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La CIA desató la agresión contra Siria en cuatro fases

En una edición especial en árabe de la cadena de televisión Russia Today, dedicada a la guerra de Siria, Leonid Ivashov, vicepresidente de la Academia de Geopolítica de Moscú, ha afirmado que la CIA desencadenó y dirigió la agresión “de la A a la Z”.

Antiguo general del ejército ruso y, además, testigo presencial de los hechos, Ivashov equiparó los disturbios en Siria a los que se produjeron en otros países con el estallido de la Primavera Árabe en 2011, con las provocaciones a Venezuela y las revoluciones de colores en las antiguas repúblicas soviéticas.

El comienzo de los planes del imperialismo contra Siria se remonta a 2001, según Ivashov, cuando Bush ordenó a la CIA poner a Siria en la agenda de desestabilización del espionaje, junto con otros seis países. Se trataba de domesticarlos o derrocarlos.

Durante los diez años transcurridos entre 2001 y 2011, Estados Unidos y las potencias europeas presionaron a Bashar Al-Assad para que abandonara a la resistencia libanesa y palestina.

A los planes estadounidenses se sumaron los de Israel que, tras la derrota en 2006 en Líbano, debatió la posibilidad de bombardear Irán o atacar a Siria.

De los primeros planes elaborados faltan numerosos aspectos concretos, precisiones de detalle, especialmente en lo que concierne al periodo 2006-2001 inmediatamente anterior al ataque, así como a la intervención de Donald Rumsfeld en ellos.

No obstante, en la televisión Ivashov esbozó las cuatro fases, de las que dijo que eran típicas de la Primavera Árabe y otros movimientos golpistas similares.

La primera consistió en agrupar a los miembros de la oposición y captar a algunos elementos vacilantes para aparentar la existencia de un frente unido frente al gobierno de Damasco, en el que las figuras políticas que anteriormente habían colaborado con Bashar Al-Asaad tendrían un papel estelar.

La segunda etapa consistió en buscar dirigentes entre los elementos más activos de la oposición. Su tarea sería la de sacar a la gente a la calle, poniendo un énfasis especial en la naturaleza pacífica de las protestas.

En este punto, lo que llamó la atención de las manifestaciones en Siria fue la elevada participación de los niños en ellas, lo cual parece ser consecuencia de que les pagaron alguna cantidad de dinero.

El motivo de llevar a los niños a las manifestaciones tenía como objetivo inflar la participación en las mismas, ya que por aquellas fechas los partidarios del gobierno también se estaban manifestando masivamente y había que trasladar la atención de los medios hacia las de la oposición.

La tercera etapa fue la de crear un estado de descontrol y desestabilización, para lo cual se produjeron disparos, tanto contra los manifestantes como contra la policía. Se trataba de provocar a la policía y de justificar un intercambio de disparos para llegar a los titulares de la prensa internacional con noticias alarmantes sobre represión, brutalidad y muertos por las calles.

Para esta tarea la oposición reclutó francotiradores y es posible que también entregaran armas a algunos manifestantes. Ivashov destacó que esta tercera etapa fue parecida a lo que ocurrió durante el fracasado golpe de Estado contra Venezuela en 2002.

La cuarta etapa fue la de militarización de la protesta y la creación del Ejército Libre de Siria. Según Ivashov esta etapa, que es la más compleja, se ejecutó en muy poco tiempo, por lo que ya estaba preparada de antemano. Es aquí donde los grupos takfiristas, ya sobradamente entrenados para otros escenarios, empezaron a desempeñar un papel decisivo, hasta el punto de que, finalmente, quedaron al descubierto como única fuerza real de oposición al gobierno de Damasco.

En apoyo de sus afirmaciones Ivashov aportó algunas fuentes de información interesantes. Dijo que a comienzos de 2011, la delegación de la CIA en Turquía organizó un encuentro al que invitaron al antiguo vicepresidente sirio Abdel Halim Khaddam y otros disidentes sirios refugiados en Europa. También dijo que en la reunión estaban presentes los servicios de inteligencia de algunos países europeos, regionales y árabes, que no concretó.

