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La tasa europea de mortalidad ha descendido respecto a los tres años anteriores ¡en plena pandemia!

Ayudada por los “expertos”, la prensa española está haciendo un enorme esfuerzo con las cifras. “La Covid-19 es ya la primera causa de muerte en España”, dice El País (1).“La epidemia de coronavirus casi dobla la mortalidad media en estas fechas en varias zonas de España”, dice ElDiario.es (2)

“La mortalidad sube en España en marzo al menos un 17 por ciento”, dice El Confidencial (3).

El típico apaño con los números es inútil. Hasta la fecha las estadísticas lo que muestran es que en 24 países europeos no sólo no hay una tasa de mortalidad superior a la de años anteriores, sino que se ha reducido. Sí, señores, en plena pandemia.

Así lo asegura el Centro Europeo de Vigilancia de la Mortalidad Excesiva para la Acción Sanitaria Pública (EuroMOMO), una asociación internacional de organismos de 24 naciones europeas para promover la preparación para las emergencias de salud pública.

La web de dicho centro no sólo publica los datos de manera detallada (4), sino mapas desglosados por grupos de edad y por regiones (5), en los que aparece claramente que Italia y España son algunos de los países donde las cifras son más abultadas, lo cual obligará a explicar la manera en que han elaborado los recuentos. Habrá mucho tiempo para ello.

El mapa expone el “exceso de mortalidad”, es decir, el número de muertes registradas oficialmente en comparación con la tasa media de mortalidad.

No obstante, la gran mayoría de los países europeos no muestran ningún exceso, lo cual significa que el número de muertes es igual o inferior a los niveles de años anteriores.

Por supuesto, las cifras pueden cambiar en las próximas semanas, pero hasta ahora lo que se puede decir es que en Europa la tasa de mortalidad se ha reducido con respecto a los tres años anteriores.

(1) https://elpais.com/ciencia/2020-03-30/la-covid-19-es-ya-la-primera-causa-de-muerte-en-espana.html
(2) https://www.eldiario.es/sociedad/epidemia-coronavirus-mortalidad-varias-Espana_0_1010699071.html
(3) https://www.elconfidencial.com/espana/2020-03-27/aumento-mortalidad-coronavirus-espana_2521640/
(4) https://www.euromomo.eu/outputs/number.html
(5) https://www.euromomo.eu/slices/map_2017_2020.html

Más información:
– No hay ninguna pandemia: no hay un número extraordinario de muertes por coronavirus

Alemania es ‘un estado de higiene histérico y fascista’

El grupo suizo SWPRS, que se dedica a denunciar la intoxicación mediática de las grandes cadenas, afirma que las noticias sobre el colapso de las Unidades de Cuidados Intensivos en Alemania son falsas (1). No hay un aumento del volumen de ocupación (2).

Los periodistas de SWPRS han visitado personalmente los centros de admisión de pacientes de coronavirus en Berlín, que están “completamente abandonados”, según han registrado en un vídeo publicado en YouTube (3).

(Inmediatamente después de publicar este artículo, dicho vídeo ha sido censurado y eliminado de YouTube).

El trabajador de una de esas clínicas de Munich les explicó que habían “esperado durante semanas a que llegara la ola”, pero que no había “ningún aumento en el número de pacientes”. Dijo que las declaraciones de los políticos no se correspondían con su propia experiencia y que el “mito del virus asesino” no se ha confirmado.

En Estados Unidos la cadena CBS también ha falsificado una noticia sobre el colapso de los hospitales en Nueva York con imágenes de los hospitales italianos (4).

El infectólogo y director del Centro Médico de la Universidad de Hamburgo-Eppendorf, el doctor Ansgar Lohse, pidió que se pusiera fin rápidamente a los toques de queda y a las prohibiciones de contacto. Argumenta que si las informaciones fueran ciertas, debería estar infectada con el coronavirus mucha más gente. Los jardines de infancia y las escuelas deben reabrirse lo antes posible para que los niños y sus padres puedan ser inmunizados contra la infección por coronavirus (5).

El experto en derecho constitucional Hans Michael Heinig advirtió que “el estado constitucional democrático podría convertirse en poco tiempo en un estado de higiene histérico y fascista” (6).

El profesor Christoph Möllers, de la Universidad Humboldt de Berlín, explica que la Ley de protección contra las infecciones “no puede servir de base para restricciones tan severas de los derechos de libertad de los ciudadanos”.

