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La derrota de los nazis en 1945 prohibió las vacunas experimentales, que ahora resurgen

Desde hace 2.500 años al menos la práctica de la medicina se basa en el juramento hipocrático: la tarea de un médico es curar al enfermo o, por lo menos, conseguir que su estado de salud no empeore. A partir de la Ilustración este principio fue desapareciendo. La medicina no tenía por objeto curar sino saber. El punto de gravedad comenzó a trasladarse del enfermo al médico. El sujeto es el médico y el enfermo es el objeto; por eso se le llama “paciente”.

El cambio se argumentó con una falsa concepción del “progreso científico” que encubría un problema de clase: los experimentos se llevaban a cabo con marginados, como pobres, presos, internados, esclavos, indígenas, prostitutas… Desde el siglo XVIII los médicos llevaron a cabo experimentos con esclavos negros en las colonias europeas, e incluso les inocularon enfermedades deliberadamente, como la viruela. En 1884 Pasteur escribió al emperador de Brasil para pedirle autorización para infectar de cólera a los condenados a muerte con el fin de probar tratamientos médicos en ellos.

En los campos de concentración el fascismo llevó la “nueva medicina” a su máxima expresión. La Unidad 731, creada por Japón en 1932, asesinó a más de 10.000 presos utilizados como cobayas humanas. En 1944 el jefe médico del ejército japonés, Nakamura Hirosato, provocó la muerte de 900 indonesios inyectándoles una vacuna experimental que contenía una toxina tetánica modificada químicamente. El III Reich también llevó a cabo experimentos a gran escala con los antifascistas que encerró en Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Natzwzeiler. Los médicos nazis inocularon patógenos a los presos, como el tifus, la fiebre amarilla, la viruela, la fiebre tifoidea, el cólera y la difteria para buscar vacunas o desarrollar tratamientos médicos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, veinte médicos y tres nazis fueron acusados de crímenes de guerra y de lesa humanidad y juzgados en Nuremberg. En su defensa, los nazis argumentaron que el juramento hipocrático no se aplica en tiempos de guerra, y que el Estado puede poner los intereses de la ciencia por encima de los del individuo en beneficio de la colectividad. Sin embargo, la sentencia del Tribunal Militar estableció diez criterios para evaluar los experimentos médicos, que hoy se conocen como “Código de Nuremberg”.

La regulación jurídica de los experimentos médicos es consecuencia, pues, de la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Es tanto interna como internacional y se ha construido históricamente sobre la base del consentimiento libre e informado del sujeto. El artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado por la Asamblea General de la ONU el 16 de diciembre de 1966 establece que “nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos”.

La Asociación Médica Mundial, una organización no gubernamental de médicos creada en 1947, aprobó la Declaración de Helsinki en junio de 1964, que reitera el Código de Nuremberg y recuerda la necesidad de prestar un “consentimiento libre, informado y expreso”. Hay decenas de reglamentos parecidos en cada colegio profesional, en los repertorios legislativos de cada país, en las normas de la Unión Europea, como el Convenio de Ovideo, y en los organismos internacionales.

La conclusión es que el médico que realiza un experimento con seres humanos sin obtener su consentimiento previo comete un delito grave.

En 2002 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó que la imposición de un tratamiento sin el consentimiento del paciente es “una violación de la integridad física de la persona afectada“ y que “las vacunaciones obligatorias como tratamiento médico no voluntario constituyen una injerencia en el derecho al respeto de la vida privada”.

Pero la experimentación médica no acabó en 1945, como ya hemos explicado aquí varias veces. En los años cuarenta y cincuenta el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) alimentó a niños que padecían problemas síquicos con cereales radiactivos. Hemos explicado el falso tratamiento de negros con sífilis en Tuskegee entre 1932 y 1972, la contaminación de niños discapacitados mentales con hepatitis por parte de dos médicos en la Wilowbrook State School de Nueva York entre 1956 y 1972. Lo mismo cabe decir de los experimentos en 20.000 estadounidenses con talidomida, un sedante responsable de graves malformaciones fetales, que se prolongaron hasta 1961, la inyección de células cancerosas en pacientes ancianos e indigentes en el Jewish Chronicle Disease Hospital de Brooklyn en 1963… La lista es terrorífica y sorprende la facilidad con la que se olvida.

El 8 de abril del año pasado, en plena pandemia, la sentencia Vavricka del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (1) cambió la jurisprudencia sobre este asunto al establecer que la administración de ciertas vacunas se puede hacer de manera obligatoria, que es la práctica ahora vigente. Lo mismo que el servicio militar, algunas vacunas vienen impuestas por las leyes, por lo que se inoculan de manera masiva e indiscriminadamente, incluso desde el nacimiento.

Ahora bien, la sentencia Vavricka se refiere a un caso de 2015 y a unas vacunas ya experimentadas previamente, no a las que están por experimentar, como es el caso de las que se están administrando en la actual pandemia, que sólo han obtenido una autorización “de emergencia” de la Agencia Europea del Medicamento gracias a la ola de histeria que han desatado en el mundo con la pandemia.

La propia Agencia reconoce que concedió la autorización apresuradamente “sobre la base de datos menos completos de lo que normalmente se requiere”, por lo que el fabricante se compromete a “proporcionar datos clínicos completos en el futuro”. Los informes europeos de evaluación emitidos en la Agencia añaden que las empresas farmacéuticas deben “proporcionar los resultados del ensayo principal” en el plazo de dos años.

Por lo tanto, no cabe ninguna duda de que estamos en presencia de un experimento masivo fuera de un laboratorio que no tiene precedentes en la historia de la medicina. Aparte de la incertidumbre relativa a la nueva técnica de ARNm, la Agencia reconoce que “no se han realizado estudios de carcinogenicidad” para la vacuna Moderna y “no se han realizado estudios de genotoxicidad o carcinogenicidad” para las vacunas de Pfizer, AstraZeneca y Johnson & Johnson.

En consecuencia, estas vacunas no se pueden imponer de forma obligatoria.

Ahora cualquiera que haya acudido a un centro de vacunación puede juzgar si el personal sanitario que atiende a los candidatos les pregunta algo, les pide el consentimiento, les informa del caracter experimental de la vacuna que le van a inocular, o si se trata de ganado que espera salir ileso del experimento.

Las empresas no contratan a trabajadores que no se hayan vacunado y pueden despedir a los que ya están en plantilla. Para ello les basta con introducir las vacunas en los planes de “riesgo laboral”. ¿A eso llaman “consentimiento libre” o es un delito de coacciones?

Pregunten a los que exigen la vacunación para matricularse en una escuela, para viajar, para entrar en una tienda o para acudir a un concierto. ¿Eso es consentir o es un chantaje permanente?

En febrero Galicia trató de imponer la vacunación obligatoria y El Confidencial tituló un reportaje: “Llega la Galicia hitleriana” (2). Afortundamente el Tribunal Constitucional lo impidió, al menos de momento.

En mayo Baleares, una comunidad autónoma presidida por Francina Armengol, farmacéutica y del PSOE, aprobó la vacunación obligatoria, aunque sólo para “ciertos colectivos” de trabajadores, que no definió. Otro gobierno “progre” que se lo vuelve a poner en bandeja a Vox, que recurrió el decreto ante el Tribunal Constitucional.

¡Las vueltas que da la vida! Los “progres” imponen normas nazis y los nazis se oponen a ellas. El enredo no es fácil de aclarar.

