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Ruanda según la Audiencia Nacional: el mundo al revés

John Carlin

Podemos suponer que el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional española reaccionó como casi todo el mundo a los atentados yihadistas que el viernes se cobraron 66 vidas en tres continentes. Lo que no podemos suponer es que el juez Andreu, que fue noticia la semana pasada por su loable pretensión de utilizar el vigor de la ley española contra el terrorismo internacional, hubiera reaccionado con similar estupefacción hace exactamente 21 años cuando se estaba llevando a cabo una de las grandes atrocidades del siglo XX, el genocidio de Ruanda.

Esto es curioso por dos motivos. Primero, porque en abril, mayo y junio de 1994, cuando el juez Andreu ya era mayor de edad y estaba capacitado para leer periódicos, la gente moría en Ruanda a un ritmo no de 66, sino de 8.000 personas al día, liquidadas casi todas con un sadismo que supera la imaginación del yihadista más psicópata. Segundo, porque cabe pensar que el juez Andreu algo sabe de Ruanda, ya que en 2008 inició un proceso judicial contra 40 militares ruandeses que él acusa, entre otros crímenes, de genocidio. El juez fue noticia el lunes pasado a raíz de que uno de los 40, un general llamado Karenzi Karake, fue detenido en Londres a petición suya para que compareciera ante un tribunal español.

El problema es que el juez Andreu cometió un error cuando escribió su sumario hace siete años: se equivocó de genocidio. De las 181 páginas del sumario solo se puede desprender una conclusión: que una fuerza armada liderada por la minoría tribal tutsi se propuso exterminar a la mayoría tribal hutu. Lo cual está tan lejos de la verdad como decir que los responsables del genocidio durante la Segunda Guerra Mundial fueron no los nazis, sino los aliados.

El sumario del juez Andreu empieza con una resumida versión de la historia de Ruanda a partir de 1990. Dice que en aquel año un grupo “terrorista” inició “una serie de actividades de carácter criminal”. Se refiere al Frente Patriótico Ruandés (FPR), un movimiento rebelde predominantemente tutsi cuyo objetivo era derribar al Gobierno, compuesto por miembros de la etnia dominante hutu. El juez Andreu escribe en el tercer párrafo de su sumario que en 1994, “mediante la violencia”, el FPR obtuvo el poder. Esto es verdad, como lo es que los aliados derrotaron a los nazis “mediante la violencia” en 1945. Lo que omite mencionar el juez Andreu es que si el FPR no hubiese tomado el poder el 4 de julio de 1994, poniendo fin a un genocidio que acabó con las vidas de más de 800.000 personas en 100 días, casi todos asesinados a machetazos, el régimen hutu hubiera cumplido con su sistemática misión exterminadora y matado a todos los tutsis que aún quedaban vivos […]

A continuación, el juez Andreu dice en su sumario que el nuevo Gobierno del FPR pretendió “la eliminación de la etnia mayoritaria”, o sea los hutus, afirmación manifiestamente absurda ya que, entre muchas otras cosas, el FPR encarceló a 120.000 hutus que presuntamente participaron en las masacres de los tutsis, el 90% de los cuales hoy han sido liberados.

[…] Gourevitch, que ahora trabaja en un segundo libro sobre Ruanda, dijo que el juez Andreu había presentado “una visión del mundo al revés, una ficción tóxica, objetivamente demencial”. Gourevitch me remitió a un cable clasificado filtrado por Wikileaks en el que el embajador estadounidense en Ruanda en 2008 describe el sumario del juez Andreu como “escandaloso y erróneo”. El cable del embajador agrega: “El proceso español a los 40 militares ruandeses ofrece una versión irreconocible de uno de los episodios más dolorosos y violentos de la historia de Ruanda, distorsionando la verdad establecida, inventando matanzas”.

[…] Los parientes y amigos de tres cooperantes españoles asesinados en Ruanda en enero de 1997, la razón por la cual el juez Andreu tiene jurisdicción sobre ciudadanos ruandeses, también desearán que se haga justicia. Pero no será posible debido a que el proceso abierto por el juez Andreu carece totalmente de credibilidad.

