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Ennio Morricone: la muerte de un genio de la música

A.Baeza

Si bien la palabra “genialidad” se suele sobreutilizar, particularmente luego de una muerte, cuesta encontrar otro adjetivo para referirse a Ennio Morricone. Todos los artículos y columnas escritas desde que se comunicó su fallecimiento a los 91 años las primeras horas de hoy lunes probablemente queden cortos para agradecer el inmenso legado que nos deja al arte y la cultura popular, cada elogio escrito en cualquier idioma no es suficiente. Sin embargo, poco abordado ha sido por la mayoría de los medios su militancia comunista así como su relación con nuestro país.

Morricone, es junto a John Williams, Hans Zimmer y Philip Glass, uno de los compositores de bandas sonoras de películas más trascendentales de la historia, responsable de generar ambientaciones emblemáticas y melodías que acompañan escenas marcadas a fuego en el imaginario colectivo de toda una generación, desde la tensión en las miradas de tres vaqueros en un cementerio en medio del desierto a punto de dispararse por una bolsa de oro, hasta la emotividad un hombre en una butaca de una sala de cine vacía.

Su carrera comenzó como compositor fantasma en la edad dorada del cine hollywoodense de los 50, sin embargo, a mediados de los 60, sus trabajos para la llamada “Trilogía del dólar” para su compatriota, el director y guionista italiano Sergio Leone (que si bien no es propiamente una trilogía, tener a Leone, Eastwood y Morricone basta para calificarla como tal), lo elevaron desde ahí en adelante en la primera plana del cine.

La música de Morricone es tan increíblemente icónica, que no es exagerado afirmar que prácticamente hizo la mitad de las películas en que participó. Y pese a que su trabajo marcó buena parte del sonido del cine en la segunda mitad del Siglo XX, a cargo de los inolvidables soundtracks de, por ejemplo, “Los Despiadados” (1967), “Agáchate maldito” (1971), “Las mil y una noches” (1974), “Saló o los 120 días en Sodoma” (1975), no recibió una nominación a los Premios Oscar (¡ni quiera por “El bueno, el malo y el feo” de 1966!), sino recién hasta 1978 por “Días de gloria”. Sin embargo, recién lo obtendría el año 2016 en aquella ceremonia en que las redes sociales felicitaban y hacían bromas con Di Caprio y los años que tuvo que esperar por su premio, sin saber quizás, la importancia del reconocimiento a Morricone por el que injustamente tuvo que esperar toda su vida (sin contar el jubilatorio “premio a la trayectoria” de 2006).

“Los odiosos ocho” (2015), cinta que finalmente le dio el Oscar, muy probablemente quede en un segundo plano tanto para la carrera de Quentin Tarantino como para el legado de Ennio Morricone, a quien le negaron tantas veces la estatuilla debido a su afiliación al Partido Comunista Italiano, un pecado mortal para la industria cultural norteamericana de la Guerra Fría. Fue por este motivo también, que no obtuvo el galardón por joyas musicales como “La misión” (1986), “Los intocables” (1987), “Bugsy” (1991) y “Malena” (2000), en las que estuvo nominado.

Su postura política le hizo estar siempre interesado por la situación de los Derechos Humanos y las dictaduras militares por las que pasaba el continente latinoamericano en los años 70 y 80.

Si bien los grandes medios recuerdan su relación con Chile desde sus visitas a actuar a nuestro país desde 2008, lo cierto es que ésta comenzó mucho antes. En una acto político-cultural en solidaridad con Chile por las violaciones a los Derechos Humanos de la criminal dictadura realizado en Inglaterra y que fuera organizado por Joan Jara -viuda de Víctor Jara-, el músico de Shwager exiliado en el Reino Unido desde 1977, Mauricio Venegas Astorga, interpretaba instrumentos andinos. Cuenta Venegas que Morricone, presente en el público, demostró gran interés por los sonidos de la quena y el charango, por lo que se contactó con él y lo invitó a tocar tiempo más tarde para la banda sonora de “La Misión”, la que le abriría las puertas y sería la primera de muchas incursiones del coronelino en la música incidental del cine y televisión.

Por su parte, mientras Inti Illimani desarrollaba su prolífica carrera artística en su exilio en Italia, donde llegó a ser una de las bandas más importantes de ese país, fue Morricone quien facilitó sus estudios para que grabaran gran parte de los álbumes de este período, uno de los más destacados, “Fragmentos de un sueño” (1987) que cuenta con la colaboración del guitarrista español Paco Peña y del guitarrista clásico australiano y también militante de izquierda, John Williams (no confundir con el compositor), con quién actuaron en un prácticamente en ruinas Teatro de Lota en la década del 90.

La visión ideológica de Morricone también se refleja en alguna de las películas en que participó, con un alto contenido político, tales como “La Batalla de Argel” (1966) película que aborda la independencia de la colonización francesa, “Tepepa… Viva la revolución” (1969) ambientada en la revolución mexicana, “Sacco y Vanzetti” (1971) sobre dos obreros anarquistas condenados a muerte, “La clase obrera va al paraíso” (1971), “La gran burguesía” (1974), “Mussolini: último acto” (1975), entre otras.

Como suele ocurrir con los grandes personajes, intentar encasillarlo en una determinada área resulta infructuoso, pues su genio desborda cualquier intento de apropiación. Y si bien no tuvo el reconocimiento merecido de parte del establishment de la gran industrial del cine, sí lo recibió de la gente común que siempre llenó cada uno de los recintos en que se presentó en vivo junto a su orquesta, y su música será parte del patrimonio del cine y de la cultura popular, incluso para personas que reconozcan su trabajo y no al autor, como suele suceder con las obras inmortales.

https://resumen.cl/articulos/ennio-morricone-cine-musica-politica-y-su-relacion-con-chile/

El jazz, una música nacida de la resistencia

El saxofonista de jazz Gilad Atzmon

Gilad Atzmon

Soy un artista de jazz, he dedicado toda mi vida adulta al estudio de la música y la cultura negra americana. El jazz es ciertamente la más importante y probablemente la única contribución americana significativa a la cultura mundial. La pregunta que sigue es: ¿dónde está el jazz negro americano ahora? ¿Por qué los negros americanos han perdido interés en su propia creación fantástica…

Una respuesta es que el jazz nació de la resistencia. Fue impulsado por el desafío al “sueño americano“: en lugar de buscar a Mammon, la riqueza y el poder, nuestros padres fundadores del arte negro americano sacrificaron sus vidas por la belleza. Literalmente se suicidaron en busca de nuevas voces, nuevos sonidos, nuevos colores, nos dejaron un gran legado pero sus hijos se trasladaron a nuevos campos artísticos como el Hip Hop y el Rap.

