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Inteligencia artificial para sostener la hegemonía imperialista

A principios de marzo, la Comisión de Seguridad Nacional de Estados Unidos para la Inteligencia Artificial (NSCAI) publicó un largo informe de más de 700 páginas con una conclusión fulminante: el desarrollo de la inteligencia artificial alterará el desenlace de las guerras futuras.

El antiguo cabecilla de Google, Eric Schmidt, ha dirigido la redacción del informe, cuyo objetivo es que el Pentágono siga manteniendo la superioridad tecnológica actual.

La ventaja tecnológica “de nuestras fuerzas puede perderse en la próxima década” si no integran la inteligencia artificial en todas sus misiones, asegura el informe, obsesionado por el esfuerzo tecnológico de China para alcanzar a Estados Unidos.

Los algoritmos informáticos están construyendo una nueva forma de guerra que determinará la estrategia de la guerra entre Estados Unidos y China.

“En la actualidad, los usos todavía limitados de los ataques basados en la IA [inteligencia artificial] son sólo la punta del iceberg”, advierte el informe. Incluso más que la electricidad, la inteligencia impregnará a la sociedad del futuro y exacerbará la competencia estratégica y tecnológica entre Estados Unidos y China desde el espacio exterior hasta el ciberespacio.

Los analistas que siguen anclados en el pasado, esperan una guerra que no va a llegar porque ya está aquí. Los algoritmos son los nuevos tanques y así lo viene repitiendo el Pentágono desde hace muchos años

El virus Stuxnet retrasó el programa nuclear iraní mediante una intrusión informática en la centrifugadora. Los “ransomware” WannaCry o NotPetya causaron miles de millones de dólares en pérdidas financieras.

Solo es el principio. Los ejércitos del mundo se siguen preparando para una guerra sigilosa que afectará a las centrales de generación de electricidad, los servidores y las bases de datos de grandes empresas, a las infraestructuras, a los medios de comunicación… A todo y a todos.

Los accidentes de trabajo mataron más que el coronavirus el año pasado

Más de 2,7 millones de trabajadores murieron el año pasado en el mundo a causa de accidentes y enfermedades laborales, de forma que el número anual de muertes superó a todas las que se atribuyen al coronavirus, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Sin embargo, nadie ha declarado una pandemia, ni ha impuesto el estado de alarma. Los obreros muertos, enfermos o lesionados ni siquiera causan alarma.

En España, las muertes por accidente en el lugar de trabajo ascendieron en 2020 a 595, lo que supone 53 fallecidos más que el año anterior, con un aumento en valores relativos del 9,8 por ciento, y todo ello pese a la menor actividad y presencia en los centros de trabajo por los cierres de empresas, la pérdida de empleos, los ERTE y el teletrabajo.

En todo el mundo los trabajadores se enfrentan a situaciones extremas de explotación, aumento de la carga de trabajo, prolongación de la jornada laboral y la reducción de los periodos de descanso.

Según la OIT, el teletrabajo “ha dificultado la delimitación entre horario laboral y vida personal, no respetándose el derecho a la desconexión”.

La pérdida temporal o definitiva del empleo ha tenido un enorme impacto psicológico, provocando serios daños mentales, y lo mismo ha ocurrido por el miedo a perderlo, o por temor a contagiarse en el puesto de trabajo o en los trayectos para ir y venir del trabajo.

“Toda la sociedad ha quedado psicológicamente lesionada”, resume la OIT, que pide fortalecer los sistemas de seguridad y salud en el trabajo con el fin de prevenir los accidentes y enfermedades laborales.

—https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—ed_dialogue/—lab_admin/documents/publication/wcms_780968.pdf

Pepe Gotera y Otilio vuelven a la carga

Una de las noticias importantes de la semana pasada fue el intento de Golpe de Estado abortado en Bielorrusia. Por supuesto, los medios de intoxicación la ocultaron porque su papel es ese: hablar mucho sobre algunos asuntos y callar los demás.

Pero una noticia de esa envergadura no se puede tapar fácilmente en ciertos países, como la República Checa, por lo que se vieron obligados a lanzar una cortina de humo.

