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Badajoz fue la segunda provincia más reprimida por el franquismo

La investigadora Candela Chaves (Montijo, 1982) ha recorrido media península en busca de la documentación de los procesados por el régimen franquista en la provincia Badajoz, una de las regiones del país que vivió una represión más intensa. Ávila, Guadalajara, Sevilla… en un recorrido de años, en el marco del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura, que incluyó también la visita a un buen número de ayuntamientos extremeños.

El resultado fue una tesis que saldrá próximamente a la venta en formato libro bajo el título Sentenciados (Premhex, 2016) y que analiza los procesos sumarísimos de cerca de 8.000 pacenses. Su trabajo deja a un lado la violencia desatada por la “columna de la muerte”, comandada por el general Yagüe, en los primeros meses de la contienda, y se centra en la actuación de la justicia franquista, de 1937 a 1950, utilizada de manera represiva con un objetivo ideológico, pero también de clase.

¿La represión en Extremadura fue especialmente dura?

Sí, es muy elevada en comparación con otras regiones. La de Badajoz fue la segunda provincia más afectada por la represión después de la de Sevilla. Las razones de estas cifras son tanto la actividad política que tenía la región, sobre todo la provincia pacense, el modelo represivo de la llamada “columna de la muerte” a su entrada y, por último, la propia idiosincrasia de la región. Los datos que tenemos nos permiten crear un perfil del represaliado, y es el de una persona con una cierta participación política en organizaciones y agrupaciones de izquierda. Pero no se reprimía sólo a aquellos que tenían una implicación activa, sino en todos los grados, desde alcaldes hasta simples afiliados, o gente que sólo había mostrado simpatías hacia las instituciones republicanas. Por ejemplo, hay penas de doce años de reclusión por haber acudido a manifestaciones antes del golpe. No obstante, en la provincia de Badajoz el perfil del represaliado indica que la violencia fue también social, porque era gente de una clase muy determinada, la mayoritaria aquí: campesinos, jornaleros, braceros y muchas profesiones artesanales, como zapateros, herreros o albañiles.

¿Destaca también en estos años la represión a la mujer?

Por el propio devenir de la represión, la mujer es la que se quedaba en el pueblo y es la que sufría esa violencia cotidiana, esas vejaciones, esa humillación, en un nuevo Estado donde a la mujer se le quitaron todos los derechos y fue ninguneada y casi invisibilizada. Fue una doble represión. Además a nivel procesal se la despreciaba. Según las sentencias, el hombre tenía una conciencia política, se identificaba con la izquierda y lo hacía mediante la razón. La mujer, si tenía una militancia de izquierda, estaba movida por un impulso, por unas bajas pasiones, era algo mucho más visceral. No se le daba la carga de raciocinio que podía tener el hombre. Uno de los casos más conocidos es el del alcalde de Castuera, Basilio Sánchez, que fue condenado a muerte y ejecutado por su cargo, acusado de ser líder y dirigente de la revolución marxista en el pueblo. A la mujer la ejecutaron también, por ser mujer del alcalde de Castuera y por lo tanto fomentar ese clima revolucionario. Hay muchos matrimonios que son represaliados.

¿Qué carácter tuvo la represión en esta zona?

En Badajoz no hubo guerra, hubo un frente pero no fue largo. La represión no fue porque un bando se enfrentase a otro, fue sistemática y muy intencionada, hacia una clase social muy concreta. No hubo un enfrentamiento de armas, se mató a la gente por una cuestión política y social. En la provincia de Badajoz se crea la bolsa de la Serena y hay una parte que queda bajo control franquista y otra bajo control republicano. Mucha gente de la parte franquista, se estima que unos 8.000, huyó hacia la zona controlada por la República. En Cáceres, los consejos de guerra empiezan a funcionar ya a partir del 36 porque la provincia se subleva desde el primer momento. En Badajoz no, se resiste de una forma muy dura. Cuando los africanistas llegan es cuando empiezan esas matanzas ejemplarizantes y esa quema del territorio. Aquí no hay guerra, aquí es matar. No había muchos efectivos. Las fuerzas del ejército franquista eran mucho mayores, con más material y experiencia. Había una gran desigualdad de fuerzas.

En su libro se centra sobre todo en la represión una vez acabada la guerra. ¿Quién queda por represaliar en los años 40 en Extremadura?

Queda la posible disidencia. La inversión en violencia que hace Franco desde el primer momento le va a permitir vivir de las rentas del miedo. Esa violencia no sólo elimina al que se ha significado, también corta, mediante el terro, la disidencia que pueda generarse. El régimen no se mantiene durante tantos años porque haya gente a favor y en contra, sino que hay una masa gris que es la que sostiene el régimen, gente a la que le da igual, gente que se adapta. Y la inversión que hace Franco en violencia durante los primeros años le permite apaciguar y controlar por el miedo a los territorios que ha ido dominando. A finales de los 40 queda aún mucho guerrillero y gente que está militando en partidos clandestinos. En 1947 hubo un juicio a miembros del PCE clandestino en Almendralejo. Intenté indagar en ese proceso pero por falta de tiempo aún no he podido. Lo tengo pendiente. En el 45 empieza ya a descender la actividad guerrillera en la zona, sobre todo porque la acción de la Guardia Civil es muy efectiva, porque es muy bruta. La dictadura también se nutrió de gente muy, muy violenta, que realizó torturas muy bestias, una presión continua en los pueblos. Era el brazo armado más potente que tenía el régimen. La agrupación guerrillera que había en esta región se movía por el norte, por la zona de Herrera, que ya linda con Toledo y es más montañosa.

El alcalde de Badajoz fue capturado en Elvas, Portugal, y fusilado. También ejecutaron al de Castuera. ¿Hubo muchos cargos republicanos de primera línea asesinados?

Lo del alcalde de Badajoz fue un asesinato extrajudicial, en los primeros momentos de la guerra y sin juicio. En la zona oeste, la mayor parte de los dirigentes, como alcaldes, concejales, presidentes de diputaciones, fueron asesinados en los primeros meses. Fue una limpieza brutal de esa cabeza política que se identificaban con la república. Había que eliminar a la república, física, cultural e ideológicamente. El castigo, como lo entiende el franquismo, es a través de la redención, es decir, si has actuado a favor de la república, has errado y por tanto te voy a castigar por ello. El castigo va a ser muy  uro y encima tienes que resarcir el daño que has hecho. Se hará mediante colonias penitenciarias, trabajos, reconversión ideológica en prisiones, campos de concentración y en el día a día. Se adoctrina a todo un pueblo eliminando cualquier vestigio de la república.

¿Qué papel tuvieron las organizaciones clandestinas en Extremadura?