Para la gente que hizo el jazz y lo convirtió en una forma de arte, la música era un espíritu revolucionario. Para Bird, Now’s the Time significaba que el momento estaba maduro para el cambio social. Para John Coltrane, “Alabama” fue la respuesta apropiada a la bomba KKK de la Iglesia Baptista que mató a cuatro niñas afroamericanas.

Cuando el jazz tenía sentido, no era el lenguaje de la victimización, sino todo lo contrario; el jazz era un mensaje de desafío: todo lo que puedas hacer, nosotros los negros podemos hacerlo mejor. Y esto era cierto, nadie podía hacerlo mejor que Trane, Bird (Charlie Parker), Miles, Elvin, Sonny, Blakey, Duke, Ella y tantos otros. Estos artistas nunca pidieron dinero de Wall Street, nunca pidieron a nadie que se uniera a su lucha: en cambio, nos hicieron rogar por su belleza, su arte y su espíritu para iluminarnos y liberarnos.

La “élite” americana no tardó mucho en entender que el jazz era el mejor embajador de América en el mundo. Y todo esto sucedió en un momento en que los americanos negros estaban siendo sometidos a medidas de apartheid, especialmente en los estados del sur. Sería razonable creer que fue la transformación del jazz en “la voz de América” lo que se convirtió en un factor enorme en la liberación de los negros en el sur.

Tristemente, el jazz perdió su alma hace una década o dos. Pasó de ser la voz de la resistencia a lo que gradualmente se convirtió en un “asunto académico”, un “sistema de conocimiento, de saber”. Hoy en día, muchos jóvenes músicos de jazz son “estudiantes graduados de estudios artísticos”. Pueden ser rápidos, muy técnicos y sofisticados, pero tienen muy poco que decir y, en la mayoría de los casos, incluso prefieren no decir nada en absoluto. Algunos podrían pensar que decir algo desafía sus “objetivos artísticos”, desdibujando la distinción entre el arte y la política… Me temo que se equivocan. Si el jazz va a ser una forma de arte significativa, mejor que sea revolucionario en su núcleo. El jazz es, por encima de todo, el sonido de la libertad.

Durante un tiempo, hemos sido testigos del deterioro del jazz contemporáneo en un ejercicio técnico sin sentido. El jazz nos golpeó en la cara. ¿Esta caída artística anticipó el colapso de la civilización americana y su imagen anunciada como una “sociedad libre“?

¿Por qué murió el jazz? Porque los negros americanos perdieron interés en su forma de arte original. ¿Por qué perdieron el interés? Esencialmente porque su arte, como todos los demás aspectos de la cultura americana, las finanzas, los medios de comunicación, la mente y el sueño, han sido ocupados.

Junto con otros artistas de jazz y humanistas, odio el racismo en todas sus formas, pero soy de los que quieren que las culturas celebren sus síntomas, quiero ver a los alemanes filosofar y componer sinfonías de nuevo. Quiero ver a la gente celebrar su cultura única en la medida en que no lo hagan a expensas de los demás u oprimiéndolos. Más que nada, quiero ver a los negros sentirse orgullosos de lo que son. Quiero que nos guíen una vez más por el camino de la belleza que ellos y tantos otros nos han presentado. Espero de todo corazón que la América negra nos de un joven Coltrane, un pájaro recién afilado (Charlie Parker), la próxima Sarah Vaughn y un nuevo personaje como Miles [Davis].

Quiero ver a los artistas negros americanos hipnotizarnos con su talento, celebrar su grandeza. Quiero volver a verlos como los embajadores americanos que fueron una vez, en lugar de ser las víctimas de los abusos de los Estados Unidos. Creo que en lugar de enviar soldados americanos para supuestamente liberar a otros pueblos en las guerras imperialistas de los nuevos policías americanos, ha llegado el momento de que América se libere a sí misma.

https://gilad.online/writings/2020/6/5/liberating-the-american-people

Gilad Atzmon, Liberating the American People

‘Joker’: un personaje literario convertido en antihéroe por el cine estadounidense

La película de Todd Phillips, Joker, tiene un largo recorrido argumental porque, como decía Antonio Machado, toda creación cultural que no es de origen popular, está plagiada. Tan interesante como el argumento es el recorrido histórico de la trama, que no comienza en Estados Unidos con los tebeos de Batman.

Los payasos y los bufones son uno de los recursos más viejos del teatro porque son la antesala del poder político desde los tiempos de “Edipo Rey”, una tragedia de Sófocles donde hasta el título está mal traducido: es “Edipo Tirano”, o sea, un usurpador que reina de manera ilegítima.

Edipo personaliza el poder político. Reina porque ha matado a su padre, aunque no sabía que era su padre (no es consciente de que la víctima es su padre). Tanto en la tragedia como en la realidad, el poder político se fundamenta en la violencia. El Estado español, por ejemplo, nació de una guerra entre vecinos o, lo que es mucho peor, “fratricida”, entre hermanos.

Un rey y un Estado nunca se desprenden de ese tipo de manchas, por más tiempo que transcurra. La falta de legitimidad es su “pecado original” del que sólo es posible liberarse acabando con él, como en cualquier tragedia griega: matando al rey. “El que a hierro mata a hierro muere”.

Traído a la posmodernidad, el rey Edipo es el patriarcado porque, además de matar a su padre, Edipo se casa con su madre, aunque tampoco sabía que era su madre (no es consciente de dicha condición). En cuanto se apoya sobre la fuerza, el poder se representa en una figura varonil.

Lo mismo que Luis XIV, Edipo podría decir que “El Estado soy yo”. El rey se rodea de una corte de personajes variopintos, convirtiéndose en un Estado o, como se dice ahora, en “El Sistema”, que no cubre sólo los aspectos públicos, sino también los privados porque en una monarquía los unos no se pueden separar de los otros.

En el Estado ambas cosas coexisten: los validos ponen la cara seria de la política y los bufones la divertida, aunque la diferencia entre ambos se va reduciendo, es decir, que cada vez más los políticos parecen unos payasos. En 1981 un payaso, Coluche, se presentó a las elecciones presidenciales francesas y un 15 por ciento del censo estaba dispuesto a votarle. El fundador del Movimiento 5 Estrellas en Italia es un payaso profesional: Beppe Grillo. El actual Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, también es un payaso. ¿No es Trump un payaso? Si te fijas en Pablo Iglesias te das cuenta de que es más de lo mismo: un payaso. Si te fijas en las elecciones te das cuenta de que son una payasada cabal.

