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Obama confiesa sus pecados con Ucrania

En una entrevista concedida a Fareed Zakaria, de la cadena de televisión CNN, Obama lleva a cabo una exposición del golpe de Estado que se produjo en Ucrania en febrero del año pasado en el que reconoce implícitamente el papel predominante desempeñado por Estados Unidos. La frase es la siguiente:
«El señor Putin no tomó su decisión sobre Crimea y Ucrania en función de una gran estrategia sino, esencialmente, porque fue sorprendido por las protestas en Maidan y por la posterior fuga de Yanukovich, después de que llegáramos a un acuerdo de transición para el gobierno de Ucrania».
La frase ha tenido que ser cuidadosamente preparada y la duda es si ese «nosotros» que emplea Obama se refiere exclusivamente a Estados Unidos o incluye a la Unión Europea, es decir, a los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia que se reunieron con Yanukovich la noche del 21 de febrero del pasado año, no para asegurar la transición del poder a la oposición, sino para acelerarla.
Entonces no había duda de que Yanokovich se marchaba del país porque firma el acuerdo como presidente en funciones y tenía de plazo hasta las elecciones previstas para diciembre del mismo año.
Estados Unidos no defendía el acuerdo de la Unión Europea con Yanukovich porque tenían otros planes. Por lo tanto, tenía que reducir el acuerdo a papel mojado, para lo cual utilizó a los manifestantes en Maidan, totalmente dominados por bandas neonazis, como Pravy Sektor, y profesionales llegados de fuera que cumplían un guión diseñado y financiado por Estados Unidos y otros, como Soros, que no ha escondido su papel en los acontecimientos del año pasado en Kiev.
Una vez que el acuerdo con la Unión Europea se convirtió en papel mojado, cuando Estados Unidos se aseguró el poder de facto en las calles, se produjo el acuerdo del que habla Obama, es decir, la toma del poder por la fuerza. En aquel momento, amenazado de muerte, Yanukovich abandonó Kiev.
Las palabras de Obama confirman, además, que a pesar de la propaganda imperialista acerca del expansionismo ruso en Crimea y Ucrania, Putin no sólo no tenía una «gran estrategia» al respecto sino que fue sorprendido por el golpe de mano de Maidan.
Es más, para no ser tachados de idiotas, ni Obama ni nosotros, debemos pensar que a pesar de haber sido «sorprendido» Putin tenía muchas y muy buenas fuentes de información en un país que es vecino al suyo. No le podía sorprender Maidan. Lo que le pudo sorprender -siquiera un poco- fue el plan exacto que los imperialistas estaban ejecutando en Maidan.
En diciembre el director de Stratfor, George Friedman, en una entrevista a la revista rusa Kommersant lo explicó con una claridad que Obama no podía utilizar, diciendo que Rusia había calificado a las manifestaciones de Maidan como el golpe de Estado más flagrante de la historia y, en efecto, confesaba Friedman cínicamente, «fue el golpe más fragrante de la historia».
¿A qué vienen estas golpes de sinceridad que conciernen a la organización de un golpe de Estado dirigido contra un país soberano de Europa? Sabemos que en cualquier circunstancia Estados Unidos hubiera apoyado las movilizaciones de Maidan, es decir, aún en el supuesto de que no hubieran sido planificadas por ellos.
La duda es si en la Casa Blanca no se quedaron también algo sorprendidos, no exactamente por el desenlace de Maidan sino por la postura de la Unión Europea en noviembre de 2013, que fue el detonante de la crisis. Es posible que Obama torpeadara el posterior acuerdo entre Yanukovich y la Unión Europea precisamente para que los acontecimientos no volvieran a sorprenderles.
Por lo tanto, las declaraciones de Obama, como las anteriores de Friedman, tratan de conceder a la escalada anti-rusa en Europa oriental una coherencia de la que carece, lo cual es una hipótesis que no habría que descartar en absoluto.

La lucha contra el imperialismo (y 2)

Juan Manuel Olarieta

Aunque se habla de él en singular, el imperialismo no es un todo; «no existe ese todo», decía Lenin (1). El imperialismo no se puede asimilar a la troika, ni al Club Bilderberg, ni a la Unión Europea, ni a las transnacionales. Las instituciones públicas y privadas del imperialismo se basan en los tratados y los acuerdos mutuos entre las aves de rapiña imperialistas. Pero además de eso hay que tener en cuenta la ruptura de los mismos.

