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La manipulación de los virus para la guerra biológica

Rubén Alexis Hernández

Mucha controversia ha generado el origen de la actual pandemia por el coronavirus Covid-19, de inusitada atención mediática global, y aprovechada inmoral e indebidamente por los Estados y las élites para ejecutar medidas sumamente impopulares en diversos ámbitos y para experimentar la ejecución de un control social global mediante la famosa cuarentena colectiva obligatoria o aislamiento social, a pesar de que se evidencia claramente que la morbilidad y la mortalidad de la infección ocasionada por el famoso virus es baja en comparación con las de enfermedades a las que ni los Gobiernos ni las empresas de “comunicación” han prestado ni de cerca la misma atención.

Patologías como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, la diabetes, el sida, la obesidad y hasta ciertos tipos de gripe, afectan a centenares de millones de personas y matan o incapacitan anualmente a varios millones en todo el mundo, y no obstante jamás han tenido la atención global que se le ha dado al Covid-19.

Es inevitable, de acuerdo a lo señalado en el párrafo anterior, preguntarse por qué tanto revuelo mundial por la pandemia del Covid-19. Y caemos en cuenta que China, nación en la que se originó la enfermedad causada por el coronavirus en cuestión, tiene laboratorios de bioseguridad de alto nivel con virus de mediana y elevada peligrosidad para los humanos, pero también los tiene Estados Unidos, potencia que intenta hacer todo lo posible por no perder su hegemonía global a manos del gigante asiático.

En este sentido, ¿se puede utilizar un virus como arma biológica, evidentemente creado o manipulado en laboratorios para su uso intencional?, ¿es posible la guerra biológica y el bioterrorismo como tal?, ¿se está llevando a cabo, con el Covid-19 como protagonista, una guerra biológica o ensayo de ella de Estados Unidos contra China o viceversa, o entre las dos como parte del enfrentamiento multidimensional entre ambas potencias, que incluso involucra a los aliados de Estados Unidos, a los de China y a buena parte de los países del planeta?

En primer lugar, hay que aclarar que un virus no puede ser creado por el ser humano, pero es bien conocida la manipulación de numerosos virus conservados en laboratorios para diversos fines, tal como en el caso de la elaboración de vacunas. De manera que es más que evidente que hemos estado experimentando con virus en conservación desde hace décadas, y en dicho proceso los científicos han sido capaces, por ejemplo, tanto de atenuar la patogenicidad como de generar mutaciones que derivan en cepas virales de gran peligro para la salud del hombre. En teoría la ciencia trabaja por el bienestar de la humanidad, y se cree que los científicos bajo ninguna circunstancia hacen daño a la humanidad, toda vez que andan justificando los experimentos con virus de alta peligrosidad, con argumentos como el de la necesidad de investigar diversos tratamientos para las patologías virales y de elaborar vacunas mejores e idóneas contra nuevos tipos de virus, y el de que en los laboratorios se maneja un alto nivel de seguridad para evitar accidentes que permitan la salida de los patógenos.

Ahora bien, en la realidad cabe advertir que los científicos como el resto de la humanidad, salvo los ermitaños, viven y desarrollan su ámbito educacional-profesional-laboral en un contexto ideológico, económico, político y social a escala local y global. De manera que no responden a la supuesta objetividad e imparcialidad que caracteriza en teoría al conocimiento científico en general, sino a una serie de circunstancias que al fin y al cabo influyen en la concepción de vida de cada ser humano y determina qué necesidades desea satisfacer éste y cuáles son sus intereses.

Y así como hay médicos y otros científicos vinculados con el estudio de la  salud humana, que ciertamente actúan de buena fe, la mayoría, por desgracia, lo hacen de mala manera, respondiendo a los intereses mezquinos y egoístas derivados del capitalismo, y se sabe que las investigaciones de numerosos hombres de ciencia han sido patrocinadas por Gobiernos y por corporaciones e instituciones vinculadas de diversas formas con las élites locales y globales, y en este sentido deben complacer a sus amos políticos-ideológicos-financieros, sin importar que muchos de sus estudios en realidad sean poco útiles o beneficiosos para la mayoría de la humanidad.

La historia nos muestra numerosos ejemplos al respecto de los científicos vendidos al sistema de poder dominante. Es evidente, en consecuencia, que no pocos científicos que han experimentado con virus han sido apoyados por individuos poderosos e influyentes en las  diversas políticas estatales, con una mentalidad perversa en lo relativo a su visión del mundo, y por tanto no es de extrañar que se hayan manipulado virus con intenciones malignas, bien para el uso de Gobiernos o de particulares. Por cierto que se han documentado casos de supuestos accidentes con virus de alta letalidad en laboratorios de bioseguridad de gran nivel, algunos en los que ha salido al exterior el microorganismo, situación en la que obviamente ha habido la participación consciente de uno o más científicos.

