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Los yihadistas sirios proponen a Trump ‘el acuerdo del siglo’

Arabia saudí ha aprovechado el viaje de Trump a Riad para arreglar una entrevista con el nuevo “señor de la guerra” de Siria, Ahmad Al Sharaa. La riendas de Damasco acaban en las manos de los países del Golfo, que son los que pagan las deudas y sostienen el aparato del Estado que los yihadistas quieren poner en pie.

Además, Siria necesita que Estados Unidos levante las sanciones para evitar que una catástrofe financiera pueda desintegrar el “califato de nuevo tipo” que se ha instalado en Damasco.

Desde que Sharaa llegó al poder en diciembre, los imperialistas han puesto en marcha una campaña de relaciones públicas destinada a convencer al mundo de las bondades del nuevo régimen para que le retiren las órdenes de busca y captura internacionales que aún tiene y que nunca han servido para nada: acaba de regresar de una visita a París, donde fue recibido por Macron.

El director de la Fuerza de Respuesta de Emergencia Siria, Muaz Mustafá, preparó la entrevista de su jefe Sharaa con Trump, e incluso dio una rueda de prensa el viernes en Washington, donde dijo que Trump era “un hombre de paz enviado por Dios”.

Si en lugar de Mustafá hubiera hablado Zelensky, los periodistas no habrían notado la diferencia. Un país destruido por la guerra es un gran negocio, sobre todo si tiene petróleo y unos amiguetes (Arabia saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos) con los bolsillos llenos de dinero. El Banco Mundial estima que el costo de reconstruir el país oscila entre 250.000 y 400.000 millones de dólares.

Mustafá dijo que Estados Unidos tenía una “oportunidad de oro” con el nuevo gobierno yihadista, que está abierto a hacer negocios con Washington. El delegado sirio tenía algo que vender: el supuesto apoyo de China y Rusia, que han ofrecido sustanciosos contratos para encargarse de la reconstrucción en el país, a cambio de las reservas de petróleo y gas. El delegado sirio llegó a mencionar a Huawei, el ogro que está dispuesto a reconstruir la infraestructura de telecomunicaciones. Pero nosotros “preferimos una asociación con Occidente“, dijo el yihadista.

Uno de los participantes en las reuniones fue el empresario estadounidense Jonathan Bass, quien declaró que AT&T fue mencionado explícitamente como “socio” por delante de Huawei.

Para evitar que los chinos y rusos se instalen, el nuevo gobierno de Damasco invitaba a las empresas estadounidenses a explotar los recursos de petróleo y gas del país, a cambio de financiar una parte de la reconstrucción.

Sin embargo, los yihadistas tienen un mosaico de problemas, como la presencia de alauitas, drusos, cristianos y palestinos, entre otros, a los que acusan de ser “cercanos a Irán”, para justificar las matanzas. En la rueda de prensa Mustafá confirmó que el gobierno sirio había encarcelado a los dirigentes de la Yihad Islámica Palestina.

En Oriente Medio la mejor señal de lealtad al imperialismo es poner a Irán en la diana. “Compartimos los mismos enemigos que Estados Unidos”, dijo Bass, resumiendo las declaraciones de Al Sharaa: “Compartimos los mismos aliados que Estados Unidos”.

Otro de los golpes de efecto que negocian los yihadistas sirios es su incorporación a los Acuerdos de Abraham y la normalización las relaciones con Israel… Si Israel se retira de los Altos del Golán.

La aviación israelí ha aprovechado la llegada de los yihadistas al gobierno de Damasco para bombardear implacablemente el país, casi tanto como Gaza, al tiempo que ha enviado tropas a ocupar nuevos territorios, incluso dentro de la zona de amortiguación desmilitarizada de la ONU en los Altos del Golán, en violación del acuerdo de 1974, y matando a docenas de sirios.

La Fuerza Aérea israelí también lanzó un ataque contra los terrenos de su palacio presidencial a principios de mayo. Este ataque se produjo apenas 24 horas después de que la delegación estadounidense se reuniera con Sharaa en el palacio. Los dirigentes israelíes han sugerido que era una amenaza: estamos preparados para futuros ataques contra el cabecilla sirio, si no responde a nuestras expectativas.

