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La asociación estratégica entre Rusia y la UE pasa a la historia

La cumbre Rusia-Unión Europea celebrada en enero de este año llegó a ser la última. Las relaciones actuales entre Moscú y Bruselas no prometen que esas reuniones vuelvan a celebrarse, escribe el presidente del Consejo de política exterior y defensa, Fiodor Lukianov.

Semejante previsión no se debe a una antipatía personal entre Putin, y sus homólogos europeos. Es que el modelo de la cooperación estratégica entre Rusia y la Unión Europea ya ha pasado a la historia. Ese modelo estaba basado en la premisa de que tras la desaparición de la Unión Soviética Rusia no tiene alternativa a una aproximación político-económica e incluso institucional a Occidente y en primer lugar a la Union Europea.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha hecho varios intentos de adaptar la identidad nacional rusa al formato que permite hacerse parte de la sociedad occidental. Si Occidente hubiera demostrado más flexibilidad y creatividad en su diálogo con Rusia es muy probable que Moscú ya se habría convertido en miembro de una asociación con la Union Europea.

Durante muchos años la idea de que Rusia tiene futuro solo como miembro de una «gran Europa política» ha sido un axioma. Hoy en día predomina una percepción diametralmente contraria. Sería inadecuado decir que la nueva identidad política rusa se está creando a través de una contraposición a Europa. Pero es totalmente evidente ya no es prioritario para el Kremlin construir relaciones duraderas con la Union Europea.

Fuente: Rossiyskaya Gazeta, 24 de diciembre, http://mundo.sputniknews.com/prensa/20141224/1032764409.html

Ecce Mono

N.B.

El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.

Hace muchos centenares de miles de años, vivía en algún lugar de la zona tropical una raza de monos antropomorfos. Darwin decía que estaban totalmente cubiertos de pelo, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en los árboles y formaban manadas. Es de suponer que fue como consecuencia directa de su género de vida, por lo que las manos, al trepar, tenían que desempeñar funciones distintas a las de los pies (*), de modo que estos monos se fueran acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Fue el paso decisivo para el tránsito del mono al hombre. Todos los monos antropomorfos que existen hoy día pueden permanecer en posición erecta y caminar apoyándose únicamente en sus pies; pero lo hacen sólo en caso de extrema necesidad y, además, con suma torpeza. Caminan habitualmente en actitud semierecta, y su marcha incluye el uso de las manos.

La mano no es sólo el órgano del trabajo; es también producto de él. Pero la mano no era algo con existencia propia e independiente. Era únicamente un miembro de un organismo entero y sumamente complejo. Primero el trabajo, luego y con él la palabra articulada, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano. Y a medida que se desarrollaba el cerebro, desarrollábanse también sus instrumentos más inmediatos: los órganos de los sentidos.

El trabajo comienza con la elaboración de instrumentos. Son instrumentos de caza y de pesca; los primeros utilizados también como armas. Pero la caza y la pesca suponen el tránsito de la alimentación exclusivamente vegetal a la alimentación mixta, lo que significa un nuevo paso de suma importancia en la transformación del mono en hombre. El consumo de carne ofreció al organismo los ingredientes más esenciales para su metabolismo. Con ello acortó el proceso de digestión y otros procesos de la vida vegetativa ahorrando así tiempo, materiales y estímulos para que pudiera manifestarse activamente la vida propiamente animal. Y cuanto más se alejaba el hombre en formación del reino vegetal, más se elevaba sobre los animales.

Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta cárnica fue en el cerebro. Debemos reconocer -y perdonen los señores vegetarianos- que no ha sido sin el consumo de la carne como el hombre ha llegado a ser hombre. El consumo de carne en la alimentación significó dos nuevos avances de importancia decisiva: el uso del fuego y la domesticación de animales. El primero redujo aún más el proceso de la digestión, ya que permitía llevar a la boca comida, como si dijéramos medio digerida; el segundo multiplicó las reservas de carne. La domesticación de animales también proporcionó, con la
leche y sus derivados, un nuevo alimento, que en cuanto a composición era por lo menos del mismo valor que la carne.

El hombre, que había aprendido a comer todo lo comestible, aprendió también a vivir en cualquier clima.

Gracias a la cooperación de la mano, de los órganos del lenguaje y del cerebro, no sólo en cada individuo, sino también en la sociedad, los hombres fueron aprendiendo a ejecutar operaciones cada vez más complicadas, a plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados. El trabajo mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en generación extendiéndose cada vez a nuevas actividades. A la caza y a la ganadería vino a sumarse la agricultura, y más tarde el hilado y el tejido, el trabajo de los metales, la alfarería y la navegación. Al lado del comercio y de los oficios aparecieron, finalmente, las artes y las ciencias; de las tribus salieron las naciones y los Estados. Se desarrollaron el Derecho y la Política, y con ellos el reflejo fantástico de las cosas humanas en la mente del hombre: la religión.

El rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y a la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar ésta explicación en sus necesidades (reflejadas, naturalmente, en la cabeza del hombre, que así cobra conciencia de ellas). Así fue cómo, con el transcurso del tiempo, surgió esa concepción idealista del mundo que ha dominado el cerebro de los hombres, sobre todo desde la desaparición del mundo antiguo, y que todavía lo sigue dominando hasta el punto de que los naturalistas de la escuela darviniana más allegados al materialismo son aún incapaces de formarse una idea clara acerca del origen del hombre, pues esa misma influencia idealista les impide ver el papel desempeñado aquí por el trabajo. Los animales también modifican con su actividad la naturaleza exterior, aunque no en el mismo grado que el hombre. En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste.

Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases e la actual aridez de esas tierras. Los que difundieron el cultyivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis.

Cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo.
 

Vamos poco a poco aprendiendo a conocer las consecuencias sociales indirectas y más remotas de nuestros actos en la producción, lo que nos permite extender también a estas consecuencias nuestro dominio y nuestro control. Sin embargo, para llevar a cabo este control se requiere algo más que el simple conocimiento. Hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente.

(*) Manos, pies, en realidad, el mono antropomorfo, era cuadrúmano y no cuadrúpeto (N. B. ).  (Extractos de ‘El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre’, de F. Engels) (Las negritas son mías. N. B.)

Petróleo: Arabia saudí desafía a Estados Unidos

Juan Manuel Olarieta
Desde mediados del año en curso el precio del petróleo ha caído casi a la mitad y, a pesar de ello, el 27 de noviembre la OPEP se negó a reducir la producción, lo que ha empujado la caída aún más.

El hombre más influyente de la OPEP, el todopoderoso ministró saudí de Energía Alí Al-Naimi, dice que está dispuesto a dejar caer los precios aún más: hasta los 20 dólares en barril.

En una entrevista a la Agencia oficial de noticias de Arabia saudí asegura que el precio le da lo mismo y lo que es mucho peor: la opinión de Estados Unidos también le importa un bledo. Su explicación es pura teoría económica para que los estudiantes más neófitos del ramo tomen buena nota: a los productores de petróleo, como a cualquier otro productor, no le interesa reducir la producción sino todo lo contrario, dice el ministro.

A partir de estas declaraciones me asaltan varias conclusiones, todas ellas a contra-corriente de lo que suelen decir los titulares de los medios. La primera es que la teoría del agotamiento del petróleo («peak oil») es una de tantas quimeras seudoecologistas que los imperialistas se han sacado del bolsillo vacío de su imaginación. Al menos los paises productores de petróleo no tienen ningún temor de que se les acabe la gallina de los huevos de oro.

El segundo es para el consumo propiamente político: Arabia saudí pone como primer enemigo a Estados Unidos, lo cual confirma que ambos países han entrado en una fase de muy malas relaciones.

Los que dicen que la caída del precio del crudo es una turbia maniobra de Arabia saudí, que sigue indicaciones de Washington para perjudiciar a Rusia (y a Irán), también se equivocan. Al-Naimi pone a Estados Unidos entre sus enemigos. O al menos entre sus adversarios. O mejor dicho: entre sus competidores.

Un precio reducido del petróleo como el actual no interesa a los grandes monopolios petroleros estadounidenses porque los pozos en los que perforan tienen umbrales de rentabilidad del orden de los 80 dólares algunos de ellos, mientras que los costes saudíes están por debajo de los 20 dólares. La caída de los precios saca del mercado a los competidores de los saudíes.

Dicho de otra manera: la política saudí es abiertamente monopolista. Lo que tratan es de ganar cuota de mercado a costa de los monopolios norteamericanos tradicionales.

En términos marxistas: hay una superproducción de petróleo, el mercado está saturado y si se tiene que reducir la producción no será porque todos pierdan una parte alícuota de la tajada sino porque a algunos los tratan de expulsar del mercado. Los jeques del golfo quieren obligar a que Estados Unidos cierre los pozos que dejen de ser rentables al precio actual: 60 dólares el barril.

La financiación de Podemos tampoco está clara

En su informe sobre las elecciones europeas del pasado mes de mayo, el Tribunal de Cuentas ha denunciado que Podemos gastó más dinero en la campaña electoral del que dijo tener: «La contabilidad electoral rendida por la formación política presentas incoherencias formales en los estados financieros formulados, existiendo un descuadre entre los recursos declarados (114.365 euros) y los gastos electorales contraídos (138.814 euros)».