(1) https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/articulo.php?id=ANU-L-2021-00000001259
(2) https://www.elconfidencial.com/espana/galicia/2021-02-06/feijoo-galicia-covid-19-antivacunas_2939036/

Churchill aplastó a la guerrilla antifascista en Grecia en 1945 con la ayuda de los colaboracionistas nazis

Cuando el 8 de mayo de 1945 los sucesores de Hitler firmaron la capitulación de Alemania, en Grecia se habían liberado de los nazis seis meses antes. Durante más de tres años, el pueblo griego había mantenido una guerra de guerrillas contra los ocupantes fascistas italianos, búlgaros y, sobre todo, alemanes.

La liberación no fue competa. Un nuevo terror comenzó a golpear el país, ya que mientras los colaboracionistas de los nazis conservaban sus puestos al frente del ejército, la policía y los organismos de poder del Estado, los guerrilleros fueran perseguidos de nuevo, deportados y asesinados. Durante muchos años, hasta 1974, la resistencia griega fue calificada de “criminal” por los sucesivos gobiernos. No fue reconocida hasta 1982 y hoy día su lucha heroica no se conmemora oficialmente, ni siquiera tras el gobierno de Syriza.

“Eres responsable de mantener el orden en Atenas y de neutralizar o destruir cualquier banda del EAM-ELAS [Frente de Liberación Nacional-Ejército de Liberación del Pueblo Griego] que se acerque a la ciudad. Podéis tomar las medidas que consideréis necesarias para el estricto control de las calles y para inutilizar a todos los grupos de alborotadores… Por supuesto, sería mejor que vuestro mando estuviera reforzado por la autoridad de un gobierno griego… Sin embargo, no dudéis en actuar como si estuvierais en una ciudad conquistada en la que se está produciendo una rebelión local… Debemos mantener y dominar Atenas. Sería bueno que lo hicieras sin derramamiento de sangre si es posible, pero no dudes en derramar sangre si es necesario”.

El hombre que escribió estas líneas no fue otro que el Primer Ministro británico Winston Churchill. Era diciembre de 1944. Las tropas nazis seguían resistiendo a los aliados, que avanzaban lentamente en Italia y eran empujados hacia las Ardenas ante la contraofensiva final de la Wehrmacht. Sin embargo, las “bandas” a las que se refería Churchill no eran los colaboracionistas, sino los antifascistas del Frente de Liberación Nacional (EAM), que llevaban tres años encabezando la resistencia armada contra los ocupantes nazis.

El imperalismo británico en el Mediterráneo oriental

A lo largo del siglo XIX, el Mediterráneo oriental fue el centro de la rivalidad imperialista entre Gran Bretaña y Rusia. En octubre de 1917 la revolución bolchevique puso fin a las ambiciones de estos últimos en la región, por lo que a principios de la década de los cuarenta Grecia estaba bajo la influencia británica. El país tenía una importancia estratégica.

En los años cuarenta, el desarrollo de la resistencia contra el fascismo que agrupaba a militantes comunistas con pequeños partidos socialistas, pronto hizo saltar las alarmas en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico. Desprestigiada entre la población y asociada a la dictadura fascista del general Metaxas entre 1936 y 1941, la monarquía griega le parecía a Churchill la única forma de garantizar el mantenimiento del dominio británico.

En marzo de 1941, cuando se hizo evidente la amenaza alemana en los Balcanes, Churchill ordenó a su cuartel general de Oriente Medio que destinara 50.000 soldados a Grecia, una iniciativa que interrumpió la victoriosa ofensiva británica en Libia, pero no impidió la invasión de Grecia por parte de la Wehrmacht al mes siguiente.

El rey griego, Jorge II, se exilió en Londres con su gobierno, que era en gran medida el mismo que bajo la dictadura de Metaxas. Sus tropas se reagruparon en Egipto y lucharon junto a los británicos. Los soldados cuestionaban que la mayoría de los oficiales que dirigían el ejército fueran monárquicos.

En el interior de Grecia se desarrolló rápidamente un movimiento de resistencia antifascista. El Frente de Liberación Nacional, el EAM, nació en septiembre de 1941. Organizó grandes manifestaciones en las principales ciudades y en la primavera de 1942 empezó a crear las primeras unidades guerrilleras bajo la dirección de su ejército popular, el ELAS. Al mismo tiempo, los agentes del Special Operations Executive (SOE) británico -creado por Churchill en 1940 para llevar a cabo sabotajes tras las líneas enemigas en colaboración con los movimientos de resistencia en los países ocupados- desarrollaban sus propios combates con relativa autonomía.

Los británicos intentaron sin mucho éxito crear o fomentar organizaciones rivales del EAM. Pero los dirigentes de los demás partidos no querían resistir activamente. El EAM-ELAS siguió siendo, con mucho, la principal organización de la resistencia, indispensable desde el punto de vista militar. A cambio de su participación en las operaciones de los británicos, sus representantes fueron recibidos en El Cairo en agosto de 1943 para alcanzar un acuerdo con el gobierno griego en el exilio.

Los británicos se dieron cuenta de la importancia que había adquirido el EAM. En la Conferencia de Quebec, en agosto de 1943, Roosvelt no apoyó el plan británico para desembarcar en Grecia. Entonces Churchill bloqueó cualquier posibilidad de negociación con el gobierno griego, envió a los delegados del EAM a casa y redactó el Plan Manna: tras la retirada de las tropas alemanas de Grecia, el Imperio Británico las sustituiría con una fuerza expedicionaria.

A partir de entonces, los agentes británicos trataron de sabotear al ELAS por cualquier medio disponible. Intentaron comprar a sus partidarios, sobornándolos con soberanos de oro. Financiaron pequeñas organizaciones paralelas, incluidas las que se autodenominaban “nacionalistas” que, en realidad, eran cómplices de los nazis. Colocaron a sus propios hombres en el gobierno colaboracionista y en los “batallones de seguridad” creados por el gobierno de Atenas.

Esos batallones participaron en las operaciones de castigo de las tropas nazis, con su estela de masacres y pueblos quemados. En las ciudades, colaboraron en el bloqueo de barrios enteros, rodeándolos por la noche y localizando y asesinando a los guerrilleros con la ayuda de soplones enmascarados.

El doble juego de los británicos sembró la semilla de la guerra civil en el invierno de 1943-44. A pesar de ello, el EAM-ELAS consiguió liberar gran parte de Grecia. Estableció instituciones populares que formaron un poder paralelo. En marzo de 1944 la guerrilla creó un “gobierno de montaña” para organizar las elecciones.

El nuevo gobierno despertó el entusiasmo de las tropas griegas que seguían en Egipto, que exigieron que la guerrilla fuera incluida dentro del gobierno en el exilio. Churchill respondió con una implacable represión. Deportó a los soldados rebeldes a campos en África y creó una Guardia Pretoriana preparada para volver a Grecia con el rey y las tropas británicas tras la liberación.

Al no poder eliminar al EAM por la fuerza en el interior de Grecia, los británicos recurrieron a maniobras políticas a las que los dirigentes de la montaña -que carecían de experiencia- tuvieron dificultades para responder. Atrapados entre su estrategia de unidad nacional y el peligro de un golpe de los británicos y la reacción autóctona, cayeron en la trampa en una conferencia cuidadosamente preparada en Líbano en agosto de 1944.

Tras muchas dudas, aceptaron participar en un gobierno de unidad nacional encabezado por un peón de Churchill, Yorgos Papandreu. Al mes siguiente, los dirigentes del EAM llegaron a reconocer la autoridad del gobernador militar británico, Ronald Scobie, que llegaría a Grecia tras la liberación.

