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Malos modales

Darío Herchhoren

Son los que tienen los muchachos de los servicios secretos saudíes. Son algo rudos y se ponen nerviosos y en esas circunstancias se les va la mano (y la sierra) y cortan en pedazos a un compatriota dentro de un consulado.

Esto es al parecer lo que le ha pasado al periodista Kassoggi que entró al consulado saudí en Estambul y salió desmermbrado en varias maletas con destino a Riad con el objeto de probar ante el principe Bin Salman un trabajo bien hecho.

Hay que aclarar algunas cosas, ya que la información que vamos sabiendo es cada vez más complicada, y pone más de manifiesto esos malos modales.

Al parecer Kassoggi era sobrino del famoso traficante de armas Adnan Kassoggi que vivía en Marbella y que falleció en 2017. Este individuo fue el organizador del famoso affaire Irán Contra por encargo del otrora candidato a la presidencia de los USA Ronald Reagan.

Pero el sobrino no le iba en zaga. Era amigo personal de Ben Laden y hay fotografías que lo muestran en Afghanistán armado con una metralleta y actuando en combate junto a su compinche.

Es decir que era un hombre al servicio del imperio USA. En el momento de su muerte trabajaba como periodista del Washington Post, que está controlado por la CIA.

Pero todo este escandaloso asunto hay que enmarcarlo en la lucha que el imperio libra contra el presidente turco Erdogan que ha sido víctima de un intento de gole de estado fracasado urdido por la CIA, que fue advertido por el servicio de seguridad de Rusia y que le salvó la vida a Erdogan.

Erdogan ante ese hecho desató una inmensa purga que acabó con la carrera de miles de funcionarios, jueces, catedráticos y periodistas en Turquía y con la supresión de varios diarios turcos opuestos a él.

En Turquía permanece preso un ciudadano USA acusado de espionaje, al parecer que como represalia por la protección del imperio a Fetulah Gulen, un jerarca religioso turco cercano a los Hermanos Musulmanes, que son amigos de los USA.

A raíz de todo esto, el gobierno turco no le permite a los USA usar la base militar de Incirlik, muy cerca de la frontera con Siria y lugar de salida de aviones USA para atacar a Siria. Todo esto ha llevado a Turquía a echarse en brazos de Rusia que es el gran ganador en este complicado rompecabezas.

A su vez, sabiendo la relación especial que los saudíes mantienen con Trump, los servicios de seguridad turcos han introducido micrófonos y cámaras ocultas en el consulado saudí e Estambul que han grabado y filmado las escalofriantes escenas de la muerte de Kassoggi, y las darán a publicidad el martes 23 de octubre.

Esto ha hecho que el gobierno saudí haya tenido que dar explicaciones. Abstrusas explicaciones, que cada vez complican más a ese gobierno en este oscuro crimen de estado. Todo apunta al príncipe Mohamed Bin Salman y ha levantado una verdadera ola de indignación y tanto que personajes como Javier Solana ex secretario general de la OTAN ha dicho que Arabia debe acabar con la agresión a Yemen (ya era hora), y que Alemania deje de vender armas a ese país.

Evidentemente hay un trasfondo geopolítico detrás de todo esto, y es la inquina que siente el imperio contra Irán, y a que Arabia Saudí es el vicario de una polítia agresiva contra la nación persa. Es posible que estemos asistiendo a un cambio de gobierno en Arabia. Ya Trump, hace muy pocos días lo dijo. Si quitamos nuestro apoyo a la monarquía saudí, duraría quince días. Y lo dijo en esos términos siempre tan diplomáticos y tan propios de Trump.

Llama la atención el costado mafioso que tiene todo esto. La muerte y el desmembramiento del periodista, y luego las condolencias de la familia real saudí para con el hijo del muerto, el accidente y muerte de uno de los carniceros y las promesas de castigo a aquellos «que actuaron por su cuenta». Todo ello huele a crimen mafioso. En fin, veremos cosas raras en los próximos días.

El fascismo se nutre del miedo a ‘la ultraderecha’ precisamente

Valencia, 1981: los tanques en la calle
Volvemos una y otra vez con variaciones sobre el mismo tema, frente a quienes pretenden inculcarnos que “la ultraderecha” son esos (y sólo esos) partidos xenófobos y matones callejeros. No; alguien tiene que ponerles en el centro del escenario para que los espectadores les voten.

