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Las masacres coloniales en África: el caso de los 35 asesinados en el campamento militar de Thiaroye

En el hipócrita reconocimiento de las responsabilidades de Francia por las masacres cometidas en la época colonia, la del campo militar de Thiaroye ocupa un lugar especialmente sangrante.

Lo mismo que en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda una parte del ejército francés, la antifascista, movilizó a sus tropas indígenas para liberar a Francia de la ocupación nazi, es decir, para que los africanos les sacaran las castañas del fuego.

Una vez logrado el objetivo en 1944, el ejército francés desmovilizó a los supervivientes de las fuerzas africanas, entre ellas a los fusileros senegaleses, que en aquella época se llamaban del AOF (África Occidental francesa). Los motivos son evidentes: una vez entrenados y experimentados en combate los africanos podian vovler las armas contra sus amos.

Los historiadores estiman que su número era de 9.678, de los que 3.261 eran ex-presos y 6.334 son repatriados de Francia. Los soldados quedaron a la espera del pago de los sueldos prometidos.

El ministro de las Colonias anunció que la desmovilización se llevaría a cabo en Dakar y algunos se negaron a embarcar hasta que les pagaran.

Les concedieron un anticipo sobre sus haberes de 1.500 francos, una cantidad que pagada en Dakar en francos coloniales CFA perdía la mitad de su valor.

En Bamako se volvieron a negar a embarcar y el ejercito francés envió al general Dagnan a Thiaroye, un campamento militar en las afueras de Dakar. En lugar de pagar, el general se afanó en dar explicaciones que no convencieron a los soldados, produciéndose enfrentamientos en su presencia.

El general se debió sentir desafiado y con la autorización de sus jefes, pidió refuerzos a la gendarmería y a tropas indígenas de otros regimientos, que tomaron posiciones alrededor del campo de Thiaroye.

En los enfrentamientos que siguieron, asesinaron a 35 fusileros, según datos oficialmente reconocidos por Francia. De los supervivientes, 34 fueron juzgados en consejo de guerra y condenados a penas de entre uno y diez años de presidio, a una multa de 100 francos y a la pérdida de sus derechos coo fuerzas desmovilizadas.

Así pagó el gobierno francés la deuda que tenía contraída con quienes habían combatido por su liberación.

El comunista argelino Audin fue asesinado con un cuchillo para aparentar que lo mataron los árabes

La memoría histórica es así de importante, por más años que pasen. La decisión del Presidente de la República francesa Emmanuel Macron de admitir los crímenes cometidos por los colonialistas de su país en Argelia y, en especial, el asesinato del comunista e independentista Maurice Audin, del que ya hemos hablado aquí, ha levantado ampollas, a pesar de que han transcurrido 60 años.

Hay heridas que el mero transcurso del tiempo nunca cicatriza, en especial las responsabilidades criminales y políticos del gobierno central, los ministros, los generales del ejército y los partidos políticos, entre otros.

En su momento el gobierno concedió “poderes especiales” a las autoridades coloniales, una especie de artículo 155 para encubrir oficialmente la represión, los crímenes, la tortura, la quema de aldeas con napalm y otras represalias masivas contra la población civil.

Es lo que se llama “ley marcial”. El ejército consiguió carta blanca porque en 1956 el gobierno del “socialista” Guy Mollet se la concedió: “El Gobierno tendrá las más amplias facultades en Argelia para adoptar todas las medidas excepcionales ordenadas por las circunstancias, con el fin de restablecer el orden, proteger a las personas y los bienes y salvaguardar el territorio”.

Los diputados “comunistas” votaron a favor con la ingenua excusa de que ello permitiría las negociaciones con el FLN, como había prometido Guy Mollet durante la campaña electoral de aquel año.

También entonces había partidos, como el PCF, que creían (suponemos que haciendo un alarde ingenuidad) que los programas electorales se redactan para cumplirlos, que las leyes están para cumplirlas, etc.

Entre los firmantes del decreto imponiendo la ley marcial estaban el ministro de Justicia, François Mitterrand, un fascista que en los ochenta se hizo famoso, así como el socialista Robert Lacoste, Gobernador General de Argelia, porque el decreto suponía la eliminación de los jueces ordinarios y la imposición de los consejos de guerra en Argelia.

El ejército tenía, pues, plenos poderes e hizo uso de ellos de la manera esperada para tratar de impedir los inevitable: la descolonización y la independencia de Argelia. Envió 250.000 soldados más y el recurso a la tortura se hizo habitual.

Queda el crimen del que fue víctima Maurice Audin, los nombres de sus instigadores y ejecutores. Ciertamente, ya no están en este mundo, dicen algunos franceses, pero ¿debemos seguir considerándolos héroes, como el general Massu? (1)

Maurice Audin había sido asesinado con “plena y completa cobertura del poder político”, confesó el general Aussaresses antes de morir en 2013 (2). Basándose en este testimonio y en el de uno de sus suboficiales, se sabe que el general Massu ordenó a sus hombres ejecutar a Audin. Fue llevado a las cercanías de Argel, donde fue apuñalado y enterrado.

Una grabación en France Info de la confesión del general Aussaresses en su lecho de muerte confirma su participación en el asesinato, que se llevó a cabo “con un cuchillo, para hacer creer a la gente que los árabes son los responsables”.

Según L’Opinion, en 1957 los militares empezaron a sospechar que el gobierno los quería utilizar para negociar con los independentistas, por lo que comenzaron a asesinar a quienes podrían convertirse en los interlocutores del gobierno.

