mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 644 de 1515)

Norrmalmstorg global (nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro)

Kristin Ehnmark era una de las rehenes en el asalto al banco Kreditbanken, de la plaza Norrmalmstorg de Estocolmo en el verano de 1973 que se sintió identificada con los asaltantes que la tenían retenida. Poco después, el psiquiatra Nils Bejerot, explicó que Kristin había actuado de este modo debido a causa de su conducta irracional, era un síndrome psiquiátrico al que llamó Norrmalmstorg, posteriormente nombrado como síndrome de Estocolmo.

La idea psicoanalítica era que cuando la gente está abrumada por el miedo, inconscientemente regresa a una etapa infantil y se empieza a identificar con el agresor, pues es quien les da vida. Ideas relacionadas con estas pueden encontrarse en algunas formas de pensamiento marxista para explicar la razón por la que el proletariado no se levanta contra sus opresores. En todos esos casos, son las víctimas las que están actuando irracionalmente en contra de sus intereses.

En 1978, durante el secuestro del Primer Ministro italiano Aldo Moro, el profesor Vincenzo Cappelletti (1), Presidente de La Domus Galilaeana, Instituto Italiano de Historia de la Ciencia, la sociología de la ciencia, la historia de la filosofía y la historiografía política, participó en los comités de crisis como mayor experto y declaró que Moro padecía el síndrome de Estocolmo hacia sus secuestradores y con ello daba espaldarazo a las tesis del conjunto de la clase política italiana que interesadamente lo tildaron de loco en una tergiversación y ocultación de las cartas de Aldo Moro de gran contenido político, social y ético.

Esta tesis, posteriormente defendida en varios trabajos de investigación psicológica como algo puntual y debido a un estrés individual en personas de muy baja autoestima, no concuerda con una persona como Aldo Moro que conservó plena lucidez hasta su muerte, pero que se utilizó una de las versiones del Síndrome de Estocolmo para desacreditarlo.

Ha habido a nivel internacional diversas interpretaciones y descripciones del llamado Síndrome de Estocolmo, que se podrían sintetizar en dos: por un lado autores que lo niegan, y lo consideran como una conducta no generalizada ni generalizable (2), y autores que lo consideran como una valiosa aportación para la explicación de conductas y actitudes de víctimas hacia sus agresores (3) o que, como teoría, ayuda a predecir de alguna manera un comportamiento general.

Lucía Ester Rizo-Martínez del Instituto de Neurociencias de La Universidad de Guadalajara, en Jalisco, México realizó una exaustiva revisión de diversos artículos y tesis de profesionales de diversos países (4) y algunas referencias utilizadas en este escrito son extractos de dicha revisión.

Algunos sociólogos han acuñado la expresión “expansión de dominio” cuando dicho síndrome no se relaciona a casos individuales, sino a reacciones colectivas (5), y es precisamente a partir de estas tesis que deberíamos analizar el secuestro de la población mundial desde marzo de 2020 como una auténtica “expansión de dominio” de alcance mundial y preguntarnos sobre las reacciones mayoritarias ante dicho secuestro colectivo. Se ha escrito y razonado por diversas fuentes que lo acaecido y lo que todavía sifrimos se trata de un macro experimento de control social a escala mundial. No voy a ahondar en ello en este momento, aunque no se puede perder de vista que los experimentos a pequeña escala como el de Milgram o de Stanford han sido puestos en práctica posteriormente e integrados en los manuales militares y policiales. Las investigaciones sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abú Ghraib y el sadismo de los militares estadounidenses entroncan perfectamente con los resultados experimentales antes mencionados, así como los métodos utilizados en la base norteamericana de Guantánamo sobre el aislamiento sensorial han sido cuidadosamente estudiados, detallados y asesorados para su práctica por profesionales del mundo de la psicología y psiquiatría, provenientes de las más prestigiosas universidades.

Un estudio colectivo sobre el tema propone cuatro elementos característicos del Síndrome de Estocolmo: 1) la amenaza percibida para la supervivencia, 2) la percepción en el cautiverio de alguna pequeña bondad del captor dentro de un contexto de terror, 3) el aislamiento de personas distintas al captor y 4) la incapacidad percibida para escapar (6), y otros autores mencionan que las víctimas aterrorizadas necesitan seguridad, protección y esperanza, lo cual le lleva a ignorar el lado negativo del abusador y a adoptar su cosmovisión y su racionalización (7).

Durante el proceso, existe una respuesta donde se involucra el control de la mente a través de una inducción de terror extremo a las víctimas para hacerlos indefensos, impotentes y totalmente sumisos.

