mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 578 de 1516)

La guerra contra bacterias y virus es autodestructiva

Las dos obras fundacionales que constituyen la base teórico-filosófica del pensamiento occidental contemporáneo, de la concepción de la realidad, de la sociedad, de la vida, y que han sido determinantes en las relaciones de los seres humanos entre sí y con la Naturaleza son “La riqueza de las naciones” de Adam Smith y “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” de Charles Darwin. La concepción de la naturaleza y la sociedad como un campo de batalla en el que dos fuerzas abstractas, la selección natural y la mano invisible del mercado rigen los destinos de los competidores, ha conducido a una degradación de las relaciones humanas y de los hombres con la naturaleza sin precedentes en nuestra historia que está poniendo a la humanidad al borde del precipicio.

El creciente abismo entre los países victimas de la colonización europea y los países colonizadores, las decenas de guerras permanentes, siempre originadas por oscuros intereses económicos, la destrucción imparable de ecosistemas marinos y terrestres… sólo pueden conducir a la Humanidad a un callejón sin salida. La gran industria farmacéutica se puede considerar, dentro de este proceso destructivo, un claro exponente de la aplicación de estos principios y de sus funestas consecuencias. La concepción del organismo humano y de la salud como un campo para el mercado, como un objeto de negocio, unida a la visión reduccionista y competitiva de los fenómenos naturales ha conducido a una distorsión de la función que, supuestamente, le corresponde, que puede llegar a constituir un factor más a añadir a los desencadenantes de la catástrofe. Un ejemplo dramáticamente ilustrativo de los peligros de esta concepción es el alarmante aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, que puede llegar a convertirse en una grave amenaza para la población mundial, al dejarla inerme ante las infecciones. El origen de este problema se encuentra en los dos conceptos mencionados anteriormente, que se traducen en el uso abusivo de antibióticos ante el menor síntoma de infección, su utilización masiva para actividades comerciales como el engorde de ganado, y su comercialización con evidente ánimo de lucro, pero, sobre todo, de la consideración de las bacterias como patógenos, “competidores” que hay que eliminar.

Esta concepción pudo estar justificada por la forma como se descubrieron las bacterias, antes “inexistentes”. El hecho de que su entrada en escena fuera debido a su aspecto patógeno, unido a la concepción darwinista de la naturaleza según la cual, la competencia es el nexo de unión entre todos sus componentes, las estigmatizó con el sambenito de microorganismos productores de enfermedades que, por tanto, había que eliminar. Sin embargo, los descubrimientos recientes sobre su verdadero carácter y sus funciones fundamentales para la vida en nuestro planeta han transformado radicalmente las antiguas ideas. Las bacterias fueron fundamentales para la aparición de la vida en la Tierra, al hacer la atmósfera adecuada para la vida tal como la conocemos mediante el proceso de fotosíntesis. También fueron responsables de la misma vida: las células que componen todos los organismos fueron formadas por fusiones de distintos tipos de bacterias de las que sus secuencias génicas se pueden identificar en los organismos actuales.

En la actualidad, son los elementos básicos de la cadena trófica en el mar y en la tierra y en el aire y siguen siendo fundamentales en el mantenimiento de la vida: “Purifican el agua, degradan las sustancias tóxicas, y reciclan los productos de desecho, reponen el dióxido de carbono a la atmósfera y hacen disponible a las plantas el nitrógeno de la atmósfera. Sin ellas, los continentes serían desiertos que albergarían poco más que líquenes”, incluso en el interior y el exterior de los organismos (en el humano su número es diez veces superior al de sus células componentes).

La mayor parte de ellas son todavía desconocidas y se calcula que su biomasa total es mayor que la biomasa vegetal terrestre. Con estos datos resulta evidente que su carácter patógeno es absolutamente minoritario y que en realidad es debido a alteraciones de su funcionamiento natural producidas por algún tipo de agresión ambiental ante la que reaccionan intercambiando lo que se conoce como “islotes de patogenicidad” una reacción que, en realidad, es una reproducción intensiva para hacer frente a la agresión ambiental.

De hecho, se ha comprobado que los antibióticos no son realmente “armas” antibacterianas, sino señales de comunicación que, en condiciones naturales, utilizan, entre otras cosas, para controlar su población: “Lo que los investigadores conocen sobre los microbios productores de antibióticos viene fundamentalmente de estudiarlos en altos números como cultivos puros en el laboratorio, unas condiciones artificiales comparadas con su número y diversidad encontrados en el suelo”. A pesar de todos estos datos reales, se puede comprobar cómo la industria farmacéutica sigue buscando “nuevas armas” para combatir a las bacterias.

Los virus han seguido, con unos años de retraso, el mismo camino que las bacterias, debido a que su descubrimiento fue más tardío a causa de su menor tamaño. Descubiertos por Stanley en la enfermedad del “mosaico del tabaco” fueron, lógicamente, dentro de la óptica competitiva de la naturaleza, incluidos en la lista de “rivales a eliminar”. Es evidente que algunos de ellos provocan enfermedades, algunas terribles, pero, ¿no estará en el origen de éstas algún proceso semejante al que ya parece evidente en las bacterias? Veamos los datos más recientes al respecto: El número estimado de virus en la Tierra es de cinco a veinticinco veces más que el de bacterias. Su aparición en la Tierra fue simultánea con la de las bacterias y la parte de las características de la célula eucariota no existentes en bacterias (ARN mensajero, cromosomas lineales y separación de la transcripción de la traslación) se han identificado como de procedencia viral. Las actividades de los virus en los ecosistemas marinos y terrestres son, al igual que las de las bacterias, fundamentales.