Durante la república, en el norte de Cáceres había mayor impacto de organizaciones anarquistas. En la provincia de Badajoz tenía fuerza el Partido Socialista, las casas del pueblo en cada localidad, la UGT y sindicatos agrarios. Sí que es verdad que luego dentro de la clandestinidad el que tuvo mayor peso en Extremadura fue el PCE. Sobre todo es el que más cobertura tuvo entre el exilio. En todo caso, es un tema que aún está por estudiar.

¿La represión franquista en la zona responde a las ocupaciones masivas de tierras que hubo en Extremadura en los años anteriores al golpe?

Sí, en aquellas localidades durante hubo ocupaciones de tierras, sobre todo los dirigentes fueron represaliados. En los consejos de guerra no suelen aparecer estos motivos. Las ocupaciones fueron un motivo más aunque el principal fue la significación política. En Montijo, por ejemplo, no hubo ocupaciones y fueron represaliadas más de cien personas, que son muchas en un pueblo de sus dimensiones.

¿Qué papel tuvieron campos de concentración como el de Castuera?

En Extremadura hubo varios, tanto en Cáceres como en Badajoz. Se crean por el propio devenir bélico. Durante la guerra se valla un terreno o se habilitan edificios para recluir a prisioneros. Normalmente son plazas de toros, como en Badajoz, que fue el primero, en Plasencia, en Trujillo y en Cáceres. En Barcarrota también, al que se llamó “el fusiladero”. La zona este, la Siberia, es la última que cae, coincidiendo con el final de la guerra y la caída de Cataluña. A medida que van subiendo a la cornisa cantábrica y llegando a Cataluña, hay tantos prisioneros en la zona de vanguardia que los comienzan a llevar a la retaguardia, a los campos de esta zona. Tienen una función práctica, que es la clasificación de prisioneros, basándose en los informes que llegan de sus pueblos de origen. Si ven que su actividad no ha sido tan negativa contra el alzamiento, empiezan a integrarlos en batallones de trabajadores para reconstruir el país, bien durante la guerra, construyendo fortines y trincheras, o después con empresas públicas y privadas. A partir de los 40 se integran en colonias penitenciarias, como las que hubo en Montijo, que son las que levantan todo el Plan Badajoz. El canal de regadío lo construyen presos de esta colonia. El campo de concentración de Castuera tiene una duración de un año aproximadamente y se estima que pasaron por él más de 8.000 personas. Es un campo muy grande. Fundamentalmente había extremeños, pero había también gente de otras procedencias.

¿No había cárceles suficientes?

Exacto, la prisión provincial de Badajoz estaba masificada. Durante toda la guerra hubo un problema de abastecimiento de cárceles, por eso se hicieron campos de concentración. En Almendralejo, por ejemplo, había una cárcel que era un almacén de trigo. Imagina las condiciones, que ya de por sí eran insalubres en una prisión normal. De la provincia de Badajoz se mandaba gente sobre todo al norte o al sur. A muchas mujeres se las enviaba al norte, a cárceles femeninas como la de Amorebieta. El problema del llamado turismo carcelario es que también tiene una carga represiva, porque si estás aquí, en la cárcel de Badajoz, tu familia puede ir a llevarte comida, tienes una manutención externa y apoyo emocional. Pero si te mandan lejos y tu familia no tiene dinero, como era el caso la mayoría de las veces, era un problema.

De los represaliados fueron ejecutados una parte.

Claro, la represión no es sólo muerte. Hay muchísima gente en la cárcel, que lo pasa muy mal. Muchos mueren de enfermedades en ellas y en campos de concentración, otros muchos en los pueblos que se quedan sin nada porque le incautan bienes, reciben multas diarias, no tienen donde comer, no pueden encontrar trabajo. Hay mucha gente que tiene que exiliarse, muchos a los que destierran, otros que tienen que vivir callados durante mucho tiempo. Eso es importante que se conozca. No con una intención revanchista, porque yo ya estoy harta de justificarme doblemente. Creo que se ha demostrado que no se va por ahí. No hay ni el 40% de las fosas exhumadas en toda España y hay muchas que nunca se sabrá dónde están. El problema es que para encontrarlas se necesita un testimonio oral y la gente se muere. Si además tienes una clase política que te dice que la gente se acuerda de su padre cuando hay dinero… si no te gusta el tema, vale, pero tampoco hace falta llegar a este extremo.

¿Crees que deberían las instituciones implicarse más con este tema?

Esto lo debería cubrir el Estado. Nadie tiene por qué poner de su bolsillo para costear una exhumación y abrir una fosa. En Extremadura las fosas se han abierto con voluntarios, nadie ha cobrado nada más allá del arqueólogo. Pero claro que necesitan dinero las exhumaciones, hay que pagar el material, el transporte y la manutención de los voluntarios durante el tiempo que dure. En las fosas de esta zona hay mucha gente. El modelo represivo que se usaba eran las sacas, con un número de personas elevado. En Llerena, por ejemplo, se exhumaron dos fosas, cada una con entre 30 y 40 cuerpos. Eso no se hace en un día, sino en un mes y medio. Yo estuve ahí. Vale que soy voluntaria pero tendré que dormir en algún sitio. Pagar el alojamiento y la comida. Eso lleva un dinero.

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/01/10/80387/

El ‘Mein Kampf’ de Hitler de nuevo en la librería más próxima

Las cadenas de televisión han anunciado a bombo y plantillo la reedición del “Mein Kampf” de Hitler. Da la impresión de que, hasta ahora, ese libro estaba prohibido, lo cual es falso.Lo novedoso no es la reedición del libro; lo realmente sorprendente es la publicidad que le han dado.

Las noticias han asegurado, además, que su “liberación” ha sido posible gracias a que este año 2016 caducan los derechos de autor. ¿Pretendió Hitler sacar un dinerillo cobrando por las ventas de su libro?, ¿realmente pensaba en eso cuando estaba en la cárcel?

Pero empecemos por el principio: Hitler no escribió el “Mein Kampf”; a lo máximo se lo dictó a Rudolf Hess y, en lo que a mi respecta, si en la obra hay alguna idea, creo que corresponde más a Hess que a Hitler.

La parafernalia de la noticia justificaba esta reedición diciendo que no se trataba de hacer propaganda del nazismo sino de presentar una obra “crítica” avalada por prestigiosos historiadores y bla, bla, bla.

Pero no creo que haya habido ningún nazi que se haya convencido de su ideología leyendo una obra que es soporífera y farragosa. Es más, no creo que los nazis se caractericen por su afición a la lectura sino, más bien, por quemar libros.

Por seguir aclarando las cosas: dudo mucho que la reedición “crítica” de cualquier otro tipo de obra política del siglo pasado obtenga nunca tal publicidad por parte de las cadenas de televisión.

Como es costumbre en ese tipo de noticias, la verdad está ausente. En España el “Mein Kampf” es una obra de libre disposición que nunca ha tenido ningún problema de censura.

