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El gobierno de Australia recurre a programas de geolocalización para seguir a las personas sometidas a cuarentena

La pandemia ha sido el pretexto para introducir nuevas técnicas informáticas de vigilancia de la población. A principios de este año, el gobierno de Australia del Sur contrató una aplicación que utiliza programas de geolocalización y reconocimiento facial para seguir a las personas sometidas a cuarentena y recluidas en el interior de sus casas. En un comunicado oficial, anunció un contrato de 1,1 millones de dólares con una empresa para desarrollar una nueva aplicación para móviles que utiliza el reconocimiento facial y la tecnología de seguimiento por GPS para vigilar a las personas.

Las nuevas técnicas de control no proceden de los Ministerios de Interior, sino de los de Sanidad. El de Australia, Stephen Wade, dijo que la aplicación se utilizaría para rastrear a las personas que lleguen a Australia desde los focos pandémicos procedentes de otros estados, o que sean contactos cercanos o casuales de los casos locales, para garantizar que cumplen la cuarentena.

GenVis, una empresa tecnológica con sede en Perth, obtuvo el contrato de 1,1 millones de dólares tras una licitación en noviembre. La empresa desarrolló la aplicación G2G Now de Australia Occidental, que utiliza el reconocimiento facial y los datos de ubicación del móvil para comprobar si las personas en cuarentena permanecen recluidos en sus viviendas.

La descarga y utilización de la aplicación G2G es voluntaria, pero el gobierno anima a su utilización, afirmando que “garantiza su seguridad y la del resto de la comunidad, al tiempo que libera recursos policiales que de otro modo se gastarían en controles físicos más regulares”.

Las personas sometidas a cuarentena se tienen que descargar la aplicación G2G para demostrar que permanecen en sus casas. La aplicación se pone en contacto con personas al azar y les pide que proporcionen una prueba de su ubicación en un plazo de 15 minutos. “No les decimos con qué frecuencia ni cuándo, pero tienen que responder en un plazo de 15 minutos”, dijo Wade.

Si una persona no demuestra su ubicación o identidad cuando se le pregunta, la policía inicia un programa de control sobre ella.

GenVis ya prestó servicios al gobierno de Australia Occidental con G2G Now, un programa desarrollado en colaboración con la policía que no prosperó, según confesó Wade en el Parlamento.

Como es habitual, el gobierno promete que no retendrá ninguna información proporcionada por la aplicación. “Simplemente lo utilizamos para comprobar que la gente está donde dijo que iba a estar durante la cuarentena domiciliaria”. La aplicación será “totalmente compatible” con la normativa estatal y federal sobre intimidad, datos y gestión de registros. “Necesitamos una serie de herramientas para ayudar a proteger a todos los australianos del sur de la propagación del virus y mantener nuestra comunidad segura”, dijo Wade en un comunicado oficial.

“Estoy seguro de que la tecnología que hemos desarrollado en el gobierno de Australia Meridional se convertirá en la norma nacional y se implantará en todo el país”, añadió el ministro. La información será destruida al final de la pandemia… a menos que la policia la necesite.

Los pasaportes sanitarios son un medio para forzar a que las personas se vacunen

La noticia no es nueva; lo novedoso es la manera de obtener la confesión de un ministro de Sanidad, porque una cosa es el alpiste que los políticos lanzan ante los medios y otra, muy distinta, es lo que hablan en privado cuando creen que nadie les oye. Lo primero es un fraude bien conocido; lo otro es la política real.

Sin saber que estaba ante un micrófono en directo y que estaba siendo retransmitido por un canal de televisión, el ministro de Sanidad israelí, Nitzan Horowitz, que aparece en la foto de portada, admitió que los pasaportes de vacunación tenían como principal objetivo coaccionar a las personas para que se vacunen.

“La imposición de las normas de pasaporte verde en determinados lugares es necesaria para presionar al público a que se vacune, no por razones médicas”, reconoció Horowitz el domingo.

Sin saber que sus comentarios estaban siendo retransmitidos en directo por el Canal 12, el ministro dijo a su colega de Interior, Ayelet Shaked, que no sólo debía suprimirse el pasaporte de vacunas para comer en restaurantes al aire libre, sino también “para las piscinas”.

