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Rusia revisa a la URSS sobre el envío de tropas a Afganistán

Piotr Akopov

Rusia ya no considera que la entrada de tropas en Afganistán en 1979 merezca una condena política y moral. La Duma está dispuesta a adoptar una declaración de anulación de la condena de la Guerra de Afganistán que fue emitida en su momento por el Parlamento soviético. Esto es necesario no sólo para los veteranos de aquella guerra, sino también para nuestra sociedad en su conjunto.

En menos de tres meses estaremos celebrando los 30 años de la retirada de nuestras tropas de Afganistán y, en ese aniversario, Rusia revisará la evaluación oficial de la guerra. La decisión se tomó durante las audiencias parlamentarias celebradas el miércoles [22 de noviembre] en la Duma. Se ha aprobado un proyecto de declaración y resolución de la Duma, que se adoptará en vísperas del 30 aniversario de la finalización de la campaña en Afganistán, el 15 de febrero de 2019.

¿Por qué es necesario no sólo celebrar este aniversario, sino también invertir la decisión tomada durante la era soviética? Porque desde diciembre de 1989, cuando el Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS adoptó una resolución condenando la intervención en Afganistán, no ha habido ninguna otra evaluación formal a nivel estatal. Y resulta que, debido a la continuidad natural de Rusia con la URSS, seguimos compartiendo esta actitud:

“El Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS respalda la valoración política del Comité Supremo de Asuntos Internacionales de la URSS sobre la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán en 1979, y considera que esta decisión merece una condena moral y política”.

La condena política y moral no es simplemente un reconocimiento del hecho de que estábamos equivocados: es la autoflagelación.

En aquel momento, en medio de la Perestroika, la condena de la “aventura afgana” fue uno de los golpes más poderosos, no sólo contra el PCUS, sino también contra la Unión Soviética.

El cliché propagandístico occidental de que “la guerra criminal en Afganistán socavó la autoridad de los dirigentes soviéticos, inmovilizó al país y fue la razón principal del colapso de la URSS” a lo largo de la década de 1990 fue inculcado sistemáticamente en nuestro pueblo, incluso por los reformadores económicos y concienzudos que lo reflejaron en nuestro país. Lo que significa que muchos incluso creían en ella. Criminal, colonial, cruel, injusto, sin sentido… lo que no hemos oído hablar de la guerra en Afganistán, aquel llamado “Vietnam soviético”.

Luego se produjeron las dos guerras chechenas, y la actitud hacia la guerra de Afganistán comenzó a cambiar gradualmente. Luego se produjo el ataque estadounidense contra Afganistán, sin ninguna razón ni invitación de las autoridades del país. Afganistán no atacó a Estados Unidos (incluso considerando que el saudí Osama bin Laden, que se escondía en las montañas locales, organizó los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, su caza no justificó la invasión y ocupación de un Estado independiente) y la guerra civil que estalló a varios miles de kilómetros de Estados Unidos no es motivo suficiente para intervenir por parte de una de las facciones. La presencia estadounidense en Afganistán, que ha durado 17 años -el doble que la nuestra- ha cambiado aún más la actitud de los rusos hacia esta guerra.

Es decir, si simplemente distinguen entre los veteranos, por un lado, y el aspecto político de la cuestión, por otro -los chicos sólo cumplían órdenes y luchaban con valentía, por lo que recibieron apoyo público, compensación y respeto, pero la guerra en sí fue un error y una estupidez-, ahora están empezando a cuestionar las razones de la decisión de enviar tropas.

En febrero de 2015, en el aniversario de la retirada de nuestras tropas, Vladimir Putin presentó por primera vez una nueva evaluación política del despliegue de tropas en una reunión con veteranos afganos: “A medida que pasan los años y se conocen más y más hechos, somos cada vez más conscientes de la razón y la causa de la introducción de las tropas soviéticas en Afganistán. Por supuesto, hubo muchos errores, pero hubo amenazas reales a las que los dirigentes soviéticos estaban tratando de poner fin en ese momento mediante la introducción de tropas en Afganistán”.

Esta declaración lacónica no debe tomarse a la ligera. Porque puso fin a las elucubraciones del estilo “Brezhnev y el Politburó llevaron al país a una aventura innecesaria e injustificada” o “Los rusos siempre atacan a todo el mundo, son agresivos y, a través de Afganistán, se dirigían al Océano Índico”.

Sobre las razones que llevaron a la adopción de la extremadamente difícil decisión de intervenir en Afganistán, ya hay montañas de literatura científica o no hay mucha, incluso sobre la base de los archivos desclasificados del Politburó. Y está claro que no puede ser agresividad o aventurerismo.

