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Rusia hasta en la sopa

B.

Dado que, según parece desde que la neurasténica Hillary Clinton perdió las elecciones -contra todo pronóstico provocando las iras del «stablishment» gringo- frente a Trump, Rusia es el perejil de todas las salsas ergo: culpable, y el mefistofélico Putin un ogro tiránico y totalitario de cojones, hay que concluir, al menos, dos cosas, a saber: o que el tiempo no pasa, o que, si pasa, y es evidente que pasa, parece que no pasa. O, dicho en otras palabras de sabor marxista: la historia se repite, pero es sólo una sensación porque la primera vez lo hace en forma de tragedia, y la segunda como comedia, o, por mejor decir, tragicomedia porque hay muertos  inocentes por medio asesinados por criminales de guerra al servicio del imperialismo y sus aliados, que no lo son, por cierto, de una vez y para siempre, sino según vayan los movimientos en el tablero internacional.

Sea lo que sea, una cosa está meridianamente clara: mantener la hostilidad contra Rusia bajo cualquier pretexto y a como dé lugar. Esto es, como en los tiempos de la guerra fría iniciada al día siguiente de derrotar al nazismo contra el comunismo. Ocurre que ni Putin es un furibundo y peligroso bolchevique ni Rusia es la extinta URSS (y no digamos la de Stalin) y, sin embargo, las democracias occidentales, el «mundo libre», cada vez encuentra más dificultades para embozar su verdadero rostro: el nazismo al que no le basta con la caída del muro de Berlín y su supuesta victoria ideológica, sino que su pretensión es acabar con cualquier vestigio de memoria soviética y, por supuesto, destruirla y conquistar sus «áreas de influencia», como se decía en los tiempos de la «cool war» en pleno «equilibrio del terror», que también se decía. Ya no se trata de una «lucha ideológica» entre el socialismo y la «democracia», como se pintaba entonces, sino pura y sencillamente de táctica militar donde hay agresores y agredidos, o sea, como siempre y por eso se creó el Derecho Internacional del que el imperialismo yanki casi siempre se carcajeó. No veremos a Putin enarbolar banderas rojas, pero sí sacar su vena nacionalista morigerada con una astucia propia de quien se formó en los sevicios de inteligencia soviéticos. Le obligan, lo quiera o no, a practicar una política exterior casi calcada de la soviética en tiempos.

Estamos, pues, como en una especie de «guerra fría bis», aunque me dicen que más bien «caliente».

Buenas tardes.

Cae en combate el yihadista francés que cortaba las cabezas a los rehenes

Hauchard, verdugo del Califato Islámico
Ha muerto el yihadista normando Maxime Hauchard, identificado a finales de 2014 como uno de los verdugos del Califato Islámico en un vídeo que mostraba la decapitación de un rehén estadounidense y 18 prisioneros del ejército regular, murió el jueves.

Se desconocen las circunstancias y la fecha de su muerte. En septiembre de 2015 Estados Unidos incluyó a Hauchard en una orden de detención internacional emitida por Francia, en la lista negra de terroristas extranjeros.

Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, Hauchard, que entonces tenía de 22 años de edad, exhibió el vídeo de propaganda con la cabeza decapitada del rehén estadounidense de 26 años Peter Kassig, un voluntario secuestrado en octubre de 2013 en Siria.

Desde el 26 de diciembre de 2014 Hauchard ha sido objeto en Francia de una investigación judicial abierta por asesinato en relación con una organización terrorista.

Maxime Hauchard creció en una pequeña ciudad normanda de 3.200 habitantes, Bosc-Roger-en-Roumois, en una familia cristiana sin historia.

Se convirtió al islam en 2009. Entre octubre de 2012 y mayo de 2013, se desplazó dos veces a Mauritania para estudiar en centros salafistas, lo que le situó en el punto de mira de la policía francesa.

El 17 de agosto de 2013 se dirigió a Siria a través de Turquía y dijo a su familia que quería ocuparse de los heridos en el frente. De hecho, había sido reclutado por el Califato Islámico.

En internet Hauchard se exhibía bajo el nombre de guerra de Abu Abdallah Al-Faransi, colocando fotografías con ropas de combate, con armas pesadas en la mano e instando a los candidatos a la yihad a unirse a él.

Volvió a ser noticia el 16 de noviembre de 2015, tres días después de los atentados que mataron en París a 130 personas. Publicó y luego borró un mensaje: “Brasil, eres nuestro próximo objetivo”. Faltaban pocos meses para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

¿Que pasó con el PKK y con Oçalan?