“Desde un punto de vista epidemiológico, eso es cierto”, admitió Horowitz. “Nuestro problema es la gente que no se vacuna. Tenemos que [presionarlos] un poco, o no vamos a salir de esta” situación.

El ministro siguió reconociendo que el sistema ni siquiera se estaba aplicando en la mayoría de los lugares. “Hay una especie de universalidad en el sistema de pasaporte verde, fuera de los centros comerciales, donde creo que debería imponerse, [porque] ahora está claro que no se aplica en ningún sitio”, reconoció.

Al principio Israel fue elogiado por la rapidez con la que empezó su programa de vacunación y luego con la imposicion de los pasaportes de vacunación, que se ha presentaron ante los medios como “un primer paso para salir del confinamiento”. Sin embargo, el gobierno de Tel Aviv ha ido de mal en peor y ha notificado recientemente su mayor número de “casos” diarios de coronavirus.

Aunque la amenaza de prohibir la entrada a muchos lugares públicos a las personas no vacunadas convenció a muchos jóvenes para que se vacunaran, el pasaporte de vacunas, una vez puesto en marcha, apenas se aplicó y se suprimió a finales de mayo. Cuando los “casos” empezaron a aumentar de nuevo a finales de este verano, se reintrodujo y amplió el sistema de pasaportes sanitarios.

Mientras tanto, Suecia, que nunca ha impuesto un confinamiento estricto, ha prohibido recientemente la entrada al país a los viajeros procedentes de Israel. El mundo al revés demuestra que las concepciones que exponen los “expertos” serían el mayor fracaso científico de todos los tiempos, de no ser porque su ciencia nunca ha aparecido por ninguna parte a lo largo de un año y medio de pandemia.

https://twitter.com/disclosetv/status/1437396043424059396

China pone en marcha la primera central nuclear de torio

Este mes China inaugura un prototipo de reactor nuclear de torio y sales fundidas. En 2030 comercializará la energía de estos reactores, que antes estaban destinados a la investigación científica exclusivamente.

En medio del desierto de Gobi, en el norte de China, se va a empezar a escribir una nueva página en la historia de la energía nuclear (1). La técnica, que se lleva proponiendo teóricamente desde hace décadas, no necesita agua para enfriar el núcleo. Esto permite que su reactor sea mucho más pequeño, barato y fácil de construir que las centrales nucleares convencionales.

No requiere una gran inversión para su puesta en marcha. Con unos de 3 metros de altura y 2,5 de ancho, el nuevo reactor puede proporcionar 100 megavatios de energía, menos que un reactor de uranio, pero suficiente para abastecer de electricidad a una población de 100.000 habitantes.

El torio es ua materia prima con muchas ventajas. Se encuentra en la naturaleza, pero también en los residuos nucleares existentes, por lo que podría resolver el problema de los almacenamientos radiactivos. Antes de poner en marcha la central nuclear, el torio se disuelve y se convierte en uranio 233, que se descompone en menos de 500 años, a diferencia del uranio 235 utilizado en los actuales reactores de agua a presión, que permanece radiactivo durante 10.000 años.

El fenómeno se conoce como “transmutación” y reduce la radiación de los residuos nucleares. Es un “reciclaje infinito” del combustible, en definitiva, una economía circular dentro de la industria nuclear.

Las miles de toneladas de uranio empobrecido que hay almacenadas garantizarían la independencia eléctrica durante cientos, e incluso miles de años. Como es habitual, la revista Nature pretende que el nuevo reactor también permitirá a China cumplir con sus compromisos internacionales contra el cambio climático (2). Sin embargo, un reactor convencional tendría el mismo efecto, por lo que la explicación hay que buscarla por otro lado.

El uso del torio tiene sentido para China porque es un materia prima abundante en el país, no como el uranio, del que apenas tiene reservas. Dos tercios de las reservas mundiales de torio se encuentran en depósitos de arenas minerales en las costas sur y este de India. También hay depósitos importantes en varios otros países: Australia, Brasil, Canadá, Egipto, Estados Unidos, Groelandia, Noruega, Rusia, Sudáfrica y Venezuela.

Hay otra ventaja para China: este tipo de reactor no necesita construirse cerca de cursos de agua, ya que las propias sales fundidas sirven como refrigerante. Los reactores se pueden trasladar a regiones aisladas y áridas, como el desierto de Gobi.