Entre el dinero empleado para la financiación de los gastos electorales contraídos Podemos no ha declarado un importe de 24.565 euros, que corresponden a fondos que proceden de donaciones registradas en la contabilidad ordinaria.

Los auditores del Tribunal ponen en cuestión el origen de las donaciones, el mal histórico de los partidos españoles señalado por el Tribunal de Cuentas de forma reiterada en cada uno de sus informes sobre contabilidad electoral u ordinaria.

Las aportaciones declaradas por Podemos para el proceso electoral por importe de 114.365 euros, corresponden a múltiples ingresos de pequeña cuantía procedentes de personas físicas y jurídicas que el partido ha recibido, en su mayoría, a través de una plataforma de financiación colectiva (crowfunding).

El Tribunal de Cuentas muestra su inquietud sobre esta fórmula de donaciones de Podemos y por ello reclama que el sistema de financiación a través de plataformas digitales de financiación colectiva (crowfunding), que se ha utilizado por una formación política, para la obtención de recursos de financiación privada, que no está expresamente contemplado en la legislación actual sobre financiación de partidos políticos, en el ámbito de la actividad electoral ni en el ámbito de la actividad ordinaria, sea regulado cubriendo el vacío legal que existe en esta materia, dadas sus especificidades respecto al medio de captación de los fondos y las dificultades en relación con la identificación de su procedencia que se han manifestado en la práctica.

De las donaciones a Podemos existen 57 ingresos, por importe de 886 euros, que incumplen el artículo 126 de la ley electoral, al no hallarse debidamente identificados con ninguno de los requisitos contemplados en dicho artículo (nombre, dni y domicilio); por otro lado, para un importe de 48.261 euros, falta alguno de los requisitos de identificación contemplados en el mencionado artículo.

Esta irregularidad, que afectaba a casi la mitad de las aportaciones, se producía cuando las donaciones suponían apenas 114.000 euros. Hoy superan ya los 800.000 euros.

La cantidad de los donativos de Podemos para la campaña de las europeas adquiere aún mayor dimensión cuando se la compara con la suma de tal concepto de todas las formaciones que concurrieron el 25-M: si el partido de Pablo Iglesias ingresó 114.365 euros de aportaciones de personas físicas o jurídicas, el total para todos los partidos fue de 136.960 euros. En suma, Podemos capitalizó la mayor parte de las donaciones privadas y, en buena parte, bajo un manto de opacidad.

Podemos dice que las irregularidades tienen su origen en el diseño del software de la plataforma de crowfunding pero el Tribunal de Cuentas no ha aceptado esta explicación y exige a Podemos que implemente los mecanismos necesarios para, en caso de utilizar dicho sistema de obtención de financiación, garantizar el cumplimiento de los requisitos de financiación exigidos por la ley.

La inspección del alto tribunal pone de relieve otras anomalías. Podemos contabilizó como gasto electoral un importe de 4.617 euros correspondiente a la imputación contable durante el proceso electoral de parte de sus gastos de personal. Pero dicho gasto corresponde a la actividad ordinaria de la formación política al no reunir los requisitos establecidos en el artículo 130.

En consecuencia, dichos gastos no han sido considerados a efectos de su financiación mediante subvenciones electorales y, por tanto, no han sido tenidos en cuenta a efectos del límite máximo de gasto.

A pesar de que Podemos comunicó a la Junta Electoral la existencia de una cuenta bancaria específica para este proceso electoral destinada a la recaudación de fondos, conforme a lo establecido en el artículo 124 de la ley, la mayoría de los ingresos, hasta un total de 102.180 euros, se han recibido en otras cuentas bancarias del partido, lo que supone un incumplimiento de lo contemplado en el artículo 125 de la ley. No obstante, se ha verificado que dichos fondos han sido transferidos a la cuenta corriente electoral desde la que se han efectuado todos los pagos del proceso.

¿Por qué se hunde el rublo?

Juan Manuel Olarieta

No hay una única explicación de la crisis del rublo y, desde luego, es falso que la misma sea consecuencia de las sanciones impuestas a Rusia como consecuencia de la anexión de Crimea. La explicación hay que buscarla en la caída del precio del oro, del petróleo, del yen y del euro que la prensa ha mostrado como fenómenos desconectados unos de otros y, en especial, desconectados de lo que tienen en común: que sus cotizaciones se expresan en dólares.

El hundimiento del rublo vuelve a poner de relieve los pilares financieros que impuso el imperialismo estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial: una hegemonía basada en el dólar.