Guerra después de la guerra

La ofensiva del Ejército Rojo en Bulgaria en septiembre de 1944 obligó a la Wehrmacht a retirarse de Grecia, bajo los ataques de los guerrilleros del ELAS. Tras la retirada llegó la fuerza expedicionaria británica, acompañada de Papandreu y demás sicarios griegos. Se instalaron en Atenas el 18 de octubre y exigieron que el ELAS depusiera las armas, al tiempo que rechazaban el desarme de la Guardia Pretoriana que se había formado en Egipto y trasladado a Atenas a principios de noviembre.

No se celebraron juicios contra los colaboracionistas de los nazis y los milicianos de la reacción circularon armados impunemente por Atenas, persiguiendo a los combatientes de la resistencia. Tras intentar obtener garantías durante todo el mes de noviembre, los ministros del EAM dimitieron.

El 3 de diciembre de 1944 tuvo lugar una gran manifestación popular en la plaza Syntagma de Atenas para exigir la dimisión de Papandreu y la formación de un nuevo gobierno. La policía abrió fuego contra los iviles desarmados, matando a más de veinte e hiriendo a más de cien. La masacre desencadenó la insurrección del pueblo de Atenas. Era el pretexto que buscaba Churchill para acabar con la resistencia antifascista.

Churchill ordenó a su sicario Scobie que aplastara a los guerrilleros. En plena Guerra Mundial, hasta 75.000 soldados británicos fueron desviados del frente italiano a Grecia. Las propuestas de negociación de la EAM fueron rechazadas.

Mal armados, mal alimentados y en su mayoría muy jóvenes, los partidarios del EAM en Atenas y el Pireo resistieron durante 33 días un diluvio de fuego, enfrentándose tanto a las tropas británicas como a los batallones de seguridad sacados de sus cuarteles y rearmados. El propio Churchill viajó a Atenas a finales de diciembre y logró forzar que el rey Jorge II -que seguía en Londres- aceptara una regencia. Pero se mantuvo inflexible sobre las demás garantías exigidas por la EAM.

Mientras el ELAS seguía presente en el resto de Grecia, sus dirigentes temían imponer más penurias a una población agotada y hambrienta: 1.770 pueblos habían sido incendiados, más de un millón de personas no tenían vivienda y la producción de cereales había descendido un 40 por ciento. La ayuda de los aliados no les llegó a ellos. En el Acuerdo de Varkiza, firmado el 12 de febrero de 1945, el ELAS aceptó la renuncia a la lucha armada unilateralmente.

Pero el EAM no fue destruido y consiguió ganar las elecciones por amplia mayoría. Los imperialistas británicos tuvieron que reaccionar rápidamente. El gobierno laborista que sucedió a Churchill en julio de 1945, mantuvo a las fuerzas de ocupación y contó con la ayuda de los que habían colaborado con los nazis. Los británicos reorganizaron la policía y un ejército griegos. Los partidarios de EAM fueron detenidos, condenados y sometidos a un terror sin precedentes.

El ministro de Asuntos Exteriores británico, Ernest Bevin, ordenó la celebración de elecciones en marzo de 1946. La EAM y las organizaciones antifascistas se negaron a participar y tuvieron que pasar a la clandestinidad para escapar de la persecución.

El 12 de marzo de 1947 Truman pidió al Congreso los fondos necesarios para una nueva guerra en Grecia. Estados Unidos tomaba el relevo del imperialismo británico. La Guerra Mundial se convertía en guerra civil, que duraría -de forma abierta o latente- unos 30 años, con una breve pausa entre 1963 y 1965. Sólo terminó en 1974 con la caída de la dictadura de los coroneles.

El franquismo también exhumaba antifascistas

Se cumplen 50 años de la primera exhumación realizada en España (1971), en el pueblo soriano de Bayubas de Abajo, autorizada por el gobierno franquista. Sí, lo están leyendo bien: el franquismo también exhumaba antifascistas.

Eran vecinos de El Burgo de Osma y fueron asesinados en el verano de 1936 por un grupo de falangistas y guardias civiles. Habían sido detenidos y llevados al cuartel de la Guardia Civil, que hacía las veces de cárcel y juzgado también.

Soria no tuvo frente de guerra en ningún momento. Las fuerzas reaccionarias controlaron rápidamente la provincia eliminando a líderes sindicales, dirigentes políticos, etc. Los que pudieron salvar el pellejo, lo hicieron porque pudieron escapar en dirección a Guadalajara y Madrid, convirtiendo la provincia de Soria en un gran matadero.

Si uno busca en portales web, páginas de archivos de prensa, la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional… No encontrará nada. Las únicas referencias son artículos actuales que dan constancia de aquella exhumación. Nada más.

Bayubas de Abajo y la actualidad

En Bayubas de Abajo, los familiares fueron los que se encargaron de los gastos de la exhumación: autorización del Servicio Provincial de Sanidad, autorizacion del Ayuntamiento, tasas del Cementerio e, inclusive, una indemnización al Obispado por las actuaciones en el cementerio.

Pero como se indica más arriba, no se ha podido encontrar documentación en periódicos de época que muestren estos hechos. Sólo se encuentran trabajos de investigación y algún periódico digital que cita el acontecimiento. Es decir, en aquella época ya hubo un total bloqueo informativo sobre estos hechos que no fueron recogidos por periódicos. El silencio fue total.

Años después, muerto ya Franco, se iniciaron las exhumaciones en Cáceres donde la revista Interviú envió al joven periodista Alfredo Grimaldos: «La barra estaba a la derecha y había un hueco en ella hacia la mitad del local, pero no me dio tiempo a llegar hasta allí. Nada más entrar, alguien me puso una pistola en la cabeza: -Vete de aquí, hijo de puta, ya sabemos quién eres. ¿Qué coño vienes a hacer?”

¿Hubieran tenido la misma reacción esos falangistas si ningún medio hubiera cubierto la noticia? Pareció molestarles que el mundo se enterara de los crímenes que ellos mismos habían cometido. Les molestó que se les señalara.

En la actualidad, las exhumaciones corren a cargo de asociaciones memorialistas formadas por voluntarios: arqueólogos, antropólogos, etc. Es decir, son estas asociaciones las que sufragan las exhumaciones a través de las donaciones que hacen familiares y personas cercanas: una colecta para desenterrar a los nuestros. Mientras tanto, en todo este proceso: el Estado está completamente ausente, no aparece por ningún lado. Y, al igual que en Bayubas de Abajo, la trascendencia en medios de comunicación sobre las exhumaciones es nula.

¿Qué coste tiene para el Estado la recuperación de la Memoria Histórica?

¿Qué coste tuvo para el franquismo la exhumación de Bayubas de Abajo? A posteriori, se puede ver que no supuso ningún problema al franquismo exhumar a los contendientes políticos que sus hordas asesinaron 40 años antes. Realmente asumió los costes políticos y sociales que ello podía tener, los comprimió y los silenció. Y un hecho histórico como podía ser éste pasó sin trascendencia. Asumió la crítica y continuó su línea. 

Cincuenta años después la situación no ha mejorado. Realmente siguen siendo las familias las que sufragan los gastos de la exhumación de sus familiares, sigue habiendo un silencio total en medios de comunicación y prensa nacional y el Estado sigue asumiendo esa «crítica» y sigue continuando su línea. Por ejemplo: permite que se continúen las exhumaciones (sufragadas por los familiares) pero frena la Ley de Memoria Democrática dos días antes de su aprobación.

¿Qué papel cumplen las asociaciones memorialistas? Son intermediarios de la Memoria. Es decir, las asociaciones memorialistas se colocan como un intermediario entre el Estado y los familiares, donde dichas asociaciones buscan cumplir el papel que le corresponde al Estado. Donde debería haber un juez ordenando el levantamiento del cadáver y un equipo de la Policía Científica, hay un equipo de voluntarios que exhimen de toda responsabilidad al Estado.