Los medios checos resucitaron la explosión en un depósito de armas que tuvo lugar en 2014, acusando a Rusia de haberla organizado para expulsar a 18 diplomáticos rusos.

Por si fuera poco, el gobierno checo se sacó de la chistera a dos espías rusos como presuntos autores de la explosión, que resultaron ser Petrov y Boshirov.

El comunicado oficial con el dedo acusador sólo duró una hora porque los apellidos Petrov y Boshirov coinciden con los dos espías que en 2018 envenenaron a Skripal con novichok en Inglaterra, lo que parecía un chiste ridículo. Petrov y Boshirov son los Pepe Gotera y Otilio que hacen el “trabajo sucio” que les encarga el Kremlin.

Una vez que logramos contener la risa, empezamos a buscar explicaciones para la chapuza, y se nos ocurrió que el gobierno de Praga no redactó el comunicado oficial, sino el espionaje inglés, que debe tener un listado muy reducido de espías rusos a los que imputar los atropellos reales o ficticios con los que alimentan de historietas a los medios de comunicación.

Luego nos enteramos que la investigación oficial de la explosión de 2014 concluyó asegurando que fue una negligencia y no un sabotaje.

El confinamiento hunde a las empresas tradicionales pero relanza a las tecnológicas

Ya no se puede sobrevivir en esta sociedad sin algún dispositivo digital. Como no se puede salir de casa, el único que llama a tu puerta es el capitalismo. El confinamiento ha impulsado los beneficios de las grandes empresas tecnológicas, como Amazon, hasta cumbres que nunca habían alcanzado.

Amazon ha triplicado sus ganancias netas hasta alcanzar los 8.100 millones de dólares en el periodo enero-marzo de este año. Ha superado sus propias expectativas, con unos ingresos de 108.500 millones de dólares, un 44 por ciento más que en el año anterior, después de haber registrado ya un fuerte crecimiento en el primer trimestre de 2020.

Los magníficos réditos no sólo han estado impulsados por el comercio electrónico, sino también por los servicios a las empresas que utilizan su mercado (24.000 millones de dólares, un 64 por ciento más) y por los ingresos por publicidad (7.000 millones de dólares, un 77 por ciento más).

En el primer trimestre, su filial en la nube nube AWS ha tenido unos ingresos en de 13.500 millones de dólares, un 32 por ciento más que en el año anterior.

El confinamiento ha acelerado la transformación digital de los habitos sociales en materia de educación, sanidad, teletrabajo y comercio electrónico. Por el contrario, las empresas tradicionales han sufrido un descalabro con los cierres y las restricciones de viajes y actividades.

Alphabet, la empresa matriz de Google, ingresó 55.310 millones de enero a marzo, un 34 por ciento más que hace un año. Desde la pasada primavera, el buscador y su vecino Facebook han invertido mucho en herramientas y plataformas para facilitar las transacciones en línea y animar a los hogares y comerciantes a utilizar sus servicios para las búsquedas de entretenimiento e información.

Las empresas tecnológicas han devorado el mercado de la publicidad. Facebook va camino de superar por primera vez los 100.000 millones de dólares de ingresos publicitarios netos este año, y conserva la segunda posición en cuanto a cuota de mercado mundial (23,7 por ciento), por detrás de Google (28,6 por ciento), y muy por delante de Amazon (5,8 por ciento).

En el periodo de enero a marzo, Facebook y Apple vieron duplicados sus beneficios netos, hasta 9.500 millones de dólares para la red social y 23.600 millones para Apple. Esta última disparó las ventas de iPhones (un 66 por ciento más), tabletas iPad (un 79 por ciento más) y ordenadores Mac (un 70 por ciento más).

Apple está a punto de llegar a una capitalización bursátil de 3 billones de dólares. Amazon espera unas ventas de entre 110.000 y 116.000 millones de dólares para el actual trimestre, es decir, entre un 24 y un 30 por ciento más que hace un año.

