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El proyecto de crear la Gran Albania se pone en marcha la semana que viene

El 11 de junio se celebran en Kosovo las primeras elecciones y los sondeos dan como vencedores a los fascistas de “Autodeterminación”, en cuyo programa está el inicio de negociaciones con Albania para completar la tarea de destrucción iniciada por la OTAN en los Balcanes hace 25 años: la creación de la Gran Albania.

Está previsto que el criminal de guerra Ramush Haradinaj, presidente de la Alianza por el Futuro de Kosovo, asuma las más elevadas funciones dentro de la nueva Albania unificada con Kosovo, previa convocatoria de un referéndum. Los imperialistas apoyan el plan fascista de los kosovares, lo mismo que apoyan los albaneses: en 2014 Bruselas confirmó la candidatura de Albania para ingresar en la Unión Europea.

El plan es debilitar a los países de la región que pretenden mantener una posición independiente, especialmente Serbia, que se niega a incorporarse a la OTAN.

La Gran Albania no sólo estaría formada por la “pequeña” Albania y el actual engendro kosovar, sino que al nuevo Estado se incorporarían localidades enclavadas actualmente en Servia y pobladas mayoritariamente por albaneses. Se trataría de una nueva “limpieza étnica”. Jonuz Musliu, alcalde de Presevo, en Serbia, poblada de los albaneses, destacó la necesidad de unir las zonas del sur de Serbia —Presevo, Bujanovac, Medvedja— a los territorios de Albania y Kosovo y el ministro de Trabajo de Serbia, Alexander Vulin, calificó su declaración de llamamiento abierto al inicio de la Tercera Guerra de los Balcanes.

Es la terminología propia de la región desde hace mucho tiempo. En abril de este año el diario Informer decía que Erdogan era partidario de la Gran Albania y que estaba preparando militarmente a los gobiernos de Tirana y Pristina para ello. Agentes del servicio secreto turco entrenan a los albaneses para una nueva guerra, se compran armas, cohetes antitanques y se diseñan planes para ocupar el norte de Kosovo ciertas partes de Macedonia.

La preocupación condujo el mes pasado a una reunión entre Putin y el serbio Aleksandar Vucic en Pekín. La Constitución albanesa otorga al gobierno de Tirana un supuesto “derecho” a proteger los intereses de sus ciudadanos en el extranjero, un llamamiento puro y simple a la anexión de las regiones vecinas.

La idea de la Gran Albania apareció en el siglo XIX por los miembros de origen albanés de la masonería europea, que contaban con el apoyo del colonialismo. No es diferente del pangermanismo o el panturquismo. Consistía en la reunificación de todos los territorios donde la mayor parte de la población era de origen albanés. Son varias regiones en el noreste de Macedonia, el sur de Montenegro y de Serbia, partes de Kosovo y el norte de Grecia.

Por cierto, hablando de Grecia… el que siembra vientos recoge tempestades. Aproximadamente un tres por ciento, unos 58.000 habitantes de Albania, son de origen griegos y cuentan con varios representantes en el Parlamento, uno de ellos vinculado al partido nazi Amanecer Dorado. Entre los griegos de Albania ha aparecido el Movimiento por la Independencia del Epiro del Norte, zona fronteriza entre los dos países, de mayoría griega, donde ya han empezado las escaramuzas a tiros entre unos (griegos) y otros (albaneses).

La Gran Albania no es ninguna quimera. En 1941 Kosovo ya formó parte de Albania, que en aquel momento estaba bajo el protectorado de la Italia fascista. Con uno u otro nombre, lo que la Unión Europea promociona en los Balcanes es exactamente eso: el fascismo de siempre.

Lo mismo promociona la OTAN, naturalmente. La foto de octubre de 1999 muestra al general estadounidense y comandante supremo de la OTAN Wesley Clark (a la derecha) saludando al jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner (de civil), y al capataz de UÇK, Hasim Thaçi (a la izquierda).

Un informe de la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa acusa a Thaçi, primer ministro de Kosovo, de participar en el tráfico de órganos, provenientes sobre todo de prisioneros serbios, uno de tantos negocios organizado por los mercenarios albano-kosovares de UÇK.

El criminal Thaçi, con el delegado de la ONU y el capo de la OTAN

La heridas de la Guerra de los Balcanes no acaban de cicatrizar

El año pasado el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia dictó sentencia en los juicios que tuvieron lugar contra los serbios Radovan Karadzic y Vojislav Seselj. La decisión judicial pasó muy desapercibida para los medios de comunicación, por lo que en algún lugar debe haber gato encerrado. Estamos hablando de acusaciones graves, como crímenes de guerra, genocidio y otros espantos que tanto escandalizan a los “humanistas” y las ONG.

En Europa a nadie le interesa recordar la destrucción de la antigua Yugoeslavia, la ingente cantidad de matanzas cometidas y la intervención en ellas de la Unión Europea, especialmente Alemania, y de la OTAN.

Tras la liquidación de Yugoeslavia, en 1992 a Radovan Karadzic le nombraron Presidente de la República Srpska, que entonces la prensa renombró como “República Serbia de Bosnia”. Algunos serbios, como Karadzic, creyeron que una vez que el mapa se dividió en pedazos, podían continuar dividiendo y subdiviéndolo en trozos cada vez más pequeños.

Lo mismo que Gadafi en Libia o Bashar Al-Assad en Siria, el imperialismo puso a los serbios la etiqueta de “malvados” y no les dio tregua en ninguno de los rincones: ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Montenegro… ni en Serbia.

No hace falta explicar que el flamante Tribunal, sus jueces y fiscales, son un rebaño de peleles con toga impuestos por los imperialistas después de bombardeos sobre la población con armas de uranio y que los primeros y principales criminales fueron matarifes como Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Para no alargar la explicación, aquí hablaremos sólo de Karadzic, a quien dicho Tribunal condenó por todos los delitos de los que le acusaba el fiscal, excepto uno, que es justamente el que merece la pena analizar ahora. Se trata del genocidio cometido en siete municipios de Bosnia (Bratunac, Focha, Kljuc, Prijedor, Sanski Most, Vlasenica y Zvornik) que se debían sumar al más importante y conocido de todos los genocidios: el de Srebrenica.

En cualquier guerra es necesario el empleo de voces fuertes como “genocidio” u “holocausto” para justificar y edulcorar grandes matanzas y bombardeos como las de la OTAN. Pero uno de los crímenes de genocidio se cayó del cartel, no porque no hubiera un gran número de muertos sino porque no hay constancia de que Karadzic tuviera alguna participación en ellos.

En tales casos hay que preguntar que si Karadzic no fue, quién ordenó entonces los crímenes en masa que se cometieron. Pero también hay que deducir que si Karadzic no fue, entonces la OTAN bombardeó al bando equivocado y debió bombardear al bando contrario. Finalmente, la absolución de Karadzic en el genocidio de los siete municipios deja en el aire también la cuestión del gran genocidio de Srebrenica, del que recientemente se celebró un aniversario solemne.

Pero la gran matanza de Srebrenica es uno de esos tabúes históricos que casi todos los pueblos del mundo arrastran sobre su conciencia como si fuera su pecado original. En este caso la culpabilidad oficial recae sobre Serbia y ese tipo de imputaciones con membrete no se pueden borrar fácilmente, a no ser que el pecador, además de matar, quiera cometer un segundo pecado: no admitir que es el asesino.