El siglo XX demuestra que en la época del imperialismo las contradicciones internas siempre han resultado más importantes que la coordinación de los esfuerzos entre los buitres («la comunidad internacional»), que no son otra cosa que otros tantos intentos de imponer la hegemonía de alguno de ellos sobre los demás. Lo que diferencia al imperialismo respecto a la etapa anterior del capitalismo son precisamente esas contradicciones internas. Los acuerdos entre imperialistas son efímeros; lo que realmente permanece entre ellos es su mutua rivalidad.
Este rasgo característico es una fuente constante de paradojas, sobre todo cuando se asocia mecánicamente el imperialismo a la dominación de las potencias más fuertes respecto a los países dependientes. Entonces el imperialismo sigue pareciendo un todo: el que forman dichas potencias hegemónicas.
Las contradicciones internas del imperialismo no son de tipo geográfico o geoestratégico, del tipo norte-sur u oriente-occidente. Tampoco son las contradicciones entre dos enemigos, como el proletariado y la burguesía, sino las que existen en las propias entrañas del enemigo, las que enfrentan a las potencias imperialistas como bloques rivales.
La rivalidad entre las potencias imperialistas, la lucha de unos imperialistas contra otros, propicia en ciertas corrientes del movimiento revolucionario la equiparación de ambos bandos, la tesis de que «no hay imperialistas buenos», de que no se puede criticar sólo a unos imperialistas porque se hace el juego a los otros, de que todos ellos son malos porque, en suma, pretenden repartirse las zonas de influencia en el mundo. Ni siquiera admiten algo parecido a un «enemigo principal». No discriminan entre unos y otros, no existen unos que atacan y otros que se defienden, no hay agresores ni agredidos porque todos son iguales.
Así presentado el asunto no hay ninguna posibilidad, pues, de entrar en ese juego, que es ajeno a la lucha de la clase obrera. La respuesta tiene que ser la inhibición porque no es posible tomar partido en algo así, estar con unos o con otros. Es una postura propia de los puristas que no asumen ningún protagonismo dentro del movimiento de masas, de los que se limitan a elaborar comunicados infalibles con los que es imposible estar en desacuerdo porque se sitúan por encima del bien y del mal, o más bien están fuera de juego, algo característico de quienes viven en un tercer país no involucrado en ninguna batalla.
Por ejemplo, en los primeros años ochenta durante las marchas contra la OTAN la secta UCE portaba pancartas con la consigna «Ni OTAN ni Pacto de Varsovia» que dejaba a los manifestantes estupefactos, no sólo por la consideración del Pacto de Varsovia como una organización imperialista, del mismo estilo que la OTAN, sino porque nadie sabía que existeran en España bases militares de tal organización. Lo propio de ese tipo de sectas consiste en añadir problemas ficticios (Pacto de Varsovia) a los realmente existentes (OTAN).
La equiparación de unas potencias imperialistas con otras también conduce a la concepción del imperialismo como un todo, normalmente porque quienes las adoptan son grupos marginales, algo que les lleva a la superficialidad. Sus comunicados son colecciones de obviedades y frases trilladas.
Las potencias imperialistas se agrupan por bloques, cada uno de los cuales tiene sus propias características, que las organizaciones revolucionarias tienen que saber diferenciar al detalle, teniendo en cuenta que, como decía Lenin en 1916, la peculiaridad del imperialismo es «la tendencia a anexionarse no sólo países agrarios sino toda clase de países» (2).
Cuando Lenin se refería a «toda clase de países» era para incluir a las propias potencias imperialistas, a los países centrales como objeto del reparto del mundo, como le ocurrió a Alemania tras la Primera Guerra Mundial que, paradógicamente, a pesar de ser «uno de los países capitalistas más fuertes y avanzados», Lenin lo consideraba como «un país imperialista oprimido» (3).
Pero, ¿cómo es posible concebir que un país imperialista esté, al mismo tiempo, oprimido?
Esa paradoja es posible por varias razones pero fundamentalmente por la hegemonía: si todos los países imperialistas fueran iguales, ¿qué sentido tiene hablar al mismo tiempo de hegemonía y de lucha por la hegemonía como rasgo distinto del imperialismo?
Si hay hegemonía y si hay lucha por hacerse con ella es porque no todos los países imperialistas están en el mismo plano, no son iguales, como creen los nihilistas porque el imperialismo se rige por la ley del desarrollo desigual, es decir, porque el imperialismo crea desigualdades entre los propios países imperialistas, rompe los equilibrios existentes y crea nuevos desequilibrios entre ellos que, además, no son siempre los mismos, hasta tal punto que con el desarrollo del capitalismo, los imperialistas acaban convirtiéndose en víctimas de su propio juego. Cuando todo el mundo está repartido, son los propios imperialistas los que dejan de ser el sujeto para convertirse en el objeto mismo del reparto, como le estaba ocurriendo a Alemania entonces.
Lenin no ponía a los imperialistas en el mismo plano, hasta tal punto que la Revolución de Octubre hubiera resultado impensable sin una contradicción entre los imperialistas tan aguda como la gran guerra de 1914 que Stalin caracterizó como «una pugna encarnizada entre los dos principales grupos imperialistas»(4). La subsistencia luego de la URSS también hubiera resultado mucho más difícil sin esa contradicción, por lo que, a diferencia de los nihilistas, en 1920 Lenin seguía preguntando: «¿Hay en el mundo capitalista de nuestros días contradicciones radicales que se deban utilizar?»(5).