El grupo de Graham en la Universidad de Cincinnati propuso un Síndrome de Estocolmo generalizado, el cual se basa en dos conceptos psicológicos: la teoría del Síndrome de Estocolmo de Graham, centrado en el estudio de la violencia contra las mujeres y jóvenes, y la generalización del estímulo. El primer concepto consiste principalmente en el vínculo que desarrolla la víctima con el agresor, ya que éste crea la esperanza de que de esta manera el abuso se detendrá. El segundo concepto está basado en una ley científica en el campo de la psicología, en la que un animal que ha aprendido a dar una respuesta determinada a cierto estímulo también dará esa respuesta a estímulos distintos del estímulo original, siempre que los otros estímulos sean bastante similares a los del estímulo original” (8).

Aunque seguramente existe documentación fruto de experimentos no publicados, puesto que tal como afirma Jonathan García-Allen (9) en un artículo al respecto de dicho síndrome que “no sería ético probar las teorías sobre este síndrome mediante la experimentación”.

Pero a los organizadores del terror impuesto a través de una más que sospechosa pandemia, ni conocen la ética ni les importa pisotear el mismo Código de Nuremberg que ellos mismos aprobaron a tenor de las experimentaciones en humanos realizadas por el Tercer Reich. El consentimiento informado ha desaparecido y con él cualquier atisbo de ética: los aislamientos, secuestros domiciliarios, la imposición de bozales, y las cuestionadas pruebas PCR, las vacunaciones, no han ido precedidos de dicho consentimiento sino “manu militari” y con las consiguientes amenazas de perder un puesto de trabajo, de no poder acudir a locales públicos, de no poder viajar… en un paralelismo con los secuestros que dieron nombre al Síndrome de Estocolmo.

Algo similar a lo caracterizado como el Síndrome de Estocolmo Laboral que no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional del individuo o grupo de éstos a empresas cuyas condiciones de trabajo son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables, pero la percepción de un único modo de supervivencia para muchas personas depende de unos ingresos aunque éstos se perciban a base de humillaciones y coacciones (10).

Un artículo de El Correo de 3 de mayo de 2020 hacía la siguiente reflexión: “Muchos hemos desarrollado en nuestras casas un síndrome de Estocolmo de manual. Creíamos que el virus dichoso éste nos tenía secuestrados, pero, en realidad, los carceleros somos nosotros mismos. Nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro. El mundo exterior se antoja peligroso y ajeno” (11).

Todo ello puede derivar en un colectivo estrés postraumático (12) que, con solo saber que un familiar o amigo cercano experimentó un acontecimiento traumático, se puede desencadenar este trastorno al igual que ser etiquetado como contagiado. Las armas de desinformación masiva sobre la supuesta pandemia están erosionando la salud mental de millones de individuos cuyas consecuencias de sentir terror, impotencia, sentirse socialmente aislado, dificultad para mantener relaciones cercanas… van como anillo al dedo al capital en la gran operación de cambio de patrón tecnológico, puesto que se han asegurado que podrán realizarlo con total impunidad ya que no habrá respuesta colectiva ante la crisis desencadenada. Volvernos locos mediante este gran experimento que bien podríamos calificar de terrorismo psicológico es un nuevo método de la lucha de clases encabezada por el capital.

<h6>(1) http://www.domusgalilaeana.it/
(2) Ballús, C. 2002. A propósito del síndrome de Estocolmo. Medicina Clínica, 119, 174.
(3) Jülich, S. 2005. Stockholm syndrome and child sexual abuse. Journal of Child Sexual Abuse, 14, 107-129. https://doi.org/10.1300/J070v14n03_06
(4) The Stockholm syndrome: a systematic review
(5) Adorjan, M., Christensen, T., Kelly, B., Pawluch, D. 2012. Stockholm syndrome as vernacular resource. The Sociological Quarterly, 53, https://doi.org/10.1111/j.1533-8525.2012.01241.x
(6) Graham, D. L., Rawlings, E. I., Ihms, K., Latimer, D., Foliano, J., Thompson, A., … Hacker, R. 1995. A scale for identifying “Stockholm syndrome” reactions in young dating women: Factor structure, reliability, and validity.
(7) Gordon, A. 2005. Terrorism as an academic subject after 9/11: Searching the Internet reveals a Stockholm syndrome trend.
(8) The Stockholm syndrome: a systematic review
(9) https://psicologiaymente.com/clinica/sindrome-de-estocolmo-secuestrador
(10) http://fadesaludable.es/2016/02/09/el-sindrome-de-estocolmo-en-la-empresa/
(11) https://www.elcorreo.com/alava/araba/sindrome-estocolmo-20200503190945-nt.html
(12) https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/post-traumatic-stress-disorder/symptoms-causes/syc-20355967</h6>

Cómo fabricar un virus con un ordenador para volver loco al mundo entero

Dicen algunos negacionistas que el coronavirus no existe. Es bastante peor que eso: no se conoce su genoma. Hay varios artículos publicados en revistas científicas que aparentan lo contrario, pero no aportan nada de lo que cabía esperar, empezando por el que los “expertos” toman como canon, que es del de Na Zhu publicado el año pasado en el New England Journal of Medicine (1).