El juez Andreu nunca llegará a la verdad porque la interpretación histórica y política en la que se fundamentan sus investigaciones es poco más fiable que la interpretación que podría haber dado Joseph Goebbels del papel nazi en Europa entre 1939 y 1945. ¿Qué dirían los españoles, se pregunta uno, si un juez ruandés se propusiera investigar el “genocidio” llevado a cabo en la Guerra Civil española y se limitara a pormenorizar las atrocidades cometidas del lado republicano, presentando a los agresores del bando franquista como inocentes víctimas? Lo que diría todo el mundo. Que es una distorsión de la verdad, un escándalo, una locura y, ante todo, una ridiculez.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/28/actualidad/1435521693_245519.html

(¿La Audiencia Nacional lo cuenta todo al revés? Nos suena bastante a algunos casos que conocemos…)

El dinero del espíritu

Juan Manuel Olarieta

La lógica, escribió Marx, es el dinero del espíritu. De una manera muy típica en él, ponía de manifiesto que, de la misma manera que mediante el dinero las personas intercambian mercancías, mediante la lógica intercambian pensamientos, “mercancías espirituales”. Naturalmente, de ahí se deduce que el pensamiento no es otra cosa que un intercambio entre las personas. También en el pensamiento hay un comprador y un vendedor que oponen sus tesis y sus argumentos.

La mayor parte de las veces consideramos el pensamiento como una serie de postulados sobre algo, descuidando que el pensamiento también trata sobre sí mismo, y ese el significado de la lógica, que se puede definir como una ciencia cuyo objeto es el pensamiento. Es, pues, un error añadirle a la lógica el calificativo de “formal”, como si fuera algo vacío de contenido, pura “forma” porque el propio hecho de separar el contenido de la forma es un error. La lógica no está vacía de contenido porque su contenido es el pensamiento o, como la llamaba Engels, “la teoría pura del pensamiento”.

El calificativo de “formal” se utiliza tambien para oponer la lógica a la dialéctica. En la enseñanza la lógica dialéctica ha desaparecido y toda la lógica es lógica “formal”. También hay manuales seudomarxistas que llevan a cabo ese tipo de exclusiones, calificando a la lógica “formal” de “burguesa” y afirmando que toda la lógica es dialéctica.

Con la lógica también se planean ese tipo de dilemas ridículos, del tipo: niño, ¿a quién le quieres más?, ¿a tu padre o a tu madre? Es como si en una boda alguien tuviera que optar por grabarla en vídeo o sacar fotos. Pues la lógica “formal” es una foto del pensamiento y la dialéctica es el vídeo. Si de una boda alguien cree que toda la ceremonia se redujo al instante fotográfico de cortar la tarta, incurre en un error. Pero si otro opina que la única manera de analizar un boda es mirar el vídeo, se perderá muchos detalles importantes que sólo se aprecian en una buena foto.

Los principios que gobiernan la lógica son la identidad y la contradicción.

El principio de identidad, que se expresa con la fórmula “A=A”, significa que toda cosa es igual a sí misma; expresa la coherencia de que una cosa es siempre la misma y no cambia, así como la repetición, la circularidad, una “foto fija”, el momento estático del conocimiento. Hoy alguno diría que es como un “selfie”. Más que estática es el éxtasis mismo.

Es algo tan amplio que lo dice todo y, por lo tanto, al mismo tiempo, no dice nada. Parece algo vacío, puramente “formal”. Como el pensamiento refleja la realidad, el principio de identidad refleja lo absoluto, una abstracción o una tautología.

No obstante, en la inferencia científica la identidad desempeña un papel importante en las definiciones y, por lo tanto, en los conceptos, que deben permanecer idénticos a sí mismos para preservar la coherencia interna y no hay nada que arruine más una argumentación que su propia inconsistencia. En el lenguaje corriente decimos que una tesis es “lógica” o que es “de cajón” porque se desprende de manera directa de otra, porque no se contradice con ella.

La consistencia se equipara a la ausencia de contradicciones, por lo que en su sentido habitual la lógica se sustenta sobre la no-contradicción y en ese sentido se opone a la dialéctica, que se apoya sobre lo contrario.

Por ejemplo, uno de los santones más importantes del imperialismo moderno, Karl Popper, sostuvo que la dialéctica y la lógica “formal” se excluyen entre sí porque una se basa en la contradicción y la otra en la no-contradicción. La ciencia, decía Popper, no se puede sostener sobre contradicciones y eso es lo que la diferencia de la seudociencia, que es contradictoria. Con su argumento Popper quería llegar a la concluir que el marxismo no es científico, puesto que defiende las contradicciones. Luego el marxismo es una seudociencia.

Las tesis de Popper llevan a la paranoia moderna contra las seudociencias, que se pone de manifiesto en la difusión que tiene actualmente en los manuales de divulgación y en los blogs sobre “ciencia” que proliferan en internet. Además de una variante rancia de idealismo objetivo, la tesis de Popper es una verdadera estupidez.