Se llama prensa, medios de comunicación, cadenas de radio y televisión, internet, redes sociales y tertulianos, a su vez dirigidos por empresas de imagen, publicidad y relaciones públicas, es decir, por capitalistas que invierten su dinero en negocios rentables.

Donde hay un fascista hay también una capitalista y un “experto” en comunicación que fabrica una marca política como quien fabrica una marca comercial. Luego el votante va a las urnas como el consumidor al súper del barrio.

En el mundo moderno, pero muy especialmente en el periodismo, no importa la calidad sino la cantidad; no importa que hablen mal de “la ultraderecha”. Lo importante es que hablen, aunque sea de algo insignificante como Vox, de quienes nadie se acordará dentro de muy poco tiempo.

Uno de los aspectos más importantes de la intoxicación informativa son las maniobras de distracción, llevar la atención hacia los aspectos anecdóticos de la realidad. En un escenario abrumado por la cantidad, es algo muy sencillo.

La intoxicación es como el dios bíblico, capaz de crear a partir de la nada. ¿Cómo se convierte la nada en “algo”? También es bastante sencillo: “la ultraderecha” es un peligro, luego ya es “algo”.

En España hemos conocido experiencias de ese tipo, de la mano de Carrillo y el PCE que inmediatamente después de la transición ocultaron su pacto con UCD, el partido de gobierno, con una alarma fraudulenta hacia lo que entonces era AP, Alianza Popular, calificada de “franquista”.

Para ocultar la realidad presente no hay nada mejor que inventar un peligro futuro. La falta de memoria histórica consigue lo demás. Reconvertidos en PP, aquellos “franquistas” de los que nos hablaba el PCE no gobernaron hasta 20 años después, pero entonces nadie se acordó de que eran “franquistas”, es decir, que ya no eran un peligro sino una realidad.

Por eso tuvieron que inventar otros peligros y otros franquistas y neofranquistas que hacen buenos a los anteriores porque el miedo, esos grandes peligros que nos acechan, guardan la viña. Es mejor no despertar al monstruo franquista; quedémonos como estamos.

El miedo al franquismo es la historia misma de la transición. Para sacar a aquella generación de la calle hubo que inventar toda clase de peligros, riesgos y miedos, como el “ruido de sables”, es decir, la amenaza permanente de un golpe de Estado militar. “¿No os gusta esta Constitución?, ¿no os gustan los Pactos de la Moncloa?, ¿no os gusta UCD?” Entonces recurrían al 23-F, a Tejero, y a lo que calificaban como “búnker”.

Era mentira; nunca hubo una cosa (transición) o la otra (franquismo). Era todo parte de lo mismo. De ahí que el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 haya sido justamente calificado como un “autogolpe”. En la transición todo se lo guisaron y se lo comieron entre los mismos: los franquistas.

Igual que la transición, el “autogolpe” cumplió su papel: no sólo no desestabilizó sino que ayudó a consolidar el fraude político, mientras la “oposición domesticada” enterraba la cabeza bajo tierra de manera definitiva.

Este fin de semana los fascistas convocaron un acto para honrar la
memoria del coronel Yagüe, el asesino en masa de Badajoz, para lo cual
no se aferran a la imagen de Franco, ni a la Hitler sino a la del rey Felipe VI.

Indian Horse: la mala conciencia, la falsa conciencia, la falta de conciencia

“Indian Horse” es una película rodada el año pasado por el director canadiense Stephen S. Campanelli, que durante 20 años fue el operador de cámara de Eastwood, a quien convenció para poner la pasta.

El guión se basa en una novela del también canadiense Richard Wagamese que ha tenido un enorme éxito y ha levantado una enorme polvareda, lo que es muy frecuente cuando un país no conoce su historia porque ha vivido siempre mirando hacia otro lado.

“¿Qué?, ¿Los canadienses hicieron esto?”, preguntó Eastwood cuando leyó el guión. “¿Cómo es que nadie lo sabe?”, repitió el conocido cineasta estadounidense.

A muchos la terapia cinéfila les recordará -muy vagamente- a “Bailando con lobos” y unos pocos pasarán por encima porque son cosas sobre las que ya escribieron Fray Bartolomé de las Casas o el inolvidable Mariátegui.

Colonialismo, religión, exterminio… Volver a replantear otra vez algo de lo que ya se habló cuando los fastos del V Centenario no es un mero recordatorio sino un replanteamiento por partida doble.

Los colonialistas lo hicieron conscientemente y por eso pusieron a los curas y monjas al frente de una tarea que era la de la cruz tanto como la de la espada. La primera te convence y la segunda te mata cuando falla la primera.

