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La falsificación de los certificados de defunción para inflar el alcance de la pandemia

Es algo nunca visto antes. Son muchos los gobiernos del mundo que están cambiando sobre la marcha, de manera apresurada incluso, los recuentos de mortalidad con el fin de inflar el alcance de la pandemia. Es una falsificación en toda regla de los registros oficiales.

En Estados Unidos, el 3 de abril una orden del Servicio de Estadística de los CDC dice: “Es importante señalar que la enfermedad del coronavirus 19, o Covid-19, debe notificarse para todas las muertes en las que la enfermedad haya causado o se sospeche que haya causado o contribuido a la muerte” (1).

Pero eso no es todo. La orden añade también que “en los casos en que no se pueda hacer un diagnóstico definitivo de Covid-19, pero se sospeche o sea probable (por ejemplo, porque las circunstancias sean convincentes con un grado razonable de certeza), es aceptable declarar Covid-19 en un certificado de defunción como ‘probable’ o ‘presunto’. En esos casos, los funcionarios certificantes deben utilizar su mejor juicio clínico para determinar si la infección por Covid-19 era probable”.

Más claro, agua: para inflar las cifras de pandemia, Estados Unidos ha incluido las sospechas de coronavirus como causas efectivas del fallecimiento de un enfermo.

La sanidad británica está haciendo lo mismo. El HSC de Irlanda del norte publica boletines semanales de vigilancia epidemiológica en los que define como “muerte por Covid-19” a los que mueran dentro de los 28 días siguientes al primer resultado positivo, independientemente de que haya sido o no la causa de la muerte (2).

La Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) del NHS de Inglaterra también publica semanalmente informes nacionales de mortalidad. El informe correspondiente a la semana 12 (del 14 al 20 de marzo) hace mención especial al cambio en la forma de contabilizar las cifras en el futuro (3).

El truco consiste en incluir cifras “provisionales” que se podrán ajustar en fechas futuras según las necesidades..

Hasta ahora la ONS ha informado de las estadísticas sobre el coronavirus recogidas por el Departamento de Salud y Bienestar Social, que sólo registraba como coronavirus las muertes de aquellos fallecidos en el hospital que dieron positivo en los tests.

Pero de ahora en adelante también incluirá en sus estadísticas las muertes por coronavirus “en la comunidad”, lo que incluye a las personas que no han sido diagnosticadas de coronavirus, pero sobre las cuales se sospecha que hayan podido tenerlo o que haya sido un “factor coadyuvante” en el fallecimiento.

Las directrices oficiales del NHS dirigidas a los médicos que cumplimentan los certificados de defunción son deliberadamente imprecisas: “Si antes de la muerte el paciente tenía síntomas típicos de la infección por Covid-19, pero no se recibió el resultado de la prueba, es correcto indicar ‘Covid-19’ como causa de la muerte, y luego informar del resultado de la prueba cuando esté disponible. En ausencia de muestras, basta con aplicar el juicio clínico”.

Son las consecuencias de la burocratización de la sanidad: una decisión política habilita a los médicos para indicar al coronavirus como causa de la muerte cuando no hay literalmente ningún indicio de que el fallecido tuviera siquiera el coronavirus.

Por lo tanto, en Inglaterra hay un buen número de muertes imputadas al coronavirus sin coronavirus.

Si todo eso conduce a cometer “errores”, no se podrán corregir jamás porque así lo imponen órdenes políticas que nada tienen que ver ni con la sanidad ni con la ciencia.

Veamos algo sobre lo que en España llamamos “enfermedades de declaración obligatoria”, en la que se incluye el coronavirus. En Inglaterra cuando una muerte se atribuye a una de esas enfermedades, el médico forense debe hacer la autopsia para confirmar que el diagnóstico es correcto (4).

Pues bien, también esa norma se va a modificar para sostener la patraña. El nuevo proyecto de ley sobre coronavirus modifica específicamente una ley de 2009 (5) para sacar a las muertes por coronavirus de una investigación con jurado (6). Es más, dicho proyecto de ley eximirá a las muertes por coronavirus de ser sometidas a una revisión médico forense.

Por si no fuera bastante este chanchullo, los médicos pueden certificar la causa de la muerte de un cadáver que nunca han analizado: “Todo médico autorizado puede firmar un CMCD [certificado de defunción] aunque el fallecido no haya sido tratado durante su última enfermedad y no haya sido visto después de la muerte, siempre que pueda establecer la causa de la muerte según su leal saber y entender” (7).

En la jerga jurídica, el “leal saber y entender” es sinónimo de “a ojo de buen cubero”, que es lo más opuesto que uno puede encontrar a la ciencia.

El truco ha causado sorpresa incluso en medio como la BBC, que la semana pasada le dedicó un artículo:

“Las cifras de mortalidad que se comunican diariamente son casos de hospitalización en los que una persona muere a causa de una infección de coronavirus en su cuerpo porque es una enfermedad de declaración obligatoria.


“Pero lo que los números no nos dicen es hasta qué punto el virus causó la muerte.


“Puede ser la causa principal, un factor contribuyente, o simplemente presente cuando la persona muere de otra cosa”.