Los principios de identidad y no-contradicción de la lógica se resumen en el postulado del tercio excluso: si una tesis es verdadera, su contraria es necesariamente falsa; entre la verdad y la mentira no hay un término medio (“tertium non datur”). Es la manera corriente en la que se plantean la mayor parte de las discusiones. Las cosas son o no son, son una cosa o son otra, pero no ambas  al mismo tiempo. El lenguaje coloquial también expresa de manera muy gráfica ese tipo de construcciones lógicas: “son lentejas”, “son habas contadas”, “no hay más cera que la que arde”

La identidad aúna el conjunto de rasgos que individualizan a una cosa frente a las demás y el lenguaje la expresa por medio del verbo ser y la estructura gramatical de sujeto y predicado del tipo “el imperialismo es la fase superior del capitalismo”. Entonces la identidad se puede escribir:

imperialismo = fase superior del capitalismo

Tal y como Lenin lo define, el imperialismo se diferencia de un capitalismo sin monopolios y sin capital financiero. Sus rasgos se referencian en oposición a su contrario. La identidad, pues, no excluye la diferencia sino que es la unidad con esa misma diferencia. No se puede concebir sin la diferencia. Cada cosa se define por oposición a todas lo demás cosas que no son ella misma. El imperialismo sólo se puede entender por referencia al capitalismo premonopolista, una curva se define por oposición a una recta y un animal de una planta.

Toda identidad es relativa, una aproximación. Aunque los científicos creen que trabajan con la realidad misma, con los “hechos”, en realidad utilizan una simplificación, un esquema. Toman algunos hechos y dejan otros aparte. En determinadas circunstancias, “para el uso cotidiano de la ciencia”, dice Engels (1), es suficiente con el empleo de categorías rígidas que convierten en absoluto algo que es sólo relativo y aproximado. Es algo característico también de ciencias abstractas, como la lógica “formal”, la teoría de conjuntos, la axiomática, la matemática o los programas informáticos.

Al considerarla como algo absoluto o abstracto, la identidad prescinde del cambio, de la evolución y del tiempo. Es lo que Frege, uno de los fundadores de la lógica moderna, calificó como “los mojones clavados en un suelo eterno”(2). Ese tipo de pensamiento metafísico concibe el mundo como una “foto fija” en donde las cosas no cambian, siempre son iguales a sí mismas. Es propio de quienes dicen cosas como que “siempre ha existido y siempre existirá el imperialismo”, a diferencia de Lenin que le otorga un carácter temporal: el imperialismo es una “fase” dentro un proceso social y económico en desarrollo.

Si hay cambio es porque la identidad es relativa. Llegado un punto las cosas dejan de ser lo que eran y se convierten en algo distinto. El cambio es consecuencia de la contradicción y en referencia a la lógica llamada “formal” hay que tener presente que, a pesar de los esfuerzos por sacar las contradicciones de su seno, la no-contradicción conduce a la contradicción. Es la lección que la lógica ha aprendido desde finales del siglo XIX. Lo llaman de muchas maneras distintas, como antinomias o paradojas, pero aunque la mona se vista de seda… Ni siquiera la lógica “formal” puede prescindir de las contradicciones.

Pero no sólo la no-contradicción conduce a la contradicción, sino que empieza por la contradicción, como expone la obra del matemático checo Bolzano significativamente titulada  “Paradojas del infinito”, publicado tras su muerte en 1854. El concepto de infinito, en cualquier clase de ciencia, pero sobre todo en la matemática, es dialéctico, contradictorio y paradójico.

El sueño de la lógica “formal” acabó en 1929 con el Teorema de Gödel, que demostró que la aritmética no puede ser, a la vez, consistente y completa. Fue el golpe más duro para el programa utópico que el idealismo objetivo perseguía. La dialéctica extiende el Teorema a cualquier clase de ciencia. Ningún conocimiento es exhaustivo, el saber es inagotable, siempre avanza y progresa. Además, ningún conocimiento está exento de contradicciones, incoherencias o paradojas. Ni siquiera la lógica.


(1) Engels, Dialéctica de la naturaleza, pgs.170-173
(2) Frege, Las leyes fundamentales de la aritmética, pg.139.

Israel admite su apoyo a las milicias sirias

El lunes el ministro israelí de Defensa, Moshe Yalon, reconoció que su gobierno ayuda a las milicias sirias que combaten contra el gobierno de Damasco, a condición de que aseguren la frontera común entre ambos países.

El ministro realizó estas declaraciones en un encuentro con diplomáticos extranjeros celebrado en Tel-Aviv.

Otra de las condiciones del apoyo es la protección de la minoría drusa ante un potencial enemigo, según relata la prensa israelí.

