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Muertos de miedo: la crisis, la histeria y el confinamiento conducen al suicidio

La histeria desatada a escala mundial está causando verdaderos dramas humanos. En un reportaje publicado la semana pasada, el periódico Ouest France relata “la angustia oculta de los héroes enfrentados al coronavirus” (1), una descripción que parece extraída de la Segunda Guerra Mundial.

El pánico alcanza a la población, pero también a los trabajadores de la sanidad, hasta el punto de que Francia está creando equipos de ayuda psicológica para apoyar al personal de enfermería que lucha contra su propia angustia en unas condiciones de trabajo realmente crudas. Son enfermeros, conserjes y médicos a quienes se les ha puesto en el ojo del huracán de la manera más miserable que cabe imaginar.

El periódico cuenta la historia de una videoconferencia en presencia de un psiquiatra. “De repente, en medio de la videoconferencia, se reunieron a varios cientos de médicos de emergencias, como una ducha fría. Gélidos, incluso. El evento no llegó a los titulares ni a los médicos del CHU [hospital universitario]. ‘Tuvimos una enfermera que se rebanó la garganta’. Fue hospitalizada en emergencia absoluta. Creyó que había contaminado a su marido, que estaba teniendo ataques de tos’. Pierre Vidhailhet, psiquiatra del Hospital Universitario de Estrasburgo, susurraba estas palabras”.

Un drama que no es noticia y que se desarrolla en el silencio de los hospitales, dice France Ouest.

El médico de 60 años del club de fútbol del Stade de Reims, Bernard González, se suicidó el 5 de abril en su casa. El médico había estado confinado en su casa con su esposa desde el anuncio del gobierno y dejó una nota en la que explicaba que había “contraído el coronavirus”.

Las reacciones han ido en aumento. El alcalde de Reims, conmocionado, dijo a la prensa: “Estoy conmovido por su desaparición porque es alguien que conozco desde hace años […] Más allá del médico del Stade de Reims, era el médico de mucha gente en Reims y era conocido por sus cualidades humanas y profesionales. La familia del fútbol y la gente de Reims le echarán de menos”.

Thomas Schaefer, el ministro de finanzas de Hesse, en Alemania, se suicidó el 29 de marzo. Tenía 54 años y estaba muy comprometido con la lucha contra el coronavirus. Estaba casado y tenía dos hijos. Le encontraron muerto cerca de las vías del ferrocarril.

La fiscalía de Wiesbaden ha indicado el suicidio. “Hoy podemos asumir que estaba profundamente preocupado”, dijo un político cercano a Angela Merkel y miembro de la CDU como Schaefer.

En Italia ya se han suicidado tres enfermeras. Una de ellas dejó una nota en la que decía que había dado positivo en las pruebas y que no quería contaminar a nadie.

En el hospital de Galdakao, en Bizkaia, un ingresado con un diagnóstico positivo de coronavirus se arrojó por la ventana desde un octavo piso el 25 de marzo.

En Londres una joven autista de 19 años, Emily Owen, se suicidó porque no soportaba el impacto síquico de la cuarentena.

En California los sicólogos advirtieron del riesgo de suicidio asociado a la crisis económica, la histeria y el confinamiento, situaciones que generan ataques de pánico, angustia y preocupación en amplios sectores sociales, incluidos los niños (2).

En contra los tarados que dirigen la sanidad en Estados Unidos, los sicólogos recomiendan fomentar al máximo las relaciones sociales.

(1) https://www.ouest-france.fr/sante/virus/coronavirus/coronavirus-dans-les-hopitaux-l-angoisse-cachee-des-heros-confrontes-au-covid-19-6803662
(2) https://www.efe.com/efe/usa/sociedad/psicologas-alertan-de-posibles-suicidios-y-efectos-en-la-salud-mental/50000101-4200078

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El lugar más cercano al infierno: Fort Detrick

Fort Detrick es una base del ejército estadounidense situada a menos de 100 kilómetros de Washington. Se creó en 1942, en plena guerra mundial, para ser el centro de la guerra biológica y desde entonces no ha hecho más que crecer, completando unos 600 edificios que ocupan 5.000 hectáreas de terreno.

El ejército puso a un bioquímico de la Universidad de Wisconsin, Ira Baldwin, al frente. Al principio Fort Detrick no fue gran cosa porque el imperialismo lo apostó todo a su monopolio del arma nuclear.