Si el euro se devalúa también podemos decir correlativamente que el dólar remonta, o bien que la demanda de dólares está creciendo y si eso lo ponemos en relación con el hecho de que a mediados de año la FED, que ejerce de Banco Central estadounidense, redujo su QE («quantitative easing»), las consecuencias son obvias. Es como cerrar el grifo cuando alguien tiene sed y se dispone a beber de la fuente.

Pero en el mundo unos países tienen más sed que otros; sus monedas son más vulnerables y necesitan más dólares que otros para equilibrar sus cotizaciones, con el agravante de que están obligados a recurrir a quien les está cerrando el grifo, es decir, al imperialismo estadounidense.

El Kremlin ha respondido aumentando de golpe los tipos de interés del 10,5 al 17 por ciento, actuando en los mercados internacionales e imponiendo estrictos controles de cambio, entre otras medidas. Pero si hay alguien que sabe que nada de eso será suficiente son ellos precisamente, además de los chinos, que se han apresurado a decir que van a ayudar a sostener la cotización del rublo por aquello de que «cuando las barbas de tu vecino veas pelar…»

Por eso el yuan no es una moneda convertible y no hay ningún «experto» en ninguna facultad de economía del mundo que no se esfuerce en recomendar a los chinos que se pongan la soga -o sea, el dólar- al cuello.

El sistema monetario internacional, impuesto en 1945 sobre una Europa en ruinas, deja en evidencia las famosas teorías «neoliberales»: Estados Unidos es el banquero del mundo porque la caja fuerte la custodia el ejército más poderoso del mundo. Aunque el comercio mundial no tenga nada que ver con Estados Unidos, el precio casi siempre se paga en dólares, en una cadena de cuentas bancarias cuyo último eslabón acaba en Wall Street.

Para muchos países, como Rusia, China y otros, romper esa cadena financiera es mucho más que una necesidad. Están obligados a huir de las garras del «banco del mundo» pero, aunque han dado pasos en esa dirección, dentro de los parámetros actuales las alternativas no están tan claras. Tendrán que romper esos parámetros, que es tanto como romper la baraja.

South Stream: el cuento de la lechera con gas

Proyecto de gasoducto South Stream
Juan Manuel Olarieta
Durante su visita oficial a Sofia, la capital de Bulgaria, la canciller alemana Merkel se mostró partidaria de continuar las conversaciones con Rusia para reanudar la construcción del gasoducto South Stream que, según dijo, la Unión Europea nunca ha rechazado.

La construcción del tramo búlgaro del gasoducto había quedado en manos de un consorcio del que forma parte la empresa rusa Stroytransgaz, uno de los objetivos de las sanciones económicas estadounidenses y europeas impuestas tras la crisis en Crimea y Ucrania. Bulgaria había comenzado a implementar las infraestructuras necesarias para tender el gasoducto, que para el país balcánico supondría la creación de más de 6.000 empleos. La paralización también puede suponer la pérdida de los derechos de tránsito del gas a través de su territorio, estimados en unos 500 millones de dólares anuales.

Tras la anexión de Crimea por Rusia, Estados Unidos obligó a Bulgaria a bloquear los trabajos del gasoducto y presionó a la Unión Europea para que redujera las importaciones de gas y de petróleo rusos. En su plan Washington recibió la ayuda de su colaborador más estrecho, el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso, quien abrió un expediente contra Bulgaria por irregularidades en las licitaciones para la construcción de South Stream.

Las presiones ejercidas contra el gobierno de Bulgaria fueron atroces. En junio de este año llegó a Sofia el senador McCain, que se reunió con el primer ministro búlgaro Plamen Orecharski, transmitiéndole las órdenes de Washington. Inmediatamente después, Orecharski anunció el bloqueo del tendido de South Stream, en los que Gazprom ya había invertido 4.500 millones de dólares.

Entonces Putin aprovechó su visita a Turquía el 1 de diciembre para anunciar la suspensión del gasoducto. Según el presidente ruso la decisión se debió “a los obstáculos que ponen a su realización la Comisión Europea y Bulgaria. Tomando en cuenta que hasta el momento no hemos recibido la autorización de Bulgaria, consideramos que en estas condiciones Rusia no puede seguir adelante con el proyecto”.

El lugar que Putin eligió para la declaración no fue casual. Si South Stream se anula, Rusia aumentará los suministros destinados a Turquía a través de otro gasoducto distinto, Blue Stream, una tubería de 1.213 kilómetros bajo el Mar Negro que aprovisiona de gas a Turquía desde 2003. Por el terrotorio turco ya fluyen más de 50.000 millones de metros cúbicos anuales de gas ruso.