Hay que empezar por levantar las sanciones

Los yihadistas necesitan que Estados Unidos levante las sanciones para que se cumpla el sueño de Sharaa de llegar al “acuerdo del siglo” con Trump. Por su parte, la Casa Blanca ha anunciado que una exención de sanciones permitiría a Qatar financiar 29 millones de dólares en sueldos del sector público sirio durante los próximos tres meses. Es la única forma que tienen los yihadistas de conseguir que los funcionarios acudan a su puesto de trabajo.

Arabia Saudí y Qatar habían anunciado previamente que pagarían la deuda de 15 millones de dólares de Siria al Banco Mundial, una suma modesta que Damasco no era capaz de pagar.

Levantar las sanciones es la única manera de lograr que las ONG acudan en masa con su demagogia característica: hambrunas, catástrofes humanitarias, hospitales, colegios… Este tipo de actividades benéficas abarata el coste de la reconstrucción, por lo que aumenta los beneficios de las empresas dedicadas a la tarea.

Un misil chino derriba a un caza francés en la guerra indo-pakistaní

La batalla del 7 de mayo entre India y Pakistán marca un punto de inflexión histórico en las operaciones aéreas modernas. Ha sido el mayor combate aéreo de muy largo alcance (BVR o más allá del alcance visual) jamás registrado, se dice que participaron más de 130 cazas. El espacio aéreo en disputa se ha convertido en escenario de una intensa guerra electrónica, saturado de señales de radar, interferencias electrónicas y misiles invisibles, lo que ilustra el estado de los combates aéreos contemporáneos.

En el centro de la batalla, un Rafale indio fue derribado por un misil PL-15 disparado desde un caza J-10CE de diseño chino. Es la primera vez que este modelo de avión de combate francés es alcanzado.

Este misil, normalmente limitado en su versión de exportación a un alcance de 140 kilómetros, podría haber sido una versión no destinada a la exportación cuyo alcance real alcanzaría los 300 kilómetros. Esta considerable diferencia habría permitido atacar al aparato indio que se creía fuera de su alcance, revelando así una asimetría tecnológica inesperada en la guerra indo-pakistaní.

Es una victoria de la tecnología china sobre la francesa.

El éxito de Pakistán fue consecuencia del uso estratégico de un Saab 2000 Erieye, un avión de vigilancia y detección aérea. Equipado con un radar de matriz en fase considerablemente más potente que el de los cazas convencionales, el avión detectó a los Rafale indios mucho antes de que ellos mismos pudieran identificar la amenaza. La capacidad de transmitir coordenadas precisas a los cazas J-10 en tiempo real fue decisiva en el resultado del combate.

La velocidad de los misiles modernos es un factor decisivo en estos choques de nueva generación. A una velocidad 4 Mach, un misil aire-aire viaja casi 50 kilómetros en menos de 10 segundos. Este plazo extremadamente corto prácticamente no deja margen de maniobra al piloto objetivo si su sistema de alerta no responde lo suficiente. Incluso un avión tan sofisticado como el Rafale, famoso por sus capacidades defensivas, es vulnerable al elemento sorpresa en condiciones de combate ultrarrápido.

—https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-05-13/success-of-chinese-jets-against-india-raises-alarm-in-asia

Cuando Mújica apretaba el gatillo en la guerrilla uruguaya

El 31 de julio de 1970, el movimiento guerrillero uruguayo Movimiento de Liberación Nacional (MLN, Tupamaros), entre cuyos dirigentes estaba Pepe Mújica (“comandante Facundo”), secuestró, entre otros, a Dan Mitrione y, a cambio de su liberación, exigió la de 150 presos políticos.

Mitrione era un miembro del FBI que viajaba por Latinoamérica entrenando a los policías en técnicas de tortura. De 1962 a 1967 estuvo en Brasil durante el Golpe de Estado para adiestrar a la polícía en eso que hoy la CIA llama “técnicas reforzadas de interrogatorio”. Para pasar desapercibido viajaba como funcionario de la Usaid.