En los suelos, actúan como elementos de comunicación entre las bacterias mediante la transferencia genética horizontal y en el mar tienen actividades tan significativas como estas: En las aguas superficiales del mar hay un valor medio de 10.000 millones de diferentes tipos de virus por litro. Su densidad depende de la riqueza en nutrientes del agua y de la profundidad, pero siguen siendo muy abundantes en aguas abisales. Su papel ecológico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies que componen el placton marino (y como consecuencia del resto de la cadena trófica) y entre los diferentes tipos de bacterias, destruyéndolas cuando las hay en exceso.

Como los virus son inertes, y se difunden pasivamente, cuando sus «huéspedes» específicos son demasiado abundantes son más susceptibles de ser infectados. Así evitan los excesos de bacterias y algas, cuya enorme capacidad de reproducción podría provocar graves desequilibrios ecológicos, llegando a cubrir grandes superficies marinas. Al mismo tiempo, la materia orgánica liberada tras la destrucción de sus huéspedes, enriquece en nutrientes el agua. Su papel biogeoquímico es que los derivados sulfurosos producidos por sus actividades, contribuye… ¡a la nucleación de las nubes! A su vez, los virus son controlados por la luz del sol (principalmente por los rayos ultravioleta) que los deteriora, y cuya intensidad depende de la profundidad del agua y de la densidad de materia orgánica en la superficie, con lo que todo el sistema se regula a sí mismo. Hasta el 80 por ciento de las secuencias de los virus marinos y terrestres no son conocidas en ningún organismo animal ni vegetal. En cuanto a sus actividades en los organismos, los datos que se están obteniendo los convierten en los elementos fundamentales en la construcción de la vida.

Además de las características de la célula eucariota no existentes en las bacterias que se han identificado como procedentes de virus, más significativo aún es el hecho de que la inmensa mayor parte de los genomas animales y vegetales está formada por virus endógenos que se expresan como parte constituyente de éstos y elementos móviles y secuencias repetidas derivadas de virus que se han considerado erróneamente durante años “ADN basura” gracias a la “aportación científica” de Richard Dawkins con su pernicioso libro “El gen egoísta”. Entre éstas, los genes homeóticos fundamentales, responsables del desarrollo embrionario, cuya disposición en los cromosomas de secuencias repetidas en tandem revela un evidente origen en retrotransposones (capaces de hacer, con la ayuda del genoma, duplicaciones de sí mismos), a su vez derivados de retrovirus.

Una de las funciones más llamativas es la realizada por los virus endógenos W, cuya misión en los mamíferos consiste en la formación de la placenta, la fusión del sincitio-trofoblasto y la inmunosupresión materna durante el embarazo. Pero la cantidad, no sólo de “genes” sino de proteínas fundamentales en los organismos eucariotas (especialmente multicelulares) no existentes en bacterias y adquiridas de virus sería inacabable, aunque, en ocasiones, los propios descubridores, llevados por la interpretación darwinista las consideran aparecidas misteriosamente (“al azar”) en los eucariotas y adquiridas por los virus a los que acusan de “secuestradores”, “saboteadores” o “imitadores” sin tener en cuenta que los virus en estado libre son absolutamente inertes, y que es la célula la que utiliza y activa los componentes de los virus. Por eso, resultan absurdas las acusaciones, que estamos cansados de oír, de que los virus “mutan para evadir las defensas del hospedador”. Las “mutaciones” se producen durante los procesos de integración en el ADN celular debido a que la retrotranscriptasa viral no corrige los “errores de copia”.

En definitiva, e independientemente de la incapacidad para la comprensión de la importante función de los virus en la evolución y los procesos de la vida motivada por la asfixiante concepción reduccionista y competitiva de las ideas dominantes en Biología, los datos están disponibles en los genomas secuenciados hasta ahora. En el genoma humano se han identificado entre 90.0000 y 300.0000 secuencias derivadas de virus. La variabilidad de las cifras es debida a que depende de que se tengan en consideración virus completos o secuencias parciales derivadas de virus. Es decir, también están en nuestro interior. Cumpliendo funciones imprescindibles para la vida. Pero también sabemos que los virus endógenos se pueden activar y “malignizar” como consecuencia de agresiones ambientales. Es decir, por más que la concepción dominante de la naturaleza, la que nos parecen querer imponer los interesados en la lucha contra ella, sea la de un sórdido campo de batalla plagado de “competidores” a los que hay que eliminar, lo que nos muestra la realidad es una naturaleza de una enorme complejidad en la que todos sus componentes están interconectados y son imprescindibles para el mantenimiento de la vida. Y que son las rupturas de las condiciones naturales, muchas de ellas causadas por esta visión reduccionista y competitiva de los fenómenos de la vida, las que están conduciendo a convertir a la naturaleza desequilibrada en un verdadero campo de batalla en el que tenemos todas las de perder.

El peligroso avance de la resistencia bacteriana a los antibióticos se puede considerar como el más claro exponente de las consecuencias de la irrupción de la competencia y el mercado en la naturaleza, pero hay otra consecuencia de esta actitud que nos puede dar una pista de hasta donde pueden llegar si se continúa por este camino: Desde 1992 hasta 1999, el periodista Edward Hooper siguió el rastro de la aparición del SIDA hasta un laboratorio en Stanleyville en el interior del Congo, por entonces belga, en el que un equipo dirigido por el Dr. Hilary Koprowski, elaboró una vacuna contra la polio utilizando como sustrato riñones de chimpancé y macaco. El “ensayo” de esta vacuna activa tuvo lugar entre 1957 y 1960, mediante un método muy habitual “en aquellos tiempos”, la vacunación de más de un millón de niños en diversas “colonias” de la zona. Niños cuyas condiciones de vida (y, por tanto, de salud) no eran precisamente las más adecuadas. En un debate en el que el periodista expuso sus datos, Hooper fue vapuleado públicamente por una comisión de científicos que negaron rotundamente esa relación, aunque no se consiguió encontrar ninguna muestra de las vacunas. Parece comprensible que los científicos no quieran ni siquiera pensar en esa posibilidad. Desde entonces, se han publicado varios “rigurosos” estudios que asociaban el origen del sida con mercados africanos en los que era práctica habitual la venta de carne de mono o, más recientemente, “retrasando” la fecha de aparición hasta el siglo XIX mediante un supuesto “reloj molecular” basado en la comparación de cambios en las secuencias genéticas de virus. Lo que ni Hooper ni Koprowsky podían saber era que los mamíferos tenemos virus endógenos que se expresan en los linfocitos y que son responsables de la inmunodepresión materna durante el embarazo. En la actualidad, Koprowsky es uno de los científicos con más patentes a su nombre.

