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La mortalidad se ha reducido en Italia en lo que va de año con respecto a las cifras de los tres anteriores

En plena pandemia, la mortalidad general se ha reducido en Italia en el primer trimestre de este año con respecto al mismo periodo de los tres años anteriores. Del 1 de enero al 8 de abril de este año el número total de muertos ha ascendido a 182.416, una cifra inferior a los tres años anteriores, donde las cifras totales fueron las siguientes:

2017: 192.045 muertes
2018: 184.991 muertes
2019: 185.967 muertes

En el primer trimestre de 2019 el número de muertos por todos los conceptos se desglosa por meses de la siguiente manera:

enero: 68.209 muertes
febrero: 59.876 muertes
marzo: 57.882 muertes

Las cifras correspondientes al primer trimestre de 2018 se desglosan por meses de la siguiente manera:

enero: 69.615 muertes
febrero: 56.783 muertes
marzo: 58.593 muertes

Para el primer trimestre de 2017 el total de muertes se desglosan así:

enero: 75.623 muertes
febrero: 58.224 muertes
marzo: 58.198 muertes

De momento, pues, la pandemia tampoco aparece en Italia por ningún sitio.

https://latina.biz/confronto-decessi-italia-1-trimestre-2019-e-2020-con-covid19/
http://demo.istat.it/bilmens2019gen/index.html

El coronavirus también está descuidando la atención sanitaria común en Alemania

Gerald Gass, de la Asociación de Hospitales
El coronavirus también está descuidando la atención sanitaria común en Alemania, lamenta el doctor Gerald Gass, presidente de la Asociación de Hospitales Alemanes (1).

Más de la mitad de las operaciones previstas en toda Alemania han sido canceladas, pero son necesarias y urgentes. La paralización de las salas de operaciones se puede contar por miles, lamenta Gass. “Puedes posponerlas un poco, pero no indefinidamente”.

Los enfermos comunes están en peligro de muerte porque no se les trata a tiempo debido al coronavirus”, dice Gass.

En los servicios de emergencias se presentan entre un 30 y 40 por ciento menos de pacientes con ataques cardíacos y apoplejías que en tiempos normales, “y no porque haya menos pacientes, sino porque mucha gente tiene miedo al coronavirus”.

La tasa de ocupación de las clínicas ha bajado un 30 por ciento. “Tenemos 150.000 camas de hospital gratuitas y unas 10.000 camas de cuidados intensivos gratuitas”, pero en Berlín sólo 68 camas de cuidados intensivos están ocupadas por pacientes de coronavirus, 60 de los cuales están ventilados, mientras 341 camas de cuidados intensivos están vacías.

“La clínica de urgencias de Berlín con 1.000 camas en las salas de exposición no es necesaria actualmente”.

Gass crítica que sólo se escuche la opinión de Lothar Wieler, presidente del Instituto Robert Koch, y Christian Drosten, que dirige el departamento de virología del Hospital Universitario de la Caridad de Berlín. “Necesitamos un discurso público mucho más amplio”.

“Necesitamos una reanudación gradual de la atención habitual”, exige Gass. “Esperamos que la Canciller Federal autorice la reanudación de los tratamientos clínicos que han sido radicalmente pospuestos”, porque también suponen una necesidad urgente.

También en Madrid el gobierno autonómico desmanteló el servicio de atención primaria para instalar un hospital de campaña en el Instituto Ferial que apenas ha durado cuatro semanas y cuya utilidad ha sido nula.

Si no tienes coronavirus los sanitarios ya no hacen caso a ninguna otra enfermedad. En Sevilla un bebé de cinco meses murió de apendicitis. “Sólo miraron si tenía coronavirus y nos dieron paracetamol”, dicen los padres (2).

(1) https://www.bz-berlin.de/deutschland/kliniken-verband-schlaegt-alarm-wegen-corona-regeln
(2) https://www.elmundo.es/papel/historias/2020/04/16/5e984b18fc6c833d4d8b460e.html

31 ancianos mueren en un geriátrico de Canadá abandonado por sus cuidadores por miedo al contagio

31 ancianos han muerto en un geriátrico de Canadá que fue abandonado por sus cuidadores por miedo al contagio. Los supervivientes han aparecido deshidratados y desnutridos en medio de los cadáveres.

Ha ocurrido en un centro privado de Dorval, cerca de Montreal, después de que casi todas los enfermeros abandonaran el centro precipitadamente por miedo a la propagación del coronavirus.

El Primer Ministro de Quebec, François Legault, anunció una investigación por negligencia grave. Según Legault, sólo quedan dos enfermeras para atender a los 130 residentes.

Las fuentes oficiales imputan cinco de las muertes al coronavirus y de las otras 26 no se sabe nada. Un médico forense se dispone a realizar las autopsias de los cadáveres para determinar los motivos.

En Canadá unos 2.000 trabajadores de la salud han desaparecido con la pandemia y la mitad de las casi 1.300 muertes que se imputan al coronavirus se han producido en los centros que denominan CHSLD, es decir, de atención a largo plazo.

Un diario local afirma que el dueño del geriátrico es Samir Chowiera, quien ha estado en la cárcel por fraude y tráfico de drogas. La reclusión de los ancianos en el centro costaba 45.000 dólares canadienses al año.

Ahora en Canadá creen que esto es un “escándalo” y hacen como que no sabían nada. Sin embargo, los presupuestos para cuidados a largo plazo son el pariente pobre del sistema de salud de Canadá: no hay ni un céntimo de dinero público para estos fines.