En la primavera de 1949 el ejército creó un pequeño equipo de químicos, al que llamó División de Operaciones Especiales. Su misión era encontrar usos militares para las bacterias tóxicas, un campo totalmente nuevo para la guerra.

Paralelamente, la CIA empezó a capturar espías del otro lado del Telón de Acero a los que trataba de interrogar bajo el efecto de drogas o, como se decía entonces, del “suero de la verdad”. Le ocurría lo mismo con los tránsfugas, de los que no tenía certeza de si realmente habían cambiado de bando o si se trataba de maniobras de intoxicación.

Allen Dulles, que dirigía las operaciones encubiertas de la CIA y que luego sería ascendido a jefe de la central de espionaje, aprobó los primeros planes MK (control mental), que inicialmente se llamaron Bluebird (Pájaro Azul), luego Artichoke (Alcachofa) y finalmente MK-ULTRA.

En 1951 Dulles puso al frente de la división al químico Sidney Gottlieb, del que ya hemos hablado en otra entrada.  Gottlieb era un tipo muy extraño que podría haber encabezado una película de terror. Era un inmigrante deforme que vivía en una cabaña aislada sin agua corriente y se levantaba antes del amanecer para ordeñar sus cabras.

Gottlieb le propuso a Dulles que negociara un acuerdo entre la CIA y el ejército, con un reparto de funciones: el ejército era la fábrica y la CIA el destinatario de las nuevas armas químicas y biológicas.

Así es como la CIA creó un laboratorios químico dentro de Fort Detrick para obligar a las cobayas y a los detenidos a “confesar la verdad”. El equipo de Gottlieb probó una asombrosa variedad de combinaciones de drogas, a menudo en conjunción con torturas como las descargas eléctricas o la privación sensorial.

Las cobayas las sacaban a la fuerza de prisiones y hospitales, incluida una prisión federal en Atlanta y un centro de investigación de adicciones en Lexington, Kentucky.

Al principio llevaban las cobayas a Fort Detrick, pero luego la CIA extendió Fort Detrick por Europa y Asia central, siguiendo un modelo que desde 2001 se haría famoso en Guantánamo y otros centros de tortura habilitados en bases militares del ejército estadounidense en todo el mundo.

Es posible que la primera prisión secreta de la CIA estuviera en el sótano de un chalet en la ciudad alemana de Kronberg, donde los científicos de la CIA trabajaban con antiguos verdugos nazis, también expertos en interrogatorios.

En uno de los experimentos administraron múltiples dosis de LSD a siete prisioneros en Lexington, Kentucky, durante 77 días seguidos. En otro, a los norcoreanos capturados les administraron drogas depresivas seguidas de potentes dosis de estimulantes. Luego les exponían a la privación de sueño, calor intenso y corrientes eléctricas.

Los experimentos causaron un número desconocido de muertes y muchas cobayas humanas acabaron recluidos en siquiátrico.

Una de las víctimas más conocidas de los experimentos fue Frank Olson, del que también hemos hablado aquí. Olson era uno de los espías de la CIA que siempre trabajó en Fort Detrick. Cuando abandonar la CIA, Gottlieb le convirtió en otra cobaya a la fuerza, drogándole con LSD. Una semana después, Olson murió tras caer de la ventana de un hotel en Nueva York, una muerte atribuida al suicidio por la CIA. La familia de Olson cree que lo tiraron por la ventana para mantener en secreto los experimentos que se llevaban a cabo en Fort Detrick.

La química no cumplió las expectativas de Gottlieb y los fármacos pasaron a formar parte del arsenal de venenos de la CIA. Una parte los integraban agentes patógenos que podían causar enfermedades como la viruela, la tuberculosis y el ántrax, así como varias toxinas orgánicas, entre ellas el veneno de serpiente y una molécula paralizante extraída de los moluscos. También desarrolló un veneno para matar a Fidel Castro y al dirigente congoleño Patrice Lumumba. Otro tipo de sustancias y gases estaban dirigidas a destruir los cultivos agrícolas mediante la difusión de plagas.

Cuando en 1959 se empezaron a conocer los secretos que guardaba Fort Detrick, los manifestantes tomaron por costumbre reunirse allá una vez a la semana. En un manifiesto decían que “ninguna justificación racional de la ‘defensa’ puede justificar los estragos de la destrucción masiva de la agricultura y las enfermedades que resultan de ella”.