El plan aprobado en aquella reunión fue muy detallado. Comprendía desde una campaña mediática y sicológica por todo el mundo, encomendada a las cadenas de televisión Al-Yazira y Al-Arabiya, hasta las consignas que debían gritar los manifestantes o la subida de vídeos caseros a YouTube. El tratamiento periodístico debía destacar la violencia de la policía frente al comportamiento pacífico de los manifestantes, ocultando el empleo de armas de fuego por parte de éstos y las imágenes de los policías muertos por los disparos.

Este tratamiento manipulado de los acontecimientos se puso al descubierto cuando un grupo de periodistas de Al-Yazira dimitieron para denunciar la censura impuesta por la dirección de la cadena y el uso de armas pesadas por los manifestantes, mostrando las grabaciones que la cadena no había querido emitir.

Ivashov manifestó a la televisión que para ser eficaz el plan debía permanecer en secreto. A toda costa había que transmitir la imagen de las protestas eran espontáneas, que agrupaban a un gran número de descontentos de forma pacífica y que fue el gobierno de Damasco quien ordenó un baño de sangre.

En una de sus explicaciones dijo haber sido testigo presencial de los hechos desde el comienzo de los mismos, añadiendo que se entrevistó con Bashar Al-Assad, quien se manifestó totalmente predispuesto a conceder las reformas que los manifestantes exigían. Pero al imperialismo no le interesaban las reivindicaciones de las masas más que como excusa.

El gobierno del PP pone las pensiones en manos del narcotráfico

El gobierno del PP ha adjudicado al banco de los narcotraficantes HSBC la gestión del dinero de las pensiones de la Seguridad Social de los más de 700.000 españoles que viven en el extranjero. La resolución se aprobó en marzo y el contrato se formalizó en abril. Para tapar el escándalo la resolución no se va a publicar en el Boletín Oficial del Estado.

Los narcos se apoderan de un botín que asciende a la cantidad de 6.300 millones de euros anuales durante los próximos cinco años que permitirán que la lavadora mafiosa amplíe la escala de sus operaciones en todo el mundo.

Hay pensionistas españoles en 140 países del mundo y los beneficios colaterales de los más de 700.000 nuevos clientes pueden ser suculentos, tanto por el volumen de los fondos y la fluctuación de las divisas como por la colocación de seguros y otros productos bancarios.

El chiringuito financiero de los narcos cuenta con apenas 180 trabajadores en España y no ofrece servicios al público. En la actualidad se dispone a despedir a 50.000 trabajadores en sus 6.100 oficinas en los cinco continentes, así como la retirada de Turquía y Brasil.

A cambio del trapicheo con el Estado los narcotraficantes van a pagar a la Seguridad Social 2,7 millones de euros durante los cinco años de duración del acuerdo. Con esa oferta por el manejo de 31.500 millones de euros hasta mediados de 2020 dejó fuera de juego al Opus Dei-Banco Popular, que poseía la contrata y cobraba comisión por los servicios bancarios, y al Cecabank, en el que participan las antiguas cajas de ahorros.

Hay otra contraprestación adicional: los narcos van a echar una mano al gobierno de Rajoy, que la necesitará en las inminentes elecciones. En el último informe trimestral los contables de los narcos “advierten” sobre “el posible enfriamiento del consumo y la ralentización de la inversión exterior” debido al auge del partido “radical de izquierda” Podemos y de la “excesiva fragmentación parlamentaria” provocada también por el ascenso de la fuerza “reformista” Ciudadanos.

Los mafiosos se entienden a la perfección.

