El estado español y la estructura gobernante son consustanciales al bipartidismo. Desde la Restauración de 1874 tras la I República, existe en España un sistema de dos partidos que, en aquel momento, se fraguó entre el Partido Conservador y el Partido Liberal. En la actualidad, se llaman Partido Popular y Partido Socialista. La comparación no es nueva. Es un análisis que saltó a la palestra, con más fuerza, tras las movilizaciones del 15M en 2011.
La I República Española trajo consigo la revolución cantonal y la aparición de movimientos nacionales y regionales. Esto, sin duda, se produjo debido al estado de descomposición de las estructuras estatales surgidas tras el sistema político creado durante el reinado de Fernando VII. La llegada de Alfonso XII y la Restauración Borbónica posterior fue una toma de las riendas desesperada ante una evolución incierta del panorama político español.
En 2014, la aparición de partidos políticos como Ciudadanos, VOX o Podemos evidenció que el sistema político necesitaba sangre nueva. Renovarse o morir. En estos casos, significó que, tanto el PSOE como el PP, necesitaban crear unas marcas a las que prestaron una parte de su electorado. A la postre, esta base electoral volvió a la casa matriz (excepto en el caso de VOX, de momento). Sin embargo, esto significó que el sistema creado y calcado del creado en 1874 estaba en crisis.
A medida que fue avanzando la Restauración de 1874, fueron apareciendo durante las siguientes décadas movimientos que ya no miraban solamente por el interés nacional, sino por los intereses de un territorio concreto. Surgieron movimientos políticos en Cataluña, el País Vasco, Galicia, etc. Cuando comenzaron estos movimientos tenían un carácter regional porque las burguesías locales comenzaron a entender que Madrid no representaba sus intereses. Es decir, significó la fragmentación del poder.
El sistema que entró en crisis existencial en 1931, trajo la caída del monarca Alfonso XIII y la llegada de la II República. Con la llegada del segundo período republicano en España, se reforzaron los partidos políticos que, ya no eran solamente regionalistas, sino que tendían a construir un proyecto independiente. Es decir, el regionalismo pasó a independentismo. Se analizaron las historias nacionales de estos pueblos, sus culturas, sus idiomas, etc. Y se llegó a la conclusión que en Madrid no se estaba por la labor de representarles. Por tanto, la solución era la independencia.
En este contexto de descomposición (otra vez), surgieron partidos propios (regionales) en Valencia, La Rioja, Aragón, Cataluña, Baleares, el andalucismo, Navarra, Galicia, etc. Si echamos un vistazo a las hemerotecas de prensa, es común ver portadas de periódicos cuyas cabeceras eran: “Defensor de los intereses de la provincia X”. No eran defensores de la unidad del estado español, sino de la provincia, de un territorio concreto. El estado español, tal y como se había concebido, se encontraba en una profunda crisis. El golpe de estado de 1936 y la dictadura franquista fue una nueva Restauración, donde todos estos movimientos quedaron totalmente eliminados.
Las primeras elecciones tras la muerte de Franco trajeron numerosas candidaturas de este tipo. A medida que se fue asentando el nuevo sistema de partidos entre el PSOE y Alianza Popular (después el Partido Popular), fueron teniendo cada vez menor representación. Excepto en aquellos territorios donde las características históricas, culturales e idiomáticas eran, visiblemente, palpables: Cataluña, País Vasco y Galicia, fundamentalmente.
Desde hace poco menos de 10 años, estamos viendo como surgen con fuerza candidaturas regionales con las mismas reclamaciones: Madrid no nos representa. Teruel Existe, ¡Soria Ya!, Unión del Pueblo Leonés, Chunta Aragonesista, Proyecto Drago, Compromís, Por Ávila, etc.
En las elecciones al parlamento gallego de 2024, el Bloque Nacionalista Galego aumentó su presencia en un 51,2% convirtiéndose en segunda fuerza, echando al PSOE de su posición y a Podemo, Sumar e IU del parlamento autonómico.
En las elecciones que se han celebrado en Aragón, Podemos ha desaparecido. El PSOE ha recibido una fuerte derrota. Y el mayor beneficiado, además de VOX, ha sido la Chunta Aragonesista que ha duplicado su presencia en el parlamento aragonés.
En las elecciones que se celebrarán en Castilla y León el próximo 15 de marzo, la aparición de nuevas candidaturas electorales como Por Ávila o ¡Soria Ya! prometen generar una situación similar. A esto se suma la presencia de Unión del Pueblo Leonés que reclama un estatuto de autonomía propio el territorio leonés.
En Cataluña hubo un referéndum de independencia en 2017. Además, hemos visto como las manifestaciones que recorrieron el pasado 7 de febrero las calles de Barcelona por la mejora de los servicios de transporte público, tenían numerosas pancartas pidiendo la independencia del estado español como solución. En la manifestación, se quemaron banderas españolas en una escena que hacía muchos años que no se veía en las calles catalanas.
En el País Vasco, una manifestación que recorría las calles de Bilbao el pasado diciembre de 2025 terminaba con varios jóvenes quemando banderas españolas en una escena similar a la vivida en Barcelona hace unos días. Una escena que no se vivía desde hacía muchos años. En mayo de 2023, una encuesta realizada entre la población navarra mostraba que solamente el 2,4% de la población encuestada se sentía “española”.
Un paseo por las calles de las principales capitales canarias nos muestra numerosas pintadas en las paredes con la frase: ¡Godos fuera! Las canciones tradicionales y las banderas canarias ambientan y adornan las paredes de las capitales de las islas, en un escenario que recuerda al País Vasco.
Estamos asistiendo al derrumbe del modelo del estado español que se concibió tras la muerte de Franco: un modelo calcado a la Restauración y la instauración del bipartidismo de Alfonso XII.
Y, como en los años 30, al igual que surgieron con fuerza los nacionalismos periféricos y los regionalismos: la única tendencia que se mantiene con fuerza es la extrema derecha.
El estado español apuesta, de nuevo, por la extrema derecha como solución para una “nueva Restauración”.