Darío Herchhoren

Desde hace más de diez años el lider del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) se encuentra preso en la isla de Imrali en una prisión donde es el único prisionero. Está totalmente aislado, no puede recibir diarios ni revistas, y no tiene acceso a la radio ni a la televisión. Abdalá Oçalan fue capturado por agentes turcos en Uganda como consecuencia de una extraña alianza entre la Rusia de Yeltsin, el gobierno turco, la CIA y el gobierno de Israel, y entregado a las autoridades turcas que lo juzgaron y lo condenaron a muerte. Dicha pena está suspendida desde hace años como consecuencia de la candidatura de Turquía a ingresar en la Unión Europea, y al hecho de que para entrar en ese club no se puede aplicar la pena de muerte.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán viene luchando contra el gobierno turco desde hace décadas con el objetivo de conseguir que el Kurdistán turco obtenga una amplia autonomía en la región de Anatolia de mayoría kurda. Su ideología era el marxismo leninismo, y se apoyaba fuertemente en una milicia armada que tenía en jaque al ejército turco, que es el más numeroso de la OTAN, y bien armado y equipado por la misma. Sin embargo y a pesar de todo ello, nunca pudo controlar del todo el Kurdistán turco, gracias a la férrea resistencia del PKK y su guerrilla.

Pero hace unos pocos años, el PKK renunció a su ideología marxista leninista, y se transformó en anarquista individualista, según se dijo por influencia de su jefe Abdalá Oçalan.

Pero en realidad esto es una falsedad.

Luego del aprisionamiento de Oçalan, los servicjios de inteligencia de los EEUU (la CIA) y el Servicio Secreto israelí (Mossad) se apropiaron del partido PKK y lo pusieron a su servicio.

Toda esta operación fué revelada por el ex Jefe del Estado Mayor del ejército turco, el General Ilker Basbug, un militar kemalista, formado como militar en la academia de Sandhurst (Inglaterra), y que fue detenido por el gobierno turco de Erdogan, acusado de conspirar contra el gobierno de su país. Luego de seis meses de detención, el general Basbug fue liberado y se retiraron los cargos contra él.

Las declaraciones de Basbug echan un haz de luz sobre la extraña transformación del PKK, y explican cómo dicho partido ahora convertido en un movimiento reaccionario, está aliado con los EEUU en el norte de Siria, y contra el gobierno de Bashar el Assad.

Pero hay mucho más sobre esto. Si Abdalá Oçalan está totalmente aislado, ¿cómo es posible que haya dado instrucciones a sus seguidores para que hagan un giro copernicano en su ideología?

Viejos militantes del PKK han manifestado que todo esto es una pura manipulación de la CIA y del Mossad. Oçalan en su aislamiento nuna ha dado estas instrucciones, y es más: nada sabe de todo esto.

¡Ultimo momento! Rusia culpable de la muerte de Manolete

Darío Herchhoren

Esta es la expresión que se usa en España cuando a alguien se le culpa de todos los males habidos y por haber.

Y esto es lo que se viene haciendo desde hace algún tiempo con Rusia. Primero se le acusó de interferir en las elecciones norteamericanas y de haber influido a favor del candidato Trump. Esto nunca se pudo probar, y el Congreso de los EEUU así lo declaró hace pocos días.Luego que intervino en las elecciones catalanas. Más tarde en las mejicanas. Y ahora en el atentado contra un ex espía doble que sirvió en el antiguo KGB soviético.

Hace 15 días un ex agente ruso y espía británico, el coronel Serguei Skripal y su hija fueron atacados por un gas nervioso en territorio inglés, según el gobierno británico.

Pero ¿quién es Serguei Skripal? Se trata de un ex coronel ruso, que servía en el servicio de inteligencia ruso, y que fue descubierto por dicho servicio espiando a favor del Reino Unido. Fue juzgado y condenado a una pena de 12 años de prisión, de los cuales cumplió dos tercios, ya que fue indultado por el gobierno ruso, siendo presidente de la Federación Rusa Medviedev, y primer ministro Vladimir Putin.

Dicho indulto fue forzado por la necesidad de rescatar a espías rusos presos en Inglaterra, y entre ambos gobiernos se acordó un canje de presos, y Skripal recobró la libertad y se estableció en el Reino Unido con su hija, donde vive en una pequeña población donde curiosamente se fabrican armas químicas. ¿Casualidad? No. Skripal prestaba servicios en esa planta de muerte.

