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Estrategia

Las tropas de Estados Unidos operan en secreto en la mitad de África

Las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos operan en secreto en la mitad del continente africano con el terrorismo como pretexto y el acuerdo de los gobiernos anfitriones.

Los ciudadanos de cada uno de los países del Continente rara vez son informados del alcance de estas operaciones militares. Incluso la información más básica, como la ubicación y el alcance de los despliegues de tropas y los combates clandestinos se ocultan en toda África.

Los comandos estadounidenses, que incluyen a los SEAL de la Marina, los Boinas Verdes del Ejército y los “raiders” del Cuerpo de Marines, se han especializado en el combate contra la insurgencia, entre otras misiones.

El año pasado se desplegaron oficialmente fuerzas de Estados Unidos en 22 países africanos: Argelia, Botswana, Burkina Faso, Cabo Verde, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Djibouti, Egipto, Etiopía, Ghana, Kenya, Libia, Madagascar, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Somalia, Tanzania y Túnez.

Representa una porción significativa de la actividad mundial de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos: el año pasado más del 14 por ciento de los comandos estadounidenses desplegados en el extranjero fueron enviados a África, el porcentaje más alto de cualquier región del mundo excepto Oriente Medio.

En 2017 las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos participaron en combates en 13 países africanos. El año pasado las tropas estadounidenses de élite seguían activas en 10 de esos países: Burkina Faso, Camerún, Chad, Kenia, Libia, Mali, Mauritania, Níger, Somalia y Túnez.

La huella militar de Estados Unidos en África es considerable. Hay 29 bases militares ubicadas en 15 países o territorios diferentes, con las mayores concentraciones en el Sahel y el Cuerno de África.

Las operaciones también son secretas. Su presencia en los países africanos rara vez se reconoce públicamente, ni por Estados Unidos ni por los países anfitriones; no se informa a los ciudadanos de la presencia o la acción de estas tropas de élite en su territorio.

El ejército estadounidense no sabe exactamente lo que sus fuerzas de élite están haciendo en cada país, aunque llevan mucho tiempo realizando misiones que van desde incursiones de comandos para capturar o matar, hasta misiones de entrenamiento.

Algunas operaciones se llevan a cabo bajo los auspicios de los llamados programas de la Sección 127, que llevan el nombre de una autoridad presupuestaria que permite a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos utilizar unidades militares locales como sustitutos en misiones “antiterroristas”.

En los últimos años Estados Unidos han llevado a cabo al menos ocho programas de la Sección 127 en África, la mayoría de ellos en Somalia. Esas actividades se llevaron a cabo bajo los nombres clave de Cazador en el exilio, Cazador Kodiak, Cazador de mangostas, Cazador de paladines y Cazador definitivo, y en ellas los comandos estadounidenses entrenaron y equiparon a tropas de Etiopía, Kenya, Somalia y Uganda en la lucha contra Al-Shabab.

Nunca antes se había revelado el número de misiones terrestres llevadas a cabo por los comandos estadounidenses en Somalia, pero los documentos de 449 Grupo Expedicionario la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con sede en el Campamento Lemonnier de Yibuti, muestran que llevaron a cabo más de 200 misiones terrestres contra Al-Shabab entre 2017 y 2018.

No son cifras extraordinarias. Más o menos es el promedio anual de años anteriores.

Africom, el Mando continental del ejército de Estados Unidos, las designa como misiones AAA (Asesoramiento, Asistencia y Acompañamiento) (1), pero no se diferencian del combate armado. Por ejemplo, en 2017 durante una misión AAA, el SEAL de la Marina Kyle Milliken, un suboficial jefe de 38 años, murió y otros dos estadounidenses resultaron heridos durante una incursión en un campamento de Al-Shabab a unos 65 kilómetros al oeste de Mogadiscio, la capital de Somalia (2).

El Mando continental africano reconoció 70 misiones de este tipo en África oriental en 2018, 46 en 2019 y 7 a principios de junio de este año.

Otras operaciones especiales que seguían activas en la región en febrero de este año son “Oblique Pillar”, una operación que presta apoyo con helicópteros contratados privadamente a los SEAL de la Armada y a las unidades del Ejército Nacional de Somalia a las que asesoran; “Octave Anchor”, una operación psicológica sigilosa centrada en Somalia; y “Rainmaker”, una operación de inteligencia de señales altamente clasificada.

El noroeste de África es otro importante teatro de operaciones especiales de Estados Unidos. En 2017 el Califato Islámico tendió una emboscada a las tropas estadounidenses cerca de Tongo, en Níger, matando a cuatro soldados estadounidenses, dos de los cuales eran Boinas Verdes. Estas tropas formaban parte del Destacamento de la Fuerza de Tareas Alfa 3212 (3), una unidad de 11 hombres que trabajaba con una fuerza nigeriana bajo el nombre de “Juniper Shield” (4).