Pues bien, Serbia aprobó recientemente un nuevo Código Penal entre cuyos delitos hay uno de esos que los historiadores de pacotilla califican como “negacionismo” y consiste en no admitir una verdad oficial, en este caso que en Srebrenica se cometió una gran matanza y que los culpables de ella son ellos mismos, los serbios.

Este tipo de delitos son delitos sobre delitos y cuando una verdad oficial se tiene que refrendar castigando al que afirma algo distinto, también hay gato encerrado. La verdad no necesita ningún Código Penal. Pero si la verdad necesita un Código Penal en Serbia, necesitará otro en Bosnia, y otro en Croacia, y otro en… en todas partes.

Ahora bien, ¿quién es el que necesita ese tipo de incriminaciones? Desde luego que no se trata de Serbia. La criminalización de los “negacionistas” de la matanza de Srebrenica es una imposición expresa de la Unión Europea para sacar al país del ostracismo en el que lo dejaron después de la guerra.

Por lo demás, aquella matanza es como las armas de destrucción masiva en Irak o los ataques químicos del ejército sirio en Jan Sheyjun. Lo que podemos y debemos decir sobre ella es lo siguiente: que fue utilizada por los imperialistas para liquidar los acuerdos de Dayton y con ellos, liquidar a la propia Serbia, un país agredido por el imperialismo que arrastra el estigma de los malditos como Estado “genocida” por más que los peleles del Tribunal Penal Internacional no se hayan atrevido a tanto.

Pero, ¿acaso eso importa a estas alturas de la historia?, ¿quién se acuerda ahora de este tipo de crímenes y matanzas? Los que siguen llorando.


Por cierto, casi se nos olvida. En su libro ‘Paz y castigo’ el portavoz del Tribunal, Florence Hartman, relata un incidente que pone de manifiesto la proximidad de los jueces y fiscales del Tribunal con los diferentes centros de inteligencia de las grandes potencias. Cuando al fiscal Jeffrey Nice algún periodista se atreve a preguntarse si iniciaría una acusación contra quienes ordenaron los bombardeos de la OTAN en 1999, responde:

‘Les aseguro que nosotros, la OTAN y los principales países occidentales somos los mismos que el Tribunal […] Les puedo asegurar que Louise Arbour [fiscal principal] sólo acusará a ciudadanos yugoeslavos y a ningún otro’.

Más datos a tener en cuenta que no podemos pasar por alto: no crean que un tipo de la calaña del fiscal Nice es un vulgar picapleitos. Se trata de un miembro veterano del MI6, el servicio secreto británico.

Lo mismo podemos decir de los demás jueces y fiscales, cuidadosamente seleccionados para la ocasión.

La Guerra de Yugoeslavia fue un diluvio de mentiras

¿Empezó la guerra en 1991 con las secesiones eslovena y croata?

No. En 1979 el BND (la CIA alemana) envía a Zagreb un equipo de agentes secretos. Misión: apoyar a Franjo Tudjman, racista que propaga activamente el odio étnico y predica la fragmentación de Yugoslavia. Alemania apoya y financia a este Le Pen croata y le enviará armas “antes” de la guerra. ¿Con qué objetivo? Berlín nunca ha admitido la existencia del Estado unitario yugoslavo que se le había resistido valientemente durante las dos guerras mundiales. Al volver a resquebrajar Yugoslavia en miniestados fáciles de someter, Alemania pretende controlar los Balcanes. Una zona económica para anexionarse, implantar allí sus empresas, exportar sus productos y dominar el mercado. Una ruta estratégica hacia Oriente Medio, el Caúcaso, el petróleo y el gas. En 1992, el ministro bávaro del Interior declara: “Helmut Kohl ha conseguido lo que no obtuvieron ni el emperador Guillermo ni Hitler”.

¿Provocó Alemania deliberadamente la guerra civil?

Si. Al inicio de la cumbre de Maastricht, en 1991, el canciller alemán Kohl es el único que quiere fragmentar Yugoslavia y reconocer precipitadamente las “independencias” de Eslovenia y Croacia, despreciando el derecho internacional y la Constitución yugoslava, pero el ascenso de la potencia alemana impondrá a todos sus socios esta locura. París y Londres se alinean con esta postura. Según el londinense “The Observer”, “el primer ministro británico Major pagó un precio muy alto apoyando la política yugoslava de Alemania que, según todos los observadores, precipitó la guerra”. En efecto, todos los expertos habían advertido que semejante “reconocimiento” provocaría una guerra civil. ¿Por qué?

  1. En casi todas las repúblicas de Yugoslavia se mezclaban diversas nacionalidades. Dividir los territorios era tan absurdo como dividir París o Londres en barrios étnicamente puros.

  2. Favoreciendo al neofascista croata Tudjman y al nacionalista musulmán Izetbegovic (colaborador de Hitler en su juventud), era evidente que se provocaría el pánico entre la importante minoría serbia que desde hace siglos vivía en Croacia y en Bosnia. Cada familia serbia había perdido al menos a un miembro en el terrible genocidio cometido por los fascistas croatas y musulmanes, agentes de Alemania, entre 1941 y 1945. Únicamente la Yugoslavia de Tito había podido devolver la paz, la igualdad, la coexistencia. Pero Berlín, y después Washington, querían quebrar a toda costa a este país “demasiado a la izquierda”.

¿Permaneció Estados Unidos ‘pasivo y desinteresado’ en esta guerra?

No. Lord Owen, enviado especial de la Unión Europea en Bosnia, por tanto observador privilegiado, escribió en sus Memorias: “Respeto mucho a Estados Unidos. Pero, durante estos últimos años (92-95), la diplomacia de este país es culpable de haber prolongado inútilmente la guerra en Bosnia”. ¿Cuál es su objetivo? Como los alemanes estaban ocupados en tomar el control de Eslovenia, de Croacia y pronto de Bosnia, entonces Washington presionó a Izetbegovic, el dirigente nacionalista musulmán de Sarajevo: “No firméis ningún acuerdo de paz propuesto por los europeos. Haremos que ganéis la guerra sobre el terreno”. De esta manera, Washington prolongó durante dos años los terribles sufrimientos inflingidos a toda la población de Bosnia. ¿Cuáles eran los motivos?

  1. Despojar a Berlín de sus posiciones adquiridas en la región estratégica de los Balcanes
  2. Dividir y debilitar a la Unión Europea
  3. Instaurar a la OTAN como gendarme del continente europeo
  4. Quitar a Rusia cualquier acceso al Mediterráneo
  5. Imponer su liderazgo político y militar para las demás guerras en preparación. Porque al mismo tiempo, la guerra contra Yugoslavia también era una guerra larvada contra Europa. Tras la caída del Muro, los estrategas de Estados Unidos querían impedir a cualquier precio que emergiera una superpotencia europea. Por eso se ha hecho lo imposible para debilitarla política y militarmente.

¿Participaron el Banco Mundial y el FMI en la fragmentación del país?

