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| Haidar Al-Abadi, Primer Miistro irakí |
El nuevo gobierno estadounidense intenta apartarse de la anterior estrategia adoptada por Obama y considera a Irak como un activo estratégico que las tropas estadounidenses no deberían haber abandonado, confesó Trump a Al-Abadi. Con tal motivo, Washington va a enviar más tropas a Irak con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.
Estados Unidos tampoco acepta el resurgimiento de Rusia en Oriente Medio a través de Siria y pretenden reafirmar su supremacía en Oriente Medio cerrando la puerta de Raqqa para impedir cualquier intento de liberarla por cualquier otra fuerza distinta a los kurdos que ellos apoyan.
La prioridad del nuevo gobierno es combatir a los grupos terroristas takfiríes en Siria. El derrocamiento del presidente Bashar Al-Assad ha dejado de ser importante, en un momento en el que Rusia se opone a cualquier intento en este sentido.
Washington no admite la creciente influencia iraní en Irak y trata de incrementar su apoyo militar a las fuerzas irakíes y construir más bases en la geografía irakí.
En cuanto al acuerdo nuclear con Irán, no tienen intención de abandonarlo, pero aumentarán la presión sobre aquel país de diferentes maneras para intentar reducir la influencia iraní en muchos temas de interés para Washington.
Para contrarrestar el papel iraní, Washington apoyará a sus aliados tradicionales en la región, especialmente Arabia Saudí, aunque a un alto coste, y Egipto.
A Estados Unidos le interesa arreglar el problema palestino, ya sea organizando una conferencia internacional o tratando de resolver el problema a través de conversaciones directas entre israelíes y palestinos, bajo la supervisión de Estados Unidos.
Como conclusión, la política de Washington hacia la región es una mezcla de intervención militar limitada pero señalada, respaldada por presiones políticas, diplomáticas y económicas, en vez de entrar en guerras y enfrentamientos abiertos.

Apoyar dichas acciones armadas, defenderlas y justificarlas es un delito porque la legislación vigente y los jueces fascistas tienen que proteger a una “pobre víctima” como el criminal Franco, al que nosotros despreciamos y humillamos desde aquí todo lo que podemos.
Pocos días antes de que se levantara contra al República, el 14 de julio de 1936, tres anarquistas canarios (Antoni Vidal, Antonio Tejera y Martí Serasols) intentaron ejecutar al general fascista, y fue una pena que no lo lograran. Nosotros justificamos, enaltecemos y veneramos a aquellos tres héroes, a los que jamás calificaremos de “terroristas”. El único terrorista fue Franco y los suyos.
Aquellos tres héroes anarquistas solicitaron apoyo al gobernador civil de Canarias, Manuel Vázquez Moro, quien se negó en rotundo. Tras el golpe de Estado fue detenido y fusilado por los verdaderos y únicos terroristas: los fascistas.
En la noche del 16 de julio, cuando Franco embarcó en el buque Viera y Clavijo, la policía impidió que otro héroe, Amadeo Hernández le ejecutara. La policía le detuvo, le condenaron a cuatro años de cárcel, le enviaron a la península donde fue fusilado junto a otros tres republicanos acusados de intentar volar el Hotel Madrid, donde se encontraba Franco en Canarias.
El mismo 18 de julio de 1936, cuando el general fascista se disponía a ir a la Base Aérea de Gando para trasladarse a Marruecos y ponerse al frente del ejército golpista de África, un héroe, Juan García Suárez, alias “El Corredera”, encabezó un comando armado que le había tendido una emboscada. “El Corredera” tuvo que vivir 20 años clandestinamente, hasta que fue asesinado por garrote vil.
Otros héroes que trataron de matar al criminal fascista no eran españoles, sino georgianos, como Stalin, que encargó la ejecución al inglés Philby a principios de 1937. No se pudo llevar a cabo por la desaparición de Paul Hardt, el superior de Philby. Fue una pena.