En 1970 Nixon ordenó la destrucción las reservas existentes de toxinas biológicas, lo que se llevó a cabo en buena parte. Se salvó un lote de un tóxico extraído de los moluscos, conocido por el nombre de saxitoxina, una cianotoxina de tipo alcaloide con efectos neurotóxicos.

Dos botes que contenían cerca de 11 gramos de saxitoxina, suficiente para matar a 55.000 personas, estaban en el depósito de Gottlieb en Fort Detrick. Antes de que los técnicos del ejército pudieran retirarlos, dos oficiales de la división de operaciones especiales los metieron en el maletero de un coche y los llevaron a la Oficina de Medicina y Cirugía de Washington, donde la CIA mantenía un pequeño almacén de productos químicos.

Uno de los asistentes de Gottlieb testificó más tarde que ordenó esta operación sin informar a su jefe. Cuando se descubrió y destruyó la saxitoxina en 1975, Gottlieb se había retirado.

https://www.politico.com/magazine/story/2019/09/15/cia-fort-detrick-stephen-kinzer-228109

Más información:
– El científico que puso las nuevas formas de tortura a disposición de la CIA: Sidney Gottlieb
– Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
– Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
– Guía práctica del perfecto criminal
– Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá
– 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

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La caída del IPC encubre un fraude organizado a las economías domésticas

El precio del consumo registra la caída más alta en CeutaDiego Herchhoren
El Índice de Precios al Consumo (IPC) es un indicador absurdo que economistas y sindicalistas asalariados utilizan de manera recurrente para justificar sus sueldos. 
Es un engaño organizado por el cuál se decide, sin excesiva transparencia, si los salarios o jubilaciones aumentan o disminuyen en función del llamado «coste de la vida«.
El ÍPC del mes de marzo, según el INE, ha caído en picado en su tasa interanual (0,7%), tras 43 meses de subidas. Es decir, según la Administración «vivir es más barato» porque, de acuerdo a su base estadística ya no nos vamos de viaje al Caribe, gastamos menos en joyas o menaje del hogar y tenemos gasolina más barata. 
Seguro que sus bolsillos lo han notado muchísimo. Por cierto, recuerde que su hipoteca y las posibles variaciones de precio que pueda tener, no afectan al IPC, porque ni siquiera se lo tiene en cuenta. 
El problema viene cuando vemos qué consecuencias puede tener esta «caída» estadística en nuestras vidas, que no son baladís. Gracias a esta medición fraudulenta del precio de las cosas, la burguesía está preparando su batería ideológica para que los salarios y las fuentes de ingresos de la «economía subalterna» sean revisados a la baja, ya que de ninguna manera esta medición ha contemplado las subidas de precios que se han podido detectar en los últimos días en frutas, verduras, conservas y carnes (porque la clase trabajadora no come joyas ni viajes combinados), que son los productos del día a día.
De hecho, incluso días antes de que se publicaran estos datos del IPC, ya el Ministerio de Trabajo publicaba datos por los cuáles las subidas salariales pactadas no se iban a cumplir en sus términos «a causa del coronavirus«, y con expectativas de nuevas bajadas. Vaya al banco a pedir que le rebajen la hipoteca «a causa del coronavirus«, a ver qué le dicen.
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El distanciamiento social se convertirá en la ‘nueva normalidad’ en Estados Unidos gracias a la ciencia basura

Marc Lipsitch: la ciencia basura no descansa
En Estados Unidos han comenzado a deslizar que las normas de “distanciamiento social” se prolongarán hasta 2022 y la CNN asegura se pueden convertir en “la nueva normalidad” (*), es decir, que intentan hacer pasar lo anormal como normal y lo ilógico como lógico, como ya hemos repetido en otras entradas.

Eso que llaman “distanciamiento social” no solo consiste en separar físicamente a las personas unas de otras de otras, sino en el confinamiento y el cierre de escuelas “a menos que una vacuna esté disponible rápidamente”.

Sólo una vacuna milagrosa nos puede salvar de esta pesadilla.

Naturalmente la imbecilidad llega de la mano de los expertos científicos que escriben artículos imbéciles en revistas del mismo jaez. Ciencia pura. En este caso se trata de investigadores de la Facultad de Salud Pública de Harvard, publicada el martes en la sacrosanta revista Science.