Es el núcleo de cualquier debate sobre el coronavirus y la pandemia. Si no se conoce la composición genómica del coronavirus, no tiene sentido hablar de la prueba PCR, ni de “positivos”, ni “casos”, ni “brotes”. Tampoco tiene sentido hablar de cepas o mutaciones, por más que desde el inicio de la histeria proliferan los estudios seudocientíficos sobre dichas variantes.

En las bases de datos de coronavirus aparecen casi medio millón de secuencias genéticas diferentes que dicen representar a otras tantas cepas del mismo virus. Esas secuenciaciones tienen una cosa en común: no se han obtenido de un tejido orgánico. Lo que los científicos consideran como tal es un ensamblaje que realizan los programas informáticos a partir de las bases de datos de genomas de virus.

En un estudio publicado en junio del año pasado (2), los investigadores de los CDC (Centros de Control de Enfermedades) admitieron que sólo habían tomado 37 pares de bases de un genoma, que tiene un total de unos 30.000 nucléotidos. Eso significa que sólo el 0,001 por ciento de la secuencia genómica del coronavirus procede del mundo real, de muestras de tejido orgánico. El resto ha salido de un ordenador.

Si alguien está preocupado porque el virus de haya “escapado” de algún laboratorio misterioso, debería preocuparse mucho más al saber que se ha “escapado” de un ordenador.

La misma preocupación debería mostrar si le dicen que hay medio millón de variantes distintas de perros o gatos.

Lo que los “expertos” consideran como genoma del coronavirus deriva del mismo vicio que sacude a grandes sectores de la ciencia moderna: la informática. Las secuencias no se han extraído de la realidad sino de un ordenador o, al menos, se completan gracias a él. Se trata, pues, de modelos informáticos en los que hay un poco de todo. Incluso es posible encontrar secuencias que forman parte del genoma humano o que los virus comparten con los seres humanos.

Desde su descubrimiento por June Almeida en 1964, se han obtenido numerosas micrografías del coronavirus. Las imágenes revelan que su tamaño es extremadamente variable. Según Zhu, el ancho de banda oscila de 60 a 140 nanómetros, más del doble. Es como encontrar un ser humano de 1,70 de altura y otro de 4 metros. Pero incluso se han encontrado coronavirus, reales o supuestos, con tamaños inferiores o superiores a los límites establecidos por Zhu.

Es más que evidente que, tanto por el genoma como por el tamaño, cuando muchos científicos hablan de coronavirus aluden, en realidad, a partículas orgánicas de muy diferente tipo que, en ocasiones, ni siquieran son virus.

(1) https://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa2001017
(2) https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/6/20-0516_article

El gobierno alemán ignora un peligroso efecto adverso de las vacunas contra el coronavirus

A comienzos de febrero el principal organismo de control de la vacunación del gobierno alemán, el Instituto Paul Ehrlich, publicó un artículo advirtiendo que, en las infecciones por coronavirus, las proteínas puntiagudas del virus causan fusiones celulares con peligrosas complicaciones en diversos órganos.

Las vacunas producen esas mismas proteínas puntiagudas en las células de las personas vacunadas, es decir, también producen fusiones celulares. Las proteínas de superficie del coronavirus pueden fusionar por sí solas las células vecinas, que pueden llegar a formar un grupo de hasta cien células fusionadas y perecer en el proceso.

El equipo de investigación del Instituto Paul Ehrlich, del que también forma parte su director, Klaus Cichutek, envió el artículo a la revista científica iScience el 21 de octubre del año pasado. El 5 de febrero la revista lo aceptó para su publicación. Se titula: “Quantitative Assays Reveal Cell Fusion at Minimal Levels of SARS-CoV-2 Spike Protein and Fusion from Without” (*).

El estudio demuestra que la mera presencia de las proteínas puntiagudas aisladas, sin el cuerpo viral, puede dar lugar a fusiones celulares a gran escala. Este tipo de reacciones se conocen desde hace tiempo, por ejemplo, desde los años 60 con el virus de la enfermedad de Newcastle, o más tarde con los virus del VIH, en los que incluso partes de las envolturas son suficientes para provocar estas fusiones celulares patológicas. El virus del sarampión también se considera responsable de estos agregados celulares inducidos por el virus en el cerebro, y los virus del herpes estimulan las fusiones celulares que contribuyen a los cambios típicos de la piel.

Las vacunas genéticas que se utilizan actualmente programan las células del receptor para que produzcan esas proteínas puntiagudas en todo el organismo. Es imposible predecir en qué órganos ocurre esto. Por lo tanto, es de temer que la fuerte tendencia a las fusiones celulares incontrolables desencadenada por las proteínas puntiagudas pueda provocar graves daños en los tejidos y las correspondientes consecuencias inmunológicas y hematológicas. La destrucción de los tejidos, las microtrombosis y las complicaciones inmunológicas secundarias podrían provocar cuadros clínicos graves y la muerte en un corto período de tiempo.

