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La más importante y más sangrienta de las operaciones sionistas contra los pacíficos habitantes árabes de Palestina ocurrió en una fecha que ahora vive en la memoria de todo árabe: el 9 de abril de 1948. Los árabes tuvieron su propio “Lidice” para llorar sobre él; su propia tragedia tuvo que ser contada una y otra vez. Sobre aquella fecha ocurrió la tragedia que ningún libro sobre Palestina de este período de cualquier nacionalidad o color político. sionista o no sionista, puede ignorar. Es la historia de la matanza de Deir Yassin.
El objetivo sionista de arrojar a los árabes de Palestina fue ampliamente logrado por lo que pasó en Deir Yassin. El horror que produjo en el pacífico pueblo de Palestina. cuando fueron conocidas las noticias sobre Deir Yassin, provocó el más masivo éxodo de pánico imaginable. Los sionistas llaman al episodio “Deir Yassin y después…”
Deir Yassin era una pequeña aldea árabe tres millas al oeste de Jerusalén. No tenía nada de excepcional y ninguna importancia estratégica. A pesar de estar cerca de Jerusalén, quedaba fuera de la carretera entre Jerusalén y Tel Aviv y nadie la tuvo nunca en cuenta. Levin, el locutor de la Haganah, describió la aldea con estas palabras: “Deir Yassin era una de las pocas aldeas árabes pacíficas en los alrededores de Jerusalén. Cuando una banda árabe intentó asentar su base allí el mes pasado [marzo de 1948], los vecinos mismos la rechazaron, al costo de la vida del hijo del muktar” (alcalde).
La gente de Deir Yassin no deseaba tomar partido en la lucha entre árabes y judíos. Aunque eran árabes continuaron siendo neutrales. Estos hechos, que la aldea no tenía ninguna importancia estratégica y que sus habitantes eran pacíficos, son aceptados por casi todos los que han escrito sobre la suerte de la aldea, excepto Begin, que la hizo famosa gracias a lo que sus hombres hicieron en ella.
Una investigación británica del período declara que los habitantes de Deir Yassin “tenían reputación de pacíficos y de llevarse bien con sus vecinos judíos”. Aunque Begin pretende que Deir Yassin “era un importante eslabón en la cadena de posiciones árabes que encerraban Jerusalén desde el Oeste”.
A pesar de esta declaración, en la misma página de sus memorias admite que “el comandante de la Haganah en Jerusalén anunció que su captura no tenia ningún valor militar y era, por supuesto, contraria al plan general para la defensa de Jerusalén”. Esto demuestra que las pretensiones de Begin eran solamente intentos para excusar lo que hicieron sus hombres en aquella aldea. En la medida final, lo que sea de verdad sobre la posición de la aldea, lo que ocurrió allí el 9 de abril nunca puede excusar a los terroristas por cualquier aspiración que pudieran haber tenido referente a la posición “estratégica” de la aldea.
En la mañana de aquel día, “una fuerza del IZL [Irgún] y del Grupo Stern de unos doscientos hombres atacó a la aldea árabe”. Los hombres de la aldea estaban trabajando fuera. Begin describe el principio del incidente. Dice que “uno de los nuestros, que llevaba un altavoz, se colocó a la entrada de la aldea y exhortó en árabe a todas las mujeres, niños y viejos a marcharse de sus casas y refugiarse en las faldas de la colina”. Algunas de las mujeres y niños lo hicieron, pero no todos. Parece que hubo alguna defensa por parte de los árabes, porque hubo lucha. Según Begin, sus hombres “se vieron compelidos a luchar casa por casa [y] para derrotar al enemigo utilizaron un gran número de granadas de mano”, que lanzaron a las viviendas.
En este ataque -dice Begin- sus terroristas “tuvieron cuatro muertos y casi cuarenta heridos”. Sin embargo, según el comandante del Irgún de la fuerza atacante, en un discurso que dirigió a los judíos de Nueva York durante una visita a Estados Unidos más tarde, las víctimas terroristas fueron “8 muertos y 57 heridos”. De los habitantes de Deir Yassin, sin embargo, “unos 250 murieron, alrededor de la mitad de ellos eran mujeres y niños”, según una investigación británica de aquel período. La manera en que estos árabes fueron asesinados causó horror y pánico entre los árabes de Palestina.
Después de acabar con la defensa árabe, los terroristas del Irgún y del Grupo Stern agruparon a los habitantes de Deir Yassin, de los cuales más de la mitad eran mujeres y niños y les dejaron de pie bajo vigilancia en la plaza de la aldea, mientras ellos entraban en las casas y saqueaban todas las cosas de valor que pudieran coger.
La carnicería, que es conocida por todo árabe como “la matanza de Deir Yassin”, empezó en seguida. Los terroristas judíos clavaron sus bayonetas y asesinaron a las mujeres que estaban embarazadas, cortaron a los niños que gritaban en pedazos, delante de los ojos de sus madres. Mutilaron a las mujeres jóvenes y muchachas, cortando sus miembros después de violarlas. Ancianos y hombres jóvenes fueron deliberadamente torturados hasta la muerte, mientras que las mujeres y muchachas que quedaban fueron despojadas de toda su ropa y metidas en camiones y llevadas a Jerusalén para hacer con ellas un desfile en el barrio judío de la ciudad.
Inmediatamente después de la matanza, la Haganah llegó y bloqueó la aldea durante dos días para evitar la entrada mientras quemaban los cadáveres y echaban los restos en los pozos de la aldea en un esfuerzo para borrar toda huella de las atrocidades. Cuando el representante en Palestina de la Cruz Roja Internacional, De Reynier, visitó la aldea dos días más tarde, logró ver alguna de las huellas de lo que había ocurrido.
Quedó horrorizado por lo que vio, la impresión de la acción de la IZL que se formó fue que había sido “una matanza deliberada”. Más tarde escribió un libro sobre su misión en Palestina con la Cruz Roja, en el cual incluye sus impresiones de la matanza. Según el reportero de “Kol Israel”, de la Haganah, Harry Levin, que conoció a De Reynier a su vuelta a Jerusalén después de la visita a Deir Yassin, “no quería hablar, solamente cerró sus labios y dijo: ‘¡Horrible, horrible!’”.
Levin, sin embargo, recibió su informe de la matanza de dos fotógrafos de la Haganah, que habían acompañado a De Reynier en la visita; de hecho sólo uno de los fotógrafos habló, porque el otro “estaba demasiado impresionado para decir cualquier cosa”. El hombre dijo que “él vio un gran montón de cuerpos quemados y medio quemados en una zanja; [también] otro montón de cuerpos de niños, alrededor de dieciséis [y] en la habitación de una de las casas estaban los cadáveres de una mujer y un niño”.
La acción de la Haganah de bloquear la aldea fue llevada a cabo con la intención de evitar la evidencia de la matanza; esto es por lo que a De Reynier se le impidió la entrada durante dos días. Sin embargo, hoy día sabemos casi todo lo que ocurrió aquel día de testigos que han sobrevivido, de lo que admitieron los terroristas que tomaron parte en la matanza, de los informes hechos por la Cruz Roja y otras organizaciones internacionales, tanto como de las fotos de la Haganah, de las que existen todavía reproducciones, de las cuales yo mismo he visto.
Una relación británica de la historia es la siguiente:
“Un mes antes que el Mandato terminara, esto es, a mediados de abril de 1948, dos israelíes borrachos estaban sentados en la terraza de un café en un lugar que se llamaba Deir Yassin, cuando una mujer árabe embarazada pasó.
