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Al imperialismo le interesa mucho controlar ‘el opio del pueblo’

Nadie como Marx disfrutaría hoy más leyendo los nuevos ecos de cierto renacer religioso en el mundo, a diferencia de sus discípulos, que presumen de ateísmo para evadirse de uno de los recursos a los que siempre ha echado mano el imperialismo. Al fin y al cabo la inmensa mayoría de la población mundial es religiosa y para manipularla hay que manipular su religión, y lo mismo le ocurre a los que pretenden exactamente lo contrario.

La evolución del Opus Dei es simétrica al Concilio Vaticano II, los curas obreros y la teología de la liberación. Por lo tanto, en el mundo no hay una religión sino muchas, muy diferentes, que desempeñan funciones sociales, políticas e ideológicas también diferentes según los fieles a los que va dirigida.

Eso le ocurre incluso una religión centralizada, como el catolicismo, que es diferente en Europa, Latinoamérica o África. Con mucha más razón al islam, que es un opio distinto, mucho más diverso.

A primera hora esta mañana desayunamos con el siguiente titular en la boca: “La mezquita de París sigue en manos de los servicios argelinos”, en referencia al espionaje argelino (1). Al mismo tiempo sabemos que la de Munich está desde hace décadas en manos de la CIA (2), la de Ripoll (Girona) en las del CNI y así sucesivamente podríamos seguir a lo largo del muchos países del mundo.

¿Qué intereses tiene el espionaje imperialista para dedicar sus energías a las mezquitas?

El número dos de la de París, Mohamed Lawanughi, es un agente del antiguo DRS, el servicio secreto argelino, y trata de imponer su sello al islam en Francia a través de un centro de culto que sirve de escaparate para los musulmanes de las antiguas colonias francesas, especialmente del norte de África.

A la mezquita de París no sólo van los fieles a ponerse de rodillas sobre una alfombra, sino que es una escuela de futuros imanes. Actualmente unos 140 “dirigentes del culto islámico” están bajo el control de la mezquita de París, o sea, del gobierno argelino y, seguramente, del francés.

Lawanughi es un sargento del ejército argelino al que desmovilizaron hace 20 años para trasladarlo a los “servicios especiales” de la capital francesa donde el coronel Alí Benguedda, apodado “El Pequeño Smain”, le colocó de guardaespaldas en un lugar discreto a la sombra del rector de la mezquita, Dallil Bubakeur.

Lo mismo que muchos oficiales del espionaje argelino, “El Sargento”, como se le conoce, veranea en Benidorm, donde tiene un chalet en una urbanizaciones de lujo.

En País ejerce una doble función. No sólo espía a los exiliados argelinos de la guerra de hace 20 años contra el fundamentalismo, sino que tiene la pretensión de reformar el “islam francés” de la mano de Macron, el Presidente de una República que alardea de “laicismo” cuando le conviene.

La semana pasada Bubakeur se trasladó a Argel para explicar en la orilla africana del Mediterráneo lo que debe ser el islam en la orilla europea. La conferencia estaba patrocinada, entre otros, por el embajador francés en Argel porque a las dos orillas les interesa mucho el islam (el control político del islam).

Unos, los argelinos, aún viven con el susto de perder unas elecciones ante los islamistas hace dos décadas, que tuvieron que superar recurriendo a una guerra devastadora y a muchos crímenes.

Los otros, los franceses, necesitan controlar a los emigrantes, que son una parte cada vez más importante de la fuerza de trabajo en Francia. Para la otra ya tienen a los sindicatos, los reformistas, las ONG, la prensa y demás.

Hace poco, cuenta Mondafrique, “El Sargento” le pegó una paliza a Abdelmalek Djebbar, su adjunto en la inspección de imanes, que tuvo que ser ingresado en el hospital. Le denunció a la policía Abderrahman Dahman, un antiguo asesor de la Presidencia de la República en tiempos de Sarkozy. A la denuncia Dahman añadió que en una ocasión “El Sargento” le había amenazado de muerte a él personalmente.

El viejo sargento tiene mano de hierro. Una mujer de origen marroquí también le denunció por haberla golpeado. Lawanughi confunde la mezquita con el cuartel.

(1) https://mondafrique.com/mosquee-de-paris-toujours-controle-services-algeriens/
(2) https://mpr21.info/2014/08/juan-manuel-olarieta-el-terrorismo.html

Más información:

— El islamismo funciona con mando a distancia
— Nazis en Ucrania, fundamentalistas en Chechenia
— Los ataques terroristas chechenos llevan el sello ‘made in USA’
— En Ucrania algunos perros de la guerra son islamistas

Le Pen: el viejo, el nuevo fascismo y los grandes esfuerzos que hacen todos por no llamar a las cosas por su nombre

En Francia ha salido a la venta el primer tomo de 500 páginas con la autobiografía del fascista Jean Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional en 1972, que es la fecha en la que acaba el relato de su peripecia política reaccionaria. La obra se títula “El hijo de la nación”.