Más información sobre la lavadora del narcotráfico:

Al servicio de dios, del capital y del Estado:
https://mpr21.info/2014/12/al-servicio-de-dios-del-capital-y-del.html

Arabia saudí financió Al-Qaeda a través del banco HSBC
https://mpr21.info/2015/02/a-traves-del-banco-hsbc-arabia-saudi.html

La impunidad cuesta muy barata
https://mpr21.info/2015/06/la-impunidad-cuesta-muy-barata.html

El cine para imbéciles

David Torres

El cine es, sin duda alguna, el arte que ha degenerado más rápidamente. En poco más de un siglo, quizá en poco menos, ha pasado de fabricar maravillas como “Intolerancia”, “El acorazado Potemkin”, “Luces de la ciudad”, “Avaricia” o “El maquinista de la general”, a despachar chuminadas del calibre de “Transformers” o “Los vengadores”. La comparación, lo reconozco, es arbitraria, casi tanto como decir que la música popular ha caído en picado desde el tango hasta el reggaeton, pero basta ver el presupuesto alucinante de alguna de estas películas basadas en una marca de juguetes para comprender que hay algo profundamente podrido en las sentinas del séptimo arte.

En su ya célebre estudio sobre el Hollywood de los setenta, “Moteros tranquilos, toros salvajes”, Peter Biskind analiza el cambio de paradigma que supuso el descubrimiento del taquillazo, ese momento en que los productores advirtieron que podían ganar mucho más dinero con el cine que con cualquier otra cosa. De repente, con “El exorcista”, con “Tiburón” y, sobre todo, con “La guerra de las galaxias”, una sola película podía recaudar en un fin de semana lo mismo que el resto de las producciones del estudio en varios meses. Entonces el cine dejó de ser un arte más o menos complejo y pasó a convertirse exclusivamente en un negocio. El adverbio es fundamental: el cine siempre había sido un negocio, pero los viejos productores (los Selznick, Mayer, Goldwyn, etc.) siempre habían querido hacer arte, por mercachifles que fuesen. En los setenta, los estudios de mercado descubrieron que el público que mayoritariamente invadía las salas de cine eran los niños, quienes lógicamente arrastraban a sus padres hasta la pantalla. En los ochenta, gracias al naufragio de algunas producciones, los grandes estudios de Hollywood recuperaron el control que habían perdido durante la pasada década en favor de algunos grandes directores (Altman, Kubrick, Ashby, Coppola, Peckinpah, Friedkin, Bogdanovich, Scorsese). El modelo que prevaleció fue el de Lucas y Spielberg, dos cineastas con mentalidad infantil que conectaron de inmediato con la nueva era de Reagan y de Thatcher: robots, marcianitos, dinosaurios, maniqueísmo elemental. Lo que triunfó fue, en palabras de uno de los entrevistados por Biskind, “el cine para imbéciles”.

La verdad es que el cine para imbéciles siempre había estado ahí, pero nunca se le había hecho mucho caso. A lo largo del siglo XX, la gran pantalla había tenido que soportar musicales de tercera, westerns ridículos, romances de Doris Day, películas de Rin-Tin-Tin, Lassie y de la Mula Francis. El tono de comedia era casi obligado puesto que no había manera de tomarse aquello en serio. De hecho, una de las pocas cosas que salva la primera trilogía de Star Wars frente a la vacua pedantería de sus sucesoras es el sentido del humor, destilado principalmente a través de dos personajes: el robot C3PO, que hace el papel de bufón, y el cazarrecompensas Han Solo, que da la distancia irónica necesaria para que el público se tragara el bolo. Al fin y al cabo, Star Wars sólo trataba en tono de opereta galáctica dos de los temas más viejos del mundo: la búsqueda del padre y el rescate de una princesa.

Sin embargo, en el comienzo de la plúmbea “La amenaza fantasma”, uno de los jedis le decía al otro: “Controla tu ansiedad”, y ya sabíamos que el humor se había ido al garete, que allí había menos amenaza que fantasma. Frente a la presencia malévola e imponente de Darth Vader, ahora tenemos a un villano con la psicología y los diálogos de un pit-bull, y en lugar de la cháchara deliciosa de C3PO, las pedorretas de un tonto de carnaval. Para colmo, faltaba un Han Solo, es decir, un espectador escéptico con el que el verdadero espectador pudiera identificarse en medio de todo aquel tinglado esotérico en donde, para colmo de disparates, el toque espiritual de la Fuerza se reduce a una sobredosis de colesterol en sangre. Hasta luego, Lucas.