El Primer Ministro de Quebec ha pedido a los médicos que vayan a trabajar a los CHSLD y, precipitadamente, ha enviado a 124 soldados a prestar servicios de atención a los ancianos en los geriátricos de la provincia.

Los geriátricos expresan las lacras de las sociedades capitalistas que abandonan a los ancianos en centros privados. “Multinacionales y fondos buitre controlan el 75 por ciento de los geriátricos. El negocio mueve al menos 4.500 millones de euros anuales a costa de cadáveres abandonados durante horas o días y trabajo precario”, decía un recomendable artículo publicado por Contexto (*) recientemente.

En efecto, lo que realmente mata es el capitalismo.

(*) https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31527/residencias-de-ancianos-privatizacion-coronavirus-fondos-buitre.htm

Israel también conocía de antemano la propagación de un virus en Wuhan

El jueves la cadena 12 de la televisión israelí informó de que en noviembre el gobierno de Estados Unidos informó a su homólogo de Tel Aviv que un virus se iba a difundir en Wuhan.

Además de Israel el aviso se transmitió a otros países aliados, así como a la OTAN.

Como consecuencia del informe, el ejército israelí celebró una reunión de emergencia para tratar la mejor manera de abordarla y las posibles consecuencias que podría tener en Israel y en los países árabes de Oriente Medio.

Con el pretexto de la pandemia, los militares se han puesto en un primer plano y, lo mismo que en otros países, en Israel el ejército ha chocado con los civiles y, más en concreto, con el Ministerio de Sanidad. En una entrevista con el Canal 12, Naftali Bennett, Ministro de Asuntos Militares, dijo que el retorno a la normalidad en Israel requería que la gestión de la lucha contra el coronavirus se confiara a su ministerio. “El ejército conoce bien su misión”, dijo.

Bennett dijo que esta responsabilidad debería haber sido entregada al ejército hace un mes. “Si queremos luchar contra esta enfermedad y reactivar la economía de Israel, toda esta responsabilidad debe ser entregada al ejército y a los servicios de seguridad”, dijo Bennett.

A finales de marzo, una diputada del parlamento israelí afirmó que el coronavirus formaba parte de una “guerra de gérmenes elaborados en un laboratorio”. “No seamos ingenuos. Sabemos que el coronavirus se ha extendido porque fue diseñado para la guerra biológica”, añadió.

La diputada criticó al gobierno de Tel Aviv que, hasta entonces, siempre había dicho que estaba “preparado para hacer frente a los ataques con armas biológicas”.

En Israel la ley marcial ha recordado las informaciones publicadas en 1998 por el diario británico Sunday Times acerca del laboratorio de guerra bacteriológica Ness Ziona que tiene el ejército al sur del Tel Aviv, que intentaban fabricar un arma “étnica” capaz de afectar a los árabes, pero no a los judíos.

En otra entrada ya relatamos que lo poco que se conoce del laboratorio Ness Ziona es gracias al caso Marcus Klingberg, un científico que trabajaba en el laboratorio, que fue detenido en 1983 y condenado por alta traición y espionaje grave a favor de la Unión Soviética.

Como consecuencia de la pandemia, el Pentágono ha anulado las maniobras militares que tenía planeadas, tanto con Corea del sur como con Israel.

Más información:

– Para que la memoria de Marcus Klinberg no se pierda nunca

El lado amable de las catástrofes

Bianchi

Decía el general De Gaulle que, en tiempos de crisis,  nada mejor que un cataclismo, un armaggedón, para cohesionar una sociedad. O una pandemia. Ello permite unir las clases sociales y, sobre todo, si no eliminar, que es imposible, suspender la lucha de clases. Un virus sirve para este objetivo. Un virus entendido y semantizado como un «enemigo» a juzgar por el lenguaje bélico utilizado por el presidente Sánchez, un enemigo «exterior» que ioniza y cataliza la unión y «resistencia» interior frente a su agresión. Cualquier problemática anterior a esta «misión» deja de serlo o pasa a segundo plano.

Con esta pandemia, que no esperaremos diez años para que nos digan que se trataba de una cepa aislada de la gripe común como arma bacteriológica aunque se cargue a algunos de su clase, precio asumible por un imperialismo desatado, se perseguía, primero, extender el miedo (a lo desconocido, el terror es otra cosa) en la población que, como diría un castizo, «no gana para sustos» (gripe porcina, vacuna, aviar, et allia), mediante un brutal masajeo -y mensajeo- mediático con un  macabro y mórbido conteo de las víctimas, como quien mira si suben o bajan las acciones de la Bolsa, y un lavado de cerebro que permita, como una aguja hipodérmica, inyectar la idea -«es por tu bien»- del confinamiento como solución, al menos parcial, al contagio. El sueño dorado del fascismo: encerrar a todo el mundo en sus casas, paralizados, como en «El ángel exterminador» de Buñuel, sin derechos políticos de reunión, manifestación, etc.

No será para siempre, pero queda el experimento. Y ello sin declarar el estado de excepción -ya que estamos frente a un «enemigo» feroz-, con un estado de alarma basta y ejército, policía en la calle, un problema sanitario con partes militares y una población que dice -o no dice- mú. Alguien debió pensar que se estaban pasando algún pueblo y echaron algún freno.