El fascismo francés y Le Pen se forjaron en la época del mariscal Pétain, dirigente de la Francia que colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial en la ocupación de su propio país, algo muy poco nacionalista y típicamente clasista: en 1940 los invasores nazis no molestaron, pero la llegada de pateras repletas de negros y moros es otra cosa muy diferente.

Ahora los moros invaden Francia, pero antes los franceses invadieron Argelia. Le Pen es un viejo sargento paracaidista del ejército colonial francés que combatió contra la liberación de Argelia, donde la tortura de los independentistas y la desaparición de la población civil fueron prácticas sistemáticas contra los que ya entonces fueron calificados como “terroristas”.

En sus memorias Le Pen admite que “había golpes, se utilizó la picana y la bañera, pero no hubo mutilaciones ni nada que tocara la integridad física”. El dirigente fascista niega que él o sus camaradas “hayan tenido a su cargo los interrogatorios especiales”. Sin embargo, en 2002 el diario Le Monde probó que el sargento había participado en la formalización de “la tortura a domicilio” durante el primer semestre de 1957.

Su libro es una manera como otra cualquier de resucitar al fascismo francés que, a pesar de que los medios insistan en lo contrario, atraviesa una profunda crisis. Han querido imitar a Hitler porque se han creído la fantasía de que los nazis llegaron a la cancillería en Alemania mediante los votos, y es mentira. En 1933 los nazis llegaron al poder gracias al propio Estado alemán y a los demás partidos reaccionarios que los elevaron a lo más alto.

El Frente Nacional es hoy una jaula de grillos. Uno de sus dirigentes, Florian Philippot, ha abandonado la organización para crear su propio partido, Los Patriotas.

La nieta de Le Pen, Marion Maréchal Le Pen, le hace sombra a Marine. La pelea por la primera fila del palco es tan feroz que el papá ha amenazado con presentarse en el congreso del partido que se celebrará la semana que viene acompañado por 300 ciclistas.

La hija de Le Pen, Marine, está empeñada en resucitar el fiambre mediante lo que llama su “refundación”, que supondrá su cambio de nombre, algo en lo que no todos están de acuerdo. Ni siquiera el fundador, su padre, que lleva años fuera de la organización.

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de la primavera del año pasado, los fascistas fueron barridos estrepitosamente, aunque obtuvieron más de 10 millones de votos, el resultado más alto conseguido hasta ahora.

Marine Le Pen lucha por modernizar el fascismo francés. Quiere eliminar etiquetas tóxicas, como el antisemitismo, el populismo mediocre o el racismo gárrulo que espantan de las urnas a muchos electores. Con ese propósito ha organizado el congreso de la semana que viene.

Por el contrario, el abuelo Le Pen quiere mantener las esencias reaccionarias, colonialistas y xenófobas del fascismo francés de toda la vida, el de Petain y Maurras.

Las disputas actuales de la familia Le Pen expresan la lucha entre el viejo y el nuevo fascismo, ese que no quiere que le llamen por su nombre y que todos los oportunistas del mundo se esfuerzan por disimular.

Proceso Gbagbo: dos años después las acusaciones de los colonialistas se desinflan

El proceso contra el ex Presidente marfileño Laurent Gbagbo ante el Tribunal Penal Internacional ha entrado en su fase decisiva. Los jueces del Tribunal le han metido presión a la fiscal Fatou Bensouda al exigirla que concrete y justifique su acusación en el plazo de un mes. En otras palabras, han suspendido el juicio y -bajo cuerda- lo que le dicen es que retire la acusación. Ante el vacío y el ridículo, la fiscal estaría dispuesta a hacer concesiones, al más puro estilo judicial gringo.

El juicio contra Gbagbo y su ministro Charles Blé Goudé en La Haya, que comenzó hace dos años, se ha desinflado tras oir a los 82 testigos de la acusación. El Tribunal confirma que Bensouda tiene que explicar si las pruebas que ha aportado en el juicio apoyan cada una de las acusaciones contra Gbagbo y, sobre todo, la muerte de 167 personas.

Los testimonios de los 82 testigos han resultado desastrosos para la fiscalía, ya que no sólo no proporcionaron ninguna prueba sino que muchos de ellos exoneraron a los dos acusados. “Si la fiscal pretende retirar parte o la totalidad de los cargos […] tendrá que presentar una solicitud a la Sala lo antes posible”, le dicen los jueces, presididos por el italiano Cuno Tarfusser.

La Sala está dirigiendo el juicio abiertamente en una dirección favorable a los dos acusados. Los jueces se han convertido en abogados defensores, ya que los dos acusados han sido declarados indigentes y se le han nombrado a unos de oficio que, como es costumbre, no dan un palo al agua.