Es algo que un revolucionario se pregunta a cada momento, un punto de vista muy distinto de quien quiere limitarse a redactar comunicados. Lenin habla de «utilizar», de hacer y no de escribir, lo cual exige ir mucho más allá de las colecciones de frases y de recetas que valen en 1915 lo mismo que un siglo después, como si el mundo fuera el mismo y como si las situaciones fueran intercambiables. Alguien que tiene que hacer, se ve obligado a tomar partido y los amantes de las frases hechas deben saber que ese posicionamiento nunca es el mismo, lo cual es una fuente continua de nuevas paradojas, algo que también explicó Lenin de manera paradógica: en febrero de 1918, escribió, «no vacilé lo más mínimo en llegar a cierto ‘acuerdo’ con los monárquicos franceses», lo cual no consideró como un óbice para hacer luego todo lo contrario: «No dudaré ni un solo instante en concertar un ‘acuerdo’ idéntico con las aves de rapiña del imperialismo alemán»(6).
A causa de su partidismo, en 1917 a Lenin le acusaron de ser un espía alemán, viéndose obligado a huir de Rusia, a la que acababa de llegar después de muchos años de exilio. Lo mismo le ocurrió a Stalin cuando en 1939 firmó un acuerdo de no agresión con el III Reich, algo que los puristas han despreciado durante décadadas y que, sin embargo, cuatro años después no impidió firmar algo similar con el bando contrario: el Acuerdo de Teherán primero y el Tratado de Yalta después.
A pesar de que Lenin ponía la palabra «acuerdo» entre comillas, los nihilistas se siguen asombrando de la posibilidad de llegar a acuerdos con el enemigo, o interpretan que dichos «acuerdos» convierten en un amigo a un enemigo como por arte de magia, o que son un «apoyo» a unos en contra de los otros. «No se puede apoyar a un imperialismo contra otro», dice el grupúsculo francés denominado Partido Comunista Maoísta en referencia a la guerra en Ucrania (7) para hacer creer que la agresión no va dirigida también contra Rusia, que con ella Rusia se está expandiendo, o bien que Rusia tiene algo que ganar y no algo que perder o, mejor aún, que seguir perdiendo.
Los puristas son una especie que ha proliferado mucho en la historia. En 1939 aseguraron que la URSS se repartió Polonia con Alemania y en 1945 que se repartió el mundo entero con Estados Unidos y Gran Bretaña.
Es incalificable poner a los atacantes y los atacados al mismo nivel, casi tanto como asegurar que la guerra civil de 1936 fue un choque fratricida entre unos (fascistas) y otros (antifascistas). Si es difícil en la lucha de clases, por no decir imposible, se torna mucho más complicado en la arena internacional. Por eso los puristas suelen ser escritores, cronistas y redactores de blogs y de comunicados. Quienes asumen responsabilidades dentro de un movimiento revolucionario organizado saben que no hay situación más favorable que la escisión del adversario, que es la propia lucha revolucionaria lo que acaba dividiéndole y, por consiguiente, creando una situación aún más favorable para el movimiento.
Antes de la Revolución de Octubre, Lenin llegó a un acuerdo con la Alemania imperialista para viajar a Petrogrado en tren en mitad de la guerra mundial, junto con la dirección del partido bolchevique en pleno, nada menos que 32 militantes: «Durante la guerra mundial millones de balas alcanzaron su objetivo. Los ingenieros idearon los proyectiles más violentos, más potentes y de más largo alcance. Pero ninguno lo tuvo mayor ni fue más decisivo para la historia reciente que ese tren, cargado con los más peligrosos y más decididos revolucionarios del siglo y procedente de Suiza, atraviesa silbando toda Alemania, para llegar a Sant Petersburgo y allí hacer que el orden de la época salte en pedazos»(7).
Churchill escribió que el Estado Mayor alemán había dejado caer a Lenin en Petrogrado «como si se tratara del bacilo de la peste». ¿Cómo es posible que los imperialistas pusieran un tren a disposición de los bolcheviques para que se trasladaran desde Suiza hasta Rusia para estremecer al mundo entero sólo siete meses después de llegar a la estación de tren de Finlandia?
La misma pregunta se puede trasladar al interior mismo del partido bolchevique, donde también había puristas que se opusieron a un viaje que les hacía parecer cómplices del imperialismo alemán. Para este tipo de personas las apariencias, lo que digan los demás, no sólo son importantes, sino que son lo único realmente importante. No se trata de hacer sino de parecer.
Después de la Revolución, la URSS siguió firmando acuerdos con los imperialistas alemanes. En 1918 firmó el tratado de Brest-Litovsk, en 1922 el de Rapallo y en 1939 el Pacto Molotov-Von Ribbentrop. Pero Lenin y el gobierno soviético no «apoyaron» nunca al imperialismo alemán. Ni siquiera «se apoyaron» en él. Lo que hicieron fue aprovechar sus contradicciones con otros imperialistas para consolidar la revolución proletaria en la URSS.
(1) Lenin, Materiales sobre la revisión del programa del partido, en El imperialismo y los imperialistas, 1917, pg.133.
(2) Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo, 1916, pg.109.
(3) Lenin, Informe acerca de las concesiones, 1920, pg.165.
(4) Stalin, La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, en Cuestiones del Leninismo, pg.119.
(5) Lenin, Informe acerca de las concesiones, 1920, pg.162.
(6) Lenin, Carta a los obreros norteamericanos, 1918, pgs.147-148.
(7) http://drapeaurouge.over-blog.com/2014/03/ukraine-la-lutte-se-poursuit-entre-les-imperialistes.html
(8) Stefan Zweig, El tren sellado, en Momentos estelares de la humanidad, Editorial El Acantilado, 2012.