En 1949 el grupo guerrillero anarquista Los Maños, que tenía su base en los Pirineos y estaba dirigido por Wenceslao Giménez Orive, viajó a Madrid con la idea de hacer justicia y ejecutar al general asesino. En su mayor parte los integrantes de los Maños eran huérfanos de represaliados por el fascismo.
Entre 1936 y hasta su muerte en 1975, los antifascistas planearon 17 atentados contra Franco y, lamentablemente, ninguno prosperó. Desde aquí hacemos apología de esos intentos y rendimos honores a quienes se esforzaron por cumplimentarlos. A ninguno de ellos los consideramos “terroristas”, sino todo lo contrario: para nosotros son héroes.

Cuando un personaje, como Mandela, ha acaparado durante los últimos años de su vida, los titulares de los medios de comunicación del mundo entero, hasta acabar siendo una leyenda, es porque hay gato encerrado. Nadie pasa tan rápidamente de un anonimato de décadas de cárcel al pedestal de la Jefatura del mismo Estado que lo mantuvo preso.
Incluso aquellos a los que engañó se les empieza a caer la venda de los ojos en la misma Sudáfrica. “¿Qué concesiones realizó a los que habían sostenido el criminal régimen de apartheid, uno de los más sanguinarios del siglo pasado?” La tentación de hacer un paralelismo con la transición española es irresistible…
El 6 de mayo nuestro admirado Jean Paul Pougala, el vendedor de mangos silvestres en el mercadillo de Dakar, lanzaba la primera salva de artillería: “No, Mandela no es mi héroe”, escribió Pugala. La situación es peor que en la época del apartheid. Ahora la minoría blanca vive su mayor época de esplendor económico, mientras la población negra se sumerge en la miseria.
En 1994 Mandela homologó la República Sudafricana al resto de países africanos. Los billetes sudafricanos llevan la efigie de Mandela pero quienes dirigen el Banco Central son los mismos blancos racistas de siempre, a los que el antiguo preso abrió las puertas del Continente Negro.
El capital financiero sudafricano exporta ahora más capitales que nunca al resto de África. En 2012 el fondo PIC (Public Investment Corporation) y el Nedbank se aduañaron del Ecobank. El primero se creó en 1911 para gestionar los fondos de pensiones de los funcionarios sudafricanos. La minoría blanca controla el 95 de su capital, estimado en 100.000 millones de dólares.
El Nedbank es la filial de la empresa de seguros británica Old Mutual, que con un 20 por ciento del capital controla la dirección y compite con otros capitales africanos en condiciones muy ventajosas gracias a un gobierno africano “negro”. Lo mismo se puede decir de otros grandes capitales que circulan con un falso marchamo “africano”, a pesar de estar dirigidos por empresarios blancos, cuando no sucursales británicas.
El imperialismo quiso que Mandela fuese un ejemplo no sólo para los dirigentes africanos sino para la misma población, pero en Sudáfrica la población negra empieza a apercibirse de que el ANC, la organización que pactó el fin del apartheid, les ha traicionado. Muchos barrios están al borde de la revuelta. Los grupos más activos empiezan a mirar a Robert Mugabe, el ogro de los imperialistas, que siguió el camino opuesto al de Mandela en Zimbawe.
El apartheid no se ha acabado: es otra falsedad. Un europeo no tiene ningún problema para entrar en Sudáfrica. Ni siquiera necesita visado, algo imposible para cualquier africano. Las mejores tierras para los cultivos siguen siendo propiedad de los blancos…


Algunas formas de esclavitud se abolieron, pero aparecieron otras, como la trata y el tráfico de personas y el trabajo forzado y la servidumbre por deudas. Las víctimas del tráfico de personas se encuentran en 106 de 193 países, indicó el Informe Mundial sobre Tráfico de Personas, publicado en diciembre del año pasado, realizado por encargo de la Asamblea General de la ONU. Muchas de ellas se encuentran en zonas de guerra, donde los responsables permanecen impunes, y las mujeres, las niñas y los niños son mayoría.