El gas nervioso del cual fue aparente víctima Skripal se fabricaba en la URSS; pero también se fabricaba en otros 16 paises.

A la vista de todos estos datos, el gobierno ruso negó toda participación en el ataque químico, y solicitó al gobierno de Theresa May que le diera toda la información de que disponía, ofreciendo formar una comisión conjunta de investigación entre ambos países. Obviamente el gobierno británico se negó en redondo.

Pero en cambio envió un ultimátum al gobierno ruso para que en un plazo perentorio de 36 horas diera una información «creible» sobre los hechos.

Lo cierto es que Inglaterra no tiene ni una sola prueba objetiva de que Rusia estuviera involucrada en este presunto atentado. De hecho se habla de «casi con seguridad» el gobierno ruso es el autor del atentado. Es decir que no tienen nada.

Lo que si tiene el gobierno de Theresa May, es una formidable crisis e credibilidad, a consecuencia del «Brexit», y está en minoría en la Cámara de los Comunes, tiene graves problemas económicos, y tendrá que pagar una gorda suma de dinero para salir de la Unión Europea.

En estos casos no hay nada mejor que buscar un enemigo exterior, que sirva para soldar las grietas del propio cortijo, y Theresa May ha elegido ese camino, y ha expulsado a 23 diplomáticos rusos a los cuales acusa de pertenecer al espionaje ruso. Pero todos los globos terminan por desinflarse, y como ocurrió con el ex agente ruso Litvinenko, que fue envenenado con polonio, el gobierno británico utiliza la técnica del calamar: emborronar todo con tinta para que no se vea nada. Pero no le servirá de mucho, ya que Rusia devolverá el golpe. Manolete fue muerto por un toro y no por Rusia.

Congo: Kabila aprueba un nuevo código minero contra las multinacionales

Las intensas presiones de las multinacionales no han conseguido ningún efecto: el presidente Joseph Kabila ha promulgado el nuevo código minero, que debe quintuplicar el impuesto sobre el cobalto para que los recursos fiscales lleguen oficialmente a la República Democrática del Congo.

En julio la ONG británica Global Witness dijo que el sector minero congoleño es el “cajero automático” del Estado congoleño. El nuevo código proporcionará al Estado ingresos sustanciales para su desarrollo económico y social, proclama el comunicado de la Presidencia.

Los partidarios del Presidente Kabila, cuyo segundo y último mandato finalizó en diciembre de 2016, presentan el nuevo código como una victoria patriótica y política.

El segundo país más grande de África (2,3 millones de kilómetros cuadrados y entre 70 y 90 millones de habitantes) tiene un presupuesto para este año de apenas 5.000 millones de dólares para sus necesidades en educación, salud, infraestructura o seguridad: es inferior al presupuesto de una ciudad como París, que tiene dos millones de habitantes.

Cada año la República Democrática del Congo exporta cobalto por un valor de unos 10.000 millones de dólares en cobre y cobalto. El año pasado Congo vendió dos terceras partes de la demanda mundial de ese mineral. Un decreto del Primer Ministro lo clasifica entre los productos estratégicos eleva el impuesto del 2 al 10 por ciento.

Justo antes de la aprobación del decreto, el precio de la materia prima rompió un nuevo récord en la Bolsa de Metales de Londres: 84.000 dólares la tonelada.

El jueves el presidente Kabila atendió durante varias horas a siete empresas mineras, entre ellas Glencore, Rangold e Ivanhoe, que temen otras nuevas disposiciones: un impuesto sobre las superganancias y el fin de una cláusula de estabilidad contractual de diez años.

Frente a los grupos de presión, el Presidente Kabila recibió el apoyo incondicional de uno de los hombres fuertes del régimen, Albert Yuma, propietario de la empresa minera pública “Générale des Quarries et des Mines” (Gécamines).

http://www.izf.net/afp/nouveau-code-minier-en-rdc-kabila-inflexible-face-aux-multinationales

Trump: el fin de una política y el comienzo de otra que ya conocemos

Trump ha despedido al secretario de Estado Rex Tillerson después de meses de rumores, presiones, negociaciones bajo el felpudo. Es el triunfo de un Golpe de Estado “blando” dirigido contra los planes que el equipo del nuevo Presidente quería poner en práctica, según prometió durante su campaña electoral.

El despido de Tillerson se suma al del general Michael Flynn, acosado por sus negociaciones con Rusia, lo que demuestra que todo lo que concierne a Rusia es un tabú absoluto. En total, 23 altos cargos del gobierno de Trump ya no están en su sitio.