Disneylandia

Nicolás Bianchi
El imperio ataca y contraataca; nos quiere infantilizados, ayer Disney y hoy Spielbreg. O embrutecidos como los mangas que empiezan ya asaltando las mentes infantiles. En julio de este año se cumplirán 60 años de la creación de Disneylandia en California en 1955 (luego en Orlando, Florida, en 1971). El «chiste» -o la clave- está en que los parques (infantiles) (a)traen a los niños, que traen a los padres, que traen el dinero que los niños, obviamente, no tienen. 
Walt Disney (1901-1966) nunca escribió ni realizó los dibujos animados clásicos que llevan su nombre. Era un vendedor (como su coetáneo Ray Kroc, el fundador de McDonald`s) de chucherías para los niños. Disney, antes de cumplir treinta años, ya era famoso. Del Medio Oeste se fue a Los Ángeles y montó un estudio. Gran admirador de Henry Ford (no John Ford, el cineasta, que tiene su aquel aparte) introdujo una cadena de montaje («fordismo») y una rigurosa división del trabajo en el Estudio Disney hasta que el personal, dibujantes, guionistas… se declararon en huelga apoyando al Gremio de Dibujantes de la Pantalla, que se decía. Cometieron la «torpeza» de ganar la huelga y a Disney le entró tan mala ostia que los acusó de ser lo peor que se puede ser en este mundo y probablemente en el otro: comunistas. Encabronado y maltrecho como se le quedó el cuerpo, dejó esta lapidaria sentencia a los navegantes como aviso, o como aviso a navegantes: «Es ley del universo que los fuertes sobrevivan y los débiles queden en el camino, y me importa un bledo qué plan idealista se invente; nada puede cambiar eso; no olvidéis esto», decía con aterciopelada admonición este socialdarwinista. Y lo decía creyéndoselo, o sea, que estará en el cielo calvinista (los comunistas ya sabemos adónde vamos de cabeza). 
La huelga le dejó tocado anímica y económicamente. Se olvidó de que era -o iba- un liberal manchesteriano, poco menos, y pidió sopitas a papá-Estado. El Gobierno yanqui le dio contratos como por un tubo en plena II Guerra Mundial para hacer propaganda -vía Pato Donald, sobre todo- y lucrarse, que eso es un patriota. En los años 50, el nazi Wernher von Braun, comandante de las SS y científico nuclear, colaboraba para él (los genios nazis se iban -se reclutaban- a los EE. UU, y los criminales nazis al «patio trasero», a Sudamérica) descubriéndonos algo tan fascinante y novedoso como el espacio exterior y amigándonos con el átomo y la fisión nuclear «tan divertida» y nada terrorífica. No los átomos de Demócrito o Epicuro, no, los otros.

Manual rápido de economía para tirarte el rollo

Seguramente te habrás preguntado muchas veces qué es Standard & Poor’s, Moody’s y cosas parecidas. Habrás pasado de página cuando te hayas encontrado con esos nombres. Ahora es tu momento. Sabiendo estas cosas siempre quedas muy bien. En un pispás te voy a enseñar lo que es eso y cómo funciona para te tires el rollo de entendido ante tus colegas.
Las agencias de calificación de riesgo (rating), como Standard & Poor’s y Moody’s, son como los profes del instituto: en lugar de dedicarse a enseñar, se dedican a poner notas y, además, te convencen de que la nota refleja exactamente no sólo lo que sabes sino incluso lo que no sabes.
Pero no es exactamente así. Los profes puntúan muchas cosas. Por ejemplo, si eres el típico que se sienta en la fila del final y no prestas atención a sus sabias palabras, si eres un revolera que les complicas la vida en clase, te bajan la nota aunque seas un genio.
Ahora bien, aprende este truco: si en clase tienes la fea costumbre de protestar, te van a bajar la nota, pero si protestas contra la nota después de que te la pongan, entonces lograrás que te suban la puntuación. Ten en cuenta lo siguiente: tú sabías lo mismo antes y después de ella, así que la nota no depende exactamente de tus conocimientos sino de tu protesta.
La nota no depende de lo que sabes sino de lo que explicas y de la manera de hacerlo. Si haces el examen bien pero tienes faltas de ortografía, te bajan la nota, aunque el examen sea de física.
¿Por qué los alumnos no puntúan a sus profesores? Piensa en uno de tus profes y pregúntate: ¿cómo le calificarías tú?, ¿cómo se calificaría él a sí mismo?
La respuestas es: porque poner nota es una relación asimétrica, de dominación, entre alguien que sabe (el profe) y alguien que no sabe (que eres tú).
Muy importante: tienes que tener en cuenta que el profe tiene jefes y que la nota puede depender de ellos más que del profe. Si eres un tarugo pero tu tío es amiguete del director del instituto, pasarás de curso porque el director hablará con el profe para haga la vista gorda.
Lo mismo ocurre con las agencias de calificación como Standard & Poor’s: se dedican a poner notas a los Estados como si ellos lo supieran todo y los Estados y las empresas no supieran tanto.
Pero los profes de Standard & Poor’s son como los curas cuando se sientan en el confesonario a escuchar los pecados contra el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios: saben algunas cosas pero no saben lo fundamental, que es hacer cosas tales como echar un polvo.
Aunque no se hayan acostado con nadie, han escrito infinidad de manuales de cómo echar un polvo. Recuerda que Standard & Poor’s es una empresa de otra empresa, que es McGraw-Hill, una editorial estadounidense dedicada a los lavados de cerebro de los pobres universitarios de medio mundo.
Standard & Poor’s dice a los demás cómo tienen que hacer cosas que ellos nunca han hecho. Juegan con el dinero ajeno como quien va al casino a apostar con los billetes de otro. En su vida ha elaborado el presupuesto de un Estado, por ejemplo.
En 2012 Italia inició una investigación judicial contra Standard & Poor’s por especular en la bolsa en su propio beneficio.
En 2008 Standard & Poor’s cambió la calificación de Perú en menos de 30 días. Una de dos: o se equivocó antes, o se equivocó después, o se equivocó en ambas ocasiones, que es lo mas probable.
Pero si una agencia se equivoca, ¿no está demostrando que no sabe? No me refiero a que no sabe calificar sino que no sabe nada de nada, o sea, que pone las notas al azar, como hacen algunos profes.
Y si un profe pone las mejores notas a los que menos saben, ¿qué pensarías?
En 2001 Standard & Poor’s otorgó la máxima puntuación a Islandia cuyo sistema bancario, siete años después, entró en coma. Los islandeses votaron en referendum que no iban a devolver el dinero extranjero invertido.
Antes de la crisis de 2008, Standard & Poor’s otorgó la máxima puntuación a las hipotecas basura, a Lehman Brothers y a otros bancos ruinosos.
El otro día Standard & Poor’s suspendió con un cero a Rusia, cuya deuda es el 9 por ciento del PIB. La de España es el 97 por ciento, diez veces más, y tiene mucha mejor nota. ¿Qué opinas?
China tiene una agencia de calificación que se llama Dragon Global Credit, de cuyas puntuaciones ningún medio de comunicación se ha hecho eco nunca, que sepamos. ¿No tienen ni idea los profes chinos?
El rollo que te tienes que tirar ante tus colegas es el siguiente: la puntuación que otorga Standard & Poor’s a Rusia es la que le ordena su jefe, que vive en la Casa Blanca. Forma parte de las sanciones económicas con las que intentan doblegar a Putin.
Es una lección exclusiva (y gratuita) de este manual rápido. No te lo contarán en ningúna facultad de economía del mundo.

