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El FBI utiliza un fallo del navegador Firefox para espiar a los internautas

En febrero del año pasado el FBI desmanteló Playpen, una red pedófila de intercambio de fotos con 215.000 socios inscritos que operaban utilizando Tor, un sistema de navegación anónimo.

El FBI llegó a tomar el control de los servidores que albergaban las fotos, pero en lugar de cerrarlo inmediatamente para proteger a la infancia, hicieron lo mismo que hacen todas las policías del mundo: promover el delito. Dejaron abierto el acceso de los pedófilos al servidor como cebo para identificar a los que accedían a descargar imágenes. De esa manera pudieron atrapar a decenas de miles de ellos.

La mayor parte de las páginas de internet y redes sociales de contenido criminal, por no decir todas, están creadas, mantenidas y apoyadas por la policía, tanto si son imágenes, como foros, vídeos o audio. Casi la totalidad de las acciones ilegales que los medios de comunicación presentan como propias de “piratas informáticos” son de la policía o del espionaje de algún país.

A partir del operativo, los desarrolladores de programas trataron de estudiar la manera en que el FBI pudo entrar y piratear la red anónima Tor. Algunos jueces también se preocuparon por la intromisión del FBI en la vida privada de las personas.

Las pistas conducen hasta Mozilla, la fundación informática creadora del navegador de internet Firefox. Aunque los usuarios de las redes abiertas se decantan por navegadores como Chrome, propiedad de Google, el navegador Tor es un derivado de Firefox.

En su blog, Denelle Dixon Thayer, la abogada de Mozilla, asegura que la fundación aún no conoce la manera en el que el FBI aprovecha los agujeros de seguridad de Firefox, aunque el juez ha obligado a que se le comunique a los abogados de la defensa, pero no a Mozilla, a fin de que no pueda corregir el fallo.

La fundación informática ha recurrido la decisión judicial. obviamente no por su propio interés sino por el de los usuarios del navegador Firefox que tienen pleno derecho a su intimidad.

Después de Chrome, el navegador más utilizado por los usuarios de internet es Firefox. Pero hay otros muchos que también se puede utilizar. En informática un buen criterio para preservar la intimidad es utilizar lo menos utilizado. Conviene probar con otros navegadores como Midori, Epiphany, Arora o Netsurf.

Fuentes: http://www.zdnet.fr/actualites/firefox-le-fbi-conna-trait-une-faille-inconnue-de-mozilla-39836796.htm, http://www.zdnet.fr/actualites/la-justice-refuse-a-mozilla-les-details-sur-une-faille-de-firefox-39837114.htm

¿Clima de guerra civil en Francia?

Así lo titula nada menos que el diario reaccionario Le Figaro (*), lo cual es prueba, al menos del profundo malestar social de los vecinos. En pleno estado de emergencia, las calles son un hervidero de manifestaciones, protestas y enfrentamientos. Recientemente se manifestaban hasta los policías, apareciendo quemado uno de sus coches patrullas.

Los comentarios más suaves hablan de “caos” y de que el crédito del gobierno socialdemócrata de Hollande está bajo mínimos históricos. Mientras la reforma laboral cierra con barricadas los accesos al centro de muchas ciudades francesas, el gobierno saca a relucir los problemas “seguridad” para seguir metiendo el miedo en el cuerpo de las masas.

Antes la excusa fueron los atentados de París y Bruselas y ahora la Eurocopa y el Tour de Francia. El estado de emergencia no hace más prorrogarse periódicamente y muchos creen que ya nunca se acabará, que siempre estarán sometidos a la arbitrariedad policial.

Si a las batallas callejeras se añade el crecimiento electoral del fascismo y la xenofobia, Francia reviste todos los caracteres de un Estado fallido y moribundo. Tras culpar al inepto de Hollande, los comentarios se abalanzan contra Bruselas y aplauden el SI a la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Les gustaría hacer lo mismo, salir del euro, de las garras del Fondo Monetario Internacional y de las inútiles políticas de austeridad.

En un blog alguien propone a los antidisturbios que haga algo parecido a lo que hicieron los soldados rusos en la Primera Guerra Mundial: en lugar de golpear a los manifestantes, marchar todos juntos contra el gobierno y echarlos a patadas de sus poltronas.

(*) http://blog.lefigaro.fr/rioufol/2016/05/radiographie-dune-pre-guerre-c.html

La ‘deportación’ de los tártaros de la Unión Soviética

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, los tártaros que vivían en Crimea fueron trasladados por el gobierno soviético a Asia central de forma masiva.La sucia propaganda imperialista califica el traslado como una “deportación”, es decir, como un castigo colectivo y habla de los sufrimientos causados a la población, pero no dice nada acerca de los motivos del mismo, salvo las rituales menciones a la brutalidad de Stalin (¡siempre Stalin!) que son de mención obligatoria y ya aburren.

Los tártaros son los antiguos turcos o turcomanos, una población de origen asiático, que antiguamente ocupaba todas las riveras del Mar Negro. Aunque Turquía no se decidió a participar en la Segunda Guerra Mundial, mantuvo relaciones muy estrechas con el III Reich, por varios motivos, entre ellos la afinidad ideológica entre el pangermanismo y el panturquismo, que pretendían la expansión de la República de Turquía más allá de sus fronteras hacia las poblaciones que tenían el mismo origen étnico.

El III Reich logró penetrar entre la población tártara, una parte de la cual se convirtió en autora y cómplice de las grandes matanzas cometidas por los nazis en Crimea. Una vez que los nazis se retiraron, el resto de la población se aprestó a la venganza y empezaron a producirse importantes represalias contra los tártaros.

Si no llegan a ser traslados, muchos de ellos hubieran perecido a manos de los antifascistas. Aunque fueron varias las poblaciones que colaboraron con los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético sólo ordenó el traslado de las más pequeñas, como los tártaros, dejando que las más grandes, como los ucranianos del oeste, siguieran en sus lugares de origen, lo cual explica la historia reciente de Ucrania y el resurgimiento allá del nazismo.

El traslado fue muy duro para los tártaros, e incluso se puede calificar de “inhumano”. Algunos murieron durante el mismo, pero entonces la URSS aún estaba en medio de la guerra y la destrucción. Toda la población soviética vivía en condiciones inhumanas.

El blog de Pavel Shipilin (1) comenta que el gobierno soviético era internacionalista y no podía admitir, bajo ninguna excusa, los enfrentamientos de unos pueblos contra otros, como había ocurrido durante el zarismo.

Para proteger a los pueblos autóctonos, como los tártaros o los ucranianos del oeste, los crímenes de guerra cometidos por ellos fueron imputados de manera sistemática a los nazis o a las SS, mientras que los documentos sobre su complicidad se archivaron bajo secreto militar, donde permanecieron siempre.

Los papeles pueden callar, pero las personas no, y a los habitantes de Crimea y Polonia jamás se les olvidó quiénes fueron los que llevaron a cabo las matanzas durante la guerra mundial. Aunque la frontera entre Polonia y Ucrania se podía volver a dibujar sobre un mapa, la de Crimea no existe desde los tiempos de la guerra entre Rusia y Turquía a mediados del siglo XIX, es decir, 100 años antes.

En 1939 apenas el 20 de la población de Crimea eran tártaros. Al comienzo de la guerra, los tártaros fueron llamados a filas para cumplir el servicio militar, como las demás poblaciones soviéticas, produciéndose deserciones masivas, casi en su totalidad. Cuando Crimea fue ocupada, los tártaros no tuvieron ningún escrúpulo en alistarse, tanto en la Wehrmacht como en la Waffen SS.

Shipilin documenta el artículo de su blog con enlaces externos y fotografías de los tártaros que sirvieron en las filas nazis (2). Tras la guerra el mariscal de campo nazi Von Manstein escribió que cuando Crimea fue ocupada por los nazis, el resto de la población formó una poderoso movimiento guerrillero, uno de cuyos objetivos militares, además de los nazis, fueron los colaboracionistas tártaros que, a su vez, formaron contraguerrillas para defender la ocupación nazi.

Uno de los crímenes de guerra cometidos por los tártaros nazis fue la destrucción de la ciudad de Laki, cuyo  origen histórico se remontaba al siglo VI y que desde entonces ni siquiera está ya en los mapas porque fue absolutamente incendiada y arrasada junto con toda su población (3).

Tras la guerra se descubrieron las cenizas de la ciudad y junto a ellas, una gran fosa común con restos de cadáveres carbonizados, que aún tenían un agujero de bala en la nuca.

Se pueden poner más ejemplos de ciudades destruidas, viviendas incendiadas, cadáveres descuartizados, torturados, quemados y asesinados, incluidos niños y ancianos. Pero, ¿para qué? Lo que debe preocuparnos es el terror… stalinista, que es de lo que nos habla la canción que ha ganado Eurovisión.

A pesar del horror de los crímenes tártaros, al final de la guerra el gobierno soviético se preocupó de protegerlos enviándolos a Asia central. Los tártaros que combatieron en el Ejército Rojo fueron condecorados, como cualquier otro combatiente antifascista de cualquier otro pueblo. Pero como tártaros, los héroes de guerra también fueron deportados a Asia central.

Hay algo que la burguesía no entiende: la igualdad. Tras la anexión de Crimea, en 20014 Putin aprobó un decreto por el cual “rehabilitaba” a los tártaros de Crimea para echar tierra encima y cicatrizar viejas heridas. Tuvo que ser duro para los hijos y nietos de los antifascistas masacrados en la guerra.

La vida es así de dura, y la muerte mucho más. En Asia central coincidieron todos los deportados tártaros; los héroes tuvieron que convivir con los criminales de guerra durante muchos años. Eso también tuvo que ser realmente duro.

(1) http://pavel-shipilin.livejournal.com/571128.html
(2) http://www.stena.ee/blog/kak-krymskie-tatary-sluzhili-fashistam
(3) http://palom.info/?page_id=1109

Los oficiales nazis pasan revista a sus tropas tártaras de Crimea

¿Por qué seguirán votando a los corruptos en las próximas elecciones?

Una de las lamentaciones que el mequetrefe de Anguita tiene siempre en la boca es la de que la “culpa” de la corrupción la tienen los votantes porque siempre votan a los candidatos y a las listas corruptas.

De las palabras de Anguita se desprende que la “culpa” de la corrupción la tienen los votantes, quienes deben votar a los candidatos y a las listas “limpias” (se hay alguna).

En cualquier caso, lo que debemos hacer para acabar con la corrupción es votar, porque que haya o no corrupción depende de a quién se vote.

Naturalmente que empezamos suponiendo que, a diferencia del candidato, el votante está limpio y que es incongruente que alguien limpio vote a lo que no lo está. Dicho de otra manera: podemos poner en tela de juicio al elegido pero nunca al elector.

Esta imagen está profundamente grabada en la conciencia gracias a una cuidadosa y meticulosa campaña de los medios de comunicación que así lo predica.

Como la burguesía se cree sus propias fantasías, hay quien cree que aireando la corrupción del PP, va a asestar un golpe maestro a la mayoría actual, logrando que pierda votos.

De hecho la corrupción va a ser una las cuestiones más demagógicas de la próxima campaña, donde unos y otros van a jugar a quién es más limpio y quién más sucio.

Los hechos demuestran, sin embargo, todo lo contrario y esta vez no va a ser una excepción: por más que se hayan aireado a más no poder los trapos sucios, no va a producirse un vuelco electoral.

El error no sólo procede una errónea noción de lo que son unas elecciones y de cómo se preparan, sino de la propia naturaleza de un Estado, como el español.

El error se puede demostrar acudiendo a estas elecciones como a las de hace 100 años: España ha sido y es un Estado clientelar y caciquil donde antes de compraban votos puerta a puerta y ahora ocurre lo mismo de otra manera diferente.

Aunque las tonterías “neoliberales” separan al capitalismo (privado) del Estado (público) los marxistas sostenemos que, en realidad, estamos ante un capitalismo monopolista “de Estado”, lo cual significa que una parte muy grande de la circulación del dinero pasa por el Estado, las autonomías, los ayuntamientos y demás.

Ese movimiento de fondos públicos crea una clientela cautiva de determinados intereses políticos y económicos que sobrevive gracias al empleo público, a la adjudicación de una institución, a una subvención, o a cualquier otra decisión pública que no necesita ser corrupta ni ilegal para generar clientela y, por lo tanto, votos.

Todo el mundo asegura que en este país el voto es libre y es posible que haya quien pueda elegir. Pero también los hay que dependen de que no cambie la mayoría de un ayuntamiento porque tiene una subcontrata que, además, es temporal.

Los hay cuyo voto está cautivo no por algo sino por la mera expectativa de algo: de un empleo, de una subvención o de un contrato.

El elector cautivo arrastra tras de sí su propia red de pequeños intereses, que vota al unísono: la pareja, los hijos, los tíos, la abuela, el cuñado… todos suspiran porque les llegue una parte del cofre del tesoro, por pequeña que sea.

En España el voto no es libre en ningún caso. Pero para muchos en ello, además, les va la vida. Ya lo dice el refrán: “No muerdas la mano que te da de comer”.

El juicio que quiere humillar a África

El ex Presidente marfileño Laurent Gbagbo
Feumba Samen

Analizando las primeras semanas del vergonzoso proceso que enfrenta al presidente Laurent Gbagbo a los lobbies internacionales y a sus lacayos de piel negra y máscara blanca, una persona normal sentiría pudor. En cada día de juicio, este famoso proceso aporta su lote de sorpresas, y todas ellas son ingredientes políticos en contra de Gbagbo.

¡Confidencias! ¡Descubrimientos! ¡Indiscreciones! Estas revelaciones sacan a la luz las carencias del sumario. Muestran la incapacidad de los fiscales en defender sus argumentos y en convencer. Exhiben la parte trasera del decorado: un proceso político que revela la manipulación del presidente del jurado y de los que están detrás de este falso proceso.

En la apertura de este proceso de humillación de África, la fiscal Fatumata Bensuda declaraba que “debo subrayar una vez más que este proceso no tiene naturaleza política. Perseguimos una misión puramente jurídica, en el marco del Estatuto de Roma”. Sin embargo, algunas filtraciones publicadas en los medios demuestran que Bensuda miente. The Star, un diario sudafricano, ha revelado las confidencias de la fiscal del CPI [Tribunal Penal Internacional] a Pascal Vida Koyagbele, candidato en 2016 a la presidencia de la República Centroafricana. Bensuda habría declarado a esta personalidad política lo que todo el mundo sabe: “No hay nada serio contra Gbagbo, solamente es una presión política procedente de Francia”. En respuesta a las intimidaciones francesas, habría confesado, “no puedo hacer nada”.

Los lacayos de piel negra y máscara blanca
La fiscal-pelele Fatumata Bensuda

Bajo la pluma de Sam Sasan Shoamanesh, su asistente especial, Bensuda rechaza esas confidencias. Se trata, según ella, “de una afirmación totalmente falsa y un montaje, tanto en su atribución como en su contenido… La fiscal nunca se ha entrevistado con Koyagbele. Nunca ha realizado tal declaración falsa”. En lugar de usar lo que sería el derecho de respuesta a la prensa, Bensuda debiera haber exigido que Koyagbele estuviera en la lista de testigos de la defensa de Me Altit, para que ella le “cocine”, le confunda, a fin de que la vergüenza sea suya.

Como teórico del Derecho, su escribana a sueldo revela que “la Oficina [de la fiscal] no permitirá que intentos exteriores de politización consigan desviar los procedimientos judiciales en el CPI [Tribunal Penal Internacional], que debe seguir su curso conforme a la ley”. Lo particular de Bensuda, que se refleja en su carta, es que entre la intención y los hechos hay un foso gigantesco.

Para apoyar su acusación contra Gbagbo, la fiscal se ha basado en la cifra sin fundamento de 3.000 muertos. Es una cifra fabricada por Nicolás Sarkozy [entonces Presidente de la República Francesa] y suministrada a la máquina mediática francesa de propaganda que la ha modificado al gusto, infestando las conciencias a través de todo el mundo. Sin embargo, ella tenía los medios técnicos y financieros para revisar esta cifra fantasiosa y política, y considerar las 16.000 víctimas civiles contabilizadas por la “Comisión Banny”, pero mantenidas en secreto por Uattara.

Ese malabarismo con las cifras no es extraño. Un jurado que manipula la elección de sus miembros no más que una estructura política. Bensuda es el producto de ese fraude, un montaje de los que se han fumado todas las reglas que rigen las elecciones de fiscales del CPI [Tribunal Penal Internacional] para imponer, tras haber descartado mediante hechos ilícitos rechazables a más del 90 por ciento de los candidatos a los puestos.

Prisionera de la casta que la escogido sin votos “precisamente porque es africana” para cubrir los abusos occidentales en África, y evitar que el CPI [Tribunal Penal Internacional] sea “tachado de racista y sesgado”, Bensuda sufre. No puede desmarcarse de un proceso político.

Las presiones del imperialismo y la búsqueda del fiscal-robot

Atrapada en la vorágine de una justicia a órdenes, Bensuda realiza una investigación secuencial. Una búsqueda de información por episodios o por temporadas. Ella misma lo ha declarado: “nuestras investigaciones continúan en el país. Pero hace falta tiempo”. En ese caso, “¿por qué la voluntad de instruir un proceso?” acusa el historiador y egiptólogo de Benin Coovi Gómez. “Porque en Derecho, cuando no se dispone de suficientes pruebas durante la audiencia de confirmación de acusaciones no se puede tener a alguien prisionero”, recuerda Gómez a la fiscal-robot de las multinacionales y las instituciones internacionales occidentales.

La búsqueda de la fiscala, su conexión con los políticos y su incapacidad de demostrar la culpabilidad del residente Gbagbo se explican también por el profesor Michel Galy. Detalla que “a pesar de los testimonios y recortes de prensa proporcionados a Bensuda por los gobiernos de Costa de Marfil, y los sumarios y documentos militares de París, el acusado Laurent Gbagbo no ha sido exculpado por insuficiencia del sumario de la acusación, en junio de 2013”, durante la audiencia de confirmación o invalidación de las acusaciones. “Ha sido necesaria toda la insistencia de los gobiernos Uattara y Hollande y se dice que del mismo Laurent Fabius, para que el CPI [Tribunal Penal Internacional] ofrezca una segunda oportunidad a la acusación para reiniciar su trabajo”. Importante precisión que desvela una implicación política en el procedimiento instruido con la lógica de los vencedores.

Paolina Massida, “representante de las víctimas”, no está al margen de este proceso de la vergüenza que se construye sobre normas políticas. En lugar de mantenerse equidistante de las partes, esta señora de ojos espantados ha elegido su campo, el de los vencedores. Solamente se ocupa de las víctimas del clan Uattara, “mientras que de las 16.000 víctimas calculadas más del 75 por ciento son verosímilmente el resultado de los mercenarios y las milicias del heteróclito y sangriento ejército de Guillaume Soro (y Uattara)”, prosigue Michel Galy.

Para las audiencias de confirmación/invalidación de acusaciones en el proceso del ministro Blé Gudé, ella reclutó al juez de Dimbroko, Epiphane Zoro Bi Ballo, militante del RDR, el partido de Uattara Alassane, como experto independiente para servir de suplente a Bensuda. Sin embargo, actos, intenciones y hechos testimonian contra la imparcialidad de este juez respecto al certificado de nacionalidad entregado en 1999, muy contestado, y que permitió a Uattara aprovechar la nacionalidad costamarfileña.

En enero de 2014, en una entrevista concedida al diario pro-Soro Nord-Sud, Zoro Bi decía, a propósito de la elegibilidad a la presidencia que “es necesario evitar sorpresas masivas”. Porque si se aplicaba la Constitución fielmente, “el artículo 35 eliminará a candidatos”. Seguramente estaría pensando en su mentor, Uattara, y daba razones a todos aquellos que siempre han sostenido que Uattara no tenía derecho a ser candidato a las presidenciales en Costa de Marfil. No muy seguro de la colaboración del PDCI-RDA, aconseja que “el RDR debe contar con sus propias fuerzas”.

Entrevistándose en mayo del mismo año con los secretarios de sección del RDR de Sinfra, les da esta recomendación: “permanecer unidos en torno al presidente Uattara y sus ideales de partido”. Más tarde, el 22 de mayo, participaba el 3º Congreso del RDR que se celebraba en el Palacio de los Deportes de Treichville. Este juez militante-partidista tenía ya una obra titulada “Desarmar la violencia”, un alegato totalmente acusatorio contra el presidente Gbagbo y sus partidarios.

La presencia de tal especimen en la sala de audiencias contra sus adversarios políticos no podía explicarse más que como una injerencia de la política en lo jurídico, un chanchullo para torcer la justicia, el Derecho y la verdad. Pero hizo falta que el ministro Blé Gudé percibiera esta mascarada, denunciara este escándalo y lo desmontara pieza a pieza para que el Tribunal a las órdenes cambiara de opinión, y enviara a Ballo a seguir organizando a los organizadores de marchas violentas por cuenta de su partido.

La propaganda de las fosas comunes de ‘Human Rights Watch’

Zoro Bi es así. Para crear su imagen, estuvo huido durante algunos años, pudiendo beneficiarse de numerosas ramificaciones y apoyos en ese tiempo, principalmente gracias a los adeptos al RDR, partido que funciona como una secta, y gracias a los servicios occidentales. Agente del imperialismo escondido en las faldas de las ONG fantoches, colaboró con las más devastadoras del continente, como Human Rights Watch, FIDH, Amnesty o con ratoneras como la belga Verbatim’s, del propagandista anti-Gbagbo Benoît Scheuer, autor de “Costa de Marfil: Polvorín identitario”, que obtiene sus fondos de los Fondos Europeos.

Para ocultar su relación incestuosa con las ONG desestabilizadoras de la soberanía africana, Zoro Ballo Bi se erige en testaferro. Creó en octubre de 2000 el MIDH, Movimiento Costamarfileño de Derechos del Hombre, cuya misión principal consistió en incriminar al presidente Gbagbo en la matanza de Yapugo de 2000. Sin embargo, la verdad estaba en otro lugar. La famosa matanza anunciada por un medio francés se reveló como un montaje del RDR.

Una vez la misión cumplida con el MIDH, Ballo Bi creó la “Ciudad de la Tolerancia”. Estas organizaciones, eslabones de la red mundial de Soros mediante la Open Society Foundation y los medios mentirosos han influenciado la información política en Costa de Marfil. ¿Cómo salir de los engranajes de la mentira? El CPI [Tribunal Penal Internacional] intenta una reconfiguración de esa mentira. Luego hay que seguir presentando la rebelión de Uattara como algo positivo, como una lucha por la democracia, y guardar silencio sobre los chantajes y crímenes de los rebeldes. Imposible conseguirlo sin dar un tinte político a su proceso.

Gbagbo: víctima de la mafia de Soros

Este asunto en el que se han acumulado las mentiras, en donde las redes de influencia han intentado acallar sin cesar la investigación sobre los crímenes de Uattara, no es un embrollo jurídico, sino político. Laurent Gbagbo ha sido bombardeado, raptado, deportado, encarcelado y juzgado porque se atrevió a revisar la reglas que rigen las relaciones políticas y las convenciones en materia económica y estratégica. Su redefinición de las normas rectoras entre naciones se percibe como una retirada nacional, la construcción de una sociedad cerrada.

Un crimen para los mundialistas y para Georges Soros, para quién “la democracia y la sociedad abierta solo pueden imponerse desde el exterior, porque el principio de soberanía obstaculiza la injerencia exterior”.

Quedaba pues fuera de dudas que Gbagbo, deseoso de controlar sus propios recursos naturales, desarrollar su economía y su fuerza de trabajo con ayuda de tarifas aduaneras y de regulaciones, sea considerado uno de los obstáculos. Como objeto de las tesis del imperialismo librecambista, y catalogado como uno de los promotores de sociedades cerradas, estaba condenado a ser el sujeto de los ataques de las firmas multinacionales.

El dinero de Soros, un instrumento para desmantelar la soberanía nacional de los Estados, ha sido inyectado en ONG como Open Society Institute, FIDH, OSIWA, y otros como Human Rights Watch, que recibió 100 millones de dólares de Soros para ponerse a su servicio. Como consecuencia, y gracias a la propaganda sobre fosas comunes de Human Rights Watch, el presidente Gbagbo fue demonizado, lo que permitió a Uattara tomar la delantera en el plano comunicacional.

Uattara: el humilde vasallo del imperialismo

Alessane Uattara: el sátrapa en su poltrona

La carrera de Uattara, por quien y para quien Costa de Marfil se ha quebrado, nos da rasgos sobre ese proceso político. Fue el primer ministro impuesto entre 1990 y 1993 de Hufuet Boigny, en el ocaso de su vida. Tuvo como misión la privatización de la economía nacional por un franco simbólico. Artífice de la devaluación de 1994, que se enorgullece de haber preparado, es cómplice de la liquidación del patrimonio inmobiliario de Costa de Marfil orquestada por su esposa Dominique Uattara.

Este lacayo al servicio de los intereses de occidente había sido programado para descuartizar las economías africanas. Para ello jugó un papel privilegiado en la creación en 1999 de la Open Society Initiative para África Occidental, la OSIWA, rama africana de la OSI. Este peón de los servicios de inteligencia occidentales fue su primer presidente. Un año más tarde se celebraba en París una reunión de la OSIWA sobre Costa de Marfil, un preludio a la instauración de estrategias de desestabilización y saqueo del país.

Soros financió su rebelión, que en la noche del 18 a 19 de septiembre de 2002 causó un baño de sangre para conquistar el poder. Sembrando el miedo y el horror, los rebeldes terroristas de Alassane Uattara que diezmaban vidas inocentes fueron bienvenidos, bendecidos y animados por Francia, por Burkina, Senegal, Mali y Nigeria, apoyados por sus medias que gozaban tratando a Gbagbo de xenófobo y “costamarfilista”.

¿Cómo esconder estas monstruosidades y sus cómplices en un proceso justo? Esa es la cuestión que se plantean los verdaderos estrategas y ejecutores de crímenes de guerra y contra la humanidad en Costa de Marfil, el fundamento de este proceso político.

Los actores del Plan Común, al descubierto

Aupado al poder tras una década de rebelión y demonización por los medios de cualquier político que no sea él, Uattara no tiene más que una misión: obedecer a las cancillerías occidentales. Como una bandera en el palo, gobierna según el viento de la voluntad de sus fabricantes. La batalla para instalar a Uattara en el poder no respondía pues al objetivo, por falso que sea, de la Open Society Fund, que es “la promoción del gobierno democrático, los derechos del hombre, las reformas legales económicas y sociales”.

Lo demuestra la gestión catastrófica del déspota Uattara. El papel de tres ex ministros de Chirac, Michèle Aliot-Marie, Dominique de Villepin y Michel Barnier, sospechosos de dificultar las investigaciones sobre el sumario del bombardeo del campo militar francés de Buaké en 2004 lo demuestra. Las declaraciones de Me Jean Balan, abogado de las familias de las víctimas de ese bombardeo, denunciando el papel de esos ex ministros en el drama, y declarando que ese bombardeo era “una manipulación” y “un golpe montado al más alto nivel de Estado, destinado a acusar y luego a derrocar al presidente costamarfileño Laurent Gbagbo” demuestra no solamente que Uattara fue utilizado porque es exageradamente amante del poder, sino también que el presidente Gbagbo, preso del CPI [Tribunal Penal Internacional], es inocente. La afirmación de Gildas Le Lidec, antiguo embajador de Francia en Abidjan según el que “Gbagbo no estaba al corriente lo que iba a suceder en Buaké” absuelve a quien es víctima de una red de organizaciones mafiosas.

África resiste a pesar de las farsas judiciales

Charles Blé Goudé, ex ministro y acusado
¿Por qué se ha instalado a Uattara en el poder? ¿De qué lado está el “Plan Político Común”, por la desestabilización de un poder democráticamente elegido? ¿De qué lado se encuentra el “Plan Militar Común”, por la toma del poder por la violencia y la fuerza de las armas? ¿De que lado está el “Plan Común General”?

Siendo una de las coartadas de la guerra contra el presidente Gbagbo el bombardeo de Buaké, un diario francés elegía otro nudo del plan común que Bensuda simulaba no ver ni comprender su significado. Escribía que “hoy, algunos intentan acreditar la idea de que las reticencias francesas en este asunto están unidas al rechazo de largar los secretos del África francófona si eventualmente hubiera un proceso, si los pilotos hubieran sido detenidos y extraditados. Pero esta opción ha sido examinada por los jueces, y solo sirve para enmascarar el verdadero fin de la operación: un intento fracasado de golpe de Estado, considera por su parte el abogado”.

Felizmente, “la historia de Costa de Marfil es demasiado reciente para que se pueda falsificar ante nuestros ojos”, como ha recordado el ministro Charles Blé Gudé en su formidable discurso del 2 de octubre de 2015.

¿Qué más decir? El presidente Gbagbo es víctima del Plan Común elaborado por los que eliminan a todos aquellos que les impiden saquear con toda tranquilidad las riquezas que necesitan para garantizar la buena marcha de sus industrias y la supervivencia de sus bancos, en detrimento de los pueblos y despreciando sus derechos.

Mientras, la historia del heroísmo de Gbagbo se escribe por sí misma. Y su “renombre toma una dimensión planetaria”, como dijo la antigua ministra y política Danielle Boni Claverie.

Fuente: http://www.mamafrika.tv/blog/cpi-vs-laurent-gbagbo-justice-les-ingredients-dun-proces-politique/

7 años en el Tíbet

El 9 de enero de 2006, a los 93 años de edad, falleció el alpinista austríaco Heinrich Harrer, campeón olímpico de su especialidad en 1936.

El nombre de Harrer apenas hubiera recordado absolutamente nada de no ser por el estreno diez años antes de la película “7 años en el Tibet”, protagonizada por el famoso Brad Pitt, basada en el libro autobiográfico de Harrer. Pero ni en el libro, publicado en 1953, ni en la película, casi medio siglo más tarde, la expedición de Harrer al Himalaya se relaciona con los nazis y la II Guerra Mundial.

Cuando la revista Stern desveló el pasado nazi de Harrer, éste lo negó todo rotundamente; lo suyo era sólo deporte.

Harrer nació en Austria en 1912, en los Alpes de Carintia. Estudió geografía y educación física en la Universidad de Graz, mientras se ganaba algún dinero como guía montañero y entrenador de esquí alpino.

Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Harrer se afilió a las juventudes hitlerianas. Luego él lo justificó diciendo que era para poder competir y realizar sus famosas expediciones montañeras en Asia.

Mentira.

Lo cierto es que desde 1933 Harrer era miembro de las SA y más tarde de las SS, pero no en Alemania sino en Austria, que era peor todavía. En 1933 el partido nazi era ilegal en Austria, que no fue anexionada hasta cinco años después en el ya famoso Anschluss. Al pertenecer a las SA desde 1933, es evidente que Harrer era un traidor a su propio país.

En 1936 Harrer participó en los Juegos Olímpicos en el equipo de esquí austriaco. Dos años después fue pionero en escalar la cara norte del Eiger, hazaña por la que fue llamado por Hitler, que lo recibió personalmente.

Tras la anexión de Austria a Alemania, Harrer se convirtió en entrenador del equipo alemán de esquí femenino de descenso y eslalon.

Al año siguiente Harrer viajó al Himalaya no por razones deportivas sino estratégicas, enviado por la Alemania nazi para preparar el ataque al Imperio británico en sus posesiones coloniales de la India. En el festival de Breslatt, Himmler en persona había invitado a Harrer a participar en una expedición de reconocimiento del Nanga Parbat. Varios años antes Himmler ya había enviado a Lasha, capital del Tibet, un equipo de reconocimiento.

Uno de los hombres de aquella primera expedición, Bruno Beger, era un nazi, luego oficial de las SS que se destacó asesinando y mutilando a varios prisioneros del campo de concentración de Auschwitz. Beger permaneció varios meses en Lasha, donde logró el apoyo de Tsarong, el mismo tibetano que luego ayudó a Harrer y a Aufschnaiter a entrar en la ciudad prohibida. Tsarong era uno de los caciques más ricos de Lasha. En el relato 7 años en el Tíbet, Harrer describe con grandes muestras de cariño a Tsarong que se convirtió en protector y amigo íntimo de los dos alpinistas nazis.

De acuerdo con la estrategia trazada por Himmler, el arquitecto del genocidio de Hitler, con la excusa de eliminar a los judíos del continente asiático, los nazis se proponían aliarse con los tibetanos, a quienes Himmler consideraba descendientes de los arios, para destruir las fuerzas británicas desplegadas en la India.

En 1939 comienza la expedición al Nanga Parbat para explorar el Diamir, pero la coartada alpinista de Harrer no engañó a los británicos, que le internaron en un campo de prisioneros en la India, donde aprendió tibetano e hindi.

En 1944 consiguió escapar y llegar a Lasha, donde conoció a Tsarong, que a su vez le presentó al Dalai Lama (Jamyang Wangchuck), de quien llegó a ser maestro personal así como asesor de ministros y funcionarios en la gestión de un Estado teocrático y esclavista, muy lejano del país idílico y bucólico, lleno de esos hipócritas santurrones que se empeñan en presentarnos los imperialistas.

Las cosas se complican en 1949: los comunistas chinos liberan al país de canallas como aquellos monjes que vivían del comercio y la explotación salvaje de los esclavos que trabajaban las tierras de los monasterios y templos.

El nazi Harrer está en la primera línea de defensa de Lasha frente al Ejército Popular de Liberación. Los monjes no oponen precisamente rezos y plegarias a las tropas revolucionarias y la lucha es muy larga en el techo del mundo. Finalmente la derrota le obliga a Harrer a huir del país en 1951. Dos años después escribe su libro, presentado como una aventura personal y casi mística. Desde los países imperialistas el nazi se convierte en el mayor defensor del independentismo tibetano frente a la invasión de los bárbaros comunistas chinos que habían quemado los templos y santuarios lamaístas.

Tras la victoria revolucionaria, la amistad con el Dalai Lama no se interrumpe: Harrer fue condecorado por el Gobierno tibetano en el exilio con la Luz de la Verdad por su apoyo al Tíbet independiente.

Harrer también fue autor de “Mi vida en la corte del Dalai Lama” del que se vendieron 50 millones de ejemplares. El mito se seguía explotando con buenos beneficios.

Pero los imperialistas tienen que invertir mucho dinero para seguir promocionando la causa del Dalai Lama y las calumnias contra el comunismo. Con 70 millones de dólares (10.000 millones de pesetas) de presupuesto, el director de cine francés Jean Jacques Annaud emprende el rodaje de 7 años en el Tibet en 1997. Desde el principio Harrer en persona fue un colaborador entusiasta de la película, que no se pudo realizar en la India como estaba previsto y se tuvo que desplazar a Argentina y a las montañas Rocosas.

Pero Hitler había muerto hacía mucho tiempo y el Dalai Lama tuvo que buscarse otros patrocinadores para su causa. Nada mejor que Estados Unidos.

… Pero este es otro capítulo de la misma historia.

Otra pildorilla

B.

La Delegación del Gobierno español en Madrid ha hecho publica su decisión de impedir la entrada de esteladas (bandera independentista catalana) a la final de la Copa de fútbol el próximo domingo o Copa del Rey (y, en vida de Franco, Copa del Generalisimo). Habrá un fuerte despliegue policial que mirara que ningún aficionado porte esa bandera que, ya adelantamos, no es oficial, pero tampoco ilegal ni anticonstitucional, como dicen algunos bocazas tertulianos (por ejemplo, la fachilla Pilar Cernuda, veterana en las lides manipuladoras).

Otras voces, más «sensatas» e «inteligentes», critican esta decisión no porque estén en desacuerdo en el fondo, sino por la «inoportunidad» y notoria torpeza de tales medidas que «victimizan» más a los independentistas. No se atreven a decir que les dan la razón porque su catalanofobia se lo impide Están de acuerdo en lo fundamental, pero discrepan en la táctica a seguir que juzgan lerda, patosa y estólida sin entrar en que sea antidemocrática o lesione el derecho a la libertad de expresión, no, esto no, pues ellos son portavoces del unionismo constitucional, gente cabal, dialogante, civilizada, moderna, guay.

Como en este blog no tenemos pelos en la lengua, diremos que tal medida es propia de un Estado débil y vengativo que viene a decir, en román paladino, que «en el Nou Camp hicisteis lo que quisisteis» (en referencia a la estruendosa y monumental pitada al himno español y al monarca el año pasado en la final de Copa jugado en al campo culé entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, una pitada compartida entre vascos y catalanes, por si no querían taza…), «pero ahora, en Madrid, os vais a enterar»… típico de chulos y matones.

Y también de arbitrarios que no cumplen ni su propia «legalidad» porque ha de saberse que la disputa de esa final en el Calderón, u otro campo de fútbol, no es un acto oficial ni institucional, aunque cuente con la presencia del Rey (donde, entonces si, no podría figurar una bandera no oficial al lado de la enseña nacional), por lo tanto, no se puede prohibir al público que acuda al estadio portando esteladas o banderas republicanas o la de su peña de mus.Quien actúa ilegalmente es la Delegación. Y no se invoque la Ley del Deporte porque ésta, aparte de su amplitud donde cabe todo que es lo mismo que decir que no cabe nada, es de rango inferior a la Carta Magna, como gustan de decir a la anglosajona manera.

No es un gesto «autoritario» o «torpe»: es una prueba más de su carácter fascista pues, ante cualquier piedra de toque que se les presente donde demostrar que son demócratas, evidencian y no ocultan lo que son: fachas. Y ello hasta en algo tan aparentemente trivial e intranscendente («aparentemente», repito) como es el deporte (profesional).

Buenos días.

Una matanza de la ‘oposición moderada’

Tras la captura de la localidad de Zara, que estaba en poder del ejército regular, los yihadistas de Ahrar Al-Sham provocaron la semana pasada una horripilante matanza entre la población, de confesión mayoritariamente alevita.

Rusia propuso al Consejo de Seguridad de la ONU que Ahrar Al-Sham fuera incluida en el listado de organizaciones terroristas, pero Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Ucrania y otros países lo impidieron.

Eso les permite participar en las negociaciones “de paz” como integrantes de la llamada “oposición moderada” y jugar con dos barajas.

Un portavoz oficial del grupo ha admitido a Reuters que participaron junto al Frente Al-Nosra en el asalto a la localidad, pero ha negado las matanzas, a pesar de las numerosas evidencias, orales y gráficas.

A la cadena Abdu Jalifa los habitantes de Zara han referido un crimen de guerra, en el que los yihadistas mataron a niños y ancianos indefensos, llevándose secuestrados a varios rehenes.

La población ha comentado en la televisión siria que los milicianos que llegaron al pueblo eran “extranjeros” y que mataron a familias completas en sus propias casas.

El portavoz del Departamento de Estado John Kirby calificó el viernes la masacre como “inaceptable e incomprensible”, pero no culpó de ella a Ahrar Al-Sham, ni tampoco criticó la colaboración de este grupo con el Frente Al-Nosra.

Kirby reconoció que Estados Unidos tampoco ha amenazado a Ahrar Al-Sham con levantar a la organización de las negociaciones “de paz” si cooperaba con el Frente Al-Nosra como hasta ahora.

Una bandera que se declara fuera de la Constitución fascista

Los independentistas catalanes se habían adormecido tanto que había que espabilarles de alguna manera y la delegada del gobierno en Madrid se ha puesto manos a la obra. La mayor fábrica de independentistas no está en Barcelona sino en la misma capital de la España eterna.

Como vivimos en un “Estado de Desecho” la delegada ha recurrido a la ley. Más concretamente ha recurrido a la llamada Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el Deporte, conocida como Ley del Deporte, aunque en ninguno de sus artículos menciona este tipo de símbolos. Ni falta que hace. La delegada del gobierno sabe leer la letra pequeña.

Los fascistas hablan de que se trata de banderas “no constitucionales” y al fútbol sólo se pueden llevar pancartas, camisetas y banderas “constitucionales” y en las gradas no se pueden dar otros tipo de gritos, ni pitidos, ni insultos que los legalmente autorizados por la autoridad competente.

Esta prohibición se añade a la reapertura en la Audiencia Nacional de la causa por la última final disputada entre el el Athletic de Bilbao y el Barcelona, cuando los aficionados de uno y otro club silbaron los acordes del himno fascista.

Sí señores: los silbidos también son delito. Pero atención: sólo los de la última final; los silbidos de 2009 no lo son.

Ahora pregunten: ¿qué diferencia hay entre los pitidos de 2009 y los del año pasado? Lo explica muy bien la Audiencia Nacional, poniendo de manifiesto su verdadera naturaleza política: en 2009 aún no existía el “desafío independentista” que ha apareció después.

Por lo tanto, hay que tomar nota: un mismo hecho es delito o deja de serlo en función de la coyuntura política, tal y como la interpretan los jueces de la Audiencia Nacional. La tarea de este tribunal no es aplicar la ley sino analizar la situación política.

Otra píldora

B.

Se ha puesto de moda, o asi parece, que la Fiscalía de Audiencias y Tribunales y los abogados de los acusados por actividades políticas se pongan de acuerdo en rebajar la pena cuando no evitar la condena y, consiguientemente, la entrada en la cárcel. Incluso quienes se oponen a ello, como las ultrarreacionarias y fascistas organizaciones que dicen ser «víctimas del terrorismo», como la AVT o Dignidad y Justicia, acaban por aceptar ese pacto, y no recurrirlo, claro que, y esto no se dice, quien recula es el acusado, que reconoce los cargos y el daño causado, y no la acusación particular o popular que se siente satisfecha y con el deber cumplido.

El presidente de Sortu, Hasier Arráiz, acaba de ser condenado por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco -en todo dependiente de la «justicia» española- a dos años de prisión (que no cumplirá) y a inhabilitación, al igual que ocurrió con sus 35 compañeros del proceso basado en la redada de Segura (un pueblo guipuzcoano donde estaban reunidos para, según la judicatura, «tratar de reorganizar la ilegalizada Batasuna», o algo así) tiempo atrás y esta vez por la Audiencia Nacional.

Es decir, se llega a unos acuerdos poco menos como si estuviéramos ante un acto de conciliación en Magistratura tratando un contencioso administrativo de tipo laboral, civil o mercantil, pero en modo alguno «político». Como , por ejemplo, no tiene ese carácter la declaración de David Marjaliza cuando «canta» hasta la parrala señalando quienes estaban implicados en la red de corrupción «Púnica» buscando, como «arrepentido», como delator, como chivato, incluso entre estos chorizos y manguis, su beneficio personal. A los efectos viene a ser casi lo mismo, a pesar de que un militante de Ekin, también absueltos por medio de un pacto esta semana, declara que «si lo hemos firmado (el pacto) es porque nos parece aceptable pero no quiere decir, de ninguna manera, que se haya hecho justicia« (negrita nuestra). Y, en el caso de Arráiz, la cosa se las trae porque, para eludir la cárcel, tiene que reconocer una integración en ETA ¡¡¡que no existió jamás!!! Muy fuerte. De los tiempos en que los acusados se plantaban ante el tribunal alegando no reconocerlo como juez de su causa política y apelando al «pueblo vasco» como único juez a esto, a los «nuevos tiempos y ciclos».

Y es que todo parece válido con tal de, como dicen los líderes abertzales, «vaciar las cárceles». No importa cómo ni la manera. Maneras que si importan al Estado interesado en el pacto que implica la, dicho claramente, humillación del vencido por un Estado que se siente vencedor, pero no vengativo en este caso, porque también esta interesado en ir vaciando las cárceles. Vengativo lo será -y es- con quien no traga sus cláusulas de «reinserción», sus horcas caudinas.

Allá cada cual con sus procedimientos para salir de los «makos», como dicen los militantes vascos. Todos los antifascistas y demócratas les queremos ver en la calle, pero no de cualquier manera, sino gritando AMNISTÍA.

¿O vale todo?

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