Pero de la conciencia pasaron a la inconsciencia y de ahí, poco a poco, a la mala conciencia, al arrepentimiento y a solicitar el perdón por sus numerosos crímenes, que es el punto de partida para la “reconciliación nacional” entre los verdugos y sus víctimas.

Luego podríamos discutir cómo la evolución de la conciencia colonialista ha infectado a los colonizados en forma de indigenismo para difuminar la conciencia de clase. El colonizado tampoco sabe quién es realmente; tampoco sabe qué es porque, como en caso de los bebés robados en España, le han quitado tanto que nunca ha visto su verdadero álbum familiar de fotos.

Algunos llaman a eso “identidad”, que es tanto como decir que A = A, o sea, lógica formal. Los otros lo desprecian por “identitarios”, como si se pudiera ir por el mundo sin tener carnet “de identidad”.

En América y en el Tercer Mundo hizo falta alguien como Mariátegui, a medio camino entre el vasco colonizador y el indio colonizado, para reconstruir las biografías de los autóctonos como campesinos sometidos, expoliados y exterminados.

El culebrón interno dentro de la Iglesia Ortodoxa llega a Turquía

Como decíamos ayer, al Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla se le ha ocurrido entrar en el juego que Estados Unidos se trae en Ucrania.

Tras orquestar en 2014 el golpe de Estado en Ucrania, el embajador Pyatt fue enviado a Grecia, lo cual merece una explicación sucinta: desde 1923 Turquía sólo reconoce a la Iglesia Ortodoxa no canónica, mientras que el Patriarcado de Constantinopla está principalmente vinculado a Grecia. Hay unos 9.000 fieles ortodoxos en Turquía frente a más de 3 millones en Grecia.

En otras palabras: es la religión la que sirve a la política, y no al revés. Por lo tanto, las batallas políticas multiplican las batallas teológicas dentro de la Iglesia Ortodoxa, lo mismo en Ucrania, que en Rusia, que en Turquía, que en Grecia.

El Patriarca de Constantinopla tiene poco, pues, de Constantinopla; ni siquiera de Estambul. El gobierno turco nunca ha podido admitir que 9.000 fieles ortodoxos dependan de una autoridad religiosa extranjera que, además, usurpa el nombre de Constantinopla. En consecuencia, el Estado crear su propia autoridad religiosa.

Cuando hace unos días el referido Patriarcado de Constantinopla toma partido a favor de Ucrania, la autoridad ortodoxa turca aprovecha para marcar distancias y ponerse en un primer plano con una ocurrencia feliz: presenta una demanda ante los tribunales contra el Patriarcado de Constantinopla.

De acuerdo con el Tratado de Lausana de 1923 y la legislación turca, el Patriarcado de Constantinopla no tiene poder para enviar exarcas al extranjero, ni para reconocer una Iglesia autocéfala, como la ucraniana, cuyo título es honorífico, no pudiendo prestar servicios religiosos a los griegos que viven en Turquía.

En términos políticos: el Patriarca de Constantinopla se puede convertir en un exiliado dentro de Constantinopla (Estambul), si es que le permiten quedarse en el país.

Ahora, si levantamos el telón un poco más lo que vemos es la larga mano de Rusia, que ya avisó de que utilizaría sus buenas relaciones diplomáticas con Turquía para atacar al Patriarcado, al que sólo le queda el apoyo de la OTAN, Estados Unidos y Grecia.

Es un tema apasionante para los historiadores: volvemos a los siglos XVI y XVII.

Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir

Hace tiempo que las políticas económicas de privatización de servicios públicos llegaron a los ejércitos y al espionaje. La información se compra y se vende y, como toda mercancía, puede ser buena o mala, veraz o fraudulenta.

La CIA es una central adelantada a la subcontratación de todo tipo de tareas de espionaje, para lo cual no se ha limitado acudir al mercado, como cualquier otro cliente o consumidor. No; ha creado las empresas suministradoras, lo que tiene tres explicaciones.

La primera es que al repartir una información entre varios clientes, el precio sale más barato. Las segunda es que la información depende cada vez más del desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología. Sabe más quien tiene más medios. La tercera es que la información procede cada vez más de lo que los espías califican como “fuentes abiertas”, es decir, información que está a disposición de cualquiera.

Las tres razones conducen de cabeza a internet y a lo que rodea a internet, como las gigantescas bases de datos (“big data”) que se manejan hoy.