El comandante Aussaresses se convirtió en el ejecutor material de esa política y le confiaron a los presos que estaban demasiado maltrechos por las torturas para ser devueltos a la vida civil. En los años posteriores a la guerra de Argelia, Aussaresses se jactó en privado de haber liquidado dos dirigentes interdependentistas, Larbi Ben Mhidi, cuyo nombre está ahora en una de las principales avenidas de Argel, y el abogado Ali Boumendjel, que fue defenestrado tras un interrogatorio muy severo.

Los prisioneros fueron asesinados con cuchillos o pistolas y luego colocados en una fosa común a 30 kilómetros de la capital. Otros fueron embarcados en helicópteros y lanzados a la bahía de Argel. Algunos terminaron dentro de vigas de cemento. Aussaresses dice que él mismo disparó a 24 independentistas.

Estos crímenes, que son ampliamente conocidos, no frenaron el ascenso en la jerarquía militar del comandante Aussaresses, que llegó a obtener el grado de general.

(1) http://canempechepasnicolas.over-blog.com/-08
(2) http://www.humanite.fr/politique/mort-d-un-professionnel-du-crime-554591

Más información:
– Comunista, independentista, matemático
– El comunista que ponía las bombas en Argel
– Francia deportó a dos millones de argelinos durante la guerra colonial
– Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

 

Un asesino con tricornio: las atrocidades de un teniente de la Guardia Civil en Guinea Ecuatorial

Esclavos construyen una vía férrea en Guinea
Julián Ayala era un hombre flaco. Poca cosa. Según se observa en las fotos de la época, uno de esos tipos fáciles de tumbar. Esta fisonomía no fue obstáculo, sin embargo, para que se convirtiera en un genocida. En la década de 1920, al mando del destacamento de militares españoles de la zona de Micomeseng, en Guinea Ecuatorial, sometió a miles de guineanos de la etnia fang. Los mató, los esclavizó y jamás fue represaliado por ello. Murió en 1942 de una enfermedad no tropical en una cama en Barcelona.

Esta es la historia que cuenta el antropólogo Gustau Nerín en su libro “Un guardia civil en la selva”. La primera vez que oyó hablar de Ayala fue a comienzos de los años noventa, durante una visita a Guinea (hoy es profesor de Historia en el Centro Cultural Español de Malabo). Fueron los más viejos de la ciudad los que le pusieron tras la pista del sanguinario. Muchos recordaban sus atrocidades, como enviar a decenas de personas a la isla de Fernando Poo (actual isla de Bioko) para trabajar como esclavos en las plantaciones de cacao. Para Ayala, era además un negocio: por cada persona que enviaba, recibía una suculenta cantidad a cambio.

Julián Ayala procedía de una familia de militares “muy reaccionarios”, recalca Nerín. Nacido en 1897 en Logroño, todos los que le rodeaban estaban marcados por las recientes guerras coloniales de Cuba y Puerto Rico, y por la de Marruecos, donde se batallaba al mismo tiempo que se colonizaba Guinea. Su primera formación fue la de militar, pero después se hizo Guardia Civil para poder ir a Guinea Ecuatorial, ya que allí sólo enviaban a los miembros de este cuerpo. Cuando llegó allí, pronto se convirtió en el hombre imprescindible para llevar a cabo la colonización. Él fue el símbolo de lo que significa toda represión. “Para someter a un pueblo, es necesaria la fuerza. Siempre ha sido así. Y Ayala era el hombre. De hecho, muchos de sus crímenes se taparon por eso”, explica el antropólogo.

En esta biografía, con muchos tintes de novela de aventuras y de “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad, hay un hecho curioso: tras la proclamación de la República, Ayala se adhirió a ella. El motivo fue su desencuentro con los sacerdotes que evangelizaban en Guinea. “Igual que mato a un negro, mato a un cura, decía”, apostilla Nerín. Sin embargo, este compromiso con los republicanos, que tan sólo duró unos meses, le salió caro. Cuando intentó reconciliarse con el bando franquista, fue recibido con un portazo. Ayala cogió su tricornio, abandonó Guinea y se marchó a Camerún. Su pista se pierde en 1939 y sólo se recupera en la fecha de su muerte en 1942.

A pesar de este perfil violento, reaccionario y racista, Nerín descubrió durante su investigación que Ayala también tenía otro rostro: el del hombre afable, educado y con grandes dotes sociales. Tampoco era cruel por sí mismo. “Con sus castigos, evitaba sublevaciones. Era un individuo que descubrió los rendimientos del mal”, afirma el investigador. En este sentido, para Nerín esta personalidad tan contradictoria le aleja del personaje de Kurtz de Conrad, pero le acerca “a los verdaderos malos, que son los que matan y luego te muestran una cara amable”.

“Un guardia civil en la selva” es uno de los pocos libros que escarba en la colonización española de Guinea. Uno de los más recientes es “La última selva de España: antropófagos, misioneros y guardias civiles”, también de Nerín y publicado por Libros de la Catarata en 2010. Precisamente, para el antropólogo, el papel de la Iglesia fue “bastante fuerte, ya que agregó un factor de intolerancia. Querían que los guineanos fueran a misa y se casaran con una sola mujer. Su postura fue muy agresiva”.