Es incomprensible que los investigadores del Instituto Paul Ehrlich, que estudiaron y describieron con precisión los peligros de las proteínas puntiagudas, no pensaran en lo que provocan las vacunas genéticas. El Instituto también es responsable de la seguridad de las vacunas modificadas genéticamente que supuestamente producen esas proteínas avanzadas en el cuerpo de los vacunados.

Sin embargo, un riesgo tan evidente de la vacunación ni siquiera se menciona en el documento.

Tampoco se conocen estudios clínicos que observen o excluyan explícitamente dicho riesgo con las vacunas. Entre los efectos secundarios adversos conocidos hasta la fecha, varios podrían explicarse por el efecto de fusión desde el exterior. Parece que se justifica urgentemente una mayor investigación. Las personas vacunadas con efectos secundarios deberían tener derecho a ser examinadas inmediatamente por un organismo independiente. Si no se ha excluido tal riesgo, sería otra razón para detener inmediatamente todas las vacunas genéticas que supuestamente conducen a la producción y expresión intracelular de proteínas de superficie.

El Instituto Paul Ehrlich informa además de que, al menos en el laboratorio, las fusiones celulares podrían reducirse significativamente mediante la administración de anticuerpos monoclonales contra proteínas de superficie. Por cierto, Bill Gates mencionó la producción genética a gran escala de estos anticuerpos monoclonales para el tratamiento masivo en diciembre del año pasado.

Seguramente nadie querría eso: las complicaciones derivadas de las vacunas, que luego habría que tratar de nuevo con costosos anticuerpos monoclonales.

Las vacunas contra el coronavirus no tienen una gran ventaja. De las 19.000 personas vacunadas en el ya de por sí pobre estudio de BioNTech, sólo hubo 154 infecciones menos que de las 19.000 no vacunadas. Por lo tanto, el riesgo absoluto de infección se redujo en menos del 1 por ciento. En la gran mayoría de la población, existe una inmunidad celular cruzada a todo lo que se parezca al coronavirus, incluso sin vacunación. Incluso si la infección por coronavirus se evitara con la vacuna, otros virus se beneficiarían. Sólo conseguirían más espacio. En general, las revisiones críticas también han puesto de manifiesto que la vacunación contra los siempre cambiantes virus respiratorios estacionales aporta pocos beneficios, pero sí importantes riesgos.

(*) https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.102170 https://www.pei.de/DE/newsroom/pm/jahr/2021/03-gewebeschaeden-zellfusion-covid-19-rolle-spikeprotein.html

Querido Mario Antiplandemia: hace ya casi un año que no eres el mismo…

Hablas todo el tiempo de que los hospitales se saturaban todos los inviernos pero no te preguntas por qué, no quieres ver que saquearon la sanidad pública en beneficio de la privada. Y siguen haciéndolo.

Pese a lo confuso de la situación tú tienes muy claro que no hay un nuevo virus, o si lo hay, que no es ningún peligro para la salud. Y nos miras con soberbia a los “borregos” que intentamos tener cierto cuidado. Creo que estás viendo sólo un lado, el de tu libertad individual. Y pese a esto, vas de la mano de los que históricamente fueron lo opuesto de la libertad, los de la banderita de españa. Y de un colectivo de funcionarios armados que se dicen por la libertad, pero trabajan obedeciendo órdenes del estado.

Comprendo que en este contexto desolador necesites luchar por tus derechos, y hacer parte de algo, pero creo que no estás teniendo una perspectiva amplia. Te veo pasar horas devorando información de unas fuentes que están propagando una especie de ideología delirante. Y me da miedo a donde nos pueda llevar esto.

Dices que el problema es la partitocracia, pero no parece que te llegue información de otras formas de democracia directa, que existen. Lo explicas todo por la corrupción de individuos que, según tú, son la encarnación misma del mal. No quieres ver que independientemente de quien maneje los hilos, el sistema en el que vivimos nunca benefició a las mayorías. Y mucho menos ahora, en su declive.

Quieren confundirnos, quieren separarnos. Para que no percibamos que antes de todo esto, este modo de vida ya no se sostenía para la gran mayoría. Ya no teníamos para pagar la gasolina ni la hipoteca. Y todos esos “políticos valientes” que dicen que van a salvar la situación, no hacen más que echar mierda para que su lobby coja ventaja.

De verdad que no comprendo por qué de pronto me miras con soberbia… Yo no tengo la culpa de todo esto. Todxs somos capaces de comprender y responsabilizarnos. Unos y otros solo quieren que miremos para otro lado, y aún por encima tenernos maniatadxs. Dividirnos y enfrentarnos. Y lo están consiguiendo.

Ya no puedo más, te lo pido por favor: vuelve a ser tú mismo, dame una mano.