— ¿Niño o niña? -preguntó uno de los israelitas a su compañero.
— Niño, seguramente.
— Te apuesto a que es una niña.
— Agárrala mientras lo averiguo.
Entonces él cogió una botella de cerveza, rompió el fondo y con lo que quedó de la botella abrió el cuerpo de la mujer, que gritaba, y la dejó tirada para que muriera”.
“Y no hay ninguna duda acerca de que una banda israelita entró realmente en Deir Yassin una mañana cuando los hombres estaban trabajando fuera y mataron a un cierto número de mujeres y niños cuyos cuerpos fueron arrojados a los pozos de la aldea. Existe un testimonio jurado sobre el asunto. Lo que hizo más odioso el crimen es el hecho que Deir Yassin, que es un suburbio al oeste de Jerusalén, es uno de los pocos lugares donde anteriormente árabes y judíos vivían en términos amistosos”.
Las fuentes británicas dicen que las víctimas asesinadas en la matanza de Deir Yassin fueron 250; las fuentes árabes dicen que la cifra exacta fue exactamente 254. Entre ellas había un total de 137 mujeres, de las cuales 52 fueron descritas como “madres que criaban niños, algunos de los cuales tenían pocos meses”. Del resto de las mujeres, 25 estaban embarazadas y las otras eran muchachas y mujeres solteras.
A través de las memorias de Begin sabemos que la Haganah y, en consecuencia, su supervisora la Agencia Judía, conocía de antemano la intención de Irgún de atacar Deir Yassin. Begin manifiesta que recibió una carta de Shaltiel, comandante de la Haganah en Jerusalén, en la cual éste le decía: “He sabido de vuestro plan de atacar Deir Yassin. Deseo señalar que la captura y control de Deir Yassin es una de las etapas de nuestro plan general. No tengo ninguna objeción a la realización de esta operación, con tal de que ustedes puedan controlar el pueblo”. El plan era apoderarse de Deir Yassin y utilizar el campo “para establecer un aeródromo”. Existe una contradicción obvia entre esta declaración y otra del mismo comandante de la Haganah que cita Begin (que ya he reproducido), en la cual aquél declaraba que la captura de Deir Yassin era “por supuesto, contraria al, plan general de defensa de Jerusalén”.
Las noticias de la matanza de Deir Yassin causaron honda impresión en Palestina y el mundo árabe. Los árabes de Tierra Santa quedaron estupefactos. De pronto comprobaron que ser apacibles campesinos no les salvaba del salvajismo judío-sionista. De esta manera, cuando los terroristas sionistas se acercaban a una aldea para atacarla, los habitantes árabes huían aterrorizados. Pronto, pueblos y ciudades fueron evacuados, y cuando los sionistas se enfrentaron con obstinados árabes que rehusaron marcharse, los terroristas con gusto repetían algunos de los actos de la tragedia de Deir Yassin en su beneficio. Los pateaban, los golpeaban y los obligaban a correr a tiros, o torturaban a cuantos tuvieran tiempo para hacerlo. Abundan los relatos del salvajismo judío en Palestina; han sido repetidos de forma ilimitada por Israel en tierras árabes ocupadas como resultado de la guerra de junio de 1967.
Begin insiste en describir los detalles de la matanza con “relatos increíbles de la carnicería Irgún”. También acusa al alto mando árabe y a la Agencia Judía por haber, los dos de acuerdo, fabricado la matanza. Manifiesta que las radios árabes informaron repetidamente a los árabes de Palestina de esos “relatos increíbles”, lo cual inducía a los árabes a huir presos del pánico y del terror. Según la evidencia que se desprende de escuchar los programas de todas las radios árabes en 1948, sin embargo, las declaraciones de Begin son sucias mentiras del principio al fin. Con respecto a la acusación de Begin que la matanza era una fabricación de la Agencia Judía, basta señalar que la Agencia pidió excusas públicamente de la matanza, para ver que la acusación no es cierta. Si la matanza nunca se realizó, como Begin quiere hacernos creer, entonces ¿a qué se debe que la Agencia Judía encontrara la carnicería tan monstruosa que Ben Gurion, su dirigente ejecutivo y más tarde primer ministro de Israel, pidiera excusas públicamente al rey Abdullah de Transjordania por las acciones terroristas? Seguramente esto es una suficiente evidencia. La Agencia Judía declaró que deploraba “la ejecución de semejantes brutalidades como simplemente repugnante”, y además expresó “su horror y repulsión por la bárbara manera en que la acción fue llevada a cabo”.
El novelista y escritor sionista Arthur Koestler, que había conocido a Begin y que fue descrito por el comandante del Irgún como escritor “que se dedicaba a la rama especial de la literatura que se puede llamar psicología política” (en otras palabras, un propagandista sionista), declaró, sin embargo, que “el baño de sangre de Deir Yassin fue la peor atrocidad cometida por los sionistas en toda su carrera”.
Jon Kimche, el judío británico y escritor sionista que estaba en Jerusalén en el momento de las atrocidades de Deir Yassin, describe la matanza como “la mancha oscura en la hoja de servicios judía”. Continúa, para dar a sus lectores una frase que indica la posterior justificación terrorista de lo que ocurrió en Deir Yassin. Dice: “Es históricamente importante porque se convertirá en el principio de una segunda leyenda con que los terroristas intentaban servir a su causa y justificar sus hazañas. De la misma manera que ellos afirmaban que la decisión británica de dejar Palestina era el resultado, de los ataques terroristas sobre las tropas británicas, más tarde justificaron la matanza de Deir Yassin porque desembocó en el pánico que hizo huir a los árabes que quedaban en el ‘Estado Judío’ y disminuyó las pérdidas judías”.
Notas:
— Haganah: organización terrorista sionista, antecedente del Mosad
— Irgún: organización terrorista sionista
— Grupo Stern: organización terrorista sionista que ofreció sus servicios a los nazis
— Menahem Begin: terrorista miembro del Irgún y luego Primer Ministro de Israel
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| Campeón de judo muerto en Siria |
Pero en noviembre se volvió a publicar que el general iraní Qassem Suleimani, comandante de Al-Qods, había sido herido durante ua ofensiva al sudoeste de Alepo.
Las informaciones sobre la gravedad de las heridas eran contradictorias. Unos hablaban de que se trataba de heridas superficiales y otros de que estaba a punto de morir.
El caso es que el general iraní está en Siria, posiblemente al mando de los consejeros militares y las milicias chiítas.
Algunas fuentes estiman que desde finales de noviembre han muerto unos 30 milicianos chiítas llegados no sólo de Irán sino también de Afganistán e incluso Pakistán. En el listado no se cuentan los que proceden de Irak o de Líbano.
Si nos remontamos a octubre, el número de muertos asciende a 80, entre ellos un antiguo campeón de judo, Mostapha Sheikholislami.
Los voluntarios afganos y pakistaníes forman las brigadas “Zeynabiyun” y “Fatemiyun” en homenaje a Fátima, la hija de Mahoma enterrada en Qom, y a su hija Zeynab, que lo fue cerca de Damasco, dos mujeres muy veneradas por los chiítas.
Hace un par de meses el número de combatientes chiítas en la batalla de Alepo era de unos 2.000, aunque es muy posible que su número haya crecido porque el número de bajas también está creciendo por momentos.