La bibliografía sobre Guinea Ecuatorial aún queda por descolonizar. A Nerín le gustaría investigar los trabajos forzados durante el periodo franquista, un sistema que bajo el término de prestaciones permitió la construcción de puentes, carreteras e iglesias. Pero el tiempo corre en su contra. Los viejos guineanos que sufrieron aquellas barbaridades se mueren. Y la esperanza de vida del país apenas llega a los 48 años.

https://www.publico.es/culturas/sanguinario-tricornio-guinea.html

El imperialismo consigue bascular la situación en el Cuerno de África sembrando el caos en Etiopía

Meles Zenawi
En el Continente Negro, Etiopía es un país diferente. Nunca fue colonizado; siempre fue libre e independiente, excepto en la década de 1930, cuando la ocuparon los fascistas italianos. Tiene, pues, una larga cultura de Estado.

Con más de 100 millones de habitantes, Etiopía es el segundo país más poblado de África y tiene inmensos recursos minerales, de gas y agrícolas. En la última década ha alcanzado un desarrollo económico sin precedentes en la historia, al transformarse en una potencia industrial. En lo que va de siglo la tasa de escolarización se ha multiplicado por cuatro y la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad.

En 1991 con la URSS cayó también el “Negus Rojo” (Mengistu Haile Mariam), llevando al poder por las armas al FLPT, de la minoría tigre, dirigida por Meles Zenawi que -al estilo Bismark- transformó a Etiopía en un país emblemático de África al garantizarle un despegue económico espectacular en muy poco tiempo. En palabras de The Economist, fue “el hombre que hizo de la dictadura algo aceptable”(1).

El secreto fue su asociación estratégica con Pekín, que le ha proporcionó los recursos financieros necesarios para iniciar un proceso acelerado de industrialización, con un crecimiento económico anual de dos dígitos.

Etiopía arrastró a China hasta Djibuti, su salida natural al Mar Rojo, un punto estratégico donde Pekín ha establecido su primera base militar.

Mariam Desalegn
El Cuerno de África tiene a un lado el Océano Índico y al otro el inmenso mercado africano. La llegada de China a Djibuti le ofreció al enclave la oportunidad de deshacerse de la tutela neocolonial de Emiratos Árabes Unidos, que es tanto como decir del imperialismo occidental.

Además de una base naval, China ha invertido miles de millones de dólares en Djibuti: enormes zonas francas, puertos, aeropuertos y una gran explanada para transformar el gas etíope.

Pero los países del Cuerno de África siempre han sido aliados naturales de Occidente, por su carácter estratégico, quien ha seguido manteniendo luego su dominación por medio de los países del Golfo.

La destrucción de Somalia es la mejor muestra de que los imperialistas no se van a dejar arrinconar en África oriental y no dfejan de maniobrar ni por un momento, tanto dentro como fuera de Etiopía.

Al morir Zenawi en 2012, le sucedió Mariam Desalegn al frente de los tigres, que intenta continuar el camino trazado por el anterior, aunque los imperialistas comienzan a poner palos en las ruedas en la manera consabida: provocando disturbios étnicos entre oromos, amharas, tigres, somalíes…

Como en Irak, en Libia, en Somalia, en Sudán… el imperialismo quiere despedazar el Estado federal, al que la BBC calificó como de estilo “soviético”(2). El método también es el mismo de siempre: manifestaciones, huelgas, disturbios, gran relieve mediático… Todo a ello a pesar de que el país está bajo el estado de excepción y la policía reprime con una enorme dureza, dejando casi mil muertos en las calles.

Ahmed Abiy
En febrero Desalegn tuvo que dimitir y los tigres hicieron un intento de continuar adelante poniendo a un oromo al frente del gobierno central, Ahmed Abiy, con la misión de implementar una transición controlada, lo que no hizo más que alentar las pretensiones de los imperialistas, sus socios árabes del Golfo y Egipto, que en semanas han convertido al recién llegado en una marioneta.

Los hombres de Trump han comenzado a visitar Addis Abeba para consolidar el giro en la situación. En octubre del año pasado le tocó el turno a la embajadora en la ONU Nikki Haley y luego, en marzo de este año, al secretario de Estado, Rex Tillerson.

A cambio de la paz interior, Abiy ha tenido que hacer importantes concesiones, como la paz con Eritrea, a la que ha cedido Badmé, un enclave litigioso en la frontera entre ambos países.

A su vez, la paz con Eritrea le abre un camino hacia el Mar Rojo que ya no atraviesa Djibuti, ni está bajo la supervisión de China.

La situación en Etiopía ha cambiado, pues, basculando de nuevo a favor del imperialismo, lo que arrastrará a todo el Cuerno de África. y especialmente a Somalia. Es posible que Estados Unidos ya no necesite a sus tropas en Somalia e imponga la paz donde hasta ahora la impuesto una guerra sin cuartel.

(1) https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2012/08/25/the-man-who-tried-to-make-dictatorship-acceptable
(2) https://www.bbc.com/news/world-africa-43073285

El verdadero papel de los colonialistas británicos en India

Lo mismo que los españoles en América, los británicos en India han expuesto al mundo una fantasía del colonialismo como factor de modernidad, de civilización y de elevación del nivel de vida de la población.

En su libro sobre la dominación en India (“Imperio Inglorious: What the British did to India”) Shashi Tharoor muestra la otra cara de la moneda (*).

Antes de la llegada de los británicos, India representaba más del 20 por ciento del PIB mundial (textil, siderurgia, construcción naval…) y esto, durante siglos. Cuando los británicos la abandonaron se había reducido al 3 por ciento.