Victoria Abril como Juana de Arco

Demasiado famosa para ningunearla, lo que procedía era lapidarla, crucificarla y enviarla a la hoguera. Sale una voz -cada vez más- discordante con el mantra general y uniforme y unifirme, que pía por sí misma, con criterio, que no habla por boca de ganso, que tiene capacidad crítica y cognitiva, que sabe las negativas consecuencias de sus declaraciones -«nos están utilizando como a cobayas metiéndonos en el cuerpo una cosa que ni ellos saben lo que es», refiriéndose a las vacunas- y no le importa: «ya más no me podéis quitar», que le da igual que la llamen «conspiranoica», que no habla de la implantación de siniestros chips en los cuerpos para «dominar -espectralmente- el mundo», como si fuera un tebeo, y por aquí, por este flanco, la podrían atacar, pero no, no ofrece esta ventaja, que habla del miedo inoculado, esto sí, en las masas, sometidas a estados de alarma, toques de queda, confinamientos, mascarillas (que ella no lleva), que desenmascara las «cepas» que surgen como setas, de los muertos tras ponerse las vacunas, que, en definitiva, no traga con las neolenguas del discurso dominante transmitido a diario por los venales medios de comunicación y desinformación lavando el cerebro de las personas, es, decimos, nuestra heroína, linchada y estigmatizada por las voces mediáticas de su amo. Desde las más burdas a las más refinadas. Todas al servicio del Gran Hermano que obedece, a su vez, al capitalismo: control social, amedentramiento, nuevos ciclos de acumulación de capital y hasta neomalthusianismo con ribetes eugenésicos.

Un cínico, amoral y criminal como Felipe González, pensando que el género humano es como él, esto es, muñidor, tramposo, tahur, camandulero y felón, preguntaría que qué necesidad tenía una actriz famosa como Victoria Abril de meterse en estos carajales y berenjenales y complicarse la jubilación sabiendo de antemano cómo se las gasta la cloaca y purria mediática. Evidentemente la artista madrileña dice lo que dice segura de sí misma en todos los órdenes, de ahí su desgañitado «ya más no me podéis quitar», otrosí: ya no me podéis joder más, que os den por saco. Ni da el brazo a torcer ni rectifica ni «matiza» sus declaraciones (como Echenique de tan poco aliento ante los tribunales de la Inquisición política que es eso que llaman hoy «opinión pública» perfectamente timbrada y masajeada): una mujer digna. Alcemos la copa.

Vuelven al punto de partida porque todas las medidas absurdas contra la pandemia han fracasado

El pasado año ha dado lugar a algunos métodos extraños y novedosos de contención de enfermedades, incluidos los confinamientos y la obligación de llevar mascarillas. No es de extrañar que el siguiente paso natural en esta progresión haya sido el surgimiento de un movimiento conocido como “ZeroCovid”. Su creciente influencia es, quizás, predecible dado que durante casi un año nos han inundado las opiniones de los llamados expertos que buscan legitimar su visión miope del mundo de que la salud pública está determinada únicamente por la prevención del Covid-19.

En lugar de reconocer a un público cansado que su enfoque ha sido un fracaso, están redoblando sus esfuerzos e intentando salvar su reputación al afirmar que el problema no es que los confinamientos no funcionan, sino que no han ido lo suficientemente lejos.

Aparentemente, existe cierta diversidad de opiniones entre los defensores de ZeroCovid sobre si ese término debe interpretarse literalmente, como sostienen algunos de sus defensores más apasionados y gritones, o si simplemente significa una versión más extrema de la ideología que ha dominado las sociedades de todo el mundo durante el año pasado: la creencia de que la supresión del coronavirus es un objetivo singularmente importante, que reemplaza a todos los demás y que debe perseguirse teniendo una consideración mínima o nula de los efectos que tendría llevarlo a cabo.

Los promotores de ZeroCovid parecen estar de acuerdo en que se necesitan controles fronterizos más estrictos, así como confinamientos y obligaciones de llevar puesta la mascarilla mucho más estrictos que los que existen en la mayoría de los países en la actualidad. Sam Bowman, uno de los ZeroCoviders más destacados, afirma por ejemplo que la única forma de abordar el problema del coronavirus es con “confinamientos, cierres de escuelas, prohibición de viajar, tests masivos, rastreo de contactos y máscarillas”. Del mismo modo, el think tank del ex primer ministro británico Tony Blair ha afirmado que la única forma de evitar otro confinamiento es reducir a cero los casos de coronavirus. Los defensores de ZeroCovid describen a China, Australia y Nueva Zelanda como éxitos que demuestran que el sufrimiento hoy día trae consigo la promesa de una posible libertad.

