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Reino Unido registra 290 muertes y 18.354 cardiopatías tras la vacunación

Por fin, el 29 de noviembre la Agencia de Seguridad Sanitaria de Reino Unido (UKHSA) reconoció que los problemas cardíacos constituyen un riesgo asociado a las vacunas contra el coronavirus.

Hasta el 17 de noviembre se habían notificado 686 miocarditis y 578 pericarditis tras la inyección de las vacunas en el sistema Tarjeta Amarilla de Reino Unido, que registra los efectos adversos.

Se notificaron 18.354 eventos cardíacos y se registraron 290 muertes. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los efectos adversos no se notifican al registro.

La UKHSA ha publicado una guía clínica (1) para apoyar la detección y el tratamiento de los casos clínicos de miocarditis y pericarditis asociados a las vacunas de coronavirus, en particular, en niños y menores de 40 años.

La primera sección de la guía, denominada “Contexto”, enumera algunos puntos importantes. La quinta que “la miocarditis… se ha descrito en un alto porcentaje de niños ingresados en los hospitales”.

La guía no menciona que las complicaciones atribuidas al “covid” en los grupos de edad más jóvenes son increíblemente extraordinarias.

“Casi 10.000 personas más de lo habitual han muerto en los últimos cuatro meses por razones distintas al covid, mientras que los expertos han pedido una investigación gubernamental urgente para saber si estas muertes eran evitables”, informaba The Telegraph a mediados del mes pasado (2). “Los datos de la Agencia de Seguridad Sanitaria de Reino Unido muestran que desde el verano se han producido miles de muertes más que la media de cinco años por insuficiencia cardíaca, enfermedades del corazón, problemas circulatorios y diabetes”, añadía.

El periódico señalaba también que el número de muertos en viviendas particulares es también un 41 por ciento superior a la media de cinco años.

A principios de octubre, un informe de la red de ambulancias descubrió que las llamadas a urgencias por pérdida de conocimiento, paradas cardíacas y paradas respiratorias estaban por encima de la media prevista y de los niveles previos al brote. Las muertes entre el 19 de junio y el 17 de septiembre de 2021 entre los adolescentes, de 15 años o más, aumentaron un 47 por cien en comparación con el mismo periodo del año pasado (3). El aumento de las muertes comenzó cuando los adolescentes empezaron a recibir las vacunas.

El aumento de las muertes de adolescentes también se correlaciona con un aumento significativo de las llamadas a emergencias por parada cardíaca.

“El exceso de muertes que estamos observando son muertes circulatorias -se trata de accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio- y son mucho más frecuentes en los jóvenes que en los grupos de mayor edad”, ha declarado la doctora Clare Craig, que ha pedido una investigación sobre la tendencia del exceso de mortalidad (4).

A principios de septiembre el JCVI (Comité Mixto de Vacunación e Inmunización) no se atrevió a justificar las inyecciones experimentales en niños.

El 19 de julio la Agencia Europea del Medicamento (EMA) envió una comunicación directa a los profesionales de la salud sobre el riesgo de miocarditis y pericarditis tras las vacunas (5). El documento no difiere del dictamen clínico de la UKHSA.

El 23 de agosto el PHE, el sistema británico de salud pública, publicó una declaración en el mismo sentido: “Basándose en el análisis de los datos del Reino Unido e internacionales, ha habido una señal de aumento de los casos de miocarditis y pericarditis tras la vacunación con las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna […] Se han notificado casos de miocarditis y pericarditis en el Reino Unido tras la vacunación con las vacunas covid-19 […] Se cree que los casos notificados tras la vacuna AZ [AstraZeneca] reflejan la tasa de fondo esperada de estas afecciones” (5).

Según el informe de la UKHSA, hubo 533 casos de miocarditis y 389 de pericarditis tras las vacunaciones, pero no indica cuántos casos se produjeron tras las inyecciones de AstraZeneca, que ha sido la más utilizada en Reino Unido.

