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El buque insignia de la transición, el diario ‘El País’, se hunde

Uno de los cuatro jinetes de la mentira ha caído. Las mentiras de El País pasan factura a su edición impresa y amenazan a su edición web.

El director de El País, Antonio Caño, ha hecho pública una carta abierta a la plantilla del periódico en la que apunta a un próximo cierre de la edición en papel del diario y explica la inminente transformación de la publicación en un medio esencialmente digital.

Caño admite que “la supervivencia” no está garantizada y que la crisis “no ha tocado fondo”. Se dice que ha sido por no conseguir recaudar 9 millones de euros necesarios para mantener el negocio a flote otro año. ¿En serio? Otra mentira, no paran. Cebrián y su cónclave de sátrapas no piensan lo mismo.

El presidente de Prisa y sus dos hombres de confianza, el CEO José Luis Saínz y el vicepresidente Manuel Polanco percibieron un total de 4,1 millones de euros, mientras la empresa editora del diario El País registraba en este mismo periodo un mínimo histórico en su facturación. De hecho, la cantidad percibida por estos tres ejecutivos equivale al 77% de su beneficio anual.

[…] No dudamos que se ha tratado de un asalto en toda regla al rotativo, pero también es verdad que ni todo el dinero invertido por el Banca Santander, Telefónica, Caixabank, HSBC o los grupos inversores extranjeros han podido compensar el descrédito de las mentiras constantes y flagrantes que le ha llevado a una pérdida de lectores, suscriptores y publicitadores tal que hacen el negocio inviable […]

Se destaparon las máscaras que habían detrás de sus intereses. Comenzó la era del «Todo es ETA» en el que las políticas reales de los partidos se camuflaban mediante el supuesto combate al terrorismo. Se vio que también fue una maniobra para sostener el bipartidismo que se sigue usando a pesar de la disolución de la banda. Un verdadero instrumento de propaganda del neoliberalismo y del IBEX35.

No queremos ser exhaustivos en recordar las mentiras vertidas por el vomitivo diario, han sido demasiadas. Su función era cumplir objetivos electorales y de encubrimiento de maniobras políticas, militares, policiales y económicas, como la entrada de Hez-paña en la OTAN, en la CEE o el caso GAL. Solo recordar los más flagrantes entre la lista de agravios: manufactura de iniciativas políticas como el PSOE en su tiempo o UPyD. Ahora se dedican a promocionar C’s atacando a Podemos e IU. Influir en las distintas elecciones con estadísticas manipuladas, montajes de escándalos favoreciendo a sus formaciones, sostener el estado de terror alimentado el «Todo es ETA», rebote de noticias enlatadas de los telefax sin verificar, como el crédito a las armas de destrucción masiva de Irak o las fotos de la muerte de Chávez, apoyar decididamente a la banca, ejército y clero, mantener la monarquía, mantener el sistema económico, difundir el sistema de doctrinas económicas transmitidas por sus bancos incluidos rescates o austeridad.

De todos sus crímenes tal vez sea su función como instrumento electoralista al servicio del IBEX la que más suscriptores les haya hecho perder. Para ello han difundido tantas mentiras que no han podido ser compensadas con información útil o veraz.

Lo sentimos por sus muchos trabajadores, muchos de ellos muy capaces, incluso compañeros, pero no podemos dejar de alegrarnos por que este infame pozo de intrigas salga de circulación por la puerta pequeña, como los cobardes que han sido siempre. Sin duda es un tanto para la prensa libre y la contrainformación. A ver lo que tardan los otros bastardos de La Razón, El ABC y El Mundo en cerrar las suyas. Sea como fuera ahora El País y sus mentiras compiten en igualdad de condiciones que la tarcoteca y sus análisis. ¡Aquí os esperamos, jodidos fachas!

Fuente: http://tarcoteca.blogspot.com.es/2016/03/las-maniobras-de-el-pais-hacen-que.html
 

Los kurdos desplazan en masa a la población árabe de Irak

Los peshmergas del gobierno regional del Kurdistán en el norte de Irak han arrasado con bulldozers, incendiado, volado y reducido a cenizas millares de viviendas con el aparente fin de desarraigar a la población árabe, en represalia por su supuesto apoyo al Califato Islámico.