La censura es un problema europeo, un asunto de mala conciencia por haber sido Europa la cuna del nazismo, de las grandes guerras y las grandes matanzas. Los europeos, que se creen a sí mismos el ombligo del mundo, necesitan la censura para exorcizar sus fantasmas porque siguen viviendo con ellos.

En otros continentes no ocurre lo mismo. Por ejemplo, hace años que en la India la Editorial Jaico y otras cinco parecidas editan una y otra vez el “Main Kampf”.

En internet el “Mein Kampf” siempre ha estado disponible. ¿Por qué se ha orquestado ahora esta campaña con el libro? Porque el fascismo está de moda, pero está de moda en Europa, donde los fantasmas obligan a disfrazar el fenómeno con otros nombres, como el de “ultras”.

En Grecia un partido nazi como “Amanecer Dorado” concurre a las elecciones y tiene representación parlamentaria.

En Croacia los ustachis están eufóricos desde la “independencia” del país y convocan grandes conciertos en el Estadio Maximir a los que acuden con sus boinas y camisas negras, al más viejo estilo.

El presidente turco Erdogan ha declarado que le gustaría ejercer los mismos poderes que tuvo Hitler y, posiblemente, de la misma manera, un indicativo de una marea de fondo que hay en los partidos parlamentarios turcos calificados púdicamente como “nacionalistas”.

Los “nacionalistas” turcos lo son casi tanto como los del Frente Nacional de Le Pen en Francia, otro partido con amplia representación institucional escondido bajo mil eufemismos que impiden llamar a las cosas por su nombre.

¿Qué os voy a contar de Ucrania, de Svoboda, de Pravy Sektor, del Batallón Azov o de la masacre de Odesa que no sepáis ya?

¿Y de Jörg Haider en Austria, donde los nazis se llaman “El Partido de la Libertad”? Es algo típico de Europa, el baluarte de las libertades por antonomasia.

La refundación fascista del PSOE

A comienzos del los años setenta el PSOE no eran más que cuatro letras, apenas un recuerdo lejano de los viejos tiempos de la República. Desde luego que era absolutamente incapaz de intervenir en ninguna movilización de las muchas que los antifascistas tenían entabladas contra el Estado.

La insignificancia del PSOE, que inicialmente fue durante décadas una bendición para el franquismo, se convirtió entonces en un problema porque para el futuro dejaba claro que todo dependía de los comunistas y, en definitiva, que en España los comunistas eran la columna vertebral de la resistencia antifascista. Por lo tanto, el futuro también dependía de ellos. Por débil que fuera el movimiento comunista en España, ideológica y organizativamente, la debilidad del franquismo hacía que pareciera otra cosa.

La experiencia de la Revolución de los Claveles en Portugal, en abril de 1974, fue decisiva para el franquismo. Necesitaban una socialdemocracia fuerte. Si el PSOE no existía había que inventarlo y el SECED, el espionaje militar franquista, se hizo cargo de la tarea, a la que denominó con el nombre en clave de “Operación Primavera”.

Desde hacía un tiempo que el franquismo venía apoyando a grupos capaces de balancear la fuerza de los comunistas, agrupando a diversas camarillas tanto en el terreno sindical como político, para lo cual utilizaron los tentáculos de los que disponían, como los grupos católicos o los trotskistas.

La CIA tuvo que ir a buscar a los socialistas portugueses a su exilio dorado en Francia y con los españoles ocurrió lo mismo, aunque se encontraron con el problema de que su máximo dirigente Rodolfo Llopis, se negaba a trasladar la dirección al interior de España.

En el Congreso celebrado en agosto de 1972 en Toulouse, Francia, cuando Llopis se niega a convocar el siguiente Congreso, la camarilla del interior (Rubial, Redondo, Múgica, González, Castellanos y Guerra) prepara la escisión.

En setiembre del siguiente año aquella camarilla se reunió al margen de la dirección, consumándose la escisión. El PSOE “histórico” va por un lado y el PSOE “renovado” por otro. Los militares golpistas habían organizado un golpe de Estado, de manera que un golpe dentro de un partido les resultó mucho más sencillo.

La reunión se celebró en Gipuzkoa, en la misma frontera con Francia, porque entonces la policía no le entregaba un pasaporte a cualquiera, por lo que los militantes del interior no podían pasar al otro lado. Por el contrario, resultaba más fácil la entrada a los que residían en Francia.

En el verano de 1974 todo se acelera. Además de la Revolución portuguesa, Franco cae enfermo y se constituye la Junta Democrática, cuyo integrante principal es el PCE.

En agosto el PSOE “renovado” se reúne en el Parador de Jaizkibel, en Fuenterrabía, para elaborar un documento contra la Junta Democrática, que no era otra cosa que un apoyo al régimen fascista decrépito.

En este encuentro de Jaizkibel se decide de manera precipitada convocar otro Congreso, que se celebrará el 14 de octubre cerca de París, en Suresnes.

Este Congreso cambia la dirección. Se elimina la secretaría colegiada para imponer a un único Primer Secretario: Felipe González. A través suyo y del nuevo equipo dirigente, el espionaje fascista se aseguró la fidelidad de un partido destinado a vestir el continuismo franquista con aires remozados.

El viaje a Suresnes estuvo bien organizado, a la manera militar, es decir, meticulosamente. Pero el SECED no sólo facilitó el viaje a París de la nueva dirección sino que les entregó los pasaportes y les escoltó hasta las puertas del teatro de Suresnes donde se iba celebrar el Congreso.

El militar que acompañó a Felipe González en el viaje fue José Faura, que veinte años después, en 1994, fue ascendido a Jefe del Estado Mayor del Ejército por su antiguo protegido Felipe González, siendo éste presidente del gobierno.

El entonces capitán del SECED, Manuel Fernández Monzón, lo ha relatado de la forma siguiente:

“En un restaurante de la calle madrileña de Santa Engracia hablamos con González, en presencia de Enrique Múgica, para garantizarle su viaje a Suresnes. Otros compañeros se entrevistaron con Nicolás Redondo, y él entendió enseguida que debía ceder el puesto a un secretario general más joven y con otras características. Cuando Felipe González volvió de Francia, después de haber sido elegido, un comisario de Sevilla le detuvo, creyendo que había dado un pelotazo. Se llevó una bronca tremenda y tuvo que soltarle enseguida, claro”.

Los contactos de los militares franquistas con los militantes socialistas continuaron tras el Congreso. Una vez creada la nueva dirección, había que seguir promocionando a aquella banda de arribistas para hacer de la socialdemocracia una alternativa política creíble y capaz.

El SECED encarga a dos de sus agentes, Andrés Cassinello y José Faura, mantener las relaciones con Felipe González y Alfonso Guerra para que la propaganda entre España, algo que el PSOE nunca habían logrado por sí mismo hasta entonces.