Si bien se comercializan a sí mismos como teóricamente opuestos a los confinamientos, los seguidores de ZeroCovid en realidad aspiran a poner en marcha un estado de tipo totalitario, que se supone que existirá solo temporalmente. Por ejemplo, Devi Sridhar, uno de las caras más públicas del movimiento en el Reino Unido, ha afirmado que la única forma de salir del confinamiento sin fin es llevar a cabo ahora un “confinamiento crudo, severo y catastrófico”, como primera fase. Dado que la tercera fase del plan de Sridhar implica un “modelo de eliminación del tipo de Asia oriental y el Pacífico” que prohíbe viajar al extranjero, sólo puedo imaginar con precisión qué tipo de pesadilla totalitaria Sridhar imagina durante la fase uno.

Aquellos que siguen esta filosofía no reconocen la verdad obvia de que las tácticas de represión no han tenido éxito porque son contrarias a la naturaleza humana (así como a la biología celular básica) y conllevan graves privaciones de los derechos humanos y libertades. Tampoco reconocen el hecho de que si el Partido Comunista Chino (PCCh) logró eliminar el coronavirus (una suposición cuestionable dada la tenue relación del PCCh con la verdad), lo hizo utilizando tácticas que prima facie (a primera vista, AyR) constituyen violaciones de los derechos humanos.

Incluso Australia y Nueva Zelanda, que antes de 2020 eran considerados faros de la democracia liberal, han sido recientemente objeto de investigaciones o encuestas por parte de Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Los defensores de ZeroCovid no abordan la realidad de que China, Australia y Nueva Zelanda han tenido que llevar a cabo, continuamente, políticas de confinamiento en respuesta a los nuevos casos que surgen incluso después de declarar la victoria sobre el virus, y que las dos últimas son naciones insulares capaces de efectuar controles fronterizos de una manera que no se puede aplicar en naciones que están geográficamente próximas a otras y en las que el virus ya se ha vuelto endémico.

La “Cumbre de Acción Comunitaria de Covid” (Covid Community Action Summit), una conferencia celebrada a fines de enero, dirigida por los principales actores de ZeroCovid a la que asistieron muchos de ellos, no hace falta decir que se llevó a cabo a través de Zoom, ofrece un vistazo a la cosmovisión distorsionada que impregna su ideología.

El arquitecto de ZeroCovid y primer orador en la Cumbre fue Yaneer Bar-Yam, un científico estadounidense que se especializa en sistemas complejos y análisis cuantitativo de pandemias y fundador del Instituto de Sistemas Complejos de Nueva Inglaterra (New England Complex Systems Institute, NECSI). Los participantes tenían diversos trasfondos: además de médicos y científicos, asistieron consultores políticos y especialistas en comunicación. Muchos presentadores tenían intereses económicos relacionados con productos farmacéuticos y de diagnósticos, y los de EEUU tendían a estar en la órbita de la política y las campañas del Partido Demócrata.

Una de las presentaciones más inquietantes fue la de Blake Elias, investigador del NECSI que trabaja directamente bajo la dirección de Bar-Yam. Dada la posición de Elías, es justo asumir que sus puntos de vista, tal como se expresaron en la Cumbre, reflejaron los de su organizador.

Elias, al igual que muchos otros defensores de “ZeroCovid”, cree que la visión “vidas versus economía” del problema es incorrecto (en particular, muchos oponentes de los confinamientos también consideran que esta es la visión equivocada a través de la cual ver el problema, pero por diferentes razones; a saber, que la economía y la vida de las personas están inextricablemente entrelazadas y las políticas de bloqueo no tienen en cuenta consideraciones cruciales como la salud mental y las libertades civiles).

Valorando cada vida -algo arbitrario y sin tener en cuenta la expectativa de vida- en 10 millones de dólares, Elias introdujo un montón de números en una máquina y ¡voilá! extrajo la prueba irrefutable de que imponer un confinamiento duro y rápido es menosucostoso queanorhacerlo. Elias declaró cocoseritdadeque su ecuación hermética demuestra que si estás en contra de la eliminación (ZeroCovid), la única razón concebible podría ser que discutas una de sus premisas, por lo que crees en una de las siguientes: que el costo de las infecciones es menor de lo que es; que el costo de los confinamientos es mayor; que la capacidad hospitalaria es mayor; que la tasa de importación es más alta; o que la vacunación completa se puede lograr en un período de tiempo más corto.

En ningún momento mencionó argumentos relacionados con la psicología, los derechos humanos o las libertades civiles. Si Elias tenía la más mínima comprensión de estos conceptos, hizo un trabajo excepcional al ocultarlos.

Michelle Lukezic y Eric Nixon, al igual que Elias, llevaron a cabo una presentación similar a lo que me imagino sería si viésemos a extraterrestres hablar sobre la psicología y el comportamiento de los seres humanos. Supuestamente una pareja, Lukezic y Nixon fundaron una empresa llamada MakeGoodTogether, y creen que el problema del coronavirus se reduce a una falta de disciplina y responsabilidad individual. Reconocieron que el distanciamiento social extremo que promocionaron como la respuesta a los problemas del mundo es contrario a nuestra naturaleza, pero insistieron en que simplemente debemos esforzarnos más.