Entonces, ¿es posible emplear virus como arma biológica? No solo es posible sino que de hecho han sido empleados desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la era cristiana, tanto de forma inconsciente como conscientemente. La guerra biológica con virus, bacterias y otros microorganismos como protagonistas ha sido una realidad a la par de la guerra convencional y de otros tipos de conflicto en el mundo entero.

Y las bajas han sido muy numerosas, tal como en el caso de las epidemias de viruela de la América hispánica, causantes de la muerte de millones de indígenas, cortesía de los colonizadores españoles, quienes supuestamente contagiaron de forma no deliberada a los nativos. En términos generales desatar una guerra biológica o emplear virus con fines terroristas (bioterrorismo) por Gobiernos o por particulares, no es algo complicado; sabiendo que los científicos modifican virus en sus laboratorios, fácilmente se han podido, por ejemplo, utilizar ciertas cepas para infectar unos pocos individuos, quienes a su vez han podido infectar a muchos más, y así sucesivamente.

Es una realidad, por tanto, que virus en conservación muy peligrosos para el ser humano pueden ser manipulados y modificados en laboratorios, o bien liberados intencionalmente, y aunque se supone que en teoría la ciencia trabaja exclusivamente para el bienestar de la humanidad, la verdad es que diversos microorganismos pueden emplearse para ataques biológicos, y de hecho durante la historia ha sucedido en numerosas ocasiones.

En el contexto de la actual pandemia no podemos asegurar que el Covid-19 sea efectivamente una cepa utilizada intencionalmente como arma biológica por Estados Unidos,  por China,  por algunos de los aliados de ambos, o por ciertas corporaciones, bien con el propósito de dar un golpe de autoridad en el liderazgo planetario, o de forzar y justificar ante la opinión pública un reordenamiento global en base al capitalismo (¿Nuevo Orden Mundial?); pero lo que si es cierto es que la pandemia ha caído como anillo al dedo para el Statu Quo capitalista y la preservación de sus intereses. Estados Unidos lucha por no quedar rezagado frente a una China y una Rusia que empujan cada vez con más fuerza en el concierto internacional, y los Gobiernos nacionales han aprovechado el bioterror para desarticular a las sociedades, para destruir pequeñas y medianas empresas y para ocasionar más pobreza y miseria en complicidad con la élite económica.

http://barometrolatinoamericano.blogspot.com/

Apple y Google se alían para rastrear a los usarios de móviles siempre con el mismo pretexto de la pandemia

Ayer Apple y Google anunciaron una asociación para permitir el seguimiento digital de quienes han estado cerca de personas infectadas con el coronavirus con el pretexto de “limitar la propagación de la enfermedad”.

“Google y Apple anuncian un esfuerzo conjunto para permitir el uso de la tecnología bluetooth para ayudar a los gobiernos y agencias de salud a reducir la propagación del virus”, dijeron los dos monopolios tecnológicos.

Los móviles equipados con el iOS de Apple o el Android de Google podrán intercambiar información a través de bluetooth para rastrear contactos que mantengan las personas entre sí, a fin de alertar a otros para que no se acerquen a ellos, los apestados.

A partir de mayo, los usuarios de dispositivos iOS y Android podrán compartir el contenido de las aplicaciones oficiales de la burocracia sanitaria, que pueden descargarse de las tiendas en línea de ambos monopolios.

Apple y Google planean desarrollar “una plataforma de rastreo de contactos más amplia […] que permita que más gente participe, si decide unirse. Los sistemas operativos de los dos monopolios son los más utilizados en los móviles de todo el mundo.

“En Apple y Google estamos seguros de que nunca ha habido una razón más importante para trabajar juntos que la de resolver uno de los problemas más acuciantes del mundo”, dijeron ambos en un comunicado lleno de hipocresía.

“Mediante una estrecha cooperación y colaboración con los promotores, los gobiernos y las partes interesadas en la atención de la salud, esperamos aprovechar el poder de la tecnología para ayudar a los países de todo el mundo a frenar la propagación de COVID-19 y acelerar el regreso a la vida normal”, concluye el mensaje.

El coronavirus se ha convertido en la mejor coartada para una sociedad de tarados, creada a imagen y semejanza de sus impulsores: los grandes monopolios internacionales. Es el mejor de momento de salir a calle sin móvil o de cambiar su sistema operativo por otro.