Además, la sal se aplica al propio combustible y se mezcla con él. Al trabajar a temperaturas más bajas, el reactor pueda operar con una presión cercana a la atmosférica en lugar de estar a presiones más altas como es el caso de las centrales de uranio.

Esta nueva técnica podría servir para dotar de energía a los buques de guerra chinos, como los portaaviones y los submarinos. También materia prima para el armamento nuclear. Estos reactores, además de producir energía, producen uranio 233, un isótopo que no existe en la naturaleza y que se usa para fabricar bombas atómicas.

China podría convertirse en un exportador de tecnología nuclear. El gobierno chino está estudiando la venta de estos nuevos reactores a sus socios de la Nueva Ruta de la Seda. Aunque la competencia es dura, China ha tomado la cabeza en un mercado gigantesco. El reactor chino es el primero de sal fundida que entra en funcionamiento en el mundo desde 1969, cuando Estados Unidos abandonó sus instalaciones del Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee.

Es todo un signo de los nuevos tiempos.

(1) https://www.gswuwei.gov.cn/art/2021/5/19/art_174_317815.html
(2) https://www.nature.com/articles/d41586-021-02459-w

El dirigente de Sendero Luminoso murió en la cárcel por una neumonía tras una huelga de hambre

La causa de la muerte de Abimael Guzmán, dirigente de Sendero Luminoso, fue una neumonía bilateral. La salud de quien fuera jefe del grupo armado Sendero Luminoso estaba deteriorada desde el 19 de julio pasado, cuando la dirección de la cárcel de máxima seguridad construida para él tras su captura en 1992, informó que estaba sometido a seguimiento médico.

Desde el 13 de julio se negaba a comer y fue sometido a diversos exámenes. Debido a una caída de la tensión y a su avanzada edad, 86 años, se determinó evacuarlo a un hospital, a lo que se negó.

El 20 de julio el recluso aceptó su traslado al hospital Naval, cercano a la base naval en la que está el presidio, y el 5 de agosto fue dado de alta y regresado a la cárcel.

La jefa del Instituto Nacional Penitenciario, Susana Silva, indicó que hasta el viernes último el preso fue atendido por un geriatra porque no comía y padecía un decaimiento extremo, por lo que una junta médica lo debía evaluar al día siguiente. Pero amaneció muerto.

El preso, que cumplía 30 años de la cadena perpetua a la que fue condenado, fue encontrado muerto el sábado a las 06:40,hora local, en la cama clínica que ocupaba en el presidio en el que permanecía aislado y era atendido por un geriatra.

La captura en 1992 fue un golpe importante contra Sendero Luminoso, cuya actividad armada decayó desde entonces, minado por las divisiones internas.

Comienza una investigación de las matanzas de niños indígenas de las poblaciones originarias de Estados Unidos

En Estados Unidos se ha iniciado una investigación de las matanzas de niños indígenas de las poblaciones originarias, que fueron, como en Canadá, arrebatados a sus familias y encarcelados en internados gestionados por el gobierno federal y las iglesias cristianas.

Decenas de miles de ellos desaparecieron entre 1820 y los años ochenta del siglo pasado. El número total todavía no se ha establecido, pero un erudito nativo, Preston McBride, ha estimado que la cifra podría superar ampliamente los 10.000 casos. En Canadá han encontrado los nombres de 6.000 niños que murieron o desaparecieron mientras estaban en internados cristianos.

En Estados Unidos pudo haber hasta 500 internados para niños indígenas y cada vez aparecen más fosas comunes en los cementerios de esos internados. En la última década se han producido varios descubrimientos. En 2015 la investigadora universitaria Marsha Small encontró varias fosas comunes en el emplazamiento del cementerio de la Escuela India Chemawa, en Oregón, tras registrar la zona con un radar.

La historiadora y experta en la tristemente célebre Escuela Industrial India de Carlisle, Barbara Landis, señaló las fosas comunes, así como el hecho de que los niños desaparecidos siguen siendo casos sin resolver. “De las 14 lápidas que encontramos, hallamos los nombres de todas menos de dos”.

La investigación del genocidio es independiente de las instituciones federales, que llevan más de 100 años encubriendo el crimen y carecen de credibilidad. Los que “juzgan” son los mismos que cometieron el crimen hace más de un siglo. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá no fue más que un intento de encubrir el genocidio.