¿Ha cambiado algo en este tiempo? Las exhumaciones y la recuperación de la Memoria Histórica, mientras no repercuta al Estado, se pueden realizar. Mientras las exhumaciones las sigan sufragando familiares, mientras se sigan realizando con personal voluntario (arqueólogos, antropólogos, etc.) y no con un equipo de criminología (recordemos que nuestros familiares fueron asesinados, no son dinosaurios a los que desenterrar); mientras no se señale a los que asesinaron y se enriquecieron, mientras no se escrache en la puerta de su casa a los que forjaron sus fortunas en base al robo y al expolio: al Estado le hace cosquillas esta manera de recuperar la Memoria Histórica.

El hecho de que el franquismo haya sido «precursor» en la exhumación de antifascistas nos tiene que hacer pensar si, realmente, exhumar es un acto de reparación política y social. Nos tiene que hacer pensar si, a este Estado (heredero del franquismo), le supone un coste exhumar a aquellos que sus hordas asesinaron.

Exhumar a nuestros muertos no es transformador. Transformador es perseguir a los que los asesinaron.

 

 

https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/fosas-transicion-pioneros-extremenos-memoria-historica-

https://www.todoslosnombres.org/content/noticias/50-anos-la-exhumacion-los-diez-el-burgo-osma

https://www.eldiasoria.es/noticia/Z3C813C2A-AA5E-74D1-62E7BD9655DEB087/202107/recuerdos-de-la-primera-exhumacion-permitida-en-soria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los tribunales españoles aprueban una ley de punto final cada día

El Tribunal Constitucional le ha dado el carpetazo final a cualquier clase de investigacion sobre García Lorca y los que fueron asesinados junto a él. Previamente todos los órganos judiciales ya habían rechazado que se investigara dónde están los restos del poeta, de dos banderilleros y de un maestro de la Republica. El pretexto no puede ser más ridículo: los culpables están muertos. Ahora bien, si nadie ha investigado nada, ¿por qué saben la identidad de los asesinos y, además, que están muertos?

Lo mismo ocurre con los crímenes del rey emérito, que no sólo son económicos, sino más de lo mismo. Cuando alguien inicia acciones judiciales en su contra, a los jueces y fiscales les falta tiempo: el rey ha sido y es “irresponsable”. Le declaran así incluso cuando un hijo inicia una declaración de paternidad, por lo que en este “Estado de Desecho” las personas no pueden averiguar si el rey es su padre.

Una persona es “irresponsable” cuando no puede ser condenada, una cuestión muy diferente de que pueda ser investigada. Es más, cuando el rey comete un delito, como la muerte de su hermano, los jueces y fiscales están obligados a investigar quién lo mató y sólo entonces podrán declararlo “irresponsable”, porque hasta el más inepto de ellos debe saber -supongo- que sólo a un asesino se le puede calificar de “irresponsable”.

La Constitución declara “irresponsable” al rey porque sus actos deben ir referendados por otra persona. En tal caso la responsabilidad es de esa otra persona. Ahora bien, se supone que esos actos son de tipo político o público, no los privados, porque ninguna otra persona puede refrendar un atraco, o un asesinato, o una paternidad. En tales casos, la obligación de un juez y un fiscal debe ser investigar y una vez que sepa que el autor es el rey, entonces podrá decidir posteriormente que es “irresposable”.

Pero no se trata sólo del rey. España es un Estado lleno de “irresponsables”. Por lo menos hay tantos como fosas comunes repartidas por los más oscuros recónditos de la geografía. Los jueces suelen decir que los crímenes han prescrito, o que los autores han muerto. Pero para decir eso primero hay que investigar: localizar las fosas, inhumar los cadáveres, averiguar la fecha del asesinato e identificar a los criminales.

Lo que constituye una vergüenza absoluta, que descalifica a cualquier Estado, es que tengan que ser personas y organizaciones privadas los que emprendan la tarea de investigar algo que corresponde a la policía, a la fiscalía y a los jueces, y que más de 80 años después no se haya constituido una comisión parlamentaria para hacerlo.

También en eso, España es un Estado muy diferente de otros y cada día que pasa tanto los diputados como los jueces, los fiscales y otros funcionarios públicos se están definiendo a sí mismos como lo que realmente son.

Los crímenes que se cometen en masa, lo que hoy se califica como “terrorismo de Estado”, no están sometido a las normas internas, sino a las internacionales y, en tal, caso no sólo se pueden sino que se deben investigar, por más tiempo que haya transcurrido, porque los crímenes de guerra y demás delitos atroces contra la humanidad no prescriben jamás.

Los jueces y ficales no conocen las normas jurídicas y, lo que es peor, no conocen la historia. García Lorca, los dos banderilleros y el maestro republicano no han muerto; a fecha de hoy siguen desaparecidos, y ese es un crimen que se sigue cometiendo cada día y que se debe investigar cada día.

La guerra contra el fascismo no acabó en 1939 porque sus efectos siguen presentes. El Pazo de Meirás ha recordado que los republicanos no sólo fueron asesinados sino que sus bienes fueron expoliados y saqueados, una situación que también sigue vigente, y aunque los chorizos hayan muerto, sus herederos siguen disfrutanto del saqueo y los republicanos siguen privados de sus legítimas propiedades.

Lo mismo que el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo tampoco ha sido capaz de anular los juicios que, como el de Grimau, no respetaron ni siquiera la propia legislación fascista.

Esto está ocurriendo cada día por una razón elemental: porque no hay un “Régimen de 1978”, como se dice ahora, porque este Estado y todo su entramado jurídico e institucional es idéntico al de 1939 y no se va a suicidar a sí mismo, no se va condenar a sí mismo y no se va a investigar a sí mismo.

En ocasiones, los jueces y fiscales se acogen a la ley de amnistía de 1977 para garantizar la superviviencia del fascismo, y lo que es peor: han insistido tanto que algunos creen que, en efecto, dicha ley fue un “punto final”, por lo que volvemos a olvidar la historia, incluso la más reciente.

No vale lamentarse ahora: los que aprobaron dicha ley no fueron sólo los viejos franquistas, sino ellos y todos los oportunistas que se subieron al carro de la transición, participando en las elecciones de junio de aquel año. Partidos políticos como el PSOE, el PCE o el PNV no se pueden lamentar por ello, ni por haber mantenido la boca cerrada desde 1977 y las fosas cerradas desde 1939.

La ley de amnistía de 1977, lo mismo que otras anteriores, no sacó a todos los presos políticos a la calle por lo que no es una ley de punto final. Pero sacó a muchos a regañadientes y en esa medida fue una gigantesca conquista de la lucha en la calle, lograda a costa de numerosos muertos, detenidos y torturados.

Que los fascistas aprovecharan el momento para amnistiarse a sí mismos y que los oportunistas que he mencionado -y otros que se podrían añadir- mantuvieran la boca cerrada, es el signo diferencial del país en el que vivimos, o sea, más de lo mismo. El fascismo no hubiera podido perpeturarse hasta hoy sin ese apoyo.

Operación Barbarroja: cuando el Ejército Rojo atacó al III Reich, ¿o fue al revés?

Se llama Operación Barbarroja al ataque iniciado por el III Reich contra la URSS el 22 de junio de 1941, que continuaba con otros ataques parecidos llevados anteriormente por la Alemania nazi contra varios países europeos.

Hasta hace muy poco tiempo el relato histórico de esos ataques iniciados en 1939 era uniforme: en todos los casos el agresor -y por tanto, el responsable de los mismos- era el III Reich.