A esa unidad dialéctica de personajes trágicos y cómicos Shakespeare los llamaba “jester” (arlequín) o “fool” (loco), personajes caracterizados por la doblez, que permite en un caso el disfraz y en el otro la demencia (1).

En la Biblia la risa es un síntoma del Mal. Dice el Diccionario Oxford que en inglés “loco” se aplica a las personas viciosas e impías. También es alguien que no está en su “sano juicio”, que actúa o se comporta de manera estúpida, un tonto o un simple. En el teatro de Shakespeare, lo mismo que en la vida real, no queda claro si alguien está loco o se lo hace, es decir, si simula su locura para hacer y decir lo que otros no pueden.

El payaso Coluche se presentó a las elecciones cuando le despidieron de la televisión por criticar al Presidente de la República. Después le despidieron de la campaña electoral a base de amenazas. Un documental titulado “Coluche: un payaso enemigo del Estado”, de  Jean Louis Perez y Michel Despratx, relata las presiones de la policía secreta para que desistiera de su empeño por alcanzar la presidencia (2).¿Elecciones libres, dicen? ¡Qué risa! Lo de Coluche fue una doble prohibición porque el humor y la censura van de la mano. Los humoristas de hoy son los bufones modernos. Dicen lo que otros no se atreven o no pueden y al revés: dicen en forma de chiste lo que no se atreverían a decir en serio. A medida que la censura arrecia, el humor se dispara. Por eso los monologuistas se han puesto de moda en España, donde hay programas de televisión a medio camino entre risas y veras.

Desde la Edad Media los bufones no faltan en ninguna corte real, ni en la casa de ningún noble. La burguesía los contrata para que le acompañen y diviertan. Están en las tabernas para atraer al público. Los carnavales y fiestas se rodean de ellos. En el circo y en el teatro nunca fueron personajes secundarios. El público esperaba impaciente que los payasos aparecieran en escena. El arlequín es la figura central de la Commedia dell’Arte. En “Las Meninas”, lo mismo que en otros cuadros de Velázquez, los personajes más grotescos, como los enanos, están en el primer plano. Lo mismo hizo Víctor Hugo en su drama “El rey se divierte”, seguido luego por la ópera “Rigoletto” de Verdi.

La obra cumbre del Renacimiento es el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam porque el bufón es tan importante como el político. Siempre van juntos, como Don Quijote y Sancho Panza. Del bufón sabemos que se disfraza para hacernos reir. Sin embargo, cuando se trata de un político creemos que va en serio. No somos conscientes de que también está disfrazado, que tiene dos caras.

La palabra bufón procede del italiano y significa “buhonero”, personajes bohemios que recorrían los pueblos haciendo reir a los vecinos. Las compañías de teatro acogían a los marginados de la sociedad, locos, tontos, enanos, la mujer barbuda, los jorobados y delincuentes en busca y captura. El desdoblamiento entre la persona y el personaje es como una borrachera: el momento de decir la verdad.

Desde los tiempos de Sófocles, los cómicos son personajes populares, divertidos, como Sancho Panza, mientras los príncipes aparecen como gente solemne, trágica. Unos dicen la verdad, los otros se esconden detrás de sus máscaras.

La verdad es revolucionaria y la revolución no es otra cosa que matar al rey y al padre, al “sistema”, una tarea que incumbe sólo a las masas populares.

Una de las óperas más representadas en el pasado siglo fue “I Pagliacci” (Los Payasos) de Ruggero Leoncavallo, estrenada en 1892. Es la historia de un payaso que asesina a su esposa (“violencia de genero”). Los personajes son cómicos ambulantes que recorren los pueblos. Algunos se visten de payasos para la función, pero otros no lo necesitan porque son personajes reales, como El Jorobado. “I Pagliacci” es teatro dentro del teatro. Mezcla la realidad con la ficción. El crimen se comete en plena representación. Después de matar a su esposa, El Payaso mata al amante y exclama: “¡La commedia è finita!” Se ha acabado la comedia (ficción) y empieza el drama (realidad).

Otro de los relatos de Victor Hugo es “El hombre que se ríe”, publicado en 1869. El personaje, Gwynplaine, tiene una larga biografía, como Edipo. De niño fue secuestrado en Inglaterra por unos bandidos que le desfiguraron el rostro, dejándole una sonrisa permanente. Es un paria que acaba adoptado por un vagabundo que monta con él un espectáculo cómico itinerante.

En un determinado momento, la trama da un giro cuando se descubre que las clases sociales no son lo que parecen: Gwynplaine es hijo de un noble inglés y, una vez reconocido como tal, da un discurso en la Cámara de los Lores en el que ataca los privilegios de la nobleza. Los duques, los condes y los marqueses se ríen de él abiertamente…

Desde 2006 es muy socorrida la película australiana “Vendetta” y, sobre todo, su máscara, la enésima variante del payaso de la sonrisa permanente que reivindica la figura de Guy Fawkes y la traslada a un futuro distópico, fascista. Tres siglos antes, en 1606 Guy Fawkes dirigió la fallida Conspiración de la Pólvora, un acontecimiento que ha permanecido en la tradición popular inglesa. La trama consistía en matar al rey Jaime I y a los miembros del Parlamento. El exterminio de la clase dominante tiene un efecto liberador.

Pero triunfaron los malos y cada 5 de noviembre lo que Inglaterra celebra es la quema de Guy Fawkes, aunque a la larga ocurre como en el fútbol: los goles no premian el buen juego. “Merecimos ganar pero hemos perdido”. Pierde el Estado, aunque sólo sea de una manera simbólica.

Ahora la película “Joker” relata la biografía de un cómico frustrado que siempre ha vivido con una madre inestable y nunca ha conocido a su padre. Ha pasado por el siquiátrico y trabaja en la calle vestido de payaso. Se cree hijo de un magnate y político local, parecido a Gwynplaine. Mata a tres pijos pero, como el Guy Fawkes de “Vendetta”, no queda estigmatizado sino al revés: se convierte en un héroe y los parias le imitan poniéndose una máscara para protestar.

En manos de Hollywood, la luz artística y literaria de la lucha entre las clases sociales ha desaparecido. El largo discurso filosófico de Víctor Hugo sobre la pobreza también. No hay clases sociales, sólo buenos y malos porque enmedio está Alan Moore, el guionista de la viñeta cómica que luego dio lugar a “Vendetta”. Según Moore, los buenos más buenos pueden convertirse en malos muy malvados de la noche a la mañana. Depende de las circunstancias. Cualquiera puede tener un mal día que le convierte en un monstruo capaz de lo peor.