En 2017 el PHE calculó en 2.000 el número de ingresos hospitalarios por miocarditis. Cuatro años después las vacunas han multiplicado esa cifra: “En algunos casos de miocarditis no relacionados con la vacuna Covid-19, la enfermedad puede progresar a una miocardiopatía dilatada e insuficiencia cardíaca crónica, con evidencia que implica a la miocarditis en el 12% de las muertes súbitas en adultos menores de 40 años”.

(1) https://www.gov.uk/government/publications/myocarditis-and-pericarditis-after-covid-19-vaccination/myocarditis-and-pericarditis-after-covid-19-vaccination-guidance-for-healthcare-professionals
(2) https://www.telegraph.co.uk/news/2021/11/16/nhs-delays-height-pandemic-linked-thousands-extra-non-covid/
(3) https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/1021620/NASS_Bulletin_2021_38.pdf
(4) https://dailyexpose.uk/2021/11/14/dr-clare-craig-unusual-heart-disease-statistics-and-censorship/
(5) https://dailyexpose.uk/2021/10/08/less-than-10-percent-of-children-over-age-12-have-had-the-covid-vaccine/
(6) https://www.gov.uk/government/publications/covid-19-vaccination-myocarditis-and-pericarditis-information-for-healthcare-professionals/information-for-healthcare-professionals-on-myocarditis-and-pericarditis-following-covid-19-vaccination

El gobierno británico pretende criminalizar las manifestaciones

Las enmiendas de última hora introducidas por el gobierno de Boris Johnson en el proyecto de ley sobre policía, delitos, sentencias y tribunales son un intento descarado de reprimir las protestas. Priti Patel, la ministra del Interior, insertó 18 páginas adicionales en el proyecto de ley después de su paso por la Cámara de los Comunes y tras la segunda lectura en la Cámara de los Lores. Esto parece una táctica deliberada para evitar el control parlamentario efectivo. Sin embargo, hay un silencio ensordecedor en gran parte de los medios de comunicación británicos.

Entre las nuevas enmiendas hay medidas que prohibirían a los manifestantes encadenarse o sujetarse a otra persona, objeto o elemento en el suelo. Estas medidas están redactadas de forma tan vaga que podrían aplicarse a cualquier persona que se encadene en cualquier lugar, con el riesgo de una condena de 51 semanas de prisión.

Obstaculizar de cualquier manera las grandes obras de transporte también será delito, con una pena que puede llegar a las 51 semanas de cárcel. Es un intento de detener las grandes protestas contra la construcción de carreteras y la ampliación del aeropuerto.

Otras enmiendas amplían en gran medida las facultades de detención y registro de la policía. La policía tendrá derecho a detener y registrar a personas o vehículos si sospecha que llevan un instrumento que se pueda utilizar en las protestas prohibidas, lo que presumiblemente incluye pancartas, folletos y carteles.

Otras nuevas facultades darían a la policía el derecho a detener y registrar a las personas sin necesidad de sospechas, si creen que se va a celebrar una manifestación en esa zona. Cualquiera que se resista a la búsqueda podría ser encarcelado hasta 51 semanas.

Las actuales facultades de detención y registro se utilizan de forma desproporcionada contra los negros y mulatos, que tienen seis veces más probabilidades de ser detenidas que los blancos. Estas nuevos facultades disuadirían aún más a las minorías a protestar. Los medios de comunicación pueden seguir culpando a los movimientos de protesta por ser predominantemente blancos y poco representativos.

A partir de ahora será difícil participar en una manifestación sin cometer un delito. A una persona se le puede prohibir manifestarse si participa o contribuye a una manifestación que sea “susceptible de causar graves disturbios”.

No se puede manifestar quien ha cometido previamente “delitos relacionados con la protesta”. Quien publique algo en las redes sociales que anime a las personas a manifestarse también puede entrar en la lista negra.

Cualquiera que entre en uno de estos apartados de la ley -como un preso en libertad condicional- podría estar obligado a presentarse ante las autoridades a “determinadas horas y en determinados días”. También se le puede prohibir relacionarse con determinadas personas o “utilizar internet para facilitar o fomentar” un “delito relacionado con las protestas”.