“Las últimas declaraciones públicas de Tillerson, a cuenta de Rusia, no cuajaban demasiado bien con el dubitativo discurso oficial de la Casa Blanca”, explica una agencia (*) en referencia al envenenamiento del espía doble, Serguei Skripal, en Gran Bretaña.

Por eso hay quien dice que la CIA se ha apoderado el Partido Demócrata, aunque también podían haber dicho que es el Partido Demócrata el que se ha apoderado de la CIA, una organización “progre” desde su surgimiento en 1947, en un país donde los “progres” fueron primero anticomunistas (antistalinistas) y ahora rusófobos furibundos.

Estados Unidos vacila desde la época de Obama; en el peor momento posible, cuando tiene todos los frentes abiertos, desde Corea del norte hasta Venezuela, pasando por Rojava.

Los sátrapas del Golfo están detrás del despido de Tillerson. Exigen de Wshington una política más decidida contra Qatar. A comienzos de mes la BBC reveló que Emiratos Árabes Unidos estaban presionando a Trump a travbés de uno de los empresarios que había financiado su campaña electoral y que en Washington se había celebrado una reunión secreta entre Trump y el príncipe heredero de Abu Dhabi.

Los primeros rumores comenzaron en octubre, pero Tillerson negó cualquier divergencia o falta de respaldo. Trump subrayó su plena confianza y sintonía con el secretario de Estado, desmintiendo cualquier insinuación acerca de tensiones entre ambos.

A Tillerson nadie le avisó con antelación. Su despido le ha pillado en plena faena, cuando se encontraba de gira por África, y lo que es peor, le ha llegado a través de la prensa.

(*) https://www.cnbc.com/2018/03/13/tillerson-poison-used-on-ex-spy-came-from-russia.html

El ‘gran padrino del Kremlin’ deja un reguero de sangre por donde pasa

Bush y Berezovsky
El 4 de marzo el coronel del GRU, la inteligencia militar rusa, Serguei Skripal fue envenenado en Salisbury, Gran Bretaña, con un gas nervioso. A pesar de admitir que no tiene pruebas de que el envenenamiento haya sido obra de Rusia, May no ha perdido el tiempo. Ha expulsado a 23 diplomáticos rusos, ha suspendido todos los contactos de alto nivel con Moscú y ha reunido al Consejo de Seguridad de la ONU.

Lo peor de todo es que Inglaterra boicoteará los mundiales de fútbol que se celebran este verano en Rusia que, a este paso, jamás podrá convocar ninguna reunión deportiva internacional, ni juegos olímpicos porque siempre ocurrirá un incidente que justificará el boicot.

Skripal traicionó a su país trabajando para el MI6, la inteligencia británica.​ En 2004 fue detenido, condenado por alta traición y encarcelado. Tras un intercambio de espías, en 2010 se estableció en Gran Bretaña.

A los que tienen memoria, el envenenamiento de Skripal les recordará el de Alexander Litvinenko, otro espía ruso intoxicado hace 12 años, que también fue obra de Rusia, como es bien sabido porque así lo dijeron los tribunales… británicos.

Como eso es lo que dijo entonces y lo que dice ahora la prensa “seria”, no suena a conspiranoico para nada; es más bien lógico: Rusia mata a los traidores allá donde se encuentren.

Pero lo lógico no siempre se acompasa con lo histórico, y en 2006 un espía francés, Paul Barril, comandante del GIGN (fuerzas especiales de la policía francesa) y fundador de la célula de inteligencia del Elíseo, sostuvo que el asesinato de Litvinenko había sido obra de los matones del espionaje estadounidense y británico.

Incluso Barril afirmó que tal asesinato no era una obra aislada sino que formaba parte de un operativo conjunto, llamado “Beluga”, para desacreditar a Moscú y a Putin personalmente ante los medios de comunicación occidentales.

La confesión de Barril formaba parte de una larga entrevista con el empresario suizo Pascal Najadi, que publicó dos libros al respecto:  “The Phony Litvinenko Murder” y “Litvinenko Murder Case Solved”. Según el policía francés, Litvinenko habia sido asesinado por un italiano que le suministro polonio 210, una sustencia radiactiva que acabó con su vida.

Barril mezclaba en el crimen a Berezovsky, uno de los oligarcas desplazados por la llegada de Putin al Kremlin en 1999 que después pasó a colaborar con la CIA y el MI6 en la Operación Beluga.