Los viajes de Mitrione por Latinaomérica fueron a la sombra de los golpes de Estado. En 1965 impartió cursillos en la República Dominicana a los policías del país, durante el desembarco de los marines encargados de perpetuar el derrocamiento del presidente Juan Bosch.

Las técnicas de tortura de Mitrione se generalizaron a partir de entonces, especialmente la “picana”, que consiste en la aplicación de corrientes eléctricas al cuerpo del detenido.

En 1970 llegó a Uruguay, donde el traje de camuflaje de la Usaid no le sirvió de mucho porque los Tupamaros le pudieron localizar. Dos años después, el director de cine Costa Gavras rodó la película “Estado de sitio”, que recrea el secuestros, interrogatorio y ejecución de Mitrione.

Después de su muerte, Nixon enterró al maestro de torturadores con honores militares. El cantante Frank Sinatra y el comediante Jerry Lewis le rindieron un homenaje en Richmond, donde había sido jefe de policía, y pagaron 20.000 dólares a su familia.

No obstante, el verdadero personaje cinematográfico de aquella historia siempre fue Mújica, al que han dedicado tres películas, más una serie de televisión. El 2010 la Organización Sionista de Uruguay le otorgó el Premio Jerusalén. Durante su Presidencia, nombró a Luis Almagro como ministro de Asuntos Exteriores, un peón de la CIA en Latinoamérica al que posteriormente promocionaron a secretario general de la OEA, donde lleva 10 años de servilismo repugnante.

Los mil y un homenajes que le han rendido a Mújica son la recompensa por haber renegado de sí mismo, apoyar al sionismo, criticar a Rusia, a Venezuela, a Nicaragua… Como buen renegado, al salir de la cárcel en 1985 Mújica rindió pleitesía al imperialismo y es lógico que la izquierda domesticada, a su vez, le rinda pleitesía a él y a lo que ha representado desde entonces.

Costa Gavras: Estado de sitio (1972)

Caso Pfizer: los tribunales europeos fallan contra Ursula von der Leyen

La Comisión Europea se equivocó al rechazar la publicación de los mensajes de texto de Ursula von der Leyen con el director de Pfizer, Albert Bourla, durante la negociación de la compra de vacunas, constata el Tribunal General de la Unión Europea.

El New York Times había pedido ver los mensajes secretos intercambiados entre la presidenta de la Comisión Europea y el director de la farmacéutica, antes de la firma del contrato multimillonario de adquisición de las vacunas de Pfizer.

La sentencia va a tener enormes repercusiones en el secretismo y la rendición de cuentas en la Comisión Europea y asesta un duro golpe a la maltrecha reputación de Ursula von der Leyen.

El Tribunal General de la Unión Europea dice que la Comisión había tratado de mantener el secreto de las negociaciones con el pretexto de que los mensajes de texto intercambiados en el contexto de la compra de vacunas no contenían información relevante.

El eje de la cuestión es si los mensajes de texto deben clasificarse como documentos y, por lo tanto, sometidos a la publicidad en nombre de la transparencia. Los organismos denunciantes sostenían que deberían recibir un trato como cualquier otro medio de comunicación oficial cuando se relaciona con la formulación de políticas. La Comisión defendió el secreto.

El caso fue iniciado por el jefe de la oficina de Bruselas del New York Times, que presentó una demanda contra la decisión de la Comisión de no publicar los mensajes de texto en 2022. Durante una audiencia preliminar, la Comisión dijo al Tribunal de Luxemburgo el año pasado que su contenido no era lo suficientemente significativo como para ser clasificados como documentos, por lo que no estaban registrados y disponibles para ser entregados a los periodistas.

Además de este litigio, hay otros casos judiciales pendientes de resolución por otros tribunales europeos.

Denuncian ante los tribunales la venta clandestina de armas británicas a Israel

El colectivo Al Haq de solidaridad con Palestina ha emprendido acciones legales contra el gobierno británico por la exportación de piezas de aviones de combate al ejército israelí, acusando a Reino Unido de incumplir su obligación de prevenir el genocidio.

La querella está dirigida contra el Departamento de Comercio británico, al que acusan de suministrar a Israel piezas esenciales para los F-35 utilizados en los mortíferos ataques israelíes en la Franja de Gaza.