El juicio ha sido objeto de numerosas manipulaciones e irregularidades incluso antes de que se iniciara. La acusación contra Gbagbo y su ministro es el resultado de un cambalache político, una farsa que desde 2010 involucra al entonces fiscal del Tribunal, el argentino Luis Moreno Ocampo, a los colonialistas franceses y al actual jefe de Estado de Costa de Marfil, Alassane Ouattara. Por eso, en abril de 2011 Ocampo pidió al nuevo gobierno de Costa de Marfil que mantuviera preso a Gbagbo cuando no tenía ninguna base legal para hacerlo.

En 2013 Gbagbo debió ser puesto en libertad. Dos de los tres jueces de la Sala de Cuestiones Preliminares del Tribunal, Christine Van den Wyngaert y Hans Peter Klaus, consideraron que las pruebas presentadas por la fiscal Bensouda no podían “en modo alguno presentarse como resultado de una investigación completa y adecuada”, y no podían justificar una acusación. Pero, curiosamente, se impuso la tercera jueza, Silvia Fernández de Gurmendi, una antigua colaboradora de Moreno Ocampo, que tenía una opinión opuesta. En lugar de archivar el caso, la Sala decidió conceder a Fatou Bensouda un año más para reanudar su investigación.

Una nueva anomalía marcó la continuación de la fase preliminar: en 2014, mientras que Christine Van den Wyngaert consideró que las pruebas proporcionadas por la fiscal eran insuficientes, Hans Peter Klaus y Silvia Fernández de Gurmendi consideraron todo lo contrario. Entonces Gbagbo fue acusado de inmediato. Hans Peter Klaus estaba gravemente enfermo en el momento de su decisión y renunció unos días después de anunciar la acusación. Un mes después murió.

En octubre del año pasado Mediapart y el European Investigative Collaborations (EIC) destaparon las manipulaciones de Moreno Ocampo y el carácter ilegal del procedimiento iniciado contra Gbagbo. Aunque no provocaron ninguna reacción en los países “civilizados” y “respetuosos de los derechos humanos”, desataron una tempestad de indignación en África.

Según algunas fuentes, la fiscal parece dispuesta a soltar lastre para sacar al Tribunal de la trampa en la que está medido. Pero para ello necesita la luz verde de los que la sostienen: los colonialistas franceses. Si quieren salvar lo poco que queda de la credibilidad del Tribunal, no tendrán otra opción que aceptar que este fraude judicial ha llegado a su fin.

A sus 72 años de edad, Gbagbo afirma ser una víctima de Francia y un “rehén” del Tribunal. Lleva ya 7 años preso en Holanda de manera preventiva, algo inverosímil si no fuera por el carácter netamente político, colonialista y fraudulento del proceso.

http://www.linfodrome.com/vie-politique/36644-cpi-nouveau-rebondissement-dans-l-affaire-gbagbo-ble-goude-selon-mediapart

El negocio humanitario de las ONG: colonialismo y violación de las mujeres y los niños del Tercer Mundo

El exsoldado belga Roland van Hauwermeiren, que hoy tiene 68 años, trabajaba a comienzos de siglo en Liberia para la organización humanitaria Merlin (parte hoy de Save The Children). Dirigía varios proyectos en un país devastado por 15 años de guerra civil, pero en 2004 abandonó Monrovia entre sospechas sobre su vida sexual. Le gustaban las prostitutas locales y su vida social había despertado recelos en la comunidad.

Dos años después, sin embargo, fue contratado por Oxfam, una de las ONG más conocidas del mundo, que vive hoy una de las mayores crisis de su historia tras conocerse que Van Hauwermeiren y otros organizaron orgías con prostitutas haitianas durante los trabajos de reconstrucción de la isla tras el terremoto de 2010.

Con Van Hauwermeiren a la cabeza, un grupo de sicarios de Oxfam convirtieron una de las casas alquiladas en “un prostíbulo”. “Había niñas con camisetas de Oxfam corriendo semidesnudas”, dice la fuente: “Era como una orgía digna de Calígula. Una locura”.

La costumbre venía, al parecer, de antaño. Un excompañero del belga, Paul Hardcastle, dijo que Van Hauwermeiren usaba a los chófers de la ONG en Liberia para ir a clubes, conocer meretrices y llevarlas después a la casa alquilada para él con fondos provenientes de donaciones.

Hardcastle envió una protesta oficial a la directora de recursos humanos de Merlin; se estudió el caso y Van Hauwermeiren abandonó Liberia. A pesar de ello, en 2006 empezó a trabajar en Oxfam: director general de la agencia en Chad, Congo y Haití, donde hubo de dimitir tras reconocer que recibía a prostitutas en su residencia.

Un año después, Acción contra el Hambre le nombraría jefe de su misión en Bangladesh.