Con este panorama, Facebook y Google ya se enfrentan a demandas antimonopolio ante los tribunales estadounidenses, y Apple y Amazon se enfrentan a investigaciones similares.

Por lo demás, las personas no dejamos de pulsar botones virtuales y estamos cada vez más preocupados por nuestra intimidad y la seguridad de nuestros datos, y si no hacemos algo, acabaremos devorados por la codicia de los grandes monopolios.

Los nuevos cenizos

Echa uno de menos en estos tiempos de pandemia -y de crisis estructural económica del capitalismo- la aparición de profetas, agoreros, gurús e iluminados como en la Edad Media con sus admoniciones y condenas a la plebe y humanidad entera por sus pecados y desórdenes. Antes de que Marx descubriera y despanzurrara las leyes del capitalismo, las crisis económicas se atribuían mayormente a causas ajenas a la mano del hombre: climáticas, sobre todo. Con Adam Smith y Ricardo ya se apuntaba a dar explicaciones más “científicas”. Para remediarlas surgieron voluntariosos “arbitristas” con sus elixires y vademécums que sanarían las caquexias y disfunciones, o bien naturales o humanas.

En el siglo XIX se optaba por el proteccionismo o el liberalismo. Y en el XX (y antes) claramente por el imperialismo. En el siglo XXI brotan nuevos arbitrismos que pondrán esparadrapos a la heridas capitalistas: Josep Stiglitz, Paul Krugman o cualquier premio Nobel. Nunca irán a la raíz del problema, como pedía Marx. Tal vez porque formen parte del problema.

En tiempos medievales la ideología dominante era monopolio de la Iglesia cristiana (agustinismo, escolástica tomística…). El muy terrenal y telúrico modo de vida de la jerarquía católica, especialmente en el Vaticano de los Borgia, escandalizaba a espíritus puristas y ascetas como, por ejemplo, el florentino Savonarola (pero también Lutero en su visita al Vaticano donde se quedó ojiplático de lo que vió, y eso que él gustaba de la buena cerveza, y que no faltara). Savonarola y su “cruzada” purificadora, que no mística, arremetía contra las abundosidades y demasías curiales y contra desenfrenos populares (carnavales, etc.). Su intención era volver a tiempos anteriores más devotos y piadosos, ni siquiera a “herejías” viejas como el catarismo que preconizaba la vuelta a un cristianismo primitivo, originario, igualitario, iconoclasta y casi revolucionario.

Pero su destino fue el mismo: la hoguera. Su delito: cuestionar el poder, eclesiástico, en este caso. Su pecado: no predicar en el desierto, como Simón el Estilita, sino en plena plaza pública apuntando a diestro y siniestro.

Cuando hubo alguna pandemia, como la peste, verbigracia, al menos Boccaccio nos dejó “El Decamerón”. Y no faltaron bocotas catastrofistas anunciando el Apocalipsis por culpa del vulgo, siempre el vulgo, como hoy que se va de botellón y fiesta, si pueden, claro. Los protagonistas del Decamerón, jóvenes hijos de pudientes, huyeron de la peste a las afueras de la ciudad para ejercer su “carpe diem”. Tiempos de analfabetismo y terrores milenaristas.

Hodierno, casi lo mismo, pero con diferencias. Hoy la plebe está más preparada y no existen los agoreros que maldicen comportamientos humanos ni profetas que nos dicen que nos lo tenemos merecido. Sin embargo, haberlos, haylos. Sólo que en distinta forma, atuendo y disfraz. Con bata blanca y título. Son los virólogos, urgenciólogos, epidemiólogos, planta que crece alimentada por los medios de propaganda y desinformación, que son sus tribunas, como los agoreros ululaban sus venablos en los ágoras y plazas (si se fijan, observarán que cada canal de televisión tiene su propio “experto” fichado en “propiedad exclusiva”, aunque los hay promiscuos, como, por ejemplo, el vestiglo Margarita del Val o el mediático urgenciólogo, se dice así, Carballo, a quien sus colegas, por cierto, le han recordado que, desde que va de vedette por las televisiones, no se le ve el pelo por los hospitales, qué cosa. O Badiola.