Estas enmiendas se suman a otros ataques del gobierno de Boris Johnson a las libertades fundamentales, como las “órdenes civiles”, que podrían hacer que los periodistas sean tratados como espías y se les prohíba reunirse con ciertas personas y visitar ciertos lugares.

El Fondo Monetario Internacional advierte del colapso económico en los países más pobres

Ayer el Fondo Monetario Internacional advirtió que no se puede descartar un “colapso económico de algunos países” si los países del G20 no actúa con urgencia. Se refería a que las grandes potencias son los acreedores y la reestructuración de la gigantesca masa de deudas es imprescindible para la superviviencia del capitalismo.

Más de la mitad de los países de bajos ingresos corren un alto riesgo o están ya en situación de suspensión de pagos. En 2015 esta cifra era inferior al 30 por ciento, según el Fondo.

“Podríamos ver un colapso económico en algunos países a menos que los acreedores del G20 acuerden acelerar las reestructuraciones de la deuda y suspender el servicio de la misma mientras se negocian las reestructuraciones”, dijo la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, y Ceyla Pazarbasioglu, directora de estrategia.

A cambio de imponer los confinamientos, los países del G20 ofrecieron a los países más depauperados una moratoria en el pago de la deuda hasta finales de año, antes de ampliarla hasta finales de este año.

Paralelamente a esta iniciativa de suspensión del pago de la deuda, en noviembre del año pasado crearon un marco común para reestructurar o incluso cancelar la deuda de los países que lo soliciten. Pero, de momento, los acreedores privados frenan su aplicación.

“Es esencial que los acreedores del sector privado apliquen un alivio de la deuda en condiciones comparables”, afirman los caciques del Fondo.

AstraZeneca reconoce que su vacuna provoca coágulos de sangre que han causado la muerte de 73 británicos

Un equipo internacional de investigadores, en el que han participado expertos de AstraZeneca, afirma que la vacuna puede desencadenar una reacción en cadena que hace que el organismo confunda sus propias plaquetas sanguíneas con fragmentos de virus.

Sólo en Reino Unido se han producido 426 casos de coágulos de sangre que han causado la muerte de 73 personas. Los efectos adversos hicieron que en primavera se restringieran las vacunas en menores de 40 años en Reino Unido y que las vacunas de Pfizer y Moderna fueran preferidas para adultos jóvenes. En muchos países europeos se prohibió rotundamente y en Estados Unidos se decidió no comprar ni una sola dosis.

El gobierno británico concedió una subvención de emergencia a un equipo de científicos dirigido por la Universidad de Cardiff para que investigara el fenómeno de la coagulación.  Descubrieron que la envoltura de la vacuna vectorial -el virus del resfriado debilitado que se utiliza para enseñar a las células a neutralizar el coronavirus- actúa como un imán y atrae las plaquetas, una proteína que se encuentra en la sangre. El cuerpo confunde estas plaquetas con una amenaza y produce anticuerpos para combatirlas. La combinación de las plaquetas y los anticuerpos da lugar a la formación de peligrosos coágulos de sangre.

La vacuna de AstraZeneca, patrocinada por la Universidad de Oxford, es una vacuna de adenovirus, lo que significa que contiene un virus alterado genéticamente, en este caso el virus del resfriado de los chimpancés, modificado para que sea incapaz de infectar el cuerpo humano.

La vacuna funciona utilizando el virus del resfriado de los chimpancés para transmitir una parte del código genético del virus Covid, que el cuerpo aprende a reconocer y a prepararse para una infección real del virus.

La técnica del adenovirus también se utiliza en la vacuna Covid de Johnson y Johnson de una sola dosis, que también se ha relacionado con casos de coágulos sanguíneos potencialmente mortales.

Reino Unido ha donado los 20 millones de dosis de Johnson and Johnson que encargó al plan Covax, el programa de reparto de vacunas de la ONU para inyectar a los países del Tercer Mundo.