El caso Haití y su onda expansiva amenazan con modificar profundamente la cooperación internacional, un sector protegido por un aura de opacidad (en atención a su presunto idealismo) que probablemente desaparezca tras conocerse la extensión de los crímenes cometidos por colonialistas occidentales bien pagados en países pobres.

El violador reconoce haber cometido “errores” en Haití, pero niega haber contratado prostitutas o abusado de menores: “No soy un santo. Soy un hombre de carne y hueso y he cometido errores (no es fácil admitirlo); estoy profundamente avergonzado”.

Van Hauwermeiren argumenta que renunció a su puesto en el país caribeño porque no había ejercido un control suficiente sobre las posibles conductas inadecuadas del personal acusado. Asegura que nunca organizó orgías ni visitó burdeles en el país. Mantuvo, según relata, una breve relación sexual en su residencia de Oxfam con una mujer local a la que conoció tras entregar a su hermana pequeña leche en polvo y pañales para su descendencia.

‘La semana negra’

El descubrimiento del negocio de la cooperación es el peor en lo que va de siglo, y podría tener repercusiones mucho más concretas sobre la financiación de Oxfam y otras grandes multinacionales. La vicedirectora ejecutiva de la ONG británica, Penny Lawrence, dimitió el lunes en medio del caos: “Como directora de programa en aquel momento, me avergüenzo de lo que ocurrió bajo mi vigilancia y asumo responsabilidad total”. Lawrence confirmó, además, que habían existido protestas similares durante la estancia de van Hauwermeiren en Chad.

El asunto empeoró el martes. Mientras los medios de todo el mundo sacaban a portada el escándalo sexual haitiano, policías guatemaltecos detenían al presidente de Oxfam Internacional, Juan Alberto Fuentes, por un caso de corrupción local. Horas antes, Fuentes había publicado un tuit sobre el escándalo sexual de Haití:

“Es sabido que detrás del idealista mundo de las ONG (muchas de las cuales reciben subvenciones gubernamentales) se oculta en no pocas ocasiones un propósito más bien pragmático: estos embajadores de buena voluntad del mundo desarrollado funcionan también como un destacamento avanzado de esos Gobiernos para mantener su influencia y apoyar a sus empresas en el mantenimiento de contratos en países pobres. Sin embargo, la actuación efectiva y generosa de muchas de ellas ha mantenido el halo de impunidad de sus agentes de campo durante décadas.

La ONU maneja informes que hablan de 120 casos de abusos sexuales de cooperantes a lo largo del pasado año: concretamente, 87 en Oxfam, 31 en Save the Children y 2 en Christian Aid 2. Las denuncias incluyen el abuso de niños; sin embargo, y desgraciadamente, las noticias han producido más repulsa que sorpresa. Con frecuencia operando en territorios devastados, y sujetos a diversas jurisdicciones, los cooperantes en el terreno funcionan con una sensación de virreinato.

A finales del año pasado la Fundación Thomson Reuters preguntó a diez destacadas agencias internacionales por episodios de abuso sexual. Cuatro no llegaron a responder nunca, probablemente temerosas de perder subvenciones (entre ellas Cruz Roja Internacional).

Las denuncias por acoso o abuso sexual han aumentado un 36 por ciento entre 2016 y 2017 en el ámbito humanitario. Save the Children u Oxfam revelaron que se vieron obligadas a despedir a 16 y 22 trabajadores, respectivamente, en 2017. Médicos Sin Fronteras (MSF) cortó su vínculo con 20 trabajadores (10 el año anterior). World Vision registró otros 10 incidentes de esta índole en 2016, 4 en 2017. Mercy Corps tuvo 11 casos de conducta sexual inapropiada en 2017 y despidió a 5 empleados.

Seis de los casos de abusos reconocidos por Médicos Sin Fronteras se han producido entre personal de MSF España. “Todos entre adultos y de hombres hacia mujeres”, y todos referidos a comentarios inapropiados o tocamientos, según explicó esta semana su presidente, David Noguera. Los expedientes se saldaron con cuatro expulsiones y dos apercibimientos.

Todas las ONG están bajo sospecha

El director de comunicación del Comité Internacional de la Cruz Roja, Sam Smith, reconoció esta semana que el escándalo de Oxfam ha servido al menos para marcar un punto de inflexión. “Creemos que no se trata de una sola organización”, admitió Smith, “sino que es un problema de todo el sector y debemos trabajar colectivamente para superarlo”.

En realidad, el “problema” al que se refiere Smith había sido detectado ya hace tiempo. En 1996, un estudio pionero sobre las repercusiones de los conflictos armados sobre la infancia concluyó que durante esa década, en Mozambique, Angola, Somalia, Camboya, Bosnia y Croacia, “la llegada de soldados del mantenimiento de la paz estuvo vinculada a un rápido aumento de la prostitución infantil”.