Otro tanto ocurre con el cine de superhéroes, un subgénero que se inició en la televisión de los sesenta, copiando a los tebeos con tal inocencia y descaro que hasta subtitulaban los golpes y puñetazos, como en las viñetas. En la tele Batman estaba un poco fondón pero Catwoman (Julie Newmar enfundada en un uniforme de dominatrix) destilaba un erotismo para quinceañeros que no ha vuelto a empapar a ninguna de sus sucesoras. El primer Superman (1978) de Richard Donner, con el malogrado Christopher Reeves, tenía un perfume de ingenuidad que nos hacía sonreír; era como si todos los actores nos guiñaran un ojo para que no nos tomáramos aquella tontería demasiado en serio. Reeves y Kidder interpretaban su primer encuentro amoroso en clave de vodevil, con los rayos X del superhombre atravesando la ropa de la periodista para adivinar el color de sus bragas. La escena cumbre entre Lex Luthor y su cómico ayudante explicando el megaterremoto que iba a desbaratar la costa oeste de los Estados Unidos resulta un inolvidable dúo cómico en manos de dos actores inmensos: Gene Hackman y Ned Beatty.

Ahora, en cambio, el cine de superhéroes carece de frescura, de ironía y de gracia. No hay más que ver diez minutos de “El caballero oscuro”, sin duda la mejor de la última trilogía de Batman, para comprender hasta qué punto Nolan se ha tomado el encargo en serio. Un millonario al servicio de los pobres, una policía que se declara impotente y lanza un mensaje de auxilio cuando se encuentra en apuros, un villano disfrazado de arlequín. Mientras que Christian Bale hace gárgaras con lejía para enronquecer la voz, Michael Keaton se ponía el disfraz de Batman como si se tomara unas vacaciones. Mientras que Heath Ledger incorpora al Joker los peores tics de Marlon Brando, Jack Nicholson hizo lo único que podía hacer para encarnar a semejante mamarracho: saltitos, muecas, histrionismo a la enésima potencia. Para dar más empaque a la cosa, Nolan incluye en el paquete a actores de renombre, nada menos que a Michael Caine de mayordomo, Gary Oldman de policía gafe y Morgan Freeman de Morgan Freeman. El resultado, igual que en Hulk, Iron Man y todas las ridículas franquicias de la Marvel, es un pedo en botijo.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/opiodelpueblo/2015/06/21/la-insoportable-seriedad-de-la-serie-b/522

La masacre de Rosewood

En los años veinte del siglo pasado, Rosewood era una pequeña localidad en las ciénagas del noroeste de Florida con una población de 150 habitantes, siendo todos ellos negros, excepto una familia blanca.

El nombre de Rosewood procede de los cedros del pantano. Los negros trabajaban como leñadores o en el aserradero y muchas de las negras limpiaban las casas de los blancos en un pueblo cercano.

Los trabajadores eran propietarios de sus tierras, lo que les proporcionaba una posición social relativamente independiente que los blancos de los alrededores no podían admitir, por más que la esclavitud hubiera sido abolida 50 años antes.

En 1922 el Ku Klux Klan convocó una manifestación en un pueblo cercano y poco después, en otro mataron al maestro de una escuela blanca.

El día de Año Nuevo de 1923 una joven blanca de un pueblo cercano, Fanny Taylor, acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa, violarla y golpearla. Si ya era muy grave que un negro levantara la mano contra un blanco, si además era mujer y con una acusación sexual de por medio el caso tomaba un sesgo dramático.