Los dirigentes indígenas han hecho un llamamiento para obtener información sobre los niños que nunca volvieron a casa y desaparecieron después de ser enviados a internados de Estados Unidos. Quieren obligar al gobierno de Estados Unidos a proporcionar todos los registros sobre las escuelas y los niños que fueron encarcelados allí, incluidos los niños desaparecidos.

Varias organizaciones están reuniendo documentos y pruebas para presentarlos al Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias (UNWGEID). A través del UNWGEID, los grupos indígenas pedirán a Estados Unidos que “proporcione un recuento completo de los niños indígenas que fueron enviados a los internados y cuya suerte y paradero siguen siendo desconocidos”, según el comunicado de prensa.

“El gobierno de Estados Unidos nunca ha aceptado la responsabilidad de las repercusiones intergeneracionales de la política y el programa de internados, que apartaron a miles de niños indígenas de sus familias y comunidades desde 1869 hasta una fecha tan reciente como la década de 1980 con el propósito declarado de la asimilación forzosa. Estados Unidos aún no ha proporcionado cifras exactas sobre el número de niños que murieron mientras estaban bajo la custodia del gobierno bajo esta política, ni ha aportado pruebas de que las familias implicadas fueran informadas sistemáticamente de la muerte o desaparición de sus hijos, a pesar de los numerosos intentos de obtener esta información”, señala el comunicado.

La solicitud pide lo siguiente:

  • el número de internados establecidos para estudiantes nativos entre 1819 y 1972 que fueron apoyados por un presupuesto o por políticas federales

  • el presupuesto que fue asignada por el gobierno federal para el funcionamiento de los internados y la identidad de cada una de estas escuelas, iglesias, misiones u otros receptores de fondos federales

  • la ubicación geográfica de cada una de estas escuelas, el número de estudiantes para cada año de funcionamiento y la identidad de cada estudiante trasladado a estas escuelas, incluyendo su afiliación tribal

  • el destino de cada uno de estos alumnos, si volvieron a casa, si fueron trasladados a otros lugares para seguir formándose, o si murieron y fueron enterrados en las escuelas o en cualquier otro cementerio.

El número de desastres meteorológicos no se ha multiplicado por cinco

Con el transcurso de los años, el escenario internacional se ha llenado de organismos supranacionales. A ellos hay que añadir los organismos regionales: latinoamericanos, africanos, europeos… Algunos de los más recientes tienen pretensiones científicas y sus informes crean un canon, como ocurre en cualquier religión. Un documento respaldado por un organisno internacional, como la OMS, tiene un peso mucho mayor que cualquier otro, se reproduce con mayor frecuencia y, en el caso de resultar erróneo, es una pesadilla tratar de que se corrija un error.

Uno de esos organismos cientificos interncionales es la OMM (Organización Meteorológica Mundial), que hoy toca poner bajo la lupa en relación con el informe publicado a finales de agosto, titulado “Atlas Mundial de la Mortalidad y las Pérdidas Económicas Causadas por los Fenómenos del Tiempo, el Clima y el Agua” (*). En realidad, los organismos internacionales, como la OMM, no elaboran nada por sí mismos, sino que subcontratan los estudios a terceros. En este caso, el Atlas es obra de 12 autores, está avalada por 6 revisores y, naturalmente, por la cúpula de la organización.

Las tesis siguen el tópico posmoderno de que cada vez hay más desastres naturales y cada vez son más graves, aunque el estudio no se basa en ninguna fuente nueva. Todas las cifras utilizadas proceden de una base de datos establecida a lo largo de los años por el Cred, un instituto de la Universidad de Lovaina, en Bélgica. Se trata, pues, de un estudio nuevo con datos antiguos.

Con el paso de los años las bases de datos, como la del Cred, se van llenando. Cada vez hay más instituciones que informan de desastres, por lo que parece que cada vez hay más desastres. Al final cualquier acontecimiento meteorológico es un desastre. Es un desastre que llueva poco y es otro desastre que llueva torrencialmente.

En los años 80 y 90, Cred llegaba a 90 países y en 2019 a 120, pero eso es algo de lo que el Atlas Mundial no dice nada, por lo que induce al error.

Los tres parámetros que utiliza la OMM (número de sucesos, número de víctimas mortales, coste de los daños) no tienen ningún sentido y el número bruto de desastres naturales tampoco. Hasta el escolar más distraído sabe que sólo se pueden sumar cantidades homogéneas. No se puede sumar una ola de calor con una inundación catastrófica para obtener dos desastres.