“Hoy combatimos a miles de kilómetros para nuestra defensa”, dijo el 9 de diciembre el general Mohammad Ali Jafari, comandante de los Pasdaran, a SepahNews. “El futuro del islam y del mundo se determina por la guerra en esta parte de Asia occidental”, añadió en un discurso pronunciado ante las familias de los voluntarios muertos en Siria.
También en Irak las milicias chiítas desempeñan tareas importantes, aunque ahora están apartadas del teatro de operaciones en Ramadi.
Hace una semana que el gobierno de Bagdad ha pedido a Turquía que retire a las tropas desplegadas cerca de Mosul, en el campo de Bachiqa, para sostener al tambaleante gobierno autónomo kurdo de Barzani.
La máxima autoridad chiíta irakí, el ayatola Ali Sistani, ha criticado duramente la entrada de los turcos en el Kurdistán irakí. Dos días después las milicias chiítas lanzaban un ultimátum de 48 horas a Turquía para que retirara sus tropas.
“¿Acaso sueñan con restablecer la grandeza otomana? Es una ilusión que van a pagar muy cara”, dijo Karim al-Nuri, portavoz de la Brigada Badr.
La oposición chiíta ridiculizó, por si no resultara suficientemente ridículo, al gobierno autónomo kurdo de Barzani, cuyas pretensiones “autonomistas” miran hacia Bagdad, mientras consienten la presencia turca sobre su suelo.
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| Andrei V. Kozyrev |
Pero “kozyrevtchina” no sólo designa a una época de la diplomacia rusa, la primera posterior al hundimiento de la URSS, sino que también se puede traducir por el tipo de política exterior que entonces Rusia puso en práctica, caracterizada por el servilismo hacia Estados Unidos. Por utilizar una palabra más gráfica, diríamos que Kozyrev era un vendido o que vendió Rusia a intereses ajenos.
Lo que se predica de Kozyrev al frente de los asuntos exteriores de Rusia, se puede decir de otros departamentos, como la economía, en donde la propiedad socialista no sólo fue saqueada sino subastada a capitalistas que, en buena parte, eran extranjeros.
Pero el primer ministro y ministro de Economía Ygov Gaidar, a pesar de su sumisión, no tiene una palabra acuñada que lo exprese, a diferencia de Kozyrev.
Los neologismos como “kozyrevtchina” expresan, sin ninguna duda, la sorpresa ante el punto al que podía llegar el gobierno ruso en los tiempos de Yeltsin, y un asombro no menor produjo luego el viraje posterior de Putin tratando de remediar el desastre provocado por Yeltsin, Gaidar, Kozyrev y otros parecidos.
Tampoco puede extrañar, por tanto, que tras la “kozyrevtchina” la política de Putin se califique de hegemonismo o expansionismo y que se equipare a la de Estados Unidos, de la cual hay que reconocer que no ha cambiado en todo este tiempo.
Si huimos de los personalismos, de las diferencias entre Yeltsin y Putin, y si no creemos que los gobiernos “elijan” entre unas u otras políticas, y menos en asuntos exteriores, hay que preguntarse por los factores que obligaron a Rusia a cambiar y pasar del servilismo inicial a la firmeza actual.
Desde los tiempos de Gorbachov, es decir, desde la última etapa de la URSS, por no hablar de las anteriores, todo fueron concesiones, incluida la más importante de ellas, la liquidación de un Estado, a pesar de lo cual el imperialismo no cedió -en absoluto- en sus pretensiones, sino todo lo contrario.
Primero los imperialistas sentaron sus campamentos en los antiguos países del Pacto de Varsovia y luego en las antiguas repúblicas que habían pertenecido a la URSS, desde el Báltico hasta el Caspio. Fueron los años que Rostislav Ischenko calificaba recientemente como “guerra invisible”.
Al menos así lo vivieron los rusos “desde dentro”. No sólo Rusia quedó rodeada sino que el tercer escalón era el asalto a la propia Rusia. A finales de los noventa el propio aparato político del Estado tenía varios caballos de Troya en su interior: estaba copado (colonizado) por grupos de presión al servicio de Estados Unidos, incluida la diplomacia, los medios de comunicación y determinados sectores económicos.
La equiparación de Rusia con Estados Unidos o con cualquier potencia imperialista no sólo muestra la errónea comprensión de la política internacional de un país determinado, sino sobre el imperialismo, en general, del imperialismo como “etapa” de la historia.
No sólo es un error equiparar el imperialismo a la dependencia, es decir, a una de sus características, sino que el propio concepto de dependencia es erróneo por varias razones. En primer lugar, porque no se pueden poner a los países dependientes a un lado y los independientes al otro. En el segundo, porque la dependencia es un concepto amplio en el que influyen varios factores, entre ellos el económico.
Lo que caracteriza al imperialismo, decía Lenin hace cien años, es que el capital financiero es una fuerza tan considerable que subordina incluso “a los Estados que gozan de la independencia política más completa”. Entre las grandes potencias y los países coloniales existen toda clase de situaciones intermedias y de formas diversas de dependencia, poniendo Lenin el ejemplo de Argentina (1).
Lenin advirtió sobre la posibilidad de que el imperialismo se convirtiera en una trivialidad vacía de contenido, el tipo que concepciones simplistas que van ligadas a la pobreza y al “Tercer Mundo” en general. Las anexiones, los repartos del mundo, decía Lenin, no son sólo territoriales, geográficos o geoestratégicos, sino “económicos”. Por mi parte, añadiría que a medida que el imperialismo ya tiene al mundo repartido desde hace años, los nuevos repartos tienen cada vez más un significado económico, como Lenin apuntó sagazmente: “Lo característico del imperialismo es precisamente la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino incluso de las más industriales” (2).
El rasgo fundamental por el que Lenin diferencia al imperialismo moderno de otras formas históricas anteriores que se parecen a él son las contradicciones interimperialistas, en las cuales no puede haber equilibrio ni equiparación económica, militar o política. Cuando tal equilibrio existe, es sólo una fase que dará lugar al desequilibrio y, en última instancia, a la guerra.
Es la ley del desarrollo desigual, según la cual el capitalismo crece más rápidamente precisamente “en las colonias”, dice Lenin, entre las cuales aparecen “nuevas potencias imperialistas” de tal manera que en el reparto del botín una parte considerable del mismo “va a parar a países que no siempre ocupan el primer lugar desde el punto de vista del ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas” (3).
Para entender el imperialismo en los últimos años no hay más que mirar un mapa de 1990 para compararlo con otro dibujado 25 años después en regiones como el Báltico, el Cáucaso o Asia central. Un poco de geografía basta para darse cuenta de que en 1990 Rusia perdió tres cuartas parte del territorio y la mitad de la población.
Podemos hacer las comparaciones que se quieran. Por ejemplo, en 1990 Rusia se había reducido incluso respecto a 1725, el año en el murió Pedro el Grande. Con el desmembramiento de la URSS 25 millones de rusos quedaron viviendo fuera de las fronteras de Rusia.
En 1990 Rusia perdió a sus viejos aliados en Europa central y oriental. A partir de entonces aquellos países son una cuña que Estados Unidos tiene introducida entre Europa y Rusia, como se ha comprobado en la reciente crisis de los refugiados.
Pero lo que se le venía encima en un futuro inmediato a Rusia era (es) aún peor. Por si en Moscú aún tenían dudas, la OTAN se lo dejó bien claro durante la guerra de los Balcanes: el futuro de Rusia era el mismo que el de Yugoeslavia, es decir, ninguno.