—https://www.dailymail.co.uk/news/article-10266585/AstraZeneca-uncovers-trigger-blood-clots-jab.html

Las vacunas contra el coronavirus no han salvado ninguna vida

Cada día los informativos nos martillean la cabeza con un mantra muy simple: “las vacunas salvan vidas”. A eso le llaman ciencia en los platós de televisión. Sin embargo, si acudimos a las revistas científicas nos encontramos con lo contrario, con titulares como “los ensayos clínicos no muestran que las vacunas hayan salvado vidas”, entre otras razones porque no se diseñaron para probar eso.

Lo dijo la revista British Medical Journal en octubre del pasado año (1). A partir de ahí, la pregunta es evidente: si los ensayos clínicos no se llevaron a cabo para demostrar que las vacunas salvan vidas, ¿para que se hicieron? Incluso alguien muy atrevido preguntaría: ¿para qué se falsificaron los ensayos clínicos? Finalmente, los picajosos seguirían hurgando en la herida: los ensayos clínicos son un mero trámite para que los gobiernos aprueben la venta de vacunas.

Los ensayos clínicos previos a la homologación de las vacunas son como esa letra pqueña que nadie lee… excepto maniáticos y meticulosos, como Peter Doshi, el editor del British Medical Journal. Al hincar los codos sobre la marea de papeles y datos, no hay nada de lo que dicen los mequetrefes de los platós de televisión. La eficacia es cero. No hay ningún indicio sobre los beneficios de las vacunas contra el coronavirus para reducir la transmisión viral, la carga viral o la prevención de enfermedades graves, hospitalizaciones o muertes.

Los ensayos clínicos no prueban nada de eso porque las multinacionales farmacéuticas sabían de antemano que sus vacunas no tenían la eficacia que las cadenas de comunicación propagaron. Por ejemplo, el director médico de Moderna, Tal Zaks, reconoció que los ensayos que ellos practicaron no fueron capaces de demostrar que su vacuna reducía las hospitalizaciones. “El tamaño y la duración del ensayo tendrían que aumentar enormemente para recoger los datos necesarios”, añadió (2).

“En un ensayo con 30.000 personas, las hospitalizaciones y muertes debidas al covid-19 son sencillamente demasiado raras en la población del estudio para que una vacuna eficaz muestre diferencias estadísticamente significativas”, dice Doshi. “Lo mismo ocurre con si puede salvar vidas o prevenir la transmisión: los ensayos no están diseñados para averiguarlo”, añade.

La mayoría de las personas que dan positivo en una prueba de coronavirus no presentan síntomas o son leves. Sus vidas no están en juego. En los ensayos hubo muy pocos casos de enfermedades graves, pero las vacunas se vendieron como “eficaces” porque un mayor número de personas del grupo de control dieron positivo, inevitablemente, mediante pruebas de PCR inhábiles. Los casos positivos a la PCR nunca se confirmaron como personas con enfermedad grave y muerte potencial.

Ahora los gobiernos del mundo se disponen a vacunar a los niños sin que haya ninguna necesidad, ni tampoco garantías de la inocuidad de las vacunas. Más bien todo lo contrario. Las bases de datos oficiales, Vaers en Estados Unidos y Eudra en Europa, muestran datos cada vez más preocupantes de muertes y efectos adversos entre los vacunados.

Las vacunas, pues, no protegen a nadie y causan enfermedades que, en ocasiones, son importantes. Si la máquina aún no se ha parado es porque los beneficios de las multinacionales farmacéuticas están siendo espectaculares, muy superiores a los de cualquier otro ejercicio contable en el pasado.

Cuando estas vacunas se prohíban, las multinacionales ya tendrán los bolsillos llenos y otras vacunas en cartera esperando su turno.

(1) https://doi.org/10.1136/bmj.m4037
(2) https://www.bmj.com/company/newsroom/covid-19-vaccine-trials-cannot-tell-us-if-they-will-save-lives/

Los extranjeros no podrán salir de Canadá sin estar ‘adecuadamente vacunados’

A partir del 28 de febrero, los extranjeros en Canadá no podrán salir del país por vía aérea si no están “adecuadamente vacunados”. En los barcos, trenes y autobuses las vacunas importan mucho menos.