Los británicos rompieron los telares indios y cortaron los pulgares de los tejedores para que no puedan reconstruir los telares y reanudar la producción.

La industria textil de exportación de India fue destruida porque los indios fueron obligados a vender algodón a Gran Bretaña y luego volver a recomprar los productos textiles británicos, de calidad inferior.

Los ferrocarriles hicieron poco para beneficiar a los indios antes de que los británicos se fueran.

Desde el siglo III antes de nuestra era, India fabricaba espadas con una técnica especial de crisol con alto contenido de carbono y la exportó a Oriente Medio, donde ganó fama como las “Espadas de Damasco”.

Los colonialistas cerraron las fundiciones aduciendo porque eran amenazan con una revuelta armada de los nativos.

Los británicos introdujeron la división y el antagonismo entre hindúes y musulmanes. Para oponerse a los británicos, los hindúes y los musulmanes se unieron y lucharon bajo una única dirección. Los británicos respondieron implementando políticas que crearon la hostilidad entre ambas religiones: la vieja táctica de “divide y vencerás”.

Con el fin de acumular reservas para hipotéticas guerras en Europa, Churchill desvió el grano de las zonas donde millones de personas estaban muriendo en India para llevarlas a Gran Bretaña, provocando la muerte de millones de indios.

Churchill declaró públicamente que las muertes eran culpa de los bengalíes, que se “reproducen como conejos”.

En su obra Tharoor relata que en la metrópoli hubo muchas voces británicas que denunciaron lo que estaba sucediendo, pero ocurre como ahora: los que tienen el poder y los medios a su disposición silencian la realidad y marginan a quienes lo hacen.

En la actualidad en la metrópoli se han formado movimientos que exigen que los colonialistas reconozcan sus crímenes y poaguen una indemnización a las víctimas en el Tercder Mundo.

(*) https://www.irishtimes.com/culture/books/inglorious-empire-what-the-british-did-to-india-1.2981299
https://www.asiasentinel.com/book-review/inglorious-empire-what-british-did-to-india/

La crisis migratoria es consecuencia de la explotación colonial

Manlio Dinucci

De Estados Unidos a Europa, la “crisis de los migrantes” está dando lugar a acaloradas polémicas nacionales e internacionales sobre las políticas a adoptar en materia de flujos migratorios. En todas partes, sin embargo, se presentan según un tópico que invierte la realidad: el de los “países ricos” obligados a soportar la creciente presión migratoria de los “países pobres”.

Esto oculta la causa subyacente: el sistema económico del mundo que permite a una pequeña minoría acumular riqueza a expensas de la creciente mayoría, empobreciéndola y provocando así una emigración forzada.

En cuanto a los flujos migratorios hacia Estados Unidos, el caso de México es emblemático. Su producción agrícola colapsó cuando, con el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), Estados Unidos y Canadá inundaron el mercado mexicano con productos agrícolas baratos gracias a sus propios subsidios públicos. Millones de campesinos se encontraron sin trabajo, lo que se suma al conjunto de mano de obra reclutada en las maquiladoras: miles de establecimientos industriales a lo largo de la frontera en territorio mexicano, propiedad o controlados, en su mayor parte, por empresas norteamericanas, en los que los salarios son muy bajos y los derechos sindicales inexistentes.

En un país donde cerca de la mitad de la población vive en la pobreza, ha aumentado la masa de los que buscan entrar en Estados Unidos. De ahí el muro a lo largo de la frontera con México, iniciado por el presidente demócrata Clinton cuando el TLCAN entró en vigor en 1994, perseguido por el republicano Bush, reforzado por el demócrata Obama, el mismo muro que el republicano Trump ahora quisiera completar en los 3.000 kilómetros de frontera.

El caso de África es emblemático en cuanto a los flujos migratorios hacia Europa. Es rico en materias primas: oro, platino, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, maderas preciosas, cacao, café y muchos otros.

Estos recursos, explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de esclavitud, son hoy explotados por el neocolonialismo europeo que se apoya en las élites africanas en el poder, la mano de obra local de bajo coste y el control de los mercados nacionales e internacionales.

Más de 100 empresas que cotizan en la Bolsa de Londres, británicas y otras, explotan recursos mineros por valor de más de un billón de dólares en 37 países del África subsahariana.

Francia controla el sistema monetario de 14 antiguas colonias africanas a través del franco CFA (originalmente acrónimo de “Colonies Françaises d’Afrique”, reciclado como “Communauté Financière Africaine”): para mantener la paridad con el euro, los 14 países africanos deben pagar la mitad de sus reservas monetarias al Tesoro francés.

El Estado libio, que quería crear una moneda africana autónoma, fue demolido por la guerra en 2011. En Costa de Marfil (zona CFA), las empresas francesas controlan la mayor parte de la comercialización del cacao, del que el país es el primer productor mundial: los pequeños agricultores apenas conservan el 5 por ciento del valor del producto final, por lo que la mayoría vive en la pobreza. Estos son sólo algunos ejemplos de la explotación neocolonial del continente.

África, que se presenta como dependiente de la ayuda externa, proporciona un pago externo neto anual de unos 58.000 millones de dólares. Las consecuencias sociales son devastadoras. En el África subsahariana, donde la población supera los mil millones de habitantes y está compuesta por un 60 por ciento de niños y jóvenes de 0 a 24 años, alrededor de dos tercios de la población vive en la pobreza y, de éstos, alrededor del 40 por ciento -es decir, 400 millones- vive en condiciones de extrema pobreza.