El artículo es otro ejemplo de esa acumulación de tonterías que hoy hacen pasar por ciencia, que consiste en inventarse los “escenarios posibles” de la actual pandemia. Es una cábala detrás de otra, una conjetura seguida de una hipótesis que acaba en un pronóstico parecido al de quien sustituye el laboratorio por un salón de bingo.

“Es posible que se requiera un distanciamiento intermitente hasta el 2022 a menos que se aumente sustancialmente la capacidad de los cuidados intensivos o se disponga de un tratamiento o una vacuna”, escriben estos tarados de Harvard. “Incluso en el caso de una aparente eliminación, la vigilancia del Sars-CoV-2 debe mantenerse, ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible ya en 2024”.

Si se levanta la ley marcial “el virus volvería a rugir con bastante rapidez”, por lo que ya saben lo que debería hacer el mundo entero: mantenerla “durante varios años”, dijo a los periodistas el degenerado Marc Lipsitch, autor del estudio y profesor de epidemiología de Harvard.

Como los tarados no tienen suficiente con una infección, intimidan con otra, la reinfección, lo que se puede producir aunque tengas anticuerpos, hayas superado el contagio o te hayas vacunado.

Lo que quieren decir es que nunca te vas a poder librar de la pesadilla del coronavirus y, por lo tanto, nunca te vas a librar de la ley marcial.

Por eso va a ser importante extender los “certificados de inmunidad”, cuyas consecuencias la CNN pone entre interrogantes: “¿Crearían una especie de sociedad de dos niveles, donde aquellos que los tienen pueden volver a una vida más normal, mientras que otros permanecen encerrados?”

Aunque los casos de coronavirus en Estados Unidos se han disparado, dice la CNN, el distanciamiento social “parece ser eficaz”. Robert Redfield, director de los CDC, asegura que es “una de las armas más poderosas” en esta guerra que han emprendido contra el coronavirus.

El distanciamiento social debe ser lo más grande posible, dice Redfield. Cuanto más nos alejemos unos de otros, mejor.

Todos los estados de Estados Unidos han impuesto el confinamiento, con castigos que pueden llegar hasta los seis meses de cárcel y una multa de hasta 1.000 dólares. En Florida, un pastor fue arrestado el mes pasado por continuar celebrando grandes servicios y se le acusa de reunión ilegal y violación de las reglas de emergencia de salud pública.

(*) https://edition.cnn.com/2020/04/14/health/social-distancing-research-coronavirus-2022-trnd/index.html

Más información:
– La histeria ha llegado para quedarse

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¡Bienvenidos al socialismo!

Darío Herchhoren

La excusa de la pandemia de coronavirus, sirve para muchas cosas. Entre otras, para cargar sobre las clases menos privilegiadas el pago de esta macabra fiesta.

El imperialismo ha producido una de sus cíclicas catástrofes, que consiste en producir una enorme cantidad de mercancías que no tienen colocación en lo que se llama «el mercado». Pero ¿qué es el mercado? Se trata de una expresión ambigua, que tanto sirve para ofrecer trabajo a bajo precio, y entonces se trata del «mercado de trabajo», donde los trabajadores que solo tienen su capacidad de trabajo la cual venden a quien la compre, y el pago por esa venta depende de si hay demanda de trabajadores o no la hay. Si hay demanda de trabajo, los salarios suben y si no hay demanda o hay poca demanda, entonces los salarios bajan.

Esta sencilla ecuación tiene sin embargo sus riesgos, y no el menor de ellos, consiste en que si hay muchos trabajadores sin empleo, o con empleos precarios, y con salarios de mera subsistencia, se corre el peligro de que los trabajadores se organicen, hagan huelgas, protestas, y que al final se forme una bola de nieve que tenga tal volumen que sea imparable. Eso es lo que sucedió en los casos de las grandes revoluciones de la historia. Así sucedió en Rusia, en China y en Cuba.