A principios de octubre el gobierno federal confirmó que sus aeropuertos estarían cerrados a las personas no vacunadas a partir del 30 de noviembre. Unos días antes el plazo se amplió hasta el 28 de febrero para los extranjeros.

Durante la última campaña electoral previa a su reelección, el primer ministro, Justin Trudeau, sugirió que la medida solo se aplicaría a los viajes en tren o en avión dentro del país, pero su alcance se amplió a principios de octubre.

“Ya no se aceptará una prueba molecular válida para el covid-19 como alternativa a la vacunación, a menos que pueda acogerse a una de las exenciones limitadas”, afirma ahora el gobierno canadiense en su sitio web oficial.

En cuanto a los ciudadanos canadienses, ahora ninguno puede subir a un avión, ni siquiera a un tren, si no se ha inyectado las dos dosis de una vacuna homologada. Ottawa acaba de ampliar la lista de vacunas aceptadas para las personas que entran en el país para incluir las inyecciones de Sinopharm, Sinovac (ambas chinos) y Covaxin (india). La Sputnik rusa aún no ha sido aprobada.

El 29 de enero Trudeau aseguró que menos del 2 por ciento de los “casos de covid” estaban relacionados con canadienses que regresan del extranjero, pero eso no le impidió afirmar que “incluso un caso es demasiado”.

El pretexto de Canadá de proteger a la población es legítimo en tiempos de pandemia, pero la violación de la libertad de circulación debe estar respaldada por justificaciones sólidas y excepcionales que no concuerren en este caso. La medida viola el principio de proporcionalidad establecido por la legislación canadiense. Los derechos y libertades sólo pueden restringirse dentro de límites razonables en circunstancias excepcionales.

‘Estáis asustando a la gente para nada’, denuncia la médico que ha descubierto la variante ómicron

Angelique Coetzee, la doctora sudafricana a la que atribuyen el descubrimiento de la variante ómicron, cree que los científicos y los medios de comunicación de todo el mundo están sembrando el pánico en la población, mientras que los casos positivos de la nueva variante son actualmente “leves y fáciles de tratar en casa”.

En una entrevista para la BBC, la doctora Coetzee afirma que los casos registrados en Sudáfrica son “extremadamente leves”.

El 29 de noviembre en una entrevista con el medio estadounidense CNBC, Coetzee volvió a reiterar su postura e insistió en que “por el momento tenemos casos leves, fácilmente tratables en casa”.

Coetzee también denuncia la cobertura mediática sensacionalista de la nueva variante. Durante la última semana, los medios de comunicación y las burocracias sanitarias de todo el mundo han sumido a los ciudadanos en un terror indescriptible.

Cuando la periodista le preguntó si había un pánico innecesario, respondió con una sonrisa: “Sí, en este momento yo diría que sí. Tal vez dentro de quince días sea diferente”.

La histeria mediática sigue, pues, su curso desde hace dos años, cada vez con argumentos menos verosímiles por lo que la aparición de la nueva variante no es otra cosa que una campaña deliberada de terror por parte de las cadenas de comunicación.

“Lo que estamos viendo en África, y les recuerdo que somos el epicentro, es extremadamente suave. Para nosotros, se trata de casos leves y hasta ahora no hemos hospitalizado a nadie. He hablado con colegas míos. Es lo mismo”, dice la doctora.

El presidente de la agencia de noticias Reuters es miembro del consejo de administración de Pfizer

El presidente y antiguo director general de la agencia de noticias Reuters, James C. Smith, es un importante inversor y miembro del consejo de administración del monopolio farmacéutico Pfizer. Fue elegido miembro del consejo de administración en 2014, y se ha incorporado a los comités de dirección y de ciencia y tecnología de Pfizer.

La noticia plantea graves problemas de conflicto de intereses, ya que las grandes cadenas de comunicación, como Reuters, siguen promocionando los productos de Pfizer, defendiendo a las empresas farmacéuticas contra las críticas y silenciando a los críticos.

