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Lo que no han contado sobre el actor Alan Rickman

Del fallecido actor británico Alan Rickman las noticias han contado su participación en algunos trabajos, como “La jungla de cristal” o la saga “Harry Potter”, pero faltan otros.

Además de actor típico de la escuela británica, Rickman era realizador de teatro y, entre otras piezas en 2005 trató de montar la obra “Mi nombre es Rachel Corrie”.

El guión homenajeaba a la militante asesinada por el Estado de Israel en 2003 cuando se opuso al derribo de las viviendas de los palestinos. Fue aplastada por una apisonadora del ejército israelí.

Según cuenta el periódico canadiense The Vancouver Sun, esta obra era un “poderoso golpe” contra el Estado de Israel que, como es lógico, logró censurar el estreno en los teatros de Nueva York.

En 1992 Rickman participó en la película “Ciudadano Bob Roberts”, la primera que dirigió Tim Robbins. Cuenta la historia de un fascista y cantante de folk que anuncia su candidatura al Senado de Estados Unidos por el Estado de Pennsylvania.

La campaña electoral resulta ser una trama de los servicios secretos con oscuros fines económicos, racistas y militares.

Las inapropiadas simpatías comunistas del cantante Pete Seeger

La Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés) espió durante casi tres décadas al cantante Pete Seeger, un icono musical estadounidense por sus canciones a favor de los sindicatos y contra la guerra.

Seeger, fallecido en enero de 2014 a los 94 años de edad, fue objetivo del servicio de inteligencia estadounidense, según han desvelado las 1.800 páginas desclasificadas la semana pasada, tras una solicitud de Mother Jones y Associated Press. Unas 90 de esas páginas siguen ocultas.

La vigilancia empezó cuando Seeger protestaba contra la persecución de ciudadanos estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Siguió hasta principios de la década de 1970, a medida que Seeger escribía algunas de las canciones antibelicistas más famosas del siglo XX.

Seeger escribió algunas de las más características canciones del movimiento pacifista como If I had a hammer, Where have all the flowers gone? o Turn! Turn! Turn!, expresando las ideas de millones de personas que se opusieron a la guerra y a las armas nucleares.

En la década de los 50, Seeger se opuso a la caza de brujas orquestada por el senador Joe McCarthy y fue llamado a declarar ante el Comité de Actividades Anti-Americanas. Su negativa a responder las preguntas que le formularon estuvo a punto de llevarle a la cárcel. De hecho, le condenaron por ello a un año de prisión y a diecisiete meses de censura en todos los medios de comunicación estadounidenses.

Posteriormente, Seeger se convirtió en un destacado activista por los derechos civiles, ayudó a popularizar la canción We shall overcome, se mostró muy crítico con la guerra de Vietnam e inspiró a toda una generación de cantautores, como Bob Dylan, Joan Baez o Víctor Jara.

Por todo ello quizá no resulta sorprendente que Seeger fuese espiado durante treinta años por el gobierno de Estados Unidos, como ahora han desvelado estos documentos.

Sin embargo, no fue un himno contra la guerra o una protesta lo que llamó la atención del FBI sino una carta. Así, la vigilancia sobre Seeger comenzó en 1943 por una carta en la que criticaba la propuesta de deportar a todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés. «Si excluyes de la ciudadanía a quienes descienden de japoneses, ¿por qué no hacerlo de los británicos también? También luchamos contra ellos una vez, después de todo. América es grande porque hemos sido un refugio para los oprimidos», decía en la misiva. Ese mismo año Seeger contrajo matrimonio con Toshi, una de esas ciudadanas americanas de origen nipón.

Agentes de la Inteligencia Militar visitaron el colegio y el instituto de Seeger, investigaron a su padre, a Toshi y entrevistaron a Woody Guthrie, para llegar a la siguiente conclusión: «Sus simpatías comunistas, sus inapropiadas relaciones con los arrendadores o sus numerosos e indeseables amigos comunistas le hacen inadecuado para una posición de confianza o responsabilidad».

Los documentos muestran que el espionaje a Seeger continuó hasta principios de los años 70. En una entrevista con Amy Goodman, editora y presentadora de Democracy Now!, en 2004, Seeger reconocía que «asumo que la mayoría de mi vida he tenido un micrófono bajo la cama o que de vez en cuando me grababan las conversaciones telefónicas o abrían mi correo, quién sabe».

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/28853-fbi-espio-al-cantante-pete-seeger-durante-treinta-anos.html

El ‘arte’ moderno es un arma de la CIA

El ‘arte’ que promocionó la CIA
Durante años se ha rumoreado una conexión entre la CIA y el auge del expresionismo abstracto, una de las corrientes pictóricas dominantes –si no es que una de las más reconocibles– del siglo XX. Sin embargo, ¿qué podían tener Pollock, De Kooning, Motherwell o Rothko que la CIA pudiese utilizar en su favor durante los años 50, en plena cacería de comunistas promovida por Joseph McCarthy? ¿El arte moderno de Estados Unidos, con su énfasis en el color y la textura, dejando de lado la figuración, podía ser un arma de reeducación ideológica a nivel mundial y propaganda encubierta de la libertad de expresión promovida en Occidente? A menudo desestimada como “otra” teoría de conspiración, la conexión ha sido admitida por uno de sus promotores, el hoy retirado agente de la CIA Donald Jameson.

“Con respecto al expresionismo abstracto, ¡me encantaría decir que la CIA lo inventó sólo para ver qué pasaba en Nueva York y en el SoHo al día siguiente!”, bromea el antiguo espía. “Pero pienso que lo que hicimos realmente fue reconocer la diferencia. Se reconoció que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al realismo socialista mucho más estilizado y rígido y confinado de lo que era”.