Podríamos erradicar el coronavirus, nos explicaron de manera solemne, si insistiéramos en rechazar las invitaciones sociales, y sugirieron que la gente publique promesas en las redes sociales a tal efecto. Al parecer, pasaron poco tiempo considerando la difícil situación de los trabajadores esenciales cuyo empleo no les permite el lujo de distanciarse, aparte de la descripción cómica del malestar psíquico que experimentaron cuando la máscara del rostro de un trabajador en su casa se cayó. Lukezic estaba muy orgulloso de Nixon por negarse a estrechar la mano del hombre cuando se fue. Tuve que volver a verificar el enlace un par de veces para asegurarme de que no me había topado sin darme cuenta con un episodio de Saturday Night Live.

Otro colaborador notable de la Cumbre ZeroCovid fue Michael Baker, el arquitecto de la estrategia de coronavirus de Nueva Zelanda. Baker insistió en que “hacer caso a la ciencia” conduce indiscutiblemente a la estrategia ZeroCovid, como si la ciencia por sí sola definiera la política a seguir. Hizo varias admisiones sorprendentes, entre las que se encuentran que la contención también debe ser la estrategia para la gripe, y que la pandemia de coronavirus nos ha dado la oportunidad de reiniciar y así abordar las desigualdades en la sociedad y las amenazas que plantea el cambio climático. En otras palabras, Baker no prevé un regreso a la vida normal.

Como lo demostraron sus presentadores en la Cumbre, ZeroCovid es el desafortunado resultado final de la inexplicable creencia de demasiadas personas de que tiene sentido concentrarse en un problema y excluir todos los demás. Nadie en la Cumbre, o en cualquier otro contexto relacionado con el tema, ha presentado alguna vez una argumentación convincente para poner la pandemia de coronavirus por encima de todas las demás consideraciones. Hay una razón para esto: los hechos y la lógica apuntan en la dirección opuesta.

Ciertamente, se podría argumentar que un virus u otra amenaza calculada para acabar con la humanidad o una parte significativa de ella, que afecte a todas las edades, justifica un enfoque exclusivo en esa amenaza mientras dure. Como yo y otros hemos escrito antes, el coronavirus simplemente no constituye tal peligro. Ahora disponemos de los datos de un año a partir de los cuales podemos concluir más allá de toda duda que la exposición al virus solo presenta un riesgo significativo, más allá de los que estamos acostumbrados a tomar en la vida cotidiana, para los muy mayores. La inmensa mayoría de los infectados con el virus no sufren en absoluto, o sufren mínimamente, y se recuperan al cabo de días o semanas. Esto no significa que el problema deba ser ignorado, sino que debe abordarse utilizando la misma metodología con la que abordamos todos los asuntos de salud pública: teniendo en cuenta los efectos de las políticas que se dicten para aplicar una respuesta.

Los seguidores de ZeroCovid no son cualitativamente diferentes de los epidemiólogos y políticos que han defendido e impuesto confinamientos y la obligatoriedad de llevar la mascarilla en todo el mundo. Todos creen que pueden obligar a miles de millones de personas a comportarse, durante un período de tiempo indefinido, de maneras que son contrarias a nuestra naturaleza y perjudiciales para nuestro bienestar. No ven nada de malo en asumir el control de todas las facetas de nuestras vidas.

Están enfocados de manera maniática en teorías y modelos, y no están interesados ​​en lo quedfunciona en la práctica. No tienen ningún concepto de la libertadlo la dignidad humanas. En lugar de reconocer que los confinamientos, la separación humana forzada y las máscarillas son ineficaces para impedir la propagación del coronavirus, al tiempo que conllevan enormes costos, entre ellos eliminar la democracia liberal, los más fervientes partidarios de esta ideología creen que la respuesta es imponer más restricciones y más duras. Eso significa la privación de nuestros derechos y libertades, y la negación de nuestras necesidades humanas básicas, hasta que el coronavirus sea erradicado del mundo. Si se salen con la suya, bien podría ser hasta el fin de los tiempos.

https://noticiasayr.blogspot.com/2021/02/el-movimiento-zerocovid-una-religion.html

África: el último gran supermercado de drogas

África se está convirtiendo en una de las principales regiones consumidoras de drogas del mundo. En 2016 el Continente Negro tenía 1,8 millones de adictos a la cocaína y 10 millones de consumidores de otras drogas (metanfetaminas, cannabis, heroína, opiáceos).

En 2050, unos 24 millones de personas consumirán drogas, la mitad de ellas en el oeste del continente. La ruptura con el pasado se remonta a la década de 1990, cuando África dejó de ser sólo una tierra de cultivo y tránsito, papel que sigue desempeñando, especialmente para la heroína, que pasa por el continente africano en su camino hacia Estados Unidos.