Si. En diciembre de 1989, el FMI impone unas condiciones draconianas a Yugoslavia, cuyo primer ministro liberal, Markovic, mendigó la ayuda a George Bush padre. El objetivo de “la ayuda” será en realidad desestabilizar y hacer quebrar a las grandes empresas estatales. El Banco Mundial desmantela el sistema bancario, despide a 525.000 trabajadores en un año y, después, reclama la supresión de dos de cada tres empleos. El nivel de vida desciende dramáticamente. Estos diktats y el aumento de huelgas solidarias en todas las repúblicas exacerban las contradicciones entre los dirigentes de las distintas repúblicas a las que Belgrado ya no puede enviar fondos. Para salir de esta situación, estos dirigentes recurrieron a la táctica de la división y de alentar el odio nacionalista. Esta guerra se alentó desde exterior. Como muchas otras. La guerra contra Yugoslavia fue una guerra de globalización. Todas las grandes potencias occidentales trataban de liquidar el sistema económico demasiado de izquierda de Yugoslavia: un sector público fuerte, importantes derechos sociales, relativa resistencia a las multinacionales… El 4 de agosto de 1996, el “Washington Post” exponía la verdadera razón de las distintas guerras contra Yugoslavia en este reproche (¿esta amenaza?): “Milosevic no ha logrado comprender el mensaje político de la caída del Muro de Berlín. Otros políticos comunistas han aceptado el modelo occidental, pero Milosevic ha ido en la otra dirección”.

¿Presentaron los media una imagen engañosa de Tudjman y Izetbegovic, ‘nuestros amigos’?

Si. Los dirigentes hipernacionalistas croatas y musulmanes fueron presentados como auténticas víctimas, como grandes demócratas antiracistas. Y, sin embargo, tanto su pasado como su presente hubieran debido ponernos en guardia. Al tomar el poder, Franjo Tudjman declaró: “Estoy contento de que mi mujer no sea ni judía ni serbia”. Se apresuró a cambiar los nombres de las calles que llevaban el nombre de luchadores antifascistas, restableció la moneda y la bandera del régimen fascista genocida y modificó la Constitución para comenzar la expulsión de los serbios. En 1990, Izetbegovic hizo campaña electoral volviendo a publicar su “Declaración islámica”: “No existe paz ni coexistencia entre la religión islámica y las instituciones sociales y políticas no islámicas”. Instauró un régimen corrupto y mafioso, basado fundamentalmente en un lucrativo mercado negro y en el desvío de la ayuda internacional. Con la bendición de Washington invitó a los mercenarios islamistas, especialmente a Al Qaeda. Una vez empezada la guerra, se cometieron crímenes terribles en los tres campos, pero al ocultar estos antecedentes se lograba que la situación fuera incomprensible.

¿Ocultaron los medios los datos esenciales de la historia y de la geografía de Bosnia?

Si. Nos han hecho creer que los serbios eran los agresores invadiendo “Bosnia desde el exterior”. En realidad, en Bosnia habitaban desde siglos atrás tres grupos nacionales: musulmanes (43 por cien), serbios (31 por cien), y croatas (17 por cien). Sin olvidar un 7 por cien de “yugoslavos” nacidos de matrimonios mixtos o aquellos que prefirieron dejan atrás la miseria. Repartir Bosnia entre los grupos nacionales, como la Unión Europea seguía imponiendo, era absurdo y peligroso, puesto que las distintas poblaciones estaban completamente mezcladas: los musulmanes vivían sobre todo en las ciudades, mientras que serbios y croatas eran fundamentalmente campesinos y estaban dispersos por todas las regiones. No se podía dividir Bosnia sin una guerra civil. De hecho, la población serbia de Bosnia no luchaba por invadir los territorios “de los otros”, sino por conservar sus tierras o por establecer corredores de comunicación entre ellas. Una situación absurda y sangrante con todos los desórdenes de una guerra civil, pero esta guerra civil fue provocada por las grandes potencias.

¿Era correcto el esquema ‘serbios agresores, croatas y musulmanes víctimas’?

No. El general belga Briquemont, al frente de las fuerzas de la ONU en Bosnia hasta enero del 94, estaba en una posición privilegiada para declarar: “La desinformación es total […] La televisión necesita un chivo expiatorio. De momento hay unanimidad total para condenar a los serbios y esto no facilita la búsqueda de una solución. No creo que se pueda considerar el problema de la ex Yugoslavia y de Bosnia-Herzegovina únicamente desde el ángulo antiserbio. Es mucho más complicado que todo eso. Un día, en plena guerra croato-musulmana, habíamos informado sobre las masacres cometidas por el ejército croata. Un periodista estadounidense me dijo: ‘Si usted ofrece este tipo de información, los telespectadores estadounidenses no entenderán nada’”. No se trata de negar los crímenes cometidos por las fuerzas serbias.

La ideología de los textos del dirigente serbio-bosnio Karadzic es de extrema derecha. Pero en realidad desde la división de Yugoslavia, en todos los bandos algunas fuerzas políticas y mafiosas han utilizado métodos de guerra para apropiarse de territorios y riquezas. En los tres campos —croata, musulmán y serbio—, las milicias han cometido crímenes tremendos, en detrimento de todas las poblaciones. Así, en agosto del 94, el dirigente de Sarajevo, Izetbegovic, atacó la región… musulmana de Bihac dirigida por Fikret Abdic, quien se estaba distanciando de él y deseba vivir en buena armonía con sus vecinos serbios y croatas. Izetbegovic fue ayudado en esta ofensiva por seis generales de EEUU. Silenciar los crímenes de “nuestros amigos”, pero demonizar a todo aquel que se nos opone es un clásico de la propaganda de guerra.

Numerosas mentiras mediáticas han sido claramente fabricadas por una agencia estadounidense de “relaciones públicas”, Ruder Finn, compañera de la conocida Hill & Knowlton, que inventó las mentiras mediáticas de las incubadoras “robadas” por los iraquíes.

¿Puso en marcha Serbia un programa de limpieza étnica?

No. Si se cree que la limpieza étnica era verdaderamente el programa del “dictador” Milosevic, hay que admitir que su eficacia ha sido lamentable, puesto que, a lo largo de todos estos años y hasta hoy, uno de cada cinco habitantes de Serbia ni era ni es serbio. En Belgrado siguen viviendo, y sin problemas, numerosas minorías: musulmanes, gitanos, albaneses, macedonios, turcos, húngaros, goranes… En realidad, contrariamente a la imagen que ha dado la prensa, Serbia es hoy el único estado de la ex Yugoslavia, junto con Macedonia, que sigue siendo “multinacional”. Por el contrario, todos los estados protegidos por la OTAN —Croacia, Bosnia y Kosovo— han practicado una limpieza étnica prácticamente total. Milosevic desaprobaba los excesos cometidos por las milicias serbias en Bosnia. Su mujer realizó muchas declaraciones virulentas contra ellos. Serbia incluso aplicó un embargo contra Karadzic. Claro es que una parte de la opinión pública serbia se ha inclinado hacia en el nacionalismo racista. Pero es precisamente responsabilidad de Alemania y de las grandes potencias el haber sumergido al país en la guerra civil y por consiguiente en el odio.

¿Informaron correctamente los medios sobre Srebrenica?