Pero los agentes de la CIA no podían simplemente entrar en los talleres de los artistas y pedirles que pintaran para promover fuera de su país el sueño americano. Se necesitaba sutileza y eso es algo que en ocasiones hasta la CIA es capaz de lograr. Jameson sabía tan bien como el presidente que los artistas, al menos en su mayoría, “son gente que tenía muy poco respeto por el gobierno en particular, y ciertamente ninguno por la CIA. Si debíamos usar a la gente que se consideraba más cercana a Moscú que a Washington, pues bueno, tanto mejor”, pues de esta forma se evitaban sospechas.

Este programa fue conocido oficialmente como el Congreso por la Libertad Cultural, que financió importantes exposiciones como The New American Painting entre 1958 y 59, Modern Art in the United States de 1955 y Masterpieces of the 20th Century de 1952. Extraoficialmente sus agentes lo llamaron “la correa larga” (“the long leash”), e involucró a algunos de los más importantes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la galería Tate de Londres y a millonarios de la estirpe de los Rockefeller. La conexión cuenta con evidencia clara, que además demuestra la sutileza de la operación. William Paley, presidente de la CBS y uno de los fundadores de la CIA fue miembro de la mesa directiva del programa internacional del MoMA, liderado por John Hay Whitney, quien sirvió en la OSS, el antecesor histórico de la CIA, además de Thomas Braden, primer jefe de la División de Organizaciones Internacionales de la CIA, que fue secretario ejecutivo del museo desde 1949.

Braden explicó en una entrevista reciente que el objetivo era “unir a toda la gente que fueran escritores, que fueran músicos, que fueran artistas, para demostrar que Occidente y Estados Unidos estaban comprometidos con la libertad de expresión y el logro intelectual, sin ninguna barrera rígida de sobre qué se debía escribir, y lo que se debe decir, y lo que se debe hacer, y lo que se debe pintar, que es lo que ocurría en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante de la agencia, y creo que tuvo un papel enorme en la Guerra Fría.

¿Y por qué hacerlo en secreto? Según Braden, esto se debe a la hostilidad del público en general respecto al arte de vanguardia: “Era muy difícil hacer que el Congreso aceptara algunas de las cosas que queríamos hacer: enviar exposiciones de arte al extranjero, sinfonías al extranjero (sic), publicar revistas en el extranjero. Esa es una de las razones por las que debía realizarse en secreto. Debía ser un secreto. Para fomentar la apertura debíamos ser secretos”.

El expresionismo abstracto falló en llegar al “gran público”, pero eso no necesariamente fue culpa de los artistas. Muchos, como Rothko, se negaron a decorar los hoteles de 5 estrellas y las sedes corporativas de las grandes empresas, a pesar de que eran los miembros de las mesas directivas de estas empresas los que fungían de prestanombres para las fundaciones que financiaban sus exposiciones. Pero incluso el punto de vista de gente como Braden, a pesar de ser un poco cínico, no deja de recordarnos las raíces del arte occidental y del arte moderno.

Se necesita de un Papa o de alguien con mucho dinero para reconocer y apoyar el arte. Y luego de muchos siglos la gente dirá “¡Oh, mira la Capilla Sixtina, la creación más hermosa de la Tierra!”. Es un problema que la civilización ha enfrentado desde el primer artista y el primer millonario o Papa que lo apoyó. Y aún así, si no hubiera sido por los multimillonarios y los Papas, no habríamos tenido arte.

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/world/modern-art-was-cia-weapon-1578808.html

Hollywood: la fábrica de las pesadillas

El cine es grande. Es el Séptimo Arte, sinónimo de “glamur”. En un país como Estados Unidos donde el dinero es el rey, el arte nunca ha tenido sitio… salvo que se pueda convertir en dinero. El cine es el cine norteamericano y Hollywood es La Meca del cine, la Fábrica de los Sueños, un lugar donde los adolescentes creen que quieren ser “artistas”, cuando lo que quieren es sólo ser famosos. Quieren ser alguien distinto de ellos mismos. Adoran y les gustaría ser adorados. Son jóvenes, guapos y para “triunfar” en la gran pantalla no hace falta otra cosa.

Hollywood es un gran decorado donde todo es falso, todo es de cartón. Los focos apuntan hacia una esquina pero lo demás queda a oscuras. Nadie mira hacia ese lado… excepto un documental estrenado recientemente en Cannes que se titula “Un secreto abierto”. Hasta ahora cuando pensábamos en el lado oscuro de Hollywood, nos venía a la cabeza el alcohol, las drogas, las violaciones, la prostitución y el comercio de carne humana. Ahora este documental le añade la pedofilia.

La realizadora Amy Berg narra los abusos sexuales de cinco niños y adolescentes que llegaron a Hollywood seducidos por el dinero y la fama y acabaron atrapados en las redes de los representantes, productores y directores. Uno de ellos es Michael Egan que con 16 años soñaba con ser el nuevo Tom Cruise y alguien le ofrece la oportunidad de su vida, una de esas que no puedes dejar pasar, conocer a gente famosa, influyente, que te puede introducir… ¿Introducir qué?

Hace ahora casi 20 años se celebró una reunión en una de esas lujosas mansiones con piscina en lo alto de la colina, al aire libre. Allí estarán conocidos productores, como Marc Collins-Rector y Chad Shackley, que buscan caras nuevas. Ambos son socios y amantes embarcados en el nuevo negocio del vídeo en línea. No son los únicos que acuden a la reunión. También está Garth Ancier, el productor que lanzó Los Simpson, 21 Jump Street y Casados, dos hijos. También aparece por la mansión Bryan Singer, director de “Sospechosos habituales” y “El regreso de Supermán” que estaba a punto de rodar un taquillazo: X-Men.