Por eso las empresas que se ofrecen para ese tipo de servicios, no son lo que parece. No son ajenas a la CIA sino que son la CIA misma porque, además, al trabajar para varios clientes capturan mucha más información.

En España pronto todo el mundo empezará a hablar de Palantir, una de esas empresas filiales de la CIA, dirigida por Peter Thiel, consejero informático del gobierno de Trump.

Para que se hagan una idea, Thiel fue uno de los primeros inversores de Facebook, uno de los fundadores de PayPal, estuvo en la creación de YouTube, la red LinkedIn, la aplicación Yelp… Cuando se analizan los “grandes éxitos” de internet (“start ups”), lo que aparece es que casi todos ellos fueron creados por las mismas personas, un grupo muy selecto de personajes, como Peter Thiel, todos ellos muy estrechamente relacionados entre sí.

El nombre elegido para la empresa no es ninguna casualidad. Procede de las novelas de J.R.R. Tolkien, autor de “El señor de los anillos”, entre otras, donde la palabra “palantir” no es más que el panóptico de Bentham: “el ojo que todo lo ve”, la bola de cristal que permite predecir el futuro, la vieja la piedra filosofal.

Thiel creó Palantir con dinero de In-Q-Tel, es decir, de la CIA y hay que recordar algo importante: en abril Estados Unidos aprobó la Ley Nube (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) que obliga a las empresas estadounidenses a informar al gobierno, incluso aunque hayan obtenido la información fuera del país.

Palantir trabaja con grandes monopolios, bancos, aseguradoras y multinacionales, lo mismo que con instituciones públicas, dentro y fuera de Estados Unidos, del tipo de la agencia tributaria, los juzgados o la seguridad social. Trabaja con la policía Nueva Orleans y Los Angeles en los programas de policía predictiva, de los que ya hemos hablado. Tampoco hay que olvidar a tinglados tan sospechosos, como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que destapó los Papeles de Panamá (de los que ya nadie se acuerda).

Prologado por el mafioso de Zuckerberg, Thiel escribió un libro en 2015, traducido al castellano (*), que se titula del “Del cero al uno” para dar la impresión de que trata sobre lógica binaria. Lo realmente bueno es el subtítulo, “Cómo inventar el futuro” porque la CIA, y otros organismos parecidos, no sólo tienen la pretensión de conocer el futuro sino de diseñarlo (a su imagen y semejanza). Quieren que en el futuro seamos como ellos quieren.

Es como uno de esos libros de autoayuda tan anglosajones que te enseñan a triunfar en la vida, lo cual consiste en ser un emprendedor, crear una empresa exitosa que rente muchos beneficios. Para ello no tienes más que seguir el manual de instrucciones de Thiel, aunque no te dice nada de asociarte con la CIA. ¿Por que será?

(*) Los más morbosos lo pueden descargar desde este enlace: https://mega.nz/#!S08CWbTT!BDkOcB1X9Cho0u6afnDpuPIUqcmyEc6_GsQg_m2757M

Mueren 11 espías extranjeros al explotar un arsenal de armas químicas que tenían los yihadistas en Siria

La explosión ayer de un taller de fabricación de explosivos y armas químicas en Idlib causó la muerte de 11 yihadistas británicos, chechenos y turcos, miembros de las centrales de inteligencias extranjeras que dirigen la guerra contra Siria.

El arsenal estaba situado en el distrito de Turmanin, en la ZONA norte de Idlib, a sólo 15 kilómetros de la frontera turca y contenía grandes cantidades de explosivos, fertilizantes y barriles de cloro líquido.

Los muertos son 9 espías extranjeros y 2 miembros de los Cascos Blancos, aunque el número podría aumentar porque han aparecido calcinados varios restos humanos.

Una parte del arsenal albergaba un laboratorio de producción de explosivos y productos químicos y los extranjeros que lo supervisaban se encontraban dentro en el momento de la violenta explosión.

En colaboración con los Cascos Blancos, Tahrir Al-Sham (Al-Qaeda, Frente Al-Nosra) transportó sustancias desde este arsenal a lugares desconocidos y el 14 de octubre anunció en un comunicado su oposición al acuerdo sobre el establecimiento de una zona desmilitarizada en Idlib, firmado por los turcos y los rusos en Sochi.

Desde 2013 las grandes cadenas de intoxicación acusan al gobierno de Damasco de fabricar y lanzar armas químicas como pretexto para posteriores ataques, pero las evidencias siguen poniendo de manifesto de dónde procede dicho armamento.