Aunque Rusia y Turquía se enfrentan frontalmente en la crisis Siria, el gobierno de Ankara puede ser el gran beneficiario de la paralización de South Stream, por la misma cadena de argumentos del cuento de la lechera. Turquía no aplica las sanciones imperialistas contra Rusia por la anexión de Crimea y ha prometido reforzar Blue Stream llevándolo hasta la frontera con Grecia. En tal caso, no sería ninguna sorpresa que Turquía revendiera el gas ruso a los países de la Unión Europea (y a otros) a precios ventajosos, lo cual supondría un negocio redondo que puede reconducir la diplomacia turca, históricamente ligada al imperialismo estadounidense en contra de la propia estrategia que Washington sigue en Oriente Medio.

Si sucede así, como bien ha escrito Danucci, la paralización puede favorecer a Rusia y no a Estados Unidos. Washinton perdería a Turquía, uno de sus mejores y más fieles peones en Oriente Medio. También puede agravar las contradicciones internas de la Unión Europea, que ha construido un gasoducto por el norte, mientras deja desabastecido el sur. En definitiva el gasoducto turco tiene una capacidad limitada y no puede suplir los 63.000 millones de metros cúbicos de gas que debían llegar a los países del sur y centro de Europa.

En el Viejo Continente hay muchos perjudicados por el cierre que estarán exigiendo ahora mismo algún tipo de compensaciones. Putin está jugando muy bien sus bazas. A comienzos de 2009 le propuso al presidente rumano Traian Basescu llevar el gasoducto por su país, un itinerario terrestre y, además, bastante más corto. Pero Rumanía mira para otro lado, al menos de momento. ¿Espera que el maná le llegue de algún otro sitio?, ¿hasta cuándo?

Hace tiempo que el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel viene lanzando declaraciones parecidas a las de Merkel en Sofia: «South Stream es un proyecto económico pertinente», ha repetido. «La Unión Europea tiene que tratar de eliminar los obstáculos a la construcción del gasoducto». Es evidente que las decisiones diplomáticas de Alemania en contra de Rusia se adoptan a regañadientes, pero es difícil decir cuánto más puede durar esta situación. El futuro de los países fuertes de la Unión Europea, especialmente Alemania, está alineado con Rusia, aunque no todos tienen cabida en ella, en especial los del sur y centro.

Gasoducto Blue Stream

Ilusión y des-ilusión

N.B.
Bien, veamos, la misería política es al mismo tiempo expresión de la miseria real y protesta contra esa miseria. La política es el suspiro de la creatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación carente de espíritu. Ella es el opio del pueblo (*). La superación de la política como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de su felicidad real. La exigencia de abandonar sus ilusiones sobre su situación es la exigencia de abandonar una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la política es, por tanto, la crítica del Valle de Lágrimas, cuya apariencia sagrada es la política.

La crítica no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las cadenas sin fantasías ni consuelos, sino para que se despoje de ellas y recoja la flor viva. La crítica de la política desengaña al hombre para que piense, para que actúe y modele su realidad como un hombre des-engañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y por lo tanto en torno a su sol real. La política es solamente el sol ilusorio que gira alrededor del hombre mientras éste no gire en torno a sí mismo.

Tendríamos así que la política sería lo que de alguna forma oculta la dominación real poniendo flores en las cadenas; que la crítica de la política lo que hace es descubrir la cadena oculta bajo las flores.

Dicho lo dicho, haremos notar al lector/a que lo escrito hasta aquí tiene truco. El busilis consiste en que donde yo (en realidad Marx en su introducción a la «Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel») pongo en cursiva el término «política«, el lector debe poner el vocablo «religión» (que es de lo que habla Marx. Y donde se dice «felicidad» dígase «Estado de Bienestar»). Si lo hace, se entiende mejor. Y ahora, se me ocurre, la pregunta es: ¿qué ocurriría si no hago esta aclaración al lector no avisado? ¿Le daría que pensar, quiero decir: sería irrelevante el aviso o, dicho de otro modo, daría igual o sería lo mismo que yo pusiera «política» en lugar de «religión» pues, a los efectos, suena igual?

(*) Expresión ésta que tanto ha dado que hablar a «expertos hermeneutas». Bueno, aquí Marx se expresa clara, paladina y meridianamente, cosa, por cierto, que tenía por costumbre.

La voz de la resistencia armada

La gran cantante afroamericana Nina Simone supo ser fiel intérprete de su pueblo, oprimido y marginado. Como dice una de sus canciones, su música es para quienes nada tienen. El dirigente negro Stokely Carmichael dijo de ella que fue la verdadera cantante del movimiento.