A Edipo su padre le abandonó recién nacido en el monte. A Moisés también, aunque para salvarle la vida. Lo mismo ocurrió con Gwynplaine. Un día aciago nos transforma en sujetos resentidos, nihilistas, a los que no nos importa ejercer nuestra propia “vendetta” con el primero que se cruza en nuestro camino, con quien menos culpa tiene. La víctima se convierte en verdugo. Son los asesinos en serie, ese tipo de perfiles que las facultades gringas de sicología califican como “sociópatas”, otra de las muchas tonteorías que se sacan del armario.

“Joker” es el antihéroe rechazado por una mujer de la que se enamora. Pero si en la película suscita rechazo, en el espectador suscita entusiasmo. De la saga ha surgido una camada de seguidores, llamados “incels” en inglés: “solteros involuntarios”. El año pasado Alek Minassian, con 25 años, mató a 10 personas con un coche bomba en Toronto. Unas horas antes escribió en su perfil de Facebook: “La rebelión de los incels ya ha comenzado”. Más que solteros (y misóginos) se debería traducir por “solitarios” y, desde luego, “rechazados”. No hacen reir por más que se disfracen de payasos.

No se puede hablar de rebelión cuando, en medio de un enfado rompemos los platos. El recurrente nihilismo actual de quien prende fuego a la barricada pone encima de la mesa que las semilas de la revuelta están ahí, preparadas y dispuestas; pero hacen falta más ingredientes. Quien salga a la mar en un velero sabe que habrá viento, pero lo más importante es cerciorarse de que haya un timón porque, de lo contrario, no irá a ninguna parte.

Hoy los payasos ¿son enemigos del Estado o son el Estado? Es una pregunta que no estoy en condiciones de responder…

(1) El “fool” inglés es el “fou” francés, personajes que se profesionalizan como comediantes (jester) a comienzos del siglo XIII. El conocido teatro de variedades “Folies Bergère” de París no lleva ese nombre por casualidad. El “jester” es un derivado de la canción de gesta. Si el juglar recitaba poemas, el “jester” contaba cuentos.
(2) https://www.youtube.com/watch?v=y-SUXwjRxlU

Más información:
— ¿Votarás a Batman o a Joker?

‘Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?’

Durante siete años, un investigador del Senado estadounidense, Daniel J. Jones, trabajó en un informe acerca de los métodos para interrogar prisioneros que la CIA implementó tras el 11 de septiembre de 2001. El resultado fueron 6.700 páginas que demostraron que los espías torturaban, ocultaban esas prácticas y, además, no obtenían ninguno de los resultados que buscaban con esas prácticas aberrantes.

“Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?”, pregunta un verdugo de la CIA en la película “The Report”, dirigida por Scott Z. Burns, un especialista en escribir guiones basados total o parcialmente en investigaciones, como El desinformante o La lavandería. Ahora, a cargo tanto del guion como de la dirección, se enfrentaba al desafío de convertir un mamotreto árido y farragoso en una ficción atractiva. Lo logra sólo a medias: “The Report” no es tanto una película de suspense como una lección sobre el funcionamiento de la burocracia estadounidense.

Burns muestra todo el proceso de realización del informe de Jones y se las ingenia para sacar agua de las piedras, explotando al máximo el escaso material dramático que puede proveer una tarea burocrática. Porque la mayor parte de esos siete años, Jones se los pasó encerrado en un sótano sin luz natural revisando correos electrónicos, memorandos y otros documentos internos de la CIA. Era todo lo que el acuerdo entre la agencia y el Senado le permitía: no podía entrevistar agentes.

Aun así, su obsesión por el trabajo le permitió llegar a conclusiones lapidarias y sólidamente fundadas. Para amenizar la lectura de esos papeles, tan apasionantes como una escritura inmobiliaria, hay “flashbacks” que recrean las prácticas de los torturadores de la CIA que aplicaron “técnicas de interrogatorio mejoradas”, un eufemismo para evitar la palabra “tortura”. Las famosas fotos de la cárcel de Abu Ghraib parecen un juego en comparación a lo que se muestra la película.

En paralelo están las intrigas palaciegas, las presiones políticas por las consecuencias que traería la publicación del informe. Con constantes diálogos explicativos, la película mantiene el tono didáctico para evitar que nos perdamos lo menos posible en los pasillos de la burocracia estadounidense y poder transmitir un mensaje propagandístico de n¡buena esperanza: a pesar de todo la democracia estadounidense goza de buena salud.

Democracia significa que haya al menos dos partidos y circos electorales cada cierto tiempo. Lo demás no importa, no tiene que ver con la democracia. No importa la salud, ni la vivienda, ni la educación, ni el paro, ni la guerra… Nada de nada.

50 años de una película mítica, Z de Costa Gavras, que resucita en el Golpe de Estado de Bolivia

Se cumplen cincuenta años del estreno de Z, una de las películas más famosas de Costa Gavras. Una simple letra, la última del alfabeto, da el sentido inequívoco de esperanza y revuelta, que el cineasta griego utilizó para difundir una obra que fue mítica en su momento y de la que ya nadie se acuerda, ni siquiera los más nostálgicos del famoso Mayo del 68.

El argumento versa sobre el Golpe de Estado de los coroneles en Grecia dos años antes, disfrazado tras un ambiguo país mediterráneo en el que asesinan a un diputado progresista. El juez de instrucción revelará la participación del ejército y de la policía. La película describe rápidamente a los diferentes actores de la conspiración: el gobierno militar, la policía, el partido de la oposición, con sus representantes y simpatizantes, y el pueblo en su conjunto.

La situación descrita por Costa Gavras es el resultado directo de la realidad: “Cualquier semejanza con hechos reales, muertos o vivos, no es casualidad. Es voluntario”. El cineasta griego destapa el oscuro funcionamiento de un régimen fascista de la OTAN que puso de rodillas a su país natal.

La forma de rodar es casi como la de un reportero. El carácter de Yves Montand se muestra en su vida cotidiana, entre los bastidores del poder, pero casi nunca de una manera solemne o glorificante. Este es el propósito de Costa Gavras, que busca, ni más ni menos, que mostrar la verdad tal como es, exponer la realidad de las situaciones.