Las barreras de especie son un obstáculo natural para evitar el salto de virus de una especie a otra. Son necesarias unas condiciones extremas de estrés ambiental o unas manipulaciones totalmente antinaturales para que esto ocurra. Y todo esto nos lleva al cuestionamiento de de muchos conceptos ampliamente asumidos que, como ajeno profesionalmente al campo de la medicina, sólo me atrevo a plantear a los expertos en forma de preguntas para que sean ellos los que consideren su pertinencia: Si tememos en cuenta que las secuencias genéticas de los virus endógenos y sus derivados están implicadas en procesos de desarrollo embrionario, se expresan en todos los tejidos y en muchos procesos metabólicos, inmunológicos, ¿cuál es la verdadera relación de los virus con el cáncer o con las enfermedades autoinmunes? ¿son causa o consecuencia? Es decir, ¿existen epidemias de cáncer o artritis o son los tejidos afectados los que emiten partículas virales? Si tenemos en cuenta que la inmunidad es un fenómeno natural que cuenta con sus propios procesos para garantizar el equilibrio con los microorganismos del entorno, la introducción artificial de microorganismos “atenuados” o partes de ellos en el organismo ¿no producirá una distorsión de los mecanismos naturales incluyendo un posible debilitamiento del sistema inmune que favorecería la posterior susceptibilidad a distintas enfermedades?

Y, finalmente, si tenemos en cuenta que la existencia en la naturaleza de “virus recombinantes” procedentes de dos especies diferentes es tan extraña que posiblemente sea inexistente debido a la extremada especificidad de los virus. ¿De dónde vienen esos extraños virus con secuencias procedentes de cerdos, aves y humanos? En el caso hipotético de que los verdaderos intereses de la industria farmacéutica fueran los beneficios económicos, la enfermedad se convertiría en un negocio, pero las vacunas serían, sin la menor duda, el mejor negocio. Ya hemos visto repetidamente hasta donde pueden llegar las dos industrias que, junto con la farmacéutica, constituyen los mercados que más dinero “generan” en el mundo: la petrolera y la armamentística. Sería un duro golpe para los ciudadanos convencidos de que están en buenas manos comprobar que una industria aparentemente dedicada a cuidar la salud de los ciudadanos fuera en realidad otra siniestra máquina acumuladora de dinero capaz de participar en las turbias maquinaciones de sus compañeras de ranking como, por ejemplo, controlar prestigiosas organizaciones internacionales para favorecer sus propios intereses. La concepción de la naturaleza basada en el modelo económico y social del azar como fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de cambio (progreso) impone la necesidad de «competidores» ya sean imaginarios o creados previamente por nosotros y está dañando gravemente el equilibrio natural que conecta todos los seres vivos. Pero la Naturaleza tiene sus propias reglas en las que todo, hasta el menor microorganismo y la última molécula, están involucrados en el mantenimiento y regulación de la vida sobre la Tierra y tiene una gran capacidad de recuperación ante las peores catástrofes ambientales. El ataque permanente a los elementos fundamentales en esta regulación, la agresión a la “red de la vida”, puede tener unas consecuencias que, para nuestra desgracia, sólo podremos comprobar cuando la Naturaleza recobre el equilibrio.

https://telegra.ph/LA-GUERRA-CONTRA-BACTERIAS-Y-VIRUS-UNA-LUCHA-AUTODESTRUCTIVA-09-22

El programa de espionaje más potente jamás desarrollado: Pegasus

Pegasus es el programa de espionaje más potente jamás desarrollado, asegura The Guardian. Puede convertir un móvil en un dispositivo de vigilancia 24 horas, capturando mensajes, claves, fotos, búsquedas en internet y otros datos.

Se basa en la tecnología “zero click”, que permite apoderarse del funcionamiento de cualquier teléfono sin que su titular realice ninguna operación. El pirata también puede controlar la cámara de vídeo y el micrófono sin que se entere siquiera.

Pegasus, que opera desde 2011, puede controlar decenas de miles de teléfonos de cualquier parte del mundo. Fue elaborado por el ejército israelí y comercializado a través de la empresa NSO, que está a punto de salir a bolsa en Tel Aviv con una cotización creciente de sus acciones.

El programa se distribuyó a los países y gobiernos amigos de Israel, que también ha creado otros recursos informáticos, como Falcon Eye, para Emiratos Árabes Unidos. Israel cuenta con el mayor número de empresas de vigilancia, seguridad y piratería de todo el planeta porque, a diferencia de otro tipo de armas de guerra, las aplicaciones informáticas están fuera de cualquier regulación internacional.

Es significativo que sólo un país considera a Pegasus como lo que realmente es, un arma de guerra.

El año pasado Naftali Bennett, actual Primer Ministro israelí y entonces ministro de Defensa, propuso reclutar a la empresa NSO para “luchar contra el coronavirus”, es decir, normalizar la vigilancia y convertir la liquidación definitiva del derecho a la intimidad de la población en un negocio muy rentable.

