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Interferón: el medicamento que Cuba ha desarrollado con éxito para el coronavirus y que España silencia

Aunque todavía no existe una cura efectiva contra la neumonía viral COVID-19, causada por el nuevo coronavirus, las autoridades sanitarias chinas están desarrollando tratamientos efectivos que reduzcan todo lo posible el número de muertes. 
Uno de los medicamentos utilizados para tratar a los pacientes enfermos es el interferón alfa-2b humano recombinante, que se produce desde el año 2007 en la empresa mixta sino-cubana Changchun Heber Biological Technology (ChangHeber), ubicada en la provincia nororiental de Jilin. 
Li Wenlan, directora ejecutiva de la compañía, indicó que la Comisión Nacional de Salud de China incluyó el interferón alfa-2b en su plan de diagnóstico y tratamiento para la neumonía COVID-19, por lo que aumentó la demanda del medicamento. 
Fabricación cubana a contrarreloj
De acuerdo con la directora, no existían grandes existencias en los almacenes de dicha medicina y el proceso de producción del interferón original y luego el antiviral terminado demora al menos 50 días.

Sin embargo, si se produce directamente con el interferón original, se ahorra por lo menos dos tercios del tiempo. 

 «Al enterarse del grave brote del nuevo coronavirus en China y la urgente necesidad del interferón original para la producción de medicamentos antivirales, el lado cubano aplazó sus pedidos anteriores de importación a China», detalló Li. Además, decidieron designar un grupo de expertos cubanos para brindar ayuda a China. 
ChangHeber inició la producción a partir del interferón original y del 25 de enero al 14 de febrero, en solo 21 días, pusieron en el mercado del país asiático la primera partida del interferón alfa-2b humano recombinante.

Hasta el momento están disponibles 190.000 unidades, aliviando en cierto grado la presión de la demanda del antiviral. 

La experiencia de un hospital sevillano
El interferón ha sido utilizado junto a otros fármacos relativos al tratamiento del VIH/Sida, en el Hospital “Virgen del Rocío” de Sevilla. 
Según explicó el médico del centro
sevillano, Miguel Ángel Benítez el medicamento ha sido catalogado como
un “éxito”, ya que los pacientes responden positivamente al tratamiento
experimental. 
Se trata de la aplicación de lopinavir y ritonavir
—también usado para prevenir el VIH— que  junto al interferón beta, ha
tenido éxito en China y sigue siendo utilizado por varios países
afectados por la epidemia.
El
Interferón alfa 2B, indican los especialistas, posee un mecanismo de
actuación distinto a los otros dos fármcados que se están usando, pero
es igual de efectivo. El medicamento cubano es una proteína que, de
forma natural, producen las células del ser humano cuando son infectadas
por un virus.“El objetivo
es alertar a las demás células, que desarrollan así una mayor
resistencia a la infección”, dijeron los médicos.
Cuba fue uno de los primeros países del Tercer Mundo en desarrollar su propia tecnología para el interferón a finales de la década de 1980. La isla caribeña y el país asiático mantienen diversos proyectos de cooperación en materia de medicina y biotecnología.

Contagio y clases sociales: lo que los manuales de medicina no cuentan sobre el carbunco

El carbunco fue una de las primeras infecciones estudiadas a finales del siglo XIX por los fundadores de la doctrina microbiana: Pasteur y Koch.Como la mayor parte de las enfermedades calificadas como “contagiosas”, por no decir todas, el carbunco era una plaga para la clase obrera y para los pobres y marginados en general.

El éxito de la microbiología emergente radicó en el encubrimiento de los problemas sociales como problemas médicos. Según Pasteur y Koch las causas de las plagas que asolaban a los obreros en aquella época no tenían su origen en las insalubres condiciones de trabajo y de vida sino en los microbios.

En la ideología burguesa ninguna enfermedad conoce de clases sociales ni de diferencias de clase, y menos las contagiosas. El concepto de “accidente de trabajo” y el de “enfermedad laboral” no han sido un descubrimiento científico, ni de los médicos, sino una conquista de la clase obrera que, en sí misma, es una denuncia de la explotación capitalista.

El capitalismo no era responsable de la enfermedad y la muerte de los trabajadores y por eso los microscopios de Pasteur y Koch no apuntaban a la explotación sino a una bacteria, el Bacillus anthracis. Naturalmente, una vez conocida la causa, con el progreso científico, la enfermedad tenía cura dentro del propio capitalismo.

La mejor demostración de la condición de clase del carbunco es que Pasteur y Koch no estudiaron la enfermedad porque les preocuparan los trabajadores sino porque les preocupaban los ganaderos. El carbunco destruía las cabañas ganaderas y por eso los veterinarios la conocían mejor que los médicos.

El carbunco se contrae por el contacto directo de los trabajadores (curtidores, peleteros, colchoneros, pastores, traperos, esquiladores o cardadores de lana) con ciertos animales o sus restos. No es una enfermedad infecciosa que se propaga por las poblaciones humanas, sino propia exclusivamente de los trabajadores de determinados sectores económicos.

Tampoco es una enfermedad grave si se contrae por vía cutánea, que representa casi la totalidad de los casos.

En contacto con el aire el Bacillus anthracis forma esporas que se depositan en los pastos, donde son capaces de resistir largo tiempo hasta que son ingeridas por el ganado, desde donde se transmiten a los seres humanos.

Como cualquier otra teoría científica, la microbiología afirma que si se conoce la causa, se le puede poner remedio a la enfermedad y, lo que es aún mejor: prevenirla. Para cualquier enfermedad infecciosa se puede encontrar el microbio que la origina y, por lo tanto, su remedio correspondiente. Incluso el argumento se puede volver del revés: si los remedios médicos lograron erradicar la enfermedad es porque habían combatido eficazmente el microbio que la provocaba.

Sin embargo, el carbunco no es una enfermedad que haya remitido por ningún antibiótico ni vacuna, sino por la modificación de los sistemas de producción fabriles, la sustitución de la lana como materia prima textil por los productos sintéticos, la fabricación de colchones de muelle o el retroceso de la economía pastoril y ganadera.

Antes de Pasteur y Koch, en Inglaterra la enfermedad de los trabajadores textiles por carbunco promovió en 1880 la promulgación de las normas Bradford para la manipulación de las balas de lana, que exigían tomar precauciones y modificar las condiciones de manipulación de la materia prima (1).

En los centros de trabajo donde las normas Bradford se implantaron, los casos de carbunco entre los obreros desaparecieron. Si la desaparición no fue completa, se debió a que hubo capitalistas que no las aplicaron, normalmente porque encarecían o complicaban los procesos productivos en los talleres.