El inicio del examen judicial del caso está previsto para esta mañana.

El gobierno británico aduce que hay una razón válida para no excluir los componentes del F-35 de las licencias de exportación, enfatizando que suspender estas exportaciones tendría un impacto negativo en la seguridad internacional, incluida la OTAN.

En septiembre, el gobierno laborista suspendió 29 licencias de exportación de armas para uso ofensivo en Gaza, dejando otras 200 licencias en vigor. También se concedió una excepción para el equipo relacionado con el programa F-35, citando imperativos de seguridad nacional.

Según The Guardian, un estudio de datos comerciales muestra que las empresas británicas han exportado municiones y otros equipos desde la suspensión de las licencias clave. Desde octubre de 2023 se han realizado catorce entregas de artículos militares desde Reino Unido a Israel, incluidas 13 por aire al aeropuerto Ben Gurion y una sola entrega por mar con 160.000 artículos al puerto de Haifa.

Desde septiembre del año pasado se han exportado 8.630 artículos bajo la categoría “bombas, granadas, torpedos, minas, misiles y municiones de guerra”.

Además de las armas, desde septiembre se han realizado cuatro entregas con 146 artículos, bajo el capítulo aduanero que designa “tanques y otros vehículos blindados de combate motorizados, armados o no, y sus componentes”. La mayoría de las entregas, con un valor total de poco más de 500.000 libras esterlinas, tuvieron lugar después de que se suspendieran las licencias en septiembre, reconoce The Guardian.

El dirigente laborista John McDonnell ha pedido una investigación exhaustiva. Acusa al ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, de haber engañado al Parlamento en septiembre, al decir que la mayoría de los suministros británicos a Israel eran “de naturaleza defensiva”.

El gobierno ha mantenido en secreto sus envíos de armas a Israel. “Debe finalmente aclarar estos acontecimientos extremadamente preocupantes y suspender todas las exportaciones de armas a Israel para que no se utilicen armas de fabricación británica en los aterradores nuevos planes de Netanyahu de anexionarse la Franja de Gaza y llevar a cabo una limpieza étnica del territorio”, declaró McDonnell.

De la carrera espacial a la industria espacial

El acceso al espacio ha sufrido una profunda transformación en los últimos años, a medida que se han desarrollado las fuerzas productivas y la técnica aerospacial. Ha aparecido una nueva industria, con nuevas empresas y nuevos mercados. Se trata de un sector económico emergente, estrechamente ligado a los ejércitos porque la posibilidad de desplegar infraestructura en el espacio es una cuestión estratégica para muchos países y empresas.

La nueva carrera espacial es dual, tanto militar como civil, con un intercambio de tecnologías y recursos entre ambas esferas. Junto a la militarización forzada del espacio se está desarrollando una intensa competencia económica, tanto en la puesta en órbita de los satélites como en su lanzamiento. Se necesitan muchos más satélites y, en consecuencia, más lanzaderas.

Con el cambio de siglo, el espacio se ha convertido en un mercado en el que compiten Estados y empresas. El peso del sector aerospacial en la economía mundial se ha decuplicado. Sectores estratégicos como las telecomunicaciones, la cartografía y las ayudas a la navegación, así como la observación meteorológica y el seguimiento de desastres naturales, dependen de los satélites. Estos últimos desempeñan cada vez más funciones y de forma cada vez más precisa.

Los satélites son cada vez más necesarios. Un número cada vez mayor de Estados buscan adquirir sus propios satélites, mientras que los que ya los tienen continúan poniendo en órbita otros nuevos y mejores. Detrás de esta carrera, Estados y empresas privadas libran una feroz competencia para obtener pedidos de lanzamiento y puesta en órbita de satélites.

Los lanzamientos de satélites han dejado de ser ocasionales. Las empresas tratan de mantener en el espacio constelaciones de satélites, lo que exige, a su vez, lanzamientos a ritmos acelerados y cada vez más baratos porque una de las funciones que cumplen es la conexión a internet. La pretensión es interconectarlo todo y, por lo tanto, que internet alcance a los lugares más remotos del planeta.

El mercado espacial creció de 423.800 millones de dólares en 2019 a 447.000 millones en 2023 y alcanzará el billón en 2030.