El juez, encarnado por Jean-Louis Trintignant, ocupa un lugar importante en la historia, y desempeña el papel de alborotador, que mirará donde otros no quieren mirar. En resumen, Z es una inmersión en una sociedad corrupta dirigida por una pequeña oligarquía que subyuga al pueblo a través de presiones financieras y políticas.

El régimen político que Costa Gavras muestra es aterrador en su capacidad de gangrenar a todos los estratos de la sociedad y de actuar sobre ellos. No se trata de un puñado de altos funcionarios que defienden sus propios intereses. Es toda una red que se desarrolla verticalmente, hasta el punto de manipular a los propios ciudadanos, presionarlos, sin dudar en amenazar a los simples comerciantes para que actúen a favor de las autoridades con el fin de poder continuar su actividad.

El corte de la película, que deliberadamente no es lineal, permite tomar conciencia de la gigantesca maquinación, para comprender, poco a poco, cómo un pueblo puede ser sustraído de una doctrina por un pequeño grupo de individuos, y aunque el sesgo de Costa-Gavras es evidente, no hay ninguna forma de triunfalismo. Por el contrario, la situación es mucho más alarmante y negativa.

En Z la lucha es permanente, una lucha por la supervivencia y el mantenimiento de la libertad, con la voluntad de no dejar que prevalezca el ejército fascista, pero donde la victoria es sólo ilusoria o, en el mejor de los casos, temporal.

La historia que cuenta Costa Gavras no se detiene en un país o en un momento dado. Es una realidad aterradora que no está tan lejos de nuestro tiempo. ¿Se han enterado de lo que pasó ayer en Bolivia?, ¿les suena? Para la historia 50 años no son nada, ni en el cine ni en la realidad.

Como decíamos ayer…
[Post data: el guionista de la película era Jorge Semprún, un renegado que acabó de Ministro de Cultura con el gobierno del PSOE. Pero de eso hablaremos en otro momento.]

Las obras de arte del realismo soviético sirven ahora para los cambalaches capitalistas

‘Sobre la nieve’, del pintor soviético G.Nissky
El 31 de mayo el Tribunal de Arbitraje de Moscú ordenó la confiscación de los activos de dos banqueros, los hermanos Dmitri y Alexei Ananiev, que habían sido demandados por el banco privado PromSvyazBank, del que fueron los principales accionistas hasta 2017.

El banco les pide 282.000 millones de rublos, unos 4.000 millones de euros. Contra todo pronóstico, los dos hermanos no fueron encarcelados y huyeron a Londres. La indulgencia hacia ellos sugiere una protección de las altas esferas del Kremlin.

En efecto, una gran parte de sus propiedades han quedado embargadas por el tribunal. Entre ellas se encuentra el Instituto Ruso de Arte Realista (conocido con el acrónimo ruso Irri), un museo privado con una superficie de 4.500 metros cuadrados creado en 2011 por Alexei Ananiev en una fábrica textil que data de antes de la revolución.

El cambalache parece claro: a cambio de apoderarse de las obras de arte, el gobierno ruso ha dejado escapar al exilio a ambos hermanos.

Pero la noticia es mucho mas sabrosa porque hasta ahora nos habían asegurado que el realismo socialista era una mierda desde el punto de vista artístico, panfletos que no valían nada, como todo lo que se logró en la época soviética.

Es casi seguro que los hermanos Ananiev, unos ortodoxos muy piadosos, no compraron (o sea, robaron) todas esas obras por sintonía ideológica con los comunistas, sino por su valor de mercado. El valor acumulado de las obras expuestas asciende a varias decenas de millones de euros, según el sitio web Artguide.com. Una de las obras de Georgy Nissky, “Sobre la nieve”, fue adquirida por Alexei Ananiev de Sotheby’s por 2,9 millones de dólares en 2015.

Los marchantes y los coleccionaistas saben de los precios del mercado del arte más que los críticos de arte occidentales y las grandes cadenas de intoxicación. Nos enteramos de que el Irri está muy vigilado por una legión de guardias de seguridad que custodian los tesoros artísticos soviéticos, quela entrada sólo cuesta 4 euros y que, además, es un museo modélico en el mundo.

En sus paredes cuelgan todos los grandes nombres del realismo socialista, las joyas del arte soviético. Entre las pinturas más famosas se encuentran las de George Nissky “Sobre la nieve” y “On the Road”; Retrato de Clement Voroshilov en su oficina de Isaak Brodsky; Athlete atando una cinta de Alexander Deineka; Conferencia de Teherán y Clement Voroshilov y Maxim Gorki practicando tiro en la Casa Central del Ejército Rojo de Alexander Guerasimov.

El arte soviético ya padeció un primer ataque al caer la URSS, con la privatización (o sea, el saqueo). Ahora puede llegar el segundo que acabe defiitivamente con él. ¿Qué harán los acreedores con el museo?, ¿venderán las obras de arte para cobrar el dinero que les deben?

De momento el museo está cerrado por tiempo indefinido.

Stalin con el general Voroshilov, obra de Guerasimov

El subconsciente anticapitalista

Yago Paris

En una escena del principio de “El circo”, Charlot deambula por una feria, entre atracciones y puestos de comida callejera. Un ladrón ha ocultado en uno de los bolsillos del protagonista, sin que este último se haya percatado, una cartera repleta de dinero que acaba de robar. Cuando el delincuente trata de recuperarla,  un policía lo pilla con las manos en la masa y lo arresta. El agente de la ley le entrega la cartera al vagabundo intrepretado por Charles Chaplin porque cree que le pertenece.

Charlot, un pobre diablo que vive en la calle, es un ser sin maldad que sobrevive gracias a su picaresca —en la escena anterior, preso del hambre, había desarrollado un gag donde se comía el perrito caliente de un niño. Vive de la forma más honrada posible, sin mayor aspiración que encontrar un techo cada noche y alguna migaja que llevarse al estómago. Todo cambia cuando recibe la cartera.

Para tomar conciencia de que ahora posee mucho dinero gracias a un giro del destino, el personaje interpretado por Charles Chaplin sigue el proceso básico del payaso: detenerse ante lo que acaba de suceder, comprenderlo y reaccionar de manera consecuente expresando con total franqueza los sentimientos que le suscita la situación. El vagabundo, que ha vivido toda la escena al lado de un puesto de perritos calientes, cambia de carácter de manera radical, dejando atrás su sonrisa afable y su inofensiva picaresca para dar paso a un estado mental transitorio dominado por el capitalismo.