Había verdaderos temores de que la guerra entre islamistas y comunistas en Afganistán se extendiera a Asia Central (poblada por los mismos grupos étnicos que el norte de Afganistán). Hubo una rivalidad geopolítica con Estados Unidos en el Gran Oriente Medio (para ellos muy lejos y para nosotros como vecinos -Irán y Afganistán para nosotros son como Canadá o México para Estados Unidos). Pero no hubo violación del derecho internacional -fuimos invitados por el gobierno legítimo (que controlaba la inmensa mayoría del país en ese momento) o incluso por un plan para expandir el área de influencia de la URSS (Afganistán había sido parte de ella durante muchas décadas). La URSS no llevó a los comunistas al poder en Kabul, sino que luchó contra las consecuencias de la guerra civil, que no había comenzado con ellos. Sin embargo, Estados Unidos puso deliberadamente una trampa a la URSS incluso antes de que nuestras tropas entraran. Más tarde, Zbigniew Brzezinski escribió francamente sobre este tema, recordando el suministro de armas a los muyahidines de Pakistán en el verano de 1979:

“El mismo día, escribí un memorando al Presidente explicando que, en mi opinión, esta ayuda conduciría a una intervención militar soviética. No presionamos a los rusos para que intervinieran, pero deliberadamente aumentamos la probabilidad de que lo hicieran”.

Nuestro periódico [Vzglad] ya ha informado de todo esto, así como de la larga y difícil historia de las relaciones con Afganistán, subrayando que era hora de reconsiderar la condena oficial de los motivos de la introducción de las tropas.

Y ahora ha llegado el momento. El pasado mes de abril, Vladimir Putin aprobó la propuesta del Presidente del Comité de Defensa de la Duma, Vladimir Shamanov, de hacer un balance político de la Guerra de Afganistán antes del 30 aniversario de la retirada de las tropas soviéticas en forma de decisión parlamentaria:

“Estoy de acuerdo con los afganos. Las celebraciones deben tener lugar y las evaluaciones deben llevarse a cabo. Estoy completamente de acuerdo contigo”.

Está claro que el próximo mes de febrero, Putin hablará tanto de la Guerra de Afganistán como de los motivos de la introducción de tropas. Por el momento, la Duma se está preparando. En la audiencia del miércoles [22 de noviembre], se aprobó un proyecto de declaración y decisión que revocó la condena “moral y política” expresada en 1989.

“Debemos afirmar inequívocamente que la Duma considera necesario reconocer que la condena moral y política de la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán en diciembre de 1979, expresada en la resolución del Congreso de los Diputados del Pueblo del Consejo Supremo de la URSS en 1989, es históricamente infundada […] reconocer que la condena política y moral es nula y sin valor”, dijo el diputado Nikolai Jaritonov, que presentó el proyecto.

El proyecto de declaración afirma que la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán se tomó en estricto cumplimiento de las normas del derecho internacional y “de conformidad con el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre la URSS y la República Democrática de Afganistán, teniendo en cuenta las reiteradas peticiones de los entonces dirigentes afganos de intervención directa soviética en el conflicto”.

Además, la declaración rinde un homenaje a los soldados soviéticos: “Nos sometemos a su coraje, lealtad y patriotismo y, por nuestra parte, haremos todo lo posible para evitar que se repitan los trágicos acontecimientos de este conflicto, y los veteranos de la guerra en Afganistán recibirán a su vez el merecido reconocimiento del Estado, así como medidas de apoyo social en el nivel necesario”.

Además, los diputados desean pedir al Ministerio de Educación que cambie la interpretación de los acontecimientos de la Guerra de Afganistán en los libros de texto.

Esta rehabilitación de la Guerra de Afganistán es necesaria no sólo para los excombatientes “afganos”, sino también para que recuperemos el respeto por nuestra historia. La guerra no puede ser “buena”, siempre es mala y terrible. Pero hay una diferencia entre guerras agresivas, estúpidas o sin sentido y guerras, aunque no patrióticas, sino forzadas. Por supuesto, habría sido mejor para todos que no hubiera habido una guerra en Afganistán, pero se debió a la situación en el propio Afganistán, a la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética y a la situación internacional en su conjunto. Ni política ni moralmente teníamos motivos para arrepentirnos: no regamos Afganistán con napalm y no tratamos de consolidar los miles de kilómetros de nuestras fronteras para mantener nuestra dominación mundial. Incluso hemos logrado salir de Afganistán de tal manera que las personas que nos apoyaron siguen en el poder, algo que los estadounidenses no pueden y no quieren hacer.

Además, a diferencia de nosotros, no condenan ninguna de sus guerras, ni política ni moralmente, aunque la gran mayoría de ellas hayan sido abiertamente criminales y agresivas. No necesitamos imitar a los americanos, sólo necesitamos conocer y respetar nuestra historia, sin sustituir sus páginas pesadas por caricaturas, dibujadas por manos extranjeras.

https://vz.ru/politics/2018/11/21/951712.html

Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo

Harding: mitad espía, mitad periodista
Si el Washington Post es el más fiel portavoz de la CIA (además de Amazon), el periódico británico The Guardian es el equivalente de los servicios secretos británicos. Así lo prueba su reciente falsificación de las reuniones entre Julian Assange y Paul Manafort, quien fuera director de campaña de Trump.

La documentación indica, además, que se trataba de una falsificación deliberada.

El 27 de noviembre The Guardian estaba a punto de publicar un artículo en el que afirmaba que Manafort se había reunido con Assange en la embajada ecuatoriana en Londres al menos en tres ocasiones. Alrededor de dos horas antes de que la “noticia” se publicara, Katherine Viner, redactora jefe de The Guardian, se puso en contacto con los abogados de Manafort y Assange para recabar sus comentarios.