El torturador Ballesteros lo contó así a la periodista Pilar Urbano: “Entre 1964 y 1975 estuve precisamente en la información del mundo universitario, muy estrechamente relacionado con la política entonces clandestina. Y lo que viví fue que, a partir de cierto momento, la dictadura propició el resurgir del PSOE, para ahogar al PCE. A los socialistas no se les detenía, a los comunistas, sí. Estando yo en la Brigada Social, esa era una indicación de los mandos. Más aún: la policía no sólo miraba para otro lado, haciendo la vista gorda, sino que a veces ayudaba a pasar la valija con la propaganda y los documentos internos del partido que los de Rodolfo Llopis [el PSOE del exterior] enviaban de allá para acá”.

Paralelamente el comandante Miguel Paredes, del SECED, y el inspector Emi Mateos, destinado en la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, contactan con dirigentes del PSOE en Euskal Herria, especialmente Redondo y Múgica, para preparar determinados aspectos políticos de la transición. El comandante Paredes lo ha explicado así:

“En el SECED nos propusimos empezar a reunirnos con ellos para ver hasta dónde llegaba su izquierdismo, su ímpetu revolucionario, su afán izquierdista… y tratar de acercarlos hacia posiciones más templadas, menos radicales, más en la línea de la moderación pragmática que les recomendaba Willy Brandt.

“Los encuentros entre los agentes del SECED y los socialistas continúan, y a ellos se incorporan algunos militantes más.

“Después de cada encuentro redactábamos un informe para el Servicio. Nuestra impresión entonces era que el líder ideológico, el que pensaba más largo, más rápido y con más calado era Pablo Castellano. El mayor peso moral lo tenía Nicolás Redondo. Felipe González nos pareció un conversador ágil, brillante, con ‘charme’.

“Pero, de pronto, sacó un largo Cohiba, lo encendió con parsimonia y se lo fumó como un sibarita. A mí ese pequeño detalle me chocó, me extrañó. Era un trazo burgués que no encajaba con sus calzones vaqueros, ni con su camisa barata de cuadros, ni con su izquierdismo… En mi informe oficial no mencioné esa bobada del habano ni lo que me sugirió. Pero en mi agenda privada de notas sí que escribí: Felipe González, el sevillano, parece apasionado pero es frío. Hay en él algo falso, engañador. No me ha parecido un hombre de ideales, sino de ambiciones.

“El Ministerio de la Gobernación tenía entonces la facultad de conceder o denegar el pasaporte a un ciudadano. Ellos lo habían pedido muchas veces y siempre les habían dicho que no. Me dieron una lista en la que figuraban los nombres de Enrique Múgica, Eduardo López Albizu, Nicolás Redondo, Ramón Rubial, Alfonso Guerra, Pablo Castellano, Felipe González y otros dos militantes asturianos. El Gobierno lo dudó mucho, le dieron mil vueltas, que sí, que no… Al final se aceptó bajo la condición de que, al volver a España, devolvieran enseguida esos pasaportes. Y lo hicieron. Tardaron mucho pero los devolvieron. Aunque no todos: Felipe González se lo quedó. A Múgica, por el retraso, le hicimos pagar una ‘multa’ especial: invitarnos a comer a base de bien. Y lo hizo. En la Paniére Fleurie de Rentería”.

El sábado exaltación de los nazis en Majadahonda

El próximo sábado, coincidiendo con la celebración del acto que por la mañana realizan distintas organizaciones neonazis cada año en Majadahonda, cerca de Madrid, a dos miembros de la Guardia de Hierro caídos en combate en 1937, el Hotel Majadahonda en el salón Jazmin dará acogida a una conferencia a las 17 horas de exaltación del nazismo y homenaje a dos miembros de la genocida Guardia de Hierro.

En la plataforma change.org se ha abierto un formulario para recoger firmas de condena de este acto, al que han acompañado el siguiente manifiesto:

“La Guardia de Hierro fue un partido fascista que cuando llegó al poder en Rumanía colaboró con los nazis alemanes en el exterminio de los pueblos judío y gitano y la represión de homosexuales, personas de izquierdas y cualquiera que no simpatizara con ellos. Es una vergüenza que desde 1970, Majadahonda sea la sede de un encuentro de estas características, que recuerda y glorifica a quienes fueron responsables de semejante crimen, al mismo tiempo que fomenta el odio racial y la intolerancia. Y que este año, además, el Hotel Majadahonda acoja una conferencia que reivindica la figura de estos asesinos y genocidas. El Hotel Majadahonda colabora en la humillación a las victimas del Holocausto nazi”.

El manifiesto de firmas solicita la cancelación del acto por la dignidad de los millones de antifascistas asesinados.

El ruido de sables nunca se ha apagado

Durante la transición se llamó “ruido de sables” a la amenaza permanente con la que cada día se intimidaba, a través de los medios de comunicación, a las masas para paralizar sus luchas. Si no querían la farsa de democracia, el régimen volvería hacia atrás, a 1939, al golpe de Estado, a los paredones de fusilamiento…

Un régimen militarista, como el español, nunca ha abandonado la intimidación en cuanto las masas se lanzan a la calle. El teniente general Pedro Pitarch advirtió en 2012 de que el ruido de sables “parece seguir latiendo y aflora a la menor ocasión”.

Ocurrió en aquellos años en que el pueblo vasco estaba en la calle luchando por sus derechos y ahora ocurre lo mismo con Catalunya.

La destitución del general Ángel Luis Pontijas tras criticar la política de Artur Mas en la revista “Ejército” avivó el golpismo dentro del ejército, escribió Pitarch.

En su segundo libro de memorias, José Bono, ministro de Defensa con Zapatero, revela que España estuvo en “una situación pregolpista” durante la tramitación del Estatut de Catalunya en 2006.

Durante la Pascua Militar el general Mena abogó por que los militares impusieran el artículo octavo de la Constitución y en una reunión interna del Consejo Superior del Ejército llegó a afirmar: “Si el rey no actúa en el Estatut, tendrá que tomar las maletas e irse de España, y los militares actuaremos en consecuencia”.

Mena fue el primer general arrestado desde la guerra civil, pero el gobierno se puso muy nervioso. Bono reconoce que entonces tanto él como Zapatero, llegaron a estar “realmente intranquilos” porque en España los que siempre han estado muy tranquilos han sido los militares golpistas.


Años después, con motivo de la Diada de 2012 la Asociación de Militares Españoles volvió a amenazar al independentismo catalán. El comunicado calificaba de “alta traición” al sistema electoral porque fomenta el independentismo, sugería que el ejército podría verse “obligado” a intervenir en defensa de la integridad territorial de España y concluía diciendo que los independentistas tendrían que responder “ante la jurisdicción castrense”.