Cómo se están falsificando los certificados de defunción en Estados Unidos sobre la marcha

Lo mismo que en otros países, en Estados Unidos la falsificación de los certificados de defunción también se está imponiendo sobre la marcha porque necesitan de la pandemia imperiosamente. Antes contaban de una manera y a partir del 24 de marzo lo hacen de otra. Esto significa que el fraude es de gran calado y que en el futuro el coronavirus servirá para múltiples usos, tanto sanitarios como políticos.

Antes sólo podían hacer referencia a la gripe de 1918 como cortina de humo; lo de ahora está mucho más fresco en la memoria. Será como exhibir el látigo en presencia del esclavo.

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades han enviado a los hospitales de Estados Unidos las instrucciones para imponer una determinada manera de contabilizar los fallecimientos por coronavirus (1).

Los hospitales están obligados a indicar el virus como causa de la muerte, independientemente de que existan o no pruebas reales que confirmen su presencia. Si el coronavirus sólo fuera un factor coadyuvante o si se sospechara que ha causado o contribuido a la muerte, se puede consignar como causa principal de la misma.

El CDI (Catálogo Internacional de Enfermedades y Problemas Sanitarios) establece el código U07.1 para las muertes por infección de coronavirus y existe un código secundario U07.2 para el diagnóstico clínico o epidemiológico de coronavirus cuando el informe del laboratorio no está disponible o no es concluyente, según las directrices de los CDC.

El CDI es un catálogo médico codificado que clasifica las enfermedades y una gran variedad de signos, síntomas, lesiones traumáticas, envenenamientos, circunstancias sociales y causas externas de lesiones o enfermedades. Lo publica la Organización Mundial de la Salud y se utiliza en todo el mundo para registrar las tasas de morbilidad y mortalidad en el ámbito de la medicina.

“Dado que los resultados de las pruebas de laboratorio no suelen figurar en los certificados de defunción en Estados Unidos, el NCHS no tiene previsto utilizar el código U07.2 para las estadísticas de mortalidad”.

La causa subyacente de la muerte depende del apartado que se consigne en el certificado de defunción. Sin embargo, las reglas para codificar y seleccionar la causa subyacente de la muerte establecen que el coronavirus “debe figurar en la mayoría de los casos como la causa subyacente”, según las directrices.

Los CDC inflan artificiosamente la tasa de mortalidad por coronavirus ordenando a los hospitales que hagan caso omiso de la ambigüedad o de otros factores implicados en la muerte. El resultado, por supuesto, será un aumento de la tasa de mortalidad.

Hay una diferencia importante entre una causa de muerte definitiva y el reconocimiento de los factores que también existen o contribuyen a ella. La forma en que estos elementos concluyentes son consignados determina para siempre esa parte del historial clínico del paciente. Habida cuenta del volumen de casos en cuestión, es poco probable que un segundo examen pueda separar las causas de la muerte para obtener una conclusión sobre la pandemia en el futuro.

“El Covid-19 debe figurar en el certificado de defunción de todas las personas fallecidas en las que la enfermedad haya causado o se sospeche que haya causado o contribuido a la muerte. Los certificadores deben incluir la mayor cantidad de detalles posibles basados en su conocimiento del caso, registros médicos, pruebas de laboratorio, etc.”

La orden de los CDC continúa diciendo que “si el fallecido tenía otras afecciones, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o el asma, que también pueden haber contribuido a la muerte, se pueden consignar en la Parte II”.

“No tenemos ni idea de lo que está sucediendo aquí y ahora, y no sabemos lo que la gente va a hacer en el futuro”, dijo Jeffrey Shaman, un epidemiólogo de la Universidad de Columbia, al Washington Post. “Tampoco sabemos si el virus es estacional”, añadió Shaman, cuyo trabajo lo utiliza la Casa Blanca para determinar las tasas de mortalidad (2).

Que nadie sepa es normal. Podemos ponernos a buscar. Pero ese no es el problema. Quieren que nunca podamos llegar a saber lo que está ocurriendo. El coronavirus quedará en el futuro como una “cabeza de turco” al que siempre se podrá responsabilizar de cualquier cosa, como la crisis del capitalismo.

De ahí que no se estén practicando ni pruebas de laboratorio ni autopsias. Es curioso ese esfuerzo de los CDC, pero también de la prensa española, por buscar más carnaza, inflar aún más las cifras de la pandemia. Todo sensacionalismo les parece poco.

Cada vez está más claro que el coronavirus entra dentro del terreno de la psicología de masas, que su objetivo es influir en sus emociones, motivaciones y razonamientos objetivos y, en última instancia, en el comportamiento de los gobiernos, organizaciones, empresas, bancos e instituciones de todo el mundo.