Se siente un ser superior al resto por tener la cartera llena, con la potestad de maltratar al prójimo. Se gira hacia el dependiente del puesto y, sin dudarlo, comienza a gritarle y a hacer aspavientos, indicándole que prepare una buena tanda de comida. El gag se desarrolla en segundo plano, como si el autor no le prestase especial atención al momento. Rodada con la lejanía del plano americano, la situación termina al instante, como si fuera un mero nexo con el que dar paso a la siguiente escena.

El circo es uno de los muchos ejemplos donde el actor y director inglés mostró su ideología de izquierdas. En este caso, la cinta aborda el mundo del circo, y cómo la parte artística del espectáculo ha sido aplastada por la gestión capitalista, por la cual la disciplina militar y el uso de la violencia contra los artistas están a la orden del día. En su conjunto, el filme se construye como un alegato en favor de la expresión artística entendida como acto puro, espontáneo, que no puede ejecutarse como si de una ecuación matemática se tratase. Aunque loable, parece evidente que la reflexión es un tanto ingenua, o, cuando menos, tremendamente simplista, si lo que se quiere es establecer un retrato veraz de todo lo que implica el arte.

Al mismo tiempo, llama la atención que el gag de la cartera, ese al que el creador apenas ha prestado atención y que para muchos espectadores habrá pasado desapercibido, acabe siendo, por su lucidez y por las múltiples capas de lectura, la mayor crítica al capitalismo que presenta la película. Como si fuera de manera subconsciente, da la impresión de que Chaplin volcó su ideología en ese pequeño gag sin que pareciera que fuera realmente consciente de lo que estaba haciendo.

https://insertoscine.com/2019/03/06/el-subconsciente-anticapitalista/

El 95 por ciento del patrimonio cultural africano sigue expoliado en manos de las potencias coloniales europeas

El 95 por ciento del patrimonio cultural africano sigue expoliado en manos de las potencias coloniales europeas, que las exhiben en museos y, en otras ocasiones, han caido en poder de coleccionistas privados.

El colonialismo humilló y sigue humillando, no sólo a África, sino a potencias actuales como China o India. Gran parte de los tesoros artísticos del Tercer Mundo están en occidente. En una época en la que el turismo cultural crece, los ricos siguen viviendo a costa de algunos de los países más pobres del mundo.

Los bronces de Benin fueron robados en 1897 por los británicos en una expedición militar que destruyó el Palacio Real del entonces reino de Benin.

Hace diez años salieron a subasta en París las dos cabezas de bronce que representaban animales del zodiaco ante la indignación de China, que intentó infructuosamente que los tribunales franceses prohibieran la venta. Los dos bronces procedían del saqueo del Palacio de Verano de Pekín realizado en 1860 por un ejército franco-británico durante la Guerra del Opio.

El busto de Nefertiti que conserva el Museo Egipcio de Berlín fue expoliado por los arqueólogos alemanes en las excanaciones de Tell el Amarna.

Los países africanos quieren acabar con el saqueo. El miércoles el Ministro de Comunicación de Costa de Marfil, Sidi Touré, dio una rueda de prensa para anunciar que han elaborado un censo de obras de arte expoliadas, cuyo número asciende a cerca de 20.000 piezas, valoradas en 6.000 millones de francos CFA.

Todas ellas se conservan fuera del país. “Nuestro país tiene miles de obras de arte retenidas ilegalmente en el exterior, especialmente en occidente”, dijo Touré. El gobierno marfileño ha elaborado un plan de identificación, promoción y devolución de esos tesoros, como lo han hecho otros países africanos.

“Al menos 50 museos de Europa y América, fuera de las colecciones privadas, albergan en sus respectivas colecciones” nuestras obras de arte, añadió el ministro.

“En el marco del proceso de devolución de esos bienes culturales establecido con la UNESCO y la sección africana del Consejo Internacional de Museos (AFRICOM), Costa de Marfil ha nombrado a dos mediadores y conciliadores de esas organizaciones y se ha transmitido una primera lista de 148 obras de arte que se deben devolver”, prosiguió el ministro.

Touré recordó que “el Museo de las Civilizaciones de Costa de Marfil ha sido rehabilitado”.

“El gobierno ha tomado varias medidas para construir un nuevo museo de talla internacional y 12 museos regionales a fin de crear un marco propicio para la conservación, gestión y seguridad de las obras de arte que serán devueltas”, concluyó el portavoz del gobierno de Costa de Marfil ante la prensa.

Francia ya ha decidido devolver a Benin una veintena de obras de arte. El Senegal también ha reivindicado sus objetos de arte en la misma línea. En 2005 Italia devolvió a Etiopía el obelisco de Aksum, arrebatado por las tropas fascistas en 1937.

50 años de la muerte del gran novelista estadounidense John Steinbeck

El 20 de diciembre se cumplieron 50 años de la muerte del gran novelista estadounidense John Steinbeck (1902-1968), un autor de la llamada “generación perdida” que había salido desengañada de los ideales que Estados Unidos había vendido en la Primera Guerra Mundial.

William Faulkner, John Dos Passos, Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald y John Steinbeck son los miembros más destacados de aquella “generación perdida”. Algunos se entregaron a una vida disipada y fuera del compromiso político, en el marco de sus trabajos literarios… Steinbeck no lo hizo así. Tuvo una visión crítica de la guerra y de una sociedad americana miserable.

Es la principal figura del nuevo realismo social americano. Nació en Salinas, California, en 1902, hijo del tesorero del condado y de la maestra, en un ambiente de campesinos ricos. Pero Steinbeck se negó a ver las cosas como las veían sus familiares. En lugar de percibir la prosperidad verde de la agricultura en una tierra ubérrima y la riqueza de sus fábricas de conserva, se obstinó en fijarse en los trabajadores agrarios, mexicanos y “okies” (los blancos que habían abandonado el Medio Oeste por la sequía y la depresión) y en la explotación sobre la que se construía la feliz riqueza de los terratenientes.

De joven pasó sus veranos trabajando en ranchos cercanos y más tarde con trabajadores migrantes en las granjas de remolacha de la azucarera Spreckels. En el valle agrícola de Salinas ambientó total o parcialmente varios de sus relatos. Es el caso, por ejemplo, de las novelas “Tortilla Flat” (1935), “De ratones y hombres” (1937) y el libro de cuentos “El poni rojo” (1933), escritos, más o menos, en la misma época, su primera etapa, en la que dio a la imprenta “Los crisantemos”, una obra maestra de la narrativa breve.

Experimentó los aspectos más duros de la vida de los inmigrantes y el lado más oscuro de la naturaleza humana, que le proporcionó material para escribir algunas de sus mejores obras, como las citadas y “Las uvas de la ira” (1939), que sirvió de inspiración para una gran película.