Se trata de que sus rostros nos sean “familiares”, confiables, por tanto). Son estos especiosos especímenes los nuevos oráculos que suplantan a los antiguos arúspices. Tienen título, salen en la tele, y, por lo tanto, no son charlatanes. Sus mantras son sagrados. Nunca se ve una voz mínimamente discordante. Y su dedo índice enhiesto señala a los nuevos pecadores, que, tratándose de temas sanitarios, no son comunistas, como les pediría el cuerpo, quizá, sino los… negacionistas. Un saco -el negacionismo- donde cabe toda clase de bicho viviente.

Antes de que el oficialismo de los voceros sanitarios -la OMS, la EMA- empiecen a ser cuestionados, o se vea que la mayor parte de los supuestos “expertos” no saben lo que dicen, pero no callan, que son delincuentes, o algo peor, si cobran inconfesables coimas, crean sus propios anticuerpos, esto es, los “negacionistas”, estos son los verdaderos culpables con sus escepticismos e insolidaridades, con sus cuestionamientos de mascarillas, cierres perimetrales, confinamientos, etc., a estos hay que estigmatizar y crear un “apartheid” sin pasaporte sanitario por no vacunarse. Ello contribuirá, de paso, a histerizar y lobotomizar más a las masas, a mantener la tensión, el pánico, el control. Y, si encontramos un chivo expiatorio (un pharmakos, se decía en griego) en quien poner rostro y donde descargar las frustraciones, mejor. Por ejemplo, Miguel Bosé, un juguete roto, un desequilibrado, un drogadicto y un conspiranoico con sus gobiernos de Spectra y agentes 007, una secta peligrosa, vaya.

Ya tenemos el escenario: los “buenos” (la liga de los con bata), y los “zumbaos” (ya saben…). Siendo que todo lo hacen, gobiernos, farmafias, mass media, gurús, por nuestro bien. Puritita munificiencia, altruismo.

Imperialismo y salud

El día 19 de abril de 2020, escribí un artículo que llevaba por título “¿Vamos del independentismo al nazismo?” en el cual hacía las siguientes consideraciones: “Toda la campaña mediática, apunta a una próxima tentativa de sumisión a los dictados de las corporaciones médico-farmacéuticas para imponer la obligatoriedad de las vacunaciones, o si esta no fuera posible por vulnerar los ya mínimos derechos personales y decisiones que autónomamente pueda tomar cada persona, el establecimiento de un ‘pasaporte de vacunación’ que impedirá el acceso de la persona que no lo lleve a ciertos espacios, ya sean lúdicos o de ocupación laboral o al sistema de enseñanza o de salud. Habrá que ‘demostrar’ la pertenencia a una ‘raza vacunada’ para ocupar un espacio a la sociedad. Todo a mejor gloria de Bill Gates y la mafia médica” (1).

Después de un año de aquellas consideraciones, se ha hecho patente que no eran errores y con ellas, aprovechando el asedio cívico-militar de los estados de excepción, todo un puñado de modificaciones legislativas para favorecer el gran capital: destrucción del sistema de pensiones público, modificaciones en las legislaciones laborales, favorecimiento de absorciones bancarias e industriales, modificaciones de los sistemas de enseñanza, impunidad por los experimentos químico-farmacéuticos en la población, exclusión y muerte política de las personas discrepantes… y la ofensiva más grande nunca organizada para homogeneizar el pensamiento social.

E. Richard Brown (2) publicó en septiembre de 1976 en la revista Public Health Then and Now Public, un análisis que llevaba por nombre “Health in Imperialism: Early Rockefeller Programs at Home and Abroad” (3), en el cual detalla el origen y denomina la perspectiva de las “campañas de salud” organizadas por la Fundación Rockefeller de la siguiente manera: “La actividad filantrópica de los Rockefeller en el terreno de la salud pública fue una continuación de la tradición imperialista”.

Merece la pena extraer ciertos fragmentos literales de este escrito:

“Los programas de salud pública de la Fundación Rockefeller en países extranjeros han tenido por objeto ayudar los Estados Unidos a desarrollar y controlar los mercados y recursos de estas naciones”.

“En el momento de poner en marcha la Comisión Sanitaria en 1909, John D. Rockefeller Sr., y el lugarteniente de su imperio financiero, el pastor bautista Frederick Taylor Gates, ya tenían siete años de experiencia en el sur de los Estados Unidos […] Gates explicó a Rockefeller que por primera vez en la historia del mundo, todas las naciones y todas las islas del océano han quedado realmente abiertas y ofrecen un terreno abierto para la propagación de las enseñanzas y la filantropía de los pueblos de habla inglesa […] Así lo expresaba Gates en su informe a Rockefeller: ‘Nuestras importaciones quedan compensadas por nuestras exportaciones de manufacturas norteamericanas a estos mismos países. Nuestro comercio de exportación está creciendo a grandes saltos. Tal crecimiento habría estado totalmente imposible de no mediar la conquista comercial de tierras extranjeras’ […] Los filántropos de la organización Rockefeller llegaron pronto a la conclusión que la medicina y los programas de salud pública resultaban, por sí solo, mucho más eficaces que los misioneros o los ejércitos para la promoción de los mismos fines. Tanto en las selvas de América Latina como las islas remotas de Filipinas, la Fundación Rockefeller empezó a descubrir lo que los misioneros ya habían captado antes que ellos: que la medicina representaba una fuerza casi irresistible para la colonización de los países no industrializados. El presidente de la Fundación, George Vicent, declaró: ‘Médicos y dispensarios han penetrado últimamente de manera pacífica en ciertas regiones de las islas Filipinas y han demostrado el hecho que, cuando se trata de apaciguar a los pueblos primitivos y suspicaces, la medicina ofrece algunas ventajas respecto a las ametralladoras’”.

En China, por ejemplo, el Peking Union Medical College de la Fundación Rockefeller estaba totalmente bajo el control de personal de la propia Fundación. En 1920 el director residente del PUMC, Roger Greene, insistió cerca de los directivos de la Fundación de Nueva York para que consiguieran que los banqueros estadounidenses ofrecieran un crédito importante al gobierno chino, en concepto de ayuda para la lucha contra el hambre: “Estoy convencido que, tratándose de esta finalidad especial, el gobierno chino aceptaría un grado muy importante de control extranjero sobre el gasto. La experiencia práctica adquirida en la gestión de un préstamo de este tipo podría resultar enormemente valiosa para crear un mejor entendimiento entre los banqueros y el gobierno chino […] Gentes como Rockefeller y Greene comprendían perfectamente que los programas sanitarios de la Fundación Rockefeller estaban vinculados a las necesidades del imperialismo, y deseaban que así fuera.

“Cómo señaló Frantz Fanon, los pueblos colonizados también consideraban la medicina occidental como una cosa inseparable de la colonización. Dentro de la psicología social del imperialismo, someterse a los programas sanitarios de salud de la Fundación Rockefeller significaba someterse a la dominación cultural, política y económica de Rockefeller y de los Estados Unidos. Los programas de salud pública han sido los asociados humanitarios del imperialismo norteamericano durante más de 60 años […] Los programas de la Fundación Rockefeller solo se ocupaban de manera secundaria de los intereses de las poblaciones locales. Su principal finalidad era enriquecer a los propietarios de las plantaciones, minas y fábricas, y en última instancia a las potencias imperialistas extranjeras”.

En las conclusiones decía: “Los programas de salud pública aparentemente humanitarios pueden, como hemos visto, implicar consecuencias opresivas, ya sean intencionadas o no. Corresponde a los profesionales de la salud y a las asociaciones de salud incluir en sus preocupaciones no solo la competencia técnica, sino también de los fines políticos, económicos y sociales de los programas. Podemos examinar los intereses materiales que subyacen en todos los programas de salud pública, ya sean patrocinados por la Fundación Rockefeller, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional o la Organización Mundial de la Salud”.

Este análisis fue el esquema de un libro que escribió posteriormente en 1979 y que lleva por título “Rockefeller Medicine Men: Medicine and Capitalism in America” (4), en el cual amplía extensamente las consideraciones hechas en 1976.