Su nombre real era Eunice Kathleen Waymon, y había nacido en 1933 en Tryon, Carolina del norte, una población segregacionista. Era la sexta de ocho hermanos dentro de la familia de un obrero manual y una sirvienta doméstica.

Niña prodigio, ya tocaba el piano a la edad de cuatro años y junto con sus hermanas cantaba en el coro de la iglesia metodista que su madre dirigía.

En 1943, cuando tenía 10 años, dio su primer concierto de piano en la biblioteca de la ciudad. Allí conoció su primer aplauso y su primer choque con el racismo: durante el concierto quitaron a sus padres de la primera fila del local para acomodar a un grupo de blancos. Este episodio fue la primera de una cadena de experiencias traumáticas para ella y está, sin duda, en el origen de su compromiso con la lucha por la libertad y por las reivindicaciones de los negros en Estados Unidos.

Con la ayuda económica de su profesor de música, pudo estudiar en la escuela de música Julliard de Nueva York, y de allí su familia se trasladó a Filadelfia, donde intentó conseguir una beca para el Instituto Curtis, pero fue rechazada por el color de su piel.

A pesar de que tenía una formación pianística clásica, para mantener a su familia tuvo que empezar a trabajar en 1954 en un club de Atlantic City como cantante. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Nina (tomado del castellano para definirse como la pequeña) Simone (de la actriz francesa Simone Signoret).

En 1959 grabó sus primeros discos para el sello Bethlehem, filial de R&B. En ellos dio muestras notables de su talento como pianista, cantante, adaptadora y compositora. Algunas canciones se convirtieron en clásicos de su repertorio. La canción I Love You Porgy, de la ópera Porgy and Bess, de Ira y George Gershwin, la convirtió de golpe en una estrella, vendiendo un millón de copias.

Desde estos primeros registros, su repertorio se llenó de jazz, gospel, blues, soul, música clásica y canciones populares de origen diverso, recorriendo una gama muy amplia en su repertorio en una amalgama totalmente personal, cálida y de enorme expresividad.

Su forma de tocar el piano es decisiva en muchas de sus interpretaciones, pero especialmente en My Baby Just Cares For Me que Nina grabó en 1959 en su primer álbum.

La influencia de Duke Ellington es patente en toda su obra, pero muy especialmente en este tipo de composiciones, rebosantes de improvisación y de cercanía espiritual. Nina logra la complicidad del oyente con un empleo intencional de los silencios y minimizando el acompañamiento. Su voz a veces sólo susurra, pero luego grita o gime, transmitiendo todas las sensaciones que el alma humana es capaz de experimentar.

No le gustaba que la compararan con Billie Holliday, por su adicción a la heroína. Tampoco le gustaba que le encasillen como una cantante de jazz, porque decía que era el destino natural que los blancos reservan a los músicos negros. Por eso cantó versiones propias de canciones de muy variado origen, como alguna de Kurt Weill y Bertold Brecht, Ne Me Quitte Pas de Jacques Brel en francés, Suzanne de Leonard Cohen, cuatro de Bob Dylan, Here Comes The Sun, de los Beatles, My Sweet Lord, de George Harrison, contribuyó con Pete Townsend en el musical Iron Man, en 1990 grabó con Maria Bethania, en 1991 con Miriam Makeba

Fue la primera que en 1961 grabó la canción tradicional The house of the rising sun (La casa del sol naciente) que luego fue también interpretada por Bob Dylan en su primer álbum de 1962 y posteriormente por The Animals en 1963, alcanzando una enorme popularidad.

Pero Nina no buscó nunca la fama ni el dinero, sino poner su enorme talento musical al servicio del pueblo oprimido norteamericano. Tras los asesinatos de Medgar Evers en Mississippi (junio de 1963) y cuatro niños negros al ser bombardeada su escuela en Birmingham, Alabama (setiembre del mismo año), compuso Mississippi goddamn, su primera canción de protesta, una acusación amarga y furiosa de la opresiva situación de los afroamericanos en Estados Unidos.

Temas compuestos por ella en 1966, como Four women, se convirtieron en emblemas de las luchas de los años sesenta en Estados Unidos. La interpretación de esta canción fue prohibida en Filadelfia y en las emisoras de radio de Nueva York por injuriosa. Sin embargo, se trata de una balada emocionante y llena de sensibilidad.

Otra canción de protesta de aquellos años es Backlash Blues, basada en un poema escrito para ella por Langston Hughes.

Militante del movimiento de Panteras Negras, otro impresionante tema suyo, Young, gifted and black (Joven, dotado y negro), inspirada por Lorena Hansberry, se convirtió en el himno afroamericano. Fue también una estrecha colaboradora de James Baldwin, Sammy Davis Jr. y Harry Belafonte.