Se empezó a adular al pueblo y pasarle la mano por el lomo: saetas en el balcón, bailes, muestras de solidaridad con ancianos (improductivos que mueren) y hasta humor fúnebre de un pueblo fantástico «heroico» (enfermeras y cuerpo sanitario), pero también fomentando el chivateo señalando a los desesperados que no quieren volverse locos solitarios y rompen el confinamiento a riesgo, por cierto, de ser multados y vejados en algunos casos. Manifestaciones populares plausibles -no iremos ni nos pillarán de y como aguafiestas-, pero que hacen olvidar que surgen a pesar de y no gracias a el coronavirus que, ayunos del sentido de la medida y proporción, aplican los mantras pareciendo, se diría, que tenemos que estar agradecidos al covid-19 por hacernos «descubrir» en nuestra persona otras facetas que desconocíamos, que somos otra persona, más humanos, vaya.

Ahora estamos en la fase empalagosa de la alienación en la cueva que ideara Platón para obnubilar al personal. Estamos -o seguimos- en el mundo de las apariencias (la «posverdad» –postruth– es una fase posterior demasiado mostrenca para un pueblo al que se quiere envilecer, pero que mantiene resabios todavía, mosqueos dicho en romance). Se nos interroga en cómo seremos (porque se da por hecho que cambiaremos y nada será igual) después de que pase -se le venza lanza en ristre- este desastre del siglo, desastre natural, por supuesto, o, como mucho, provocado por un culpable: China, y ya se nos adelanta qué tenemos que decir, esto es, mejores, seremos mejores, porque hemos visto la tragedia de cerca y eso hace que nos humanicemos y seamos almas bellas. Es el lado amable de la catátrofe. ¿Y cómo llevas el encierro, perdón, el confinamiento? «Pues aquí, cuidándome». Eso está bien, ¿y cómo matas el tiempo? «Pues hablando con el vecino desde el balcón». ¿Guardarás (dice la locutora ocurrente y original) la distancia, ¿no?, jajajaaaa… «Sí, claro, jejejejeeeee…» Ah, el pueblo español, en vez de mandarnos a tomar por el orto, muestra su gran sentido del humor en medio de la calamidad, somos los mejores. No hay más que ver a Joaquín, el futbolero.

Ya se habla de nulas relaciones sociales (en la calle) hasta no se sabe cuando matando la quintaesencia del ser humano: las relaciones sociales, el zoom politikon aristotélico. Pero seremos mejores. Y anulando un imposible metafísico bajo el capitalismo: las relaciones sociales de producción que posibilitan las plusvalías, o sea, su suicidio. De acabar con esta lacra, con ese virus, y cambiar las condiciones de vida y trabajo de las clases trabajadoras, entonces sí que seremos mejores.

El intento golpista de octubre de 1971, y su vertiente de izquierda

Héctor Campora
Darío Herchhoren

El 8 de octubre de 1971, tuvo lugar en las ciudades de Azul y Olavarría en la provincia de Buenos Aires, un intento de golpe de estado militar con la intención de derrocar al presidente militar Alejandro Agustín Lanusse. El jefe de esa sublevación era el Teniente Coronel Florentino Diaz Loza, jefe del regimiento de tanques de Azul, y su segundo era el Teniente Coronel Amadeo de Baldrich, segundo jefe del regimiento de tanques de Olavarría.

Para explicar este golpe, que era distinto a todos los que se dieron en Argentina, es necesario remontarse en el tiempo a los albores de la existencia del estado argentino en el año 1810. El primer gobierno criollo asume el 25 de mayo de 1810, y ejercen el poder nueve vocales bajo la presidencia del Brigadier Cornelio Saavedra, y con dos secretarios que eran Mariano Moreno y Juan José Paso, ambos abogados. El día 29 de mayo de 1810, ese gobierno por decreto ordena la creación del ejército nacional, sobre la base de los regimientos existentes, y decide repatriar a España al último virrey español del Río de la Plata, que era Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Ante este desafío al poder español las unidades militares fieles a Carlos IV primero y a Fernando VII después deciden ahogar en sangre a la nueva nación, y la atacan con toda su saña, a veces con mejor fortuna y otra vez con una fortuna peor. Pero no consiguen doblegar a la nueva nación, y en 1812, el coronel español José de San Martín que había huido en secreto de España, llega al puerto de Buenos Aires, a bordo de una fragata inglesa de nombre George Canning. De inmediato San Martín se pone a las órdenes del gobierno argentino de la época, que lo nombra Jefe del Estado Mayor del ejército, y le encomienda nada menos que batir al ejército español.

San Martín, el futuro libertador, comienza a crear un ejército, con muy pocos recursos, y como buen estratega militar entiende que la única manera de vencer al ejército español, era a través de Chile, liberando primero a ese país, y luego atacando al ejército español en Perú, donde estaba el grueso de su poder militar. Para ello, fuerza su designación como gobernador de Mendoza, provincia andina, que está junto a Chile, y allí alista a su ejército para cruzar los Andes, y atacar a los monárquicos. Se trata de una operación militar de extraordinaria complejidad, similar a la del general Anibal Barca cuando cruza los Apeninos para atacar a Roma.

San Martín en Mendoza, se gana el odio  de las clases adineradas, ya que ordena liberar los esclavos para incorporarlos al ejército de los Andes, y les impone gruesos impuestos para financiar el gasto militar.

San Martín venía de Europa, donde como coronel español había luchado contra Napoleón, pero pertenecía a una logia militar masónica, la logia Lautaro, que se había planteado la liberación de toda América. A esa logia también pertenecían Bolivar y Miranda, patriotas venezolanos.