La falsificación no es una hipótesis sino que ya ha ocurrido con un caso muy mencionado en la prensa británica porque se trataba de la “víctima más joven del coronavirus”, un adolescente de 18 años de Coventry que dio positivo el día antes de morir. No obstante, el hospital emitió una declaración diciendo que su muerte se debió a un problema de salud “significativo” que no tenía nada que ver con el virus (9).

Como el morbo estaba servido, todos se olvidaron de la declaración del hospital. Según la nueva normativa jurídica, aunque el hospital declare oficialmente que el coronavirus no fue la causa de su muerte, el joven está incluido en las estadísticas de muertes por dicho motivo.

El fraude está legalizado y las nuevas normas jurídicas han puesto a la ciencia de rodillas.

(1) https://www.cdc.gov/nchs/data/nvss/coronavirus/Alert-1-Guidance-for-Certifying-COVID-19-Deaths.pdf
(2) https://www.hiddensyria.com/wp-content/uploads/2020/04/COVID-19-Survellance-Bulletin-02.04.20.pdf
(3) https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/birthsdeathsandmarriages/deaths/bulletins/deathsregisteredweeklyinenglandandwalesprovisional/weekending20march2020
(4) https://en.wikipedia.org/wiki/Notifiable_diseases_in_the_United_Kingdom
(5) http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2009/25/section/7
(6) http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2020/7/section/30#section-30-1
(7) https://www.judiciary.uk/wp-content/uploads/2020/03/Chief-Coroners-Office-Summary-of-the-Coronavirus-Act-2020-30.03.20.pdf
(8) https://www.bbc.co.uk/news/health-51979654
(9) https://www.dailymail.co.uk/news/article-8171223/Britains-young-coronavirus-victims-Teen-18-youngest-casualty-RSPCA-worker-26-dies.html

Durante décadas el coronavirus se ha propagado entre los seres humanos y nadie cayó enfermo nunca

Típica imagen falsa de un virus de colorines
La pregunta sobre “origen” del coronavirus carece de significado científico y conduce, además, a emprender tareas igualmente absurdas, como el “paciente cero”, el “foco” y el “contagio” o expansión del mismo.

Si un virus se expande, como dicen, reeditamos el mito bíblico de Adán y Eva, el Génesis, y vamos a otro mito, el del “paciente cero” que no se pudo “contagiar” de nadie, por lo que hay que empezar a partir de un animal, lo cual es un fenómeno médico extraordinario que a lo largo de las últimas pandemias se esfuerzan en presentarnos como “normal”.

Esta mañana el periódico South China Morning Post ha vuelto a abordar este asunto en un reportaje, que a pesar de sus muchas limitaciones, es interesante reproducir porque rompe el mito que han difundido durante esta pandemia, a saber, que el coronavirus es nuevo y nos ha pillado por sorpresa, por lo que carecemos de “defensas” frente a él (a diferencia del virus de la gripe).

Apoyándose en un artículo publicado en la revista científica “Nature Medicine” el 17 de marzo, el periódico afirma que el virus “saltó” de los animales a los humanos mucho antes de que se detectara el primer caso en Wuhan. Además, un artículo de Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, les permite añadir que el virus no se ha creado en un laboratorio.

Claro que Collins, un funcionario de la Casa Blanca, no es un fuente fiable para hacer una afirmación de esa naturaleza.

Si el coronavirus se ha estado propagado entre los seres humanos durante décadas, la pregunta es por qué entonces no causó ningún tipo de enfermedad, sino tampoco ningún síntoma médico, es decir, por qué se propagó “silenciosamente”, como dice el periódico.

La explicación de los científicos que acoge el periódico es otro tópico: porque contiene una mutación única que no se encontró en los animales anfitriones sospechosos, pero que “probablemente apareció durante infecciones repetidas en pequeños grupos en los seres humanos”.

Esta explicación es un circunloquio que conduce de un mito (“pacientes asintomáticos”, o sea, sanos a los que se pretende hacer pasar por enfermos), a otro: el de las mutaciones virales, las famosas “cepas” o variedades diferentes de un mismo virus.

Pero si un virus es capaz de mutar, entonces nos vamos a la madre del cordero de la virología: ¿son seres vivos los virus?, ¿cómo mutan y por qué?

Cuando a falta de hechos probados, se sustituye una hipótesis por otra, la cadena argumental se transforma en magia, como le ocurre a Collins, para quien el coronavirus pasó de los animales a los humanos “antes de que pudiera enfermar a la gente”. Con el transcurso del tiempo, un virus que no causaba ninguna enfermedad, se convirtió en mortífero, aunque sepamos ni cómo ni por qué.

Según Collins los virus “evolucionan” exactamente igual que cualquier otro ser vivo. “A través de cambios evolutivos graduales a lo largo de años o quizás décadas, el virus finalmente adquirió la capacidad de propagarse de un humano a otro causando una enfermedad grave, a menudo mortal”, dijo en un artículo publicado el jueves pasado en la página oficial de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

https://www.scmp.com/news/china/science/article/3077442/coronavirus-pathogen-could-have-been-spreading-humans-decades

Caen por los suelos las previsiones del gobierno israelí sobre la epidemia de coronavirus

El ritmo de propagación del coronavirus en Israel ha disminuido, según un informe preparado esta misma semana por un equipo de 30 expertos nombrados por el Consejo de Seguridad Nacional para analizar el brote.