Pero el capitalismo tiene también su «mercado de capitales», y ello consiste en que los bancos han acumulado tal cantidad de dinero que deben prestarlo, y a veces no hay quien pida dinero prestado, porque el dinero prestado por los bancos tiene el inconveniente de que hay que devolverlo. En ese caso, los bancos no pueden recibir dinero en depósitos, porque ya no encuentran a quien prestar ese dinero. No olvidemos que los bancos manejan dinero de los depositantes, y que al prestarlo corren el riesgo de que los que pidieron un crédito no puedan devolverlo, y si eso ocurre, el banco se encuentra con la dificultad de que no puede devolver lo que recibió, y a su vez no puede recuperar lo prestado, y si la situación se agrava entonces nos encontramos ante una bancarrota.

Esto suele tener un efecto dominó, es decir que las piezas del dominó están de pie una detrás de otra, y si una de esas piezas cae, empuja a la que stá delante, y entonces cae toda la fila.

Esto que parece un juego, no es ningún jolgorio. Se han juntado la crisis de superproducción, la enorme liquidez que tienen los bancos, y ello lleva a que se acumulan enormes stocks que no se pueden vender. Y esta cadena termina por romperse, y aquello de que el hilo se corta por lo más delgado tiene una aplicación en la práctica. Lo más delgado del hilo son los trabajadores, que solo tienen sus manos como único capital, y si la cadena se corta como parece que está ocurriendo ahora, nos encontramos ante una situación de quiebra generalizada. Y esto produce pánico entre los grandes capitales, que entonces se acuerdan de que existe el estado. Las ideas liberales y neoliberales, pregonan un estado flaco, delgado, y que no intervenga en la economía. Es el famoso «dejar hacer, dejar pasar».

El socialismo, preconiza justamente lo contrario de lo que acabamos de explicar. Los bancos están en manos del estado, que aplica políticas de fomento de las actividades económicas. La economía se planifica, y no existen las crisis de superproducción ya que las industrias en manos del propio estado fabrican solo aquello que está planificado para que no sobre ni falte nada. Los salarios están garantizados, no hay paro entre los trabajadores, ni tampoco hay inflación.

Parece que vivimos en el país de las maravillas de Alicia. Pero no hablamos de fantasías sino de hechos reales. En el socialismo las cosas funcionan así. Basta ver como vive el pueblo de la República Popular y Democrática de Corea y el pueblo cubano.

La crisis que el capitalismo venía anunciando para el año 2020, al fin se ha mostrado tal cual es, con su cara fea, horrible, con sus parados por millones, con trabajadores con salarios bajísimos, y el capitalismo ofrece como solución a estos males el fascismo, con pleno empleo, con salarios muy bajos, sin derecho a huelga, con una enorme represión y con supresión drástica de derechos. El estado se pone al servicio del gran capital que vuelve a amasar grandes fortunas, y la rueda no se para. ¿Es esto lo que queremos? Seguro que no.

En este momento, la burguesía se prepara para un largo invierno, y para sortearlo pide al denostado estado que le ayude. ¡Socialicemos las pérdidas y privaticemos las ganancias! En este momento vemos con claridad que el coronavirus, no es más que una excusa, y ya se está poniendo en marcha el control de la población mediante la prohibición de circular por las calles, encerrándonos en casa. Es solo un ensayo de lo que la burguesía pretende. Hay que organizarse para no permitirlo. La burguesía quiere al estado solo cuando este se pone a su servicio.

Impidámoslo.

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Google introducirá otro espía en tu móvil en la próxima actualización del sistema operativo

Hace unos días anunciamos un acuerdo entre Google y Apple para elaborar una aplicación informática con el pretexto de controlar la expansión del coronavirus. En realidad, forma parte del panóptico, la máquina que lo vigila todo.

El verdadero objetivo es el espionaje de los usuarios de móviles, hacer un seguimiento exhaustivo de los desplazamientos de 2.000 millones de personas en todo el mundo, de los lugares que frecuentan y de las personas con las que se reúne.

Otro objetivo es quebrar la sociabilidad mutua y separar a los calificados como sanos de los calificados como apestados.

Ahora Google confirma que los móviles equipados con Android recibirán una actualización con la aplicación para el rastreo. Se usará la vía habitual de “actualizar” el sistema operativo.

Los usuarios de móviles Huawei tendrán suerte porque carecen del espía de Google a causa del bloqueo impulsado por el gobierno de Estados Unidos. La empresa china decidirá si la incorpora o no.

No se sabe con quién compartirán la información Google y Apple, si la venderán a empresas comerciales o si la entregarán también a los gobiernos.

Tampoco se sabe si serán aplicaciones informáticas de código abierto o privativas.