En 1921 la Oficina Internacional del Trabajo celebró en Ginebra una reunión sobre el carbunco, de donde surgieron medidas que seguían teniendo relación con las condiciones de trabajo más que con remedios de tipo médico.

Las expectativas creadas por Pasteur ante la Academia de Ciencias de París sobre el descubrimiento de una vacuna para prevenir el carbunco resultaron absolutamente falsas.

Pasteur, que fue uno de los primeros mercachifles de la medicina, organizó un carnaval público en 1881 con un desproporcionado despliegue mediático que ha pasado a la historia, en la que se omite sistemáticamente el fraude que cometió. El relato anovelado del acontecimiento ha quedado como el “experimentum crucis” de la vacunación y se agota en sí mismo, en su propia ficción. Tomó 50 corderos, vacunando a la mitad de ellos y utilizó al resto de testigos. Luego les inoculó a todos el bacilo, falleciendo exactamente aquellos que no habían sido vacunados. La prensa alabó el milagro que habían contemplado sus ojos atónitos y ahí parece haber acabado la historia, la experiencia y la misma ciencia…

Se trata una narración triunfalista, dice Collier (2), ensalzada hasta la caricatura, característica de los genios que con sus maravillosos experimentos lo dejaron todo atado y bien atado de una vez y para siempre; la ciencia y la medicina triunfaron sobre la enfermedad, porque se trataba justamente de eso, de una enfermedad microbiana carente de otras connotaciones.

El propio éxito publicitario de la vacuna, que recorrió el mundo entero, provocó que a Pasteur le llovieran peticiones de la pócima milagrosa por parte de los ganaderos cuya cabaña diezmaba el carbunco.

Es la parte de la historia que falta por contar: la conversión del experimento crucial en una cruz de experimento. Lo cierto es que nunca se llegó a fabricar una vacuna estabilizada, por lo que cuantas veces se inoculó en todo el mundo, provocó dos consecuencias contradictorias: o bien la atenuación del bacilo era tan grande que no causaba ninguna reacción inmunitaria, o bien en otras era tan pequeña que provocaba la enfermedad que debía prevenir.

Según Paul de Kruif, a medida que se distribuía la vacuna, las quejas de los ganaderos se fueron amontonando sobre la mesa de Pasteur: “Las ovejas morían de carbunco; pero no de la enfermedad natural adquirida en los campos contaminados, sino de carbunco producido por las mismas vacunas que debían salvarlas. De otros lugares llegaban también noticias alarmantes: las vacunas que habían costado tanto dinero, no surtían efecto; ganaderos que después de vacunar rebaños enteros se habían acostado dando gracias a Dios por la existencia de Pasteur, una mañana encontraban los campos cubiertos de ovejas muertas; ovejas que debiendo quedar inmunizadas, habían muerto víctima de las esporas de carbunco escondidas en los pastizales. Pasteur empezó a odiar las cartas; hubiera querido taparse los oídos para no percibir los comentarios irónicos que por por todas partes surgían y, por último, sucedió lo peor que podía suceder: aquel alemán molesto, Koch, publicó un informe científico, frío y terriblemente exacto, en que dejó comprobado que la vacuna anticarbuncosa no tenía ningún valor práctico” (3).

Con la vacuna del carbunco se cumple aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”. Resultaba tan peligrosa que algunos países restringieron su utilización sólo para el ganado. Aunque posteriormente fue mejorada (4), la vacuna siempre fue un fracaso, si bien “en este terreno la verdad no es siempre lo más importante”, escribe Kruif. Gracias a que, incluso en materia de salud, la verdad no es lo más importante, la vacunación contra el carbunco se impuso por decreto en varios países y Pasteur guardó silencio porque el volumen de negocio crecía de manera espectacular.

Entonces la vacuna dejó de ser una cuestión veterinaria para transformarse en política. Como consecuencia del peligro, algunos veterinarios se opusieron a la vacunación de los animales. En España muchos profesores de veterinaria criticaron la vacunación, entre ellos Juan Ramón y Vidal y Braulio García Carrión porque, aseguraba este último que “no había carbunco en España” y que “era muy malo traer virus que pudieran producir la afección” (5).

En 1886 otro catedrático, Santiago de la Villa, llegó a afirmar que con el tiempo la teoría microbiana de la enfermedad sería juzgada “como la más grande vergüenza del último tercio del siglo XIX”. Al año siguiente escribió que las enfermedades amainarían con una higiene rigurosa. Los descubrimientos de Pasteur no sólo eran “innecesarios” sino también “perjudiciales” porque difundían las enfermedades: “¡Jamás, jamás nos haremos solidarios de semejante desatino, siquiera este desatino fuese defendido por todos los reputados sabios del mundo!” (6).

Ya ven que la oposición a las vacunas no ha nacido ahora; es tan antigua como las vacunas y la han defendido tanto médicos como veterinarios.

Para acabar: un siglo después nadie se acordaría de la historia del carbunco de no ser por el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de setiembre de 2001. La paranoia del derribo fue acompañada del envío de esporas de Bacillus anthracis por correo y, según cuentan, varias personas fallecieron a causa de ello.

(1) P.W.J.Bartrip: The Home Office and the dangerous trades. Regulating occupational disease in victorian and edwardian britain, Nueva York, 2002, pgs.233 y stes.; Chris Holmes: Spores, plagues and history. The story of anthrax, Durban, Texas, 2003, pgs.92 y stes.
(2) Sarah Elizabeth Collier: The conquest of woolsorters’ disease (industrial anthrax) that never happened, 2007 (http://www.lib.ncsu.edu/resolver/1840.16/2391). Cfr. M. Bucchi: The public science of Louis Pasteur. The experiment on anthrax vaccine in the popular press of the time, en History and Philosophy of the Life Sciences, vol.19, 1997, pgs. 181 y stes.
(3) Paul de Kruif: Cazadores de microbios, Porrúa, México, 2010, pg.161.
(4) Nicolas Stamatin en 1931 y Max Sterne en 1937 mejoraron la vacuna contra el carbunco que, en cualquier caso, siguió siendo peligrosa y el porcentaje de éxito escaso. En seres humanos A.Sclavo creó otra vacuna con suero procedente de mulos a los que se les inoculó el bacilo, pero los resultados siguieron siendo dudosos, a pesar de lo cual fue adoptado como protocolo médico, hasta que a partir de 1945 se generalizó el empleo de antibióticos (P.C.Turnbull: Anthrax vaccines: past, present and future, en Vaccine, vol.9, 1991, pgs.533 y stes.; E.Shlyakhov, J.Blancou y E.Rubinstein: Les vaccins contre la fièvre charbonneuse des animaux, de Louis Pasteur à nos jours, en Revue de Science et Technologie, vol.15, 1996, pgs.853 y stes.). El ejército de Estados Unidos dispone de una vacuna contra el carbunco registrada desde 1967, pero el estudio científico sobre el que se apoya nunca se ha publicado.
(5) ¿Qué ha hecho la Liga?, en Gaceta Médico-Veterinaria, 28 de enero de 1887.
(6) Microbiazo, en La Veterinaria Española, núm. 1040, 10 de setiembre de 1886; ¡Microbiazo! ¡Microbiazos!, en La Veterinaria Española, núm. 1063, 30 de abril de 1887.