El espionaje, sobre todo cuando se lleva a cabo de forma masiva, como en este caso, crea interesa constradictorios. Todos quieren espiar, pero nadie quiere ser espiado. Por eso en 2019, WhatsApp, propiedad de Facebook, presentó una demanda contra NSO por piratería y a esa batalla legal, que no ha terminado, se sumaron luego Microsoft y otros monopolios tecnológicos que, a su vez, colaboran con Israel en la vigilancia y censura de los palestinos. Por ejemplo, Microsoft ha invertido en una empresa israelí de reconocimiento facial que vigila a los palestinos en Cisjordania.

Es una guerra de todos contra todos. Unos países compraron el programa Pegasus para controlar a sus enemigos externos e internos, pero los que han destapado el asunto tampoco son lo que parecen. Como además es una guerra subterránea, se presta toda clase de asuntos turbios, con la participación de los tentáculos del omnipresente Soros y otros, no tan conocidos, como Pierre Omidyar, fundador de Ebay y Luminate.

Es extraño que un asunto de piratería masiva conocido desde 2016, al menos, se haya destapado ahora, cuando algunas de las víctimas ya han sido asesinadas.

También es muy extraño que en 2018 se conociera un elenco de 45 países en los que operaba Pegasus, mientras que sólo se han destapado 11 de ellos, casi todos con papeles marginales en los escenarios mundiales, como México o Marruecos.

El programa Pegasus es, pues, como los Papeles de Panamá, de los que ya nadie se acuerda: es más lo que se oculta que lo que nos han contado hasta ahora. Quienes lo aplicaron tienen mucho que esconder y quienes lo destaparon también.

En Austria los parados que no se vacunen se quedarán sin prestaciones sociales

En Austria los solicitantes de empleo que rechacen un puesto de trabajo en una empresa alegando que les exigen vacunarse se verán privados temporalmente de prestaciones.

El ministro de Trabajo austriaco ha decidido bloquear las prestaciones de desempleo a los solicitantes de empleo que no se presenten a un puesto de trabajo cuando se les exija la vacuna o no acepten un trabajo que se les ofrezca únicamente por este motivo.

El diario austriaco Der Standard difunde una carta enviada el 25 de agosto por el ministro conservador Martin Kocher al Arbeitsmarktservice (AMS), la agencia austriaca de empleo (*).

“¿Es legítimo presionar a las personas no vacunadas?”, se pregunta el periódico. Algunas empresas austriacas han optado por la vacunación obligatoria, incluidas las profesiones sanitarias y sociales en algunas regiones. Los sectores del comercio y la industria han empezado a exigir también la vacunación como condición previa al empleo.

Los parados que rechacen una oferta de trabajo por estos motivos se enfrentan a severas sanciones y la oficina de empleo austriaca suspenderá las prestaciones “durante seis semanas”.

La AMS dice que espera una serie de problemas en la aplicación de esta nueva medida. El Ministerio de Trabajo trata de restar importancia a la medida, explicando que la AMS no obligará a nadie a vacunarse y no puede comprobar si un desempleado está vacunado o no. Pero como las empresas son libres de exigir la vacunación, en los próximos meses la AMS se enfrentará probablemente a algunas cuestiones complicadas.

(*) https://www.derstandard.de/story/2000129692270/job-nur-mit-impfung-ams-sperrt-verweigerern-das-arbeitslosengeld

El agente naranja, el arma que Estados Unidos lanzó en Vietnam sigue matando

Durante la guerra, Estados Unidos roció Vietnam con 45 millones de litros de napalm, un arma biológica. A más de 40 años, la población sigue enfrentando malformaciones y tierras contaminadas.

Durante la Guerra de Vietnam, a manera de una estrategia de guerra que inmovilizara a los locales, se planteó el uso del ‘agente naranja’ como una alternativa efectiva para hacer un daño inesperado. Estados Unidos nunca se ha hecho responsable por lanzar este poderoso herbicida sobre los civiles de Laos. Años después de que las hostilidades terminaron, las minorías étnicas de ambos países asiáticos siguen padeciendo las consecuencias de interactuar con el Napalm: una de las armas biológicas más corrosivas de las que se tiene registro en la historia.

La toxina que hace que el Napalm sea tan poderoso es la TCDD. Con ésta, se planteó la posibilidad de destruir el follaje de Vietnam, de manera que los soldados estadounidenses pudieran localizarlos más fácilmente. Entre la maleza y la densidad de la selva, difícilmente podrían haber tenido oportunidad de ganar terreno sobre el Vietcong, las Fuerzas Armadas locales.

Además de ser letal para las plantas, este componente tóxico es corrosivo para la piel. Después de dejar lesiones cutáneas parecidas al acné, a su paso, deja quemaduras negras. Una vez que ingresa al organismo, sin embargo, genera graves repercusiones en los órganos internos —particularmente en el hígado. Fue así que más de 45 millones de litros de agente naranja fueron rociados desde helicópteros y aviones estadounidenses sobre la selva y la población.

En total, se tiene registro de que Estados Unidos envió 6.000 misiones para devastar la selva de Laos y Vietnam con el agente naranja. A diferencia de la creencia popular, no se le conoce así por un código de espionaje. Sencillamente era el color con el que se etiquetaba a los barriles con la sustancia activa. Una serie de rayas naranjas eran la indicación para que pudiera usarse: listo para destruir. Las heridas siguen a flor de piel sobre las víctimas.

La Guerra de Vietnam tuvo lugar entre 1965 y 1975. Durante esa década, las hostilidades de Estados Unidos frente a las fuerzas del Vietcong poco pudieron hacer para vencer las estrategias bélicas de los locales. A pesar de que los soldados estadounidenses no lograron ganar el conflicto armado, lo cierto es que el agente naranja sigue cobrando víctimas, a casi 50 años de terminadas las hostilidades.