Pues bien, Litvinenko era el camello de Berezovsky, el hombre que llevaba el dinero de un lado a otro para financiar periódicos, periodistas y reportajes contra Putin y Rusia, con la asistencia de la empresa de relaciones públicas Bell Pottinger.

En 2007, cuando Berezovski vivía en Gran Bretaña como “perseguido político”, un tribunal de Moscú le declaró culpable de cometer un desfalco de grandes proporciones en Aeroflot, la línea aérea rusa. No obstante, en tres ocasiones los tribunales británicos negaron su extradición a Rusia.

No hay salsa en la que el magnate ruso no estuviera presente. Era íntimo de Neil Bush, el hermano pequeño de la saga del mismo apellido. Estuvo en medio de las Guerras de Chechenia. En Ucrania, durante la Revolución Naranja de 2005, dice la Wikipedia, financió la campaña electoral de Yushchenko (1). Según la BBC,​ Berezovski financió las manifestaciones y estuvo en contacto diario con los principales dirigentes de la oposición.

Fue asesinado en 2013, un crimen al que se pueden ir sumando otros, como el de la periodista Anna Politovskaia, todos ellos opositores de Putin y, como es “lógico”, asesinados por orden suya.

Más crímenes: en 1996 el periodista Paul Klebnikov publicó un artículo en la revista Forbes titulado “¿El padrino del Kremlin?”. El padrino de la mafia era Berezovski, protegido por Gran Bretaña, a pesar de que mandaba asesinar a todos sus adversarios.

Berezovski denunció a la revista ante los tribunales por difamación. Forbes se retractó, pero no logró acallar a Klebnikov que amplió su investigación con un libro en cuyo titular habían desaparecido los signos de interrogación: “El padrino del Kremlin”. Esta vez Berezovski no le denunció en los tribunales, pero en 2004 Klebnikov fue asesinado.

Durante una comparecencia parlamentaria el titular del Foreign Office, Boris Johnson, comparó los asesinatos de Litvinenko y Skripal y calificó al Kremlin como “una fuerza disruptiva y maligna”.

Por su parte, el secretario de Defensa, Gavin Williamson, acusó a Putin de tener “intenciones hostiles” y recalcó que la postura agresiva del Kremlin hacia el Reino Unido se había acrecentado.

Pero esos dos asesinatos no son casos aislados: el martes, 9 días después de Skripal, encontraron muerto en su casa a Nikolai Glushkov, el socio de Berezovsky.

La policía británica cuenta 14 rusos asesinados en los últimos años en las islas. Para convencernos de que todos esos crímenes son obra de Putin sólo tienen que mostrarnos una prueba, una sola, porque hasta ahora, después de 12 años de “investigaciones”, no fabrican más que conjeturas (2).

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Bor%C3%ADs_Berezovski_(empresario)

(2) http://www.russia-direct.org/opinion/litvinenko-report-another-proof-wests-intransigence-putin

Gran Bretaña se prepara oficialmente para una guerra contra Rusia

El 21 de febrero el Ministro de Defensa británico, Gavin Williamson, anunció que Gran Bretaña se estaba preparando oficialmente para una guerra contra Rusia.

Actualmente su Estado Mayor está cambiando su estrategia militar, para pasar de una guerra contra “terroristas no gubernamentales” (Al-Qaeda) a una guerra contra tres países, Rusia, China y Corea del norte, a los que aún no se atreven a llamar “terroristas gubernamentales”.

Williamson reconoció que para ello necesitará un aumento masivo del gasto militar, por lo que habrá que ahorrar en otras áreas del gasto público, como los servicios de salud y educación.

Al día siguiente el titular del Times fue: “Rusia es una amenaza mayor para nuestra seguridad que los terroristas” (*). El artículo estaba firmado por Deborah Haynes, la redactora jefe de defensa.

La amenaza que representan para Gran Bretaña estados como Rusia y Corea del Norte es mayor que la amenaza del terrorismo, “lo que marca un cambio importante en la política de seguridad”, escribía Haynes.

Es un cambio con respecto a la estrategia de seguridad nacional publicada en 2015, que enumeró por primera vez el terrorismo internacional, y está en línea con la decisión del mes pasado de Estados Unidos de reconocer la “competencia estratégica” de países como China y Rusia como su objetivo principal en lugar de la lucha contra el terrorismo.

Para cambiar de estrategia se necesita más dinero y un cambio en la estructura de las fuerzas armadas como parte de una revisión de la defensa para hacer frente al desafío de un conflicto entre Estados, “algo que Gran Bretaña no ha tenido que considerar en una generación”.