La «crisis migratoria» es en realidad la crisis de un sistema económico y social insostenible.

https://www.mondialisation.ca/lart-de-la-guerre-neocolonialisme-et-crise-des-migrants/5626364

El Continente Negro celebra el panafricanismo y la unidad en la lucha contra el colonialismo

Kwame Nkrumah
John Wight

El 25 de mayo se celebró el Día de la Liberación de África, que recuerda y reafirma anualmente los principios del panafricanismo. Ese día, las comunidades africanas, no sólo en África, sino también en el Caribe, Europa y América del Norte, se reúnen para honrar a los grandes héroes del panafricanismo: Haile Selassie, Julius Nyerere, Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Ben Bella, Kwame Turé, Muamar Gaddafi, así como a Marcus Garvey, W.E.DuBois y Malcolm X, que pertenecían a la diáspora africana en general.

La Jornada alienta a continuar la lucha por la unidad, la libertad y la dignidad de África bajo una sola bandera panafricana. Para los partidarios del panafricanismo, esa unidad -que trasciende las divisiones tribales y nacionalistas- representa la única esperanza real de liberar un continente que todavía lleva las cicatrices de la opresión y la explotación coloniales.

La historia moderna del movimiento panafricano comienza en 1900 con la convocatoria de la primera Conferencia Panafricana en Londres. En palabras del revolucionario africano y primer presidente de la Gana poscolonial, Kwame Nkrumah, el evento “se hizo eco de las aspiraciones de las masas africanas en busca de la ideología y forma organizativa que llevaría a la liberación”.

Sin embargo, pasaron casi dos décadas antes de la siguiente reunión del movimiento panafricano, esta vez en París en 1919, con la convocatoria del primer Congreso Panafricano, un evento fue presidido por el intelectual afroestadounidense W.E.DuBois, que hasta 1945 desempeñó un papel clave en otras cinco conferencias del movimiento panafricano celebradas en diversos lugares de América del norte y Europa.

En su ensayo “Ethiopia’s Hands” (Las manos de Etiopía) DuBois expresó con una prosa clara y brillante su posición sobre la explotación de África por el colonialismo europeo: “África tiene serios motivos para incriminar a Europa. Durante cuatrocientos años, la Europa blanca ha sido la principal defensora de la trata de seres humanos que ha privado al África negra de cien millones de seres humanos, ha perturbado su vida social, ha subvertido cualquier forma de organización gubernamental, ha destruido la industria ancestral y ha apagado las luces del desarrollo cultural”.

En 1949 Paul Robeson, otra voz negra prominente de la diáspora africana, defendió la causa de la unidad africana: “El uso de los vastos pero aún no explotados recursos de África en beneficio de los pueblos africanos y, de hecho, de toda la humanidad, es un objetivo noble”, dijo, antes de subrayar que “sólo puede ser obra de los propios africanos, y sólo después de que se hayan liberado de las cadenas del colonialismo lo suficiente como para poder desarrollar libremente su propio país”.

En las décadas de 1950 y 1960, durante el período tumultuoso en que el colonialismo europeo y occidental sufrió derrotas históricas, los dirigentes africanos, forjados en la lucha anticolonial, llegaron a la escena internacional con la unidad africana como principio rector.

Dirigentes africanos como Kwame Nkrumah, Patrice Lumumba, Julius Nyerere y Ben Bella se mostraron decididos a aprovechar el impulso del período anticolonial y poscolonial para hacer del Continente un faro de libertad, desarrollo y justicia.

Así, Nkrumah, el dirigente revolucionario encarcelado a principios de la década de 1950 por el régimen colonial británico, se convirtió en el primer presidente del recién establecido Estado africano independiente de Ghana en 1960, y se propuso trazar el rumbo. “No miramos ni a Oriente ni a Occidente: miramos al futuro”, dijo, sin olvidar que su lucha anticolonial había tenido lugar en el crisol de la Guerra Fría.

“Está claro que debemos encontrar una solución africana a nuestros problemas, y que esto sólo puede hacerse en la unidad africana. Divididos, somos débiles; unidos, África podría convertirse en una de las grandes fuerzas benéficas del mundo”.

Julius Nyerere
Julius Nyerere (primer primer ministro de un Tanganyika independiente en 1961, luego presidente del recién creado estado de Tanzania en 1964) compartió la visión de Nkrumah: “La unidad no nos hará ricos, pero será más difícil ignorar y despreciar a África y a los pueblos africanos si están unidos. Y esto aumentará consecuentemente la efectividad de las decisiones que tomamos e intentamos implementar para nuestro desarrollo”.

Nkrumah, Nyerere, Lumumba (el primer primer ministro de la República Democrática del Congo) y Ben Bella (el primer presidente de Argelia) tuvieron que tener en cuenta la dura realidad del neocolonialismo, donde el capital europeo y occidental sustituyó a los soldados y administradores coloniales para ejercer el control sobre el continente, sus recursos y sus economías.

Nkrumah entendió la naturaleza de este monstruo específico: “Un estado bajo el dominio del neocolonialismo no es dueño de su propio destino. Es este factor el que hace del neocolonialismo una amenaza para la paz mundial”.

Los esfuerzos de Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Patrice Lumumba y Ben Bella para construir la unidad africana sobre la base de la autodeterminación, la independencia y la planificación socialista fueron considerados una seria amenaza para Occidente, y como resultado Nkrumah fue derrocado y encarcelado, Lumumumba fue derrocado y asesinado, Ben Bella fue forzado al exilio, y sólo Julius Nyerere pudo permanecer en el poder, hasta su renuncia en 1985.