Sin embargo, en la medida en que la capacidad de intoxicación imperialista es mayor, su atrevimiento para falsear la realidad histórica también crece proporcionalmente, y ha llegado al punto en el que puede alterar los más evidentes acontecimientos con una penetración ideológica sorprendente y masiva.

Paralelamente, el movimiento obrero y comunista internacional retrocede y no reacciona, o lo hace muy débilmente, por lo que en gran parte ya está absorbido por la propaganda imperialista, que cada vez es más claramente favorable a las posturas del III Reich, incluso en los ámbitos académicos y universitarios.

Recientemente ha aparecido una corriente historiográfica según la cual la Alemania nazi atacó a la URSS preventivamente, para adelantarse a los “planes expansionistas soviéticos”. A mayor abundancia, el malvado plan de Stalin no consistía sólo en invadir Alemania sino toda Europa occidental.

Ciertos historiadores contemporáneos, que acabarán convirtiéndose en mayoritarios dentro de muy poco tiempo, sostienen lo mismo que los nazis en 1941. En la madrugada del 22 de junio, el embajador soviético en Berlín recibió una declaración oficial de guerra, que leyó posteriormente en una conferencia de prensa internacional. Los nazis justificaban su ataque por la “concentración cada vez mayor de todas las fuerzas armadas rusas disponibles en un amplio frente que se extiende desde el Báltico hasta el Mar Negro”.

El ataque nazi era preventivo y, en consecuencia, estaba justificado, decía la declaración: “Ahora que la movilización general rusa ha terminado, no menos de 160 divisiones están desplegadas contra Alemania. Los resultados de los reconocimientos realizados en los últimos días han demostrado que el despliegue de las tropas rusas, y en particular de las unidades motorizadas y blindadas, se ha llevado a cabo de tal manera que el Alto Mando ruso está preparado en cualquier momento para emprender acciones agresivas en varios puntos contra la frontera alemana”.

En sus posteriores discursos, Hitler repitió varias veces la tesis del ataque preventivo y lo mismo dijeron los generales alemanes que fueron juzgados en Nuremberg en 1945. El mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, argumentó que “el ataque a la Unión Soviética se llevó a cabo para evitar un ataque ruso a Alemania” y, por tanto, fue un acto de guerra legal.

Su segundo al mando, el general Alfred Jodl, Jefe del Estado Mayor, hizo una declaración similar: “Fue innegablemente una guerra puramente preventiva. Lo que descubrimos después fue la certeza de los enormes preparativos militares rusos al otro lado de nuestra frontera. Rusia estaba totalmente preparada para la guerra”.

El tribunal no admitió sus argumentos y ambos fueron condenados y ahorcados. En aquel momento las potencias occidentales lo tenían claro: la Operación Barbarroja era una agresión nazi contra la URSS sin paliativos de ningún tipo.

En 1961 la tesis de la guerra preventiva fue defendida por A.J.P.Taylor en su libro sobre los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, que no tuvo ningún eco. Sin embargo, tras la apertura de los archivos soviéticos, la intoxicación ha creído encontrar nuevos argumentos para defender a los nazis.

En 1988 Vladimir Rezun, un antiguo oficial de la inteligencia militar soviética que había desertado diez años antes, escribió un libro bajo el seudónimo de Viktor Suvorov: “Rompehielos: ¿Quién empezó la Segunda Guerra Mundial?”, seguido en 2010 por otro: “El principal culpable: el gran diseño de Stalin para empezar la Segunda Guerra Mundial”.

Según Suvorov, el 22 de junio de 1941 Stalin estaba a punto de lanzar una ofensiva masiva contra Alemania. Los preparativos habían comenzado en 1939, justo después de la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop, y se habían acelerado a finales de 1940, con el despliegue de las primeras divisiones en la frontera con el III Reich y Rumanía en febrero de 1941.

El Ejército Rojo no se preparaba para defenderse, sino para atacar. La movilización alcanzó los 5,7 millones de soldados, un ejército gigantesco imposible de mantener durante mucho tiempo en tiempos de paz. A partir del 13 de junio, un incesante movimiento de trenes nocturnos transportó miles de tanques, millones de soldados y cientos de miles de toneladas de municiones y combustible hacia la frontera.

Según Suvorov, si Hitler no hubiera atacado primero, el gigantesco poderío militar que Stalin había acumulado en la frontera le habría permitido llegar a Berlín sin mayores dificultades y luego, en el curso de la guerra, tomar el control de toda Europa. Sólo la decisión de Hitler de adelantarse a la ofensiva de Stalin frenó los planes del Ejército Rojo.

La Operación Barbarroja fracasó; los nazis no pudieron acabar la URSS, ni apoderarse de su territorio. Sin embargo, dice Suvorov, gracias al ataque el III Reich salvó a Europa del comunismo. Para el imperialismo actual, ésta es la conclusión más jugosa.

Las tesis de Suvorov han comenzado a ser seguidas por muchos historiadores. Algunos son alemanes y otros incluso rusos, aunque una teoría, como la de Suvorov sólo se expande si se escribe o se traduce al inglés. Suvorov también ha despertado muchas críticas, que han comenzado a crear una ciénaga de criterios en algo que hasta poco parecía muy claro. Ni todos los defensores están en la misma línea, ni todos los críticos tampoco.

La confusión se suma a la que ya es típica en todos los asuntos que conciernen a la historia de la URSS: el “expansionismo” de la III Internacional, el socialismo en un solo país, el Pacto Molotov-Von Ribbentrop, la “sorpresa” de Stalin ante el ataque alemán, el desastre del Ejército Rojo al comienzo de la guerra… En cualquier caso, el centro de gravedad de la Segunda Guerra Mundial ha cambiado de sitio: ya no se mueve en torno a Hitler sino a Stalin. Para buscar las raíces de aquella guerra, ahora los historiadores tienen que ir a Moscú.

Una vez que los historiadores empiecen a buscar en otros archivos, la mayor parte de la intoxicación estará lograda, porque sobre la URSS y Stalin se puede contar cualquier cosa. Todo cuela.

(1) Icebreaker: Who Started World War II, Pluk Publishing, 2012
(2) The Chief Culprit : Stalin’s Grand Design to Start World War II, Blue Jacket Books, 2013

El antiguo Presidente de Lituania es un nazi implicado en matanzas durante la Segunda Guerra Mundial

El gobierno de Bielorrusia acusa al antiguo Presidente de Lituania, Voldemaras Hubertas Laimutis Adamkavicius, de complicidad con el “Carnicero de Minsk”, Antanas Ludvikos Impulyavicius-Impulenas, quien, junto con los ejércitos nazis, llevó a cabo varias matanzas en masa contra la población bielorrusa durante la Segunda Guerra Mundial.

Más de dos millones de personas murieron en el territorio de Bielorrusia a manos de colaboracionistas lituanos que habían jurado lealtad al III Reich.

La Fiscalía de Bielorrusia ha abierto un sumario al respecto y ha enviado una solicitud a Lituania para interrogar al antiguo Presidente de Lituania, que ahora tiene 94 años, como testigo en el caso y para comprobar su participación en los crímenes de los batallones de castigo nazis.

Las matanzas las llevaron a cabo los batallones lituanos 2, 3 y 15. Durante la operación de castigo “Fiebre de los pantanos”, los batallones 3 y 15 fusilaron al menos a 200 refugiados y vecinos en Starobin, Andrashovshchizna, Tzekovka y Zharkava. Además, el 15 Batallón mató a 20 vecinos de Derechin durante la Operación Hamburgo, llevó a cabo asesinatos en masa en las regiones de Niasvizh, Kopyl y Stolbtsy, y envió al menos a 200 habitantes del distrito de Lida a realizar trabajos forzados en Alemania.