El general Pitarch calificó entonces de “imponente” la manifestación popular, así como de “peligrosa”, ya que vaticinaba de ella un “horrible resultado” que, según escribió, ni se atrevía a imaginar.

Lo mejor que podemos hacer es lo que recomendaban los cagones de la oposición domesticada durante la transición: no luchéis, conformaos con las migajas que os ofrezcan porque de lo contrario vienen los golpistas.

El Estado crea los partidos que necesita

Juan Manuel Olarieta

No se si debo sorprenderme de que mi artículo No es el bipartidismo lo que está en crisis haya sido calificado por algún lector de “conspiracionista” por asegurar que el Estado crea los partidos que necesita.

Como casi todo el lenguaje posmoderno, lo de “conspiracionista” procede de Estados Unidos y es una etiqueta que utilizan quienes sirven a la ideología dominante para repudiar aquellas reflexiones que van un poco más allá de la versión oficial. Luego sí: soy “conspiracionista”. Sí: la mayor parte de las explicaciones corrientes me parecen superficiales, propias de tertulianos y charlatanes.

Pero sobre todo: yo no opongo las “conspiraciones” a la lucha de clases. La clase obrera “conspira” cada día contra sus explotadores y estos (y sus instrumentos de dominación) hacen lo mismo de manera centuplicada. Así viene ocurriendo, al menos, desde los tiempos del Imperio Romano hasta ayer sin ir más lejos.

El Estado español, tal y como lo conocemos, nace de una conspiración contra la República, de un intento de golpe de Estado que desembocó en una guerra civil. La conspiración es uno de sus componentes esenciales. No es nada distinto ni de la lucha de clases, ni de la crisis general del capitalismo, sino una de sus expresiones políticas.

Para mi esto es tan obvio que no voy a abundar en ello. Únicamente diré que quienes opinan de otra manera, que son bastantes, no saben a lo que se enfrentan, es decir, no saben qué es exactamente este Estado, cómo funciona y sobre todo: no han estudiado su historia. No me refiero a las historietas típicas con las que los libros de texto engañan a los estudiantes de instituto cuando hablan de la transición, sino a la historia real.

Cuando hablamos de partidos políticos, debemos empezar por el principio de todo, por el Estado franquista que, a diferencia de otros regímenes parecidos, como el nazi alemán o el fascista italiano, no procede de un partido político sino al revés: el Estado franquista creó por decreto su propio partido, llamado FET y de las JONS, con los desechos que tenía más a mano.

La transición continuó exactamente las mismas prácticas franquistas. La UCD no sólo se creó desde el Estado sino desde el gobierno y en torno al entonces presidente del gobierno: Adolfo Suárez. Pero hay algo más: una marioneta como Suárez era incapaz de crear algo así. A Suárez tuvieron que darle todo masticado, incluida la UCD.

Lo mismo se puede decir del actual PP, antes AP (Alianza Popular) y antes Godsa (Gabinete de Orientación y Documentación, Sociedad Anónima), creada, financiada y dirigida por oficiales del servicio secreto de Carrero Blanco.

El alquiler de la sede en Barcelona del Partido Español Nacional Socialista, luego llamado Círculo Español de Amigos de Europa y luego reconvertido en Librería Europa, es decir, uno de los primeros grupos nazis, lo pagaba ese mismo y omnipresente servicio secreto.

Los últimos años del Partido Carlista son la mejor ilustración de lo que estoy diciendo: al mismo tiempo que en 1969 le nombraron al Borbón para suceder a Franco, el Estado se dispuso a desembarazarse de la otra dinastía, la de Carlos Hugo, con todo tipo de manejos, que fueron desde el impulso de una escisión hasta la matanza de Montejurra en 1976, todo ello planificado desde las conocidas cloacas franquistas.

El PSOE es otro partido cortado por ese mismo patrón: tras la experiencia de la Revolución los Claveles en Portugal, el gobierno franquista provocó una escisión en el PSOE para sacudirse de encima a los viejos carcamales republicanos que dormitaban en Francia desde el final de la guerra civil, capitaneados por Rodolfo Llopis, para sustituirlos por sus fieles cachorros (Felipe González, Alfonso Guerra, Enrique Múgica, Nicolás Redondo), capaces de ejercer como oposición domesticada al franquismo, enterrar el recuerdo de la República, apuntalar al capitalismo, mantener las bases militares de la OTAN y combatir a los comunistas, entre otros objetivos que les impusieron.

En 1974 el Estado franquista, por medio de los servicios secretos de Carrero Blanco, llevó a los futuros dirigentes del PSOE hasta Suresnes, cerca de París, para que pudieran cruzar la frontera sin contratiempos, celebraran su Congreso y se hicieran con las riendas del Partido. Luego no es el PSOE quien crea la transición sino la transición quien crea un PSOE a su imagen y semejanza, tal y como lo necesita.

Desde 1939 hasta hoy el Estado fascista legaliza a algunos partidos e ilegaliza a otros, financia a los fieles y castiga a los infieles, reúne coaliciones y provoca escisiones, impulsa a ciertos lacayos y excomulga a otros, cede sus locales para que unos se reúnan libremente al tiempo que impide las de los otros, difunde los mensajes de unos en los medios públicos de comunicación y silencia los de los otros…

La moderna sociología política califica a los Estados occidentales como “Estados de partidos”. Los partidos son su gran coartada. El Estado los necesita para que le vistan con los ropajes de la libertad y la democracia. No puede permitirse el lujo de que desaparezcan sin antes crear otros nuevos exactamente iguales a los anteriores, plenamente adaptados a la nueva situación de bancarrota política.

Al mismo tiempo, hay otro lujo no menos trascendente que el Estado tampoco puede permitirse: que aparezcan partidos que busquen su destrucción, es decir, partidos revolucionarios.

La Organización Gehlen

Reinhard Gehlen fue un oficial del Estado Mayor del ejército nazi, donde ascendió a teniente coronel. Fue trasladado a la Abwehr, el servicio de inteligencia militar, y durante la Segunda Guerra Mundial le enviaron a combatir contra la URSS.

Estudio profundamente las tácticas militares y de inteligencia del Ejército Rojo. En 1942 reclutó a unos 100.000 antiguos prisioneros rusos formando el “Ejército Ruso de Liberación”. En diciembre de 1944 ascendió a general.

Junto con sus hombres, en marzo de 1945 Gehlen microfilmó todo el material de inteligencia que había recopilado, lo guardó en cilindros herméticos de acero y lo enterró en varios lugares en los Alpes austriacos.

Luego negoció con Estados Unidos su libertad y la de sus más destacados subalternos, a cambio de ponerse a su servicio con todos sus conocimientos y todo el material que había ocultado. Su contacto fue el general Walter Bedell Smith, Jefe del Estado Mayor General de Eisenhower, quien luego trabajó con William Donovan y Allen Dulles, Jefe de la OSS en Berna, Suiza.