Assange respondió a través de su cuenta pública de Twitter, que cuenta con 5,4 millones de seguidores, entre ellos Viner.

Una hora y media después, se publicó el artículo de The Guardian, firmado por Luke Harding, que se anunciaba en la primera página para estimular la persecución judicial de la “pista rusa” en la victoria electoral de Trump.

Además, aseguraba The Guardian, los correos electrónicos publicados por WikiLeaks habían sido capturados por espías rusos de los servidores del Partido Demócrata.

El artículo no mencionaba el desmentido público de Wikileaks a sus millones de seguidores en las redes.

Ocurrió lo de siempre: a los papanatas les faltó tiempo para hacerse eco del sensacional artículo servido desde Londres, por el “siempre fiable” The Guardian.

Toda falsedad obliga a reconstruir la verdad desde el principio, lo que en este caso no era difícil porque a los intoxicadores de The Guardian les fallaron varios detalles: la embajada ecuatoriana en Londres está bajo la vigilancia de cámaras de circuito cerrado de televisión.

Además, los visitantes deben acreditarse antes de entrar, por lo que estaba chupado: si Manafort hubiera visitado Assange, no cabría ninguna duda posible.

A mayor abundancia: el firmante de la intoxicación, Harding, es el típico híbrido entre espía y periodista. Antiguo corresponsal del periódico en Moscú, su nombre ya salió a relucir hace un año por ser un farsante de la pluma (1) y autor de un libro titulado “Colusión: reuniones secretas, dinero negro y cómo Rusia ayudó a Trump a ganar”, que pueden comprar en la cloaca Amazon (2) para cotejarlo con una entrevista grabada que se puede escuchar en YouTube (3).

Cuando el entrevistador le dice que el libro no contiene absolutamente ninguna evidencia que apoye sus conclusiones, Harding dice que sólo está “contando historias” o, en otras palabras, que se lo ha inventado.

El intoxicador tiene otro libro sobre Snowden de la misma factura: basura fabricada por el espionaje para consumo de tarados y mequetrefes. Pero si prefieren les dejamos la opinión de Assange: “garabatos en la más pura expresión del término”.

Después de que se publicara la intoxicación del The Guardián, Manafort también desmintió las reuniones: “Nunca he conocido a Julian Assange ni a ninguno de sus familiares”, dijo. “Nunca he sido contactado por nadie en relación con Wikileaks, ni directa ni indirectamente. Nunca he contactado con Assange o Wikileaks sobre ningún tema. Estamos examinando todas las opciones legales contra el Guardián, quien continuó con esta historia incluso después de que mis representantes le informaron que era falsa”.

Entonces, el periódico maquilló discretamente la noticia, añadiendo advertencias en el título y en varios párrafos, aunque sin informar a los lectores de los cambios introducidos. También añadieron un párrafo para incluir el desmentido de Wikileaks.

Pero no fue suficiente para tapar la intoxicación, por lo que el periódico tuvo que publicar una declaración y volvió a retocar otra vez el texto del artículo.

Tampoco fue suficiente: al día siguiente el Washington Times les deja con el culo al aire al mostrar los pasaportes de Manafort, que demuestran que no había estado en Londres en los momentos en los que The Guardian asegura que visitó a Assange.

Blanco y en botella: como ya hemos dicho, a través de The Guardian, el espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia, donde Assange y Snowden juegan el papel de “colaboradores” del Kremlin y donde los Skripal han sido víctimas de un pérfido intento de asesinato de connotaciones rocambolescas.

Por su artículo tan chapucero, en cualquier periódico riguroso, el payaso de Harding debería estar despedido. Si no es así es porque sus padrinos del MI6 le sostienen contra viento y marea.

(1) https://www.moonofalabama.org/2017/12/washington-post-russia-sham.html
(2) https://www.amazon.com/Collusion-Secret-Meetings-Russia-Helped/dp/0525562516
(3) https://www.youtube.com/watch?v=9Ikf1uZli4g

Xinjiang: la puerta abierta a la desestabilización de China

Laurent Schiaparelli

Siguiendo otro guión sacado de los cajones del Pentágono, China desempeña el papel de nuevo “enemigo del día” de Estados Unidos desde hace unas semanas, que acaba de darse cuenta de que su campaña anti-rusa de los últimos dos años, lejos de desestabilizar a Trump, sólo había acercado a Rusia a China. Si en 1972, en plena Guerra Fría, Nixon se acercó a Zhou Enlai para aislar a Rusia, ahora es la misma política que el Estado profundo estadounidense está siguiendo, esta vez al revés, tratando de relajarse con Rusia para aislar a China.

Como Putin y Lavrov resultaron ser estrategas demasiado finos y diplomáticos excepcionales para ser empujados al error, el Estado profundo norteamericano está afinando su maquinaria propagandística contra China, que de nuevo es objeto de críticas occidentales, esta vez sobre su política policial en la provincia de Xinjiang.