En adelante bastará que el sargento grite “¡coronavirus!” para ponernos firmes a todos. Nuestro servilismo dará verdadera pena a las generaciones futuras.

Hasta el senador por el Estado de Minnesota, Scott Jensen, que es médico, ha manifestado públicamente en la cadena de televisión KX4 que los intentos de los CDC por inflar las cifras de muertos por coronavirus son “ridículos”. Los poderes públicos pretenden controlar a las personas mediante el miedo: “El miedo es un excelente medio de controlar a la gente y eso es lo que me inquieta. Temo que a veces no estemos interesados por el factor que […] como Usted sabe, a veces la capacidad de la gente para pensar por ellos mismos se paraliza si están suficientemente asustados”.

(1)
https://www.cdc.gov/nchs/data/nvss/coronavirus/Alert-2-New-ICD-code-introduced-for-COVID-19-deaths.pdf
(2) https://www.washingtonpost.com/health/2020/04/02/experts-trumps-advisers-doubt-white-houses-240000-coronavirus-deaths-estimate/

Más información:
– La falsificación de los certificados de defunción para inflar el alcance de la pandemia
– La salud pública como pretexto para la represión, el control y la vigilancia de masas

La propaganda de Estados Unidos contra China pone a la OMS contra las cuerdas

Como ya anticipamos, Estados Unidos ha iniciado una ofensiva contra China que ahora alcanza a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que acusa de no haber suministrado información clave sobre el coronavirus en Wuhan y, por lo tanto, de haber “privilegiado la política sobre la salud pública”.

La campaña contra la OMS forma parte, pues, de la campaña contra China. Trump ha comenzado a decir que la OMS “ha fracasado” por sus posiciones “muy favorables a China” y ha amenazado con suspender su contribución económica al organismo internacional.

La Casa Blanca asegura que la falta de transparencia de China le ha hecho perder al mundo “un tiempo precioso” y que “las acciones de la OMS también han costado vidas”.

La OMS no declaró la “emergencia de salud pública de interés internacional” hasta el 30 de enero, dice el Departamento de Estado, a pesar de que había sido informada del brote en China en diciembre.

La declaración oficial se esfuerza por remarcar la vinculación entre el virus y China, donde habría tenido su origen, mientras destaca que Taiwan ya había advertido de la gravedad del brote con antelación.

“Nos preocupa profundamente que la información de Taiwan no haya sido compartida con la comunidad sanitaria mundial, como se refleja en la declaración de la OMS del 14 de enero de 2020, en la que se afirma que no hay pruebas de transmisión de persona a persona”, dice la diplomacia estadounidense.

“La OMS ha vuelto a poner la política por delante de la salud pública, como ha hecho con el estatus de observador de Taiwán en la OMS desde 2016”, añade el Departamento de Estado.

Taiwán ha quedado completamente excluido de la OMS en los últimos años por las presiones de China y ha tenido una respuesta ejemplar a la epidemia, a diferencia de China continental, afirma el portavoz.

Las instrucciones propagandísticas del imperialismo han sido asumidas por una parte de los portavoces del progrerío latinoamericano y europeo como si fueran de su propia cosecha.

Más información:
– La propaganda imperialista ya ha impartido sus consignas sobre ‘el virus de Wuhan’ a todas las cadenas del mundo

‘Nunca más deberíamos volver a estrechar la mano de nadie, incluso cuando esta pandemia haya terminado’

Estamos en manos de degenerados que, como Anthony Fauci, al que ya hemos mencionado en otras entradas, se han apoderado de la ciencia y hablan en su nombre para decir toda clase de estupideces.

Luego van los que siguen sus homilías porque creen que lo de Fauci es “ciencia pura”, por más absurdas que sean.

Durante una entrevista en la televisión Fauci ha recomendado que evitemos volver a estrecharnos la mano, incluso después de que acabe esta pesadilla.

No cabe ninguna duda que es este tipo de estupideces, no sus conocimientos, el que hace trepar a ciertos “expertos”, les permite abandonar el laboratorio y acolcharse en un cargo de asesor “científico” en la Casa Blanca, tanto con los demócratas como con los republicanos o con quien sea.

“No necesitamos darnos la mano”, dijo Fauci ante las cámaras. “Tenemos que romper esa costumbre. Porque, de hecho, esa es una de las principales formas en que puede transmitir una enfermedad transmitida por las vías respiratorias”.

Es pura ingeniería social para tarados. Quieren acabar hasta las más arraigadas e inocuas costumbres sociales. Quieren acabar con el hombre como ser social. Nos han confinado por la cara y no nos van a dejar salir de este agujero tan fácilmente.