“Juniper Shield” es el principal despliegue del Pentágono en el noroeste de África, en el que participan 11 países: Argelia, Burkina Faso y Camerún, Chad, Malí, Marruecos, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal y Túnez, donde las Fuerzas de Operaciones Especiales entrenan, asesoran y acompañan a los ejércitos locales que llevan a cabo misiones contra grupos terroristas, incluyendo a Al Qaeda y sus afiliados, Boko Haram y Califato Islámico. El despliegue, según los documentos de Africom, está en marcha desde febrero de este año.

(1) https://www.govinfo.gov/content/pkg/CHRG-115shrg39567/html/CHRG-115shrg39567.htm
(2) https://www.nytimes.com/2017/05/09/world/africa/somalia-navy-seal-kyle-milliken.html
(3) https://www.nytimes.com/2018/03/19/world/africa/niger-ambush-defense-department-report.html
(4) http://www.thedrive.com/the-war-zone/14923/what-you-need-to-know-about-why-u-s-special-operations-forces-are-in-niger

Más información:
– 10 años de expansión militar del imperialismo en África
– El Pentágono extiende su presencia militar en África con el pretexto de la ‘lucha contra el terrorismo’
– Los bombardeos de la aviación estadounidense en Somalia son crímenes de guerra
– La base militar más grande que el Pentágono tiene en el extranjero está en el Sahel
– Túnez vende su suelo a Estados Unidos a cambio de material de guerra

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Represión

Los estudiantes protestan en Haití por el asesinato de un alumno por disparos de la policía

Estudiantes de la Escuela Normal Superior de Haití se manifestaron el sábado debido al asesinato de su compañero Grégory Saint-Hilaire por disparos de la policía.

El viernes los alumnos de la universidad pública realizaron una protesta por cuestiones políticas y educativas y un agente de la Unidad de Seguridad General del Palacio Nacional disparó en contra de uno de los jóvenes para asesinarle.

Debido a ello, el sábado los alumnos se manifestaron en frente del Palacio Nacional, levantando barricadas con fuego y arrojaron piedras a los antidisturbios, que reaccionaron lanzando gases lacrimógenos.

Por su parte, la Asociación de Profesores de la Universidad del Estado de Haití condenó el asesinato y le atribuyó la responsabilidad al Gobierno, destacando que no es la primera vez que la policía dispara en contra de los protestantes.

La policía indicó que se iba a abrir una investigación para esclarecer los hechos que acabaron con la vida del estudiante.

https://www.elperiodico.com/es/internacional/20201004/estudiantes-protestan-haiti-tras-muerte-alumno-por-policia-8140590

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Salud

‘Covid-19 no es una pandemia’, admite por fin la revista médica The Lancet

A medida que el mundo se acerca al millón de muertes por Covid-19, debemos afrontar el hecho de que estamos adoptando un enfoque demasiado estrecho para gestionar este brote de un nuevo coronavirus. Hemos visto la causa de esta crisis como una enfermedad infecciosa. Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las líneas de transmisión viral, controlando así la propagación del patógeno.

La “ciencia” que ha guiado a los gobiernos ha sido impulsada principalmente por los modeladores de epidemias y los especialistas en enfermedades infecciosas, que comprensiblemente enmarcan la actual emergencia sanitaria en términos de plaga centenaria.

Pero lo que hemos aprendido hasta ahora nos dice que la historia de Covid-19 no es tan simple. Dos categorías de enfermedades están interactuando dentro de poblaciones específicas: la infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo (Sars-CoV-2) y una serie de enfermedades no transmisibles (ENT). Estas condiciones se están agrupando dentro de grupos sociales según patrones de desigualdad profundamente arraigados en nuestras sociedades. La agregación de estas enfermedades en un contexto de disparidad social y económica exacerba los efectos adversos de cada una de ellas.

Covid-19 no es una pandemia. Es una sindemia. La naturaleza sindémica de la amenaza que enfrentamos significa que se necesita un enfoque más matizado si queremos proteger la salud de nuestras comunidades.

La noción de sindicación fue concebida por primera vez por Merrill Singer, un antropólogo médico estadounidense, en el decenio de 1990. Escribiendo en The Lancet en 2017, junto con Emily Mendenhall y sus colegas, Singer argumentó que un enfoque sindémico revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política de salud.

Limitar el daño causado por el Sars-CoV-2 exigirá prestar mucha más atención a las enfermedades no transmisibles y a la desigualdad socioeconómica de la que se ha admitido hasta ahora.

Una sindemia no es simplemente una comorbilidad. Los síndemias se caracterizan por las interacciones biológicas y sociales entre las afecciones y los estados, interacciones que aumentan la susceptibilidad de una persona a sufrir daños o empeoran sus resultados en materia de salud.

En el caso de Covid-19, atacar las ENT será un requisito previo para una contención exitosa. Como mostró nuestra recientemente publicada Cuenta atrás de las ENT 2030, aunque la mortalidad prematura por ENT está disminuyendo, el ritmo de cambio es demasiado lento.