Estudió en la Universidad de Stanford, pero desde muy temprano tuvo que trabajar duramente como albañil, jornalero rural, agrimensor o empleado de tienda, y no llegó a graduarse. En los años treinta describió la pobreza que acompañó a la gran depresión económica y tuvo su primer reconocimiento crítico con la novela Tortilla Flat (1935), por la que recibió la Medalla de Oro literaria concedida por el Commonwealth Club of California a la mejor novela escrita por un californiano. Con este compendio de historias humorísticas, Steinbeck obtuvo cierto éxito. Retrata las aventuras de un grupo de jóvenes sin ocupación y generalmente sin hogar en Monterrey después de la Primera Guerra Mundial.

Otra novela de Steinbeck que tuvo un gran éxito fue “La perla” (1948). El relato cuenta la desventura de un humilde pescador, Kino, y su familia, y pone de manifiesto cómo la hermosa perla que encuentran viene a trastocar su existencia y los aboca a un destino fatal. La obra contiene una amarga crítica a la codicia y la rapacidad, conductas que llevan a la destrucción.

La lectura de las obras de este gran autor, nos sumergen en las realidades de la sociedad capitalista de aquel tiempo, llena de convulsiones sociales, con grandes poderes explotando a migrantes y con la segregación racial de por medio, es decir, exactamente igual que ahora.

Fotograma de la película ‘Las uvas de la ira’ basada en la novela homónima de Steinbeck

Del pop a la política: cómo Estados Unidos fabrica un dirigente de la oposición en África

Tony Cartalucci

Mientras China construye carreteras, ferrocarriles, oleoductos, aeropuertos, puertos y fábricas a lo largo de todo el continente africano, Estados Unidos se contenta con vender armas y alimentar los conflictos interafricanos e intraafricanos, para perturbar el surgimiento de un continente independiente de la hegemonía occidental.

La subversión política es una buena técnica para sembrar el conflicto. En Uganda, Estados Unidos apoya a un dirigente de la oposición que ni siquiera esconde superficialmente su lealtad o dependencia de Washington.

Occidente es testigo de todo un circo mediático en torno a Robert Kyagulanyi Ssentamu, una estrella del pop ugandés que se ha convertido a la política, más conocido en el escenario como “Bobi Wine”. Los medios de comunicación occidentales lo describen como un dirigente de la oposición que intenta derrocar al antiguo hombre fuerte de Uganda, el presidente Yoweri Museveni.

Pero en contraste con esta imagen de “dirigente de la oposición” ugandés retratado por los medios de comunicación occidentales, la interferencia occidental en los asuntos políticos africanos es evidente aquí, tan obvia que no tiene precedentes.

Wine no entró en la política hasta 2017. A principios de 2018 ya había viajado a Estados Unidos para matricularse en el curso “Leading into the 21st Century” de la Harvard Kennedy School, un curso que se describe a continuación en el sitio web de la escuela: “Programa de formación de dirección, dirigiendo el siglo XXI: caos, conflicto y valor, explora en profundidad las razones por las que dirigimos de esta manera. Este programa ofrece un plan de estudios desafiante que te animará a aprender a dirigir con mayor coraje, habilidad y efectividad”.

Una vez que Bobi Wine regresó a Uganda, sus partidarios atacaron violentamente el cortejo del Presidente Museveni, tras la cual el antiguo cantante fue arrestado y acusado de alta traición.

En un artículo de agosto 2018, “Uganda: Bobi Wine, la estrella del pop, acusada de traición”, dijo la BBC: “Las autoridades dicen que fueron los diputados de la oposición quienes empujaron a sus partidarios a atacar la procesión presidencial con piedras. El conductor de Bobi Wine fue asesinado más tarde”.

Y como siempre en el caso de los agitadores patrocinados por occidente, la BBC retransmitió las protestas de los gobiernos occidentales, considerando las acusaciones como políticamente motivadas: “Las acusaciones [contra Bobi Wine] son ampliamente consideradas como motivadas políticamente y dirigidas a silenciar una fuerte crítica al Presidente. Estados Unidos denunció el ‘trato brutal’ sufrido por parlamentarios, periodistas y otros por los servicios de seguridad”.

En septiembre, Wine volaba de vuelta a Estados Unidos, aparentemente para someterse a un “tratamiento” para sus “heridas”, pero la mayor parte de su tiempo lo dedicó a hablar con el Departamento de Estado de Estados Unidos, con cabilderos de la capital, a escribir artículos para el Washington Post y a pavonearse con el apoyo estadounidense visible detrás de él.

En un artículo de opinión publicado en el Washington Post, Wine escribió: “Cuando dejamos que la gente se exprese, se manifieste, se organice; cuando las legislaturas son limitadas en el tiempo y las elecciones son transparentes; cuando la prensa es libre y los dirigentes son responsables [de sus políticas], no vemos Musevenis. Por eso que vemos un aumento de la censura, incluso hasta el punto de impedir la transmisión de la Voz de América y otros burdos intentos de mantener a los ugandeses en la oscuridad”.

La Voz de América es, por supuesto, un medio de comunicación financiado y gestionado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que representa los intereses específicos de los Estados Unidos. Y Wine indica que los ugandeses, sin las narrativas establecidas y destiladas por el Departamento de Estado de Estados Unidos, quedarían “en la oscuridad”. Cualquiera que sea la asiduidad general para calificar a este personaje como dirigente de la oposición democrática, sigue siendo cierto que cualquier movimiento de oposición que emerja de la “oscuridad” por los intereses de una potencia extranjera es totalmente antidemocrático.

Otros medios de comunicación que promueven a Wine son The Nation Media Group, en el que la mayoría del capital está en manos del Fondo de Desarrollo Económico Aga Khan, y se asocia abiertamente con fundaciones occidentales como la Fundación Bill y Melinda Gates y el Instituto Internacional de Prensa.

El mismo patrón se puede encontrar en cualquier otro país del mundo sobre el que Estados Unidos quiera ejercer su influencia: Estados Unidos no invierte en verdaderas asociaciones con Uganda, ya sean económicas, políticas o incluso militares; en su lugar, simplemente coopta o se apodera de las instituciones del país, incluidos sus medios de comunicación.

A su regreso a Uganda, Bobi Wine fue detenido de nuevo rápidamente, acusado de traición, que parece un poco débil teniendo en cuenta la conspiración abierta de Wine, apoyada por todo el aparato de cambio de régimen de Washington.