Según los documentos que publica TheMarker, el número diario de personas con coronavirus en Israel disminuyó en un 33 por ciento desde un máximo el 26 de marzo.


La tasa diaria de “infección” se redujo de 1,25 a 1,15 por paciente, lo que significa que el número de “personas infectadas” se duplica cada cinco en lugar de cada tres días.

Como venimos repitiendo, el equipo admite que los datos podrían estar sesgados según el número de pruebas realizadas, entre otras cosas porque, de manera absurda, el gobierno de Tel Aviv no realiza pruebas a la población árabe, sino sólo a los judíos.

No obstante, el informe confirma sus previsiones utilizando otro tipo de cifras “más fiables”. El número de nuevos casos en estado serio y el número de muertes predicen que será de 100 por día, muy por debajo de los 270 que han estado pronosticando hasta ahora.

Las medidas de emergencia del gobierno israelí se basaban en una previsión de más de 1.100 nuevos casos confirmados cada día. Esta semana, el número diario real de nuevos pacientes confirmados fue entre 500 y 700.

Incluso con una tasa de infección tan baja, 1,2 personas por paciente, el modelo original predijo 22.000 pacientes con coronavirus en estado crítico y 8.600 muertes al final de el brote. Una alta tasa de infección, dos personas por paciente, elevaría el número de casos críticos a 54.000 y el número de muertes a 21.600.

No es ninguna sorpresa que las previsiones se desinflen. Según el escenario más pesimista del nuevo informe, en los dos años que llevaría desarrollar una vacuna, “enfermarían“ 100 personas al día. Incluso entonces, el número de pacientes sería pequeño en comparación con el tamaño de la población de Israel: “Menos de 100.000 personas infectadas y menos de 1.000 muertes al final del período”.

https://www.haaretz.com/israel-news/coronavirus-in-israel-38-dead-ultra-orthodox-city-under-closure-1.8737999

Los exámenes clínicos de los fallecidos por causas imputadas al coronavirus en Hamburgo reducen a la mitad el número de muertes

En otras entradas hemos aportado estadísticas del Centro Europeo de Vigilancia de los Excesos de Mortalidad para la Acción Sanitaria (EuroMomo), una asociación internacional de organismos de 24 países europeos.

Cada semana EuroMomo recopila estadísticas para preparar las emergencias de salud pública de los Estados que forman parte de la asociación (1).

Como su propio nombre indica, hacen un seguimiento del “exceso de mortalidad”, es decir, del número de muertes registradas oficialmente en comparación con la tasa media de mortalidad.

Podríamos seguir aportando más cifras de EuroMomo, que siguen indicando una letalidad inferior este año de pandemia con respecto a los anteriores. Sin embargo, las páginas europeas realmente alternativas nos advierten que dichas cifras tampoco son correctas, por lo que ellos han dejado de publicarlas.

Por lo tanto, advertimos que se tomen con mucha precaución dichas referencias, tanto las pasadas como las que se puedan aportar en el futuro, por más que no podamos imputar a EroMomo un intento de engañar. Simplemente a fecha de hoy las cifras no se conocen. Es muy posible que tampoco se puedan conocer fehacientemente en el futuro y, en todo caso, van a engendrar muchas polémicas y una enorme confusión.

El mejor ejemplo de los problemas estadísticos es Hamburgo, donde la oficina de salud ha encargado a los forenses que examinen las muertes de personas que hayan dado positivo en las pruebas de coronavirus porque los certificados médicos no son fiables (2).

El resultado es el que esperábamos: el número de muertes se ha reducido casi a la mitad en comparación con las cifras oficiales del Instituto Robert Koch. En otras palabras: el número de muertos depende de la manera de hacer el recuento.

El miércoles el Instituto contaba 14 muertos en Hamburgo, mientras el Ayuntamiento sólo reconocía 8.

Los expertos del Instituto Robert Koch han quedado en evidencia, no sólo por el recuento sino porque Hamburgo y su puerto son el Wuhan alemán, el “foco infeccioso”.

El motivo es el que ya hemos explicado en otras entradas: el Instituto cuenta todos los muertos en los que aparece el coronavirus, mientras el Ayuntamiento sólo cuenta los casos en los que las personas murieron como consecuencia suya.

La diferencia es sutil. El Instituto no reconoce que las muertes que está contabilizando en sus bases de datos se deban a un coronavirus sino que están “relacionadas con la enfermedad de Covid-19”. El jefe del RKI, Lothar Wieler, fue aún más claro en una rueda de prensa: “En nuestro país, una muerte por coronavirus es una persona en la que se ha probado una infección por coronavirus”.

El Ministerio de Salud de Schleswig-Holstein admitió abiertamente esta semana: “Todavía no se sabe si los nueve fallecidos hasta ahora también habían enfermado de Covid-19 o si habían mostrado síntomas. Todos habían sufrido de condiciones preexistentes”.

