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La filtración de los correos de Yahoo destapa a los servicios secretos franceses

El 22 de setiembre Yahoo anunció la filtración durante años de los contenidos de 500 millones de cuentas de correo electrónico, añadiendo que habían sido pirateadas por alguien que “actuaba por cuenta de un Estado”, es decir, echando balones fuera, como si no tuviera nada que ver con ellos. Es mentira: fueron ellos mismos, Yahoo, los que entregaron la información a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Como si fuera un alivio, Yahoo asegura que las claves de acceso a las cuentas estaban cifradas. Todo lo demás estaba listo para ser servido al instante; el descifrar una clave puede llevar entre uno y tres minutos.

La revista “Le Canard Enchaîné” ha descubierto que entre los usuarios afectados se encuentra la DRM francesa, la Dirección de Inteligencia Militar, que es uno de los clientes del servicio Yahoo de correo electrónico. Por ejemplo, si el lector quiere participar en un concurso para suministrar teléfonos móviles a los espías franceses, tiene que dirigirse a la cuenta pfcbfb@yahoo.fr.

Pero no son los únicos organismos públicos afectados por la piratería. También ha alcanzado a los fusileros de la Marina de Toulon, al Cuerpo de Reacción Rápida y al Hospital Percy de Instrucción del Ejército de Clamart. Otros organismos militares, dentro y fuera de Francia, también utilizan cuentas abiertas en Hotmail, Google y otros servicios corrientes en internet.

No tiene remedio. El pirateo de las cuentas de Yahoo se remonta, como mínimo, a 2014, por lo que es un poco tarde para que el gobierno francés o cualquier otro usuario tome ninguna medida de seguridad.

En este tipo de asuntos lo peor es esa concepción, tan ampliamente extendida, sobre todo entre los informáticos, de que internet, como cualquier otra técnica, es en sí misma neutral, que todo depende del uso -bueno o malo- que se haga con ella.

Nada más lejos de la realidad. Las ingenierías y todas las técnicas son instrumentos de dominación; favorecen la dominación y, al mismo tiempo, son consecuencia de ella.

En lo que a las modernas técnicas digitales concierne, domina el imperialismo estadounidense, habiéndose convertido en una herramienta fundamental de su hegemonía. No se trata sólo de internet sino de toda clase de equipos físicos, empezando por los ordenadores, los radares, los móviles, las alarmas, los semáforos, los satélites, las impresoras, los enrutadores, las cámaras de videovigilancia, los misiles, las tarjetas de red, los aparatos de aire acondicionado…

Todos esos dispositivos -y otros- funcionan con programas informáticos, servidores, claves, buscadores y sistemas operativos y lógicos fabricados por monopolios estadounidenses y, por lo tanto, controlados por ellos.

Además, todos los equipos están conectados a internet, una red bajo la supervisión de los monopolios estadounidenses y del propio gobierno de Estados Unidos.

Sólo muy recientemente algunos países, empresas y usuarios particulares, han comenzado a ver las orejas al lobo, con la particularidad de que los informáticos más ineptos, que son bastantes, califican como “censura” el intento de algunos países, como China, de escapar del control asfixiante que ejerce el imperialismo sobre los equipos, los programas e internet en su conjunto.

En mayo de este año saltó la noticia de que Google y Microsoft habían iniciado el tendido de un cable submarino entre Bilbao y Virginia, Estados Unidos (1), poniendo de manifiesto que las modernas comunicaciones digitales van por esa vía, un millón de kilómetros de cable de fibra óptica aproximadamente que, como cualquier otro canal de comunicación, no sólo está en manos privadas sino que pasa por Estados Unidos.

No es ninguna casualidad que dos empresas típicas de internet, como Google y Microsoft, desempeñen un papel que antes estaba reservado a las empresas de telecomunicaciones. Internet, las empresas de internet y Estados Unidos amenazan con devorarlo todo y parece que quienes nos oponemos a ello somos unos retrógrados enfrentados a las nuevas tecnologías. Se vuelven a equivocar. Lo que proponemos se resume en lo siguiente:

1. Es cada vez más necesario, sobre todo como consecuencia del clima de guerra que se va extendiendo en todo el mundo, erradicar el espionaje informático y afianzar la seguridad de las comunicaciones.

2. Para una persona, una empresa o un país, la independencia significa acabar con la sumisión tecnológica hacia el imperialismo, que se basa en el monopolio de sus grandes multinacionales. Al acabar con la dependencia, se acaba también con el chantaje permanente, el bloqueo y las sanciones que unos (los imperialistas) imponen sobre los demás y que afectan -sobre todo- al terreno tecnológico, digital e informático.

3. Para un país que quiera escapar de las trampas del imperialismo es imprescindible desarrollar una industria digital autóctona, crear sus propios microprocesadores, sistemas operativos, programas, buscadores, cables submarinos y satélites de comunicaciones.

Un usuario que quiera ahorrar dinero deberá hacer lo mismo: abandonar toda esa basura de última generación que los monopolios estadounidenses han metido en su móvil, en su ordenador, en su tablet, en su vida, en definitiva (porque hoy nuestra vida es un móvil y una red social… “made in USA”). No es de extrañar que un monopolista cualificado como Steve Ballmer, el capo de Microsoft, haya equiparado a los sistemas operativos derivados de Linux con el comunismo (2) por ser de código abierto, libres, a diferencia de la porquería que ellos venden: Windows, MSN, Hotmail, Bing, Outlook…

(1) http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2016-05-27/un-gigantesco-cable-submarino-de-microsoft-y-facebook-unira-bilbao-y-eeuu_1207125/
(2) http://www.theregister.co.uk/2000/07/31/ms_ballmer_linux_is_communism/

 

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Dos guardias civiles borrachos provocan una pelea en un bar de Altsasu

Una asamblea popular celebrada en la localidad de Sakana, en Nabarra, denuncia que los medios de comunicación han manipulado la pelea en un bar de la localidad, que fue provocada por los dos guardias civiles borrachos, un teniente y un sargento.

A pesar de ello, la Policía Foral no ha detenido a los borrachos sino a dos personas a las que acusa de haber tomado parte en la pelea.

La pelea tuvo lugar en las inmediaciones de un bar sobre las cinco de la mañana. Los guardias civiles fueron increpados y les pidieron que abandonaran el local. No hubo ninguna agresión multitudinaria, como afirman los medios, sino todo lo contrario, ya que tres personas han sufrido contusiones.