En este libro, Brown afirma que las fundaciones del imperio Rockefeller, tuvieron una influencia fundamental en la creación de una política encaminada a crear, modelar y controlar las instituciones sociales que reproducirían el sistema capitalista. Las instituciones serían sobre todo de medicina.

El eje principal del libro de Brown es un estudio detallado de las fundaciones Rockefeller (General Education Board, Rockefeller Institute for Medical Research y la Rockefeller Foundation) y su participación como impulsoras del actual sistema de medicina que impera en gran parte del mundo. Si bien el eje principal es la práctica médica, su análisis caracteriza el papel del capital financiero en el mantenimiento del control de la sociedad.

Brown señala en el citado libro el “valor social de la ciencia médica como ideología y fuerza cultural” (5), al mismo tiempo que la medicina podría ser utilizada para unificar e integrar la sociedad industrial con valores y una cultura tecnificada, y para legitimar el capitalismo, distrayendo la atención a las causas estructurales y ambientales de la enfermedad. Y, sobre la incapacidad de esta medicina científica cada vez más tecnificada para resolver las necesidades de salud de la población mientras no exista la voluntad política para oponerse al mercado privado de la salud, persistirá la crisis actual de la medicina.

Hoy, en la locura de la pandemia impuesta, están plenamente presentes las consideraciones de Richard Brown pues la población mundial, no solo la de los países periféricos, ha sido colonizada por el gran capital, y en esta colonización han jugado y juegan un papel central las fundaciones multinacionales con apariencia filantrópica: La Rockefeller, Bill & Melinda Gates, la Ford, William J. Clinton, Open Society… todas ellas ligadas al accionariado de las corporaciones químico-farmacéuticas, al entramado militar y a la nueva normalidad basada en el cambio de patrón tecnológico ligado al postmodernismo cultural.

Celia Iriart y Hugo Spinelli publicaron en el Cuaderno de Salud Pública de Río de Janeiro nº 10 de 1994, un interesante artículo que tiene por nombre: “La cuestión sanitaria en el debate modernidad-postmodernidad”, del cual son los fragmentos siguientes:

“Para los posmodernos la realidad tiene un carácter ontológico y postulan que no hay más ser que la realidad efectiva y, por lo tanto, no hay más proyectos transformadores, no hay más sujetos. Esto supone un mecanismo ideológico perverso puesto que si para el sujeto humano no hay otra instancia que el rol social asignado, no puede ser tomado como responsable de los actos que su rol le impone. Esta posición da lugar a situaciones jurídicas como la obediencia debida que, en Argentina, evitó el juicio de numerosos militares acusados por su participación activa en el genocidio de la década del setenta. Desde nuestra perspectiva se impone cuestionar esta concepción puesto que legitima el orden opresivo al cual están sometidas nuestras sociedades”.

“En el campo sanitario, cuestionar a las corrientes neoliberales supone en principio salir de la matriz discursiva impuesta, deconstruir el concepto de realidad con su peso ontológico”.

“Numerosos proyectos están en perspectiva pero debilitados por su lucha cotidiana con el poder. Revitalizar praxis alternativas, a nuestro juicio, solo será posible si quienes las sostienen empiezan a vincularse entre sí permitiendo la emergencia del múltiplo. Este es el lugar donde situamos los procesos democráticos y no en las representaciones parlamentarias”.

“Proponemos sacar a las instituciones sanitarias del falso dilema entre el público/estatal y el privado, pues, dadas las modalidades que asume en la actualidad la acumulación capitalista, en el Estado están armónicamente representados los intereses privados más concentrados. Para lo cual nos parece interesante trabajar la idea de espacio público alternativo, puesto que el estatal es una categoría degradada del público, pues proviene del Estado capitalista, que es esencial y constitutivamente, una relación de violencia y dominación, es decir, un espacio que no quede definido por la propiedad estatal sino para ser un lugar de praxis de sujetos comprometidos con este espacio” (6).