A pesar de las pruebas de los crímenes de guerra cometidos por los Cascos Blancos que operan en Siria, tanto ellos como sus familiares serán recibidos como héroes en Gran Bretaña.

En Canadá Jacques Trudeau también ha concedido asilo político a muchos miembros de los Cascos Blancos, rindiéndoles homenaje público.

Los Cascos Blancos son una organización creada por el MI6 para la campaña de intoxicación propagandística contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

El capitán Bolsonaro.com.br no dispara balas porque sus armas son virtuales (al menos de momento)

“Bolsonaro representa a la clase media, herida y abandonada por la izquierda”, dice Paulo Guedes, un economista que es el brazo derecho del candidato nazi brasileño, pero que estudió en Chicago (dicho sea de paso). “Bolsonaro es una creación de la clase media”, repite el uruguayo Raúl Zibechi en La Haine (*).

Así les luce el pelo a algunos: si la “izquierda alternativa” y “seudoprogre” está diciendo lo mismo que el fascismo y la famosa “Escuela de Chicago”, es que algo va rematadamente mal (en esa “izquierda”, naturalmente).

En fin, el auge del fascismo no puede extrañar a nadie porque había dejado de existir, y cuando “reaparece” ya nadie se acuerda de lo que fue, lo que es y lo que seguirá siendo en el futuro, lo llamen como lo llamen.

Parece increíble, pero es así: el esperpento Bolsonaro, como el de Vox, está delante de las narices y los sesudos analistas, incluidos los “alternativos”, no lo ven, o no lo quieren ver. Por lo menos ocultan datos fundamentales ampliamente conocidos, como que en Brasil ha habido un “golpe de Estado dulce” que ha destituido a Dilma Rouseff y ha llevado a Lula a la cárcel.

En 2016, durante la campaña para la destitución de Rouseff, en las pancartas de la reacción se podía leer una consigna que no necesita traducción: “Intervençao militar jà”. Una vez que eso ocurrió, ¿qué esperaban los “alternativos”?, ¿qué otra cosa que un capitán como Bolsonoro podían esperar? Desde luego que Lula y Rouseff se cayeron por su propio peso (por su propia falta de peso) y, en todo caso, quien les dio la patada en el culo no fue “la clase media” sino las fuerzas que verdaderamente detentan el poder en Brasil desde hace décadas que, por cierto, son las mismas que dieron el golpe de Estado en 1964, a saber, una oligarquía estrechamente ligada al imperialismo, por decirlo de la manera más sintética posible.

Esa es la fuente del verdadero poder político que con tanta facilidad ha podido desembarazarse en Brasil de los millones de votos del lulismo, “la izquierda” y el reformismo ramplón, a pesar de que el propio Bolsonaro se lo advirtió desde el principio: “vamos a acabar con el activismo en Brasil”, repitieron una y otra vez. Lo advirtieron porque “el capitán Bolsonaro” y sus matones sabían que esa tarea era muy sencilla.

¿En qué estaban pensado esos “activistas” cuando Bolsonaro dijo en televisión que los del Movimiento Sin Tierra eran terroristas?, ¿creyeron que era una broma?, ¿cómo reaccionaron?

Fuera de Brasil Bolsonaro es un absoluto desconocido, pero en el interior le conocen (o mejor dicho, deberían conocerle) desde hace 30 años, lo mismo que a su vicepresidente “in pectore”, otro militar, el general Hamilton Mourao: “Yo soy capitán, él es general, pero el futuro Presidente de Brasil seré yo”, vociferaba Bolsonaro.

Al nazi brasileño los “progres” le podrán reprochar muchas cosas, excepto la de no haber sido claro, porque siempre ha confesado su admiración por los golpistas de 1964, de los que se considera un continuador. A mayor abundancia: a diferencia de Argentina, Chile o Uruguay, en Brasil (como en España) nadie exigió nunca responsabilidades criminales a los matarifes golpistas que ensangrentaron el país durante 20 años, por lo que debemos volver a la catarata de preguntas que tenemos hacia “la izquierda”: ¿en qué han estado pensando todo este tiempo?

