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500.000 comunistas fueron masacrados en Indonesia en 1965

Mi primera impresión de Indonesia es como la de cualquier turista: rumor y muchedumbre, hormigueo de personas y motocicletas, hacinamiento y embotellamientos. La densidad poblacional es aquí, en efecto, una de las mayores del mundo. No dejo de ver gente y de tropezar con ella mientras camino. Sin embargo, cuando hablo con mis anfitriones y recuerdo lo que ocurrió hace poco más de medio siglo, alcanzo a sentir y entrever un gigantesco vacío que está detrás y por debajo de todo. Y entonces las masas de indonesios aparecen proyectadas como sombras de wayang en la pantalla con la que se oculta el vacío que está en el fondo.

Es como si el espacio vacío fuera mayor y más profundo y más verdadero que lo lleno y multitudinario que se ve por todos lados. La presencia de la multitud no corrige la ausencia de quienes faltan. El saldo es negativo. Todo es demasiado poco para llenar de verdad, más allá de las apariencias, el hueco dejado por los comunistas.

¿Comunistas en Indonesia? Los hubo, pero se les exterminó en 1965. Fueron demasiados los masacrados: no mil ni diez mil ni cien mil, sino al menos medio millón, aunque seguramente más, un millón, y quizás aún más, dos o tres millones.

El furor anticomunista se desató hace exactamente 52 años, el 30 de septiembre de 1965, y se abatió sobre las mayores islas del archipiélago. Barrios y pueblos enteros quedaron desiertos. Los cadáveres flotaban por decenas en los ríos y obstruían los canales. Y no se les mató ni en serie ni en masa, ni con bombas ni en cámaras de gases ni de modo mecanizado y automatizado, sino manualmente, artesanalmente, uno por uno, y a veces poco a poco, dándose tiempo de humillar, torturar o castrar antes de apuñalar, desmembrar, ahorcar o decapitar. Las hileras de cabezas clavadas en picos alternaban con las cadenas de penes amarrados en cordones.

Los asesinos eran militares, paramilitares, pandilleros o delincuentes, civiles ordinarios, muchos extremistas musulmanes, pero también hinduistas y hasta estudiantes católicos. Los diferentes grupos consiguieron superar sus diferencias y aliarse a sus enemigos de siempre con el fin de luchar todos juntos contra los nuevos enemigos de todos, los comunistas, a los que se acusaba de haber asesinado a seis generales de la Armada Indonesia. Era la ocasión perfecta para deshacerse de unos rojos ateos que no sólo ponían en peligro la religión y la moralidad, sino también lo que realmente importaba: las jerarquías y los privilegios de ciertos sectores, las estructuras tradicionales de sujeción y dominación, la opresión religiosa de la mujer, la discriminación y segregación de los chinos y de otros grupos étnicos, la dependencia neocolonial del país, las abismales desigualdades en Java, la explotación en las grandes plantaciones en Sumatra y el sistema de castas en Bali, así como también, desde luego, los intereses de los Estados Unidos en la región.

La embajada estadounidense proporcionó listas interminables con los nombres de los comunistas a los que se debía eliminar. Los militares iban tachando a los eliminados y luego devolvían las mismas listas en la embajada. El gobierno de los Estados Unidos contaba, sumaba y calculaba. Sabía muy bien lo que hacía y lo hizo del modo más efectivo. Había que acabar con el PKI, el Partido Comunista de Indonesia, el mayor del mundo tras los de China y la Unión Soviética. Las elecciones de 1957 habían convertido al PKI en la primera fuerza electoral de Indonesia. Para el Secretario de Estado norteamericano, John Foster Dulles, el PKI era “el principal problema” de aquel país y no podía resolverse con los “medios ordinarios democráticos”.

Los Estados Unidos también querían derrocar al presidente Sukarno, el Gran Líder, el Proclamador, el Padre de Indonesia, culpable de aliarse con los comunistas y de organizar en 1955, en Bandung, la Conferencia de “países no alineados”, entre ellos la China de Mao, la India de Nehru, la Yugoslavia de Tito y el Egipto de Nasser, todos ellos opuestos al intervencionismo neocolonial y al reparto del mundo entre los bloques estadounidense y soviético. A Sukarno se le imputaban también otros crímenes como los de confiscar bienes de compañías holandesas, nacionalizar el petróleo, realizar una tímida reforma agraria, oponerse al imperialismo estadounidense y adoptar la doctrina de nasakom, síntesis de nacionalismo, religión y comunismo. Y, por si fuera poco, la estrategia política de Sukarno, basada en el consenso, pretendía superar la democracia parlamentaria occidental, representativa y liberal, centrada en la mayoría y juzgada intrínsecamente conflictiva e insuficientemente democrática.