Contagio: Estados Unidos mantiene la presión contra Irán a pesar de la pandemia de coronavirus

Nosotros no nos creemos ninguna de las “informaciones” sobre la epidemia de coronavirus, y menos si procede de expertos de pacotilla. Sin embargo, no nos queda otra que argumentar a partir de algunas de ellas, como la que afirma que Irán es el país más afectado por la pandemia, después de China e Italia.

Supongamos que esa y muchas más cosas de las que cuentan sean ciertas. Supongamos también que los virus y las epidemias, en contra de lo que siglos de historia muestran, es algo por encima de las clases sociales y las fronteras.

En tal caso, el mundo (o sea el imperialismo) debería estar muy interesado en contener la epidemia, cualquiera que sea el lugar en el que se manifieste.

Del mismo modo que la sociedad nos ha impuesto a cada uno de nosotros un estado de guerra con el pretexto de “contener” la propagación de la enfermedad, deberían de preocuparse de “contenerla” en todos los países del mundo, como Irán, sin ir más lejos.

Sin embargo, lo que está ocurriendo es todo lo contrario: el imperialismo aprovecha la propagación de la pandemia en Irán para apretar las tuercas al gobierno. El bloqueo imperialista no se ha levantado, ni siquiera en materia sanitaria o farmacéutica.

Es más, la epidemia resulta funcional al bloqueo porque el remedio -según dicen- está en el aislamiento, el cierre de las fronteras, la prohibición de viajes y el cese de las importaciones.

Ya ocurrió en los años noventa durante el bloqueo de Irak, que incluyó la prohibición de suministrar material sanitario, medicinas e incluso alimentos, lo que causó la muerte de medio de millón de personas, muchos de ellos niños.

En términos relativos, la muerte de medio de millón de personas en un único país a causa de un bloqueo económico demuestra la insignificancia -al menos cuantitativa- de la epidemia actual, atendiendo al número de muertos.

Ayer Amir Afkhami, un experto en el sistema sanitario iraní pronunció una conferencia en la Universidad George Washington, donde afirmó que “las sanciones de Estados Unidos han contribuido a empeorar una situación ya muy mala”.

La política del imperialismo, que es la política por antonomasia en el mundo, incluida la política sanitaria, no es la “contener” y mucho menos la de “luchar” ni contra la enfermedad, ni contra el virus, ni contra su propagación. Más bien habría que afirmar lo contrario: al imperialismo la propagación de la epidemia le favorece, al menos para intensificar la presión contra ciertos países, como Irán. Estirando el argumento se podría decir que el imperialismo quiere que la epidemia se propague.

La mejor demostración de ello es que la OMS no ha exigido el levantamiento del bloqueo a Irán, siquiera con carácter provisional, lo cual no extraña nada y pone al descubierto que es un organismo ajeno a lo que ella misma ha calificado como una “pandemia mundial”. Si Irán le importa un bledo al imperialismo, la pandemia le importa un bledo a la OMS. Por decirlo con otras palabras: la salud le importa un bledo a los organismos internacionales encargados de protegerla.

Contagio: la invención de una epidemia para imponer la ley marcial en todo el mundo

Giorgio Agamben

Frente a las medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debida al coronavirus, es necesario partir de las declaraciones del CNR [Consejo Nacional de Investigaciones Científicas italiano], según las cuales no sólo “no hay ninguna epidemia de SARS-CoV2 en Italia”, sino que de todos modos “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles hoy en día sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves moderados (una especie de gripe) en el 80-90 por ciento de los casos”. En el 10-15 por ciento de los casos, puede desarrollarse una neumonía, cuyo curso es, sin embargo, benigno en la mayoría de los casos. Se estima que sólo el 4 por ciento de los pacientes requieren hospitalización en cuidados intensivos”.

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras?

Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado. En primer lugar, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. El decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad pública” da lugar a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión de al menos una persona o en que hay un caso no atribuible a una persona de una zona ya infectada por el virus”.

Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción en todas las regiones, ya que es casi imposible que otros casos no se produzcan en otras partes. Consideremos las graves restricciones a la libertad previstas en el decreto: a) prohibición de expulsión del municipio o zona en cuestión por parte de todos los individuos presentes en cualquier caso en el municipio o zona; b) prohibición de acceso al municipio o zona en cuestión; c) suspensión de eventos o iniciativas de cualquier tipo, actos y toda forma de reunión en un lugar público o privado, incluidos los de carácter cultural, recreativo, deportivo y religioso, aunque se celebren en lugares cerrados y abiertos al público; d) suspensión de los servicios de educación para niños y escuelas de todos los niveles y grados, así como de la asistencia a actividades escolares y de educación superior, excepto las actividades de educación a distancia; e) suspensión de los servicios de apertura al público de museos y otras instituciones y lugares culturales a que se refiere el artículo 101 del Código del Patrimonio Cultural y del Paisaje, según lo dispuesto en el Decreto Legislativo 22 de enero de 2004, n. 42, así como la eficacia de las disposiciones reglamentarias sobre el acceso libre e irrestricto a esas instituciones y lugares; f) suspensión de todos los viajes educativos, tanto en Italia como en el extranjero; g) suspensión de los procedimientos de quiebra y de las actividades de las oficinas públicas, sin perjuicio de la prestación de los servicios esenciales y de los servicios públicos; h) aplicación de la medida de cuarentena con vigilancia activa entre las personas que hayan estado en estrecho contacto con casos confirmados de enfermedades infecciosas generalizadas.

La desproporción frente a lo que según la CNR es una gripe normal, no muy diferente de las que se repiten cada año, es sorprendente. Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.