El número total de personas que viven con enfermedades crónicas está creciendo. Abordar Covid-19 significa abordar la hipertensión, la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, y el cáncer. Prestar mayor atención a las enfermedades no transmisibles no es una agenda sólo para las naciones más ricas. Las enfermedades no transmisibles son también una causa descuidada de mala salud en los países más pobres.

En su Comisión Lancet, publicada la semana pasada, Gene Bukhman y Ana Mocumbi describieron una entidad a la que llamaron Pobreza ENTI, agregando lesiones a una gama de condiciones ENT como mordeduras de serpientes, epilepsia, enfermedad renal y anemia drepanocítica.

Para los mil millones de personas más pobres del mundo de hoy, las enfermedades no transmisibles constituyen más de un tercio de su carga de morbilidad. La Comisión describió cómo la disponibilidad de intervenciones asequibles y eficaces en función de los costos durante el próximo decenio podría evitar casi 5 millones de muertes entre las personas más pobres del mundo. Y eso sin considerar la reducción de los riesgos de morir por Covid-19.

La consecuencia más importante de ver a Covid-19 como una sindicación es subrayar sus orígenes sociales. La vulnerabilidad de los ciudadanos de más edad, las comunidades negras, asiáticas y de minorías étnicas, y los trabajadores clave, que suelen estar mal pagados y cuentan con menos protección social, apunta a una verdad que hasta ahora apenas se ha reconocido, a saber, que por muy eficaz que sea un tratamiento o una vacuna protectora, la búsqueda de una solución puramente biomédica para Covid-19 fracasará.

A menos que los gobiernos conciban políticas y programas para invertir las profundas disparidades, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras con Covid-19. Como escribieron Singer y sus colegas en 2017, “un enfoque sindémico proporciona una orientación muy diferente a la medicina clínica y a la salud pública al mostrar cómo un enfoque integrado para comprender y tratar las enfermedades puede tener mucho más éxito que el simple control de las enfermedades epidémicas o el tratamiento de pacientes individuales”.

Yo añadiría una ventaja más. Nuestras sociedades necesitan esperanza. La crisis económica que avanza hacia nosotros no se resolverá con una droga o una vacuna. Se necesita nada menos que un renacimiento nacional. Acercarse a Covid-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, una que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente. Ver Covid-19 sólo como una pandemia excluye un prospecto más amplio pero necesario.

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32000-6/fulltext

Más información:
– El nuevo formato del consultorio radiofónico franquista: Maldita y su interpretación auténtica de la pandemia

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Salud

Un ejercicio militar con enfermedades ficticias y pandemias ficticias, pero que matan una barbaridad

En 2018 la Universidad John Hopkins se inventó una enfermedad y una pandemia, y realizó uno de esos simulacros de estilo militar. La enfermedad se llamaba “Clade X” y se contagiaba por la tos, con consecuencias parecidas a la gripe (1).

Pero el objeto del estudio, que se publicó en Youtube (2) como si fuera un videojuego, no era la pandemia sino la reacción política del mundo ante ella.

Naturalmente, no se ensayan simulacros con enfermedades leves de las que uno se cura quedándose en la cama y tomando infusiones de tomillo. Clade X era catastrófica porque no había vacuna para remediarlo. Era una de esas enfermedades “emergentes”, nuevas, de las que se desconoce casi todo.

No obstante, el modelo no era tan nuevo, ya que se basaba en el SARS de 2003, aunque llevado al paroxismo. Si al SARS sólo le imputaron 765 muertos, por lo que pasó muy desapercibido, salvo entre los especialistas, Clade X tenía que causar la muerte del 10 por ciento de la población mundial: 900 millones de personas.

“Los peores escenarios presentados en la ficción científica pueden quedarse cortos”, dijo El Confidencial entonces. Ante la magnitud de la catástrofe, el ejército estadounidense quedaba encargado de “reaccionar frente a la expansión de Clade X por todo el mundo”. Pero, ¿qué hará si Venezuela les pide ayuda?, preguntaba el periódico (3).

Este tipo de previsiones biopolíticas muestran, una vez más, que las universidades que llevan a cabo estas simulaciones no son otra cosa que fachadas del Pentágono e institutos de seguridad militar, por lo que todo el simulacro era una paranoia total, empezando por un virus fabricado por un grupo terrorista (4). ¿Se referían los universitarios a sí mismos?

Una simulación es mejor cuanto más se aproxima a la realidad y a veces son tan buenas que parecen reales. Ni siquiera los “expertos” de pacotilla son capaces de diferenciar la realidad de la ficción. Por eso Eric Toner, que trabajó en el ejercicio, dijo: “Va a suceder, pero no sé cuándo” (5).

Son palabras difíciles de interpretar. Es posible que, tratándose de un “experto”, sean una gilipollez. ¿Cómo podría expandirse una enfermedad ficticia? No obstante, es posible que hiciera alusión a otra enfermedad real, parecida al SARS, como el covid, por poner un ejemplo.