114 soldados de la ONU fueron enviados a casa en 2007 por violaciones a mujeres y niñas. No hubo procesos judiciales. Los críticos acusan a las organizaciones humanitarias (que dependen en gran medida de subvenciones públicas) de encubrir estas prácticas por interés propio.

La ONU entrevistó a más de 1.500 personas, incluyendo personal humanitario contratado. 40 departamentos y más de 60 individuos fueron señalados como responsables de abusos. Un adolescente en Liberia afirmaba que “es difícil escapar a la trampa de esa gente [de las ONG], usaban la comida como cebo para tener sexo con ellos”. “La implicación de trabajadores humanitarios en actos de abuso y explotación sexual es una grave violación de nuestra responsabilidad de no dañar, y sí proteger, a las personas afectadas por una crisis”, dijo entonces la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

En 2008 Save the Children afirmaba en un documento que “niños de incluso seis años están intercambiando sexo por comida, dinero, jabón o teléfonos móviles con trabajadores humanitarios y fuerzas de pacificación”. La encuesta había sido hecha en Costa de Marfil, Sudán del Sur y precisamente Haití. Incluía casos de violaciones, abuso sexual verbal, pornografía infantil, prostitución y tráfico de menores (muchos de ellos pobres, desplazados o huérfanos).

“El problema viene de lejos, cualquiera que haya trabajado en cooperación en África sabe que muchos cooperantes pagaban por sexo. Nada inusual…”, dice un diplomático español con pasado de trabajador humanitario.

Haití es la punta del iceberg

La repercusión global del escándalo de Oxfam ha producido una crisis en el Gobierno británico, que ha cuestionado el “liderazgo moral” de la organización, que disfruta de 36 millones de euros anuales en subvenciones gubernamentales. Pese a su nombre (“no gubernamentales”) las ONG reciben un porcentaje importante de sus ingresos a través de subvenciones estatales o regionales (a costa, claro, de su independencia).

La exsecretaria de Estado británica para Desarrollo Internacional, Priti Patel, afirmó que las ONG “viven en la cultura de la negación y el ocultamiento”. Patel aseguró asimismo que el escándalo de Haití es solo “la punta del iceberg” y acusó a Oxfam de “falta de liderazgo moral” a la hora de llevar a los culpables ante los tribunales.

El racismo y el menosprecio a las mujeres son moneda corriente en Oxfam. Sucede en muchas organizaciones del negocio de las ONG, donde impera la “cultura del abuso sexual”. Una trabajadora humanitaria fue violada por su “compañero” de oficina en Sudán del Sur.

https://www.elespanol.com/reportajes/20180218/exsoldado-van-hauwermeiren-convirtio-oxfam-prostibulo-ongs/285721804_0.html

Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

Entre las leyes que la historia cumple siempre rigurosamente se incluye la de que “Roma no paga a los traidores”. Nunca, porque en cualquier sociedad no hay cosa más despreciable que la traición.

En Argelia a los traidores los llaman “harkis”. Fueron los que durante la descolonización no se pusieron del lado de los suyos, sino del colonialismo. Tras la liberación fueron perseguidos en su propio país y ejecutados ignominiosamente. Unos 50.000 lograron huir a Francia, donde llevan una existencia infernal, junto con sus familias.

En África nadie les quiere por colaboracionistas y en Europa son despreciados por ser moros y musulmanes. Cada 19 de marzo se manifiestan regularmente contra los Acuerdos de Evian por los que Francia concedió la independencia.

Sin embargo, hay gente compasiva que se apiada de ellos, como el Presidente de la República, que el 25 de setiembre les recibió en el Elíseo con los honores propios de la ocasión. Macron lo había prometido durante su campaña electoral.

Pero “en política” hay que poner una vela a dios y otra al demonio. La historia siempre pasa factura, tarde o temprano. Es otra de sus leyes inexorables. Hace un año, cuando Macron estuvo en Argel tuvo que pagar el peaje correspondiente y calificar la colonización francesa como un crimen contra la humanidad, “una verdadera barbarie”, dijo, ese pasado que “debemos mirar de cara para presentar excusas”.

Con los años los colonialistas se arrepienten de sus crímenes, pero no mucho. Nunca hubieran sido lo que son sin sus colonias (y sus crímenes).

Los “harkis” ni siquiera pueden hacer ese doble juego y no les gustó nada que Macron los calificara de “criminales” porque hace 60 años ellos tenían una percepción opuesta de la situación política. Creían que ellos eran los buenos y que el FLN era una organización terrorista que ponía bombas y mataba a personas inocentes.

Hoy Catalunya también tiene sus “harkis”, que defienden el artículo 155 y se ven a sí mismos como españoles cien por cien, e incluso como ambas cosas. Se creen en el lado bueno de la contradicción, pero lo confunden con el lado fuerte. Son los esclavos que están de parte de sus amos, los que suponen que la historia es una foto fija y que la balanza se inclinará siempre del mismo lado.