Smith es actualmente el presidente de la Fundación Thomson Reuters, una organización benéfica con sede en Londres conocida por proporcionar noticias e información a miles de millones de lectores. También fue presidente, consejero delegado y miembro del consejo de administración de Reuters desde 2012 hasta su jubilación en 2020.

Lleva en la organización desde 1987, cuando era conocida como Thomson Newspaper Group. También fue director general de la división profesional, supervisando las actividades jurídicas, fiscales y contables, así como la propiedad intelectual y la ciencia. Más tarde, dirigió las operaciones estadounidenses de la agencia de noticias.

En un comunicado oficial, el director general de Pfizer, Ian Read, ha dicho: “Estamos encantados de que Jim Smith se incorpore al Consejo de Administración de Pfizer. Aporta al Consejo de Administración de Pfizer su dirección y experiencia operativa y empresarial internacional y será un excelente activo para la empresa. La incorporación de Jim a nuestro Consejo contribuye a garantizar que Pfizer siga beneficiándose de una experiencia amplia y diversa”.

Sólo el año pasado, Reuters publicó más de 22.000 artículos que mencionaban a Pfizer. La agencia sólo publicó 8.191 artículos relacionados con Moderna y 18.000 con Johnson & Johnson. Muchos de los artículos sobre Johnson & Johnson eran negativos, a diferencia de la cobertura de Pfizer.

Smith también está vinculado al Foro de Davos, donde forma parte de la junta de la Iniciativa de Asociación contra la Corrupción. También es miembro de los Consejos Asesores de Negocios Internacionales de dicho Foro, del British American Business y del Atlantic Council.

Según el Wall Street Journal, Smith también es presidente y director general de Refinitiv Transaction Services, que tiene unos ingresos de 6.250 millones de dólares con más de 40.000 clientes y 400.000 usuarios finales en 190 países. Refinitiv fue miembro del grupo Thomson Reuters hasta 2018.

Amazon: más allá de la competencia está la guerra económica

Con la pandemia Amazon ha incrementado su facturación más de un 30 por ciento, hasta casi 400.000 millones de dólares. La multinacional ha logrado un éxito económico en medio de acusaciones constantes de explotación salvaje de sus trabajadores.

Una de las últimas noticias laborales aseguraba que los repartidores se ven obligados a utilizar botellas para orinar y bolsas para defecar, debido a las presiones para cumplir los ritmos de trabajo.

La multinacional utilizó a los propios trabajadores y posiblemente a bots para inundar las redes sociales con comentarios en los que se explicaba que la típica noticia era falsa. Las condiciones de trabajo en Amazon son excelentes.

Estamos en una nueva era de la información. Lo mismo que la pandemia, Amazon es un ejemplo de guerra cognitiva. Dice una cosa y hace la contraria. En medio de una explotación salvaje, lleva a cabo grandes campañas publicitarias sobre el impecable trato hacia sus trabajadores.

La filtración fue un fallo en el control de la información por parte de la multinacional, que tiene una política de imagen para censurar las noticias en su mismo origen. Como cualquier otra multinacional, Amazon dispone de un departamento encargado de silenciar las criticas de los medios de comunicación, tanto con presiones como con sobornos.

También utiliza a los trabajadores, especialmente a los cuadros intermedios, como misioneros de la empresa. En el primer semestre de este año gastó 5,1 millones de dólares para que 120 trabajadores predicaran a favor de sus jefes ante la casta de Washington.

Amazon ha encargado a la famosa Pinkerton, especializada en la represión de huelgas obreras, que espíe a los trabajadores (1). A un directivo que escribió un correo electrónico sobre las condiciones laborales de los trabajadores de un almacén le dieron la opción de dimitir o ser despedido (2).

Al filtrar la información saliente, Amazon consigue una situación de monopolio informativo sobre sí misma, lo que no le impide, sin embargo, tomar la delantera cuando es necesario. Oculta sus defectos y explica que no todos estamos a la altura. No somos capaces entender sus “valores” por una buena razón: “Los dirigentes establecen implacablemente estándares altos que pueden parecer inalcanzables para algunos” (3).