De esa manera los “expertos” demuestran sus dotes proféticas. Los sueños se hacen realidad. La vida es sueño. No hay diferencia entre la realidad y la ficción porque hay quien es capaz de hacer realidad sus sueños, e incluso sus peores pesadillas. “No han exagerado ni un pelo”, advirtió El Confidencial.

Desde hace al menos dos años ya se sabía que el mundo no estaba preparado para una pandemia parecida al SARS que estaba destinada inexorablemente a llevarse por delante a 900 millones de personas y, sin embargo, nadie se quiso dar por enterado. No sabe, no contesta.

Ante las mortíferas previsiones, los autores de la simulación recomendaron fortalecer los sistemas de salud, a pesar de lo cual todos los países siguieron haciendo lo contrario: imponer recortes presupuestarios en sanidad.

Por lo tanto, los gobiernos no siguen el consejo de los “expertos”, o sólo lo hacen cuando les conviene. En cualquier caso, la salud no les preocupa nada. Si han adoptado medidas draconianas durante esta pandemia no habrá sido por motivos de salud. Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo?

(1) http://www.centerforhealthsecurity.org/our-work/events/2018_clade_x_exercise/index.html
(2) https://www.youtube.com/watch?time_continue=15&v=sJ1x8SlNxj0
(3) https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-08-02/pandemia-virus-muertes-clade-x_1600676/
(4) https://www.businessinsider.com/pandemic-virus-simulation-johns-hopkins-shows-vulnerability-2018-7
(5) https://www.publimetro.cl/cl/social/2018/08/01/cladex-enfermedad-epidemia-gripe.html

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Salud

Lo que vende no es la ‘conspiranoia’ ni la ‘ciencia’ televisada sino las cifras de muertos y de infectados

Los titulares estos días siguen anunciando positivos por doquier. Donald y Melania Trump también «dieron positivo». Otra noticia fustiga a estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia que «se contagiaron» el covid-19 por irse «de fiesta». Todas estas pseudohistorias están activando otro absurdo frenesí mediático, que ha empujado a muchas personas a evitar enfrentar lo que es una evidencia, para evitar ser asociados al fascismo, o peor, al «terraplanismo».

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Represión

El maccarthismo posmoderno ya no dice el nombre de sus enemigos

El Parlamento Europeo ha creado un “comité especial” encargado de destapar las “influencias extranjeras” que amenazan la integridad democrática de la Unión Europea y los fundamentos de nuestras sociedades libres.

Hace tiempo que la caza de brujas campea a sus anchas por el Viejo Continente, otra de esas olas de histeria de la que se encargará el eurodiputado Raphaël Glucksmann. Se buscan bichos raros, herejes incómodos, de esos que a cada paso sacan los pies del tiesto.

“La era de la ingenuidad europea ha terminado”, dice Glucksmann y él es el mejor ejemplo. Las audiencias comenzaron el 23 de setiembre.

En tiempos del senador MacCarthy eran los comunistas, pero ahora no nos dicen los nombres, aunque tampoco es necesario si recordamos que Glucksmann fue consejero del Presidente georgiano Mijail Saakachvili.

Sí, en efecto, hablamos de Rusia y de sus redes de injerencia, su RT, su novichok y sus numerosos agentes esparcidos por las redes sociales. Una quinta columna que busca la destrucción de la democracia europea.

La misión del nuevo maccarthismo se expresa en el lenguaje de la OTAN. Consiste en “evaluar el nivel de las amenazas, ya sean campañas de desinformación, financiación de partidos políticos o campañas, o ataques híbridos”.

También estudiarán “la transparencia de la financiación de los partidos y las campañas, comprobando las acciones y normas nacionales en este ámbito, así como las influencias externas a través de las empresas, las ONG o la tecnología”.

¿Se refieren a los terroristas kosovares?, ¿a los Cascos Blancos?, ¿a los yihadistas moderados?, ¿a los nazis ucranianos?, ¿a los bielorrusos quizá? No. La Unión Europea no investigará sus propias redes de influencia porque trabajan en pro de una buena causa.

El Comité Glucksmann se centrará en perseguir al Eje del Mal, sus ciberataques y su desinformación, así como a la Quinta Columna, los cómplices, el enemigo interior, que son aún más peligrosos que el otro. El objetivo es identificar las campañas “dirigidas por organizaciones y actores europeos […] que podrían perjudicar los objetivos de la Unión Europea, o influir en la opinión pública para complicar la elaboración de posiciones comunes”.

Glucksmann y sus inquisidores publicarán un informe. El nombre del editor ya circula por los mentideros de Bruselas: la letona Sandra Kalniete, que fue sucesivamente Ministra de Asuntos Exteriores de su país, y luego Comisaria Europea, antes de aterrizar en Estrasburgo. Es hija única por lo que explica en un libro autobiográfico: “Mis padres no querían ofrecer otros esclavos al poder soviético, no tenía hermanos ni hermanas”.