La coartada es hablar sobre una empresa de vídeo digital, pero el relato de Michael Egan es muy confuso. Dice que le emborracharon, le drogaron y le violaron nada menos que durante dos años, en una especie orgía prolongada. Los acusados se defienden diciendo que era un chantaje, que Egan sólo quiere dinero. A pesar del tiempo transcurrido, no se ha cerrado el caso. La fiscalía se ha disculpado con Ancier porque la acusación es infundada. Por su parte, Singer niega la violación pero ha pagado 100.000 dólares para que le retiren la acusación.

Otro de los niños que aparece en el documental es Evan Henzi, quien relata las violaciones de que fue objeto de los 11 a los 17 años por parte de su representante. En 2011 publicó una grabación de audio en la que el responsable confiesa los abusos.

Aquel mismo año murió Corey Haim, una verdadera estrella de Hollywood desde su infancia. La autopsia determinó que lo que acabó con su vida fue una pulmonía, pero en su organismo había antidepresivos, ibuprofeno, relajantes, marihuana, remedios contra la tos… Compartió un programa de televisión con Corey Feldman, conocido por su participación en los Goonies y en Stand by me. Según su amigo, Haim se drogaba para olvidar las violaciones de que ambos fueron objeto por “la industria del espectáculo”.

El representante de ambos era el mismo. Mientras le violaba, cuenta Feldman al diario Sun, simulaba estar dormido… Por eso a Hollywood le llaman “la fábrica de los sueños”. Adormece.

Estamos convencidos de que a este documental nunca le darán un Óscar de la Academia.

La importancia del arte revolucionario y de la militancia

Pablo Hasel
El rap, como otros tipos de música y arte en general, es una herramienta útil para facilitar la difusión de unas ideas, sean de la ideología dominante o revolucionarias, sobre todo para la juventud. A todos nos ha hecho pensar una canción, sentir empujándonos a luchar o simplemente, nos han acompañado en luchas por reflejar lo que vivimos. Todas las revoluciones apreciaron el arte revolucionario por su facilidad para resumir un mensaje y hacerlo accesible al pueblo. Pero evidentemente, para cambiar el mundo no basta el arte revolucionario, sólo es un paso más. En todo caso este arte debe intentar empujar a la organización que con la acción, transforme la realidad.

A estas alturas, negar la importancia del arte revolucionario es estar ciego. Pero es muy importante recordar que de poco sirve llevar música combativa en los cascos, si luego no hay una militancia revolucionaria. Aunque desde luego, ya es un primer paso escuchar música que ataque de forma explícita al orden establecido. También está el asunto de qué grupos son realmente comprometidos, pero en este artículo no entraré a analizar esta cuestión.

Están quienes infravaloran a los artistas revolucionarios, sobre todo por diferencias ideológicas y también quienes sobrevaloran. En lo que a mi concierne, siempre he repetido que no quiero que nadie me idolatre y que quienes deben ser los mayores referentes en cuanto a militancia revolucionaria, son los elementos más avanzados, los militantes del Partido comunista, en el caso del Estado español, del PCE(r). Con mis canciones he conseguido que muchas conozcan su lucha, es cierto, pero no es un mérito excepcional, yo le debo mi educación política al Partido, aún con todo lo que me queda por aprender, que no es poco. Por lo tanto, lo menos que puedo y debo hacer, es utilizar el arte para denunciar las injusticias y reconocer a quienes más las han combatido organizándose de forma consecuente por el Socialismo. Pero igual que yo andaría mucho más perdido si no fuera por las enseñanzas del Partido; la represión del Estado y los revisionistas-reformistas que me señalan por defender esa línea (con mucho que aprender y con errores como he dicho) saben bien que he sido un altavoz y por ello me atacan llegando en ocasiones a la obsesión, queriéndome infravalorar pero a la vez sobrevalorándome por la importancia que me dan. Cosa que demuestra que algo bien he hecho, de lo contrario ni me nombrarían.

No me atacan a mi, atacan la línea que defiendo. Bien que en su momento partidos y organizaciones quisieron llevarme para su terreno y entonces sí que les gustaba mi música y les parecía un buen tipo, pero como no cedí y defendí a quienes han llevado una práctica consecuente, para muchos soy lo peor en todos los sentidos. Pero en un debate ideológico si les gusta cómo rapeo o no, no tiene la menor importancia, otra cosa es que recurran a ello faltos de argumentos. Lo que no me perdonan es que haya evolucionado políticamente, pero tanto que hablan de marxismo algunos, deberían comprender más la dialéctica. Atacan a la línea que defiendo porque sus críticas al PCE(r), también con todo tipo de calumnias, son constantes. Si yo rapeara para sus partidos, es evidente que entonces no se obsesionarían así, pero al atacar cosas como la falta de solidaridad con los presos políticos antifascistas y llegar a tantas orejas, es algo que les irrita en exceso y así lo demuestran. Algunos, en su insultante ambigüedad, no comprenden que alguien se posicione. Son quienes defienden la unidad abstracta, pero qué casualidad, siempre olvidando a los revolucionarios presos o ilegalizados a los que sus partidos insultan, condenan y miran hacia otro lado hasta cuando sufren torturas o son exterminados en prisión.