El 2 (12) Batallón, dirigido por Impulyavicius-Impulenas, apodado el “Carnicero de Minsk”, se formó con voluntarios que vivían en la actual Lituania y llevó a cabo operaciones de castigo en las regiones de Minsk y Brest. En total, los asesinos de esta unidad masacraron brutalmente a decenas de miles de personas.

El 27 y 28 de octubre de 1941, bajo el mando personal del “Carnicero de Minsk”, el batallón masacró al menos a 5.000 presos en el ghetto de Slutsk. En el transcurso de la operación, sacaron a los vecinos de sus viviendas y les golpearon brutalmente con palos, mangueras de goma y culatas. En el lugar de la ejecución, se les obligó a desnudarse completamente, a tumbarse en la fosa en grupos de 25 personas encima de los que ya estaban muertos y les dispararon con armas de fuego. Cubrieron de tierra las fosas donde había personas que aún daban señales de vida.

Con la mayor crueldad, los nazis lituanos mataron a más de 1.700 judíos en el distrito de Berezina y a unos 4.200 prisioneros en el ghetto de Minsk en 1941. En octubre de 1941, asesinaron a más de 7.000 civiles en el distrito de Minsk.

El Batallón, junto con otros colaboracionistas, participó en otras operaciones de castigo, como la “Magia de Invierno” (febrero-marzo de 1943), cuyo objetivo era crear una “tierra quemada”, es decir, un territorio en el que se excluía a la población de vivir y permanecer en una zona de 30-40 kilómetros de ancho a lo largo de la frontera letona.

Como resultado de esta operación, 387 localidades habitadas fueron destruidas, más de 13.000 habitantes fueron asesinados, más de 7.000 fueron obligados a realizar trabajos forzados. En el momento de la liberación de la ocupación nazi, como resultado de las matanzas, la población del distrito de Osvezhsky de la región de Vitebsk se redujo en más del 60 por ciento y la del distrito de Drissa en un 52 por ciento.

La investigación de la fiscalía comprueba también otras atrocidades cometidas por las unidades de castigo lituanos y destaca que muchos asesinatos se cometieron de forma brutal. Supusieron una muerte larga y dolorosa. Por ejemplo, en Belyany, los asesinos grabaron con un cuchillo estrellas de cinco puntas en el pecho y la espalda de un niño de ocho años y luego lo arrojaron al fuego. Antes de quemar a un niño de un año y medio, le rompieron la cabeza y le arrancaron los dedos. Una niña de siete años murió apuñalada y su madre fue cortada y quemada. En Borisov, a todos los miembros de una familia (adultos y niños), les cortaron los brazos y el cuello antes de ahogarlos en el río. En Volodarka, 146 mujeres y niños fueron atados, rociados con gasolina y quemados.

Cuando el Ejército Rojo se acercó a las fronteras de Lituania, el “Carnicero de Minsk”, junto con otros criminales nazis, se unió a otras unidades armadas colaboracionistas (la milicia local lituana y el Ejército de Defensa de la Patria), que estaban subordinadas al III Reich.

Junto con el “Carnicero de Minsk”, Laimutis Adamkavicius se escondió en la parte de Alemania que quedó bajo la ocupación militar de Estados Unidos y Gran Bretaña. En 1949 se refugió en Estados Unidos para escapar de las matanzas cometidas y se puso al servicio del “Carnicero de Minsk”, que en la época soviética fue condenado a muerte por el Tribunal Supremo de Lituania.

Estados Unidos no accedió a su extradición y cambió su nombre por el de Valdas Adamkus. Tras la caída de la URSS regresó a Lituania y en 1998 le designaron como Presidente.

La fiscalía bielorrusa tiene una lista con los apellidos y nombres de los miembros del 2 (12) Batallón Lituano, y también fotos de sus distintos participantes. El papel de cada uno de los miembros del batallón ya identificados, así como el de Adamkus.

Serguei Grichkevitch https://kpu.ua/uk/99144/vesty_yz_belorussyy_bez_sroka_davnosty

El franquismo hizo desaparecer a la población molesta de los pobres vencidos en la guerra civil

“Restos de los cadáveres enterrados sin cajas, hacinados y sepultados como animales. Aterra ver las fotografías de lo ocurrido” aquellos días de posguerra. En Andalucía se construyeron más de medio centenar de campos de concentración para el trabajo esclavo de presos políticos. Muchos vivieron en las peores condiciones de trabajo, higiene y hacinamiento. Sin embargo poco se conoce de uno en particular, un campo de exterminio, ubicado en el municipio de la Algaba (Sevilla), conocido como las Arenas, que comienza esta semana los trabajos de exhumación de sus 144 víctimas.

Sus presos eran “mendigos” reincidentes “tratados como presos políticos en la dictadura franquista en la medida que las autoridades los encarcelaban y actuaban las autoridades de los vencedores nunca Tribunales de Justicia”. María Victoria Fernández Luceño, historiadora experta en este campo señala que a aquellos reclusos “no los castigaban y encerraban por delincuentes sino por su forma de vida”. No se puede decir a medias tintas. Era lo que se conocía en la Alemania Nazi como un campo exterminio.

Luceño afirma con rotundidad que “en los documentos del Archivo Municipal [se refleja] que el médico informó de que no le dejaban el régimen hospitalario a los enfermos necesitados de cuidados especiales. Tampoco que fueran hospitalizados”. Todos murieron entre agosto de 1941 y diciembre de 1942. En la fosa de las Arenas hay 144 víctimas de varias nacionalidades, entre ellos algún portugués y otro argelino.

Juana González nunca conoció a su tío, Juan Luis Monge, pero sí el dolor de por vida de su abuela que nunca olvidó “como a su niño se lo llevaron en un coche desde Chucena, Huelva, y nunca más se supo de su paradero”. Francisca, abuela de Juana, intentaría en aquellos años del hambre conocer, descifrar dónde estaba. “Sabía que el alcalde franquista que llegó después de la guerra había dado la orden de quitarlo de en medio. No hacía daño a nadie, pero tenía una discapacidad intelectual y no tuvieron piedad”, aclara Juana a Público. Juan Luis paseaba por las calles del pueblo. “Se paraba con las vecinas, a veces se sentaba con ellas, pero aquello que hicieron no tuvo nombre y era imposible en aquellos días de la dictadura meterse a investigar”. Juan Luis tenía 18 años y murió en el campo de las Arenas el 7 de mayo de 1942.

La misma edad tenía Manuel Pereira Buzón, natural de San Pedro de Ancorados, en Pontevedra, cuando muere en el campo de las Arenas sin conocer qué ocurrió en su viaje a Cádiz, donde quería embarcarse en busca de una vida mejor. Fina destaca que “Manuel era su tío por parte de padre. Sabemos que se marchó muy joven para irse a Cádiz. No sabemos bien qué ocurrió en aquel viaje, dónde acabó y menos las circunstancias que lo llevaron a aquel campo” en el que murió el 14 de julio de 1942.

Gracias a la Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática Vega Media del Guadalquivir se han logrado rescatar a algunos familiares, pero sin apenas datos de aquel proceso ni qué ocurrió para morir en las peores infecciones en aquel campo de muerte. “Ha sido y sigue siendo un trabajo muy complicado, porque han pasado muchos años y por las especiales circunstancias personales en que vivían muchas de las víctimas del campo de exterminio”, destaca Celestino Sánchez-Espuelas Gutiérrez, secretario de la Asociación. “Nos hemos tenido que poner en contacto con los ayuntamientos de procedencia de las víctimas, comunicarles los datos de que disponíamos de las personas fallecidas y si nos podían aportar información sobre posibles familiares”.