Así están las cosas por Bruselas.

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Represión

Un carabinero arroja a un joven al río en medio de una manifestación en Santiago de Chile

Un joven de 16 años que se manifestaba anoche en Santiago de Chile fue arrojado desde siete metros de altura desde un puente al río Mapocho, el principal de la capital chilena, por un carabinero.

El joven se encuentra ingresado en la clínica Santa María de Santiago. Tuvo un tec cerrado, fractura en muñecas, corte en cuero cabelludo. Se encuentra consciente, estable y en observación, tras una intervención quirúrgica en sus manos.

Por las redes sociales chilenas, ayer circulaban decenas de convocatorias de protesta, a pesar del estado de excepción, que prohíbe  las reuniones de más de 50 personas.

Como todos los viernes, por la noche los manifestantes se reúnen en el epicentro urbano de las movilizaciones sociales de Santiago y, como también suele suceder, los carabineros cargaron y detuvieron a 21 personas.

El joven de 16 años escapaba junto a una multitud de un grupo de antidisturbios cuando uno de ellos lo alcanzó y lo lanzó al río. El adolescente quedó tendido boca abajo sin movimiento. Los carabineros no hicieron nada por sacarlo del río y fueron otros manifestantes los que bajaron a rescatarlo.

Los Carabineros han ido variando su versión de los hechos a cada minuto y, por su parte, el ministro del Interior dice que los antidisturbios han empezado a utilizar “nuevos protocolos” para actuar contra las manifestaciones.

Este incidente pone en aprietos nuevamente al ministro de Interior, el tercero que ha tenido el gobierno en menos de un año.

A dos semanas de que se cumpla un año del estallido social del 18 de octubre de 2019, una fecha que el gobierno chileno tienen marcada por la probabilidad de un resurgimiento de las protestas, Carabineros sigue en el ojo del huracán.

En el marco de las revueltas sociales de hace un año, fue el aparato represivo más destacado por su recurso a la brutalidad. Según un informe de la Fiscalía con datos actualizados hasta marzo, de las 493 personas denunciadas por diversos delitos cometidos por funcionarios del Estado, 444 pertenecen a Carabineros, 30 a la Policía de Investigaciones, 13 al Ejército, cuatro a la Armada y dos a otras instituciones.

La pandemia salvó al gobierno de Piñera. Cuando el 18 de marzo el gobierno impuso el estado de excepción, el movimiento popular chileno mostraba su fuerza en las calles. El 8 de marzo dos millones de mujeres salieron a protestar.

No obstante, en Chile la declaración de estado de excepción el 18 de marzo no ha podido impedir las protestas por completo. No han mostrado miedo a los carabineros y mucho menos al virus. Se han registrado 1.405 manifestaciones desde el 19 de marzo al 6 de septiembre, con casi 2.000 personas detenidas.

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Un ‘disparo al aire’ que mata personas: el extraño caso de la Guardia Civil de Manzanares el Real

Los hechos sucedieron a las 03:30 de la madrugada del domingo 27 de septiembre, en este municipio de la Sierra madrileña. La Guardia Civil recibió un aviso de un varón con actitud violenta enfrentaba a varias personas con dos armas blancas; en un supuesto intento de reducirle, la Guardia Civil efectuó disparos al aire que terminaron alojadas, sorprendentemente, en la femoral de la víctima, con resultado de muerte.

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Economía

Perspectivas de trabajo futuro en el capitalismo tecnocrático

“Algunos de los dogmas de fe del ámbito laboral que han caído con el mayor experimento de teletrabajo de la historia, abriendo la puerta a nuevos escenarios en los que el teletrabajo post-pandemia cobre mucha más fuerza que antes, y cuyas consecuencias también salpicarán a las oficinas, que podrán, si no eliminarse para muchas empresas, sí contraerse y cambiar su modelo. El teletrabajo ya está aquí, y aunque la transición de quienes se lo pueden plantear no sea total e inmediata, sí podemos empezar a ver una metamorfosis gradual en los próximos años con la pandemia prendiendo la mecha… La consecuencia será que ni siquiera haga falta tener a todos los empleados viviendo en la misma ciudad que la empresa. Podemos intuir un panorama en el que la proximidad con el lugar de trabajo ya no sea tan decisiva a la hora de escoger dónde vivir” (1).

Según el informe “Perspectivas del empleo de la OCDE 2020” de fecha 7 de julio de 2020, existe una menor probabilidad de que personas que antes se habrían considerado “típicos” trabajadores con una calificación media desempeñen empleos de esa calificación, y una mayor probabilidad de que ocupen uno de baja calificación. Esta tendencia se ha observado en los trabajadores con un nivel educativo medio en los 37 países de la OCDE que en mayo de este año contabilizaron 54,5 millones de desempleados y durante la pandemia en estos países un 39 por ciento de los trabajadores hicieron teletrabajo.