Como no huyo de la autocrítica, la hice al ver lo perjudiciales que son esos partidos con los que un día tuve un trato demasiado cordial, pero desde el primer momento les eché en cara esas actitudes, otra cosa es que por ingenuidad no viera cuánto alejan del camino revolucionario y quisiera pensar que no son tan nocivos. Si de algo no se me puede acusar es de tragar por interés, pues cuando me di cuenta rompí con muchos que me hubieran facilitado las cosas. ¿Cuántas puertas me he cerrado por posicionarme? ¿Cuántos problemas me he ganado? Para que algunos sin vergüenzas tengan la mala baba de decir que esto le beneficia a mi “carrera musical”. Me temo que Monedero o Iglesias, que en su tiempo ponían canciones mías en sus redes sociales o me invitaban a rapear a sus actos, me abrirían muchas más puertas que solidarizarme con los presos políticos, que en todo caso me abrirá las de la cárcel. Pero es algo que los cobardes resentidos y los insolidarios no pueden soportar, que renegara de ese camino cómodo y me posicionara con los revolucionarios. Están tan podridos de odio absurdo, que algunos llegan a decir que busco ser preso político, como si fuera un capricho solidarizarse, atacar al Estado o no apoyar a un partido reformista. Como si no poder ver a tus seres queridos, comer mierda, pasar todo el día en una celda, que tu vida corra más peligro, no poder grabar y un largo etc, fuera algo que se busca. No sorprende viniendo de los mismos que justifican que Cao de Benós diga que dispararía a inmigrantes o que votan a quienes llaman terroristas a los antifascistas que han ido más allá de la legalidad fascista. Como ellos no pretenden pasarla, atacan a quienes lo hacemos. Pero lo más absurdo, es que también más de una vez han deseado por redes sociales, manifestaciones o canciones, cosas a los capitalistas/fascistas como por las que se me condena. Pero como las digo yo, entonces está mal y es justificable que Cao de Benós defienda la represión de la Audiencia Nazi-onal deseándonos cárcel a quienes pasemos ciertas líneas. No se puede caer más bajo que defendiendo la represión del Estado, pero eso hacen los partidos que votan muy a menudo.

A diferencia de ellos, jamás he ocultado mis errores. Es más, los he grabado. Eso es lo que aprovechan quienes en vez de alegrarse de una evolución, como cualquier comunista, la maldicen. Como no pueden atacar con el presente, recurren al pasado. En el presente también tengo errores, desde luego, pero entre estos no está atacar a partidos que legitiman la represión del Estado o silencian el exterminio contra presos políticos antifascistas, ejerciendo una repugnante complicidad. A veces, agobiado por muchas cosas, pierdo las formas en debates con quien igual no ha hecho méritos para que así sea, pido disculpas e intento corregirlo. Otros, desde luego, merecen que se utilice cierto tono por cómo entran. No voy a excusarme en que no soy perfecto para no poner empeño en mejorar, pero más de uno que critica sin piedad veríamos cómo actuaría en mi situación y no digamos ya en otras. Como revolucionarios debemos tener empatía, cosa que no quita la crítica constructiva que tanto agradezco y gracias a la que he evolucionado y seguiré evolucionando para desgracia de enemigos.

Otros, pretenden responsabilizarme de todos los actos de mis oyentes. ¿Hace falta contestar a semejante bobada? Yo respondo por mis actos, no por los de mis oyentes y es evidente que entre tantos, habrá algunos que actúen de forma muy distinta a la música que escuchan. No será porque yo lo recomiende. ¿Acaso no había y hay “seguidores” de Lenin que actúan de forma muy distinta a lo que él proponía? Uno se siente hasta ridículo contestando a cosas tan evidentes, pero ante tanto listillo que ha leído mucho pero que ha puesto en práctica poco y las repite, hay que hacerlo. Son los que insultando al marxismo, utilizan como «argumento» una foto de hace años con X reformista para atacar. Lo único que consiguen es mostrar una evolución de la que estoy orgulloso y de la que ellos carecen defendiendo a esos reformistas. Imagino que piensan que alguien puede nacer sabiendo, aunque desde luego ellos no.

No se me puede juzgar como si fuera el secretario general del Partido comunista, soy un artista comprometido, no un cuadro del Partido, y como tal, evidentemente cometo más errores. Cumplo una función y a tenor de algunos resultados, da sus frutos, pero la puedo mejorar y en ello ando. No temo la autocrítica, gracias a esta se avanza y si no fuera por revolucionarios ejemplares que me han hecho críticas constructivas, no hubiera mejorado así. Reconoceré mis errores cuando haga falta, entre estos que a veces debería utilizar con más tacto la pedagogía, no con los que faltan al respeto a revolucionarios a conciencia, por supuesto. Pero que no esperen que rectifique ante mis ataques a quienes legitiman la represión del Estado, faltaría más, eso no es un error y siempre nos quedaremos cortos atacándolos. Aquellos a los que tanto les ofende que se ataque a quienes actúan como lacayos de los capitalistas, deberían dedicar más tiempo en solidarizarse con quienes sufrimos la represión y menos en insultarnos, pero eso en demasiadas ocasiones es pedir peras al olmo porque están más ocupados en el folklore que en empezar a actuar como comunistas con la correspondiente autocrítica materializada en hechos.

Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/

Arte y compromiso

Nicolás Bianchi

Cuando un escritor produce sus textos, lo hace sobre la base de materiales heredados. No existe un «autor» exclusivo de su obra. El mito de la «creación» artística o literaria es un invento burgués  con sus escatologías en forma de «inspiración», «talento», «genio», etc. Otra cosa es que el escritor parnasillo, alienado y aupado por meras e interesadas campañas comerciales, se crea esto. La noción de autoría absoluta del escritor con respecto a su obra se enraiza con la institución de la propiedad privada. Con la burguesía aparecen los derechos de autor (y ya no los mecenas semifeudales). El arte no puede existir sin, al menos, dos condicionantes históricos: 1) la existencia de un excedente social bastante como para mantener los gastos que supone su producción, y 2) la existencia de una ideología dominante que posibilite su producción diferencial. Obsecuentemente, toda obra de arte vive sobre la materialidad de una mercancía. En los marcos del canon social, toda obra de arte está destinada a la reproducción ideológica del sistema. Si no, serás un «maldito» y/o un intelectual comprometido, algo que nunca estuvo de moda… salvo cuando ya llevas cien años muerto y te «descubren» ex post.
Decía Malthus, entre otras cosas, que toda la economía burguesa gira en torno a la distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo. Adam Smith definía el primero como aquel que se cambia directamente por capital y el segundo como aquél que se cambia por renta. Marx ponía los ejemplos de un actor o un clown (payaso de circo) que, si trabajara para un patrón, su trabajo sería productivo, pues le entrega una cantidad mayor en trabajo de la que él recibe en forma de salario. En cambio, un sastre que viene a mi casa a repararme mis raídos pantalones no crea más que un valor de uso y sólo me detrae renta y no capital, o sea, es un trabajador improductivo, como un juez (un funcionario) o un diputado de las Cortes españolas. Desde el punto de vista del capital -y el capital no es otra cosa que una relación social, igual que el trabajo- no es productivo, pero sí muy necesario para el mantenimiento del tinglado, su tinglado. Productiva es la fuerza de trabajo asalariada. Por eso Marx se enfada con quienes se preguntan si reportan dinero el «oficio» de una prostituta o la enseñanza del latín. Y dice: «un escritor es un obrero productivo, no porque produzca ideas, sino porque enriquece a su editor. Es asalariado de un capitalista».
«El intelectual -decía Kautskyno es un capitalista». Pero no se considera un rijoso obrero. Sus aspiraciones son otras: la gloria, el éxito, la fama, el dinero. Además, no admite -en teoría- intromisiones y menos «contaminarse» con causas obreras, populares y no digamos revolucionarias, eso queda para el zumbao de Willy Toledo o Pablo Hasel y otros «iluminados». No se «mojará» salvo para apuntalar el discurso dominante que dice que Fidel Castro -o Raúl– es un dictador y Venezuela una dictadura. Eso lo convierte en «demócrata» (de pacotilla) y lo exorciza contra el torremarfilismo ebúrneo.
Con su pan se lo coman o, como diría Willy, que les den…

La realidad (CIA) siempre supera a la ficción (Hollywood)

Thalif Deen

La controvertida comedia de Hollywood “The Interview” (“La Entrevista”) trata sobre dos comunicadores estadounidenses que deben viajar a entrevistar al líder norcoreano Kim Jong-un, pero en el camino son reclutados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para envenenarlo.
El argumento, que enfureció a Corea del Norte, a la que se acusa de piratear las computadoras de la compañía Sony Pictures, encargada de la distribución del filme, es una mera ficción en la que se usa un químico para envenenar a Kim-Jong-un cuando este tendiera la mano a los periodistas.
Pero como la realidad de otras épocas supera la ficción, el plan para matar al líder norcoreano evoca hechos de fines de la década del 60 y del 70, cuando agentes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos hicieron varios intentos de asesinar al líder cubano Fidel Castro, como la contratación de sicarios de la mafia siciliana.
Entre las hilarantes conspiraciones hubo un intento de introducir habanos envenenados en la casa de Castro o colocar sulfato de talio soluble en sus zapatos para que se le cayera la barba y se convirtiera en “el hazmerreír del mundo socialista”.
Algunos de esos intentos fallidos fueron detallados por un informe de 1975, elaborado por un órgano de investigación de 11 miembros designado por el Comité de Inteligencia del Senado del Congreso legislativo, encabezado por el entonces legislador demócrata del estado de Idaho, Frank Church.
Las conspiraciones contra Castro probablemente vuelvan a ser objeto de debate ahora tras el anunció el mes pasado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.
Michael Ratner, presidente emérito del Centro Europeo de Derechos Humanos y Constitucionales (ECCHR), dijo a IPS: “Por desgracia, y en especial para los norcoreanos y Kim Jong-un, la película no es una comedia que puedan ignorar”. La CIA tiene amplia trayectoria de conspiraciones exitosas para asesinar a líderes de países que deciden actuar no actuar de conformidad con los deseos de Estados Unidos, explicó.
Varios de esos complots quedaron al descubierto en el informe del Comité del Senado en 1975, incluido intentosfallidos contra Castro, Patrice Lumumba, del Congo, Rafael Trujillo, de República Dominicana, y Ngo Dinh Diem, el primer presidente de Vietnam del Sur, entre otros, detalló Ratner, de la organización con sede en Berlín.
La presunta prohibición de ese tipo de asesinatos tras las revelaciones públicas no tiene mucho sentido; Estados Unidos ahora los llama “asesinatos selectivos”, apuntó. “Piense en el (ahora fallecido líder libio Muammar) Gadafi y otros asesinados por drones o por un Comando de Operaciones Conjuntas Especiales”, sugirió.
En ese contexto, precisó, era de esperar una reacción de Corea del Norte, aunque no hay pruebas fundadas sobre su participación en el ataque pirata contra Sony. “Piénsalo de otro modo: está bien hacer comedias sobre asesinatos de líderes de pequeños países demonizados por Estados Unidos. Pero imagina si Rusia o China hicieran un filme sobre el asesinato del presidente estadounidense, observó. Estados Unidos no se reiría de la comedia. “No hay problema mientras el objetivo sea un estado pequeño al que se le puede pegar. Quiero ver que otro país haga una comedia sobre nuestro presidente y le aseguro que pagaría caro”, remarcó Ratner.
James E. Jennings, presidente de Conciencia Internacional y director ejecutivo de Académicos de Estados Unidos por la Paz, dijo a IPS que nuevos datos sobre empresas de seguridad cibernética cuestionaron la afirmación dogmática del Buró Federal de Investigaciones (FBI) respecto de que el líder norcoreano estaba involucrado en el ataque pirata contra Sony.
“El apuro del FBI por dar un veredicto, del que quizá tenga que retractarse, motivó protestas de especialistas en seguridad en Internet y sospechas de teóricos de la conspiración sobre la posible participación de Estados Unidos en una extravagante trama para aislar aún más al régimen norcoreano”, añadió. Según ellos, pasaron cosas extrañas antes del episodio de Sony, precisó Jennings.
No sería la primera vez que la CIA recurre a trucos sucios para perjudicar a un régimen que no es de su agrado o trata de asesinar un gobernante extranjero. La gente tiene derecho a mostrarse escéptica sobre las acusaciones del FBI y a cuestionar la posible participación de la CIA en el escándalo por el filme “The Interview”, indicó. “Solo tenemos que recordar a Irán en 1953, cuando el líder electo (Mohamed) Mosaddegh fue derrocado; Chile en 1973, cuando el presidente Salvador Allende fue depuesto y asesinado, y los torpes agentes que la CIA empleó para asesinar a Fidel Castro entre 1960 y 1975”, detalló.
El propio inspector general de la CIA, así como el comité del Senado de 1975 y 1976 informaron sobre la numerosa cantidad de trucos utilizados para deshacerse de Castro, como habanos envenenados y conchas marinas explosivas. “Uno se pregunta qué tomaban los altos mandos de la CIA cuando concibieron esas tontas ideas, más parecido al teatro Kabuki que a la política responsable de un gran país”, bromeó Jennings. “Ya todos sabemos sobre Abu Ghraib, la tortura, las entregas extraordinarias y los centros clandestinos de detención”, apuntó.
“Si resulta que la CIA está implicada de alguna forma en esta nueva farsa de Sony versus Corea del Norte, como sospechan algunos, es hora de que haya una nueva investigación del Congreso como la del comité del senador Church para darle un duro golpe a la agencia y mandar a algunas de sus actuales autoridades al sótano del horror al que pertenecen”, opinó Jennings.