Una hora después se organizó el linchamiento. Unos 1.500 blancos de los pueblos cercanos se trasladaron a Rosewood para aterrorizar a los negros. Decían buscar a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de presos encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todos los hombres, las mujeres y los niños de Rosewood.

La orgía de linchamientos se prolongó durante una semana. Los negros fueron violados, mutilados y torturados. Se produjeron tiroteos e incendios y sólo dos edificios quedaron en pie. Los negros tuvieron que huir. Muchos se escondieron en los pantanos próximos. El pueblo de Rosewood desapareció para siempre de la faz de la Tierra. Los blancos se apoderaron de las tieras que habían sido propiedad de los negros.

En 1993 se creó una fundación para investigar y recordar la matanza. Hasta el año siguiente el Congreso de Florida no reconoció el crimen e indemnizó a los 9 supervivientes y a los descendientes con 150.000 dólares.

Tres años después el director de cine John Singleton rodó la película “Rosewood” que rememora el linchamiento, aunque pasó desapercibida por los circuitos comerciales.

Más de 260.000 delitos racistas cada año en Estados Unidos

La violencia racista tiene una trayectoria muy larga en Estados Unidos, desde los tiempos de la esclavitud, pasando por los linchamientos y el terrorismo del Ku Klux Klan, hasta a la plaga de asesinatos policiales en los últimos años.

Los delitos cometidos en Estados Unidos por motivos raciales, xenofobia o ataques contra las minorías ideológicas, religiosas o étnicas siempre se han encubierto, a pesar de que suman 260.000 cada año, denunció el director y abogado del South Poverty Law Center, Richard Cohen.

En un artículo publicado recientemente en el diario Washington Post, Cohen recordaba que según el más reciente informe del FBI, en 2013 esos crímenes fueron 5.928 en el país y sólo 51 en Carolina de Sur, estado al que pertenece Charleston, donde recientemente se ha perpetrado una matanza de negros.

Las estimaciones del FBI se basan en “informes voluntarios de los organismos de seguridad” distribuidas en el país. Pero las cifras provistas por la oficina de estadísticas del Ministerio de Justicia sobre el mismo año 2013, son muy diferentes, pues cerca de 256.000 personas mueren al año por delitos motivados por el racismo.

Al no existir la obligación de denunciar estos crímenes, destacó Cohen, “muchas instituciones se niegan a cooperar”. Mississippi, por ejemplo, sólo registró cuatro delitos por motivos racistas en 2013 y Alabama seis. Precisamente es en esos dos estados del sur donde el Ku Kux Klan y otros grupos racistas son más activos.

Según la Oficina de Estadísticas, al menos un cuarto de las víctimas de esos ataques no lo denuncia, en particular los inmigrantes ilegales que temen ser deportados. A menudo miembros de la comunidad homosexual también son blanco de estos ataques, y en muchos casos no quieren revelar su identidad sexual.

El número de los grupos que instigan el racismo en Estados Unidos, también es muy elevado y crece cada año: 784 en 2013 contra los 457 de 1999.

El racismo y los linchamientos por motivos raciales forman parte de la esencia de Estados Unidos. El año pasado el FBI descubrió que dos miembros de la policía de Florida eran integrantes de la organización racista Ku Klux Klan.

Hoy hay más negros en la prisión o en condena condicional que esclavos en 1861, durante la guerra civil.

La masacre de Ocoee

En 1920 Ocoee, una localidad cercana a Sanford, Florida, contaba con unos 1.000 habitantes, la mitad de ellos negros. A dos de aquellos negros, Moses Norman y Julius “July” Perry, se les ocurrió ejercer un derecho tan elemental como el de sufragio.

Para se tuvieron que empadronar y pagar el “impuesto electoral”, que siempre fue un pretexto típico para impedir que los negros pudieran votar, a pesar de que tenían derecho a hacerlo.