Como en Valladolid, quieren que aplaudamos a los policías municipales que sacaron de su casa a la fuerza a una persona, la ataron a una camilla y la trasladaron al Clínico para que le practicaran un test de coronavirus (*).

No queremos ni imaginar la actitud de adoptaron los médicos del Clínico ante dicha situación, es decir, si se transformaron en apéndices de la policía o se comportaron como lo que se espera de ellos: como médicos.

Fauci forma parte de esa entelequia que algunos llaman “comunidad científica” y que, en efecto, no representa a los científicos, y lo que es más importante aún, tampoco representa a la ciencia. Es su peor enemigo.

Pero como hay algunos que no tienen claro nada de eso, nos veremos obligados a dar nuestra opinión al respecto porque nadie debería admitir que se confunda a un médico con un policía municipal.

(*) https://www.tribunavalladolid.com/noticias/la-policia-municipal-se-lleva-atado-a-la-camilla-al-clinico-a-un-hombre-que-no-queria-hacerse-el-test-del-coronavirus/158627

Más información:

— El vidente que profetizó la pandemia con tres años de antelación: el gran Anthony Fauci

La salud pública como pretexto para la represión, el control y la vigilancia de masas

Lo mismo que la educación es un vínculo directo entre un profesor y su alumno, la sanidad es otra igual entre un médico y su enfermo. El profesor se debe a su alumno y el médico a su paciente.

Los desastres contemporáneos de la sanidad han consistido en la creación de una burocracia sanitaria en la que el médico es un funcionario que se debe a su Estado, no a su enfermo. Como cualquier otro funcionario, el médico cumple unas rutinas de trabajo, ejecuta unos protocolos y se debe a quien le paga: el Estado.

El médico es un burócrata y el enfermo un robot varado en el taller mecánico. La punta de lanza que está destruyendo la sanidad son las enfermedades llamadas contagiosas, siempre con el mismo pretexto que, por lo demás, es paradógico: el médico ya no debe atender a un enfermo sino a todos los demás, a los que se pueden contagiar, que están por encima del anterior.

Además, de una práctica profesional, la sanidad se ha convertido en una compleja disciplina jurídica. Por encima de la salud hay que cumplir los decretos que la regulan que, en el caso de las epidemias, ponen en marcha una red de instituciones de control y vigilancia que funcionan como las demás que tiene el Estado: de la forma disciplinaria y represiva de la que somos víctimas ahora mismo.

Por ejemplo, un principio fundamental de la medicina ha sido siempre el secreto profesional, que está admitido en la Constitución española, por encima del cual han impuesto la obligación de “notificar” una enfermedad contagiosa.

Las enfermedades son siempre las mismas pero cada Estado no reacciona de la misma manera porque la medicina se rige por normas políticas, no sanitarias. Por eso hay diferentes catálogos de enfermedades contagiosas. Lo que para un Estado es contagioso para otro no lo es. Es fácil deducir que el pretexto de la infección es falso y que las enfermedades no contagiosas que se incluyen en los catálogos como si lo fueran no están ahí por razones de salud sino políticas, es decir, de vigilancia y control.

A medida que el Estado monopolista es más frágil, necesita un mayor control y el listado de enfermedades contagiosas aumenta. En 1995 había en España 35 y ahora hay 60, casi el doble. Ahora a los listados de la OMS, la Unión Europea, y el Estado central se suman las autonomías que han convertido a los contagios en un laberinto, como se ha puesto de manifiesto con el coronavirus.

Con el pretexto del contagio, el Estado ha puesto en marcha una burocracia paralela, la Red de Vigilancia Epidemiológica, que no trabaja con enfermos sino con números (la estúpida “curva”) y en la que no sólo participan médicos sino también los “cazadores de microbios”, los biólogos. El enfermo queda cada vez más lejos y las enfermedades también. Lo que interesa es la bacteria o el virus, por lo que el peso se traslada de los médicos a los biólogos.

Este tipo de enfermedades se llaman hoy de “declaración obligatoria” y su listado parece sacado de la serie de televisión “House”. Muchas de ellas no existen, es decir, el número de casos es cero (1), pero basta que existiera una para atraer un interés que no tienen otras enfermedades mucho más comunes.

Otras no son contagiosas pero el dispositivo se pone en funcionamiento de la misma manera, como si lo fueran, porque el contagio es el pretexto. De ahí que el Estado central adopte la típica terminología burocrática y aséptica (hipócrita) de llamarlas “enfermedades de declaración obligatoria”, mientras que algunas autonomías y países siguen con la vieja terminología de “transmisibles” (2).