Fuente: Cuando la realidad de la CIA supera la ficción, 9 de enero, http://www.ipsnoticias.net/2015/01/cuando-la-realidad-de-la-cia-supera-la-ficcion/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=cuando-la-realidad-de-la-cia-supera-la-ficcion

Hematocrito, filósofo (es joda)

N. Bianchi
J.J. Winckelman (1717-1768) pasa por ser el padre de la historia científica del arte. Era teólogo, historiador, arqueólogo en la época en que se descubrieron las ruinas de Herculano (1737) y Pompeya (1748). Estima que son el clima y el ambiente – Montesquieu pensaba igual- las causas que determinan la sociohistoria de una obra de arte. Rinde culto, fascinado, como nos pasa a muchos, o a algunos, a la Antigüedad clásica griega, esa «infancia» artística de la Humanidad que ya nunca volverá, que diría un Marx también embelesado por el clasicismo helénico. 
La leyenda que reza que los atenienses suspendían las hostilidades bélicas cuando llegaba la fecha de los juegos olímpicos es cierta. Como fuera que los antiguos griegos daban preferencia a las ventajas naturales sobre las adquiridas, las primeras recompensas fueron concedidas a los que se distinguían en los ejercicios físicos. Platón mismo, que era un cimarra (Platon, Plato, en inglés, significa en griego el de «las anchas espaldas»), se presentó entre los atletas en los juegos ístmicos (no solamente estaban los «olímpicos», de Olimpia, en el Peloponeso) de Corinto. Y Pitágoras, que no era de letras y tirando más bien a esmirriado, ganó premio en Elis. La recompensa consistía en hacer estatuas a los vencedores. Todos los griegos (que no tenían nada que ver con los «griegos» actuales ni siquiera territorialmente) podían aspirar a tal honor. No cabía más gloria que el honor de una estatua. Bien puede decirse que, criada la fama, échate a dormir (en los laureles). Y es que, quien obtenía la victoria en los Juegos, no tenía ya que preocuparse para los restos de poner una taberna (se llaman así) en Plaka, barrio bullicioso a los pies del Partenón en la Akropolis ateniense, pues durante toda su vida era mantenido a expensas del erario público y a su muerte se les hacían funerales magníficos. No solamente en el lugar de sus proezas le erigían una estatua al ganador, sino también en su patria natal, vale decir, pues la corona triunfal -el laurel- era más para la ciudad que para el as, para el «hacha». En general, todo ciudadano (en una sociedad esclavista, ojo) que había hecho algún bien en pro de su pueblo podía aspirar al honor, honra y prez, que decían los barrocos, de tener una estatua al lado de las de Milciades y Temistocles, delantero centro y volante derecho de la Liga griega, a la sazón… 
El bueno de Winckelman no refiere nada sobre turbios asuntos de dopaje y tal. No conoció al filósofo peripatético Hematocrito Globulus Rojus. Ya titulé que es joda (broma en lunfardo bonaerense, no lo que piensan). 
Yo quería dar las claves del atentado en París recién y vean con qué salgo… 

La voz de la resistencia armada

La gran cantante afroamericana Nina Simone supo ser fiel intérprete de su pueblo, oprimido y marginado. Como dice una de sus canciones, su música es para quienes nada tienen. El dirigente negro Stokely Carmichael dijo de ella que fue la verdadera cantante del movimiento.