“Cuando alguien es herido en las cercanías de nuestra frontera, se le deben ofrecer cuidados”, declaró el ministro, según relato del periódico palestino Al-Quds News. Yalon declaró también que a través de los sirios heridos Israel trata de que los rebeldes comprendan que si quieren que el apoyo israelí continúe, deben atenerse estrictamente a esas condiciones.

Según Yalon más de 1.000 sirios han recibido atención médica en hospitales isralíes desde el comienzo de la guerra en 2011. “Israel continuará actuando con sensibilidad y compasión hacia los drusos”, añadió, según indica el Times of Israel. “Los rebeldes del otro lado de la frontera también aprecian nuestra sensibilidad por su suerte”.

La semana pasada una muchedumbre de drusos en los altos del Golán atacaron a una ambulancia israelí que transportaba a dos milicianos sirios de la oposición. Uno de ellos falleció a causa de las heridas.

El ministro israelí afirmó que los drusos actuaron de manera irresponsable. “El individuo de la ambulancia no estaba afiliado al Frente Al-Nosra y su muerte provocará llamamientos a la venganza”.

Según los dirigentes israelíes, más de 100.000 drusos viven en el norte de Israel, de los cuales 20.000 en los altos del Golán que Israel ocupa.

Las consecuencias geopolíticas de la crisis griega en el Mediterráneo

Kostas Isychos
Ayer el Viceministro de Defensa griego, Kostas Isychos, fue entrevistado en La Cafetera de radiocable.com

Con España “tenemos un problema político, no personal”, dice Kostas Isychos, el viceministro de Defensa griego. Isychos fue entrevistado ayer en el programa La Cafetera de radiocable.com donde incluyó al pueblo español en el futuro «diferente» que, en su opinión, ambos pueblos tienen “que crear”.

Preguntado por el temor de los EEUU a que la crisis griega altere los equilibrios en el mediterráneo, Kostas Isychos señaló: “cambios geopolíticos y consecuencias geopolíticas habrá”.

La preocupación manifestada por EEUU es que Grecia termine alineándose con Rusia, creando un frente mediterráneo hasta ahora inexistente, escenario que Kostas Isychos no descarta: “Está abierto como una alternativa”, dice en La Cafetera. Isychos atribuye esa responsabilidad a la propia unión europea: “un país que se encuentra completamente chantajeado por los centros europeos no puede seguir compartiendo obligaciones que ya no son comunes”.

El programa conectó de nuevo también con Hibai Arbide, periodista que reside en Atenas. Arbide muestra un retrato muy diferente al que hace la prensa española sobre «el caos» griego: «La mayoría de los cajeros simplemente no tenían dinero. Había una importante cola pero en un lugar del centro junto al que pasan los corresponsales internacionales, y que estaba formada por turistas. El resto de los cajeros simplemente estaban vacíos. No había estas colas».

También participó en La Cafetera Sonia Camallonga de la Marea Granate -españoles que residen en el exterior-. Camallonga denunció en el programa los numerosos problemas con los que se están encontrando los expatriados que intentan utilizar la tarjeta sanitaria española.

La Cafetera sometió a debate en la red el tratamiento que dan a la actualidad las portadas de los periódicos del día.

Fuente: http://www.radiocable.com/viceministro-de-defensa-griego-dice-en-la-cafetera-que-habra-cambios-y-consecuencias-geopoliticas-en-el-mediterraneo.html

El corralito griego ha llegado para quedarse

Imaginemos que el domingo en el referéndum de Grecia gana el sí. El Gobierno griego (este u otro distinto) tiene un mandato claro del pueblo a aceptar las condiciones que le pone Europa y firman un acuerdo, un cuarto plan de rescate. ¿Ya no hace falta corralito, verdad? ¿O sí?

Realmente una vez que se establecen controles de capitales es muy complicado levantarlos. El siguiente plan de rescate puede ser por los próximos dos o tres años pero el pueblo griego ya sabe que se puede quedar sin su dinero. Y por tanto en cuanto se levantan los controles todo el mundo acude a sacarlos. La próxima no me pillan, piensa la gente. De hecho muchos llevan pensándolo bastantes años.

Ahora bien, ¿cuál es la solución? Básicamente esperar a que la economía griega esté suficientemente estabilizada, con crecimiento, sin problemas bancarios, generando empleo… como para no temer que la gente quiera sacar el dinero del país. Esto son muchos años o un trabajo muy bien hecho (cosa que no han hecho los sucesivos Gobiernos griegos).