Hoy, varios colectivos, tanto de profesionales sanitarios, como de científicos o de personas autónomas ponen en tela de juicio todo el entramado corporativo, sus mentiras y sus corruptelas. Pero aparte de la coincidencia en este tema, no hay otro elemento que establezca la posibilidad de un nexo común con capacidad política y organizativa para afrontar los retos del nuevo espíritu del capitalismo, como lo definían Luc Boltanski y Eve Chiapello (7).

Hace falta pues, pensar en la formación de un Frente Popular de la Salud contra la nueva normalidad. Nos va la vida en ello.

(1) https://mpr21.info/vamos-del-independentismo-al-nazismo/
(2) E. Richard Brown, Ph.D., fundador y director del Centro de Investigación de Políticas Sanitarias de la UCLA y profesor de la Escuela de Salud Pública de la UCLA
(3) https://ajph.aphapublications.org/doi/pdf/10.2105/ajph.66.9.897
(4) https://books.google.es/books/about/rockefeller_medicine_men.html
(5) Brown, E. Richard, Rockefeller Medicine Men: Medicine and Capitalism in America. University of California Press. 1979
(6) The sanitary question in the modernity-postmodernity debate. Celia Iriart; Hugo Spinelli. Faculdade de Ciências Médicas da Universidade Estadual de Campinas. Brasil, https://doi.org/10.1590/s0102-311×1994000400009
(7) Luc Boltanski; Eve Chiapello. El nuevo espíritu del capitalismo. Ed. Ariel. 2002

La varita mágica: por una ley que resuelva los problemas más acuciantes

El movimiento por la vivienda lleva tiempo con una campaña para que el Congreso apruebe una ley que garantice el derecho a la vivienda. Lo había prometido el gobierno del PSOE y Podemos, pero la parte PSOE se niega a ello y la otra insiste para demostrar que el incumplimiento no es por su culpa.

Los programas electorales no bastan para lograr los derechos. Ni siquiera bastan los derechos para disfrutar de ellos porque el derecho a la vivienda ya está en la Constitución desde que se aprobó en 1978.

La Federación de Colectivos Trans quiere una ley integral para las personas de dicha condición y la ministra Montero, de la parte Podemos del gobierno de coalición, ya tiene una en cartera, aunque también se ha encontrado con resistencias que, a su vez, han intensificado la campaña del movimiento. En Uruguay ya hay una ley de ese tipo desde 2018 que garantiza los derechos de la población trans.

El movimiento por la memoria histórica quiere una ley de memoria histórica, otra más, porque la anterior de 2007 no era buena y, además, no se ha cumplido.

Es difícil explicar al mundo por qué un país democrático necesita una ley para reivindicar a quienes han luchado por la democracia. Si España fuera un Estado democrático no hay explicación posible de los motivos por los cuales la ley de memoria histórica no se ha cumplido, los demócratas siguen enterrados en fosas comunes y las calles repletas de nombres franquistas. Lo lógico es pensar que un Estado democrático hubiera debido erradicar cualquier vestigio fascista al día siguiente de su surgimiento, sin necesidad de ninguna ley.

Otros son partidarios de que el Congreso apruebe una ley que saque las drogas de la clandestinidad, o quizá que saque sólo algunas de ellas y siga prohibiendo otras, pero a nadie parece importarle entender por qué las que se legalicen estuvieron prohibidas antes.

Afortunadamente el artículo 6 de la Constitución de Cádiz decretó que los españoles debían ser justos y benéficos y desde 1818 el carácter de los españoles cambió y ha perdurado durante más de dos siglos, a pesar de que aquella Constitución fue derogada. Desde entonces, los turistas y emigrantes llegan a raudales, atraídos por esa idiosincrasia, típicamente española.

Las Constituciones y las leyes son así: cambian las cosas de la noche a la mañana. El paro desaparecería aprobando una ley de pleno empleo. Por eso es tan importante votar en las elecciones. Una mayoría adecuada en un Parlamento convierte en blanco lo que es negro, y al revés.