Según el antiguo presidente del Tribunal Constitucional, Hans Jürgen Papier, “las medidas de emergencia no justifican la suspensión de las libertades civiles en favor de un Estado autoritario y de vigilancia”.

Los periodistas de SPWRS han lanzado peticiones en línea a varios países para poner fin a los toques de queda y otros atentados de los derechos fundamentales. Al mismo tiempo, se están suprimiendo cada vez más las contribuciones críticas en vídeo, incluso a los médicos que critican las políticas sanitarias que se están implementando.

Una manifestación en defensa de los derechos fundamentales en Berlín, durante la cual se distribuyó la Constitución alemana, fue disuelta por la policía (7).

El siglo XXI ha comenzado con una desvergüenza detrás de otra. Mentiras, mentiras, mentiras, mentiras, más mentiras… y todos a callar como perros y a seguir hasta donde les lleve la corriente.

(1) https://swprs.org/a-swiss-doctor-on-covid-19/
(2) https://www.divi.de/register/intensivregister
(3) https://www.youtube.com/watch?v=WiJszJmGdxY [censurado y eliminado]
(4) https://www.theblaze.com/news/cbs-news-footage-italy-hospital-nyc
(5) https://www.mopo.de/hamburg/uke-infektiologe-fordert-es-muessen-sich-mehr-menschen-mit-corona-infizieren-36483636
(6) https://www.focus.de/politik/deutschland/corona-regelungen-der-regierung-medizin-darf-nicht-gefaehrlicher-sein-als-die-krankheit_id_11827625.html
(7) https://kenfm.de/berliner-corona-demo-strafbar-aufgeloest-aber-froehlich/

Un Presidente altamente contagioso: Franklin Delano Roosvelt

En la foto, tomada en Yalta, en el último año de la Segunda Guerra Mundial, Roosvelt, Churchill y Stalin posan sentados. Desde que Roosvelt quedó paralizado por la polio en 1921, sólo hay dos fotos suyas en silla de ruedas. Nunca consintió posar de otra manera e hizo todo lo posible por disimular su parálisis.Los políticos burgueses son forma sin contenido. No son ellos mismos sino su imagen pública, de cara al exterior, pendientes a cada minuto de la pose y de ser recordados para la posterioridad de una cierta manera. En público Roosevelt caminaba con un bastón o sostenido por unas tablillas ortopédicas; en privado, se movía en una silla de ruedas.

Hay un libro de Hugh Gregory Gallagher que detalla los esfuerzos de Roosevelt por aparentar en público que podía caminar con normalidad (1).

El Presidente tenía polio, una enfermedad que la OMS y los manuales de medicina aseguran que es “muy infecciosa” (2). La Wikipedia dice que es “altamente infecciosa” (3). Entonces, ¿cómo consintieron que un político como Roosvelt participara en numerosos actos públicos?, ¿cómo no le impusieron una cuarentena?, ¿cómo es posible que participara en reuniones al más alto nivel como la de Yalta?, ¿Churchill y Stalin no sabían que su colega tenía polio?, ¿no tenían miedo al contagio?, ¿se vacunaron?, ¿o la polio no es contagiosa como quieren hacer creer?

Roosevelt quedó paralizado por la polio en 1921. Los historiadores dicen que se inició en ambas piernas y luego le llegó a alcanzar el pecho. No era un niño; tenía 39 años, por lo que la imagen de la polio asociada a la infancia es un poco extraña.

El médico que diagnosticó a Roosvelt fue Robert Lovett, una eminencia en materia de polio que no supo explicar quién fue el “paciente cero”, ni de dónde provino el contagio del futuro Presidente, si es que lo hubo.

Roosvelt nunca fue sometido a cuarentena. La parálisis no le impidió convertirse en gobernador del Estado de Nueva York en 1928 y ser el único presidente de Estados Unidos elegido cuatro veces, ejerciendo su cargo de 1933 a 1945, es decir, en una época crucial del siglo pasado que va de la Gran Depresión de 1929 a la guerra mundial.

Da la impresión de que nadie le contagió y él tampoco contagió a nadie, lo que es bastante extraño en una enfermedad tan contagiosa. Pero en el mundo de los contagios nadie hace preguntas, nadie obtiene respuestas y nadie se atreve con insinuaciones. Todo queda en el aire.

Como cualquier enfermo, Roosvelt intentó toda clase de curaciones, tanto los remedios convencionales como los más alternativos. En 1926 compró una propiedad en Warm Springs, Georgia, donde fundó un centro de hidroterapia para poliomielíticos, el Instituto Roosevelt de Warm Springs para la Rehabilitación, que sigue funcionando hoy en día (a pesar de que la enfermedad ha sido erradicada, o casi, o al menos eso aseguran los manuales).