Por tanto el corralito está para quedarse. Si votan sí porque no hay forma de levantarlo sin que se fugue el dinero. Y si votan no porque Grecia se tiene que salir del Euro de alguna forma y forzar a los depositantes a convertir sus ahorros a la nueva moneda. Quizá el fin del corralito lo veamos antes si Grecia se sale del Euro que si se queda en él.

http://www.elblogsalmon.com/entorno/grecia-el-corralito-ha-llegado-para-quedarse

La trama Púnica de corrupción salpica a la monarquía

Como los demás políticos de pega, los miembros de la Casa Real viven de la imagen. Como no son nada tienen que aparentar algo y para eso contratan a empresas especializadas en inflar globos vacíos de aire, como Eico Online Reputation Management y Madiva Editorial y Publicidad, propiedad de Alejandro de Pedro Llorca.

Dichas empresas están especializadas en reputación en línea y su dueño aparece implicado en la Operación Púnica. El antiguo consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid Salvador Victoria y la antigua consejera autonómica de Educación, Lucía Figar, se encuentran entre los políticos imputados por la presunta contratación irregular de las empresas de relaciones públicas Pedro Llorca.

Los contratos de Pedro Llorca con instituciones públicas motivaron su ingreso en prisión provisional el pasado mes de octubre. No salió de la cárcel de Estremera hasta enero tras abonar una fianza de 50.000 euros. Su tarea consistía en lavar la reputación personal de los miembros de la Casa Real y los políticos. El juez le acusa de haber trabajado de forma irregular para la Comunidad de Madrid, una consejería de la Región de Murcia, la Diputación de León y varios ayuntamientos de diferentes puntos de España.

Luego le pagaban con fondos del erario público mediante facturas falsas. El acusado sostiene que entre los organismos que contrataron sus servicios de imagen y reputación en internet y redes sociales, se encontraba la Casa Real, una institución que, sin embargo, han tratado de que no sea salpicada por el procedimiento.

Sus servicios de imagen y reputación incluían la censura de las opiniones negativas que se publicaban en foros y redes sociales sobre sus máximos dirigentes y también la fabricación de noticias positivas para relegar a posiciones secundarias en los principales buscadores las informaciones críticas sobre ellos.

Así falsificaron las cuentas de la deuda griega

En los años noventa el Tratado de Maastricht, del que ya nadie habla, impuso a los países europeos lo que entonces se calificó como “criterios de convergencia” para poder entrar en el euro, una serie de indicadores económicos uniformes, entre ellos el porcentaje de deuda, que se fijó en un máximo del 60 por ciento del PIB y el déficit público, que no podía superar el 3 por ciento.

En 1999 a Grecia le falsearon la contabilidad para poder entrar en el euro. En Bruselas todos lo saben y todos lo admiten porque creyeron que se trataba de un truco pasajero. Por su milenaria historia, Grecia era un país simbólico de la misma Europa, e incluso de eso que llaman “Occidente”, y no podía quedar fuera de la moneda única.

El engaño se conocía desde mucho tiempo atrás. En un informe de 2004 Eurostat ya denunció la “falsificación generalizada de los datos sobre el déficit y la deuda por parte de las autoridades griegas”(1). Con el desplome económico generalizado de 2007, el asunto dejó de ser un truco y se convirtió en una crisis interna e internacional. Actualmente el porcentaje de deuda de Grecia sobre el PIB es del 13 por ciento.

En un ejercicio de hipocresía, la Comisión Europea se rasgó las vestiduras y reconoció que había “descubierto” un fraude. Pero para entonces no sólo había un fraude sino dos. A la deuda griega se le sumó la deuda municipal de Italia cuando el Tribunal de Cuentas de aquel país advirtió de que durante décadas los contratos financieros de los ayuntamientos habían ocultado una parte de la deuda y, por lo tanto, los desequilibrios fiscales de las cuentas públicas.

Ambos fraudes situaron en el centro del huracán al italiano Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo. En el caso de Grecia, Draghi había sido vicepresidente para Europa del banco de negocios estadounidense Goldman Sachs. En el caso de los ayuntamientos italianos Dragi fue presidente del Banco central italiano entre 2006 y 2011. Pero en la década de los noventa ocupó el cargo de director general del Tesoro italiano, período durante el que se fraguó la ocultación del agujero municipal.

Dragi no sólo fue un gestor de Goldman Sachs sino también socio y, por lo tanto, beneficiario de los chanchullos financieros de la multinacional. Por falsear los números el banco estadounidense se llevó un botín de 600 millones de euros. No es de extrañar que cuando en 2011 Draghi presentó sus credenciales ante el Parlamento europeo tuviera que dar explicaciones de su gestión al frente de Goldman Sachs. Naturalmente que dijo que nunca supo nada del ocultamiento de la deuda griega.