Imágenes obtenidas vía satélite muestran la amplia destrucción sembrada por los peshmergas, y en algunos casos por las milicias yazidíes y los grupos armados kurdos de Siria y Turquía que actúan en colaboración con los peshmergas.

Las fuerzas armadas del gobierno regional del Kurdistán parecen ser la punta de lanza de una campaña concertada dirigida a desplazar a las poblaciones árabes, destruyendo pueblos enteros en las zonas recuperadas al Califato Islámico en el norte de Irak.

Los residentes árabes que huyeron de los combates en sus localidades se ven ahora impedidos por las fuerzas del gobierno regional de Kurdistán de volver a las zonas recuperadas y tienen grandes dificultades para sobrevivir en campamentos improvisados en donde las condiciones son desesperadas.

Muchos han perdido sus medios de subsistencia y todas sus propiedades, y no tienen lugar al que volver, al haber sido destruido su domicilio.

Los desplazamientos forzados de la población y las extensas destrucciones de vivienda han sido especialmente intensos en las provincias de Nínive, Kirkuk y Diyala, que fueron recuperadas por los peshmergas al Califato Islámico entre septiembre de 2014 y marzo de 2015.

Si bien los responsables del gobierno regional de Kurdistán justifican los desplazamientos de población árabe invocando la seguridad, parece que esta práctica tiene por finalidad castigar a esta población por su supuesta simpatía hacia el Califato Islámico.

Las milicias kurdas pretenden consolidar las ganancias territoriales en zonas en disputa que siempre han reivindicado para sí. Esto se inscribe en el contexto de una voluntad de rectificar los abusos cometidos por el régimen de Saddam Hussein, que había desplazado por la fuerza a los kurdos e instalado después a los árabes en estas zonas.

Ya somos mayores

Bianchi

Parece ser que hay mar de fondo en las filas de «Podemos», disensiones, líneas, corrientes, que si patatín, que si patatán, ingredientes necesarios en cualquier partido político -o «holding», como define el editorial de hoy, día 10, de EL PAIS a Podemos- que se precie y quiera alcanzar la «madurez», esto es, la mayoría de edad: «mira, ya tenemos nuestras peleas internas, ya somos mayores, ¿no es maravilloso? Igual que los matrimonios adultos, ochesss».

La verdad es que desde el 20-D se han sucedido  acontecimientos varios en el seno podemita de los que citaremos algunos:

1. Ada Colau y Mareas imponen a P. Iglesias el derecho a decidir como línea roja -de las que algo escribimos hace poco aquí mismo-: los podemitas mesetarios fingen alucinar al anteponerse este punto a la agenda social, argumento especioso al que se agarran cuando quieren escurrir el bulto en problemas más acuciosos, o al menos, prioritarios.

2. «Compromis» le dice al «Coletas» -dicho sin ningún afán peyorativo- que van por libre.

3. Discusiones internas dejan a Podemos descabezado en autonomías como Euskadi y La Rioja.

4. Colau en rueda de prensa anuncia una iniciativa política nueva.

5. Manuela Carmena -alcaldesa de Madrid- dice, o sugiere, que hay que gobernar con el PsoE (un partido, para ella, se supone que de «izquierdas», como, también se supone, lo es ella, postura con la que simpatizaría también Errejón, supuestamente, ya ven que todo es un suponer y un desvivirse que muero porque no muero, oiga) y desde la cúpula podemita -suponemos que desde el trotskista «anticapitalista» Miguel Urban, o no, o vaya usted a saber-, a la otrora prestigiosa jueza que les consiguió Madrid, con el apoyo  del PsoE, favor con favor se paga-, se la dice que vuelva a sus labores y tricoteos más enriquecedores.

6. Tres cuartos de lo mismo con el ex-fiscal Jiménez Villarejo -que se ha ido por estar en desacuerdo con no arrejuntarse con el PsoE, aunque más bien es el PsoE el que, de momento, ha renunciado a la «fórmula portuguesa» (gobernanza entre alianzas de izquierdas, vamos a conceder quitando las comillas) que incluiría a Podemos-, usado cuando Podemos no era nadie y necesitaban personajes de prestigio y ahora tratan como un viejo con Alzheimer.

Como puede verse, los «antisistema» (qué risa, felisa) ya son mayores, ya son «casta». Y es que en una democracia burguesa, concedamos lo de «burguesa», y lo de «democracia» ni te cuento, donde a la suma de votos se le llama, significativamente, «caladero», y no porque te mojes o esté lloviendo, que posibilitan el acceso a los escaños, también llamados «poltronas», vienen los navajeos y el pisar la manguera de un bombero a otro, o sea, lo «normal» en una democracia «consolidada». Ya somos mayores o qué hay de lo mío.

Ruptura interna de Podemos en Madrid

El lunes estalló una crisis interna en la dirección de Podemos en Madrid. La dimisión de Emilio Delgado como jefe de Organización autonómico refleja un choque por el control entre las distintas familias del partido, la de su secretario general, Pablo Iglesias, y su número dos, Íñigo Errejón.
La decisión de Delgado, vinculado a Errejón, inicia una voladura controlada de la dirección madrileña encabezada por Luis Alegre, hombre de confianza de Iglesias. Tras la pugna de poder hay también una disputa ideológica sobre cómo relacionarse con el PSOE.

En las filas del partido que lidera Pablo Iglesias, inmerso en el debate sobre la estrategia de las negociaciones para pactar una investidura, se interpreta lo que está sucediendo en Madrid como un pulso entre los partidarios de las tesis de Iglesias y las de Errejón. Delgado dimitió con duras críticas a Alegre, secretario general autonómico, cofundador de Podemos y dirigente muy próximo a Iglesias. Fue uno de los cargos que le ayudó a poner en marcha el partido, hace poco más de dos años, y fue su primer jefe de gabinete.

El antiguo secretario de Organización de Madrid está, en cambio, vinculado a Errejón. Al dimitir hiló una enmienda a la totalidad de la gestión de Alegre, a quien imputa “ausencia” en la dirección política y hasta haber “desaparecido” del partido. Con su renuncia abrió una sangría en la dirección regional, que puede seguir en los próximos días.

Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2016/03/08/actualidad/1457467023_191370.html

¿Por qué los yihadistas mueren varias veces?

Al dirigente del Califato Islámico, Abu Bakr Al-Baghdadi, Estados Unidos lo ha matado ya tres veces. Del jefe militar de la organización, Abu Omar Al-Shishani (alias Omar El Checheno), anunciaron el 4 de marzo su defunción, que es la segunda.

Como nos cuesta retener sus nombres, los imperialistas nos venden la moto varias veces. De esa manera dan muestras de que luchan contra los yihadistas y de que sus bombardeos son eficaces y precisos, casi como un tiro en la nuca.

Hay un dato importante que siempre coincide: todos los dirigentes del Califato Islámico han muerto en bombardeos de Estados Unidos, no en los rusos, que no apuntan bien.

Los bombardeos más importantes de Estados Unidos en Siria no son explosivos sino propagandísticos. Se trata de generar noticias, ese tipo de relámpagos que vemos, oímos o leemos y se nos quedan grabados en las neuronas para siempre.

Las bombas que caen sobre Siria siempre proceden “de fuentes bien informadas”. Se llaman CNN, Sky News, Reuters, La Secta…

La lección que todo el mundo debe extraer es que no hay quien pueda con Estados Unidos. Los desafíos contra su supremacía se pagan muy caros.

Una manera de inflar una noticia es poner al yihadista en el candelero, para que luego los medios puedan anunciar aquello de que era “el terrorista más buscado”.

Es como en los tiempos del franquismo, cuando la prensa titulaba que la policía había detenido a un peligroso terrorista fugado que había participado en el atentado de la calle Correo (o cualquier otro).

En España ha habido atentados en los que han estado involucrados cientos de personas, como si se hubieran cometido en tropel.

Si la noticia sólo habla de que el detenido se dedicaba repartir propaganda, se devalúa, no capta la atención del oyente, que necesita una sobredosis de información.

Por eso mismo los detenidos y los muertos nunca son vulgares soldados rasos sino altos dirigentes. En las “bandas armadas” no hay más que jefes.

A la ‘mano invisible’ de Adam Smith se le ve el plumero

Adam Smith (1723-1790)
Cualquiera puede imaginarse que si no sabe la causa de un problema, difícilmente le podrá encontrar la solución.

En el caso del capitalismo, los economistas se han enterado -por fin- de que hay una crisis mundial, pero no saben la causa. No se esperaban una crisis; les ha pillado por sorpresa.

Entonces es posible suponer que si los economistas no saben la causa, tampoco encontrarán remedio a los males del capitalismo: paro, miseria, vivienda, guerra…

Pero no es exactamente así: aunque supieran la causa, tampoco le podrían poner remedio por un razón bien simple: porque no la hay. Los males del capitalismo no tienen remedio… dentro del propio capitalismo que los causa.

Sin embargo, los capitalistas nunca dirán que la causa de la crisis es el capitalismo. Por ejemplo, el Banco de Pagos Internacionales -conocido como el banco central de los bancos centrales- ha vuelto a advertir recientemente que sobre el capitalismo se “avecina una tormenta” de alcance mundial.

En realidad, la tormenta no se avecina sino que ya ha llegado. Pero eso no es lo más importante, sino el diagnóstico. Según dicho Banco, la causa de la “tormenta” son los gobiernos de todo el mundo que están implementando políticas monetarias equivocadas.

Es lo que oímos a diario en las tertulias de los periodistas con los partidos políticos: la causa de la crisis son políticas económicas erróneas. Si las cambiamos es posible salir de la crisis.

Como las políticas económicas las implementan instituciones políticas, tales como gobiernos o bancos centrales, lo que se debe hacer es cambiar de gobierno o al personal que está al frente de la gestión pública.

Es el típico análisis burgués, subjetivo e individualista, que habla de las erróneas decisiones de alguien, aunque sea de la “mano invisible” de Adam Smith.

Si alguien no se hubiera equivocado, no habría crisis. Entonces se trata de buscar a los “culpables”, a los cuales se les pone nombre y apellidos para personalizar: Lehman Brothers, ladrillo, burbuja, especulación…

Para salir de la crisis hay que relevar a las personas que se han equivocado al tomar las decisiones y poner a otros en su lugar. En última instancia, como a las personas que toman las decisiones las ha elegido Usted con su voto, no le quepa duda: Usted tiene la culpa de la crisis mundial del capitalismo.

Por sí mismo, sin decisiones equivocadas, el capitalismo sería un paraíso. No hay más que leer los manuales de economía que imparten en las facultades universitarias, que ignoran hasta la palabra crisis.

Por el contrario, Marx construyó la ciencia de la economía política (que es economía tanto como política) sobre la crisis del capitalismo, sobre leyes tales como la “caída de la tasa de ganancia”, es decir, sobre algo que no crece indefinidamente sino que tiene una tendencia a hundirse.

La crisis es internacional, se han equivocado todos, al mismo tiempo y en todo el mundo. Por lo tanto, lo que es un “error” es el capitalismo.
Pero eso mismo se debería decir de otra manera: en realidad, el capitalismo no está en crisis, es decir, en una etapa mala, pasajera, a la que seguirá otra de abundancia. El estado natural del capitalismo es la crisis. Ambos son consustanciales, por lo que no se puede “salir” de la crisis más que saliendo del capitalismo.
Eso, lo más básico, es lo que no vamos a poder escuchar en ninguna tertulia ni en ningún debate electoral.

Nuevo contingente de mercenarios desembarca en Yemen

El primer grupo de mercenarios de la empresa militar privada norteamericana DynCorp ha llegado al sur de Yemen, como refuerzo a la ofensiva que lleva a cabo Arabia saudí.

Según informa la agencia de prensa yemenita Jabar Agency, los mercenarios han sido enviados a Yemen con un contrato de 3.000 millones de dólares firmado entre Emiratos Árabes Unidos y la empresa DynCorp.

Un funcionario del Ministerio de Defensa de Yemen, citado por Jabar Agency, explicó que la misión de los mercenarios norteamericanos consistía en apoyar el ejército de los Emiratos, uno de los principales aliados del régimen saudí en la guerra contra el ejército yemenita y el movimiento popular Ansarolá.

Este nuevo contingente, que incluye fuerzas navales especiales, ha entrado por el puerto de Ras Omran, en el sudoeste de Adén. Los miembros de DynCorp acuden para sustituir a los de Academi, otra empresa militar estadounidense, más conocida por su antiguo nombre de Blackwater. Academi decidió retirarse de Yemen, tras haber sufrido fuertes pérdidas en sus enfrentamientos contra las fuerzas yemenitas.

El pasado 8 de febrero, la agencia de prensa de Yemen Saba News informó de la muerte de siete mercenarios extranjeros que trabajaban para Academi, en el transcurso de tiroteos con el ejército yemenita en la provincia de Taiz, en el sudoeste del país.

Desde el 26 de marzo de 2015, Yemen es el escenario de una agresión saudí que, según los datos difundidos por la ONU, ha provocado ya la muerte de 32.000 personas, en su mayoría civiles.

Líneas rojas

Bianchi

Como ese ridículo spray con que los árbitros de fútbol marcan sobre el terreno de juego la línea que el lanzador de la falta no puede sobrepasar, en el ruedo ibérico valleinclanesco nacional no se oye hablar, de un tiempo a esta parte, de otra cosa que de «líneas rojas» que, se viene a decir, no se pueden traspasar. Y no se puede porque, caso de cometer esa temeridad, se incurre poco menos que en sacrilegio que atenta a los pilares del programa de un partido político concreto en esta corte de los milagros española. Pero si sólo fuera eso -que afecte a un partido-, no sería tan grave la cosa, ya saben: si no le gustan estos principios, tengo otros, grouchomarxistamente hablando, como sí lo sería atentar contra los sagrados principios de la Patria (española, por supuesto) que, como los (diez) mandamientos, se resumen en dos: la sagrada unidad de España y la obediencia ciega y sorda a la Constitución. Lo primero, igual que con Franco («antes roja que rota»), y lo segundo una transmutación de las Leyes Orgánicas franquistas, tan papel mojado como la Constitución española que consagra la unidad de la nación española (art.2) y su tutela por el Ejército (art.octavo). ¡Toma Constitución democrática! Justo las dos piedras de toque que definirían, denotarían y connotarían, si estamos ante una verdadera Constitución democrática (burguesa pues reconoce la sacrosanta propiedad privada y el no derecho a la autodeterminación) o ante un burdo remedo de Constitución hecha aprisa y corriendo, de manera apurada, y… «otorgada», como si se tratase de una «Carta Puebla» medieval que los reyes y señores feudales «otorgaban» a sus vasallos para que arreglasen sus tierras y fundos (hoy las autonomías o «café para todos» para diluir las verdaderas naciones oprimidas por esa cárcel de pueblos que dan en llamar «España»).

También hay otra clase de «líneas», las que se esnifan.

¿Líneas rojas? Yo soy daltónico.

Buenos días.

El papel de Estados Unidos en el asesinato de Gadafi (4)

Robert M. Gates, ministro de la Guerra
Con anterioridad, el presidente Obama había declarado que el coronel Gadaffi había perdido su legitimidad y se tenía que ir. Pero el presidente era cuidadoso al señalar que esa era la posición política de su administración, no su objetivo militar. “No vamos a usar la violencia para ir más allá de una meta bien marcada, como es la protección de los civiles en Libia”, había dicho Obama. Clinton añadió cinco días después de ser adoptada la resolución del Consejo de Seguridad que “no hay nada en ella sobre librarnos de nadie”, en declaraciones a ABC News.

La cuestión es si Libia sería hoy mejor si la OTAN no hubiera liquidado a Gadaffi antes de que él hubiera masacrado a los ciudadanos que apoyaban la democracia. El error no estuvo en deponer a Gadaffi, sino en la ausencia de un plan para el día después. Las tropas norteamericanas debieran haber sido mantenidas en Libia para ayudar…

¿Por qué publicar estos artículos dos días antes del Super Tuesday? El “poder inteligente” no siempre funciona, y Hillary ha cometido errores estratégicos. El presidente llevó al Pentágono a usar sus especiales capacidades militares para detener la temida masacre y, en el plazo de 10 días, ceder la operación a los aliados europeos y árabes. Un anónimo consejero describió este enfoque como “dirigir desde atrás”, manteniendo con los oponentes republicanos del presidente un contacto duradero. Pero Obama estaba decidido a que Libia no se convirtiese en otra prolongada guerra norteamericana. De hecho, su limitado objetivo se alcanzó mucho más rápido de lo planeado. “Básicamente, destruimos las defensas aéreas de Gadaffi y detuvimos el avance de sus fuerzas en tres días”, recuerda Rhodes, el consejero nacional de seguridad.

Pero la misión rápidamente evolucionó desde la defensa de civiles en Bengazi hacia la defensa de civiles allá en donde estuvieran. A medida que la rebelión se incrementaba y los ajenos a ella se hacían combatientes, el fin del juego se hizo aún más nebuloso. Los Estados Unidos y sus aliados se ajustaban cada vez más a uno de los bandos en lucha, sin un debate respecto a lo que este desplazamiento presagiaba. “Yo no recuerdo ninguna decisión específica que dijera ‘bueno, vamos a quitarle’”, dice Gates. Públicamente, decía “se mantenía la ficción” de que el objetivo se limitaba a desactivar el mando y control de Gadaffi. De hecho, el anterior secretario de Defensa dijo que “Yo no creo que pasara día en que la gente esperara no verle al mando en alguno de los centros de control”.

Dos de los principales consejeros de Clinton dijeron en entrevistas que albergaban dudas sobre la intervención, precisamente debido a los temores de que la coalición no seria capaz de detener algún cambio de régimen, sin ninguna posibilidad de manejar los resultados. Uno era Gordon, secretario asistente. El otro era Jeremy Shapiro, que se encargaba de Libia en el equipo de planificación de Clinton. Shapiro expresó sus preocupaciones al principal consejero de Clinton, Sullivan. “Una vez que te metes en una pelea en donde esencialmente decimos que ‘tenemos que detener a un loco para que no mate a decenas de millares de personas en su país’ ¿Cuándo paras?”. “Al final, la lógica se convierte en algo así como, Díos mío, el régimen de Gadaffi es una amenaza para los civiles”, añade. “No se requiere mucho para ir contra esto. Lo difícil hubiera sido lo contrario”.

Consideraciones militares de tipo práctico complicaron también la estrategia de Obama. Aunque sus orientaciones fueron que los Estados Unidos proporcionaran solamente aquellas capacidades que los aliados no poseían, no fue exactamente así: un continuo suministro de municiones de precisión, de combate y de búsqueda, rescate y vigilancia, según Petraeus.

En abril, el presidente autorizó el uso de drones y según un jefe rebelde, agentes de la CIA visitaron los campamentos rebeldes, “proporcionándonos interceptores de los movimientos de tropa de Gadaffi”. La escalada iba en contra de los deseos de Obama, y lo admitió contra sus convicciones, según Ross, antiguo funcionario del Consejo Nacional de Seguridad. Según él, Clinton estaba menos preocupada por el hecho de que “cada paso nos llevaba más hacia una pendiente resbaladiza”. “Su opinión era que no podíamos fallar en esto. Una vez decidido no podemos fallar”.

Cuando Jibril y sus acompañantes libios aparecieron en Roma en mayo para entrevistarse con Clinton, esperaban un encuentro de 10 minutos. Por el contrario, hablaron durante una hora. Los líderes de la oposición la habían proporcionado un informe estableciendo un futuro espectacular. Los partidos políticos competirían en elecciones abiertas, unos medios informativos libres apoyarían a líderes presentables y se respetarían los derechos de la mujer.

Retrospectivamente, Jibril reconocería que en una entrevista que era una “idea utópica”, bastante alejada de la realidad libia. Pero Clinton se había mostrado entusiasta, según los presentes, y ahora quería hablar con mayor profundidad sobre como hacer realidad aquellas visiones. “Ella dijo, y lo recuerdo muy bien, ‘Hagamos una tormenta de ideas sobre Libia’”, decía Mahmud Shammam, el portavoz del consejo rebelde. Los líderes de la oposición querían algo más inmediato. Querían armas. Pese a centenares de ataques aéreos, la lucha estaba estancada. Siempre que los rebeldes ganaban algo de terreno, las fuerzas gubernamentales lo recuperaban. Los rebeldes parecían incapaces de superar Brega, un puerto petrolífero en el camino a Trípoli, y esperaban que armas más sofisticadas de los norteamericanos inclinarían el balance. La Secretaria de Estado les estuvo escuchando. “Fue “muy paciente, muy agradable”, dice Shammam. “Siempre tenía una sonrisa”. Al final, sin embargo, lo rechazó.

Pero de regreso a Washington, en donde se estaba creando un cierto pánico sobre la parálisis de la guerra, Clinton defendió la causa de los rebeldes, según tres funcionarios de la Casa Blanca y del departamento de Estado que intervinieron en el debate secreto. La implicación militar norteamericana que Clinton había esperado finalizar en diez días se extendía durante meses, y el apoyo político estaba desapareciendo. Algunos miembros del Congreso estaban indignados por no someterse a la aprobación después de 60 días, tal y como la War Powers Act parecía exigir. Algunos antiguos partidarios de la intervención, incluyendo a Laughter, antiguo director de planificación de la Secretaria, se habían ido desilusionando respecto a los abusos contra los derechos humanos de los rebeldes. “No intentamos proteger a los civiles partidarios de Gadaffi”, había dicho Slaughter, quien había propuesto un acuerdo en el cual el coronel Gadaffi hubiera cedido el poder a uno de sus hijos.

La coalición internacional que Hillary Clinton había reunido estaba también fragmentándose. Rusia acusó a los Estados Unidos y a sus aliados de timadores, y la Liga Árabe hizo un llamamiento a un alto el fuego y a un acuerdo. “El cambio de régimen no era asunto nuestro en absoluto”, dijo en una entrevista Amr Moussa, que encabezaba la organización en aquel tiempo.

“Hubo un momento, sobre junio o julio”, recuerda Shapiro, el consejero del Departamento de Estado, “en que la situación sobre el terreno parecía paralizarse, y no estábamos seguros de que fuéramos a ganar, o a ganar lo suficientemente rápido”. Además, la estrategia norteamericana de dejar a otros países armar a la oposición era contraproducente, creando un desequilibrio regional que dañaría a Libia si los rebeldes ganaban.

Durante la primavera, la Administración Obama había mirado para otro lado cuando Qatar y los Emiratos Árabes Unidos proporcionaron a los rebeldes material de guerra, según Gates y otros. Pero Clinton había ido aumentando su preocupación, porque especialmente Qatar enviaban armas solamente a algunas facciones rebeldes: las milicias del sur de Misurata y algunas brigadas Islamistas.

Difícilmente podía Clinton pedir a Qatar la suspensión del envío si los Estados Unidos no iban a proporcionar ayuda, dijo un consejero del Departamento de Estado, “porque su respuesta sería ‘bien, pues estos chicos necesitan ayuda, y ustedes no se la dan’ “El punto de vista de Hillary Clinton, frecuentemente comunicada a su equipo, era que para tener influencia entre las fracciones de la oposición y los aliados árabes, había que tener ‘la piel en el juego’”, decía Ross.

El antiguo presidente Bill Clinton había declarado públicamente en abril de 2011 que los Estados Unidos no debieran abandonar el armamento de la oposición, y en correos a Sullivan, su consejero, su esposa mencionaba a contratistas privados que pudieran hacer el trabajo. Ross, hablando en términos generales, comentaba que ella frecuentemente consultaba a su marido.

Ahora, Clinton adoptó lo que un alto consejero denominó “el lado activista” del debate, respecto a la oposición a que Qatar armase a los rebeldes. Recuerda Ross que sus argumentos eran que “si no lo hacemos, suceda lo que suceda, nuestras opciones se hundirían, nuestra influencia se hundiría, y por consiguiente nuestra capacidad de cambiar cosas se hundiría también”.

Pero otros funcionarios eran cautelosos. El mando supremo de la OTAN, almirante James G. Stavridis habló al Congreso de “indicios” de Al Qaeda en el interior de las fuerzas opositoras. Donilon, consejero nacional de seguridad de Obama, alegó que la administración no podía asegurar que armas destinadas a los “denominados buenos chicos”, como los llamó un funcionario del Departamento de Estado, no cayesen en manos de los islamistas extremistas.

De hecho, había razones para preocuparse. El mismo Jibril describió en una entrevista cómo un cargamento francés de misiles y cañones se habría desviado, y como en un encuentro en junio el presidente Sarkozy estuvo de acuerdo en “pedir a nuestros amigos árabes” proveer con armas al Consejo Nacional de Transición. Pero, como dijo, el que entonces fungía como ministro de defensa, los desvió a una milicia dirigida por Abdel Hakim Belhaj, militante islamista que en su tiempo estuvo prisionero en una cárcel secreta de la CIA.

Clinton conocía los riesgos, pero también sopesó los costes de no actuar, según dijeron los consejeros. Le describieron como “cómoda” actuando a su manera sin tener seguridad de los resultados.

Al final, Obama adoptó su posición favorable, según los funcionarios de la administración que describieron los debates. Tras firmar un documento secreto convocando un gabinete presidencial, se aprobó una operación encubierta, incluyendo una lista de armamento. Los envíos y barcos fletados por los Estados Unidos y otros países occidentales llegaron generalmente a través del puerto de Bengazi y de los aeropuertos en el este de Libia, declaró un comandante de los rebeldes.

“Llegamos a hablar de Humvees, radares antiartilleros y misiles antitanques” recuerda un funcionario del Departamento de estado. “Por fin les estábamos proporcionando armas. Cruzamos la línea”. En parte impulsado por la decisión de armar a los rebeldes, el departamento de Estado reconoció al Consejo Nacional de Transición “como la autoridad gubernativa legítima en Libia”. Clinton anunció esta decisión el 15 de julio en Estambul.

“Aquel mismo día, nuestras tropas comenzaron a entrar en Brega”, recuerda Shammam. “Se lo dijimos a Clinton, y dijo, sonriendo ‘¡Bien!, es el único lenguaje que entiende Gadaffi’”.

Un mes más tarde, la Secretaria Clinton aparecía en la Universidad de Defensa Nacional con Leon Panetta, que había reemplazado recientemente a Gates como Secretario de Defensa. Ella alabó la intervención como un ejemplo de “poder inteligente”. “Por primera vez, ha entrado en acción una alianza OTAN-árabe, llevando a cabo acciones de ataque”. “Esta es exactamente la clase de mundo que queremos ver, en donde los demás no están al margen, mientras los Estados Unidos cargan con los costes, mientras cargamos con los sacrificios”. Panetta habló de que “se notaba que los días de Gadaffi estaban contados”.

Seis días después, el 22 de agosto, los esfuerzos acumulativos de la coalición internacional dieron sus frutos cuando unos rebeldes entusiasmados irrumpieron en los dominios de Gadaffi en Trípoli. El dictador aún estaba libre, pero su reino había terminado.

El viejo amigo de Clinton y consejero político, Sidney Blumenthal, que regularmente le enviaba orientación política e informes de la inteligencia sobre Libia, la urgió a capitalizar la caída del dictador. “Brava”, exclamó Blumenthal. Como siempre, pensaba en las ambiciones presidenciales de Clinton. “Tienes que ponerte delante de la cámara. Tienes que figurar en el registro histórico de este momento”. Debía de sentirse segura al emplear la frase “estrategia exitosa”, escribió. “Estás vengada”.

Fuente: http://www.nytimes.com/2016/02/28/us/politics/hillary-clinton-libya.html

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