Un país de ciclones tropicales, como Estados Unidos, los clasifica en 6 grupos diferentes, lo que no ocurre con el Atlas Mundial.

Es preferible recurrir al número de muertes como indicador porque es algo homogéneo, cualquiera que sea el desastre y, por lo tanto, se pueden sumar. Pero no en todos los países los registros de defunción son fiables. La fiabilidad de los registros va mejorando en muchos países, por lo que no se deberían comparar las cifras de muertos por un tornado en 1970, con los de la actualidad.

Las muertes plantean otro problema serio: demostrar que han sido causadas por el desastre. Por ejemplo, el Atlas Mundial considera que el desastre más mortífero del mundo en los últimos 50 años ha sido la sequía de 1983 en Etiopía, que causó 300.000 muertos. Pero la sequía coincidió en el tiempo con una violenta guerra contra el gobierno progresista que mató al ganado, destruyó los equipos agrícolas, quemó las cosechas y mató de hambre sistemáticamente a poblaciones enteras. Los 300.000 muertos no se pueden atribuir, pues, a la sequía y, en consecuencia, es posible que no haya sido el peor desastre mundian de los últimos cincuenta años.

El coste de los daños es otra de las varas de medir que utiliza el Atlas Mundial, pero supone salir del terreno meteorológico para ir al económico, a los precios y a la inflación. La OMM pasa ampliamente de indicarlo siquiera.

Con el tiempo se han producido cambios en cada país. Unos son demográficos, otros suponen crecimiento del PIB y, finalmente, cada vez se implementan más medidas contra los desastres. Desde 1975, que el Atlas se toma como referencia inicial, la población mundial aumentó un 81 por ciento. Si la frecuencia y la violencia de las desastres naturales se hubieran mantenido constantes, el número de muertes también se habría duplicado. Sin embargo, el número de muertes ha disminuido un 67 por cien.

El coste de los daños está en función del desarrollo económico, de los edificios, fábricas, puentes o cultivos. A más desarrollo, más daños causará una inundación o un tornado. El Atlas de la OMM tampoco menciona esta circunstancia.

A pesar de las chapuzas, el Atlas Mundial coincide en el tópico posmoderno de la intimidación seudocientífica: el número de desastres naturales se ha quintuplicado. Es el típico documento destinado a la propaganda, a los medios y a comer la cabeza a los estudiantes menos atentos.

—https://public.wmo.int/en/media/news/atlas-of-mortality-and-economic-losses-from-weather-climate-and-water-extremes-1970-2019

El 80 por ciento de las muertes atribuidas al ‘covid’ en Escocia son de personas vacunadas

En el mes de agosto, el 80 por ciento de las personas que han muerto “por covid” en Escocia se habían vacunado, según los datos oficiales del Instituto Escocés de Salud Pública (PHS, Public Health Scotland). El programa de vacunación contra el coronavirus es, pues, un fracaso. Las vacunas no previenen la circulación del virus, lo cual es algo que ya estaba admitido, y aumentan el riesgo de hospitalización y muerte, en lugar de reducirlo.

Como los demás organismos públicos, el PHS presenta las cifras de manera que el asunto quede convenientemente tapado. En lugar de hacer un balance semana a semana, incluyen las muertes hasta el 29 de diciembre del año pasado. Según esos datos, hubo 3.102 muertes en la población no vacunada, 279 muertes en la población parcialmente vacunada y 298 muertes en la población totalmente vacunada. Parece, pues, que la mayoría de las muertes “por covid” se producen en la población no vacunada. En cosecuencia, las vacunas previenen las hospitalizaciones y muertes “por covid”, como era de esperar.

Sin embargo, esos datos incluyen el momento cumbre de la llamada “segunda ola”, cuando sólo el 9 por ciento de la población había recibido una dosis y sólo el 0,1 por ciento de la población total estaba totalmente vacunada. De ahí resulta que la mayor parte de los muertos y hospitalizados no estaban vacunados.