Como cada vez que el imperio anglo-sionista intenta desestabilizar un país, se activa el mismo “kit de demonización”:

– el vocabulario estrafalario: “palestinianización” de Xinjiang
– referencias “shoáticas” a un “genocidio cultural”
– “es caro destruir a un pueblo sin matarlo, pero Pekín está dispuesto a pagar el precio”, olvidando señalar que Estados Unidos tiene como aliados en Oriente Medio al menos a dos Estados que han demostrado no gastar ni escatimar en sus esfuerzos militares para destruir pueblos y culturas sin aniquilarlos por completo
– los habituales gemidos de las ONG en nombre de los agitadores

En primer lugar, escuchemos las acusaciones del “fiscal”, de la ONU, y los “hechos” que han provocado la indignación de los medios de comunicación occidentales: supuestamente un millón de personas “están encarceladas” en Xinjiang (uno de cada diez uigures). El comité de la ONU, que tomó esta cifra de la nada, no proporciona ninguna prueba ni fuente, simplemente cita “fuentes fiables”.

China se enfrenta a una amenaza real para su población y su territorio. Esta amenaza se ha hecho pública, con el apoyo de vídeos, por miembros del Califato Islámico y ETIM (Movimiento Islámico del Turquestán Oriental). El Gobierno chino no es ingenuo sobre el origen y el apoyo de estos grupos terroristas, ni sobre la duplicidad de Turquía en este caso; a saber, la presencia de 200.000 turcomanos residentes en el norte de Siria, que reciben protección y formación de Turquía, que podrían ser enviados de vuelta a la frontera entre Turkmenistán y China como una fuerza desestabilizadora para el Turquestán chino, si la relación chino-turca se deteriora, como sucede a menudo cuando se habla de la minoría uigur en China.

China ha estado siguiendo la presencia de yihadistas sunitas uigures del Partido Islámico del Turquestán (TIP, el otro nombre de ETIM, es uno de los grupos fundadores de la nebulosa Al-Nosra que “hace un buen trabajo”, considerada como organización terrorista por la UE y Estados Unidos) que ahora están agrupados principalmente en Idlib.

China, al igual que Rusia, quiere abordar el problema en su origen, y no permitirá que estos yihadistas bien entrenados regresen a China, o incluso a Asia Central, donde se unirían a sus colegas en Afganistán, Kazajstán y Turkmenistán, países fronterizos con China.

China está reeducando a algunos de sus ciudadanos uigures que están tentados a radicalizarse en su tierra, pero no les permitirá regresar a sus hogares, ni tratará inútilmente de des-radicalizar a los que se han ido a Siria para una orgía de violencia con pretextos religiosos. La serie “Les Bisounours” (*) nunca ha sido emitida en China, por lo que no existe en este país ningún proyecto de “centros de des-radicalización” a la francesa.

La participación de China en la resolución del conflicto sirio es un hecho: ha adoptado la forma de apoyo financiero y material, y parece que el aspecto humano, si no se despliega ya discretamente, pronto se desplegará, aunque sólo sea en forma de asesores y personal de inteligencia.

A diferencia de los países occidentales, China no duda en abordar su problema de forma preventiva: reeducación en Xinjiang de los radicalizados, aumento de la vigilancia física en las ciudades de Xinjiang, control de las redes sociales, pedir a los uigures que juren fidelidad al Partido, enseñanza obligatoria del mandarín en la provincia de Xinjiang, etc.

ONG extranjeras como Reporteros sin Fronteras y Human Rights Watch, sin posibilidad de investigar seriamente sobre el terreno, intentan pintar un cuadro de “holocausto” con la situación de los uigures en Xinjiang e instruir al “régimen totalitario” chino sobre la condición de los periodistas, sin conseguir desviar al gobierno de su objetivo: sellar su territorio de cualquier intento externo de incitar al separatismo uigur, y garantizar la seguridad de su población, para asegurar la sostenibilidad de su proyecto de desarrollo económico para toda la región a lo largo de las Nuevas Rutas de la Seda.

A diferencia de publicaciones como Foreign Policy (fundada en 1970 por Samuel Huntington, Clash of Civilizations, y Warren Demian Manshel, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores junto a personalidades como el Dalai Lama, Francis Fukuyama Fin de la Historia, Madeleine Albright, Colin Powell, Condolezza Rice, Paul Wolfowitz, Henry Kissinger, Joe Biden, Bush padre, Brzezinski, la pareja Clinton, John McCain, George Soros, toda la familia Rockefeller, etc., digamos que con motivos ocultos), esta política china no es anti-musulmana. Sólo afecta a la provincia de Xinjiang, donde la amenaza terrorista existe y amenaza con extenderse al resto del país, como ha ocurrido varias veces en los últimos años, con terroristas uigures atacando lejos de su base, en Pekín, Chengdu, Jinan y Guangzhou, por ejemplo.

Esta campaña de paz en Xinjiang no está dirigida contra los musulmanes en China, como escriben, con la malevolencia que les caracteriza, los medios de comunicación occidentales, sino contra ciertos elementos de la provincia de Xinjiang que el gobierno chino tiene motivos para sospechar, según la información que obra en su poder. Los demás grupos étnicos musulmanes de China, que superan con creces a los uigures, no se quejan de discriminación alguna.