No. Primera cuestión. Incluso si se trata de condenar los crímenes abominables, no se sirve a la verdad histórica —imprescindible para la reconciliación— con procedimientos propagandísticos como el uso indiscriminado del término “genocidio”, la ocultación del hecho de que una parte de las víctimas murieron en los combates, o la exageración sistemática de las cifras. Las investigaciones han revelado que numerosas “víctimas” fueron encontradas algunos meses más tarde votando en las elecciones siguientes o incluso tomando parte en otros combates con el ejército de Izetbegovic. Esto ha permanecido oculto. No vamos a entrar aquí en esta polémica sobre las cifras, que sólo historiadores rigurosos podrán aclarar definitivamente.

Segunda cuestión. ¿Por qué los medias han ocultado acontecimientos esenciales para poder entender el drama? Al principio, esta región estuvo habitada por musulmanes. Y serbios. Estos últimos habían sido expulsados en 1993 en una limpieza étnica cometida por las tropas nacionalistas musulmanas de Izetbegovic. El general francés Morillon, que dirigía las fuerzas de la ONU en el lugar, acusa: “Durante la Nochebuena ortodoxa, noche sagrada de enero de 1993, Nasser Oric lanzó una incursión sobre los pueblos serbios… Se cortaron cabezas, hubo masacres abominables cometidas por las fuerzas de Nasser Oric en todos los pueblos de la vecindad” (Documentos de información de la Asamblea Nacional, Srebrenica, t 2, pp. 140-154). El deseo de venganza no justifica los crímenes cometidos después. Pero, ¿por qué ocultar sistemáticamente los crímenes de “nuestros amigos”?

Tercera cuestión. Como otros “enclaves” llamados desmilitarizados, en realidad Srebrenica era una zona en la que las fuerzas de Izetbegovic se estaban reagrupando, y la ONU les protegió de una derrota total. Sorprendente: las tropas de Oric se retiraron de Srebrenica justo una semana antes de la masacre. El general francés Germanos manifiesta: “Oric ha declarado profusamente que le hicieron abandonar Srebrenica, ya que querían que cayera la ciudad. El ‘querían’ era Izetbegovic”. Y, ¿por qué? Sería interesante retomar un curioso informe de la ONU, redactado un año y medio antes por Kofi Annan: “Izetbegovic sabía que era posible una intervención de la OTAN en Bosnia-Herzegovina. Pero ésta no tendría lugar salvo que los serbios se introdujeran a la fuerza en Srebrenica y masacraran al menos a 5.000 personas (sic)”. ¡Una masacre anunciada año y medio antes! (Informe de la ONU, 28-29 de noviembre). El general Morillon nos muestra también que “Fueron las autoridades de Izetbegovic las que se opusieron a que se evacuara a quienes lo pedían, y eran muchos”. Su conclusión: “Mladic cayó en una trampa en Srebrenica”.

¿Las primeras víctimas de la guerra fueron asesinadas por los serbios?

No. El 28 de junio de 1991, la policía eslovena ejecutó (al menos) a dos soldados desarmados del ejército nacional yugoslavo que acababan de rendirse en el puesto fronterizo (con Austria) de Holmec. Esto fue reconocido por el periódico “Slovenske Novice”. Igualmente “se estableció desde el principio” que tres soldados de este mismo ejército yugoslavo fueron ejecutados en un puesto fronterizo con Italia después de haberse rendido (hechos y testimonios comunicados al Tribunal Penal Internacional de La Haya).

¿Era falso el célebre anuncio de los ‘campos de concentración’?

Si. Fabricado por Bernard Kouchner y Médicos del Mundo, este anuncio mostraba a los “prisioneros” detenidos, parecía, tras una alambrada de espino. Uno de ellos tenía las costillas terriblemente demacradas. Kouchner había pegado sobre la foto una torre de observación de Auschwitz y la acusación “exterminios masivos”. Para recalcar el mensaje: “Serbios nazis”. Además volvía a sacar una campaña de demonización lanzada por la agencia estadounidense de “relaciones públicas” Ruder Finn. Pero todo era falso en esta imagen, sacada de un reportaje de la TV británica ITN. La trampa es evidente cuando se ven las imágenes rodadas en el mismo instante por un equipo de TV local. En realidad, la cámara británica se colocó deliberadamente detrás de los dos únicos alambres de espinos que sujetaban un viejo cercado agrícola que aún se sostenía en pie. Y los “prisioneros” estaban en el “lado adecuado” de los alambres de espino. Libres, puesto que ellos mismos eran refugiados en ese campo para escapar de la guerra y de las milicias que los alistaba a la fuerza. En las imágenes completas, el único prisionero que hablaba inglés declaraba, además, por tres veces a la periodista de la ITN que estaban bien tratados y “salvos”. Al hombre demacrado de las costillas salientes (gravemente enfermo) le habían destinado a un primer plano puesto que todos sus compañeros gozaban de buena salud. El montaje de Kouchner era una burda mentira. Es cierto que existían algunos campos en Bosnia. No eran campos de exterminio, sino más bien campos para preparar los intercambios de prisioneros. Allí se cometieron violaciones de los derechos humanos. Pero, ¿por qué se nos han ocultado los informes de la ONU sobre este tema? Estos informes mencionaban seis campos croatas, dos serbios y uno musulmán.

¿Nos informaron de la verdad sobre las tres grandes masacres de Sarajevo?

No. En tres ocasiones la opinión pública occidental se vio conmocionada por imágenes terribles: decenas de víctimas despedazadas ante una panadería o en el mercado de Sarajevo. Inmediatamente, los serbios fueron acusados de haber asesinado deliberadamente bombardeando la ciudad. A pesar de las numerosas contradicciones en los comunicados oficiales. Pero la opinión pública nunca fue informada de los resultados de las ulteriores investigaciones de la ONU. Estos informes acusaban a las fuerzas del presidente Izetbegovic. Además, los máximos responsables occidentales lo sabían, pero lo han ocultaron cuidadosamente. Solo mucho más tarde el redactor en jefe del “Nouvel Observateur”, Jean Daniel, admitó: “Tengo que decirlo hoy. He escuchado, uno tras otro, a Edouard Balladur (primer ministro francés del momento), François Léotard (ministro del Ejército), Alain Juppé (de Asuntos Exteriores) y a dos generales ‘muy responsables’, cuya confianza no traicionaré […] decirme que el obús que se lanzó sobre el mercado ¡también era musulmán! ¡Provocaron una masacre entre los suyos! Observé con espanto. Sí, me contestó el primer ministro sin dudar” (“Nouvel Observateur”, 21 de agosto de 1995).

¿Por qué estas manipulaciones? Como por casualidad, cada masacre sobrevenía justo antes de una reunión decisiva para justificar una medida occidental: embargo contre los serbios (1992), bombardeos de la OTAN (1994), ofensiva final (1995).

La OTAN y Izetbegovic aplicaron un principio fundamental de la propaganda de guerra: justificar su ofensiva con una mentira mediática, una “masacre” que conmocionara a la opinión pública. La versión oficial del sitio de Sarajevo oculta varios puntos: 1. Las fuerzas serbias han cometido, ciertamente, crímenes tremendos. Pero a los civiles que quisieron huir por un túnel que permitía abandonar la ciudad se lo impidió el régimen de Izetbegovic. Éste quería mantener el máximo número de clientes de su mercado negro, producto del desvío de la ayuda internacional. 2. Necesitaba sobre todo presentar una imagen en blanco y negro de un pueblo víctima de sus agresores. En realidad, en el propio Sarajevo, los francotiradores de Izetbegovic asesinaban regularmente a los habitantes de los barrios serbios de la ciudad, sin que jamás se haya hablado de ello. 3. Atrocidades igualmente terribles se cometieron, por ejemplo, en Mostar. Pero allí estaban luchando las fuerzas croatas y musulmanas (“nuestros amigos”), que desde hacía mucho tiempo habían expulsado a todos los serbios.