El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.

https://www.quodlibet.it/giorgio-agamben-l-invenzione-di-un-epidemia
https://ficciondelarazon.org/2020/02/27/giorgio-agamben-la-invencion-de-una-epidemia/

Contagio: con la lepra dios castiga a los pueblos malditos

A lo largo de la historia de la humanidad la lepra ha sido una enfermedad que ha causado estragos entre las poblaciones, por lo que adquirió un aura mítica y mística. Los libros sagrados de las religiones monoteístas hablan de ella porque la consideran como un castigo divino. El evangelio de Lucas (17:11-19) relata el encuentro de Jesucristo con los diez leprosos, que “se pararon de lejos”, es decir, guardando la debida distancia, lo mismo que ahora dice la televisión que debemos hacer: evitar el contacto para evitar el contagio.

En cuanto que, erróneamente, se consideraba una de tantas enfermedades contagiosas, que castigaba a masas y pueblos enteros, la lepra tampoco se consideró una dolencia individual o privada, sino algo que permitía intervenir de una manera draconiana contra minorías, chivos expiatorios a los que calificaban de “apestados”.

La respuesta social frente a los apestados siempre ha sido la misma: el tabú, la prohibición de contacto, el confinamiento o incluso el encarcelamiento. Eso fueron históricamente los lazaretos y las leproserías, como el de la isla de San Simón, en la ría de Vigo, un lugar de confinamiento tanto de leprosos como de otro tipo de enfermedades supuestamente contagiosas.

Tras la guerra, la isla de San Simón se convirtió en una cárcel en la que encerraron a los antifascistas y una de sus características más importantes es que estaba junto a un puerto marítimo porque siempre fue un lugar para confinar en cuarentena a todos aquellos barcos en los que se declaraba un epidemia.

Antes de conocer sus causas, ya en el siglo XVII, la lepra había sido controlada, gracias a una dilatada experiencia empírica.

Sin embargo, el pánico estaba arraigado tanto entre la población como entre los científicos, de manera que, pese a menguar el impacto de la enfermedad, los tratados de medicina empezaron a hablar de que existían dos tipologías: los leprosos auténticos y los semileprosos. Los primeros habían desaparecido en gran medida pero subsistían los segundos.

Aunque la experiencia empírica demostraba que la enfermedad no era contagiosa, los manuales de medicina divulgaron que era hereditaria, por lo que a partir del siglo XVII empezó a aparecer -por arte de magia- un supuesto colectivo de semienfermos cuyo mal se transmitía de padres a hijos como la maldición del pecado original.

Se denominaron “agotes” y fueron confinados en los Pirineos, en los pueblos del norte de Nafarroa. Un avance científico abría el camino a una deformación ideológica, con sus lamentables secuelas de marginación, legal y social, seguidas durante siglos (1).

Al igual que los leprosos, los agotes fueron internados, se les marcó con distintivos en sus ropas para que la población no tuviera ningún contacto con ellos y se decía que olían mal (fetidez, halitosis), lo mismo que los gitanos, los moros y los judíos, etc. En castellano la palabra “peste” no sólo designa a una enfermedad sino también al mal olor, e incluso a la suciedad.

Hoy día subsiste el apellido “Agote” o “Argote” que aún recuerda a los descendientes de aquellas poblaciones “apestosas”.

Como a cualquier otro monstruo, los médicos extraían sangre a los agotes e hicieron toda clase de experimentos con ellos, lanzándose las más absurdas teorías acerca de su origen porque -no cabían dudas- tales personas no podían tener el mismo origen que el resto de las personas “normales”: eran una raza distinta y las razas distintas siempre llegan hasta aquí desde algún lugar bien remoto.

Es algo que tienen en común todas las enfermedades consideradas como “contagiosas”: siempre son extranjeros, proceden de fuera, por lo que hay que confinarlos, impedir el contacto con ellos, etc.

De los diez leprosos del evangelio de Lucas, al menos uno de ellos era “extranjero”. Fue el único que se acercó a Jesucristo para agradecerle el milagro de la curación.

Con los agotes también había que adoptar precauciones: sólo podían casarse entre ellos porque -una vez más- la mezcla, el contacto sexual, volvía a presentarse como arriesgada. Lo que se había iniciado como un problema médico, en vías de resolución, degeneró en un problema étnico. La pureza se convertía en una cuestión de salud pública. Los agotes eran falsos enfermos, eso que hoy llamaríamos “un grupo de riesgo”, una condición equívoca impuesta por las seudociencias como un pesado fardo que debieron soportar de padres a hijos poblaciones completas durante siglos porque, como bien saben en Nafarroa, la marginación de los agotes llega hasta los años setenta del siglo pasado.

En 1947 un estudiante de medicina argentino de 22 años, Meny Bergel, defendió la teoría metabólica de la lepra, que chocó con la teoría bacteriana vigente desde que la expuso Hansen en 1873, según la cual la lepra está causada por un bacilo que lleva su nombre.

Con varios libros editados y 215 publicaciones científicas, Bergel es uno de los grandes y más ignorados científicos del siglo pasado. Demostró que la lepra no es una patología infecciosa, ni está causada por el bacilo de Hansen, ni tampoco se trata con antibióticos, sino que la produce el “estrés oxidativo” y, por lo tanto, se trata con antioxidantes (2).

Se inició así una sorda batalla que se prolonga desde hace setenta años, pero en 2005 siete leprólogos de la Universidad de Madras, en India, confirmaron la tesis de Bergel (3), aunque es dudoso que los defensores de la tesis dominante reconozcan un error tan prolongado sin quedar en evidencia.

En occidente los científicos se miran al espejo y se gustan a sí mismos. No conocen otra cosa que su propio universo y, desde luego, no valoran nada que no publiquen sus propias revistas científicas en Estados Unidos. Un investigador argentino que habría merecido el Premio Nobel es un asboluto desconocido y a unos científicos de la India tampoco se les puede tomar ni en consideración.Pero no es necesario leer nada, no hace falta: cualquiera que haya trabajado en una leprosería sabe que esa enfermedad no se contagia. El Che, que era médico, lo sabía y no tuvo ningún inconveniente en asistir a unos leprosos que yacían abandonados y marginados. No le contagiaron nada, ni a él ni a nadie. Jamás.

Es una vergüenza que hayamos llegado al siglo XXI y sigamos igual que siempre.

(1) Christian Delacampagne: Racismo y occidente, Argos Vergara, Barcelona, 1983, pgs.92 y stes.
(2) Una doctrina terapéutica basada en los procesos de óxido-reducción. Su aplicación en el tratamiento de la lepra, en Revista Argentina de Dermatosifilología, 1947, vol.87, pg.513; Metabolic theory of leprosy, Diorky Editores, Madrid, 1998.
(3) R.Vijayaraghavan y otros: Protective role of vitamine E on the oxidative stress in Hansen’s disease (leprosy) patients, en European Journal of Clinical Nutrition, 2005, vol.59, pgs.1121 y stes.; R.Vijayaraghavan y otros: Vitamin E reduces reactive oxygen species mediated damage to bio-molecules in leprosy during multi-drug therapy, en Current Trends in Biotechnology and Pharmacy, 2009, vol.3, pg.4.

Roma no paga a los traidores y Estados Unidos tampoco

Ahí tienen una foto inédita de hace 45 años de Joe Biden, el actual candidato a las primarias demócratas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos que, para diferenciarse de Trump, se declara partidario de la inmigración. Pero durante la Guerra de Vietnam trató de impedir la evacuación de decenas de miles de refugiados de Vietnam del sur, a pesar de que eran cómplices de Estados Unidos.

Entonces Biden dijo que Estados Unidos no tenía ninguna obligación, “ni moral ni de otro tipo”, de evacuar a los extranjeros cuando el ejército norvietnamita y el Viet Cong llevaron a cabo su última ofensiva contra el sur y avanzaron hacia Saigón en 1975.

Su posición contrasta con la que tomó casi 30 años después con los cómplices irakíes y afganos que habían colaborado con los invasores estadounidenses. “Tenemos que ayudar a esta gente”, dijo su entonces asesor de política exterior, Tony Blinken, en 2012. “Tenemos una deuda de gratitud con esta gente. Ponen sus vidas en juego por Estados Unidos”.

Biden dijo en 2015 que no aceptar a los refugiados sirios en Estados Unidos sería una victoria para el Califato Islámico y en 2017 aseguró que había que proteger, apoyar y dar la bienvenida a esos refugiados para cumplir la promesa de Estados Unidos.

Cuando el gobierno fantoche de Vietnam del sur se derrumbó en 1975, el presidente Gerald Ford se comprometió a evacuar a miles de familias survietnamitas que habían ayudado a Estados Unidos durante la guerra. La voz principal que se opuso en el Senado al rescate fue Biden.

Cientos de miles de traidores survietnamitas podían ser perseguidos por las fuerzas liberadoras, pero Biden insistió en que “Estados Unidos no tiene la obligación de evacuar a uno ó 100.001 vietnamitas del sur”.

En abril de 1975, Ford argumentó que como las últimas tropas estadounidenses se habían retirado del país, Estados Unidos debían evacuar a los vietnamitas del sur que habían colaborado con Estados Unidos durante la guerra.

“Estados Unidos tiene una larga tradición de abrir sus puertas a los inmigrantes de todos los países… Y siempre hemos sido una nación humanitaria”, dijo Ford. “Sentimos que varios de estos vietnamitas del sur han sido muy leales a Estados Unidos y merecen la oportunidad de vivir en libertad”.

Pero Roma no paga a los traidores y Biden quería hacer lo mismo. Convocó una reunión entre el presidente y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para expresar sus objeciones a la solicitud de Ford de que financiaran la evacuación. El Secretario de Estado Henry Kissinger, que dirigió la reunión, dijo a los senadores que “la lista total de personas amenazadas de exterminio en Vietnam es de más de un millón” y que “la lista mínima es de 174.000”.

“Debemos centrarnos en la evacuación de las tropas americanas. Evacuar a los vietnamitas y proporcionar asistencia militar al gobierno de Vietnam del sur son cuestiones completamente diferentes”, dijo.

Kissinger respondió que hay “vietnamitas con los que tenemos una obligación” y Biden respondió: “Votaré por cualquier cantidad de dinero para evacuar a los americanos. No quiero que esto se mezcle con la evacuación de los vietnamitas”.

Ford se sorprendió por la respuesta de Biden, diciendo que no evacuar a los vietnamitas del sur sería una traición a los valores americanos: “Abrimos nuestra puerta a los húngaros… Nuestra tradición es dar la bienvenida a los oprimidos. No creo que esta gente deba ser tratada de manera diferente a los demás, húngaros, cubanos y judíos en la Unión Soviética”.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado recomendó que el proyecto fuera aprobado por el pleno del Senado por una votación de 14 a 3. Biden fue uno de los tres senadores del comité que votaron no. El informe de la conferencia también fue aprobado por el Senado en su totalidad por un voto de 46 a 17, con Biden de nuevo votando en contra.

Saigón cayó el 30 de abril de 1975 y los traidores que no pudieron escapar de Vietnam fueron condenados a cumplir condena en campos de reeducación.

A pesar de la oposición de Biden y otros destacados miembros del partido demócrata de la época, el ejército de Estados Unidos evacuó a más de 130.000 traidores tras el colapso de Vietnam del sur, y cientos de miles más se reasentaron en Estados Unidos en los años siguientes.

Uno de aquellos fue Quang Pham, que escribió una autobiografía en 2010, “A Sense of Duty: Our Journey from Vietnam to America”, sobre la huida a Estados Unidos en 1975 a la edad de 10 años con su madre y tres hermanas, de 11, 6 y 2 años. Su padre, miembro del ejército de Vietnam del Sur, no huyó con ellos y pasó más de una década en un campo de reeducación antes de trasladarse a Estados Unidos en 1992.

Pham elogió a Ford por salvar a los refugiados vietnamitas como su familia y criticó a los demócratas como Biden por tratar de mantenerlos fuera.

Pham creció en Estados Unidos y se unió a los Marines, en cuyas filas combatió en la Primera Guerra del Golfo.

https://www.washingtonexaminer.com/news/the-us-has-no-obligation-biden-fought-to-keep-vietnamese-refugees-out-of-the-us

Contagio: la oscura historia de las enfermedades mediáticas

La primera enfermedad mediática fue la polio. Aún hoy muchas personas asocian la polio con afecciones típicamente infantiles porque desde siempre la propaganda utilizó a los niños como reclamo.Sin embargo, el ejemplo más visible de un enfermo de polio fue el presidente F.D.Roosvelt postrado en una silla de ruedas para siempre.

En Estados Unidos, donde todo este tipo de tonteorías se originaron hace un siglo, las campañas de prensa sobre la polio iban acompañas de la recaudación de dinero y de las obras benéficas, las fundaciones, la beneficencia y todo ese entramado que busca lo mejor para nuestra salud (al tiempo que se embolsan la pasta).

A partir de entonces un cierto tipo de medicina, la de los virus y las cuarentenas, empezó a ser noticia. Igual que hoy, las personas fueron intimidadas con el miedo al contagio, creando la prensa una auténtica paranoia colectiva. Si los niños se asustan con dragones, los mayores nos asustamos con virus.

Las medida profilácticas que pregonaban los médicos contra la polio eran las mismas que hoy: evitar el contacto entre las personas. Se cerraron lugares públicos, como cines, escuelas y locales de diversión. Impusieron una especie de estado de excepción por supuestas razones de salud pública. ¿Les suena de algo?

Sin embargo, la polio tampoco es una enfermedad contagiosa. El cartel de enfermedades contagiosas se ha ido despoblando progresivamente con el transcurso del tiempo, en silencio, para que nadie se entere de que le han estado engañando.

Como las enfermedades consideradas como contagiosas no son un asunto privado, como las demás, sino público, desde hace un siglo los Boletines Oficiales del Estado imponían lo que había que hacer con los enfermos que las padecían. La sanidad se reconvertía en decretos, circulares e instrucciones ministeriales.

En España el 28 de agosto de 1916 el gobierno dictó una circular para “evitar una invasión de poliomielitis”, imponiendo a los médicos la declaración obligatoria de cada caso detectado a la autoridad pública, el aislamiento de la persona “infectada”, una medida equivalente a su encarcelamiento, la “desinfección” de los lugares en los que había permanecido (vivienda, centros de trabajo, barcos, escuelas) y, finalmente, la vacunación, a cuyos efectos el “infectado” debía llevar consigo una cartilla que registrara su administración bajo pena de multa en caso contrario.

Se dictaron numerosas disposiciones parapoliciales de esa naturaleza. En 1921 el gobierno español creó una Brigada Epidemiológica Central que disponía de un horno crematorio móvil montado sobre un camión. Burocráticamente se crearon de arriba a abajo, asociaciones de afectados para que ellos mismos participaran en su marginación social, desencadenando a tales efectos amplias campañas de prensa que coadyuvaban a generar una espectacular histeria colectiva.

No obstante, las enfermedades que propiciaban tan draconianas medidas en nombre de la salud pública, tales como la polio o la lepra, no tenían carácter infeccioso. Ni los protocolos de actuación, ni la campaña de histeria tenían justificación científica ninguna.

No fue más que el comienzo de una triste historia. El 6 de marzo de 2004, la revista nigeriana Weekly Trust publicó una entrevista con el doctor Haruna Kaita en la que denunciaba que las vacunas orales contra la polio que se estaban suministrando a los niños de aquel país contenían contaminantes tóxicos con efectos anticonceptivos.

Se cierra así un círculo que tiene 100 años de historia que las seudociencias modernas se esfuerzan por ocultar, porque cuando un diagnóstico médico falla, el coste se mide en vidas humanas. Que no nos cuenten que todo lo hacen por nuestra salud. No hay quien se lo crea.

La polio reconvertida en una ‘parálisis infantil’ que intimida a cualquiera

Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor

Cuando hace 30 años en España se aprobó la ley de videovigilancia, nos tranquilizaron de la manera acostumbrada: es por nuestra seguridad, para salvar a los buenos y atrapar a los malos. No se podrá hacer un mal uso de la intromisión en la vida privada de las personas porque estará bajo control judicial, Usted podrá reclamar…

Es lo mismo de siempre: todo lo hacen por nosotros, se ocupan de nuestros asuntos, cuidan nuestros derechos… En 1992 se creó la Agencia de Protección de Datos, pero no sabemos si les preocupan nuestros datos o los suyos.

Fíjese bien: Usted no tiene cámaras de videovigilancia que cuiden su casa, pero Pablo Iglesias e Irene Montero tienen 12 en la suya.

Después llegó la ley de seguridad privada que, como su nombre indica, se refiere a su seguridad porque nosotros nunca hemos llevado guardaespaldas.

Nos juraron por lo más sagrado que las cámaras de vigilancia nunca enfocarían a la calle, pero todas las ciudades del mundo se han llenado de ellas, lo que divide a las personas en dos: unos vigilan y otros somos vigilados.

Con la llegada de internet, las viejas cámaras CCTV (circuito cerrado de televisión) se han conectado a las redes digitales y una de las mejores diversiones es engancharse a ellas para ver la casa de un vecino en albornoz que vive en sitios como… Melbourne, por poner un ejemplo.

Internet no es más que un gran “circuito abierto de televisión” en el que la vigilancia y el control cada vez dan un paso más adelante. El último ejemplo es el enganche de las técnicas informáticas de reconocimiento facial a las cámaras instaladas en la calle.

Aseguran que sólo la policía puede tener acceso a ellas, que es tanto como decir que sólo la policía puede traficar con ellas. ¿Las leyes? Ya deberían saber que sólo sirven para tranquilizar la conciencia de la casta, los juristas y los periodistas. Si no opinan lo mismo, vean los titulares de algunas informaciones:

“Marbella, el mayor laboratorio de videovigilancia de España. Las cámaras urbanas se mueven en los márgenes de la ley para usar inteligencia artificial sin llegar al empleo de ‘software’ de reconocimiento facial” (1).

Naturalmente que se preguntarán por qué ponen las cámaras en Marbella y no en Avilés. Por qué las cámaras que se ponen en Marbella son noticia y las de Avilés no. O quién maneja las cámaras en un sitio y en otro, quién se queda con las grabaciones… ¿El alcalde?, ¿el concejal de deportes?, ¿el sargento de la policía municipal?, ¿Securitas Direct?, ¿el CNI?

Vean otra perla de rabiosa actualidad:

“Australia y Corea del Sur rastrean los móviles de los pacientes para localizar los lugares en los que pudieron propagar la enfermedad” (2).

Ahora piensen quién se dedica a rastrear los móviles de los enfermos, si ha pedido autorización al juez para ello… En fin todas esas cosas que suelen exigir las leyes y de las que nadie se acuerda nunca.

¿Recuerdan que un juez reclamó a AENA las grabaciones del aeropuerto de Barajas que captaron la reunión de Ábalos con Delcy Rodríguez? Pero esas cosas no sólo ocurren en el aeropuerto, sino en todas partes, como lo demuestra esta otra perla:

“Las cámaras que leen la cara se extienden por Madrid. Ifema se sumará a estaciones de transporte o casinos, donde ya hay vigilancia capaz de identificar a personas” (3).

En otras entradas ya hemos hablado aquí de la empresa Clearview, que ha creado una base de datos con millones de fotos de personas incautas que las han publicado en internet.

Pero ni lo han hecho por nuestra seguridad, ni la policía maneja esa información en exclusiva porque Clearview se dedica a traficar con ella y, por supuesto, se la vende al mejor postor, a quien pueda pagarla, e incluso a los amiguetes de los dueños y los jefes, según cuenta BuzzFeed (4).

No hará falta añadir que eso es ilegal y que esos amiguetes que cometen ilegalidades forman parte de la reacción más negra que hay en Estados Unidos, el país por excelencia donde prevalece la paranoia de la “seguridad” (o sea, de “su” seguridad).

Clearview miente, los jueces mienten, los parlamentarios mienten, los policías mienten… La empresa ha vendido las bases de datos a 2.200 clientes, entre los que figuran el FBI, los aduaneros, la policía municipal, los bancos, los clubes deportivos, las cadenas de supermercados…

Entre los que han tenido acceso a la base de datos están los “amiguetes”, los “coleguis” y los “compiyoguis” de turno que, posiblemente, ni siquiera han pagado por utilizarla para espiar al vecino, al competidor, al hijo, al adversario… Destacan algunas empresas de las que ya hemos hablado aquí en otras entradas por cometer marranadas: un fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, el Fondo de los Fundadores de Peter Thiel (Facebook, Palantir), SoftBank

También aparece John Ratcliffe, un congresista de Texas al que recientemente Trump ha nombrado para dirigir el servicio de inteligencia, o sea, la típica combinación del espionaje público con el privado.

Lo mejor de esta historia es lo siguiente: la revista que publica la noticia se ha enterado gracias a un pirata que ha metido el hocico en el servidor de Clearview. Hegel diría que es la negación de la negación: el que vigila al vigilante, el que roba al ladrón… En tiempos de pandemia hay quien necesita un poco de su propia medicina.

(1) https://elpais.com/tecnologia/2019/11/21/actualidad/1574348695_231540.html
(2) https://elpais.com/tecnologia/2020/02/10/actualidad/1581291759_848633.html
(3) https://elpais.com/ccaa/2019/11/26/madrid/1574801864_377093.html
(4) https://www.buzzfeednews.com/article/ryanmac/clearview-ai-trump-investors-friend-facial-recognition

¿Se han dado de cuenta de que hoy han vivido un día histórico o les ha pasado desapercibido?

Hoy es 12 de marzo de 2020 y el Ibex 35 se ha hundido un poco más: un 14 por ciento. Es la peor sesión de su historia y pierde el 36,6 por ciento en tres semanas. Ahora las acciones valen un tercio menos.

Lo mismo se puede decir de la bolsa francesa. Los titulares no cambian nada: el CAC40 cierra con su peor sesión en la historia.

La noticia es un poco mejor para Estados Unidos: el pánico a la recesión mundial condena a Wall Street a su peor sesión en tres décadas.

El mercado de bonos especulativos en Estados Unidos, dominado por el sector energético, envía señales alarmantes. La caída del crudo en los mercados pone en riesgo al sector petrolero de Estados Unidos. Las empresas de fracturación hidráulica se sostienen sobre una montaña de deudas que no van a poder pagar. En otras palabras: detrás de ellas, serán los bancos los que se irán al fondo del agujero.

Ante esta perspectiva tan negra, la Reserva Federal prepara paños calientes: 500.000 millones de dólares para “calmar a los mercados”.

La empresa de calificación de riesgos Moody’s acaba de revisar sus previsiones de quiebras al alza en Europa. Lo venimos repitiendo una y otra vez: la crisis va a provocar quiebras de empresas en cadena.

El Banco Central Europeo ha decidido mantener sus tipos de interés pero, a cambio, comprará 120.000 millones de euros de deuda basura hasta finales de año para apoyar a las empresas ruinosas (o arruinadas).

Una de ellas es Telefónica, una multinacional española que debe el doble de dinero del que vale.

Además, el Banco Central Europeo ha anunciado una “flexibilización temporal de los requisitos de capital” como una forma de apoyar a los bancos, es decir, hacer la vista gorda sobre las normas que ellos mismos han impuesto (entonces los llamaron “tests de estrés”).

La frase es siempre la misma: hay que calmar a los mercados financieros.

“El Banco Central Europeo no puede hacer nada más”, ha concluido esta mañana Cristine Lagarde, su Presidenta. No es verdad: siempre pueden ponerse a rezar a la Virgen de los Milagros.

En España el gobierno del PSOE y Podemos va a movilizar 19.000 millones en su plan de choque contra la crisis económica.

Pero en otra entrada ya avisamos de que tiene que haber “diálogo social”. Aquí todo lo hacemos por las buenas. Esta tarde los sindicatos se reúnen con la patronal para sellar un acuerdo histórico para pedir ayudas para las empresas.

¿Los sindicatos pidiendo más ayudas para las empresas? Entonces, ¿quién tiene que ayudar a los trabajadores?

Si, los trabajadores necesitan un poco de ayuda porque la situación es muy negra: todas las líneas aéreas (Air Europa, Ryanair, Iberia) van a aprovechar la tonteoría del coronavirus para pedir “ajustes de plantilla”, que es como llaman a los despidos masivos.

Más en concreto: Air Europa ha puesto en marcha un ERTE para toda su plantilla.

La patronal de las empresas turísticas también va a solicitar sus propios ERTE y, además, reclaman “líneas de financiación a coste cero”.

Más información:
– China arrastra al capitalismo mundial a la recesión
– ‘Más vale ciento volando que pájaro en mano’ (Los falsos profetas del capitalismo venden humo)
– La crisis del capitalismo no encuentra vacuna que la remedie
– El ‘virus del petróleo’ provoca el pánico en las bolsas europeas
– Una guerra del petróleo a tres bandas
– El gobierno del PSOE y Podemos anuncia un plan de choque frente a la crisis económica
 

‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

La “Operation Legacy” (Operación Legado), fue un programa de destrucción sistemática de archivos aplicado desde finales de la Segunda Guerra Mundial (o posiblemente antes) hasta los primeros años de la década de los 60 en 37 territorios ocupados por los ingleses.

Países como Belice, la Guayana Británica, Jamaica, Kenia, Malasia, Singapur, Uganda y muchos otros, vieron cómo fueron incineradas las pruebas sobre asesinatos, abusos y torturas que los británicos habían ejercido sobre sus pueblos durante su dominación.

El historiador Tony Badger, persona que ha recuperado la mayoría de la documentación relacionada con la “Operación Legado”, puso al Ministerio de Relaciones Exteriores actual en una posición “vergonzosa y escandalosa”.

El hallazgo se produjo en enero de 2011, al descubrir la existencia de 307 cajas con documentación “superviviente” de aquella limpieza. Al parecer quedaron olvidadas, por más de 50 años, en un archivo de máxima seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores Británico, en Hanslope Park, Buckinghamshire (Reino Unido); lejos de los ojos de los historiadores, investigadores y del público en general.