Más allá de las personas que murieron entre esa década trágica para Asia, el problema de las armas biológicas es que se perpetúan en los organismos de los sobrevivientes. La guerra termina en el exterior, pero permanece por generaciones en los cuerpos de las personas. Además de las consecuencias inevitables para el metabolismo de quienes recibieron directamente la sustancia, las mujeres embarazadas padecieron también los efectos nocivos.

Muchos de los fetos que recibieron directamente el agente naranja de sus madres nacieron con malformaciones. Generación tras generación de personas en Vietnam han nacido enfermas como consecuencia de la interacción intrauterina con el agente naranja. Aunque diversas personas afectadas por esta arma biológica se han unido en organizaciones de la sociedad civil para exigir sus derechos de guerra, sus demandas han caído en una caja negra, sin respuesta.

—https://www.muyinteresante.com.mx/historia/la-historia-del-agente-naranja-el-arma-biologica-de-la-guerra-de-vietnam-que-sigue-cobrando-vidas/

Para hacer caja China tiene que empezar a vender sus empresas públicas al capital extranjero

Hace dos semanas advertimos de la quiebra de la inmobiliaria china Evergrande y hace años que venimos insistiendo en que el crecimiento de la deuda, pública y privada, del país asiático era insostenible, hasta el punto de que las medidas del gobierno para frenarla no son suficientes. Incluso da la impresión de que China no puede afrontar su endeudamiento recurriendo a sus propias fuerzas y busca auxilio en otros mercados, como Wall Street, a pesar de las sanciones económicas de Estados Unidos.

En China están en quiebra las inmobiliarias tanto como los bancos, por lo que un fondo buitre como Blackrock ha salido al rescate, estableciéndose en el país asiático, quizá al olor de la carroña, como el cadáver de Evergrande, y saltándose el embargo.

Evergrande es sólo la punta de un iceberg de muchas empresas chinas gigantescas y muy endeudadas en las que, aparte del Estado, sólo un fondo buitre está dispuesto a invertir. Hasta la fecha el Banco Central de China no ha intervenido y las expriencias pasadas no son buenas. El gobierno del Pekín también un “banco malo” para tapar los agujeros de los bancos buenos, Huarong, y el tiro salió por la culata. El rescatador tuvo que ser recatado en agosto.

Huarong es una de las cuatro empresas públicas creadas a raíz de la crisis financiera asiática de 1998 para gestionar los activos de las empresas en quiebra. Aunque es propiedad mayoritaria del Estado, desde 2014 ha vendido acciones al capital extranjero, lo que indica que el Banco Central chino no era capaz por sí mismo de lograr el rescate.

La deuda de Huarong era de poco más de 200.000 millones de dólares; la de Evergrande es de casi 300.000. La crisis financiera de China “se está convirtiendo en una bola de nieve”, escribe F. William Engdahl, y a la crisis financiera se le ha sumado la inmobiliaria, una burbuja que puede dejar sin vivienda a decenas de miles de propietarios que se han endeudado o han pagado sus casas antes de que se construyeran.

Se trata, pues, de una crisis económica y política a la que el gobierno llega tarde. “La vivienda es para vivir, no para especular”, ha dicho Xi Jinping. La construcción y venta de inmuebles representa más del 28 por ciento del PIB chino, según las estimaciones oficiales. Si el gobierno chino pincha la burbuja inmobiliaria, las deudas se quedarán si pagar. Muchas empresas quebrarán y en su caída arrastrarán a otras.

El Banco Central chino pudo digerir la quiebra de Huarong y puede digerir también la de Evergrande, es decir, puede seguir combatiendo los síntomas, pero la enfermedad seguirá y será cada vez peor. Hace falta cirujía, pero es difícil saber dónde empezar a cortar el grifo. Parece que los rescates se han acabado. La Nueva Ruta de la Seda ya ha recortado sus presupuestos y los grandes proyectos de obras van a hacer lo mismo, tanto a escala central como local.

China tiene que empezar a vender para hacer caja y por eso ha aparecido Blackrock, al que seguirán otros fondos buitre detrás de bocados jugosos, como la gigantesca red de ferrocarriles de alta velocidad, la mayor del mundo. Hay muchas perlas así.

Pfizer retira de la venta sus pastillas para dejar de fumar porque provocan cáncer

Es peor el remedio que la enfermedad. Pfizer ha retirado todos los lotes de su tratamiento antitabaco, Champix, debido a los altos niveles de agentes cancerígenos llamados nitrosaminas en las pastillas.

La empresa farmacéutica interrumpió la distribución del medicamento en junio, y ya ha retirado varios lotes del mismo hasta ahora.

En un comunicado, Pfizer pidió a los mayoristas y distribuidores que dejaran de utilizar y distribuir los comprimidos inmediatamente (*).

La empresa dijo que no había riesgo inmediato para los pacientes que toman Chantix, pero les aconsejó que consultaran con su proveedor de atención médica para comprobar la disponibilidad de tratamientos alternativos.

En 2019 la multinacional consiguió que la seguridad social financiara su medicamento.

Champix, llamado Chantix en Estados Unidos, fue aprobado por la FDA en mayo de 2006 como medicamento de venta con receta para ayudar a los adultos mayores de 18 años a dejar de fumar y suele utilizarse durante 12 a 24 semanas.

La retirada llega tras una fuerte campaña de las multinacionales farmacéuticas contra el vapeo, que trataron de sustituir por sus propios remedios.

(*) https://cdn.pfizer.com/pfizercom/2021-09/Press-Release-Chantix-All-Lots-16SEP21.pdf

La campaña de vacunación es una campaña publicitaria como otra cualquiera

En una sociedad capitalista sólo se vende y sólo tiene salida en los mercados aquello que se promociona. Las vacunas, como cualquier otra mercancía, las han vendido las grandes empresas mundiales de publicidad, subcontratadas por los gobiernos para fabricar una “imagen de marca” con ayuda de “expertos” y periodistas.