Además de rasgar las vestiduras farisaicas de Bruselas, el fraude rasgó las de la propia Grecia. En 2009 el nuevo gobierno griego del “socialista” Yorgos Papandreu dijo “escandalizarse” por los trucos contables utilizados por Goldman Sachs para ocultar la deuda. Ese tipo de “escándalos” siempre funcionan de la misma manera manera: eran trucos propios del gobierno anterior, en los que los “socialistas” no tenían ninguna responsabilidad. Sin embargo, los gobiernos “socialistas” de Costas Simitis también utilizaron exactamente los mismos trucos (2).

Para tapar un fraude, Papandreu cometió otro: puso al frente de la Agencia de Deuda Pública griega a Petros Christodoulou que también había sido un lacayo de Goldman Sachs y, por lo tanto, conocía sus trucos contables a la perfección.

Pero el banco estadounidense no era sólo un asesor ajeno al gobierno griego sino el intermediario oficial de las emisiones de deuda del país heleno. La mayor parte de ella se emitía en moneda extranjera, sobre todo yenes y dólares, con lo que la fluctuación de divisas alteraba el coste real de las emisiones.

La deuda griega no es más que una estafa preparada por Goldman Sachs con la complicidad de la Unión Europea y la oligarquía financiera griega. Ahora pregúntense Ustedes cómo es posible que toda esta gentuza no esté en la cárcel. La respuesta es que no se pueden condenar ellos mismos, porque en Bruselas no hay nadie limpio. Los manejos de Draghi hubieran sido imposibles sin una tupida red de complicidades en el seno de las instituciones europeas, del poder político y del capital financiero. Donde hay un fraude hay un ocultamiento, un silencio y en 2010 Jean Claude Trichet, entonces presidente del Banco Central Europeo, se negó a entregar los documentos requeridos para conocer la verdadera dimensión de la deuda griega.

Durante dos años, el Banco Central Europeo y los grupos de presión pusieron en marcha a sus contactos para proteger a Draghi y no permitir que se llevaran a cabo auditorías en torno de las irregularidades cometidas en Grecia. Las comisiones del Parlamento europeo designadas para investigar la estafa chocaron sistemáticamente contra las redes de intereses que protegían un euro edificado sobre una cadena de mentiras. Merkel en persona respaldó a Draghi. La canciller alemana destacó que los planes del especulador sobre solvencia y estabilidad económica “coincidían con las de Alemania”.

Pues si es así, ahora que no se lamente -ni ella ni nadie- ni eche las culpas a Grecia.


(1) Eurostat confirma que Grecia redujo su déficit con derivados de Goldman Sachs, http://cincodias.com/cincodias/2011/05/13/mercados/1305380839_850215.html
(2) How Goldman Sachs Helped Greece to Mask its True Debt, http://www.spiegel.de/international/europe/greek-debt-crisis-how-goldman-sachs-helped-greece-to-mask-its-true-debt-a-676634.html

Las leyes de la historia

Juan Manuel Olarieta

Gilles Questiaux aúna la doble condición de profesor de historia y militante del PCF que quiere resucitar la vieja momia eurocomunista “desde dentro”. El año pasado escribió un breve artículo titulado “El movimiento revolucionario y las leyes del movimiento histórico” (*) que sintetiza algunos de los lastres del revisionismo en un recorrido vertiginoso, desde los tiempos del neolítico hasta hoy.

Más que marxismo, el artículo es una colección de tópicos sobre la historia cuya refutación exigiría un relato disperso en la dirección contraria, empezando por absurdos, como que los genetistas han demostrado que “todos los miembros de la especie [humana] descienden de cuatro individuos (de sexo femenino)” o que la consigna de “socialismo o barbarie” hay que sustituirla por esa ridiculez de “socialismo o aniquilación” de la especie.

A pesar de ello, la pretensión de Questiaux es muy acertada porque los marxistas ponen la argumentación política dentro de la historia y eso los diferencia de la burguesía y, por lo tanto, de la manera corriente de argumentar en las polémicas políticas, en las que la historia está ausente. Para la burguesía la historia es el pasado y lo que interesa es el presente. Ambas cosas no tienen nada que ver. De ahí que los argumentos políticos burgueses sean la misma vulgaridad mil veces repetida.

Pero eso no es algo propio solamente de la burguesía sino de la manada que sigue sus pasos con apariencias “progresistas” y consignas tales como “sí se puede” o la de “otro mundo es posible” en las que el ansiado cambio con el que sueña la burguesía insatisfecha de sí misma es un ejercicio de la voluntad. Con otras palabras repiten aquello de “querer es poder” que resume toda la ideología burguesa acerca de lo que es el poder y de que quien dispone del poder puede hacer “lo que le viene en gana”, puede “hacer y deshacer”, hacer una cosa o su contraria, etc. Para cambiar las cosas hay que hacerse con ese “poder”, llegar a presidir un gobierno o una alcaldía y empezar a aprobar decretos.