La biología se ha acabado enfrentando a la medicina. La sanidad moderna comienza con el error fatal de asociar los microbios a las enfermedades y después sigue con un segundo error, que es su consecuencia: no hacer autopsias. Lo único que interesa hoy es la “carga viral” y las muertes se imputan siempre al microrganismo, lo cual es anticientífico, como bien saben los patólogos:

“La investigación basada en autopsias ofrece información útil y fiable en estudios sobre prevención y epidemiología en diversas áreas de la medicina. Esta información sobre las causas de la muerte es esencial en el desarrollo de políticas de salud nacional e internacional para la prevención y control de las enfermedades” (3).

Sin embargo, la burocracia impone lo contrario: “Si se sospecha una FHV [Fiebres Hemorrágicas Virales] en un fallecido, no se debe realizar autopsia, dada la elevada carga viral de los fluidos corporales” y el cadáver se debe incinerar (4).

Por lo tanto, la causa de la muerte se ignora y lo que es peor: nunca se podrá saber porque el cadáver se ha incinerado. Es lo que acaba de decir el ministro de Sanidad, Salvador Illa en una rueda de prensa: “Toda persona que da un diagnostico positivo y fallece es considerada un fallecido por coronavirus” (5). La sanidad y las políticas que de ella se derivan, funcionan en base a suposiciones, no a hechos comprobados.

Hubo un tiempo en que las cosas se hacían de manera científica. Por ejemplo, en 2010 en Aragón se notificaron 4 fallecidos por encefalopía espongiforme, una enfermedad que está dentro del listado maldito. Afortunadamente se les practicó la autopsia y sólo una de ellas se confirmó como causa de la muerte. Por lo tanto, el hecho de que se registre una “enfermedad de declaración obligatoria” y el paciente muera no significa, en absoluto, que la misma sea la causa de la muerte.

La campaña que ha iniciado la prensa española para deslizar que el número de fallecidos por coronavirus es mucho mayor de lo que establecen las cifras oficiales es, por lo tanto, una aberración. Dentro de un tiempo, cuando ya nadie se acuerde, las tasas de mortalidad pondrán a cada uno en su sitio.

(1) Para el caso de Murcia: http://econet.carm.es/inicio/-/crem/sicrem/PU_datosBasicos/sec112.html
(2) Es el caso de Extremadura: https://saludextremadura.ses.es/web/enfermedades-transmisibles
(3) Protocolo de actuación forense ante la sospecha de meningitis bacteriana y shock séptico fulminante, Cuadernos de Medicina Forense, núm. 37, julio de 2004, pg.8
(4) Protocolo EDO, pg. 217, https://sanidad.castillalamancha.es/sites/sescam.castillalamancha.es/files/documentos/pdf/20140813/protocolos_enferm_declaracion_oblig.pdf
(5) https://www.elindependiente.com/politica/2020/04/08/el-recuento-de-fallecidos-por-coronavirus-en-espana-genera-muchas-dudas/

La ley marcial aprobada en Gran Bretaña amenaza con la posibilidad de un Golpe de Estado en cualquier momento

La ley marcial, los estados de emergencia y demás formas de terrorismo de Estado no se acaban nunca por dos motivos: facilitan la dominación de clase y, además, la justifican. Cabe añadir que las normas que se imponen no expiran nunca, así como tampoco las instituciones que se crean por motivos extraordinarios.

Las formas de dominación se favorecen de tal manera que la burguesía suspira porque surjan dramas, como la voladura de las Torres Gemelas, o virus asesinos, hasta el punto de que si no aparecen conviene iniciarlos, magnificarlos e incluso inventarlos.

En Gran Bretaña la Ley sobre el Coronavirus recién aprobada (*) ha desatado, como es habitual, una campaña de prensa para dejar claro a los más temerosos que “no crea un estado policial” y que las facultades extraordinarias otorgadas a la policía y los militares “sólo” van a durar dos años.

Como todo lo que concierne a esta pandemia, también esa campaña de prensa es falsa, para lo cual no hace falta más que leer el artículo 89, que aclara las partes que son temporales, las que no lo son y las que pueden ser prorrogadas con diferentes pretextos y argucias del Primer Ministro o de cualquier otro miembro del gobierno que lo estime necesario.

Como consecuencia de ello, una cuarta parte (y quizás más) de toda la Ley nunca expirará, por más que la pandemia remita, deje de haber muertos, vacunen a toda la población en masa y los hospitales se vacíen.

Las leyes de emergencia se aprueban para formar parte del elenco represivo de forma permanente. “Per omnia saecula seculorum”, decían los jurisconsultos romanos.

Desde hace siglos un capítulo fundamental de toda ley marcial, pero especialmente en Gran Bretaña, es siempre la impunidad: lo que hagan o dejen de hacer quienes toman las decisiones y las ejecutan no son cuestiones sometidas a responsabilidad. El gobierno y sus funcionarios no rinden cuentas, tienen carta blanca para hacer cualquier cosa, algo que se puede denominar de muchas otras maneras, como “patente de corso” o impunidad.

Pues bien, varias secciones de la Ley británica aclaran que la carta blanca es permanente: los funcionarios públicos están eximidos de responder por cualquier daño que causen a un paciente que esté siendo tratado por el coronavirus e incluso de cualquier otra enfermedad de la que se “sospeche” que pueda estar relacionada con el coronavirus.

En otras palabras, la responsabilidad médica ha desaparecido, tanto para los médicos como para los hospitales. Si matas a un enfermo ya no hay consecuencias, lo puedes seguir matando tranquilamente tal y como ordenan los protocolos sanitarios que el propio gobierno ha aprobado.

Por ejemplo, si alguna multinacional inventa una vacuna, el gobierno puede acelerar su aplicación a los enfermos (y a los sospechosos) sin necesidad de seguir los protocolos habituales de seguridad. Por decirlo en román paladino: podemos utilizar a los enfermos y sospechosos de contagio como ratones de laboratorio.

¿Necesitan Ustedes más ejemplos? Vean: los artículos 59 a 70 permiten dar un golpe de Estado ya que el gobierno puede aplazar las elecciones y esa facultad no tiene un plazo de caducidad. El golpe de Estado es una amenaza que se quedará para siempre. “Per saecula seculorum”.

(*) http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2020/7/section/89/enacted

La salud no puede quedar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro

El lunes la EMA (Agencia Europea del Medicamento) denunció la escasez de fármacos y la causa la pueden dar por sabida. “Riesgo de escasez de fármacos por la epidemia de coronavirus”, titulaba El Español el 18 de febrero (1). Diez días después la FDA, la institución competente en Estados Unidos en alimentación y medicamentos, anunció la “primera escasez” de fármacos “por el brote de coronavirus que se originó en China” (2). La pandemia está causando tal cantidad de enfermos que las medicinas se agotan, lo que antes no sucedía.

La intoxicación mediática oculta detalles que, por sí mismos, son ilustrativos: el año pasado los veterinarios ya denunciaron la carestía de medicamentos para los animales. donde no hubo ni puede haber ningún pretexto de pandemia (3).

En plena crisis capitalista de superproducción, cuando todos los silos de petróleo del mundo están a tope de su capacidad, hay escasez de remedios, por lo que los precios suben y las grandes multinacionales farmacéuticas se llenan los bolsillos. Hay más enfermos que nunca y no llega para todos. Sobra de todo excepto medicamentos, porque vivimos en una sociedad enferma y hay que seguir produciendo fármacos sin parar.

Pero si no hay una “vacuna” para el coronavirus hay que preguntar por qué están medicando a los “enfermos del virus” y qué les están administrando. Ya se lo decimos nosotros: están sedando, tanto a los hospitalizados como a los recluidos en los geriátricos. La Sociedad Española de Medicina Intensiva ha pedido a los médicos que reduzcan la administración de sedantes. Los tienen anestesiados las 24 horas del día por la tensión a la que les han sometido. Los sedantes son, pues, el fármaco de moda y uno de los que más escasea. Vivimos en una sociedad anestesiada y dormida.

Ahora bien, todo lo que concierne al mercado sanitario tiene su trampa, lo mismo que la política sanitaria, porque la escasez de remedios ya se denunció antes de la histeria, aunque ya casi nadie se acuerda tampoco de aquello.

La carestía de fármacos es lo mismo que el colapso hospitalario. El Colegio de Farmacéuticos elabora listados semanales con los medicamentos que tienen problemas de abastecimiento al menos desde junio de 2017, pero entonces aquello no pareció importar a casi nadie (4).

La escasez no sólo concierne a la Unión Europea, sino al mundo entero. Es un problema “complejo”, decía el Boletín de la Organización Mundial de la Salud en 2012 (5).