No obstante, a pesar de las numerosas evidencias, algunos dudan sobre si Rusia está siendo sujeto u objeto de un nuevo reparto del mundo, es decir, si Rusia pretende anexionarse algo o son otros los que pretenden anexionarse a Rusia.
Rusia es hoy el bocado de los imperialistas. Su singular posición en el mundo es lo que la convierte en una especie de paladín de otros países que están en un posición idéntica, como Siria sin ir más lejos. En Siria el ejército ruso no está actuando de manera desinteresada, sino todo lo contrario: está defendiendo sus propios intereses.
Ahora bien, esos intereses coinciden con los de Siria y con los de muchos otros pueblos del mundo y lo que es más importante: esos intereses son plenamente legítimos, tanto por parte de Rusia como de Siria, por lo que no cabe ninguna clase de neutralidad entre los agresores y los agredidos.
Por último, hay que decir que lo de Putin no tiene mérito ninguno, que no ha tenido ninguna clase de opciones, salvo la de adoptar el camino actual de enfrentamiento sin concesiones a los planes de Estados Unidos porque el anterior, la “kozyrevtchina”, conducía a Rusia a convertirse en otro Afganistán, otro Libia, otro Siria, otra Ucrania u otro Estado paria cualquiera envuelto en guerras interminables, necesitado de un protectorado internacional, de la “ayuda exterior” de las ONG y de la presencia de “cascos azules” u otros ejércitos de ocupación.
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| Logo de los terroristas del Irgún |
No hay un ejemplo más claro de terroristas fundando una nación que el caso de Israel, creado gracias a la expulsión, vejación e intimidación de aquellos que vivían allí desde hacía miles de años: los palestinos.
Los sionistas no repararon a la hora de desencadenar campañas de terror contra los palestinos para desalojarles de sus casas y sus tierras. Luego tomaron posesión de ellas.
Al reconocer al Estado de Israel, la ONU legitimó el terrorismo y su institucionalización permanente.
Para lograr sus propósitos, los sionistas crearon varias organizaciones paramilitares, especialmente la Haganá y el Irgún, después transformados en el Mosad. En ellas se combinaban el fanatismo con el recurso a la violencia indiscriminada.
En 2005 se desclasificaron documentos del MI5 que revelan los planes de los terroristas judíos de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial para asesinar al entonces canciller británico Ernest Bevin.
En 1946 el MI5 advirtió al entonces primer ministro Clement Attlee de dichos planes, entre los que había una campaña de atentados con bomba en suelo británico. La campaña terrorista planificada finalmente se redujo a una serie de cartas-bomba. En 1947, unas veinte de esas cartas fueron enviadas a figuras prominentes de Gran Bretaña, incluidos Bevin y su predecesor Anthony Eden.
Los documentos también describen el plan del rabino estadounidense Baruch Korif para bombardear Londres desde el aire, que aparentemente fue desbaratado por el MI5 mediante una serie de redadas que se llevaron a cabo en París.
Las advertencias se concentraron en las actividades de los dos principales grupos terroristas sionistas, a saber, Irgún y Stern.
En un informe, James Robertson, jefe de la Sección de Oriente Medio del MI5, reveló que su agente en Jerusalén había recibido información de que “los grupos Irgún y Stern habían decidido enviar cinco células a Londres” y que habían “entrenado a miembros selectos para asesinar a una destacada personalidad británica”. “Varias veces se hizo especial referencia al señor Bevin”, agregó.
Seguro que a más de uno ese tipo de actividades les suenan muy actuales. Sólo cambian las fechas y las siglas (o las religiones).

23 de enero de 2003. El juez Ruiz Polanco ordena una espectacular acción policial contra el terrorismo islamista en España. Es la Operación Lago.
150 miembros del Cuerpo Nacional de Policía, GEOS y TEDAX irrumpen de madrugada en distintos domicilios de Banyoles, Olot, Salt, Badalona, Santa Coloma y Sant Jaume de Llierca. ¿Resultado? 23 detenidos sospechosos de preparar atentados con explosivos y material químico. La mayoría son procedentes de Argelia.
Los medios de comunicación se hacen eco de lo sucedido sacando a relucir sus mejores dotes de espectáculo. “La ofensiva contra Bin Laden llega a Girona” (El Punto). “Los 16 arrestados en Cataluña preparaban atentados con explosivos y material químico” (El País). “La policía halla material químico y explosivo a los 16 detenidos de Al Qaeda en Cataluña” (El Mundo), “Al Qaeda en Girona” (Diario de Mallorca).
Los medios repiten la versión de la policía. Nadie pone en duda las fuentes, porque la información viene refrendada al más alto nivel.
El mismo presidente del Gobierno, José María Aznar, afirmaba sin ambages en rueda de prensa que “se ha desarticulado una importante red de terroristas vinculados a Al Qaeda” que “estaba preparando la comisión de atentados con explosivos y armas químicas”.
Por el tono de su discurso, parecían hechos probados. Pero… ni mucho menos lo eran.
“Cuando Aznar habla en 2003 a bombo y platillo de la Operación Lago como motivo para intervenir en la guerra de Irak dice que se ha desarticulado una célula terrorista de Al Qaeda con armas químicas preparada para atentar. De lo de Al Qaeda nunca más se supo, de atentar tampoco, y las ‘sustancias químicas’ incautadas resultaron ser productos de uso común, como el polvo blanco que resultó ser jabón, según los laboratorios del Ministerio de Defensa”.
Nos lo cuentan Sílvia Rispau, Mostafà Shaimi y Marta Bosch, tres de las personas implicadas en la realización de Dixán, un documental que hay que entender como ejercicio de memoria, pero también como fábula precautoria sobre los peligros de un sistema capaz de justificar todo tipo de abusos en nombre de la guerra global contra el terrorismo.
Entonces era Al Qaeda y la sombra del 11-S. Hoy son Califato Islámico, Siria y París. El contexto es básicamente idéntico. Dixán llega en el momento justo.
“La Operación Dixán es una puerta abierta para hablar y abrir debates sobre el racismo o la islamofobia”, explica el equipo del documental. “Debates que, demasiadas veces, se afrontan de forma dicotómica y nada compleja. Los hechos de estos días y los discursos que se generan lo demuestran”.
Pero volvamos al caso que nos ocupa. Volvamos a lo que el equipo de Dixán llama “el fiasco”.
El Gobierno español usó la Operación Lago como argumento para justificar una intervención militar en Irak. Sin embargo, un mes después de las detenciones, todo el caso empezó a desmoronarse por unas pruebas demasiado inconsistentes
Aznar utilizó Lago como argumento para justificar frente al gobierno español una intervención militar en Irak. Incluso Colin Powell, secretario de Defensa de EEUU, llegó a aludir a la Operación Lago como prueba frente al Consejo de Seguridad de la ONU. Aquello, desde luego, pintaba serio.
El “amigo español” parecía haber hecho un buen trabajo. Sin embargo, un mes después de las detenciones, todo el caso empieza a desmoronarse.
Poco a poco se fue sabiendo que el origen de la aparatosa Operación Lago no tenía nada que ver con el asedio internacional a Al Qaeda, sino con una modesta petición judicial cursada desde Francia. Pedían el registro de dos domicilios en los que parecían haberse alojado dos argelinos detenidos en el país vecino.
Cuando España comunica a Francia las detenciones, el juez francés responde mostrando cero interés por extraditar a ninguno de los detenidos. No ve amenaza o interés ninguno en esas personas.