Millones de mujeres y niñas se venden para que sirvan de esclavas sexuales, señala el estudio realizado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC). El 79 por ciento de las víctimas de tráfico registradas son mujeres y menores de edad. De 2012 a 2014, la UNODC estima que se detectaron más de 500 flujos diferentes de tráfico, y que los países de Europa occidental identificaron víctimas de 137 nacionalidades distintas, lo que muestra que es un problema extendido a escala mundial.
La explotación sexual y el trabajo forzado son las formas más comunes de esclavitud moderna, pero también hay personas obligadas a mendigar, a contraer matrimonios por conveniencia, a defraudar por beneficios sociales, a producir pornografía, a aceptar la extracción de sus órganos vitales, entre otras más.
El valor de ese mercado ascendió a unos 32.000 millones de dólares en 2005, que podrían haberse duplicado o hasta triplicado a juzgar por la ola de personas obligadas a migrar por la creciente pobreza generada por la crisis del capitalismo y las guerras en distintas partes del mundo.
La organización Human Rights First denuncia que el tráfico de seres humano es un “gran negocio”. Deja unos 150.000 millones de dólares de beneficios a los delincuentes, precisó, en base a datos de la OIT. Los beneficios según la forma de esclavitud son las siguientes:
– 99.000 millones de dólares, la explotación sexual comercial
– 34.000 millones de dólares, la construcción, la manufactura, la minería y los servicios
– 9.000 millones de dólares, la agricultura, que incluye silvicultura y pesca
– 8.000 millones de dólares se ahorran al año los particulares que contratan trabajadoras domésticas en condiciones de trabajo forzado
Si bien 22 por ciento de las víctimas de trata y tráfico sufren explotación sexual, esa actividad concentra 66 por ciento de las ganancias globales que genera la esclavitud.
Los 100.000 dólares generados, en promedio, cada año por una mujer en situación de servidumbre sexual, son seis veces más que los 21.800 dólares que en promedio genera cada víctima de tráfico y trata, según datos de la OSCE, cuyos estudios muestran que la explotación sexual puede tener una rentabilidad de entre 100 a 1.000 por ciento, mientras un trabajador esclavo puede producir más de 50 por ciento de ganancia aun en los mercados menos rentables, como el trabajo agrícola en India.

Al reescribir la historia, la invasión la justificaron diciendo que se defendían de una agresión previa, lo cual es falso. Creó doctrina para otras invasiones posteriores, como las inexistentes “armas de destrucción masiva” en Irak. La excusa también era necesaria para revestir el ataque con la cobertura de la ONU, que también creó escuela para invasiones posteriores con los simulacros de “coaliciones internacionales”, por ejemplo en Afganistán.
El imperialismo presentó el ataque ante la ONU como una operación “policial” que se prolongó durante tres años y causó la muerte de 3,5 millones de coreanos y un bloqueo que se ha prolongado hasta hoy.
Para que la ONU les diese una coartada, aprovecharon el boicot de la URSS al Consejo de Seguridad. Tras la Revolución de 1949 en China, el nuevo gobierno había exigido ocupar el asiento que le correspondía en la ONU, desalojando del mismo al gobierno del Kuomintang. Estados Unidos se opuso al cambio y, ante la negativa, la URSS inició un boicot en apoyo de las legítimas reclamaciones de China.
Además, fue necesario un segundo fraude: en virtud del reglamento interno, el Consejo de Seguridad no se podía reunir sin la presencia de todos sus miembros, pero Estados Unidos se saltó el reglamento para aprovechar el boicot soviético y que la ONU aprobara la agresión contra Corea.
El golpe de Estado dejó las manos libres a Estados Unidos en Corea, apoyados por sus fieles aliados de Gran Bretaña, Francia y el Kuomintang.
La agresión fue una burla al artículo 51 de la Carta de la ONU, que reconoce el derecho que tienen las naciones a defenderse de cualquier ataque armado, no el derecho de atacar a dichas naciones.
La Guerra de Corea resultó un fiasco para los imperialistas, que ni siquiera lograron conquistar toda la península, un paso previo para aplastar luego al gobierno revolucionario de China y devolver las riendas de Pekín al Kuomintang. Aquel plan es el mismo que subyace en todas las provocaciones actuales de Estados Unidos dirigidas contra Corea del norte. La conquista de la península no sería más que una plataforma de agresión contra China y Rusia.
Los coreanos aún tienen grabados y sangre y fuego las matanzas cometidas por los imperialistas durante aquella guerra. El New York Times reconoció que en los 20 primeros meses de guerra la aviación estadounidense lanzó 7.700 toneladas de napalm. Sobre Pyongyang, la capital, cayeron más bombas que sobre Japón a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial.
La población civil que huía despavorida por la calle era ametrallada por los cazas que sobrevolaban la capital en vuelos rasantes. Los refugios antiaéreos se convirtieron en tumbas para muchos civiles que se cobijaron en ellos. En Sinchon la soldadesca de MacArthur obligó a 500 civiles a introducirse en una fosa, donde les rociaron gasolina y los quemaron vivos.
El gobierno de Corea del norte tiene las mejores razones para tratar de impedir que aquellas matanzas se vuelvan a repetir.

Y es que su «buen gusto» les impide -aunque se lo pida el cuerpo y lo digan en petit comitte- decir que estas cosas sólo pasan en «países fascistas». No, esto no. A lo más que osaban en sus audacias era a decir que vivimos en un «país bananero» (yo les sugerí decir «monarquía cocotera», pero declinaron mi sugerencia), pero no fascista. Esta es la diferencia, una de tantas, que nos separan a los «iluminados» que hacemos este blog de estos renovadores de la nada o nefelibatas que viven en las nubes con el riñón cubierto. A los cuales, por cierto, les vienen de perlas estas fascistadas del régimen español surgido en el 36 (Carrero «voló» antes del llamado «régimen del 78» y la sentencia que sufre esta chavala, como el rapero Valtonyc, los titiriteros, Strawberry, Hasel, etc. se dicta hoy, en «democracia», ¿se debe ello a una solución de continuidad acaso?) para sacar pecho democrático, hacer aspavientos, mesarse los cabellos y fingir escándalo: pero ¿cómo es posible…? Luego hacen risitas en el Charlamento, piden réplicas, juegan, se divierten, cambian cromos, se pasan teléfonos, quedan en el bar del Congreso, jijijajá… En una palabra -y ofrecemos desde aquí gratis el «copyleft»– PATRIMONIALIZAN LA INDIGNACIÓN, sólo ellos, los del planeta «podemita», están autorizados a indignarse ante tamañas tropelías del… ¿fascismo?
¡No, por dios y por la virgen! Aquí hay democracia, mejor o peor, pero democracia perfectible, subsanable, reformable, transversal, geometría variable, patatín y patatán.
La prueba de lo que decimos, de que hay democracia, es que a nosotros, los podemitas, el non plus ultra de la revolución posible y pendiente, es que se nos permite no sólo indignarnos, sino patrimonializar esa indignación. Si hubiera fascismo estaríamos encarcelados (y los «illuminatti» y conspiranoicos fusilados por furros, con efe). Esa es la línea roja -hay más- que nos separa de los comunistas de verdad. De los de pacotilla ya nos las pintamos solos.
Egun on.

Pero la ecuación ha empezado a cambiar sustancialmente. Esta primavera la precavida intervención de Israel en Siria en apoyo de los yihadistas se ha tornado en el bombardeo de las posiciones del ejército regular en varios frentes. La excusa invocada, impedir el rearme de Hezbollah, no es creíble.
El 22 de marzo un misil sirio S-200 derribó un caza isaraelí que regresaba de Palmira y otro fue contrarrestado. Sus restos aparecieron en Jordania.
Por primera vez desde el inicio de la guerra en 2011 Israel ha reconocido su participación directa y el embajador en Moscú fue llamado a dar explicaciones en el Kremlin. El embajador sirio en la ONU, Bashar Al-Jaafari, ha dicho que el derribo del avión israelí ha cambiado el vínculo tradicional con Rusia.