Las empresas publicitarias, como las farmacéuticas, son empresas privadas, que llenan sus bolsillos con adjudicaciones, licitaciones y dinero público, en definitiva. California, por ejemplo, subcontrató la distribución de vacunas a la empresa Blue Shield, una compañía de seguros de salud, por 15 millones de dólares, más otros 13 millones de dólares para la multinacional McKinsey, uno de los grandes gigantes mundiales de la publicidad.

Lo mismo hicieron otros 25 estados. “La campaña de vacunación estadounidense llegó a depender de gigantes mundiales como McKinsey y Boston Consulting Group”, concluye el Washington Post (*), lo cual es muy extraño: la logística de las vacunas se encomendó a empresas publicitarias que nada tienen que ver con ello, porque lo importante no era el transporte ni la inoculación sino el lavado de cerebro publicitario o, como dice el periódico, “generar confianza” en las vacunas.

Otra empresa publicitaria Deloitte, trabajó en 10 estados. Boston Consulting Group recibió millones de dólares del gobierno federal para coordinar la planificación de las vacunas, además de otros 11 estados que también contrataron a la misma empresa, en algunos casos pagándole para que resolviera las deficiencias de la planificación federal.

No tiene nada que ver con “salvar vidas”. Se venden vacunas como se venden candidatos a las elecciones. Algunos contratistas publicitarios contribuyeron a las campañas electorales y a los proyectos de los políticos electos que luego se convirtieron en clientes, lo que ha provocado acusaciones de favoritismo, y… un favor se paga con otro. Por ejemplo, el gobernador de California, Gavin Newsom, subcontrató a Blue Shield porque es su cajero, el holding que financia sus campañas políticas.

Además de la publicidad, los gobiernos también subcontrataron el rastreo de contactos, por lo que dependan cada vez más de las empresas privadas para salvaguardar la salud pública. Las empresas, no sólo las farmacéutcas, están deseando que haya nuevas pandemias y enfermedades para volver a firmar más contratos.

Por 4,9 millones de dólares, los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) también encargaron a Boston Consulting Group la planificación de la distribución y administración de vacunas, según un contrato firmado con la empresa en septiembre del año pasado y ampliado este marzo por otros 4,7 millones de dólares.

Desde que comenzó la pandemia, Boston Consulting Group ha obtenido contratos con el Departamento de Salud y Servicios Humanos, la agencia matriz de los CDC, por valor de más de 165 millones de dólares.

Las empresas consultoras carecen de experiencia en logística y vacunación y ahora los medios se lamentan de que no cumplieron sus compromisos. Nadie sabe cuáles fueron esos compromisos, por la opacidad de las cláusulas. Las empresas realizaban servicios rudimentarios, como tomar notas durante las llamadas entre los estados y los CDC, y luego organizar esa información en diapositivas para las presentaciones promocionales.

No fueron los médicos, sino Boston Consulting Group, quien convocó a la burocracia sanitaria de siete estados del noreste para discutir políticas que iban desde la inmunización de personas de fuera del estado, hasta la aceleración de las inoculaciones en los asilos de ancianos.

Ha sido una privatización encubierta. Los recortes en los presupuestos en sanidad acabaron en contratos millonarios de publicidad con empresas privadas. Debido a la falta de fondos públicos para la sanidad, Pensilvania contrató a Boston Consulting Group por casi 13 millones de dólares porque su sistema de salud era incapaz de vacunar a la población masivamente.

Ohio recurrió a McKinsey, firmando un contrato de 6 millones de dólares que posteriormente se amplió por otros 2,6 millones para vender la moto de las vacunas a los medios de comunicación.

Los estados que no subcontrataron la vacunación a empresas privadas fueron los que más dinero gastan en salud. Vermont, el primer estado en suministrar una dosis al 80 por ciento de los residentes, no contrató consultores. Tampoco lo hizo Colorado, el estado con mejores resultados en las Montañas Rocosas, ni Nuevo México, en el suroeste. Estos estados gastan más per cápita en salud pública que Pensilvania u Ohio.

(*) https://www.washingtonpost.com/health/2021/08/22/private-consultants-vaccination-drive-outsourced/

De ratones y mujeres

Tengo una amiga con un ratón en casa. No es que haya acudido a mí histérica y me lo haya confesado pidiéndome solución rápida por ser yo defensor de los animales, ni por tanto pretende con ello que le solucione el «problema». Porque no hay tal. El roedor vive en su casa desde hace algo más de un año; emprende sus correrías cuando toca y se abastece de lo que pilla cuando procede. ¿Cómo consiguió el pequeño entrar en la vivienda de mi amiga?, se preguntarán ustedes. (Y si no lo hacen es lo mismo, porque lo voy a contar de igual manera). Pues por la puerta, el sitio más lógico incluso para un ratón. O no tanto. En realidad, nuestro amigo ingresó en su nuevo hogar en estado de semiinconsciencia, tendido cuan largo era sobre el fondo de una caja de zapatos, cubículo perfecto para su traslado desde la calle, donde no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, menos si tenemos en cuenta que acababa de ser rescatado de las fauces de un gato callejero, quien, quizá sin mala intención, dio rienda suelta por un momento a su ancestral instinto. (Nadie le culpa por ello).