El Ayuntamiento de Hamburgo está presionando al gobierno de Merkel para que el método de recuento se revise a escala federal.

(1) https://www.euromomo.eu/outputs/number.html
(2) https://www.t-online.de/nachrichten/deutschland/id_87636856/coronavirus-hamburg-will-nur-echte-covid-19-tote-zaehlen.html

El término ‘pandemia’ fue sinónimo de corrupción hasta hace muy poco tiempo

El 30 de enero la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró el coronavirus como una “emergencia de salud pública de interés internacional” y le llovieron las críticas y, sobre todo, las presiones políticas. Querían una pandemia ya; la necesitaban.

El portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic, tuvo que ponerse delante las cámaras para explicar por qué no se había declarado una pandemia. “No existe una categoría oficial [para declarar una pandemia] … La OMS no está utilizando el antiguo sistema de seis fases -que pasó de la fase 1 [sin informes de gripe animal que causara infecciones humanas] a la fase 6 [una pandemia] que algunas personas experimentaron a causa del H1N1 en 2009”.

La OMS no aguantó las presiones ni un mes y medio, hasta el 11 de marzo, cuando los pandemonios se salieron con la suya. Pero, además de las presiones, hay que retener dos datos fundamentales: el cambio de nombre del coronavirus por una nueva sopa de letras, abandonado términos gastados, como “gripe”, y la comparación con la pandemia de 2009.

Así, con 4.291 muertos en todo el mundo, empezó esta pandemia, un cifra ridícula que se infló añadiendo 118.000 “contagiados” o “infectados”, términos que no tienen ningún significado médico porque se trata de personas sanas (pero en este tipo de cambalaches hay que mezclar las churras con las merinas).

La anterior declaración política de pandemia en 2009 fue la “gripe porcina” o H1N1 en la sopa de letras de los virólogos. A diferencia de hoy, entonces el escándalo fue mayúsculo y la OMS ha tenido que esperar un tiempo para que todo se olvide convenientemente, incluso la espiral de corrupción trabada en torno a este tipo de declaraciones.

El término “pandemia” se convirtió en sinónimo de corrupción médica internacional y desapareció por un tiempo de la terminología. Por eso el 30 de enero la OMS habló de una “emergencia de salud pública de interés internacional”.

Son juegos malabares: discretamente la OMS quería cambiar la definición de “pandemia”. Ya no era necesario que una enfermedad notificada estuviera extremadamente extendida en muchos países y fuera extremadamente mortal o debilitante. Sólo era necesario que se extendiera como la gripe estacional, más o menos.

En 2009 los primeros informes no hablaban de Wuhan sino de Veracruz, en México. Un joven presentaba síntomas de gripe H1N1, que son los de un resfriado fuerte.

Entonces la directora de la OMS era Margaret Chan y se lanzó a la piscina de cabeza: oficialmente el mundo entraba en la fase 6, o sea, pandemia. Cada gobierno tuvo que poner en marcha los programas de emergencia que implicaban compras gubernamentales de miles de millones de euros de vacunas contra la pandemia de gripe H1N1, tirados a la basura en plena época de recortes… incluso en sanidad.

El ridículo fue de los que hacen época. Desde el primer momento se comprobó que las muertes por el H1N1 eran insignificantes en comparación con la gripe estacional de todos los años. El doctor Wolfgang Wodarg, al que ya hemos mencionado, especialista en neumología, era entonces Presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Pidió que se investigara el conflicto de intereses en torno a la respuesta de la Unión Europea a la gripe porcina.

El Parlamento holandés descubrió que el profesor Albert Osterhaus, de la Universidad Erasmus de Rotterdam, que en 2009 se encontraba en el epicentro de la pandemia mundial como asesor de la OMS en materia de gripe, se estaba llenado los bolsillos con la venta de vacunas.

Osterhaus no es una excepción. Muchos de los expertos de la OMS que aconsejaron a Chan percibieron dinero directa o indirectamente de las principales multinacionales farmacéuticas, entre ellas GlaxoSmithKline y Novartis.

La declaración de la OMS sobre la pandemia de gripe porcina fue consecuencia de la corrupción. La temporada de 2009 a 2010 estuvo marcada por la gripe más leve del mundo desde que la medicina comenzó a hacer seguimientos de este tipo de enfermedades. Los gigantes de la industria farmacéutica cobraron miles de millones de dólares gracias a la alarma mundial y los gobiernos se quedaron con las vacunas en las estanterías.

Después de aquel escándalo, la OMS dejó de utilizar la declaración de pandemia en seis fases y pasó a la declaración confusa que quiso utilizar en enero de este año, “Emergencia de salud pública de alcance internacional”. Pero las presiones pudieron más y reintrodujeron el término “pandemia”, admitiendo al mismo tiempo que todavía están buscando una definición.

En otras palabras, la OMS utiliza una terminología que nadie sabe lo que significa; ni siquiera ellos.

Esta pandemia es una guerra de todos contra todos (capitalismo salvaje en estado puro)

En entradas anteriores ya explicamos el enorme interés del Pentágono y la CIA por asuntos, como la salud pública, que están muy lejos de las cuestiones militares… sólo para quienes no entienden lo que son las cuestiones militares en el mundo moderno.