Roosvelt no murió de polio sino de una hemorragia cerebral, pero si su fallecimiento hubiera ocurrido hoy, los médicos dirían que la causa fue el poliovirus, que sólo mata a ratos, o más bien nunca. No hay más que leer la rocambolesca historia que cuenta la Wikipedia: aunque los polivirus ya se detectaron hace miles de años, “no hay evidencias de poliomelitis [sic] en poblaciones humanas hasta hace 200 años donde aparentemente el virus se extendió mundialmente” (3).

¿Que ocurrió en el mundo para que cambiara drásticamente una situación sanitaria que se había mantenido durante miles de años (en realidad desde siempre) sin ninguna clase de complicaciones? La respuesta es el desarrollo del capitalismo y sus secuelas: hambre, trabajo extenuante, vivienda insalubre, contaminación, suciedad, urbanización inexistente, ratas, falta de agua potable…

En 1907 y 1916 se desataron sendas “epidemias de polio” en Nueva York, donde impusieron la cuarentena, la policía se adueñó de las calles y a la población le metieron en el cuerpo mucha más histeria que virus. “Prohibido a todos los niños el acceso al cine a causa de la guerra contra la parálisis”, decía un titular del New York Times del 4 de julio de 1916. Se movilizaron todos los recursos imaginables, excepto uno: el de saciar el hambre en los barrios más pobres de la ciudad.

El poliovirus tapa las lacras del capitalismo y van pasando décadas y seguimos igual. No importa que la doctrina fracase. Como el poliovirus no explica nada, algunos expertos siguen buscando otras cortinas de humo, de tal manera que han convertido la enfermedad de Roosvelt en el cuento de nunca acabar (4).

En 2003 el doctor Armond S. Goldman, de la Universidad de Texas, dijo que el diagnóstico de Roosvelt había sido erróneo (5). Los mejores especialistas de la época se habían equivocado al tratarle. No tenía polio sino el Síndrome de Guillain-Barré, que es como desvestir a un santo para vestir a otro.

Lo mismo que sus predecesores, Goldman se puede pasar la vida publicando artículos parecidos para inflar su curriculum académico. Es otro chiste. Los restos de Roosvelt no han sido exhumados, nunca fue objeto de ningún examen de laboratorio y casi todos los registros médicos, que estaban guardados en una caja de seguridad en el Centro Médico Militar Walter Reed, desaparecieron poco después de su muerte. Se supone que fueron destruidos por su médico personal, el almirante Ross McIntire.

Desde hace un siglo, la historia de la polio y demás enfermedades calificadas como “contagiosas” es la de un ridículo espantoso detrás de otro. En Nueva York llegaron a matar a 3.700 perros y gatos en un solo día en 1916, creyendo que eran el foco de la enfermedad.

En los años cincuenta llevaban a cabo fumigaciones masivas con DDT, una sustancia altamente tóxica, en las ciudades de Estados Unidos para combatir la polio, creyendo que el foco infeccioso se había trasladado de los perros y gatos a… los mosquitos.

Las cuarentenas son para los demás. En Estados Unidos aislaron a una ciudad entera del tamaño de Nueva York y no lo hicieron con una única persona: Roosvelt. Que nos lo expliquen.

(1) http://shatnerstoupee.blogspot.fr/2012_06_01_archive.html
(2) https://www.who.int/topics/poliomyelitis/virus-vaccines/es/
(3) https://es.wikipedia.org/wiki/Poliovirus
(4) http://io9.com/5958933/franklin-delano-roosevelt-probably-didnt-have-polio-after-all
(5) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14562158

Más información:
– Contagio: la oscura historia de las enfermedades mediáticas

No hay ninguna pandemia: no hay un número extraordinario de muertes por coronavirus

“No da tiempo a enterrar cada día a todos los muertos que hay en Madrid”, dijo el 28 de marzo el alcalde Almeida (1), un personaje execrable desde cualquier punto de vista que se le mire. Es terrible. El Estado burgués no se preocupa de los sanos, abandona a los enfermos y no es capaz de enterrar a los muertos. Ha llegado el momento, pues, de poner nuestras esperanzas en otro sitio. Ahora bien, como no podía ser de otra manera, la frase inducía a pensar que en Madrid hay ahora muchos más muertos que antes de la pandemia, lo que por sí mismo confirma su existencia. ¿No han visto Ustedes en Bérgamo a los camiones militares italianos repletos de cadáveres? Nunca se había visto nada parecido. ¿No han habilitado la Casa de Cristal en Madrid para almacenar cadáveres?, ¿han visto esas filas de ataúdes, uno detrás de otro?, ¿no tienen ojos en la cara o qué les pasa?

El 11 de setiembre de 2001 también vimos con nuestros propios ojos a los aviones estrellarse contra las Torres Gemelas en Nueva York después de haber sido secuestrados por unos terroristas enviados por Bin Laden. Por eso nos ha llamado la atención un artículo del doctor John Lee afirmando que “la televisión no es ciencia”. No sólo vemos con los ojos sino con nuestra cabeza, por lo que además de ver la tele, hay que reflexionar un poco.

Lee es profesor de patología y asesor del sistema de sanitario británico y ha escrito un artículo (2) afirmando que no hay ningún exceso de muertes por coronavirus en ningún país del mundo. Para hablar de pandemia no basta decir que muchas personas están muriendo, sino que están muriendo más de las que cabría esperar si no la hubiera, es decir, que la tasa de mortalidad es mayor que en años anteriores.

No está ocurriendo eso. A escala mundial, cabría esperar la muerte de 14 millones de personas en los tres primeros meses de este año y han muerto 18.944 por coronavirus: el 0,14 por ciento del total. En Gran Bretaña esperaban 51.000 muertos para este mes y se imputan al coronavirus 422 fallecimientos: el 0,8 por ciento del total previsto.

No cabe duda de que esas cifras aumentarán en el futuro pero, como bien dice Lee, en ningún caso justifican la imposición del terrorismo de Estado en todo el mundo. Al menos hasta este momento, y mucho tendrá que aumentar el número de muertos para respaldar el salvajismo desatado con el pretexto sanitario.

De momento no parece que el escenario vaya a ser apocalíptico. La tasa de mortalidad en Gran Bretaña es del 5 por ciento, un porcentaje que es pura ficción porque han cambiado por decreto tanto la manera de hacer las pruebas como el registro de fallecimientos.

La primera cuestión ya la hemos expuesto en otras entradas anteriores y es algo admitido oficialmente en varios países. En cuando a la segunda, dice Lee, la burocracia sanitaria también ha cambiado la lista de enfermedades de declaración obligatoria. Antes, cuando una persona moría de una infección respiratoria, la causa específica de la infección no se registraba en Gran Bretaña. La causa del fallecimiento se consignaba como cáncer, por ejemplo.

Ahora el coronavirus, a diferencia de la gripe, está en el listado de enfermedades de declaración obligatoria y los médicos atribuyen al virus las muertes policausales en las que está presente. El enfermo no ha muerto con coronavirus sino a causa del coronavirus y así las cifras de fallecidos se inflan.

A nadie le cabe ninguna duda de que la muerte es un fenómeno “natural”. Lo que a muchos se les pasa por alto es que, además, es un fenómeno sanitario: el médico debe extender un certificado de defunción en el que consta la causa de la muerte. El certificado cambia según la política sanitaria, los reglamentos y las órdenes que dictan los gobiernos y que los médicos están obligados a seguir. El certificado se lleva al registro civil, otro organismo burocrático en el que se basan las estadísticas. Finalmente está la OMS que, a golpe de presiones y reuniones, convierte a una enfermedad en una pandemia, y cambia los criterios para meter o quitar a una enfermedad de la lista negra.

Antiguamente la OMS tenía un sistema de alertas con seis fases, de las cuales la última, la sexta, correspondía a una pandemia. Así ocurrió en 2009 con la gripe A/H1N1. Ahora ya no es así.

Una pandemia tampoco es sólo un fenómeno de la naturaleza sino de la sociedad. Es una decisión política que, como cualquier otra, puede ser correcta o no. En el caso del coronavirus no lo es, entre otras razones porque hay muchos más “contagiados” y muchos más muertos por otras enfermedades y la OMS no ha lanzado ninguna alarma.

(1) https://www.elespanol.com/espana/politica/20200328/almeida-no-tiempo-enterrar-dia-muertos-madrid/477953673_0.html
(2) https://www.spectator.co.uk/article/The-evidence-on-Covid-19-is-not-as-clear-as-we-think

Más información:
– La tasa europea de mortalidad ha descendido respecto a los tres años anteriores ¡en plena pandemia!

Lo que ha convertido al coronavirus en una pandemia es la multiplicación de tests

Cuando buscas virus los encuentras por todas partes. Cada minuto que respiras, introduces 400.000 virus en tus pulmones, y da igual que te pongas mascarilla o no.Si buscas en los océanos, encontrarás más virus en un milímetro cúbico de agua salada que estrellas hay en todo el universo visible, muchísimos más.

Si los buscas en el interior de tu cuerpo humano, también los encontrarás. Hay tantos que deberás saber lo que buscas. Debes centrarte en algo en concreto porque cada tipo de “caza” necesita una “escopeta” diferente.

Recurriendo a los informes anuales del Instituto Robert Koch sobre la gripe en Alemania, el doctor Richard Capek concluye que la tasa de positivos cambia en el transcurso de la estación. Pasa de entre un 0 y un 10 por ciento a un 80 por ciento, para volver luego a la normalidad después de unas semanas.

Por el contrario, sostiene Capek, con el coronavirus no está ocurriendo lo mismo. El número de personas que dan positivo en relación con el número de pruebas realizadas permanece constante en todos los países que ha estudiado hasta ahora (*).

En función de cada país, la proporción de personas que dan positivo en las pruebas de coronavirus se sitúa entre el 5 y el 15 por ciento. Según Capak, esto significa que no existe una propagación exponencial, epidémica, del virus sino un aumento exponencial del número de pruebas.

El gráfico que elabora Capek induce a concluir que, en efecto, lo que hay es una epidemia de tests. Pero ya saben que correlación no es causalidad, ¿verdad? Es casualidad. Pura casualidad.

(*) https://coronadaten.wordpress.com/

El vidente que profetizó la pandemia con tres años de antelación: el gran Anthony Fauci

El doctor Anthony Fauci, director del Instituto de alergias y enfermedades infecciosas de Estados Unidos, representa muy bien al científico moderno, muy alejado de la imagen que la mayoría tiene de lo que es un “hombre de ciencia”.

Fauci lleva muchos años en la cúspide de un país que es, en sí mismo, la cúspide. Es mucho más que un mero asesor científico. Es un monaguillo confeso de Hillary Clinton, y Trump le mantiene en su cargo porque no le queda más remedio. En ningún momento ha logrado librarse de la gangrena incubada en los tiempos del dúo Obama-Clinton, por más que pasan el tiempo amargándole la vida.

En 2013, en un correo electrónico desclasificado del Departamento de Estado, al que hace referencia WikiLeaks, Fauci le envía a Hillary Clinton vibrantes deseos de recuperación. Le dice que la quiere y que está “muy orgulloso de conocerla”.

Unos días antes de la toma de posesión de Trump en enero de 2017, Fauci lanzó una asombrosa profecía en Healio, una publicación que se presenta como un portal de información para médicos especialistas en enfermedades infecciosas. Declaró que el Presidente de Estados Unidos se enfrentaría “sin duda” a un “brote sorpresivo de enfermedades infecciosas durante su presidencia”.

“Seguramente nos sorprenderemos mucho en los próximos años”, dijo agitando su bola de cristal, o quizá echando las cartas del Tarot, al más puro estilo científico contemporáneo.

Para disimular sus tonteorías, Fauci se basaba en la frecuencia de casos anteriores de enfermedades infecciosas. El ejemplar de Healio estaba en la línea de esos blogs, adalides de la ciencia pura, que se dedican a despotricar contra lo que llaman “magufería”, seudociencia, antivacunas, ufólogos, conspiranoicos y demás.

“Trump se ha alineado con el movimiento anti-vacunación”, decía Healio. La sartén le decía al cazo…

La polémica expresaba las presiones a las que está sometida la industria médica y farmacológica, especialmente intensa tras los intentos de Obama por introducir un poco de sanidad pública en Estados Unidos, es decir, por pillar cacho.

Ese es el terreno en el que una vedette como Fauci se mueve a en su mejor ambiente. El 22 de marzo, en una entrevista a la revista Science, el reportero le lanza una buena pregunta: “¿Cómo ha impedido que le despidan?” En la respuesta el científico mencionaba a su jefe: “Simplemente no puedo saltar al micrófono y empujar” a Trump.

Políticos y científicos, republicanos y demócratas, vacunas y antivacunas… Una multinacional nunca pondría todos los huevos en una única cesta.

Hace unos días, en otra entrevista, Fauci aconsejaba a los estadounidenses que se quedaran en sus casas. Nosotros le pedimos lo mismo: quédate en tu casa.

Nos quedamos con las ganas de seguir contando batallitas de este saltimbanqui de la política y la ciencia modernas, pero lo dejamos para otra ocasión (que la habrá).