El día de las elecciones, el 4 de noviembre, Norman y Perry acudieron a las urnas, pero no les permitieron votar. Además los blancos se indignaron que hubieran tenido el atrevimiento de ejercer sus derechos. Era intolerable, así que los blancos decidieron darles un escarmiento. Por la noche 250 terroristas del Ku Klux Klan se reunieron y empezaron a incendiar y asesinar. En total destruyeron 25 casas y asesinaron a 50 personas.

Al día siguiente por la mañana apareció el cuerpo de  “July” Perry colgando ahorcado de una farola.

La orgía de destrucción se prolongó durante casi una semana. Para que disfrutaran de total impunidad a los terroristas del Ku Kux Klan les nombraron ayudantes de la policía. De esa manera pudieron controlar la ciudad y no permitieron a nadie entrar o salir a menos que tuvieran un permiso especial.

Fue uno de los primeros casos de limpieza étnica. Los negros tuvieron que abandonar sus casas y perdieron las tierras que cultivaban. Los blancos se apoderaron de ellas, las dividieron y las vendieron a 3,75 dólares por hectárea.

Ningún negro volvió a la ciudad hasta 1981. Durante 61 años los asesinos disfrutaron en un paraíso étnicamente perfecto.

Julius “July” Perry

Los delitos ideológicos contra los musulmanes en Estados Unidos

Como en el resto del mundo, en Estados Unidos los musulmanes no forman un bloque único. Hay musulmanes afroamericanos, descendientes de esclavos, hay musulmanes originarios de las colonias europeas, llegados con pasaportes ingleses o franceses, y también hay musulmanes procedentes de los movimientos migratorios posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Meter en el mismo saco a Malcom X con un anticomunista checheno es, pues, el colmo del simplismo. Se trata de una minoría que no llega al uno por ciento de la población y, además, como carece de unidad interna, es ideal para constituirse en el saco de los golpes. Nunca va a oponer una resistencia eficaz; ni siquiera serían capaces de hablar entre sí el mismo idioma. El 11-S se buscó un enemigo perfecto.

A ello se suma el analfabetismo blanco, cultivado con esmero, que no sabe lo que es el Islam, ni le importa. Le basta con “saber” que un musulmán es siempre un “extranjero”, por definición, invitado temporalmente a disfrutar del modo de vida “americano” y al que siempre se le puede echar de casa. Son gente peligrosa con los que hay que estar siempre vigilantes y darles caza cuando cometen sus fechorías (y si no han cometido ninguna sospechamos que lo han cometido a escondidas).

En resumen, lo que han inculcado a los blancos es que los musulmanes son los criminales y nunca las víctimas del crimen. Como siempre, la realidad va por otro lado. Según estadísticas del FBI, en 2010 los crímenes ideológicos contra musulmanes en Estados Unidos se incrementaron en casi un 50 por ciento. Los datos forman parte de un informe más amplio sobre crímenes racistas y muestran que los delitos motivados por la islamofobia habían pasado de 107 casos en 2009 a 160 en 2010.

Por el contrario, los crímenes contra los judíos han bajado, con 887 casos en el 2010 y 931 en el año anterior. Mientras, los crímenes en contra de católicos aumentaron levemente, con 51 casos en el 2009 y 59 el año siguiente.

El número total de delitos clasificados como crímenes racistas (“de odio”) creció en 2010 a 6.628 casos, de los cuales el 47 por ciento estuvieron motivados por odio racial y 20 por ciento por odio religioso, según las estadísticas del FBI.

En el 2010 los datos oficiales registraron 847 actos de violencia contra extranjeros o personas de etnias distintas. De ese total, 534 fueron cometidos contra hispanos.

En 2010 California y Nueva York fueron los estados que registraron el mayor número de incidentes de violencia de este tipo, con 1.092 y 699 casos, respectivamente.

El 47,3 por ciento de los crímenes motivados por el odio tuvieron su origen en la raza, mientras que el 20 por ciento se debió a la religión de la víctima, y el 19 por ciento por su orientación sexual.