En el epílogo del libro clásico de Walter Rodney, “Cómo Europa depauperó África”, Abdulrahman Mohamed Babu escribió: “Sólo Nyerere ha engendrado y mantenido África en el poder, asesinamos a Lumumba y encerramos o exiliamos a dirigentes como Ben Bella y Nkrumah para satisfacer a los imperialistas que eran nuestros benefactores, nuestros patrocinadores, nuestros jefes, nuestros socios comerciales”.

Esta tendencia continuó en el siglo XXI con el derrocamiento y brutal asesinato de Muammar Gadafi en Libia en 2011, un crimen perpetrado con el apoyo activo y concreto de Occidente a través de la OTAN. El dirigente libio desempeñó un papel fundamental en la creación de la Unión Africana en 2001, el órgano panafricano que sucedió a la Organización de la Unidad Africana, establecida en 1963 en Addis Abeba.

Gaddafi había prendido la antorcha de la unidad africana y del panafricanismo para iluminar el siglo XXI. Quería crear una moneda panafricana independiente, un pasaporte panafricano e incluso una fuerza de defensa común; se guiaba por la visión de los futuros Estados Unidos de África e invertía una parte significativa de la riqueza petrolera de Libia en diversos proyectos de desarrollo en todo el continente africano. Gaddafi era muy consciente del potencial de África:

“Ellos son los que necesitan a África, necesitan su riqueza. El 50 por ciento de las reservas mundiales de oro se encuentran en África, una cuarta parte de los recursos mundiales de uranio se encuentran en África y el 95 por ciento de los diamantes del mundo se encuentran en África. Un tercio del cromo también se encuentra en África, al igual que el cobalto. El 65 por ciento de la producción mundial de cacao se encuentra en África. África tiene 25.000 kilómetros de ríos. África es rica en recursos naturales sin explotar, pero nos vemos obligados a vender estos recursos a precios bajos para obtener divisas fuertes. Y eso debe detenerse”.

El tribunal de la historia venera a los que luchan por la liberación y la unidad, mientras que se condena a los que matan para explotar y dominar a otros pueblos.

Un nuevo libro documenta el papel del imperialismo francés en el genocidio de Ruanda

El capitán Guillaume Ancel
Guillaume Ancel era capitán del ejército francés cuando intervino en Ruanda en junio de 1994, al final del genocidio tutsi (Operación Turquesa). En marzo publicó un libro que precisa todos los testimonios al respecto, completados por su experiencia personal. Muy fáctico, relata lo que él mismo observó o aprendió en su momento; luego, en retrospectiva, lo compara con lo que escuchó de los dirigentes políticos y militares franceses.

El libro está causando mucho ruido en Francia. El punto más destacado es el aspecto agresivo de la Operación Turquesa. Los soldados franceses que en 1994 partieron hacia Ruanda recibieron una orden escrita de reconquistar la capital ruandesa, Kigali, aunque a su llegada al lugar un oficial les quitó el papel, con precauciones inusuales para que no quedara ningún rastro documental.

A Ancel le enviaron a Ruanda para guiar a los cazas y, a diferencia de sus misiones anteriores, nunca recibió una explicación clara y precisa del contexto político y los objetivos de la operación. A finales de junio, no tenía ningún indicio de que su misión fuera humanitaria o de otro tipo. Descubrieron a los fugados tutsis que eran el blanco de la masacre en Bisesero. Sin embargo, la unidad a la que pertenece Ancel, estacionada a pocos kilómetros de distancia, no recibió la orden de intervenir, aunque la unidad era numerosa, estaba bien equipada, desocupada y preparada para la acción.

En la noche del 30 de junio les enviaron a detener al Frente Patriótico Ruandés, cuyas tropas se opusieron al gobierno genocida y lo pusieron fin. Sin embargo, la operación se interrumpió in extremis a primera hora de la mañana del 1 de julio. Ancel interpreta que esta decisión reflejaba una polémica entre los responsables franceses: la operación había sido decidida sin duda por el Estado Mayor Conjunto, mientras que finalmente el Elíseo la había puesto fin. A partir de ese momento la operación adquiere, al menos en parte, un carácter humanitario, que se dará a conocer ampliamente.

Así, en los últimos días de junio, el campo de refugiados de Nyarushishi estuvo protegido por unos pocos hombres de las fuerzas especiales que estaban más preocupados por organizar una misa que por acabar con las matanzas. Según Ancel, hasta principios de julio las fuerzas especiales no fueron relevadas por una gran unidad organizada de manera efectiva, que prohibió explícitamente a sus soldados las relaciones sexuales con las mujeres ruandesas.

También a principios de julio comenzaron las primeras operaciones de rescate para los supervivientes ocultos de los tutsis. Fue también a principios de julio cuando se celebraron los primeros debates en el ejército sobre la necesidad de desarmar a los milicianos. Ancel participó en ellos. Subraya la ausencia de una distinción clara entre los milicianos genocidas, por un lado, y las fuerzas armadas del gobierno que apoya el ejército francés, por otro. Incluso en la zona controlada por el ejército francés, los milicianos siguen dominando sobre vastos territorios, incluso intentando intimidar a los soldados franceses.