Ocultar aquel material durante tanto tiempo representó una violación de la legislación sobre la desclasificación de documentos, por lo que una vez descubiertos tuvieron que hacerse públicos a corto plazo. Estos papeles representan una verdadera mina de oro para los historiadores, pero pasará algún tiempo antes de que todos se hagan públicos.

Entre la documentación recuperada, se conserva un telegrama fechado el 3 de mayo de 1961, firmado por Iain Macleod, Jefe de la Oficina Colonial del Reino Unido, con destino a todas las embajadas británicas. En el telegrama se daban instrucciones sobre cómo “rescatar” documentos oficiales de países recientemente independizados —o en vías de independizarse— con instrucciones sobre cómo deshacerse de ellos.

A los diplomáticos se les insistía en la necesidad de deshacerse de los archivos, haciendo hincapié en que podrían “avergonzar […], comprometer, o ser utilizados de forma incorrecta por las nuevas autoridades nacionales”. También ordenaron la destrucción de cualquier prueba que pudiera sugerir o pudiera interpretarse como actos de racismo.

Iain Macleod, de esta forma, exigió a sus subordinados que los gobiernos de los países que ganarían la independencia no obtuvieran ningún material que pudiera “perturbar el gobierno de Su Majestad”, ese sería su “Legado”: NADA.

Las instrucciones decían claramente que “ningún nativo podía participar de esta operación depuratoria, excepto miembros del gobierno sujetos a descendencia británica en Europa”.

Uno de los principales centros de destrucción de la zona Oriental, estaba ubicado en la base de la Royal Navy en Singapur, donde se construyó una instalación especial para la quema de miles de documentos que llegaban en camiones.

Se conserva un documento, en los legajos encontrados en Haslope Park, que reseña un viaje de 5 de esos camiones, cargados de documentación desde Kuala Lumpur en 1957.

Los archivos destruidos en este viaje contenían información sobre un caso de asesinato masivo, ocurrido en 1948, en Batang Kali, donde los soldados británicos fueron responsables de la masacre de 24 trabajadores de las plantaciones de caucho.

La existencia de un expediente con el asunto “Batang Kali” da fe de la realidad de lo que se llevaba años denunciando.

Un caso bien documentado a día de hoy, a base de testigos y que cuenta con documental propio. Según los autores del documental, en su día trataron de ocultar bajo la muerte de “28 ladrones” en la prensa, ejecutando posiblemente a 4 delincuentes comunes para ocultar el suceso.

Gran Bretaña destruyó toda la documentación relacionada con la presencia británica en la India durante los años 40, justo antes de que India proclamara su independencia. La prensa local publicó entonces docenas de titulares acusando a los funcionarios británicos de quemar cientos de documentos en Delhi

Los agentes involucrados en la “Operación Legado” recibieron instrucciones estrictas sobre cómo y dónde enviar los archivos.

Sin embargo, como algunos documentos no pudieron incinerarse en el crematorio de Singapur, todo el proceso se realizó en los diferentes archivos, donde, según las instrucciones; “se quemarían o arrojarían al mar a la distancia máxima posible de la costa”.

Con la India no habían tenido mucha suerte en tiempos anteriores, muchas de sus matanzas ya habían sido recogidas por la prensa internacional como la de Amritsar (1919).

Los documentos también revelan la destrucción de los archivos de inteligencia sobre Kenia que mencionaron el abuso y la tortura que sufrieron cientos de civiles durante el intento del grupo guerrillero “Mau Mau” de derrocar al gobierno colonial británico entre 1952 y 1960.

Aunque lograron deshacerse de una tonelada de pruebas en la década de 1950, la salida a la luz de aquel archivo en 2011, derivó en un derecho de demanda y juicio contra el gobierno de Gran Bretaña.

Además, derivó en una sentencia (en 2013) por cual tuvieron que indemnizar con 23 millones de dólares a más de 5.200 kenianos, como compensación por abusos y torturas que tuvieron que soportar durante la sublevación guerrillera de Mau Mau.

Durante el juicio se aportaron pruebas de que el servicio de inteligencia británico mantenía en Adén un centro secreto de tortura donde llevaban a los sujetos más incómodos de sus colonias africanas, allí muchos eran ejecutados o castrados.

También demostraron que los miembros del gobierno de Londres estaban al tanto de la tortura y ejecución de insurgentes kenianos —o sospechosos de serlo.

Lo único que se ha podido saber es que la documentación incinerada sobre esta isla fue seleccionada cuidadosamente, ya que se trata de una posesión que aún mantienen los británicos.

Se especula que se podrían haber destruido los planes de “depuración” solicitados por Estados Unidos en torno a los años 60, para alquilar la isla como base militar.

Según se dice, EE.UU. exigió que las islas estuvieran libres de su población nativa y fauna, es decir, los británicos deberían expulsar a los nativos y destruir su fauna. Cosa que se hizo, desalojando a la fuerza a 1800 nativos de sus hogares en dirección a las Mauricio y Seychelles, mientras se construían las instalaciones militares norteamericanas.

Actualmente, pese al aviso de descolonización, sigue siendo territorio británico arrendado a los EE.UU hasta 2036.

Se conserva el parte de un oficial, firmado en las navidades de 1960 en Uganda, que afirmaba que “en Tanganica el trabajo se dejó hasta casi el último minuto, con el resultado de que se hizo demasiado apresuradamente”.

Esto implica que, al menos en la zona de Uganda y Tanganica antes de 1961, ya se venía realizando la destrucción de la documentación.

En otro registro, encontrado por el investigador japonés Shoei Sato, pudo localizar un acta fechada el 21 de abril de 1960, en la que se discutía sobre la selección de documentos a destruir con el propósito de prevenir la “vergüenza” del Imperio en Uganda.

Sobre Uganda han aparecido otros legajos pertenecientes a trabajadores del gobierno colonial que decidieron guardar algún que otro documento, debido al valor histórico que pudieran tener en el futuro.

Aunque todavía no se conoce su contenido se especula que pudiera tratar sobre la utilización de nativos tanganicos en las minas de oro sudafricanas, hasta bien entrados los años 60.

La Guayana Británica (Hoy Guayana, Sudamérica) fue una colonia que, hacia mediados del siglo XIX, entró en la órbita de interés de Estados Unidos.

Se conservaron únicamente los archivos relacionados con el acceso al gobierno de Forbes Burham, según parece orquestado por la CIA en 1964, para, según conclusiones de los investigadores, guardarse ese as en la manga por si sucediese de nuevo una demanda contra Gran Bretaña como la de “Mau Mau”.

— https://elretohistorico.com/operation-legacy-como-se-destruyeron-los-documentos-que-prueban-los-crimenes-del-imperio-britanico/

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