Uno de los detenidos no tiene relación con los hechos y al otro lo detuvieron tras una carga policial a las puertas de la comisaría de la Policía Foral contra quienes exigían la libertad de los detenidos.

La población se congregó para pedir explicaciones por la detención del joven y aprovecharon para detener a otro más. La reunión estuvo vigilada de cerca por decenas de guardias civiles equipados con material antidisturbios, que hicieron uso de sus porras contra varios de los presentes.

El movimiento Ospa! de Altsasu ha denunciado “la situación de represión” que se vive en la localidad nabarra contra quienes quieren aclarar los hechos ocurridos, y recuerdan que la violencia policial en forma de amenazas, agresiones y controles de carretera es cotidiana.

Es habitual la presencia de policías y guardias de paisano en los espacios de ocio, mencionando que en el último Ospa Eguna fueron expulsados varios policías de los conciertos que se celebraban.

Ospa! afirma que “no hubo ninguna emboscada” y critica a los medios de comunicación e instituciones que han propalado la versión de la Guardia Civil. Aseguran que en Altsasu “hay un gran escarmiento en torno a estas situaciones, pues muchas veces han utilizado la manipulación y tergiversación”.

Denuncian que la actitud de los guardias civiles borrachos fue provocadora, que empujaron y amenazaron con frases como “te voy a matar” o “te voy a meter un tiro entre ceja y ceja”, lo que desembocó “en todo lo demás”.

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Esos dos millones de europeos a los que les niegan hasta los papeles

La presidenta letona Viķe-Freiberga
El 13 de abril del año pasado el presidente estonio, Toomas Hendrick Ilves, pretextando la anexión de Crimea por Rusia, puso el grito en el cielo de que su país también estaba amenazado y pidió la presencia de tropas de la OTAN en su país.

Habitualmente, para lavar a la cara a este tipo de personajes, como el presidente estonio, se les califica como “nacionalistas”. Pero la presencia de tropas extranjeras en el propio país no parece muy propio de “nacionalistas”.

Cuando los dirigentes actuales de los países bálticos recuerdan su antigua incorporación de la URSS, utilizan el término “ocupación”, que para ellos es sinónimo de sufrimiento. No tendríamos ningún inconveniente en creerles a pies juntillas si nos explicaran la diferencia entre una ocupación (la de la URSS) y otra (la de la OTAN).

Pero como no lo explican, seguramente porque para ellos la OTAN no es un ejército extranjero sino algo de su misma sangre, tenemos la sospecha de que su punto de vista no es nacional sino de clase.

No pueden tener ningún punto de vista nacional ni nacionalista porque los dirigentes bálticos tienen muy poco de bálticos, ya que vivieron toda su vida fuera de su país. Eran refugiados que incluso nacieron en Estados Unidos o Canadá, que es donde se han formado. Su pasaporte es gringo y su cultura es gringa. Puestos a elegir, prefirieron Estados Unidos a la URSS, lo cual no parece una opción de tipo nacionalista, sino más bien de clase.

No entraremos ahora a divagar sobre nuestras habituales suspicacias derivadas de que Estados Unidos no le concede a cualquiera un permiso de residencia, y mucho menos un pasaporte. Pregunten a los millones de espaldas mojadas por el trato que reciben de la policía de inmigración estadounidense y los motivos de dicha discriminación.

Los dirigentes políticos bálticos y los del este de Europa, en general, son unos zipayos a la inversa. Cuando tras la caída del Muro de Berlín en 1990 los países bálticos recuperaron su independencia, todos esos exiliados desembarcaron en su país como una legión extranjera. Si ellos desembarcaron en masa en 1990, ¿por qué no pueden hacerlo ahora las tropas de la OTAN?

Si de Estonia pasamos a Lituania, su presidenta, Dalia Grybauskaitė, es doctora honoris causa en la Universidad de Georgetowon, como Aznar, y tampoco vivió nunca en su país, lo mismo que el citado Ilves. La letona Vaira Viķe-Freiberga que metió a su país con calzador en la OTAN y en la Unión Europea, fue profesora de sicología en la Universidad de Montreal entre 1965 y 1998. Se la puede ver posando para una revista de la OTAN.


En el este de Europa, la burguesía no es como en Londres; siempre fue mucho más allá de su clase social. Por ejemplo, el padre del dirigente polaco Donald Tusk, que presidió el Consejo de Europa, luchó en la Wehrmacht contra su propio país (y contra la URSS, por supuesto). ¿Les parece un nacionalista o más bien un fascista?

Si en lugar de poner encima de la mesa todos esos nombres bálticos que nos suenen más bien poco, ponemos los de Brzezinski o Soros, tendremos una imagen un poco más aproximada del personal político que tiene la burguesía en el este de Europa. El gobierno de este tipo de elementos, forjados a imagen y semejanza del III Reich, es lo que explica que en los países bálticos haya dos millones de apátridas: rusos a los que no les reconocen ninguna nacionalidad.

Como los países bálticos pertenecen a la Unión Europea ese tipo de situaciones aberrantes hay que explicarlas con otras palabras: hay dos millones de europeos indocumentados por el hecho de ser rusos y en el mundo actual no tener un documento de identidad es como no tener ninguna clase de derechos.

Son las cosas que tiene la Unión Europea, los campeones de la libertad y los derechos humanos. Pero no se descuiden: la culpa de eso seguro que también la tiene Rusia.

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La resistencia del gobierno de Siria ha descubierto el baile de máscaras

El desertor Riad Hijab
Juan Manuel Olarieta

Cuando tras la desestabilización en Siria se formalizan los bandos, se inicia un goteo continuo de deserciones de políticos, funcionarios, diplomáticos y militares que cambian de bando y se unen a los que ya estaban exiliados desde tiempo atrás. Si el gobierno sirio era una dictadura sanguinaria, los desertores no eran precisamente ajenos a ella sino oportunistas que cambiaron de chaqueta cuando la cosa se puso fea.

Entre los desertores hay dos a mencionar específicamente. Uno es el general Manaf Tlass, que desertó en julio de 2012 junto con otros 23 oficiales del ejército regular. Pocos meses después en unas declaraciones a la prensa pidió que “la comunidad internacional” entregara armas a la oposición y reconoció que quien le había sacado del país habían sido los servicios secretos franceses (1).

Otro caso singular ocurrió al mes siguiente (6 de agosto), cuando desertó el Primer Ministro Riad Hijab dos meses después de su nombramiento, uniéndose a la oposición en Qatar a cambio de dinero: 10 millones de dólares y un sueldo mensual de 20.000 dólares para él, así como indemnizaciones para 34 miembros de su familia, que fueron pagados por Qatar.

Los desertores no eran sólo oportunistas que cambiaron de chaqueta sino mercenarios a sueldo de países extranjeros, traidores de la peor especie, gentuza sin principios ni moral de ninguna especie.

A comienzos de este año vimos a Hijab ejerciendo como portavoz de la oposición en las conversaciones de paz de Ginebra por cuenta de sus amos del Golfo.

Con los militares que desertan, los imperialistas y los países del Golfo y Turquía crean, financian y adiestran al llamado “ejército libre de Siria” demostrando que, desde el primero momento, la oposición no tenía ninguna pretensión pacífica.

La prensa imperialista presentó un relato unilateral de los hechos en el que faltaban muchos muertos, justamente aquellos que cayeron en el bando del gobierno. Al contar sólo los muertos de un bando, la prensa imperialista transmitió la imagen de una actuación desproporcionada, una fuerza organizada (policía, ejército) que disparaba indiscriminadamente contra una multitud desarmada.

Los atentados terroristas desempeñaron un papel fundamental en la desestabilización. Se trataba de acciones como las siguientes:

– los incendios de sedes oficiales, edificios públicos y del partido Baas
– el asesinato a tiros el 23 de marzo de 2011 de dos soldados en Deraa, los primeros de un total de 88 militares que murieron asesinados sólo en el primer mes de la desestabilización
– el asesinato de 10 militares el 11 de abril en la carretera de Banias
– el 6 de junio grupos armados mataron a 120 soldados y policías en Jisr Al-Chughur
– el 16 de noviembre el “ejército libre de Siria” atacó las instalaciones de los servicios de inteligencia
– el 23 de diciembre se produjeron dos atentados con coche bomba contra edificios de la policía de Damasco que mataron al menos a 40 personas
– el 6 de enero de 2012 murieron 26 personas en Damasco en un atentado suicida

En el primer año del levantamiento, las fuerzas gubernamentales sirias padecieron más de la mitad de las 5.000 bajas que se produjeron en Siria. Pero los portavoces del imperialismo sólo hablaban de la otra mitad, como si no hubiera más.

El corresponsal del diario alemán Bild, Jurgen Todenhofer, acusó a los terroristas de “matar deliberadamente a los civiles para luego presentarlos como víctimas del gobierno”. Describió la “masacre como una estrategia de márketing”, como uno “de los hechos más desagradables que jamás me he encontrando en un conflicto armado”.

Al mismo tiempo que Al-Qaeda cometía toda clase de atentados en Siria, las ONG (Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos Sin Fronteras) desviaban la atención de las miradas, acusando al gobierno de Bashar Al-Assad de cometer crímenes contra la humanidad.

Los atentados terroristas acabaron poniéndose en un primer plano frente a las protestas. A partir de entonces cambió el lenguaje, incluso el de la ONU: ya no hablaban de “represión” sino de “combates”. Al principio de la guerra sólo había un protagonista; ahora hay dos; antes los reproches se dirigían a una parte exclusivamente, al gobierno, y ahora a ambas.

La demagogia mediática cambia y deja de tomar partido. Antes era favorable a la oposición; ahora empieza a aparecer el típico “ni unos ni otros”.

También empieza el carrusel de treguas y altos el fuego. El 21 de marzo de 2012 de Consejo de Seguridad de la ONU envía a Kofi Annan de mediador con el primero de muchos planes de paz, en donde la palabra “paz” significa en realidad “golpe de Estado” y destitución de Al-Assad.

Nunca, ni en las guerras más veteranas, como las de las FARC en Colombia o los naxaliltas en India, se han visto tales tipos de actuaciones vergonzosas por parte de la ONU para ocultar una agresión internacional concertada contra un país. El lema de los imperialistas, repetido hasta el hartazgo una y otra vez, es que no se debía negociar con los terroristas… salvo en Siria.

La guerra empezó como un baile de máscaras y, en cinco años, las caretas se fueron viniendo abajo. Fue un destape progresivo, tanto del imperialismo como de la ONU. En la primera fase, los primeros no querían aparecer para nada; era una guerra civil, un asunto puramente interno. A partir de la creación del CNS empiezan a asomar la cabeza, pero dicen que sólo apoyan a la oposición “pacífica”, luego llamada “moderada”. Después tuvieron que reconocer que también envíaban armas, que entrenan a fuerzas militares, pero sólo a la oposición “moderada”, no a los yihadistas…

Aún era una guerra entre intermediarios en la que los imperialistas tiran la piedra y esconden la mano.

Ha sido una farsa detrás de otra. Nunca hubo ningún movimiento pacífico, nunca hubo una oposición “moderada” o no yihadista. Desde el primer momento el fundador y máximo dirigente del “ejército libre de Siria”, el coronel Riyad Al-Assad, declaró a Al-Qaeda como “nuestros hermanos en el islam”(2).

En setiembre de 2014 otro comandante del mismo “ejército”, Bassel Idris, reconoció públicamente: “Colaboramos con el Califato Islámico y el Frente Al-Nosra” porque “hemos llegado a un punto en el que debemos colaborar con cualquiera contra la iniquidad y la injusticia”(3).

A pesar del carácter yihadista del “ejército libre de Siria”, la guerra nunca ha tenido un carácter confesional; nunca ha sido un enfrentamiento entre los alevitas y los sunitas porque sólo una de las partes tiene ese carácter, mientras todos los demás credos religiosos -absolutamente todos- apoyan al gobierno.

El “ejército libre de Siria” nunca existió como tal. Siempre fueron unas siglas vacías de contenido bajo las cuales se cobijaron 70 grupos yihadistas diferentes cuya colaboración depende del territorio que ocupen.

El referido “ejército” es otro grupo mercenario, creado, armado y financiado por los imperialistas, los países del Golfo y Turquía desde el primer momento. Sin embargo, a pesar de los apoyos, nunca lograron convertirse en los protagonistas que estaban destinados a ser, por lo que las primeras portadas fueron ocupadas por otros, fundamentalmente por Al-Qaeda, cuya sucursal, el Frente Al-Nosra, aparece en internet en enero de 2012 bajo la dirección de Suleiman Jaled Derwich (Abu Mohammad Al-Jolani), un sirio que regresaba de la guerra de Afganistán.

Entonces Al-Nosra era mucho más parecida a una organización terrorista que al ejército en el que se ha convertido ahora. Tras su aparición se produjeron los siguientes atentados terroristas:

– el 10 febrero de 2012 dos atentados con coche bomba reivindicados por el Frente Al-Nosra en Alepo causan centenares de muertos y heridos
– el 17 de marzo dos coches bomba matan a 27 personas y hieren a otras 140 en Damasco delante de la dirección de la policía criminal y un centre de inteligencia
– el 27 de abril de 2012 un atentado suicida en el centro de Damasco mata a 11 y hiere a decenas de personas
– el 10 de mayo de 2012 un doble atentado con coche bomba en Damasco causa más de 60 muertos y unos 400 heridos
– el 17 de julio el ministro sirio de Defensa, cuñado de Bashar Al-Assad, y un general de jefe de la célula de crisis, son asesinados en un atentado en pleno centro de Damasco reivindicado por el “ejército libre de Siria”. Dos días después muere a consecuencia de las heridas el jefe de seguridad, Hicham Ijtiar
– el 3 de octubre de 2012 más de 50 personas mueren en Alepo en un triple atentado reivindicado por el Frente Al-Nosra

Notas:

(1)http://www.romandie.com/news/_Manaf_Tlass_affirme_avoir_ete_exfiltre_par_les_services_francais95100920121955.asp
(2) www.longwarjournal.org/archives/2013/03/free_syrian_army_com.php
(3) http://www.middleeasteye.net/columns/endless-enemies-how-us-supporting-islamic-state-fighting-it-1621962798

Bashar Al-Assad con su antiguo amigo Manaf Tlass
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¿Por qué cometen sus crímenes en nombre de la ‘comunidad internacional’?

Nkurunziza, Presidente de Burundi
Es una tautología: los imperialistas invocan a la “comunidad internacional” para cometer sus crímenes porque son imperialistas.

Cuantitativamente los imperialistas son una parte insignificante de la población mundial, pero cualitativamente, por su fuerza y su poder, son la parte más importante.

Es algo que sólo ocurre en las grandes potencias. A un gobierno africano no se le ocurre jamás hablar en nombre de la “comunidad internacional”. Ningún país africano tiene sus intereses repartidos por todo el mundo, a diferencia de las grandes metrópolis.

A base de repetirlo, nos hemos acostumbrado a ese lenguaje. Escuchamos a Obama con naturalidad hablar con la “comunidad internacional” pero esas mismas expresiones nos sorprenderían en boca del Presidente de Burundi. Incluso nos ofenderían y más que un periodista pondría el grito en el cielo: ¡qué atrevimiento!

En un mundo capitalista es lógico que las sociedades no funcionen como una asamblea de personas sino como una empresa por acciones. Quienes votan no son las personas sino las acciones; lo que cuentan no son las personas sino los intereses.

Nadie ha elegido a los imperialistas para que hablen de la manera en que lo hacen, y mucho menos para que pretendan que sus propios intereses no son tales, es decir, no son intereses mezquinos y criminales, sino humanitarios y altruistas.

Incluso es hasta normal y lógico que en la medida en que todas las sociedades humanas se van perfilando al estilo de la sociedad de Estados Unidos, sea la Casa Blanca quien hable en nombre de la humanidad.

Podemos salir a la calle a preguntar a la gente que nos rodea si alguna vez han comido cuscús. Lo más probable es que ni siquiera conozcan lo que es el cuscús. Sin embargo, saben lo que es una hamburguesa, una pizza o un perrito caliente.

Lo mismo ocurre con cualquier expresión cultural, como el cine. Todos los espectadores del mundo han visto muchas películas sobre la guerra de Vietnam, pero ninguna elaborada en Vietnam.

Una vez que el mundo se ha convertido en estadounidense, le tratan como trata la policía a los estadounidenses, sobre todo si son negros.

Si la policía en Estados Unidos mata sus propios ciudadanos sin contemplaciones, ¿qué puede esperar el resto del mundo, que ni siquiera tienen la ciudadanía?

La lógica policial es exactamente la de los portavoces de la Casa Blanca. La policía mata a una persona a tiros para beneficio de todos los demás. El que importa no es el muerto sino el vivo.

Lo mismo ocurre en el mundo: lo que importa no es Siria sino la “comunidad internacional”, que somos todos los demás, es decir, que nos convierten en cómplices de casi 300.000 muertes.

La “comunidad internacional” somos todos y cada uno de nosotros. Todo lo hacen por nuestro bien. Es como los partidos españoles institucionalizados: siempre ponen a “España” por delante de sus propios intereses. “España” son ellos.

A pesar de que sobrevivimos en una sociedad capitalista, no encontramos más que altruismo por todas partes. Todos trabajan y se sacrifican por nosotros. Todo lo hacen por nosotros.

¿De qué nos quejamos? En los sesenta los negros se quejaban por sus derechos civiles; ahora se quejan porque los matan. Algunos siempre encuentran alguna excusa para quejarse. Nunca están satisfechos.

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En Siria los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores

Es todo un síntoma: la visita de Putin a Estambul esta semana ha contrastado con la anulación de una visita a París que hubiera debido realizarse inmediatamente después.

El acuerdo para la construcción de un gasoducto capaz de trasladar a Turquía 15.000 millones de metros cúbicos, es más que un síntoma. Se trata de una cantidad tan fabulosa que, según el diario ruso Kommersant, ha sido el punto más importante de la visita. Lo realmente significativo es que antes ese gas pasaba por Ucrania, que en 2018 se quedará fuera de juego… si todo sigue como hasta ahora, lo cual no es seguro.

El objetivo del gasoducto no es abastecer a Turquía de gas, sino que Turquía se convierta en un exportador del gas ruso. El Turk Stream son dos gasoductos y la construcción del segundo de ellos dependerá de las actuales negociaciones entre Rusia y la Unión Europea, lo que equivale a anular las actuales sanciones y que Bruselas presione sobre los fascistas de Kiev para tratar de hacerles entrar en razón (si es que eso es posible).

Por lo tanto, el gas ruso que se dirige a Turquía puede ayudar a resolver al menos dos problemas importantes, a pesar de la torpeza de que hace gala Hollande desde su llegada al Elíseo en París.

Más que una ocurrencia de Putin, el truco procede de Erogan y es el siguiente: como la excusa que ponen en Bruselas para la llegada del gas ruso por el sur crea una situación monopolística que beneficia a Rusia, Gazprom se asociará a una empresa conjunta con Turquía capaz de sortear el veto comunitario, o al menos servir de excusa para ello.

El negocio no sólo beneficiaría a Turquía en el sentido económico, sino que ayudaría, tanto a Rusia como a Turquía, en las negociaciones que mantienen con la Unión Europea.

Un tercer factor a tener en cuenta de la entrevista entre Putin y Erdogan es la presencia del jefe del Estado Mayor del ejército turco, el general Hulusi Akar, para poner de manifiesto que no sólo se habló de gas sino de Siria.

El plan de Putin es que Turquía no se limite a cerrar la frontera con Siria sino que desempeñe un papel mucho más activo en la derrota de los yihadistas. El director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov, ha asegurado al diario Kommersant (*) que existe un acuerdo secreto entre ambas partes, Turquía y Rusia, aunque lo califica como puramente “circunstancial y forzado”.

Según Sotnikov, en lo que a Siria respecta, Erdogan no es un aliado ni fiel ni a largo plazo. Antes el gobierno de Erdogan actuaba forzado por su aislamiento internacional; ahora por su aislamiento respecto a las potencias occidentales.

Quien le ha ayudado a salir de esa situación ha sido Putin. Pero eso no significa, asegura Sotnikov, que Erdogan pretenda aprovechar las dificultades de Rusia en provecho propio.

Es muy probable que el pronóstico de Sotnikov sea equivocado. Tiene buen parte de razón cuando apunta los motivos puramente del giro de Turquía, que no puramente circunstanciales. Sin embargo, hoy los gasoductos, como las líneas ferroviarias del siglo XIX, son instrumentos de comunicación; crean lazos permanentes entre los países. El tendido del Turk Stream apunta directamente a una colaboración a largo plazo entre ambos países que seguirá reafirmándose en el futuro.

Lo más probable es que a través de Rusia, desde Turquía a Irán se establezca una estrecha colaboración que impida a Estados Unidos mantener las manos libres en una región, como ha las ha tenido durante más de medio siglo.

La Guerra de Siria ha creado un precedente irreversible en Oriente Medio. Los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores y es muy difícil que logren recuperar el terreno que han perdido en sólo un año de intervención militar rusa.

(*) http://www.kommersant.ru/doc/3113535
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Los desafíos del eje euroasiático a la hegemonía de Estados Unidos

Fuller, antena de la CIA en Estambul
Graham E. Fuller

Tal vez recuerden el término “Eurasia” de las clases de geografía en Secundaria. El término ya no se emplea mucho en las discusiones políticas de Occidente, pero debiera usarse, porque ahí es en donde la más importante y más profunda acción política se va a desarrollar en el mundo en que entramos en el siglo XXI. Estados Unidos, que pone el acento tan intensamente sobre el “confinamiento” de Rusia, del Califato Islámico y de China, se arriesga a errar en la visión estratégica euroasiática, que es la más importante.

Eurasia es la mayor masa del mundo, y abarca Europa y toda Asia; es decir, los centros más antiguos y grandes de la civilización humana.

¿Qué es, pues, el euroasiatismo? Este término ha significado cosas diferentes en épocas diferentes. Hace un siglo, los Kissinger de la época habían inventado teorías sobre un enfrentamiento estratégico profundo e inevitable entre las potencias navales (Reino Unido/Estados Unidos) y las potencias continentales/terrestres (Alemania, Rusia). La “Eurasia” significaba principalmente Europa y Rusia al oeste. Efectivamente, ¿que necesidad había de hablar de la propia Asia? La mayor parte de lo conocido en Asia era algo subdesarrollado, y estaba bajo el control del Imperio británico (India, China) o de Francia (Indochina) y no tenía ninguna voluntad de independencia. El Japón era la única “potencia asiática” verdadera, y que irónicamente ha desarrollado sus propios destinos imperiales imitando a Occidente, y por consiguiente ha llegado a entrar en conflicto con la potencia imperial norteamericana en el Pacífico.

Está claro que hoy todo ello es diferente. Eurasia significa cada vez más una “Asia”, en la que lo “Euro” hablaría más modestamente. Además, China se ha convertido en el centro de Eurasia, al ser la mayor economía del mundo. Sin sorpresa, China (como el mundo musulmán) manifiesta una tendencia resueltamente “antimperialista” basándose en lo que considera su humillación a manos de Occidente (y de Japón) en el curso de los dos últimos siglos, un eclipse sucedido en el transcurso de una de sus dinastías más declinantes. Pero China está allí de nuevo, y está decidida a aplicar todo su peso y su influencia. India es también ahora una potencia que se desarrolla rápidamente con un alcance regional. Y Japón, adormecido, representa todavía una potencia económica formidable, que tal vez desarrolle una mayor relevancia militar regional.

El significado del término “euroasiático” ha cambiado mucho, pero aún sugiere una rivalidad estratégica. En una época en la que Estados Unidos declara formalmente su intención de dominar militarmente el mundo (“dominación total”, era la doctrina oficial del Pentágono en 2000) el concepto del “euroasiatismo” responde a ello con vigor. Y no solamente en China, sino en la nueva importancia de países como Rusia, Irán, incluso Turquía. Proporciona un sentido al eclipse de la potencia occidental dominante ante la nueva potencia asiática.

Este concepto no se limita a lo militar o a lo económico. Hay también una connotación cultural. La cultura rusa ha mantenido desde hace dos siglos un vivo debate sobre si Rusia formaba parte de Occidente o encarna una cultura diferente euroasiática separada. Los euroasiatistas representan una fuerza importante en el seno del pensamiento estratégico y militar ruso (aunque Putin, de forma curiosa, no adopta plenamente esta visión del mundo).

La idea es vaga, pero culturalmente importante; trata sobre la identidad rusa. Es una cultura eslava, pero con profundas raíces euroasiáticas e incluso un pasado turco y tártaro. Recordemos que por dos veces, históricamente, ha sido el moderno Occidente quien ha incendiado Rusia. De ello dan testimonio las invasiones de Napoleón y Hitler hasta las puertas de Moscú. Hoy la OTAN avanza cada vez más profundamente en torno a la periferia rusa. Los euroasiatistas desconfían, son incluso hostiles a Occidente, considerándolo como una amenaza permanente para la “Santa Madre Rusia”. El “euroasiatismo” aflorará siempre bajo la superficie de la visión estratégica rusa del mundo.

La nueva Unión Económica Euroasiática de Rusia tiene un fin económico, al menos de Bielorusia, de unión con los Estados de Asia central y otros, en un conjunto económico euroasiático. Rico en petróleo, Kazajistán fue de hecho el autor del concepto, buscando el mantenimiento de relaciones con Occidente. Pero basta con mirar su situación en un mapamundi para ver que las opciones reales a largo plazo se encuentran determinadas. Rusia no puede ahora ser la estrella económica a la que ligar su porvenir, pero es uno de los numerosos vehículos euroasiáticos, y no son excluyentes unos de otros, sino opciones que aportarán una mayor seguridad.

China se mueve en direcciones increíblemente ambiciosas con la creación de una nueva banca de inversiones, una infraestructura en Asia que han firmado 57 Estados incluyendo la mayoría de Estados europeos, Canadá y Australia, pero visiblemente sin Japón hasta ahora, ni Estados Unidos. Esto crea un nuevo eje euroasiático, que es el instrumento de la banca central china. China está igualmente proyectando nuevas redes de transportes masivos (el cinturón de la ruta de la seda terrestre y la Ruta de la Seda marítima, “One Belt – One Road”, a través de Eurasia, uniendo China con Europa, Medio Oriente, Asia central y del sur y Extremo oriente por vías ferroviarias, marítimas y carreteras. La “Estrategia Euroasiática” de China es una realidad en pleno auge. Si, existen sospechas y rivalidades entre Rusia y China, y con India y Japón. Pero el fuerte impulso económico y desarrollista de estas propuestas difiere netamente de aquel más orientado a la “seguridad” de las organizaciones americanas con sus implicaciones militares inquietantes.

Washington no solamente ha combatido estas iniciativas chinas y euroasiáticas sin éxito, sino que son las políticas estadounidenses, en especial las políticas que identifican Rusia y China como los presuntos enemigos, las que han acercado en numerosas cuestiones a estos dos países, ahora unidos por una desconfianza común respecto a las ambiciones militares mundiales de Estados Unidos.

Por otra parte, antes de la Segunda Guerra Mundial Japón tenía su propia doctrina sobre el “euroasiatismo”, un intento de agitar pueblos y territorios contra la dominación colonial de Asia. “Gran Asia Oriental, Esfera de prosperidad común”. Esta estrategia hubiera podido ser eficaz si no hubiera estado acompañada por las propias invasiones militares brutales de Japón en los países del Asia Oriental, destruyendo la credibilidad de los japoneses. Hoy, Japón no se ha movido de su posición; deberá hacer frente a la realidad de la potencia china en el Este. ¿Y qué dirigente japonés podría seriamente perseguir una política de largo alcance de hostilidad hacia China, apoyando una estrategia norteamericana del Pacífico, concebida para aislar a China? Y especialmente cuando China y Japón se han convertido en socios gigantescos de comercio y de inversiones.

Irán está muy interesado por lo que suponga equilibrio frente a las presiones geopolíticas de Estados Unidos y busca la adhesión a estas instituciones de desarrollo económico rusas y chinas. Irán es “euroasiático”, y una potencia natural de la “Ruta de la Seda”.

Turquía se ha introducido en el juego euroasiático, una vez más. Desde los inicios del partido, para el AKP (las políticas exteriores de Erdogan con la visión del ministro de Asuntos Exteriores de la época, Davotoglu), Turquía ya no se limita a ser una potencia occidental, sino que también ha proclamado sus intereses geopolíticos (casi cien años después de la caída del Imperio Otomano) en Oriente Medio y Eurasia. Al fin y al cabo, los turcos son originarios de Eurasia, y migraron al oeste del lago Baikal hace mil años. Esto significa que hay serios lazos con Rusia, combinados con lazos étnicos, culturales e históricos profundos con Asia central y con China. Turquía, como Irán y Pakistán busca formar parte de esas redes rusas y chinas. Entre ciertos políticos nacionalistas turcos y oficiales militares, contando con numerosos kemalistas laicos, el euroasiatismo es una tendencia capaz de extender las opciones geopolíticas de Turquía, para explorar los lazos estratégicos y culturales con Eurasia. Refleja igualmente una expresión de desconfianza ante los esfuerzos occidentales y norteamericanos para dominar la región.

Para Turquía no es cuestión de uno u otro. Puede buscar formar parte de Europa (y de la OTAN), pero no renunciará a las grandes opciones alternativas geoestratégicas hacia el Este, con crecimiento de la influencia económica, las carreteras y el ferrocarril para materializarlo.

En resumen el nuevo euroasiatismo no se presenta ya a la manera del siglo XIX y de las potencias navales. Es un reconocimiento de que la era de la dominación occidental mundial, y en especial de Estados Unidos está acabada. Washington ya no puede dirigir (o permitir) una oferta a más largo plazo para dominar Eurasia. En términos económicos, ningún Estado de la región, incluyendo a Turquía, estaría tan loco como para dar la espalda a este creciente potencial euroasiático, que ofrece igualmente equilibrio estratégico y opciones económicas.

Existen, desde luego, enormes fallas que recorren Eurasia; étnicas, económicas, estratégicas y un cierto grado de rivalidad. Pero cuanto más intente Washington contener o sabotear el euroasiatismo como una verdadera fuerza ascendente, mayor será la determinación de los Estados de formar parte de ese mundo euroasiático en desarrollo, aunque no se rechace a Occidente.

A todos los países les gusta disponer de soluciones de recambio. No les gusta estar endeudados con una sola potencia mundial que busca la guerra. El relato de unos Estados Unidos de los que depende todo el orden mundial ya no es aceptado por el mundo. Y además ya no es realista. Parece una falta de visión que Washington continúe poniendo el acento en la expansión de las alianzas militares mientras que la mayoría del mundo está a la busca de una mayor prosperidad y busca su propia influencia en la región. Cabe indicar que los gastos militares de China son alrededor de una cuarta parte de los gastos norteamericanos.

Fuente: http://grahamefuller.com
N.del E.: En entradas anteriores hemos informado sobre el papel de Fuller en el Golpe de Estado en Turquía y el atentado de Boston de 2013:

– La CIA dirigió el golpe de Estado fallido en Turquía (1)
– La CIA dirigió el golpe de Estado fallido en Turquía (y 2)
– Gülen reconoce la ‘posible’ participación de los suyos en el golpe de Estado en Turquía
– Los vínculos de los Mateen y los Tsarnaiev con la CIA

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La táctica de desestabilización del imperialismo en la Guerra de Siria

Desde los tiempos del Golpe de Estado en Irán en 1953 (“Operación Ajax”), el imperialismo siempre inicia la desestabilización de un país con protestas callejeras, manifestaciones e incluso huelgas con tres objetivos:

(a) simula o amplifica un problema interno
(b) oculta una intervención externa del imperialismo
(b) el descontento de la población justifica la destitución del gobierno

En la Primavera Árabe el plan del imperialismo es una etapa breve de protestas, seguidas de deserciones y acciones terroristas para tumbar al gobierno. Pero en lugar de hablar de “contrarrevoluciones” se permitieron el lujo de hablar de “revoluciones”.

En América Latina los mercenarios locales del imperialismo se llamaron “contras”, una abreviatura de “contrarrevolucionarios”. Ahora se llaman al revés, “revolucionarios”, lo que al imperialismo le sirve para contar con el apoyo de la escoria de los grupos oportunistas y medios que alardean de ser “alternativos” pero confunden deliberadamente una cosa con su contraria.

El decorado decía que quien se levantaba contra el gobierno era el propio pueblo sirio, calificando como “pueblo” a las mesnadas de yihadistas fanatizados. La mayor parte de ellos ni siquiera eran sirios. Según un informe del BND, el servicio secreto alemán, el 95 por ciento son chechenos, pakistaníes, uigures, libios, tunecinos…

El 10 de abril de 2016 el patriarca greco-católico, monseñor Gregorio III Laham, afirmó también que “la discordia en Siria ha venido del exterior mientras que todo el mundo vivía en paz”.

Para tratar de calmar los ánimos, el gobierno de Bashar Al-Assad realiza importantes concesiones de todo tipo a las exigencias populares:

(a) subieron los sueldos
(b) crearon un fondo de ayuda contra la carestía de alimentos
(c) bajaron los impuestos
(d) liberaron a los presos
(e) concedieron la nacionalidad a muchos refugiados kurdos
(f) derogaron las leyes represivas

Las concesiones no sirvieron para nada e incluso se volvieron contra el gobierno. Por ejemplo, los medios de la “oposición” dicen que al liberar a 1.500 presos políticos condenados por yihadismo, es el propio gobierno el que favorece la formación de las organizaciones armadas, ya que los liberados pasaron a formar parte de las milicias que, efectivamente, realizaron ataques sectarios.

Cuando estaban en la cárcel era luchadores injustamente represaliados por el gobierno; cuando los ponen en libertad se convierten en yihadistas…

Las reivindicaciones no eran más que una coartada. El verdadero objetivo es la destitución de Bashar Al-Assad.

Las protestas son, además, otras tantas provocaciones que desatan una espiral de represión, detenciones, torturas y tiroteos en las calles.

También en Siria, el imperialismo pone en marcha las redes sociales para ocultar su propio protagonismo y presentar un decorado presidido por el impulso anónimo del movimiento, un pueblo desorganizado que se alza espontánea y pacíficamente.

La técnica de manipulación no se dirige a la razón sino al corazón. Más que informaciones el imperialismo ha utilizado imágenes para explotar abusivamente la sensibilidad y el humanitarismo de los espectadores. En los medios de todo el mundo la represión del gobierno de Damasco es un acto unilateral y gratuito, en el que hay una enorme desproporción de fuerzas: la policía abre fuego en la calle contra el pueblo indefenso.

Así obligan al espectador a tomar partido por el más débil, el pueblo, con montajes propios de guión cinematográfico, como los niños grafiteros, menores de edad que son detenidos, torturados y encarcelados por la policía del régimen por hechos inocentes.

El componente sicológico y propagandístico de la guerra contra Siria tiene por objeto acarrear apoyo internacional a las milicias yihadistas, mientras las poblaciones que quedan en manos del gobierno no existen, no son visibles, no sufren, no tienen hambre, no necesitan agua ni medicinas y, además, están sujetas al bloqueo económico, por lo que carecen de cualquier clase de solidaridad.

La batalla de Alepo la ha relatado así la intoxicación informativa: los terroristas no ocupan una parte la ciudad, no son responsables de las masacres ni de la destrucción sino todo lo contrario: ellos la “defienden” del “asedio” del ejército regular.

El humanitarismo ha sido un apoyo para el yihadismo y todas las treguas han servido para su rearme y la continuación de la guerra con energías renovadas.

En una farsa así no podían faltar las ONG como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Cascos Blancos y demás, cuyos informes nutren una parte muy importante de las noticias de la prensa imperialista.

El papel de los medios ha consistido en inventar un “régimen” y un dictador (Bashar Al-Assad) execrable que tiene los días contados por obra y gracia de un pueblo heroico que sale a la calle sin temor a la represión.

El imperialismo no deja las cosas al azar. La “oposición” siria fue un movimiento planificado, armado y adiestrado, sobre todo en Jordania, con bastante antelación, cruzando la frontera con armas y explosivos y asesinando de manera indiscriminada, es decir, tanto a policías y militares, como a manifestantes. A finales de 2011 una investigación de la Liga Árabe concluyó:

“En Homs, Idlib y Hama, la misión observadora atestiguó que se cometían actos de violencia contra las fuerzas gubernamentales y los civiles, que resultaban en múltiples muertes y heridos. Ejemplos de esos actos incluyen la voladura de un autobús civil, asesinando a ocho personas e hiriendo a otras, incluyendo mujeres y niños, y el bombardeo de un tren que cargaba diesel. En otro incidente en Homs, explotaron el autobús de la policía, matando a dos oficiales. Un oleoducto y algunos puentes pequeños también fueron volados”.

El cura holandés Frans van der Lugt, que residía en Siria hasta que fue asesinado en abril de 2014, escribió en enero de 2012:

“Desde el principio los movimientos de protesta no eran puramente pacíficos. Desde el principio vi participantes armados marchando en las protestas que dispararon primero contra la policía. Con mucha frecuencia la violencia de las fuerzas de seguridad era una reacción a la brutal violencia de los rebeldes armados”.

Unos meses antes, en septiembre de 2011, había observado:

“Desde el inicio ha existido el problema de los grupos armados, que también son parte de la oposición… La oposición en la calle es mucho más fuerte que cualquier otra oposición. Y esta oposición está armada y frecuentemente emplea violencia y brutalidad, sólo para luego culpar al gobierno de ella”.

Los medios internacionales crean un nuevo lenguaje y un nuevo relato de ficción en el que la guerra comienza como una lucha que presenta dos rasgos fundamentales: es interna y es pacífica. Como consecuencia de la represión posteriormente “degenera”en un choque militar y, en una tercera fase, intervienen otros países desde el exterior.