¿La mayor limpieza étnica de la guerra fue cometida por el ejército croata?

Si. El 4 de agosto de 1995, cien mil soldados croatas, ciento cincuenta carros de combate, doscientos transportadores, más de trescientas unidades de artillería, cuarenta lanzaderas de misiles atacaron a la población serbia de Krajina. Más de 150.000 serbios fueron así forzados a abandonar esta región, que habitaban desde hacía siglos. Se cometieron las peores atrocidades: las fuerzas croatas abatieron a los ancianos que no pudieron huir, quemaron el 85por cien de las casas abandonadas. Clinton juzga la ofensiva “útil”. Su ministro de Asuntos Exteriores también: “La reconquista de Krajina puede conducir a una nueva situación estratégica, que puede sernos favorable”. Peor aún: Estados Unidos aconsejó a Croacia para llevar a cabo su ofensiva, según la confesión del ministro croata de Asuntos Exteriores. Además, fue Washington quien se encargó de la formación “democrática” de este ejército.

¿Utilizó Estados Unidos bombas de uranio también en Bosnia?

Si. En el coloquio internacional “Uranio, las víctimas hablan”, organizado en Bruselas en marzo de 2001, un médico de Bosnia presentó a un guardabosques serbio de Bosnia, víctima como otros de “cánceres múltiples” atípicos y fulminantes después de haber estado expuesto en las zonas de bombardeos de Estados Unidos. Un responsable de la sanidad en Bosnia ha confeccionado estadísticas: los habitantes de un barrio serbio de Sarajevo, bombardeado por los aviones estadounidenses en 1995 (habitantes expulsados inmediatamente de esta ciudad), han visto multiplicado por cinco los diversos tipos de cánceres. Las armas del uranio denominado empobrecido permiten a Estados Unidos —pero también a Francia y a Reino Unido— desembarazarse de desechos tóxicos de sus centrales nucleares. Los residuos contaminan seriamente el suelo y la capa freática, provocando cánceres, leucemias y mutaciones genéticas monstruosas (lo que incluye niños nacidos de soldados estadounidenses contaminados). En resumen, las armas de uranio convierten a numerosos países en cubos de basura para la eternidad.

La guerra contra Yugoslavia, ¿ha sido la ‘única guerra buena’ de Estados Unidos?

No. Estados Unidos ha intentado hacer creer que llevaban a cabo una guerra humanitaria, y presentarse como los defensores, por una vez, de los musulmanes. Pero en realidad Washington y Berlín provocaron esta guerra. Deliberadamente. Con el interés egoísta de conquistar objetivos estratégicos: colonización económica de los Balcanes, control de rutas de petróleo, lucha por la supremacía mundial. Estados Unidos jamás ha hecho ninguna guerra humanitaria. Este país no es el bombero de esta guerra en Yugoslavia, es el pirómano. Es el primer culpable del sufrimiento infligido a toda la población. Estados Unidos no es por un lado amigo de los musulmanes en los Balcanes y por otro lado su peor enemigo en Palestina e Iraq. Es su peor enemigo en todas partes. Y el enemigo más peligroso de todos los pueblos del mundo. Amenaza a Siria, Irán, Corea, Cuba, y un día incluso a China. Porque su estrategia de guerra tiene como único objetivo mantener el orden económico injusto, dominar y explotar a todos los países del globo a fin de enriquecer aún más a un puñado de supermillonarios. Por esa razón es importante desenmascarar todas las mentiras mediáticas y dar a conocer la verdad sobre la guerra contra Yugoslavia: fue una guerra de agresión.

—http://revistaamoryrabia.blogspot.com.es/2013/01/las-mentiras-de-la-guerra-de-yugoslavia.html

Montenegro: el escenario del crimen se incorpora a la OTAN

Una muestra del clima de golpe de Estado que ondea por la Casa Blanca es el artículo publicado por la revista Foreign Affairs, en el que sus autores afirman que el ingreso de Montenegro en la OTAN es una prueba para comprobar si Trump sigue siendo “amigo” de Putin y va a firmar con él otro Tratado de Yalta o si, por el contrario, va a defender -por fin- los intereses de Estados Unidos.

El asunto tiene su miga. Como ven, no sólo los seudomarxistas equiparan a unos (Estados Unidos) con otros (Rusia) para concluir que son igualmente imperialistas. En Washington también piensan lo mismo: que uno (Trump) y otro (Putin) son amigos. Como consecuencia de ello, ponen toda la carne en el asador por no tener amigos o, por lo menos, por no tener ese tipo de amigos (rusos).

Para lo del Tratado de Yalta no es necesario recurrir a Foreign Affairs porque es uno de tantos tópicos, naturalmente falsos, que se pueden encontrar a miles en cualquier buscador de internet: como la URSS (antes que Rusia) también era un Estado imperialista, se repartió con los demás firmantes (Gran Bretaña y Estados Unidos) el mundo en zonas de influencia.

Al tópico se le puede dar la vuelta del revés: como la URSS se repartió el mundo en Yalta con las potencias imperialistas, era tan imperialistas como ellas. Ya ven: son todos iguales. Da lo mismo Estados Unidos que Rusia; todos (los imperialistas) son iguales, todos quieren lo mismo…

Esa es la conclusión de quienes, seudomarxistas o no, reconvierten la historia en historieta, aunque en Washington los buitres añaden a los tópicos el ingrediente de lo concreto que los otros eluden: la incorporación de Montenegro, un país con un ejército de 2.000 soladados, a la OTAN para defenderse del imperialismo ruso, el expansionismo ruso, la agresión rusa…

Es el mundo del revés: la agresión no consiste en expandir, aunque sea de manera minúscula, una alianza militar sino que la misma se refuerza para defenderse de una agresión previa a Montenegro (que nadie ha visto por ninguna parte). Es la incorporación número 29 a la OTAN, por lo que debemos concluir que Rusia ha amenazado a 29 países, ya que la excusa es siempre la misma: el expansionismo ruso.

No hay nadie mínimamente serio en el mundo capaz de sostener tamaña excusa. Incluso en Estados Unidos un comentarista se ha burlado escribiendo que si la lucha contra el expansionismo ruso tuviera que depender de la aportación militar de Montenegro a la OTAN, sería mejor esconder la cabeza bajo la almohada.

Naturalmente, las explicaciones hay que buscarlas por otro lado. Uno de esos equipos de planificación que proliferan cerca del Pentágono ha explicado que se trata de enviar una señal clara a la OTAN para recordar quién manda y quién toma las decisiones, tanto si son importantes como si son tan irrelevantes como la incorporación de Montenegro. En la OTAN Estados Unidos no admite ninguna clase de vetos a sus propuestas.