Pero el análisis tiene que ser mucho más fino, recurriendo a los informes más recientes en los que la mayor parte de la población ya está vacunada. De esa manera se deduce que entre el 5 y el 26 de agosto de este año el número de muertes atribuidas al “covid” ha sido el siguiente:

  • población no vacunada: 25 muertes
  • población parcialmente vacunada: 6 muertes
  • población totalmente vacunada: 92 muertes

Esto significa que en agosto de este año la población no vacunada representó sólo el 20 por ciento de las muertes atribuidas al “covid”, mientras que la población totalmente vacunada representó el 75 por ciento.

Entre el 19 y el 26 de agosto de este año el número de muertes atribuidas al “covid” se distribuye de la siguiente manera:

  • población no vacunada: 6 muertes
  • población parcialmente vacunada: 2 muertes
  • población totalmente vacunada: 34 muertes

Los porcentajes son, pues, aún más mayores: el 86 por ciento de las muertes “por covid” corresponden a personas vacunadas contra el “covid”.

La conclusión es que, en lugar de reducir el riesgo de muerte “por covid”, las vacunas lo aumentan en un 566 por ciento.

—https://theexpose.uk/2021/09/08/exclusive-80-percent-of-covid-19-deaths-in-august-were-people-who-had-been-vaccinated/

Las olas de calor perjudican su salud pero las de frío son aún peores

A comienzos de mes los editores de más de 230 revistas médicas, entre ellas The Lancet, publicaron un editorial conjunto (1) en el que advierten que un calentamiento planetario de 1,5ºC sería catastrófico para la salud humana. Por ello, los gobiernos deberían acelerar la “lucha” contra el aumento de las temperaturas, que está provocado por esa entelequia a la que llaman “el hombre”.

El editorial señala los vínculos entre el calentamiento (“crisis climática”) y una serie de efectos nocivos para la salud en los últimos 20 años, entre ellos, la deshidratación y la pérdida de la función renal, el cáncer de piel, las infecciones tropicales, los problemas de salud mental, las complicaciones en el embarazo, las alergias, las enfermedades cardíacas y pulmonares, y las muertes asociadas. El editorial también menciona que hay efectos adversos en la producción agrícola y, por tanto, hambre.

No hay, pues, problema de salud que no esté relacionado con el calor, por más que la mayor parte de las muertes se produzcan en invierno, a causa de frío, y por ello antiguamente los médicos siempre recomendaron a las personas de salud frágil que se fueran a vivir a un clima más cálido. Ahora es el revés.

Las revistas médicas pecan de oportunismo. Del 1 al 12 de noviembre Glasgow acoge la 26 Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP26) y empiezan a aparecer las presiones. Quieren influir en las votaciones. En otras palabras, no es un artículo científico sino una manipulación política.

Ni los médicos ni las revistas de medicina tienen un criterio propio sobre el clima, por lo que se limitan a repetir la retórica dominante, expresada en los informes del IPCC. Sin embargo, cuando los escandinavos viajan al sur de Europa de vacaciones, la diferencia de temperatura ambiental es muy superior a 1,5ºC y repiten la experiencia cada año, sin que su salud se vera perjudicada, ni mucho menos.

Las olas de calor han matado a muchos ancianos, dice el editorial, aunque calla que las de frío matan mucho más. Por ejemplo, un artículo de 2015 de la propia revista The Lancet aseguró que las olas de frío matan 17 veces más personas que las de calor. “El frío causó más muertes atribuibles a la temperatura (7,29 por ciento, 7,02-7,49) que el calor (0,42 por ciento, 0,39-0,44). Las temperaturas extremas de frío y calor fueron responsables del 0,86 por ciento (0,84- 0,87) de la mortalidad total” (2).

Un científico de verdad lo resumiría de la siguiente manera: los cambios bruscos de temperatura matan a las personas, especialmente a los ancianos y a quienes padecen una salud frágil, sobre todo cuando las temperaturas se reducen.

Las olas de calor están aumentando a escala mundial, dice el editorial. Por lo tanto, habrá más gente que las sufra. Lo que no dice es que el concepto “ola de calor” está muy lejos de ser uniforme, por lo que es muy difícil establecer una media mundial. ¿Hay alguien en su sano juicio que afirme que la subida de 1,5ºC de la temperatura es una ola de calor?

Un estudio científico de 2015 sostenía, por el contrario, que lo que influye en la salud no es tanto el cambio de temperatura sino su duración en el tiempo: “Dentro de la misma región, el riesgo de mortalidad aumentó con el incremento de la intensidad/duración de la ola de calor. Sin embargo, en las diferentes regiones, el efecto conjunto de las olas de calor sobre la mortalidad no mostró una tendencia creciente apreciable con el aumento de la intensidad/duración” (3).