Un 13 por ciento de estos crímenes estuvo motivado por la etnia o nacionalidad de la víctima, y algo menos del 1 por ciento se debió a la discapacidad de la persona.

En Estados Unidos, como en el resto del mundo, la islamofobia está teniendo un efecto extraordinario, que es paradógico: está aumentando las conversiones al Islam procedentes de otras confesiones. Por ejemplo, las conversiones al Islam entre los hispanos rondan los 200.000 anuales, un 30 por ciento más que en 1999, antes del 11-S.

La masacre de Tulsa

Greenwood, 1921
En 1921 el barrio Greenwood, en Tulsa, Oklahoma, tenía una población de 15.000 negros. Era una pequeña ciudad dentro de una ciudad segregada. Ahí vivían los trabajadores y los que habían huido de las aparcerías, antiguos combatientes de la Primera Guerra Mundial, así como doctores, abogados y empresarios. Algunas personas lo llamaban el «Wall Street negro». Los racistas blancos odiaban a Greenwood y las autoridades expresaban abiertamente su deseo de expulsar a los negros del barrio.

El 31 de mayo de 1921 un limpiabotas negro llamado Dick Rowland entró en un ascensor dirigido por una blanca. Cuando el ascensor llegó al vestíbulo, algunas personas oyeron a la mujer gritar y vieron a Rowland salir corriendo del lugar. Rowland nunca fue acusado de ningún delito. A pesar de ello, le detuvieron y le metieron en la cárcel.

A la mañana siguiente, el periódico Tulsa Tribune tituló un artículo: “Linchemos al negro esta noche”. Esa misma noche una multirud de unos 2.000 blancos se acercaron al Palacio de Justicia decididos linchar a Rowland. Entonces un grupo de negros, algunos vestidos del uniforme militar de la Primera Guerra Mundial, marcharon desde Greenwood y se enfrentaron a los linchadores. Hubo un tiroteo y los negros, que eran muchos menos, se retiraron a Greenwood.

La linchadores se sintieron respaldados cuando la policía nombró como ayudantes a cientos de ellos. Uno de los ayudantes dijo después de ser nombrado: “Ahora podemos salir, acribillar a cualquier negro que veamos y la ley nos apoyará”. Al amanecer, 10.000 racistas armados hasta los dientes, incluso con metralletas, invadieron el barrio de Greenwood. Por si fuera poco, los aviones bombardearon y ametrallaron desde el aire.

El pueblo de Greenwood organizó la resistencia, pero no pudieron contra una fuerza abrumadora del enemigo. Pandillas de blancos, muchos de ellos miembros del Ku Klux Klan, fueron de casa en casa asesinarndo y saqueando. Los invasoresincendiaron y destruyeron unas 1.200 casas y negocios, y arrasaron por completo el barrio de Greenwood.

El racismo antihispano también crece en Estados Unidos

Cada día Estados Unidos descubre más basura escondida bajo la alfombra. Los múltiples casos de asesinatos racistas perpretados por policías norteamericanos han puesto la lupa en un problema que todos connocían pero del que no nadie hablaba.

Desde el momento de su independencia Estados Unidos ha sido un país apoyado en la esclavitud, en el genocidio indígena y en la segregación racial sistemática e institucionalizada.

Los agresores son los blancos y las víctimas son todos aquellos que no son son completamente blancos. Según cifras del FBI, los crímenes de odio contra la población de origen hispano en Estados Unidos aumentaron un 40 por ciento de 2003 a 2007, cuando alcanzaron su máximo nivel, al contabilizar 830 víctimas.

Las cifras oficiales subestiman la cantidad y gravedad de los crímenes de odio contra hispanos. La mayor parte de las veces los latinos no denuncian las agresiones racistas a la policía, bien por la barrera del idioma o por el temor a ser deportado. También influye que la mayor parte de los juicios son una burla y casi nunca se molestan en buscar a los racistas.