El 22 de mayo de 1945 Gehlen se rindió en Bavaria al Cuerpo de Contrainteligencia de Estados Unidos. Durante los interrogatorios, reveló los nombres de un buen número de oficiales de la OSS, el espionaje de Estados Unidos, que eran miembros del Partido Comunista de Estados Unidos. Entonces, Estados Unidos ya planeaba la Guerra Fría  y carecía de suficiente información sobre la inteligencia soviética.

El 20 de setiembre de 1945 Gehlen y tres de sus más destacados oficiales nazis, fueron enviados a Estados Unidos por vía aérea para comenzar a trabajar para la OSS. Washington asignó a la OSS una partida secreta de 5 millones de dólares para que Gehlen pudiera empezar a operar.

En julio de 1946 fue oficialmente liberado de su condición de prisionero de guerra especial. Además, Estados Unidos liberó a otros 350 oficiales nazis de inteligencia, que también pudieron abandonar los campos de prisioneros para ponerse a las órdenes de Estados Unidos.

Gehlen fue enviado a Alemania, donde comenzó a planificar la organización de inteligencia de la futura República Federal, que luego sería conocida como «Organización Gehlen».

Estableció su cuartel general en las montañas Spessart en el centro de Alemania. Cuando la plantilla aumentó hasta alcanzar el número de 4.000 agentes encubiertos, se trasladaron a un terreno situado en Pullach al sur de Munich donde establecieron sus operaciones encubiertas bajo la legalidad de una “empresa de desarrollo industrial para el sur de Alemania”. Durante la Guerra Fría aquellos antiguos nazis fueron conocidos como los “V-Men” (Hombres-V).

Los hombres de Gehlen fueron infiltrados tras el Telón de Acero. Se convirtieron en los ojos y oídos de la CIA. Nutrieron los archivos del la inteligencia imperialistas. Apoyaron a los grupos anticomunistas. Fomentaron levantamientos contra los países del Pacto de Varsovia…

La Organización Gehlen suministraba la inteligencia y la CIA prestaba apoyo logístico, equipos, contactos, dinero, armas, radios, sabotajes y transporte.

Construyó el Túnel de Berlín bajo del Muro de Berlín para espiar las comunicaciones soviéticas y de Alemania oriental.

La Operación Sunrise infiltró a más de 5.000 espías nazis de ascendencia europeo-oriental y rusa. Los agentes fueron entrenados en 1946 en el campo de Oberammergau, bajo el mando del general Sikes y el general nazi Burckhardt.

En Ucrania esas operaciones continuaron hasta 1956, trabajando con el dirigente nacionalista Stepan Bandera, hasta que finalmente Bandera fue ejecutado por el KGB en Munich.

Gehlen trabajó en estrecha relación con las antiguas organizaciones fascistas: Guardia de Hierro en Rumania, la Ustasha en Yugoslavia y Vanagis en Letonia. Aunque miles de colaboradores fueran ejecutados, acusados de cooperar con la Organización Gehlen, las redes nunca pudieron ser completamente desmanteladas y reaparecieron tras el desplome de 1990.

La Organización Gehlen empleó a miles de miembros de las SS y nazis buscados por crímenes de guerra. Les ayudó a escapar a América Latina suministrándoles identidades falsas, documentos y pasaportes. La CIA también participó activamente para lograr la liberación de algunos de los acusados por crímenes de guerra.

Más de 5.000 antiguos oficiales nazis fueron reubicados en diferentes lugares del mundo. La mayoría fueron a Centro y Sudamérica, en especial a Nicaragua, El Salvador, Chile y Argentina. James Jesus Agleton, antiguo oficial de la OSS y luego Jefe de Inteligencia de la CIA fue el encargado de suministrar identidades falsas a los fugados.

Entre los espías reclutados por Gehlen que estaban acusados de crímenes de guerra se encontraban los jefes de la Gestapo de París y de Kiel y al famoso Willi Krichbaum ex jefe de la Gestapo en el sureste europeo.

Gehlen también reclutó a Franz Six y Emil Augsburg miembros de las SS, acusados de asesinar a los guerrilleros en la URSS.

En 1956 la Organización Gehlen fue reasignada al gobierno de Alemania occidental con las siglas de BND (Bundesnachrichtendienst) y Gehlen fue ascendido a teniente general.

En 2005 se publicaron en Estados Unidos los archivos que relacionan a Gehlen y al espionaje nazi con la CIA. La documentación desclasificada por la CIA consta de dos volúmenes llamados “Secreto Relger” y fue compilada por el historiador de la CIA Kevin Ruffner.

Los nazis se han apoderado de las universidades de Madrid

Las universidades vuelven a ser el objetivo de los grupos neonazis. En varias de ellas, entre las que destacan la Complutense, la Rey Juan Carlos o la Autónoma, se han producido agresiones.

Asociaciones y sindicatos estudiantiles han sido atacados en las instalaciones de las universidades y se han producido enfrentamientos con desperfectos importantes en las infraestructuras y más de un herido.

Hace poco los nazis asaltaron una charla antirrepresiva de la Unión de Estudiantes Progresistas en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, lanzando gases tóxicos y calificando a los ponentes como “terroristas”. Luego se jactaron de ello en las redes sociales.

El aumento de la agresividad de los grupos nazis es consecuencia de la absoluta pasividad de los reformistas y ha provocado que los ataques sean cada vez más frecuentes. En la charla antirrepresiva, la Unión de Estudiantes Progresistas se desligó inmediatamente del acto para que los nazis lograran su objetivo. A pesar de ello, el acto se celebró por la persistencia de los que acudieron al mismo.

El pasado jueves, el Frente Juvenil, perteneciente a las Juventudes del Hogar Social Ramiro Ledesma, protagonizó una nueva acción con la que rechazaban a los refugiados y exigían su exclusión del sistema educativo español.

El último de estos incidentes lo protagonizaron decenas de neonazis que accedieron a la azotea de la Facultad de Odontología, en el campus de Moncloa, donde se encuentra ubicada la Universidad Complutense. Desde allí, y portando bengalas de humo azul, desplegaron una pancarta sobre la fachada del edificio, con un mensaje en el que criticaban que a los refugiados sirios se les conceda la posibilidad de estudiar de forma gratuita. Es lo que ellos llaman «discriminación».

Asimismo, varios de ellos repartieron panfletos a las puertas del metro de Ciudad Universitaria, cuyo mensaje era el de que los refugiados no tenían derecho a entrar en la universidad cuando hay españoles que no se la pueden costear.

En octubre del año pasado, llevando banderas de Svoboda, reventaron un acto estudiantil en memoria de las víctimas de la matanza de Odesa.