Los médicos también se visten de jornaleros para sostener lo siguiente: “El calentamiento global también está contribuyendo a la disminución del potencial de rendimiento mundial de los principales cultivos, que ha caído entre un 1 y un 5-6 por ciento desde 1981”. La tesis no es errónea en sí misma, ya que el rendimiento de varios cultivos se ha estancado en los últimos años. Pero no menciona que la producción mundial agraria está aumentando.

La producción y la productividad son dos cosas diferentes. En su informe “Perspectivas Agrícolas OCDE-FAO 2021-2030”, la FAO y la OCDE afirman que “durante los próximos diez años, se espera que la producción agrícola mundial aumente un 1,4 por ciento anual; esto representa una desaceleración en comparación con el crecimiento de la producción registrado en la década anterior (1,7 por ciento anual). Así que no vamos a pasar hambre, porque la producción está aumentando. Hay que recordar que no sólo la temperatura es importante para los cultivos, sino también el agua, la luz solar, los niveles de CO2, los pesticidas, las técnicas de cultivo, etc. En el futuro, el aumento de la producción de cultivos estará vinculado a una intensificación del uso de insumos, inversiones en tecnología y técnicas agrícolas mejoradas, principalmente en los países de bajos ingresos” (4).

Los “expertos” de pacotilla no cejan en sus esfuerzos por mantener al mundo asustado. Cuando se les agota una tontería, pasan a la siguiente. A lo largo de la historia los científicos nunca habían caído tan bajo.

(1) https://www.bmj.com/content/full-list-authors-and-signatories-climate-emergency-editorial-september-2021
(2) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(14)62114-0/fulltext
(3) https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26878285/
(4) https://www.oecd-ilibrary.org/docserver/e32fb104-fr.pdf

La falsa matanza de Timisoara y otros cuentos de terror que cuentan los reporteros

Timisoara es una ciudad rumana que casi nadie conocía hasta que el 22 de diciembre de 1989 saltó una “noticia” impresionante: había aparecido una fosa común con 4.630 cuerpos asesinados por balas, cadáveres mutilados por bayonetas y torturados. Muchos de ellos eran niños, enterrados con sus juguetes. Muy posiblemente seguirían apareciendo cadáveres porque se había abierto una “investigación”.

“Las cifras que se manejan de víctimas de los combates en Timisoara en la última semana oscilan entre los 5.000 y 12.000 muertos, mientras los heridos superan la cifra de 50.000”, escribió la corresponsal de El País (*). ¿Se dan cuenta? ¡Las cifras se manejan!, o mejor dicho, algunos manejan las cifras.

De la noche a la mañana Ceaucescu dejó de ser el “gran amigo de occidente”. Escasos de ingenio, los medios le calificaron de “vampiro”. Había dejado Rumanía en el desastre más absoluto. Los medios llamaron a sostener a la población con “ayuda humanitaria”: alimentos, medicinas, ropa… Se trataba de justificar el derrocamiento y posterior asesinato del “dictador”, un criminal sin escrúpulos al estilo de los que luego se hicieron famosos: Milosevic, Saddam Hussein, Gadafi, Bashar Al-Assad…

La terrible policía secreta de Ceaucescu, decían los medios, cargaba los camiones con cadáveres para llevarlos a otras fosas comunes y luego les disparaba en la cabeza a los conductores para que no pudieran revelar el lugar del enterramiento. Timisorara se convirtió en la “ciudad mártir” de la humanidad.

Hay mentiras tan gruesas que parecen ser verdad, sobre todo si van acompañadas de fotos. “Una imagen vale más que mil palabras”. Las espeluznantes fotos de la carnicería de Timisoara recorrieron el mundo, en una época en la que no había redes sociales, ni preocupación por la “posverdad”, ni verificadores de hechos. Entonces todo colaba, especialmente la propaganda anticomunista.

En fin, en aquella época estaba muy claro dónde estaba la fuente de las mentiras, quien se inventaba las “noticias” sin ninguna clase de escrúpulos. Los medios primero empezaron a rebajar la cifra de muertos; eran muchos menos de 4.630. Finalmente no había ninguno. Algunos huesos eran de animales y los cadáveres habían sido desenterrados de un cementerio para pobres, maquillados y puestos sobre el suelo para que los corresponsales los fotografiaran.