Un virus como pretexto para dar un golpe de Estado y aplastar a la disidencia política

Esta mañana hemos desayunado café con churros y con un largo reportaje de la agencia Associated Press, o sea, un portavoz del imperialismo que se titula así precisamente: “El virus como pretexto para aplastar la disidencia” (*). Muy mal tienen que estar las cosas en el mundo para que nos sirvan este tipo de informaciones desde la primera hora de la mañana. Hasta ellos mismos se están asustando de la manada de lobos que han sacado a patrullar las calles, mientras obligan a la población a recluirse en sus casas.

Una noticia así, que es absolutamente cierta, tiene que tener truco. En este caso consiste en poner en marcha el ventilador: todo el mundo está haciendo lo mismo, pero especialmente ciertos países del Eje del Mal. En este caso le toca el turno a Serbia que, como todos, aprovecha la histeria para su propio ajuste de cuentas político.

“Desde que el presidente Alexandar Vucic anunció el 15 de marzo un estado de emergencia indefinido, el parlamento ha sido marginado, las fronteras cerradas, se ha impuesto un toque de queda de 12 horas controlado por la policía y se ha prohibido a los mayores de 65 años salir de sus casas”, dice la agencia en referencia a Serbia.

Hay gobiernos que no se andan con rodeos, pero el más “estricto” no es precisamente Serbia porque el toque de queda es de sólo 12 horas y sólo han confinado a los ancianos. En otros sitios de Europa confinan a todos (enfermos, sanos y grupos de riesgo) y el toque de queda es indefinido.

Pero aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el Presidente no escatima amenazas y advierte a sus ciudadanos “que los cementerios de Belgrado no serán lo suficientemente grandes para enterrar a los muertos si la gente ignora las órdenes de cierre de su gobierno”. Vucic no se anda con rodeos y dice a las claras lo que otros sólo insinúan.

Ni en Serbia ni en ningún otro lugar las medidas adoptadas son realmente un estado de excepción a la antigua usanza, una medida temporal. La paranoia es a cada minuto. El Presidente serbio está todos los días delante de los micrófonos, aprobando un decreto detrás de otro porque para eso tiene plenos poderes. Allí la oposición le critica porque les ha quitado el trozo del pastel que les corresponde.

Según la Constitución serbia, el Presidente carece de potestad gubernativa, pero da igual porque estamos ante un golpe de Estado en toda regla, al estilo boliviano, que es el estilo del siglo XXI. Antes Vucic era una figura testimonial y ahora es que pincha y corta en exclusiva, por encima del Primer Ministro.

Además de la oposición, los defensores de los derechos humanos también lamentan los “abusos” y los “excesos” que ocurren en países apestosos, como Serbia. La ley marcial está justificada por la “crisis sanitaria”, pero no hay que pasarse y recemos para que luego todo vuelva por sus fueros.

Tanto en la economía como en la política burguesa la noción de “crisis” funciona de esa manera. Cuando sobreviene les pilla de sorpresa porque creen en la mano invisible de Adam Smitih, de modo que todo de fluir por sí mismo y la crisis es una excepción, una emergencia. Entonces le buscan explicaciones a la crisis. Pero cuando la crisis se hace permanente, la propia crisis explica todo lo demás.

¿Por qué hemos impuesto la ley marcial? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué hemos cerrado las fronteras? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué están colapsados los hospitales? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué se hunde la bolsa? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué hay cinco millones de parados? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué cierran las empresas? Por la crisis sanitaria. ¿Por qué imponen la censura? Porque hay desaprensivos que difunden noticias falsas sobre la crisis sanitaria…

No pregunte más. ¿Qué le ocurre a Usted?, ¿no ve la tele? ¿no se ha enterado de que hay una pandemia?, ¿no se da cuenta de que la situación es muy seria?

Fíjense bien en la seriedad de todo esto: en Serbia hay 800 casos de coronavirus y 16 muertes, pero los gobiernos dictatoriales, como Serbia, China o Rusia, siempre manipulan las cifras, que por lo tanto, deben ser muy superiores.

Lamentablemente, en el caso de Serbia, quien da las cifras es la Universidad Johns Hopkins. Lo realmente significativo de todo esto es que se haya producido un golpe de Estado por 16 muertos y 800 contagiados que, en su mayor parte, dice la agencia de prensa, no tienen ningún síntoma o son muy leves.

