
El próximo sábado día 14 se celebrará en Bilbao la ya tradicional manifestación de carácter anual -convocada por la red ciudadana Sare, próxima a círculos del nacionalismo vasco oficial- en favor de los derechos de los presos (ya no se añade el calificativo denotativo «políticos»). En el titular de la noticia de una web podemos leer que la manifestación está convocada por «familiares de víctimas de ETA y los GAL». O sea, una mezcla entre elementos heterogéneos y cantidades inmiscibles (no mezclables), ya se dijo.
Quienes presentaron el acto -dos familiares de víctimas de ETA y los GAL, respectivamente- dijeron que «somos víctimas de las diferentes violencias» (negrita nuestra), esto es, se equiparan las violencias sin distinguirlas y, aún peor, sin atender a sus causas, es decir, deteniéndose única y exclusivamente en las consecuencias del llamado «conflicto vasco» olvidándose de sus causas que siguen ahí, pendientes y sin resolverse. Es un poco la vieja cantinela de condenar las violencias, todas las violencias, «vengan de donde vengan», meterlas en un mismo saco, insacularlas, mezclarlas, y tira millas con el gazpacho resultante aunque sea indigerible y maloliente.
Ya ni siquiera se habla de «paz por presos»: es lo que tiene la «unilateralidad». Nunca han estado en peor situación los presos políticos vascos ni más dispersos como ahora (salvo con Aznar que trajo a la península desde Salto del Negro, Canarias, a algunos prisioneros cuando Aznar hablaba del MLNV vasco), no excarcelan ni a los que están muy enfermos. No ha cambiado nada este Estado criminal, y no tiene por qué hacerlo viendo que quienes cambian son los otros, la izquierda abertzale oficial que, con su deriva reformista y renegada, asume la problemática de los presos como quien asume una patata caliente de la que quiere deshacerse a toda costa por molesta e incordiante para sus «nuevos ciclos». ¿Y cómo? Pues acogiéndose a la legalidad penitenciaria española (esto se ha hecho siempre sin que nadie se escandalice porque sería de género bobo no hacerlo) pero buscándose la salida personal a todo trance y a como dé lugar, como dicen los mexicanos. Es la llamada «vía Rufi (Etxebarria)» -casi lo mismo que la «vía Nanclares», que no se atreven a nombrar- proclamada en enero pasado, justo hace un año, otrosí: búscate la vida, chaval, pero eso sí, sin que haya arrepentimiento ni delación. Pues sólo faltaría, que diría el otro, y, sin embargo, ya le han dado la pista, involuntariamente, al Gobierno español: que delaten y se arrepientan y entonces (igual) hablaremos. No se reconoce el carácter fascista del régimen español y se apela al PNV para que intente que el Gobierno español mueva alguna ficha, haga algún gesto, dé alguna migaja. Se olvidaron las movilizaciones -salvo esta que decimos convertida en una suerte de procesión, y las concentraciones semanales que se hacen en los pueblos- y se aparca la consigna y bandera de AMNISTÍA, que ha recogido una organización antirrepresiva de reciente formación -ATA (Amnistia ta Askatasuna, Amnistía y Libertad) que no hace más que reivindicar los que hasta ayer mismo, como quien dice, decía la izquierda abertzale oficial (ya hay que expresarse en estos términos).
Si se mezcla todo, si se confunden las cosas en un «melting pot», no se va a entender nada. Se habla constantemente de «sufrimiento», que nadie niega, cuando, en realidad, lo que se está haciendo es gestionar, como se dice ahora, las consecuencias de la lucha del pueblo vasco por su liberación nacional (la social es ya otro cantar de los cantares), obviando la realidad última: el cansancio y la rendición, ni siquiera un armisticio (paz por presos), nada. Se está engañando al pueblo vasco por enésima vez en la penúltima traición. Y esa es la «lógica» del régimen fascista español nacido en 1939 (y no en 1978), la de «vencedores y vencidos». Ellos bien saben que las víctimas del conflicto no son ni iguales ni equiparables. Salvo cuando les interesa nivelarlas pero ya en aras de la «reconciliación nacional» que predicara Carrillo en los años sesenta del siglo pasado. Y entonces sacan el Día de las Fuerzas Armadas, del Desfile militar, que se montan como en los tiempos de Franco, sacan, digo, a desfilar a un legionario y a un… viejo miliciano republicano juntos, aberración donde las haya. En Euskadi vendría a ser casi lo mismo, sólo que el Gobierno no está por esa labor, aunque observa, tolera, consiente, en vista de que son otros quienes le hacen el trabajo de «gestionar» los «desastres de la guerra» y aquí paz y después gloria y a otra cosa, mariposa, y borrón y cuenta nueva, que en este refranero se resumen los «nuevos tiempos y ciclos» del abertzalismo oficial rampante.
Buenos días.