Casi a la vez, los laboratorios del Ministerio de Defensa resuelven que ninguna de las sustancias intervenidas en los registros domiciliarios es peligrosa y que una de las sustancias en polvo que se creía podría ser explosiva, es en realidad jabón, detergente. Desde ese preciso momento, aquella supuesta célula durmiente de Al Qaeda empieza a ser conocida, en la prensa y en la calle, como “Comando Dixán”. Hay coña.
El 12 de febrero, el juez Ruiz Polanco muestra su malestar por la situación de la Operación Lago, instando a la policía española a que aporte pruebas que justifiquen las detenciones. Pocos días después, el fiscal Alonso pide la libertad sin cargos para los detenidos. En junio de aquel año, el magistrado Ruiz Polanco archiva finalmente el caso.
Aparentemente, la pesadilla del Comando Dixán había llegado a su fin. Aparentemente…
“Cuando los miembros del supuesto Comando Dixán salieron en libertad y Ruiz Polanco archivó su causa y fueron recibidos en loor de multitudes durante las movilizaciones contra la guerra, quienes habían sido detenidos se vieron con fuerza suficiente para querellarse por injurias y calumnias contra Acebes y Aznar. ¿Cuándo antes se ha visto a ‘terroristas’ como esos? Para el Gobierno fue demasiado”.
Sílvia, Musta y Marta nos introducen así a la segunda parte de esta historia. Un capítulo cargado de tensiones e irregularidades que podría resumirse en estos puntos:
1. El Gobierno, escaldado, reabre el caso agarrándose a un informe del FBI en el que se conjetura con que las sustancias incautadas durante la Operación Lago podrían ser usadas para la fabricación de “napalm casero”. Cuatro de los antiguos detenidos son imputados nuevamente. Tras prestar declaración, son dejados en libertad.
2. El 11 de marzo de 2004, estalla una decena de bombas en trenes de cercanías de Madrid, matando a 190 personas. Al Qaeda reivindica el atentado.
3. Cuatro días después, el magistrado Ruiz Polanco es suspendido cautelarmente por el Consejo General del Poder Judicial. Baltasar Garzón asume interinamente sus asuntos y ordena detener y encarcelar a los cuatro imputados.
4. En el otoño de 2006 se celebra el juicio contra el Comando Dixán. Son 6 los acusados. Durante el proceso hay multitud de piezas que no parecen encajar. “La acusación naufraga en el juicio contra los implicados en la operación Estanque”, escribe el diario El Punt en una de sus portadas.
La Audiencia Nacional condenó a 13 años de prisión a cinco de los acusados de formar una célula integrista. A la vez, en la misma sentencia se absolvía a los cinco de los delitos de conspiración para cometer atentados y tenencia de explosivos
El tribunal que juzga los hechos concluye que, a la luz de los informes periciales, “no puede apreciarse la existencia de depósito de materiales inflamables, ni la voluntad tendencial de dedicar tales líquidos a la fabricación de explosivos”. El tribunal también concluye que no hay indicios de conspiración para cometer atentados. Aún así, cinco de los seis acusados son condenados por pertenencia a organización armada y falsificación de documentos.
Casi nadie de los que han seguido de cerca el proceso entiende las condenas, y mucho menos la dureza de las sentencias.
“Los acusados por el Comando Dixán fueron condenados para que nadie tuviera que asumir su error, ni los jueces, ni el Gobierno ni el aparato antiterrorista del Estado”, opinan los impulsores del documental Dixán.
“Para protegerse a sí mismo, el Gobierno forzó la reapertura del caso en la estela del 11-M y tras conseguir sacar del medio al juez instructor Ruiz Polanco. Absolverles hubiera sido una condena a Aznar, Acebes, al Cuerpo Nacional de Policía, a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, a Garzón y a todos los que contribuyeron a construir el montaje del Comando Dixán. Había que condenar para protegerse, y en eso los poderes del Estado se pusieron de acuerdo”.
La referencia al juez Polanco no es casual. Cuando fue apartado del caso, el magistrado dejó clara su opinión en declaraciones a la Agencia Efe.
“Yo tengo la seguridad, la tenía y la sigo teniendo, de que estos cuatro señores de un grupo de dieciséis que estuvieron una larga temporada en prisión, no han hecho absolutamente nada. Los puse en libertad porque no tenía ni un solo indicio de culpabilidad de estos señores”.
¿A qué respondía entonces la sentencia?
“Los romanos mandaban a los cristianos a las fieras por el mero hecho de serlo, y los nazis a los católicos, judíos y gitanos”, argumentaba el juez. Ahora, es el turno de los musulmanes.
“Aquellas condenas fueron una expresión de injusticia, destrozaron vidas de una forma espeluznante”, opinan los impulsores de Dixán. “La maquinaria jurídica solo cumplió el papel de justificar los errores políticos. No había ninguna prueba material para condenar al Comando Dixán, pero había que tapar el ridículo del Estado”. Y esa maniobra, dejó vidas abolladas.
“Si lo miras desde el lado humano es casi insoportable. Alguien que ha venido aquí huyendo de una Argelia atrapada entre la guerra civil y la parálisis económica para vivir una vida mejor, digna, normal, sin hacer más que trabajar, sin militar en nada, de repente se ve atrapado en una confabulación para justificar la intervención española en Irak del gobierno agonizante de Aznar contra la voluntad inmensamente mayoritaria del pueblo… Y así, sin comerlo ni beberlo, acaban robándote casi diez años de tu vida”.
El juicio al Comando Dixán se saldó como se saldó. Mohamed Tahraoui, Djamel Boudjelthia, Mohamed Amin Benaboura y Ali y Souhil Kaouka acabaron entre rejas, pasando por hasta doce prisiones distintas. Pero ni siquiera ahí terminó su pesadilla.
Cumplidas sus condenas, los cuatro fueron detenidos de nuevo y expulsados a Argelia. ¿El truco? Hacer valer la Ley de extranjería… después de haber impedido que pudieran renovar sus papeles mientras cumplían sus penas en prisión. No tienen permitido volver a territorio español ni de visita.
Durante todos estos años, la Plataforma Aturem la Guerra ha batallado a favor de los condenados. Ahora, con el documental Dixán quieren rememorar aquel proceso, sus pruebas, sus irregularidades. En parte, porque sienten que la historia se vuelve a repetir.
Ahí va un dato: desde el atentado del 11-M en Madrid, sólo se ha condenado a uno de cada diez detenidos por terrorismo islámico. Los detenidos suelen pasar meses o incluso años en prisión antes de ser liberados por falta de pruebas.
“A finales de 2014, se producen diversos hechos que nos impulsan a concretar la idea del documental. El más importante es la reaparición de operaciones policiales contra supuestos terroristas ‘islamistas’ o anarquistas en Catalunya y en el Estado español. Son operaciones policial y jurídicamente débiles, impregnadas de intereses políticos. Se puede decir que después del caso del Raval de 2009 habían casi desaparecido. En 2014 resurgen con fuerza. Los paralelismos de estas macrooperaciones con el Caso Dixán o el del Raval son evidentes”.
El documental busca animar el debate en torno a la creciente islamofobia que se vive estos días. Y lo hace desde la memoria. Mirar a un pasado que puede ayudarnos a interpretar el presente.