(*) https://apnews.com/dffb2fa43d0c5fddc4508f2558603e67

Las cadenas de supermercados especulan con bienes de primera necesidad y disparan los precios

Hay un importante aumento en los precios de una verdulería de Bilbao tras decretarse el confinamiento. Un intermediario de la plaza de abastos más grande del Estado, Mercamadrid, constata este vertiginoso incremento, posiblemente desencadenado por las grandes superficies.

En quince días, el precio del calabacín en Mercamadrid ha aumentado un 273 por ciento, desde el día antes del anuncio del estado de alarma, el 12 de marzo, al viernes de esta semana, 27 de marzo, tomando como referencia los precios de subasta de una gran empresa de Almería que se dedica a la venta de verduras.

Las subastas están más altas porque hay menos género, lo que se deriva en precios más altos. Pero conviene observar qué pasó cuando se decretó el estado de alarma. “En previsión de lo que iba a ocurrir, las grandes superficies triplicaron y cuatriplicaron sus pedidos, agotando las existencias. Compraron toneladas para almacenar. El calabacín y el pimiento son productos perecederos que en cámara aguantan 40 días. Las grandes superficies tienen capacidad para hacerlo, mientras que el pequeño comercio debe comprar al día”, indica el intermediario, que prefiere guardar su anonimato. “Las grandes superficies han actuado generando un monopolio y ahora es el comercio pequeño el que vende producto fresco a precio de hoy, más caro, mientras que los supermercados venden producto de hace dos semanas a precio barato, pre covid-19”, asegura.

Agotar las existencias de algunas verduras tiene tres consecuencias: la primera y más evidente es el aumento del precio, incluso en verduras que hasta la fecha eran consideradas de segunda calidad o variedades menos habituales en las tiendas (el precio de la berenjena larga ha aumentado un 139 por ciento, el de la berenjena blanca lo ha hecho en un 50 por ciento, mientras que este viernes ya no había berenjena rayada).

El segundo efecto es que en los días posteriores a la compra masiva de género, las verduras ofertadas eran, además de más caras, más pequeñas, ya que se cortaron en el campo cuando aún no había terminado su proceso de crecimiento.

La tercera consecuencia, dos semanas después, es que la empresa analizada ya no puede ofrecer en la plaza de abastos ciertas verduras, porque tienen que esperar a que crezcan. Es el caso del pimiento lamuyo rojo, la berenjena rayada y el pepino, del que ahora solo ofrece la variedad corta.

“Cuando esta crisis termine, la gente volverá a comprar en los supermercados pensando que su tendero les ha timado, pero es que es imposible competir con las grandes superficies”, sostiene el intermediario, que realiza compras para pequeños comercios, restaurantes y comedores escolares. “Las gestiones entre empresas de venta de perecederos y grandes superficies son privadas, y posiblemente a precios más bajos que los de subasta”, advierte.

El intermediario también tiene en cuenta las verduras que no tienen buen almacenamiento en cámara, como los guisantes y las judías. Aún así, la semana pasada no había a la venta guisantes, por lo que esta semana ha bajado su precio (ahora son más pequeños), mientras que el precio de las judías peronas ha llegado a incrementarse un 94 por ciento (3,15 euros el kilo, en el precio de subasta mínimo), y sigue habiendo en existencias.

Desde Mercairuña, un mayorista que vende a comercio pequeño y a grandes superficies y que, a su vez, es productor agrícola, sostiene que en el confinamiento “se ha vendido mucha judía y calabacín, porque son verduras fáciles de cocinar, mientras que otras de temporada pero más difíciles de preparar, como la alcachofa, mantienen su precio”.

Esta táctica “responde a la lógica capitalista por la cual el poder empresarial para dictar precios provoca su incremento con el fin de engordar beneficios con productos esenciales en momentos de excepción, a costa de empobrecer a las trabajadoras que se ven obligadas a pagar lo que dicta el mercado de los oligopolios”. Considera que “la inflación es claramente una expresión de la lucha de clases y las trabajadoras organizadas debemos también tratar de mantener un control sobre los precios que nos afectan”.

Desde el organismo vasco de consumo, Kontsumobide, indican que debido al estado de alarma en este momento se han suspendido las inspecciones y se ha habilitado una línea online para recoger las quejas de la ciudadanía, realizar una criba y pasarlas al Ministerio de Consumo.

https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/especular-con-lo-basico-tiempos-alarma

El coronavirus no se transmite a través del aire, por lo que las mascarillas no son necesarias

El coronavirus no se transmite a través del aire, por lo que las mascarillas no son necesarias, ha reconocido por fin la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un estudio publicado este fin de semana.