Su nombre real era Eunice Kathleen Waymon, y había nacido en 1933 en Tryon, Carolina del norte, una población segregacionista. Era la sexta de ocho hermanos dentro de la familia de un obrero manual y una sirvienta doméstica.

Niña prodigio, ya tocaba el piano a la edad de cuatro años y junto con sus hermanas cantaba en el coro de la iglesia metodista que su madre dirigía.

En 1943, cuando tenía 10 años, dio su primer concierto de piano en la biblioteca de la ciudad. Allí conoció su primer aplauso y su primer choque con el racismo: durante el concierto quitaron a sus padres de la primera fila del local para acomodar a un grupo de blancos. Este episodio fue la primera de una cadena de experiencias traumáticas para ella y está, sin duda, en el origen de su compromiso con la lucha por la libertad y por las reivindicaciones de los negros en Estados Unidos.

Con la ayuda económica de su profesor de música, pudo estudiar en la escuela de música Julliard de Nueva York, y de allí su familia se trasladó a Filadelfia, donde intentó conseguir una beca para el Instituto Curtis, pero fue rechazada por el color de su piel.

A pesar de que tenía una formación pianística clásica, para mantener a su familia tuvo que empezar a trabajar en 1954 en un club de Atlantic City como cantante. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Nina (tomado del castellano para definirse como la pequeña) Simone (de la actriz francesa Simone Signoret).

En 1959 grabó sus primeros discos para el sello Bethlehem, filial de R&B. En ellos dio muestras notables de su talento como pianista, cantante, adaptadora y compositora. Algunas canciones se convirtieron en clásicos de su repertorio. La canción I Love You Porgy, de la ópera Porgy and Bess, de Ira y George Gershwin, la convirtió de golpe en una estrella, vendiendo un millón de copias.

Desde estos primeros registros, su repertorio se llenó de jazz, gospel, blues, soul, música clásica y canciones populares de origen diverso, recorriendo una gama muy amplia en su repertorio en una amalgama totalmente personal, cálida y de enorme expresividad.

Su forma de tocar el piano es decisiva en muchas de sus interpretaciones, pero especialmente en My Baby Just Cares For Me que Nina grabó en 1959 en su primer álbum.

La influencia de Duke Ellington es patente en toda su obra, pero muy especialmente en este tipo de composiciones, rebosantes de improvisación y de cercanía espiritual. Nina logra la complicidad del oyente con un empleo intencional de los silencios y minimizando el acompañamiento. Su voz a veces sólo susurra, pero luego grita o gime, transmitiendo todas las sensaciones que el alma humana es capaz de experimentar.

No le gustaba que la compararan con Billie Holliday, por su adicción a la heroína. Tampoco le gustaba que le encasillen como una cantante de jazz, porque decía que era el destino natural que los blancos reservan a los músicos negros. Por eso cantó versiones propias de canciones de muy variado origen, como alguna de Kurt Weill y Bertold Brecht, Ne Me Quitte Pas de Jacques Brel en francés, Suzanne de Leonard Cohen, cuatro de Bob Dylan, Here Comes The Sun, de los Beatles, My Sweet Lord, de George Harrison, contribuyó con Pete Townsend en el musical Iron Man, en 1990 grabó con Maria Bethania, en 1991 con Miriam Makeba

Fue la primera que en 1961 grabó la canción tradicional The house of the rising sun (La casa del sol naciente) que luego fue también interpretada por Bob Dylan en su primer álbum de 1962 y posteriormente por The Animals en 1963, alcanzando una enorme popularidad.

Pero Nina no buscó nunca la fama ni el dinero, sino poner su enorme talento musical al servicio del pueblo oprimido norteamericano. Tras los asesinatos de Medgar Evers en Mississippi (junio de 1963) y cuatro niños negros al ser bombardeada su escuela en Birmingham, Alabama (setiembre del mismo año), compuso Mississippi goddamn, su primera canción de protesta, una acusación amarga y furiosa de la opresiva situación de los afroamericanos en Estados Unidos.

Temas compuestos por ella en 1966, como Four women, se convirtieron en emblemas de las luchas de los años sesenta en Estados Unidos. La interpretación de esta canción fue prohibida en Filadelfia y en las emisoras de radio de Nueva York por injuriosa. Sin embargo, se trata de una balada emocionante y llena de sensibilidad.

Otra canción de protesta de aquellos años es Backlash Blues, basada en un poema escrito para ella por Langston Hughes.

Militante del movimiento de Panteras Negras, otro impresionante tema suyo, Young, gifted and black (Joven, dotado y negro), inspirada por Lorena Hansberry, se convirtió en el himno afroamericano. Fue también una estrecha colaboradora de James Baldwin, Sammy Davis Jr. y Harry Belafonte.

Pero también sorprende cuando canta acompañada únicamente de su piano, como en el álbum Nina Simone and piano, una colección introspectiva de canciones sobre la muerte, la soledad y el amor, que sigue siendo un resplandor en su carrera discográfica.

Boicoteó el pago de impuestos para como una negativa a financiar la guerra de Vietnam y tras el asesinato de Malcolm X en 1965 llamó a la lucha armada: “Mis pensamientos se orientaron con aún más rapidez en la dirección que yo ya había tomado de todas formas: el reconocimiento de que la violencia es una parte inevitable de nuestra lucha».