Pero también sorprende cuando canta acompañada únicamente de su piano, como en el álbum Nina Simone and piano, una colección introspectiva de canciones sobre la muerte, la soledad y el amor, que sigue siendo un resplandor en su carrera discográfica.

Boicoteó el pago de impuestos para como una negativa a financiar la guerra de Vietnam y tras el asesinato de Malcolm X en 1965 llamó a la lucha armada: “Mis pensamientos se orientaron con aún más rapidez en la dirección que yo ya había tomado de todas formas: el reconocimiento de que la violencia es una parte inevitable de nuestra lucha».

Harta del racismo y del estercolero del mundillo musical americano, Nina renunció a su país en 1969, tras el asesinato de Martín Luther King dejando su última grabación en Estados Unidos, que llevaba un título significativo: Revolution.

Se convirtió en una trotamundos. En 1974 se fue a Barbados y durante los años siguientes vivió en Liberia, Suiza, París, Holanda y finalmente en el sur de Francia, cerca de Marsella, donde falleció en 2003.

En 1989 publicó su autobiografía, I Put A Spell On You, en la que confiesa su espíritu militante: «En el movimiento, viví a una velocidad vertiginosa. La música y la política determinaban mi vida. No tenía ninguna otra ambición personal».

El expresionismo abstracto

Nicolás Bianchi

Recién acabada la II Guerra Mundial, empezó la «guerra fría» que, en el terreno cultural, adquirió un carácter fundamentalmente ideológico, no bélico. La Unión Soviética, principal artífice de la derrota nazi a costa de un muy elevado precio humano, mostraba una sorprendente capacidad de seducción para atraer al resto del mundo. Con sus Congresos por la paz, apoyados por los nombres más brillantes y famosos del momento, muchos de ellos no comunistas, parecía haber ganado la batalla de la, vamos a decir, propaganda. El prestigio del comunismo creció como la espuma (y antes con la Revolución de Octubre, por ejemplo, en la mismísima Norteamérica con un fortísimo movimiento obrero).

Esto no podía seguir así y fue entonces cuando los Estados Unidos deciden crear el Congreso por la Libertad de la Cultura que la autora británica Frances Stonor Saunders describe magníficamente en su libro La CIA y la guerra fría cultural. Ese «Congreso» tenía predilección por los antiguos comunistas que habían abjurado y renegado de sus principios. ¿Quién financiaba las actividades? La CIA ¿Lo sabían sus miembros? Algunos sí, y otros, no. Durante dos décadas, entre 1947 y 1967, la CIA funcionó como un gran Ministerio de Cultura dentro de los EE. UU. -donde nunca hubo Ministerio de Cultura- y en el resto del llamado «mundo libre».

Los congresistas de Estados Unidos detestaban el «arte moderno», para ellos también era «arte degenerado», como para los nazis. Fue el Congreso por la Libertad Cultural, esto es, la CIA, quién se encargó de promoverlo y de promocionarlo en el extranjero. El expresionismo abstracto se considera como la gran aportación de EE. UU. a las artes plásticas en aquellos años, pero ni esa corriente (seguida en España por Antonio Saura) ni una de sus figuras más destacadas, Jackson Pollock, habrían sido posibles sin el apoyo de la CIA.

Estamos en la época del «Plan Marshall» (European Recovery Program) que, entre otras cosas, pretendía frenar el avance comunista, echó a andar una campaña encubierta a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que pondría de manifiesto la libertad cultural imperante en los Estados Unidos. Para el presidente Truman, como para muchos congresistas republicanos, el arte moderno era comunistoide; en particular el arte abstracto de impulsos degenerados y subversivos. Un congresista republicano, George Dondero (todo el mundo se acuerda del senador McCarthy y la «caza de brujas» y no de este Dondero, pero los había), para quien el arte moderno era una conspiración mundial para acabar con la moral norteamericana (la «paranoia conspiranoica» no la inventamos algunos «iluminados»), escribía: «El cubismo pretende destruir mediante el desorden calculado. El futurismo pretende destruir mediante el mito de la máquina… El dadaísmo pretende destruir mediante el ridículo. El expresionismo pretende destruir remedando lo primitivo y lo psicótico. El arte abstracto pretende destruir por medio de la confusión de la mente… El surrealismo pretende destruir por la negación de la razón».