La campaña contra el radicalismo religioso llamada “Campaña de huelga contra el extremismo violento” comenzó en Xinjiang en 2014. El responsable de esta campaña en Xinjiang es Chen Quanguo, antiguo dirigente del Partido de la Provincia del Tíbet, donde dirigió con éxito la misma campaña para desactivar los intentos separatistas contra un telón de fondo de prácticas religiosas, budistas, pero orquestadas y apoyadas por las mismas personas en Washington. Observamos de paso la asombrosa presencia del Dalai Lama en el Consejo de Relaciones Exteriores, antes mencionado, un verdadero nido de “neoconservadores”, en el origen de todas las desestabilizaciones geopolíticas de los últimos 40 años.

Lo que los chinos, todos los grupos étnicos y las provincias combinadas, están sufriendo con diferentes grados de resignación es una campaña nacional de pacificación y seguridad, una mayor vigilancia del territorio y de la población, incluido el uso de las redes sociales y el acceso a los medios de comunicación extranjeros.

Dado el delicado contexto geopolítico en el que se encuentra China, en el centro del objetivo perseguido por Estados Unidos en todos sus intentos de desestabilización indirecta (Corea del Sur, Taiwán, Japón, Hong Kong), ¿podemos culpar al gobierno chino por garantizar que la ofensiva no provenga en primer lugar de agentes manipulados o simpatizantes de los extranjeros en la provincia de Xinjiang, en forma de otra “revolución de colores” más?

Sólo en Occidente, en el siglo XXI, nos indigna que un gobierno se tome en serio la protección de su población, el mantenimiento de la paz social entre las comunidades religiosas, el respeto de su integridad territorial y la neutralización de la influencia de agentes extranjeros.

(*) La serie de dibujos animados “Les Bisounours” (Los osos amorosos) ha llevado al idioma francés moderno una expresión equivalente al ingenuo. Literalmente, “un osito de peluche”.

Aquí son los fascistas los que siguen imponiendo la ley como siempre desde 1939

La noticia importante del fin de semana no son las elecciones andaluzas, donde se ha vuelto a imponer la abstención, que ha alcanzado cotas históricas. No. La noticia es la misma de siempre: los fascistas imponen en la ley en todas partes con sus amenazas y chantajes.

El espacio cultural La Rambleta, en Valencia, se ha visto obligado a cancelar el espectáculo humorístico “Mongolia sobre hielo”, que iba a ser representado este fin de semana tras recibir amenazas de grupos fascistas, mientras la policía hacía dejación de sus funciones: decía que no podía garantizar la seguridad de los asistentes, de los trabajadores de las instalaciones y de los artistas.

Desde La Rambleta afirman que “la crispación, los insultos, las amenazas y la incitación a la violencia que se han expuesto en las redes sociales, así como las amenazas directas que han recibido los trabajadores” del Centro, “impiden la celebración» de la representación. También aseguran que han mantenido contactos «tanto con la Policía Local como con el Ayuntamiento de Valencia» y que no se puede “garantizar la ausencia de incidentes durante la celebración del espectáculo”. «Las amenazas lanzadas son verosímiles e intolerables”, arguyen.

Es la segunda vez en tres semanas que este tipo de ataques fascistas logran la cancelación de una función humorística en la ciudad. El 8 de noviembre el Teatro Olympia, también en Valencia, decidió cancelar el espectáculo protagonizado por el cómico Dani Mateo, “Nunca os olvidaremos”, después de la polémica que protagonizó al sonarse la nariz con la bandera fascista en la televisión, por las “presiones recibidas” por las bandas nazis.
Hace menos de una semana el dirigente de esa formación, José Luis Roberto, ya amenazaba con boicotear la actuación ahora retirada de La Rambleta. En un mensaje de Facebook decía: “¿Escrache a Dani Mateo y no a estos cerdos traidores que se cagan en ti?”.
El viernes la Revista Mongolia, responsable de la obra “Mongolia sobre Hielo”, emitió un comunicado aclarando que la suspensión les parece “una grave equivocación en una democracia que quiera ser digna de este nombre”.
Aseguran no comprender “que las autoridades no sean capaces de garantizar la seguridad”. A este respecto, les resulta incomprensible que un país que puede garantizar la seguridad de unos Juegos Olímpicos o “incluso nada menos que en la final de la Copa Libertadores” no pueda asegurarla en una obra de “dos humoristas en un teatro de titularidad municipal”.
Por otro lado, explican que “cada suspensión refuerza a los intolerantes, que ven cumplidos sus objetivos y se envalentonan ante la siguiente campaña”, y afirman que lo sucedido “interpela directamente al conjunto del país al amenazar las bases mismas de una sociedad abierta”.

Ya ven: en Valencia no es necesario que las elecciones las gane Vox para que triunfe “la ultraderecha”.

