![]() |
Juan Fernández Ayala, ‘Juanín’ |
El tiempo pasó, pesado, caducifolio, terminó la Segunda Guerra Mundial y Franco seguía en El Pardo. En algún momento fantasearon con matarlo aprovechando las estancias del dictador en los Picos de Europa para pescar el campanu. Franco viajaba acompañado por las cámaras del No-Do mientras los hombres de la Machado trazaban posibles atentados. Pero la desgracia, cuando llega, llega para quedarse. Franco volvía ileso una y otra vez a Madrid y aquellos guerrilleros emboscados fueron cayendo uno a uno, en redadas, disparos por la espalda, algunos, con mejor estrella, consiguieron cruzar a Francia. Juanín regresó a Potes, a los bosques conocidos, el mundo empezaba a cambiar, la geopolítica se había vuelto pragmática, las democracias europeas, con un ojo en la Unión Soviética, no parecían incómodas con un dictador fascista en Madrid. Ya no había política, ni estrategia, solo quedaba la resistencia. Y eso hizo Juanín, resistir. Cambiaron los términos. Los guerrilleros se convirtieron en maquis. La palabra convocaba al silencio. Cortaba conversaciones, agitaba la respiración. Juanín fue en Potes mucho más que un nombre. La Guardia Civil, incapaz de capturarlo, recurría a la guerra sucia. Cualquier sospechoso de ayudar al maquis pasaba por los cuarteles. La habilidad para sobrevivir de Juanín se hizo legendaria. Catorce veces fue cercado y catorce veces escapó del cerco. Cuando bajaba al pueblo, de incógnito, dejaba pagado en el bar un café para la Guardia Civil con una nota: “Yo, Juanín, tengo el honor de invitar a café al capitán de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones”.
![]() |
Francisco Bedoya Gutiérrez |
En los pueblos con emboscados los niños jugaban a guardias civiles y maquis. Lo que quedaba era el epílogo de una derrota postergada durante más de una década. Aquellos soldados sin ejército que se habían resistido a perder la guerra en 1939 se encontraban cada vez más acorralados. La política de terror impuesta en los pueblos por la Guardia Civil hacía cada vez más complicada su subsistencia. Juanín, Bedoya y los que quedaban sobrevivían a base de pequeños robos y secuestros. En un momento dado el régimen intentó romper la resistencia del bosque atacando a los familiares de los emboscados. La madre y la hermana de Juanín fueron encarceladas, como las madres y las hermanas de tantos otros. Juanín y Bedoya se quedaron solos en el monte, convencidos de que solo la resistencia tenía salida. La Guardia Civil montó entonces un cerco como no se había visto desde los tiempos de la guerra, una operación militar que abarcaba Cantabria, Asturias y las provincias de León, Palencia y Burgos.
Fue entonces cuando los nombres de Juanín y Bedoya se hicieron más grandes que los hombres que los contenían. Tardaron años en dar con ellos. Lo consiguieron en 1957. Se ha especulado durante años con la posibilidad de que Bedoya traicionara a Juanín. La teoría es descabellada y hoy, gracias al trabajo de distintos investigadores -Isidro Cícero, “Los que se echaron al monte”; Antonio Brevers, “Juanín y Bedoya”– sabemos que es falsa. Los hechos ocurrieron en un lugar conocido como la Curva del Molino. Era miércoles, un 24 de abril. Juanín y Bedoya ven acercarse a la pareja de la Guardia Civil formada por el cabo Leopoldo Rollán Arenales y el número Ángel Agüeros Rodríguez. Atardece. Los guerrilleros descienden en silencio hasta el cementerio. Esperan el momento preciso para cruzar la carretera y escapar en dirección a Vega de Liébana. Anochece. Juanín se adelanta. La sombra que le pertenece y que está a punto de abandonarlo salta la tapia del cementerio y llega a la carretera. A su espalda, el cabo Leopoldo Rollán Arenales le apunta con una pistola y tras un seco “alto a la Guardia Civil” abre fuego sobre el hombre que escapa. Juanín muere sobre la carretera con la yugular seccionada por una bala. Bedoya logra huir pero es abatido meses más tarde, en diciembre, en una emboscada en Castro Urdiales. Sus dos muertes pasaron a formar parte del patrimonio de la resistencia contra la dictadura. Nació hace 100 años, Juan Fernández Ayala, Juanín en el monte, y su memoria pervive.
http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Juanin-persistencia-memoria_6_731486851.html
(*) El guerrillero Francisco Bedoya Gutiérrez nació en Serdio, Val de San Vicente, Cantabria, en 1929 y murió en Castro Urdiales en 1957.
Descubre más desde mpr21
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.