Las nuevas potencias espaciales

Los estadounidenses, rusos y europeos son los dominadores tradicionales de la carrera espacial, que los dos primeros se iniciaron en la posguerra. Pero hoy están surgiendo nuevas potencias espaciales, entre las que destaca China, para no depender de los satélites de terceros países.

El programa espacial chino recibió un nuevo impulso en la década de los noventa. El intento de enviar astronautas al espacio, se llamó Shenzhou y en 2003 logró su objetivo. Desde entonces han enviado un total de 17 y el programa Shenzhou ha evolucionado con el tiempo, incluyendo misiones que han realizado caminatas espaciales y han contribuido a la construcción de la estación espacial Tiangong.

Sólo tres naciones han logrado hasta ahora esta hazaña. China también fue la primera en aterrizar una sonda de exploración en el otro lado de la Luna y ha lanzado su propio competidor del GPS americano: el sistema Beidou.

Es el país que más satélites pone en órbita. En 2023 realizó 67 lanzamientos, por delante de cualquier otro. Por ejemplo, en su conjunto los países europeos sólo lanzan 6 satélites y Rusia 19. Gracias a ello, China está alcanzando rápidamente la paridad con Estados Unidos en el mercado de las telecomunicaciones, en particular el 5G.

Detrás de China avanza el programa espacial indio. Con ayuda de la URSS, en 1975 lanzó su primer satélite y luego desarrolló sus propias lanzaderas, que le permiten colocar numerosos satélites de comunicaciones en órbita. Eso le ha permitido crear el equivalente local del GPS.

Pero la India mira más allá, con un primer vuelo tripulado al espacio el año que viene.

‘New Space’ está cambiando las reglas del juego

“New Space” es el nombre que recibe el complejo formado por empresas privadas estadounidenses que diseñan y utilizan sus propias lanzaderas y pueden operar flotas de satélites. La empresa más conocida es SpaceX, creada en 2002 por Elon Musk.

Esta empresa controla toda la cadena de valor: fabrica sus satélites y luego los pone en órbita utilizando sus propias lanzaderas. Actualmente se encuentra desplegando la red de satélites Starlink, siendo la primera del mundo por el número de lanzamientos con 134 el año pasado y 180 previstos para éste.

Para ello SpaceX tiene cohetes parcialmente reutilizables, que reducen los costes, lo que le ha convertido en un socio de la NASA. Los cohetes transportan carga a la estación internacional así como pasajeros. El ejército estadounidense también confía en él, ya que pone en órbita algunos satélites militares.

Por eso tanto Musk como su empresa tienen un importante apoyo público, ya que muchos de los lanzamientos se realizan para el Estado. Al cobrar más a estas instituciones, SpaceX ofrece precios competitivos en el mercado internacional, lo que atrae a algunas empresas, incluidas las europeas, como Hispasat. El satélite Amazonas Nexus, del que ya hemos hablado, lo llevó a cabo SpaceX en 2023.

En el sector de las lanzaderas, SpaceX compite con Virgin Orbit, que se dedica a los lanzamiento aéreos: en lugar de lanzar cohetes desde el suelo, Virgin Orbit utiliza un avión modificado llamado “Cosmic Girl” para llevar su cohete LauncherOne a altitudes más elevadas. Una vez en el aire, el cohete se libera y se enciende para llevar a los satélites a la órbita prevista.

Virgin Orbit se fundó en 2017. Es una filial del holding Virgin, conocido por la línea aérea del mismo nombre, propiedad de Richard Branson.

En 2000 Jeff Bezos creó Blue Origin, que empezó a realizar sus primeros lanzamientos en 2015 con la pretensión de pasear turistas por el espacio.

Google podría verse involucrado en los juicios por el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza

La responsabilidad por crímenes de guerra es más ambigua cuanto más se aleja del acto de matar. Google no suministra armas a los matarifes de Gaza, pero ofrece servicios informáticos que les permiten hacerlo, siendo su función última el uso letal de esas armas. Según el derecho internacional, sólo los países, no las empresas, tienen obligaciones en materia de crímenes de guerra.