Mucho mejor un blog que un mitin

A diferencia de 1964, hoy hay que hablar de Bolsonaro.com.br más que del propio Bolsonaro porque las empresas de publicidad de Estados Unidos fabrican así, a medida, a los “nuevos” políticos de siglo XXI en sus cursillos de “liderazgo”. Cuando se necesita un buen candidato (fascista) no hay que empezar por las reuniones o el programa electoral sino por el blog, la página web, YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp…

Algunos posmodernos tienen el desparpajo de llamar a esto “democracia directa”. El caso es que en el fascismo 2.0 ya no hay militantes sino seguidores. Por lo tanto, tampoco hay partidos políticos y los electores no votan un programa electoral sino una página web, y Bolsonaro tiene la suya, aunque los “progres” no lean esas cosas.

Bolsonaro.com.br es un fascismo 2.0 con todos los “adelantos” de las últimas tecnologías de la galaxia virtual, como los bots. Para ser un fenómeno en la política fascista tienes que pasar por ser un fenómeno digital, muy visible, “trending topic”. Contacto directo con tus seguidores y fans. Un cuarto de hora de chat en WhatsApp es más importante que un mitin y no hay que desplazarse a ningún sitio; basta con estar sentado en el sofá de casa con el móvil en la mano.

Claro que los aficionados a las redes sociales no saben que al otro lado del móvil lo que hay son expertos y empresas publicitarias capaces de enviar y reproducir millones de mensajes en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, correo electrónico, SMS…

Bolsonaro ha seguido cursillos para chatear en las redes y, por cierto, su consejera de imagen, Olga Curado, es la misma que dirigió la promoción de Lula y Ruseff. Por si no lo sabían: en la política del siglo XXI la “imagen” es neutra; vale lo mismo para los fascistas que para “la izquierda”. Es así como se luce esa “izquierda”.

El Frente Parlamentario Evangélico

Pero, como es natural, el apoyo más importante de Bolsonaro está en el imperialismo, que en este caso actúa con la cobertura de las sectas protestantes, que no sólo predican los domingos por la mañana desde el púlpito sino que disponen de cadenas de televisión, como TV Record, propiedad del capitalista Edi Macedo Bezerra. Es el “Frente Parlamentario Evangélico” de las tres BBB (Biblia, buey y bala) que nutre de ideología reaccionaria a Bolsonaro, un protestante converso y un fugitivo en el santuario mismo de la Teología de la Liberación católica.

Volvemos así al punto de partida: la destitución de Rouseff en 2016 estuvo promovida formalmente por la abogada Janaina Paschoal, del PSL, el partido de Bolsonaro, y la bancada de diputados evangelistas, por cierto, corrompida hasta el tuétano por mil escándalos, aunque como todos los corruptos, son los que más ladran contra la corrupción.

Como en España pervive el fascismo, en Brasil lo que pervive de forma aún más patente, es el golpismo militar, del que nunca se depuró, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Rouseff. Cuando quienes les destituyeron gritaban por la calle “Intervençao militar jà” y “Vamos a acabar con el activismo”, tenían muy claro tanto lo que no querían como lo que sí querían. Son los demás los que necesitan aclararase.

(*) https://www.lahaine.org/mundo.php/bolsonaro-es-una-creacion-de

Los kurdos fracasan en la liberación de Hadjin después de seis meses de ofensiva contra el Califato Islámico

Los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) apoyadas por el Pentágono llevaban seis meses de infructuosa ofensiva contra el Califato Islámico en los alrededores de la ciudad siria de Hadjin.

Es mucho tiempo como para pensar que los kurdos no son tan buenos soldados como los habían pintado tras la Batalla de Kobane.

Algo extraño está ocurriendo porque si se tratara de algún error por parte de los kurdos o de sus mandos estadounidenses, ha transcurrido tiempo suficiente para enmendarlo y corregirlo. En una guerra al tiempo siempre juega en contra de uno de los dos bandos.

Por cierto, hablando de errores… El jueves se produjo uno de ellos, calificado como “incidente”, precisamente en Hadjin, cuando dos aviones F-15 estadounidenses bombardearon a una formación kurda, matando a seis de ellos e hiriendo a unos quince.

Es uno de esos “errores”, una falta de coordinación entre el mando de las fuerzas estadeounidenses y las FDS.

Las consecuencia han sido lamentables. Las fuerzas kurdas han desertado en masa del frente de Hadjin, así que la ciudad no será liberada (al menos de momento), o sea, que seguirá bajo el control del Califato Islámico.

Como siempre que está por medio el Pentágono somos muy mal pensados y no creemos en tantos “errores”. Es cierto que Hadjin es otra demostración de que el imperialismo carece de dirección política en Siria.