A los soldados franceses se les ordenó colaborar con las autoridades civiles ruandesas y gradualmente se dieron cuenta, cada uno a su propio ritmo, de que sus interlocutores tenían las manos manchadas de sangre. Nadie les advirtió del hecho de que habían sido esas autoridades las que habían organizado el genocidio tutsi, hasta el punto de que Ancel descubre asombrado que un teniente francés de las fuerzas especiales había autorizado a un alcalde genocida a conservar sus armas.

Las autoridades civiles y militares ruandesas provocaron el éxodo de la población hacia el vecino Zaire (actualmente la República Democrática del Congo) porque vaciando el país practicaban una táctica de tierra quemada. Al mismo tiempo, disimulaban entre la masa de refugiados a los ejecutores del genocidio y les permitían escapar de las sanciones para reorganizarse en el Zaire para intentar reconquistar Ruanda.

Ancel observa que este éxodo lo provocan las autoridades ruandesas sin que los franceses lo impidan, aunque tenían medios para ello. Las consecuencias humanitarias del éxodo fueron deplorables, con una epidemia de cólera que recibirá más cobertura mediática que el genocidio tutsi.

Ancel recoge los sentimientos del teniente coronel Hogard el día en que tuvo que recibir a los miembros del gobierno ruandés. Acompañó amablemente al Zaire a los responsables de las masacres. Podría haberlos detenido, podría incluso haberlos neutralizado, pero sus órdenes no le dejaron otra opción.

La parte del libro de Ancel que atrae la atención de los medios de comunicación franceses se refiere al movimiento de armas en la zona controlada por el ejército francés. El oficial explica que se le ordenó que desviara la atención de los periodistas para que no vieran un convoy de camiones entregando armas a los militares ruandeses en la ruta hacia el Zaire. Se enteró de que Francia estaba financiando a las tropas genocidas del gobierno y que las rearmó, para convertir los campos de refugiados en una base de retaguardia para futuros combates.

En ocasiones, en lugar de proteger a la población amenazada, las tropas francesas escoltaban a los religiosos e incluso a un obispo que quería salvar sus coches de lujo.

Otra anécdota significativa del ardor guerrero de los colonialistas: para que sus superiores le condecoraran, un oficial se provocó un choque mortal con militantes del Frente Patriótico.

Una noche un suboficial en jefe le pidió que se quedara con él para lograr que los detenidos confesaran bajo tortura. Nadie se opuso, excepto el autor del libro, quien les amenazó a los verdugos con que a su regreso a Francia denunciaría cualquier acto de tortura. Finalmente, el teniente coronel prohibió el interrogatorio.

En una ocasión, el oficial encontró un cadáver en el suelo que parecía enigmáticamente caído del cielo. Tres años más tarde, mientras hablaba con un piloto de helicóptero que quería tranquilizar su conciencia, se enteró de que miembros de las fuerzas especiales habían lanzado al hombre desde un helicóptero, desde una gran altitud.

No es un invento argentino propio de la Operación Cóndor. Hay numerosos testimonios de ruandeses sobre el lanzamiento de personas desde helicópteros, a veces desde altitudes bajas, para asustar más que para matar.

¿Por qué los franceses apoyamos a un gobierno genocida?, se pregunta finalmente el autor del libro. La respuesta es que, además de racista, el imperialismo es sinónimo de crimen y tortura practicado por estas potencias european que tanto presumen de respetar los derechos humanos.

Luego sólo hace falta asegurar el silencio y la impunidad de los criminales. El diputado socialista Paul Quilès, que dirigió la comisión parlamentaria de 1998 sobre el genocidio, le dijo al oficial que no testificara “para no perturbar la visión francesa del papel que desempeñamos en Ruanda”. O sea, para preservar el engaño propagado a través de los medios de comunicación.

Más información:

– El imperialismo francés desató el genocidio de Ruanda en 1994
– El jefe del Estado Mayor del ejército francés fue uno de los defensores de los genocidas ruandeses
– Ruanda abre un investigación sobre la intervención de los imperialistas franceses en el genocidio
– 22 oficiales del ejército francés están acusados del genocidio cometido en Ruanda en 1994
– Acusan al banco BNP de participar en el genocidio de Ruanda
– Ruanda según la Audiencia Nacional: el mundo al revés
– Historia secreta del teléfono rojo en pleno genocidio ruandés

Italia enviará 470 soldados para reforzar el control sobre Níger

El jueves el presidente del gobierno italiano, Paolo Gentiloni, anunció el despliegue de 470 militares en Níger, a petición de Niamey, para “reforzar el control del territorio” de este país.
Esta vez el pretexto es la migración.

“Nos vamos a Níger a raíz de una petición del gobierno local, recibida a principios de diciembre, de una contribución italiana para hacer lo que normalmente hacemos en estos países, como Libia: reforzar los instrumentos de control territorial y fronterizo y reforzar las fuerzas policiales locales”, dijo Gentiloni en una conferencia de prensa a finales del año pasado.

Níger representa “el principal país de tránsito” para decenas de miles de migrantes que llegan a Libia y luego intentan llegar a las costas italianas y a Europa, recordó.

“Si contribuimos a fortalecer este país, hacemos algo sacrosanto para los intereses nacionales”, añadió Gentiloni, recordando también la proliferación de grupos yihadistas en el Sahel.

Además, “Níger es un país quizás más dispuesto que otros a cooperar en materia de migración porque es un país de tránsito” cuya economía no depende del dinero enviado al extranjero por sus ciudadanos, dijo Gentiloni.