No obstante, si el Proyecto Nimbus se vinculara directamente con un crimen de guerra u otro crimen contra la humanidad, los cabecillas de Google se podrían enfrentar a responsabilidades criminales bajo el derecho internacional, a través de un organismo como el Tribunal Penal Internacional, que tiene jurisdicción tanto en Cisjordania como en Gaza.

Un dictamen de octubre del año pasado emitido por el Tribunal Internacional de Justicia, que arbitra disputas entre estados miembros de la ONU, instó a los países a “tomar todas las medidas razonables” para impedir que las empresas hagan cualquier cosa que pueda contribuir a la ocupación ilegal de Cisjordania. Si bien no son vinculantes, los dictámenes consultivos del Tribunal Internacional de Justicia tienen una enorme autoridad jurídica.

Establecer la responsabilidad criminal de Google en relación con la ocupación de Cisjordania o las matanzas en curso en Gaza implica un cálculo jurídico complejo, que depende de su grado de conocimiento sobre la manera en que se usan sus servicios, la previsibilidad de los crímenes facilitados por esos servicios y la manera en que contribuyen a la perpetración de los crímenes.

Antes de firmar su lucrativo contrato Nimbus con Israel, Google sabía que no podía controlar lo que sus fuerzas armadas harían con la tecnología de computación en la nube. El gigante tecnológico comprendió el riesgo de proporcionar herramientas de aprendizaje automático y de nube de última generación a un país acusado de crímenes de guerra desde siempre.

Google no sólo no puede supervisar ni impedir que Israel utilice sus aplicaciones para asesinar a los palestinos, sino que el contrato le obliga a bloquear las investigaciones criminales de otros países sobre el uso de su tecnología por parte de Israel. Además, la tecnología requería una colaboración estrecha con el aparato de seguridad israelí (incluidos ejercicios conjuntos e intercambio de inteligencia), algo sin precedentes en los acuerdos de Google con otros países.

Un consultor externo contratado por Google para evaluar el acuerdo recomendó que la empresa retuviera herramientas de aprendizaje automático e inteligencia artificial de Israel debido a los factores de riesgo.

El conocimiento de Google sobre los riesgos supone una responsabilidad criminal para la empresa por crímenes de guerra. La cuestión de la culpabilidad, raramente discutida, ha crecido en importancia a medida que Israel entra en el tercer año de lo que ha sido ampliamente reconocido como un genocidio, con los accionistas presionando a la empresa para que analice si su tecnología contribuye a los crímenes de guerra en Gaza.

El New York Times fue el primero en informar sobre partes del documento interno, pero la incapacidad reconocida por Google para supervisar el uso que hace Israel de sus herramientas no había sido revelada previamente.

En enero de 2021, apenas tres meses antes de que Google ganara el contrato Nimbus junto con Amazon, los directivos de computación en la nube de la empresa se enfrentaron a un dilema.

El contrato del Proyecto Nimbus (en aquel entonces llamado “Selenite” en Google) es una jugosa fuente de ingresos. Un centro de datos en la nube a medida para Israel, sujeto a la soberanía y la ley israelíes, le reporta a Google 3.300 millones de dólares entre 2023 y 2027, no solo vendiendo al ejército de Israel, sino también a su sector financiero y a empresas como la farmacéutica Teva.

Pero Google reconoce que los servicios en la nube “podrían usarse o vincularse con las violaciones de derechos humanos, incluida la actividad israelí en Cisjordania”, lo que resultaría en un “daño a la reputación”, advirtió la empresa.

En un informe, Google reconoció la necesidad de mitigar los riesgos para la imagen pública de Google. Pero también deja claro que existe un obstáculo profundo para cualquier intento de supervisión: el contrato del Proyecto Nimbus está redactado de tal manera que Google se vería en gran medida privado de información sobre lo que exactamente estaba haciendo su cliente y, si alguna vez saliera a la luz algún abuso, se le impediría hacer algo al respecto.

A Google sólo se le daría “una visibilidad muy limitada” sobre la manera en que se utilizan sus aplicaciones. A la empresa “no se le permitió restringir los tipos de servicios e información que el gobierno (incluido el Ministerio de Defensa y la Agencia de Seguridad de Israel) decide migrar” a la nube.