La lucha contra el imperialismo (1)

Juan Manuel Olarieta

El imperialismo, decía Lenin, es la fase superior del capitalismo. También se podría definir de otras maneras, pero el título que Lenin dio a su obra tiene tanta fuerza expresiva que quienes hablan del imperialismo y de la lucha contra él apenas se preocupan de concretar contra qué o contra quién luchan. Lo dan por sabido.
Encontrarle al capitalismo fases superiores o inferiores no deja de ser una manera de ordenar temporalmente la historia, por lo que a mí, personalmente, cuando me hablan de la lucha contra el imperialismo me suena como a la lucha contra el Renacimiento. ¿A qué se refieren?
El desconcierto arrecia cuando en lugar de «imperialismo» utilizan alguno de esos eufemismos posmodernos, como globalización, que cumplen dos funciones mistificadoras: dan un toque izquierdista al reformismo y un toque internacionalista al nacionalismo. Es el caso paradigmático del bolivarismo en la actualidad, que se resume con esos dos parámetros, reformismo y nacionalismo por más que parezca todo lo contrario.
Los eufemismos son ideológicos porque ocultan la realidad esencial de la lucha contra el imperialismo, que de forma inmediata es una lucha contra el capitalismo y, por consiguiente, contra el Estado propio. Aquí es donde realmente entra en juego aquella frase de que las contradicciones «externas» operan a través de las «internas», que en realidad debería decir que todas las contradicciones son siempre internas. Sólo hay verdadera lucha contra el imperialismo cuando hay una lucha contra el Estado propio o, si se quiere, contra la inserción de dicho Estado dentro de la cadena imperialista.
Lo que se opone al imperialismo no es el nacionalismo sino el internacionalismo. No tiene sentido lamentarse de la pérdida de soberanía o de independencia nacional por parte de un país que pertenece a la OTAN, por ejemplo, porque las decisiones estratégias y militares las toman fuera del país, en el Pentágono o en Bruselas. En un sentido estricto ni siquiera tiene sentido llamar a una lucha contra la OTAN. En todo caso habría que llamar a luchar por sacar al país de la OTAN (y demás instituciones imperialistas).
Que sepamos, hasta la fecha ningún país ha entrado en la OTAN a la fuerza. Ese tipo de decisiones las toma cada país, es decir, que la burguesía decide una cierta manera de situar a su país dentro de la cadena imperialista, lo cual, unido a la presión de los demás países y, especialmente, la de las potencias más fuertes, es lo que acaba poniendo a un país en el tablero mundial.
No es cuestión de «política internacional», ni de decisiones unilaterales del tipo «Otro mundo es posible». No es un guante reversible, no es sólo la proyección sobre el mundo de las decisiones que toma un país sino también de lo contrario: de las consecuencias que tienen sobre dicho país las decisiones que toman los demás, especialmente las potencias imperialistas más fuertes, cuyas decisiones se convierten en «presiones».
El encuadre de un país en el mundo depende de la correlación fuerzas, de factores económicos y militares, siendo estos, a su vez, dependientes de los anteriores. No se entra lo mismo que se sale, ni de la OTAN ni de la mayor parte de las instituciones del imperialismo, como el FMI, el Banco Mundial, la Comisión Bilderberg, la Organización Mundial de Comercio, la Unión Europea (Banco Central Europeo) y otros similares que tienen en común que no son «internacionales» en el sentido de que no son «de todos los países», ni de todos los países por igual, sino que se trata de prolongaciones de las potencias hegemónicas, es decir, de Estados que tienen nombres y apellidos.
El día antes de la victoria de Syriza en Grecia, Pablo Iglesias se apresuró a anunciar en La Sexta que, en caso de llegar al gobierno, Podemos no tenía «ninguna intención» de sacar a España del euro. Y yo añado: ni del euro, ni de la OTAN, ni de ningún tinglado del imperialismo. No obstante, las declaraciones de Iglesias contribuían a poner en claro que la lucha contra la OTAN consiste salir de ella y que la lucha contra la Unión Europea es abandonarla, y que si Podemos no va a hacer ni una cosa ni otra es porque pretende mantener a España dentro de los dispositivos del imperialismo.
Tras la caída de la URSS, el trotskismo se sintió en su salsa en medio de los foros «antimundialistas» que se crearon en la década posterior y de los que formaron parte ellos, precisamente ellos, que siempre se llenaron la boca con su revolución «mundial», entendida como una lucha contra superestructuras y abstracciones fantasmagóricas, como la troika, es decir, apuntando en la dirección equivocada y encubriendo los verdaderos pilares del imperialismo, que son las grandes potencias imperialistas.
La lucha contra el imperialismo es una lucha interna de cada país; no está dirigida contra un enemigo más allá de las fronteras, contra Obama en América o Merkel en Europa, sino de una manera mediata. No es otra cosa que una ruptura del encuadre del propio país dentro de la cadena imperialista, que sólo es posible llevando a cabo una revolución, es decir, derrotando a la propia burguesía.
Por ejemplo, la firma de la paz de Brest-Litovsk fue, junto a la expropiación de la tierra, la decisión más importante de la Revolución de Octubre y el golpe más duro que recibió entonces el imperialismo. Fue una decisión tan unilateral que no sólo dependió de Rusia sino exclusivamente del Partido Bolchevique, con la oposición frontal de todas las demás organizaciones políticas «de izquierda» (mencheviques, eseristas) que pusieron entonces al descubierto su verdadera naturaleza nacionalista.
En la medida en que el encaje de un país dentro del imperialismo no es el que se corresponde con las pretensiones de la burguesía, que siempre quiere más, sino que depende de otros factores y en especial de las fuerzas hegemónicas, en muchos países la burguesía lamenta los agravios nacionales, más o menos justificados, que vienen «de fuera». Así promueve el nacionalismo para poner a la clase obrera bajo su férula, lamentando la pérdida de la independencia nacional, como Pablo Iglesias, quien en La Sexta recordó «a todo el mundo» que la soberanía española recae en el parlamento español, una estupidez soberana que nadie puede creer.
Al más puro estilo patriotero, Iglesias añadió: «Si la señora Merkel quiere gobernar en mi país debe ganar las elecciones de mi país». Todo este tipo de declaraciones -y otras parecidas- tratan de dejar fuera al verdadero enemigo, de no luchar contra el Estado propio y, por el contrario, participar o compartir el poder político con la burguesía, crear frentes y unidades para ponerse bajo su abrigo.
Tras su victoria electoral, Syriza ha anunciado la formación de un «gobierno de salvación». ¿Qué es lo que pretende salvar Syriza? El capitalismo, naturalmente. Toda la verborrea nacional-reformista conduce siempre al mismo punto: a tratar de salvar al capitalismo de sí mismo.