Imagino que durante los primeros días le invadiría el desconcierto ―al ratón, digo―, pero enseguida pareció amoldarse con pasmosa naturalidad a su nuevo hábitat. Bien es cierto que a ello ayudó el hecho de que mi amiga le procurase desde el inicio el condumio necesario en cantidad suficiente, y él lo agradece no dejando ni rastro de los presentes. Mi amiga no lo ve con frecuencia, pues es sabido que los ratones son grandes amantes de la discreción, pero escucha a diario sus patitas cuando al anochecer él despierta y se dispone a iniciar su particular jornada. Sabe que le espera su platito de cereales ―de los del desayuno de humanos, de marca, pues a lo bueno se acostumbra uno enseguida―, mas no es ésa su comida favorita, pues tal honor se lo lleva la harina integral: pasión es lo que tiene por ella. Porque en casa de mi amiga se hace pan a diario, con productos naturales y sin conservantes, con lo que es fácil adivinar de dónde le viene al muy pendenciero la salud de hierro de la que parece gozar hasta la fecha, por cuanto conviene aportar como dato adicional que nuestro protagonista pasó en pocas semanas de esmirriado a rollizo.

Durante meses el ratoncito confió en sus anfitriones, dado que estos nunca mostraron hacia él el menor atisbo de agresividad. Pero todo cambió el día en que trataron de capturarlo con el loable deseo de ofrecerle la libertad en el campo. El susto que se llevó el pequeñajo al verse acorralado en el pasillo por la pareja de grandullones hizo que a partir de entonces perdiera toda fe en los humanos, lo que en cierta forma refuerza la tesis de que los animales ―ratones incluidos― poseen una inteligencia bastante mayor que la que nuestro antropocentrismo les atribuye.

No será la primera vez que una visita advierte de repente la presencia del enano y pega un brinco en la silla, situación que mi amiga trata de reconducir con un lacónico “no te preocupes, es de casa”. La visita despeja entonces las exiguas dudas que albergaba sobre el equilibrio emocional de la dueña: piensa que está loca. Y algo de ello debe de haber, pues en una sociedad que masacra a inocentes animales en masa por los motivos más triviales, adoptar a un ratón como refugiado necesariamente tiene que suponer por fuerza algún tipo de síndrome ético no diagnosticado hasta la fecha.

A mi amiga le horroriza pensar que alguien pueda enterarse de su secreto fuera de su círculo más íntimo, y de hecho yo no creo estar desvelándolo si la mantengo a ella en el anonimato. A veces me cuenta entre cómplice y emocionada detalles de su convivencia diaria con un ser que tiene sus horarios, sus preferencias, e incluso sus manías. Me hace partícipe de su particular experiencia: compartir piso con un pequeño duende que con toda seguridad envejecerá con dignidad, a buen recaudo de los monstruos humanos que hemos endosado a los roedores la poco amigable etiqueta de “plaga a exterminar”, como si nosotros no fuéramos de hecho la peste más destructiva que el mundo haya conocido. Él acabará sus días sin haber sentido nunca los insoportables retortijones del veneno, sin haber sido perseguido por una horda de jovencitos con aviesas intenciones, sin haberse visto en la necesidad de vivir exiliado en el permanente destierro de las alcantarillas. Él es un ratón feliz, o al menos todo lo razonablemente feliz que pueda ser un ratón. Porque los ratones sienten, créanme. Eligen entre diferentes posibilidades si se les da la oportunidad. Y ―¿sorpresa?― optan por aquello que les ofrece sensaciones agradables, al tiempo que rechazan el dolor. Ser ratón no implica necesariamente ser imbécil, como ya habrán adivinado.

Apuesto a que pocos de ustedes conocen una historia como la de mi amiga y su ratón. Y de conocerla, hay muchos boletos para que esté protagonizada por una mujer. Porque es este un apartado especialmente significativo para quienes hemos estudiado en algún grado el fenómeno de nuestro comportamiento con los animales. Tal vez sea una chaladura de las mías, pero me dio por pensar que las mujeres han acabado desarrollando una especial empatía hacia los más débiles: las víctimas humanas y animales. Si algo de eso hay, tengo pocas dudas de que tal virtud les viene dada por conocer bien lo que significa ser pateada, golpeada, expulsada de casa; conocer lo que es verte sin hijos y sin futuro, ser paria entre las parias. Son muchos siglos de estigma de mujer, y eso pesa como una cruz de cemento. Pero sobre todo lo saben por la experiencia ancestral de haber cuidado de la prole, adquiriendo la habilidad de dar la teta al bebé, hacer la comida y mantener la choza en condiciones razonablemente dignas. Otro día hablamos de las habilidades masculinas, que también las hay. Pero hoy tocan las chicas.

Recuerdo haber asistido como público a una conferencia del cineasta Juanma Bajo Ulloa en Barcelona, hace de esto ya unos cuantos años. Confesaba Juanma en un momento dado que en las fiestas brutas de los pueblos donde se martirizan animales él solo veía hombres, que las gradas de las plazas de toros estaban ocupadas fundamentalmente por hombres, que quienes cazan animales por diversión son hombres en su práctica totalidad… y que en aquella sala veía sobre todo mujeres. Podría pensarse que el bueno de Juanma recurría por la siempre fructífera corrección política el aplauso fácil de la audiencia. Apenas le conozco en lo personal (cumplimos con el preceptivo interés mutuo por el otro al cruzarnos en el barrio), pero seguro estoy de que lo decía con absoluto convencimiento, y de que era su corazón quien hablaba por él.

Una epidemia de despidos, ERTE y liquidación de los derechos de los trabajadores

Todas y cada una de las medidas adoptadas por el gobierno del PSOE y Podemos con el pretexto de la pandemia son ilegales, e incluso contrarias a las libertades fundamentales reconocidas por el derecho internacional. La llamada “crisis sanitaria” ha servido para dar un Golpe de Estado en la mayor parte de los países, que ha llegado a alcanzar cotas aberrantes.

Por si eso no fuera suficiente, los aparatos represivos han aprovechado las medidas excepcionales para iniciar auténticas cacerías, lo que ha conducido al caos y a un fraude generalizado, cuyas víctimas han sido los trabajadores, que padecieron despidos y ERTE en sus empresas. A finales del mes pasado, casi 300.000 trabajadores seguían sometidos a los ERTE.