Como los “harkis”, en el futuro vivirán una existencia indigna (en cualquier parte donde vivan). No sólo ellos, sino también sus familias, sus hijos y sus descendientes. El auténtico pecado original es la traición y pasa de una generación a otra.

Lumumba 57 años años después de su asesinato a manos del colonialismo

Hace 57 años agentes de los servicios secretos belgas y de la CIA asesinaron a Patrice Lumumba e introdujeron su cuerpo en un barril de ácido para hacerlo desaparecer.

Lumumba fue el primer jefe de gobierno de la República Democrática del Congo. Buscó la descolonización de su país en manos de Bélgica y destruir totalmente el poder colonialista europeo presente en África, erradicar el ultraje y el expolio que durante siglos había sufrido el continente.

En 1958 se orientó decididamente hacia la lucha por la descolonización del Congo por las escasas posibilidades de acción social que le permitían las autoridades coloniales belgas y así fundó el Movimiento Nacional Congolés, partidario de crear un Estado independiente y laico, cuyas estructuras políticas unitarias ayudaran a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional.

Tras la independencia de Bélgica, el 30 de junio de 1960, el Congo celebró elecciones, y Patrice Lumumba, dirigente de la lucha independentista, llegó a la presidencia con un programa nacionalista y progresista.

Lumumba no pudo impedir que la retirada del ejército belga desatara un conflicto político con pronunciamientos militares, ataques a la población blanca y disturbios generalizados.

La rebelión fue especialmente grave en la región minera de Katanga, que se declaró independiente bajo el liderazgo de Tschombé; Lumumba denunció que esta secesión había sido promovida por el gobierno belga en defensa de los intereses de la compañía minera que explotaba los yacimientos de la región.

Lumumba pidió ayuda a la ONU, que envió un pequeño contingente de cascos azules incapaces de restablecer el orden, y por eso pidió el apoyo de la Unión Soviética, con lo que amenazó directamente los intereses occidentales.

El presidente de Estados Unidos, Eisenhower, dio entonces orden de asesinarlo y la CIA envió a Frank Carlucci, quien luego sería secretario de Defensa de Ronald Reagan.

Un golpe de Estado derrocó a Lumumba en septiembre de 1960. Fue torturado brutalmente y fusilado por mercenarios belgas, que disolvieron su cuerpo en ácido y esparcieron sus restos para que no fuera reconocido.

Lumumba es el gran emblema del Continente Negro y de la lucha contra el colonialismo. Defendió la unidad como instrumento y vía para el logro de la liberación por parte de los pueblos africanos, de los yugos coloniales que se mantenían en el momento en que libró su lucha y que aún se mantienen, incluyendo entre ellos al neocolonialismo naciente y al imperialismo estadeounidense, que ya comenzaba a meterse en los países africanos para sumarse a los saqueadores europeos.

En noviembre de 2001, el Parlamento de Bélgica reconoció la responsabilidad de su Estado en al atroz asesinato de Lumumba y Etadoa Unidos también reconoció su implicación en su derrocamiento.


https://www.telesurtv.net/news/Patrice-Lumumba-el-heroe-asesinado-de-Africa-20160116-0031.html

Bandung, el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

Darío Herchhoren
El año 1955 marcó un hito en la historia de la humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung, en Indonesia, muy cerca de su capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita el primer ministro de Birmania, la actual Mianmar U Nu, el primer ministro indio Jalarhual Nehru, el presidente de Egipto Coronel Abd El Nasser, y el anfitrión que era el presidente de Indonesia Ahmed Sukarno. De esa reunión nació el Movimiento de Países no alineados que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la segunda guerra mundial.

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los USA y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoeslavia que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la revolución de los claveles en Portugal en 1974, con la revolución argelina, y finalmente con la caída del régimen de «apartheid» en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran Inglaterra, Bélgica, Francia, Portugal, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en la primera y segunda guerra mundiales. Alemania perdió Togo y Namibia que pasaron a ser un fideicomiso de Inglaterra e Italia al ser derrotada en la segunda guerra mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalía.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia que llegó a un acuerdo con el gobierno del General De Gaulle firmando los acuerdos de Evian, y que fueron rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLNA y por el ministro Edgard Fauré por el gobierno francés.

El gobierno del general De Gaulle, se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas argelinos que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante cincuenta años, pasados los cuales lo haría al cincuenta por ciento con el gobierno argelino.

Portugal dado el carácter de izquierda de la revolución de los claveles simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea Bissau, y el gobierno blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela que acordó con el presidente blanco Leclerc, que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por la mismas empresas que africaners (blancos) habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed Ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los USA que apoyaron a una guerrilla contraria al gobierno del Movimiento Popular de Liberación de Angola de Agostinho Neto que fue el primer presidente de Angola, y que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonás Savimbi, sostenido por los USA, hasta que finalmente fue derrotado, y Jonás Savimbi fue muerto en combate.