Google ya venía espiando a los usuarios de Android, aunque desactivaran el GPS y la geolocalización de sus móviles. Los monopolios digitales saben más de cada uno de nosotros, que los propios interesados.

Tu peor enemigo está en tu bolsillo. Es el mejor momento para dejar el móvil en casa, o bien para sacar a Android de los móviles e instalar otro sistema operativo, o bien para volver a los teléfonos “no inteligentes”.

https://www.theverge.com/platform/amp/2020/4/13/21220033/android-covid-19-tracking-updates-google-play-contact-tracing

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Desmantelan un hospital de campaña en Seattle que no ha atendido a ningún enfermo de coronavirus

El hospital de campaña vacío de Seattle
El hospital de campaña construido apresuradamente por el Pentágono en el estadio de fútbol profesional de Seattle ha cerrado sin que tuviera que asistir nunca a ningún enfermo, dijo el gobernador del estado de Washington, Jay Inslee.

La realidad no ha confirmado las previsiones alarmistas y el hospital improvisado se ha desmantelado sólo tres días después de abrir sus puertas a los pacientes. No es necesario ni lo ha sido nunca. Los equipos médicos militares han estado tres días de vacaciones pagadas. El único objetivo del hospital de campaña fue alarmar a la población. Cuando los focos se han apagado, el hospital ha desaparecido.

El equipo médico del Centro de Eventos de CenturyLink Field está siendo devuelto a la FEMA, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, para que se pueda destinar a otros fines disitntos.

El estado de Washington vio la primera muerte por coronavirus en los Estados Unidos el 29 de febrero.

El estado pidió a la FEMA y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército que reconvirtieran el estadio de fútbol en un hospital de campaña “antes de que nuestras estrategias de remoción física se implementen por completo y nos preocupaba mucho que nuestros hospitales se vieran abrumados con los casos de Covid-19″, dijo el gobernador.

Inslee se unió a la alcaldesa de Seattle Jenny Durkan para elogiar el trabajo del 627 Centro Médico del Ejército en Fort Carson, Colorado, que estableció el hospital de campaña.

“Estos soldados pusieron sus vidas patas arriba para ayudar a la gente de Washington en un momento en que más los necesitábamos. Desde entonces, ha quedado claro que otros estados los necesitan más que nosotros”, añadió Inslee.

Durkan dijo que actualmente los hospitales públicos son suficientes para lidiar con el coronavirus. “Estamos tomando la decisión correcta al permitir que otras ciudades tengan esos recursos y capacidad”, dijo. “Aunque Seattle ha luchado mucho por estos recursos, es evidente que otras comunidades necesitan desesperadamente estas instalaciones y personal médico de alta calidad”.

https://www.yahoo.com/news/armys-seattle-field-hospital-closes-165646379.html

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Pandemia de hambre en Gran Bretaña: se triplica el número de asistidos por los bancos de alimentos

La Red Independiente de Ayuda Alimentaria afirma que en Gran Bretaña el número de personas asistidas por los bancos de alimentos ha aumentado en un 300 por cien.

Las organizaciones benéficas piden al gobierno británico que intervenga urgentemente. Está creciendo el hambre entre los británicos confinados ya que millones de personas que no comen han acudido a las organizaciones benéficas.

Apenas tres semanas después del comienzo del confinamiento, la Fundación de Alimentos informa de que 1,5 millones de británicos no comen durante días enteros porque no tienen dinero o acceso a la comida.

En total, unos 3 millones de personas viven en hogares donde alguien se ha visto obligado a saltarse ciertas comidas. Más de un millón de personas informan de que han perdido todos sus ingresos a causa de la crisis y más de un tercio de ellos afirman que no tienen derecho a ninguna ayuda pública.

La fundación se apoya en una encuesta de YouGov realizada esta semana en Inglaterra, Escocia y Gales. Su directora, Anna Taylor, dijo que la crisis era demasiado grande para dejarla en manos de los bancos de alimentos y las autoridades locales sin financiación. “Necesita una inversión urgente y sustancial del gobierno central que debe poner el dinero directamente en los bolsillos de las familias que no pueden permitirse comer”.

Las organizaciones benéficas que dirigen los bancos de alimentos se esfuerzan por hacer frente a un enorme aumento de personas que acuden a ellos para recibir paquetes de emergencia.