378 manifestantes de los ‘chalecos amarillos’ siguen detenidos en París

El fiscal de París, Rémy Heitz, confirmó ayer que 378 personas permanecen detenidas por la policía, tras los violentos enfrentamientos que se registraron el pasado sábado durante la manifestación de los “chalecos amarillos”, un número extraordinario que ha obligado a repartirlos en comisarías de toda la región parisina.
El domingo por la mañana el Presidente Macron reunió de urgencia al gabinete para analizar la situación de “guerrilla urbana” por las calles de la capital.
El gobierno no descarta la imposición del estado de excepción, sugerencia del sindicato policial Alliance, pero la ministra de Justicia, Nicole Belloubet, aseguró que el tienen otras herramientas. Ayer la ministra se entrevistó con los jueces a fin de iniciar juicios y castigos ejemplares contra los detenidos.
“Entre los detenidos hay una cierta variedad de perfiles pero tenemos muchos hombres mayores, de entre 30 y 40 años llegados de provincias para participar en actos de violencia, aunque se reivindican del movimiento de los ‘chalecos amarillos’”, indicó el fiscal Heitz en rueda de prensa. Entre los detenidos hay también 33 menores y otros perfiles de “jóvenes de la región parisina, más bien motivados por la delincuencia”, dijo el fiscal para manipular al movimiento de protesta.
Según Heitz, la masa de detenidos les ha obligado a dispersarlos por comisarías de París y de la periferia y, “ante esta situación excepcional”, han triplicado el número de magistrados para tratar los casos.
Los detenidos comparecerán ante la justicia en procedimientos urgentes a partir de hoy en su mayoría por violencia contra la autoridad pública, degradación de la vía pública, reagrupación con objetivos violentos o por llevar armas como cuchillos y proyectiles, entre otros delitos.
El fiscal señaló que estas infracciones están penadas con prisión de 3 a 7 años aunque las sentencias se aplicarán de forma individualizada, caso por caso.
Según cifras oficiales, hubo 136.000 manifestantes, 133 heridos, 436 detenidos y 378 acusados. Uno de los manifestantes está en coma y un periodista de la cadena Russia Today fue herido de bala por disparos de la policía.
El fin de semana gobierno mantuvo acuartelados a 60.000 policías, que fueron incapaces de hacer frente al cúmulo de manifestaciones. Tampoco el número de bomberos fue suficiente para sofocar todos los incendios de bancos, grances almacenes y tiendas de lujo del centro de la capital francesa.
El sábado las calles de París acabaron completamente bloqueadas por las barricadas y los piquetes, desde primeras horas de la mañana hasta la madrugada del día siguiente.
Los manifestantes se mezclaron con una protesta paralela contra el paro y la precariedad.
En Nantes los “chalecos amarillos” invadieron las pistas de aterrizaje del aeropuerto, que tuvo que cerrar, por lo que todos los vuelos fueron cancelados.
En Puy-en-Velay los manifestantes asaltaron la prefectura, equivalente a una delegación del gobierno en España. En Villefranche-sur-Saône bloquearon el peaje de la autopista para que los automovilistas pudieran circular gratis.
A pesar de la represión, el movimiento insta a convocar nuevas manifestaciones para este fin de semana.

Violentos combates del ejército regular sirio con los yihadistas en Idlib

Esta mañana han estallado violentos enfrentamientos entre el ejército regular sirio y los yihadistas de Al-Qaeda (Hayat Tahrir Al-Sham) en el sur de Idlib.

Utilizando cohetes y artillería los yihadistas han atacado repetidamente a las tropas sirias situadas a lo largo del eje Idlib-Hama.

El ataque yihadista llevó al ejército regular a reaccionar lanzando un ataque con misiles tierra-tierra contra las posiciones de Hayat Tahrir Al-Sham en Al-Tamanah, Juwayn y Sukayk.

Posteriormente, el ejército regular amplió su ataque a la zona septentrional de Hama, donde sus tropas dispararon varios proyectiles de artillería contra el bastión de Jaysh Al-Izza en Al-Latamnah.

A pesar del intento del acuerdo de Sochi de poner fin a las hostilidades, los enfrentamientos entre el ejército regular y los yihadistas se han convertido en algo cotidiano en el noroeste del país.

Putin y Erdogan han acordado celebrar otra reunión sobre la situación en Idlib en un futuro próximo.


https://www.almasdarnews.com/article/heavy-clashes-breakout-as-syrian-army-reinforcements-pour-into-idlib/

La ONU no mantiene la paz en la República Centroafricana, mantiene las matanzas

Los Cascos Azules mauritanos de la ONU encargados del mantenimiento de la paz en la República Centroafricana de Minusca han sido acusados de complicidad en la masacre de Alindao cometida el 15 de noviembre, en la que unas 60 personas fueron asesinadas, según un testigo presencial, Benoît Lallau, miembro de Cáritas (*).

El jefe de Minusca es un representante especial del Secretario General de la ONU en la República Centroafricana. Desde su cargo se dedica a redactar comunicados de prensa condenando -siempre muy enérgicamente- los asesinatos de unos u otros, pero no hace absolutamente nada por impedirlos.

Alindao es un centro de acogida para los numerosos refugiados que huyen de la guerra. Los pueblos de la periferia quedaron calcinados y no se puede contabilizar el número de víctimas con exactitud.