“Rusia ha advertido a Israel que no tiene las manos libres en el cielo sirio”, ha dicho Jaafari, pero el antiguo embajador israelí en Washington, Daniel Shapiro, lo ha explicado mucho mejor en su cuenta personal de Twitter: “Las fronteras entre Israel y Siria están allá donde comienza y acaba la influencia de Putin en Oriente Medio. Es el inmenso desafío al que se enfrenta Donald Trump”.
Esa invocada “influencia de Putin” se llama Irán, cuyo Primer Ministro está ahora mismo en Moscú para hablar -precisamente- de este mismo asunto.
Acostumbrados a hacer de su capa un sayo desde hace medio siglo, Israel ha expresado que los ataques aáreos contra Siria continuarán y el ministro de Asuntos Exteriores ha amenazado con destruir las defensas antiaéreas sirias.
Ya sólo queda averiguar si Rusia lo va a admitir. De momento Netanyahu ha admitido en Pekín que Rusia no ha modificado ni un ápice su posición respecto a Israel. Pero si así fuera, no es posible entender que los sirios hayan derribado un avión israelí. Eso nunca hubiera sido posible sin el aval previo de Rusia.
Habría que añadir aquí que, por el contrario, las incursiones de la aviación israelí sobre Siria no necesitan el aval ruso y que si lo hubieran solicitado, no lo habrían obtenido.
En el futuro cabe esperar que si los ataques de la aviación israelí contra Siria continúan, como amenazan, el coste irá en aumento. Recientemente un oficial del ejército sirio murió a causa del ataque de un dron israelí; luego la defensa antiaérea siria derribó otro dron israelí en el sur de Siria.

La Primavera de 1987 tuvo consecuencias inmediatas. La primera fue irreversible: el fallecimiento de un obrero campurriano, Gonzalo Ruiz, que fue víctima de un ataque de la Guardia Civil, que tomó militarmente y por la fuerza una ciudad como Reinosa, donde se produjeron decenas de detenciones, agresiones, destrozos, heridos y que cambió para siempre la mentalidad de los campurrianos.
A comienzos de 1987 Reinosa vivía un enorme clima de tensión social y laboral a causa de las carencias de servicios públicos y del declive constante de sus industrias. Los datos son más que significativos: se habían perdido 2.000 puestos de trabajo en dos años a causa de la reconversión industrial. A principios de marzo, Cenemesa presentó un expediente de rescisión de 178 contratos, mientras Forjas y Aceros aprobó un expediente “de excedentes” que afectaba a 463 trabajadores.
La sangría de empleos parecía no tener fin. Y en ese contexto se hizo público solo unos días después que el hasta entonces presidente de Forjas, Enrique Antolín, dejaba su puesto para ocupar el cargo de consejero de Obras Públicas en el Gobierno Vasco. Cuando llegó a la fábrica de Reinosa a recoger sus pertenencias, fue retenido por los trabajadores para forzar una negociación.
Esa fue la espita que desencadenó el conflicto posterior. Tras su liberación por la Guardia Civil y el posterior desarme y expulsión de los miembros de la Guardia Civil por parte de los obreros, el Gobierno de Felipe González, con José Barrionuevo como ministro del Interior y con Luis Roldán como máximo responsable de la Guardia Civil, respondió a las demandas obreras con cada vez mayores contingentes de guardias civiles, tanquetas y helicópteros.
Los días se sucedieron con enfrentamientos continuos, que culminaron el Jueves Santo con cargas de la Guardia Civil sobre la población y un saldo de más de 60 detenciones, casi 100 heridos y, días después, un muerto, Gonzalo Ruiz.
Aquella experiencia muestra que la concienciación, organización y lucha son el único camino para defender los puestos de trabajo y el futuro de Cantabria, a la vez que evidencia hasta dónde pueden llegar los poderosos para imponer sus intereses económicos a todo un pueblo.