Sin embargo, la verdadera fuerza de Amazon reside en su capacidad para extorsionar a los Estados en los que localiza su red de almacenes, con argumentos que son también conocidos y comunes con otras multinacionales. Promete que creará puestos de trabajo a escala local y que su infraestructura generará empleos indirectos.

Cuando el argumento no convence, amenaza con trasladar sus almacenes a otro país, lo que supone una oleada de despidos que ningún político está dispuesto a asumir. Esta política siempre es eficaz y, además, trae subvenciones.

Cinco parlamentarios estadounidenses han acusado a Amazon de vender marcas falsificadas (4).

En India ha falsificado los resultados de las búsquedas digitales para aumentar las ventas de sus propias marcas. Un estudio de Upstream Commerce reveló que de 857 mercancías ofrecidas por vendedores independientes en el mercado, Amazon fabricaba y vendía el 25 por ciento de las más vendidas.

Pero la guerra de la información funciona así: no hay nadie que se haga eco de estas (y otras) noticias, como las prácticas mafiosas de AT Operalia, una subcontrata de Amazon, en Cantabria (5). Es posible que ni siquiera las consideren como tales noticias.

(1) https://www.vice.com/en/article/5dp3yn/amazon-leaked-reports-expose-spying-warehouse-workers-labor-union-environmental-groups-social-movements
(2) https://www.seattletimes.com/business/amazon-warehouse-jobs-push-workers-to-physical-limit/
(3) https://www.aboutamazon.fr/travailler-chez-amazon/nos-principes-de-leadership
(4) https://www.reuters.com/technology/five-us-lawmakers-accuse-amazon-possibly-lying-congress-following-reuters-report-2021-10-18/
(5) https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/jornadas-interminables-y-represion-antisindical-en-una-subcontrata-de-amazon/

Los virus no muerden (ni siquiera ómicron)

El estatuto alcanzado por una ciencia se puede evaluar de varias maneras y una de ellas es el repertorio de conceptos y definiciones con los que opera habitualmente. Aunque no se definan expresamente, los conceptos indican la madurez que una disciplina ha alcanzado en su desarrollo, de manera que en una ciencia reciente suelen ser ambiguos.

La biología sólo tiene 200 años de historia y la virología la mitad, así que no es capaz de digerir su propia historia y está muy lejos de haber consolidado un elenco definitivo de fundamentos básicos, sobre todo teniendo el cuenta las batallas ideológicas en las que está inmersa desde su surgimiento, por no hablar de batacazos vergonzantes, como la eugenesia, de la que en su momento dijeron que era el colmo de la modernidad científica.

Los libros de texto dejan claro que no saben lo que es un virus, por lo que se expresan de manera errónea cuando aluden a ellos y esos errores los comunican a otras disciplinas, como la medicina, la veterinaria o la farmacia. Cuando alguien pregunta a un médico por las causas de una enfermedad, le responden que es un virus para indicar que no lo saben. El galeno le está diciendo que no sabe la causa de la enfermedad y que no sabe lo que es un virus.

Una de las inferencias más absurdas de los biólogos en torno a los virus es que “se apoderan de la maquinaria celular”. Sin embargo, una célula no es una máquina y un virus no se puede “apoderar” de nada porque es una sustancia inerte.

En relación con la variante ómicron, un biólogo dice que forma parte del “árbol evolutivo” del coronavirus. Son las famosas mutaciones, que ponen de manifiesto dos errores capitales de la virología. El primero es que los virus no son seres vivos y, en consecuencia, no están sometidos a la ley primordial de la biología, que es la de la evolución. Al no evolucionar, los virus carecen de mutaciones.

Desde hace dos años los medios vienen exponiendo imágenes gráficas de los virus como si fueran bolitas de colores, es decir, como organismos autónomos. Sin embargo, los virus forman parte de la fisiología celular y de los seres unicelulares, como bacterias o protistos. Unos y otros no se pueden entender de manera separada, como no se entiende la manzana (virus) sin el árbol (célula). Una manzana sólo evoluciona (crece, se desarrolla, madura) como parte integrante del árbol y se descompone en cuanto se arranca del mismo.