En España, la incidencia del teletrabajo en 2019 era de un 4,8 por ciento de las personas ocupadas, ya sea trabajando normalmente desde su domicilio o la mitad del tiempo, pero durante las semanas de los arrestos domiciliarios este porcentaje alcanzó el 34 por ciento mientras que según las encuestas del INE el total de trabajadores de todos los ramos de producción que no pueden realizar teletrabajo se sitúa en un 45,3 por ciento del total de las personas ocupadas (2).

La implantación de la Industria 4.0 lleva aparejada la desestructuración del trabajo asalariado. La perspectiva es que éste, en un porcentaje muy importante, ya no se realice en una ubicación física, llámese taller, oficina, consultorio o escuela, sino en el domicilio de las personas asalariadas, poniendo éstas el espacio físico ya sea de propiedad, alquiler o hipotecado,. Es un recorte importante de gastos para las empresas.

Un ejemplo: el coste de alquiler de oficinas en Barcelona es de alrededor de 30 euros el metro cuadrado. Una oficina de 500 metros supone un coste, incluyendo IVA, de 18.000 euros mensuales, sin incluir los demás gastos (limpieza, electricidad, teléfonos, agua, calefacción, aire acondicionado, etc.). Si el trabajo se realiza en los domicilios particulares, seguramente la sede empresarial precisará solamente de un espacio de 70 u 80 metros cuadrados lo que significará un coste de alquiler de 3.000 euros mensuales y un ahorro importante en el resto de servicios. En algunas empresas, como las financieras, significará el cierre de centenares o miles de oficinas que, o dejarán de pagar alquiler o si son de su propiedad las pondrán a la venta. El negocio está servido.

La legislación sobre el trabajo a domicilio y el teletrabajo, apunta que la empresa debe suministrar los utensilios de trabajo y cubrir los gastos para su funcionamiento (energía y teléfono) pero no hace mención a tener la obligación de pagar en concepto de alquiler por los metros cuadrados que utiliza el trabajador a domicilio.

Es la continuación de las sucesivas modificaciones que ha sufrido el sistema industrial o de servicios a lo largo de los años. Hace un siglo, las inmensas manufacturas agrupaban a miles de trabajadores bajo un mismo techo, bajo el cual se realizaban distintas operaciones fruto de las cuales surgían ya sea vehículos, máquinas de todo tipo, muebles, ropa, zapatos, alimentos, electrodomésticos… unas entidades productivas en las cuales se realizaba un proceso de producción integral, desde la manipulación de la materia prima, su transformación, su mecanización, su acabando, pintura, etc. A medida que los medios de transporte se han hecho más rápidos y han desaparecido las legislaciones que amparaban y protegían las industrias nacionales, siguiendo las directrices de la Organización Mundial del Comercio, las entidades productivas se fueron encogiendo: dejaron de ser procesos integrales de fabricación para convertirse unas en productoras de partes de un todo y otras en ensambladoras de piezas elaboradas en cualquier parte del mundo. Mediante estas operaciones no tan solo se diseminaron drásticamente a los trabajadores en diversas empresas de más reducido tamaño y en lugares geográficamente distantes, sino que se eliminaron los conocimientos profesionales y las transmisiones de dichos conocimientos, haciendo desaparecer multitud de profesiones y una visión integral de lo que se estaba produciendo, aumentando a escala geométrica la alienación respecto a lo producido.

Ante este proceso de desestructuración del trabajo por cuenta ajena, entendido de la forma tradicional de los últimos tiempos, no se trata de una defensa del trabajo asalariado como ideal de proletariado, esto sería un error, sino que la solución sería acabar con el trabajo asalariado y la alienación respecto al fruto del trabajo.

Para ello la Industria 4.0, si estuviese en manos del proletariado podría suponer un incremento de las capacidades, un incremento de los conocimientos y un control eficiente de que producir, como producir y para quién producir, controlando de forma fácil la totalidad del proceso productivo incrementando al mismo tiempo el número de personas que formarían parte del mismo no virtualmente, sino presencialmente con la condición de reducir drásticamente la jornada de trabajo. ¿Cuantas horas? Posiblemente dos o tres serían suficientes, con lo cual las relaciones sociales se intensificarían al máximo, la participación en el conocimiento global de lo que se produce aumentaría enormemente y junto a ello la capacidad organizativa del proletariado.

Si el control de la tecnología se rescatara de manos del capital, se tendría el control de la producción, el control de distribución y el control del consumo, evitando las sobreproducciones y los consumos superfluos. Pero a lo largo de los años se ha ido robando el saber obrero, su capacidad para saber que producía, aunque no fuera dueño de la producción. Ya no es tan solo la alienación respecto al producto de su trabajo, sino una doble alienación al convertirse en apéndice de una operación determinada, de la cual no sabe su finalidad, tanto puede estar produciendo una pieza para un aparato de destrucción, como una para mejorar el bienestar.

