¡ Manos arriba: esto es un Banco !

Bianchi
O Wall Street. Aunque Estados Unidos es un país en quiebra y deudor, pero eso qué.

Hay no pocos capítulos en la corta, pero intensa, historia de los EE.UU. realmente admirable, por ejemplo la bastante olvidada lucha del movimiento obrero a principios del siglo XX en las zonas más industrializadas. Y también, por supuesto, las peleas de indios y negros e hispanos por los derechos civiles o contra la guerra de Vietnam. También se ha convertido en mantra el mito de los USA como la cuna y el país de la democracia. Suponemos que se refieren a la democracia “moderna” -y no a la clásica griega basada en el esclavismo- donde los negros e indios no votaban, como hasta Tocqueville señala en el siglo XIX.

Pero hoy señalaremos únicamente dos mojones que reflejan lo que es el pensamiento de la clase dominante de este gran país hasta nuestros días. Se trata de dos frases pronunciadas por dos prebostes del “american dream”. La primera pertenece a David J. Brewer, juez del Tribunal Supremo y data de 1893 y dice este prohombre: “es una ley invariable que la riqueza de la comunidad esté en manos de unos pocos”. Y la segunda (frase) es de Theodore Roosvelt (no confundir con el posterior y también presidente Franklin Delano Roosvelt) que, en carta a un amigo fechada en 1897, dice: “en estricta confidencia, agradecería casi cualquier guerra, pues creo que este país necesita una”. Se pueden ver perfectamente compendiados las dos columnas básicas del Imperio: la propiedad privada de los medios de producción y la guerra como herramienta e instrumento represivo interno y expansivo externo.

No seremos nosotros quienes cometamos el pecado de “lesa Historia” de juzgar hechos pasados con elementos de juicio del presente, pero, al menos, que se diga que George Washington, primer presidente de los Estados Unidos (más bien los del Este, la “conquista del Oeste” todavía no la contó Hollywood), fuera terrateniente negrero más rico de América, al igual que casi todos los Padres de la Independencia y la “democracia”. O que Lincoln tenía, como un dios romano Jano bifronte, dos caras y también dos lenguas según con quién hablase y a quién se dirigiese. Bueno, no le culparemos por eso si miramos a la casta actual. Ya lo decían los indios norteamericanos y el gran Javier Krahe recogió (pensando en Felipe González en los tiempos de la “OTAN, de entrada no” o cómo me la maravillaría yo dejando a la señora Cospedal y sus requilorios “en diferido” en mera aficionada): “hombre blanco hablar con boca de serpiente”.

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