Sin embargo, la salud pública y, en consecuencia, las epidemias siempre fueron un elemento primordial de los ejércitos, al menos desde los tiempos de Napoleón que fue el primero en vacunar masivamente a los soldados del Gran Ejército antes de intentar el asalto de Rusia.

Cuando hablamos de “salud pública” nos referimos a la tropa y a los caballos, que en tiempos pasados fueron un instrumento de guerra. Por eso los primeros cuerpos de veterinarios eran oficiales del ejército y los mejores estudios sobre epidemias procedían de ejército, ya que su prevención formaba parte del potencial bélico. De ahí también que los CDC en Estados Unidos formen parte de la guerra moderna y, por extensión, la mismísima Organización Mundial de la Salud.

En la entrada de ayer no desarrollamos una parte del informe de la CIA que concernía a la farmacia, que es otro de los capítulos fundamentales que explican los delirios de la sanidad moderna. Como es natural, la CIA no aludía a las grandes multinacionales farmacéuticas sino a los propios fármacos, que en una sociedad capitalista no sólo son mercancías, sino “material estratégico”, lo mismo que el plutonio, por poner un ejemplo.

Desde hace años una de las preocupaciones fundamentales de la CIA es que Estados Unidos (y otras grandes potencias imperialistas) importan los fármacos de China y, por lo tanto, dependen de China en aspectos que son fundamentales en una guerra.

En sus informes la CIA destaca que los fármacos no sólo son mercancías y no se pueden dejar en manos del “libre mercado” porque si algo ha dejado claro la pandemia es que sólo aquellos países que han sacado a los fármacos del puro negocio (Rusia, China, Cuba, entre otros), han demostrado ser capaces de hacerla frente.

Pues bien, lo que decimos de los fármacos se puede hacer extensivo a cualquier otro material sanitario, incluidas mercancías tan simples como las mascarillas quirúrgicas. Todo se fabrica en China y todo depende de China, que es uno de los pocos países que puede suministrar material sanitario de cualquier tipo al mundo entero.

Esta mañana lo volvía a poner de manifiesto un medio vinculado al ejército canadiense: en su “lucha contra Beijing”, Estados Unidos se enfrenta a la “cruda realidad” de que “depende desesperadamente del equipamiento chino para luchar contra la pandemia”.

El resto del artículo es una pura intoxicación contra China, otra más, asegurando que la pandemia ha tenido allá su origen, que el gobierno de Pekín ha mentido sobre ella, que ha habido muchos más muertos, que no ha habido transparencia, etc. La propia OMS ha asegurado que es falso, pero los altavoces del imperialismo van a seguir a lo suyo en lo sucesivo.

Estados Unidos reniega de China porque depende de China en aspectos tan básicos como el material sanitario. El capitalismo ha quedado sorprendido en su propia trampa y suenan de nuevo los clarines del keynesianismo y las diatribas contra la “globalización”, el “neoliberalismo” y demás, multiplicadas por el Partido Demócrata, cada vez más proclive a la autarquía, el déficit y el New Deal (el verde y el rojo).

“Necesitamos nuevas políticas para poner fin a la excesiva dependencia de nuestras cadenas de producción de China, especialmente para productos clave como las vacunas”, acaba de decir un sujeto tan característico como John Bolton, del Partido Republicano. Por su parte, el senador republicano Tom Cotton propone prohibir todas las importaciones de ingredientes activos para la industria farmacéutica de China a partir de 2022.

Este es el tipo de mensajes que vamos a empezar a escuchar en todo el mundo, especialmente en boca del progrerío y los “izquierdistas”, que se van a convertir en dominantes. Además, en lo sucesivo los altavoces van a repetir hasta el hastío el mensaje antichino, con y sin pandemia, aunque la raíz del asunto es, evidentemente, económica: China se ha puesto a la cabeza del mundo capitalista y el bloqueo de las grandes potencias imperialistas trata desesperadamente de invertir una situación que es, por sí misma, irreversible.

China produce casi la mitad de las importaciones de mascarillas quirúrgicas de Estados Unidos, que ahora padece una escasez crítica. Frente a la pandemia, tanto si es real como si es ficticia (a estos efectos da igual), los países asiáticos, en general, han logrado lo que los occidentales no pueden, viéndose obligados a pedir ayuda, algo que su soberbia imperialista siempre les impedirá reconocer, recurriendo a las peores artes periodísticas que conocemos desde hace décadas, como destacar la “mala calidad” del material chino.

Si algo tan simple como una mascarilla se ha convertido en un problema serio, la cuestión de las materias primas necesarias para la producción de fármacos es dramática. Estados Unidos importa más del 80 por ciento de los ingredientes farmacéuticos más elementales, que se elaboran en China e India.