Burguesía, capitalismo, capitalismo liberal, capitalismo monopolista, capitalismo corporativo… y llegamos al capitalismo tecnocrático (del griego tékhnē, “técnica” y krátos, “poder, dominio”) en alusión al Krátos de la mitología griega que, como personificación del poder y la fuerza fue quién junto a Hefesto y a Bía, encadenaron y cegaron a Prometeo como castigo por haber robado el fuego a los dioses y entregarlo a los hombres.

Esta Tecnocracia la hemos visto entrar en funcionamiento en toda su dimensión a partir del mes de Marzo del 2020. Momento en que las decisiones en materia económica y de producción emanaron de los Tékhné-Krátos sanitarios, algunos de ellos siguiendo órdenes estrictas de las corporaciones químico-farmacéuticas, otros actuando como el autómata construido por Wolfgang von Kempelen (1769), que era capaz de replicar cada jugada de un jugador de ajedrez con otra jugada contraria que le aseguraba ganar la partida. Dicho muñeco vestido de turco estaba sentado frente a un tablero de ajedrez puesto sobre una amplia mesa y un sistema de espejos daba la sensación que dicha mesa era trasparente por sus cuatro costados, pero en realidad dentro de ella estaba sentado un enano que era un maestro en el juego de ajedrez y que guiaba la mano del muñeco mediante hilos.

El fuego, que Prometeo robó a los dioses para entregarlo a los hombres, podemos entenderlo como la capacidad, el conocimiento, el arte, la técnica, la ciencia… que la clase obrera en su hacer fue perfeccionando a lo largo de los años al mismo tiempo que emergía la esperanza y la lucha por un mundo mejor. Pero a medida que fue disolviéndose la esperanza y paralizando la lucha, el fuego ha ido retornando a los dioses.

En la antigüedad griega, los mitos emanaban como explicaciones a la incomprensión de las causas de las adversidades, y los héroes, rebeldes, se construían a lo largo del tiempo mediante un proceso en el cual la población era al mismo tiempo creadora y receptora tanto de los mitos como de los héroes. Pero hoy, los mitos son alimentados por las necesidades del capital y los héroes creados al instante mediante la propaganda, y la población, pasiva, es solamente receptora. Asimismo, las funciones tanto de los mitos como de los héroes también se han modificado. A los mitos se les ha cubierto con un manto científico hecho a medida del sastre que lo ha confeccionado, y los héroes, transforman su rebeldía en pasividad a expensas de las subvenciones de los presupuestos del Estado, y de este modo su objetivo ya no es “traer el fuego a los hombres” robándolo a los dioses, como Prometeo, sino devolver a los dioses los rescoldos encendidos que quedan todavía en manos de los hombres.

Si miramos un poco más allá de nuestros espacios circundantes, según fuentes de la OIT hay 1.600 millones de personas trabajadoras de lo que se denomina la “economía informal” y cuyos ingresos se calcula que disminuyeron un 60 por ciento desde el inicio de la declaración de pandemia por parte de la OMS, fruto de las disposiciones político-militares de diversos países impidiendo los desplazamientos y los mercados en los cuales estas personas realizaban sus tareas.

¿Qué es la economia “informal”?

Según Karl Polanyi, es aquella economía que no está sometida a los cánones del capitalismo moderno. Es un tipo de economía de subsistencia o sobrevivencia basada en el mercado. Y, ¿qué es el mercado? Según la definición de Karl Polanyi “es un lugar de reunión para la realización del trueque o la compra-venta”. Y sigue Polanyi: “los mercados no son instituciones que funcionen principalmente dentro de una economía, sino fuera de ella” (3).

Pero en la “economía formal” es probable que muchos trabajadores con sueldos bajos y cuyos salarios se estancaron ya a raíz de la pandemia financiera del 2008 debido a la pérdida de poder y voluntad de los sindicatos y el cambio de situación contractual, tendrán una mayor erosión de sus ingresos a medida que aumenten las listas de desempleados, y otros simplemente engrosarán estas listas, con lo cual aumentará la depauperación de una parte muy importante de la población trabajadora mundial, mientras que en otra pequeña parte aumentarán los ingresos, especialmente en trabajos de alta y media tecnología.

Pero esto no será ninguna novedad, sino la repetición de los ciclos críticos del capitalismo que sin rubor, las Naciones Unidas en su informe de 1 de junio de 2020 constataba que “históricamente, las crisis económicas, las pandemias y las guerras han agudizado las desigualdades” (4).

Al capital se le planteado el interrogante de cómo penetrar y mantener en la conciencia colectiva un nuevo paradigma en una situación mundial en la que no le parece viable una guerra convencional interimperialista, como ha hecho con anterioridad acarreando grandes catástrofes como consecuencia de las guerras para imponer los grandes cambios tecnológicos. Tal vez haya encontrado la forma de realizarlo a través de la Tecnocracia.