Pero donde la mojigata moral yanqui veía el diablo, la CIA encontró un arma perfecta: el expresionismo abstracto. Este expresaba ideologías claramente anticomunistas: libertad y libre empresa; además, al no ser figurativo, no podía expresarse políticamente, era pues, la antítesis del «realismo socialista». Ítem más: se suponía netamente, químicamente, norteamericano -como el cowboy de Marlboro- y una aportación de Estados Unidos al arte moderno. «Garabatos yanquis» (Yankee Doodles). Sin embargo, la oposición interna al arte moderno no permitía que el apoyo fuera de manera abierta, así que la CIA, con financiamiento del sector privado y los museos a través del Congreso por la Libertad Cultural y el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) como tapaderas, le dieron vida al expresionismo abstracto financiando, promoviendo, exportando y premiando buen número de exposiciones internacionales y a los artistas protagonistas.

Personas como Clement Greenberg, crítico al servicio de la CIA, comenzaron a exponer las intenciones de fondo y la alineación de la cultura con las élites del poder, el dinero y las clases dirigentes. Muchos artistas entraron al juego, como Robert Motherwell o Baziotes, y otros, como Mark Rothko , militaba como ferviente anticomunista. Ad Reinhard, consecuente con sus ideas, fue el único que se negó a ser cómplice.

Diremos, para acabar, con Polo Castellanos, que el «expresionismo abstracto» ni era tan expresionista ni tan abstracto ni tan norteamericano. Rothko, por ejemplo -otro naturalizado norteamericano (era letón)-, planteaba y ponía en práctica la cuestión de la llanura, quitar todo lo ajeno a la bidimensionalidad propia de la pintura, planitud en la forma, el color y la «experiencia religiosa» o misticismo, algo ya visto décadas atrás con Malevich y Mondrian. De Kooning nunca abandonó la pintura figurativa y era tremendamente expresionista que rompía con la «llanura» o lo planteado por la abstracción. El mismo Pollock fue influenciado por el muralismo mejicano.

Pierre Vilar, historiador

Nicolás Bianchi

Falleció el 7 de agosto de 2003 con 97 años. No hace falta que se cumpla ningún aniversario para recordarle. Lo mejor, en no importa qué momento, es recordar su obra como, por ejemplo, entre tanta aportación historiográfica, «Iniciación al vocabulario del análisis histórico» donde, desde una perspectiva marxista, puede leerse que «el problema que se plantea a la historia no es el de las infraestructuras por un lado y el de las superestructuras por el otro, sino el de las relaciones estructurales entre los dos niveles diferenciados, teniendo en cuenta que cualquier esfuerzo que tienda a justificar la separación, en el análisis histórico, entre los diversos «niveles» de la estructura global, bajo el pretexto de la evidente autonomía relativa de estos niveles, constituye -sigue- en realidad un retorno cómodo a los viejos hábitos que diferenciaban «la historia económica», «la historia de las ideas», «la historia política», «la historia del arte», etc.»

Es decir, una «nueva Historia» que se sacudiera la hipoteca del positivismo decimonónico como simple narración y enumeración cronológica de hechos y acontecimientos desprovistos de «empaque». No en vano fue la escuela histórica francesa la primera en abrirse a otras ciencias en un intento -siempre utópico, ciertamente- de abarcar el proceso histórico en su totalidad. Una renovación que se llamaría «historia total» o «historia de las mentalidades» y confluyeran en la célebre escuela de los Annales de los Henri Berr, Lucien Febvre, Marc Bloch y otros. Sus pautas se pueden resumir, y es Vilar quien habla, en dos puntos centrales: 1) hay una sola historia; no existen compartimentos estancos entre una historia económica por aquí, otra política por allá ni, digamos, más «historias», haciendo chiste malo, y 2) el historiador avanza por medio de problemas: los documentos sólo contestan cuando se les pregunta siguiendo hipótesis de trabajo; la historia lo es de los hechos de masas, no de los simples «acontecimientos».

L. Febvre abominaba del anacronismo en el uso de las palabras. ¿Quién puede decir que los conceptos nación, Constitución, libertad significaran lo mismo en 1400 que en 1800 o en este minuto? Por cierto que el gran Vilar tiene un montón de páginas dedicadas al estudio (histórico) de las nociones nación, pueblo, país… de alegre uso por quienes no saben ni lo que dicen, pero cobran por ello. Igual es por eso.

Pierre Vilar era marxista y lo decía y proclamaba. No lo ocultaba. Sabía, como Marx, que los hombres hacen la historia, las masas,… sin saberlo. Luego les cuentan otra «historia». Vilar no estaba dispuesto a eso. Su gran obra, su tesina, «Cataluña en la España moderna» no la discute nadie.

Nadie salvo la Escuela Lérdica -que me acabo de inventar- cuyos lerdos miembros blasonan, como hiciera en otro tiempo y contexto Michelet de Francia, que España es, no ya una nación, sino una, cágate lorito, persona. Y yo dando ideas…

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