La ola de histerismo ha conducido a que unos gobiernos roben material sanitario a otros en las mismas pistas de los aeropuertos de China o de otros países en los que hacen escala, que sobornen al personal de vuelo para que se desvíen de su ruta y a bochornosas subastas de contenedores en los hangares. Estamos asistiendo al espectáculo de la competencia capitalista más descarnada en vivo y en directo. Nunca se había visto a los embajadores, cónsules y diplomáticos occidentales corrompiendo a las empresas de logística chinas para apoderarse de un equipo sanitario y de laboratorio que ya estaba vendido y pagado por otro país. Otros, como Israel, han recurrido al Mosad y a sus redes de espías para robar directamente material sanitario de los depósitos chinos. En medio de la desesperación, los gobiernos han enviado policías y militares para escoltar los cargamentos sanitarios y asegurar su llegada.

La tele no informa de estas cosas tan poco aleccionadoras, para las cuales la palabra “histeria” ya no resulta suficiente. Algunos países de la Unión Europea han prohibido la exportación de material sanitario y han lazando a los espías a confiscar los almacenes donde suponen que hay depositados contenedores con jeringuillas, suero, guantes, ventiladores…

A su vez, la prohibición de exportaciones ha desatado protestas de otros países, como Suecia, que dependen de ellas, convirtiendo a la Unión Europea en un circo muy mal avenido. Es la guerra de todos contra todos.

El coronavirus ‘de origen chino’ ya estaba en los planes de la CIA desde 2005 como mínimo

En 2005 la Editorial Robert Laffont publicó en Francia un libro titulado “El nuevo informe de la CIA. Cómo será el mundo en 2025”. Los autores, que trabajaron durante dos años en la recopilación de materiales para la obra, fueron varias docenas de expertos que trataban de evaluar los cambios en la situación internacional en el periodo de quince años comprendido entre 2005 y 2020, es decir, hasta la fecha actual.

El libro ya hablaba de coronavirus y pandemia con una sorprendente precisión, que no se puede atribuir a la casualidad. El prólogo lo escribió Alexandre Adler en base a los informes que la propia CIA filtra periódicamente a ciertos círculos influyentes, entre ellos la editorial francesa, que encargó a los expertos que se pronunciaran sobre las previsiones del espionaje estadounidense.

En los aspectos que ahora son relevantes, el informe de la CIA decía textualmente lo siguiente:

“La aparición de una nueva enfermedad respiratoria humana, virulenta y altamente contagiosa, para la que no existe un tratamiento adecuado, podría desencadenar una pandemia mundial. Si surge una enfermedad de este tipo para el año 2025, inevitablemente surgirán tensiones y conflictos internos o transfronterizos. Entonces, las naciones se esforzarán -con capacidad insuficiente– por controlar el movimiento de las poblaciones que tratan de evitar la infección o de preservar su acceso a los recursos naturales.


“La aparición de una pandemia depende de una mutación genética natural, de la recombinación de las cepas virales que ya circulan o incluso de la irrupción de un nuevo factor patógeno en la población humana. Los expertos consideran que las cepas altamente patógenas de la gripe aviar, como el H5N1, son candidatos probables a una transformación de este tipo, pero otros patógenos, como el coronavirus del SARS y varias cepas de gripe, tendrían las mismas propiedades.


“Si se produce una enfermedad pandémica, es probable que se encuentre en una zona densamente poblada y con gran proximidad entre los seres humanos y los animales, como en el caso de China y el sudeste asiático, donde la gente vive en contacto con el ganado. Se cree que las prácticas ganaderas no reguladas promueven la circulación de virus como el H5N1 entre las poblaciones animales, aumentando las probabilidades de mutación de una cepa capaz de causar una pandemia. Para que se propague rápidamente es suficiente que la enfermedad aparezca en áreas de alta densidad humana.


“En un caso así, la enfermedad tardaría en identificarse y el país de origen no dispondría de medios adecuados para detectarla. Los laboratorios tardarían semanas en proporcionar resultados definitivos que confirmen la existencia de una enfermedad con potencial para mutar en una pandemia. Mientras tanto, se producirían brotes en las ciudades del sudeste asiático. A pesar de las restricciones a los viajes internacionales, los viajeros con pocos o ningún síntoma, podrían transportar el virus a otros continentes.


Los enfermos serían cada vez más numerosos con la aparición de nuevos casos cada mes. La falta de una vacuna efectiva o de inmunidad en el resto del mundo, expondría a las poblaciones al contagio (1). En el peor de los casos, entre diez y varios cientos de millones de occidentales contraerían la enfermedad, y los muertos se contarían por decenas de millones (2). En el resto del mundo, la degradación de las infraestructuras vitales continuaría y las pérdidas económicas a escala mundial supondrían la infección de un tercio de la población mundial y la muerte de cientos de millones de seres humanos.”

El nuevo informe de la CIA. Cómo será el mundo en 2025, Editorial Robert Laffont, 2009
https://www.placedeslibraires.fr/livre/9782221112946-le-nouveau-rapport-de-la-cia-comment-sera-le-monde-en-2025-alexandre-adler/

La ola de histeria está fabricando una sociedad de déspotas por un lado y asustados por el otro

La Comandancia de Alicante de la Guardia Civil ha publicado un listado de productos “de primera necesidad” que justifican ir a comprar al supermercado o circular por la calle. Hay que comprar y hay que comer lo que diga un comandante de la Guardia Civil.