Tres miembros de la Plataforma viajaron este pasado verano a Argelia para encontrarse con sus amigos del Comando Dixán. Ali, Souhil, Mohamed y Amine toman la palabra para contar su historia. ¿Qué sienten ahora aquellos hombres? ¿Cuál es la lección que les queda?
“Los cuatro han reconstruido sus vidas, cada cual a su manera, y a pesar de todo lo que tuvieron que vivir, de una injusticia sin paliativos que les robó la vida durante diez años, parece que son razonablemente felices”, nos cuentan los chicos de Dixán.
“La verdad es que impresiona su fortaleza para sobrevivir a todo sin odios ni rencores pero con ganas de decir verdades y de ajustar algunas cuentas. Y contribuir a que eso no pueda volver a pasarle nunca a nadie”.
Porque está pasando. Puede que no en forma de sentencias, pero si como agravios, ataques y persecuciones. No hay más que abrir un periódico para verlo.
“Las matanzas en París son un acto de fascismo y una barbarie injustificable. Pero también lo son las que sucedieron días más tarde en Túnez o unos días antes en Beirut y las que suceden cada día en Irak, Siria o Palestina y en otros países… El tema es complejo, y aún más en un mundo globalizado. No podemos desenraizar nuestro análisis ni de la historia -venimos del colonialismo de los siglos XIX y XX- ni de los intereses económico-políticos”, explica el equipo de Dixán.
Lo que parece claro es que el odio al islam no puede traer nada bueno, ni nos va a librar del miedo.
“El odio y el rechazo al otro es una cuestión extendida en las sociedades europeas actuales, pero e se racismo de una parte de la sociedad se ve instrumentalizado por los estados para resolver crisis propias y crear un enemigo común que una filas”.
Ahí están discursos como el del Frente Nacional en Francia, o un Donald Trump envalentonado llamando a prohibir la entrada a EEUU de todos los musulmanes.
El documental Dixán busca estos días financiación a través del crowdfunding.
Después de entregar un documento adjunto del correo electrónico a unos expertos de seguridad, descubrió que tanto ella como sus compañeros habían sido víctimas del Sistema de Control Remoto (RCS, por sus siglas en inglés), un sofisticado programas de espionaje desarrollado por una pequeña empresa italiana llamada Hacking Team. Más adelante, supo que era su propio gobierno el que lo utilizaba contra ella; seguramente no compartían su trabajo periodístico. Es por eso que nos cuenta su historia bajo el anonimato. Teme nuevas represalias.
M es sólo una de las miles de personas que probablemente han sido pirateadas con RCS por alguna de las agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad que han comprado el programas. A medida que gobiernos y fuerzas del orden aumentan el uso de este tipo de herramientas, más motivos hay para creer que no sólo los criminales y las personas enfrentadas a un gobierno autoritario tienen motivos para preocuparse.
Tras los ataques de París, personas como el director de la CIA, John Brennan, y el comisario de policía de la ciudad de Nueva York (EEUU), Bill Braton, se quejaron de que el cifrado está neutralizando las técnicas convencionales de vigilancia. Es un sentimiento compartido por algunas autoridades europeas y que puede impulsar las ventas de RCS, el cual Hacking Team comercializa como una solución para el “problema” del cifrado porque piratear el móvil u ordenador de alguien puede revelar datos protegidos.
También ayudará a la competencia de la empresa italiana. Los expertos que siguen su actividad aseguran que sólo representa la más conocida de muchas otras compañías vendedoras de herramientas similares. Se trata de programas capaces de permitir que hasta la policía local utilice técnicas otrora exclusivas de las grandes agencias de inteligencia.
Lo que sabemos acerca de Hacking Team demuestra que la comercialización y divulgación de estas técnicas está plagada de problemas tecnológicos, morales y legales. Problemas a lo que apenas se atiende mientras su uso se convierte en algo común. Cuanto más accesibles sean para la policía y similares, más crece la posibilidad de abusos. “Antes de que el pirateo pase del FBI a las agencias policiales estatales y locales, necesitamos urgentemente debatir acerca de si y cómo se deben emplear tales herramientas de vigilancia”, afirma Christopher Soghoian, tecnólogo jefe de la Unión por las Libertades Civiles.
Pivote ofensivo
Hacking Team nació como una organización de ciberseguridad más tradicional en 2003. Su CEO y fundador, David Vincenzetti, provenía de la comunidad de expertos y entusiastas del cifrado de la década de 1990, la misma que incubó a Julian Assange, creador de Wikileaks. Las empresas contrataban sus servicios para probar sus sistemas informáticos en busca de vulnerabilidades. Estos primeros clientes ya incluían entidades como Deutsche Bank y Barclays.
Sin embargo, un par de años después, Vincenzetti pasó de la defensa al ataque. Hacking Team empezó a vender programas para acceder a los ordenadores personales y robar sus datos. Un paquete llamado RCS, el mismo programas utilizado contra M, se convirtió en su principal producto.
El programa RCS puede infectar tanto los ordenadores personales como los dispositivos móviles. Puede copiar archivos del disco duro, escuchar llamadas de Skype, leer correos electrónicos antes de su cifrado, captar claves de un navegador web y encender el micrófono y la cámara para espiar directamente.
El programa puede infectar un dispositivo al aprovecharse de fallos de seguridad de los sistemas operativos y otro programas. Hacking Team descubre estas vulnerabilidades por su propia cuenta o paga a otras empresas por saberlo. RCS puede llegar a un ordenador mediante un correo electrónico cargado con malware, como en el caso de M, o por alguien que consiga acceso físico al dispositivo. Algunos clientes abren la puerta al instalar un dispositivo llamado Aparato de Inyección de Red en su proveedor de servicios de internet, el cual puede dirigir el navegador objetivo a una falsa página web por la que RCS accede al sistema.
Los clientes pagan a Hacking Team por este programas y también por un sistema de servidores proxy para mantener ocultas las comunicaciones con el programas -y sus investigaciones-. El paquete también incluye un completo servicio de soporte técnico. “El valor añadido reside en la instrucción, consultoría y facilidad de uso que puede ofrecer a cualquier agente que no esté familiarizado con los ordenadores”, explica Edin Omanovic, investigador de Privacy International que ha estudiado la industria de la vigilancia.
Las autoridades italianas estuvieron entre los primeros usuarios de RCS para monitorizar a los capos de la mafia, los primeros objetivos. Pero Hacking Team superó rápidamente el mercado doméstico. En parte gracias a unos elaborados vídeos promocionales en los que prometía a potenciales clientes “superar la encriptación y obtener datos relevantes”.
La cartera de la empresa siguió creciendo en 2006 con la agencia española de inteligencia, el CNI. Dos años después se sumaron a la lista sus homólogos en Singapur y Hungría. Arabia Saudí, México, Egipto, Sudán, Rusia y Kazajstán tampoco tardarían en comprar las herramientas de Hacking Team. También lo hicieron el FBI y otras agencias estadounidenses. Fuerzas policiales locales e incluso seguridad privada también han pedido a Hacking Team demostraciones de sus herramientas. Correos electrónicos obtenidos por MuckRock gracias a la Ley de Libertad de Información muestran una comisaría tradicional de sheriff en Florida preocupada por no poder “sobrevivir” sin RCS tras ver una demostración. Nunca llegó a comprarlo.