Entre las víctimas del obispado de Alindao hay dos sacerdotes que fueron martirizados. La parroquia católica fue diezmada y los lugares de culto arrasados por jóvenes de la Unión para la Paz en África Central (UPC) de Ali Darassa Mahamat, originario de Níger.

La UPC es el nombre que recibe en la actualidad la antigua Seleka, que desató una ola de terror con la llegada al poder de Michel Djotodia Am Nondroko, tras el Golpe de Estado de 2013.

Ali Darassa Mahamat impone el terror en la región bajo la mirada indulgente de los Cascos Azules mauritanos. En 2015 el encargado de negocios estadounidense pidió inútilmente al jefe de Minusca que detuviera a Ali Darassa Mahamat.

Como Libia, Somalia y otros, la República Centroafricana es un Estado follado por los imperialistas. A pesar de que el Estado casi ha desaparecido por completo (o precisamente por ello), el dinero desde el exterior sigue fluyendo y no en pequeña cantidad: sólo el coste operativo de Minusca es de 1.000 millones de dólares.

En la capital, el Presidente Touadera y su clan familiar derivan cada céntimos hacia sus bolsillos y para que nadie se queje, ha integrado a la oposición en su gobierno. Todos se reparten el pastel. Entre sus asesores presidenciales se encuentra Hassan Bouba, uno de los dirigentes de la UPC, la misma que acaba de arrasar Alindao y sus alrededores.

En la República Centroafricana la ONU no mantiene la paz; mantiene las matanzas. Si algún día ocurre un milagro y deja de haber matanzas, se acaba el flujo del dinero.

(*) https://www.la-croix.com/Monde/Afrique/sait-lattaque-contre-leveche-dAlindao-Centrafrique-2018-11-17-1200983758

Casi todos los ‘bobos’ votan a Podemos (a diferencia de los ‘bonobos’)

En 2000 el sociólogo estadounidense David Brooks escribió un libro titulado “Los bobos en el paraíso: la nueva clase alta y cómo lo lograron”, en el que sustituye el término “yupi” de los años ochenta por el de “bobo”.Los filólogos que gustan de remontar el Amazonas sabrán que el término “bobo” es más bien de origen francés y que sus primeras huellas se rastrean hasta la novela “Bel-Ami” de Guy de Maupassant, escrita nada menos que en 1885, por lo que la sociología sigue sin descubrir nada nuevo.

El “bobo” es el “pequeño burgués bohemio” cuyo hábitat natural es siempre la capital (Nueva York, París, Madrid). Más aún: es el viejo “burgués gentilhombre” de Molière, aquel que hablaba en prosa sin saberlo.

Quizá el “bobo” de hoy tenga un poco más de cultura; quizá sea precisamente un “cultureta”, ese tipo de esponja que absorbe y exuda la ideología dominante a través de los nuevos medios digitales, desde los videojuegos hasta YouTube. Es un gilipollas que ha pasado por la universidad y casi seguro que tiene un máster de esos que se venden  y se compran a precio de oro.

“Económicamente está a la derecha e ideológicamente a la izquierda”, dice un experto, en referencia a “la izquierda caviar”, exquisita, ese conglomerado de intelectuales que resumen lo que la contracultura ha impuesto como menú políticamente correcto y saludable: feminista, ecologista, “gay friendly”, animalista, vegano…

El “bobo” es enemigo del menú del día, alguien que se puede permitir el lujo de elegir y luego pagar la cuenta.

Una subespecie del “bobo” es el “lili” (liberal libertario) en donde la “nueva izquierda” que arrastra los pies desde mayo del 68 converge con “la ultraderecha”. Son los “ex” frustrados y fatigados, que reniegan de sí mismos, aunque no lleguen a los extremos de Sánchez Dragó o Paco Frutos. Ya no son lo que fueron. Es posible que no sean nada, pero otros más jóvenes han tomado el relevo de esa nada.

Desde Rousseau, la pequeña burguesía es el patrón de la clase media y, por extensión, de un país o de una época. El “pequebús” es la vara de medir, sobre todo en el terreno ideológico, donde la prensa sepia y las altas finanzas no tienen nada que decir. Al contrario. Los llamados “líderes de opinión” son los “bobos”.

Tienen mucho en común con el “burgués gentilhombre” de Molière. No es que aparenten algo que no son sino que no aparentan lo que son. De ahí que hayan abandonado su universo provinciano para “gentrificar” los barrios del centro de la gran capital, donde conviven de manera cosmopolita con los ancianos al borde del desahucio y los pakistaníes que reparan móviles.

Los anglosajones tienen una batería de expresiones para referirse a ellos: liberal de limusina, socialista champán, “dink” (dos sueldos y sin hijos)… Además de invadir los barrios más castizos, se han apoderado de la gastronomía popular y quieren pagar la cuenta con tarjeta de crédito, aunque eso no es lo peor: antes la cuenta dependía de la cantidad de comida, mientras que ahora es “degustación”, o sea, que pagamos más cuanto menos comemos.