El ejército argentino de aquella época era un ejército libertador, y la impronta de San Martín quedó grabada en  su ADN. Durante los 200 años de historia de Argentina como nación siempre hubo una lucha interna entre dos concepciones militares opuestas a saber: Una nacionalista o patriótica y otra oligárquica, con algunos tintes fascistas y en algunos casos nazis.

La revolución peruana encabezada por el General Manuel Velazco Alvarado, de orientación patriótica tuvo en esos tiempos una enorme influencia en el pensamiento militar, así como el nacionalismo egipcio del Coronel Gamal Abd El Nasser. Muchos militares argentinos se declaraban a si mismos nasseristas, y planteaban abiertamente la nacionalización de la banca, del subsuelo nacional, del comercio exterior, de las telecomunicaciones y de los servicios públicos (Luz, gas, agua, teléfonos). Es decir que eran partidarios de la intervención directa del estado, volviendo a las políticas intervencionsitas en lo económico del gobierno patriótico del General Perón de 1946.

Pero la Argentina de 1971 estaba gobernada por el general Lanusse, que había llegado a un acuerdo con todas las fuerzas políticas en lo que se llamó el Gran Acuerdo Nacional (GAN), para llamar a eleccciones el 11 de marzo de 1973, que fueron ganadas por el Dr. Héctor Cámpora en nombre del peronismo.

El grupo de oficiales que apoyaban al Teniente Coronel Florentino Diaz Loza, un respetado militar, y el mejor experto en guerra de blindados de Argentina en esos tiempos recelaban de Lanusse, y le acusaban de conducir el país a una entrega al capital transnacional, y se declaraban a si mismos como patriotas por encima de todo, de orientación cristiana, seguidores de la Revolución Peruana del General Velazco Alvarado, y defensores a ultranza de la soberanía nacional.

El golpe fracasa, y luego de 22 horas de tensión, los golpistas se rinden a las tropas que envía el General Lanusse, y sus dirigentes son detenidos y encerrados en un acuartelamiento militar en la provincia de La Pampa, en concreto en Toay, un lugar inhóspito, frío y alejado de todo.

Se les acusa de rebelión militar y otros delitos menores, y se les forma un tribunal militar, donde el fiscal pide penas de veinte años de prisión para los tenientes coroneles Diaz Loza y de Baldrich, y se les intima a que nombren defensores, ya sea militares o abogados civiles.

El teniente coronel Diaz Loza, pide a la Asociación Gremial de Abogados, que defendía a presos políticos bajo la dictadura militar del General Onganía y luego de Lanusse, que le recomienden a un abogado para que lo defienda. Tuve la inmensa fortuna de que dicha asociación me recomendara como abogado al Teniente Coronel Diaz Loza, quien me designó su defensor de inmediato. A raiz de ello, tuve larguísimas conversaciones con él, y me manifestó su admiración por la URSS, su cariño hacia la revolución cubana y su compromiso, con el pueblo argentino y sus tradiciones, y algo que me pareció definitivo en un militar, su concepción de que pueblo y ejército eran una sola cosa tal como proclamaron años después los militares portugueses de la revolución de abril de 1974.

El golpe de Azul y Olavarria de 1971 no era igual que los anteriores, y Florentino Diaz Loza fué finalmente condenado a la pena de un año y ocho meses de prisión, pasado a retiro y conservando el grado militar.

Mi defendido de entonces escribió un libro que se llama Las Armas de la Revolución, donde expone ampliamente su pensamiento y que recomiendo vivamente leer.

Fuí su amigo y confidente durante muchos años hasta su muerte, y saco como conclusión que para que se produzca una revolución en el tercer mundo debe contarse al menos con una parte de las fuerzas armadas.

Vacunas, ciencia, Bill Gates y otras vergüenzas

Hace aproximadamente una semana nos levantábamos con una controversia a nivel mundial sobre las declaraciones de dos médicos, en la televisión francesa LCI, sobre el tema de realizar ensayos de una posible vacuna contra el coronavirus en países africanos. El asunto en dicha conversación se volvía puntilloso en el momento en que Jean-Paul Mira, médico del Hospital Cochin de París, ponía de manifiesto, en formato de interrogación y con la mayor tranquilidad, su idea sobre que probar la vacuna del covid19 en África podía ser lo más adecuado, dadas las circunstancias del continente.

Como era de esperar, dicha escena televisiva provocó una polémica general y sobre todo una ola de indignación entre los colectivos negros y africanos de todos los continentes. Y es que, llegadas a este punto, toca preguntarse cómo puede ser que, en pleno 2020, un médico proponga en televisión utilizar a personas africanas como cobayas humanas para la medicina, sin cuestionarse lo más mínimo el significado de dicho planteamiento.

Lo cierto es que, como ya han puntualizado varias activistas en esta última semana, esto de utilizar a las personas no blancas como cobayas humanas no es nada nuevo —en absoluto—, como tampoco lo es, por desgracia, el hecho de que la supremacía se beneficie de la ciencia y de la medicina para la masacre y exterminio de las minorías étnicas.

Hay algunos nombres importantes que pertenecen a médicos y científicos que, además de haber contribuido en el ámbito de la ciencia, también contribuyeron a engendrar narrativas históricas de dolor que respondían a un orden de higienismo racial justificado por las mismas ciencias.