La lucha de las mujeres republicanas contra el franquismo

Valentina Lizalde quedó viuda con dos hijos después de que su marido, albañil, fuera fusilado junto a otros vecinos por “pertenecer al Frente Popular”. Por si fuera poco, tras su muerte, fue multada con mil pesetas en virtud al artículo 15 de la mayor legislación de incautación del franquismo, la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939.

Valentina envió una carta al presidente de la Comisión de Incautaciones negándose a pagar la multa impuesta y denunciando abiertamente el discurso de justicia social de Falange: “Bastante tengo con preocuparme de buscar [recursos], lavando ropa para familias particulares y haciendo recados, con los que poder dar a mis pequeñuelos un trozo de pan y ver que mi humilde hogar tenga algún día lumbre, cosas que no siempre consigo en la cantidad necesaria, y por lo que, contra las disposiciones de nuestro invicto caudillo, en mi casa existen días sin pan y también en mi hogar días sin lumbre”.

La resistencia que se reconoce y se ha integrado en el imaginario colectivo es la abordada en singular y con mayúsculas, lo que nos coloca frente a frente con un análisis eurocéntrico y androcéntrico: es héroe de la resistencia el hombre militante que se va a Europa a luchar con las armas contra el fascismo, pero no es ni heroína ni resistente la mujer que permanece en su pueblo y se niega a pagar las multas que le impone un régimen considerado ilegítimo.

Es importante no olvidar que para el proyecto político de Franco la “contrarrevolución de género” era una prioridad. De hecho, la dictadura puso en marcha numerosas normativas de carácter específicamente antifeminista para la patologización y fiscalización de las vidas de las mujeres, así como medidas de violencia explícita, implícita y simbólica para su control social. Pero la actitud de las mujeres estuvo lejos de ser la de meras receptoras del modelo. La historia desde abajo del franquismo así nos lo muestra.

Las estrategias de resistencia de mujeres tuvieron como objetivo principal minimizar en su día a día la apropiación del poder sobre sus vidas. En la recuperación de la dignidad material se produjeron todo tipo de acciones para lograr una cierta autonomía. Por ejemplo, reapropiarse de los recursos materiales de los que habían sido despojados a través de la aplicación de diversas medidas, entre las que se encuentra la Ley de Responsabilidades Políticas.

Estas resistencias incluían la reocupación de sus casas cuando habían sido incautadas, el cultivo de sus campos cuando estaban embargados, o auténticas luchas titánicas para que la máquina de coser, el instrumental médico o el utillaje agrícola les fueran devueltos. Es interesante pensar que, en Aragón, de los veinte millones de pesetas exigidos en forma de multas a la población vencida, sólo tres millones y medio se saldaron, en buena parte gracias a los mecanismos de dilación y de­so­bediencia civil de las víctimas de la Ley de Responsabilidades Políticas.

El propio discurso de género franquista que les relegaba al ámbito doméstico y privado fue revertido, como en un juego de espejos, y transformado en arma mediante la cual defender una conciencia femenina que ensalzaba su papel como administradoras del hogar y priorizaba el derecho a la vida y al pan ante las imposiciones de la Ley.

En agosto de 1940, y sin que se hubiera todavía celebrado el consejo de guerra que la mantenía presa, María Bordonaba, analfabeta de 28 años y acusada de ser una “mujer peligrosa para el régimen actual”, escribió al Auditor de Guerra gracias a la ayuda de Flora Mateos, una de las muchas mujeres que ejercieron de escritoras delegadas en pueblos y cárceles. En la carta pedían la libertad atenuada de Bordonaba para poder atender a sus “hijitos” y a su “salud quebrantada”. Concedida la libertad provisional, pedía su traslado a Zaragoza, con sus niños, “para dedicarse a trabajos domésticos para cuidar a su familia y socorrer” a su marido.

Precisamente la emigración a las ciudades permitía la búsqueda de trabajos informales como el servicio doméstico, la hospedería, la limpieza de ropa y edificios, o el cuidado de personas, así como el tránsito de los márgenes de la Ley formando parte del mercado negro local, o practicando la prostitución, pero también llevando a cabo hurtos y estafas.

Otra vertiente de estas resistencias fue la escritura, un mecanismo clave que supuso para las mujeres la posibilidad de reivindicar su voz y su propia visión de los acontecimientos, dejando además para la Historia no pocos relatos que unían testimonio con conocimiento y conocimiento con denuncia. Mediante cartas a las autoridades, plasmaban ante los más altos tribunales relatos de ilegalidad, rapiña y saqueo donde tanto ellas como sus familias eran víctimas de los hechos, o denunciando violaciones por parte de patronos, o la violencia de guardias civiles y falangistas.

Además, dejaban constancia de que la legislación franquista venía acompañada del enriquecimiento y la reposición en el poder de personas provenientes de un mundo de privilegios económicos y sociales, mientras dejaba en la indigencia a la mayor parte de la población.

En tanto que supervivientes de la guerra y agentes de memoria, la labor de no pocas mujeres durante la posguerra puede considerarse pionera de la hoy conocida como memoria histórica. Las denuncias de las viudas e hijas de republicanos destaparon la verdad de los eufemismos franquistas, desafiando la versión oficial y descubriendo dónde estaban los cuerpos de los “desaparecidos” que la sublevación había dejado tras de sí y quiénes fueron sus verdugos.

Historiar la resistencia de las mujeres al franquismo es una cuestión de género, pero también de construcción de ciudadanía. Al incorporar estas experiencias al imaginario colectivo, a los tejidos culturales más invisibles, reclamamos este patrimonio como asunto de todas y todos, y nos reivindicamos como sujetos, también en lo que respecta a la resistencia al poder.

Las mujeres denunciaron cómo la guerra y el enriquecimiento que de ella surgía había sido una opción planea­da desde arriba y ejecutada a nivel local por agentes conocidos. Dejaban así constancia del enriquecimiento que acompañaba a la incautación de bienes de particulares vencidos en la guerra, cuyo patrimonio iba a parar a manos de las fuerzas vivas, solidificando un mundo de privilegios económicos para los colaboradores del nuevo Estado en su tarea represiva… Entre los testimonios, el de una mujer, llamada Fermina Larraga, que describía al mínimo detalle cómo un grupo de gente armada del pueblo “que se dijeron falangistas” se llevaron de su establo cuatro vacas, seis ocas, diez gallinas “porque se incautaba de las mismas el Estado”. De aquella requisa “no les dieron justificante o recibo de clase alguna”.