Pegida quiere implantarse en España

¡Desenmascaremos al racismo!
El movimiento nazi-islamófobo Pegida se ha instalado oficialmente en España, donde aseguran que tienen mucho potencial: «Somos los representantes del movimiento Pegida en España y hasta el momento tenemos dos grupos, uno nacional, Pegida Spain, y otro regional, Pegida Cataluña. Creemos que tenemos mucho potencial en este país», señalaron fuentes de la organización.
En alemán su nombre es «Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes», un movimiento europeísta paranoico que se opone a lo que califican como «islamización» de Europa. Desde comienzos de año han realizado semanalmente marchas en la ciudada aleman de Dresde donde han logrado agrupar a unos 25.000 adherentes.
El objetivo de Pegida en España y Catalunya objetivo es seguir creciendo y establecer más grupos regionales en todo el territorio español. «El islamismo avanza en Europa, pero tampoco es el único tema de nuestro movimiento», señala la organización.
El movimiento islamófobo ha confirmado que la primera gran manifestación en España se celebrará en Barcelona, en la población de Hospitalet de Llobregat, como ya adelantó ayer el secretario general de Plataforma X Catalunya, Robert Hernando.
Los miembros de Pegida Spain no quieren aparecer por el momento en los medios de comunicación ni comunicar su identidad. El secretario general del partido fascista Plataforma X Catalunya, que se reunió en varias ocasiones con Pegida, aseguró que por el momento «quieren evitar las apariciones en los medios de comunicación».
La máxima dirigente de la organización, Katrin Oertel, dimitió la semana pasada cuando la prensa alemana publicó una foto del fundador del movimiento, Lutz Bachmann, disfrazado como Adolf Hitler, así como manifestaciones suyas fascistas y racistas.
Según un comunicado publicado en el perfil del grupo en Facebook, Oertel fue víctima de amenazas y hostilidad, pero los medios alemanes aseguran que su renuncia se debe a que Bachmann sigue siendo el dirigente en la sombra.
Los antifascistas alemanes han reaccionado con movilizaciones masivas contra Pegida bajo el lema de «Nazis no» y «¡Desenmascaremos al racismo!». El martes en Hannover una manifestación acabó con fuertes choques contra la policía y los nazis, con un total de 29 personas heridas, la mayoría de ellas antidisturbios, y otras 42 fueron detenidas.
En Frankfurt 3.000 contramanifestantes bloquearon una marcha convocada por Pegida a la que asistieron sólo unas 70 personas. En Bremen 7.000 personas se manifestaron contra el fascismo y el racismo, en Karslruhe fueron unas mil.