En Mozambique el Movimiento de Liberación fue liderado por Samora Machel de formación marxista leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo, y pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país, y vende energía eléctrica a países limítrofes y nacionalizó las pesquerías.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de estado en Argelia, que acabó con Ben Bella, y puso en su lugar al coronel Huari Bumedian, que formalmente siguió la política de Ben Bella al cual encarceló durante once años, y abrió la puerta a la burocratización del nuevo estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola, donde la muerte de Agostinho Neto, que fué sucedido por su vicepresidente José Eduardo Dos Santos, desató la mayor corrupción de África, donde los ministros del gobierno cobran «mordidas» del 30 %, y donde la hija de Dos Santos, Isabel Dos Santos, que vive en Portugal es la mujer más rica de ese país.

En Sudáfrica, Jacob Zuma, su actual presidente que sucedió a Nelson Mandela, está acusado de corrupción y está siendo investigado por el parlamento y es posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formaron una clase gerencial que les ayudaría a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tienen, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación, se convirtió en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Guinea Ecuatorial desarticula un golpe de Estado auspiciado ‘desde Francia’

Teodoro Obiang hijo
En diciembre el gobierno de Guinea Ecuatorial frustró un  golpe de Estado preparado en territorio francés, dijo el miércoles el ministro de Exteriores del país africano.

“Desafortunadamente parte de la estrategia de orquestar esta desestabilización o intento de golpe de Estado provendría del territorio
francés”
, dijo el ministro Agapito Mba Mokuy en una rueda de prensa.

“Esto no tiene absolutamente nada que ver con Francia, ni con el gobierno de Francia”, añadió, asegurando que su gobierno colaborará con las
autoridades de París.

Según el ministro, en diciembre un total de 27 “terroristas o mercenarios” fueron detenidos tras un presunto intento de golpe de Estado frustrado.

Cerca de 150 mercenarios estarían todavía en el territorio de Guinea Ecuatorial, según esta versión, en la frontera con Camerún.

Las relaciones entre Guinea Ecuatorial y Francia son tensas desde que la justicia francesa juzgó y condenó en octubre a Teodoro Obiang, vicepresidente del país e hijo del presidente.

Obiang hijo fue condenado por blanqueo de dinero a tres años de prisión exentos de cumplimiento y a una multa de 30 millones de euros. pero que si no reincide no tendrá que pagar.

El ministro de Exteriores también anunció la suspensión de la participación de Guinea Ecuatorial en un acuerdo regional de libre circulación en África Central, que había sido ratificado en octubre por seis países de la zona.

“Debemos decir que lamentamos que este intento de desestabilización ocurra meses después de firmar el acuerdo de libre circulación”, dijo Mokuy.

En Guinea Ecuatorial el colonialismo francés ha sustitido al español. Es uno de los mayores productores de petróleo del África subsahariana, pero está obligado a depositar el 85 por ciento de sus reservas bancarias en el Banco Central de Francia, sin poder disponer libremente de ellas.

Desde 1979 está presidido por Teodoro Obiang Nguema, de 75 años.

Los colonialistas británicos mataron de hambre a tres millones de indios en 1943

En Bengala, India, durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill llevó a cabo una estrategia económica y militar que provocó una hambruna que asesinó a tres millones de personas.

Churchill decidió llevar la mayoría de granos y víveres a sus soldados hasta Oriente Medio y Egipto, donde se hallaban defendiendo el Canal de Suez de Italia y Alemania, dejando de lado a la población civil, la cual se quedó prácticamente sin alimento.

Además el gobierno inglés decidió adueñarse de los medios de transporte que pudieran llevar alimento a Bengala, tales como camiones, autos, motocicletas y hasta elefantes de carga. Aunado a ello, los imperialistas se adueñaron de diversos campos de cultivo de arroz para convertirlos en pistas de aterrizaje.

Las protestas no se hicieron esperar y las revueltas fueron aplastadas por los soldados ingleses de manera violenta, provocando la detención de más de 60.000 personas y la ejecución de unas 2.500. 

Los víveres no sólo eran destinados a los frentes de guerra, sino que otra parte iba directamente a Inglaterra para alimentar a la población de las grandes ciudades. Se estaba provocando en Bengala una hambruna de proporciones colosales. Churchill, cruel y déspota, dijo sobre esta situación y los indios que eran una raza débil que se había reproducido en exceso y que ahora tenía que pagar las consecuencias de verse en la escasez por su sobrepoblación. Y añadió: “las peores personas del mundo después de los alemanes son los indios”.

El Secretario de Estado, Leo Amery, pensaba, al igual que Churchill: los indios eran una raza condenada de antemano y la prioridad del gobierno inglés debía centrarse en apoyar por completo a sus soldados en la lucha que sostenían.