También queda claro que, como en Irak, Estados Unidos no resuelven nada sino que crea nuevos problemas, que se añaden a los que ya había antes.

Pero hay otra manera de analizar lo que está ocurriendo: Washington no tiene prisa; no le interesa erradicar al yihadismo ni de Siria ni de Irak y mucho menos le interesa hacerlo rápidamente, porque si lo hicieran, ¿cómo iban a justificar su presencia militar en le región?

Veamos ahora las consecuencia de ello: tras el ataque el sábado pasado del Califato Islámico en Al-Bahrat, cerca del río Éufrates, en la provincia de Deir Ezzor, 130 familias sirias del campo de refugiados y ocho milicianos de las FDS fueron secuestrados por los terroristas.

El Califato Islámico tiene al menos 700 rehenes y todos los días ejecuta a algún preso. Enviaron una notificación oficial a los kurdos en la que les pedían la liberación de todos los yihadistas detenidos, un paso seguro a través de Irak y la recuperación de los territorios cercanos al Éufrates.

Si los kurdos (o sus jefes estadounidenses) ceden al chantaje, como ya han hecho en otras ocasiones, procederán a liberar a los yihadistas, con lo cual todo comenzará de nuevo (una y otra vez).

Atentado mortal de los talibanes contra el general Miller en Afganistán

Los talibanes han reivindicado el ataque contra una reunión al más alto nivel en Kandahar contra el general Austin Miller, comandante de las fuerzas de Estados Unidos que ocupan Afganistán, que no resultó herido.

El general que dirige la Operación Apoyo Resuelto participaba en una reunión con el general Abdul Raziq, jefe de la policía de la provincia y probablemente el hombre más poderoso del sur de Afganistán, que resultó muerto, y el jefe de la Dirección de Seguridad Nacional de la provincia, que también falleció.

Tres miembros del personal de Estados Unidos también resultaron heridos, según confirmó el portavoz de la Operación Apoyo Resuelto en un tweet que describió el evento como “un incidente afgano”, lo que significa que el objetivo del ataque era Raziq y no Miller.

El asesinato de Raziq es un duro golpe para el gobierno afgano y podría tener un impacto significativo en la seguridad en Kandahar y en todo el sur. Ocurre apenas un día después de la ejecución de Abdul Qahar Jabbar, al que los talibanes califican de “titiritero”, un candidato clave para las elecciones en la capital de la provincia de Helmand.

El portavoz talibán Qari Mohammad Yousef Ahmadi dijo que un “infiltrado” identificado como “Abu Dujana” abrió fuego en una reunión en el complejo del gobernador en la ciudad de Kandahar mientras se celebraba la reunión.

Los talibanes aseguran que “los principales objetivos del ataque fueron el comandante estadounidense Miller y el infame comandante general Abdul Raziq”.

También afirman que Zalmi Waisa, el gobernador de Kandahar, Abdul Momin, jefe de la Dirección de Seguridad Nacional de la provincia y otros funcionarios, “incluidos los invasores” fueron ejecutados.

La prensa afgana ha confirmado que el jefe de la Dirección de Seguridad Nacional había muerto y que el gobernador había resultado herido en el tiroteo.

Es el ataque más dramático en Afganistán desde que Estados Unidos invadió el país después del 11 de septiembre de 2001. Los talibanes pudieron infiltrarse en una reunión a la que asistió el general Miller, comandante en jefe de la OTAN y de Estados Unidos en Afganistán.

Miller, que recientemente asumió el mando de Afganistán, no quiso o no pudo, como señala Thomas Joscelyn, llamar a los talibanes “enemigos de Estados Unidos” en su audiencia de confirmación de cargos. 

La muerte de Raziq podría tener importantes consecuencias para la seguridad en el sur de Afganistán. Raziq era el principal aliado del ejército americano en el sur. Entre 2009 y 2012, Raziq desempeñó un papel fundamental en la movilización de sus combatientes para librar a los talibanes de los feudos de Kandahar, así como de las provincias vecinas de Uruzgan y Helmand.

Como jefe de policía en Kandahar, ha guardado silencio sobre la insurgencia talibán, que se ha intensificado en los últimos años. Raziq ha acumulado poder en la provincia y no está claro si uno de sus delegados va a poder reemplazarlo.