Es el criterio rácano de la pequeña burguesía que personaliza el poder (poder político, poder del Estado) y cree que alguien como Rajoy, Obama o el alcalde del pueblo se mueven por su propia voluntad y, naturalmente, que esa voluntad es individual. Quienes pensamos que la lucha de clases es el motor de la historia somos absolutamente ajenos a ese tipo de concepciones burguesas, por más que se vistan con ropajes reivindicativos.

Al poner la política dentro de la historia (y, por lo tanto, dentro de la lucha de clases) se empieza dejando claro que dicha política -cualquiera que sea- no es una foto fija sino algo que está cambiando y que va a seguir cambiando siempre, por lo que quien se esfuerce por mantener las cosas tal y como están ahora está condenado al fracaso.

Pero también están condenados al fracaso -igualmente- quienes no sepan en qué dirección marchan los cambios o crean que basta con cualquier cambio, en cambiar por cambiar.

La lucha de clases, como cualquier otra lucha, se rige por leyes y, por lo tanto, la historia también tiene leyes, de donde se desprende que también tiene razón Questiaux cuando sostiene que, a pesar de una impresión contraria, superficial, según la cual lo que los marxistas quieren -el socialismo- contradice el desarrollo histórico, en realidad los acontecimientos marchan hacia ahí. Los marxistas no van en contra sino a favor del viento de la historia.

Es un error creer que “otro mundo es posible” significa que “cualquier otro mundo es posible” sobre todo si ese “mundo” no es más que un capitalismo “de rostro humano”, con desempleo, jubilación, viviendas, hospitales y escuelas, es decir, un mundo que se ha ido para no volver.

Sólo hay un “mundo” posible realmente alternativo al que conocemos, que es el socialista, por algo que Marx y Engels explicaron hace tiempo: porque el propio capitalismo está preñado de socialismo, porque en su fatal agonía el capitalismo lleva en sus entrañas el socialismo. En este sentido -y no hay otro sentido posible que ese- el socialismo no es que sea posible: es inevitable.

Ahora bien, la manera en que lo plantea Questiaux es pésima, lo cual es preocupante procediendo de un profesor de historia. A la manera revisionista, Questiaux habla del “progreso” de la historia, de su “sentido”, de que marcha hacia un “objetivo” y, lo que es aún peor, ese enigmático “devenir” lo contrapone a los ciclos históricos, incurriendo en una interpretación lineal y mecanicista de la historia típica de los tiempos de la antigua socialdemocracia alemana.

Si la historia la mueven las clases y la lucha de clases es porque ellas son personas y personajes de carácter histórico, es decir, que representan a las clases sociales y, por consiguiente, a grandes colectivos de personas, homogéneos por su papel en la producción, mejor o peor organizados. Eso es lo que le falta decir a Questiaux y a los revisionistas que conoce el movimiento obrero desde hace un siglo: que el capitalismo no va a caer por su propio “élan”, como dicen los franceses. Los formidables muros de la Bastilla no cayeron sino que fueron derribados. Si alguien se da una vuelta por la Plaza de la Bastilla de París no verá ningún resto de que alguna vez ahí hubo una cárcel que fue asaltada y destruida por las masas para liberar a los presos encerrados en ella.

Para derribar un edificio hay que saber qué es lo que lo sostiene en pie y muchas otras cosas más: hay que saber fabricar explosivos, hay que saber dónde colocarlos, hay que saber detonarlos… Eso es lo que la historia enseña. El poder no deriva sólo del querer -de la voluntad individual o colectiva- sino del saber. No se puede cambiar -y mucho menos derribar- lo que no se conoce.

Al mismo tiempo, para conocer algo, hay que cambiarlo. Por ejemplo, quienes mejor conocen las cárceles son aquellos que luchan contra ellas, que defienden a los presos, que quieren acabar con su condición. ¿Cómo pretenden acabar con las cárceles quienes no saben lo que es una cárcel?, ¿creen que las cárceles son eternas, que siempre ha habido y siempre habrá cárceles?, ¿quieren mejorar las cárceles?, ¿poner aire acondicionado en las celdas?, ¿que los presos se sientan a gusto con su encierro?