En 2014 la AARP denunció la carestía en Estados Unidos, y merece la pena reproducir ahora algún fragmento a fin de que tomen buena nota de los extremos a los que está llegando la sanidad: “En algunas partes del país, equipos de atención médica han tenido que utilizar fármacos pasada la fecha de caducidad especificada por el fabricante. Para evitar que algunos medicamentos para tratar enfermedades que ponen en riesgo la vida desaparezcan por completo, la FDA ha permitido que fármacos que se conoce están contaminados permanezcan en el mercado. Desde que en 2009 la agencia encontró partículas de metal en medicamentos usados para tratar un grupo de enfermedades congénitas, por ejemplo, se permitió a la compañía seguir vendiéndolos, con una advertencia para los médicos para que inspeccionaran la solución y estuvieran al tanto de reacciones adversas. Cuando en el 2011 se encontraron partículas de vidrio en muestras de otra medicina —el fosfato de potasio inyectable— los médicos recibieron instrucciones para filtrar el medicamento con una aguja especial antes de agregarlo a la jeringa” (6).

En el 2011 la Associated Press documentó 15 muertes vinculadas a la escasez de medicamentos en Estados Unidos. Nadie sabe cuántas más ha habido, pero se iniciaron varias demandas exigiendo indemnizaciones por las muertes causadas.

Por lo tanto, la carestía de medicamentos es muy anterior a la histeria del coronavirus. Hasta el año pasado el desabastecimiento era puntual, pero a partir de entonces “se convirtió en un problema estatal de calado que afectó tanto a las farmacias como a los hospitales” (7). El año pasado la carestía se había duplicado en comparación con 2015 y el gobierno implementó un plan de choque.

La causa de la carestía es que la sanidad ya es privada desde hace mucho tiempo porque le llega impuesta al mundo por las grandes multinacionales farmacéuticas y sus tentáculos. No se puede hablar de defensa de la sanidad pública sin expropiar la farmacia, es decir, a las grandes empresas farmacéuticas. No hay salud pública sin socialismo. La salud no se puede dejar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro, única y exclusivamente.

(1) https://espanol.medscape.com/verarticulo/5905022
(2) https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/coronavirus-covid-19-supply-chain-update
(3) http://www.diarioveterinario.com/texto-diario/mostrar/1523675/cambia-forma-comunicar-escasez-farmacos-veterinarios
(4) https://www.portalfarma.com/Profesionales/medicamentos/CISMED/Paginas/Listados-de-Medicamentos-con-problemas-de-suministro-Historico.aspx
(5) https://www.who.int/bulletin/volumes/90/3/11-101303/es/
(6) https://www.aarp.org/espanol/salud/farmacos-y-suplementos/info-2014/enfrentar-escasez-medicamentos.html
(7) https://www.eleconomista.es/sanidad/noticias/10362604/02/20/La-falta-de-farmacos-se-duplica-desde-2015-y-el-7-no-tienen-alternativas.html

Estados Unidos y la Unión Europea planearon el secuestro de Maduro

La Casa Blanca y la Unión Europea planearon destituir a Maduro y Diosdado Cabello, y luego liquidar las instituciones constitucionales de Venezuela, excepto el ejército.

El 26 de marzo el Fiscal General William Barr emitió una orden de búsqueda y captura contra ambos, acusándoles de narcotráfico, y prometió una recompensa a quien ayudara a llevarlos ante los tribunales de Estados Unidos (1).

La Armada de Estados Unidos y la DEA debían secuestrar a los dos dirigentes venezolanos y encarcelarlos en Estados Unidos. Varios buques de guerra, incluyendo un destructor, ya estaban listos para ayudar al SouthCom, el mando operativo de Estados Unidos para el Cono Sur.

El 31 de marzo, el Secretario de Estado Mike Pompeo emitió un plan de “transición democrática” para Venezuela, una copia de la “Operación Causa Justa” que permitió a Washington recuperar el control de Panamá en 1989, según la Red Voltaire (2).

Inesperadamente, el Pentágono se opuso a la operación con el pretexto de que era “inapropiada”, por el avance del coronavirus en Estados Unidos.

En realidad, los altos jefes militares se han alineado con la oposición a Trump. El Mando Norte del Pentágono ha planeado destituirle con el pretexto de la gestión de la epidemia, según la Red Voltaire (3).

Un grupo de la inteligencia militar ha intentado bloquear el plan golpista, amenazando con detener a varios generales a los que acusaría de delitos sexuales.

El golpe de Estado en Estados Unidos ha salvado el golpe de Estado en Venezuela. Para llevar adelante sus planes, los golpistas necesitan que la epidemia se extienda por Estados Unidos para denunciar la incompetencia de Trump y apoderarse del poder “por motivos de salud pública”.

(1) https://www.justice.gov/opa/pr/nicol-s-maduro-moros-and-14-current-and-former-venezuelan-officials-charged-narco-terrorism
(2) https://www.voltairenet.org/article209609.html
(3) https://www.voltairenet.org/article209570.html

Más información:
– Fracasa un intento de secuestrar a Maduro por parte de antiguos boinas verdes y mercenarios
 

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