El estudio analiza las formas de transmisión del virus que causa el coronavirus, y la conclusión a la que llega es que el coronavirus se transmite únicamente por contacto con las gotitas respiratorias que una persona contagiada proyecta al estornudar o al toser, y no hay ninguna evidencia de transmisión por el aire.

“La transmisión por gotitas se produce cuando una persona que se encuentra en estrecho contacto (menos de un metro) de otra que tiene síntomas respiratorios (como tos o estornudos) y entra así en riesgo de poner sus propias mucosas (boca y nariz) o sus ojos expuestos a sus gotitas respiratorias potencialmente infecciosas”, explica el estudio.

“El contagio puede producirse por contacto directo con una persona infectada o por contacto con una superficie o un objeto que ésta haya utilizado”, añade.

La transmisión por vía aérea supondría la permanencia en el aire de las partículas infectadas, de forma que el coronavirus sería transmisible a más de un metro. En el contexto específico del coronavirus, esta transmisión aérea sólo se produce en circunstancias muy específicas vinculadas a tratamientos médicos en los que se genera un efecto aerosol, como en una intubación o en una respiración asistida.

https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2020/03/30/5e819b41fc6c83156e8b4691.html

Las tasas de mortalidad imputables al coronavirus también se han inflado en Alemania

La semana pasada la Red Alemana de Medicina Basada en Pruebas publicó en su web una declaración sobre el coronavirus titulada “¿Dónde está la evidencia?” (*). La Red es una asociación de unos mil científicos, investigadores y profesionales de la medicina alemanes. Se fundó en 2000 para difundir los métodos de la medicina basada en pruebas y orientada al paciente en la práctica, la enseñanza y la investigación.

Según la Red, “en la mayoría de los casos”, el coronavirus se muestra como “un resfriado leve o incluso sin síntomas”. Por consiguiente, afirman, es muy poco probable que se hayan registrado todos los casos de infección, a diferencia de las muertes, que se registran casi en su totalidad.

Dicho recuento conduce a “una sobreestimación de la tasa de mortalidad”, aseguran.

Según un estudio sobre 565 evacuados japoneses de Wuhan, a todos los cuales se les hicieron pruebas, independientemente de los síntomas, sólo el 9,2 por ciento de los infectados fueron detectados por los tests de coronavirus basados en síntomas que se utilizan actualmente.

Por lo tanto, lo más probable es que el número de personas infectadas sea aproximadamente 10 veces superior al registrado. En tal caso, la tasa de mortalidad sería sólo una décima parte de la que se mide actualmente y posiblemente más.

La disponibilidad de pruebas de coronavirus es limitada. En Estados Unidos, por ejemplo, no disponen de una instalación de pruebas adecuada y financiada con fondos públicos para todos los positivos de coronavirus. La primera base de datos sólo está disponible desde el 11 de marzo.

Lo mismo ocurre en Alemania, donde el colaso hospitalario ha contribuido a una sobreestimación de la tasa de la mortalidad.

A medida que la enfermedad se propaga, indica la Red alemana, se hace cada vez más difícil identificar la fuente de la infección. Como resultado, los resfriados comunes en las personas que, sin saberlo, han tenido contacto con un afectado por el coronavirus, no lo asocian al coronavirus y, por lo tanto, no van al médico.

También se produce una sobreestimación de la mortalidad cuando se sabe que una persona fallecida ha sido infectada de coronavirus, pero esa no ha sido la causa de la muerte.

De cualquier manera, la tasa de mortalidad del 0,2 por ciento establecida actualmente para Alemania por coronavirus es inferior a la tasa para la gripe calculada por el Instituto Robert Koch, que fue del 0,5 por ciento en 2017/18 y del 0,4 por ciento en 2018/19.

La declaración critica también el cierre de fronteras y el mantenimiento de lo que aquí llamamos “distancia de seguridad”, para lo cual se apoya en la revisión Cochrane de 2011. Lo mismo apunta sobre el cierre de escuelas, aunque las pruebas existentes no son tan concluyentes en dicho caso.

En cuando al confinamiento, la Red dice que retarda la propagación de la gripe, pero aumenta la infección de los miembros de la familia, aunque no se pronuncia sobre si los datos existentes se pueden trasladar de la gripe estacional al coronavirus.

“Muchas preguntas permanecen sin respuesta”, concluye la declaración.

https://www.ebm-netzwerk.de/de/ueber-uns/wer-wir-sind

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