Quieren expulsar a un juez por redactar una constitución para Catalunya

El inquisidor Fonseca-Herrero
La Fiscalía ha pedido al Consejo General del Poder Judicial que imponga al magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona Santiago Vidal la sanción disciplinaria más grave, la expulsión de la Carrera, por participar en la redacción del borrador de una Constitución catalana.
Se trata del último trámite que había pendiente para que el inquisidor del Consejo General del Poder Judicial, Jesús
Fonseca-Herrero, haga su propuesta definitiva a la Comisión Disciplinaria del órgano de gobierno de los jueces, que de ser la de expulsión deberá ser sometida a debate por el Pleno de la institución.
El inquisidor proponía como posible sanciones la suspensión de empleo y sueldo durante tres años, su salida forzosa del territorio catalán o su expulsión definitiva de la carrera por las dos infracciones muy graves de las que se le acusa.
La propuesta debe ser dada a conocer por Fonseca-Herrero antes del próximo 9 de abril, que es cuando se cumplen los seis meses que la ley fija para tramitar los expedientes sancionadores a jueces. No obstante, y una vez conocida la propuesta de la Fiscalía, las mismas fuentes aventuran que la propuesta final no tardará.
La primera de las conductas irregulares que se le atribuyen es la ignorancia inexcusable en el cumplimiento de deberes judiciales por vulneración del deber básico de fidelidad a la Constitución y al ordenamiento jurídico.
La otra falta es la vulneración del deber de observancia del régimen de incompatibilidades.

Los Mossos desarticulan una red anarquista que atentaba contra iglesias

El juez de la Audiencia Nacional Bermúdez ha dejado en libertad a 7 de los 11 detenidos en Barcelona en diciembre dentro de la Operación Pandora contra la Kasa de la Montaña, un histórico local libertario de Barcelona.

Ocho de los once detenidos tienen nacionalidad española, otro es uruguayo, otro italiano y el último tenía doble nacionalidad italiana y austríaca.

En la operación los Mossos requisaron material y manuales para fabricar explosivos, documentos de identidad falsos, dinero en efectivo, actas de reuniones y boletines internos de la organización, así como documentos que detallan «principios, tácticas y finalidades» de estos grupos y el libro «Contra la Democracia», que fue distribuido entre sus miembros.

En el domicilio en Madrid de una de las detenidas que ingresó en prisión, y a la que el juez situó como una de las dirigentes de la organización, se encontró un correo con propuestas de acción de los GAC, como «el derramamiento de sangre», «el empleo de la fuerza» y «la expansión de la subversión y la revuelta».

Además, se halló un archivo con un esquema de cómo funciona un paquete bomba, anotaciones manuscritas que confirman que era cabecilla de los GAC y su relación con las FAI (Federación Anarquista Ibérica) y otras organizaciones anarquistas, así como una factura por la edición de 287 ejemplares del manual «Contra la Democracia».

Tras las detenciones los Mossos d’Esquadra consideran desmantelada la red que atentó con explosivos contra las iglesias católicas, que no era islamista sino anarquista.

Después de declarar ante el juez de la Audiencia Nacional de Madrid, siete de los detenidos fueron encarcelados preventivamente  porque, a pesar de su carácter libertario, el juez enviío a la cárcel a los detenidos porque creyó adivinar una «estructura burocrática». Fueron acusados de pertenencia a organización terrorista, depósito de aparatos explosivos y delitos de daños con finalidad terrorista. Tras pasar las Navidades en la cárcel han salido hoy en libertad.
La policía catalana cree que la organización se fundó en 2012, bajo el nombre Grupos Anarquistas Coordinados, y asumió los principios de la italiana Federación Anárquica Informale-Frente Revolucionario Internacional, considerada por la Unión Europea una organización terrorista.
Según los Mossos, el grupo tenía «capacidad de realizar ataques simultáneos y con potencial para provocar víctimas mortales de forma indiscriminada al utilizar artefactos explosivos con metralla».
La policía les atribuye nueve atentados, entre ellos la colocación de una bomba casera en la catedral de la Almudena de Madrid en febrero de 2013 y en la Basílica de El Pilar de Zaragoza en octubre del mismo año, donde una persona resultó herida.
También los acusa de atacar con explosivos tres sucursales bancarias y de enviar cartas bomba al arzobispo de Pamplona, a un miembro de una congregación ultracatólica y a varias empresas italianas instaladas en territorio español.

En Grecia el nuevo gobierno de Syriza bascula a favor de Rusia y China y contra la UE