Los que no votamos estamos equivocados; los que no escriben la carta a los Reyes Magos nunca tendrán regalos. Si quieres acabar con la tortura, escribe una carta a los Reyes pidiendo que no se vuelvan a producir torturas en las comisarías, y si quieres que no haya hambre, escribe otra pidiendo un plato de comida en cada mesa. Además, si eres un poco educado, pídelo por favor, sin gritar por las calles, sin estridencias y, sobre todo, sin violencia.

Sólo hubo 7 días con exceso de mortalidad en Baleares el año pasado

El estado de alarma se prolonga desde hace más de un año, pero en Baleares sólo ha habido dos periodos con exceso de mortalidad: del 25 de marzo al 3 de abril y del 9 al 10 de mayo del año pasado. En total, sólo ha habido un exceso de mortalidad durante 7 días, según el Sistema español de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo).

En la primera etapa se produjo un exceso de 70 fallecidos y en la segunda 19 fallecidos más de los que se esperaban teniendo en cuenta las estimaciones hechas sobre la mortalidad observada en los últimos diez años.

No obstante, lo más significativo es que en ambos periodos no se sabe la causa de dichas muertes.

El último informe de Mortalidad Diaria del Centro Nacional de Epidemiología publicado esta semana también descarta que haya un exceso de muertes en las Islas asociado a la tercera ola. En consecuencia, no ha habido una tercera ola de nada.

Casi una tercera parte de la mortalidad total de las Islas se ha producido en los asilos de ancianos, donde han fallecido 259 personas.

Como en otros lugares, en Baleares han ido estirando el miedo a la pandemia a base de realizar cada vez más tests y de buscar apestados y contagiados por todos los rincones.

Los ‘expertos’ comienzan a proponer que las mascarillas sean permanentes

“Hemos visto los beneficios de usar mascarillas”, dijo la directora de salud Nicole Alexander-Scott en una comparecencia pública junto a Gina Raimondo, gobernadora de Rhode Island. “Puede haber una nueva forma de normalidad en la que las mascarillas no tengan que desaparecer necesariamente”, añadió (*).

El doctor Leonard A. Mermel, director médico de epidemiología y control de infecciones del Hospital de Rhode Island, se hizo eco de su opinión. Obligar a la población a llevar mascarillas permanentemente era positivo para detener la propagación de otros virus, además del coronavirus.

“Dentro del sistema Lifespan, vemos muchos menos virus respiratorios de los que estamos acostumbrados a ver en esta época del año […] Es impresionante que las estrategias de prevención de covid estén teniendo un impacto en otros virus respiratorios, lo cual tiene mucho sentido: se propagan de la misma manera”, dijo Mermel.

“No me sorprendería que esto se convirtiera en una recomendación de los CDC”, añadió. “Es un precio bastante bajo para tratar de reducir nuestro riesgo y el de nuestros seres queridos que corren un riesgo especial de contraer este tipo de infección”, añadió.

Los “expertos” siguen intentando que las mascarillas permanentes formen parte de la “nueva normalidad”, aunque Fauci reconoció que es de “sentido común” que los CDC empiecen a flexibilizar las medidas sanitarias.

“Quiero decir, si eres una persona vacunada, usando una mascarilla en el exterior, quiero decir, obviamente, el riesgo es minúsculo”, dijo Fauci en un programa de la cadena ABC.

Según el profesor Michael Braungart, director del Instituto Medioambiental de Hamburgo, las mascarillas que se venden al público les exponen a “un cóctel químico frente a nuestra nariz y boca cuya toxicidad o efectos sobre la salud a largo plazo nunca se han probado”.

“Lo que respiramos por la boca y la nariz son, de hecho, residuos peligrosos”, dijo Braungart.

El doctor Dieter Sedlak, director general y cofundador de Modern Testing Services en Augsburgo, también descubrió que las mascarillas contienen fluorocarbonos peligrosos que “son tóxicos para la salud humana y los científicos han pedido recientemente que se prohíban para usos no esenciales.

(*) https://eu.providencejournal.com/story/news/local/2020/12/25/mask-wearing-ri-may-continue-after-covid-under-control/4021655001/

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