Sukarno fue testigo de la brutal aniquilación de sus aliados antes de ser depuesto y condenado al aislamiento y al arresto domiciliario. Quien ocupó su lugar fue uno de los principales responsables de las matanzas de comunistas, el general golpista Suharto, el hombre de los Estados Unidos, famoso por su corrupción y por su lucrativa participación en el saqueo de los recursos naturales de Indonesia. Durante su gobierno autoritario, que se prolongó de 1968 a 1998, Suharto se dedicó además a nutrir el miedo y el odio hacia esos comunistas a quienes tan sólo podía reprocharse que se hubieran dejado matar. El comunismo fue presentado como la mayor amenaza en discursos gubernamentales, programas de televisión, periódicos, libros y películas.

Hoy en día, veinte años después del final de la dictadura, una gran parte de la población de Indonesia continúa temiendo y aborreciendo a esos mismos comunistas que ya no existen desde su exterminio en 1965. Es como si los espectros de los centenares de miles de víctimas estuvieran acechando a quienes deberían tener mala conciencia. La sociedad sigue obsesionada con los comunistas. El comunismo no deja de ser castigado por la justicia y violentamente atacado por grandes sectores de la sociedad.

Ayer, en la víspera del aniversario de la masacre, decenas de miles de indonesios recorrieron las calles de Yakarta para manifestarse contra “la creciente amenaza del comunismo”. Hace unos días, en la misma ciudad, una multitud enardecida, lanzando piedras y gritando consignas anticomunistas, arremetió contra el edificio en el que se realizaba un seminario sobre las matanzas de 1965. Por su parte, la policía indonesia prohibió la realización de varios eventos académicos “sospechosos” de comunismo y encarceló a un manifestante por llevar una pancarta con la hoz y el martillo. El mismo símbolo estampado en una camiseta hizo que un turista ruso fuese recientemente agredido y arrestado en Riau. También hay el rumor de un comerciante detenido por vender una medalla de la armada soviética. Y cuando se me ocurre preguntar si aún hay comunistas, provoco gestos de asombro e inquietud, así como respuestas reveladoras: “no, porque es ilegal”; “no, porque te matan si eres comunista”; “no, porque los mataron a todos”, etc.

Entre quienes me rodean en Indonesia, muchos no dudan en situarse a sí mismos en la extrema izquierda. Sienten una gran afinidad con el comunismo. Podrían ser comunistas. Quizás lo fueran en otro lugar, pero aquí no pueden serlo.

Conocí al nieto de una de las víctimas de las matanzas de 1965. Me confesó que le habría gustado ser comunista como lo era su abuelo, pero que no hubo nadie para “enseñarle el comunismo”. ¿Cómo ser comunista en el vacío, en la orfandad, a partir de nadie, solo, ex nihilo, después del exterminio de todos los comunistas?

Los exterminados no dejaron sino su ausencia. Es tan sólo un vacío, pero está en el centro de todo lo que se dice y se discute actualmente en Indonesia. Es como un punto de referencia para cualquier posicionamiento ético y político.

Los indonesios empiezan por tomar posición ante el vacío de los comunistas asesinados. Este vacío es lo que está en juego desde un principio y hasta el final. Todos lo señalan y lo rodean, hablan de él y lo ven con terror. No importa que aquello que aterre sea el rojo de la sangre o el rojo del comunismo. Lo importante es que hay algo aterrador que se vislumbra en ese desolador vacío dejado por los asesinados y por todos aquellos que no han podido ser lo que habrían sido, que no han tenido ni siquiera la ocasión de nacer, entre ellos los hijos de quienes murieron, sus nietos y bisnietos, sus seguidores y sus compañeros más jóvenes.

Es mucho lo que no pudo ser, lo que ha quedado pendiente y en suspenso. Afortunadamente la historia de Indonesia, como la del resto del mundo, no ha terminado todavía. Queda el futuro para ocuparse del pasado, hacer justicia y honrar la memoria de los muertos.

El vacío de ayer es el mismo de mañana. Volverse comunista puede ser una manera de resucitar al menos a uno de los cientos de miles de asesinados injustamente. Se entiende que la izquierda consecuente pueda sentirse tan provocada por el abismo. Se entiende también que la derecha siga sintiéndose amenazada.

Quizás lo que aterre sea “ese porvenir eternamente amenazador, provocador”, como lo caracteriza Pramoedya Ananta Toer al abrirse el telón de su monumental Cuarteto de Buru. ¿Cómo calmarse ante el insondable abismo de lo que habrá de ser? Nadie sabe lo que puede salir de ahí. ¿Cómo no temer que salga otra generación de comunistas? ¿Cómo no sentirse tentado a formar parte de ella?

http://michoacantrespuntocero.com/espectros-comunistas-en-indonesia/

Dos o tres cosillas a vuelapluma sobre la orgía de sangre en Catalunya

Orgía de sangre en Catalunya
B.

Que el referéndum catalán no ha sido como mandan los cánones burgueses -y no burgueses- es algo que no se puede negar, pero no se dice que no ha sido así -falta de urnas, papeletas, mesas, etc.- porque previamente el Gobierno español -y sus esbirros- se han ocupado de que no sea así, o sea, te acuso de aquello que me he encargado -las condiciones de un referéndum normal- de impedirte: no cabe mayor cinismo.

Recurren a la división de la sociedad catalana con la convocatoria del referéndum, a la «fractura social», argumento que ya fue usado por el PsoE en Euskadi en su día cuando el «Plan Ibarretxe» (laminado por el propio PNV), y sucede lo contrario, resulta que había familias divididas por el referéndum que han sido unidas ante tamaña demostración fascista del Gobierno español mandando dos tercios -el Tercio de Flandes ya no existe- de sus mercenarios a tierras catalanas siendo recluidas en barcos -como apestados- y sin que reciban apoyo de nadie con un mínimo de decencia, como los estibadores del puerto barcelonés. Metidos, además, en camarotes ínfimos para que acumulern rabia fóbica, como perros que son y les tratan sus propias autoridades, contra la población indefensa, o sea, como cobardes. Si los hay que no están de acuerdo que se vayan o apunten en otra dirección, por ejemplo, a sus jefes.

No faltan los tuits -¿se dice así?- de los podemitas, etc., que lamentan las imágenes vistas por televisión y las califican de, pues eso, «lamentables», que no fascistas, no vaya a ser que la gente se subleve de verdad. Parece que se duelen más de que se vean las imágenes que de la represión misma (y lo que no se habrá visto, que esa es otra, como, por ejemplo, a los Mossos cerrando colegios pero sin las cámaras delante).

Hablando de los Mossos, diremos que no han reprimido a nadie y se les ha aplaudido.Como no somos troskistas ni ultraizquierdistas, nos parece bien, pues analizamos las situaciones concretas y no las abstractas. De hecho, el fascio español estaba por la labor de que fueran los Mossos los encargados del trabajo sucio, es decir, cerrar ellos los colegios electorales ahorrándoles a ellos el «trabajo». No solamente no ha sido así, sino que casi se lían a ostias entre ellos.

Parece ser que ya hay más de cuatrocientos heridos -donde haya policía y aparezca ya habrá, fijo, «incidentes»– lo que demuestra, queremos ser irónicos, que se hacen las víctimas y se quejan de vicio. En Euskadi o en Asturias nosotros hemos visto repartir hostias a base de bien al personal; estos catalanes se quejan por nada.Si supieran lo que es hule, leña,  de verdad…

Y acabo, ya habrá tiempo para más análisis. Parece ser que el F.C. Barcelona se pensó no jugar el domingo, cuando escribo, el Barça-Las Palmas en el Camp Nou (a las 4.30)  debido a los acontecimientos de su ciudad tomada por fuerzas de ocupación.Y también parece ser que el partido se ha jugado a puerta cerrada. Decisión que ha provocado la dimisión de algún responsable del club culé que estaba por no jugar el partido. Y ahora voy y digo que si no se hubiera jugado ese partido -con un Las Palmas provocador llevando la camisola española-, entonces la independencia de Catalunya pasado mañana mismo. Eso sí que hubiera tenido repercusión intermacional en el planeta que vivimos, el Planeta Fútbol.

Arrivederci.

Twitter censura 200 cuentas ‘rusas’ porque contribuyeron a la victoria electoral de Trump

El jueves Twitter desactivó cerca de 200 cuentas “vinculadas a Rusia” en el marco de la investigación sobre la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses del pasado año.

Al demócrata Mark Warner, que forma parte de la Comisión de Inteligencia del Senado estadounidense, las medidas le parecen insuficientes.

Warner citó a los altos cargos de Twitter para que testificaran como parte de la investigación. A principios de este mes, los capitostes de Facebook también tuvieron que comparecer ante la comisión.

Los diputados de ambos partidos están empeñados en hacer creer al mundo que “Rusia” ha jugado un papel fundamental a la hora de extender propaganda e información “sin contrastar” (quieren decir falsa) en las redes sociales, lo que contribuyó a la victoria electoral de Trump.

¿Hubieran sido diferentes las cosas si “Rusia” hubiera llamado a votar por Clinton, es decir, si hubiera optado por la candidatura perdedora?

Warner ha indicado que los cabecillas de Twitter han dejado sin contestar numerosas cuestiones sobre Rusia y el uso de su red social, que aún es una herramienta de manipulación por parte de terceros países.

La queja es tan cínica que no se extiende al hecho de Twitter sea una herramienta de manipulación de Estados Unidos contra terceros países. Sólo les interesa el recorrido en dirección contraria.

El senador demócrata ha aseverado que las declaraciones de los miembros de Twitter han resultado “profundamente decepcionantes a la par de inadecuadas”. La intervención de la multinacional ante la Comisión de Inteligencia muestra que Twitter no entendido la gravedad del asunto, ha manifestado Warner.

Sometida a las presiones políticas, la red social ha censurado 22 cuentas que estaban conectadas a 500 cuentas falsas de Facebook “relacionadas con Rusia” y que, además, ha eliminado otras 179 cuentas que también presentaban “algún tipo de vinculación”.

Puestos a culpabilizar a Rusia, el miércoles el senador estadounidense del Partido Republicano por el estado de Oklahoma James Lankford también acusó a lo que calificó como varios “trolls rusos” de la actitud de los jugadores de la Liga de Fútbol Americano (rugby) que hincaron la rodilla en el suelo en señal de protesta mientras sonaba el himno de Estados Unidos antes del comienzo de un partido.

Lo dicho: han perdido el sentido del ridículo, aprovechando que a los usuarios se les mantiene en la más absoluta ignorancia acerca de los instrumentos informáticos que tienen entre sus manos.

Si el asesinato lo comete la Policía Nacional, la pena es de sólo dos años de cárcel

¿Quién dice que en España ya no se tortura? Los cinco policías nacionales acusados del asesinato a palos de un detenido, Diego Pérez Tomás, en 2014, han aceptado dos penas que suman, en su conjunto, cuatro años de cárcel al reconocer los delitos de detención ilegal y homicidio imprudente.

Una risa; una auténtica tomadura de pelo para un detenido al que mataron de una brutal paliza.

La Fiscalía, las acusaciones particulares, defensa y Abogacía del Estado han apañado el negocio para evitar un juicio público. Como siempre que condenan a un policía, la prensa, cuando informa, si es que lo hace, no indica sus nombres, a diferencia de todos los demás casos.

La jueza ordenó prisión para seis policías, pero uno de ellos, G.J.G.M., murió en octubre de 2015 cuando estaba encarcelado en la prisión de Estremera, supuestamente por una pancreatitis.

A los policías les acusaron de la desaparición y muerte de Diego Pérez Tomás el 11 de marzo de 2014. Su cadáver fue encontrado dos semanas después flotando en aguas de Cala Cortina. Los policías compartían turno en las llamadas patrullas Zeta de la comisaría de Cartagena y un testigo dijo haber visto a la víctima en un coche policial la noche en que desapareció.

El 11 de marzo de 2014 Diego Pérez Tomás, de 43 años, cometió el error de llamar al 091 de Cartagena, solicitando auxilio policial toda vez que estaba asustado al sentirse amenazado por unos individuos. Pérez Tomás sufría esquizofrenia paranoide y trastorno de afectividad que determinaba un grado de discapacidad del 45 por ciento.

El 091 encomendó a dos de lois matones para que acudieran al lugar a bordo de un vehículo patrulla, y otros dos policías acudieron a bordo de otro vehículo con servicio en la zona centro. También acudió un tercer coche patrulla al que correspondía el servicio en la zona de Barrios, sin que hubieran sido comisionados por el 091 ni hubiera causa justificada para su presencia.

Una vez que localizaron a la víctima en la vía pública junto a su domicilio, los policías comenzaron a cachearle y uno de ellos le dio una bofetada, según la jueza. A continuación le ordenaron que se subiera a uno de los vehículos policiales.

En lugar de trasladarle a la comisaría o a un centro sanitario, decidieron llevarle a Cala Cortina, un lugar solitario y aislado que dista cinco kilómetros del domicilio de Diego y de las zonas de patrulla de los policías.

Luego los policías mintieron a la Sala del 091 informándole que habían tranquilizado a Diego, ocultando que los tres vehículos policiales se estaban trasladando a la Cala con la víctima a bordo.

Los policías procedieron a propinar golpes a Diego «con ánimo de atentar contra su vida» o «asumiendo esta posibilidad», y aprovechándose de su superioridad numérica, física y del aislamiento del lugar a esa hora que disminuían o anulaban las posibilidades de defensa o auxilio. Como resultado de la agresión, le causaron la muerte «por rotura de las vértebras del cuello», para, a continuación, arrojar el cadáver al mar desde algún punto de la bahía.

El cadáver fue hallado en la bahía de la playa de Cala Cortina, dos semanas después. Presentaba lesiones traumáticas: le habían matado a golpes.

Se cumplen 30 años del asesinato de Thomas Sankara

La figura del líder burkinés, de cuyo asesinato se cumplirán tres décadas el próximo 15 de octubre, se ha convertido en un mito vigente que trasciende las fronteras de África. Mientras, su muerte sigue sin estar clara.

Su rostro está en camisetas, chapas y pegatinas allá donde se mire. Sus discursos se escuchan una y otra vez en la sede de movimientos ciudadanos y en las aulas de las universidades. Dirigentes de todos los rincones del continente, estudiantes y campesinos citan sus frases. Fue el presidente de un pequeño y pobre país africano tan solo durante cuatro años, pero su legado revolucionario ha traspasado las fronteras de Burkina Faso y está hoy presente y vivo en el mundo. Este 15 de octubre se cumplen 30 años de su muerte por orden de su amigo y compañero de armas, una traición en toda regla. Aún se busca su cadáver. Si Latinoamérica tuvo a su Che Guevara, África vibra con su Thomas Sankara.

Sentado sobre una precaria silla de un maquis (bar) que se asoma a la avenida Babanguida de la capital burkinesa, Fidèle Toé saborea una bebida fría. Amigo personal de Thomas Sankara, del que fue su director de gabinete y luego ministro de Trabajo, sonríe cuando le preguntan por él. “¿Su legado? Es inmenso y está muy presente, no sabría por dónde empezar”, asegura. Basta con cruzar la calle y caminar un poco para llegar a la sede del Partido Sankarista, que se proclama heredero de sus ideas. Tanto como los jóvenes que forzaron la caída de Blaise Compaoré con un alzamiento popular en noviembre de 2014 y que le tenían presente en cada discurso, en cada ceremonia. Como los actuales gobernantes del país, que pretenden hacer justicia sobre su muerte tras tres décadas de silencio y bloqueo. Como cantantes, artistas e intelectuales de media África. Todos lo reivindican.

En Dakar, el rapero Didier Awadi compone y graba sus canciones en su estudio llamado “Sankara”. El reggaeman marfileño Tiken Jah Fakoly se considera de la generación del capitán burkinés y le rinde homenaje en cada concierto, en cada entrevista. “Le llevaremos siempre en el corazón”, dijo recientemente. Hace solo un año, el expresidente ghanés Jerry Rawlings, su amigo personal, lo expresó con nitidez en Uagadugú durante el 29º aniversario de su muerte: “Sus ideas están de actualidad”. Y el economista senegalés Ndongo Sylla le considera un “precursor de la buena gobernanza y un modelo de la gestión virtuosa de las finanzas públicas”. Pero, ¿cuáles son esas ideas?, ¿qué fue lo que hizo para que su legado siga vivo pese a que fue intencionadamente ocultado y arrastrado por el barro?

En 1983 el joven capitán Sankara, con solo 33 años, se convertía en presidente de Alto Volta tras un golpe de Estado. Además de destacado miembro de la Agrupación de Oficiales Comunistas, era un antiimperialista, panafricanista y feminista convencido. Creía en las capacidades del continente y de sus gentes, pero sabía que había que empezar por uno mismo. Sus políticas definían un pensamiento claramente revolucionario: renombró a su país como Burkina Faso (el país de los hombres íntegros), confiscó las tierras a los latifundistas para dárselas a los campesinos, organizó grandes campañas de alfabetización y vacunación, prohibió la mutilación genital femenina y los matrimonios forzosos…

Si alguien conoce bien en España su figura ese es el escritor Antonio Lozano, autor de la galardonada novela El caso Sankara. “Muchos fueron los logros de la revolución sankarista”, explica, “la lucha contra la corrupción fue uno de los más espectaculares y el primero en dar ejemplo fue él mismo, manteniendo su modesto sueldo de capitán, adoptando como coche oficial el más barato del país en ese momento, dejando claro que los tiempos del nepotismo quedaban atrás al prohibir a sus familiares directos el acceso a la función pública. La lucha en favor de la igualdad de género fue otra de las grandes batallas de Sankara y las medidas que tomó en ese ámbito revolucionaron la situación de la mujer en la sociedad burkinesa. Los avances en el campo de la economía –con una reforma agraria que logró el autoabastecimiento en cereales–, de la educación o de la sanidad fueron objetivos clave de la profunda renovación del país que Sankara se había propuesto”.

No fue solo el Renault 5 como coche oficial, también ordenó a sus ministros viajar en clase turista (“Vais a llegar al mismo tiempo que los demás”, les dijo) y les instó a vestir y consumir productos locales, empezando por él mismo. En julio de 1987 intervino en una cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) en Adís Abeba para pedir a los líderes africanos que se negaran a pagar la deuda externa, un yugo que impedía avanzar a los jóvenes estados. Y añadió: “Si Burkina Faso es el único país que lo hace, yo no estaré en la próxima conferencia”.

Tres meses después lo habían asesinado de manera brutal junto a 12 de sus colaboradores y a instancias de su camarada y amigo Blaise Compaoré. Para entonces, su discurso generaba inquietud en el exterior y sus acciones habían pinchado en hueso en el interior. Él sabía que su final podía estar cerca. “Aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrá matar sus ideas”, había dicho días antes.

La revolución de las ideas

A juicio de Lozano, “quizá fue en la transformación de las mentalidades donde la obra de Sankara ha pervivido con más fuerza. El burkinés pasó de ser el eslabón más bajo de la cadena de la miseria saheliana para convertirse en el protagonista de una aventura política insólita que despertaba la admiración de millones de africanos. Sankara era el presidente que todos querían para sí, el referente que demostraba que África sí puede avanzar en la transformación política y social por sus propios medios”. Precisamente por eso lo asesinaron, opina el escritor afincado en Gran Canaria.

Para entonces, “la revolución vivía ciertas derivas, como juicios populares sin posibilidad de defensa, ejecuciones o despidos masivos”, asegura Toé, “era imposible controlar a todos los colaboradores, la gente estaba entusiasmada y se cometieron excesos”. Y los enemigos del régimen, la clase media amenazada, aquellos que defendían intereses extranjeros o los jefes tradicionales que vieron recortados sus privilegios, aplaudieron la desaparición de Sankara. Sin embargo, para la combativa izquierda africana fue un impacto brutal. Al igual que Sylvanus Olympio, Patrice Lumumba, o Amílcar Cabral, otro líder africano que se había atrevido a alzar la voz frente a Occidente caía asesinado. Tres décadas después, su cadáver sigue sin aparecer.

A juicio de Bruno Jaffré, considerado su mejor biógrafo, Sankara fue el último dirigente revolucionario de la África contemporánea. No es fruto del azar que la única primavera africana que realmente terminó con la caída de un dictador estos últimos años tuviera lugar en Burkina Faso en 2014. El lema de esta insurrección popular fue “La patria o la muerte”, el eslogan de Sankara. Su mensaje se trasmitió a las siguientes generaciones, permaneció vivo en la memoria de los burkineses y fue esta memoria la que salió a la luz durante la caída del régimen de Compaoré, la que dio fuerza a los manifestantes. Pero también es una leyenda para una parte de la juventud de otros países africanos. Su nombre es conocido por todos, incluso si no se conoce en profundidad la amplitud de las reformas que puso en marcha, según dijo en una reciente entrevista concedida al periódico Liberation.

Su cuerpo y los de una docena de colaboradores con los que estaba reunido fueron desmembrados y enterrados, supuestamente, en una fosa común localizada en el cementerio de Dagnoën, en Uagadugú, a donde cada 15 de octubre acuden miles de personas a rendirle homenaje. Sin embargo, el silencio y el bloqueo impuestos por el nuevo régimen impidieron que avanzara la investigación sobre su muerte hasta que la sublevación popular de noviembre de 2014 derroca a Compaoré y el camino queda expedito para localizar sus restos.

En busca de la verdad

El proceso de identificación del cadáver se inicia en 2015 con la exhumación de los cuerpos, la toma de muestras y la realización de pruebas de ADN, primero en Francia y luego en un laboratorio de Santiago de Compostela. Sin embargo, los resultados no son concluyentes y no se puede establecer ningún perfil genético. Para mayor embrollo, un estudio topográfico realizado en marzo pasado en los terrenos del Conseil de l’Entente, el lugar donde asesinaron a Sankara y a sus camaradas, revelaba la existencia de tumbas no identificadas. Automáticamente, el juez de instrucción François Yaméogo abre una investigación. La paradoja es que este descubrimiento se produce a raíz de los trabajos previos para la construcción de un memorial en honor de Sankara.

Considera Jaffré en la citada entrevista que su pensamiento está vigente porque “cuando releemos su discurso sobre la deuda externa encontramos las problemáticas que se imponen ahora a numerosos países europeos, como Grecia. ¿No es la deuda un instrumento de sumisión? El discurso de Sankara recoge los argumentos de quienes militan contra la legitimidad de esas deudas. Rechazó someterse al FMI y la ayuda condicionada a las reformas dictadas desde el exterior. Era antiimperialista sin ser dogmático. La mundialización, la omnipresencia de los dictados del FMI y del Banco Mundial siguen siendo desafíos del mundo actual. Por otra parte, Sankara, influido por el ecologista René Dumont, es el primer dirigente político que denunció la responsabilidad humana en la degradación del medioambiente. Pero también defendió la emancipación de las mujeres, rechazó la alienación cultural, lo que no significaba la negación de la cultura dominante pero sí la valorización de una doble cultura, y se preocupó por la dependencia económica de su país, impulsando la industria de transformación del algodón, principal recurso de Burkina Faso”.

Para Antonio Lozano, “el discurso de que África no puede salir adelante sin la tutela occidental sigue vivo, y así seguirá mientras los recursos naturales del continente sean indispensables para el funcionamiento de la maquinaria industrial del Norte. Aceptar referentes como el de Sankara contradice a las claras ese discurso que tanto ha calado en el imaginario de la ciudadanía occidental, como ya antes lo habían hecho los estereotipos fabricados para justificar la esclavitud primero, la colonización después. Sankara debía desaparecer para dejar de ser la esperanza de los pueblos africanos, la voz que reclamaba la unidad del continente, que clamaba contra la injusticia de la deuda externa y se oponía a su pago”.

A su juicio, el nombre de Compaoré ha terminado hundido en el lodo de los dictadores corruptos africanos, mientras que el de Sankara, hoy más que nunca, se sigue alzando como uno de los referentes indispensables de la política del continente, aunque por desgracia no exista en estos momentos nadie en Burkina Faso con el carisma necesario para tomar el relevo de la profunda transformación emprendida por el presidente de los pobres en los años 80. En torno a él y a su obra se elevó un muro de silencio que aún permanece en pie y que tiene el objetivo de que su nombre no signifique nada fuera de las fronteras del continente negro, donde sigue siendo el líder que todos querrían para sus pueblos. Con vistas al 30 aniversario de su asesinato, desde diferentes ciudades del mundo se sigue trabajando para abrir en ese muro fisuras que dejen pasar la voz del hombre que dio a su país el nombre de aquello en que lo quiso convertir: la tierra de los hombres íntegros.

—José Naranjo http://mundonegro.es/ideas-no-murieron/


Una imagen muy poco habitual del dirigente africano

Más información:
—Burkina Faso reabre la investigación del asesinato de Sankara
— Se paraliza la investigación del asesinato del Che Guevara africano
— Golpe de Estado en Burkina Faso

Rusia y China despliegan tropas en sus fronteras con Corea del norte

La norcoreana Choe Son-hui
Rusia despliega tropas en la frontera que comparte con Corea del norte, en un contexto de tensión creciente en la zona que hace pensar en una preparación para la guerra.

Según varios medios británicos, un gran número de soldados fue visto ayer llegando cerca del punto de cruce de Jasán entre Rusia y Corea del norte y que también comparte China.

Fotos capturadas de la zona muestran algunos militares rusos patrullando la cima de la colina Zaozyonara, punto de encuentro entre la Federación Rusa, Corea del norte y la República Popular China.

Este despliegue se produce poco después de que Rusia probara un misil RS-12M en busca de romper sistemas de defensa antimisiles.

Conforme a analistas, el Kremlin está preocupado por la acumulación de tropas estadounidenses en Corea del sur, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del norte, Kim Jong-un, continúan su guerra verbal que podría convertirse, de un momento a otro, en una guerra abierta.

La agencia rusa de noticias Itar-Tass ha informado esta mañana del inicio de un gran simulacro aéreo ruso cerca las zonas fronterizas que culminará con un ejercicio de bombardeos.

Un comunicado del ejército ruso no especifica el número de las unidades participantes en estas maniobras, aunque confirma que los aviones de combate Sujoi Su-35 y Su-30 y bombarderos Su-24M2 y Su-25 participan en las mismas.

Simultáneamente, China ha ordenado desplegar en su frontera con Corea un contingente de 100.000 soldados, informa la agencia Tass. Últimamente Rusia ha realizado maniobras militares conjuntas con China para prepararse en el caso de una eventual guerra en la península.

Por su parte, Pyongyang argumenta que lleva a cabo sus pruebas nucleares debido a los ejercicios militares de Corea del sur y EE.UU. en la peninsula asiática.

Al mismo tiempo, en Moscú la directora del departamento norteamericano de la Cancillería norcoreana, Choe Son-hui, se ha reunido esta mañana con el embajador especial de la Cancillería rusa, Oleg Burmístrov, para discutir la situación en la región.

La huelga del transporte bloquea las carreteras de Francia y los sindicatos anuncian más movilizaciones

Varios sindicatos como CGT y FO anunciaron hoy que prevén nuevas acciones como parte de la huelga de transportistas iniciada esta semana, tras concluir sin ningún acuerdo la reunión celebrada la víspera en el ministerio de Transporte.

El encuentro con la titular Elisabeth Borne, dirigido a dialogar sobre la aplicación de la polémica reforma laboral impulsada por el Gobierno, estuvo marcado por “discusiones muy tensas” a causa de las divergencias, explicó el representante de los transportistas de la CGT, Jérome Vérité.

De su lado, el líder FO, Patrice Clos, lamentó que “la patronal no quiere ceder en nada”, por lo cual las negociaciones fueron inútiles.

Lejos de contribuir a calmar tensiones, la cita avivó inquietudes pues los transportistas conocieron detalles del nuevo Código de Trabajo que antes ignoraban, como que podrían reducirse las remuneraciones por antigüedad, los llamados gastos de carretera y el décimo tercer mes.

Esos pagos, antes protegidos por acuerdos colectivos, se decidirán ahora de forma individual en cada empresa, lo que implica “un golpe” para los trabajadores, según anunciaron los sindicatos.

Por su parte, el ministerio de Transporte emitió un comunicado en el cual admitió que “nuevos temas aparecieron durante la discusión”, por lo cual el 4 de octubre habrá un nuevo encuentro.

Mientras, los sindicatos afirman que la huelga se mantiene y la próxima semana habrá nuevas acciones para mostrar la disconformidad con la reforma laboral impulsada por el gobierno de Emmanuel Macron, y rechazada por una parte importante de la población francesa.

A inicios de esa semana los transportistas llevaron a cabo bloqueos en varias carreteras y autopistas de Francia, que se sintieron con fuerza en el norte del país, a pesar de que el gobierno desplegó los cuerpos de seguridad para intentar impedir el movimiento.

También causaron desabastecimiento en más de 300 estaciones de combustible, y un agotamiento total del producto en más de 100.

Huelgas y cortes de carreteras de los universitarios catalanes en defensa del referéndum

Universitarios de toda Cataluña iniciaron ayer una huelga de dos días para defender la convocatoria del referéndum del próximo domingo, a pesar del cerco represivo.

Los paros, que según los responsables de Educación regionales fueron seguidos de forma masiva en las facultades, comenzaron con cortes de carreteras en varios accesos a Barcelona, ocasionando largas retenciones.

Las organizaciones estudiantiles colgaron en sus perfiles en redes sociales imágenes de centros universitarios vacíos, mientras que a mediodía miles de jóvenes se manifestaron en el centro de Barcelona, coreando consignas a favor de la votación.

Bajo el lema “¡Vaciemos las aulas, defendamos el referéndum!”, la plataforma Universidades por la República inició su protesta la víspera con un multitudinario acto en Barcelona.

El Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes (SEPC) instó a los estudiantes de toda la región a “defender los colegios electorales”, que según los tribunales deben estar precintados por la policía este fin de semana para impedir la votación a toda costa.

“El movimiento estudiantil tiene que movilizarse y ser la punta de lanza de la defensa del referéndum, y hemos apostado por una huelga mucho más pacífica porque queremos crear debate alrededor del 1-O”, dijo Cèlia Appel, portavoz del SEPC en la Universidad de Barcelona.

Con los paros convocados en colegios e institutos de Cataluña esta semana, el sindicato quiere mostrar además su solidaridad con los profesores y directores de centros a los que la Fiscalía ha amenazado para que no colaboren con la consulta.

Los centros electorales -en su mayoría colegios e institutos- han sido uno de los asuntos más controvertidos del 1-O, después de que la Generalitat pidiera a los 947 ayuntamientos catalanes que cedieran locales para colocar urnas, algo a lo que se mostraron dispuestos más de 700 alcaldes.

https://es.reuters.com/article/topNews/idESKCN1C313J-OESTP

El verano rojo de 1919 en Estados Unidos

A casi un siglo del asesinato de Will Brown a manos de un grupo de racistas blancos, ayer se recordó la ola de violencia clasista y racial que azotó a los Estados Unidos durante el «Verano Rojo» de 1919.

Durante los días 28 y 29 de septiembre la ciudad de Omaha, en Nebraska, en el centro noroeste de Estados Unidos, fue testigo de uno de los mayores horrores de violencia clasista y racial en la historia del país norteamericano.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Gran Migración llevó a decenas de miles de afroamericanos a las ciudades industriales del norte, entre las que aparece Omaha, que vio duplicarse su población negra de 4.426 a 10.315 en la primera década del siglo XX.

En todo el mundo la Revolución de Octubre había hecho temblar a la burguesía por vez primera. En Estados Unidos los capitalistas reaccionaron frente al movimiento obrero impulsado el racismo y los linchamientos para combatir a la clase obrera, que era negra.

Los brutales enfrentamientos resultaron en la muerte de dos hombres blancos, el brutal linchamiento de Will Brown, un obrero negro de 40 años, el intento de ahorcamiento del alcalde de la ciudad, Edward Parsons Smith, y el incendio del Tribunal del Condado de Douglas, por parte de varios miles de blancos.

El general Wood y otros culparon de los disturbios a obreros afiliados al sindicato Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo), compuesto por anarquistas y marxistas.

Las acusaciones eran falsas. Se enmarcaban dentro del llamado Temor Rojo (Red Scare, en inglés), primer periodo de fuerte reacción burguesa en Estados Unidos que conllevó el asesinato y la persecución de cualquier sospechoso de ideas avanzadas.

Los disturbios se reprodujeron en más de una treintena de ciudades de los Estados Unidos. En la mayoría de los casos, los blancos atacaron a los afroamericanos y, en algunas ciudades, los negros respondieron con fuerza a los ataques, especialmente en Chicago, Washington D. C. y Arkansas, donde se produjo el mayor número de víctimas mortales.

¡Rendíos, malditos roedores! (Homenaje a Piolín)

B.

Contaba, hace unos cuatro años a un canal catalán en castellano, Jorge Verstrynge -que, si bien no es santo de nuestra devoción, nos cae simpático- que, hablando en privado cuando era secretario general de AP (antes de ser PP) con el presidente del partido Manuel Fraga sobre la cuestión de Cataluña (entonces no era «problema», a diferencia del «problema vasco»), éste le dijo, son sus palabras: «Cataluña es tierra conquistada» (sic).

De esto hace tiempo, pero no parece que hayan pasado los años viendo lo que vemos hoy, esto es, una nación ocupada por mercenarios con uniforme. Ya lo decía el general decimonónico Espartero (que era «liberal», por cierto): «A Barcelona hay que bombardearla cada treinta años».

Catalunya desconectada de España se puede entender; al revés, no. O sí, pero resulta pelín inimaginable. Y ello por un «efecto dominó»: cae una pieza y le siguen otras hasta desaparecer «España», como desapareció Yugoslavia, sólo que ésta desde el exterior -la OTAN- y el Estado español desde el interior.

Se juega mucho el fascio español. De ahí que hayan mandado tanta fuerza de ocupación. Como si aquello fuera Cuba. O las Filipinas. O el Rif. Y es que España, como tal concepto, nunca existió. Lo que sí existió es la noción de «Imperio» (español, por supuesto), esto es, algo anterior a la revolución burguesa que, en España, todavía se discute si la hubo o no (nosotros creemos que sí, pero muy sui géneris).

Y es que «España y yo somos ansí, señora», que decía un seudodramaturgo franquista (Eduardo Marquina) chuleando, galleando. Sólo saben de vencedores y vencidos (ya se ha visto en el País vasco). ¿Habrá referéndum? (escribimos estas pocas líneas el viernes, 29)? No lo creemos (ojalá lo hubiera), pero, lo haya o no, nada será ya igual.

Salut i força al canut.

Bona nit.

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