La Asociación no ha podido rescatar muchos datos por la falta de contacto entre unas generaciones y otras, pero es real que cuando conocen la historia “les impresiona cuando se enteran de las circunstancias en que fallecieron de hambre, frío, enfermedad y faltos de cuidados”.

Gracias a los registros civiles, donde están identificadas las víctimas, se ha podido conocer por ejemplo como el tío de Juana acabó en el campo de exterminio y murió el 7 de mayo de 1942 de tifus exantemático. “Cosas así te impresionan y te sobrecogen, pero te dan ánimos para seguir trabajando en la recuperación de la memoria y de dignificación de las víctimas”.

Juan Manuel Guijo, arqueólogo encargado de la localización, exhumación e identificación de víctimas en el campo de las Arenas, señala que “los reclusos de Las Arenas representarían en la mayor parte de los casos un grupo humano muy dañado por la enfermedad y el hambre antes de su realojo”.

El equipo evidencia cómo va a encontrar “esqueletos que no deben tener muchas afecciones por violencia directa dado que las víctimas sufrieron un total abandono hasta que su resistencia por la enfermedad o el hambre se quebró”. Al estar muchas de estas personas vinculadas a la marginalidad, muchos de los daños que presenten se podrían deber a esas etapas anteriores. “Posiblemente nos podamos encontrar a un grupo humano terriblemente castigado. Desconocemos si en el encierro sufrieron además otro tipo de malos tratos” concluye Guijo.

Es relevante conocer “procesos infecciosos, traumas, repercusión del hambre y otras evidencias que permitan ver un deterioro físico”. En ninguno de los casos se encontrarán orificios de salida ni fusilados, como ocurre en la mayoría de fosas.

La necesidad de este trabajo en su primera fase se centrará en “exhumar todo lo posible, pero tendrá que haber otra si el depósito se conserva razonablemente bien”. El objetivo esencial además de exhumar lo posible es evaluar la cantidad de sujetos que se pueden encontrar allí. “Deberían ser unos 144, pero la actividad funeraria del espacio puede haber provocado daños”, señala el informe arqueológico previo.

Fueron las “autoridades [franquistas] sevillanas, gobierno civil y ayuntamiento las que hicieron desaparecer a la población molesta de los pobres vencidos en la guerra civil”, señala la investigadora Luceño. Más de 140 hombres de distintas edades que en unos diez meses “fueron encerrados en un terreno con vallas y personal de vigilancia para que no escaparan y así fueron condenados a morir de frío, hambre y enfermedades”.

Santiago Benítez Castro, hermano de abuelo Francisco Benítez Castro, se encuentra entre las víctimas. Ignacio Benítez, catedrático de la Universidad de Jaén, señala: “Me he enterado hace poco y me encuentro consternado por la noticia. Si sabían algo, nunca lo dijeron”, aclara. Es la radiografía de la represión: silenciar el rastro y no dejar que nunca las historias pudieran salir a la luz. “Ambos nacieron en Alhama de Granada. pero primero vino la guerra y luego la posguerra, donde con el miedo y la ruina no se podía hablar”. Su tío Santiago Benítez parece que no tenía pareja ni hijos.

“Si algún hermano sabía algo de su vida se lo llevó al otro mundo”, de forma que cayó en el olvido. Ignacio señala que “este campo de exterminio, como así fue, es un ejemplo de las barbaridades que se practicaron en la aplicación de la ley de vagos y maleantes, que consideraba cómo peligroso a estos méndigos” que pasaron las peores situaciones de carestía y que hoy “merecen recuperar su dignidad como seres humanos”.

—https://www.publico.es/politica/campo-exterminio-fosa-algaba-sevilla.html

La Unión Europea y los medios defienden al neonazi capturado en Bielorrusia

A veces le toca a Rusia y a veces a Bielorrusia. En unos casos el montaje de lleva a cabo con sujetos como Skripal y en otros con clones suyos, como Navalny. Los medios internacionales no descansan. En cuanto desmientes un bulo, tienen el siguiente en marcha.

Ahora le ha tocado el turno a Roman Protasevitch, protagonista de un rocambolesco aterrizaje de emergencia en Minsk. Los medios atacan a Bielorrusia por encarcelar a un periodista, ocultando que es un mercenario del Batallón neonazi Azov que participó en el Golpe de Estado en Ucrania y en la Guerra del Donbas.

En su blog Andrei Biletsky, antiguo comandante del Batallón Azov, asegura que Protassevitch estuvo con el Batallón, pero sólo como “periodista”. No obstante, si alguien tiene la paciencia de buscar en internet un artículo de Protasevitch sobre la Guerra del Donbass, no lo encontrará.

El “periodista” Protasevitch resultó herido cerca de Chirokino y en el número 15 de la revista del Batallón aparece en portada posando de uniforme con una pistola en la mano.

Al quedar con el culo al aire, algunos dijeron que la foto había sido manipulada para añadir el rostro de Protasevich. Hubo que rebuscar y apareció un archivo pdf publicado el 8 de julio de 2015 en una página del Batallón alojada en la red rusa VK. No había ninguna manipulación en la foto de la portada.

Lo bueno es que, en medio de la polémica salieron del armario muchas más fotos y vídeos, incluso con el propio teléfono de Protasevitch. El “periodista” aparece con el uniforme del Batallón, pistola en mano y un montón de cargadores para su ametralladora en su chaleco antibalas.

También aparece en un vídeo y en fotos tomadas durante un desfile del Batallón en Mariupol, al sur de Ucrania. ¿Desde cuándo los periodistas participan en los desfiles militares?

En un mitin, el padre de Protasevich admitió que su hijo había luchado en la Guerra del Donbas. “Se presentaron casos contra mi hijo ya en 2014, cuando estaba en el territorio del Donbas y luchaba junto al ejército ucraniano”, dijo. Una vez que su hijo fue detenido en el aeropuerto de Minsk se retractó de sus palabras anteriores.

El propio Protasevitch se disparó en el pie. En septiembre de 2015 concedió una entrevista a Nasha Niva con una foto ilustrando el artículo en la que su cabeza aparece oculta. Mala suerte: esa misma foto, pero sin ocultar nada, es la que tiene en su móvil.

El nombre de guerra de Protasevitch en el Batallón nazi es “Kim”, el mismo que aparece en la entrevista. Reconoce que fue herido cerca de Chirokino y que lucha en Ucrania porque tiene antepasados ucranianos, que odia a los comunistas y a Rusia como sucesora de la URSS y para “detener a la horda rusa de Putin” antes de que ataquen a Bielorrusia. Incluso cuenta su primer combate y su primer disparo.

En otra foto el “periodista” posa con una camiseta de Sva Stone con cuatro esvásticas, una marca característica de los batallones neonazis Azov y Sector Derecho. La marca vende camisetas con nombres como “sangre pura” o “Sekira Perouna”, el nombre de un grupo musical neonazi. También es posible verle con chalecos “blitzkrieg” (guerra relámpgo), o “Romper Stomper”, el nombre de una película sobre una banda de rapados neonazis de Melbourne.

Es repugnante. Los países de la Unión Europea y los medios de comunicación defienden a gentuza impresentable como Roman Protasevitch y otros nazis de ayer y de siempre.

Protasevitch posando para la portada de la revista del Batallón Azov

María José Bravo del Barrio: violada y asesinada por los franquistas en 1980 cuando tenía 16 años

A las 19’30 del 7 de mayo de 1980, un muchacho tambaleante y muy malherido ingresó en la UVI de un hospital de Donostia; presentaba hundimiento craneal con fractura del hueso temporal, herida inciso-contusa en la frente, hematoma consecuente en un ojo y raspaduras en espalda y extremidades. Apenas discernía qué le había ocurrido, sólo recordaba que había oído gritar a su novia, pero no sabía dónde estaba. Era Francisco Javier Rueda Alonso, de 16 años, trabajador en una pastelería de Loyola, novio de María José Bravo del Valle.

Ambos recorrían juntos todos los días el camino desde su barrio Loyola por el Camino de la Misericordia hasta la clínica Asepeyo, donde cada día, desde que él se quemase la mano trabajando, le realizaban las curas. Era un lugar conocido, de juegos de niños, paseos, parejas que buscaban la intimidad.

A las 6 de la tarde del día 8 de mayo de 1980, inspectores de la Brigada Judicial localizaron, en una ladera del camino, a unos 200 metros del lugar donde fue recogido Javier, el cadáver de María José desnudo de cintura para abajo, con tremendas heridas en la parte posterior de la cabeza y arañazos en tronco, muslos, extremidades, su prenda íntima inferior destrozada.

La autopsia certificó que había sido violada, y después, asesinada con golpes reiterados en la cabeza, unas 20 horas antes de encontrarse sus restos. Los especialistas concluyeron que había sido asesinada en otro lugar y arrojada, posteriormente, por el pequeño terraplén. Un grupo había salido al paso de ambos jóvenes, al parecer les creían vinculados al mundo abertzale. Golpearon con un bate de béisbol a Rueda hasta dejarlo sin sentido. A María José la secuestraron y asesinaron por el mismo sistema tras violarla. El asesinato fue reivindicado por el Batallón Vasco Español.

La policía negó la hipótesis del atentado terrorista. Hubo total ausencia de investigación policial de ese crimen, ni actuación judicial, ni indemnización, ni autoridades presentando sus condolencias a la familia. Nadie contactó con ellos, la familia no ha recibido perdón institucional. El asesinato de Mª José jamás se esclareció. No se tuvieron en cuenta las declaraciones de diferentes testigos que vieron a un grupo de personas internándose por el sendero tras la pareja. La ropa que llevaba la joven en el momento del crimen desapareció de las dependencias policiales. Quienes asesinaron a la joven donostiarra no cumplieron condena alguna por su crimen. No fueron perseguidos ni molestados.

María José tenía 16 años, era la menor de los 3 hijos de Alfonso Bravo, taxista, y María Pilar del Valle, ama de casa. La más pequeña, la reina de aquel hogar gozoso. Era estudiante, tenía un camino vital, empedrado de ilusiones, que apenas había empezado a recorrer. La oscuridad se cernió sobre ambas familias. La familia de M.ª José quedó destrozada. María Pilar vivió con un dolor intenso toda su vida y llegó a quemar todas las fotos de su hija por nel daño que le hacía verlas. Alfonso, perdió a su hija pequeña, su princesa, nunca se recuperó de aquel horror, ya no fue el mismo. Murió pronto. Javier también murió 8 años después, herido en lo más íntimo, con graves secuelas físicas, graves lesiones de las que no se recuperó. Sus hermanos Alberto y Rosa Mari mantienen el doloroso recuerdo de haber perdido a su hermana pequeña.

Sólo en el año 1980 hubo 11 denuncias por violación por grupos de extrema derecha que no fueron investigados. Al menos tres oleadas al respecto sacudieron Iruña en el 78, Rentería en el 79 y la propia Donostia en el 80, demostrando que el singular ataque y amedrentamiento franquista contra las mujeres formaba parte de una estrategia. El asesinato de M.ª José no fue un acto de violencia gratuita. La violencia cotiza al alza en el mercado del terror y María José pagó el precio del ser mujer. Los fascistas utilizan habitualmente el cuerpo de la mujer como campo de batalla, un territorio que someter, sembrar miedo, crecer una derrota, una humillación colectiva, la violación como castigo colectivo han sido y son estrategia del terror franquista. María José pagó un precio tremendo por ser mujer.

Fue uno más de las decenas de asesinatos cometidos por grupos de extrema derecha o fuerzas parapoliciales que no fueron investigados, y sobre los que pesa la complicidad oficial, el olvido, la indiferencia, el abandono institucional, la falta de reconocimiento de tantas personas asesinadas; sigue en el caso de María José Bravo ejerciendo su inmisericorde condena. La sociedad vasca nunca borrará la culpa de todo el reguero de muertes que se generó en todos estos años. Pero la culpa será mayor si con algunas víctimas sigue venciendo el olvido.

—https://documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com/2019/12/08/maria-jose-bravo-del-barrio-violada-y-asesinada-a-golpes-por-elementos-franquistas-en-donostia-en-1980-tenia-16-anos/

Un soviético que luchó con 10 años contra los nazis relata cómo los niños combatieron en la Segunda Guerra Mundial

Alrededor de 300.000 niños y adolescentes soviéticos participaron en acciones de movimientos de resistencia o en el frente luchando contra los nazis durante la Gran Guerra Patria. Sus historias son innumerables, pero muchas de ellas no fueron plasmadas en los archivos.

La Gran Guerra Patria se llevó las vidas de millones de ciudadanos de la antigua Unión Soviética y no solo los adultos participaron en combates. Miles de menores de edad, los llamados “hijos de la guerra”, también ayudaron en las hazañas del Ejército Rojo. Ese es el caso de Arkadi Nikonórov, quien con solo 10 años tuvo que hacer frente a la dura realidad, pero demostró un carácter de hierro ayudando en la provincia de Briansk a la guerrilla.

«Yo era como un agente encubierto, era un gran secreto. Ni siquiera mis familiares podían saberlo, porque era un enlace entre los partisanos y la población local. Mi objetivo era mantener la comunicación», contó este veterano.

Nikonórov asegura que un gran número de sus contemporáneos querían ayudar al Ejército Rojo. Y fue así como, alrededor de 300.000 niños y adolescentes participaron en acciones de movimientos de resistencia o en el frente luchando contra los nazis. Oficialmente 25.000 menores se convirtieron en los llamados “hijos o hijas del regimiento”, cuando los comandantes tomaban la decisión de oficializar su presencia en las unidades y abastecerles de provisiones.

«Era frecuente en diferentes unidades que los soldados, al encontrarse con niños solos, abandonados, no pudieran quedarse indiferentes, por eso se los llevaban y después de algunos meses se decidía si los enviaban a la retaguardia o los dejaban como ‘hijos del regimiento’”, narra al respecto Nikonórov.

Serguei Alióshkov es considerado como el “hijo del regimiento” de menor edad de la Gran Guerra Patria. Tras quedar huérfano con tan solo 6 años, fue adoptado oficialmente por el comandante de una unidad. El pequeño incluso fue condecorado con la medalla por el servicio en combate por salvar a su padre adoptivo. En 1942, encontrándose bajo fuego enemigo, dio la voz de alarma y ayudó a sacar al comandante de un búnker destruido.

Las historias de la grandeza de los niños pequeños son innumerables, pero muchas de ellas no fueron plasmadas en los archivos. Por eso Arkadi decidió crear una obra de envergadura, la trilogía “Los pequeños héroes de la Gran Guerra”, donde rinde tributo a todos aquellos que sobresalieron por su actitud en momentos difíciles.

—https://actualidad.rt.com/actualidad/391611-veterano-lucha-guerra-nino-ayudar-vencer-nazis

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