Al más puro estilo de la Guerra Fría, la excusa es que los rusos se les han adelantado. “La actividad de los submarinos rusos en el Atlántico Norte es diez veces mayor que antes”. Además, los rusos se han infiltrado en el Mediterráneo, en Siria… Ya están por todas partes.

(*) https://www.thetimes.co.uk/article/russia-is-a-bigger-threat-to-our-security-than-terrorists-5mjrmr58n

Stalin, Churchill y el mundo que se repartieron en Yalta (una fantasía histórica)

El 9 de octubre de 1944 Churchill llegó a Moscú para reunirse con Stalin. A causa de las elecciones presidenciales estadounidenses, la conferencia tripartita con Roosevelt se había aplazado temporalmente y Churchill mostraba mucha prisa. Estuvo pidiendo la entrevista con Stalin desde finales de septiembre.

La delegación soviética estaba “con la mosca detrás de la oreja”. La insistencia de Churchill por viajar a Moscú les desconcertaba. ¿Qué pretendían los británicos?, ¿por qué querían reunirse con ellos sin la presencia de Roosvelt?

De la primera conversación entre ambos conocemos la versión falsaria de Churchill que aparece en sus Memorias. Es el famoso reparto porcentual de influencias en los Balcanes, donde los británicos se quedaban con el 90 por ciento de Grecia y concedían el 75 de Bulgaria y el 90 por ciento de Rumanía a los soviéticos, mientras Yugoslavia y Hungría se las repartían al 50 por ciento.

Como es evidente, los países interesados no pintaban nada, los grandes se reparten el mundo a costa de los pequeños, los soviéticos son igual de imperialistas que los británicos, los soviéticos también se repartieron Polonia en 1939 con los nazis (Pacto Molotov-Von Ribbentrop), después se repartirían el mundo en Yalta con la complicidad de Roosvelt…

No hay cretino que no haya repetido estas gilipolleces una y mil veces. No hay más que recurrir a un buscador para convencerse de ello. Es increíble que alguien pueda dar algún significado al hecho de que dos países se repartan en porcentajes cuantitativos algo tan sutil como la “influencia” sobre un país soberano. Pero tratándose de Stalin o de la URSS cualquier cosa es posible (sobre todo si procede de un farsante como Churchill).

Cuando se celebra la reunión de Moscú, el Ejército Rojo ya llevaba un mes en Rumanía y Bulgaria, por lo que Churchill no podía ceder ni negociar nada. Había quedado completamente fuera de juego, lo mismo que Estados Unidos.

Es cierto que los británicos pataleaban a causa de ello y se quejaban de que la URSS había actuado unilateralmente durante la ocupación militar de ambos países. Pero exactamente eso es lo que ellos habían hecho en Italia, a donde llegaron en el verano de 1943. En la Italia ocupada Estados Unidos y Gran Bretaña hacían y deshacían sin contar con la URSS para nada y dejando en el poder a la mayor parte de los cuadros del régimen fascista de Mussolini.

Aparte de mentir, en sus Memorias Churchill concede a la entrevista de Moscú una importancia que no tiene, en absoluto, porque en Moscú no estaban dispuestos a hablar de nada con él sin que Estados Unidos estuviera delante. Para ellos se trataba de una mera preparación de la reunión de Yalta, en la que Roosevelt sí estaría presente.

Al no estar presente, la URSS se negó a adoptar ningún acuerdo unilateral con Churchill, y mucho menos un reparto del mundo.

Casi todo lo que dice Churchill en sus Memorias sobre aquella reunión es falso. Incluso el orden del día fue muy distinto del que describe. La primera cuestión que trató con Stalin fue la de las futuras fronteras polacas y, en cuanto a los Balcanes, no llegaron a ningún acuerdo.

Al día siguiente las conversaciones no mejoraron, a pesar de los intentos de Anthony Eden, también presente, por regatear con Molotov. Ni siquiera coincidían en las preferencias. A uno (Eden) le interesaba hablar de los Balcanes; al otro (Molotov) de Polonia. En otras palabras: los británicos querían chantajear a Stalin con Polonia para llegar a un acuerdo sobre los Balcanes.

Pero Churchill volvió de Moscú con los bolsillos vacíos. Absolutamente vacíos; no hubo acuerdo, no hubo reparto… Nada de nada.

Ahora bien, el falso relato que hizo Churchill de su entrevista con Stalin tiene varias secuelas históricas. Una de ellas es el Tratado de Yalta, que no sería otra cosa que la formalización del reparto por escrito, según los estafadores.

Es una calumnia idéntica a la anterior: en Yalta nadie se repartió nada porque no había nada que repartir.

La otra secuela es el fracaso de la revolución en Grecia, uno de los tópicos favoritos del trotskismo desde hace 70 años. La explicación es que Stalin debía y podía ayudar a la revolución en Grecia en 1945 y no lo hizo por el reparto del pastel que había llevado a cabo con Churchill previamente.

Más concretamente, a Stalin se le imputa su pasividad ante la masacre cometida contra los antifascistas y comunistas griegos en diciembre de 1944 en Atenas.

Explicar aquel acontecimiento es complejo, como es complejo todo lo que concierne a los Balcanes. A mediados de septiembre, el Ejército Rojo estaba en Bulgaria, en la frontera con Grecia. Las tropas alemanas corrían el riesgo de quedar cercadas. Sólo podían huir a través de Yugoslavia.

Entonces, según otras memorias, las del nazi Albert Speer, el general Alfred Jödl pactó con los británicos. Los alemanes mantendrían el puerto de Salónica frente al Ejército Rojo para dar tiempo a los británicos a desembarcar en el sur de Grecia y ocupar la península. Los británicos se comprometían a no atacar a los alemanes
para que pudieran retirarse ordenadamente. Los nazis solo debían preocuparse del Ejército Rojo y de la guerrilla.

Gracias al acuerdo, los británicos pudieron desembarcar sin oposición, relevar a los ocupantes nazis y aplastar a la guerrilla. Para ser más exactos, la matanza de Atenas fue cometida por tropas británicas transportadas en barcos estadounidenses desde Italia, donde los aliados dejaron de combatir a los nazis para atacar a los antifascistas griegos.

La estrategia militar del Ejército Rojo era muy diferente a la del británico. Consistía en aplastar a los nazis. Por eso, desde Bulgaria no se dirigió hacia Grecia sino hacia Yugoslavia, donde unió sus fuerzas a la guerrilla antifascista.

Desde el siglo XIX Grecia era un punto estratégico de gran importancia para el Imperio Británico. Durante toda la guerra Churchill había insistido en desembarcar en el Mediterráneo y, más concretamente, en los Balcanes.

Al fracasar sus planes, desde mayo de 1944 venía realizando enormes esfuerzos diplomáticos para que le dejaran las manos libres en Grecia, lo que dio lugar a un cruce de cartas entre los tres dirigentes (Churchill, Roosverlt, Stalin) durante más de dos meses, de las que no se desprende ningún tipo de acuerdo.

Es posible que Churchill interpretara el silencio de los otros dos (Roosvelt y Stalin) como una aceptación tácita de los planes que perseguía desde setiembre de 1943. Pero, lo mismo en Grecia que en Italia, tras de sí la guerra imponía los hechos consumados: en los territorios ocupados mandaba el primero en llegar.Sobre Grecia Churchill no alcanzó, pues, ningún acuerdo con Stalin. Con quien pactó fue con el III Reich. Él pensaba en la posguerra más que en la propia guerra. El verdadero enemigo no era el III Reich sino los comunistas griegos. Para implementar su política, en Londres volvían al punto de partida: había que romper la alianza y buscar una paz por separado con los alemanes, sin la presencia de la URSS.El relato de Churchill ha servido, además, para eximir de responsabilidad al único responsable de la masacre de los antifascstas en Atenas en diciembre de 1944: él mismo, con la complicidad de Roosvelt.

Sudáfrica: el apartheid cambia de nombre pero el capitalismo sigue fiel a sí mismo

Cyril Ramaphosa, un renegado
Una vez liberado de prisión, el 11 de febrero de 1990 Mandela salía al balcón del ayuntamiento de Ciudad El Cabo para saludar a una multitud enfervorecida. “Es el momento de intensificar la lucha”, dijo. Después de un siglo, las esperanzas se cumplían… o eso parecía, al menos.

Junto a él estaba Cyril Ramaphosa, un conocido dirigente del sindicato minero que hoy ha llegado a la Presidencia de Johanesburgo. Pero no será porque la clase obrera haya alcanzado el poder, sino todo lo contrario: Ramaphosa es uno de esos vendidos de los que por aquí tenemos varios. Está tan prostituido que se ha convertido en multimillonario.

Podría ser un buen resumen de la evolución de Sudáfrica en sus tres últimas décadas, por no hablar del conjunto del colonialismo africano, de cuya tragedia siempre culpamos a las metrópolis, olvidándonos de que, como escribió Frantz Fanon, su dominación sería imposible sin las marionetas que tienen sobre el terreno, sujetos corruptos como Ramaphosa.