El martes el Consejo de la Unión Europea aprobó un duro comunicado contra Rusia: “Expresamos nuestra preocupación por el deterioro de la situación humanitaria y de seguridad en el este de Ucrania […] Observamos pruebas del continuado y creciente apoyo de Rusia a los separatistas, lo que acentúa la responsabilidad de Rusia. Instamos a Rusia a que condene las acciones de los separatistas y aplique los acuerdos de Minsk”.
Sin duda era una declaración poco habitual, contundente, impuesta por los secuaces de Estados Unidos en la Unión Europea, Polonia y Lituania, que ahora encabezan el Consejo de la Unión. Abría la puerta para imponer nuevas sanciones económicas contra Moscú que debían ser aprobadas de manera rutinaria, como en ocasiones anteriores, tras la reunión de ministros de Exteriores de la Unión Europea de ayer.
Hungría, Eslovaquia y Austria trataron infructuosamente de modificar la declaración, suprimiendo la parte donde se atribuye a los independentistas el bombardeo de Mariupol.
Grecia, Rumanía y Chipre han protestado porque el comunicado se aprobó de forma ilegal. El portavoz del gobierno de Chipre, Nikos Christodulides, un país que acoge mucho capital ruso, ha declarado que el gobierno de Nicosia no fue consultado antes de publicar la declaración.
Al nuevo gobierno de Syriza tampoco le sentó nada bien la declaración europea. El ministro de Asuntos Exteriores, Nikos Kotzias, recién llegado al cargo, se marchó el miércoles a Bruselas, donde su adjunto tomó la palabra valientemente al denunciar que la declaración del Consejo se había redactado sin “seguir los procedimientos, sin informar a Grecia y sin obtener el consentimiento del primer ministro, Alexis Tsipras”.
Además criticó “la manía de algunos Estados miembros [contra Rusia]”, recalcando que el gobierno griego rechaza “el espíritu de las sanciones contra Rusia, que tiene consecuencias negativas tanto en la agricultura como la economía de nuestro país, y de manera general”.
En Grecia no olvidan que la respuesta de Rusia a las sanciones, bloqueando las importaciones de los países de la  Unión Europea, fue un duro golpe para su economía. Hasta el 60 por ciento de los melocotones y un 90 por ciento de las fresas griegas tenían como destino aquel país. Camiones parados cerca de la frontera con la fruta echándose a perder fue la imagen de la desesperación para muchos agricultores. Tampoco se olvidan de que la respuesta de la Unión Europea en materia de compensación fue escasa.
El lunes y el martes Alexis Tsipras, el nuevo primer ministro de Syriza, recibió casi de inmediato a los embajadores de Rusia y China en Atenas. Nada más tomar posesión y antes que a ningún otro. Es un giro significativo en la estrategia internacional de Grecia.
Grecia está vinculada económicamente a China, que ha estado invirtiendo en algunos sectores clave, como en el portuario. La insignia de esta entrada de capital chino en Grecia es la terminal de Cosco en El Pireo, que estaba llamada (ese es el proyecto) a convertirse en el centro exportador de productos de Pekín en el Mediterráneo.
El alineamiento internacional de Grecia no es sólo cosa de Syriza. Su socio de gobierno, Griegos Independientes, es un partido de la derecha partidario igualmente de acercar Grecia a Rusia.
Grecia está unida a Rusia por la religión. Rusia es el país ortodoxo más grande del mundo y, a causa de sus convicciones religiosas, el dirigente de Griegos Independientes mantiene una estrecha conexión con Moscú. Dentro del nuevo gobierno griego hay varios miembros que mantienen lazos muy estrechos con Rusia.
El mayor acercamiento reciente entre Grecia y Rusia fue en 2008 para transportar gas a través del gasoducto South Stream, un proyecto cancelado en diciembre del año pasado.
En mayo Tsipras viajó a Rusia con varios representantes de Syriza y apoyó abiertamente el referéndum en Crimea, que finalizó con su incorporación a Rusia, un hecho que no ha sido reconocido por la comunidad internacional. La opinión del primer ministro de Syriza con respecto a este conflicto ha sido cuando menos ambigua en la mayor parte de los casos y no va a aceptar que se aprueben sanciones contra Moscú tan fácilmente.
En esa misma visita se negó a reconocer, contradiciendo así al resto de la Unión Europea, incluida la propia postura oficial de Grecia, al Gobierno interino de Kiev tras asegurar que había «elementos fascistas participando en él». Y no mucho antes de ese desplazamiento se había expresado en el mismo sentido –con matices– al afirmar que era el pueblo ucraniano el que debía decidir su futuro en “referéndum”, aunque sólo en el caso de que se quisiera establecer una federación, no apoyó la secesión de territorios.
En Bruselas los eurodiputados de Syriza se han alineado con posturas favorables a Putin en diversas ocasiones. Votaron en contra del acuerdo de asociación de Ucrania en 2014, se abstuvieron sobre el de Georgia y Moldavia y se mostraron en contra de la adopción de las primeras sanciones contra Moscú, rompiendo así el consenso.
Sin embargo, no es probable que Grecia se quiera comprometer a un acuerdo más a fondo con Rusia y China. Parece un país demasiado vinculado a Europa por su pertenencia a la  Unión Europea (que se remonta a 1981) y su participación en la OTAN. A Rusia tampoco le conviene invertir ni económica ni políticamente en un aliado de la OTAN. Prefiere ejercer su influencia sobre países eslavos, como Serbia o Ucrania.
Quizá no sea tanto como un giro estratégico de Grecia sino sólo un instrumento de presión frente a la Unión Europea. El nuevo gobierno de Syriza quiere obtener más margen de maniobra para negociar la deuda con los bancos europeos y para ello quiere mostrar que Europa no es su única opción, que tiene otras posibilidades.
Fuente: http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-01-29/syriza-coquetea-con-putin-se-echara-la-nueva-grecia-en-los-brazos-de-rusia_648666/

Los montajes que organiza la Ertzantza

En este vídeo una joven vasca llamada Edurne explica que desde 2012 le imputan un delito de ‘atentado a la autoridad’. Fue detenida y acusada de desobediencia civil pacífica en el muro popular de Donostia para evitar la detención de 5 jóvenes vascos:
Ahora no puedo dejar de pensar en el montaje que hubiera organizado la Ertzantza si en vez de una desobediencia civil pacífica, Edurne hubiera llevado a cabo una desobediencia un poco menos civil y un poco menos pacífica…

En lugar de tanto ‘atentado a la autoridad’, ¿por qué no existen los delitos de ‘atentado de la autoridad’?

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