El envío de soldados italianos a Níger ya había sido mencionado por la Ministra de Defensa Roberta Pinotti a los parlamentarios en octubre y por el Sr. Gentiloni en el G5 Sahel (Malí, Chad, Burkina Faso, Níger, Mauritania) a mediados de diciembre en Celle-Saint-Cloud, cerca de París. La decisión debe ser aprobada por un consejo de ministros programado para el jueves o el viernes.

Según fuentes diplomáticas, habrá 470 efectivos militares, principalmente personal retirado del Irak y Kuwait.

Un primer contingente de menos de 200 personas partirá a principios de 2018 para gestionar la logística de esta misión, al que se unirán a finales de este año los demás militares y un total de 130 vehículos y dos aviones, según la prensa italiana.

https://www.tsa-algerie.com/litalie-va-deployer-470-militaires-au-niger/

Los dirigentes de la Unión Europea asesinan a los africanos con el mismo estilo mafioso de siempre

Sarkozi: el gran padrino de la mafia
En una sociedad dividida en clases, hay dos tipos de personas, como no podía ser de otra forma. Por un lado, los que nos asombramos de que en 2011 los imperialistas destruyeran un país, como Libia, que desde entonces está en una guerra que no tiene un final cercano, ni mucho menos. Nos asombramos de que los franceses asesinaran a un Jefe de Estado, como Gadafi, de la manera más abominable que cabe imaginar, que los países miembros de la OTAN, como España, fueran sus cómplices y que todo ello estuviera bendecido por la ONU.

Por el otro lado está el punto de vista de los asesinos y criminales en masa, como los imperialistas franceses, que se asombran de que el jefe de la banda de asesinos, el Presidente de la República, Nicolas Sarkozi, aceptara unos sobornos por parte de Libia que falsearon las elecciones.

Los grandes asesinos son así. Se preocupan de que las elecciones y las urnas estén limpias, de que no intervengan terceros países en sus asuntos internos, sobre todo si son africanos, de que los políticos de alto nivel no se corrompan… En fin, sólo les preocupa lo suyo: que no se acabe nunca la rutina de las urnas, las elecciones y las votaciones. La guerra, los muertos, los refugiados, la destrucción… eso no son asuntos propios de una buena campaña electoral donde todo deben ser sonrisas.

Al menos ya no cabe ninguna duda de que la tragedia libia tiene un pie en Francia, en donde a Sarkozi le está ocurriendo como a Al Capone: los jueces no le han procesado por asesinato sino por soborno. La muerte de las personas no importa nada en una sociedad como ésta, que no tiene otra ley que el dinero, sobre todo si los muertos mueren en África.

Pero en Libia el hedor de los cadáveres es cada vez mayor, empezando por el de Gadafi. Todas las pistas del horrendo crimen conducen al mismo lugar, a París y a Sarkozi, por lo que las actuaciones judiciales contra el antiguo Presidente de la República tienen un gusto a cortina de humo: el delito menor (soborno) esconde el delito mayor (asesinato).

Jefe de Estado entre 2007 y 2012, Sarkozi ha cometido un magnicidio y ha matado a otro Jefe de Estado, el coronel Gaddafi, a través un pistolero del servicio secreto francés por orden directa suya, según relata el diario británico Daily Mail.

Sarkozy envió a sus pistoleros (léase “agentes de inteligencia”) a Libia para infiltrarse en las bandas yihadistas que intentaban localizar a Gadafi tras el derrumbe del Estado que siguió a la Primavera Árabe, orquestada por la OTAN.

El asesino le disparó a Gaddafi fríamente, de un tiro a bocajarro que le dio en la cabeza, dice el Daily Mail. El asesinato se llevó a cabo para impedir que Gadafi fuera interrogado y pudiera revelar su relación con Sarkozy y otros dirigentes imperialistas.

“Sarkozy tenía todos los motivos para tratar de silenciar al coronel lo más rápido posible”. Antes de que la OTAN lanzara una campaña de bombardeos aprobada por la ONU para derrocar a Gaddafi en 2011, el coronel libio parecía tener estrechos vínculos con varios dirigentes europeos, entre ellos el italiano Silvio Berlusconi y el británico Tony Blair.

En Europa el cínico escándalo mediático no comenzó en 2011 con los bombardeos de la OTAN, sino un año después, en marzo de 2012 cuando se supo que Gaddafi había entregado 50 millones de euros para la campaña presidencial de Sarkozy.

A los autores del magnicidio se les conoce desde el primer minuto. Mahmoud Jibril, que fue Primer Ministro en funciones después del derrocamiento de Gadafi, dijo a la televisión egipcia en 2012: “Un agente extranjero se mezcló con brigadas revolucionarias para matar a Gaddafi”.

En aquella época los medios de comunicación italianos también dijeron que un espía francés estaba detrás del asesinato del coronel libio: “Desde el comienzo del apoyo de la OTAN a la revolución -fuertemente apoyada por el gobierno de Nicolas Sarkozy- Gaddafi ha amenazado abiertamente con revelar detalles de su relación con el ex presidente de Francia, incluyendo millones de dólares pagados para financiar su candidatura a las elecciones de 2007”, dijo el periódico italiano Corriere della Serra, citando fuentes diplomáticas libias.

http://www.middleeasteye.net/news/french-secret-service-killed-gaddafi-sarkozy-s-orders-reports-1614795688



Más información:
– El coronel Gadafi fue asesinado por un espía francés

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