Una “noticia” así tapa otras realidades, como que el derrocamiento de Ceaucescu estaba muy lejos de haber sido pacífico, ya que había 700 rumanos muertos, o que en aquel preciso momento el ejército de Estados Unidos estaba invadiendo Panamá y disparando contra todo el que se movía.

Tras el descubrimiento del fraude, el filósofo italiano Giorgio Agamben dijo que era “el primer triunfo mundial de la sociedad del espectáculo”. Ignacio Ramonet habló de una “televisión necrófila”, ávida de crímenes, matanzas y toda clase de desgracias, sean sociales o naturales. “La falsa fosa común de Timisoara es probablemente el mayor engaño desde la invención de la televisión”, escribió el periodista. Ahora ya estamos acostumbrados a que nos engañen, pero entonces fue una sorpresa, sobre todo para los menos avisados en este tipo de montajes.

La mentira es una industria que genera beneficios, tantos más cuanto más gruesa es y más se adorna con términos apocalípticos, como “genocidio” y otros. Por el contrario, la verdad ni se compra ni se vende. Es extraño ver dinero en torno a quienes indagan sobre la verdad.

(*) https://elpais.com/diario/1989/12/24/internacional/630457201_850215.html

Los ancianos han muerto en los asilos de Canadá por falta de personal y de cuidados

Muchos ancianos han muerto en Canadá por no haber comido o bebido lo suficiente en los asilos y residencias de larga duración, afirmó el jueves en una entrevista el doctor Vinh-Kim Nguyen, médico de urgencias del Hospital General Judío de Montreal, encargado de tratar los casos de coronavirus en la capital canadiense.

En las últimas semanas, varios ancianos trasladados a hospitales desde los asilos y residencias de larga duración no han muerto por el coronavirus, sino por la falta de alimentos y agua. “Está claro que no todas las muertes que hemos visto [en el hospital] son atribuibles al covid-19”, dijo el doctor Vinh-Kim.

Debido a la escasez de personal en los centros de atención residencial y de larga duración, los ancianos que habían sido abandonados a su suerte fueron trasladados al hospital en malas condiciones, añadió el médico.

“No había suficiente [personal en los asilos] para alimentar a estas personas. Así que murieron de hambre. Hay que decirlo. Lo que vemos en el hospital son pacientes que llegan completamente deshidratados, con insuficiencia renal, porque no han bebido lo suficiente durante muchos días”.

En la mayoría de los casos “se trata de ancianos confusos con problemas cognitivos que ya tenían una mala salud. La deshidratación y la desnutrición agravaron su estado y contribuyeron a su muerte”, aseguró Vinh-Kim, quien se considera testigo de varias muertes de este tipo en su hospital.

Vinh-Kim afirma que las condiciones de los ancianos residentes en las residencias empeoraron cuando se prohibieron las visitas de los familiares, porque “a menudo proporcionaban parte de los cuidados a estos ancianos tan pobres”.

Michèle Charpentier, profesora de trabajo social en la Universidad de Quebec, comparte el diagnóstico del médico. “Está claro que hay muertes colaterales en la crisis de covid-19. Son las personas en los CHSLD [asilos] las que mueren por deshidratación, falta de cuidados, falta de atención y confort de sus seres queridos”, dijo en una entrevista.

La profesora, especialista en gerontología, asegura que algunos ancianos de los asilos se dejaron morir. “Se dejan llevar, ya no comen. Están deshidratados y probablemente experimentan formas de ansiedad y depresión por el contexto que les rodea”.

Charpentier habló de casos desgarradores de ancianos frágiles y confusos que se encuentran en una situación de gran angustia tras haber sido apartados de sus familias. “Hay una ruptura total con las personas que los ancianos quieren, que son importantes para ellos”.

A causa de las medidas sanitarias, muchos se presentaban enmascarados ante los ancianos. “¡Qué horror! Imaginemos por un momento cómo reacciona ante esta situación una señora polaca de 94 años (que no habla ni francés ni inglés), que tiene déficits cognitivos, que no puede ver a su hija ni a su hijo y que no entiende lo que está pasando. Ve a mucha gente que no conoce con máscarillas. Puedes imaginar su angustia”.

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