció el proyecto en octubre y cuenta con una financiación del Pentágono de 47 millones de euros. La máquina Dart es un robot que genera una plantilla de ADN de longitud completa en un proceso sin células. El ARN mensajero, que constituye la columna vertebral de la vacuna, se fabrica a partir de este ADN.

Esta farmacia militar es capaz de fabricar vacunas en cadena, como quien fabrica zapatos, pero el ejército de Estados Unidos no está solo porque la competencia capitalista es descarnada. El desarrollador de vacunas alemán CureVac trabaja con una filial de Tesla para desarrollar lo que Elon Musk ha llamado “microfábricas de ARN”.

SQZ Biotech también está trabajando en cápsulas de producción de vacunas miniaturizadas.

No hay ninguna prueba que vincule a los murciélagos con el coronavirus

El mito del laboratorio de Wuhan ha acabado tapando otro mito, aún más estrafalario, como el mercado de animales vivos de la misma localidad, donde vendían pangolines, murciélagos y otras especies que los chinos cocinan habitualmente con maestría inigualable.

De los pangolines no sabíamos apenas nada; de los murciélagos estamos saturados de ficciones, tanto en la literatura como en el cine. No hay nada más plástico que situar el origen de una pandemia en los murciélagos, un mamífero volador que chupa la sangre de los humanos y que sólo puede causar desgracias.

Hay unas 1.400 especies de murciélagos en todo el mundo y, a pesar de lo que diga el cine, rara vez entran en contacto con los humanos y forman parte activa de los ecosistemas en los que viven, ayudando a dispersar semillas y polinizar flores.

Con la pandemia la imagen de estos mamíferos alados ha vuelto a sufrir otro golpe, a pesar de que “hasta ahora los científicos no han podido encontrar ninguna prueba que vincule a los murciélagos con el [corona]virus”, como dice un reciente reportaje de Media Line (*). Pero, ¿a quién le importan ahora esos pequeños detalles? Las tonteorías de los “expertos” ya han jugado su papel aterrador, como en las películas de Drácula.

Media Line entrevista a Maya Weinberg y otros veterinarios de un laboratorio de Tel Aviv especializado en murciélagos y califican de conspiranoica la hipótesis según la cual el origen de la pandemia puede localizarse en estos animales.

“La forma en que la comunidad científica se hizo eco de esta teoría fue sencillamente indignante”, asegura Weinberg. “Ha hecho un gran daño a los murciélagos en todo el mundo, especialmente en China, donde perjudicó la percepción pública de estos mamíferos, que ya era mala para empezar”.

Pero en esta pandemia casi todo lo que han dicho los “expertos” es indignante, así que tampoco hay que sorprenderse.

(*) https://themedialine.org/life-lines/covid-19-not-connected-to-bats-israeli-biologists-say/

Las publicaciones científicas aparecen envueltas en los montajes políticos de la pandemia

Durante el año pasado, la hipótesis de que el coronavirus podría no tener un origen “natural” sino “artificial”, es decir, fabricado o fugado del laboratorio de Wuhan, en China, fue tratada como conspiranoica y, como tal, aborrecida y censurada por los comentaristas oficiales.

Sólo los medios más reaccionarios y los partidarios de Trump se atrevieron a insistir en ella.

Pero llegó Biden, un demócrata que se ha empeñado en sostener la hipótesis de la reacción, y en los primeros meses de este año todo ha cambiado. Ahora la hipótesis oficial es lo que antes era conspiranoico.

Sostener el origen “artificial” del virus ya no están tan mal visto porque sirve a la política antichina del imperialismo. No importa que sea verdad o mentira porque el argumento es políticamente impecable: la culpa de la pandemia corresponde a China.

Ahora a los “expertos” les corresponde investigar a fondo hasta demostrar la tesis prefabricada, es decir, contratar laboratorios “prestigiosos” hasta que sean capaces de llevar sus elucubraciones hasta una revista con tragaderas para publicarlo.

Pero una maniobra de esa envergadura huele a podrido desde el principio. No es fácil de digerir, ni quiera para los científicos más vendidos. No pueden dar una pirueta de 360 grados sin que su servilismo se note demasiado.

Una revista como el British Medical Journal ya está sobre aviso y ha abierto una rueda de opiniones con los divulgadores científicos. “¿Han sido los medios víctimas de una campaña de desinfomación”, pregunta el British Medical Journal (1).

La desinformación, pues, ya no es propia sólo de los medios generalistas, sino también de los científicos. Ya no es posible saber si las publicaciones científicas lo son realmente, es decir, si corresponden a una investigación académica o sólo son una continuación de las grandes cadenas de intoxicación política, como la CNN, Der Spiegel, la BBC, el Corriere de la Sera o Sky.

No es algo que haya comenzado ahora, cuando han estirado demasiado la pandemia, que amenaza con reventar sus costuras. La cuestión del “orígen” del coronavirus se torció desde los primeros días, ya que “los investigadores financiados para estudiar los virus con potencial pandémico lanzaron una campaña en la que calificaban la hipótesis de la fuga del laboratorio como una teoría de la conspiración”.

Uno de los que encabezaron esa campaña fue Peter Daszak, el personaje de la foto de portada, presidente de la EcoHealth Alliance, una organización que recibió millones de dólares en subvenciones del gobierno de Estados Unidos para la investigación de los virus y la previsión de pandemias.

Pero como tantos otros tinglados siniestros, EcoHealth Alliance no es nada por sí mismo, ya que a lo largo de los años subcontrató su investigación a científicos de varios laboratorios de nula fiabilidad, de esos que declaran no tener interés económico alguno en los artículos científicos que publican.

Sin embargo, del dinero desembolsado por el gobierno de Estados Unidos, unos 600.000 dólares fueron a parar al Instituto de Virología de Wuhan.

Los “expertos” como Daszak son los matones de la ciencia moderna, los que imponen el canon y silencian a los demás. Poco después de que comenzara la pandemia, Daszak logró acallar el debate sobre la posibilidad de una fuga en el laboratorio con una declaración publicada en febrero de este año en otra revista científica, The Lancet (2).

Era una carta en la que Daszak figuraba como uno de los 27 firmantes, algo que se está convirtiendo en característico de varias disciplinas científicas. “Nos unimos para condenar enérgicamente las teorías conspirativas que sugieren que el COVID-19 no se produce de forma natural”, decían los sicarios de Daszak en aquella carta.

Ninguna de las hipótesis sobre el “origen” del coronavirus tienen ningún carácter científico, como ya hemos explicado tantas veces. No son otra cosa que declaraciones políticas para poner a China contra las cuerdas. Demuestran que la “unanimidad científica” que han aparentado desde el inicio de la pandemia es falsa, y si las peleas internas continúan, el montaje político urdido desde el año pasado se puede desplomar como un castillo de naipes.

Sin ningún lugar a dudas, este montaje se vendrá abajo tarde o temprano, pero los navajazos por debajo de la mesa pueden hacer que caiga de manera rápida y estrepitosa, dejando en ridículo al trío de políticos, periodistas y “expertos” que la ha sostenido.

(1) https://www.bmj.com/content/374/bmj.n1656
(2) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(20)30418-9.pdf

Casi mitad de los británicos opta por la sumisión y la esclavitud indefinida

El 40 por ciento de los británicos quiere que las mascarillas se mantengan indefinidamente pegadas al hocico, según un sondeo de Ipsos Mori para el diario The Economist (1).

Casi la mitad piensa que se debería prohibir permanentemente que las personas no vacunadas pudieran viajar al extranjero.

El 35 por ciento es partidario de mantener la cuarentena y la prohibición de viajar.

Más de una quinta parte de los británicos confiesan que están muy nerviosos por el levantamiento de las restricciones el 19 de julio.

El 19 por ciento es favorable a que el toque de queda nocturno se convierta en permanente.

En otras palabras, el experimento ha tenido un éxito importante. Casi la mitad de la población quiere que la esclavitud sea permanente. Son las consecuencias evidentes de una intoxicacion mediática sostenida durante más de un año.

Los “expertos” que asesoran al gobierno han admitido que han utilizado métodos “totalitarios” y “poco éticos” para inducir un cambio en la conducta de la población a fin de que obedeciera las normas de restricción de derechos.

Dichos “expertos” han confesado que exageraron el riesgo de la pandemia y que sembraron el miedo a la muerte y a la enfermedad.

El cambio en la conducta ha sido masivo y, al menos de momento, parece irreversible en amplios sectores sociales, como los ancianos. Las prolongación de la pandemia, de forma cada vez más artificiosa, con sucesivas olas, trata de forzar la campaña de vacunación con la amenaza de las variantes y la realización de tests a los jóvenes y adolescentes, que “no se han tomado en serio la pandemia”.

¡Vivan las cadenas! La nueva normalidad es una sociedad de esclavos. Veremos la suerte que el futuro les depara a la otra mitad que no acepta someterse como corderos, que no acepta más restricciones, ni más mentiras.

Como dijo Fauci ayer, “no vacunarse es una declaracion política” (2). No obstante, muchos siguen creyendo que vacunarse o no es algo que sólo concierne a la salud.

(1) https://www.economist.com/britain/2021/07/10/some-britons-crave-permanent-pandemic-lockdown
(2) https://www.msn.com/en-gb/news/world/fauci-says-not-getting-a-covid-19-vaccine-is-a-political-statement/ar-AALVD7t

Pandemia: la mayor tregua política y social jamás conocida en la historia

El 17 de marzo del año pasado el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, anunció por televisión la prohibición de todas las manifestaciones callejeras con el pretexto de “luchar contra el virus”.

En aquel momento la “hirak”, las protestas populares contra el gobierno, estaban en pleno apogeo desde un año antes. Pero también en Argelia, la salud está por encima de todo. La pandemia fue un balón de oxígeno que era necesario inventar, porque para frenar las protestas no eran suficientes los antidisturbios.

En efecto, en aquel momento en Argelia la sanidad sólo podía imputar 5 muertes al virus y 67 “casos”, es decir, nada de nada.

“Todos juntos, pero cada uno en su casa”, fue la fórmula que difundió el diario italiano La Republica para que los gobiernos lograran la mayor tregua política y social jamás conocida en la historia. La pandemia ha logrado hacer realidad el viejo sueño de la “paz social”. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Las calles están para que los vehículos circulen.

El gobierno argelino impuso las mismas medidas draconianas que los demás: prohibición de reuniones, cierre de lugares de culto, escuelas, cafés, restaurantes, comercios minoristas, cierre de fronteras…

Los dirigentes de la ‘hirak’ apoyaron la respuesta del gobierno a la pandemia. Un diario independiente, como El-Watan, habló de una “tregua sanitaria”. El movimiento saltó a las redes sociales, es decir, se metió en una ratonera de denuncias retóricas: la gestión del gobierno era mala, había más muertos de lo que decían las cifras oficiales…

En Argelia la pandemia logró lo que la policía no había alcanzado: vaciar las calles, silenciar las protestas. “Un consenso tácito está en vías de formarse para suspender la ‘hirak’ durante tres o cuatro semanas”, decía uno de los representantes del movimiento en las redes sociales.

Otro pedía ingenuamente que el gobierno también decretara una tregua por los mismos motivos. La salud es un valor supremo y un motivo de “unidad nacional”, escribía en Facebook el vicepresidente de la Liga argelina de Defensa de los Derechos Humanos.

Pero el toque de queda no frenó la represión política. La policía aprovechó la situación para detener a algunos dirigentes del movimiento, incluidos los que habían devuelto a los manifestantes a sus casas porque “la salud está por encima de todo”.

La policía, los fiscales y los jueces les demostraron que la salud no está por encima de todos, sino sólo de algunos.

Los incautos creyeron en la pandemia y creyeron también que sus estragos pondrían de manifiesto el pésimo estado de la sanidad y los hospitales, lo que redoblaría las energías y las movilizaciones.

También creyeron en la tregua, es decir, en que después de quedarse en casa durante meses, millones de personas volverían a salir a la calle. No ha ocurrido nada de eso. Ahora la iniciativa la tiene el gobierno. Quien se la ha servido en bandeja no ha sido un virus, ni un toque de queda, sino los reformistas que encabezaban el movimiento y a las primeras de cambio se volvieron a casa.

No sólo ha ocurrido en Argelia. ¿Recuerdan a los chalecos amarillos en Francia? En todo el mundo ha ocurrido lo mismo. Los gobiernos más reaccionarios no serían nada sin el apoyo de esos reformistas que protestan… hasta que llega un virus invisible y terrorífico que lo estropea todo.

La policía ugandesa ha asesinado a dos vendedores ambulantes para imponer el confinamiento

A finales de junio el gobierno ugandés declaró un confinamiento de 42 días con el pretexto de un aumento de “casos” de coronavirus en el pais, aunque fueron muchos los que violaron las restricciones para viajar a Kampala, la capital, porque tienen que comer todos los días.

La imposición de la orden de confinamiento ha sido brutal. Al menos dos vendedores ambulantes han sido asesinados por la policía. Más de 200 personas fueron detenidas mientras trabajaban en el centro de la ciudad.

“Nos movemos porque no tenemos nada que comer, pero ¿y si tuviéramos algo que comer? No podíamos ser arrestados. Nos detienen porque lo único que hacíamos era movernos, vender para conseguir algo de comer”, dijo Musa Kalyango, un vendedor ambulante de 30 años.

La policía ugandesa controla la prohibición de desplazarse entre los barrios y patrulla por el centro de la capital para hacer cumplir el nuevo toque de queda. Tiene la orden de detener e incautar los bienes pertenecientes a los vendedores ambulantes. En ocasiones han dispersado a los vendedores ambulantes que violan el confinamiento.

“Las órdenes consisten en asegurarse que los vendedores ambulantes no se instalaran en el borde de la carretera, pero desgraciadamente encontramos a muchos haciéndolo y más de 200 fueron detenidos”, dijo Luke Owoyesigire, portavoz de la policía de Kampala.

Muchas personas ya no pueden seguir trabajando. La policía y el ejército ugandeses se han desplegado para expulsar a la gente de las carreteras que conducen a Kampala. También hay controles de carretera en todas las fronteras de los barrios. Las restricciones a los viajes han afectado a los pequeños comerciantes.

En Uganda el 69 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día y se ve obligada a pasar hambre por los organismos financieros internacionales y la corrupción política.

En virtud del nuevo confinamiento, sólo se permite la apertura de farmacias, supermercados y otras tiendas de productos de primera necesidad.

El transporte público también está suspendido, y sólo los transportistas de carga y los vuelos están exentos de la prohibición.

Uganda pidió un préstamo casi 1.000 millones de dólares el año pasado con el pretexto de la “lucha contra el covid”, pero una auditoría ha revelado que se robaron millones o se gastaron indebidamente.

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial conceden créditos de cientos de millones de dólares a los países con la condición de imponer estrictos confinamientos y restricciones a los movimientos de la población civil. Hace unos meses a Bielorrusia le ofrecieron un préstamo de 940 millones de dólares, que el presidente Lukashenko rechazó.

—https://www.africanews.com/2021/06/25/uganda-arrests-street-vendors-defying-virus-lockdown//

La salud no está por encima de la economía

El confinamiento y demás restricciones sanitarias han transformado a España en el país con la mayor tasa de paro juvenil de toda la OCDE, según el último informe sobre empleo de dicha Organización. Durante los primeros cuatro meses de pandemia, el paro subió entre los más jóvenes (de 16 a 24 años) en más de diez puntos, pasando del 31,5 por ciento en el que se encontraba en el comienzo de la pandemia, hasta escalar a un máximo del 42 por ciento.

Dicho incremento fue el triple que el experimentado por los mayores de 25 años. “Los jóvenes más afectados fueron aquellos que entraron en el mercado laboral en el periodo de la pandemia, que no consiguieron encontrar su primer trabajo en un contexto de pocas contrataciones”, explica el informe.

Actualmente, la tasa de paro entre los menores de 24 años está en el 38 por ciento, lo que coloca a España por delante de Grecia (34,2 por ciento, según el dato de diciembre de 2020), que fue el que ocupó el primer puesto durante gran parte de 2019.

La media de desempleo juvenil de la OCDE se sitúa en el 14 por ciento, un porcentaje que España duplica con creces.

España redujo un 14 por ciento su presupuesto dedicado a políticas activas de empleo.

Los ERTE sirvieron para mantener contentos y callados a unos 60 millones de trabajadores en el conjunto de países miembros de la OCDE, lo que supone el 20 por ciento de toda la fuerza de trabajo.

Durante el pico máximo de uso de los ERTE en España, estos se aplicaron a un 20 por ciento de los puestos de trabajo, número muy similar al de la media de los países de la OCDE. El cifras absolutas, más de tres millones de trabajadores cayeron en los ERTE en los comienzos de la pandemia.

Además, las restricciones han llevado a la quiebra a una de cada veinte pequeñas y medianas empresas. Entre los trabajadores de las pequeñas empresas, el 27 por ciento ha tenido que acogerse a los ERTE para no morirse de hambre.

Noruega ha comenzado a indemnizar a tres víctimas de la vacuna de AstraZeneca

Noruega ha comenzado a indemnizar a tres víctimas de las reacciones adversas severas a la vacuna de AstraZeneca que han reclamado una compensación económica. Otros 77 casos siguen pendientes de tramitación, de los que 50 fueron vacunados con AstraZeneca.

Ocho de las reclamaciones se refieren a personas fallecidas tras recibir las inyecciones.

El Sistema Noruego de Indemnización a Pacientes (NPE) lo anunció el viernes oficialmente y espera recibir aún más reclamaciones entre los afectados por las vacunas en general, y por las de AstraZeneca, en particular.

El NPE confirmó que las vacunas de AstraZeneca, que actualmente está suspendido en Noruega, provocó graves casos de coágulos sanguíneos y bajos recuentos de plaquetas entre las víctimas, una de las cuales falleció.

Dos trabajadores sanitarios -que formaban parte del grupo prioritario de vacunación- se encuentran entre los que experimentaron reacciones adversas tras recibir una dosis de la vacuna.

Ambas trabajadoras fueron trasladadas al hospital en marzo y una de ellas, de unos 40 años, murió.

Otro solicitante, un hombre anónimo de unos 30 años, sigue sufriendo graves reacciones inmunológicas como consecuencia de la inyección. “Me ingresaron en el hospital con mucho dolor. Fue aterrador seguir las noticias sobre otras personas que acababan de morir por la misma vacuna”, dijo la víctima.

Rolf Gunnar Jorstad, director de la NPE, anunció que estaban calculando el importe de las indemnizaciones a pagar, afirmando que la relación entre las lesiones y la vacuna había sido establecida y confirmada por el personal médico.

Jorstad también dijo que la familia de la mujer fallecida cobraría los gastos de su funeral.

En Noruega se han presentado hasta ahora 77 demandas de indemnización a las víctimas de las diversas vacunas contra el coronavirus. Más de 50 de dichas reclamaciones se refieren a la vacuna de AstraZeneca, mientras que el resto están relacionadas con las de Moderna y Pfizer.

A finales de junio se habían registrado más de 16.000 reacciones adversas a las vacunas, según la Agencia Noruega del Medicamento (NMA). Estas reacciones van desde las leves, como los dolores de cabeza, hasta las fiebres graves, pasando por los coágulos de sangre, la parálisis y la anafilaxia.

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