En setiembre el subsecretario de Defensa, Michael Carpenter, largó ante el Senado la rehaíla de tópicos sobre qué países se pueden incorporar y qué países no se pueden incorporar a la OTAN, una decisión que depende de la catalogación que haga Estados Unidos de los candidatos, esto es, del marchamo de democracia, libertad, derechos humanos y demás etiquetas que ellos mismos ponen y quitan.

La entrada de Montenegro en la OTAN le pone, pues, el sello de calidad, la denominación de origen democrática.

Hay que volver a repetir que la realidad transcurre justamente por el camino contrario a las etiquetas del Pentágono, la Casa Blanca y el Senado de Estados Unidos: Montenegro es otro de esos Estados mafiosos creado por el imperialismo tras la Guerra de los Balcanes y la destrucción de la antigua Yugoeslavia. En el aeropuerto de Podgorica, la capital, los montenegrinos verán aterrizar a los mismos aviones de la OTAN que les bombardearon y masacraron en 1999.

Sólo Kosovo está a la altura delincuencial de Montenegro. Con una población de 600.000 habitantes, Montenegro cuenta con más de 100 asesinatos políticos sin resolver y, como bien dice Sputnik, “no se trata solo de ideología, sino de una dura lucha por el poder y por intereses financieros” (*).

Durante 30 años el Primer Ministro de Montenegro ha sido Milo Djukanovic, que en 2015 recibió de una ONG el primer premio al crimen organizado, la corrupción, los ajustes de cuentas, el blanqueo de dinero, el tráfico de armas, de drogas… Es uno de esos criminales al que el imperialismo ha convertido en Primer Ministro.

El contrabando de tabaco es la punta del icerberg del crimen organizado en Estado, un ejemplo de tantos delitos asociados al gobierno de Podgorica y a la mafia italiana. El director del contrabando de tabaco es Dusko Markovic, antiguo jefe de la seguridad del Estado, actual Primer Ministro y hombre de paja de Djukanovic, que además de lucrarse con el contrabando es el instigador del asesinato de un conocido editor montenegrino.

Sin embargo, al repasar las escasas noticias que circulan por el mundo sobre Montenegro, lo que sobresalen son los malévolos planes de Putin para asesinar a Djukanovic. En una entrevista a la revista Time, su sicario Markovic se vanagloriaba de haber desarticulado una organización integrada por 24 espías, dos de ellos de nacionalidad rusa, que pretendían provocar incidentes e incluso “un conflicto armado” que serviría de pretexto para tomar el poder e impedir la incorporación del país a la OTAN.

El corolario es más que obvio: para impedir los disturbios y que los espías rusos tomen el poder, Montenegro se debe incorporar a la OTAN. La revista Time denuncia el imperialismo y expansionismo rusos en los mismos términos que los seudomarxistas: “Ha comenzado una nueva batalla por Europa. Del Báltico a los Balcanes y del Mar Negro a Gran Bretaña, Vladimir Putin trata de reconstruir el imperio ruso 25 años después de la caída de la Unión Soviética”. Las críticas de Trump a la OTAN, añade Time, le hacen el juego al imperialismo ruso. Luego hay que reforzar la OTAN con nuevas adhesiones, como la de Montenegro.

También es la mejor manera de salvaguardar los intereses de un Estado dirigido por mafiosos.

(*) https://mundo.sputniknews.com/politica/201703051067379784-montenegro-otan-poblacion/

Esos cabrones que ejercen de imperialistas por la mañana y de benefactores por la tarde

La investigación sobre el tráfico de órganos en el Estado fantasma de Kosovo se está acabando de perfilar. Los tribunales europeos ya han condenado a cinco médicos kosovares a penas que van hasta los ochos años de cárcel. Formaban parte de una red que operaba desde una clínica en las afueras de Pristina, la “capital” kosovar.

Además hay dos órdenes de busca y captura emitidas contra otros dos miembros de la red, un cirijando turco y el cerebro de la banda, un israelí llamado Moshe Artel, lo que vuelve a poner de manifiesto, como ya relatamos aquí hace un año, la implicación del Estado israelí en las mafias organizadas en torno a este delito en el mundo entero.

Cuando estuvo de visita oficial en Kosovo en 2010, al ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, un periodista le preguntó por este asunto, ya que de 1999 a 2001 había sido jefe de la Minuk, la delegación de la ONU en Kosovo. Como había hecho siempe, en declaraciones a la BBC Kouchner negó de plano la existencia de tráfico de órganos en Kosovo y la existencia de pisos francos y clínicas clandestinas dedicadas a ello.

A causa de ello, a Kouchner le acusaron “de mirar para otro lado” en aras de los manejos de los imperialistas, con la complicidad de la ONU. “Todos se acuerdan de su sonrisa indecente”, dice hoy el diario argelino “Réflexion” (*), frente a los periodistas serbios, a los que acusó de “cabrones” y de “locos” durante las ruedas de prensa que dio cuando estaba al frente de la delegación de la Minuk.

Kouchner protegía a su amiguete Hachim Thaçi, el criminal al que los imperialistas pusieron al frente del nuevo Estado de Kosovo, hasta que las investigaciones de la fiscal Carla del Ponte en 2008 tiraron del hilo poniendo de manifiesto quiénes eran los verdaderos cabrones. No era un rumor: durante la Guerra de Kosovo a los presos serbios les arrancaron sus órganos en vivo.

El Consejo de Europa encargó una investigación a Dick Marty, cuyas conclusiones tampoco dejan lugar a dudas: “En Kosovo todo el mundo está al corriente de lo que ha pasado y de lo que aún pasa, pero la gente sólo habla de ello en privado”, dice. La mafia kosovar estaba dirigida por los mismos que hoy están al frente el Estado “independiente”, auténticos responsables de éste y otros crímenes contra la humanidad, además de tráfico de armas y tráfico de drogas, miembros de la policía, la judicatura e incluso de Eulex, el órgano judicial europeo encargado del aparato judicial en Kosovo.

Como también expusimos en otra entrada anterior, numerosos testigos del juicio contra el antiguo Primer Ministro, Ramush Haradinaj, fueron asesinados y a los demás los obligaron a retractarse bajo amenazas de muerte. La investigación de Marty confirma que aunque en 2005 había pruebas abundantes de los horrendos crímenes cometidos en Kosovo, fueron deliberadamente destruidas.

Según un documento de la ONU, desde 2003 la Minuk tenía información de los crímenes cometidos en Kosovo relacionados con el tráfico de órganos humanos. Los dirigentes de la UÇK y luego del Estado kosovar “independiente” cobraban 45.000 dólares por los órganos de uno sólo de los presos serbios a los que se les extirpaban.

Lo mismo de su patrón Kouchner, los mafiosos kosovares exculpan su responsabilidad negando la evidencia y recurriendo al tópico hoy en boga: las numerosas denuncias que se han expuesto sobre estos crímenes son obra de serbios y rusos.

De Kosovo no hay nada nuevo que añadir que no sepamos. Fue el prólogo de lo que luego los imperialistas pusieron en práctica durante las Primaveras Árabes y la Plaza Maidan. En los Balcanes fue la primera ocasión en que la OTAN tuvo la oportunidad de salir en defensa de una “minoría oprimida” por los serbios, la albanesa, de crear organizaciones terroristas, como la UÇK, de desestabilizar toda una región y de bombardear a la población civil con munición radiactiva.