La concepción errónea de los virus tiene varios motivaciones históricas y técnicas. Una de ellas es el descubrimiento del ADN, en donde los biólogos creyeron haber encontrado “el secreto de la vida”, que para ellos fue como la piedra filosofal. La vida era ADN y donde había ADN había vida. Como los virus tenían ADN, eran seres vivos y cuando descubrieron que había virus de ARN, como el coronavirus, no salieron de su error.

Los tropiezos se han ido acumulando. Entre un simio y un ser humano sólo hay un 1 por ciento de diferencia en las secuencias de ADN, mientras que en una misma familia de virus las diferencias llegan al 30 por ciento, a pesar de lo cual se consideran como la misma especie. Obviamente no se trata de mutaciones de un mismo virus, sino de una variabilidad gigantesca en su composición genómica.

Dicha variabilidad sólo se explica por su diferente origen celular, para lo cual es necesario comprender que los virus no son agentes extraños a las células sino parte integrante de las mismas. De una manera parecida, la Luna forma parte de la Tierra y no se puede entender una sin la otra. El fundador de la virología científica y de su primera revista “Archiv für die gesamte Virusforschung”, Robert Doerr, los calificó como “endógenos”. Forman parte de los seres vivos desde que éstos se encuentran en su fase más embrionaria. Por lo tanto, los virus están en el origen de la vida sobre este planeta desde el primer instante.

No obstante, desde la segunda mitad del siglo XIX las ciencias de la vida y la salud consideran a los virus como extraterrestres que colonizan a los seres vivos y los enferman, de donde han derivado la doctrina del contagio y la infección, es decir, de los virus como patógenos, e incluso letales.

Los virus ni son exógenos, ni son tampoco patógenos. Están en todas partes, dentro y fuera de los organismos vivos, en cantidades abrumadoras. Sin ellos no habría vida, ni evolución porque cumplen funciones fisiológicas esenciales. Los virus no entran en las células, sino que las células capturan virus para poder funcionar y para cambiar su metabolismo, al tiempo que los expulsan de su interior, creando nuevos virus, e incluso virus modificados genéticamente de manera natural. Al observar una célula sana se ven virus y al observar una célula enferma también.

En las doctrinas corrientes prevalece la concepción del ADN como una sustancia autorreplicante que se ha transmitido a los virus, incluidos los que sólo tienen ARN, como los coronavirus. Pero los virus no se reproducen a sí mismos, no se reproducen gracias a su ADN ni a su ARN sino gracias a las células. Los virus los crean las células, de manera que células alteradas crean virus igualmente alterados, es decir, las famosas variantes. La célula es el elemento activo y el virus es el pasivo. Los virus son vehículos sin motor (no tienen mitocondrias).

Las células y los virus forman un ecosistema, interno y externo a la vez, junto con otros componentes no menos importantes, como el sistema inmunitario, que es a su vez un complejo de células que mantiene el ecosistema relativamente estable y en marcha. Las heridas cicatrizan de manera natural. El cuerpo repara por sí mismo las alteraciones en su funcionamiento. Una fisiología tan intrincada es difícil de reproducir en un laboratorio, por no decir imposible. La naturaleza no se puede poner delante de un microscopio, por lo que los experimentos “in vitro” se deberían coger con pinzas, en lugar de lanzar las campanas al vuelo, como suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Fuera del laboratorio, el ejemplo más característico de la inocuidad de los virus son los asintomáticos. Quienes están en un contacto directo y estrecho con “enfermos infecciosos” no se contagian, sin necesidad de mascarilla ni de protecciones de ninguna clase. Así lo demuestran cuantos experimentos se han llevado a cabo “in vivo”, por no hablar de que no necesitamos que ningún apestado nos “infecte”. Llevamos virus dentro desde que salimos del vientre de nuestra madre.

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