Varios cárteles dividen el territorio en grandes zonas de influencia. Por ejemplo, los italianos (la Ndrangheta) están presentes en Nigeria, Costa de Marfil y Sudáfrica; los sicilianos de la Cosa Nostra en Zimbabue, Namibia y la República Democrática del Congo. Los mexicanos del cártel de Sinaloa se encuentran principalmente en África Occidental. Además, hay locales, como los Black Axe, un grupo criminal nigeriano cuyo símbolo es un hacha negra que parte una cadena atada a dos muñecas sobre un fondo amarillo.

El aumento del consumo de drogas en África se debe, por un lado, al crecimiento demográfico, a las dificultades de integración económica, especialmente de los jóvenes, y a la pobreza. La porosidad de las fronteras y la corrupción explican la prosperidad de los distintos cárteles.

Por otro lado, la debilidad de las respuestas políticas y la complicidad de los miembros del aparato estatal son factores clave. En algunos casos, la lucha contra las redes se lleva a cabo de forma violenta y conduce a un aumento de la corrupción.

En Nigeria, donde en 2018 el 14,4 por ciento de la población consumía drogas, según la ONU, frente a la media mundial del 5,6 por ciento, el Estado utiliza principalmente la represión contra los consumidores, pero hace poco contra los traficantes.

Las redes aprovechan la complicidad de los altos funcionarios para prosperar. En Guinea-Bissau, los militares participan en el tráfico internacional. El Jefe del Estado Mayor, Antonio Indjai, apoyó a una red mundial de tráfico actuando como intermediario, aceptando almacenar cocaína procedente de Sudamérica en el país en 2012. La droga se reexporta a otros países, incluido Estados Unidos. En 2013, Antonio Indjai fue detenido por narcoterrorismo.

La radiactividad de las pruebas nucleares francesas en el Sáhara sigue llegando a Europa

Cuando el viento mueve las arenas del desierto del Sáhara, también desplaza los rastros de las pruebas nucleares francesas a principios de la década de los sesenta.

Un laboratorio de Rouen, en Normandía, ha analizado la arena recogida en el macizo del Jura y ha obtenido muestras de cesio 137. Ha transcurrido más de medio siglo, pero los elementos radiactivos están presentes en los dos continentes, tanto en África como en Europa, a miles de kilómetros de distancia.

El laboratorio Acro se fundó hace 30 años, tras la catástrofe de Chernóbil y detecta el cesio 137 en los restos de las arenas del desierto que llegan hasta el norte de Francia.

El cesio 137 es un radioelemento artificial. Es un producto de la fisión nuclear que se produce en una explosión nuclear y, por lo tanto, no está presente de forma natural en la arena del desierto.

Los vientos del desierto reparten los restos de cesio 137 por todos los lugares de Europa por los que pasa.

Según Pierre Barbey, miembro del laboratorio que ha analizado las muestras, el cesio 137 tiene una vida útil de 30 años. Cada 30 años, pierde la mitad de su contenido radiactivo. Después de siete ciclos de 30 años, se supone que sólo queda el 1 por ciento del material radiactivo.

Cerca de Reggane, en el sur de Argelia, Francia realizó la primera prueba nuclear el 13 de febrero de 1960. La bomba tenía un potencia de 70 kilotones, una explosión tres o cuatro veces más potente que la de la bomba de Hiroshima de 1945.

Entre 1960 y 1966, Francia detonó 17 bombas nucleares en el desierto del Sáhara. Tras la independencia de Argelia, siguió realilzando pruebas nucleares en la Polonesia.

https://france3-regions.francetvinfo.fr/bourgogne-franche-comte/jura/les-poussieres-de-sable-du-sahara-etaient-porteuses-de-cesium-137-residu-d-anciens-essais-nucleaires-francais-1973641.html

El gobierno compra la paz social con CCOO y UGT con un incremento del 56% en subvenciones

El Gobierno ha aprobado una subida de las subvenciones a los sindicatos entre la larga lista de normativas que se aprobaron en el Consejo de Ministros del martes, de más del doble de lo que percibían. El gobierno del PSOE y Podemos ha acordado subvenciones por importe de 13.883.890 euros «destinadas a las organizaciones sindicales en función de su representatividad por la realización de actividades de carácter sindical en 2021».

Esta cuantía supone disparar un 56% las subvenciones que se le otorgaron a CCOO o UGT un año antes: 8.878.123,74 euros. Desde el año 2013, año en el que el Gobierno de Mariano Rajoy recortaba casi un 20% a estas partidas, las subvenciones a los sindicatos no se habían movido del entorno de los 8.900.000 euros.

Todavía falta la publicación en el BOE de esta medida y determinar las cuantías que le tocan a cada sindicato, pero serán CCOO y UGT las centrales más beneficiadas.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies