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Algunas formas de esclavitud se abolieron, pero aparecieron otras, como la trata y el tráfico de personas y el trabajo forzado y la servidumbre por deudas. Las víctimas del tráfico de personas se encuentran en 106 de 193 países, indicó el Informe Mundial sobre Tráfico de Personas, publicado en diciembre del año pasado, realizado por encargo de la Asamblea General de la ONU. Muchas de ellas se encuentran en zonas de guerra, donde los responsables permanecen impunes, y las mujeres, las niñas y los niños son mayoría.
Millones de mujeres y niñas se venden para que sirvan de esclavas sexuales, señala el estudio realizado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC). El 79 por ciento de las víctimas de tráfico registradas son mujeres y menores de edad. De 2012 a 2014, la UNODC estima que se detectaron más de 500 flujos diferentes de tráfico, y que los países de Europa occidental identificaron víctimas de 137 nacionalidades distintas, lo que muestra que es un problema extendido a escala mundial.
La explotación sexual y el trabajo forzado son las formas más comunes de esclavitud moderna, pero también hay personas obligadas a mendigar, a contraer matrimonios por conveniencia, a defraudar por beneficios sociales, a producir pornografía, a aceptar la extracción de sus órganos vitales, entre otras más.
El valor de ese mercado ascendió a unos 32.000 millones de dólares en 2005, que podrían haberse duplicado o hasta triplicado a juzgar por la ola de personas obligadas a migrar por la creciente pobreza generada por la crisis del capitalismo y las guerras en distintas partes del mundo.
La organización Human Rights First denuncia que el tráfico de seres humano es un “gran negocio”. Deja unos 150.000 millones de dólares de beneficios a los delincuentes, precisó, en base a datos de la OIT. Los beneficios según la forma de esclavitud son las siguientes:
– 99.000 millones de dólares, la explotación sexual comercial
– 34.000 millones de dólares, la construcción, la manufactura, la minería y los servicios
– 9.000 millones de dólares, la agricultura, que incluye silvicultura y pesca
– 8.000 millones de dólares se ahorran al año los particulares que contratan trabajadoras domésticas en condiciones de trabajo forzado
Si bien 22 por ciento de las víctimas de trata y tráfico sufren explotación sexual, esa actividad concentra 66 por ciento de las ganancias globales que genera la esclavitud.
Los 100.000 dólares generados, en promedio, cada año por una mujer en situación de servidumbre sexual, son seis veces más que los 21.800 dólares que en promedio genera cada víctima de tráfico y trata, según datos de la OSCE, cuyos estudios muestran que la explotación sexual puede tener una rentabilidad de entre 100 a 1.000 por ciento, mientras un trabajador esclavo puede producir más de 50 por ciento de ganancia aun en los mercados menos rentables, como el trabajo agrícola en India.

Al reescribir la historia, la invasión la justificaron diciendo que se defendían de una agresión previa, lo cual es falso. Creó doctrina para otras invasiones posteriores, como las inexistentes “armas de destrucción masiva” en Irak. La excusa también era necesaria para revestir el ataque con la cobertura de la ONU, que también creó escuela para invasiones posteriores con los simulacros de “coaliciones internacionales”, por ejemplo en Afganistán.
El imperialismo presentó el ataque ante la ONU como una operación “policial” que se prolongó durante tres años y causó la muerte de 3,5 millones de coreanos y un bloqueo que se ha prolongado hasta hoy.
Para que la ONU les diese una coartada, aprovecharon el boicot de la URSS al Consejo de Seguridad. Tras la Revolución de 1949 en China, el nuevo gobierno había exigido ocupar el asiento que le correspondía en la ONU, desalojando del mismo al gobierno del Kuomintang. Estados Unidos se opuso al cambio y, ante la negativa, la URSS inició un boicot en apoyo de las legítimas reclamaciones de China.
Además, fue necesario un segundo fraude: en virtud del reglamento interno, el Consejo de Seguridad no se podía reunir sin la presencia de todos sus miembros, pero Estados Unidos se saltó el reglamento para aprovechar el boicot soviético y que la ONU aprobara la agresión contra Corea.
El golpe de Estado dejó las manos libres a Estados Unidos en Corea, apoyados por sus fieles aliados de Gran Bretaña, Francia y el Kuomintang.
La agresión fue una burla al artículo 51 de la Carta de la ONU, que reconoce el derecho que tienen las naciones a defenderse de cualquier ataque armado, no el derecho de atacar a dichas naciones.
La Guerra de Corea resultó un fiasco para los imperialistas, que ni siquiera lograron conquistar toda la península, un paso previo para aplastar luego al gobierno revolucionario de China y devolver las riendas de Pekín al Kuomintang. Aquel plan es el mismo que subyace en todas las provocaciones actuales de Estados Unidos dirigidas contra Corea del norte. La conquista de la península no sería más que una plataforma de agresión contra China y Rusia.
Los coreanos aún tienen grabados y sangre y fuego las matanzas cometidas por los imperialistas durante aquella guerra. El New York Times reconoció que en los 20 primeros meses de guerra la aviación estadounidense lanzó 7.700 toneladas de napalm. Sobre Pyongyang, la capital, cayeron más bombas que sobre Japón a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial.
La población civil que huía despavorida por la calle era ametrallada por los cazas que sobrevolaban la capital en vuelos rasantes. Los refugios antiaéreos se convirtieron en tumbas para muchos civiles que se cobijaron en ellos. En Sinchon la soldadesca de MacArthur obligó a 500 civiles a introducirse en una fosa, donde les rociaron gasolina y los quemaron vivos.
El gobierno de Corea del norte tiene las mejores razones para tratar de impedir que aquellas matanzas se vuelvan a repetir.

Y es que su «buen gusto» les impide -aunque se lo pida el cuerpo y lo digan en petit comitte- decir que estas cosas sólo pasan en «países fascistas». No, esto no. A lo más que osaban en sus audacias era a decir que vivimos en un «país bananero» (yo les sugerí decir «monarquía cocotera», pero declinaron mi sugerencia), pero no fascista. Esta es la diferencia, una de tantas, que nos separan a los «iluminados» que hacemos este blog de estos renovadores de la nada o nefelibatas que viven en las nubes con el riñón cubierto. A los cuales, por cierto, les vienen de perlas estas fascistadas del régimen español surgido en el 36 (Carrero «voló» antes del llamado «régimen del 78» y la sentencia que sufre esta chavala, como el rapero Valtonyc, los titiriteros, Strawberry, Hasel, etc. se dicta hoy, en «democracia», ¿se debe ello a una solución de continuidad acaso?) para sacar pecho democrático, hacer aspavientos, mesarse los cabellos y fingir escándalo: pero ¿cómo es posible…? Luego hacen risitas en el Charlamento, piden réplicas, juegan, se divierten, cambian cromos, se pasan teléfonos, quedan en el bar del Congreso, jijijajá… En una palabra -y ofrecemos desde aquí gratis el «copyleft»– PATRIMONIALIZAN LA INDIGNACIÓN, sólo ellos, los del planeta «podemita», están autorizados a indignarse ante tamañas tropelías del… ¿fascismo?
¡No, por dios y por la virgen! Aquí hay democracia, mejor o peor, pero democracia perfectible, subsanable, reformable, transversal, geometría variable, patatín y patatán.
La prueba de lo que decimos, de que hay democracia, es que a nosotros, los podemitas, el non plus ultra de la revolución posible y pendiente, es que se nos permite no sólo indignarnos, sino patrimonializar esa indignación. Si hubiera fascismo estaríamos encarcelados (y los «illuminatti» y conspiranoicos fusilados por furros, con efe). Esa es la línea roja -hay más- que nos separa de los comunistas de verdad. De los de pacotilla ya nos las pintamos solos.
Egun on.

Pero la ecuación ha empezado a cambiar sustancialmente. Esta primavera la precavida intervención de Israel en Siria en apoyo de los yihadistas se ha tornado en el bombardeo de las posiciones del ejército regular en varios frentes. La excusa invocada, impedir el rearme de Hezbollah, no es creíble.
El 22 de marzo un misil sirio S-200 derribó un caza isaraelí que regresaba de Palmira y otro fue contrarrestado. Sus restos aparecieron en Jordania.
Por primera vez desde el inicio de la guerra en 2011 Israel ha reconocido su participación directa y el embajador en Moscú fue llamado a dar explicaciones en el Kremlin. El embajador sirio en la ONU, Bashar Al-Jaafari, ha dicho que el derribo del avión israelí ha cambiado el vínculo tradicional con Rusia.
“Rusia ha advertido a Israel que no tiene las manos libres en el cielo sirio”, ha dicho Jaafari, pero el antiguo embajador israelí en Washington, Daniel Shapiro, lo ha explicado mucho mejor en su cuenta personal de Twitter: “Las fronteras entre Israel y Siria están allá donde comienza y acaba la influencia de Putin en Oriente Medio. Es el inmenso desafío al que se enfrenta Donald Trump”.
Esa invocada “influencia de Putin” se llama Irán, cuyo Primer Ministro está ahora mismo en Moscú para hablar -precisamente- de este mismo asunto.
Acostumbrados a hacer de su capa un sayo desde hace medio siglo, Israel ha expresado que los ataques aáreos contra Siria continuarán y el ministro de Asuntos Exteriores ha amenazado con destruir las defensas antiaéreas sirias.
Ya sólo queda averiguar si Rusia lo va a admitir. De momento Netanyahu ha admitido en Pekín que Rusia no ha modificado ni un ápice su posición respecto a Israel. Pero si así fuera, no es posible entender que los sirios hayan derribado un avión israelí. Eso nunca hubiera sido posible sin el aval previo de Rusia.
Habría que añadir aquí que, por el contrario, las incursiones de la aviación israelí sobre Siria no necesitan el aval ruso y que si lo hubieran solicitado, no lo habrían obtenido.
En el futuro cabe esperar que si los ataques de la aviación israelí contra Siria continúan, como amenazan, el coste irá en aumento. Recientemente un oficial del ejército sirio murió a causa del ataque de un dron israelí; luego la defensa antiaérea siria derribó otro dron israelí en el sur de Siria.

La Primavera de 1987 tuvo consecuencias inmediatas. La primera fue irreversible: el fallecimiento de un obrero campurriano, Gonzalo Ruiz, que fue víctima de un ataque de la Guardia Civil, que tomó militarmente y por la fuerza una ciudad como Reinosa, donde se produjeron decenas de detenciones, agresiones, destrozos, heridos y que cambió para siempre la mentalidad de los campurrianos.
A comienzos de 1987 Reinosa vivía un enorme clima de tensión social y laboral a causa de las carencias de servicios públicos y del declive constante de sus industrias. Los datos son más que significativos: se habían perdido 2.000 puestos de trabajo en dos años a causa de la reconversión industrial. A principios de marzo, Cenemesa presentó un expediente de rescisión de 178 contratos, mientras Forjas y Aceros aprobó un expediente “de excedentes” que afectaba a 463 trabajadores.
La sangría de empleos parecía no tener fin. Y en ese contexto se hizo público solo unos días después que el hasta entonces presidente de Forjas, Enrique Antolín, dejaba su puesto para ocupar el cargo de consejero de Obras Públicas en el Gobierno Vasco. Cuando llegó a la fábrica de Reinosa a recoger sus pertenencias, fue retenido por los trabajadores para forzar una negociación.
Esa fue la espita que desencadenó el conflicto posterior. Tras su liberación por la Guardia Civil y el posterior desarme y expulsión de los miembros de la Guardia Civil por parte de los obreros, el Gobierno de Felipe González, con José Barrionuevo como ministro del Interior y con Luis Roldán como máximo responsable de la Guardia Civil, respondió a las demandas obreras con cada vez mayores contingentes de guardias civiles, tanquetas y helicópteros.
Los días se sucedieron con enfrentamientos continuos, que culminaron el Jueves Santo con cargas de la Guardia Civil sobre la población y un saldo de más de 60 detenciones, casi 100 heridos y, días después, un muerto, Gonzalo Ruiz.
Aquella experiencia muestra que la concienciación, organización y lucha son el único camino para defender los puestos de trabajo y el futuro de Cantabria, a la vez que evidencia hasta dónde pueden llegar los poderosos para imponer sus intereses económicos a todo un pueblo.


Se empezó desde la Izquierda Abertzale Oficial (IAO), cada vez menos «izquierda» y menos «abertzale» y sí más «oficial», diciendo que, una vez que dijeron a ETA que ya vale de pegar tiros, que hay que «hacer política», que han cambiado los tiempos y los ciclos, ellos, los abertzales, «reconocían» el daño causado a las «víctimas» (todavía no dicen del «terrorismo»), pero que, joder, también la otra parte, el enemigo (que terminarán por llamar «adversario»), se ha pasado tres pueblos y cinco traineras con las torturas y los paramilitares e «incontrolados», léase GAL, o sea, que, puestos a eso, empate técnico, de modo que olvidemos estas miserias tan desagradables y pelillos a la mar.
Y es que este tipo de «discursos» recuerda, al hilo de la Memoria Histórica, ese que dice que en la guerra civil hubo desmanes y horrores «por ambos lados» con lo cual se oculta, primero, algo tan simple como preguntarse quién empezó la sublevación militar-fascista, y, segundo, se diluyen las responsabilidades en un gazpacho donde ambos bandos «cometieron excesos» por igual, o sea, se tapa la causa -ahora llevan un tiempo queriendo hacer creer que la causa de la guerra civil fue la insurrección minera en Asturias, y no sólo en Asturias, allí se resistió, en 1934, ahí le andan estos hijos de puta tergiversadores y manipuladores a conciencia y a sabiendas- de la rebelión contra la República, y, de rebote, todos, de ambos pelajes, han sido igual de cabrones, republicanos y «nacionales», rojos y fascistas, todos iguales.
Bueno, pues con las declaraciones de Otegi ídem de ídem, el mismo marchamo y las mismas trazas y pintas. Y lo peor para eĺ, y su gente, es que el cerrilismo del Gobierno le obliga a bajarse los pantalones a marchas forzadas: «¿para qué mover un dedo si ya lo hace este?», dice Mariano, un Mariano al que todavía no toca reconocer los verdaderos valores y «méritos» de Otegi y compañía en la enésima traición al pueblo vasco. Ahora toca llamarle «filoetarra» y recordarle su pasado «terrorista». Lo otro, hasta aparecer como tertuliano habitual, tiene que esperar un poco.
Boas noites.
No. En 1979 el BND (la CIA alemana) envía a Zagreb un equipo de agentes secretos. Misión: apoyar a Franjo Tudjman, racista que propaga activamente el odio étnico y predica la fragmentación de Yugoslavia. Alemania apoya y financia a este Le Pen croata y le enviará armas “antes” de la guerra. ¿Con qué objetivo? Berlín nunca ha admitido la existencia del Estado unitario yugoslavo que se le había resistido valientemente durante las dos guerras mundiales. Al volver a resquebrajar Yugoslavia en miniestados fáciles de someter, Alemania pretende controlar los Balcanes. Una zona económica para anexionarse, implantar allí sus empresas, exportar sus productos y dominar el mercado. Una ruta estratégica hacia Oriente Medio, el Caúcaso, el petróleo y el gas. En 1992, el ministro bávaro del Interior declara: “Helmut Kohl ha conseguido lo que no obtuvieron ni el emperador Guillermo ni Hitler”.
Si. Al inicio de la cumbre de Maastricht, en 1991, el canciller alemán Kohl es el único que quiere fragmentar Yugoslavia y reconocer precipitadamente las “independencias” de Eslovenia y Croacia, despreciando el derecho internacional y la Constitución yugoslava, pero el ascenso de la potencia alemana impondrá a todos sus socios esta locura. París y Londres se alinean con esta postura. Según el londinense “The Observer”, “el primer ministro británico Major pagó un precio muy alto apoyando la política yugoslava de Alemania que, según todos los observadores, precipitó la guerra”. En efecto, todos los expertos habían advertido que semejante “reconocimiento” provocaría una guerra civil. ¿Por qué?
Favoreciendo al neofascista croata Tudjman y al nacionalista musulmán Izetbegovic (colaborador de Hitler en su juventud), era evidente que se provocaría el pánico entre la importante minoría serbia que desde hace siglos vivía en Croacia y en Bosnia. Cada familia serbia había perdido al menos a un miembro en el terrible genocidio cometido por los fascistas croatas y musulmanes, agentes de Alemania, entre 1941 y 1945. Únicamente la Yugoslavia de Tito había podido devolver la paz, la igualdad, la coexistencia. Pero Berlín, y después Washington, querían quebrar a toda costa a este país “demasiado a la izquierda”.
No. Lord Owen, enviado especial de la Unión Europea en Bosnia, por tanto observador privilegiado, escribió en sus Memorias: “Respeto mucho a Estados Unidos. Pero, durante estos últimos años (92-95), la diplomacia de este país es culpable de haber prolongado inútilmente la guerra en Bosnia”. ¿Cuál es su objetivo? Como los alemanes estaban ocupados en tomar el control de Eslovenia, de Croacia y pronto de Bosnia, entonces Washington presionó a Izetbegovic, el dirigente nacionalista musulmán de Sarajevo: “No firméis ningún acuerdo de paz propuesto por los europeos. Haremos que ganéis la guerra sobre el terreno”. De esta manera, Washington prolongó durante dos años los terribles sufrimientos inflingidos a toda la población de Bosnia. ¿Cuáles eran los motivos?
Si. En diciembre de 1989, el FMI impone unas condiciones draconianas a Yugoslavia, cuyo primer ministro liberal, Markovic, mendigó la ayuda a George Bush padre. El objetivo de “la ayuda” será en realidad desestabilizar y hacer quebrar a las grandes empresas estatales. El Banco Mundial desmantela el sistema bancario, despide a 525.000 trabajadores en un año y, después, reclama la supresión de dos de cada tres empleos. El nivel de vida desciende dramáticamente. Estos diktats y el aumento de huelgas solidarias en todas las repúblicas exacerban las contradicciones entre los dirigentes de las distintas repúblicas a las que Belgrado ya no puede enviar fondos. Para salir de esta situación, estos dirigentes recurrieron a la táctica de la división y de alentar el odio nacionalista. Esta guerra se alentó desde exterior. Como muchas otras. La guerra contra Yugoslavia fue una guerra de globalización. Todas las grandes potencias occidentales trataban de liquidar el sistema económico demasiado de izquierda de Yugoslavia: un sector público fuerte, importantes derechos sociales, relativa resistencia a las multinacionales… El 4 de agosto de 1996, el “Washington Post” exponía la verdadera razón de las distintas guerras contra Yugoslavia en este reproche (¿esta amenaza?): “Milosevic no ha logrado comprender el mensaje político de la caída del Muro de Berlín. Otros políticos comunistas han aceptado el modelo occidental, pero Milosevic ha ido en la otra dirección”.
Si. Los dirigentes hipernacionalistas croatas y musulmanes fueron presentados como auténticas víctimas, como grandes demócratas antiracistas. Y, sin embargo, tanto su pasado como su presente hubieran debido ponernos en guardia. Al tomar el poder, Franjo Tudjman declaró: “Estoy contento de que mi mujer no sea ni judía ni serbia”. Se apresuró a cambiar los nombres de las calles que llevaban el nombre de luchadores antifascistas, restableció la moneda y la bandera del régimen fascista genocida y modificó la Constitución para comenzar la expulsión de los serbios. En 1990, Izetbegovic hizo campaña electoral volviendo a publicar su “Declaración islámica”: “No existe paz ni coexistencia entre la religión islámica y las instituciones sociales y políticas no islámicas”. Instauró un régimen corrupto y mafioso, basado fundamentalmente en un lucrativo mercado negro y en el desvío de la ayuda internacional. Con la bendición de Washington invitó a los mercenarios islamistas, especialmente a Al Qaeda. Una vez empezada la guerra, se cometieron crímenes terribles en los tres campos, pero al ocultar estos antecedentes se lograba que la situación fuera incomprensible.
Si. Nos han hecho creer que los serbios eran los agresores invadiendo “Bosnia desde el exterior”. En realidad, en Bosnia habitaban desde siglos atrás tres grupos nacionales: musulmanes (43 por cien), serbios (31 por cien), y croatas (17 por cien). Sin olvidar un 7 por cien de “yugoslavos” nacidos de matrimonios mixtos o aquellos que prefirieron dejan atrás la miseria. Repartir Bosnia entre los grupos nacionales, como la Unión Europea seguía imponiendo, era absurdo y peligroso, puesto que las distintas poblaciones estaban completamente mezcladas: los musulmanes vivían sobre todo en las ciudades, mientras que serbios y croatas eran fundamentalmente campesinos y estaban dispersos por todas las regiones. No se podía dividir Bosnia sin una guerra civil. De hecho, la población serbia de Bosnia no luchaba por invadir los territorios “de los otros”, sino por conservar sus tierras o por establecer corredores de comunicación entre ellas. Una situación absurda y sangrante con todos los desórdenes de una guerra civil, pero esta guerra civil fue provocada por las grandes potencias.
No. El general belga Briquemont, al frente de las fuerzas de la ONU en Bosnia hasta enero del 94, estaba en una posición privilegiada para declarar: “La desinformación es total […] La televisión necesita un chivo expiatorio. De momento hay unanimidad total para condenar a los serbios y esto no facilita la búsqueda de una solución. No creo que se pueda considerar el problema de la ex Yugoslavia y de Bosnia-Herzegovina únicamente desde el ángulo antiserbio. Es mucho más complicado que todo eso. Un día, en plena guerra croato-musulmana, habíamos informado sobre las masacres cometidas por el ejército croata. Un periodista estadounidense me dijo: ‘Si usted ofrece este tipo de información, los telespectadores estadounidenses no entenderán nada’”. No se trata de negar los crímenes cometidos por las fuerzas serbias.
La ideología de los textos del dirigente serbio-bosnio Karadzic es de extrema derecha. Pero en realidad desde la división de Yugoslavia, en todos los bandos algunas fuerzas políticas y mafiosas han utilizado métodos de guerra para apropiarse de territorios y riquezas. En los tres campos —croata, musulmán y serbio—, las milicias han cometido crímenes tremendos, en detrimento de todas las poblaciones. Así, en agosto del 94, el dirigente de Sarajevo, Izetbegovic, atacó la región… musulmana de Bihac dirigida por Fikret Abdic, quien se estaba distanciando de él y deseba vivir en buena armonía con sus vecinos serbios y croatas. Izetbegovic fue ayudado en esta ofensiva por seis generales de EEUU. Silenciar los crímenes de “nuestros amigos”, pero demonizar a todo aquel que se nos opone es un clásico de la propaganda de guerra.
Numerosas mentiras mediáticas han sido claramente fabricadas por una agencia estadounidense de “relaciones públicas”, Ruder Finn, compañera de la conocida Hill & Knowlton, que inventó las mentiras mediáticas de las incubadoras “robadas” por los iraquíes.
No. Si se cree que la limpieza étnica era verdaderamente el programa del “dictador” Milosevic, hay que admitir que su eficacia ha sido lamentable, puesto que, a lo largo de todos estos años y hasta hoy, uno de cada cinco habitantes de Serbia ni era ni es serbio. En Belgrado siguen viviendo, y sin problemas, numerosas minorías: musulmanes, gitanos, albaneses, macedonios, turcos, húngaros, goranes… En realidad, contrariamente a la imagen que ha dado la prensa, Serbia es hoy el único estado de la ex Yugoslavia, junto con Macedonia, que sigue siendo “multinacional”. Por el contrario, todos los estados protegidos por la OTAN —Croacia, Bosnia y Kosovo— han practicado una limpieza étnica prácticamente total. Milosevic desaprobaba los excesos cometidos por las milicias serbias en Bosnia. Su mujer realizó muchas declaraciones virulentas contra ellos. Serbia incluso aplicó un embargo contra Karadzic. Claro es que una parte de la opinión pública serbia se ha inclinado hacia en el nacionalismo racista. Pero es precisamente responsabilidad de Alemania y de las grandes potencias el haber sumergido al país en la guerra civil y por consiguiente en el odio.
No. Primera cuestión. Incluso si se trata de condenar los crímenes abominables, no se sirve a la verdad histórica —imprescindible para la reconciliación— con procedimientos propagandísticos como el uso indiscriminado del término “genocidio”, la ocultación del hecho de que una parte de las víctimas murieron en los combates, o la exageración sistemática de las cifras. Las investigaciones han revelado que numerosas “víctimas” fueron encontradas algunos meses más tarde votando en las elecciones siguientes o incluso tomando parte en otros combates con el ejército de Izetbegovic. Esto ha permanecido oculto. No vamos a entrar aquí en esta polémica sobre las cifras, que sólo historiadores rigurosos podrán aclarar definitivamente.
Segunda cuestión. ¿Por qué los medias han ocultado acontecimientos esenciales para poder entender el drama? Al principio, esta región estuvo habitada por musulmanes. Y serbios. Estos últimos habían sido expulsados en 1993 en una limpieza étnica cometida por las tropas nacionalistas musulmanas de Izetbegovic. El general francés Morillon, que dirigía las fuerzas de la ONU en el lugar, acusa: “Durante la Nochebuena ortodoxa, noche sagrada de enero de 1993, Nasser Oric lanzó una incursión sobre los pueblos serbios… Se cortaron cabezas, hubo masacres abominables cometidas por las fuerzas de Nasser Oric en todos los pueblos de la vecindad” (Documentos de información de la Asamblea Nacional, Srebrenica, t 2, pp. 140-154). El deseo de venganza no justifica los crímenes cometidos después. Pero, ¿por qué ocultar sistemáticamente los crímenes de “nuestros amigos”?
Tercera cuestión. Como otros “enclaves” llamados desmilitarizados, en realidad Srebrenica era una zona en la que las fuerzas de Izetbegovic se estaban reagrupando, y la ONU les protegió de una derrota total. Sorprendente: las tropas de Oric se retiraron de Srebrenica justo una semana antes de la masacre. El general francés Germanos manifiesta: “Oric ha declarado profusamente que le hicieron abandonar Srebrenica, ya que querían que cayera la ciudad. El ‘querían’ era Izetbegovic”. Y, ¿por qué? Sería interesante retomar un curioso informe de la ONU, redactado un año y medio antes por Kofi Annan: “Izetbegovic sabía que era posible una intervención de la OTAN en Bosnia-Herzegovina. Pero ésta no tendría lugar salvo que los serbios se introdujeran a la fuerza en Srebrenica y masacraran al menos a 5.000 personas (sic)”. ¡Una masacre anunciada año y medio antes! (Informe de la ONU, 28-29 de noviembre). El general Morillon nos muestra también que “Fueron las autoridades de Izetbegovic las que se opusieron a que se evacuara a quienes lo pedían, y eran muchos”. Su conclusión: “Mladic cayó en una trampa en Srebrenica”.
No. El 28 de junio de 1991, la policía eslovena ejecutó (al menos) a dos soldados desarmados del ejército nacional yugoslavo que acababan de rendirse en el puesto fronterizo (con Austria) de Holmec. Esto fue reconocido por el periódico “Slovenske Novice”. Igualmente “se estableció desde el principio” que tres soldados de este mismo ejército yugoslavo fueron ejecutados en un puesto fronterizo con Italia después de haberse rendido (hechos y testimonios comunicados al Tribunal Penal Internacional de La Haya).
Si. Fabricado por Bernard Kouchner y Médicos del Mundo, este anuncio mostraba a los “prisioneros” detenidos, parecía, tras una alambrada de espino. Uno de ellos tenía las costillas terriblemente demacradas. Kouchner había pegado sobre la foto una torre de observación de Auschwitz y la acusación “exterminios masivos”. Para recalcar el mensaje: “Serbios nazis”. Además volvía a sacar una campaña de demonización lanzada por la agencia estadounidense de “relaciones públicas” Ruder Finn. Pero todo era falso en esta imagen, sacada de un reportaje de la TV británica ITN. La trampa es evidente cuando se ven las imágenes rodadas en el mismo instante por un equipo de TV local. En realidad, la cámara británica se colocó deliberadamente detrás de los dos únicos alambres de espinos que sujetaban un viejo cercado agrícola que aún se sostenía en pie. Y los “prisioneros” estaban en el “lado adecuado” de los alambres de espino. Libres, puesto que ellos mismos eran refugiados en ese campo para escapar de la guerra y de las milicias que los alistaba a la fuerza. En las imágenes completas, el único prisionero que hablaba inglés declaraba, además, por tres veces a la periodista de la ITN que estaban bien tratados y “salvos”. Al hombre demacrado de las costillas salientes (gravemente enfermo) le habían destinado a un primer plano puesto que todos sus compañeros gozaban de buena salud. El montaje de Kouchner era una burda mentira. Es cierto que existían algunos campos en Bosnia. No eran campos de exterminio, sino más bien campos para preparar los intercambios de prisioneros. Allí se cometieron violaciones de los derechos humanos. Pero, ¿por qué se nos han ocultado los informes de la ONU sobre este tema? Estos informes mencionaban seis campos croatas, dos serbios y uno musulmán.
No. En tres ocasiones la opinión pública occidental se vio conmocionada por imágenes terribles: decenas de víctimas despedazadas ante una panadería o en el mercado de Sarajevo. Inmediatamente, los serbios fueron acusados de haber asesinado deliberadamente bombardeando la ciudad. A pesar de las numerosas contradicciones en los comunicados oficiales. Pero la opinión pública nunca fue informada de los resultados de las ulteriores investigaciones de la ONU. Estos informes acusaban a las fuerzas del presidente Izetbegovic. Además, los máximos responsables occidentales lo sabían, pero lo han ocultaron cuidadosamente. Solo mucho más tarde el redactor en jefe del “Nouvel Observateur”, Jean Daniel, admitó: “Tengo que decirlo hoy. He escuchado, uno tras otro, a Edouard Balladur (primer ministro francés del momento), François Léotard (ministro del Ejército), Alain Juppé (de Asuntos Exteriores) y a dos generales ‘muy responsables’, cuya confianza no traicionaré […] decirme que el obús que se lanzó sobre el mercado ¡también era musulmán! ¡Provocaron una masacre entre los suyos! Observé con espanto. Sí, me contestó el primer ministro sin dudar” (“Nouvel Observateur”, 21 de agosto de 1995).
¿Por qué estas manipulaciones? Como por casualidad, cada masacre sobrevenía justo antes de una reunión decisiva para justificar una medida occidental: embargo contre los serbios (1992), bombardeos de la OTAN (1994), ofensiva final (1995).
La OTAN y Izetbegovic aplicaron un principio fundamental de la propaganda de guerra: justificar su ofensiva con una mentira mediática, una “masacre” que conmocionara a la opinión pública. La versión oficial del sitio de Sarajevo oculta varios puntos: 1. Las fuerzas serbias han cometido, ciertamente, crímenes tremendos. Pero a los civiles que quisieron huir por un túnel que permitía abandonar la ciudad se lo impidió el régimen de Izetbegovic. Éste quería mantener el máximo número de clientes de su mercado negro, producto del desvío de la ayuda internacional. 2. Necesitaba sobre todo presentar una imagen en blanco y negro de un pueblo víctima de sus agresores. En realidad, en el propio Sarajevo, los francotiradores de Izetbegovic asesinaban regularmente a los habitantes de los barrios serbios de la ciudad, sin que jamás se haya hablado de ello. 3. Atrocidades igualmente terribles se cometieron, por ejemplo, en Mostar. Pero allí estaban luchando las fuerzas croatas y musulmanas (“nuestros amigos”), que desde hacía mucho tiempo habían expulsado a todos los serbios.
Si. El 4 de agosto de 1995, cien mil soldados croatas, ciento cincuenta carros de combate, doscientos transportadores, más de trescientas unidades de artillería, cuarenta lanzaderas de misiles atacaron a la población serbia de Krajina. Más de 150.000 serbios fueron así forzados a abandonar esta región, que habitaban desde hacía siglos. Se cometieron las peores atrocidades: las fuerzas croatas abatieron a los ancianos que no pudieron huir, quemaron el 85por cien de las casas abandonadas. Clinton juzga la ofensiva “útil”. Su ministro de Asuntos Exteriores también: “La reconquista de Krajina puede conducir a una nueva situación estratégica, que puede sernos favorable”. Peor aún: Estados Unidos aconsejó a Croacia para llevar a cabo su ofensiva, según la confesión del ministro croata de Asuntos Exteriores. Además, fue Washington quien se encargó de la formación “democrática” de este ejército.
Si. En el coloquio internacional “Uranio, las víctimas hablan”, organizado en Bruselas en marzo de 2001, un médico de Bosnia presentó a un guardabosques serbio de Bosnia, víctima como otros de “cánceres múltiples” atípicos y fulminantes después de haber estado expuesto en las zonas de bombardeos de Estados Unidos. Un responsable de la sanidad en Bosnia ha confeccionado estadísticas: los habitantes de un barrio serbio de Sarajevo, bombardeado por los aviones estadounidenses en 1995 (habitantes expulsados inmediatamente de esta ciudad), han visto multiplicado por cinco los diversos tipos de cánceres. Las armas del uranio denominado empobrecido permiten a Estados Unidos —pero también a Francia y a Reino Unido— desembarazarse de desechos tóxicos de sus centrales nucleares. Los residuos contaminan seriamente el suelo y la capa freática, provocando cánceres, leucemias y mutaciones genéticas monstruosas (lo que incluye niños nacidos de soldados estadounidenses contaminados). En resumen, las armas de uranio convierten a numerosos países en cubos de basura para la eternidad.
No. Estados Unidos ha intentado hacer creer que llevaban a cabo una guerra humanitaria, y presentarse como los defensores, por una vez, de los musulmanes. Pero en realidad Washington y Berlín provocaron esta guerra. Deliberadamente. Con el interés egoísta de conquistar objetivos estratégicos: colonización económica de los Balcanes, control de rutas de petróleo, lucha por la supremacía mundial. Estados Unidos jamás ha hecho ninguna guerra humanitaria. Este país no es el bombero de esta guerra en Yugoslavia, es el pirómano. Es el primer culpable del sufrimiento infligido a toda la población. Estados Unidos no es por un lado amigo de los musulmanes en los Balcanes y por otro lado su peor enemigo en Palestina e Iraq. Es su peor enemigo en todas partes. Y el enemigo más peligroso de todos los pueblos del mundo. Amenaza a Siria, Irán, Corea, Cuba, y un día incluso a China. Porque su estrategia de guerra tiene como único objetivo mantener el orden económico injusto, dominar y explotar a todos los países del globo a fin de enriquecer aún más a un puñado de supermillonarios. Por esa razón es importante desenmascarar todas las mentiras mediáticas y dar a conocer la verdad sobre la guerra contra Yugoslavia: fue una guerra de agresión.
—http://revistaamoryrabia.blogspot.com.es/2013/01/las-mentiras-de-la-guerra-de-yugoslavia.html
La primera imagen que seguramente advierte la sociedad es ¿para qué destinar semejante cifra a la compra de armamento, cuando se suspende la entrega de medicamentos en el PAMI (el equivalente argentino del IMSERSO); se eliminan programas sociales, educativos y de salud; se les mezquina a docentes y científicos; se ahoga selectivamente a muchas Provincias y podría seguir con una larga lista.

El fallecido presidió el Chase Manhattan Bank, del que decían que tenía su propia política exterior, lógicamente, anticomunista: apoyó el golpe de Estado contra Allende y se tapó los oídos para no escuchar los gritos de Víctor Jara y otros seiscientos cuando los torturaron en el estadio Chile, porque el dinero es tan ciego y sordo como la justicia. La intervención de Estados Unidos está acreditada en el país sudamericano, en Italia, en Guatemala, en Nicaragua, en Cuba… en la España de la democracia coronada. A Rockefeller habría que haberle preguntado por la supuesta mano negra de Rusia en la política de Estados Unidos, a lo mejor los del Kremlin le parecían unos primerizos.
Porque en este terreno de la conspiración, Estados Unidos lleva unas ciertas décadas de ventaja. El aeropuerto internacional de Washington se llama Dulles en honor al secretario de Estado que practicó como pocos el amor y el respeto por la soberanía de los pueblos: John Foster Dulles le dio un golpe de estado al presidente nacionalista de Irán, Mossagedh, y puso en su lugar al servil Shah, dandi torturador hasta que lo echaron los ayatolás. Dulles también alentó el golpe en Guatemala que dio lugar a una guerra de doscientos mil muertos. El secretario de Estado trabajaba para el presidente y para la United Fruit Company. Del imperio de los plátanos también cobraba Allen Dulles, su hermano y director de la CIA.
La primera oficina de la CIA estuvo en el Rockefeller Center de Nueva York: por allí también pasó General Dynamics, que construye aviones y tanques. La televisión NBC tiene su sede principal en el complejo de Manhattan, y la agencia Associated Press estuvo años en sus rascacielos, pero lo que más glamur le da al bloque son los conciertos navideños en el Rockefeller Plaza y, por supuesto, el Radio City Music Hall, pero lo que más glamur le da al bloque son los conciertos navideños en el Rockefeller Plaza y, por supuesto, el Radio City Music Hall. Ahí tocan estos días artistas como Franco de Vita, Carlos Vives o New Order. Los británicos tocarán su famoso Blue Monday, incluido en el disco “Poder, corrupción y mentiras”.