La Inspección de Trabajo ha detectado fraude en uno de cada seis ERTE que ha analizado, un total de más de 5.000 infracciones que han supuesto sanciones por valor de 26 millones de euros.

Los fraudes consistían en mantener la empresa activa, a pesar de estar sumida en un ERTE de suspensión, o trabajar más horas de las establecidas.

Esta semana el Tribunal Supremo abre un proceso por el fraude de algunos de dichos ERTE, que afectan a Ryanair y ArcelorMittal, que la Audiencia Nacional ya declaró ilegales, junto con los despidos masivos de Zener Plus. El juicio afecta a más de 8.000 trabajadores y la Fiscalía ha pedido que acuerde la nulidad.

En abril del año pasado la siderúrgica ArcelorMittal impuso un ERTE para más de 8.000 trabajadores en lo que la Audiencia Nacional definió como un uso “torticero” de las normas de emergencia en materia laboral en una empresa cuyo ERTE había comenzado en 2009.

En octubre del año pasado la Audiencia Nacional también declaró fraudulento el ERTE de Ryanair, que afectaba a más de 200 trabajadores. La aerolínea había incluido de forma fraudulenta a más de 180 trabajadores de Canarias despedidos en un ERE que también había sido anulado por los tribunales. La empresa los readmitió sólo para poder incluirles en el nuevo ERTE pandémico y de esa manera trató de eludir el abono de los salarios de tramitación.

El año pasado la empresa Zener afrontó un total de 65 despidos, casi una tercera parte de la plantilla, entre contratos temporales, despidos disciplinarios y trabajadores despedidos tras el periodo de prueba, que los tribunales declararon nulos… Todos y cada uno de ellos en todas y cada una de las modalidades que utilizó la empresa.

Los archivos de la CIA muestran que Estados Unidos utilizó armas biológicas durante la Guerra de Corea

Los archivos desclasificados de la CIA muestran que Estados Unidos utilizó armas biológicas durante la Guerra de Corea, y las huellas de la Unidad 731 están “por todas partes”, asegura el historiador estadounidense Jeffrey Kaye.

Kaye, ex psicólogo clínico en San Francisco, expuso el uso de la tortura en Guantánamo en un libro publicado en 2017. Más tarde centró su atención en la guerra biológica estadounidense durante la Guerra de Corea, cuyos registros fueron sistemáticamente censurados y destruidos durante la caza de brujas de McCarthy.

Sin embargo, Kaye obtuvo abundantes pruebas, incluido el Informe de la Comisión Científica Internacional (ISC) para la Investigación de los Hechos de la Guerra Bacteriológica en Corea y China, así como las confesiones de 25 pilotos estadounidenses. El año pasado obtuvo “la última pieza del rompecabezas”.

“La CIA ha publicado cientos de documentos previamente clasificados”, dijo Kaye. “He encontrado unos 20 que se refieren a la guerra biológica”.

Los documentos, basados en un trabajo de la Agencia de Seguridad de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que descifró, tradujo y analizó las comunicaciones internas de China y de Corea del norte, muestran que el personal militar de ambos países, ajeno al espionaje, informó de ataques bacteriológicos, enfermedades y muertes.

“La huella de la Unidad 731, que tanto Estados Unidos como Japón encubrieron, estaba por todas partes”, dijo Kaye, y añadió: “Las mismas personas [en el Servicio de Guerra Química de Estados Unidos] que habían defendido y presionado a favor de la amnistía y la colaboración con [el dirigente de la Unidad 731] Shiro Ishii y sus tropas, acabaron defendiendo la guerra biológica más tarde y fueron colocados en puestos de responsabilidad en 1950-51”.

Tras señalar que su conclusión se basa en documentos disponibles públicamente, incluidos los desclasificados por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en las últimas décadas, Kaye dijo que le sorprendía que estos documentos hubieran pasado desapercibidos a lo largo de los años.

También señaló que los miembros de la Unidad 731 fueron amnistiados después de la Segunda Guerra Mundial por el entonces Comandante Supremo Aliado Douglas MacArthur, y que MacArthur observó con interés el potencial de la guerra biológica de Ishii “en climas fríos”, como el noreste de China, Corea del norte y la Unión Soviética.

“Por supuesto, Fort Detrick fue y sigue siendo el centro de la investigación de guerra biológica de los Estados Unidos. En la década de 1950, Fort Detrick también colaboró estrechamente con la CIA y creó una división llamada de Operaciones Especiales que producía armas biológicas”, dijo Kaye.

Varios miembros del personal de Fort Detrick que trabajaban con armas biológicas murieron en rápida sucesión tras los ataques biológicos estadounidenses durante la Guerra de Corea, sin que las investigaciones militares se hicieran públicas, añadió Kaye.

La guerra biológica estadounidense era secreta. “De hecho, en sus confesiones, los pilotos de alto rango… mencionaron la extrema importancia del secreto [en la guerra biológica] a riesgo de un consejo de guerra, y que incluso algunos de los pilotos no sabían lo que llevaban”, apunta Kaye.

Para encubrir la guerra biológica, Estados Unidos censuró sistemáticamente la información, llevó a cabo persecuciones y destruyó pruebas, asegura Kaye: “Cualquiera que lograra obtener esta información fue perseguido durante la era McCarthy, y también los periodistas”.

Los archivos desclasificados de la CIA son coherentes con las pruebas aportadas por el informe del ISC y las confesiones de los pilotos. “Digo que ahora tenemos una preponderancia de pruebas de que Estados Unidos está involucrado en una campaña de guerra biológica”, por lo que pidió una comisión internacional de investigación.

“La única manera de crear confianza y restablecer la diplomacia, y evitar tensiones agresivas, sería hacer justicia con los crímenes del pasado”, concluyó.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies