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El fascismo futbolístico se exhibe

En su presentación como nuevo fichaje del Real Jaén el futbolista Nuno Silva lució una camiseta con el careto del criminal Franco. Tras el correspondiente revuelo, el futbolista se disculpó alegando una supina ignorancia sobre la historia de España. Es bastante normal que un futbolista carezca en la cabeza de la habilidad que muestra con los pies. También es normal que un fascista sea un ignorante, y a la inversa.

Si el fichaje se hubiera producido en Alemania y el individuo hubiera aparecido con una camiseta con la imagen de Hitler, la cosa no se hubiera podido saldar con unas disculpas, ni con una incultura galopante. Alguien le habría sacado de su tontería al futbolista para explicarle que mostrar en público la cara de un verdugo no es nada simpático.

Pero en España nadie advirtió al futbolista que no hiciera el gilipollas. En las clases de historia que aquí se imparten se pasa de puntillas sobre las décadas de sanguinaria dictadura para no herir la sensibilidad de los fascistas, que no se esconde en reivindicar un pasado de represión, crímenes y torturas porque se sabe impune ante las leyes.

Aquí el Código Penal no considera la apología del fascismo como un delito, mientras en Alemania el artículo 86 del Código Penal castiga la propaganda y exhibición de símbolos nazis. Levantar el brazo con un saludo fascista o ponerse una camiseta con la foto de Hitler está penado por la ley. Lo mismo sucede en los Códigos Penales de Francia o Italia.

En España han aprobado una ley mordaza para mantener a la gente con la boca cerrada ante la explotación y apelan a la libertad de expresión para quienes celebran la dictadura franquista y lucen sin pudor su simbología.

La deformación que se proporciona en las escuelas españolas sobre tantas cosas, incluido el fascismo, es una parte del problema. Pero es que las escuelas son parte del fascismo. ¿Qué se habían creído?

Escalada de agresiones racistas en Alemania

Susana Gómez

Por eso que dicen de que empezar un artículo con números es aburrido: 176 fueron los ataques contra alojamientos para refugiados en Alemania solamente hasta finales de junio. En todo 2014, no llegaron a 200, así que puede verse con claridad el aumento. El tipo de ataque: piedras, cócteles molotov que provocan incendios, pintadas de esvásticas… de todo. En la mayoría de los casos la agresión es contra albergues en planificación, en obras, en los que aún no están viviendo refugiados en el interior. En otros casos, como pasó el 11 de julio en el pueblecito de Böhlen, incluso disparan fuego real contra un albergue en el que están viviendo refugiados dentro.

Alemania tiene un problema de racismo y en todos los medios, en el centro de la sociedad, se encuentra ahora mismo este debate, porque cada semana el corazón se sobrecoge con una nueva noticia de muestras de xenofobia. El viernes 24 de julio, en Dresde, delante de unas carpas que habían montado para acomodar a un millar de refugiados, tuvo lugar una manifestación del partido neonazi NPD, así como otra demostración en defensa de los refugiados. Según cuenta la prensa, habrían sido unos 200 neonazis y unos 350 defensores de los refugiados. Los primeros, al parecer, atacaron a los segundos con piedras y botellas rotas provocando tres heridos, uno de ellos de gravedad.

[…] Los racistas extremos son muchos menos que los racistas de andar por casa o que, sobre todo, los antiracistas. Y, de ese modo, en el pueblito de Freital, en Sajonia, semana tras semana medio pueblo se dedicaba a manifestarse delante de un asilo de inmigrantes. La mayoría huidos y traumatizados, explicaban en la televisión pública que estaban muertos de miedo y con razón no se atrevían a salir solos o por la noche. Hasta que todo el país se enteró y se organizaron autobuses, un concierto antifascista y hasta el colectivo de artistas Dies Irae llevó a cabo una acción de guerrilla urbana colocando publicidad pro-refugiados en las paradas de autobús. Los eslóganes no tienen desperdicio: “El zorro es listo y se hace el tonto – el nazi hace lo contrario” o “Los nazis comen falafel en secreto”. El jefe del partido de izquierdas Die Linke, Michael Richter, sabe a que se están enfrentando en Freital: su coche salio volando por los aires después de que desconocidos colocaran un explosivo en la noche del domingo 26 de julio.

Este inconveniente de cara más radical que le ha surgido a la sociedad alemana es en realidad la punta del iceberg del pensamiento egoísta y miedoso de una buena parte de la sociedad alemana, como las manifestaciones del movimiento Pegida pusieron de manifiesto. Los “patriotas europeos contra la islamización de occidente” han dado la nota durante meses mezclando conceptos y expandiendo una cultura de negación de la diversidad y de rechazo al extranjero. Si bien estas protestas por fin se han calmado en los últimos meses, su trabajo de propaganda ha calado entre determinados sectores sociales.

Pegida se distancia de los ataques a inmigrantes, a albergues para refugiados y hasta de las manifestaciones que tienen lugar justo en frente de las residencias de refugiados. Sin embargo, miembros del movimiento han demostrado, sobre todo en internet, lo peligrosos que pueden llegar a ser, amenazando a periodistas, deseándoles la muerte y tratando de asustarles para que no informasen de una forma negativa sobre el movimiento. Y es que internet es el lugar donde el problema alemán actual más patente queda: cientos y cientos de comentarios en páginas de Facebook y en blogs llenos de odio y miedo a los extranjeros que vienen huyendo de las guerras o quién sabe de qué.

[…] Las condiciones en que los refugiados son alojados en Alemania son mas que dudosas en muchos casos. Ahora el ejército, en un generoso acto, ha puesto cuarteles con capacidad para 3.500 personas a disposición de los refugiados. Por suerte, podrán vivir en un verdadero ambiente carcelario en medio de la nada. Con la puerta abierta, pero con un billete a ninguna parte, ya que en muchos casos no hay ni autobús de línea ni ellos tienen dinero para pagarlo.

Fuente:  https://www.diagonalperiodico.net/libertades/27463-alemania-tiene-problema-racismo.html

El racismo es el fascismo

Xavier García Albiol, exalcalde de Badalona entre 2011 y 2015, será el candidato del PP en las elecciones catalanas del próximo 27 de septiembre. Lo ha anunciado en la mañana del 28 de julio la presidenta del partido en Catalunya, Alicia Sánchez Camacho. Albiol, nacido en esa localidad barcelonesa en 1967, competirá a priori con Unió y Ciudadanos para atraer el voto de centro-derecha en unas elecciones marcadas por la emergencia de una candidatura unitaria de carácter independentista diseñada por el actual president, Artur Mas.

Albiol, que en junio descartaba presentarse como número uno del PP a la Generalitat, no ha dejado grandes titulares sobre la “cuestión” independentista –el PP catalán, obviamente, no participó en la consulta del 9N–, aunque ha defendido en repetidas ocasiones su derecho a sentirse “catalán y español”.

Sin embargo, el exalcalde es más conocido por sus campañas de agit-prop antiinmigración, un nicho de votos que el PP ha querido explotar, en ocasiones con poco disimulo, como con el fichaje de tres exconcejales de la ultraderechista Plataforma Per Catalunya.

Las últimas elecciones locales supusieron un varapalo para García Albiol, que, pese a encabezar la lista más votada, perdió la alcaldía por un “pacto de perdedores” en sus propias palabras entre Guanyem Badalona en Comú, PSC, ERC e ICV. Pero, junto a su derrota, García Albiol protagonizó la campaña por la colocación de carteles con el lema Limpiando Badalona, que fue entendido como xenófobo entre otros por el periodista Jordi Évole.

Albiol, que había dejado otro titular al decir “que Dios nos coja confesados si yo no soy el alcalde”, ha marcado una línea en ciudades como Cornellá u Hospitalet –donde el discurso racista de la candidata popular supuso la pérdida de tres de los seis concejales que tenía el partido–, y ha dejado algunas frases que muestran su forma de entender la política y la sociedad:

“Los gitanos rumanos son una plaga” (abril de 2010)

“Con 600.000 parados en Catalunya no creo que hagan falta más inmigrantes”

“Los catalanes no son racistas [pero] decimos basta a una situación y un discurso ‘bonista’”


[Las ayudas sociales] “no son como un chicle que se puede ir estirando y estirando”

Febrero de 2014. En la misma noticia: “Podría haber ciertos problemas coincidentes entre Bilbao y Badalona, por ejemplo en determinados barrios en temas de inmigración y desestructuración social”.

“Pese a lo que piensen algunos, continuaré expresándome en libertad para explicar cuáles son los problemas reales que sufren los vecinos de algunas calles de la ciudad”

(25 de julio de 2014) Tras el juicio en el que se le absolvió de un presunto delito de provocación al odio y a la discriminación.

“Quizá es el momento (para) que (la) UE se plantee si puede seguir con política (en la) que cualquiera tiene todos los derechos. No todas las opciones son válidas”

(enero de 2015) En Twitter tras el atentado en la sede de Charlie Hebdo en París

“Se está condenando a niños del barrio de Sant Roc a ir a clase con el 90% de extranjeros” (febrero de 2015)

“No me parece razonable (que) el centro cívico de La Salut se convierta durante UN MES en una mezquita para rezar ramadán”

(julio de 2015) Desde su cuenta de Twitter, estando en la oposición en el Ayuntamiento de Badalona.

Folleto repartido en Badalona
https://www.diagonalperiodico.net/global/27471-perlas-xenofobas-del-candidato-del-pp-la-generalitat.html

Franco, hijoputa

N.B.

Hay truco en el título. Contaremos una breve historia que bien puede pasar por historieta ya que se puede prestar a lo tragicómico siendo, como es, real y verídico lo que diremos a pesar de, como decimos, su trasfondo jocoserio.

¿Se han preguntado ustedes alguna vez por qué se conoce a los árbitros de fútbol españoles por sus dos apellidos? Eso sólo pasa aquí. El árbitro -murciano- Ángel Franco Martínez ya era uno de los más prestigiosos cuando una tarde, a principios de los años setenta del siglo pasado, le convocaron en el piso del canónigo de la catedral de Murcia. Debía asistir a una reunión sobre el partido Real Sociedad-Athletic de Bilbao que tenía que pitar ese fin de semana en el estadio de Atocha donde se jugaba el derby vasco. El trencilla -que diría Matías Prats Sr. o Miguel Ors- pensó que lo citaban para «comprarlo» o algo parecido (los árbitros en el Benito Villamarín, por ejemplo, cuando se iban a cambiar en el vestuario minutos antes del partido, se encontraban con un Rolex en el cajoncito de la mesa: lo podías coger o no, nadie te obligaba). Pero no. Ya en tierra vasca un sacerdote y el secretario del ministro de la Gobernación (hoy Interior), Tomás Garicano Goñi, le «sugirieron» que se pusiera enfermo. No entendía nada hasta que cayó en la cuenta de que en aquella época se estaba celebrando un consejo de guerra en Burgos contra varios miembros de ETA, el célebre «Proceso de Burgos» de 1970. El referé fingió lesionarse en un entrenamiento, «¿qué iba a hacer?», se preguntó.


Era imaginable, y no digamos en una final de Copa del Generalísimo con la asistencia del general Franco en el palco, que le dedicaran gritos desde las gradas, pero esta vez al árbitro Franco Martínez, de «Franco, hijoputa», «Franco, cabrón» -lo típico en cualquier partido con un público bravo y no de tenis, ¿no es cierto?- lo que llegaría a oídos del Caudillo. Eso no podía ser. A partir de entonces, a los trencillas había que conocerles por sus dos apellidos, como sucede en la actualidad con los Undiano Mallenco o antes con Díaz Vega, Iturralde González e incluso el difunto Guruceta Muro o el pizpireto Andújar Oliver. Antes se les conocía por su primer apellido citando, no siempre, pero sí con frecuencia, su nombre de pila: (Pedro) Escartín, por ejemplo, o (Juanito) Gardeazabal. La irrupción en los rotativos de un joven árbitro de apellido Franco podía prestarse a frases maledicentes y/o ambiguas en crónicas como «Franco (el árbitro) es muy malo», «Franco se cargó el partido», «Todos culpan a Franco» y sentencias similares que facilitaban las críticas veladas al dictador lo que motivó que, en adelante, se les llamara por sus dos apellidos, ya se dijo, y sin excepción.

España, el Estado español, es el único país donde a los árbitros de fútbol se les borra el nombre de pila y se les coloca el apellido paterno y materno. Franco tuvo la culpa, pero no el árbitro pimentonero, sino el Generalísimo: «cuando arbitraba en el extranjero, me llamaban simplemente Martínez», decía… Franco Martínez.

Suena a coña y chirigota, pero cosas veredes, oiga.

El hombre del clavel

Nikos Beloyannis
Juan Manuel Olarieta
Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi de Grecia, Nikos Beloyannis fue uno de los comunistas que dirigió la lucha armada contra el fascismo. Nació en Amaliada, en el Peloponeso, en 1915, en el seno de una familia acomodada y estudió Derecho en Atenas.

En los años treinta fue detenido y encarcelado en la prisión de Akronauplia por el régimen fascista de Metaxas. Tras la ocupación nazi de Grecia en 1941, los fascistas griegos le pasaron al preso a los nazis alemanes.

En 1943 se fugó de la cárcel, incorporándose al ELAS, el Ejército Popular de Liberación Nacional, en el Peloponeso, con Aris Veluchiotis. Luego, durante la guerra civil griega fue comisario político del DSE, el Ejército Democrático de Grecia. Tras la derrota de la guerrilla comunista, en 1949 fue uno de los últimos en abandonar el país.

En junio de 1950 regresa clandestinamente al interior de Grecia para reorganizar el Partido Comunista, entonces ilegalizado. Le detienen el 20 de diciembre de aquel mismo año, acusado de ser un espía de la Unión Soviética. Además le detuvieron a su compañera, Helli Ioannidu, que se encontraba embarazada en aquel momento. Su hijo nacerá en agosto del siguiente año.

Hasta el momento del juicio, el 19 de octubre de 1951, le encerraron en una celda de castigo iluminada día y noche. Los fascistas orquestaron en Atenas el típico montaje judicial, para el que llevaron a casi 100 comunistas al banquillo. Uno de los jueces era Georgios Papadopulos que, poco más tarde, entre 1967 y 1974, dirigió la dictadura militar.

Beloyannis negó todas las acusaciones e insistió en el carácter patriótico de la lucha armada durante la resistencia contra la ocupación nazi (1941-1944), la intervención británica (1944-1946) y la posterior guerra civil (1946-1949). El 16 de noviembre el consejo de guerra le condenó a muerte a él y a otros 11 comunistas.

El 15 de febrero de 1952 se repitió la farsa judicial ante el Tribunal Permanente del ejército. Esta vez era 28 el número de acusados, entre ellos Helli Ioannidu, la compañera de Beloyannis. Las nuevas acusaciones volvían a ser de espionaje, por el descubrimiento el 14 de noviembre de varias radios clandestinas en Falera.

Durante el juicio, las fotos muestran al dirigente comunista con una sonrisa en los labios y un clavel rojo en la mano, una imagen que dará la vuelta al mundo y quedará inmortalizada por Picasso. Desde entonces los claveles rojos se convirtieron en otro de los símbolos del movimiento obrero y revolucionario internacional.

A pesar de las movilizaciones internacionales en contra del montaje judicial, el 1 de marzo de 1952 el Tribunal Militar Permanente volvió a condenar a muerte a Beloyannis.

Fue ejecutado en el campo de Gudi en la madrugada del 30 de marzo de 1952, un domingo, cuando no se ejecutaba la pena de muerte. Con él murieron ante el pelotón de ejecución, otros comunistas valerosos, como Dimitris Batsis, Nikos Kalumenos e Ilias Argyriadis.

En 1980 Nikos Tzimas rodó la película “El hombre del clavel” con música de Mikis Theodorakis sobre la vida y la muerte de Beloyannis. En el este de Berlín se levantó una estatua en su memoria y en Hungría se bautizó una ciudad con su nombre que durante décadas albergó a los refugiados políticos griegos que tuvieron que huir de su país por su lucha contra el fascismo.

Beloyannis, “El hombre del clavel”, no sólo fue un ejemplo de la lucha de los comunistas contra el fascismo en todo el mundo sino, además, un símbolo de los crímenes del imperialismo durante la Guerra Fría.

Retrato de Picasso

La ciencia que desmanteló Franco

Manuel Ansede

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.

La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/07/24/ciencia/1437736052_945031.html

14 años del asesinato de Carlo Giuliani

Carlo Giuliani
El 20 de julio se han cumplido 14 años de la muerte de Carlo Giuliani por disparos de la policía italiana durante las luchas contra la cumbre de Génova del G-8. El disparo con un arma de fuego de un carabinero acabó con su vida durante una manifestación.

El crimen fue concienzudamente preparado desde el gobierno italiano. A primera hora de la mañana, el vicepresidente del Gobierno, Gianfranco Fini, y otros dirigentes de su partido Alianza Nacional, de corte fascista, mantuvieron una reunión de varias horas en el cuartel de los carabineros. No importó que la manifestación estuviera autorizada y los “radicales” la hubieran pactado con el Ministerio del Interior, tal y como se hacía en aquellos eventos.

Era una encerrona. Los antidisturbios se colocaron estratégicamente en las zonas por donde estaba previsto que pasasen las manifestaciones y cerca de las plazas donde se realizarían concentraciones y asambleas.

Uno de los grupos de manifestantes eran los Desobedientes, que habían salido del Estadio Carlini y desfilaban por el recorrido autorizado, encontrando a su paso contenedores volteados y coches quemados. Algunos manifestantes llevan escudos de PVC transparente, con el cuerpo protegido con polietileno, esponja sintética y botellas de plástico.

Al final del recorrido acordado con el Ministerio de Interior, los carabineros, apoyados por cuatro vehículos blindados, cargan contra ellos. El ataque obliga a los manifestantes a retroceder unos metros, compactándose. Pero les resulta imposible huir porque 10.000 personas siguen tratando de avanzar, sin entender lo que está sucediendo.

Uno de los manifestantes lanza un extintor que estaba tirado en la calle contra la parte trasera de un blindado, contra el que rebota. Desde una de las ventanillas Mario Placanica, uno de los policías, saca la pistola. A cuatro metros de distancia de la ventanilla trasera del blindado, Carlo recoge el extintor y lo levanta a la altura de su cabeza.

Se oye el primer disparo. Carlo cae al suelo hacia adelante. Se escucha un segundo disparo y el blindado de la policía pasa dos veces sobre el cuerpo de Carlo. Una primera vez –de retroceso– sobre la pelvis y la segunda –yendo hacia adelante– sobre las piernas.

Los periodistas que se encontraban cerca del vehículo empiezan a tomar fotos de Carlo en el suelo, agonizando. Unos manifestantes intentan parar la hemorragia pero la policía lo impide disparando gases lacrimógenos. Varios testigos relatarán después que vieron a la policía pateando la cabeza de Carlo antes de que llegaran dos enfermeras.

Luego la policía italiana trató de encubrir los hechos colocando una piedra junto a su cabeza para dar a entender que fue ésta la que provocó el tremendo golpe que tenía en la frente.

Algunos de los carabineros que actuaron sobre el terreno habían participado en las actividades del imperialismo italiano en Somalia en los años noventa. Fue su campo de entrenamiento. Es el caso de John Truglio, teniente coronel y máxima autoridad en las calles de Génova. En África coincidió con Claudio Capello, capitán del pelotón que dirigió la represión contra los manifestantes.

A pesar del empleo de fuego real contra la propia población, hace dos años los jueces enterraron para siempre el crimen y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó el recurso presentado por la familia. En Europa la policía tiene patente de corso.

La muerte de Giuliani marca también el final de un movimiento seudo-radical contra la globalización que en aquella época llevaba a los jóvenes que pretendían luchar contra el imperialismo a ese tipo de encerronas, pactadas con el Ministerio del Interior e incluso con los propios imperialistas.

El rey Eduardo VIII de Inglaterra haciendo el saludo fascista

Siguen apareciendo fotos inéditas de la familia real británica haciendo el saludo nazi pocos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Son la demostración de que el VII Congreso de la Internacional Comunista estaba en lo cierto al vincular al fascismo con el capital financiero mundial.

Eduardo VIII, el tío de la actual reina de Inglaterra Isabel II, visitó la Alemania nazi en 1937 y las fotos de la época, ocultas hasta la fecha, le muestran saludando brazo en alto, al más puro estilo fascista.

Las fotos se subastaron ayer dentro de lote concerniente a la familia real británica. Su publicación coincide con la difusión por el diario británico The Sun de un vídeo que muestra a la actual reina Isabel II haciendo el mismo saludo fascista que su tío, que era el rey de Inglaterra cuando visitó la Alemania nazi.

En aquel momento los crímenes nazis no eran un secreto para nadie, y menos para la familia real británica, que acudió a Alemania a mostrar su apoyo a Hitler.

Los neonazis ucranianos quieren un segundo Maidan

Esta tarde en la Plaza de la Independencia de Kiev los neonazis ucranianos de Pravy Sektor celebrarán un mitin.
Para el 26 de este mes el dirigente de la organización Dmitri Yarosh planea convocar una reunión extraordinaria para adoptar una decisión sobre las futuras acciones contra el gobierno de Kiev.

El conflicto entre ambas partes se originó el 11 de este mes con el tiroteo de Mukáchevo en el que los miembros de Pravy Sektor se enfrentaron a tiros con la policía de la ciudad. Como consecuencia de ello, murieron tres personas y otras 13 resultaron heridas. El tiroteo se produjo cuando un diputado visitaba la localidad fronteriza y en el mismo tuvieron que participar sus guardaespaldas. El gobierno calificó el incidente como “un atentado terrorista” e inició una operación de búsqueda de los neonazis por la región fronteriza de los Cárpatos.

Los miembros de Pravy Sektor que participaron en el tiroteo siguen escondidos en los Cárpatos, mientras que los militares ucranianos que los han cercado esperan la orden de ataque. Los neonazis han convocando concentraciones y manifestaciones de protesta en Kiev, Lvov, Ivano-Frankovsk, Jarkov, Dniepropetrovsk y Chernovtski.

Como consecuencia del incidente, Yarosh pidió la destitución de Poroshenko, denunciando que el gobierno ucraniano “acepta acuerdos vergonzosos con los terroristas y comienza represiones contra los patriotas”. Llamó también a los miembros del Ejército ucraniano, batallones voluntarios, la Guardia Nacional, el Servicio de Seguridad de Ucrania y la Policía a no cumplir las órdenes de Kiev.

El enfrentamiento de los neonazis con el gobierno de Kiev pone de manifiesto la descomposición interna de Ucrania, que ya no se puede atribuir a la sublevación del Donbas, donde la línea del frente parece estabilizada tras los acuerdos de Minsk-2.

En Kiev corren rumores de “golpe de fuerza”, tentativas de golpe de Estado y, en definitiva, un segundo Maidan, pero Pravy Sektor no parece una organización capaz de llevar a cabo una operación de esa envergadura, ni de lejos. Ellos son sólo los mamporreros.

También es evidente que el gobierno de Kiev es una amalgama de distintos grupos y que para reinar, Poroshenko tiene que dividirlos. Es lo que estaba ocurriendo en Mukáchevo, donde a las milicias de Pravy Sektor les habían encomendado la lucha contra el contrabando y el crimen organizado.

Como cabía esperar, fue peor el remedio que la enfermedad. Mukáchevo es una localidad próxima a la frontera con Hungría está poblada por húngaros, a los que los neonazis de Pravy Sektor han tratado como cabía esperar de ellos: como a perros.

El tiroteo parece que tiene relación con la tensa situación dentro de la localidad y si en el Donbas la población local obtuvo el apoyo de Rusia, en Mukáchevo la ha obtenido de Hungría. Todo parece indicar que ahora Ucrania se ha buscado otro enemigo más entre sus vecinos.

El portavoz del Primer Ministro húngaro Janos Lazar ha manifestado que Hungría ha reforzado con tropas especiales la frontera común con Ucrania y que está dispuesta a acoger a todos los refugiados húngaros que procedan del otro lado.

En la medida en que Hungría, un país que pertenece a la Unión Europea, se ha sentido afectada por este incidente, el gobierno de Kiev se ha buscado enemigos en Bruselas, que hasta ahora era uno de sus apoyos más importantes. Es también posible que Poroshenko acabe enfrentado también a Rumanía, Eslovaquia y Polonia, donde se crearían nuevos Donbas que nadie en sus cabales podría imputar a Putin o a Rusia.

También es posible que con la actual caza que lleva a cabo de milicianos de Pravy Sektor en los Cárpatos trate de impedir ese enfrentamiento generalizado con los países vecinos. Los neonazis serían la moneda de intercambio. Pero tampoco se puede descartar que Ucrania se convierta en una especie de Libia dentro de Europa, o de Siria, o de Irak, o de Afganistán. Al fin y al cabo el modelo originario es el mismo.

La reina de Inglaterra hace el saludo nazi

Hoy el diario The Sun publica en portada una fotografía de la reina Isabel II en 1933 haciendo el saludo nazi. Entonces Hitler acababa de llegar al gobierno y la familia real inglesa, que es de origen alemán, ya se decantaba políticamente.

Además, la web del diario británico publica el vídeo familiar completo, de 17 segundos de duración, del que ha extraído la imagen.

La foto fue tomada en 1933 en los jardines del castillo de Balmoral, en Escocia, y en ella aparece la reina, que por entonces tenía siete años, junto a su madre, Isabel; su hermana, la princesa Margarita, y su tío, el príncipe Eduardo. La foto es de un filme tomado en verano cuando la familia pasaba las vacaciones, y en la cinta la reina madre también hace el saludo nazi.

En las imágenes se ven a las pequeñas princesas jugar y bailar en el jardín con un perro y se ve también a su tío, entonces príncipe de Gales y que después se convirtió en el rey Eduardo VIII. Este monarca ascendió al trono en enero de 1936 y también simpatizaba con Hitler, con el que incluso tuvo un encuentro en Munich en 1937, dos años antes del comienzo de la guerra.

Para ocultar su origen alemán y sus simpatías nazis, la familia real inglesa se cambió el nombre germánico y desde entonces se hacen llamar “Windsor”.

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