El abogado de Wine es el conocido cabildero Robert Amsterdam, que también ha trabajado en nombre de varios agitadores patrocinados por Estados Unidos, desde Thaksin Shinawatra, el multimillonario y asesino en masa tailandés fugitivo, hasta el ruso Mijail Jodorkovsky.

En la conferencia de prensa celebrada por el abogado Robert Amsterdam en Washington, admitió que buscaba un mayor apoyo del gobierno de Estados Unidos para su cliente, Bobi Wine: “Nos reuniremos con miembros del Congreso, miembros de varios departamentos, incluyendo el Departamento de Estado, y les daremos detalles de lo que sucedió en Uganda, la brutalidad, la actividad verdaderamente criminal y las violaciones de los derechos humanos que tienen lugar todos los días”.

Paradójicamente, en un intento de denunciar al gobierno ugandés como cómplice de Washington, también dijo: “Y queremos que el contribuyente estadounidense sepa que está financiando todo esto. Los recursos militares que estamos proporcionando a Uganda se están utilizando en una guerra de terror contra los ciudadanos ugandeses”.

Sin embargo, la gran mayoría de las armas entregadas a Uganda proceden de Rusia o China, no de Estados Unidos. Amsterdam nunca describe qué “equipo” utiliza Uganda para “torturar” a su población. La razón más probable para omitir estos detalles esenciales es que las declaraciones de Robert Amsterdam se fabrican desde cero.

Al igual que sus socios europeos, Estados Unidos tiene una larga historia de injerencia en los asuntos internos africanos, especialmente en Uganda. El discurso de Amsterdam da más pistas sobre por qué Estados Unidos quiere interferir en los asuntos internos de Uganda. Aquí está lo que dice:

“No es un incidente aislado. Uganda tiene una rica y siempre presente historia de violencia política, en la indiferencia de Occidente. Ya no podemos cerrar los ojos. Ya no tenemos derecho a ignorar a África. En las últimas semanas, gracias a Dios, el Canciller alemán ha hecho un viaje por África. Los chinos han invitado a dirigentes de toda África a Beijing.

“Es hora de que la voz de Estados Unidos se escuche y de que se escuche fuerte…”

El progreso de China en África durante la última década ha provocado una reacción estadounidense. En lugar de crear programas competitivos de construcción de infraestructuras y asistencia para el desarrollo, Washington prefirió cambiar las tornas, a expensas tanto de África como de China.

Obviamente, no es una coincidencia que Amsterdam diga que Uganda debe estar sometida a restricciones políticas, sobre la base de un modelo de sanciones que ahora es bien conocido, incluidas las destinadas específicamente a Rusia, y que luego se aplican con liberalidad en todo el mundo contra los obstáculos geopolíticos de Estados Unidos.

Amsterdam también citó específicamente la Ley Magnistki, para exigir que Estados Unidos suspenda inmediatamente unas subvenciones militares nebulosas, que no ha aclarado ni cuantificado.

Por supuesto, cuando se ve la recepción a Wine en Washington y su abogado admite abiertamente que ambos consultarán con miembros del Congreso de Estados Unidos y del Departamento de Estado de Estados Unidos, y cuando a Wine se le abren las columnas del Washington Post para un artículo de opinión, las acusaciones obvias de la colusión de Wine con intereses extranjeros ya han comenzado a extenderse en Uganda y en otros lugares.

Esto es lo que su abogado, Robert Amsterdam, encontró para responder: “Ahora hay mucha gente que dice, bueno, como tiene un abogado internacional, en alguna parte interviene un agente extranjero. No hay participación de ningún agente extranjero. Pero hay algo que debe quedar registrado. Esto se debe a que el propio régimen de Museveni es un agente extranjero del aparato militar estadounidense, dadas sus actividades en Sudán y Somalia. Y así, es Washington quien finalmente controla lo que está sucediendo en Uganda hoy en día”.

Aunque es cierto que el gobierno ugandés ha cedido a las exigencias de Estados Unidos en cuanto a sus ambiciones para Sudán y Somalia, es evidente que Estados Unidos está ejerciendo una presión aún mayor sobre el gobierno ugandés, mediante el uso de títeres de la oposición, como Bobi Wine.

Acusar al presidente Museveni de ser un agente a sueldo de Estados Unidos, mientras que Bobi Wine se está explayando literalmente en Washington DC y admitiendo abiertamente que ha consultado con el Congreso y el Departamento de Estado de Estados Unidos, rara vez hemos visto una proyección política más transparente e hipócrita.

Para disipar cualquier duda que pueda quedar sobre la naturaleza interconectada del trabajo de Amsterdam, no sólo en nombre de su cliente Bobi Wine, sino también de los intereses específicos de Washington y Wall Street, de los que ambos son empleados, establece el vínculo entre el presidente ugandés Museveni y el presidente ruso Vladimir Putin y su cuota de historias infundadas difundidas por Occidente para vilipendiar a Moscú, agregando:

“El régimen de Museveni toma prestada una página del libro del Sr. Putin. Te torturan, te envenenan. Envenenan a la gente en Inglaterra y luego gritan a la desinformación”.

La historia de Uganda, una colonia británica, que obtuvo una tenue independencia, luego disputada aquí y allá por las grandes potencias durante la Guerra Fría, hasta el día de hoy, ha dejado sin duda al país en un estado de gobierno que deja mucho que desear. Sin embargo, el hecho es que la gobernanza de Uganda es dominio exclusivo del pueblo ugandés.

Después de ver a Bobi Wine huir de su país para buscar ayuda de partidarios extranjeros, bien conocidos por su multitud de guerras, tortura, explotación -incluida la destrucción de tantos países africanos-, su práctica de injerencia y subversión, en todo el mundo, esa es la prueba que debe presentarse al pueblo de Uganda -independientemente de lo que piensen del Presidente Museveni-, Bobi Wine es peor.

Wine es peor porque políticamente es más débil, y porque incluso antes del comienzo de su carrera política, se encontró totalmente dependiente de Washington, el heredero del ocupante británico original en Uganda. El camino de Uganda hacia el futuro -como el de cualquier nación- está lleno de callejones sin salida, pocos de los cuales son más obvios que “Bobi Wine”.

Para todo el continente africano, los peligros de la interferencia estadounidense y los intentos occidentales de recuperar el control a través de agentes sustitutos, así como la subversión política e institucional, siguen siendo omnipresentes. Comprender los métodos utilizados por Occidente para lograr esta colonización moderna es el primer paso para liberarse de ella.

https://journal-neo.org/2018/09/23/uganda-profiling-us-meddling-across-africa/

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