Cuando algo se acaba decimos que es “historia”. Existió pero ya no existe. Eso significa también que tuvo un origen, un motivo, una causa y que luego evolucionó hasta desaparecer. Pues bien, todo es historia. Todas las instituciones humanas, incluidas las cárceles y el capitalismo, desaparecerán alguna vez porque serán derribadas por los mismos hombres que las pusieron en pie. Nacieron porque una ley histórica las creó y esa misma ley histórica es la que las derribará. Los hombres, las clases sociales, son el brazo con el que la historia se abre camino.

Ese es el aspecto que, a pesar de su importancia, los revisionistas nunca tienen en cuenta.
(*) Le mouvement révolutionnaire et les lois du mouvement historique
http://www.reveilcommuniste.fr/article-le-mouvement-revolutionnaire-et-les-lois-du-mouvement-historique-123706314.html?utm_source=flux&utm_medium=flux-rss&utm_campaign=politics

Rehenes políticos

Nicolás Bianchi

La lucha armada de ETA -antes de su final- y, por extensión, la del segmento más concienciado políticamente del pueblo vasco, no ha sido tanto -a mi juicio- la pelea por la liberación nacional, que también, puesto que Euskal Herria nunca ha sido una colonia de la «metrópolis» española, como la permanente denuncia, empleando vías armadas o pacíficas, de una nación sin Estado que grita su derecho a la autodeterminación y, en su caso, la independencia y, por ende, a formar un Estado. El carácter que adopte este futuro Estado ya es otro cantar que sólo la lucha de clases, en primer término, aparte otros factores, decantará (más que una «sociedad» indiscernible o un «pueblo» vagaroso y vagoroso).

En Euskadi no se han enfrentado, militarmente hablando, dos ejércitos. Si así fuera, los militantes de ETA habrían ido uniformados (como las FARC, por ejemplo, o el IRA) para enfrentarse a un enemigo que sí va uniformado, como las FSE. He aquí una diferencia. Otra es que un voluntario de una organización armada que aspira a la independencia de su pueblo -ahora sí cabe hablar de liberación nacional o MLNV, expresión que hasta Aznar empleó trastabillándose, eso sí, la falta de costumbre- o la revolución política (que implica la social), está dispuesto a matar y morir por su causa, que no es cualquier causa, sino la más democrática de todas, a saber, el derecho a decidir de la población de un territorio geográfico y un marco político concreto y no otro, mientras el ocupante, el invasor, el que oprime nacionalmente a un pueblo determinado, quien va uniformado, quien representa una autoridad «políticamente» ilegítima por antidemocrática y fascista, está dispuesto a matar, pero no a morir, ah, esto no, que no va en el guión, y me habían contado otra película. Y ello porque no tiene ninguna causa que defender, salvo la de una soldada, esto es, un interés particular frente a una causa desinteresada exceptuando unos objetivos políticos por los que se juega la vida. Otra diferencia, como ya dijimos.

En conclusión: el carácter político del enfrentamiento armado lo da el enemigo que disimula tal carácter llamando «terrorista» a quienes se resisten a la opresión. Esto ha pasado toda la puta vida y no decimos nada nuevo. Para ello, como es sabido, cuentan con la maquinaria propagandística (ya no hay medios de comunicación, sino de propaganda) para cloroformar y lobotomizar, somatizar y sodomizar, a eso que llaman la «opinión pública».

Conviene recordar estas cosas pinten bastos o la ocasión la pinten calva, salvo que estemos hablando de otra cosa. Como también conviene no olvidar -otra diferencia- que ETA (o los GRAPO en su momento) no es un ejército uniformado, no hace prisioneros uniformados del enemigo ergo: no tortura, ni tiene cárceles ni territorios «liberados», no es, no era, una guerra convencional (hoy ninguna lo es).

Pues bien, si es verdad, como se viene diciendo, que vivimos nuevos tiempos dylanianos de cambio de ciclo, es preciso poner en primer lugar y no posponer la lucha por la excarcelación de todos los presos políticos vascos y no vascos. Especialmente los más chantajeados, o sea, los que están gravemente enfermos o han cumplido sobradamente su condena. Ellos son la verdadera memoria histórica de los pueblos. Y las auténticas víctimas directas de la opresión terrorista del Estado fascista.

Supongo que este «discurso» le aburre a un posmoderno como «El Coletas» -dicho «sin acritud», como decía su alter ego Felipe González- escrito por un «cenizo» con «cultura de derrota» (esta es nueva, siempre se aprende algo de estos chicos). Hala, a triunfar, que son dos días: carpe diem. Y, cuando vengan mal dadas, a dar conferencias y escribir una «Memorias» para Planeta.

El terrorismo racista en Estados Unidos es tan antiguo como el país

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo… Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en Estados Unidos: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de Estados Unidos.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Brit Bennett http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html

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