Los talibanes han atacado a Raziq muchas veces en el pasado con ataques suicidas y de otro tipo. Fue atacado por su influencia en Kandahar y en todo el sur. Los talibanes esperan desestabilizar Kandahar como lo hicieron con Uruzgan tras los asesinatos de Jan Mohammad Khan, gobernador de la provincia, en 2011 y su sobrino, Matiullah Khan, jefe de la policía provincial, en 2015.

Como Raziq, los Khans habían acumulado poder. Una vez que fueron asesinados, Uruzgan se convirtió en una de las provincias más peligrosas del país.

https://www.longwarjournal.org/archives/2018/10/taliban-attack-meeting-attended-by-general-miller-kills-kandahar-police-chief.php

Uno, dos, tres internetes caracterizados por la guerra, la censura y el engaño

Por alguna extraña razón, la humanidad añora y se aferra a sus recuerdos, quizá pensando que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Si hiciéramos una de esas estúpidas encuestas preguntando por la calle si les gustaría un “mundo sin fronteras”, todos contestarían afirmativamente.

Parece, pues, que todos somos internacionalistas y algo nos dice que las fronteras no son geografía sino historia, es decir, que hubo un tiempo en el que no existían. Había Estados pero no tenían fronteras porque para que las haya el Estado tiene que cambiar su naturaleza de clase y convertirse en un Estado burgués.

Pero al principio en la frontera no había nadie; ni siquiera había aduanas y las personas cruzaban de un lado para otro sin apercibirse de que atravesaban algo, de que en el suelo había una raya que separaba a un Estado de otro, a partir de la cual les consideraban extranjeros.

Los pasaportes y los visados no llegaron hasta los tiempos del imperialismo, es decir, que no tienen más de un siglo. Con ellos los grandes Estados cerraron sus fronteras al tiempo que pretendieron abrir las de los demás. Inventaron a los extranjeros, a la inmigración y los funcionarios encargados de impedirla. Con ellos llegó la “balcanización”, las política “de bloques”, un mundo fragmentado por la rivalidad y las alianzas.

Pero la mayor parte de la humanidad nunca lo entendió y desde entonces sueña con un mundo sin fronteras, por lo que los políticos se dedican a embaucarla vendiéndole como tal engendros del tipo Unión Europea. ¿Se acuerdan de los noventa?, ¿de la “globalización” y de los que se oponían a ella? El viejo sueño de una falsa Europa sin fronteras se contradecía con lo que antes se llamó más correctamente “unión económica y monetaria”, es decir, capitalismo.

Internet es otro camelo del mismo tipo, un mundo sin fronteras, interconectado, aunque sólo sea virtual. Pero el otro día Eric Schmidt, el presidente de Google, nos arrojó un jarro de agua fría: “En los próximos 15 ó 20 años, lo más probable es que internet se divida en dos, una internet dirigida por China y la otra por Estados Unidos”.

El martes, el New York Times publicó un editorial mostrando su desacuerdo: no habría dos sino tres internet. A las dos de Schmidt añadía la europea. Hasta ahora internet sólo se ha utilizado en el singular; nosotros proponemos que se empiece a difundir el plural: internetes.

¿Por qué habrá varios internetes? Es muy sencilo de entender: porque en el futuro internet se va a construir en torno a la censura (a diferentes tipos de censura, incluida la censura de guerra).

El mundo virtual parece que sigue al real, que es capitalista e imperialista, y ha empezado por dibujar fronteras, luego seguirá por los pasaportes, los visados, las emigración, las pateras, los muros…

Pero el New York Times siempre va un poco más allá porque nunca se conforma con lo que otros aseveran: “Si las cosas continúan en esta dirección, en la próxima década internet podría quedar relegada al papel de otro frente en la nueva Guerra Fría”.

También es lógico porque en el mundo real, como dicen los leninistas, el imperialismo conduce a la guerra; luego, el virtual sigue esa misma senda. La guerra trae la mentira, la censura, la intoxicación…

La censura será el factor común de todos esos distintos fragmentos, dice el New Yor Times. “La censura y la vigilancia de internet fueron alguna vez el sello distintivo de los gobiernos opresores, siendo Egipto, Irán y China los principales ejemplos”. Pero está claro que eso “no es dominio sólo de las fuerzas antidemocráticas”.

Para escribir un editorial redondo al New Yor Times sólo le faltó añadir: “nosotros también formamos parte de esa censura”. La censura, que es el silencio, en definitiva, no podría existir sin su opuesto dialéctico, el ruido, la intoxicación o, como le gusta decir al periodico de Nueva York: sin el “spam”.

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