En esta cruda realidad es preciso hacernos algunas preguntas: ¿Cual es la situación organizativa del proletariado mundial? ¿De qué formaciones políticas dispone que se mantengan coherentemente en lucha constante con la perspectiva de la toma del poder?

Encontrar algunas respuestas puede ser el inicio del retorno del fuego a los hombres.

(1) https://www.xataka.com/empresas-y-economia/oficinas-tradicionales-peligran-mundo-post-pandemia-teletrabajo-cambiara-concepto-que-tenemos-ellas
(2) IvieLab. Instituto valenciano de Investigaciones Económicas. Mayo 2020
(3) Karl Polanyi. La Gran Trasformación. Fondo de Cultura Económica. 1992
(4) https://news.un.org/es/story/2020/06/1475242

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Estrategia Salud

Los militares han convertido el mundo en un laboratorio para realizar experimentos de todo tipo con seres humanos

Uno de los aspectos que han salido a la luz con la pandemia (en casi todos los países, excepto en España) es la conexión del Pentágono con la salud. El ejército de Estados Unidos no sólo destina ingentes cantidades de dinero a fabricar armas biológicas, sino también a vacunas, es decir, que lo mismo fabrica la enfermedad que el remedio.

Los casos de Fort Detrick y Porton Down ponen de manifiesto que un laboratorio no es diferente de un cuartel militar. Como cualquier otro armamento, los virus y las vacunas se almacenan en silos especiales. También se llevan a cabo maniobras y ejercicios con su propio “campo de batalla”. Finalmente, se manipulan, se modifican mediante ingeniería genética.

Hoy es cada vez es más difícil diferenciar entre la realidad y el laboratorio. Hay quien cree que la letalidad del coronavirus es consecuencia de su manipulación genética. También hay quien supone que la pandemia es un ensayo de laboratorio y que los seres humanos desempeñamos el papel de cobayas.

Otros recurren a los atentados de “bandera falsa”, donde los desencadenantes son las propias víctimas. A los gobiernos de las grandes potencias nunca les ha importado nada que dichas víctimas formen parte de su propia población.

A nadie debería extrañarle que estuviera ocurriendo nada de eso porque los antecedentes son muy claros. Las armas biológicas están prohibidas pero una parte creciente de la experimentación científica se basa en ellas.

Cuando esos científicos reconvertidos en mercenarios convierten al mundo en un laboratorio, experimentan con él y con los seres vivos que lo pueblan, incluido el ser humano.

El ántrax salió de un laboratorio militar del Pentágono. En 2001 se llevó a cabo un ensayo con ántrax dentro de la Operación Dark Winter y tres meses después se utilizó durante los atentados a las Torres Gemelas.

Desde entonces el ejército ha seguido realizando ensayos de pandemia, con ántrax o sin él. En 2005 organizaron el simulacro “Tormenta Atlántica”, una pandemia que afectaba a los países de la OTAN.

Ahora todos miran para otro lado, hasta que dentro de unos años alguien escriba un guión para una serie de Netflix con el que poder lavar su mala conciencia y ganar mucho dinero.

La Operación Dark Winter fue obra de Tara O’Toole y Thomas Inglesby que dos años después pasaron a formar parte de UPMC. También son los mismos que el año pasado llevaron a cabo otro simulacro parecido: el Evento 201 que ensayaba una pandemia de coronavirus.

En este tipo de experimentos biopolíticos participan siempre los mismos perros con otros collares. Inglesby que, además de su cargo en el UPMC, también dirige el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, fue el moderador de aquel “evento”.

Aunque nadie se atreva a mirar de frente, los objetivos de esos experimentos son siempre políticos y en ellos aparece la ley marcial para conducir al ejército a participar en los asuntos del propio país, lo cual interesa sobremanera al Pentágono.

En 2018 se llevó a cabo otro ejercicio en el que también participaron O’Toole e Inglesby: un ataque con patógenos genéticamente modificados planteaba la continuidad del gobierno y se imponía la ley marcial.

Con las elecciones de este año el asunto vuelve a la actualidad. En medio de la pandemia, si pierde, Trump ha amenazado con negarse a reconocer los resultados electorales y las centrales de inteligencia pronostican la imposición de la ley marcial. A principios de este año un alto funcionario del gobierno ha hablado de la llegada del “invierno más oscuro de la historia moderna”.

Estados Unidos va de un invierno oscuro a otro. En 2007 la Operación Dark Winter cristalizó cuando Bush aprobó la Directiva Ejecutiva 51 que actualizaba los planes de “continuidad del gobierno”. Obama siguió aprobando decretos sobre el mismo asunto que otorgan un control casi total de las infraestructuras de Estados Unidos al Departamento de Seguridad Interior.

En el momento de la firma de aquellos decretos, O’Toole era la Subsecretaria de Ciencia y Tecnología del Departamento de Seguridad Interior. Actualmente es Vicepresidenta Ejecutiva de In-Q-tel, el brazo científico de la CIA. Es la mujer que aparece en la imagen de portada.