Anualmente pasan por Kosovo camino de los barrios europeos 60 toneladas de heroína procedentes de Afganistán, un negocio que reporta 3.000 millones de euros a los mafiosos kosovares. A diferencia de lo que ocurre con los refugiados, nadie protesta por ello. No hay xenofobia contra la heroína; tampoco hay muros, fronteras, pateras. La policía mira para otro lado. Las tropas estadonidenses no están para eso. La Unión Europea no se siente afectada…

¿Quiénes son los cabrones de esta historia? Se lo contamos nosotros: los cabrones son gentuza como Kouchner que, además de jefe de la delegación de la ONU en Kosovo y luego ministro frances de Asuntos Exteriores, es el fundador de Médicos del Mundo y de Médicos Sin Fronteras.

¿Sin fronteras? Este tipo de criminales, como Kouchner y sus ONG, que no cree en las fronteras son los que las imponen, los que levantan muros y los rodean de alambradas para que no circulen las personas pero circule las drogas, las armas, los riñones…

Siempre más de lo mismo: imperialistas por la mañana y benefactores por la tarde.

(*) http://www.reflexiondz.net/_a45610.html

Más información sobre el Estado mafioso de Kosovo:

– Desarticulada una red israelí que traficaba con órganos de refugiados sirios
– Detenido el antiguo ‘Primer Ministro’ del Estado criminal de Kosovo
– La Unión Europea enseña a robar a los bandidos kosovares
– ¿Serán condenados por criminales de guerra los terroristas kosovares del UÇK?
– Vuelve el yihadista kosovar que trabajó para la OTAN en la Guerra de los Balcanes

El Vaticano sigue apoyando al cardenal fascista Stepinac y sus crímenes de guerra

El fascista Pavelic y el obispo Stepinac
La semana pasada la Comisión Mixta de la Iglesia ortodoxa serbia y los obispos católicos croatas se reunieron en Novi Sad, en Voivodina, para tratar sobre el papel del cardenal fascista Aloisi Stepinac durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1937 Stepinac fue el arzobispo de Zagreb y tras la guerra fue juzgado y condenado por colaboraciópn con los utachis fascistas que gobernaron Croacia bajo la tutela del III Reich. A pesar de ello, el Vaticano le ascendió a la categoría de cardenal, luego le santificó y en la actualidad sigue apoyando su gestión como arzobispo durante la guerra.

Antes de la apertura de las conversaciones, el palacio episcopal apareció decorado con pintadas antifascistas referentes a Pavelic, el dirigente fascista croata, y Stepinac a los que acusaban de “nazis, ustachis y genocidas”, relacionándolo con la situación actual y en contra de la Unión Europea, el Fondo Monteario Internacional y la OTAN. Las pintadas llevaban la firma de una estrella de cinco puntas, el símbolo de internacionalismo proletario.

Los obispos católicos fueron uno de los pilares más importantes de la expansión de la Alemania hitleriana hacia el centro, el este de Europa y los Balcanes. El III Reich dividió Checoslovaquia y en la parte oriental impuso un Estado títere dirigido por Monseñor Tiso, un obispo franciscano, fusilado al finalizar la guerra por crímenes contra la humanidad.

Los nazis, lo mismo que luego haría la OTAN, también dividieron yugoeslavia, creando un Estado fantasmagórico en Cracia bajo la dirección del ustacha Ante Pavelic, un régimen aún más criminal y sanguinario que el III Reich.

Una de sus primeras decisiones fue abolir la libertad religiosa que había impuesto Yugoslavia a todos sus Estados miembros, un acto apoyado por el Vaticano que dio lugar a conversiones forzosas de los miembros de otras confesiones y el encierro en campos de concentración a quienes se negaron a ello.

Muchos sacerdotes católicos se convirtieron en verdugos. El más célebre fue el del fraile franciscano Miroslav Filipovic, que dirigió el mayor campo de concentración en Croacia, el campo de extermino de Jasenovac hasta 1943, fecha a partir de la cual asumió la dirección otro sacerdote católico reconvertido en verdugo fascista: Ivica Brkljacic.


Más información:

Los imperialistas se disponen a dotar de un ejército a Kosovo

El martes el Parlamento de Kosovo aprobó la creación de un ejército, a pesar de que se trata de un Estado contrario a la Carta de la ONU y reconocido por 70 países, todos ellos de la OTAN y sicarios de la OTAN.

La última provocación kosovar no se hubiera producido sin el aval de las potencias imperialistas que patrocinan la creación de este minifundio político en pleno corazón de los Balcanes.

Actualmente Kosovo dispone de una “fuerza de seguridad” que quiere reconvertir en fuerza armada, lo que prohibe la Reolución 1244 de la ONU, que sólo admite la presencia de tropas del organismo internacional sobre el terreno.

El padrinazgo imperialista sobre Kosovo es lo que permite a sus caciques adoptar ua provocación tras otra, como ocurrió a mediados de enero cuando un tren procedente de Belgrado fue detenido en la “frontera” porque estaba pintado con los colores de la bandera de Serbia y portaba la inscripción “Kosovo es Serbia”.

Al otro lado de “frontera” le esperaban varias decenas de miembros de una unidad especial de la policía kosovar que impidieron la continuación de la marcha.

Después de brutales bombardeos de la OTAN, Serbia perdió el control de Kosovo en 1999, en donde los imperialoistas impusieron un gobierno de marionetas que en 2008 declaró unilateralmente su independencia.

Sin embargo, la referida Resolución 1244 de la ONU reafirma que Kosovo forma parte de Serbia, a pesar de lo cual numerosos países y organismos internacionales, como los futbolísticos, han hecho caso omiso de las más elementales normas del Derecho Internacional y mandatos de la ONU.

Serbia mantiene el control de una pequeña zona en el norte de Kosovo en la que viven 50.000 serbios que temen ser asesinados por las mafias kosovares que gobiernan en Pristina.

Las bandas kosovares han creado un país subsidiado, lo más parecido a Las Vegas. El dinero se invierte en almacenar heroína y traficar con seres humanos, mercancía barata con destino a los burdeles de Europa.

Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoeslavia por la Unión Europea

Milosevic, el dirigente yugoslavo asesinado
El 15 de enero de 1992, hace un cuarto de siglo, Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoeslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La Unión Europea hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano, la República Federal de Yugoeslavia, desaparecía.

Inicialmente Francia se opuso al fraccionamiento de Yugoeslavia, aduciendo tímidamente que los serbios corrían un serio peligro, pero la presiones alemanas vencieron.

Por su parte, al principio la ONU también se opuso al plan alemán de partición. En aquella época el delegado de la ONU para Yugoeslavia era Cyrus Vance, el antiguo Secretario de Estado norteamericano.

La ONU desplegó un contingente de 10.000 tropas con una misión hipócrita, la paz, que todos sabían que se iba a cobvertir en lo contrario, en la peor guerra que ha habido en Europa desde 1945. Por lo tanto, el desmembramiento de Yugoeslavia y las tropas “de paz” de la ONU fueron el comienzo de la Guerra de los Balcanes.

Los imperialistas quisieron acabar así con uno de los pilares fundamentales de los países no alineados y repartirse sus despojos en pedacitos cada vez más pequeños, para lo cual exacerbaron el patrioterismo de unos y otros para que se mataran de la manera más brutal posible.