Algunos de los clientes de Hacking Team han utilizado RCS de manera alarmante. En 2012, el Laboratorio para la Ciudadanía de la Universidad de Toronto (Canadá), que investiga cómo la seguridad informática afecta a los derechos humanos, descubrió que había sido utilizado por el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos para infectar el ordenador de un disidente político. También lo hizo el gobierno de Etiopía para piratear los ordenadores de unos periodistas que trabajaban en Estados Unidos. “Encontramos cosas muy jodidas”, afirma contundente Claudio Guarnieri, un investigador de seguridad que colaboró con el Laboratorio para la Ciudadanía en varios informes.
Muchos detalles acerca de la empresa de Vincenzetti y sus clientes proceden de documentos publicados después de que la empresa fuera pirateada en julio de este año. Una hoja de cálculo interna, con fecha de mayo de 2015, sugiere que 6.550 dispositivos –móviles y ordenadores– pueden haber sido infectados por RCS desde 2008. En total, la empresa vendió a unos 70 clientes, incluidos gobiernos, que le reportaron más de 40 millones de euros en beneficios (más de 44 millones de dólares).
Sin embargo, airear su trapos sucios por internet no pareció suponer un problema para el negocio de Hacking Team. Ningún cliente se distanció públicamente de la empresa. “Los clientes se han quedado con nosotros. Creo que reconocen el valor de lo que hacemos, la superioridad del producto”, explica el portavoz de la empresa, Eric Rabe. Su CEO, Vincenzetti, rechazó cualquier entrevista.
Existe mucha competencia sin embargo, tanto de pequeñas empresas como de grandes contratistas gubernamentales. Gamma International, con sedes en Alemania y Reino Unido, ofrece una herramienta similar a RCS llamada FinFisher. Ha sido comprada por agencias gubernamentales y fuerzas policiales en Australia, Bélgica e Italia. El gobierno bareiní la utilizó para espiar activistas. No fue el único. Según Privacy International, el gobierno de Uganda la empleó para extorsionar a sus oponentes políticos. Al igual que Hacking Team, Gamma International fue pirateada en 2014 para filtrar sus documentos internos. Tampoco parece haber sufrido por ello. El Laboratorio para la Ciudadanía informa que ha ganado clientes.
Omanovic, investigador de Privacy International, asegura que tiene constancia de unas 16 empresas que venden productos similares al de Hacking Team. Dos semanas antes de entrevistarle, había descubierto una empresa radicada en Israel. Dos meses antes, otra en Sudáfrica. Guarnieri, que colaboró con el Laboratorio para la Ciudananía, cree que existen muchas más. “Creo que las más importantes, en cuanto al tamaño de sus negocios y bases de clientes, aún no se han revelado”, dice. “No han recibido mucha atención, quizás sólo porque se les ha dado mejor evitar que las pillen”.
Poder sin límites
En Estados Unidos, el uso de herramientas como RCS para acceder a los datos de otra persona está regulado por la Cuarta Enmienda de la Constitución y las normas del procedimiento penal, lo que significa que el FBI necesita una orden judicial para piratear un ordenador ajeno. Pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos prepara un cambio de la norma para obtener órdenes judiciales para registros “de acceso remoto”. Tanto la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles como Google han manifestado que esto podría ampliar significativamente su uso.
Sin embargo, es habitual que cuando las fuerzas policiales consiguen acceso a nuevas tecnologías de vigilancia, estas se desplieguen rápidamente antes de que se pueda establecer un mecanismo para regular su uso. En Estados Unidos, el abuso de Stingrays –unos dispositivos que recopilan datos de teléfonos móviles en una zona determinada– se ha vuelto muy común. Por ejemplo, el sheriff del condado de San Bernadino, cerca de Los Ángeles (EEUU), los ha utilizado más de 300 veces sin una orden judicial durante un período menor a dos años. Ese problema sólo se está abordando años después de surgir. Ahora el FBI necesita una orden judicial para emplear Stingrays, y ya hay iniciativas en curso para conseguir la misma restricción en las fuerzas de policía local.
Soghoian, tecnólogo de la Unión por las Libertades Civiles, cree que existe una necesidad desesperada de un debate público y político sobre el poder de las herramientas de pirateo y su creciente uso por parte de las autoridades. “Creo que muchos estadounidenses se escandalizarían al saber que el gobierno puede asumir el control de su cámara web (sin que se encienda la luz indicadora) o activar remotamente el micrófono de su portátil o móvil”, asegura.
Es improbable que el Congreso ni sus equivalentes en otras naciones occidentales estén a punto de emprender el debate que pide Soghoian. Es más, tras los atentados terroristas de Daesh -nombre con el que se conoce al Califato Islámico- y sus simpatizantes, el interés de las agencias de inteligencia y fuerzas de seguridad sólo va en aumento.
Tampoco restringir la venta de herramientas como RCS a los gobiernos con un mal historial en derechos humanos parece una opción. Fracasó en 2013 cuando un acuerdo de control de armas firmado por Estados Unidos y otros 40 países, el Acuerdo Wassenaar, se actualizó para restringir la exportación de tecnologías de vigilancia a ciertos gobiernos. Sin embargo, las reglas propuestas en Estados Unidos se archivaron después de que los investigadores de seguridad protestaran al considerarlas demasiado amplias por lo que limitarían el trabajo vital y necesario para asegurar la seguridad en internet.
La estrecha relación entre los proveedores de las herramientas y las agencias nacionales de inteligencia y criminales también podría conferir algo de inmunidad a la regulación. Unos correos electrónicos internos de Hacking Team demuestran que se reunió con oficiales militares después de que el gobierno italiano paralizara la exportación de RCS por su colusión con los derechos humanos. La prohibición se levantó poco después.
A Guarnieri le preocupa que nos estemos dirigiendo sonámbulos hacia un mundo en el que la venta y el uso de tales herramientas se dé por sentado. “Si en 10 años tenemos 50 Hacking Teams en Italia … saboteando sistemas operativos seguros, encontrando maneras de hacer que el programas de seguridad carezca de sentido, creará una ristra de problemas que nunca podremos abordar porque se habrá legitimado”, afirma.
Parece que hemos llegado a una encrucijada de la vigilancia sin que la sociedad sea consciente de ello ni pueda, mucho menos, elegir el camino a tomar. Esto tiene desventajas incluso para personas con la suerte de vivir en lugares garantistas con los derechos civiles. A la gente como M, convertida en objetivo de su propio gobierno por difundir verdades consideradas inconvenientes, sólo le queda esperar que las empresas como Hacking Team puedan moderarse a la hora de decidir a quién venden.
Rabe, el portavoz de la empresa italiana, sugiere que ese es el caso: “La sociedad siempre ha esperado que las fuerzas de seguridad realicen labores de vigilancia para protegernos del fraude, el robo, los daños físicos, el terrorismo y otros crímenes”, señaló en un comunicado. “Hacking Team proporciona herramientas exclusivamente a gobiernos –para utilizarse con las medidas adecuadas de salvaguardia– de modo que puedan saltarse el cifrado empleado habitualmente por criminales y terroristas para atacarnos”.
Pero los investigadores de seguridad no se lo tragan. “Creo que uno podría fundar una empresa responsable que vende soluciones de espionaje”, dice Bill Marczak, investigador del Laboratorio para la Ciudadanía. “¿Pero tendría clientes una empresa así? No lo sé”.
El diario estadounidense Palm Beach Post informa que una pistola semiautomática M92 utilizada en el ataque terrorista de París fue vendida por la empresa Century International Arms, que tiene su sede en Delray Beach, Florida. Es una pantalla de la CIA que comercializa armamento militar sobrante, no solamente del ejército estadounidense sino de terceros países.
En 2011 las comunicaciones interceptadas por WikiLeaks indicaban que la empresa vende armas a “intermediarios no autorizados”, uno de los cuales es un traficante israelí de armas.
No es la primera vez que Century aparece implicada en operaciones dudosas. En 2011 el Center for Public Integrity denunció que centenares de fusiles rumanos WASR-10 (una variante del famoso Kalachnikov ruso) que la empresa de Florida comercializa han aparecido también en crímenes cometidos en México por los cárteles de las drogas.
El Palm Beach Post asegura que al menos siete de las armas utilizadas o descubiertas tras los atentados de París del 13 de noviembre proceden de una fábrica serbia gestionada por Century.
A finales de los ochenta, durante el escándalo Irán-Contra, directivos de dicha empresa y el antiguo policía John Rugg declararon a una comisión del Senado de Estados Unidos que Century suministraba armas, incluidos cohetes y lanzagranadas, a los contrarrevolucionarios nicaragüenses.
Rugg dijo que la empresa estaba relacionada con Richard Secord, un general de la Fuerza Aérea que había trabajado para la CIA durante los bombardeos secretos dirigidos contra el Pathet Lao, durante la guerra de Vietnam.
Secord dejó el ejército de Estados Unidos en 1983 cuando se descubrió el tráfico ilegal con el antiguo agente de la CIA Edwin P. Wilson. Luego apareció implicado en el suministro de armas a la contrarrevolución nicaragüense junto con el coronel Oliver North.
Tras su proceso en 1989, North admitió que la Operación Tipped Kettle suministró armas a los contras nicaragüenses en contra de la enmienda Boland y que dicha Operación fue ordenada por William Casey, entonces director de la CIA, así como por el Secretario de Defensa, Caspar Weinberger.
El hecho de que la pistola M92 tenga relación con Secord y la CIA no demuestra que el espionaje estadounidense esté detrás de los atentados de París sino que es quien controla la mayor parte del tráfico de armas en todo el mundo y, en especial, a los grupos yihadistas.
Es otra demostración de que sin la intervención de la CIA y de sus pantallas, las armas no habrían llegado a las manos ni de los talibanes afganos, ni de Al-Qaeda, ni de los diferentes grupos yihadistas, como el Califato Islámico o Boko Haram.
http://www.mypalmbeachpost.com/news/news/crime-law/dealer-gun-linked-to-paris-attack-came-through-del/npgwf/
http://www.palmbeachpost.com/news/news/wikileaks-secret-cables-detail-delray-firms-role-i/nLxsM/
El Mossad, el centro israelí de espionaje, asesinó al dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, envenenando su café, informó el jueves el rotativo libanés Ad-Diyar.
El Mossad supo que el dirigente palestino empezaba el día con una taza de café instantáneo con leche. Infiltró a uno de sus mercenarios entre los guardaespaldas y le encargó mezclar el café original con otro que estaba contaminado con plutonio.
El infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en occidente bajo una nueva identidad.
El plutonio fue administrado en pequeñas dosis para deteriorar la salud del dirigente palestino de manera progresiva, para de este modo no causar alarma y que no se descubriera que el Mossad estaba detrás de su muerte.
El mencionado diario asegura también que el infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en Occidente bajo una nueva identidad.
Tras cumplir con sus órdenes y causar la muerte de Arafat, indica el diario libanés, el espionaje israelí ayudaron al infiltrado a someterse a varias operaciones de cirugía plástica para que no se le pudiese reconocer por sus rasgos faciales.
Según Ad-Diyar, el espía israelí viajó primero a Canadá y posteriormente a Estados Unidos, convirtiendo a Obama en encubridor del asesinato.
El pasado 11 de noviembre, la comisión palestina de investigación sobre la muerte de Arafat anunció haber identificado al autor del asesinato del dirigente palestino, y acusó al régimen israelí de estar detrás de su muerte.
“La comisión de investigación ha conseguido identificar al autor del asesinato del difunto dirigente Yaser Arafat”, se limitó a informar el jefe de la comisión, Tawfiq Tirawi, pero se negó a revelar el nombre del sospechoso o a difundir más detalles acerca de la investigación o la acusación.
Arafat murió el 11 de noviembre de 2004 a los 75 años. Para encubrir el asesinato, inicialmente no se efectuó ninguna autopsia, pese a reclamarlo su viuda, Suha Arafat.
Uno de esos descerebrados se llama Joo Won-Moon, un estudiante de 21 años de la Universidad de Nueva York que fue liberado el 5 de octubre de este año después de cumplir cinco meses de cárcel en Corea del norte.
El joven es de origen surcoreano, aunque reside permanentemente en Estados Unidos. Interrumpió sus estudios durante un semestre para viajar. En el transcurso de su periplo se le ocurrió la gracia de entrar ilegalmente en Corea del norte desde China, después de franquear una valla de alambre de espinos.
Interrogado por la CNN en mayo, cuando estaba preso, explicó que su acción no fue improvisada, sino plenamente deliberada: “Quería que me detuvieran”, explicó. En la entrevista el estudiante no demostró tener muchas luces en la cabeza:
“Pensé que entrando ilegalmente en la República Popular Democrática de Corea tendría lugar un gran acontecimiento y que con un poco de suerte eso tendría efectos positivos sobre las relaciones entre Corea del norte y Corea del sur”.
Joo Won-Moon no es el único ciudadano estadounidense que lo ha intentado.. En abril del año pasado Matthew Miller también entró ilegalmente en Corea del norte a través de China como turista. Dijo que era un pirata informático y que su objetivo era que la Marina de Estados Unidos abandonara de Corea del sur.
Le capturaron por dejar que su visado de tres días caducara y, aunque pidió asilo político, le detuvieron. Según la agencia de prensa coreana KCNA, tuvo la estúpida idea de vivir la vida de un preso para ser testigo de la situación de los derechos humanos dentro de las cárceles coreanas.
Fue condenado a seis años del cárcel, durante los cuales creía que podría aprovechar para discutir con los norcoreanos de una manera que el turismo convencional no permite. Pero tuvo mala suerte: le liberaron a los ocho meses.
En 2009 otro estadounidense, Robert Park, también se hizo detener al atravesar el río Tumen, entre China y Corea del norte, gritando “¡Corea y Estados Unidos os aman!” mientras rompía un retrato de Kim Jong-Il, que entonces era el Presidente del país.
Ls detuvieron y pasó 43 días en las mazmorras de Pyongyang, tras declarar a la agencia Reuters que no quería que Obama intercediera. Tras su detención, dijo que le habían violado y torturado.
Tras salir de la cárcel, Joo Won-Moon viajó a Corea del sur, donde le pueden volver a meter en la cárcel por viajar a Corea del norte sin permiso del gobierno, pero es muy posible que eso no lo cuente la prensa.
En una entrevista con “Daily Beast”, Robert Ascherman, estudiante de la Universidad de Nueva York reconoce que se siente aliviado y, al mismo tiempo, enojado: “Estoy contento por haber sido liberado pero creo que es una vergüenza que haya estaadoo detenido tanto tiempo. Seis meses de cárcel simplemente por habeer atravesado una frontera es absurdo y eso ha sido una experiencia difícil”.
Además de tonto, este estudiante es idiota. No sabe que su país estuvo en guerra con Corea del norte y que, como aún no se ha firmado un acuerdo de paz entre ambos países, él es un enemigo.