Por su parte, la alcaldesa de Gijón ha limitado los paseos al perro a 200 metros de casa y solo tres veces al día.

La represión sólo se manifiesta como tal, con su verdadero rostro, cuando alcanza esas cotas máximas, a la vez absurdas y delirantes. Los detenidos lo saben muy bien y los presos también.

A su vez, para que alcance el delirio, la represión necesita impunidad, despotismo, que es la máxima expresión del terror, en este caso del terrorismo de Estado. Es ese punto nada sutil en el que uno se da cuenta de que pueden hacer contigo lo que les de la gana porque no pasa nada.

Hay algo que lo justifica todo, cualquier cosa. En este caso es una pandemia, que a su vez disemina miedo, millones de personas asustadas ante algo que no saben lo que es, de lo que nunca habían oído hablar y ahora escuchan por todas partes.

Para cerrar el círculo del pánico se necesitan personajes grotescos, como un comandante de la Guardia Civil metido a nutricionista, al que ascenderán y colgarán medallas y menciones honoríficas.

Este tipo de comandantes son la foto perfecta del Estado que nos gobierna. Pero no sólo él. Un sujeto así necesita alguien por encima suyo que le respalde, diseñado en el mismo taller de chapa y pintura: el Delegado del Gobierno, el ministro Marlasca, el Director General de la Guardia Civil… toda esa cadena de mando que no sólo no le parará los pies sino que se quedan entusiasmados con su celo inquisidor.

Hay otra cosa que también tranquiliza la mala conciencia de los progres y los defensores de los derechos humanos, que también necesitan sentirse protagonistas en estos momentos tan críticos: la ingenuidad de suponer que lo que está ocurriendo es pasajero.

Es inútil hacerles comprender que en 1821 se introdujo en España la ley marcial y nunca se ha derogado. Que en 1936 los fascistas publicaron un bando declarando el estado de guerra y nunca se ha derogado. Que las leyes antiterroristas promulgadas por los franquistas desde 1947 se han sucedido unas a otras sin solución de continuidad, lo mismo que las de orden público, seguridad ciudadana…

No deberíamos olvidar que la ley marcial la ha impuesto un gobierno del PSOE y de Podemos y ha llegado para quedarse. Si en Mesopotamia las leyes se escribián en las piedras para que duraran eternamente, lo mismo ocurre con el pánico: ha llegado para quedarse porque no hay nada más fácil que dominar a una población que está atemorizada y no sabe por qué, ni de qué.

Eso es exactamente el miedo, un estado que se fabrica sin saber el motivo y, lo que es peor, a pesar de que no haya ningún motivo para tenerlo.

Las personas libres decimos lo siguiente: señor comandante, sepa Usted que vamos a comprar, vamos a comer y vamos a beber lo que nos de la real gana.

Señora alcaldesa de Gijón: vamos a pasear al perro los metros que no de la real gana.

Las personas sólo somos libres cuando aprendemos a decir que no.

El Pentágono sabía desde hace tres años la ‘llegada’ de una pandemia de ‘gripe común’ por coronavirus

El coronavirus es relativamente conocido en los laboratorios desde al menos 50 años, de manera que no es exacto decir que haya “llegado” de algún sitio. Ya existía y, como hemos relatado en otras entradas, con anterioridad a la histeria se habían producido alertas e incluso ensayos de pandemia, aunque fueran de tipo circense.

Por lo tanto, no hay ningún “brote” o, por lo menos, no ha sido “imprevisto”. Mucho menos cabe decir, como Trump, que “surgió de la nada”. Ni siquiera de Wuhan.

El 6 de enero de 2017 el Pentágono elaboró un plan de 103 páginas en el que hablaba de la “amenaza” de una “nueva gripe”, e incluso de que podía producirse una escasez de camas en los hospitales, así como de material sanitario.

El plan está publicado en internet (1) y su filtración forma parte de la campaña del Partido Demócrata y sus aliados (prensa, espionaje) contra Trump, que no ha cesado desde que llegó a la Casa Blanca y que no ha sido capaz de atajar, como ya hemos explicado repetidas veces aquí.

“La amenaza más probable y significativa es una nueva enfermedad respiratoria, especialmente una nueva enfermedad de gripe”, advertía el Pentágono, que hace referencia expresa al coronavirus en varias ocasiones, por ejemplo al afirmar que “las infecciones por coronavirus [son] comunes en todo el mundo”.

Esos términos que los demás hemos aprendido hace un par de días, ya los utilizaba el Pentágono hace años, quien reconoce, además, que no había ningún “brote” porque las infecciones eran “comunes”, o sea, nada del otro mundo, nada que a ellos les haya podido sorprender en absoluto.

El plan era una actualización de otro anterior del mismo Pentágono para hacer frente a una “pandemia de gripe”, señalando que “incorpora las lecciones aprendidas de varios brotes recientes, entre ellos […] el coronavirus del Síndrome Respiratorio del Oriente Medio 2012”, es decir, el MERS.