J. Marion Sims por ejemplo, torturó entre 1845 y 1849 a once chicas esclavizadas, cuyos cuerpos se convirtieron en el terreno particular de experimentación ginecológica del médico para realizar ensayos clínicos. Estos experimentos se materializaban a través de operaciones sin anestesia y sin el consentimiento de las involucradas y se practicaban en la clínica particular de Sims, en el jardín de su casa, pues según estudios del mismo médico, las personas negras no sufrían tanto dolor como las blancas.

Por otro lado, Taliaferro Clark fue el Jefe de la sección de enfermedades venéreas del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos y es a él a quien se le atribuye el Experimento Tuskegee, llevado a cabo entre el 1932 y 1972 en el hospital de la ciudad de Tuskegee en Alabama. El objetivo del experimento era observar la progresión natural de la sífilis no tratada en 400 hombres afroamericanos, a los que no se medicó. No se les había comunicado ni el objetivo del estudio ni su diagnóstico y, por supuesto, no habían dado su consentimiento. El experimento terminó con 28 hombres muertos, 100 con cuadros médicos muy complicados, 40 esposas de los participantes infectadas y 18 niños con sífilis de nacimiento. Eso sí, Clarks pudo publicar todos sus artículos científicos al terminar dicho experimento.

Además de los mencionados está Margaret Sanger quien, a diferencia de los anteriores, tenía un mecanismo más eficaz de aniquilación racial. Sanger fue una enfermera y feminista reconocida hoy en día por ser defensora de los derechos de la mujer y luchar por la legalización del aborto en Estados Unidos, aunque también pasó a la historia por ser una de las líderes de la aplicación de la eugenesia.

Sanger creó en 1916 la primera clínica de control de natalidad de EEUU en Broklyn, Nueva york, llamada Planned Parenthood. Los principios de la clínica sentaban sus bases en la limpieza racial. Y es que como buena eugenista, Sanager tenía como objetivo el control de la natalidad, específicamente el de la población afroamericana. El aborto era la técnica a través de la cual Sanger materializaba el exterminio racial. La empresa ubicaba sus sedes en los barrios donde había más concentración de población negra.

Estos son tres ejemplos, que representan una parte muy pequeña de la historia del racismo científico: es importante entender que la ciencia no solo ejecutaba respondiendo a las teorías del racialismo, sino que también se convirtió en la doctrina teórica que justificaba ciertos fenómenos. Las teorías poligenistas del siglo XIX y XX, por ejemplo, secundaban la concepción social de que las comunidades no blancas se constituían de personas que formaban parte de especies zoológicas inferiores al hombre blanco, europeo y civilizado. Y fueron estas mismas ciencias las que justificaron fenómenos sociales de masacre y aniquilación de las poblaciones no blancas.

Hoy por hoy nos encontramos aún frente a una industria médica que se plantea los ensayos clínicos de vacunas en personas africanas como algo totalmente ético y normal en un plató de televisión, en horarios de máxima audiencia. Y con la crisis de covid19, se presentan una serie de hechos en relación a la ciencia que nos toca afrontar.

Estamos frente a una industria médica que delega la investigación de las vacunas a la financiación privada. La Fundación Bill y Melinda Gates y el National Institute of Allergy and Infectious Diseases, ambas estadounidenses, son prácticamente las encargadas de financiar toda la investigación mundial de vacunas. La organización mundial de la Salud (OMS), financiada por la industria farmacéutica y por la ya mencionada Fundación Bill y Melinda Gates, es la que decide qué es —o no— emergencia sanitaria mundial. Esta misma OMS también establece el orden de prioridades cuando de decidir el valor de las vidas se trata.

Tenemos frente a nosotros el llamado covid19, cuya investigación médica por una vacuna está siendo financiada por la fundación de Bill Gates, Johnson, Moderna, y varias otras empresas privadas ante la situación de pánico que genera la pandemia. Pero encontramos también algunas enfermedades como el Ébola o el Zika, responsables de miles de muertes que solo se convierten en emergencia sanitaria mundial cuando pasan a ser problemáticas de occidente (contagiados occidentales). Hecho que se traduce en millones de dólares invertidos en la investigación de sus vacunas y también en millones de africanos, latinoamericanos y caribeños muertos antes de haberse convertido en un conflicto occidental.

Por otra parte, también se nos presentan enfermedades como la malaria, que mata a 2 millones de personas al año pero que, por el momento, aún no ha pasado a ser un problema de occidente y que por ello la cantidad de dinero invertida en la investigación de la misma es mucho menor a la que se está invirtiendo en la del covid19, por ejemplo.

Y, paradójicamente, observamos una mayor tasa de afroamericanos muriendo por el covid19 en EEUU, al mismo tiempo que vemos un Bill Gates invirtiendo 400 mil millones de dólares en empresas petrolíferas que causan gran parte de los problemas de salud en Nigeria. Y un Rockefeller colaborando con la fundación Bill y Melinda Gates, que en 1910 formó parte de la creación de la Oficina de registros eugenísticos en New York.

Pues tenemos una industria de investigación y producción de medicamentos que es básicamente un negocio en manos de personas ricas, principalmente estadounidenses, que desde arriba deciden en qué intervienen, dónde intervienen y, sobre todo, quién vive y quién muere. Tenemos también una industria que invierte masivamente en vacunas únicamente cuando cuyas enfermedades afectan a occidente. Y en todo este asunto, la racialización, el higienismo racial y la eugenesia, que juegan un papel fundamental.

Como consecuencia, tenemos una ciencia que se convierte en el brazo derecho de la supremacía y el colonialismo y que, desde hace cuatro siglos, ejerce como extensión de los mismos para manipular determinados cuerpos con fines racistas. Me encantaría poder afirmar que la ciencia es “un sistema ordenado de conocimientos estructurados que estudia, investiga e interpreta los fenómenos naturales, sociales y artificiales”, como define Wikipedia, pero no puedo. Cuanto más investigo, más consciente me hago de que la ciencia es y siempre ha sido un recurso al servicio de la supremacía para mantener la jerarquía racial. La ciencia no está de nuestro lado ni pretende estarlo.

https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/vacunas-ciencia-bill-gates-otras-verguenzas-ensayos-clinicos-personas-negras

Más información:
— Esclavos del Caribe fueron infectados con viruela como parte de experimentos médicos del colonialismo
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (1)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (2)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (3)
— La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (4)
— En Alabama los médicos emplearon a los negros como cobayas humanas en un experimento sobre la sífilis
— 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

Los hospitales británicos tienen cuatro veces más camas vacías de lo normal, según datos oficiales

Hospital Universitario de Birmingham
El 41 por ciento de las camas de los hospitales británicos están vacías, unas cuatro veces el número normal, según cifras oficiales de los servicios de salud (*).

El vaciado es consecuencia de una fuerte disminución de las admisiones y un elevado número de altas de los pacientes hospitalizados.

En Gran Bretaña la política sanitaria consiste en abandonar a unos enfermos en beneficio de otros y el criterio no es la gravedad de la enfermedad. Por ejemplo, se está produciendo una suspensión generalizada de las operaciones quirúrgicas previstas.

El número de pacientes que pasaron 21 días o más en el hospital, los “super stranded patients” (pacientes super fallidos), ha disminuido en un 40 por ciento, según la misma fuente oficial.

Sacan a un determinado tipo de enfermos para llenar el hospital con enfermos de otro tipo: los del coronavirus. Como suponían que estos llegarían en grandes oleadas, se han pasado de rosca. Han vaciado los hospitales más de la cuenta porque no llegan tantos pacientes de coronavirus como calculaban.

Como consecuencia de ello, los hospitales no se han llenado sino todo lo contrario. Hay una subocupación hospitalaria que es muy extraña en tiempos de pandemia. De las 91.00 camas disponibles, 37.500 estaban vacías el pasado fin de semana, lo que suponen 4.500 más que las cifras habituales.

Las quejas de los médicos por el abandono de cualquier enfermo ajeno al coronavirus ya han comenzado.

(*) https://www.hsj.co.uk/acute-care/nhs-hospitals-have-four-times-more-empty-beds-than-normal/7027392.article

El coronavirus: un pretexto para el más gigantesco plan de rescate del capitalismo en Estados Unidos

La Ley Cares (Apoyo y Seguridad Económica contra el Coronavirus) aprobada en Estados Unidos a finales del mes pasado, es el mayor programa económico jamás implementado, con mucha diferencia.

El capital se frota las manos. Estamos hablando de un presupuesto de más de dos billones de dólares y, una vez más, el coronavirus es sólo un pretexto porque contiene una amplia gama de beneficiarios, como los casinos y la industria del juego y las apuestas, por poner un ejemplo (1).

No obstante, el destino de tan gigantesca cantidad de dinero no se sabe a ciencia cierta, aunque ya se habla de que, como titula el New York Times, una parte es “dinero mágico” procedente de la Reserva Federal (2).

Es un “Robín de los Bosques a la inversa”, dicen otros, porque la ayuda es menor cuento más lo necesitas. “Un atraco a los contribuyentes para ayudar a los ricos”, dice Cridit Slips (3). David Hayden, redactor jefe del American Prospect, un diario progre, lo describe de una manera parecida: “Es un atraco escalonado. No es un rescate por el coronavirus. Es un rescate por doce años de irresponsabilidad empresarial que hizo a las empresas tan frágiles que se podían destruir con unas pocas semanas de cierre” (4).

El coronavirus tiene muy poco que ver en todo esto, salvo ejercer de cortina de humo. No obstante, la industria de la “salud” se llevará su pedazo del pastel, tanto si se trata de hospitales públicos como de empresas privadas.

En el presupuesto hay una partida de 100.000 millones de dólares adicionales para el Fondo de Emergencia de Salud Pública y Servicios Sociales, que como promedio suponen más de 100.000 dólares por cada cama de hospital que hay en Estados Unidos.

El Secretario de Salud y Servicios Humanos ha concedido facultades discrecionales sobre la forma en que se distribuirá el fondo. Han puesto un dinero que no saben en qué lo van a gastar.

En cualquier otra situación, sería el Secretario del Tesoro quien debería dar la cara del rescate económico, pero la pandemia permite que sea el de Salud quien comparezca en el Congreso dentro de 60 días para rendir cuentas. Además, habrá un supervisión adicional del fondo hospitalario de 100.000 millones de dólares en una auditoría que se hará a los tres años de su agotamiento.

A diferencia de otros fondos federales para hospitales -como los pagos de acciones desproporcionadas de Medicare y Medicaid que compensan a los hospitales que atienden a una gran parte de los pacientes de bajos ingresos o sin seguro- no hay fórmulas, criterios de elegibilidad o requisitos de distribución geográfica que dicten la manera de distribuir el dinero.

(1) https://www.azarplus.com/la-ley-cares-brinda-un-apoyo-esencial-a-la-industria-del-juego-en-estados-unidos-segun-aga/
(2) https://www.nytimes.com/2020/03/26/business/economy/fed-coronavirus-stimulus.html
(3) https://www.creditslips.org/creditslips/2020/03/mitch-mcconnell-is-robbing-taxpayers-to-bailout-the-rich.html
(4) https://prospect.org/coronavirus/unsanitized-bailouts-tradition-unlike-any-other/%20

Venenos de Estado: el fascismo español e italiano y el virus como arma de guerra (III)

En su casa de Roma, Ugo Cassini, máximo responsable del secreto Hospital Militar de Celio y de los laboratorios ocultos de Mussolini entre 1939 y 1942, que hemos mencionado confesó que el Ejército italiano había llevado a cabo ese ambicioso y macabro programa de armas químicas y bacteriológicas, y que durante la guerra civil española había lanzado esporas del virus del tétano contra la combatientes y civiles republicanos.

En su declaración, el profesor no facilitaba detalles ni indicaciones precisas de lugar o fecha de las campañas de Franco. Pero su relato señala que las bacterias se “extendieron sobre el terreno para intentar contagiar el tétano al enemigo”, y añade que cree que “los resultados fueron bastante alentadores -encouraging-, pero admite que no tenía “un conocimiento numérico” sobre el tema. No hay cifras, pero los casos eran muy frecuentes.

Sí afirma que había grupos especiales de las tropas italianas expedicionarias encargados de ese tipo de misiones que eran “inmunizados contra el tétano, la difteria y el tifus” antes de salir para España. Y que en España no era normal inyectar a los chicos contra el tétanos hasta bastante después. El tétanos, dice De Feo, fue uno de los primeros virus explotado con fines bélicos en España. Gran parte de los experimentos realizados en esos años partieron de ese microorganismo.

El autor de “Venenos de Estado” apunta que “las ojivas llenas de esporas debieron ser lanzadas por medio de aviones o de artillería ligera”. Y recuerda que en la zona republicana el tétano llegó a representar una verdadera emergencia. “Hubo incluso recogida de fondos por medio de sindicatos, organizaciones humanitarias y religiosas en Irlanda y Francia para comprar sueros protectores y material médico(vacunas) que era muy escaso o inexistente en los parapetos republicanos españoles”.

Aparte de citar el bacilo utilizado, Ugo Cassini aportó otros datos desconocidos hasta ahora. Habló de “esporas mezcladas con glass particle”, partículas de cristal: un método utilizado todavía hoy, señala Gianluca De Feo, “para alargar la vida de gérmenes y vacunas, que es la aproximación ideal para fabricar una bomba bacteriológica experimental”. El testimonio de Ugo Cassini confirma el primer acto de guerra bacteriológica registrado nunca en Europa, y suma puntos tanto a la barbarie insaciable de Mussolini y Franco como al carácter de laboratorio y campo de pruebas del conflicto bélico español.

Según dice De Feo, la idea de los dictadores era “plagar las poblaciones de las ciudades enemigas o en el frente de batalla con pestilencias de todo tipo, ántrax, tifus, peste amarilla, aviaria y otras enfermedades como la peste bubónica, nebulizando ratas y pájaros, o la brucelosis humana, no mortal pero fácilmente trasmisible por los animales, o el bacilo de Whitmore, de elevada virulencia, fácil de cultivar y altísima mortalidad humana; igualmente varias formas de antivirus difíciles de producir en gran cantidad como la fiebre de los papagayos, el afta epizoótica o el tifus, que es factible de esparcir a través de parásitos lanzándolo desde aviones o extendiendolo con saboteadores como en Abisinia.

Los soldado japoneses de Hiro Hito utilizaron gas mostaza y varios otros en 1938 durante la invasión de China. En Manchuria establecieron un centro de experimentacón con cobayas humanos con inventos bacteriologicos desde 1931.

En 1933 el equipo científico dirigido  por el Dr Shiro Ishi uitlizaba seres humanos, presumiblemente prisineros de guerra hechos por tropas del Emperador Hiro Hito. El grupo de investigacion fue bautizado como Unidad 731 y se calcula que se contabiizaron como víctimas mortales entre 4.000 y 6.000 cobayas humanos no voluntarios. Se dice que se hacían explotar cerca del cuerpo del paciente “bombas de gangrena” que contenían bacilos diversos. Se les protegía la cabeza para evitar que la exlosión misma les matara. La unidad experimentó con prisioneros chinos y aliados sacados de los campos de prisioneros japoneses. Los bacilos tenían en general características que hacían fácil su conservación y el empleo y, además, era mimético: la enfermedad podía ser atribuida a  heridas de guerra que a menudo sufren los combatientes de modo natural y no es fácil detectar lo contrario”, apunta De Feo.

En un artículo de la revista “Monde Diplomatique” de julio 1999, Stephen Endicott y Edward Hagerman nos condujeron sobre la pista de la biología utilizada con fines militares durante la guerra de Corea. Sus autores cuentan que desde octubre de1950, tras la entrada de tropas chinas en ese conflicto, que duró de 1950 a 1953, se temió a la extensión de la lucha a otros continentes. El Secretario de estado norteamericano para la Defensa, Georges Marshall, dio luz verde para un programa de investigación de la ciencia bacteriológica.

Retrocediendo en el relato en 1944, el coronel Morselli —el Dr. Germen— preso de los aliados en Italia, no quería colaborar con ellos y negó rotundamente ante los científicos que le interrogaban que se hubiera usado el tétano en España y consideró todas las afirmaciones de su jefe  Ugo Cassini como “ridículas”. Tenía sus razones, explica De Feo: “El Doctor Germen no era ningún ingenuo; se había separado de los fascistas a finales del 43 y se había sumado a la República de Saló, en el norte de Italia, bajo mando alemán, con los últimos colaboradores de Mussolini. Pensaba después huir a Suiza. Era prisionero “benévolo” de los aliados. Sabía perfectamente que las armas bacteriológicas estaban vetadas por cuatro convenciones internacionales de Ginebra firmadas por más de 130 países: experimentar con ellas podía no ser un crimen, pero haberlas impulsado o intentarlo para contaminar a los republicanos españoles, sí: un motivo necesario para mentir”.

Diversos historiadores italianos y españoles consultados por los medios coinciden en dar verosimilitud tanto al documento inédito como al contexto y la interpretación que trazan Gianluca De Feo y Ugo Cassini. No lo que declaró el Dr Germen Giuseppe Morselli que ocultó todo lo que pudo, aunque terminó por hablar.

Quizá el libro oficial italiano y el rigor del Dr Cassini convencieron a los aliados, incluido Churchill. Les pareció una fuente digna de crédito. “Además de médico y docente, aunque había sido el número uno de las invenciones secretas del Dr Morselli en los laboratorios de Celio, nunca tuvo palabras de crítica hacia Mussolini y no había motivo de sospechar de su fidelidad al Duce. El laboratorio secreto de Celio había dependido de él formalmente ante Mussolini, y no suena probable que alguien le hubiera mentido sobre la guerra química del Duce y Franco en España dando tantos detalles, incluso de su supuesto fracaso global”.

El equipo médico norteamericano que interrogaba a Ugo Cassini y al Dr. Germen recibía sus órdenes directamente de la inteligencia de Washington, y se coordinaba con sus colegas británicos”, escribe De Feo.

Eran un puñado de oficiales médicos y ex policías al mando del coronel William S. Moore, “con plenos poderes y una lista de nombres a encontrar a toda costa”.

En lo alto del elenco había cinco personas, consideradas artífices del programa de las armas secretas fascistas. Ugo Reitano, el profesor que desde 1932 dirigió la estrategia de guerra bacteriológica llamada Operación Epidemia; el citado coronel Giuseppe Morselli o Doctor Germen, que desde 1934 había guiado además los experimentos sobre el terreno en África; Fausto Vaccaro, el oficial que inventó una maquina para esparcir los virus; el general retirado Loreto Mazzetti, antiguo número uno del hospital del Celio que daba el permiso final a las investigaciones; y el general Ingravalle, cuyo verdadero nombre no se conoce”.

A Giuseppe Morseli se le ha considerado tecnicamente como un genio insuperable. Como era veterinario conocía mejor el organismo animal que el humano y así eran sus ideas; según De Feo, todos temían a esas alturas repercusiones internacionales porque se trataba de armas prohibidas salidas del laboratorio de Celio.

El testimonio de Ugo Cassini parece en todo caso auténtico y útil por distintas razones. Principalmente, porque el autor era médico y fisiólogo por vocación. Antes y después del fascismo, el galeno sentó las bases de la medicina deportiva italiana y fue el impulsor del riguroso método antidopaje que aún hoy utiliza el Comité Olímpico de su país (CONI). Como tantos jóvenes italianos de esa época, Ugo Cassini se alistó al fascio en 1925 después de la Marcha de Mussolini sbre Roma y, escribe de Feo: “Fue un oficial muy bien valorado por los jerarcas hasta 1942, año en que fue apartado del cargo de director del Hospital de Celio por Mussolini porque era testigo de todo aquel horror”, según confesó él mismo a los norteamericanos, “demasiado liberal a la hora de conceder bajas médicas a los atletas destinados al frente como oficiales”. Una forma de resistencia humanitaria que le honra, apunta De Feo, porque suponía salvar las vidas de los que debían ir a morir a las trincheras de África, Grecia o Rusia en vez de entrenarse.

Sería todo lo que me cuentan una novedad absoluta dijo a los investigadores el profesor Lucio Ceva, pero no hay nada que no sea verdad”, afirma, este prestigioso historiador de la Universidad de Pavía, consultado como posible testigo era un demócrata militante. “Los fascistas eran muy capaces de cualquiera de estas aberraciones impunemente. Era una banda de delincuentes, sólo mitigada por una gran desorganización para esconder sus peores intenciones. Ya habían usado ampliamente antes gases tóxicos contra las tropas desnudas y cubiertas sólo de una sábana, armadas con lanzas, del Negus barridos por los aviones volando a ras de tierra, en Etiopía, por ejemplo”, como recuerdan detalladamente George L. Steer, Junod y Matthews en sus libros.

Julián Casanova, catedrático de la Universidad de Zaragoza, piensa que el hallazgo de documentos secretos en varios archivos es una contribución “importante” y nueva, y debiera completarse con investigaciones que analicen, por ejemplo, la incidencia del tétano en tierras de España, justo en los lugares donde hubo tropas italianas voluntarias, bien vacunadas”.

“Los bombardeos del puerto de Barcelona y de Valencia, partiendo de Mallorca por aviones Caproni y Savoia-Marchetti y cazas Fiat o Arado  y dos submarinos y contratorpederos, según las “memorias” del Conde Ciano, fueron los más feroces de la Guerra Civil y eran la muestra del proyecto de Mussolini de hacer del Mediterraneo, un mar italiano., y se sabe además que Mussolini había enviado también a Franco cantidad de armamento químico, aunque no hay pruebas de como y cuanto lo usó”.

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