En el ambiente de la dictadura, estas mujeres debían pasar desapercibidas a ojos del régimen. Para que sus técnicas fueran exitosas, el régimen debía encontrar en ellas todo el elenco de virtudes políticas y morales que el nacionalcatolicismo franquista llevaba por bandera. Por eso, la protesta de estas mujeres no era siempre y en todo caso abierta. Es significativa la gran cantidad de mujeres que en el pueblo de Caspe (Zaragoza) escribieron defendiéndose con las mismas palabras ante acusaciones también similares. Magdalena Dolador, Pilar Lacarta, Antonia Piera, María Poblador, Lucía Rafales y Benita Sorrosal compartieron un texto común para defenderse de sus cargos de “transgresoras”. Reproducimos, poniendo entre corchetes las variaciones entre unos y otros pliegos: “(…) tanto por su sexo, como por su estado de viuda [tanto por su sexo, edad y estado; y de salud], como por su falta de instrucción, nunca ha tenido la menor intervención en política [de la cual no entiende lo mas mínimo y que la tenía sin cuidado; ni cosas sindicales; sin que se haya metido nunca en política, ni pueda ser considerada como revolucionaria], no se ha ocupado de otra cosa que de las atenciones de su hogar [sin haber desarrollado otras actividades que las de su casa; de las faenas de su casa]; más que de sus faenas en el campo; y de sus seis hijos; haciendo la vida propia de un pueblo de las de su sexo”.

La idea de que la violencia es conocida por todos y que no podrá ser sepultada por eufemismos como “desaparecido”, la encontramos en muchos testimonios, como el de Romualda Garulo, que ejercía de voz de la memoria de las historias familiares. Ella recordaba que “se habla en el expediente de fallecimiento, más lo cierto es que, a mediados del mes de agosto de 1936, se presentaron en casa unas cuantas personas, que obligaron a mi esposo y a nuestros dos hijos Emilio y José de 24 y 21 años respectivamente, a que se levantasen de la cama y los acompañasen, apareciendo días después el cadáver de mi esposo y no habiendo sido posible encontrar hasta el presente el de mis dos hijos. Comprenderá el Tribunal la situación de terror en que se desenvolvía nuestra actividad familiar”.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/saberes/28397-resistencias-invisibles.html

Las calles recuerdan los nombres de los asesinos en serie

El coronel Ciriaco Cascajo
El Ayuntamiento de Córdoba mantiene como hijos predilectos o adoptivos de la ciudad, con todos los honores, a un grupo de militares que fue responsable del golpe de estado del 18 de julio de 1936 que dio inicio a la Guerra Civil en España. Además, y según estudios posteriores, se les considera responsables de la posterior represión que solo en la capital acabó con el fusilamiento en pocos meses de más de 4.000 personas.

Según consta en los archivos del Ayuntamiento de Córdoba, desde 1936 son hijos predilectos o adoptivos de Córdoba los generales Gonzalo Queipo de Llano (comandante del Ejército franquista en Andalucía) y José Varela, junto a los coroneles Ciriaco Cascajo (este nombrado hijo predilecto) y Eduardo Sáenz de Buruaga. Además, en 1944 también fue nombrado hijo adoptivo el coronel Manuel Aguilar Galindo y Aguilar Galindo, y en 1957 el ministro de Obras Públicas de Franco Fernando Suárez de Tangil, conde de Vallellano.

Estos nombramientos, asumidos por los acuerdos de los distintos plenos del Ayuntamiento de Córdoba durante el franquismo, no han sido derogados, como se está empezando a hacer en distintos municipios de toda España en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Esta semana, el Pleno del Ayuntamiento de Baena ha aprobado la retirada de los honores que en su día concedió al dictador Francisco Franco. El Ayuntamiento de Córdoba nunca llegó a otorgarle esos honores al dictador, pero sí a los militares que estuvieron en los puestos de mando clave durante el inicio de la Guerra Civil en la ciudad de Córdoba.

Así, el general Gonzalo Queipo de Llano comandaba desde Sevilla capital todas las operaciones militares en Andalucía para lograr que triunfara el golpe de estado. En Córdoba ordenó el 18 de julio de 1936 la toma del Gobierno Civil, el único edificio oficial de la ciudad que resistió al alzamiento de los militares franquistas.

Posteriormente coordinó la represión y fue el encargado de nombrar a las autoridades civiles y militares que gobernaron la ciudad durante la guerra. Según consta en los archivos municipales del Ayuntamiento, en 1936 fue nombrado hijo adoptivo y preeminente de Córdoba, sin que conste que esta decisión y distinción haya sido revocada, atendiendo a la Ley de Memoria Histórica.

Por su parte, el general José Varela Iglesias mantiene desde 1936 la misma categoría de Queipo de Llano. Este militar fue el encargado, durante la Guerra Civil, de comandar las distintas operaciones militares en la provincia de Córdoba. También lo hizo en Antequera, en Málaga y en Sevilla. Acabó siendo ministro del Ejército en el primer gabinete del dictador Franco.

Ciriaco Cascajo es hijo predilecto de la ciudad de Córdoba, donde nació. De hecho, está enterrado con todos los honores en el cementerio de la Salud, donde se recuerda su participación en la Guerra Civil española. Cascajo dirigía el Regimiento de Artillería de la ciudad. El mismo 18 de julio y tras hablar con Queipo de Llano se sumó a la sublevación militar y sacó el ejército a las calles de la ciudad, para acabar tomando el Gobierno Civil. Cascajo acabó siendo el comandante militar de la ciudad y uno de los responsables de la brutal represión que acabó fusilando a miles de cordobeses.

Eduardo Sáenz de Buruaga está considerado también como uno de los militares más sanguinarios de la Guerra Civil, sobre todo después de comandar la matanza de Baena. Sáenz de Buruaga llegó a Córdoba justo después de que se consolidase el golpe de estado, que había triunfado en la ciudad pero no en la provincia. Desde la capital lideró la marcha de diversas columnas de militares a distintos pueblos, que acabó tomando.

En 1944 el Pleno del Ayuntamiento también decidió conceder el título de hijo adoptivo al coronel Manuel Aguilar Galindo y Aguilar Galindo, que era comandante de la Guardia Civil el 18 de julio de 1936, y posteriormente alcanzó el rango de coronel de Artillería en 1944. Aguilar Galindo fue el hombre elegido por Ciriaco Cascajo para negociar la rendición del Gobierno Civil de Córdoba el día del inicio de la Guerra Civil. Finalmente, los militares acabaron bombardeando este edificio, donde se refugiaban todas las autoridades públicas fieles a la República de la ciudad.

Además, en 1957 el Ayuntamiento de Córdoba también le concedió el título de hijo adoptivo a Fernando Suárez de Tangil, conde de Vallellano (una avenida lo recuerda hoy), que entonces era ministro de Obras Públicas de Franco. Suárez de Tangil fue un destacado diputado monárquico antes de la Guerra Civil y llegó a ser alcalde de Madrid. En la guerra llegó a dirigir la Cruz Roja del bando sublevado, por orden del propio Franco.

Fuente: http://cordopolis.es/2015/11/30/queipo-de-llano-y-otros-franquistas-siguen-siendo-hijos-adoptivos-de-cordoba/

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