El chovinismo feroz fue alentado por sus dos compañeros de cuna: el fascismo y el islamismo, representados respectivamente por el croata Franjo Tudman y por el bosnio Izebegovic. Si el fascismo llegó de la mano de Alemania, el islamismo lo hizo de la de Estados Unidos.

“La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras de la OTAN”, dijo entonces Javier Solana, Secretario General de la alianza militar imperialista y antiguo ministro del PSOE.

Es el modelo de la OTAN en Irak, el modelo de Libia, el de Siria…

El modelo del asesinato de Milosevic es el del asesinato de Saddam Hussein, el del asesinato de Gadafi… Los asesinos siempre mantienen un mismo “modus operandi” en todos sus crímenes.

¿Serán condenados por criminales de guerra los terroristas kosovares del UÇK?

El criminal de guerra Haradinaj
El ex primer ministro kosovar Ramush Haradinaj fue arrestado por orden de la justicia francesa en el aeropuerto de Basilea-Mulhouse y posteriormente puesto en libertad pero con obligación de mantenerse a la disposición de la justicia. Serbia exige su extradición para juzgarlo en relación con los crímenes cometidos por el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) en los años 1990.

Kosovo es actualmente un Estado creado por la OTAN pero no reconocido por la comunidad internacional.

El UÇK, creado por la OTAN con elementos de la mafia albanesa, desató en Yugoslavia una campaña de terrorismo indiscriminado que provocó como respuesta de Belgrado una ola represiva. Esta última sirvió de pretexto a la guerra de la OTAN contra Yugoslavia. Los oficiales del UÇK fueron entrenados en Turquía por las fuerzas especiales de Alemania (KSK) y por cuenta de la alianza atlántica.

Los crímenes atribuidos a Serbia recibieron castigo inmediato, pero habrá que esperar 17 años después de los hechos para que llegue quizás a crearse un tribunal penal internacional que debería juzgar los crímenes perpetrados por el UÇK.

Encarcelado sin que lograran demostrarse nunca las acusaciones de que había cometido crímenes contra la humanidad, el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic murió en 2006 –asesinado por orden de la OTAN– en su celda de La Haya, después de años de vanos procesos judiciales. Su muerte anunciaba el destino del presidente iraquí Saddam Hussein y del guía libio Muammar el-Kadhafi, igualmente víctimas de la OTAN.

Ramush Haradinaj fue juzgado en 2007 por el Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, pero los servicios de inteligencia de la OTAN se negaron a entregar a la fiscal Carla Del Ponte los documentos que tenían sobre los hechos atribuidos al acusado. Más de 10 testigos de cargo fueron asesinados cuando se preparaban para declarar ante el Tribunal y el acusado fue finalmente absuelto.

Si finalmente se creara una jurisdicción ad hoc sobre los crímenes del UÇK, el principal acusado tendría que ser el actual presidente de Kosovo, Hashim Thaçi. Mientras tanto, Serbia sigue exigiendo que se haga justicia.

Durante la audiencia en la que se pronunció la acusación en su contra, Ramush Haradinaj insultó a los magistrados franceses, llegando incluso a acusarlos de estar al servicio… del difunto presidente yugoslavo Milosevic. Su abogada, Rachel Lindon, afirmó que Belgrado carece de competencia para juzgar a su cliente después de haber sido este juzgado en La Haya. Pero la parte acusadora observó que, debido a la muerte de los testigos, el primer juicio no pudo pronunciarse sobre el conjunto de crímenes que se reprochaban a Haradinaj.

La extradición de Ramush Haradinaj a Serbia depende de la aprobación del gobierno francés.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article194932.html

Más información:
– Detenido el antiguo ‘Primer Ministro’ del Estado criminal de Kosovo

Detenido el antiguo ‘Primer Ministro’ del Estado criminal de Kosovo

El Primer Ministro de la mafia
El miércoles la policía francesa detuvo a Ramush Haradinaj, antiguo “Primer Ministro” del fantasmagórico Estado de Kosovo creado por la OTAN en 1999 durante la Guerra de los Balcanes.

Hacía tiempo que tras dejar su cargo de lacayo de la OTAN en Pristina, la “capital de Kosovo”, Haradinaj se arrastraba como un limaco por los burdeles de Suiza, viviendo con el lujo faraónico propio de todos los mafiosos.

Serbia acusa a Haradinaj de crímenes de guerra cometidos por él durante la guerra de Kosovo de 1999. Se trata de un antiguo dirigente del UÇK, el denominado “ejército de liberación de Kosovo”, que ya fue acusado en La Haya del mismo delito por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Sin embargo, hasta en dos ocasiones fue absuelto de todos los cargos porque no hay pruebas. La CIA lleva años tratando de borrar las pistas de los crímenes cometidos por sus sicarios kosovares del UÇK.

De los 10 testigos que iban a declarar contra él, 9 fueron asesinados y otro retiró su declaración tras un intento de asesinato. La ley del silencio condujo a Carla del Ponte, la fiscal del Tribunal, a declarar: “Estoy perdiendo testigos en la causa contra Haradinaj por todos lados. Están seriamente amenazados”. Es el estilo PSOE que impuso Felipe González en el caso de los GAL: “No hay testigos ni los habrá”.

Hasta la Wikipedia reconoce que Haradinaj “está considerado por diversas investigaciones [como] una de las personas más poderosas de la mafia en Kosovo”, por lo que sigue bajo la protección de sus padrinos de la CIA. Un informe del BND, el servicio secreto alemán, afirma que los tres dirigentes del UÇK, Haradinaj, Thaçi y Haliti, “están íntimamente vinculados a las interrelaciones entre la política, los negocios y las estructuras de la delincuencia organizada en Kosovo” (*).

Lo que al BND se le olvidó añadir es que tanto el UÇK como el Estado criminal de Kosovo lo crearon ellos, de común acuerdo con la CIA.


Kosovo no sólo es la gran vergüenza de la Unión Europea, especialmente del imperialismo alemán, sino también la de todos esos grupos seudoindependentistas de Catalunya, Galicia y Euskadi que quieren que la OTAN haga aquí lo que hizo allá y lo que ha pretendido hacer en Siria: un nuevo reparto del mundo, masacrar a la población con bombas de uranio y crear sucursales con la apariencia de Estados “independientes”, como en Rojava.

Kosovo fue arrancado de Serbia en 1999 después de 78 días de bombardeos criminales de la OTAN, ordenados por su secretario general, el conocido criminal de guerra y militante del PSOE Javier Solana.

Por medio de Solana, la OTAN puso un Estado en manos de una mafia de delincuentes, el UÇK, a la que presentó ante todo el mundo como un movimiento de “liberación nacional”, lo que fue recibido con la máxima alegría por ciertos grupillos seudoindependentistas que son otros tantos lameculos de la OTAN, lo mismo que el UÇK, una organización de la misma factura de Al-Qaeda o el Califato Islámico.

Pero la vergüenza no se acaba aquí sino que amenaza con alcanzar a buena parte de la humanidad porque nada menos que la mitad de los Estados del planeta han reconocido a este Estado criminal, que ya ha intervenido en la Eurocopa de fútbol y otros eventos parecidos.

(*) https://es.wikipedia.org/wiki/Ramush_Haradinaj

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