El Pentágono ha filtrado un plan que, en principio, era confidencial, a través de The Nation (2), el típico órgano mediático de los progres made in USA. A su vez, el medio se ha dirigido a Denis Kaufman, que encabezó la División de Enfermedades Infecciosas y Contramedidas de la Agencia de Inteligencia de Defensa, quien admite que el espionaje militar era “consciente de los peligros del coronavirus desde hace años”.

La inteligencia militar sabía, pues, del coronavirus, de las “infecciones comunes” que podía causar, e incluso de la escasez de material sanitario que se iba a producir, lo que aumentaría el número de víctimas, con “un impacto significativo en la disponibilidad de la fuerza de trabajo mundial”.

Queda claro que el Pentágono no se refería sólo a Estados Unidos. “Incluso los países más industrializados no dispondrán de suficientes camas de hospital, equipo especializado como ventiladores mecánicos y productos farmacéuticos de fácil acceso para tratar adecuadamente a sus poblaciones durante una pandemia clínicamente grave”, dice el informe.

Otra predicción del Pentágono se concentra sobre las vacunas frente al coronavirus, su escasez y, por consiguiente, la “competencia mundial” para apoderarse de ella.

(1) https://www.scribd.com/document/454422848/Pentagon-Influenza-Response
(2) https://www.thenation.com/article/politics/covid-military-shortage-pandemic/

La epidemia de parálisis infantil de 1956 en Argentina

Darío Herchhoren

Un ejemplo paradigmático de terrorismo de estado fué la dictadura militar que se impuso a los argentinos a partir del mes de septiembre de 1955. Hasta el día 15 de septiembre de 1955, gobernaba el país el General Juan Domingo Perón, que era un militar nacionalista, y que concedió una enorme cantidad de derechos a la clase obrera, fomentó la industria nacional, y convirtió a su país de una colonia inglesa que producía carne vacuna y cereales en una república industrializada, desarrollando una importante industria liviana.

Con Perón se comenzó una política de sustitución de importaciones, que permitió que se desarrollara muchísimo la siderurgia y la metalurgia. Argentina fabricaba de todo, y comenzó la fabricación de automóviles, camiones, tractores, motocicletas, todas de diseño nacional, y se abrió la primera fábrica de aviones. Todas esas industrias era del estado nacional, y significaron un duro golpe a las multinacionales que perdieron en buena medida su poder hegemónico. Esto hizo que la gran oligarquía, los intereses de los grandes acopiadores de granos y carne, y en general la gran burguesía se pusiera de uñas contra Perón.

Perón respondió creando la CAP (Corporación Argentina de Productores de Carne) para defender los intereses de los pequeños ganaderos que no tenían acceso a los grandes mercados consumidores de Europa, que recién salía de la guerra, y estaba ávida de alimentos. Junto con ello se crea la Junta Nacional de Granos, instituto del estado, que compra toda la producción cerealera, y la vende al exterior, una vez abastecido el mercado interno. Lo mismo se hace con la creación de la Junta Nacional de Carnes, que se convierte en el único exportador de carnes en régimen de monopolio. Esto le quitaba a la oligarquía cipaya prácticamente todo el poder.

Además de todo ello, se crean en la Provincia de Buenos Aires, cuatro frigoríficos regionales, con una gran capacidad de almacenamiento y congelación de carnes (400.000 Toneladas) que podían aguantar años  la carne congelada, que se guardaba  a 18 grados bajo cero. Para ello, el gobierno de Buenos Aires, a través del Ministerio de Asuntos Agrarios que  estaba a cargo del Ingenieron Agrónomo Gregorio Herchhoren (mi padre), que hizo una labor enorme de cuidado y protección de los ganaderos argentinos.

La gran burguesía, la oligarquía, sectores de la cúpula de la iglesia, y parte del generalato militar dan un golpe de ensayo el 16 de junio de 1955, que fracasa, pero sirvió a quienes lo dirigieron para mostrar su odio al pueblo que salió a las calles para defender el gobierno legítimo de Perón, y coroneles y capitanes entre los cuales estaban los oficiales Cogorno, Costale y Aguerrondo.

Cuando el pueblo argentino empieza a organizarse, y a responder con huelgas y movilizaciones a la dictadura militar, ya en los primeros meses de 1956, se desata una «oportuna» epidemia de polio, que constituye el leit motiv de una queda que impide salir de las casas, y se desata sobre el país una epidemia de estupidez y limpieza, con mucha agua para lavar las calles, se pinta el arbolado de blanco con cal viva, se fumiga con DDT a mansalva, sabiendo que es un gran tóxico. Este es un ejemplo vivo de utilización por parte del poder del miedo a la enfermedad como elemento paralizante. Poco tiempo después, se «descubrió» la vacuna Salk (Debida al doctos Jonás Salk), que resultó poco efectiva, hasta que años después se comenzó a vacunar con la vacuna Sabin.

La dictadura de 1955, duró hasta 1957, en que ganó las elecciones Arturo Frondizi, pero recién en 2002, cuando gana las elecciones Néstor Kirchner, la sombra larga del ejército controló al estado en forma férrea. Puede decirse que desde 1955, hasta 2002, hubo en Argentina una dictadura militar continua con periodos breves de gobiernos electos, pero con el peronismo ilegalizado.

A veces las epidemias las carga el diablo.

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