Harta del racismo y del estercolero del mundillo musical americano, Nina renunció a su país en 1969, tras el asesinato de Martín Luther King dejando su última grabación en Estados Unidos, que llevaba un título significativo: Revolution.

Se convirtió en una trotamundos. En 1974 se fue a Barbados y durante los años siguientes vivió en Liberia, Suiza, París, Holanda y finalmente en el sur de Francia, cerca de Marsella, donde falleció en 2003.

En 1989 publicó su autobiografía, I Put A Spell On You, en la que confiesa su espíritu militante: «En el movimiento, viví a una velocidad vertiginosa. La música y la política determinaban mi vida. No tenía ninguna otra ambición personal».

El expresionismo abstracto

Nicolás Bianchi

Recién acabada la II Guerra Mundial, empezó la «guerra fría» que, en el terreno cultural, adquirió un carácter fundamentalmente ideológico, no bélico. La Unión Soviética, principal artífice de la derrota nazi a costa de un muy elevado precio humano, mostraba una sorprendente capacidad de seducción para atraer al resto del mundo. Con sus Congresos por la paz, apoyados por los nombres más brillantes y famosos del momento, muchos de ellos no comunistas, parecía haber ganado la batalla de la, vamos a decir, propaganda. El prestigio del comunismo creció como la espuma (y antes con la Revolución de Octubre, por ejemplo, en la mismísima Norteamérica con un fortísimo movimiento obrero).

Esto no podía seguir así y fue entonces cuando los Estados Unidos deciden crear el Congreso por la Libertad de la Cultura que la autora británica Frances Stonor Saunders describe magníficamente en su libro La CIA y la guerra fría cultural. Ese «Congreso» tenía predilección por los antiguos comunistas que habían abjurado y renegado de sus principios. ¿Quién financiaba las actividades? La CIA ¿Lo sabían sus miembros? Algunos sí, y otros, no. Durante dos décadas, entre 1947 y 1967, la CIA funcionó como un gran Ministerio de Cultura dentro de los EE. UU. -donde nunca hubo Ministerio de Cultura- y en el resto del llamado «mundo libre».

Los congresistas de Estados Unidos detestaban el «arte moderno», para ellos también era «arte degenerado», como para los nazis. Fue el Congreso por la Libertad Cultural, esto es, la CIA, quién se encargó de promoverlo y de promocionarlo en el extranjero. El expresionismo abstracto se considera como la gran aportación de EE. UU. a las artes plásticas en aquellos años, pero ni esa corriente (seguida en España por Antonio Saura) ni una de sus figuras más destacadas, Jackson Pollock, habrían sido posibles sin el apoyo de la CIA.

Estamos en la época del «Plan Marshall» (European Recovery Program) que, entre otras cosas, pretendía frenar el avance comunista, echó a andar una campaña encubierta a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que pondría de manifiesto la libertad cultural imperante en los Estados Unidos. Para el presidente Truman, como para muchos congresistas republicanos, el arte moderno era comunistoide; en particular el arte abstracto de impulsos degenerados y subversivos. Un congresista republicano, George Dondero (todo el mundo se acuerda del senador McCarthy y la «caza de brujas» y no de este Dondero, pero los había), para quien el arte moderno era una conspiración mundial para acabar con la moral norteamericana (la «paranoia conspiranoica» no la inventamos algunos «iluminados»), escribía: «El cubismo pretende destruir mediante el desorden calculado. El futurismo pretende destruir mediante el mito de la máquina… El dadaísmo pretende destruir mediante el ridículo. El expresionismo pretende destruir remedando lo primitivo y lo psicótico. El arte abstracto pretende destruir por medio de la confusión de la mente… El surrealismo pretende destruir por la negación de la razón».

Pero donde la mojigata moral yanqui veía el diablo, la CIA encontró un arma perfecta: el expresionismo abstracto. Este expresaba ideologías claramente anticomunistas: libertad y libre empresa; además, al no ser figurativo, no podía expresarse políticamente, era pues, la antítesis del «realismo socialista». Ítem más: se suponía netamente, químicamente, norteamericano -como el cowboy de Marlboro- y una aportación de Estados Unidos al arte moderno. «Garabatos yanquis» (Yankee Doodles). Sin embargo, la oposición interna al arte moderno no permitía que el apoyo fuera de manera abierta, así que la CIA, con financiamiento del sector privado y los museos a través del Congreso por la Libertad Cultural y el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) como tapaderas, le dieron vida al expresionismo abstracto financiando, promoviendo, exportando y premiando buen número de exposiciones internacionales y a los artistas protagonistas.

Personas como Clement Greenberg, crítico al servicio de la CIA, comenzaron a exponer las intenciones de fondo y la alineación de la cultura con las élites del poder, el dinero y las clases dirigentes. Muchos artistas entraron al juego, como Robert Motherwell o Baziotes, y otros, como Mark Rothko , militaba como ferviente anticomunista. Ad Reinhard, consecuente con sus ideas, fue el único que se negó a ser cómplice.

Diremos, para acabar, con Polo Castellanos, que el «expresionismo abstracto» ni era tan expresionista ni tan abstracto ni tan norteamericano. Rothko, por ejemplo -otro naturalizado norteamericano (era letón)-, planteaba y ponía en práctica la cuestión de la llanura, quitar todo lo ajeno a la bidimensionalidad propia de la pintura, planitud en la forma, el color y la «experiencia religiosa» o misticismo, algo ya visto décadas atrás con Malevich y Mondrian. De Kooning nunca abandonó la pintura figurativa y era tremendamente expresionista que rompía con la «llanura» o lo planteado por la abstracción. El mismo Pollock fue influenciado por el muralismo mejicano.

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