En los ochenta los “yupis” votaban al PSOE. ¿A quién votan hoy los “bobos”? ¡Joder!, ¡vaya pregunta! ¿A quién va a ser? ¡A Podemos! Para tener una imagen exacta de un ”bobo“ no hay más que mirar una foto de Pablo Iglesias, Íñigo Errejon y similares. Son de esos que te los imaginas yendo en bicicleta a la oficina, por mucho que haga un frío del carajo. Pero, ¿hay algo en este mundo peor que la emisión de gases de efecto invernadero?

En las tabernas ya no se puede fumar. Si pides un vino te preguntan si quieres un reserva cosecha de 1998. En los restaurantes tampoco ponen cuchara sobre el mantel. Se acabaron los platos de oreja, riñones o gallinejas. Los clientes son posmodernos, bien afeitados y con gomina en el flequillo. No ves a nadie metiéndose un palillo entre los dientes. Están hipnotizados por su móvil.

Ese paisaje urbano demuestra que, en contra de lo que opinan los sociólogos, los “bobos” no son una clase social sino una tribu urbana, un modo de vida creado por lo que hoy se llaman “comics” y antes tebeos. La realidad imita al arte. A los “bobos” la infancia les dura más tiempo porque pasan el rato entre juguetes y videojuegos.

(Este artículo sobre los “bobos” continuará porque ahora me tengo que ir al foro, pero os prometo que próximamente hablaremos de otra categoría sociológica diferente, los “bonobos”, que son aquellos “burgueses no bohemios”. ¿Os habíais creído que la lucha de clases era algo simple o qué?)

Más información:
– Fascismo y ultraderecha: un fenómeno que no se mide con la vara LGTBI
– La degeneración política del eco-pacifismo

Dos de los marineros ucranianos detenidos en el Estrecho de Kerch son espías

De los 24 marineros capturados tras la provocación organizada por Kiev en el Estrecho de Kerch, dos son espías ucranianos del SBU, el servicio de inteligencia.

El FSB ha publicado un vídeo del interrogatorio de los marineros detenidos, de los que dos admiten ser agentes del SBU ante la cámara.

El capitán Vladimir Lessovoi también admite que sabía que lo que estaban haciendo era una provocación y que ignoraron deliberadamente las órdenes de las autoridades marítimas rusas transmitidas por radio.

Uno de los dos espías detenidos a bordo del Nikopol, Andrei Drach, un oficial de la 7 Dirección de Inteligencia Militar del SBU, reconoce abiertamente que entraron en aguas territoriales rusas, que recibieron advertencias de que estaban violando la frontera rusa y que debían salir de allá.

Las aguas territoriales por las que navegaban los buques ucranianos están bajo jurisdicción rusa antes de la reintegración de Crimea a Rusia, lo cual es grave cuando la nave es comercial, pero mucho más si se trata de una de tipo militar.

La presencia de dos espías entre la tripulación ha sido confirmada por el director del SBU, Vassili Gritsak, quien anunció que estaban allí como oficiales de contrainteligencia.

La presencia de espías ucranianos entre la tripulación confirma las sospechas de algunos medios que vienen destacando la posibilidad de que los buques pretendieron cometer un atentado contra el Puente de Kerch, que para el gobierno de Kiev es un símbolo muy especial de la pertenencia de Crimea a Rusia.

Pero Ucrania es una país abonado a la chapuza por culpa de Porochenko y sus mariachis: el Parlamento ucraniano (Rada) aprobó la ley marcial durante 30 días en la frontera con Rusia, pero la versión publicada en el Boletín Oficial menciona 60 días y carece de límites territoriales, algo que no tiene ninguna clase de precedentes.

El servicio de prensa de Poroshenko dice que es un error y promete corregirlo… Kiev tiene muchos errores que corregir.

¿Por qué invierte China en los países más pobres del mundo?

Entre 2000 y 2014 China emprendió más de 4.400 proyectos de desarrollo en 138 países, lo que le convierte en una de las principales fuentes de financiación de la infraestructura económica en varios continentes, pero especialmente en algunos de los países más pobres.

Los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda indican claramente que el objetivo crucial de China es contrarrestar la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Pekín invierte en países del primer mundo, con prioridad en la adquisición de tecnologías a través de la compra de acciones en las empresas en cuestión, así como en adquisiciones para aumentar los vínculos comerciales en general.

El país adopta diferentes estrategias cuando invierte en países en desarrollo o desarrollados, pero el principal objetivo de las inversiones chinas son países muy poblados que pronto se convertirán en consumidores de productos chinos. Las inversiones abren nuevos mercados al consumo.

China también compra instalaciones existentes o las construye nuevas para generar crecimiento en las economías de los países más pobres para transformarlos en socios comerciales.

En el futuro esos socios pueden desempeñar un papel cada vez más importante como mercado para los productos chinos y punto de apoyo de la introducción del yuan en el sistema financiero internacional.

La nueva Ruta de la Seda trata de crear un espacio financiero único en un territorio que abarca toda Eurasia, así como parte de África y Oceanía.

La influencia económica de China en varias regiones en desarrollo ya está al mismo nivel que la de los países occidentales, o incluso por delante, como en el caso de África.

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