Los intentos de impedir que los militares o el espionaje israelí utilicen Google Cloud de forma que perjudiquen a Google “pueden verse limitados por los términos de la licitación, ya que los clientes tienen derecho a utilizar los servicios por cualquier motivo excepto la violación de la ley aplicable al cliente”, dice el documento. Una sección posterior del informe señala que el Proyecto Nimbus estaría bajo la jurisdicción de Israel que, al igual que Estados Unidos, no forma parte del Estatuto de Roma y no reconoce al Tribunal Penal Internacional.

Si el Proyecto Nimbus cae bajo escrutinio legal fuera de Israel, Google debe “rechazar, apelar y resistir las solicitudes de acceso de gobiernos extranjeros”. Google señaló que eso podría poner a la empresa en desacuerdo con gobiernos extranjeros si intentan investigar el Proyecto Nimbus. El contrato requiere que Google “implemente procesos estrictos y personalizados para proteger datos confidenciales del gobierno”, según un informe interno posterior, que fue redactado después de que la empresa ganara su licitación. Esta obligación se mantendría incluso si implicara violar la ley: “Google no debe responder a las solicitudes de divulgación de información de las autoridades policiales sin consultar y, en algunos casos, aprobar por parte de las autoridades israelíes, lo que podría hacer que infrinjamos el ordenamiento jurídico internacional”.

Además de su trabajo para el ejército israelí, Google, a través del Proyecto Nimbus, vende servicios en la nube a Israel Aerospace Industries, el fabricante de armas estatal cuyas municiones han devastado Gaza. Otro cliente confirmado del Proyecto Nimbus es la Autoridad de Tierras de Israel, una institución pública que, entre otras responsabilidades, distribuye parcelas de tierra en Cisjordania ocupada y anexionada ilegalmente.

Rheinmetall se frota las manos gracias al rearme europeo

Piezas, municiones, proyectiles, vehículos militares… El holding alemán Rheinmetall se diversifica y apunta más alto, anunciando la creación de una empresa conjunta para construir satélites militares.

Después de los tanques y los proyectiles, Rheinmetall apunta al firmamento. El fabricante de equipos alemán ha firmado un memorando de entendimiento con el fabricante finlandés Iceye para establecer una empresa conjunta para la producción de satélites de observación militar. La empresa, denominada Rheinmetall Iceye Space Solution, será propiedad en un 60 por cien de Rheinmetall y en un 40 por cien de Iceye.

Para llevar a cabo este proyecto, el fabricante alemán reconvertirá parte de su fábrica de Neuss, cerca de Düsseldorf, que hasta ahora producía piezas de automoción. El inicio de operaciones está previsto para el segundo trimestre de 2026.

La asociación de Rheinmetall con Iceye no es casualidad: fundada en 2014, la empresa finlandesa está especializada en la fabricación de radares de apertura sintética (SAR) para observación y cartografía. Iceye ha lanzado alrededor de cuarenta satélites desde 2018.

La principal ventaja del radar SAR es su capacidad de proporcionar imágenes diurnas de alta resolución, independientemente de las condiciones climáticas o interferencias, como el humo. Una ventaja definitiva para satisfacer las necesidades militares en términos de vigilancia, reconocimiento, inteligencia y adquisición de objetivos.

Con esta nueva actividad, el conglomerado alemán se consolida aún más en el sector de defensa. Rheinmetall, fabricante de municiones y proyectiles, proveedor del gigante estadounidense Lockheed Martin e implicado en programas de armamento como el Future Combat Air System, también busca crear vínculos fuertes con socios extranjeros.

El holding se benefició de las consecuencias de la guerra en Ucrania, pero también del aumento del presupuesto de defensa de Alemania. Los resultados anuales indican un aumento del 36 por cien en las ventas en 2024, alcanzando los 9.800 millones de euros.

En febrero del año pasado anunció que había llegado a un acuerdo con un socio ucraniano para crear una fábrica de municiones de artillería en Ucrania, seis meses después de firmar otro acuerdo para la reparación de vehículos militares. Más recientemente, Rheinmetall y Lockheed Martin acordaron construir una planta de producción de misiles y cohetes en suelo alemán.