Pero en Sudáfrica no basta preguntarse sólo por el ANC, el partido en el poder desde el final del apartheid, sino que es necesario preguntar también por su socio más importante, los comunistas sudafricanos, partidarios también de “ubuntu”, una palabra bantú que podemos traducir por “fraternidad” y, quizá mejor, por “reconciliación nacional” si queremos que nos resulte más familiar.

Para Mandela, el ANC y el PCS la nacionalización de los bancos, las minas y los monopolios industriales no era negociable, o eso decían, al menos. “En este punto es inconcebible un cambio de nuestro punto de vista”, dijo Mandela.

En 1985 el apartheid atravesaba una profunda crisis. La bolsa de Johanesburgo se hundió y el gobierno racista no podía pagar la deuda exterior. En setiembre un equipo de la Anglo-American Corporation dirigido por Gavin Relly se entrevistó en Zambia con Oliver Tambo, el presidente del ANC.

La entrevista fue secreta. Relly fue muy claro: el fin del apartheid a cambio de la estabilidad. Es muy probable que el verdadero objetivo de Relly fuera mucho más simple, enredar y dividir al ANC al modo habitual: los duros por un lado y los moderados por el otro. En otras palabras se trataba de separar a la dirección del ANC de la Organización Cívica Nacional y el Frente Unido Democrático, los movimientos de masas que combatían en las calles. No hizo falta nada de eso porque sería el propio Frente quien traicionaría, poniendo las cosas mucho más fáciles.

Entre 1987 y 1990 la dirección del ANC, con Mbeki al frente, estuvo negociando (claudicando) en un castillo inglés con 20 “afrikaners” del régimen. También se llevó a cabo en el secreto más absoluto. Los tres años de gastos (despilfarro) fueron pagados generosamente por el monopolio minero británico Consolidated Goldfields.

Al mismo tiempo, Mandela también negociaba en secreto desde la cárcel de Pollsmoor. Su interlocutor era Neil Barnard, dirigente del servicio de inteligencia sudafricano. Desde la cárcel, Mandela llamó por teléfono al presidente P.W. Botha para felicitarle el día de su cumpleaños. Los racistas hablaban con las víctimas que habían encerrado en la cárcel… Pero si tu víctima te felicita desde su celda es porque estás haciendo las cosas a la perfección.

Desde los años ochenta el racismo sudafricano captó, cautivó y cultivó lo que denominaron de manera doblemente estúpida como “nuestra clase media negra”, es decir, a sus propios zipayos (renegados y traidores) con un acceso preferente a los préstamos de la Sociedad de Desarrollo Industrial.

En pleno apartheid esa “clase media negra” podía crear empresas “negras” fuera de los bantustanes al “estilo Gaza”, es decir, de las reservas en las que los blancos mantenían encerrados a los negros. Con dinero blanco las empresas negras (New Africa Investments) compraban empresas blancas (Metropolitan Life). Así triunfaron unos pocos negros, como Ramaphosa.

El capitalismo es daltónico, no entiende de colores. Hoy aquella “clase media negra” tiene capitalistas, como Ramaphosa, que están entre los más ricos del mundo. “Usted puede llamar a eso thatcherismo, pero para este país la privatización es la política fundamental”, le confesó Mandela al periodista australiano John Pilger (*). Donde dije digo…

En Sudáfrica el capitalismo reconcilió a blancos y negros mucho antes de que el obispo Desmond Tutu presidiera la “Comisión de la Verdad y la Reconciliación” que, como estaba previsto, no sirvió para nada. ¿Realmente alguien quiere saber la verdad?, ¿le importa la verdad? La Cámara de Comercio Minero de Sudáfrica ha glosado cien años de explotación de las minas del país en seis páginas, donde palabras como silicosis o mesotelioma no aparecen, dice Pilger. Las familias de los mineros no pueden pagar una botella de oxígeno para que respiren los obreros sobre cuya salud se has levantado grandes fortunas internacionales. Se mueren, pero las familias tampoco pueden pagar el funeral.

Por eso conviene volver a recordar las palabras de Mandela: “Si el ANC no proporciona bienestar, el pueblo debe hacer lo que ha hecho con el régimen del apartheid”. Hay que tomar nota de ello. La lucha no ha hecho más que empezar.

(*) http://www.legrigriinternational.com/2018/03/l-anc-a-mis-l-afrique-du-sud-entre-les-mains-du-capital-international.html

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