En 2008, el número de latinos víctimas de crímenes de odio -ataques motivados por el origen étnico o nacional, preferencia sexual o creencia religiosa– fue de 792. En 2009 la cifra fue de 692 víctimas hispanas.

En la década de los noventa la incidencia de ataques contra inmigrantes latinos, en Estados Unidos, subió entre 40 y 50 por cinto en los últimos cinco años, junto a las campañas contra los inmigrantes y a favor de las deportaciones, según el FBI.

Asimismo, aumentó el número de grupos de odio contra los inmigrantes y la comunidad gay. De 602 asociaciones registradas en el 2000 subió a 926 en 2010, según el Southern Poverty Law.

Una excusa para la formación de grupos racistas es la llegada masiva de inmigrantes latinos, que para 2050 llevará a que Estados Unidos tenga 29 ciudadanos de origen latino por cada 100 habitantes, según proyecciones del Centro Hispano Pew.

En 2008 la coalición Agenda Nacional del Liderazgo Hispano, que agrupa a 26 organizaciones hispanas del país, se reunieron en la Cámara baja del Congreso estadounidense para detener el incremento de crímenes raciales contra el colectivo latino. En la la rueda de prensa posterior denunciaron la retórica violenta que diferentes medios de comunicación estadounidenses emplean para referirse a los inmigrantes indocumentados y a los latinos en general.

El año anterior la asociación Media Matters Action Network publicó un informe que ponía en relieve el lenguaje amenazador sobre la inmigración ilegal que puede oírse casi a diario en los canales de noticias por cable del país.

Los fundamentalistas judíos queman una iglesia católica

El jueves el portavoz de la policía israelí Micky Rosenfeld informó que fundamentalistas judíos habían prendido fuego a la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, lugar de peregrinaje católico y monumento turístico junto al lago Tiberiades.

El fuego se declaró a medianoche y causó una seria destrucción en el interior y el exterior del templo, construido sobre los vestigios de una iglesia del siglo IV. Un monje y un voluntario tuvieron que ser hospitalizados como consecuencia de la inhalación de humo.

La tienda de recuerdos religiosos, la oficina de peregrinos y la sala de reuniones fueron las zonas más dañadas, mientras que las biblias y libros de oraciones han sido destruidos por las llamas. Sin embargo, la zona de rezos ha quedado intacta, dijo el párroco de la Iglesia, Matthias Karl.

En el muro exterior de la Iglesia los autores dejaron una pintada con un pasaje de una oración judía que llama a “expulsar a los falsos dioses”.

El departamento de crímenes religiosos de la policía israelí de Cisjordania ha abierto una investigación sobre el incendio. De momento la policía ha detenido a 16 jóvenes colonos israelíes, aunque les dejaron en libertad inmediatamente por falta de pruebas.

El presidente de Israel Reuven Rivlin ha condenado la agresión asegurando que las autoridades harán todo lo posible por detener a los criminales. “Esta terrible profanación de un lugar antiguo y santo de oración es un ataque a lo esencial de la vida en nuestro país, donde las gentes de diferentes creencias buscan vivir juntos en armonía, tolerancia mutua y respeto”, dijo Rivlin.

Estos últimos años, las mezquitas islámicas e iglesias cristianas se han convertido en objeto de ataques similares, la mayor de ellos cometidos por fundamentalistas judíos de las colonias israelíes de Cisjordania. El año pasado un grupo de jóvenes judíos fanatizados atacó la zona de oración de esta misma Iglesia de la Multiplicación, arrojando piedras a los católicos. Los atacantes también destruyeron una cruz y arrojaron los bancos al lago Tiberiades.

La Iglesia católica de la Multiplicación, que indica el lugar donde -según el Nuevo Testamento- se produjo el milagro de los panes y los peces que obró Jesús, se encuentra en Tabgha, en el noreste de Israel. Cerca de 5.000 peregrinos católicos visitan la Iglesia cada día, según el superior de la orden de San Benito en Israel, el padre Gregory Collins.

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