Históricamente el origen de Rheinmetall está en los Porsche, una familia de raigambre nazi, por lo que algunos consideran a Rheinmetall como un competidor estratégico de Estados Unidos. Sin embargo, la mayor parte de las acciones están en manos de fondos buitre de Estados Unidos, como BlackRock o Vanguard.

Cualquier acuerdo con Ucrania que no sea una capitulación es un regalo de Rusia

Durante una reunión anterior en la Casa Blanca, Trump, entonces en su primer mandato, recibió a Zelensky en una posición bastante desequilibrada. El recién elegido ucraniano, que buscaba reconocimiento en la escena internacional, se encontró frente a un presidente estadounidense reacio a ofrecer una solidaridad clara y multiplicando demandas encubiertas en asuntos internos en lugar de reafirmar su apoyo incondicional a Ucrania. Este momento marcó el inicio de una política compleja entre ambos países, donde los cálculos políticos parecían primar sobre las alianzas tradicionales.

Hoy, mientras la guerra en Ucrania continúa, ese recuerdo resuena en la decisión de Trump de apoyar públicamente una propuesta de Putin. El presidente estadounidense pidió la aceptación inmediata de la oferta rusa de conversaciones directas, contradiciendo la línea común planteada por los dirigentes europeos. Esta postura inesperada vuelve a trastornar el equilibrio diplomático establecido en los últimos meses.

Menos de 24 horas antes de esta declaración, Trump había mostrado una postura de coordinación con los europeos, apoyando la solicitud conjunta de un alto el fuego de treinta días antes de cualquier negociación. Este planteamiento fue expuesto por Francia, Alemania, Gran Bretaña, Polonia y Ucrania, unidos en torno a un objetivo: congelar temporalmente los combates para abrir la puerta al diálogo. El plan europeo se hizo añicos rápidamente cuando Trump cambió su tono y emitió un mensaje instando a Kiev a entablar inmediatamente un diálogo directo con Moscú.

Este giro diplomático ha socavado la estrategia de Macron y el canciller alemán Friedrich Merz, quienes volvían sonrientes de Kiev, rodeados de papelinas de coca en un convoy del tren en compañía del británico Keir Starmer.

Los europeos pretendían lograr un cese previo de las hostilidades para evitar que las conversaciones se conviertan en una simple maniobra táctica rusa. Por su parte, Zelensky indicó que está abierto a reunirse con Putin, pero sólo después de obtener un acuerdo de alto el fuego, condición que considera esencial para dar credibilidad a cualquier iniciativa diplomática.

Es un error creer que en esta guerra hay algo que negociar. Cualquier acuerdo que no sea una capitulación es un regalo por parte de Rusia y su única ventaja es acelerar el fin inevitable de las hostilidades.

Por lo demás, el empeño de los europeos por el cese de las hostilidades intenta empañar el ridículo del agotamiento de los arsenales, no sólo de los ucranianos, sino también de los europeos. La Guerra de Ucrania podría ser la primera que se acabe porque una de las partes se ha quedado sin munición.

La urgencia de Trump es diferente. Se pasa a la postura de Putin, una vez más, aunque eso signifique aislarse de sus “socios” de siempre porque ya no ayudan: se han convertido en un lastre. La posición de la Casa Blanca ahora mismo es acabar con la guerra a toda costa, cuanto antes mejor y le importa un bledo lo que propongan los europeos. A su vez, esa posición es consecuencia, entre otras cosas, de la misma situación: si Europa no puede enviar más armamento a Ucrania, a Estados Unidos le ocurre lo mismo: ni puede ni quiere.

Luego están las famosas “garantías de seguridad” que en los medios de intoxicación siempre hacen referencia a Ucrania: hay que ofrecer “garantías de seguridad” al gobierno de Kiev, no al de Moscú. Así se repite exactamente el planteamiento de los Acuerdos de Minsk, de los que los europeos se burlaron, lo cual costó la vida a 14.000 personas en el Donbas.

Las “garantías de seguridad” son las que exige Rusia y las va a obtener, por las buenas o por las malas. Lo demás es un intento de salvar la cara por parte de los europeos y sus marionetas de Kiev.

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