Sabine Goodwin, coordinadora de la Red Independiente de Ayuda Alimentaria, dijo que temía que el gobierno fuera demasiado lento para responder y que la situación quedara fuera de control. “Los bancos de alimentos de nuestra red están viendo un aumento de hasta el 300 por cien de peticiones en comparación con esta época del año pasado, pero siguen luchando por conseguir suficientes alimentos apropiados”.

Las autoridades locales confirman las afirmaciones de la Fundación de Alimentos. En Liverpool, por ejemplo, ha habido un aumento del 150 por ciento en las subvenciones de emergencia del ayuntamiento a las personas que no tienen comida o dinero para la electricidad desde la cuarentena.

La ciudad tiene una red muy desarrollada de bancos de alimentos y organizaciones benéficas de distribución que han aumentado sus operaciones rápidamente en las últimas semanas.

FareShare, la distribuidora de alimentos excedentes, abre ahora más horas en Liverpool, de 7 de la mañana a 10 de la noche, y ha distribuido 380.000 libras de alimentos a familias necesitadas en los últimos cinco días.

La alcaldesa adjunta de Liverpool, Jane Corbett, dijo que la caridad no era suficiente por sí sola. Los ayuntamientos no pueden pagar por el impacto de la crisis sin la financiación del gobierno. “La fragilidad de nuestro actual sistema de seguridad social se está viendo ahora al descubierto; la extrema presión sobre los bancos de alimentos es sólo un claro ejemplo. Nuestro presupuesto se ha reducido en un 63 por ciento desde 2013”.

Las cifras de quienes han pasado hambre en las últimas tres semanas son de 1,5 a 2 veces más altas que las de los que han pasado hambre durante todo un año en los últimos tiempos, según la doctora Rachel Loopstra, profesora de nutrición en el King’s College de Londres. “El confinamiento por Covid-19 ha tenido un impacto rápido y devastador en la capacidad de la población para acceder a suficientes alimentos, tanto por razones económicas como por el autoaislamiento”, dijo.

https://www.theguardian.com/society/2020/apr/11/uk-hunger-crisis-15m-people-go-whole-day-without-food

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Coronavirus, hambre y clases sociales

Darío Herchhoren

Desde la aparición de la pandemia del coronavirus, las radios, las emisoras de televisión, los periódicos en papel y los sesudos tertulianos, han estado bombardeándonos, con sus verdades de perogrullo sobre la existencia de la enfermedad, sobre lo que son los virus, sobre las investigaciones para hallar una vacuna eficaz, y sobre los rebuznos y eructos de Donald Trump y Bolsonaro.

Las noticias que se difunden nos hablan de cientos de infectados por día, de muertos, de altas médicas y de víctimas de la enfermedad en las personas del personal sanitario que pacientemente y con medios escasos atienden el aluvión de personas que día a día llenan las camas de hospitales. En algunos de esos casos, y siguiendo el relato del personal sanitario la situación se ha convertido en dramática, mostrando las carencias y falencias del sistema de salud.

Pero hace muy pocos días hemos escuchado al director de UNICEF, el organismo de la ONU para la infancia dando una cifras francamente espeluznantes sobre la muerte de niños de menos de un año de vida por día. Según esa información cada segundo muere un niño de hambre, lo cual quiere decir que en un minuto mueren 60 niños, en una hora mueren 3600 niños, y cada 24 horas mueren 86400 niños, salvo error u omisión.

Si comparamos esa cantidad de muertos con los provocados por la pandemia de covid 19, debemos concluir, que los fallecidos por la pandemia, constituyen una cantidad muy pequeña. Pero esa conclusión se transforma en indignación cuando nos paramos a reflexionar sobre la posibilidad de evitar esos terribles resultados si las políticas sanitarias y alimentarias fueran las correctas.

¿Cómo evitar esas muertes evitables? En primer lugar poniendo los medios para que eso no ocurra. ¿Y cuáles son esos medios? Básicamente invirtiendo dinero en cantidad suficiente en sanidad, construyendo redes de alcantarillado y agua potable, dotando de hospitales y dispensarios a aquellos paises que los necesitan, alimentando a las poblaciones, y sobre todo reduciendo los gastos militares y redistribuyendo la renta en forma equitativa para que esto no pase. Con lo que cuesta mantener un portaaviones por día se evitarían las muertes de niños que hemos mencionado.