Así fue como la hambruna fue en aumento: las pequeñas poblaciones fueron las primeras en padecer los rigores de la escasez, la cual llegó de manera trágica hasta los asentamientos más grandes. Se registraban alrededor de 10.000 muertes a la semana y los cadáveres podían verse a simple vista en las banquetas sin que nadie pudiera evitarlo. Familias enteras morían en el interior de sus hogares y los niños eran los más propensos a fallecer de forma más rápida.

Algunas familias llegaban al extremo de sacrificar a los más pequeños o los más ancianos para que los demás pudieran tener más posibilidades de obtener alimento. Los perros incluso sufrieron por esta escasez, sembrando las calles con sus cadáveres. Hubo intentos desesperados por obtener algo de alimento: las mujeres comenzaron a prostituirse en las calles, las familias vendían a sus hijas a familias pudientes como sirvientas con tal de que pudieran sobrevivir, muchas familias pusieron a la venta sus hogares o escasas pertenencias. Era una desesperación trágica la que se veía en Bengala y en otras ciudades grandes como Calcuta, Howrah, Midnapur, Faridpur o Barisal.

La proliferación de cadáveres en las calles comenzó a causar enfermedades como el cólera, tifus o disentería. Algunos cuerpos eran arrojados a los ríos para que la corriente los llevara hasta el mar.

El periódico Statesman fue el primero en percatarse y denunciar el acontecimiento. Otro personaje que fue vital para que el mundo se enterara de lo que estaba pasando en India fue el fotógrafo Ian Stephens, quien se dedicó a recorrer las calles de Bengala sacando imágenes de la tragedia que se vivía en la ciudad.

El suceso fue aprovechado por los rivales de los ingleses para denunciar a nivel internacional lo que éstos hacían y justificando de esa manera la guerra contra ellos. No quedó más remedio a los altos mandatarios ingleses que comenzar a repartir víveres a Bengala, más por la presión mediática que por iniciativa propia. Algunos países como Australia y Estados Unidos, además de algunas naciones latinas, enviaron alimentos a India como una ayuda ante la desesperada situación de sus habitantes. Fue en 1944 cuando la situación comenzó a estabilizarse en favor de la población india.

Más de 3 millones de personas murieron debido a este terrible crimen contra de la humanidad, uno de los más terribles del imperialismo.

https://culturacolectiva.com/historia/el-genocidio-de-bengala-hambruna/

Los tuaregs se manifiestan contra la brutalidad de las tropas francesas en Mali

Desde hace una semana la población de Kidal, un bastión tuareg al norte de Mali, se manifiesta en la calle para exigir la salida de las tropas francesas de la Operación Barjan, a las que acusa de “brutalidad”.

“Nos hemos manifestado y continaremos manifestándonos para que las tropas francesas se marchen”, dijo Alo Ag Mahmoud, uno de los organizadores de las marchas. “No tienen nada que hacer aquí. Son demasiado brutales e intervienen sin precaución en los domicilios privados”, explica.

Los manifestantes son, principalmente, mujeres. El descontento se remonta al 1 de octubre cuando las tropas francesas registraron dos viviendas pertenecientes a Mahamadou Ag Rhissa, un comerciante adinerado de la localidad.

Según el sitio Sahelien, Rhissa se dedica al contrabando de drogas, armas y combustible y el traslado de emigrantes. Es miembro de la dirección del movimiento Azawad, un grupo que ha recuperado a numerosos militantes de Ansar Dine y al que acusan de hacer un doble juego con los yihadistas.

El gobierno de Djamena ha salido en defensa de la actuación de las tropas francesas, asegurando que el registro era una operación antiterrorista basa en informaciones consistentes recibidas por el centro de mando de Barjan.

Sin embargo, no es la primera vez que la población se moviliza contra las tropas francesas. El año pasado el sitio de información estratégica TTU habló de que los yihadistas habían desatado una “guerra de propaganda” contra las tropas francesas de la Operación Barjan (*).

“Los campamentos nómadas son visitados regularmente, e incluso ayudados financieramente, la población urbana es trabajada por rumores y campañas de carteles. En cuanto a internet, hay una actividad creciente de contrainformación”, asegura TTU, en defensa del despliegue militar del imperialismo francés en África.

Además, los franceses acusan a ciertas personalidades locales de duplicidad, como el diputado Ahmada Ag Bibi, miembro de Azawad, que después de militar en Ansar Dine propuso su colaboración a la embajada francesa en Djamena, a pesar de que reivindica la imposición de “la shariá” en el país.

Según la TTU su hermana, Aminatou Walett Bibi, que dice oponerse a los yihadistas, es quien promoueve las manifestaciones contra los franceses y la Minusma (misión local de la ONU) en Kidal, Gao y Tomboctú.

(*) http://www.ttu.fr/guerre-de-propagande-bss/

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