A diferencia de Túnez y Egipto, la desestabilización fracasa. Pero aunque no cumple todos sus objetivos, logra al menos uno de ellos en la fase inicial de la guerra: a finales de agosto de 2011 crea un fantasmagórico Consejo Nacional Sirio, una especie de gobierno en el exilio que se reúne por primera vez en Estambul el 2 de octubre.

El tinglado desempeña varias funciones. La primera, es ponerle una cara a lo que hasta entonces era anónimo, crear una referencia para seguir nutriendo de contenidos a los medios de todo el mundo. La segunda es mostrar el alineamiento inequívoco de los imperialistas contra Al-Assad, dar respetabilidad a la oposición y elevar su nivel diplomático. Otra función del “gobierno” en el exilio es la de ofrecer una imagen de unidad, de coordinación de la oposición, una tarea que nunca ha podido cumplir. La cuarta es la de delimitar los dos bandos, un aspecto importante que permitió llevar la guerra a su segunda fase.

Quien empieza reconociendo al nuevo “gobierno” sirio como legítimo portavoz de su pueblo es otro fantasma, su homólogo libio del Consejo Nacional de Transición; detrás van los primeros espadas del imperialismo.

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‘¡Rusia es culpable!’

Esta semana se ha celebrado en Moscú un foro de inversores en el que Putin pronunció unas palabras contra las acusaciones “totalmente infundadas” y afirmando que Rusia no era culpable de “todos los pecados mortales y de todos los crímenes”.

Se refería, entre otras, a las recientes acusaciones de crímenes de guerra por los bombardeos rusos contra las posiciones yihadistas en Alepo.

La culpabilización tanto de la URSS, mientras existió, como de Rusia, en la actualidad, está muy arraigada en un país, como España, que hace décadas que no respira otra cosa que fascismo, que corre el riesgo de convertirse en una auténtica tradición, como la Semana Santa o las corridas de toros.

España tiene la patente de la culpabilización de Rusia. En 1941, dos días después del ataque de Alemania contra la URSS el ministro franquista, Ramón Serrano Súñer, pronunció un discurso desde la sede del Movimiento Nacional, situado en la castiza calle de Alcalá. Acababa de terminar una manifestación fascista contra “Rusia” y el ministro gritó desde el balcón:

“Camaradas, no es hora de discursos; pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria”, dijo. Luego continuó en medio de los aplausos de las hordas enardecidas por el ataque nazi:

“¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra guerra civil. Culpable de la muerte de Jose Antonio, nuestro fundador, y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo. El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa”.

Si tuviéramos memoria histórica nos daríamos cuenta de que, después de 75 años, las cosas no han cambiado tanto. Lo mismo que ahora, entonces “Rusia” también era culpable, una frase que fue destacada por la prensa franquista, que era idéntica a la actual: cualquier información sobre la guerra que no procediera del III Reich y sus aliados estaba prohibida, silenciada y perseguida.

La frase de Serrano Súñer se convirtió en la consigna de la División Azul. El 13 de julio los primeros fascistas partieron en tren hacia “Rusia” desde la Estación del Norte de Madrid y el ministro volvió a arengar a las tropas que salían a aplastar al Ejército Rojo: “Vais a defender los destinos de una civilización que no puede morir, y a contribuir a la fundación de la unidad de Europa. Vais a combatir junto a las mejores tropas del mundo”.

Los fascistas ya pensaban en construir la Unión Europea, una “nueva” civilización que se debía lograr a costa del exterminio de la URSS-Rusia. El diario oficial de la falange, Arriba, publicó un editorial titulado “Guerra por la causa de Europa”.

A pesar de la propaganda aquella movilización fue un fracaso. Los franquistas se habían comprometido a reclutar 17.000 voluntarios, pero no lo lograron. Sólo llevaron 9.154 efectivos al frente y el ejército tuvo que contribuir con otros 7.292 un poco menos voluntarios.

Todo para pagar la deuda que los franquistas habían contraído con Hitler por su apoyo durante la guerra civil. Los fascistas pagan en esa moneda: con carne de cañón.

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Turquía trata de salir de su aislamiento diplomático viajando a Damasco

Ayer el diario turco Aydinlik anunció que en 4 ó 5 días una delegación diplomática turca viajará hacia Damasco para negociar un acuerdo con el gobierno de Damasco. La información se basa en las declaraciones anónimas de un alto responsable del Ministerio turco de Asuntos Exteriores.

La fuente indica al periódico que la visita es consecuencia del viaje de Putin a Estambul el día 10 de este mes, donde se entrevistó con Erdogan.

Se trata, asegura el diario turco, de un cambio “importante” en la política exterior de Ankara. El restablecimiento de relaciones entre ambos países sera inevitable, tarde o temprano, a pesar de que el ejército turco ha invadido el norte de Siria.

Según las fuentes turcas, el gobierno de Damasco estaría dispuesto a cooperar con Turquía en la Operación Escudo del Éufrates que el ejército mantiene en la frontera común entre ambos países.

En el verano de 2011 el gobierno de Erdogan rompió relaciones con Siria y pasó a prestar toda clase de apoyo a las milicias yihadistas que desencadenaron la guerra.

El 22 de junio de 2012 un caza turco F-4 Phantom fue abatido por la defensa antiaérea siria cuando se introdujo en su espacio aéreo. Turquía convocó una reunión de la OTAN, que no apoyó al gobierno de Erdogan.

Tras la caída de Mosul, en Irak, Turquía se convirtió en uno de los mayores cómplices del Califato Islámico en el contrabando de petróleo, del que la familia de Erdogan obtuvo suculentos beneficios económicos.

En la última entrevista concedida por Bashar Al-Assad a la prensa rusa, afirmó que cuando los terroristas sean desalojados de Alepo, “irán por donde han venido”, en referencia a que los mismos que han protagonizados una guerra en Siria pueden establecerse en Turquía con los mismos propósitos desestabilizadores.

La situación de Turquía con sus vecinos sigue siendo extraordinariamente complicada. Además de Siria, su ejército está presente también en el norte de Irak, una zona que las milicias del dirigente chiíta Muqtada Al-Sadr le han conminado a abandonar.

Los turcos han justificado su presencia para intervenir en la liberación de Mosul, pero el gobierno irakí ha negado su intervención y también les ha ordenado que salgan de Irak.