Todo esto nos lleva a una primera conclusión con respecto al coronavirus: Se trata de una pandemia que fué generada ex profeso para batir al enemigo, y ese enemigo era China que ponía en peligro la hegemonía de los EEUU con su potente industria, y con la construcción de la nueva ruta de la seda y la franja, que uniría mediante ferrocarril de alta velocidad el lejano oriente con Europa, permitiendo el transporte de personas y cargas a bajo precio, poniendo en peligro las maquilas de occidente. Como ejemplo de esto quiero mencionar que durante la segunda guerra mundial, los fascistas japoneses arrojaron sobre China millones de pulgas infectadas con peste bubónica, que causaron miles de óbitos entre la población no beligerante. La peste bubónica es una enfermedad que transmiten las ratas, previamente infectadas por pulgas, y que cursa con terribles dolores articulares sobre todo en la cadena ganglionar, hasta producir una muerte y una agonía terribles.

Los japoneses también intentaron generar esa enfermedad en el territorio USA, pero los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, terminaron por frustrar ese propósito.

Otro de los superficiales y estúpidos comentarios sobre la pandemia es que la misma no reconoce clases sociales. Es una pura falsedad. Las enfermedades se ceban siempre sobre aquellos que tienen menos defensas, y se da la circunstancia de que las clases sociales más desfavorecidas, que viven en peores viviendas, se alimentan peor, tienen a su alcance una medicina más pobre y elemental, están siempre más expuestas a sufrir enfermedades. Los pobres, solo por ser pobres se mueren antes. ¿Es lo mismo nacer y vivir en África, que nacer y vivir en Nueva York? Aunque en Nueva York haya gente que malvive en barrios como el Bronx y el West End, siempre estarán mejor que un africano que viva en Soweto. La enfermedad es cierto que no reconoce clases sociales, pero los seres humanos si reconocen esas diferencias. Es una cuestión social y como tal debe tratarse. Si queremos evitar situaciones indeseadas como la que estamos atravesando ya sabemos cuál es el camino.

Transitémoslo.

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Internan en un siquiátrico a un médico suizo que se opone al toque de queda

El médico suizo Thomas Binder
El sábado Thomas Binder, un médico de 58 años fue detenido en Wettingen, Cantón de Argovia, con un aparatoso despliegue de unidades especiales que en Suiza sólo se ha visto en los casos graves de terrorismo.

El médico es especialista en cardiología y medicina interna y lanzó una petición de ayuda en Facebook y Twitter, afirmando que frente a su consulta había una unidad antiterrorista de policía que pretendía detenerle.

Los medios de comunicación aprovecharon el internamiento del médico para difundir la versión policial en exclusiva, según la cual el médico amenazó a las autoridades.

El pretexto es absurdo: las amenazas son un delito, no son suficientes para ordenar una detención y mucho menos en un siquiátrico.

La cadena de televisión privada Tele M1 le puso el micrófono a un portavoz de la policía, que se justificó diciendo que tienen que tomarse en serio las amenazas, aprovechando la ocasión para dar una vuelta de tuerca inverosímil a la represión: sospechaban que el médico tenía un arma, dijo el portavoz.

Naturalmente, las sospechas no se confirmaron; no hay tal arma, el médico ha sido ingresado en un hospital psiquiátrico después de su detención y la fiscalía ha abierto una investigación criminal.

El doctor es conocido en Suiza por su oposición a las doctrinas oficiales sobre el coronavirus y a las medidas aprobadas por el Consejo Federal. Sostenía que la pandemia era un “resfriado simple” y en su cuenta de Twitter llamó “payaso” al virólogo alemán Christian Drosten.

Su detención ha levantado una ola de protestas, lo mismo que cuando denunció que las fotos tomadas después de los ataques químicos de 2018 en Duma, en Siria, eran falsas.

https://www.medinside.ch/de/post/polizei-verhaftet-arzt

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El médico fue liberado después de permanecer seis días en el siquiátrico

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Más información:
– Primera mujer internada en un siquátrico en Alemania por oponerse a la cuarentena
– Terrorismo de Estado con pretextos sanitarios: Sajonia interna en hospitales siquiátricos a quienes rechazan la cuarentena
 

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El italiano Darío Musso también fue internado en un siquiátrico durante
cuatro días, donde le mantuvieron a la fuerza con sedantes